Frunció el ceño, con disgusto, mientras observaba esa carta que hace unos momentos atrás había recibido con el sello de su antiguo clan.
¿Qué buscaban?
¿Qué querían de ella?
Giró la carta, todavía sellada, y notó el destinatario: Hinata Hyuga.
Sonrió.
Relajó su expresión y se volvió hacia Sasuke, restándole importancia al asunto.
—Ven—le dijo—, vamos a cenar. Debes tener hambre.
Él, que había notado la tensión de un momento atrás, la miró perplejo mientras la seguía.
—¿No la vas a abrir? —le preguntó, con curiosidad.
Ella volvió a sonreír y le mostró a quien iba dirigida la carta.
—No es una carta para mi—le respondió.
Sasuke, al comprender lo que ella decía, también sonrió y asintió; ella ya no era Hinata Hyuga, el mismo clan que la buscaba le había quitado el apellido, no tenía por qué acusar recibo, mucho menos abrir la carta.
Subieron al segundo piso e ingresaron al departamento de Hinata. El aire tibio, cálido, del hogar que ella había construido lo recibió inmediatamente al abrir la puerta, provocándole una sensación de relajación.
Luego de cerrar, ella se giró hacia él y le ayudó con su mochila de viaje, y le entregó unas pantuflas.
Nervioso, aceptó la ayuda y mientras se desabrochaba la chaqueta, se armó de valor para volver a hablar.
—Hinata
Ella, que estaba colgando la chaqueta de Sasuke en el perchero, volvió su mirada hacia él prestándole atención.
—¿Puedo quedarme esta noche a dormir?
Hinata lo miró un momento, casi en blanco y él se sintió aún más nervioso de su petición.
—Mi… mi casa estuvo sola mucho tiempo, debe estar…
Ella puso una expresión de asombro inmediatamente al entender su explicación: probablemente su casa estaba con polvo e iba a ser difícil temperar rápidamente, incluso la comida debería estar caducada.
—Oh, tienes toda la razón–interrumpió Hinata—. Quédate, si quieres mañana puedo ayudarte a limpiar.
Suspiró con alivio ante su respuesta positiva y asintió sonriendo. No le molestaba ir a su casa en ese momento y en esas condiciones, pero la excusa sonaba bastante buena como para quedarse con ella un poco más.
—Entonces—continuó ella—, aprovecha de darte un baño y relajarte mientras cocino.
Cenaron, tranquilamente, mientras se ponían al día en todo lo que había pasado en esas cuatro semanas. Hinata, que podía notar como los ojos de Sasuke mostraban el cansancio que sentía, le sirvió un té de hiervas para relajarlo y luego lo guió al dormitorio de invitados que tenía preparado.
Él, agotado, no se resistió y tan pronto como colocó su cabeza en la almohada, se durmió.
La noche avanzó, y la nieve comenzó a caer al amanecer, cubriendo las calles de ese blanco inmaculado que pintaba el invierno, todos los años, en la aldea.
Cuidando de no realizar mucho ruido, Hinata se levantó temprano para comenzar su día. Sin hacer mucho ruido se aseó y vistió, preocupada de que Sasuke despertara; la noche anterior parecía demasiado cansado. Y cuando estuvo lista, se dirigió hacia la cocina a preparar el desayuno.
Comió en silencio, relajada, mientras revisaba su libro de cuentas que no había alcanzado a terminar y cuando se disponía a dejar su loza sucia en la cocina, la puerta de Sasuke se abrió.
Con una expresión que mostraba algo de vergüenza, el rostro del Uchiha se asomó por la puerta mientras vestía todavía su pijama. Hinata sonrió, suponía que él había esperado levantarse al mismo tiempo que ella, pero no había sido capaz de despertar por el cansancio.
—Buenos días—saludó ella, calmadamente.
—Buenos días—respondió, increíblemente tímido—. Iré a ducharme rápido para…
—No es necesario—le interrumpió Hinata, que suponía que él se apuraba para no atrasarla.
