2.

Alienígenas para Dummies


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Había algo realmente fastidioso en oír (por años) cierta frase: ¿Qué está pasando, Donnie?

—¿Donnie? —oyó a Mikey hablarle, pero lo ignoró.

Lo ignoró a él; ignoró a Leo y por supuesto, ni siquiera quiso pensar en Raphael.

Pasó de largo de todos ellos y al llegar a la guarida, lo primero que hizo, fue caminar deprisa hacia su laboratorio y encerrarse ahí. Activó el seguro computarizado y se lanzó hacia la cama raída que tenía, por si acaso se quedaba trabajando hasta tarde en sus inventos y prefería no alertar a los demás con sus pasos por el corredor hacia su habitación.

Se tiró sobre la cama bocabajo; abrazó la almohada y apretó los dientes.

Creyó que sus hermanos ya habían dejado de culparlo por no tener todas las respuestas.

¡Él no tenía todas las respuestas! Y menos cuando se hablaba de alienígenas. ¡Carajo!

Los Kraang y los Triceratons habían sido un dolor en el trasero por años, pero no eran lo único que albergaba el universo; ellos lo sabían bien. De vez en cuando había visitas alienígenas indeseadas y como siempre, sus hermanos esperaban que él al verlos, escanease sus fortalezas, debilidades, y si era posible, que adivinase si les gustaba la pizza. Menos mal que esta noche contaron con la ayuda de Alfil o habrían tenido problemas.

Donatello golpeó con frustración el colchón bajo él.

»¡Todos ustedes ya me tienen harto con lo mismo! —había explotado cuando Leo, precisamente Leo, le dijo que no estaban pidiéndole demasiado; que su "único trabajo" era ser el inteligente—. ¡Púdrete! ¡Púdranse todos ustedes! ¡¿Saben qué?! ¡Si creen que mi trabajo es taaaan poco indispensable y taaan sencillo…! ¡HÁGANLO USTEDES!

No era la primera vez que alguno de ellos "renunciaba" al equipo. Rapha aún tenía el record, seguido de Leo. Mikey y Donnie eran los único que no solían tirar la toalla; los que más veían que ellos no eran tan fuertes estando divididos, y más tan acostumbrados a ser liderados; defendidos; respaldados; apoyados; sanados; por sus hermanos.

Pero el "Equipo A" tenía la insana costumbre de seguir creyéndose los únicos importantes. Los únicos "poderosos y geniales". Y Donnie ya estaba harto.

No había querido ser tan frío con Mikey después de la discusión que sostuvo con Leo y Rapha, pero entendería que su hermanito sabría cómo se sentía. Por otro lado, Donnie necesitaría más de un día para volverle a ver las caras al "Equipo A", sin sentir deseos de mutarlos por segunda vez y meterlos al cilindro de Timothy.

La puerta de su laboratorio fue tocada un par de veces.

Donnie no respondió.

—Voy a pasar —avisó él; el único que tenía la clave de acceso al laboratorio. Y aun así avisaba que entraría antes de hacerlo.

Suspirando, abrazándose más a su almohada, Donatello ya venía venir un sermón. Ya veía venir el: "te lo estás tomando muy personal", "te estás comportando como un niño inmaduro", o el "un ninja jamás dejaría que sus emociones se interpusiesen en su deber"; cosas así; y no iba a responder a ninguna de esas cosas. Tampoco de eso estaba de humor.

—¿Estás bien, soldado?

Donnie no supo qué responder. ¿No era obvio que estaba mal?

—Mikey me dijo lo que pasó. Raphael y Leonardo están en el dōjō discutiendo; pero quería saber primero cómo estabas.

Eso… era nuevo.

Usualmente Donnie estaba acostumbrado a ser notado después de ellos.

—¿Necesitas hablar?

Donnie agarró valor y se sentó, sin soltar su almohada.

—Estoy enojado. Leo y Rapha me ven como una computadora; todo el tiempo pidiéndome que sepa todo de todo y gritándome cuando no es así; ¡no es mi deber saberlo todo! ¡Y es irritante que no importa cuántas veces se los diga no lo entiendan! —soltó sin pensarlo mucho; dijo muchas veces "todo", y no le importó. Así se sentía.

Alguna vez ya le había dicho eso mismo a Splinter; y su padre, aunque lo miró con entendimiento, le dijo a Donatello que él, como ninja, habría de enfrentar ese tipo de cosas. Que su intelecto era un don con el que había nacido y habría de llevarlo lejos sin importar las críticas de los demás. Que, como ninja, Donatello habría de hacer frente a esa presión como una roca en el río; sin moverse, sin reaccionar.

¡Pero él no era una roca! Era una tortuga. Y seguir ese último consejo sólo le había causado una gastritis por todo el coraje que se había negado a sí mismo expresar tal como y quería.

—Donatello. Necesitas tomarte un descanso.

—¿Cómo dice, Comandante? —lo miró sin entender bien. El comandante salamandriano, rígido y serio, le miraba de vuelta.

—Tómate un descanso de tus labores de campo —dijo sin ápice de broma—. Quiero que Mikey y tú vayan a la casa de campo de April por una semana y traten de relajarse un poco.

