18. Descuido
No siempre me siento a gusto en el lugar donde estoy. Detesto cuando hay demasiado ruido, como las personas te miran o te juzgan, casi puedo sus ideas con solo mirar sus rostros. Siempre ha sido difícil mantenerme ecuánime cuando estoy rodeada de personas, sobre todo, con personas que veo familiarmente como en el salón de clases. Sin embargo, hay lugares donde me siento a gusto. Las bibliotecas, por ejemplo. Me gusta el olor de los libros, los espacios bien iluminados y la tranquilidad que en ellas se siente. Por lo general me agradan mucho.
Y la biblioteca de la universidad me gusta bastante. Es espaciosa y reconfortante, con áreas designadas para cada estudio: consulta, trabajos grupales o incluso conferencias. Alfombrada para minimizar el ruido y bien iluminada. Ese día, a diferencia de muchos otros, estaba atiborrada de estudiantes preparándose para los exámenes finales del semestre. Y yo era una más que había tenido que buscar la paz y la quietud de la biblioteca para poder estudiar. No estaba sola. ahí estaba también Yoh, quién leía un libro sin mucho interés, ojeando las páginas perezosamente mientras tenía los audífonos puestos y encendidos.
No me había quedado más opción que esta. Yo me negaba a seguir con esta charada del trabajo arduo en la pensión, sobre todo ahora que no podía concentrarme del todo sabiendo que él estaba tan cerca, mientras que Yoh me miraba traviesamente cada vez que podía. él había propuesto que nos reuniéramos para terminar todo y yo había accedido, invadida de pánico ante la idea de que Keiko sospechará que algo había ocurrido entre los dos.
La verdad, era odioso tener que estar haciendo esto, cuando se avecinaba un perfecto fin de semana soleado y sin demasiado calor, con una película nueva en la cartelera que yo estaba deseosa de ver. Detestaba la idea de que encima de todo, había tenido que pasar tanto tiempo con Yoh, compartiendo banca, el tren y hasta la vivienda, amedrentándolo para que trabajara, arrastrándolo casi a diario, soportar el verlo a diario fingiendo que nada había ocurrido en estas últimas dos semanas
No estaba enfocado, me miraba de reojo en ocasiones, y note como se había quedado estancado en una misma página por 10 minutos.
Para colmo, estás ansias de sujetar su mano o de volver a besarlo estaban consumiendo me. "Faltan seis meses, Anna, es pan comido, resiste" me decía a mí misma.
Me empecé a irritar, pensando en cómo ese idiota estaba tan tranquilo y distraído como siempre. Me di cuenta de que aunque parecía que leía el libro entre sus manos, pero leer era lo último que hacía. Podía escuchar la leve tonada que emanaba de sus audífonos. Trate de ignorarlo, pero era demasiado fastidioso. Ahí, con el cabello largo cubriéndole parcialmente el rostro, tamborileando distraídamente una pluma en las mano, moviendo los labios al tararear silenciosamente la melodía que escuchaba, y sin haber escrito una sola palabra en el cuaderno. ¡Con que derecho se cree! ¡Cree que puede hacerme perder el tiempo! ¡Y no hacer nada¡ ¡Si él creía, que podría salirse con la suya y bes… y tener una calificación sin merecerla, estaba completamente equivocado!
Me levanté de mi silla sin hacer ruido, situándose detrás de él y le quite el aparato de la cabeza.
-¿Qué haces? - se quejó mirándome incrédulo
-removiendo las distracciones - le dije
- pero estoy haciendo mi trabajo! - protesto
- yo solo veía que estabas tarareando y no estabas leyendo nada.
- claro que no, así es como…
- tu prometiste que ibas a poner todo de tu parte y que ibas a esforzarte
- y eso he hecho - me dijo poniendo cara de malos amigos, su voz indignada - no he fallado con ningún trabajo desde entonces y te he acompañado a la biblioteca siempre que lo haz ordenado - se estiró para quitarme los audífonos y yo alargue el brazo en dirección opuesta, para alejarlos más. - no puede ser que no hayas notado que me estoy esforzando. Solo devuélvemelos.
