19. Detrás de la puerta.
La habitación era un poco más amplia que la mía. Aunque estaba pobremente iluminada podía distinguir un escritorio junto a la ventana con muy pocos objetos sobre él, alcancé a notar algunos libros y cuadernos acomodados con esmero; frente al escritorio una silla en la que estaba acomodada en el respaldo una chaqueta roja, y al centro de la habitación un futón extendido, listo para recibir a su huésped a dormir. En la pared del fondo, un espejo de cuerpo entero, y prácticamente era todo. Las paredes estaban libres de cualquier tipo de afiche o decoración. Confieso que no era nada de lo que esperaba. La manera de ser de Yoh ,tan relajada y sencilla, transmitía la sensación de que no dedicaría tiempo de más en actividades que considerará intrascendentales; por lo que imaginaba que habría ropa tirada en algún rincón y un futón mal doblado en otro, quizás algunas envolturas de golosinas; pensé que tendría una colección de discos en algún lugar, vaya incluso suponía que su armario estaría atiborrado de cosas que le daba pereza organizar o que simplemente dejaba sin colgar en las perchas. Pero ver qué todo estaba limpio y ordenado, con cierta pulcritud, austeramente decorado no cuadraba con el Yoh que había conocido en este semestre. "No hay que juzgar un libro por la portada" pensé, recordando las sabias palabras de mi madre, no importa de quien se trate, toda persona te puede sorprender.
Me adentré unos pasos más, dejando la puerta emparejada tras de mí.
Pensé en dónde dejar el incordio que tenía en las manos, de la manera más sutil posible para no tener que dar muchas explicaciones. La lógica me dictó que el escritorio era un buen lugar. Me acerqué y los puse sobre la pila de libros que estaba ahí. Al dejarlos, algo me atrajo. Era un papel mal doblado que desentonaba. Me detuve un poco, leyéndolo en el proceso, los kanjis escritos a mano tenían un trazo esmerado y pulcro. No se parecían en nada a la letra rápida con la que Yoh escribía. ¿Era un apunte de Yoh? ¿O era algo que recibió?
Parecía que era la última página de una carta escrita por alguien familiar, por su vocabulario era alguien cercano. No me pude resistir y leí:
"Me alegra mucho saber que disfrutas esta nueva etapa de tu vida. Sobre tu duda, claro que siempre estaré dispuesto a formar parte de tu vida, apoyarte y darte lo que necesites para lograr tus metas. La universidad de Tokio es bastante prestigiosa pero si consideras que un cambio es lo más te convendrá, yo te apoyaré. Espero que pronto tomes una decisión sobre lo que quieres hacer en el futuro, yo te…"
Era una nota extraña que probablemente no tendría porque no estaba completa. No le di importancia, espantando las palabras que había leído, alejándolas de mi mente, Después de todo, no se suponía que lo debía leer. Sobrecargada por una sensación de culpa que iba acompañada por la satisfacción de la travesura, deje todo como estaba y me entretuve observando por la ventana. Desde ahí se podía observar un montón de hierba crecida, ramas y algunas herramientas desparramadas descuidadamente, en el centro del jardín crecía un gran árbol cuyas ramas atiborradas de hojas cubrían gran parte del patio, y también estaba el cobertizo donde hacía unas semanas estuve encerrada con Yoh. Un extraño revoloteo en mi estomago se hizo presente cuando pensé en como Yoh se había acercado a mí, como me consiguió reconfortarme con sus palabras halagüeñas. Irremediablemente mi memoria viajó al recuerdo de aquel beso bajo la luz de lámpara de noche en mi alcoba, de esa maldita manía de ladrón de la que había hecho galantería, exhibiendo que no tendría el menor reparo en acercarse y tomar la ventaja cuando pudiera, tal y como afirmó en esa aula vacía el otro día.
Me reproche a mí misma por no haberle rechazado, por no reprenderlo como debía, ni propinarle la paliza que se merecía por el atrevimiento. Sólo entonces supe con completa certeza que toda esta aventura no era sino un grave error; uno del que alcanzaba a vislumbrar sus consecuencias, consecuencias que se traducían en Yoh y su cercanía. No debí tomarme la libertad de invadir su alcoba con el pretexto tan infantil de los audífonos; no debí hacerlo, ni debí darle nada importancia a esto, así como tampoco debí dejar que mi curiosidad e innecesario interés en él me dominarán.
Estiré el brazo y recuperé los audífonos, dispuesta a salir de ahí lo más rápido posible, dispuesta a pensar sobre mi aventurilla como un desliz de mi buen juicio. Un Lapsus mental. Sólo eso.
