17. Estudio

Los días habían transcurrido más rápido de lo que esperaba. sin darme cuenta me había acostumbrado a la pensión, a sus ruidos, a lo caótico de sus desayunos en los que tenía que apurarme para comer lo que más me gustaba; la extraña convivencia con mis compañeras de casa quienes hablan de todo tipo de temas sin pelos en la lengua; me había habituado a la presencia constante de los gemelos que de un modo u otro siempre terminaban insinuando cosas que prefería ignorar. Incluso había comenzado a tomar como normal los ruidos secos, como de golpes que a veces se escuchaban en la pensión durante las noches y que Tamao afirmaba se debía a la presencia de espíritus intranquilos que habían fallecido hacía muchos años en aquel lugar.

El día a día se me ha facilitado. La experiencia y la rutina me ayudaron mucho a la adaptación. Poco a poco se habían hecho más lejanos los días en que no me apetecía salir o hablar con alguien. Se habían ido, junto con los nubarrones de las tempranas lluvias primaverales; habían sido reemplazados por días calurosos y soleados, llenos de rayos de sol y de invitaciones a pasear por Tokio y sus muy populares barrios. Conocía, de la mano de mis amigas y compañeras de casa, la moda de Harajuku había comprado figurines de animes en Akihabara, y visto los cerezos en el parque Ueno. La rutina diaria era algo natural, que secretamente disfrutaba. Negaba rotundamente como la compañía de Yoh en el tren me hacía sentir segura y tranquila; fingía indiferencia ante los acercamientos de Hao sin poder ignorar la musculatura que notaba bajo las camisas ceñidas y pantalones favorecedores.

De un momento a otro, me di cuenta de que estaba cumpliendo una de las metas en mi vida: Vivía cómodamente, sin preocuparme por nada que no fueran los estudios.

Pero, en las últimas semanas del semestre, como si hubiera presentido que nos habíamos habituado, Silva decidió atacar.

-Bien, ya estamos cerca de la recta final - comenzó a decir una vez que se acomodó en su escritorio. Utilizaba una chaqueta de cuero marrón con bordes de flecos en las mangas y espalda. El impecable cabello negro peinado hacia atrás y unas gafas de sol en mano - pronto terminará el primer semestre y serán libres de tomar sus propias clases de acuerdo a sus promedios

Se escuchó un murmullo generalizado.

-y está clase es una de las llamadas "materias candado", ya que si la reprueban no podrán inscribirse al siguiente semestre - un brillo malicioso destello en los ojos oscuros del maestro -así que vamos a condimentar esto para hacerlo más interesante.

Los chicos comenzaron a gritar, y hacer comentarios. Lo cierto es que Silva, se había tomado en serio su papel de maestro, dejando tareas en cada clase, investigaciones que bordaban en lo incomprensible, e incluso demandó nuestra asistencia a una ridícula ponencia de un tal Kalim sobre cómo iniciar tu propio negocio poniendo como ejemplo la venta de artesanías de plata, en una evidente estafa piramidal.

Así que, esa sonrisa y audacia en la mirada, hacía que se me erizarán los vellos de la nuca; podía deducir, sin miedo a equivocarme, que este hombre se traía algo entre manos.

Silva se puso de pie, se apoyó en el escritorio y trato de aparentar ser un galán antes de seguir hablando:

-La última unidad está dividida en varios subtemas, así que… -podría jurar que su sonrisa destello cuando esta se ensanchó - será su turno de exponer la información con la pareja de curso que se les había asignado.

Yoh abrió los ojos de par en par, acto seguido me volteó a ver, con una sonrisa temblorosa en los labios. Ya lo veía venir, Silva había probado ser tan irritante como predecible.

Le sonreí a Yoh, lo más tranquilizadoramente que pude (es decir, apenas y le dedique una mueca perezosa). Ya no me preocupaba tanto cuando nos daban una tarea. Unos meses atrás, Yoh prometió ser un compañero de clase ejemplar y casi lo habría cumplido de no ser porque parece olvidar todo lo que estudia en cuestión de una noche. Y yo aprendí que tanto la tarea, como la mala memoria de Yoh se solucionaban con una visita a la biblioteca, donde podríamos estar seguros de que trabajaríamos sin interrupciones y sin mucho espacio para conversaciones incómodas.

