La luz cálida de los faroles se encendió en silencio; la luna, grande y redonda, asomó para a avanzar en su lento ascenso entre los árboles, y la noche, oscura y profunda se dejó caer ocultando los últimos rayos del atardecer.
"Pero ahora sabes, que tienes un hogar en Suna, para hacer tuyo cuando te sientas preparada"
Ignorarlo fue imposible.
Detenerse, a medio camino cuando divisó al Kazekage y Hinata conversar a la salida del café, fue un acto que realizó de forma automática e involuntaria.
Esconderse, entre las rejas de madera y el poste de la luz aprovechando la oscuridad, fue sólo un reflejo al escuchar las palabras de Hinata que iniciaban aquella conversación lejana "Agradezco enormemente tu oportunidad, pero no puedo irme contigo a Suna".
Apretó el puño, con una mezcla de sentimientos que rondaban el temor, la frustración y algo de culpa que se acumulaban en su interior. Hinata se estaba quedando por él, y saberlo, entender que ella tenía la posibilidad de comenzar en otro lugar lo asustaba.
¿Porqué buscar su destino en otra parte?
Negó.
No quería pensar más allá, Hinata había elegido quedarse, ella había elegido quedarse en la aldea y acompañarlo.
"Vine a informarte que debo adelantar mi retorno a hoy en la noche, por si cambias de parecer"
Joder, no.
No iba a permitirle dudar.
No iba a dejarle marchar sin luchar.
Así que frunció el ceño con decisión, y se obligó a avanzar.
—Hinata.
Gaara y la Hyuga se giraron inmediatamente hacia la derecha, donde se encontraba él, dándose cuenta que no habían notado su presencia en el lugar.
Hinata, fue la primera en reaccionar y lo saludó con una suave y agradable sonrisa, como siempre lo hacía.
—Buenas noches, Sasuke.
Gaara, que lo miró un momento como si lo estuviera evaluando, lo saludó con un leve movimiento de cabeza, en una seña respetuosa.
—Uchiha-san, buenas noches.
Sasuke avanzó hasta quedar al lado de Hinata, frente a Gaara, y ella devolvió su mirada hacia el Kazekage.
—Entonces, me retiro—continuó él—. Ha sido un placer volver a verte.
Hinata asintió, y antes de que se girara para marchar, ella avanzó hacia él en un impulso inesperado, pero necesario; porque aún tenía algo que decir.
—Gaara— llamó, mientras tomaba la manga de su chaqueta con timidez, pero seguridad.
Él se detuvo, algo sorprendido y se giró hacia ella con calma, esperando que hablara.
—Gracias—continuó Hinata, llevando su blanca mirada desde la manga de su chaqueta que mantenía tomada, hacia él—, gracias por todo.
Por escucharla, por levantarla cuando creyó que ya no había nada más, por apoyarla y por brindarle una opción.
Y en silencio, lo soltó mientras una suave y sincera sonrisa se asomó por su pálido y cansado rostro, haciendo que él se sonrojara levemente.
Eso era todo lo que podía hacer, lo que podía entregar en ese instante.
Sonreír con fuerzas, levantar la vista, y agradecer por lo que tenía, sería su forma de avanzar; de enfrentar cada nuevo paso que debería dar.
Encontraría su destino, su propio camino y su felicidad, esta vez, no dependería de terceros; la construiría ella misma.
La noche avanzó.
El aire frío rozó sus mejillas con violencia.
El suelo, duro del pavimento resistió aquellas firmes pisadas que se movían veloces, que avanzaban aceleradas, que corrían desesperadas.
Y sus ojos, de ese azul cálido y brillante, como el día más alegre del verano, mostraban nubes oscuras. Contenían una tormenta desatada que golpeaba con fuerza su corazón en cada paso de daba.
"La única razón, Uzumaki, por la que Hinata no fue sellada antes, es porque se iba a casar contigo"
Dobló una esquina y se sujetó de un poste en el proceso, para no perder el impulso, y continuó corriendo.
La voz dura, seca y acusadora, de Hanabi resonó en su cabeza mientras avanzaba, recordando su encuentro con la Hyuga en la puerta del complejo del clan, donde había ido a buscar a Hinata.
