Capítulo 1: Tú no eres mi padre.


Dicen que no hay nada más preciado en una vida, que los bellos recuerdos que se llegan a formar junto a sus seres queridos, esos pequeños instantes del pasado a los que podemos volver cuantas veces queramos con tan solo el apoyo de nuestra memoria, todo con tal de sentirnos devuelta en ese mismo lugar. Sin embargo, ¿qué pasa cuando nos ensimismamos demasiado en esos recuerdos perdiendo el juicio de lo que está justo frente nuestro? Eso era justamente lo que sucedía con la protagonista de esta historia, una chica zombi que una vez fue humana, pero hacía mucho que, había olvidado lo que eso se sentía.

Miraba inerte y fría directo al espejo de su habitación, de aspecto gótico y oscuro, con un movimiento casi robótico, e inmersa en sus pensamientos, la joven no muerta pasaba el rato arreglando su cabello esponjoso de color purpura.

Era un día normal como cualquier otro en "Star Park", me levanté temprano como es mi costumbre, revisé mi celular con anhelo de encontrarme alguna buena noticia, rebajas en la tienda de regalos, quizás una nueva película en brawlywood, y demás excusas banales que de algún modo debían de incentivarme a salir de la cama, aunque sinceramente no tuviera muchos ánimos para ello, ¡pero ey! Ya supe lo que era estar en un ataúd inerte y callada como maniquí, tampoco es que me gusté mucho la idea de seguir actuando como muerta.

Así que, sin muchos rodeos, me dirigí hacia mi espejo para prepararme, cepillarme, maquillarme, y todas esas cosas que ayudan a que la gente me vea un poco menos raro de lo que realmente es mi aspecto, ojos amarillos con un iris tan rojo como la sangre, piel pálida de un ligero tono lila, oh y por supuesto, santa variedad de vendas que cumplían muy torpemente la tarea de cubrir esas heridas que el inepto de mi tío no alcanzo a curar. Y así me quede por varios minutos, que no tardaron en convertirse en un par de horas, quisiera excusarme con que era muy detallista en cuanto a cuidar mi apariencia, y, si bien eso es verdad, había otra razón de mucho más peso por la que solía quedarme como si estuviera dentro de un trance. Recordaba cómoda y con mucha nostalgia aquellas cálidas mañanas en la primaria cuando mi madre me ayudaba a peinarme el cabello, siempre viéndome con una sonrisa, siempre motivándome para empezar el día.

Eres una princesa

Recuerdo que solía decirme cada que me ponía frente al espejo. Y que puedo decir, pensándolo bien, ¡sí que era una princesa! Mi piel era pálida y blanca como un fino copo de nieve en invierno, mi cabello era rubio y suave, ¡como el de rapunsel! Y en ese tiempo la mayoría de mis facciones vampíricas podían disimularse mejor, mis ojos aún no se tornaban en ese tono amarillento tan llamativo y mis colmillos eran mucho más pequeños. Era adorable, como una tierna y dulce princesa de hielo, que disfrutaba jugar inocentemente en su castillo, en compañía de los dos reyes más maravillosos que pudieron haber existido, esos que llamaba padre y madre.

Y eso solo me retomaba a otros recuerdos, algunos jocosos, como ese en donde papá se disfrazó de Santa Claus para darme una gran sorpresa una navidad…. Todo para que terminase tropezando con la alfombra recién colocada y cayendo sobre el árbol armando un gran estruendo, recuerdo que mamá estaba preocupadísima, y estuvo a punto de gritar, ¡hasta que me vio a mi riéndome a carcajadas sonriendo como una niña feliz! Ese fue un momento tan hermoso, recuerdo también como solían llevarme ambos a la escuela... ehm, bueno la escuela nunca…. Nunca fue mi sitio favorito, pero ellos siempre se encargaban que por lo menos, durante la mañana y al entrar, pasase con cierta emoción, me decían cosas como: "Te amo" "eres especial" "todo mundo verá lo grandiosa que eres" y demás cosas por el estilo, siempre antes de llevarme.

Fue una buena época por lo que recuerde, pese a que las barreras de la edad muchas veces resulten chocantes, quizás no pueda relatar con todo detalle lo que solía ser mi vida de pequeña, pero algo tengo bien claro, y es que tenía los mejores padres del mundo, no éramos los más ricos y muchas veces tuvimos que mudarnos por temas de trabajo o escuela, pero me hacían feliz, y sobretodo, me hacían olvidar, por un momento que-

- ¡EMZ! ¡YA ES HORA DEL DESAYUNO!

Irrumpía una voz de peculiar acento, de tono agudo y porte elegante, lo bastante alta como para oírse desde el primer piso, cosa que era extremadamente fastidiosa.

-Ugh, ¡ya voy tío!

La chica fue sacada abruptamente de su trance, irritada de sobremanera, muchas veces esta solía quedarse por varios minutos perdida en los rincones de su mente con los que esperaba disociarse de la realidad que tanto la aquejaba, hábito que si bien llegaba a traerle miradas raras (especialmente de los murciélagos y arañas que vigilaban con fervor su habitación), para ella era casi natural, su modo de ser, su segunda opción aparte del celular cuando solo quería desconectarse de su alrededor por unos instantes.