Pero la lista de peticiones que Silva estaba dando era exagerada, a este paso, tendríamos que vivir en la biblioteca por un mes para que Yoh pudiera aprender todo lo que Silva estaba exigiendo. Cada punto que agregaba a la lista parecía una pedrada que Yoh recibía en la frente. Hasta que concluyó con la siguiente frase:

-Tienen dos semanas para prepararlo; en caso de fallar los veré el siguiente semestre.

Yoh y yo nos volteamos a ver, consternados la campana sonó, y en lugar de salir disparado hacia el aire libre con sus amigos, Yoh se quedó atrás, esperando a que terminara de guardar mis cuadernos.

-Ese trabajo suena infernal - comentó mientras se quitaba los audífonos y se los dejaba al cuello.

- y que lo digas - le respondí sin mucho ánimo - será más trabajo de lo usual.

-¿Deberíamos ir a la biblioteca? -preguntó

Lo mire a los ojo, sorprendida. ¿Acaso Yoh Asakura, (ese holgazán empedernido al que tuve que llevar a rastras a estudiar en más de una ocasión) estaba tomando con seriedad un trabajo de Silva? Eso no podía ser verdad, debía estarme tomando el pelo.

-¿no se supone que yo debería ordenarte ir a la biblioteca y luego arrastrarte hasta allá mientras tú protestas todo el camino?

-¿ por qué dices eso?

-porque ha sido así desde que iniciamos el semestre.

Yoh pareció avergonzarse un poco, se rio y con una mano en la nuca fingió demencia. Puse los ojos en blanco y luego me levanté. Pero él no se movió, permaneció impasible, observándome con ojos de cachorrito.

-¿porqué de pronto estás tan interesado en cumplir con los deberes ?

- ¿no lo escuchaste ? ¡Dijo que iba a reprobar y tendría que repetir esta clase otra vez! - la expresión aterrada de Yoh fue suficiente explicación para su interés.

-quizás sea lo mejor -admití, pensando en que prefería disfrutar del fin de semana sin la preocupación de que aún no había terminado los deberes, sobre todo porque había una película que me gustaría ver en el cine - pero podemos maña…

-Tengo tiempo hoy. Podemos ir a verificar si se encuentra el material disponible, y quizás pedir el préstamo de los libros.

Arqueé una ceja, incrédula de lo que me decía. Era increíble que este holgazán hubiera aprendido algo y estuviera dispuesto a trabajar sin replicar o quejarse. Una pequeña chispa de orgullo hizo ignición, y me sentí complacida de haberle hecho aprender algo. Hasta ahora, Yoh siempre permanecía relajado, sin preocuparse por calificaciones o tareas; y ahora estaba aquí, dispuesto a estudiar a estudiar aún y cuando lo detestaba.

-Sería buena idea - le dije, sonriendo.

Yoh Asakura podía ser muchas cosas. Era un flojo, desobligado, distraído; pero también era caballeroso, simpático y sencillo; pensaba que ya conocía todo lo que había que saber sobre él, pero en esta última semana había descubierto que también podía ser determinado y empeñarse por conseguir sus objetivos.

Simplemente habíamos estado estudiando y trabajando tanto en la biblioteca como en la sala de estar de la pensión, concentrados en la revisión del documento y la redacción. En más de una ocasión nos habíamos quedado solos en la sala, y habíamos terminado hablando de nimiedades. Podía notar como cada vez me resultaba más encantador. Había notado sus pequeños gestos de atención hacia mi persona que sin ser asfixiantes me hacían sentir más cómoda.

El martes, antes de nuestra fecha límite. Cerca de las 10 de la noche, escuché que tocaron suavemente a mi puerta. Levanté la mirada del libro que estaba leyendo, una novela ligera de un thriller, esperando a escuchar quien era la persona que tocaba o si de verdad estaban tocando a mi puerta (a veces con este tipo de libros, me pongo ligeramente paranoica). Pensé que había sido un error, que solo lo había imaginado y no me moví, volví a retomar la lectura, hasta que escuche que volvían a tocar. Está vez, estaba segura.

Me levanté de la cama, pensando que quizás se trataba de Tamao. Pero no. Al abrir la puerta encontré a Yoh, con lo que yo creo era su pijama, aunque era más bien una camiseta blanca y un pantalón cómodo. Lo miré perpleja, y él pareció sentirse apenado de haber tocado a mi puerta.

-¿qué quieres? - le dije en voz baja. No había nadie en el pasillo, pero, las paredes eran delgadas y no me parecía buena idea que las demás se dieran cuenta que uno de los gemelos estaba en mi puerta.