- Obligarme!
se puso en pie y estiró el brazo. En un intento por evitar que los alcanzará me puse de puntitas, pero él era más alto que yo, alargando un poco los dedos fue capaz de sujetarlos, quedando muy cerca de mí. Tiro un poco de ellos pero yo no los solté. ¡Era su culpa! ¡Se merecía un castigo por no estar haciendo su trabajo!
-¡Anna! - me dijo con la voz sonando molesta. dio un paso al frente y quedo realmente cerca. Su pecho junto al mío y su cabeza sobresaliendo unos centímetros encima de la mía. ¡Diablos! ¡a veces lo detestaba!
- ¡Yoh! - Le respondí, tratando de observar su rostro, de ver su mano y adivinar qué haría enseguida. Él me miró desde arriba, sus ojos castaños tenían un extraño brillo, casi juguetón, como si estuviera divirtiéndose a mis expensas. ¡Consideraba esto divertido! ¡El muy imbécil! ¡Me las pagaría! endurecí el agarre de mi mano, y jale el aparato, tratando de quitárselo. Aún estaba de puntillas, y con el movimiento trastabillé un poco.
Rápidamente, la mano de Yoh me asió de la cintura. En su rostro, el brillo travieso destello con intensidad, y su sonrisa, su encantadora e irritante sonrisa, debelo que una idea intrusiva se había sembrado y había florecido en un pequeño e improvisado plan.
Sin que yo lo previera, en un suave movimiento se inclinó hacia mí, y sus labios llegaron a los míos. Mi corazón aleteó en mi pecho, rápidamente, emocionado, y yo solamente cerré mis ojos. Me rodeo con ambos brazos, y yo coloque mis manos en sus hombros. Por un momento olvide dónde estábamos o que se suponía que estábamos haciendo justo antes, hasta que se separó de mi dejando deliberadamente la mano izquierda en mi cintura terminando el beso y con una sonrisa triunfal me mostró los audífonos.
-gracias- dijo manteniéndolos a la altura de su rostro y con una expresión triunfal.
"¡¿Que?!" dijo la voz de mi cabeza, resonando furiosa "Anna, eres una tonta ¡Tienes que poner tu distancia!"
Era inconcebible como se le había ocurrido hacer eso, como había pensado que no haría nada al respecto. Molesta por su atrevimiento le planté un buen golpe en la mejilla, que me hizo sentir mejor. No le dirigí la palabra al respecto, la indignación no era suficiente para cubrir el súbito sentimiento de timidez.
-Idiota- murmuré por lo bajo y me senté. Sentía una gran rabia por haber permitido que las codas tomarán esa vuelta. Pero al mismo tiempo, una callada satisfacción luchaba por tomar su lugar.
Él se rio de mí.
-Deja de hacer eso - fue lo único que atine a decir. Sentía las mejillas calientes y mi corazón gritando lo contrario, rogando porque no se detuviera jamás.
- Te dije que eso no lo iba a poder hacer… Y sobre esto, la verdad es que la música no me distrae - dijo con simpleza, mientras se sentaba y dejaba los audífonos junto a mi bolso - me ayuda a concentrarme, es más fácil estudiar así. Pero si tanto te molesta, puedo omitirlos por hoy.
- ya, haz lo que quieras - le dije tratando de que mi voz sonara envenenada.
Yoh simplemente se rio un momento, y regreso al libro, está vez tomando notas en su cuaderno. Yo me arrellane en la silla que ocupaba, mientras trataba de ignorar su presencia, sin mucho éxito. Me resultaba imposible no mirarlo por encima del libro, repase mis labios con la punta del dedo, pensando en si sus acciones. ¿Había algo más en ese beso? Acaso él quería besarme, o fue solo una distracción. ¿Era solo su modo de jugar conmigo? ¿Una manera de irritarme? ¿Que ganaba con todo esto? ¡Idiota! ¡Si cree que le voy a regalar mi calificación está loco!