Baje las escaleras casi arrastrada, para ser justa, la comida olía bastante bien, era obvio que ese día le toco cocinar a Frank. Al llegar, el par de seres sobrehuanos de piel lila que habían estado haciendo de mi familia desde hace tiempo me saludaron al unísono, siendo el primero Mortis, mi tío de procedencia vampírica y que vestía un mantel ridículo con flores rosadas y corazones.

- ¡Buenos días mi pequeña!

Y Frank, una especie de mutante de dos metros el cual tenía varias partes de cadáveres fusionadas en su cuerpo, sonara grotesco, pero en realidad es un muy buen tipo, y no tengo nada contra él. Por eso fue el único al que le respondí.

- ¡GRRRG!

-Buenos días Frank.

"GRRRG" quizás no suene como el saludo más amigable del mundo, pero lo que sucede es que Frank perdió el don del habla hace mucho, y ahora solamente Mortis, yo y unos contados más somos capaces de entender bien que es lo que dice con solo oírlo. Lo que el grandote quiso decir, a groso modo, fue:

¡Buenos días Emz!

Me senté levantando mis piernas sobre la mesa, dirigí mi vista hacia mi celular y, de forma seca, pregunté:

- ¿Qué hay de comer?

Sopa de ojos con arándanos, ¡tu favorito!

Respondió Frank acercándome mi plato, el cual tenía el pequeño detalle de ser justamente mi favorito, el de diseño morado con líneas negras y personajes de Monster High.

- ¡Ay Dios, que bueno eres Frank! Siempre preparando los mejores platillos.

¡Es lo que merece la pequeña de la casa!

-Awww, ¡Franki! –respondí con peculiar felicidad, tomando de la cuchara y dando un buen bocado, ¡estaba deliciosa! Por si fuera poco, nuevamente mire mi celular por unos instantes, topándome con una noticia que…. Jeje, bueno, ¡me dejo totalmente ruborizada!

"Próximo gran concierto del mismísimo y adorado mariachi, ¡POCO! El esqueleto sonriente de mil girasoles, este mismo día 5 de octubre a las 2 de la tarde, ¡todos los brawlers están invitados!"

No voy a mentir, mi mirada se había cautivado completamente por una mezcla de ternura y fervor que ese esqueleto ocasionaba en mí, si bien, no llevaba en Star Park más de un mes, ese mariachi se había ganado mi corazón desde el primer día que lo vi, verlo siempre hacia que se me acelerará el corazón hasta puntos en que podía bombear una bomba de agua, ¡jijijiji! Bueno tal vez no tanto, pero sí que estaba muy emocionada.

Sin embargo, mi emoción no duraría mucho, Mortis, quien ya conocía de sobra mis expresiones y más aquellas que miran directo al teléfono, se sentó intentando conversar en lo que, desde un inicio, ya sabía que iba a ser poco más que un interrogatorio.

-Jeje, ¡Ey! Veo que a alguien le gustó mucho la sopa de hoy, aunque, creo que lo disfrutarías un poco más si te olvidases de ese cacharro electrónico por un momento.

-Ja, ja, muy gracioso, lo que haga con este cacharro electrónico no es de tu incumbencia.

Arremedó Emz con ironía, ensimismándose en su pantalla de un jalón, cosa que no era un inconveniente para Mortis pues este contaba con pequeños subordinados de alas peludas y colmillos sobresalientes que siempre miraban desde el techo lo que Emz veía en su celular, todo para informarle inmediatamente a Mortis en caso de notar algo extraño.

-Hmm, sabes Emz, estaba pensando, ¿crees que podríamos salir a hacer algo juntos esta tarde? Ya sabes, salida entre familia, como los viejos tiempos, quizás podríamos incluso pescar ese tiburón bebe que siempre quisiste.

-Oh, ¡oh lo siento Mortis! No puedo, creo, que, creo que estaré ocupada esta tarde.

- ¿Ah sí? ¿Y en qué si se puede saber?

- ¡Ah, nada relevante, en serio! Solo un paseíto por el árcade y tal vez una visita a la tienda, ¿sabes? Vi un descuento de mandiles afeminados con adornos si es que te interesa.

-Grrr….

Mortis solía gruñir como un perro enojado cada que alguien lo vacilaba, lo que, por supuesto hacía difícil tomarle en serio en esas ocasiones, hasta pude notar una leve carcajada de parte de Frank.

- Y, acaso, ¿irás con alguien?

- ¿Hmmm? ¿acaso te importa? –ya comenzaba a molestarme por sus descarados intentos por decirme que no salga.

-Pues, sí, de hecho, sí. Vamos, querida, soy tu tío, ¡el mágico hombre del sombrero! Sabes que solamente me preocupo por ti.

Eso último molestó me molestó más. –Ajá, mira lo que yo haga fuera de casa no es de tu incumbencia mientras no acabe muerta, embarazada o secuestrada, ¡y oh vaya! La primera ya ocurrió, la segunda es imposible y la otra, jeje, bueno, si pasa cualquier cosa, aún tengo la mandíbula para arrancarle los sesos a alguien, ¿no es así?

Mortis se irritaba cuando le hablaba de forma tan ácida.

-Jeje… Escucha pequeña, mientras sigas viviendo en esta casa, no, mientras yo siga en este mundo, a mí siempre me va a importar lo que hagas y con quien lo hagas, es mi trabajo, es mi deber como tu familia la de decidir que es mejor para ti y que no.

- ¡JAJA! ¿Y qué te hace pensar que eres el más indicado para eso? Tú no eres lo que se dice la persona más capaz para tomar las riendas de su vida, ¿o qué acaso no contrataste un mayordomo para lavar tu ropa?