- siento la molestia - comenzó - pero tenía una duda sobre el trabajo de Silva. - miro a ambos lados, como cerciorándose de que nadie lo escuchaba - ¿Puedo pasar?

Dudé un momento; yo tenía sueño, pero en realidad aún tenía los libros en el escritorio. Me mordí el labio, pensando si sería conveniente.

No tuve que pensarlo mucho tiempo más, pues alguna de mis vecinas estaba despierta y se disponía a bajar, pues se escuchó la puerta de al lado abrirse. En un impulso, jalé a Yoh del cuello de la camiseta y lo hice entrar, cerré la puerta tras de él. Me quedé escuchando los pasos para saber qué ocurría, pero sea quien fuere, bajo por las escalera con paso firme, sin detenerse.

Yoh se quedó quieto, esperando saber mi veredicto. Ambos sabíamos que si nos veían juntos a esas horas, solo nos traería problemas con Keiko. Pero ya estábamos ahí, y no sería seguro que se fuera hasta que no volviera la persona a su cuarto. Suspiré, resignada.

-de acuerdo, dime qué ocurre

Una sonrisa iluminó el rostro de Yoh.

Le indique donde sentarse en el escritorio. Creo que, de verdad, estaba determinado a no reprobar esa clase, ya que se puso manos a la obra con muy pocas pausas o tonterías incluidas. Cerca de medianoche, Yoh se espabiló estirando los brazos y me dijo que iría a dormir, cerró el libro que había traído consigo, me dio un beso en la mejilla diciéndome buenas noches y salió por la puerta dejándola cerrada. Todo ocurrió más rápido de lo que pude procesar. me lleve la mano a la mejilla, justo en ese sitio donde se me había quedado impregnada una sensación de calidad donde sus labios me habían encontrado. Extrañada por el hecho, no le di importancia. Seguramente, había sido un reflejo, como cuando alguien se despide de un familiar. Un beso de buenas noches. Solo eso.

Apague la luz y me fui a la cama.

La situación se repitió la noche siguiente, miércoles, cuando a las 10, de la noche, Yoh volvió a hacer acto de presencia en mi puerta y yo lo recibí. Sentí cierta alegría al saber que seguía interesado y que por una vez no tendría que estar persiguiendo con un látigo o amenazas para que hiciera lo que le tocaba. Me sentía orgullosa, ya que bajo mi inflexible dirección, se había estado esmerando tanto. Pero la concentración no fue la misma, ya que Yoh platicó conmigo en varias ocasiones, preguntándome cosas que le contesté.

-Entonces - me dijo, desperezándose - evitas los lugares concurridos.

- Son un fastidio - le respondí, luego de que le conté que realmente no me agradaba asistir a los matsuris de verano, debido a las multitudes que se formaban. - No siempre estoy de humor para estar con tanta gente.

-La verdad es que lo entiendo - me dijo - A veces, es difícil congeniar. De niño ir al colegio era lo peor. Siempre era lo mismo, niños que me molestaban, o que nos veían como bichos raros. ¿Sabes que la abuela Kino todavía se dedica a exorcizar malos espíritus ? Imagínate vivir en esa casa enorme, tan lúgubre y que todos los niños de la región siempre evitaran pasar por ahí porque los Onis se podían escapar y comérselos. Los niños a veces son muy crueles.

- ¿y por lo menos crees en fantasmas?

Se encogió de hombros como respuesta

- No lo sé. A veces se escuchaban cosas en las paredes y no podía realizar mis tareas por eso

¡La osadía con que dijo eso!

- y por eso no te gusta estudiar. -le dije, poniendo los ojos en blanco.

- Esa es mi historia y moriré contándola de ser necesario.

- ¡Claro! El pretexto de que el fantasma se comió tu tarea debió ser muy original la primera vez que se lo dijiste a la maestra. - Comenzó a asentir, feliz y sonriente con su historia. Yo sentía que me iba a dar un ataque al escucharlo. - ¿y cómo es que estás aquí? estudiando y tratando de hacer un buen trabajo.

- supongo que encontré la motivación necesaria. - sus ojos centellearon pícaramente. Ofuscada, traté de enfocarme en el libro que estaba frente a nosotros, pero sin mucho éxito. - ¿sabes? Al principio pensé que ser tu compañero de clase sería bastante difícil. Sobre todo cuando comenzaste a exigirme y poner fechas límite, pero la verdad, creo que ha sido muy bueno.