La miró sin entender, y ella se levantó para ir a su lado, tenía la impresión de que él no se encontraba bien.
Sasuke la observó en silencio mientras ella se acercaba y se sorprendió cuando Hinata estiró sus delgados brazos y puso su mano en su frente. Él, como siempre, se inclinó hacia ella para que lo alcanzara; siempre respondía con naturalidad, casi automáticamente, a cualquier acercamiento de ella antes de siquiera pensarlo. Le parecía increíble que todavía no se diera cuenta de lo que él sentía.
Ajena a lo que pasaba en la cabeza de Sasuke, comprobó que su temperatura se encontrara normal y luego lo volvió a mirar con curiosidad.
—¿Te duele la cabeza? —le preguntó.
Él, que se sentía un poco mareado mientras la cabeza le atacaba con puntadas dolorosas, se sintió más débil frente a esa mirada cálida y suave, y asintió.
—Usé por mucho tiempo mis ojos—indicó, refiriéndose a su técnica ocular.
La mirada de Hinata se volvió comprensiva y luego sonrió.
—Creo que puedo ayudarte con eso—declaró.
Lo llevó de regreso a su cama y le pidió que se recostara nuevamente, luego, se sentó al lado de la almohada y colocó sus manos a ambos lados de su cabeza, a la altura de los ojos.
Él, que había obedecido en cada instrucción, no perdió de vista ningún movimiento, sintiéndose ansioso por lo que ella iba a hacer.
Resultara o no, con que ella estuviera ahí, entregándole caricias y atención, bastaba para hacerlo inmensamente feliz.
Extraño, hace unos años atrás, jamás se hubiera imaginado sentirse asi por algo como esto.
—Me pasaba lo mismo cuando entrenaba y la única forma en que lograba bajar el dolor era masajeando esta zona—le comentó.
Él asintió y Hinata le pidió que cerrara los ojos, para relajarse.
Al momento en que ella puso sus manos en su cabello, y presionó ligeramente la zona, Sasuke comenzó a sentir como el dolor empezaba a ceder.
Y con la relajación, el sueño se volvió mucho más difícil de combatir. No quería dormir, no quería desaprovechar el tiempo con ella de esa manera, así que luchó con todas sus fuerzas para mantenerse consciente.
Ella, al notarlo, no pudo más que sonreír ante los esfuerzos del Uchiha, que le parecieron de lo mas tiernos.
—Sasuke— le habló Hinata, inclinándose un poco hacia él mientras le susurraba para que su voz no perturbara la relajación—, no te resistas al sueño. La idea es que descanses.
Él, un poco avergonzado, sonrió al sentirse descubierto.
—Tengo… te traje algo—murmuró él mientras sentía como poco a poco perdía el conocimiento.
—Duerme, Sasuke—le dijo ella con una suave risita—. Puedes entregármelo cuando te sientas mejor.
Salió de la habitación tan pronto notó que se había dormido y bajó al café a trabajar.
Como todos los días, sus empleados llegaron temprano en la mañana y nada más al abrir las puertas, los clientes comenzaron a ingresar; algunos para desayunar en el lugar, otros para comprar comida para llevar. Las mañanas siempre eran más tranquilas que en la tarde, a la hora del té.
La primera de sus conocidos en llegar fue Sakura, iba saliendo del hospital a media tarde cuando decidió pasar a tomar el té.
Ino, llegó más tarde con un cargamento de flores debido al acuerdo comercial que tenían y Sai la acompañó. Con gusto, los invitó a quedarse a tomar el té en el invernadero, como sabía que a ambos les gustaba y los ubicó en una mesa más grande porque Sai había tomado la costumbre de dibujar cada vez que pasaban. Según él, el lugar era inspirador, sobretodo en invierno.
Un poco más tarde llegó Naruto, que venía de regreso de misión y al igual que Sakura, se sentó junto a su amiga, en el salón principal, al lado de la estufa.