El teléfono de Yoh sonó y él contestó un mensaje. A continuación comenzó a guardar algunas cosas en su mochila. Al obsérvalo, el me devolvió una mueca culpable, y comenzó a balbucear un montón de excusas que no se podían entender. Algo sobre ver a un amigo, o sobre salir. No se realmente. Lo ignore lo mejor que pude.
-hola Yoh! Estás listo? - se escuchó una voz que no logré encontrar de dónde provenía, aparte la mirada del libro y ahí estaba un pequeño joven de estatura baja, cabello claro y rostro afable. Me saludo con la mano cuando noto que lo observaba - buenas tardes, señorita
- buenas tardes - contesté tratando de ser lo más amable posible con el extraño, pero, no creo haberlo logrado ya que se pudo nervioso.
-hola manta! - le respondió Yoh - Veo que nos encontraste.
- Si, así es. Realmente me sorprendió mucho cuando me dijiste que estabas aquí. pensé que estabas bromeando, ¡Estas lleno de sorpresas!
- ¿Creíste que bromeaba? ¿Porque ?
- Yoh, ¿Tu? ¿Estudiando? ¿En la biblioteca? - dijo con desdén - No puedes culparme.
- Hey, hablas como si nunca hubiera estudiado en mi vida.
- ay vamos! Siempre has Sido un poco holgazán. En el mejor de los casos te quedabas dormido cuando me acompañabas a la biblioteca. ¡No sé cómo hacías para pasar los exámenes si siempre estabas en las nubes!
- es que era muy aburrido - se rio Yoh, llevándose una mano a la nuca.
- ¿Y ahora no lo es?
- Bueno, es la universidad - se encogió de hombros - tengo que esforzarme, no?
- Ya veo que te estas esforzando y la motivación tras dicho esfuerzo- se rio maliciosamente Manta, dirigiendo una mirada pícara hacia mí.
- eh? A qué te refieres?
- ay! No finjas! - dijo Manta, cubriendo parcialmente su boca y riendo por lo bajo. Al verlo, alce una ceja - Seguramente es porque quieres impresionarla, como cuando salías con Marion para molestar a tu hermano. Aunque ella es mucho más bonita, seguro que…-
al escuchar esto Yoh se puso rojo súbitamente, y comenzó a gesticular para que se callara. Se le abalanzó y le cubrió la boca con la mano cuando el chico siguió parloteando.
-Bueno Anna. Tengo que irme, prometo que terminaré mi presentación. Mañana es sábado, así que mañana lo haré - dijo, tomando su mochila apresuradamente.- Nos vemos mañana.
Y se marchó.
Me quedé sola en la biblioteca, eran cerca de las 5pm, y yo había olvidado por completo que se trataba de un viernes. Yoh había salido disparado hacia la puerta, feliz de poder disfrutar de su fin de semana con su amigo. Se notaba que eran muy unidos, aunque nunca lo había visto. recordé como Yoh me había dicho que solamente disponía de cierto tiempo ese día porque tenía un compromiso; además había dicho que nos veríamos mañana. Es decir sus planes quizás se alargarían y no llegaría a casa esa noche.. Suspiré sin poder evitarlo.
Comencé a guardar mis cosas en el bolso, tome en brazos los libros que iba a llevar a casa en préstamo. Mire la mesa de nuevo, para asegurarme de que no olvidaba nada cuando note que había un objeto naranja ahí: los dichosos audífonos.
Me dio risa que los olvidará. Una ligera satisfacción me embargo. Se merecía perderlos después de que se atrevió a besarme.
Me di la media vuelta y comencé a andar, pero la voz de mi conciencia no me dejó en paz. Regrese de dos zancadas y me los guarde en mi bolso.
El camino a casa, en el tren, me sentía un poco inquieta. No podía dejar de pensar en Yoh, y cada vez que me encontraba a mí misma pensando en él, me sentía ofuscada. Pero, me al mismo tiempo, me resultaba imposible no hacerlo. El solo recordar ese beso, y el cosquilleo que recorrió mi cuerpo como el pasar de una ligera corriente eléctrica que pide percibir hasta en la punta de mis dedos, el calor de su aliento y como el rose de sus manos, al instalarse en mi espalda encontrando el lugar al que pertenecían. En menos de un segundo, todo mi cuerpo había reaccionado, de forma autónoma mis manos habían encontrado el lugar correcto en su pecho…Pero, yo solo estaba dándole vueltas a esta idea, Yoh solo lo había hecho para aprovechar el momento, tomar ventaja y distraerme. Solo eso.
