16. Buenos días.
Dentro de la pensión, siempre se ha tratado de que las huéspedes puedan vivir con calma, teniendo comida de calidad a su disposición, y que las instalaciones sean acogedoras, además de ser el epitome de la limpieza. Así es como las cosas deben ser echas, según lo que la Okami Keiko Asakura ha determinado.
Pero está noche, no era nada así.
La habitación 5, que estaba desde agosto del año pasado permanecía desocupada; ahora estaba revuelta, sucia, con olor a cerveza, y con siete personas tiradas por el piso durmiendo. Revise la hora en mi teléfono y marcaban las 4:15 am. Por la ventana solo se veía oscuridad, y no se escuchaban ruidos externos. Y pensar que dos horas antes habíamos estado bebiendo y riendo. Uno a uno, habían ido cayendo al suelo, vencidos por el sueño.
Pensé en Okasa, y en qué en unas horas deberíamos pasar por ella a la estación. Según recordaba, el plan era que Ryu condujera la camioneta y nosotros le ayudásemos con el equipaje. Pero a estas alturas de la noche, no estaba muy seguro de que hacer. No supe definir si era mejor dormir o quedarme despierto, ir a tomar una ducha caliente o escuchar música. No me apetecía mucho salir de casa y ya hasta había olvidado la hora en que iba a llegar, y francamente, solamente podía pensar en que me gustaba que mis amigos estuvieran en la pensión.
Fue muy divertido anoche, pero la fiesta había terminado.
Busque a mi hermano con la mirada, él estaba sentado, comiendo unas frituras y con cara de aburrido, en sus piernas estaba la cabeza de Anna Kyoyama, que dormía.
Éramos los únicos que permanecimos despiertos.
Fui a acomodarme junto a él, sentándome a su derecha, y apoyando la espalda en la pared. Observe a Anna, sumida en un sueño profundo con el cabello rubio cubriendo parcialmente su rostro. Hao extendió la mano para acomodar los cabellos dorados.
-¿Desde cuándo compraste todo esto? - le dije, señalando a Chocolove y Horo-Horo, que estaban tirados en medio del cuarto en una posición extraña.
Hao se encogió de hombros
-las botanas las tenía guardadas. Las cervezas, las compré cuando supe que Keiko saldría de la ciudad, tú sabes, me prepare.
-Okasa - le corregí. Él me ignoró.
Se encogió de hombros
-entonces, ¿ya tenías planeado esto ?
-no, lo cierto es que no. Pero, ya que era tarde y había tanta gente pensé que sería divertido. A ti te gustan las reuniones.
Sonreí y no le dije nada al respecto.
-así que, ¿Anna se durmió? - le dije, mirándola de reojo.
- estaba cansada, creo.
- creo que debo esforzarme un poco más.
- creo que no lo has intentado realmente. - me miró, petulante - si no te conociera tan bien diría que a ti te gusta, de verdad.
- no exageres…
- entonces deberías hacer las cosas y ya. No lo pienses tanto. - suspiró audiblemente.
Un silencio se cernió sobre nosotros. Pensé en lo que decía Hao. Anna era atractiva, me gustaba, era verdad y no lo ocultaría. Me gustaba su cabello y lo lindas que eran sus facciones, su forma de vestir con esas minifaldas. Era cierto que me atraía mucho pero, de esa atracción a qué de verdad me gustará… no lo había considerado. Anna era bastante difícil de tratar en ocasiones, siempre molesta y dándome órdenes cuando estábamos en clase, me decía como hacer las cosas y cuando me equivocaba. En muchas ocasiones me había encontrado atrapado entre sus comentarios mordaces y la pequeña sonrisa que dejaba escapar cuando creía que no la veían; me había compartido de su paraguas cuando había perdido el mío; o había sido lo suficientemente piadosa como para dejarme copiar alguno de sus apuntes. incluso, me había llegado a explicar algunas cosas cuando no lo entendía. Trataba a todos, manteniendo una distancia cortes pero gélida, a veces llegando a rayar en una brutal honestidad. Pero, no era mala o despiadada, tenía su lado tierno, en alguna parte. Había calidez en sus ojos.
Me resultaba fácil estar junto a ella en las clases, aún y cuando no habláramos mucho. Había comenzado a habituarme a su presencia y a verla de verdad; saber cómo era y sus pequeños gustos. Ella quería vivir cómodamente, valiéndose por sí misma, siguiendo su propia senda; y era algo que respetaba mucho. Si lo pensaba realmente, era admirable su determinación para lograrlo, como había puesto todo el empeño en ello.