Me detuve cerca del futón extendido en el piso, paralizada al por fin escuchar la voz de la razón en mi mente que me preguntaba a gritos "¿Porque hay un futón? ¡Yoh no necesita un futón hoy!"
-¿Qué estás haciendo aquí? - dijo una voz fría a mis espaldas.
Supe que estaba condenada en ese momento, al escuchar a Hao pronunciar esas palabras. Él estaba ahí, apoyado en el umbral de la puerta, mirándome como un lobo que ha encontrado un conejito desprovisto de su madriguera en mitad del invierno.
"Estás jodida, Anna" me dije a mi misma.
-¿Qué estás haciendo tú aquí? - le respondí en automático, en un acto reflejo, desesperado para desviar su atención. Lo dije en un tono más mordaz del que pretendía. Observé como su expresión se endureció, dejando su boca como una mueca tensa.
- está -extendió un brazo haciendo un ademán para señalar a su alrededor - es mi habitación.
Me quedé de piedra, sintiendo como si una gran roca hubiera sido arrojada al fondo de mi estómago. Me había equivocado de cuarto. Pero esta sólo era la confirmación, porque muy en el fondo ya lo sabía, algo no cuadraba desde el momento en que pise la habitación. Y ahora era tan obvio. Yoh no era el tipo de persona que tendría libros de leyes en el escritorio. En mi apresurada intromisión, terminé por ignorar ese detallé, cegada por el apuro de cumplir mi cometido. ¿Qué otras cosas podría haber ignorado por estar distraída? ¿Qué era lo que me ocurría, dejando que él invadiera mi mente por tanto tiempo?
Todo esto era culpa de Yoh, su presencia y sus besos me distrajeron lo suficiente como para que no pudiera pensar con claridad. Maldición. Y la culpa la tenía yo por permitirlo, por dejarme engatusar con su presencia sosegada.
- entonces… - dijo Hao interrumpiendo mis pensamientos. Se acercó con paso seguro hasta detenerse justo frente a mí, sólo para recortarme con la mirada. Se cruzó de brazos y adoptó una postura arrogante. Noté que estaba sin camiseta, los músculos de los brazos tensándose, llevaba puestos unos pantalones cómodos y holgados que le ajustaban en la cadera y su largo cabello estaba trenzado sobre su hombro izquierdo. ¡Carajo! ¡ Es que siempre tenía que estar sin camisa! ¡Mierda! ¡¿Por qué siempre se veía tan bien?! - … ¿me vas a decir que es lo que estás buscando ?
-¿Por qué habría de hacerlo? ¿Acaso si te digo me lo darás?
Gruñó por lo bajo.
- Me estoy cansando de que respondas con más preguntas - Su rostro mostraba que estaba impacientándose.
- aunque te lo dijera, no creo que puedas darme nada de lo que necesito - le respondí tratando de sonar altanera, y lo observé de pies a cabeza, con la intención de hacerle sentir incómodo.
- Depende de lo que necesites - dijo con ligereza, modulando su voz - Por ejemplo, si lo que buscas es compañía por esta noche…
- ¡Ja! - le interrumpí - Si de eso se tratará, buscaría a alguien que pudiera dejarme satisfecha.
Su expresión se relajó, divertido. Me miró de arriba a abajo nuevamente, mostrándome una sonrisa de medio lado. Una expresión que le iba muy bien, que hacía que se viera más atractivo todavía. Pude entender porque se sentía tan confiado y de donde provenía la seguridad con que coqueteaba sin el menor atisbo de pudor. Con esa apariencia y actitud suave, estoy segura de que más de una chica había caído en sus garras.
- Oh, No creo que eso sea problema. Yo creo que puedo darte todo lo que buscas, incluso un poco más - su voz sonó como un ronroneó. Me pregunté cómo era que podía hacer que todo lo que dijera sonará seductor y sucio al mismo tiempo. Agradecí que todo estuviera en penumbra, pues sentía como el rubor subía por mis mejillas.
- no me hagas perder mi tiempo. - Puse ambas manos en mi cadera, manteniendo una postura retadora - no sabrías como darme todo lo que quiero ni aunque te lo explicará con detalle.
Su sonrisa se ensanchó, pero pude ver sólo ocultaba su ego dolorido por el comentario.
-no lo sabrás con seguridad hasta que no lo pongamos a prueba -dirigió una fugaz mirada hacia el futón.
-buen intento, pero en este momento no estoy interesada, no vine aquí para eso.