Verlos juntos, en su café, de aquella forma tan casual todavía le causaba cierta incomodidad, pero prefería afrontarlo así; dentro de la naturalidad que entregaba el ir y venir de la gente, en el día a día donde sus tareas podían alejarla de los conflictos del corazón.
Sakura no tenía la culpa de los sentimientos de Naruto, y eso había sido solo una parte de lo que la llevó a terminar con él.
—Estaba pensando—comentó Ino—, que quizás podríamos utilizar estas nuevas plantas en el salón el próximo mes.
La rubia, que había dejado a Sai en el invernadero, se había acercado al mesón principal donde Hinata secaba algunos vasos mientras sus trabajadores atendían a los clientes, y le mostró un pequeño catálogo de las plantas que tenía disponibles.
Hinata, con entusiasmo, dejó de lado lo que estaba haciendo y comenzó a revisar. Y de pronto, Hinata alzó la vista, y sonrió alegre.
Ino, intrigada, dirigió su mirada a donde su amiga estaba observando y encontró a Sasuke cerrando la puerta de la escalera que daba al departamento de Hinata.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó Hinata cuando él se acercó.
Sasuke sonrió y se apoyó en el mesón, junto a ellas.
—Mucho mejor—respondió el Uchiha, relajadamente.
—Bien—asintió ella—, ve a sentarte, Naruto y Sakura están en el salón. Te llevaré comida.
—Puedo ayudarte a cocinar.
—No es necesario—le dijo—. Te separé un poco del almuerzo, solo debo ir a buscarlo.
Se giró hacia Ino y esta asintió, entendiendo que ella le estaba pidiendo un momento y luego sonrió cuando la vio marcharse. Había visto toda la interacción y había entendido perfectamente bien que Sasuke se había quedado a dormir.
Y sonrió.
El Uchiha siguió a Hinata hasta la cocina del café y cuando salió, llevaba su propia bandeja en dirección a la mesa donde estaba Sakura y Naruto, mientras Hinata regresaba con Ino.
—Así que…—comenzó la rubia, mientras Hinata volvía a hojear el catálogo de plantas— Sasuke pasó la noche contigo.
Sin percatarse del tono juguetón con el que su amiga lo dijo, Hinata simplemente asintió. Sin embargo, 10 segundos después, volvió su mirada rápidamente hacia su amiga, avergonzada al darse cuenta de lo que Ino realmente había dicho.
—No… ¡No es lo que crees! —replicó.
Ino, que ya tenía una enorme sonrisa en su rostro, apoyó los codos en el mesón, mostrando una clara expresión de burla.
—¿No? —respondió— pero…
—Solo me vino a ver ayer, después de su misión y se hizo muy tarde para que regresara a su casa—explicó rápidamente— y… y estaba muy ca-cansado… así que se quedó en el dormitorio de invitados.
—Ah…que lástima.
La cara de decepción de Ino solo provocó más vergüenza en Hinata, pero luego, la preocupación llegó. Si su amiga había confundido las cosas… Sakura, que también estaba ahí, podría malinterpretar. Y ella no quería eso.
Al darse cuenta, rápidamente llevó su mirada preocupada hacia la mesa que compartía el equipo 7 y observó la expresión de su amiga, mientras sentía como la culpa comenzaba a molestar en su corazón.
Su relación con Sasuke se estaba volviendo demasiado cercana… no estaba bien.
—¿Crees que Sakura podría malentender la situación? —preguntó Hinata, en un susurro a Ino.
La rubia, llevó su mirada a la Haruno, y notó que sus ojos estaban mirando a Naruto con preocupación. Probablemente, también había visto a Sasuke salir del departamento de Hinata, y toda la interacción, y se imaginó que algo estaba pasando entre los dos. Sin embargo, no estaba dolida por la actitud de Sasuke, su mirada solo estaba dirigida a Naruto.
—No te preocupes por Sakura— respondió Ino —. Te aseguro que no le molestará.