-debes buscar tu propio camino, Yoh - dijo Hao, en un murmullo, sin mirarme.
Hao evitaba mi mirada, como distraído. Volvimos a quedarnos callados.
-¿no crees que deberíamos despertar a las chicas ? - le dije, señalando con la cabeza a Tamao que dormían un junto a un bulto - ellas tiene su propio cuarto.
- déjalas dormir Yoh, y también haz el favor dormir tú también - me dijo molesto.
-pero…
- ellas saben lo que hacen. Además, de ese modo nos ayudarán a limpiar por la mañana antes de que tengamos que ir por Keiko
Rodé los ojos. Siempre que Hao hacía algo, era fríamente calculado de modo que siempre pudiera tener la ventaja.
Hao me hizo señas de que tenía que levantarse, le indique con la mano que no lo hiciera, pero, de nuevo me ignoro. Al levantarse, Hao movió a la chica que dormía en sus piernas y ella alzó la cabeza, soñolienta. Los dos nos volteamos a ver, espantados. Anna simplemente volvió a acomodar su cabeza en el piso y cerró los ojos.
Mi hermano se estiró, dijo que iría por un poco de agua, y luego regresaría a dormir. Al salir del cuarto, apagó la luz. La oscuridad reino y solo quedaron los leves ronquidos de Horo-Horo. Me quedé pensando en que ahí estaba Anna, acostada y dormida. La observe un momento, antes de recostarme junto a ella. Aun me daba vueltas por la cabeza lo que Hao había dicho sobre que me gustaba, que solo hiciera las cosas sin pensarlo demasiado, sobre seguir mi camino. Aunque, pensar en las palabras de mi hermano, solo me hacia cuestionarme mas cosas, sobre todo acerca de la honestidad con la que podía hablar.
Me puse los audífonos y con el celular abrí la aplicación para la música. La puse a sonar mientras me dejaba llevar por las melodías.
En medio de la oscuridad, alcanzaba a distinguir la silueta curvilínea de una mujer junto a mí. podía distinguir los hombros frágiles, la cintura estrecha y la cadera tentadora, su rostro oculto por el cabello rubio. Aunque trataba, la luz no era suficiente, solamente nos iluminaba el leve resplandor de la luna llena, que exhalaba un manto de luz azul. Permanecía recostado junto a ella, la observaba, absorbiendo los detalles que alcanzaba a distinguir.
Sin previo aviso ella abrió los ojos y se enderezó un poco, apoyándose en el antebrazo derecho. El cabello enmarco su cara, y yo me quede sin aliento, inmóvil, tratando de fingir que dormía. Con la mano izquierda, me dio un empujón en el hombro como para obligarme a abrir los ojos.
-Deja de mirarme, Idiota - me dijo con voz amenazadora. Sus ojos de ámbar fijos en mí, y en sus labios dibujaban una severa línea recta.
-¡ah, perdón! no pude evitarlo - le dije torpemente, sintiéndome intimidado y atraído al mismo tiempo. - yo …
- si tienes algo que decirme, este es el momento. - me interrumpió.
- no sé de qué hablas.
Ella se incorporó con lentitud hasta quedase sentada, los muslos relucían bajo la corta falda del pequeño vestido negro. Me miraba, impasible y yo sabía porque.
-deja de mentirme, no creo ni una palabra -
Ella colocó su mano izquierda en mi pecho y la derecha apoyando la en el piso a la altura de mi hombro. Me quedé de piedra, esperando a saber qué era lo que estaba tramando. Pero Anna solamente se inclinó, acercando su rostro al mío hasta que quedó a un palmo de distancia. Sus ojos demostraban una determinación por saber qué era lo que había estado pensando. Pero yo ya no podía pensar. Me había distraído por completo ahora que podía verla mejor, distinguiendo con la poca luz las formas de su cuerpo.
-he visto como me miras y esto harta de eso. -su calmada voz tenía un dejó de rabia- Me miras cuando vamos a la universidad, me miras en clases y durante la cena. Se que estás pensando en algo…. - Anna me dijo, sin quitar la mano de mi pecho y acercándose todavía más, su boca a unos pocos centímetros de la mía, y su torso pegándole a mi cuerpo. Los suaves pechos sobre mí, emanando un calor delicios.