El tono pícaro de la conversación ya empezaba a transformarse en uno directamente agresivo, Frank, que ya nos ha visto pasar por escenas similares sino es que exactamente iguales palabra por palabra, se dio cuenta, lo que lo puso increíblemente incómodo.

-Bueno, quizás no sea el más sabio, pero si cuento con mucha más experiencia y mucho más conocimiento que tú y toda tu generación, por eso te digo, directamente, no quiero que veas a ese esqueleto.

Mi molestia se transformó en enojo, y ya en ese punto no había marcha atrás, lo que empezó como un mero desayuno, se transformó en otra de nuestras discusiones tan llenas de ira como era costumbre.

- ¡¿Y por qué no?!

-Porque los esqueletos son maliciosos y mentirosos, además, no me dan confianza los cantantes, es por tu propio bien Eliza-

- ¡Y UNA MIERDA!

Golpe la mesa con fuerza, me levante de mi silla y mire a Mortis con unas ansias asesinas que no podía controlar.

- ¡NO ME HABLES CON ESE LENGUAJE! Sé lo que te digo, he vivido más que cualquier humano presente en este parque, he visto cosas que tú no, sé cosas que tú no, y aunque entiendo tu enfado debes comprender que todo lo hago por tu propio-

- ¡SI DE VERDAD LO ENTENDIERAS NO ESTARÍAS DICIENDO TODO ESO!

Admito que me exaspere, tanto que comenzaba a sacar a Mortis de sus casillas, por lo que se levanto, y argumento sumamente ofendido:

- ¡YA CÁLMATE! Soy tu tío, soy la persona que te regreso la vida, soy la persona que más te ha cuidado en esta vida, ¿y vienes y me cuestionas que no sé lo que te digo? Si no fuera por mí-

- ¡CÁLLATE, CÁLLATE IMBÉCIL! Tú no tienes ningún derecho de vanagloriarte, lo que hiciste fue querer arreglar tu error y ya está, yo ni siquiera quería volver, ¡yo no quería estar viva, y menos para verte a ti!

-Emz por Dios, escucha lo que dices, sé que... sé que cometí un espantoso error, pero debes reconocer que-

- ¡NADA, NADA! No debo de reconocer nada mientras no seas capaz de ver que yo ya no soy una niña a la que le puedas decir a donde ir y como llevar su vida, mucho menos después de lo que hiciste, muchos menos después de….

Y así fue, como en un tono frío, que llegó a resonar hasta lo más hondo del corazón del vampiro pelimorado, la chica respondió, y tan seca como un muerto:

-Sé que desde que él se fue, tú te decidiste a estar ahí para ocupar su lugar y para, que no me afectara tanto su ausencia, pero desde el principio eso jamás funcionó, y solo me ha traído problemas una y otra vez, ¡incluso ahora después de haberme puto muerto me trae problemas una y otra vez! Y todo por una razón muy sencilla, y es que, tú no eres mi padre.

Aquella respuesta, tan clara y tan directa, rebosante de odio en cada palabra, hicieron del frívolo y débil corazón del vampiro, un montón de añicos.

-Y, jamás lo serás, no importa que, no importa que me digas o que intentes, no importa si él está muerto y yo no, no importa si él está muerto y tú no, tú jamás, ¡JAMÁS! ¡JAMÁS SERÁS MI PADRE!

Del par de ojos amarillentos del vampiro comenzaban a brotar unas cuantas lágrimas que solo delataban el profundo dolor que le aquejaba allá en el pecho. Frank, dolido por la escena, no evito notar ese detalle, lo que generó en él una mirada triste y compasiva.

-Sabes…. A veces, cuando, veo las fotos otra vez, yo…. En serio, no hay una sola mañana en que no vuelva a ver las fotos, y a veces, pienso... me hubiera gustado que tú te hubieras ido en su lugar.

-Quizás…. Quizás tengas razón…. Pero, a pesar de todo, sigo siendo tu familia, y como tal debo cumplir mi papel y cuidarte…. por eso, es que no quiero que vayas a ese concierto, ¡y no importa que digas, no vas a ir porque yo no lo deseo y punto!

- ¡Ajá, oblígame! ¡Yo no te debo nada idiota!

- ¡¿Qué no?! ¡¿De verdad quieres que te recuerde quien te ha estado cuidando todo este tiempo?! ¡¿Quieres que te recuerde como es que volviste a la vida?!

- ¡¿Y QUÉ HAY DE TI?! ¡¿QUIERES QUE TE RECUERDE COMO MORÍ EN PRIMER LUGAR?!

Mortis intento reprender, pero esta vez se quedó sin respuesta alguna, sintiendo como si le arrancaran la lengua, con culpa y dolor visibles en sus ojos, solo se resignó, se dio media vuelta y procedió a desaparecer.

- ¡BIEN! ¡HAZ LO QUE QUIERAS! –dicho eso, el del sombrero se marchó hacia su cuarto, dejando el desayuno sin siquiera darle un bocado y sin hacer el mínimo contacto visual con la pelimorada.

Tras eso, me dispuse a marcharme ya sin hacer mucho escándalo, mis ojos estaban lagrimosos y sentía como el pecho me dolía, pero…. El enojo que sentía seguía presente en mí por cuanto recorría una y otra vez las mismas palabras que nos acabábamos de decir, lo que me dejaba vulnerable, y yo…. odio que me vean así.