Estiré la mano para empujarle, de modo que abriera paso y yo pudiera salir indemne de ese cuarto. Pero Hao tiro de la silla y se sentó en ella. Sólo para después sostener mi muñeca y obligarme a voltear a verlo.
- Hablando de eso ¿Ya me vas a decir que es lo que estabas haciendo en mi cuarto? - el tono provocativo desapareció, siendo reemplazado por una voz ecuánime que no podía interpretar. - Porque supongo que tiene que ver con eso.
Me quitó los audífonos de la mano antes de que pudiera evitarlo, y los observó con detenimiento antes de volver a la vista hasta mi rostro. Levantó una ceja, esperando una respuesta honesta. La única opción era confesar.
- Los olvido en la biblioteca y yo sólo los iba a devolver - respondí haciendo acopio de toda la serenidad que me quedaba ese día para que evitar que se diera cuenta de la furia que me provocaba el verme descubierta con las manos en la masa. - Trataba de ser una buena compañera de clase y de casa.
Hao se reclinó en el asiento, cruzó las piernas, dejando una encima de la otra por la parte del tobillo. Examinó los audífonos que sostenía en la mano derecha, dejó el codo apoyado en el escritorio. Perdió todo toque de sensualidad o de molestia, parecía estar juzgando mis palabras, tratando de identificar si mentía. Su mirada era intensa, y por alguna razón creí que estaba buscando leerme la mente. ¡Como si él pudiera ser capaz de eso! ¡Ja!
Luego de un momento que me pareció una eternidad suspiró y se puso de pie.
- De acuerdo - aceptó y se dirigió hacia su armario, tomo una playera holgada y se la puso- yo te ayudaré a entregarlos.
-yo no te pedí tu ayuda
-no, pero… si encontraste mi cuarto en lugar del de Yoh… ¿Que te asegura que no terminarás encontrando en la habitación de Keiko? - Me dio un leve empujón en la espalda, luego puso los audífonos en mi mano y se inclinó junto a mi oído para agregar - yo te puedo ayudar a que eso no pase. Vamos.
Su voz provoco que se me erizara la piel de los brazos. De una u otra manera, Hao siempre lograba provocar alguna reacción en mi cuerpo. Volví a sentir un ligero empujón en la espalda.
Él comenzó a andar y yo le seguí, sin preguntar nada más o dar explicaciones. En el fondo, sabía que tenía razón. Salimos del cuarto. Justo frente a su puerta, la tabla suelta volvió a rechinar cuando la pise.
En la oscuridad, Hao sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta contigua, sólo lo justo para poder deslizarnos dentro. Sin encender la luz, me indicó que disponía de 5 minutos para escoger donde dejar el paquete. Tropecé casi de inmediato, y cuando mis ojos de ajustaron a la oscuridad pude notar que era tal y como había imaginado: el futón desarrapado, con una buena cantidad de cd's y vinilos formando una colección precariamente amontonada; un tocadiscos estaba ahí, revistas y mangas de la shonen jump mal acomodados, una bolsa con algunas frituras a medio comer, el escritorio con libros y cuadernos abiertos. El armario estaba abierto y dentro podía notar un montón de objetos amontonados en el fondo, a la vez que algunas prendas de ropa permanecían colgadas en sus perchas.
Satisfecha de saber que tenía la razón, dejé el objeto de mi desgracia en el futón sin dedicarle una pensamiento más. Respire aliviada, libre del pendiente de entregarlos, al fin podría recostarme y dormir apropiadamente. Hao estaba apoyado contra el muro, cerca de la puerta, esperándome.
-bueno, Hao, gra…
-sssh - me silencio, girándose para ver a través de la rendija de la puerta.
- ¿Qué te pasa? - murmuré enfadada.
- sssssh - me volvió a decir. En una zancada ya estaba junto a mí, me abrazó por la espalda, cubriéndome la boca. Sentí su aliento en mi oído cuando me dijo - calla, alguien viene. Keiko nos escuchó.
Tiro de mí, sin preguntarme nada más. Trastabillando hice lo mejor que pude para seguirle.
-guarda silencio, no digas nada y no te muevas. Si nos descubren, está será tu última noche en esta pensión - me advirtió gravemente en un susurro.
Luego, me metió dentro del armario, y lo cerró parcialmente, dejándome a oscuras.
Podía ver a medias, así que agudice el oído, sólo para notar que el sonido de pasos iba aumentando de volumen, se estaban acercando. Respire hondo, maldiciéndome por dentro. "Bonita la hora en que tuve esta ocurrencia" me recriminé.