Tragué saliva, sin atreverme a moverme porque lo único que quería era abrazarla y morderle los labios
- sé que estás pensando… y seguramente es lo mismo que yo he pensado sobre ti -afirmó, dejando una sonrisa malvada brillar en su rostro. Su tono de voz se había transformado, lentamente, convirtiéndose en un ronroneó seductor -… así que dime qué estás pensando… Dime lo qué quieres de mi… y tal vez te lo daré.
Tragué saliva. Sentía su aliento en mi rostro, y su cuerpo apoyado en el mío. Con una mano libre, trazó algunas figuras en mi brazo, deliberadamente lento, enviando así chispas de electricidad por mi cuerpo. Me mordí el labio inferior, en un intento de mantenerme cuerdo, tratando de pensar algo, pero lo único que estaba ahí era la idea de que Anna Kyoyama se me estaba insinuando.
-Yo… yo - tartamudeé, cuando sentí como la punta de su nariz tocaba la mía. La punta de su lengua recorrió el borde de mis labios.
Sin pensarlo, apoyé mi mano izquierda en su muslo, y apreté la suave piel. Me levante para poder besarla acariciando sus piernas, perdiéndome en sus labios, buscando profundizar el beso, tratando de sentir más de ella. Ella enredó sus dedos en mi cabello. Deslicé mi mano debajo de su ropa hasta llegar al borde de su ropa interior que podía sentir eran de encaje. Permití que mis dedos disfrutarán de la textura que estaban palpando, mientras trataba de decidir qué podía hacer, o mejor dicho, que iba a hacer primero, que prenda iba a quitarle.
Un sonido extraño salió de su boca. No era aún gemido, ni una voz. Me miraba lascivamente, y abrió la boca emitiendo un ruido metálico. ¿Un clic? ¿Qué diablos?
Me aparté de ella, tratando de entender que ocurría, pero no lo lograba, tenía la falda subida hasta la cadera, y uno de los tirante del pequeño vestido se le ha movido y dejaba expuesta tanta piel, sonrojada y linda.
-¿Qué es lo que estás haciendo? - me dijo, con una voz que no le pertenecía. -¿Que diablo está pasando aquí?
-¡YOH! ¡HAO! ¿Qué se supone que es todo esto? - dijo, horrorizada, la voz que pude identificar como de mi madre.
Abrí los ojos, sintiéndome mareado y ligeramente confundido, el futón había estado especialmente duro esa noche, casi me hacía pensar que había dormido en el… ¿Suelo?
Tallándome los ojos y mirando a mi alrededor, me senté. Estaba en el piso laminado, sin futón, y me sentía magullado, pero no estaba solo, junto a mi estaban un montón de personas cubriéndose con mantas y algunos cojines. Algo resonó en mi cabeza, pero no sabía bien que era, un recuerdo que me eludía.
La confusión aumentó solamente cuando al otro lado de la alcoba observé a mi gemelo, sosteniéndose la cabeza y con la misma expresión de extrañeza en la cara. Todo cobró sentido cuando vi que, en la puerta de la habitación, estaba Keiko Asakura, usando unos pantalones que llegaban a la mitad de la pantorrilla y una playera de rayas negras y blancas; llevando en el rostro una expresión encolerizada que me dejó saber que seguíamos vivos por el mero hecho de que no quería tener testigos de lo que probablemente sería un homicidio doble.
-supongo que podrán explicármelo, ¿verdad, queridos hijos? - la voz de nuestra madre iba tensándose más y más. Me recordó a una cuerda de un violín, que estaba a dos tirones de explotar.
Mi hermano y yo nos miramos, cómplices. Me hizo señas con la cabeza, en ese movimiento imperceptible con el que podíamos comunicarnos, sus ojos se desviaban rápidamente entre la puerta, las personas dormidas y las mantas tiradas por todos lados, era claro su mensaje "¿Que le digo sobre esto?". Mire a mi alrededor, ahí estaban las huéspedes de la pensión y los invitados de la noche anterior. Me lamí los labios y moviendo milímetros mi mano le indiqué que lo mejor era sacarla de ahí. Él se puso en pie, tratando de no molestar a las chicas y falló miserablemente cuando le pisó la mano Tamao, quien se levantó gritando y empujando, haciendo que Hao cayera sobre otro bulto de cobijas que resultó ser Horo-Horo.