—Pero… Rapha y Leo.

—Ellos se quedan —aclaró firme—. Es un nuevo ejercicio que quisiera probar con ustedes. Donatello, estar tanto tiempo, juntos, no es malo, pero es claro que deben comenzar a… tomar sus distancias, sobre todo unos de los otros. —Tomó aire—. Es importante que como equipo entiendan el valor que cada uno tiene en él, así como también es importante que cómo hermanos se respeten mutuamente. Hay mucha tensión entre ustedes cuatro, y por eso creo que ya es hora de que vayan siendo más individuales.

—¿Cómo que individuales?

—Si bien sus aficiones con los videojuegos, la comida chatarra y el skate los unen en armonía, cuando salen a luchar siguen teniendo roces y discusiones. Es preocupante que a estas alturas eso les siga pasando.

Reconociéndolo, Donnie bajó la mirada al suelo.

—Tómate un descanso; prepara tus cosas para salir y Mikey te acompañará.

—¿Mikey?

—Está muy estresado porque no sabe cómo parar las discusiones; lo cierto es que, eso no depende de él. Además, sé por buenas fuentes que es bueno cuidando gallinas; y los huevos en el súper mercado son caros —comentó lo último con un deje de humor, a lo que Donnie sonrió.

El comandante lo dejó solo en su laboratorio y no pasó mucho tiempo en que Donnie le hiciese caso. Fue hasta su cuarto, ignoró el dōjō y los gritos de sus hermanos adentro de este. Preparó una maleta con lo indispensable. Claro, al salir de su amado espacio de trabajo, se aseguró de que todo estuviese bien resguardado y sellado para que nadie tratase de jugar con material peligroso.

Al salir de su alcoba, se encontró con Mikey, emocionado con su propia maleta; llevaba un hielera y a Mordelón sobre su hombro.

—¡Vacaciones! —exclamó en júbilo.

—El Comandante dijo que saldríamos a descansar —aclaró Donnie, caminando al lado de su hermanito.

—¡Por eso, hermano! ¡Imagínatelo! Tú, yo, Mordelón y Gatito helado; ¡y mucha pizza! Veremos películas de terror, dormiremos hasta tarde, y lo mejor. No oiremos nada de Rapha y Leo por toda una semana, es cómo navidad —chilló al final con emoción—. No puedo esperar.

—Sí, tampoco yo puedo esperar —suspiró con una sonrisa.

Donnie, a pesar de todo, no creía que el plan de su hermanito fuese una mala idea. ¿Hace cuánto que no pasaban una temporada así? Sólo ellos dos; el "Equipo A-".

Qué bueno que April ya les había dado una copia de las llaves de la cabaña, la cual seguían remodelando. Sólo tendrían que hacerle una llamada y avisarle que estarían ahí, por si pasaba cualquier cosa.

—¡Esto es tan emocionante! —exclamó Mikey adentro del vehículo, como copiloto.

Era mitades de la noche por lo que no tendrían que preocuparse por el tráfico.

Donnie puso en marcha hacia la cabaña y después de casi 10 minutos de trayecto, el celular de Mikey sonó con un mensaje.

—Es Rapha —dijo, tecleando para abrirlo y leerlo—, dice que tengamos cuidado.

No mucho, recibieron un mensaje de Leo, quién básicamente les dijo lo mismo.

—¿Qué crees que el Comandante les haga? ¿Los hará entrenar por horas? ¿O los hará comer algas y agua? —se preguntaba Mikey.

—La verdad… no lo sé. Dijo que iba a probar algo, pero no me especificó qué sería.

—Ojalá no sea muy duro con ellos. Son unos idiotas a veces, pero no son malos.

—Mhmm —murmurando, Donnie pudo estar de acuerdo.

Lo cierto era que Rapha y Leo no la estaban pasando tan mal.

—¿Me puedes repetir por qué hacemos esto? —murmuró Rapha lanzando el libro de 300 páginas que había sido obligado a leer.

En la portada ponía: "Alienígenas para Dummies", por el "Comandante G'Throkka".

—El comandante dijo que esto era para que ya no le siguiésemos preguntándole a Donatello cosas sobre alienígenas que no conocemos —respondió Leo con volumen dos de ese mismo libro, el cual contaba con 430 páginas.

¿En qué momento el comandante había tenido tiempo de trascribir sus conocimientos sobre distintos seres del espacio a esos libros? Quién sabe.

Lo peor es que eran más de 4 volúmenes y los tendrían que casi memorizar. Cada libro era más grande que el otro.

—Jesucristo —se quejó Rapha tomando el volumen 3, el cual era más pesado que el volumen 2 de Leonardo.

—¿Quieres parar de lloriquear y apresurarte? Mañana tenemos el examen.

—¿Y después nos iremos de campo también?

—Sólo si aprobamos —resopló Leo, cayendo hacia atrás sobre su caparazón.

Rapha soltó otro quejido al cielo, abriendo el libro, poniéndose a leer.

—Voy a envejecer leyendo estas cosas.

Leonardo estuvo de acuerdo con su hermano por primera vez en esta larguísima noche.

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Saludos y espero que les haya gustado.

Gracias por leer.


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