El Ascenso de un Científico Loco.

¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!

El Enviado. Salvando Inocentes.

Cuando la nieve se derritió por completo y los preparativos para la coronación del tercer príncipe se completaron, en el momento en que la conferencia de archiduques se programó y las invitaciones para los archiduques que permanecieron neutrales durante la guerra fueron enviadas, mis preparativos tambien se completaron.

Con ayuda de Rozemyne pude vestirme como un príncipe.

Por supuesto, no fue perfecto, había nudos más sueltos que otros, pero Rozemyne aun era un bebe, esta era la mejor apariencia que podría conseguir.

Mi cabello por otra parte, no tenia ningún desperfecto. Lo cual fue una grata sorpresa. Yo tenía mucho, mucho más cabello que Sera, pero la pequeña niña consiguió trenzarlo por completo, ni un solo cabello estaba fuera de lugar.

Había sido mi idea, pero en realidad no esperaba que funcionara, anticipando el fracaso, estuve tentado incluso a comprar una doncella gris del templo central, pero saber que su destino seria muy incierto una vez que este salto terminara, me detuvo.

Las personas me olvidaban tan pronto me iba, aunque por algún motivo mi madre me recordaba. Tenia la teoría de que eso se debía a que yo era una anomalía, como me llamaron los dioses, pero no podía estar seguro.

Después de mirarme en el espejo por milésima vez, decidí que estaba listo… o eso esperaba. Ocho meses sin interactuar con nobles podría jugarme en contra. …si, Aldebarán se presentaba a menudo a los eruditos para vender materiales o herramientas, sin embargo, estaba por presentarme como el enviado de los dioses, no podía actuar con sumisión.

"Saldré un rato, Rozemyne. ¿Puedes comportarte mientras tanto?"

"Ti."

Sonreí y salí de la casa. Aun no me sentía cómodo dejándola sola, menos tanto tiempo, pero no podía llevarla conmigo ahora.

Camine bajó un amuleto de Verbergen, conocía de memoria la rutina del tercer príncipe, entre en su villa junto a los eruditos y caballeros que cambiaban de turno. Caminé hasta su oficina y lo seguí hasta su habitación.

El príncipe siempre pasaba media campanada dentro de su habitación oculta, soló. Por lo que con mi dron lo seguí dentro de la habitación para comprender del todo su rutina, buscando el mejor momento para acercarme a él y encararlo.

Cuando descubrí que su tiempo en aislamiento solía usarlo para reflexionar, recordar, los planes de su difunto hermano mayor, mientras trataba de analizar la mejor forma de implementarlo a la situación actual, decidí que era el mejor momento para presentarme ante él.

"Estaré en mi habitación oculta. No me interrumpan a no ser que sea prioritario." Ordeno a sus asistentes y eruditos quienes aceptaron con una ligera reverencia.

Me coloque al lado de la puerta, y entre antes de que él lo hiciera.

Una vez que la puerta se cerró y él se sentó en su tumbona, me pare frente a ella para evitar que llamara a sus vasallos en un ataque de pánico cuando me viera y lo observe a él y a su entorno en silencio.

Pilas de pergaminos y tablas estaban organizadas en su librero. Todo organizado en cuatro pilas de una manera muy similar a la matriz de Eisenhower

Los últimos días me dedique a leer su vida, todo lo que leí, lo que averigüe me llevo a comprender que él era una buena persona, en otro tejido hubiera sido un buen Zent, sin embargo la realidad era otra y él iba a morir.

"Dioses… ayúdenme por favor. Yo no soy mi hermano. Necesito su guía."

"Si es lo que deseas, te ayudare." Respondí a su petición retorica, desactivando el amuleto de Verbergen para quedar a su vista, y disfrutando más de lo que debería la expresión de pánico en su rostro.

Todos los días pedía lo mismo a los dioses, su petición sonaba sincera, pero ya que este hombre nunca rezo hasta ahora, tenia poco o nulo favor de los dioses, por lo que en realidad necesitaría varios años más antes de que su petición fuese respondida, pero me daba el preámbulo perfecto para aparecer ante él.

Lo observe pálido y tembloroso. Apretó los dientes para que no notara que castañeaban y enterró sus uñas en su palma, para controlar su temblor. Sonreí un poco sorprendido, cualquier otra persona no notaria su pánico, sin embargo los años de interpretar las micro expresiones de Rozemyne, me habían vuelto un experto en leer a las personas.

"No tienes por qué temerme, los dioses me enviaron para ayudarte." Anuncie aun sin moverme. "Si quisiera matarte, o estuviera aquí para acabar con tu vida, ya lo habría hecho."