"Y cuando se dio cuenta de que no la correspondías, te dejó. Aun cuando mi padre le pidió que regresara contigo ¡aun cuando supo que tendría el sello si no lo hacía!"
¡Joder!
¿Cómo?
¿Cómo pudo haber hecho algo así?
¿Por qué no fue con él?
¡Por qué ella tenía que ser así!
"No puedo. No quiero. No quiero." recordó la respuesta de Hinata cuando le pidió matrimonio "Quiero amar y ser correspondida sin inseguridades, y tú, mereces estar con quién realmente llene tu corazón"
Esa era Hinata, la que pensaba en el bienestar de él antes que en la suya.
Sus piernas, agotadas de tanto buscar, débiles por las emociones, cedieron en medio del camino.
Y gritó. Porque la rabia, la impotencia, era tan grande que apenas lograba contener todo en su interior.
Hinata no le había dado la oportunidad de arreglar la situación, ella había guardado todo en su interior, sin permitirle escuchar su voz.
"Ella ya no vive aquí, ya no pertenece al clan, la exilié."
Las lágrimas escaparon con rabia, con dolor, con una impotencia enorme y casi descontrolada que muy pocas veces sintió. Porque él, que había tenido todo para mantenerla a salvo, jamás notó su situación; jamás sospechó lo que pasaba alrededor de la persona que amaba.
Mierda.
Si él no hubiese dudado… ella… ella no hubiese llegado a esa situación.
"Hinata tuvo que entregar su banda ninja y ahora, es una ciudadana más"
Se levantó, mientras se secaba los ojos con su brazo, y las palabras de Hanabi volvían a su mente como un eco cruel que lo desarmaba.
No podía seguir lamentándose ahí.
No podía seguir perdiendo el tiempo.
Frunció el ceño, apretó los puños y volvió a correr; Kiba, Shino y Hanabi no eran las únicas personas que rodeaban a Hinata. Había alguien más.
La brisa se elevó fría, suave y liviana, avanzando por las calles de la aldea hasta convertirse en viento, para sacudir las grandes copas de los árboles que comenzaban a florecer.
Disimuló un breve escalofrío al sentir el aire en su rostro, y llevó sus delgados dedos al gorro de la chaqueta que Shino le había dejado, para colocárselo.
Sasuke, que caminaba a su lado, la miró de reojo y de su bolsillo, sacó un pañuelo de seda en tonos blancos y violetas y se lo estiró.
Ella, sin entender de que se trataba, llevó mirada hacia él en silencio mientras avanzaban y él, algo avergonzado, desvió la mirada.
—Es para ti.
Cuando caminaba por la aldea en dirección a la cafetería donde ella se encontraba trabajando, había visto en la vitrina de una tienda la pañoleta y recordó que, en ese momento, Hinata todavía usaba lo que sus amigos le habían traído.
Quizás, regalarle algo que fuera sólo de ella, en su primer día de trabajo, le haría sonreír.
—Gracias—respondió, tomando la suave pañoleta en sus manos—, es muy bonita.
Se la colocó rápidamente y se giró quedando frente a él, bloqueándole el paso, con un movimiento ágil y divertido.
—Me queda bien—dijo, sonriendo alegre— ¿Cierto?
Cuando Sasuke iba a responder, notó como la mirada de su compañera cambiaba y enfocaba detrás de él. Sus ojos, que hace algunos instantes habían mostrado diversión, se habían abierto de par en par transformándose en algo parecido a la tristeza o al dolor.
Algo había pasado; ella estaba mirando a una persona que tenía el poder suficiente como para dejarla así.
—Na…
—¡Hinata!
Y esa voz, aquel tono particular, que conocía muy bien, se escuchó desde atrás.
Sabía que deberían encontrarse en algún momento, que se verían y conversarían una vez más, pero no creyó que sería tan pronto.
No pensó que sería cuando ella comenzaba a levantarse.
Se giró, mientras Naruto se acercaba a paso rápido y vio como la mirada de Hinata mostraba todos los sentimientos que aún revoloteaban en su interior.
Notó como los ojos de Naruto expresaban todo lo que su corazón aún sentía.
Ella todavía lo amaba y él todavía le correspondía.
Y verlo, saber que había posibilidades de que volvieran, entender que solo él estaba de más en ese lugar, le ahogó.