La puerta se abrió de par en par y la luz del pasillo iluminó gran parte del cuarto de Yoh.
-¿Yoh? - la escuché decir -¿Hao? ¿Eres tú?
- si mamá, me atrapaste - respondió irritado, arrastrando las palabras.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
Por una pequeña rendija en la puerta del armario alcanzaba a vislumbrar parcialmente lo que estaba ocurriendo. Keiko Asakura estaba cerca del umbral de la puerta con los brazos cruzados, mientras que su hijo estaba en medio de la habitación, sospechosamente de pie junto al escritorio de Yoh.
- sólo vine a hacer limpieza nocturna – Bromeó Hao
- muy gracioso
- ya bueno… encontré uno de sus libros en la sala, vine a devolverlo.
- ¡que buen samaritano! ¿ A estás horas ?
-de acuerdo, no podía dormir. ¿Contenta?
Keiko pareció satisfecha con la respuesta. Sin duda ella conocía bastante bien a sus hijos, tanto que con sólo ver al mayor parecía bastarle para saber que algo que no encajaba. Un atisbo de respeto creció dentro de mí. Keiko-san ciertamente era persona con la que era mejor no estar jugando.
La okami de la pensión suspiró y dejo los brazos a los costados.
- Deberías tomar un poco del té relajante que te envío la abuela. Una taza por la noche y dormirás bien. No hay necesidad de invadir el cuarto de tu hermano.
- No estoy invadiendo nada
- Eso decías de niño, y sigue sin ser verdad. Ahora, dime qué te preocupa que no te deja dormir está noche.
Hubo un resoplido. Hao, parecía un niño emberrinchado que se negaba a confesar sus travesuras. Keiko se llevó una mano a la sien, masajeándosela. Después dedicó una mirada asesina a su hijo y se dirigió hacia la pared. Iba a encender la luz… y yo estaría de vuelta a mi pueblo a la mañana siguiente.
Alcancé a ver que Hao dirigía una rápida mirada hacia donde estaba; nuestras miradas hicieron contacto una fracción de segundo, pero debió ser suficiente porque Hao rompió el silencio justo a tiempo.
- Peleamos… Yoh y yo - admitió al fin, suspirando - Tuvimos un pleito ayer.
- ¿Sobre qué? - inquirió Keiko.
- ¡Esta insoportable! No lo tolere más y le dije un par de cosas que no debí – el magnánimo Hao, seductor y peligroso desapareció por completo. Al hablar con su madre, parecía más un niño pequeño que se veía obligado a confesaba bajo la mirada inflexible de quien lo criaba. Me dio la impresión de que así es como se debió haber visto cuando en sus años de escuela primaria debió explicarle a su madre porque lo castigo la maestra. Una oleada de ternura me invadió y sentí un poco de pena por él - Cree que estoy cometiendo un error y…
- Dale un poco de tiempo - le respondió su mamá, dulcificando su tono de voz, acercándose para darle un abrazo. Hao trato de rechazarla sin mucho ánimo y permitió que ella le consolara - Yoh siempre puede adaptarse, pero esto le costará un poco más de lo que pensaste… Se paciente…
Hao no respondió nada. Keiko se separó de él, hasta llegar al alfeizar de la puerta, donde se detuvo el tiempo suficiente para añadir:
-y no importa que tan enfadado estes, este no es tu cuarto y tienes que salir de aquí. De inmediato.
La mirada de la dueña de la pensión se endureció, adquiriendo un tono peligroso. Hao asintió con la cabeza y le hizo una seña con la mano para indicarle que lo haría en un momento. Keiko cerró detrás de ella.
Pasaron un par de minutos antes de que sintiera la mano de Hao buscándome a tientas en la oscuridad del armario, me sujetó del hombro y murmuró que ya podía salir, que procurará no hacer ruido alguno. Al salir, tropecé con una un objeto largo y delgado, una especie de paquete cubierto por una manta. Hao me sostuvo con cuidado, ayudándome a salir de mi escondite.
-No te preocupes, es sólo Harusame - me dijo - es una katana, reliquia de la familia.
- Ustedes tienen las reliquias más extrañas.
- Deberías ver la colección de objetos sagrados que tiene la abuela Kino - se burló Hao, manteniendo el tono de voz bajo.
Mi vista fue acostumbrándose a la poca luz nuevamente. Podía distinguir las cosas en el piso y a Hao hincado junto a mi acomodando a Harusame dentro del armario.
- Eso estuvo cerca - le dije, sentándome a su lado en el tatami.