"¿Quién eres?" pregunto conforme su expresión pasaba del pánico a la confusión, "Vistes como un príncipe, pero no hablas como uno." Sus ojos adquirieron un matiz critico mientras me estudiaba a detalle, "No eres mi pariente, pero me hablas como si fuéramos hermanos. Ningún noble en todo Yurgenschmidt, ni siquiera los miembros de la facción de mi difunto hermano, se atreverían a presentarse ante mi y hablarme de forma tan casual. Menos se atreverían a usar una capa negra que solo usa la familia real. Nadie podría conseguirla a no ser que la robaran."

'Realmente me paso factura…' pensé con malestar mientras ponía una sonrisa social en mi rostro, o al menos lo intentaba. "¿No me escuchaste? Estoy aquí para ayudarte."

"¡Responde a la pregunta de tu zent!" Ordeno con voz firme.

"¿Zent?" pregunté provocándolo.

No llegaría a ningún lado si seguía cuestionándome y, ya que me había equivocado mucho al presentarme, mi mejor curso de acción era dejar claro que mi estatus estaba muy por encima del él suyo.

"Solo eres el tercer príncipe. Ganaste una guerra, pero no eres Zent. No sabes donde esta ni como encontrar la sabiduría. Sin embargo, Layla te ha asegurado que te ayudara a encontrarla."

Eso lo descoloco, sus ojos parpadearon mostrando su confusión, y su ceño se frunció

"¿Me equivoco?" pregunte riendo. Él negó. "La razón por la que estas aquí pidiendo ayuda a los dioses en lugar de estar con tu diosa de la luz, es porque lo entiendes, porque entiendes que lo que te pide para ayudarte, no es correcto, porque entiendes que tu hermano jamás lo hubiera aceptado."

Guarde silencio en ese momento, dejando que mis palabras lo perforaran y agregando suspenso a mi presencia.

"Purgar a la facción del primer príncipe es un precio muy alto. No entiendes porque quien se convertirá en primera reina y su familia exige una condición como esa para ayudarte a ti, su marido y próximo rey. Ahora comprendes porque Waldifried se negó a tomar una esposa de Klassenberg y ahora que lo entiendes, te arrepientes por haberlo hecho tu… puedes detenerme cuando quieras." Me burlé.

"¿Quién… quien es usted?" pregunto. "¿Cómo debería llamarlo, su santidad?"

"No soy un dios, pero si su mensajero. Estoy aquí para ayudarte."

"Si no es un dios, ¿Cómo es posible que sepa… tanto?"

"¿Bueno?" Lo pensé un momento, tal parecía que creería cualquier cosa que dijera y, ya que no quería dejar sola a Rozemyne por mucho más, decidí que ser más o menos honesto era lo mejor. "Mi nombre es Ferdinand, y soy Zent." Anuncie y sus ojos se abrieron con sorpresa. "Los dioses me trajeron del futuro para ayudarte. Grutrissheit."

"Galtero será el próximo Zent, tu debes ser su hijo, mi nieto." Sonreí para ocultar mi malestar, lo que el hombre frente a mi interpreto como una negación. "¿No? Bisnieto…"

"No puedo decirte." Declare sin quitar mi sonrisa. "Lo que si puedo decirte es lo siguiente. No debes ceder a la purga de la facción contraria."

"Entonces… ¿Qué debo hacer? ¿Sera Analthung para mi?"

"Para eso estoy aquí." Sonreí dándole un gesto tranquilizador, una sonrisa que perfeccioné a lo largo de los meses mientras cuidaba de Rozemyne.

Camine hacia la mesa, una vez que volvió a sentarse, encontrando una luz de esperanza en mi presencia. "Primero comencemos con esto…"

Busque entre los pergaminos y encontré el que estaba buscando: la solicitud de Drewanchel para hacerse cargo de los frutos, flores y capullos en edad prebautizmal; así como de las jardineras que eran las encargadas de cuidar de ellos.

La cantidad de niños en el palacio era bastante grande, durante la guerra muchas flores dieron a luz, y apenas destetaron a sus hijos, volvían a trabajar siendo las jardineras las encargadas de cuidarlos a los recién nacidos.

Ya me había dado cuenta antes, y lo confirmé cuando fui al palacio hace dos días para revisar el estado en la que los niños se encontraban, pero Rozemyne siendo la preciosa hija de Seradina y Zent vivió una vida privilegiada, a diferencia de otras niñas, pudo permanecer junto a su madre y ser mimada por ella, las demás niñas eran arrojadas a un cuarto junto a otras y educadas para servir como moneda de cambio. Las próximas flores eran colocadas en un cuarto diferente, donde refinarían su habla, modales y cada detalle de ellas para volverlas flores hermosas y serviles. Los niños eran arrojados todos a un cuarto, compitiendo uno con otro para ver quien tenia más maná, luchando para sobrevivir tratando de volverse el rey de otro país. Los que no eran suficiente serian convertidos en feystone.

