Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 27

Más de una vez en los últimos meses, Bella se había preguntado si en realidad se encontraba inconsciente en alguna parte. Se preguntaba si se encontraba en algún tipo de coma, y había confundido las historietas y la televisión con la realidad. Segura de que esa era la razón por la que estaba enamorada de un ángel. Incluso explicaba cómo alguien tan poderoso e increíble como él hubiera elegido renunciar a la inmortalidad por alguien tan insignificante como ella. Probablemente Edward era una amable enfermera que pasaba a hablar con su cuerpo comatoso. Tenía más sentido que creer que algo de esto fuera verdad.

Genial. Ahora que había decidido que todo estaba pasando en su cabeza, ella podía abrir los ojos a la realidad. Sí, querría decir que su ángel no era real, pero también significaría que él no había caído a la Tierra solo para tener una muerte horrible menos de seis semanas después.

Había sido horrible. Atrapada bajo el peso muerto de Felix, a Bella le había llevado una eternidad liberarse mientras observaba la vida de Edward irse de él. La sangre se esparcía debajo de su cuerpo, el charco agrandándose a un ritmo aterrador mientras la miraba, su expresión desconcertada y agonizante al mismo tiempo.

Fueron afortunados; ella lo sabía. Tuvieron suerte de que ella hubiera encontrado el nombre de la calle primero y se encontraba al teléfono con el seguro, regresando en dirección a Edward, cuando vio a Felix. Ella tuvo suerte de que el operador del seguro tuviera la sensatez de llamar al 911 en vez de a una grúa. La ambulancia y la policía no habían tardado en llegar.

Aún así, le atormentaba no haber podido liberarse a tiempo para llegar a él. Él se había desvanecido solo, asustado y dolorido.

Así es cómo se encontraba ahora—sola, asustada, y dolorida. Ella podía lidiar con el dolor. Lo que no podía soportar era el aislamiento. Odiaba estar atrapada en esta habitación. Aunque las enfermeras la habían amenazado con atarla si no se calmaba. Después de todo, a ella también le habían disparado. Parecía que la bala no había impactado nada más importante que el músculo, pero necesitaban estar seguros. A Bella no podría haberle importado menos el hecho que le hubieran disparado. Si hubiera justicia en el mundo, la bala se habría detenido allí. Debería haber sido ella la que se encontraba en una mesa de operaciones, desangrándose. Muriendo.

Si él muriera, sería su culpa.

Bella se mordió el labio severamente. Él había existido por eones—más tiempo de lo que ella podía comprender. Había existido a través de incontables batallas en los cielos solo para ser eliminado por la humanidad y un imbécil con un arma.

Cerrando los ojos, ella habló con cualquiera que estuviera escuchando. Por favor. Él fue su hermano una vez. Por favor, ayúdenlo.

Cuando abrió los ojos, ya no estaba sola en la habitación. Soltó un grito y entonces gimió cuando el dolor sacudió su cuerpo. Carlisle se encontraba a su lado en un abrir y cerrar de ojos, en un instante. El dolor que sentía al extrañar al ángel que realmente quería era peor que otra cosa.

Ni bien él tocó su hombro, el dolor físico desapareció. Por supuesto, la amabilidad solo le hacía extrañar aún más a Edward. Aferró las manos de Carlisle.

—Dime que estás aquí para ayudarlo. Por favor. Tienes que salvarlo.

Físicamente, ella se sentía mejor. Aunque la acción la molestaba. Se zafó de él encogiéndose de hombros.

—Yo no importo ahora mismo. Estoy bien. Bastante bien que estoy sentada derecha y hablando. No puede ser peor que Edward incluso si algo estuviera mal, y no es así.

—Tienes razón sobre eso —dijo Carlisle.

Bella estaba a punto de preguntar cómo lo sabía, pero luego se dio cuenta.