¿A dónde crees que vas?

Sin embargo, Frank no me lo iba a dejar fácil, él siempre se mantenía como el único balance capaz de ponernos a los dos en nuestro lugar cuando es necesario, y eso a veces nos asustaba a ambos por igual.

-Oye… sé lo que piensas, sé lo que vas a decir, no estuvo bien, lo admito, pero, es que…. Mira, no me siento con la claridad suficiente para hablar en estos momentos, solo quiero un poco de espacio, ¿me entiendes?

Frank suspiró, y con pesar en sus ojos, me miro justo de frente.

Emz, yo sé que Mortis llega a portarse como un idiota, y yo sé, que tienes motivos para guardarle rencores

- ¿Pero?

Pero, él sigue siendo tu familia a pesar de todo, y sé que no será la mejor que pudieras tener, pero al menos lo intenta, deberías... al menos, tratar de no ser tan cruel con él

-Empezare a serlo una vez él se porte más comprensivo conmigo, compartir sangre no significa-

¡Lo sé, lo sé! Pero... eres, lo único que él tiene, y él es lo único que tienes, por eso no...

Frank llevaba sus manos a su cabeza, sabía muy bien cuál era el sentimiento que me atormentaba en esos momentos.

...Por eso no creo que, deban discutir así. Yo te entiendo, y no creo que él tenga la razón en esta situación. Pero, por favor…. Solo inténtalo, yo sé que, muy en el fondo…. Tú aun... debes guardar con cariño esas aventuras que teníamos juntos, ¿cierto?

Hijo de…. me atrapo justo donde quería, desvie la mirada incómoda tratando de no recordar aquellos estruendosos momentos en los que Mortis me llevaba de viaje hacia otras dimensiones, hacia otros mundos y sitios que, para cualquier otro niño de esa edad, serían solo un sueño o un cuento de hadas.

-Bueno, algunas, no todas, más que nada las más normales, pero…. Eso ya quedo atrás, ¿lo sabes, ¿no?

Elizabeth, tú y yo sabemos que no eres la más indicada para decir eso

Frank me conocía demasiado bien.

-Te odio.

Yo también te quiero Emz

No voy a ocultar que me sonroje con ese comentario, de entre los tres, Frank siempre demostró ser él más leal a ambos, tanto que, cuando niña, hubo varios momentos donde solía pensar que él era más familia mía que Mortis.

-Y bueno… a todo esto, ¿crees que si pueda ir al concierto?

Claro, pero responde cualquier llamada que te hagamos, y por favor no olvides lo que hablamos

-Está bien... Me parece un buen trato.

Cuídate mucho Emz

Me acerque hasta la puerta y puse mi mano sobre el picaporte justo dispuesta para empezar mi "pequeña aventura" del día, cuando apenas escuché eso, voltee por un instante a mirar a mi amigo el mutante, y, aunque en un tono un poco seco, le dije con una leve sonrisa:

- ¡Tú también cuídate Franki!

Ya afuera, me encontraba en el dilema de como pasar el rato en lo que llegaba la hora del concierto, era apenas de mañana así que tenía que pensar muy bien en que cosa distraerme, lo que me llevo a dar un paseo por el parque recorriendo sus ya clásicas atracciones. El bar de Barley, el mini pueblo de retropolis, la zona espacial, había mucho que escoger, aunque, ese día nada me parecía lo suficientemente apetecible.

Así que no tarde en echar un vistazo a mi celular a ver si es que me topaba con alguna sorpresa interesante, lo que llevo una cosa a la otra, y termine topándome con el perfil de la señora "Pam Junker" la ingeniera y médica más importante del parque, también conocida como la mamá luchona que cría a un pequeño engendro de pelo rojo.

- ¡Oh, que tenemos aquí! ¿La señora Pam? No creí que una mujer de su edad realizará tantas publicaciones en redes sociales. Owww, parece que Nani le ha cosido un nuevo traje a la pequeña Jessie.

Sonará extraño, pero, a veces, tenía como hobbie curiosear en los perfiles de algunos "brawlers" compañeros solo para saber más sobre ellos sin, ya saben, socializar y esas cosas incómodas que hace la gente. La señora Pam era un caso curioso porque yo no le caigo bien en lo absoluto, de hecho, cada que me ve, hace de todo porque su hija evite tener cualquier tipo de contacto conmigo, pues afirma que soy una "mala influencia" para su niña.

Yo por mi parte, encuentro adorable ver las cosas que publica de su pequeña, como todos esos recuerdos tan dulces, tan tiernos y tan pequeños. Como ese donde mostraba una linda fiesta de té que armo con ayuda de su robot sirviente, una cíclope tan pequeña como un niño de 8 años.

-Owww, y en esta foto parece que tuvieron una noche de películas, ¡Oh, oh, y aquí están limpiando su torreta juntas! Son tan lindas, ¡tan unidas! Parece que siempre le prepara su desayuno favorito el día de su cumpleaños.

Parecerá extraño, y, bueno lo es, el que una joven no muerta de no más de 16 años se la pasase viendo el perfil de una madre cuarentona, me gustaría mentir diciendo que lo hago por mera risa o por mera ternura, similar a como uno se la pasa viendo vídeos de gatitos cada que puede. Pero la realidad es que, si hacía eso, era para, inconscientemente, ponerme a recordar.