"No puedo acceder a eso." Negó Siegfried, "Lanzenave necesita el maná…"

"Nosotros también." Le recordé. "Escucha. Muchos murieron durante la guerra y muchos más están por morir. Angriff recoge sus tributos por mucho tiempo tras retirar su bendición si Verfuremeer no otorga su bendición a los mortales y, sin la sabiduría de Mestionora mediando para convocarla, no llegara a Yurgenschmidt."

Me miro con una expresión conflictiva, podía ver en sus ojos que quería solicitar mi ayuda para encontrar el Gutrisheit, y no sabia como hacerlo.

"Analthung mostrara el camino, pero es el deber de Zent encontrarlo, tal como lo hizo tu hermano mayor."

"Mi hermano fue elegido." Rebatió.

"Y, sin embargo, no dejo de buscar la autentica sabiduría. Te hablo de eso, ¿cierto?" no respondió.

Me senté mientras lo dejaba pensar y recordar. Sabia por la sabiduría que Waldifried le hablo al respecto de eso, aunque no de forma directa, sus palabras fueron ambiguas para no despertar la sospecha de Klassenberg.

El difunto Zent era un hombre sabio y, por lo tanto, sabia que necesitaría las pruebas necesarias para enfrentarse a un ducado que existía desde la fundación, no podía ir y actuar únicamente basado en sus instintos.

"Si, algo menciono."

"Bien, pero Siegfried, llegare a eso luego. Ahora mismo no hay mucho tiempo y debes apresurarte y aceptar la oferta de Drewanchel, ese ducado se mantuvo neutral, por lo que no les falta maná, pregunta a los eruditos el tamaño promedio de las feystone que envían a Lanzenave y que envíen dos piedras por niño que recibirán."

Asintió de inmediato y se dispuso a escribir una carta de aprobación y una orden a los eruditos soberanos para recibir la información necesaria.

"Pídeles que agreguen la información sobre la cantidad de colores de cada niño y que Drewanchel te proporcione piedras con los mismos elementos."

"¿No seria mejor pedir piedras de siete atributos?" me cuestiono, pero negué.

Él tenia razón en el sentido de que seria mejor enviar piedras de la mejor calidad, sin embargo no servía para nuestro propósito primordial que era salvar a los niños.

"Enviaras las feystone en lugar de los niños, por lo que existe el riesgo de que Lanzenave exija más cuando se les acabe el maná. La forma de evitarlo es enviar las piedras junto a listas de cada habitante del palacio de Adalazia, podrán cotejar que el numero de piedras y colores de cada una con la lista de los niños. Sin las herramientas necesarias no podrían rebatir o pedir más." Explique. "Les pedirás también una segunda piedra por cada niño, que esas sean de alta calidad, esas serán para la soberanía por lo que no será necesario igualar los colores."

Cuando la piedra en la pared brillo, indicando que el tiempo finalizo, ya tenia las cartas listas para enviar a Drewanchel y a los cuidadores, me agradeció una vez más y yo me despedí diciendo que me reuniría con el mañana en el mismo lugar.

Activé el amuleto de Verbergen y desaparecí. Lo vi agradecer a los dioses y salir de su habitación

Después de que salió, coloque un circulo de teletransporte hecho con tinta invisible en la habitación, mañana vendría usándolo. Con mis drones sabría el momento exacto en el que entra en su habitación y sería más rápido tanto llegar a él como también irme. También mantendría mi presencia divina a sus ojos.

Las luces doradas y negras podrían llegar a delatarme si no tenia cuidado, por lo que solo tenia que asegurarme de llegar en algún momento entre que salía de su oficina y antes de que llegara a su dormitorio.

.

"¡Rozemyne! Espero que hayas terminado tus tareas de hoy… ¿Rozemyne?"

Llegar a casa para relajarme un poco fue imposible. La niña no solo no me respondía, por más que busqué, no podía encontrarla.

Sus tareas estaban todas ahí. La pizarra con letras y la tabla con sumas y restas ya respondidas. La pared que usaba para sus dibujos mostraba un pequeño bosque con algunas bestias fey similares a las pequeñas réplicas de piedra Fey que dejé para ella. Un pañuelo en un bastidor con pequeñas puntadas para hacer un marco, dejadas a la mitad, así cómo los hilos de bordar desperdigados fuera de su pequeña canasta.

Está vez decidí salir de la casa para revisar la armadura de piedra Fey con el sello de Verbenger creado con mi Hieghbeast original… entonces lo encontré.

El corazón debió detenerse en mi pecho en ese momento y por poco me rompo los dientes por tensar la mandíbula. De algún modo el maldito jardín no estaba del todo recubierto, dejando apenas un hueco pequeño y casi invisible… un agujero del tamaño apenas suficiente para que la pequeña escapista que debía cuidar pudiera salir a sólo los dioses sabían dónde o cuándo.

"¡Duldzetzen, por favor, dame paciencia antes de que me dé un infarto!" musité entre dientes, sonriendo demasiado para no gritar y tirarme del cabello.