No podía ganarle al Uzumaki; no podía ni siquiera desafiar a su amigo.
Dio un paso hacia atrás, para retirarse en silencio y que ellos pudieran hablar, cuando algo inesperado sucedió.
La mano de Hinata se aferró a la manga de su chaqueta.
Con sorpresa, volvió su mirada hacia ella y notó que sus ojos no estaban en Naruto sino en él. Lo estaba buscando.
Aquellos preciosos ojos le pedían que no la dejara sola; que no la abandonara.
—Esperaré un poco más allá— le respondió en un susurro y Hinata asintió, soltándolo.
Naruto avanzó, paso a paso aquel último tramo que quedaba y que terminaba su búsqueda desesperada. Porque ella estaba ahí frente a él, finalmente, después de tanto tiempo.
Como si fuera un sueño inalcanzable.
Jamás habría imaginado que la extrañaría tanto; jamás había pensado que añoraría tanto su presencia.
Sólo quería verla, acercarse, y quizás, recuperar su corazón.
Sólo quería pedir perdón y una oportunidad.
—Me enteré de lo que sucedió—dijo Naruto, acercándose cuando Sasuke ya se había alejado.
Hinata llevó su mirada a sus manos por un momento, incómoda de hablar sobre el asunto, e incapaz de enfrentar sus ojos, después de tanto tiempo.
Pero él, que siempre se dejaba llevar por su corazón, avanzó un poco más y bajó la mirada al suelo, completamente derrotado.
—Yo… todo esto es mi culpa—continuó Naruto.
Los ojos de Hinata volvieron a él inmediatamente al escucharlo, al oír su voz que se quebraba y al comprender que él cargaba una mochila que no le correspondía.
Porque no, no era su culpa.
Ella había tomado su decisión; ella había elegido no volver con él cuando supo que la sellarían. Aun cuando sabía que él no tendría problemas en casarse para evitar todo eso.
—No sabía lo que estaba ocurriendo…—volvió a hablar—no noté por todo lo que estabas pasando.
No podía verlo así, su corazón no era capaz de verlo sufrir.
Ella se había encargado de ocultar las cosas muy bien para no preocuparlo.
Y a pesar de que quiso acercarse al escucharlo, elevar su mano y acariciar ese rostro afligido, y borrar sus preocupaciones con un abrazo fuerte y desesperado. Se contuvo, retrocedió ese paso que había dado hacia él inconscientemente y recuperó su mano rebelde que intentaba alcanzarlo.
Ya no podía, no debía; ese lugar ya no le pertenecía.
—No, no tenías como saberlo—le respondió y su voz se volvió un susurro suave, calmado, a pesar de que dolía recordar toda la situación.
Naruto negó, volviendo a mirarla y acercándose un poco más.
Porque aun cuando ella podría haberlo ocultado, aun cuando ella no quisiera decírselo, fue su culpa que Hinata no hubiese querido casarse con él. Y esa, era la forma de haberla liberado de toda esa situación.
—Sí, lo es—respondió—. Te herí lo suficiente como para que no quisieras casarte conmigo… como para que prefirieras soportar todo sola en vez de buscarme.
No. No había sido solo por su corazón roto; no había sido solo por orgullo. Ella, simplemente, no hubiese soportado vivir sabiendo que podría limitar los sueños del hombre que amaba; tampoco quería ser una herramienta más para el clan.
Quería amar y ser amada; no buscaba un héroe que se sacrificara por ella.
—Naruto, no es tu culpa. El clan quería aprovechar tu posición, y cuando lo entendí, supe que era la mejor decisión. Fue mi opción.
Y aun cuando las palabras de Hinata no lograban calmar del todo la culpa que sentía en su interior, supo que ella no mentía.
Ella solo era así, siempre había sido así.
Y así también era como se había enamorado de ella.
Por eso, a pesar de que comprendía que no era el mejor momento, aun cuando sabía que ella estaba comenzando a levantarse, no podía dejar pasar la oportunidad.
No podía ser esa conversación el final.
Se negaba.
No podía.
Dio un paso más, acortando la poca distancia que los separaba y sujetó la manga de la chaqueta de Hinata.
—¿Y ahora?—habló—ya no existe un clan que interfiera, no existe ninguna duda en mi corazón ¿puedo ser una opción?