—Cierto. Una palmadita en el hombro y probablemente sepas más sobre mi cuerpo que yo misma. Malditos ángeles. No solo puedes tomar el lugar de los electrodomésticos, sino que ahora pasas a equipos médicos importantes. ¿Sabes? Si quieres ayudar a la raza humana, ¿por qué no solo haces eso? Solo abre una tienda en alguna parte y ofrece servicios desde lavandería instantánea hasta escaneos médicos rápidos y precisos. Pagaría una buena cantidad de dinero para eso. Un maldito escaneo médico es lo que me mantiene en esta cama. Tengo que esperar a los resultados. Es una mierda.

Ella sacudió la cabeza, impaciente.

—No importa. Nadie me dice lo que está pasando. Sé que probablemente se encuentre en cirugía, pero no me dicen nada a parte del hecho que está aquí en el hospital. Eso ya lo sé, carajo. Estuve en la misma ambulancia. Pero no soy un familiar o su esposa, así que no hablan conmigo. ¿Lo has visto?

Carlisle asintió.

—Dime que va a vivir. Dime que va a salir de esto. —Cuando él vaciló, ella gruñó, cubriéndose el rostro con las manos—. Oh, no. No, no.

—Shhh, Bella. Cálmate. La situación es crítica. No es que se está muriendo. Simplemente no puedo darte garantías, eso es todo. Puedo decirte esto —dijo Carlisle, su voz enloquecedoramente tranquila—. Edward es humano, pero jamás puede ser completamente humano. Queda una pizca de ángel en él. Noté el fenómeno en Rosalie hace muchos años. Ella no se enferma, al menos no con resfriados comunes. El resfrío común es demasiado débil para afectar su sistema. Cuando está herida, sana más rápido de lo que un humano normal haría. Ella no ha tenido motivos para darse cuenta.

—¿Qué estás diciendo?

La miró, su expresión solemne.

—Digo que su cuerpo está luchando para ayudarlo a sanar. Más de lo que un humano normal podría hacer. Él tiene todas las ventajas, todas las posibilidades de sobrevivir. —Asintió en su dirección—. Aunque nada es más vital de lo que ya le has dado.

Ella resopló.

—Cielos, si dices que una razón para vivir o amar o...

La sonrisa de él fue amable.

—No, aunque no deberías sobrestimar el poder de esas cosas. Pero hablaba sobre la ventaja física que le diste. La bala te impactó primero. Afortunadamente, te impactó en el ángulo correcto para no alcanzar algún órgano. Ya le has salvado la vida, Bella. Le has dado más tiempo de lo que hubiera tenido. Si la bala lo hubiera impactado sin antes hacerlo en ti, el daño hubiera sido imposible de reparar.

Bella consideró eso pero se encontró sacudiendo la cabeza.

—Carlisle. —Podía escuchar el quejido en su voz, pero no podía hacer nada para evitarlo—. Él no tiene puntos fijos, ¿cierto? Eso quiere decir que puedes salvarlo. Tienes que hacerlo. Por favor. Tienes que hacerlo. Yo... Yo... entiendo que no puedes simplemente aparecer allí. Pero parecías un doctor esa primera vez que nos conocimos. Podrías entrar, ¿o no? Arreglarlo lo suficiente para que viva. Por favor. Por favor, no puedo perderlo. Así no. Todavía no.

—Shh. —Él presionó una mano amable pero firme en su hombro—. Tu ritmo cardíaco es elevado. De...

—¡Por supuesto que es elevado! —Bella golpeó inútilmente su mano contra la fina manta del hospital—. No puedo ponerme en contacto con Rosalie. Estoy atrapada en esta habitación a pesar de que estoy bien. Estoy bien. —Su voz se quebró. Su labio inferior tembló—. Estoy bien, pero él no. Intenté salvarlo. Lo intenté. Pero había demasiada sangre. No pude ayudarlo. —Lo miró, su visión nublada con las lágrimas—. No puede terminar así. No puede ser de esta manera. Eres el único que puede ayudarlo.

Carlisle la miraba fijamente, sus ojos azules brillaban con compasión, tristeza y culpa.

Bella se desplomó.

—Pero no lo harás, ¿o no?

—No lo haré. Lo intenté. No puedo ayudar.