Activando de nuevo el amuleto que usé para visitar al Zent provisional, formé mi caballo y galopé bastante seguro. El único lugar al que esa malvada mocosa adoradora de dioses podía ir era la Academia Real. Una suerte que todavía no estuvieran llegando los Aubs para la Conferencia de Archiduques y que por suerte no hubiera detectado ningún alumno rezagado por ahí con los drones. Rozemyne era experta en evitar a guardias, eruditos y asistentes por igual, un hábito que la caracterizaría toda su vida.

Usando el aparato para verificar, movilicé los drones por toda la Academia, descartando lugares de inmediato.

No estaba en la biblioteca, tampoco en el pasillo de los dormitorios. La sala más lejana y la sala pequeña estaban vacías. Por más que movilicé a los drones no encontré rastro de ella.

Procedí entonces a verificar los salones ante una corazonada.

Había un altar que ella no podía haber visitado y que por poco me olvidó de su existencia, uno con el que estaba tan familiarizado que hasta había olvidado su existencia del todo.

El salón donde se instruía a los candidatos a Archiduques para obtener los nombres de los dioses supremos. Mi antiguo salón de clases.

Me apresuré a enviar a los drones ahí, notando de inmediato la puerta mal cerrada al salón, la puerta al altar a medio abrir. Con horror, por medio de los drones, observé cómo la pequeña Rozemyne entonaba la oración y el círculo comenzaba a iluminarse. Yo alimenté a mi bestia alta con tanto maná que por poco no logro detenerme sin salir disparado de mi asiento por la inercia, entrando al salón cuando las luces comenzaban a apagarse, atestiguado en primera fila cuando el círculo debajo de la bebé se apagaba por completo.

La sangre y la vida misma debieron abandonarme en ese momento, al tiempo que mis rodillas me fallaban y yo sentía el momento exacto en qué mis asentaderas hacían contacto con el suelo.

"¿Rozemyne?" susurré asustado, llamando su atención a causa del silencio a nuestro alrededor.

Sus preciosos y brillantes ojos de luna se posaron en mi. Una enorme sonrisa sincera se extendió por su rostro y ella corrió hasta mí de inmediato con los brazos abiertos, lanzándose a envolverme en un abrazo torpe e infantil.

"¡Dinand!"

La sentí saltar o al menos, eso parecía. Ella no dejaba de pararse en puntas y bajar de nuevo como si saltará, frotando su rostro en mis ropas antes de alejarse para poder verme.

"¡Los dioses me hablaron, Dinand! ¡Ahola sé sus nombres! ¡La diosa de la luz se llama…!"

"¡NO!" grité de inmediato, tapando su boquita con una de mis manos. El temor debió reflejarse en mi rostro, o quizás se me colara la desesperación porque ella dejó de moverse o de sonreír, mirándome con ojos cargados de duda y miedo.

"¿Dinand?"

"Rozemyne, escúchame muy, pero muy bien, ¿de acuerdo?"

Ella se mordió el labio inferior, tensándose de inmediato sin dejar de mirarme, asintiendo despacio.

"Nunca, JAMÁS, debes decirle los nombres de los dioses Rey y Reyna A NADIE. ¿Lo entiendes?"

"Pero, son nombdes bonitos, Dinand…"

"Si, son nombres bonitos, pero si se los dices a alguien, tú y la persona que te escuché van a quemarse hasta morir cómo castigo, y va a doler muchísimo más que cuando te quemaste la mano. ¿Lo entiendes, Rozemyne?"

"Pero, los dioses…"

"¡¿Lo entiendes o quieres que todo tu cuerpo se queme junto con el de otra persona?!"

Entre la furia y la angustia de lo que acababa de pasar le levanté tanto la voz, que noté a la perfección su respingo, su tensión aumentando, su respiración cambiante y las lágrimas llenando sus ojos.

No deseaba ser cruel, pero tenía que asegurar su supervivencia y tener los nombres de la pareja suprema, con su singular adoración hacia los dioses… no quería ni imaginar lo que podría pasar.

La tomé de los hombros. La agité preguntándole de nuevo si entendía. La miré con detenimiento, dejando que mi enojo fuera algo notorio para asustarla aún más. Debía estar asustada porque su rostro se contorsionó con lágrimas sin que ella me respondiera.

"¡¿Rozemyne?!"

"¡No diré nada, Dinand! ¡No diré nada!" lloriqueó al fin, sorbiendo algunos mocos entre una afirmación y otra antes de comenzar a llorar a gritos. Yo solo la abracé entonces con fuerza, obligándola a aferrarse a una herramienta antiescuchas en tanto yo sostenía el otro extremo.

"No quiero que mueras, Rozemyne. No quiero que te lastimes. Eres demasiado valiosa para Yurgensmith… para mí. Si mueres, moriré de tristeza y de angustia, así que por favor, por favor… júrame que jamás le dirás a nadie los nombres que la pareja suprema te ha dado. Por favor."