- Casi nos descubre - cuchicheo. Dejo la katana en su lugar y se volvió hacia mí, su rostro muy cerca del mío para que pudiera escucharle bien - tienes suerte de que no nos descubriera. Créeme, Keiko tiene un sexto sentido cuando tratas de engañarla.
- Fue una suerte que ustedes se pelearan, entonces.
- Era lo mejor que podía decirle, se me ocurrió contarle eso para que no hiciera más preguntas. No sería la primera vez que pelamos.
- ¿Entonces era mentira? - le dije, incrédula. Parecía tan sincero cuando hablaba con su madre.
Se encogió de hombros, torciendo la boca. Continuaba mirando hacia la puerta constantemente.
-Mas o menos - admitió. - Si discutimos ayer pero fue una tontería.
Dude sobre lo que me estaba diciendo. Lo mejor era tomar sus palabras con un grano de sal, ya que sí no mentía, seguramente se encontraba omitiendo un montón de detalles. Pero conociéndolo no me diría nada más aunque le preguntará. Era como un gato, que se escurría de situaciones incomodas y preguntas que no quería contestar. Lo deje pasar, tratando de no darle importancia.
- Bueno, creo que te debo las gracias por el favor. - Le dije, cambiando de tema – supongo que te debo una.
- Supones bien.
- Entonces, supongo que también me cobraras el favor.
- Dos de dos.
- ¿Cómo quieres que te lo compense?
Hao se puso en pie, silencioso. Estiró las manos para ayudarme. La certeza de que estaba en problemas llegó de inmediato cuando pude ver que sus ojos brillaron maliciosamente, tramando algo.
- puedes demostrarme tu gratitud saliendo conmigo.
Ahí estaba su trampa. Una cita. ¿Estaba loco acaso? Ya era suficientemente malo que Yoh me besara; ahora Hao quería salir conmigo. ¿Qué diablos estaba mal en estos gemelos?
Aunque siendo justos, Hao nunca me ocultó sus intenciones. En todo momento fue claro al decirme que le interesaba y que deseaba salir conmigo. Creía recordar que en algún momento me invitó por un helado, si no mal recordaba. Pero, un helado o una caminata eran completamente distinto de lo que me estaba proponiendo. Sin decir lo riesgoso.
-¿ por qué haría eso?
- Porque Keiko aún no se fue a dormir, y sólo yo puedo sacarte de aquí sin que lo noté.
- Te juro que a veces eres tan irritante.
En su rostro se dibujó una expresión triunfal, era la viva imagen de un hombre que se había salido con la suya, un ladino que gozaba de encontrar como convertir toda situación a su favor. Sin duda, tenía madera de abogado.
-El trato es este: vamos al cine, vemos una película; yo invito. Al terminar regresamos a casa. Lo que suceda desde que salgamos de la pensión hasta que regresemos quedará entre nosotros. Y no hablaré de nuestra pequeña aventura nocturna de hoy. Si quieres, hasta puedo echarme la culpa de que yo encontré los audífonos y los devolví. Quedarás exenta de todo esto. ¿Suena bien?
Guardé silencio, mirándolo a los ojos.
- ¿Tengo opción? - accedí, suspirando.
Hao pareció cobrar un renovado estado de ánimo cuando acepté.
- Nos vemos mañana en la estación del tren. A las 3 pm.
Me encogí de hombros, restándole importancia. Era un simple trato, una forma de hacer que desistiera de todas esas insinuaciones. Se me ocurrió que era la forma perfecta de hacerle entender que, coqueteos y bromas no era lo que estaba buscando, que una relación no me interesaba. Podría rechazarlo, demostrándole que no tenía interés en todo esto.
-De acuerdo, pero tú pagas.
- Por supuesto.
¡Hola! ¡Ya volví!
Lo prometido es deuda, así que aquí les dejó una interacción con Hao. Me gusta mucho escribir a estos dos, uno no puede negar la química que tienen. ¡UFFF!
¿Qué les pareció? ¿Fue divertido? ¿Creible?
Este capitulo me dio mucho trabajo en cuanto a la edición; los acentos y los sinónimos a veces me dan un poco de problema, pero todo sea por hacer la lectura amena.
En el siguiente capitulo, esperen a leer como les va a ir en su cita estos dos. Ji, ji, ji.
Muchas gracias por los comentarios y los bonitos mensajes, se los agradezco de todo corazón.
Gracias en especial a Vanenaveip, TheTsundereWife, Corina, Minuso y Luli. Espero sigan leyendo :P