En cierta ocasión, Jun me había contado que los gemelos tenían cierta fama de galanes, y que habían tenido más novias de las que ella podía recordar. Pirika lo confirmó, al mencionar que había observado a Hao con más de dos chica en menos de un mes. Tamao, por otro lado, tenía sus reservas al hablar sobre los gemelos y siempre trataba de cambiar el tema, lo más que había logrado era la promesa de "algún día te lo diré".
Seguramente, ese beso había Sido solo eso para Yoh. Un gesto simple y llano, que no significaba nada. Probablemente, yo había sentido todo aquello porque hacía bastante tiempo, más de seis meses casi, que no salía con nadie y más tiempo aún sin que hubiera tenido "acción". Seguramente era eso. Lo cierto es que el celibato no es algo que practique por convicción. Y unos meses antes de mudarme, había terminado una relación, que más que noviazgo, era amigo como beneficios.
Deseche la idea de que ese beso significará algo. Igual que como lo había hecho cuando Hao me había robado uno.
"¿Y cuál de los dos preferirías volver a besar?" Dijo la voz impertinente de mi cabeza. .
Llegué a la pensión antes del atardecer, y me enfrasque en la novela ligera que tenía empezada. Deje los libros abiertos en el escritorio, sin mucho ánimo de continuar mi trabajo. Estaba harta de ello. Luego de una hora, lo único que hice fue trasladarme al escritorio, para continuar. Pero lo que en realidad hice fue poner la novela encima de los libros, y leer bajo la luz de la lamparita de noche.
Poco antes de la cena Tamao aprecio en mi puerta. Lucia una falda de cuero negra, una blusa de manga larga bastante tierna, y su cabello rosado estaba impecable, con un lindo broche llamativo. La saludé contenta de verla, y con un tono de voz suave me dijo
-vamos a salir está noche, iremos a celebrar que Pirika paso sus exámenes - sus ojos brillaron de emoción -iremos a un Karaoke, y luego a bailar. ¿Quieres ir?
Le sonreí lo mejor que pude, pero la verdad, ni tenía ánimo de arreglarme esa noche, ni deseaba salir. Quería encerrarme en mi habitación. Solamente así podría ocupar mi mente lo suficiente. Salir a bailar solo me recordaría que aún me quedaban bastante tiempo por delante, sin citas y con gemelos a la vista.
Le señale mi ropa antes de contestarle, los shorts cortos pequeños dibujos de fantasmas sonrientes, y la sudadera oversize blanca, mi pijama de esa semana.
-Lo siento. No estaba enterada de los planes así que me comprometí con estos libros de la biblioteca
-eres bastante responsable, Anna-san. - se acomodó el cabello detrás de la oreja - dedicada y responsable
- nada de eso, solamente quiero terminar esto para acabar el semestre.
Entre más pronto termine el semestre, más rápido podré dejar la pensión, y dejar atrás a estos gemelos tan problemáticos, que solo me distraen h entorpecen mis planes, son sus estúpidos besos, espaldas anchas y ojos penetrantes.
-podrías salir a divertirte, así se pasaría el tiempo rápidamente - me comentó para animarme.
- te prometo que Terminando el semestre, iremos a bailar. Podremos invitar a quien quieras - le sonreí y subí las piernas a la silla.
- de acuerdo - se animó tamaño - por favor, no te sobre esfuerces y descansa.
Y se retiró.
Ya tarde, pasando la media noche, yo seguía sin poder dormir. Había leído, jugado con mi celular, incluso había guardado la ropa limpia. Pero yo seguía sin poder dormir. Seguramente, era una de esas noches en las que no puedo pegar el ojo. Mi cama, situada junto a la ventana, me permitía observar el patio central donde estaba el estanque y un gran árbol. Suspiré, pensando en que quizás el haber declinado la invitación de Tamao había sido un gran error, por lo menos, hubiera bebido un poco y coqueteado con algún muchacho. Me levanté, y decidí hacer lo más aburrido que se me ocurría: terminar el estúpido trabajo.