Eso llamó la atención de Bella.

—¿Qué? ¿Por qué?

Carlisle se sentó en la silla junto a la cama.

—Esa es una buena pregunta, y otra respuesta que no conozco. —Inclinó la cabeza—. Tú tampoco tienes puntos fijos. Hablando técnicamente, debería poder manipular sus vidas sin consecuencias. —Él no estaba hablando con ella en verdad. Estaba procesando en voz alta, su expresión lejana—. Quizás son los puntos fijos que tú y él han destruido.

Bella parpadeó. Sus nervios estaban muy alterados.

—No lo entiendo.

—Todo esto es especulación, por supuesto —dijo Carlisle haciendo un ademán con la mano—. Hubo una evidente consecuencia cuando Edward ignoró el punto fijo de tu muerte y tomó la vida del Edward Cullen original. El hecho de que estés con vida para afectar las vidas de los demás ha negado o interferido con varios puntos fijos hasta la fecha.

Un sentimiento incómodo se asomó en el estómago de Bella.

—¿Qué quiere decir? ¿Con qué puntos fijos he interferido?

Su expresión era cautelosa mientras la miraba. Puso una mano sobre la de ella, calmándola antes de que él comenzara.

—El más obvio es Felix. Él no debía morir hoy.

Bella palideció.

—Oh, no. Lo maté. —Su voz tembló con horror. Ella había estado tan absorta en Edward que ni siquiera había pensado en Felix. Por supuesto que estaba muerto. Su cuerpo había estado tan pesado que no tenía vida para redistribuir el peso—. Oh, Dios. Lo maté. Por favor, no me digas que me están castigando al herir a Edward. No es su culpa. Yo...

Carlisle le dio un apretón a su mano, luciendo genuinamente sorprendido.

—Oh, Bella, no. No, esto no es un castigo. —Suspiró—. Lo siento. Esto es mi culpa. No fue mi intención alterarte así. Es solo que tu situación y la de Edward es muy única que no puedo evitar estar fascinado.

—Jodidamente fantástico —dijo Bella, aferrándose a la irritación porque era más fácil que el temor—. Me alegra mucho que nuestra vida esté aquí para tu entretenimiento.

—Perdóname. Sé que esto no está saliendo bien. Simplemente es mi reflexión. Estoy seguro que Edward te ha dicho antes que los ángeles no tienen más respuestas que ustedes sobre el por qué de la vida, por cuyo capricho todo esto fue creado, y por qué hay demasiado sufrimiento en la vida. ¿Existe alguna fuerza igualadora en el mundo que aporte algún tipo de equilibrio que esté más allá de toda nuestra comprensión?

»—Tú existes. Edward existe. Tu existencia ha cambiado el curso de muchas vidas. ¿Hay alguna consecuencia para eso? No es un castigo —dijo él firmemente—. No puedo ver eso como un castigo. ¿Pero quizás algún tipo de causa y efecto cósmico?

—¿Cómo el karma?

Su labio se crispó.

—Tal como entiendo el contexto humano del karma, tendría que decir que no. —Frunció el ceño—. Tú en particular has sufrido mucho más que muchos humanos, y a una edad muy temprana. ¿Qué podrías haber hecho para justificar una vida así?

—Viví cuando no debería haberlo hecho —contestó ella, su voz temblorosa de nuevo. Inhaló profundamente.

—Eso tampoco tiene sentido en el gran esquema de las cosas. Hay muchos seres humanos que nacen y sufren tremendamente. Pequeños bebés que sufren horribles abusos, y tienen puntos fijos —dijo naturalmente, como si la idea no le molestara. Era la simple verdad. Un hecho—. No, no puedo creer que sea una retribución cósmica. Lo que le pasó a Edward pasó, de una manera u otra, porque es humano. La vida humana jamás ha sido ordenada o justa, así que el tiempo que ha tenido no importa. No importa para ningún otro humano, y él es humano ahora.