Aww, siempre peina sus trenzitas antes de dejarla ir a la escuela…. ¡Diooos, también le dice que es una princesa y-y, la ayuda co-con, sus disfraces de Halloween! Sus cumpleaños deben ser geniales también, Dios que buena mamá, ¡cualquiera desearía ser su hija!...

"¡Cualquiera desearía ser su hija!" es la misma frase que siempre termino diciendo cada que entro a su perfil, y cuando lo hago, suelo entrar en un trance del que se me dificulta salir, más recuerdos azotan mi mente como un remolino pasando por un pequeño hogar de madera, pero está vez era diferente, todavía tenía muy reciente la discusión con Mortis, todavía tenía muy presentes esos dibujos que hacía de pequeña…

Todavía...

Recuerdo...

Ese día...

Y así fue como empezó, remonté mi memoria a una vez en que, una pequeña, mucho más inocente, y mucho más humana yo, se encontraba recolectando flores pacíficamente en un mundo muy alejado del actual en que me encontraba. Una especie de paraíso selvático con todo tipo de criaturas a su alrededor, pequeñas y gigantes, flotantes y terrestres, en un campo azulado que combinaba con un cielo. Creo que por eso llevaba mi chamarra habitual de color rosa y un sombrerito como de lluvia, me gustaba mucho aparentar ser una niña de campo.

Recuerdo como la pasaba tan alegre y jocosa, jugando con las demás criaturas que me encontraba, Mortis y Frank por supuesto venían en compañía mía, con este último jactándose con orgullo de la situación.

- ¿Ves Frank? Te dije que sería una idea perfecta traerla aquí, ¡le está encantando! –señalaba risueño el ensombrerado.

-Jaja, ya creo que sí, se llevará muy buenos recuerdos de esto –respondía el grandote de piel lila, quien procedía a tomar una bebida de aguas verdes bastante exótica del lugar de donde estaban.

- ¿Ves? Mira, no me gusta decir esto, pero…. Te lo dije.

-Agh, eso supongo.

- ¿Qué dijiste? ¡No te escucho! ¡Te lo dije! ¡Te lo dije! ¡Te lo dije! ¡Te lo-

¡Jajaja! Cada que Mortis se ponía a presumir victorioso de ese tipo de discusiones, Frank solía apretarle el cuello con fuerza como si de apretar un peluche se tratase.

-Ya te dije que no me gustan los presumidos –afirmó soltando a Mortis, liberándolo de su calvario.

Mortis, jadeando aun por el dolor, respondió a duras penas. –Y… yo, ah, aghh… ya te he dicho…. que, ¡NO HAGAS ESO! –continuo Mortis con un pequeño golpe arremetiendo contra su camarada, el cual, fue como una ligera palmada para sí mismo.

- ¡Jajajaja! Debes admitir que te lo merecías. Hasta la niña lo sabe, ¡¿Verdad Eliza?! –gritaba Frank, provocándome una fuerte carcajada.

- ¡Jajaja! ¡Si señor Frank!

-Agh, como sea –amargado y humillado, refunfuño el vampiro apenas pudiendo reacomodar su sombrero, en un acto desesperado por recuperar un poco de su dignidad. –Igualmente debes admitir que tuve razón al final, ella se está divirtiendo, ¿no es así?

-Eh-ehm, pues sí.

- ¡¿Lo veees?! Y tú que decías que era una mala idea jaja, se nota quien sí sabe tratar con los niños, mi estimado fortachón –decía Mortis dándole un par de "golpecitos" en el pecho.

-Ejem, primero que todo, no hagas eso –respondía incómodo el Frankenstein- y segundo, Mortis, ya hemos discutido esto, sé que tienes buenas intenciones, pero, este no deja de ser un lugar peligroso para una niña de su edad.

Tan solo esa oración cambio por completo el temblé del ensombrerado, quien comenzó a hablar a modo de susurro, con tal de que la pequeña no escuchara ni un solo murmullo.

Shhh, escucha Frank, sé lo que quieres decir, pero ella está bien, no está corriendo ningún riesgo ni tiene porque mientras estemos cerca.

-Estamos en la dimensión O23-P, tú sabes el tipo de criaturas y monstruos que abundan por aquí.

- ¡Estamos en una de las zonas más seguras y lejanas de ellos! Además, sabes que, si se acerca cualquiera, yo perfectamente puedo-

-Una niña como ella no debería rondar por estos lugares, debería estar dando paseos por el parque o pasando un lindo día en la feria, como toda niña normal, ¿qué será de su infancia entonces?

- "Una niña normal", "una niña normal", ¿cuántas veces he de repetírtelo? Ella no es una niña normal Frank, ella es como nosotros, no está hecha para esas cosas que todos los humanos consideran "convencionales", no lo está y nunca lo estará.

-Solo porque tú no puedas adaptarte a las costumbres humanas no significa que ella tampoco, ella ya tenía una vida antes de nosotros.

-Ajá, ¿y recuerdas como terminó eso? Mira, Frank, será mejor que lo hablemos en otro momento, no quisiera perderla de vista.

- ¡OYE TÍO MORTIS! –gritaba la pequeña desde la distancia, resonando con asombro, como ese que hacen los niños cada que descubren algo nuevo.

-Oh, ¡y hablando de mí!

- ¡MIRA, MIRA! –exclamaba con sumo emoción hacia la luna de aquel sitio, un satélite de un brillante cuya luz era multicolor, entremezclándose como una aurora boreal.