Su voz se volvió seria, segura.
Su mirada atrapó la suya como si fuera la primera vez que se veían; como la primera vez que se supo correspondida.
Sus ojos, aquellos azul cielo que tanto adoraba la atravesaron como si pudieran leer lo que ella aún sentía.
Y como siempre, su corazón, ese que se encontraba durmiendo intentando recuperarse, latió con fuerza en una dulce pero dolorosa melodía.
—Hinata, te amo—continuó, atrapándola con la mirada— ¿me darías una oportunidad?
Tembló.
Su cuerpo entero se estremeció ante aquellas palabras que en algún momento tanto añoró, que hace algunos meses atrás podrían haberla hecho tan feliz, pero que ahora, le provocaban una especie de dolor que a penas podía describir; una agridulce sensación.
Era la primera vez que él le decía "te amo", y ella no tenía nada que decir.
Era la primera vez que él la buscaba, y ella quería huir, correr.
¿Por qué?
¿Por qué tenía que decirlo ahora?¿Por qué ahora la buscaba de esa forma?
¡Por qué ahora, después que todo había terminado, él le decía lo que ella siempre quiso escuchar!
No era justo.
No, no.
¡No!
¿Cómo podía ir y rechazar al hombre que amó durante toda su vida?
¿Cómo podía ir y aceptar al hombre que amó, si él anheló a otra mujer?
Estúpido su corazón que latía, estúpidas sus manos que picaban por alcanzarlo, estúpidos todos sus sentidos que vibraban con su cercanía.
Y estúpida su voz, que no quería salir a defender su decisión.
—Ya no hay un clan que pueda interferir—continuó Naruto al notar su silencio, no podía dejarla dudar—, y yo estoy dispuesto a todo por ganarme tu perdón y demostrarte que no hay nadie más en mi corazón.
Bajó su mirada, intentado cortar esa conexión que no le permitía pensar con claridad, y en ese sutil movimiento, sus labios rozaron una tela suave y agradable que reconoció: la pañoleta que Sasuke le había regalado.
Sasuke.
"Me gusta vivir contigo. Regresar, sabiendo que tú estas aquí, que no estoy solo…Quédate, podemos buscar un lugar más grande para vivir y acompañarnos."
Sus palabras, aquel instante íntimo y distinto, esos días cálidos y tranquilos, esa presencia segura y sincera volvieron a ella como un eco que se alzaba en su interior irrumpiéndolo todo de una manera extraña y desconocida. Inundando sus dudas, ocupando cada espacio vacío de su corazón, y proporcionándole una fuerza que creía perdida.
Ya no necesitaba excusas, ya no necesitaba ocultar y no buscaba la aprobación de alguien más; Hanabi le había regalado su libertad.
Habían otros caminos que podía seguir, habían otros destinos que podía encontrar y ella, esta vez, quería mucho más que un amor que resquebrajado; quería encontrar su propia felicidad.
Cerró sus ojos un momento.
Inhaló, recuperando su compostura.
Exhaló, botando sus dudas.
Y dio un paso atrás, soltándose con suavidad.
—Naruto, te amo y no hay nada que perdonar—le dijo mirandolo a los ojos, con tranquilidad— pero mi corazón no puede olvidar.
Esa era su verdad. No había nada que hacer si el amor cambiaba, no había nada que hacer si ella ya no era correspondida; los sentimientos no se podían forzar y ella sabía que Naruto no había querido hacerle daño.
Sin esperar nada más, inclinó su cabeza en una respetuosa reverencia de despedida, porque esta sería la última conversación sobre esa historia que moría y Naruto, la había hecho muy feliz.
Y se giró, avanzando sin mirar atrás.
El viento sopló suave, frío, y extrañamente refrescante.
Sus pasos, calmados, marcaban un ritmo tranquilo que los movía en ese recorrido largo hacia su destino.
Y el silencio, no hacía más sumirla en sus propios pensamientos que se sentían alterados.
Porque ella todavía lo amaba, porque sus piernas todavía temblaban y su corazón todavía dolía. Y si bien, no se arrepentía de su decisión, sus ojos traicionaban su resolución.
No iba a llorar.
Apretó sus puños escondidos en su chaqueta, y fijó su mirada adelante, negándose a derramar una sola lagrima más.