Levanté la vista, poniendo atención a sus palabras, esperando a que elaborará esa idea un poco más. Yoh se inclinó sobre el escritorio, apoyando ambos brazos sobre el libro, y colocando su rostro a la misma altura que el mío, bajo la luz de la lamparita de noche que iluminaba los cuadernos y lápices que habíamos estado utilizando.

-gracias a ti he aprendido mucho, sobre todo sobre la investigación documental -se rio, poniendo los ojos en blanco- la verdad, creo que me hiciste un gran favor al ser tan demandante.

- pues en ese caso, ahora estás en deuda conmigo gracias a mis métodos - le respondí. Trate de sonar arrogante, de hacerlo enojar como en otras ocasiones. Pero él estaba tan despreocupado que no se dio cuenta. Sonreía con ternura, observándome a través de sus pestañas. .

- bueno supongo que tendré que pagarte este favor apropiadamente

- ¿Y Cómo pretendes pagar? ¿Va a ser en efectivo o con transferencia bancaria?- me burlé

- Los favores no se pagan con dinero - colocó su mano derecha en el respaldo de mi silla y me miró intensamente, sentí como si algo dentro de mí se derritiera cuando esos ojos castaños me sonrieron dulcemente - Se agradecen. Y creo que te lo puedo agradecer apropiadamente.

Con la mano izquierda acarició mi cabello, y colocó un mechón detrás de mi oreja, aprovechando el gesto para rozar con delicadeza mi mejilla. Dentro de mi pecho, podía sentir mi corazón agitándose ante el contacto.

Se inclinó con los ojos entrecerrados, acercando su rostro al mío. Sentí su aliento cálido y noté como todo mi cuerpo estaba tenso, expectante ante cada ínfimo movimiento que él hacía. La anticipación me estaba matando.

Finalmente, acortó la distancia que quedaba y sus labios hicieron contacto con los míos. Me beso suavemente, atrapando mi labio inferior con dulzura. Sentí mi corazón latir con fuerza, ensordeciéndome, acallando todo lo que mi cabeza podía pensar.

Le correspondí.

Lo tenía tan cerca, percibía su olor y su validez, su mano sosteniendo mi rostro mientras que la otra, apaciblemente recorría mi espalda hasta llegar a mi cintura. Me besaba deliciosamente, cedí a la tentación y profundicé el beso. Tibio, húmedo, tierno. No había nada más, como si el mundo se hubiera congelado en ese preciso instante, nada más importó. Coloque ambas manos en sus hombros, sin atreverme a rodear su cuello con los brazos.

Él se separó un poco, lo sentí sonreír contra mis labios, triunfal.

-con una tarjeta de agradecimiento hubiera sido suficiente -le dije, separándome un poco, buscando sus ojos.

- lo tendré en cuenta - dijo entrecortadamente y volvió a besarme.

Podía sentir su sabor en mis labios, y como me pedía más con sus movimientos. La voz de mi consciencia brillaba por su ausencia, pero la poca razón que me quedaba logró hacer acopio de gran fuerza de voluntad, recordándome la regla de Oro. "Mis hijos están fuera de los límites" resonó el recuerdo de la voz de Keiko-san en mi cabeza.

Me separé de él, empujándolo ligeramente, recuperando la respiración. Rehuí a su mirada, temía que si lo veía a los ojos o escuchaba alguna palabra más de él, terminaría abrazándolo, perdiendo toda la habilidad para detenerme.

- creo que no es hora de ir a dormir, Yoh.

Mi voz sonó descompuesta, temblorosa; carraspee para poder aclarármela.

-lo que tú digas, Anna - me respondió.

Volvió a acercarse, buscando mi boca. Rechazando mis ganas, gire el rostro hacia el lado izquierdo, buscando el reloj luminiscente en la mesita de noche. Eran las 11:20.

Yoh entendió la indirecta, y se sentó bien en la silla que ocupaba. Se aclaró la garganta, y se pasó las manos por el cabello; se acomodó los audífonos, y me dio las buenas noches, dándome un beso casto e inocente en la frente, igual que como había hecho la noche anterior. Al salir, cerró la puerta tras de sí.

