N-A: One Shot a petición de una lectora.
Espero que te guste, LoveElizabeth. 😀
Fin de N-A.
Título: Amor de Media Noche.
Emparejamiento: Zeldris / Gelda (Geldris).
Emparejamientos Secundarios: Meliodas / Elizabeth, Estarossa / Merlin.
Género: Romance / Sobrenatural.
Universo Alternativo: Mundo de Vampiros en la Actualidad.
Resumen.
Es curioso como el verdadero amor se puede encontrar en las situaciones más improbables. Gelda puede dar fe de eso, cuando en una sola noche, su vida solitaria da un agradable giro de 180 grados.
Disclaimer: no soy dueña de los personajes deNanatsu ni del anime y manga, son propiedad de su creador Nakaba Suzuki.
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Todos los días era la misma rutina en mi vida, me levantaba en las mañanas, salía a dar unas cuantas vueltas por el vecindario simple y aburrido en el que vivía, al llegar de mi carrera matutina tomaba una ducha, preparaba el desayuno, veía hasta el medio día la televisión o leía un libro y me iba a trabajar el resto del día a una pequeña cafetería, saliendo a las 10:00 pm de mi trabajo que quedaba a 30 minutos en bus de distancia de mi pequeño departamento. Sí, nada nuevo.
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Era una noche como muchas otras. Gente se iba y otra llegaba a la cafetería constantemente, ya que era muy popular por su buen servicio. Aunque el trabajo de mesera ahí no era nada malo, ya que se obtenían buenas propinas, eso sí, lo único que lo opacaba algunas veces eran ciertos clientes, pues nunca faltaba el chico que quería llamar mi atención con desabridos piropos o que se pasaba de vulgar. Pero La señora Minerva, dueña del lugar no dejaba que llegara a más y eso me hacía sentir segura. Ella era como una madre para mí. Vivía sola y no tenía familiares a quienes recurrir en caso de algún problema. Estaba mi padre, sin embargo, era como si no, debido a que él se la pasaba trabajando y viajando todo el tiempo, además, vivía lejos de donde yo residía (en la ciudad vecina) y nunca se molestaba en hablarme por teléfono o pasar un día por la ciudad a visitarme.
Escuché que la campana de la cafetería volvía a sonar y levanté la mirada para ver a quién me tocaba atender esta vez. Al instante, vi entrar a tres muchachos. El primero que entró, era un joven de baja estatura, rubio, de brillantes ojos verdes. El segundo joven tenía la misma estatura baja que el rubio, de cabellos color negro azabache y ojos del mismo color verde y el tercer y último joven que cruzó la puerta del establecimiento, tenía corto cabello gris platinado, ojos de color azul y resaltaba más por su gran estatura. A pesar de ello, los tres se parecían mucho. "Creo que son parientes, ¿tal vez hermanos o primos...? Bueno..."
Me acerqué a su mesa, esbocé mi mejor sonrisa y pedí las órdenes de cada uno. El joven rubio me miró desinteresado y pidió un café late, el de cabellos platinados fue el siguiente en ordenar una rebanada de tarta de manzana acompañada con un mocachino y, finalmente el joven de cabello azabache me lanzó una fugaz mirada inexpresiva y ordenó un simple té negro.
Después de anotar todo, asentí educadamente hacia ellos y me fui a entregar los pedidos.
Me sentía algo aliviada por alejarme de ellos tres, me daban una sensación extraña, algo me decía que debía tener cuidado con ellos, que eran peligrosos. Haciendo memoria, estaba segura de que ya había sentido esa sensación las noches anteriores, específicamente en cuanto salía de trabajar y me iba a casa.
Negué con la cabeza tratando de borrar esos pensamientos de mi mente, aunque dicha acción sería más fácil si no sintiera en intervalos de tiempo, que alguien me miraba constantemente desde la dirección de esos tres muchachos. Sentía un fuerte escalofrío correr por mi espalda ante aquella penetrante mirada. No quería darme la vuelta para ver quien de ellos me miraba tanto. Los tres me hacían sentir cierta incomodidad, a pesar de esto, el joven de cabello rubio y el azabache me parecían muy lindos, sobre todo éste último... "No, no, no, ¡Gelda, en qué estás pensando!" Me reprendí mentalmente.
Um. Mejor dejaba de perder el tiempo pensando en tonterías y me ponía a trabajar, pues seguían llegando más clientes.
Unos minutos más tarde, Camille, la barista que tenía la cafetería me mandó a llamar. Me imagino que ya deben de estar listas las órdenes de los tres extraños muchachos. Con renuencia me dije mentalmente: "Bueno, ya qué. El trabajo llama".