Cada quien quedó asombrado por tan hermoso espectáculo que la naturaleza de sitio tan extraordinario tenía por ofrecer, muy diferente al mundo terrestre al que estaba habituada, cuyos cielos contaminados a veces ni siquiera permitían ver la luna con claridad ni aunque se tratasen de las noches de luna llena.

- ¡ES JUSTO COMO SIEMPRE ME LO CONTASTE! ¡ES EXACTAMENTE IGUAL! MI MADRE SIEMPRE DIJO QUE ERA IMPOSIBLE, PERO ERA VERDAD, LO ESTOY VIENDO TÍO MORTIS, ¡LO ESTOY VIENDO!

Recuerdo que conseguí conmover a Mortis en aquella ocasión, sus ojos se enternecieron como dos platos líquidos los cuales me miraron directo al rostro cuando este se agacho para darme un abrazo de lo más cálido.

-Es un honor pequeña, sabes que puedes contar siempre con tu fiel tío el señor del sombrero, ¿verdad? -dijo en un tono cautivado, hasta un poco al borde de la lágrima.

- ¡Jejejeje, wow! Hoy andas un poco raro tío Mortis.

-No es nada, pequeña, ¿qué te parece si pescamos un poco antes de irnos?

- ¡Siii! Pero antes quisiera llevar algo de recuerdo, ¡espérame tantito! –respondí entusiasmada, dándome la vuelta para buscar una de las pequeñas y fascinantes flores que había visto muy de reojo hace unos instantes.

-Excelente pequeña, yo mientras iré por las cañas, ¡por favor no te vayas muy lejos!

Caminé con mucha ilusión perdiéndome en los alrededores coloridos de bosque tan vivo y abundante de maravillas, entre esas, escuché los pequeños pasos de un ser parecido a un conejo, solo que con tres orejas y un ojo. Yo lo seguí, mi mente infantil no evitó distraerse con la presencia de criatura tan adorable de textura algo esponjosa, lo que me termino llevando hasta un rincón más estrecho, cuyos árboles permitían menos paso a la luz de la luna.

-Owwww, ¿qué haces por aquí pequeñín? ¿acaso te perdiste? –dije acercando mi mano hasta darle una suave caricia en su cabecita.

Este asintió su cabeza, dejándose mimar por parte mía, luego de ese intercambio amistoso, la criatura se volteó y, en señal de seguimiento, me llevo al camino de lo que, intuía era su madriguera, una cueva grande y abundada de ojos.

- ¿Huh? ¿A dónde quieres ir? ¡Oye, espera!

Sin darme cuenta, acabe dentro de la cueva, oscura y fría, tanto que respiraba un aire gélido, sentía como mi cuerpo se moría de escalofríos de solo estar frente a ese lugar.

-Eh-e-ehhmm, ¿n-o, no querrás que nos metamos ahí, ¿cierto pequeño?

El dicho ser de orejas alargadas dio saltos hasta estar justo en el centro del lugar, siendo el único sitio donde alcanzaba la luz de la luna. Yo no entendía lo que pasaba, pero no me estaba dando buena espina, todo cobraría sentido cuando, de la inmensa oscuridad, empezaban a surgir lo que bien parecían luces de un tono rojo carmesí, mientras mi estimado "conejito" de un momento para otro comenzaba a hundirse en el suelo del lugar, desvaneciendo su forma hasta mezclarse en el suelo, como si fuera un ilusión, pronto me daría cuenta, que había cometido un gran error.

Mi corazón se aceleró, sentía mis venas helarse por el miedo y no paraba de gritar, de la caverna empezó a seguirme un monstruo horrible, que apenas puedo describir como una suerte de gusano gigante y grotesco, de piel babosa y viscosa, que dejaba un rastro áspero y apestoso por donde pasase, con miles de picos en su espalda. Mientras más corría solo gritaba más y más fuerte.

- ¡AYUDAAA! ¡TÍO MORTIIIIS! ¡POR FAVOR!

Los gritos de la pequeña no tardaron en llegar a oídos del vampiro, quien se encontraba distraído por una discusión con su compañero.

- ¡No puedo creer que olvidaras las cañas en la puta casa!

- ¡Ah claro, así que debe ser mi culpa! Todo porque el señorito no es capaz de acomodar sus cosas por su cuenta.

- ¡Frank, eres mi amigo, pero también mi mayordomo, y te pago para- Oye, ¿escuchas eso? ¡¿Eliza?! –el del sombrero volteo, miro rápido a su alrededor y, una vez cayó en cuenta de la situación, sacó un grito de los mil demonios que lo hizo convertirse, en el chasquido de un dedo, en un murciélago listo para buscar a su pequeña sobrina. ¡ELIZABEEETH!

Tanto vampiro como Frankenstein se pusieron en camino, Mortis invocó a varios de sus fieles murciélagos en su camino, Frank era más lento, por lo que optó más por usar su martillo para abrir más el camino, sin importar cuantos destrozos dejase, pensando solo en seguir la voz de la pequeña.

Mortis guiaba a sus murciélagos (junto a Frank) siguiendo los gritos de la niña, sus oídos le permitían captar el sonido con una precisión y un alcance mucho mayor, con el cual, ya habían localizado cual era el monstruo tan espantoso que estaba siendo un peligro para su pequeña.