»—Edward fue afortunado de esa manera. Eligió esta vida sabiendo lo que yo sé. Eligió esta vida sabiendo que podría sufrir un gran tormento sin ninguna explicación. Los ángeles, por las limitadas opciones que tenemos, al menos tienen garantizados los parámetros de nuestra existencia. Los humanos no lo tienen, y él ha tomado esa decisión por sí mismo. Ninguno de los demás tuvo esa opción, la elección de nacer. Y por eso, su vida es tan frágil como la de cualquiera. Cualquiera de ustedes podría haber muerto en el mismo segundo de su caída; por ejemplo, un meteorito que cayó en el lugar exacto en el que se encontraban; y eso no habría sido una cuestión de justo o injusto. Simplemente es la vida.

Bella gruñó y se golpeó la cabeza contra la almohada, agradeciendo la oleada de dolor que traía.

—Eso no es reconfortante. —Hizo una pausa, tratando de mantener su voz firme—. Pero no puedes ayudarlo.

—Eso parece.

—Pero no es porque él esté siendo castigado o yo esté siendo castigada. —Ella tragó fuerte—. No porque haya obtenido unos puntos fijos, y esté condenado a morir.

—Él no tiene puntos fijos, de eso puedes estar segura. —Él apartó su cabello hacia atrás de manera cariñosa y paternal—. Ten fe en él, Bella. Puedo sentirlo desde aquí. Su esencia es fuerte y vibrante. Está luchando. La luz está cerca, pero no ha venido por él todavía.

—Él no está llamando a la puerta de la muerte —tradujo Bella.

—No. —Carlisle inclinó la cabeza—. Y con eso, creo que mi tiempo ha terminado. Tu doctor se acerca. —Se puso de pie, cada uno de sus movimientos llenos de poder y gracia. Su sonrisa era la de un dios, benevolente mientras la miraba. Extendió un brazo, su mano escondiendo algo que colocó sobre la mesa rodante junto a la cama—. Un regalo.

Bella frunció el ceño, mirando de sus manos a sus ojos.

—¿Para mí?

Carlisle sonrió y guiñó un ojo.

—No —dijo—. Basta decir que ustedes han roto más reglas y desafiado más verdades inamovibles de lo que pueden imaginar.

Con eso, se fue.

~FAH~

Había pocas sensaciones más extrañas para un ex ángel que la de despertar. Desde el momento que nació, la mente de Edward había trabajado en más niveles de los que cualquier humano era capaz de hacer. Él fue llenado de conocimiento instantáneamente sobre cada universo. En su existencia como ángel, jamás había dormido. Creía que jamás se acostumbraría a despertarse, a estar en ese estado confuso entre el sueño y la consciencia. No le gustaba el letargo de su cerebro, cómo sus pensamientos surgían en bloques de emociones e imágenes anoéticas en vez de palabras e ideas concretas.

Despertar en el hospital era, de lejos, la peor manera de despertar.

La primera vez, despertó con una sacudida violenta. No podía entender nada excepto el dolor y el caos. Había algo en su garganta. Su cuerpo no cooperaba. Se retorcía de dolor—un dolor increíble que se filtraba en su energía, manteniéndolo al borde de la locura.

Era como la caída, y durante momentos horribles que se prolongaban como décadas, creyó con seguridad que estaba atrapado. Creyó que el concepto humano del infierno era real. ¿Qué más podría ser? Seguramente esa era la perfecta definición del infierno, caer una y otra, y otra vez.

Escuchaba voces, pero no tenían mucho sentido para él.

—Edward. Edward, necesito que te calmes. Voy a darte algo para el dolor. Solo respira profundo. Respira profundo. Respira...

Se desvaneció.

No estaba seguro de si estaba despierto de nuevo, pero no importaba. Escuchó su voz. La voz de Bella. Así como durante la caída.

—Estoy aquí, Edward. Te necesito.

Se aferró a la voz. Se despertó. Vio el contorno borroso de su rostro —por supuesto que sabía que era ella— antes de quedarse dormido de nuevo.

Se despertó.