Hinata asintió, no muy convencida, mientras suspiraba para botar la tensión y continuó con su labor.
Sin mayor preocupación, Sasuke se sentó en la mesa con sus compañeros de equipo, dejó su bandeja y en silencio, comenzó a comer.
Sakura lo miró intrigada, intentando comprender en qué momento él se había hecho tan cercano a Hinata. Luego, llevó sus verdes ojos hacia Naruto, percibiendo la frustración que comenzaba a apoderarse de él.
—Sa... —comenzó Sakura, pero fue rápidamente interrumpida por el Uzumaki.
—Teme—habló, mientras dejaba su taza de té en la mesa, pero mantuvo su mirada en su taza—, ¿pasaste la noche en casa de Hinata?
La mirada de Sakura no pudo evitar mostrar la sorpresa ante la pregunta de Naruto cuando la interrumpió, había sido demasiado directo. Así que rápidamente recobró la compostura y observó la conversación entre ambos con atención.
Si no fuera porque había pasado muchos años observándolo enamorada, jamás se hubiese dado cuenta de que Sasuke se había puesto nervioso con la pregunta de Naruto. Lo cual, lo hacía más extraño aún, Sasuke Uchiha jamás se pondría nervioso con una pregunta de Naruto.
—Sí—respondió, dejando su tenedor a un lado en la mesa y, como si fuera normal, añadió—, pasé a verla después de la misión y se me hizo tarde.
Naruto se tensó, y volvió su mirada hacia él evidenciando sorpresa; no era la primera vez que lo veía hacer algo así, antes, cuando ella había estado en Konoha, lo había encontrado en el hotel al llegar de la misión.
Y de pronto, aquello a lo que nunca había prestado atención, se volvió relevante; claro. Sasuke nunca lo acompañaba a salir cuando volvían de misión, a menos que fueran a visitar a Hinata.
¿Sería que… cada vez que él no fue con ella, Sasuke sí lo hizo?
¿Incluso cuando sus misiones no eran juntos?
Peor aún… ¿Todavía lo hacía?
—¿De-desde cuando visitas a Hinata después de las misiones?
Incómodo con las preguntas, y adivinando lo que su amigo estaba recién notando, prefirió responder como si todo fuera muy normal.
A pesar de que le hubiese gustado alardear un poco de su cercanía con ella, sabía que al final, Hinata podría salir perjudicada si él revelaba más de lo requerido.
Suspiró, como si estuviera cansado de las preguntas y tomó su tenedor para continuar con su comida.
—mmm…—fingió intentar recordar—nunca he dejado de hacerlo.
Eso, fue el golpe más duro que Naruto pudo recibir ese día.
Sasuke siempre le dió prioridad a Hinata, nunca la dejó de lado por otra persona ni situación, y saberlo, entender que aun cuando él, que era su novio en ese entonces, la había descuidado, el Uchiha jamás la reemplazó.
La verdad le dolió más de lo que hubiese podido imaginar; la realidad le hizo sentirse aún más idiota por haber sido un inmaduro.
Y aun cuando se sentía avergonzado y arrepentido, una pregunta mucho más incómoda inundó su corazón.
¿Porqué?
¿Por qué Sasuke haría algo así?
¿Por qué continuaba haciéndolo?
Con pesadez, abrió su boca para preguntar, pero al instante se detuvo, arrepentido.
No. No quería saber.
Prefería continuar con la duda que aclarar lo que comenzaba a sospechar.
Sakura, que había observado toda la situación, decidió intervenir para cambiar el tema y que ambos se relajaran.
La comida continuó sin mayor problema mientras conversaban de las últimas misiones que habían tenido, hasta que Kiba ingresó al café y fue directo a su mesa a informar que el Hokage los necesitaba mientras Akamaru se acercaba a pedir cariño de Hinata, que continuaba conversando con Ino.