La sentí asentir, aferrándose a mi con fuerza sin poder dejar de llorar. La escuché decir una y otra vez que lo juraba hasta que de pronto solo quedó un temblor angustioso y un hipo silencioso por parte de ella.

Sus manitas me soltaron y su cuerpo perdió toda su fuerza, cayendo sobre de mí.

La levanté entonces, cargándola oculta bajo mi capa, cabalgando con ella con menos velocidad que cuando salí a buscarla.

Cuando llegamos a la casa, la pequeña tenía un poco de fiebre y se quejaba también. Entre la cantidad de maná que debió entregar al círculo de los dioses y la reprimenda demasiado airada que le dí, debió quedar más allá del cansancio.

Por supuesto, la dejé solo con una pijama ligera y me dediqué a refrescar su frente y sus corvas luego de administrarle una dosis adecuada de poción de rejuvenecimiento.

Esa noche ninguno cenó. Tampoco pude dormir en mi habitación, no con la preocupación todavía fresca en mí.

Cuando desperté, me aseguré de que ambos desayunamos. Usé un washen en mis ropas y Rozemyne me ayudó a vestirme en silencio. Le dejé algunas tareas de nuevo. Ya hablaríamos después.

Antes de irme, arreglé la armadura de la casa y dejé dos de mis drones siguiendo a Rozemyne por la casa. Por lo menos estaba feliz de tener a las dos avecillas de piedra siguiéndola por aquí y por allá. Estaba seguro de que hoy no saldría. Parecía cansada todavía… pero los otros días ya eran otras historias. Tendría que pensar en una solución a esto.

'No puedo dejarla sola en casa, con o sin los drones.' Si la niña era capaz de abusar de cualquier diminuto desperfecto para salir… en verdad, no quería imaginarme cuál sería el peor escenario posible.

.

Más tarde esa mañana le ofrecí la solución sobre las flores al príncipe en el trono.

Los padres de las más jóvenes, aquellas que aun no alcanzaban la edad adulta, debían ser notificados de su paternidad y sus hijas debían ser ofrecidas para volver con ellos. Las flores maduras, podrían volverse doncellas del templo centrar, donde podrían ser compradas como amantes o permanecer en el templo ayudar con el desabasto de maná.

"¿Qué haremos con su porción de maná?" me preguntó el príncipe.

Fingí pensarlo por un momento, analizándolo antes de brindar una respuesta.

"Buena pregunta… en realidad… podríamos dejar que ellas elijan si vivir o no." Me miro confundido y yo solo sonreí como si se me acabara de ocurrir la mejor idea del mundo. "Las mayores no tendrán a nadie que las busque, así que será simple, les daremos el mismo veneno que se les da a los niños, pero a aquellas que deseen vivir les enseñare a preparar jureve. La primera parte del maná de sus pociones será usado para enviar a lanzanve, y lo demás podrá usarse para la soberanía."

"Necesitaremos gente que las vigile y cambie las piedras de sus jureve, pero si las cuidadoras irán con los niños a Drewanchel, no tendremos a nadie que lo haga." Respondió después de un momento. Aceptando fácilmente mi sugerencia.

"Trasladémoslas al templo centrar entonces, los grises pueden vigilarlas y para las que se queden en el templo como doncellas azules será ideal, porque tendrán asistentes asignados para el momento en que despierten."

El tercer príncipe declaro entonces que haría un ala especial para ellas y así termino nuestro segundo día de reuniones.

Le avisé que no me reuniría con él en tres días, mientras preparaba los planos y lo necesario para las transferencias.

El Ala en el templo soberano estaría lista alrededor de finales de la primavera, lo que me daba tiempo para reunir todo lo que necesitaba para los jureves de cada una de las flores, principalmente el de Seradina.

Los siguientes tres días los dedique a la pequeña Rozemyne quien desarrolló un gusto por vestirme y comenzó a hacer adornos de lo que encontrara para ponérmelos. El idiota de Shuu y su fanatismo por Dragón Ball me golpearon cómo si de inspiración divina se tratara porque no tardé mucho en confeccionar una cápsula/asiento flotante con piedra Fey.

Era antiruido, con un pendiente que se ajustaba a mi oreja para escuchar lo que la niña hiciera dentro, así cómo otro pendiente para mí lóbulo que hacía de micrófono. Tras algunas pruebas comprobé que cuando lo activaba, solo la persona al interior de la cápsula de Goku podía escucharme. Tenía una puerta transparente como vidrio en el frente y el asiento era suave. Tenía el tamaño ideal para que Rozemyne pudiera ponerse de pie, sentarse o dormir ahí dentro.

Dado que usé cómo base una piedra para Hieghbeast, la cápsula podía flotar y seguirme a una distancia de no más de 5 metros hacia cualquier lado. Yo tenía el control absoluto de cuando se abría… tendría que probarla durante la conferencia, cuando volviera a colarme para seguir con la consejería que salvaría las vidas de flores, frutos y capullos en Adalgiza.