Con los ojos muy abiertos, Hao me dijo que todo dependía de mí.
-Puedo explicarlo - le dije a nuestra madre, buscando mantener la compostura, pero sabiendo que no había nada que hacer, sobre todo cuando me levanté, moviendo la manta en que había dormido, revelando junto a mí a Anna, que empezaba a espabilarse. Okasa nos desollaría vivos en cualquier momento, hubiera o no testigos.
- Tiene que ser el mejor pretexto que existe en la Tierra, Yoh Asakura- respondió mi madre - ya que, si no mal recuerdo, yo les había advertido sobre volver a tontear con las…
- Fue una simple fiestecita, Keiko - interrumpió Hao, desviando la atención. Ella en respuesta alzo una ceja en advertencia. Hao carraspeó y corrigió - … Mamá… Se me ocurrió a mí. Hacía mucho que no invitábamos a nadie a la casa y pensé que era buena idea que se quedaran a dormir
- ajaa ¿Con las inquilinas incluidas?
- No sería hospitalario de nuestra parte si no las incluyamos en la diversión, ¿no crees? - respondió Hao, de forma astuta y ágil, los ojos brillantes de haber encontrado ese ínfimo vació legal del cual se asió.
- Lo… lo siento mucho - Hablo tímidamente Tamao, mientras se frotaba la mano magullada - es solo que parecía divertido y nos dejamos llevar. Espero no haber causado problemas, me apena mucho esto.
Okasa suspiró, sin perder su temple y sin dejar pasar su rabia. Solamente se moderaba debido a las muchachas, las dejaría ir impunes.
-Tamao-chan, podrías levantar a las chicas y pedirles que se retiren a sus habitaciones. - le dijo, sonriendo - Y… em…. Perdona… ¿Cómo te llamas?
- ¿Quién yo? - dijo Horo-Horo - em, soy Usui Horokeu, pero por favor, llámeme Horo-Horo
- ¿Usui-san? ¿Como Pirika-chan? - preguntó.
- Ee, he, he, sí, es mi hermana - admitió, poniéndose nervioso, y buscando con la mirada la salida con la que pudiera escapar lo más rápido posible.
- Bueno, Usui-san, por favor, pídales a sus compañeros de fiesta que se retiren de mi casa, si es usted tan amable.
Okasa siempre ha destacado por sus modales refinados, voz dulce y maneras encantadoras; pero, la forma en que siempre "pedía" las cosas, dejaba claro que no había espacio para las dudas o los retrasos. A veces, nuestra madre era inflexible e irascible. Y sabiendo esto, Otosan trato de darnos un poco de sabiduría que solo puede ser transmitida de hombre a hombre, de generación en generación: en algún momento nos había reunido para darnos la lección más importante.
"si alguna vez amas a una mujer, y por alguna razón, la haces enfurecer solo hay una cosa que hacer: Sobrevivir. Sobre todo si se trata de la ira de tu madre."
Luego procedió a explicarnos, con total solemnidad, que cuando nuestra madre se molestará, debíamos actuar con cautela, moderar nuestras palabras, mordernos la lengua de ser necesario y sobre todo, dar el brazo a torcer, aceptando taimadamente lo que el destino nos deparaba y que pendía de sus manos. "Sobrevive" había dicho dramáticamente.
En ese momento, a mi corta edad, recuerdo que fue muy extraño que un hombre alto, fuerte y musculoso como era mi padre, dijera esa clase de cosas extrañas sobre una mujer delgada, tranquila y femenina como mi madre. Pero, la primera vez que la vi furiosa con nosotros, comprendí a qué se refería. La siguiente vez que tuve que recurrir al consejo de mi padre fue cuando descubrió lo que había sucedido con Tamao el año pasado. Y esta era la tercera vez.
Horo-Horo levantó a los otros chicos que parecían bastante avergonzados, y se los llevó fuera. Lo mismo hizo Tamao, quien se ofreció a indicarle a los muchachos la puerta. Hao se puso en pie, para acercarse a mi lado; se quedó muy cerca, hombro con hombro, y con un ligero empujón en el momento en que Okasa se había distraído, me dejo saber que estábamos juntos en esto. Cuando se trataba de algo serio, podía contar con él. Pese a sus defectos, era un buen hermano.
Okasa cerró la puerta detrás de sí. Y su rostro sonriente y apacible se transformó. Los dos tragamos saliva.