Sasuke asintió e indicó que iría a buscar sus cosas, notando inmediatamente como la mirada de Naruto y Sakura lo siguió hasta que se perdió en la escalera que daba al departamento privado de Hinata.
Suspiró, botando un poco de la tensión que había sentido durante toda la comida, y tomó su bolso para colgárselo a la espalda.
No le preocupaba mucho que Naruto y Sakura se enteraran de lo que estaba pasando entre él y Hinata, prefería que supieran que él tenía sentimientos por ella ahora, que mucho después. Su mayor temor era como aquello podría afectar a Hinata, ella no sabía que Sakura no estaba enamorada de él, y se sentía muy culpable cada vez que se daba cuenta de que podía haber traspasado algún límite que hiriera a su amiga. Y eso, hacía un poco más compleja su situación.
Él notaba como Hinata dudaba cada vez que intentaba acercarse.
Quizás, si Sakura comenzaba a sospechar… le diría la verdad a Hinata.
—No, no—dijo Hinata, moviendo rápidamente las manos, frente a ella, para no aceptar el dinero que Sakura y Naruto estaban entregando—. Corre por mi cuenta.
—Pero, no podemos…—replicó Sakura.
—Eres mi amiga—interrumpió—, y siempre estás ayudándome. Permíteme ofrecer esto.
Sasuke, que en ese momento regresó, sonrió ante la escena y se acercó.
—Me robaré a Hinata unos minutos—dijo, tomando la manga del chaleco de Hinata para llamar su atención—. Yo los alcanzo.
Sin estar muy convencido, Naruto asintió y salió del café junto a Sakura mientras Hinata se giraba hacia Sasuke.
—¿Te sientes mejor? —preguntó ella, observándolo.
Sasuke asintió y sonrió, para luego llevarla a un lugar un poco más apartado. Con tranquilidad se volvió hacia ella y sacó de su bolsillo una bolsita de terciopelo azul oscuro.
—Te traje algo.
Intrigada, Hinata tomó con cuidado el regalo y lo abrió, encontrando dos pequeñas cuentas de plata.
Miró a Sasuke, que la estaba observando atentamente y volvió a enfocarse en el regalo, notando que una de las cuentas era en forma de kunai, y la otra tenía una taza de té.
Sonrió, sin poder evitarlo.
—¿Mi pasado—dijo ella, mostrándole el kunai— y mi presente? —preguntó, tomando la tacita de té.
Él asintió.
—Porque, para mi, eres… hermosa, en cualquiera de tus versiones.
…joder, solo tenía que quedarse callado. Solo tenía que entregarle el regalo y ya.
No era necesario, no tenía que decirle tanto, sin embargo, las palabras escaparon con una facilidad increíble, con tan solo ver aquellos claros ojos observarlo con atención.
Mantener la calma fue difícil luego de esa pequeña confesión, sobretodo cuando notó como la temperatura de su rostro aumentaba y un visible sonrojo se apoderó de sus mejillas.
Debía ser la primera vez que sonrojaba de esa forma tan violenta.
Debía ser, también, la primera vez que decía algo tan cursi.
—Nos vemos después—completó, girando sobre sus talones y saliendo rápidamente del lugar. Y Hinata, que se había sonrojado igual que él, no tuvo tiempo de decirle algo más.
Porque en la lejanía, bajo esas pequeñas estrellas que comenzaban a brillar en su oscuridad, ella había detenido sus pasos y miraba en su dirección.
Su voz la había alcanzado.
El día avanzó, la noche llegó y Sakura, que había visto claramente lo que había ocurrido cuando Sasuke se quedó con Hinata a solas, desde la distancia, no había podido sacarse de la cabeza la situación.
Suspiró con cansancio, y dejó el lápiz en la mesa, resignándose a que ya no terminaría el informe ese día.
Se recostó sobre la mesa y cubrió su rostro con sus brazos, como si buscara un poco más de intimidad.