Cualquier modificación que debiera hacerle, la notaría hasta ese momento. Mejor arrastrar a Rozemyne con una cápsula cubierta por un amuleto de Verbenger por toda la Soberanía que dejarla de nuevo a sus anchas en la casa.

La conferencia de archiduques inicio el tercer día de mi ausencia. Klassenberg estaba realmente molesto cuando descubrió que el, recién coronado Rey Siegfried no anuncio que habría una purga.

Me reuní con él la mañana siguiente.

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Ayer tras la coronación le dejé una carta en su habitación oculta, pidiéndole que invitara a Dunkelfelger a reunirse con él a la quinta campanada.

El ducado del fuego se había mantenido neutral, por lo que no esperarían una reunión con él rey, sin embargo, era imprescindible que el compromiso entre mi padre adoptivo y la reina Magdalena se estableciera.

Dunkelfelger había dado caza a los mercenarios que intentaban matar a su hija dando fin así, por accidente, a la guerra, sin embargo eso no pasaría si no estaban ya comprometidos, y no se comprometerían después de la muerte de Siegfried.

"Dunkelfelger no lo aceptara." Negó de inmediato cuando le dije cual era el siguiente paso.

Solté un suspiro y frote mi frente, ya me esperaba esa reacción.

Debido a las sospechas del propio Siegfried hacia Klassenberg y hacia su primera esposa, me encontraba diciéndole lo que debía hacer pocas horas antes de que lo hiciera, de modo que Klassenberg no pudiera actuar para detenerlo o entorpecerlo.

"Aceptaran si lo expresas correctamente." Afirme antes de tomar un poco de té.

Actualmente nos encontrábamos dentro de un salón de té en el palacio de Zent, el mismo en el que se reuniría con la pareja archiducal de Dunkelfelger.

Deje mi taza en la mesa y me recargue sobre mi puño mientras cruzaba la pierna en un gesto aburrido.

"Ellos aceptaran." Afirme con voz firme.

El hombre frente a mi sabia que venia del futuro. Sin embargo parecía perdido con mi afirmación. Podía entender el motivo, después de todo era un insulto colocar a una princesa de Dunkelfelger bajo una niña archinoble de Jossbrenner que fue adoptada por Klassenberg cuando único logro fue ser seleccionada esposa para el próximo caballero comandante.

Originalmente se había planeado escoger esposas para el futuro caballero comandante de Dunkelfelger, ya que era un ducado militar, Hauchletzte que era el ducado de su madre y Jossbrenner, un ducado medio leal a la familia real. Siendo Dunkelfelger la única candidata a archiduque entre sus esposas.

Pero todo salió mal cuando se eligió a una joven de Jossbrenner primero ya que no había una candidata de Dunkelfelger disponible para matrimonio. El invierno siguiente a su compromiso, la joven ya había sido adoptada por Klassenberg bajo la excusa de que el proceso de adopción ya estaba en marcha antes de que fuera elegida.

El anterior Zent tuvo que cancelar la búsqueda de una esposa de Dunkelfelger para su hijo menor ya que no queria ofender a un gran ducado.

Tras la boda entre Raifreda y Trauquelet y luego del nacimiento de su primer hijo, mi padre y mi madre adoptivos se casaron, sin embargo, Clementina no lograba hacerse con la carga de Gedulh, mi madre tardo siete años en poder embarazarse de mi hermana Gertrude. Estaba seguro de que eso fue cosa de Raifreda, debió darle alguna droga para evitar que Clementina se embarazara.

Con tanto tiempo de diferencia entre los hijos de la primera y segunda esposa, la búsqueda de una tercera novia se cancelo.

"Necesitas volver al plan original de tu padre para tu hermano." Dije tras un momento de reflexión. "Raifreda no es originalmente una candidata de Klassenberg, se puede cancelar la adopción una vez que Trauquelet se vuelva caballero comandante." Dije con un encogimiento de hombros como si no fuese la gran cosa.

"Cuando se vuelva comandante, la princesa Dunkelfelger podrá tomar su lugar como primera esposa."

Sonreí cuando lo entendió.

"Sin embargo, no puedes nombrarlo comandante ahora. Pasarán al menos cinco años antes de que el país se estabilice, la diferencia de edad será grande, pero lo mejor será que una princesa Dunkelfelger de primero o segundo se comprometa con tu hermano menor."

"¿De primero o segundo…?" dudó un momento antes de mirar los papeles que traía con él. "Lady Magdalena acaba de terminar su primer año en la academia este invierno. Ella podría ser una buena novia para mi hermanito." Razono. Entonces sus ojos cayeron en mi, que ahora no ocultaba mi sonrisa. "…pero eso ya lo sabias."