-¿que se supone que estaban pensando? ¿Haciendo una fiesta? - dijo - ¿están locos?
- no fue una fiesta, fue apenas una reunión - se defendió Hao -unos pocos amigos
- ¿solo una reunión entonces? ¿Una reunión donde se quedaron a dormir? ! ¿Una reunión con alcohol ?
Nos miramos cómplices
-se hizo tarde, y era mejor que se quedarán a dormir
-¡¿Con las chicas?!
- fue solo para convivir
-¡solo para convivir! ¡no pasó nada! ¡No salió nadie herido! ¡Ya he escuchado eso antes! - Okasa comenzó a levantar algunas mantas solo para arrojarlas a un lado, tratando de despejar el camino - esto es imperdonable. Yo estoy fuera de la ciudad cuidando a su abuela y ustedes hacen esto. No era mucho pedir que me apoyaran y cuidarán de las chicas.
- eso hicimos
- todos los días, no solo los primeros. ¡solo fueron dos semanas! Podían haber esperado y hubiéramos hablado sobre alguna reunión.
- lo siento - le dije arrepentido. Hao bajo la cabeza también.
- ¡las pusieron en riesgo! ¡De que ellas estén bien depende nuestro empleo! Se los he dicho muchas veces: las chicas están fuera de los límites.
- no les pasó nada, se divirtieron.
- ¡Espero, por su propio bien, que hayan aprendido la lección de la última vez! ¡Espero que así sea! O estarán en grandes problemas, en verdaderos problemas.
Se paró justo frente a nosotros, hacía tiempo que había dejado de ser más alta que nosotros, o mejor dicho, que nosotros habíamos crecido bastante. Se puso el cabello detrás de la oreja. y nos miró con severidad.
-A veces ustedes son tan impulsivos, e imprudentes. - suspiro - igual que Mikki…
Okasa pocas veces mencionaba a Otosan, prefería evitarlo.
-y por ello llevarán su castigo - concluyó - limpiará este cuarto hasta que quede en las prístinas condiciones en que estaba antes de que invitará a tantas personas aquí. Pulirán los pisos, y repararan el cobertizo. Además de que ahora en adelante nada de paseos; en especial si es con alguna de las chicas.
- pero el cobertizo se está cayendo
- y por eso tú le pondrás remedio a eso.
Hao guardo silencio y cruzándose se brazos, asintió con la cabeza.
-bien, la habitación debe estar limpia antes del anochecer.
Dicho eso, Keiko Asakura, se retiró de la habitación, sin mediar palabra extra. Todo esto ocurrió aún mayor problema.
Cuando se fue, nos quedamos solos en la alcoba, y sin darnos cuenta comenzamos a discutir sobre quién tenía la culpa, quien era el que había causado mayor alboroto y que ocurría con todo lo demás. Me lanzó unas almohadas, le cubrí la cabeza con una manta. Luego de un rato de pelear, en que nos dos jalones de cabello y algunos golpes, terminamos en el piso, sin nada más que decir sobre el problema. Siempre era así, aún y cuando estuviéramos metidos en esto juntos.
-vas a tener que arreglar el cobertizo pronto.
- tu eres quien averió la puerta
- tu eres quien lo usa de hotel con esa sucia colchoneta - le reproché - te toca a ti hacer eso.
-bien - aceptó - y tu limpiarlas este desastre.
Se veía molesto, pero continuo recogiendo.
-vi que dormiste con Anna - mencionó casualmente
-si te digo la verdad, no recuerdo cómo fue que termine ahí.
- Tomaré eso como una declaratoria de que aún no ganas nada.
Reparar el cobertizo fue un trabajo arduo, largo, que nos tomó cerca de 3 semanas poder completar. No quedo tan bien como pensamos, pero, la menos dejo de gotearse y la chapa de la puerta fue reemplazada.
Hola!
Aquí les traigo una actualización, que me costó mucho trabajo editar. No sé porque, pero no terminaba de quedar como yo quería. Así que, hice lo mejor que pude y espero les haya sido entretenido.
En el siguiente capitulo, vamos a poner un poquito de presión en Yoh.
Honestamente, me resulta muy complicado escribir desde el punto de vista de Yoh, siento que me queda un poco OOC. ¿Tú qué opinas? Ojala me lo dejes saber en los comentarios con un DM.
Nos vemos :D