Pero Sasuke, que caminaba a su lado, había observado todo, había escuchado todo, y sabía que solo había una forma de continuar.
No quería.
Joder, no quería.
Pero con cada paso que daba, con cada minuto que pasa, confirmaba que eso era lo mejor.
No para él, para ella.
Ella necesitaba sanar, ella necesitaba avanzar, ella necesitaba encontrar su felicidad, porque solo así, llegaría el día en que Hinata miraría hacia atrás y vería en su amor un recuerdo agradable, una experiencia que la hizo crecer.
Y él, no quería ser el ancla que le impidiera volar.
Porque aún cuando Hinata le había dicho que se quedaría a su lado, ella no lo hacia por su propio corazón; lo hacía por él. Se quedaba por que él la necesitaba. Él, la quería libre para que se quedara a su lado por elección.
—Hinata.
Los ojos de ella se centraron en él apenas lo escuchó, encontrándolo sorpresivamente frente a ella, bloqueándole el acceso a la entrada del departamento.
Lo observó, en silencio, esperando que él continuara mientras intentaba calmar su corazón y prestarle toda su atención. Y cuando sus miradas se encontraron, el mundo, el universo, nuevamente desapareció.
Aquellos ojos, que probablemente eran uno de los mas poderosos del mundo ninja, calmaron la tormenta, silenciaron los ruidos, y apaciguaron las aguas de su corazón dolido. Su presencia cercana, cálida e imponente, tranquilizó la lluvia que amenazaba con derramarse en lágrimas de sentimientos frustrados. Y su mano, torpe e increíblemente cuidadosa, borró las dudas en una caricia suave, dulce e inesperada sobre su mejilla.
No hubo miedos, no hubo distancias necesarias que ella tuviera que marcar cuando su cercanía comenzaba a volverse extrañamente agradable; cuando su presencia borraba cualquier inseguridad.
—Estoy bien— le dijo ella, reconociendo en el gesto que él probablemente se encontraba preocupado.
Sasuke negó, teniendo claro que ella intentaba no preocuparlo, y sabiendo que esta podría ser la última vez que la tuviera así.
Joder, era difícil, pero debía dejarla ir.
Y se acercó, juntando sus frentes, haciendo mucho más íntima la conexión.
Hubiese sido tan fácil mantenerse al margen, tan simple guardar silencio y mantenerla a su lado…
—Hinata, tienes 3 opciones, tu decides—comenzó—. Puedes quedarte y estaré a tu lado acompañándote.
Llevó su mano, que había estado en su mejilla, en un lento recorrido desde sus hombros, rozando su brazo en lento ascenso por la manga de su chaqueta y, con timidez pero sin miedos, culminó deslizando su mano entre la suya y entrelazando sus dedos.
Era la primera vez que se atrevía a algo como eso.
Porque si todo iba a ser así, él quería que ella, al menos, comenzara a ver en sus actos lo que todavía no podía decir.
Sus ojos claros que habían estado cerrados aceptando su presencia, se abrieron con violencia al escuchar sus palabras y sentir su mano sujetarla con fuerza pero sin dañarle.
—Puedes ir y buscar tu destino—continuó—, y yo te estaré esperando.
—O puedes ir y aceptarlo—finalizó, haciendo una clara referencia a Naruto y su último encuentro— y yo… seguiré caminando a tu lado.
Dolería, sí.
Si ella elegía a Naruto dolería más que si ella decidía irse o quedarse por obligación. Pero, él, antes que cualquier otra cosa, era su amigo.
Y ella comprendió.
Sasuke la estaba liberando, la estaba dejando ir, si ella así lo deseaba.
Dudó.
Esa mano se sentía demasiado cálida como para soltarla, demasiado segura como para alejarse, demasiado agradable como para distanciarse.
—Estaré bien—se obligó a completar Sasuke al verla titubear cuando la respuesta debería ser simple—. Princesa, cualquier decisión que tomes será la correcta.
Apretó su mano contra la suya, inconscientemente al escucharlo y sintió como por primera vez, luego de que su vida había cambiado, las respuestas se mostraban claras.
—Espérame.
Y su voz, desde la distancia, en la lejanía, llegó en el viento como una suave y timida brisa que la alcanzó…
La primavera recién entraba en su corazón.