Por parte de Eliza, esta comenzaba a cansarse de tanto correr, el monstruo tenía problemas al momento de voltear las curvas del bosque con su serpenteo, pero sería cosa de tiempo para que el mismo acabase capturándola, así que, desesperada, busco algún rincón en donde esconderse, especialmente uno pequeño donde el monstruo no pudiese entrar. Para fortuna (o desfortuna) de la pequeña, esta se encontraría con una sorpresa que haría realidad de cierto modo, su nueva misión.

Sin darme cuenta, de tanto y tanto correr con el corazón retumbándome en el pecho, caí de sopetón en lo que comprendí era un hoyo cubierto por hojas y ramas, mi caída no fue a gran altura, pero eso no quito que el golpe me dolía mucho, de hecho, debido al estrecho espacio que había entre las paredes de rocas, termine raspándome feo mi brazo izquierdo, haciéndome sangrar y sollozar de dolor.

Estaba asustada, tanto que sollozaba, el hoyo era bastante pequeño así que el gusano por más que intentaba no conseguía entrar por completo, sin embargo, lo escuchaba aun tratando de destrozar el espacio con su hilera de colmillos gigantes y filosos como el hierro, mientras más escuchaba sus gruñidos más me aterraba, y eso me ponía a llorar aún más fuerte, nunca había tenido tanto miedo, creí que iba a morir, y solo podía pensar que estaba en una pesadilla, que quería despertar cuanto antes y tarde o temprano, iba a estar en mi cama nuevamente, siendo despertada por mi padre.

- ¡YA BASTA, ¡YA BASTA, ¡YA BASTA, YA BASTAAA! ¡SOLO QUIERO IRME A CASA! ¡EXTRAÑO A MI MAMÁ! ¡EXTRAÑO A MI PAPÁ! ¡¿POR QUÉ ME TENÍA QUE PASAR ESTO?! ¡¿POR QUÉ YO DE TODAS LAS NIÑAS TENGO QUE ESTAR AQUÍ?!

Estaba muy alterada, no sé cómo no termine muerta de un paro cardiaco, no paraba de pensar en que mi momento había llegado, que mi vida iba a terminar en cuestión de unos minutos, y eso solo me hizo abrir los ojos brevemente, por un instante, solo para ver una última vez un pequeño pin con forma de calavera, de diseño caricaturesco y un par de alas, no sonara a nada muy especial, pero ese fue el último regalo de mi padre, y siempre lo llevaba conmigo para sentirme más segura a donde fuera. Pero cierto es que, en ese momento, mientras lo veía, solo podía pensar en cómo este también era un recordatorio de una verdad amarga, de como hacía apenas unos meses me había tenido que despedir de aquel hombre que tanta felicidad traía a mi vida, y de solo volver a pensarlo, no evite preguntar dentro de mí:

¿Será que este es mi destino? ¿Y si no puedo ser feliz?

Solo tenía unos 9 años en ese entonces.

Pero la tortura de la pequeña Elizabeth pronto terminaría, pues de entre todo el estruendo de gritos y llanto provocados por los ya incesantes intentos de la creatura por devorarla, se escuchó el impacto de un golpe tanto certero como eficaz, el cual dejaba claro, había derribado al espantoso monstruo de mil picos y mil ojos de luz roja como la sangre. Apenas la chica escucho el tremendo golpe, no tardo en preguntarse en voz alta:

- ¡¿Tío Mortis?!

Resulta que el par de subseres finalmente habían llegado al rescate de la pequeña, Frank había azotado a la criatura con un fuerte golpe de su martillo, con todo y electricidad incluida, lo que, por supuesto hizo más que aturdir al monstruo, sus chillidos de dolor se hacían más fuertes conforme Frank seguía impactando el centro de su estómago palpitante y baboso.

Pero la cosa no terminaba ahí, y es que los murciélagos súbditos de Mortis comenzaban a amontonarse en la panza de la bestia, para entonces masticar su estómago cruzando desde la piel hasta los órganos, en un acto sanguinario y violento que no hacía sino provocarle gemidos de dolor a la criatura, cuya sangre se extendía tanto como un pequeño lago.

Frank seguía impactando cada vez con más fuerza a la bestia, aplastando sus órganos hasta volverlos mera masa de carne y sangre, en cuanto a Mortis, este retomo su forma de vampiro solo para poder tomar un par de los picos que hacían tan peligroso a la dichosa bestia, y entonces, tras arrancarlos lentamente despellejando no solo parte del tejido óseo de la creatura sino también arrancando parte considerable de su piel, utilizaría dichos picos para clavarlos justo en los ojos del monstruo, salpicando chorros y chorros de sangre en un festival grotesco y tortuoso de golpes, y gritos, gritos incesantes provenientes de la bestia, la cual clamaba piedad, en torpe y primitivo lenguaje que bien se podía interpretar como meros gruñidos de un animal afligido, al cual, Mortis procedería a arrancar de la misma manera, el resto de la piel de la cara de la creatura, hasta dar espacio a su cráneo, el cual era enorme, y contenía un cerebro que, en cuestión de un parpadear, el mutante haría pedacitos desperdigados por todos lados con la ayuda de su martillo, acabando con la tortura de la bestia, pero otorgándole una muerte no solo horrible, sino vomitiva, pues la imagen de su cadáver destrozado y mutilado, era algo que solo a muy pocos subseres se les podría imaginar.

Un acto cruel, ninguno de los dos subseres podía negarlo, pero en su cabeza, era más que necesario, era justo, debían asegurarse que monstruo tan horrendo no lastimase a la pequeña.