"Sabia." Confirme tomando un poco más de té. "Pero quería ver si llegabas a la respuesta por ti mismo."

Rozemyne se quejó dentro de la cápsula de que ella también quería té y dulces. Aproveché que estaba bebiendo un poco para prometerle un poco de comida si terminaba su tarea de bordado y lograba copiar con una letra preciosa algún enunciado del libro que llevaba con ella dentro de la cápsula que flotaba sobre nosotros. Tomé nota mental de preparar un compartimento para agua y comida… quizás también un orinal.

La siguiente media campanada me dedique a ayudarlo a trazar un plan de acción y me retire antes de que el contingente Dunkelfelger llegara al salón para la reunión.

Me habría gustado ser una mosca en la pared para escuchar la conversación y ver como salía, pero mi presencia ahí, incluso bajo un amuleto de Verbergen, pondría nervioso al archiduque, cuyos instintos estaban a la par que los de mi tío.

Además de que Rozemyne estaba hambrienta. Necesitaba que la atendiera luego de tenerla encerrada por tanto tiempo.

Estaba sentado con Rozemyne en una torre vacía del castillo del Zent. La habitación había estado tan polvosa cuando entramos a tomar posesión, que estaba seguro de que nadie había entrado ahí en años.

Rozemyne no tardó en correr y saltar de alegría cuando al fin la saqué de la cápsula, tratando de hacer todo en silencio cuando se lo pedí.

Se devoró la comida que llevaba en el Benito, así como el agua que pude conseguir.

Esperé a que terminara, limpiándole el rostro y suspirando bajo la herramienta antiescuchas de rango específico que coloqué ahí.

"¿Todavía quieres ver a tu madre?"

No la había visto brillando con tanto entusiasmo desde que recibió los nombres de los dioses, abriendo y cerrando sus manitas sobre su ropa y los cojines del incómodo sillón en qué estábamos sentados.

"¿Puedo vel a mamá, Dinand?"

Suspiré. Estaba mal lo que iba a hacer pero sería peor perderla de vista de nuevo.

"Tu bestia alta provisional funcionó muy bien, Rozemyne. Nadie pudo ver qué estabas siguiéndome o flotando en ella. Tampoco te oyeron pedir el té."

Su ceño se frunció, sus mejillas se inflaron y sus bracitos se cruzaron de inmediato con enfado. Evitar reírme fue de lo más difícil.

Tosí en mi puño entonces, calmándome y mirándola con seriedad.

"Me temo que tu madre no debe verte todavía, Rozemyne. Es importante que no lo haga."

"¿Poqué, Dinand? ¿No puedo verla tampoco?"

Respiré, ladeando la cabeza y viéndola imitarme a la perfección. Me llevé la mano a la mejilla como la había visto hacer a ella tantas veces en el futuro solo para verla imitarme y le mostré una sonrisa noble.

"Tu madre piensa que estás en Eisenreich con tu padre, así que no puede verte aún o se pondrá muy triste de saber que estás todavía aquí. Ella de verdad quiere que vivas con tu padre y tus hermanos, pero aún no estás lista."

"¡Ush!" se quejó mirando al suelo avergonzada e impotente. Yo solo le seguí sonriendo.

"Debes prometerme que te mantendrás dentro de tu bestia alta cuando salgamos de casa para venir aquí, de ese modo, podré llevarte a ver a tu madre . Tú podrás verla pero ella a ti no."

"¿Cómo los pájados de Dinand?"

"Si" respondí desconcertado "cómo mis pájaros. ¿Sabías que te estaba observando?"

Ella solo asintió y luego suspiró, picando su mejilla con un dedo antes de mirarme, todavía pensativa.

"¿Puedo tenel comida en mi bestia alta?"

"¡Por supuesto! Esta noche colocaré un espacio especial para guardar uno o dos bentos y algo de agua."

"También quielo leche, Dinand. ¡Y té! ¡Y, y… ahm… quielo ir al baño."

Acepté sus peticiones, todas ellas, incluso la colé a una habitación con una fosa de slimes para que pudiera hacer sus necesidades y luego, con un puchero en el rostro, la volví a meter en la cápsula.

Cuando volví a la sala de té, sin embargo, noté que las negociaciones eran un auténtico desastre.

Aub Dunkelferger se veía bastante colorado mientras hablaba en una posición a la defensiva y su séquito parecía incómodo y airado, conteniéndose a duras penas. Incluso la primera dama de Dunkelferger parecía estarle lanzando dagas con los ojos a Siegfried. Eso no era bueno. Tendría que intervenir.

Usando un par de herramientas que preparé con antelación en caso de que esto pasará, hice una entrada de lo más melodramática luego de asegurarme de invocar un escudo de Schutzaria dentro de una herramienta antiescuchas de rango específico.