Las lágrimas ardían en sus ojos mientras registraba el dolor. Era un dolor terrible pero soportable. No lo suficiente para desconcertarlo. Inhaló e intentó abrirse paso entre el embrollo de sus pensamientos—muchos peores de lo usual. Una por una, registró las sensaciones detrás del dolor.

Había algo sobre su boca. El aire que respiraba era fresco y, aún así, extraño en cierto modo. Mecánico. Una máscara de oxígeno. Vagamente recordaba que había tenido un tubo en la garganta. Solo sentía cómo si no podía respirar, alguien —¿una enfermera?— le había dicho. Separó el dolor y la irritación de los raspones en su garganta y se lamió la llaga dentro de su boca donde había estado el tubo. Intentó mover la mano. Estaba amarrada.

—¿Edward?

Amarrada por la mano de Bella envuelta alrededor de la suya.

Él luchó y abrió los ojos.

—Oh, Dios —dijo ella, las lágrimas brotaban por las esquinas de sus ojos. Se inclinó hacia adelante y lo besó en los labios con la más suave de las presiones—. No lo hagas —dijo cuando él se movió un poco, tratando de levantar la mano para tocarla—. No intentes moverte. No trates de hablar, ¿de acuerdo? —Le acarició la mejilla—. Perdiste mucha sangre. Y aunque me han asegurado de que estás teniendo una recuperación casi sobrehumana, vas a seguir estando débil por un tiempo.

Le devolvía la mirada, mirándola frenéticamente mientras los recuerdos regresaban a él. A pesar de su advertencia, levantó la mano lo suficiente para señalarla.

Los ojos de ella se abrieron más, casi culpables, y entonces jadeó.

—¡Oh! —Se rio—. Oh, sí, por supuesto. ¿Te refieres a si estoy herida? —Se encogió de hombros—. La bala me atravesó limpiamente. Estoy bien. —Había un extraño brillo en sus ojos—. Más que bien, en serio.

Bella se inclinó más cerca de él.

—Créeme, fuiste tú el que se llevó todo el daño. —Se estremeció—. Pero vas a estar bien, Edward. Te vas a recuperar.

Ella habló por un rato más, explicando sus heridas y por cuánto tiempo él había estado dormido. Le contó que Felix estaba muerto. Entonces, le dijo que cerrara los ojos, él estaba tan cansado, y que seguiría allí cuando despertara. Se durmió.

Se despertó.

La debilidad estaba mejor. Seguía teniendo la máscara de oxígeno. El dolor era casi el mismo. Edward flexionó los dedos, satisfecho de encontrar que su cuerpo estaba cooperando más ahora. Abrió los ojos.

La habitación estaba iluminada por la tenue luz de la mañana. Bella se había ido. Él estaba decepcionado y aliviado. Había registrado que ella seguía en una bata de hospital la última vez que abrió los ojos. Con suerte, alguien la había hecho acostarse en algún lugar cómodo.

Estudió el cuarto, tratando de quitar las últimas telarañas. Se centró en las máquinas que medían su información vital. Notó cada uno de los tubos conectados a él, haciendo una mueca cuando registró el catéter. Eso le enseñaría a no quejarse sobre ir al baño. Observó las bolsas que goteaban líquido en su vía intravenosa, tratando de descubrir qué había en ellas y por qué las necesitaba.

Girando la cabeza, miró la pequeña mesa de noche, y se sorprendió de encontrarla llena de globos y flores. Qué te mejores.

Era irreal.

Frunció el ceño y tomó un objeto que sobresalía entre el resto. Era un juguete de peluche pero diferente a todo lo que había visto antes. Un querubín: criaturas angelicales parecidas a bebés de los mitos humanos. El rostro y los rasgos eran beatíficos. Edward pasó la yema de sus dedos por las plumas negras en su espalda. Eran suaves y cálidas. Jadeó.

—¿Lo viste?

Edward giró la cabeza, sorprendido de encontrar a Bella, vestida con su propia ropa ahora, caminando hacia él. Ella hizo una mueca mientras se acercaba, pero por lo demás, se veía como prometió: simplemente bien. Se sentó con cautela en la silla junto a la cama y se estiró para tomar el ángel bebé.