Me encaminé hacia ella y tomé la bandeja con los dos cafés, la taza de té y la rebanada de tarta. Le hice un gesto de agradecimiento a mi compañera y me fui a entregar las órdenes.
Otra vez esa incómoda sensación me invadía con cada paso que daba hacia la mesa de los tres muchachos. Llegué a la mesa y entregué rápido, pero sin ser tan obvia cada orden y tratando de no parecer grosera, me alejé de ahí y, nuevamente, mientras lo hacía, sentía esa penetrante mirada fija en mí. Dios, quería que ellos se fueran o que yo terminara ya mi turno para marcharme, sin embargo, era más probable que sucediera lo primero, ya que aún me quedaban un par de horas más de trabajo hasta que se cerrara la cafetería.
Al terminar sus pedidos, el joven rubio me llamó para pedir la cuenta y asentí en su dirección, nuevamente acercándome a su mesa. Tras recibir el pago, les deseé una buena noche, y me retiré, pero pude ver que ellos seguían charlando en su mesa y apenada, aparté mi mirada de ellos, cuando el lindo muchacho pelinegro y yo cruzamos miradas.
Me sentía avergonzada y para distraerme de ese incómodo momento, al ver que me llamaban otros clientes, me puse manos a la obra.
Estaba tan inmersa en mi trabajo, que ni siquiera me di cuenta del momento en el que los tres chicos que me tenían tan nerviosa se marcharon.
En fin, lo que quedaba de mi turno transcurrió rápido y en un abrir y cerrar de ojos, mi hora de salida había llegado y despidiéndome de todos, después de cerrar la cafetería, me fui caminando hacia la parada de autobús esperando a que llegara el que me llevaría cerca de mi departamento.
La noche era silenciosa, no había nadie en las calles debido a la hora y el frío aire de la noche me ponía la piel de gallina, hacía mucho frío. Repentinamente, la sensación de ser observada volvió a mí, pero a diferencia de la simple inquietud que sentí momentos atrás con los muchachos extraños, esta se sentía más depredadora, todos mis instintos me gritaban que corriera, porque lo que me miraba, quería causarme daño.
El miedo comenzaba a invadir mi persona, no había nadie cerca a quien pedirle ayuda y para mi mala suerte, el autobús brillaba por su ausencia.
Escuché movimiento a lo lejos, justo a mis espaldas. Sentí que lo que me acechaba se acercaba a mí. Sin dudar ni un segundo, me eché a correr con todas mis fuerzas tratando de alejarme de lo que me perseguía. Pese a ello, en cuestión de segundos, podía escuchar como aquel ser iba cerrando muy rápido la distancia entre él y yo.
Comencé a sollozar, estaba aterrada. El corazón me latía tan fuerte que pensaba que me saldría del pecho... Ya podía sentir la fría respiración de aquella criatura rosando mi hombro, pero, de pronto, algo voló entre esa cosa y yo, empujándome un par de metros hacia delante, y llevándose a ese ser humanoide consigo, estrellándolo contra el frío asfalto.
Tras recuperar mi equilibrio, como una idiota, detuve mi andar y me quedé embelesada mirando como esos dos seres, sea lo que sean, luchaban uno contra el otro, de forma feroz.
No alcanzaba a ver bien el aspecto que ambos tenían, estaba muy oscuro, además se movían a gran velocidad, cosa que me dificultaba el seguir sus movimientos.
Finalmente, la pelea terminó y pude ver que el más bajo de las dos criaturas ganó al (para mi horror) cortarle la cabeza y atravesarle el pecho justo en la zona del corazón a su adversario con una especie de espada matándolo, disolviéndose éste último instantáneamente en polvo.
Al momento siguiente, ese ser se encaminó en mi dirección llevando en su mano derecha la aparente espada, y maldije mi suerte.
¿Por qué demonios no corrí cuando tenía la oportunidad? Ahora sentía que tenía plomo en las piernas. Me quedé totalmente paralizada y él seguía acercándose... Este era mi fin.
Cuando él se encontraba a unos tres metros de distancia de mí, al fin pude verlo con claridad y me quedé anonadada.
-¡Tu eres el lindo joven que llegó hoy a la cafetería! -tras darme cuenta de lo que dije, cubrí mi boca con horror y bajé la mirada con vergüenza.
Escuché que el muchacho dejó de caminar hacia mí y se mantuvo de pie a una corta distancia, tan corta que podía ver sus zapatos en la posición en la que me encontraba. Todavía continuaba cubriéndome la cara con las manos por la pena que me había embargado, luego de mi estúpido comentario.
-Oye mujer. ¿Te encuentras bien? -escuché que el joven me preguntaba con un tono algo indiferente, casi aburrido.