Dejé que una herramienta lanzará un humo similar al hielo seco que se usaba en algunos espectáculos de mi mundo anterior e hice que mi voz retumbara dentro. De este modo, solo la pareja ducal de Dunkelferger y Siegfried podrían verme y escucharme con claridad.

"¡¿Qué, en el nombre de los dioses está pasando aquí?!" rugí usando un aparato que diera a mi voz un sonido similar al trueno de Verdrena.

Por medio del arete en mi oreja pude escuchar las risillas emocionadas de Rozemyne, seguramente por los escudos y el humo. Decidí ignorarla y dejarla flotando cerca, en los límites del escudo para evitar que alguien pudiera chocar con ella.

"¡¿Príncipe Siegfried, qué planes con todo ésto?!" cuestionó el Aub.

"Esto, me temo, es intervención divina." Respondió Siegfried ocultando su nerviosismo con maestría. Cómo si esto fuera una obra coreografiada, aparecí entonces de pie entre el sillón donde estaba sentado el príncipe y la mesa donde estaba servido el té.

"He sido enviado por los dioses, Aub Dunkelferger. Cómo mensajero estoy aquí para guiar al príncipe Siegfried a un futuro próspero y para llegar a él, ciertas medidas deben ser tomadas."

"¿Cómo sabemos que esto no es más que un truco rastrero para obligar a la Espada del Zent a formar parte de una facción?" se aventuró Aub Dunkelferger desafiante, poniéndose en pie y cubriendo a su esposa con un brazo sin quitarnos la mirada de encima a Siegfried o a mi.

Tenía que admitir que la gente del Ducado del fuego debía llevar el valor y el coraje en la sangre. Otro noble habría dejado una fea mancha en su ropa interior y en el sillón luego de todo mi teatro o mi cara de pocos amigos.

Suspirando al saber lo que tenía que mostrarle y recordando que olvidaría todo más pronto que tarde, ignorando los constantes ataques que el escudo exterior estaba sufriendo, extendí apenas el brazo invocando mi schtappe y observando la rapidez con que el Aub invocaba su propio schtappe con la intención de convertirlo en un arma.

"¡Grutisheit!" canté de inmediato, dejando que mi sabiduría adoptará la forma tradicional.

Lo demás fue casi instantáneo.

El schtappe de Aub Dunkelferger desapareció a la vez que él y su esposa se dejaban caer de rodillas adoptando la pose de sumisión y respeto.

En lugar de guardar mi sabiduría los miré por encima de ella, mirando a Siegfried, quién seguía sentado y con los brazos cruzados, mucho más relajado ahora.

"Le ruego me disculpe, mensajero. Por más que intenté expresar su petición de la forma correcta, todo fue inútil."

"¿Mensajero? ¡¿Cómo hozas…?!"

"¡Basta!" grité, guardando ahora sí mi sabiduría "Aub Wenceslao, Lady Hildegarde, aún si tengo la sabiduría, no soy más que un posible Zent enviado desde el futuro como mensajero de los dioses. Para llegar a un futuro donde se alcen, no uno, sino varios candidatos a Zent aprobados por los dioses es de vital importancia que escuchen al príncipe Siegfried."

El Aub pareció olvidar cómo hablar o responder, de modo que tuve que tomar su silencio cómo una afirmación.

Siegfried procedió a explicar de nuevo y está vez, lanzándome miradas de soslayo, la pareja archiducal accedió a escuchar, sin embargo, su resolución me desconcertó un poco.

"Queremos que todo quede asentado en un contrato que firmaremos con el mensajero de los dioses. Cómo espada del Zent no podemos reconocer a nadie más que al Zent o a un portador de la sabiduría de Mestionora." Explicó Lady Hildegarde sin dejar de mirarme a mí.

Rozemyne escogió ese exacto momento para preguntar porque todos parecían enojados afuera. Tuve que ignorarla para no sonreír y controlar mis facciones tal y cómo Laurenz me enseñó.

"Muy bien. Un contrato conmigo, entonces con una cláusula de secreto. Nada de lo que estuvimos hablando o mi existencia misma podrán ser comentadas por ustedes hasta que yo tome mi rol como viajero de los dioses frente a todos los Aubs en funciones."

Ambos asintieron y Siegfried se apresuró a detallar el contrato y redactarlo a la brevedad, dejándome asombrado por sus habilidades de erudito.

Ni bien firmamos el contrato y este se quemó, me despedí de ellos pidiendo que pusieran orden a su gente, despejando los escudos y el humo antes de activar mi amuleto de Verbenger, formar mi bestia alta y llevarme casi hasta el techo para observar cómo el caos era subyugado en pocos segundos y la calma recobrada de inmediato.

Para cuando volvimos a casa estaba dormida y roncando. Debió aburrirse mucho cuando se quedó sin actividades que hacer. Yo me dediqué a trabajar en las mejoras de la cápsula, agregándole una cabeza de shumil al frente para que tuviera la estética adecuada al país.