Fic
Historias de Albert y Candy
Presenta
Sueños de luna
Por Mayra Exitosa
Reto OctoBert
Junio 2024.
LUNA LLENA
La estancia de Candy junto a William fue sorprendente para él, pues llegó a justificar lo que George le había contado de los tres jóvenes, la forma de ser tan diferente de los Legan padres con su hija, incluso con su hermano, Candy Elizabeth tenía las formas de una dama, sus cuidados al igual que su comportamiento, sin embargo, esas consideraciones con todo el mundo, con él que lo creía su rescatador y un buen samaritano que ayudaba en el bosque, sin dudar siquiera que hacía él ahí, su manera de reír y de contar las cosas que le sucedían y ver en una simple ardilla, las maravillas de su vida comparada con la suya.
- Si señor Albert, esa ardilla debe ser más feliz viviendo en el árbol a pesar de tener que enfrentar a serafina, cuando descubrí que mis pañuelos de seda y algunos de mis listones estaban en el hueco del árbol, sentí envidia, su hogar tan pequeño y entre todas las avellanas que ocultaba, mi pañuelo cubriéndolas y ella feliz por recoger cada listón y cada regalo que fue dejando la gatita de mi madre. - Entonces señorita Candy, me asegura que serafina es la proveedora del alto estatus de la ardilla, - tenga por seguro que no serán amigas nunca, pero la beneficiaria está muy agradecida por el cambio de hojas a pañuelos. Las risas brotaron al imaginar cubriéndose con un pañuelo como si fuera una manta, regalada accidentalmente por la gatita a la ardilla. - ¿le gusta la naturaleza, señorita Candy? - Si, creo que demasiado, más que leer un libro, recibir clases de piano que un hoy en día no paso de una corta melodía, afinar mi voz para cantar, es un tormento para mi madre, y si no fuera por mi hermano y mis primos, créame, señor, que estaría desacreditada como la dama que tanto espera mi madre que llegue a ser. - Alguna habilidad desarrollara, señorita Candy, le aseguro que su imaginación es una virtud que poco había visto y su gentileza en su modo de hablar, hace años que no la había escuchado. - ¿lo cree usted así? Es un honor recibir un alago de esa magnitud, el único que aprecia mis cualidades es mi hermano Niel. Me orienta y me guía para que no me equivoque. - ¿ah sí? ¿Cómo lo hace?
- Mis primos se han declarado enamorados, desean que manifieste mis sentimientos por alguno de ellos. Mi hermano sin que se lo comentara me dijo que, si un día me decidía a aceptar las atenciones de uno de ellos, los otros dos sufrirían, al imaginar eso, no puedo menos que agradecer a Niel, porque de cada uno de mis primos he recibido tanto aprecio, que jamás quisiera perder a ninguno de los tres. - ¿se casará con los tres, señorita Candy? - No, aunque tengo cierto cariño por Anthony, jamás elegiré a ninguno. - ¿Anthony? - Si, me gusta su mirada y su cabello rubio, sin embargo, dentro de la mansión hay una pintura de otro joven parecido a él, cuando le asegure que él me gustaba, se molestó tanto que dejo de hablarme por dos semanas. No me arrepiento de haber escogido a alguien que ni siquiera conozco, más ellos creen que sí. - ¿y quién es ese joven? - la tía abuela dijo que era William, pero después se arrepintió y me dijo que no lo mencionara con nadie, así que no sé quién es y nunca lo he visto, pero me salvó de tener que elegir y manifestar mis sentimientos. - Interesante, ha preferido usted a un desconocido. - más bien he escogido a alguien que no está aquí para que se dé cuenta que de las cualidades de una dama, solo se hacer las de un caballero. - ¿Cómo es eso? - Montar, lazar, Esgrima, incluso manejar un auto con Stear, cocer un pastel y curar a los caballos. - ¿todo eso sabe hacer? - No, pero es más fácil hacer eso, que bailar sin pisar a nadie.
Las carcajadas no se hicieron esperar, la amistad que surgió del desconocido de nombre Albert, la hizo sentir tranquila y olvidarse de todo durante esa noche colmada de rayos y lluvia constante.
La localización de ella, fue hasta el siguiente día, al verla golpeada y asegurar que había tenido un accidente, el medico que atendía a la tía abuela, la revisaba y aseguraba que había pasado la noche en una cabaña con un hombre que la rescató del río, más nunca mencionó su nombre, ni se hicieron aclaraciones de que puso a secar su ropa frente a este, mucho menos que le había tomado confianza, solo aseguraba que había recibido una nota la tía abuela, donde aseguraba que la había cuidado y esta les aseguró a sus padres que quien la cuido fue un caballero muy importante y que ella mandaría un regalo como agradecimiento hasta su mansión.
El sufrimiento de la familia hizo subir todos los detalles mínimos que la rubia realizaba en sus estudios, cuidando de ella, y dándole atenciones que antes se escuchaban con rigidez, ahora su madre le aseguraba que buscaría una damita para que la acompañara a todos lados, pero Niel se opuso asegurando que él cuidaría de ella mejor que otra dama, pues el accidente que tuvo, no lo podía haber evitado a menos que restringiera a su gatita de andar paseando por toda la mansión.
Albert en una noche de luna, con un fuego encendido, recordaba la noche en que conoció a Candy Elizabeth, como lo siguió, sus conversaciones y… de pronto un movimiento extraño hizo que se saliera de sus pensamientos y sucia colmada de lodo, había en la orilla una muñeca de trapo, con el nombre de Candy en el vestido de forma tejida, sonriendo la enjuagaba, para llevársela esa noche a la cabaña, tal vez algún día se la devolvería, ahora ya no podía, estaba en camino a Inglaterra junto a sus sobrinos, para ingresar al internado donde realizaría sus estudios y se convertiría en una dama, esta vez, él iría a verla, asegurarse que estuviera bien y… volver a ver su hermosa sonrisa.
En el barco, la noche era brumosa, cuando ella salía a tomar un poco de fresco, vio a un joven con una capa en una esquina del barco, de lejos notaba que estaba triste y casi podía ver su mirada nostálgica, la salida de Anthony tras ella, la hizo girar. - Candy está haciendo frío, no te vayas a enfermar, entra por favor. - Hace demasiado calor ahí dentro con tantas personas. - Toma mi capa, deja que te abrigue un poco y caminemos un rato, así volveremos después a nuestros camarotes. - Esta bien, gracias por salir. - ¿veías a ese hombre? - Si, me asuste al verlo en la obscuridad y con esta neblina. - Me alegro haber salido a buscarte, tu hermano tomo de más, Stear lo llevo a su camarote, no quisiera que te fueras a caer por la borda.
Desde el día del accidente casi nunca estaba sola, más a la fecha no podía olvidar al hombre que la rescató aquella tarde de lluvia y ver el agua siempre lo hacía traer su imagen a sus recuerdos, varias veces fue a buscarlo y nunca dio con ese lugar al que estuvo esa noche, parecía un ángel que había estado junto a ella, su voz, su mirada y el sonido de su risa, la llevaba en sus recuerdos con cariño, deseando volver a encontrarlo de nuevo. - ¡Albert! - ¿Qué dijiste, Candy? - Nada, solo es que ya estoy cansada, iré a mi camarote. – te acompaño.
CONTINUARA...
Gracias por sus comentarios, esperando les agrade dándole oportunidad a esta historia,
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Mayra Exitosa