-S-sí, gracias por salvarme de esa criatura -yo le respondí levantando mi mirada hacia él, regalándole una pequeña sonrisa.
-No deberías andar tan tarde en las calles, esta es la hora en la cual seres como ese, salen a cazar, en especial en zonas tan solitarias como estas -me informó con voz seria el lindo ojiverde.
-¿Oh? ¿De verdad? Lo tendré en cuenta -dije algo preocupada por esa información. "¿Ahora que voy a hacer?"
-El problema es que esta es mi hora de salida del trabajo, no tengo más opción que tratar de andar con cuidado -le expliqué resignada a mi horrible suerte.
-Entonces te acompañaré a tu casa todos los días para protegerte en caso de que puedas ser atacada de nuevo -argumentó con esa voz estoica que poseía.
-Oh, um... Gracias, supongo... -respondí insegura, y comencé a caminar en dirección a mi departamento, ya que parecía que el condenado autobús no pasaría ese día.
En menos de un segundo, el extraño joven caminaba a mi lado, y para no estar en un silencio incómodo, decidí sacarle algo de plática. Lo primero que se me vino a la cabeza fue preguntarle, qué tipo de ser era él, pues me daba curiosidad.
-Yo soy un vampiro -respondió con calma.
-Con que un vampiro... ¡Un vampiro! -exclamé sobresaltada.
-Sí. ¿Tienes algún problema con ello? -cuestionó fríamente.
Yo le respondí que no, y seguí caminando a su lado.
De camino a mi departamento, el muchacho se presentó como Zeldris y yo le dije que me llamaba Gelda. Al llegar a mi departamento le di las gracias y sin más, él se marchó desapareciendo bajo la oscuridad de la noche.
Desde ese día, tal y como me había dicho, Zeldris comenzó a acompañarme todas las noches después del trabajo. Durante el tiempo que pasamos juntos, nos fuimos conociendo poco a poco y dos meses después, Comenzamos una relación. Simplemente nos enamoramos lentamente mientras caminábamos por las calles iluminadas por las farolas.
Así transcurrieron dos meses más, hasta que esos dos meses pasaron a ser en un abrir y cerrar de ojos cinco, y Zeldris pensó que ya había llegado el momento de que yo conociera a su familia..
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Un viernes por la tarde me encontraba en mi departamento, preparándome para la cena en la mansión de la familia de Zeldris. Estaba emocionada por conocer a los hermanos mayores de mi novio y a sus familias. En el momento en el que terminaba de arreglarme, Zeldris llegó a buscarme en su camaro negro.
-Hola, mi Gelda. Estás hermosa -me dijo él al verme. Yo sonreí sonrojada y le di un beso en la mejilla.
-Gracias, cariño. Tú también te ves muy bien -le regresé el cumplido sin perder mi sonrisa.
Zeldris vestía un traje negro elegante que resaltaba su piel pálida y sus ojos verde esmeralda. Yo llevaba un vestido largo de terciopelo rojo con un escote en V profundo, acompañado de un collar de diamantes, pendientes de gota y tacones de aguja a juego. Me había recogido el cabello en un moño bajo y llevaba un maquillaje sutil pero elegante.
-¿Estás lista? -me dijo.
-Por supuesto -le respondí. Después de ello salimos de mi departamento y nos fuimos en su auto.
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La mansión estaba ubicada en una zona boscosa en las afueras de Dalmary, rodeada de árboles altos y frondosos. La entrada principal estaba flanqueada por dos estatuas de gárgolas que parecían mirarnos fijamente. La puerta principal era enorme y estaba hecha de madera oscura con detalles tallados a mano. Al entrar, me encontré con un gran vestíbulo con techos altos y una escalera majestuosa que conducía al segundo piso. Las paredes estaban cubiertas de papel tapiz oscuro con patrones intrincados y las lámparas colgantes emitían una luz tenue que creaba sombras.
Ahí fuimos recibidos por Meliodas, el hermano mayor de Zeldris y su familia. Meliodas era el joven rubio y de ojos verdes brillantes. Llevaba puesto un traje gris claro con una camisa blanca y una corbata negra.
-¡Bienvenidos! ¡Es un placer conocerte finalmente, Gelda! -me dijo Meliodas con una agradable sonrisa.
-El placer es mío, Meliodas. Gracias por invitarme -respondí sonriendo.