Al día siguiente, trate de evitar a Yoh lo mejor que pude. Sali de la casa sin desayunar para que no pudiera tomar el tren conmigo, llegue un poco tarde a las clases para poder evitarlo y me enfoque en la novela que había estado leyendo, sacándola de mi bolso en cualquier instante en que quedásemos solos o hubiese silencio. Él pareció entenderlo, porque no insistió. Me asaltó la duda ¿Sabía Yoh porque estaba evitándolo? ¿Sabía acaso de la existencia de la Regla de Oro?. Casi cuando era hora de regresar a casa, Yoh se acercó a mí con un chocolate en la mano. Lo dejo sobre mi cuaderno.

- Siento que te hice enfadar - comenzó a decir inseguramente - No quiero hacer las cosas raras. Disculpa.

- No… No es eso. - le dije - es que… yo …

- No importa - me dijo tranquilo. Su mirada era extraña, no podía definir qué era lo que pensaba o sentía. Este chico al que había aprendido a leer durante los últimos meses, hoy me parecía indescifrable, como si me ocultara algo. Se dio la vuelta, como para alejarse, pero le tome de la muñeca, antes de que se pudiera ir. El aula ya estaba desierta y el sol comenzaba a caer, coloreando las paredes de una suave luz naranja. Él se giró para verme, y a mí se me fue el aliento por una fracción de segundo. De verdad es muy guapo.

- No es eso, no estoy molesta - le dije. Module mi voz tratando de sonar seria - por primera vez no estoy enfadada, Yo..

- entiendo. Solo hay que concentrarnos en terminar el trabajo de Silva, entonces. - me interrumpió.

Me mordí el labio, pensando en cómo explicar esto que estaba pagando mi mente, y que desde la noche anterior no me había dejado dormir con tranquilidad. No quería alejarlo, no por completo. En estos meses, había conocido a Yoh lo suficiente, me gustaba charlar con él, e incluso era cómodo cuando había un silencio entre los dos; pero ese beso había venido a descomponerme, alterando mis ideas. Cómo si se hubiera abierto una puerta que tenía bajo llave, y que ahora que estaba abierta de par en par, las ideas que almacenaba estaba inundando mi mente, haciéndome pensar en su aroma, en sus manos fuertes acariciando mi cintura, en el sabor de sus labios, su espalda ancha y musculosa…

No, no podía explicarle nada de eso, solamente podía recurrir a mi sentido común, apelando a mi fuerza de voluntad y mis objetivos. Trague saliva.

- Es solo que… no debe de volver a ocurrir. - Le dije, poniéndome de pie y mirándolo a ojos. - … no ahora…

- Oh, vaya. - dijo Yoh. - Siento mucho escuchar eso

- ¿A qué te refieres?

- Bueno, la verdad es que… - me acaricio el mentón con el dorso de la mano, con lentitud agradable - no voy a prometerte que no volverá a ocurrir.

Me quedé desconcertada, sin dar crédito a lo que escuchaba. Supongo que entendió la expresión de mi rostro, porque se aseguró de añadir

-veras, me gusta cumplir mis promesas. Y no voy a prometerte algo que no voy a cumplir… en especial porque no creo que pueda resistirme.

Sin apartar su mano de mi rostro, rápidamente me robó un beso, tomo la mochila y comenzó a andar hacia la puerta. Yo me quedé inmóvil.

-por cierto, Anna, el fin de semana estaré ocupado. Si necesitas que terminemos el proyecto, nos podemos ver en la biblioteca mañana. por ahora, me adelantaré, tengo que buscar a Ren.

Y se fue, dejando la puerta abierta y mi cabeza revuelta.

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Hola!

Está vez las ideas fluyeron un poco más rápido y pude actualizar rápido. Estoy contenta con este capítulo, me gustó que pude hacer avanzar un poco la historia.

Ahora, con los agradecimientos: muchas gracias por leerme y esperar la actualización a los invitados y a —- lo aprecio mucho. Han hecho a esta pobre escritora se llene de alegría.

Una nota adicional: un comentario me preguntó sobre la escritura correcta de Oka-san. La verdad, no sé bien si estoy en lo correcto o no, pero, escribiendo Okasa, el auto corrector dejo de molestarme, así que lo deje así. Jajaja. Básicamente fue por pura practicidad, y como solamente Yoh usa esa palabra, así lo deje.

Bueno, gracias, gracias, gracias por el apoyo 3

En el próximo capítulo, Hao va a buscar sacar provecho de las dificultades que Anna está pasando. Él está seguro de que no perderá esa apuesta, veremos si tiene razón.

Nos vemos 3