Encendí la lamparita de mi escritorio, me senté ante él y hundí la mano en mi bolso, buscando mi libro de apuntes. Pero no fue eso lo que encontré. Saque los audífonos de Yoh, había olvidado que los tenía. Los sostuve en mis manos, pensando que hacer con ellos.
-no necesito algo como esto - me dije a mi misma en voz alta - él debió cuidar sus cosas.
Los dejé junto al libro, bufando. .
Ahora que lo pensaba, Yoh siempre los tenía consigo, incluso el día en que lo conocí, era difícil imaginarlo sin ellos. La curiosidad me aguijoneo e impulsada por ella me los probe. Eran inalámbricos y cómodos, y cancelaban bien el sonido de fuera, al colocarlos, no podía escuchar nada más. Yoh había mencionado como la música le ayudaba a concentrarse, y la idea me pareció extrañamente ajena. Para mí, la música era una distracción, algo con lo cual puedes procesar los sentimientos que tienes. Siempre me había funcionado, al estar enfadada, el escuchar a Ringo Awaya.
Diez minutos de titubeos después, el impulso había ganado y yo me encontraba bajando las escaleras lo más silenciosamente posible con los audífonos en la mano. Decidí llevarlos a su habitación, dejarlos ahí. Era lo mejor, así no tendría que hablar con él, y podría poner un poquito de distancia. No tenía mucho ánimo de ver si él podría evitar acercarse o no; lo más práctico era quitarle cualquier pretexto.
Me deslice por el pasillo junto al comedor y pase frente al teléfono fijo que había, di unos cuantos pasos más y di vuelta a la derecha, encontrándome con el amplio pasillo, decorado en el estilo tradicional, en el que se encontraban las habitaciones de los habitantes de la pensión. Del lado izquierdo había dos puertas y del derecho otras dos. Al fondo, una sola y ominosa puerta, junto. Al actual había un espejo.
Al observar el pasillo que por respeto había evitado todo este tiempo, caí en cuenta de la falla en mi lógica: ¿Cuál era la habitación de Yoh?
Había sido un plan idiota. ¿Por qué escogí hacer esto? Seguro era la falta de sueño. ¡Esto era estúpido! ¿Qué pasaría si Keiko Asakura me pescaba merodeando por ahí? Romper dos de las tres reglas de la pensión en un solo día parecía demasiado. Era tentar a la suerte.
"No estás haciendo nada malo" trate de calmarme. "Lo mejor es que hagas esto rápido y en silencio, entrar y salir, sin retardos"
Me convencí de ello y escogí la puerta que estaba ligeramente abierta para tratar de evitar el ruido de la perilla. Me acerque tan sigilosa como pude, vigilante ante cualquier momento, asiendo firmemente los audífonos en mi mano izquierda y orando secretamente por haber encontrado la puerta correcta. Di un suave empujón a la puerta para poder entrar, y el rechinido de una tabla vieja en el piso logro que me sobresaltará.
Calme mi corazón, tragué saliva y me deslice dentro.
Hola nuevamente
¡Qué gusto que sigan leyendo a su humilde servidora! ¡Ojala se sigan divirtiendo con esta historia!
¿Qué piensas? ¿A que habitación entro Anna? ¿Me odian un poquito por el CliffHanger? Se que prometí un poco de Hao, pero la verdad prefiero tener capítulos de mas o menos el mismo largo, y el que estaba escribiendo estaba quedando muuuy largo… así que preferí cortarlo.
En el lado positivo ya casi son vacaciones y ya tengo a la mitad el capitulo siguiente. YEY
Y estas semanas fueron muy complicadas en la vida, el trabajo estuvo terrible. Pero seguir escribiendo esto me da animo y fuerza, es algo con lo que me despejo y me siento mejor. Ojala, si lees esto, te tomes el tiempo de ponerme un comentario o un DM.
¡Gracias!