Luego, Meliodas presentó a su esposa Elizabeth y a sus dos hijos, Tristan y Elena. Elizabeth era una hermosa mujer dulce y amable con cabello de un inusual tono plateado y ojos azules. Llevaba puesto un vestido largo de color violeta con bordados y pequeñas perlas plateadas en la zona del pecho. Pendientes de amatistas adornaban sus orejas y calsaba tacones plateados. Tristan era un niño tranquilo y educado con cabello gris platinado como el de su madre y ojos heterocromáticos, pues el derecho era azul como los ojos de su madre y el izquierdo verde como los de su padre. Vestía un traje negro elegante con una camisa blanca y una corbata verde. Elena era una niña alegre y animada con cabello rubio ondulado y ojos verdes brillantes. Llevaba puesto un vestido de seda verde oscuro con un gran lazo en la espalda y falda circular. en su muñeca pude ver una delicada pulsera de oro con esmeraldas y calsaba unos zapatos de charol negros.
-Vamos, pasemos al comedor. Estarossa y su familia nos están esperando -dijo Elizabeth a lo que todos asentimos y, seguidamente nos encaminamos a dicho lugar.
La cena fue servida en un comedor grande y elegante con una mesa larga y brillante.
Zeldris me guió dentro del comedor. Estarossa, el hermano del medio de Zeldris, ya estaba sentado en la mesa con su esposa Merlin. Estarossa era el hombre de cabello gris platinado y ojos azules. Llevaba puesto un traje negro elegante con una camisa blanca y una corbata azul. Merlin era una mujer bastante atractiva con cabello negro azabache y ojos color ámbar. Lucía Un vestido negro ajustado con una sola manga y una abertura lateral alta, complementado con un pequeño bolso dorado, un hermoso brazalete de oro y tacones negros con detalles dorados. Gawain era un niño encantador de cabello negro azabache y ojos azul cielo. Vestía un traje negro elegante con una camisa blanca y una corbata gris.
-Hola. Qué bueno verte, Zel -le dijo Estarossa a mi novio, en tanto se levantaba para saludarnos junto a su esposa e hijo.
-Hola, hermano. Te presento a mi novia Gelda -yo le sonreí y le di la mano.
-Encantado de conocerte, Gelda -me dijo Estarossa.
-igualmente -le dije.
El hombre procedió a presentarme a su esposa, quien me cayó muy bien al instante por su personalidad juguetona, y a su único hijo, el cual se parecía mucho a su madre en personalidad y poseía una gran inteligencia para su edad.
Después de las presentaciones, nos sentamos a la mesa para cenar. La cena fue deliciosa y disfruté de la comida, pero aún más de la compañía. Me llevé con todos muy bien e intercambiamos historias divertidas sobre nuestras vidas y para mi diversión y deleite absoluto y para la vergüenza de mi novio, Meliodas y Estarossa contaron algunas anécdotas graciosas sobre él cuando apenas era un niño.
Después de la cena, mi vampiro me llevó al jardín trasero de la mansión para dar un paseo bajo las estrellas. Mientras caminábamos juntos por el sendero empedrado, le di una breve mirada. Lo notaba algo nervioso y me preocupaba su inusual forma de actuar. De pronto, observé que su expresión cambiaba de insegura a una llena de seguridad en un segundo. Sin previo aviso, Zeldris tomó mi mano y me dijo: -Gelda... he estado esperando este momento durante mucho tiempo.
-¿De qué estás hablando? Le pregunté confundida. Lo miré con curiosidad mientras él se arrodillaba frente a mí.
-Quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Te casarías conmigo? -me preguntó mi amado vampiro a la vez que sacaba un encantador anillo de oro con un precioso diamante rodeado de bellas amatistas de una cajita de terciopelo.
Yo estaba sorprendida pero feliz. -¡Sí! ¡Me casaré contigo! -le dije emocionada y luego lo besé con todo el amor que podía transmitir con ello.
-Poco me importa si no eres un humano como yo. Te amo y quiero quedarme contigo por toda la eternidad. Estoy dispuesta a convertirme en una vampireza, con tal de estar a tu lado -le respondí en cuanto rompimos el beso, con toda la convicción que pude, mirándolo fijamente a los ojos. Me había enamorado profundamente de él y no quería dejarlo nunca.
Ante mi respuesta, una amplia sonrisa que denotaba pura felicidad se posó en su atractivo rostro, cosa que me enterneció y no pude evitar el abrazarlo con fuerza. Él con suma delicadesa me devolvió el abrazo, entre tanto colocaba el bonito anillo en mi dedo anular. Así nos quedamos buena parte de la noche en el jardín de la mansión, juntos, observando la luna y compartiendo dulces besos aún en los brazos del otro.
Realmente aquella cena fue una experiencia inolvidable para mí. Conocí a la familia de Zeldris y me comprometí con él en una noche mágica bajo la luna llena. Desde entonces, hemos estado juntos como pareja felizmente casada. A menudo recordamos con suaves sonrisas esa noche cuando nuestras vidas cambiaron para siempre.
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Fin del One-Shot.