La matanza terminó, cada murciélago se juntó a forma de colaboración, ayudaron a la pequeña y la elevaron hasta permitirle salir con ayuda de su tío, acto seguido, la joven Eliza se abalanzó con su tío, en forma de un fuerte y estrecho abrazo, tan fuerte que Mortis podía sentir como las garras de la pequeña se aferraban a su espalda.

- ¡TI-TÍO MORTIS! ¡ESTABA TAN ASUSTADA! ¡CREÍ QUE NO LOS VOLVERÍA A VER!

El vampiro se conmovió, se agachó un momento, y devolvió el abrazo, apenas encontrando las fuerzas para saber qué decir, y es que hasta de sus ojos no mortales comenzaban a brotar varias y sinceras lágrimas de alivio, pero también, de culpa.

Y eso, era dolor.

- ¡PROMETEME QUE TÚ NO TE VAS A IR! ¡PROMETEME QUE ESTAREMOS JUNTOS PARA SIEMPRE!

El vampiro no tardó ni por un segundo en voltear a ver a su sirviente, quien lo miraba con cara de enojo, así como de susto pues sabía que dicha promesa resultaría comprometedora para el del sombrero.

- ¡POR FAVOR! ¡ES LO ÚNICO QUE TE PIDO!

Con el corazón destrozado y sin muchas fuerzas con las que hablar, el vampiro entonces pudo responder.

–Está bien, está bien pequeña, te prometo, que no importa qué, pase lo que pase siempre estaremos juntos. –decía Mortis tratando de contener las lágrimas.

- ¿Para toda la eternidad? –pregunte con inocencia, miedo, en ese tiempo no podía saber, como me iba a arrepentir de esas palabras.

-Para toda la eternidad. –dijo aun entre lágrimas, dominado por la conmoción, solo aferrándose a ese pequeño abrazo entre tío y sobrina.

Ese fue un día que quedaría grabado en mi memoria traspasando las mismas barreras de la muerte y la vida, como el de una inocente aventura que acabaría en una repulsiva pesadilla, pero también como otro de los tantos momentos que marcarían mi relación con Mortis.

Me sentía agobiada, ¿por qué estaba pensando en todo esto? ¿por qué darle tantas vueltas a un asunto de hace tantos años? No lo sé, no lo comprendía, y francamente no era la primera vez que algo así me ocurría tras una discusión con Mortis. Pero no quería pensar en eso, ya no, no quería recordar, tanto, tanto dolor.

Así que quise distraerme, nuevamente con mi celular, procedí a sacarme varias selfies, con la esperanza de publicar alguna que mantuviese activa mis redes, pero solo acabé amargándome más.

- ¡Okay! Veamos que tal quedó. Ouh- está, está bastante mal, Dios no, no puedo publicar esto –dije con disgusto, borrando la foto, así como con la siguiente, la siguiente, y la siguiente. –Muy bien, vamos a probar otra.

Seguí intentando e intentando, pero ninguna resultaba, estaba empezando a molestarme.

-No, está horrible. No, salgo chueca. Dios, ¿por qué hice eso? No, esta no. Está si quedó jodidamente mal, pero por, ¿qué carajo me pasa? Ugh, okay, debería intentar más tarde.

No estaba de humor, muchas cosas tenían mis emociones a flote ese día que apenas terminaba de empezar, necesitaba algo con que distraerme urgentemente, o eso es lo que me decía. Al voltear a mi izquierda, para mi suerte, apareció lo que parecía ser un rayo de luz, más bien un foco de distracción en el que enfocarme mientras mi cabeza no daba para nada más: la tienda de regalos.

-O, quizás, debería probar un cambio de look, después de todo, los últimos descuentos se ven prometedores. ¡Vamos a la tienda de regalos!

Quizás para aliviarse los ánimos, o solo por meras risas, Emz comenzó a cantar una bien conocida canción que pasaban entre comerciales acerca de la tienda.

- ¡E-e-en la tienda de Griff te divertirás, con sus lujosos precios te alegrarás, de e-encontrar tu producto ideal, ideal, ideal, desde la ropa má-a-s genial, hasta los accesorios más brillantes, y los peluches más elegantes, entre los brawler popular serás, popular serás, por ser su gran fan!


Mientras tanto, en las afueras de Star Park, unos cuantos robots de un solo ojo se encontraban realizando mantenimiento al parque, tal como era su trabajo, todo parecía proseguir tal como un día cualquiera, con los robots haciendo la mano de obra correspondiente, y las cámaras no captando nada fuera de lo común, claro, dentro de lo que se pueda considerar "común" en un lugar como Brawl Stars.

Pero entonces, las cámaras sufrieron una interferencia, algo pasaba, el vigilante no sabía exactamente el qué, pero no quiso soltar las alarmas tan rápido, no fue hasta un par de minutos que la imagen retomo su forma normal como de costumbre, pero lo que miro el dichoso vigilante de cuerpo metálico y un metro con cuarenta de estatura no le gustaba en lo absoluto.

Todos, y cada uno de los robots de mantenimiento estaban completamente destruidos, vueltos poco más que chatarra, incluso parecían haber destrozado una de las pequeñas estatuas de Spikeque había ahí por cerca, algo había ocurrido, un ataque quizás, de parte de alguien, o, para el temor del dichoso y robótico vigilante, algo.