—Sus plumas se sienten iguales a las que tenías.

Había algo en su voz que le llamó la atención. La miró a los ojos. Había demasiada emoción allí para leer. Trazó la yema de su pulgar por los labios de ella y sonrió cuando lo besó.

—¿De dónde? —Se aclaró la garganta. Estaba áspera por el mal uso—. ¿De dónde salió? —susurró.

Ella se encontró con su mirada.

—Carlisle.

Edward intentó sentarse y se arrepintió. Bella se encontraba de pie, empujándolo para que se acostara de nuevo.

—Mierda. Llamaré a la enfermera. De...

Le tomó la muñeca y sacudió la cabeza.

—No. Estoy bien. —Respiró hondo—. Solo es dolor.

—Solo —masculló ella, pero se volvió a sentar.

Edward miró de nuevo al querubín y se dio cuenta de por qué se veía tan diferente. Había un aura sobre la cosa. Parecía haber sido invocado, materializado por la mente de Carlisle, no hecho. Realmente era especial. Edward no podía imaginar por qué el ángel superior le regalaría tal cosa, y se lo dijo a Bella.

—No es para ti.

—Dime —dijo él.

—No sé cómo —dijo ella, su voz sorprendentemente temblorosa—. Quizás será mejor si te lo muestro.

Ella colocó algo brillante en su mano. Una imagen extraña y borrosa, o en realidad, la imagen de algo. Frunció el ceño, inseguro de lo que estaba mirando al principio. Entonces, sus cejas se elevaron.

Era una ecografía. Con el nombre de ella en la esquina.

Él estaba bastante seguro de que su cerebro estaba roto.

—¿Cómo...?

—Oye, tu conocimiento sobre biología es mejor que la mía —dijo con una risita nerviosa—. Estoy embarazada de nueve semanas, así que supongo que sucedió hace siete semanas, porque la matemática del embarazo es estúpida.

Hace siete semanas él era un ángel hecho y derecho. Un ángel y una humana no podían reproducirse.

—He estado volviéndome un poco loca. He leído muchas historietas sobre las mujeres que quedan embarazadas de superhéroes. —Otra pequeña risita—. Es un tema ñoño, ¿sabes? Como Lois Lane supuestamente dio a luz a los hijos de Superman en una historieta. Pero, ¿cómo es eso posible? ¿Él no tendría... super esperma? El sexo por sí solo la debería haber matado.

Finalmente pudo apartar la mirada de la imagen en su mano para mirarla de nuevo. Los ojos de ella estaban muy abiertos, casi suplicantes.

—Aunque el doctor parece pensar que todo está bien. Normal. —Hizo una pausa por un momento—. Supongo que si hubieran alas allí, lo hubiera notado, ¿eh? Pero por otra parte, todavía no se ve humano tampoco. Un poco extraterrestre. ¿Eso no sería un giro? Ángel más humana resulta igual a un extraterrestre.

Se suponía que era imposible, y lo era. Él no podía entenderlo. Pero al mirar a Bella, lo entendía. Por supuesto. Todo sobre Bella y lo que ella le había hecho era imposible. Sin embargo, aquí estaba él, un ángel inalterable que había sido completamente cambiado por una chica humana. ¿Por qué esto no? Un niño imposible creado de su amor imposible.

Edward levantó una mano y jaló de su máscara de oxígeno.

—No hagas eso —dijo Bella, tratando de volver a colocarla—. Edward...

—Estoy bien —dijo él, finalmente logrando quitarse la máscara—. Ven aquí.

Llevó una mano detrás de su cabeza, llevándola hacia él. La besó una, dos, tres veces.

—No sé cómo sucedió esto, pero es algo bueno. Algo increíble. Voy a cuidar de ti. De los dos. Lo prometo. —La besó de nuevo—. Bella, te amo.

—Te amo.

La besó una y otra vez. Recordaría que necesitaba respirar más tarde.