Y una vez más, el rostro sonrojado de Sasuke mientras hablaba con Hinata, las cuentas que había visto que él le entregó, y por sobre todas las cosas, aquella suave expresión que aparecía cada vez que la miraba, gritaba una verdad que ella no se había atrevido a reconocer.
Sasuke estaba terriblemente enamorado de Hinata.
Sonrió, jamás imaginó que llegaría el día en que ella podría pensar en algo asi y no sentirse dolida.
Sonrió a un más, cuando notó que Hinata, la única chica que jamás se interesó en él en ese sentido, fuera la dueña de su corazón.
La vida era extraña, a veces.
Cerró sus ojos, con pesadez, y la imagen contrariada de Naruto volvió. Porque si ella ya había notado lo que pasaba con Sasuke, probablemente Naruto también, o estaba cerca de hacerlo.
¿Debería ponerse de su lado y ayudarlo?
Quizás.
Naruto estaba haciendo todo lo que podía por acercarse a Hinata denuevo, pero ella parecía que ya no lo miraba como antes.
¿Qué había pasado entre ellos para que Hinata decidiera dejarlo?
Todavía le costaba creer que su amiga, quien había estado enamorada toda su vida de Naruto, hubiese rechazado la propuesta de matrimonio. Ella había visto lo mucho que Hinata amaba al Uzumaki.
Ella sabía lo mucho que su amigo amaba a Hinata.
Por eso mismo, jamás había siquiera pensado en revelar sus sentimientos a ninguno de los dos.
De todas formas, Sakura tenía claro que aun cuando lo intentara, Naruto jamás la miraría, su corazón pertenecía a la ex Hyuga y ella lo sabía desde un principio. Enterró su amor en cuanto lo descubrió; se había marcado los límites necesarios para no sufrir demasiado al no tener oportunidad. No fantaseaba con falsas ilusiones.
Y, por sobre todas las cosas, respetaba a sus amigos.
…Por eso, si tan solo él le contara que había pasado entre ambos, entonces, ella podría intentar ayudarlo a recuperarla; podría devolver, en parte, todo lo que él hizo por ella.
Cerró sus ojos con fuerza, frustrada; no sabía que tenía que hacer.
¿Debía apoyar a Naruto?
¿Debía apoyar a Sasuke, que por primera vez se enamoraba?
No. Ninguna de las dos.
Debía mantenerse al margen y ayudar a ambos si alguna vez lo necesitaban, así como ellos la habían ayudado muchas veces antes.
Esta vez era su turno de estar presente para celebrar, para prestar su hombro para llorar o para escuchar a cualquiera de los tres.
Después de todo, Naruto había hecho algo que le costó el amor de incondicional de Hinata, asi que un poco de competencia no le vendría mal; Sasuke jamás había intentado acercarse a alguien de esa forma, probablemente esta experiencia le haría madurar; y Hinata… ella, nunca había sabido lo que era ser de verdad cortejada, toda esta experiencia le haría darse cuenta de que ella era valiosa.
Y ella… tal vez, era momento de avanzar.
Los días pasaron.
La noche, la luna y las estrellas continuaron escapando del tibio y débil sol del invierno, divisándose en el amanecer, encontrándose en el atardecer.
Y Konoha, que era todo un espectáculo en esa época del año con sus calles nevadas, árboles sin hojas y gente que iba y venía, con enormes ropajes de colores para pasar el frío, continuó aguantando lo último que quedaba del invierno.
El Hyuga, después de la carta que dejaron en la noche para Hinata, detuvo sus visitas por dos días para luego retomar, pero esta vez no venía solo. Dos miembros de clan comenzaron a presentarse para la hora del té, todos los días, en mesas separadas y ya no disimulaban la atención que le prestaban a Hinata mientras atendía.
—Otra vez están aquí—le dijo Naruto, que se había acercado al mesón, para recoger el café para llevar que Hinata le había preparado.
Ella asintió, entendiendo que él se refería a los tres Hyugas que estaban sentados en el salón principal, ocupando distintas mesas y que permanecían evidentemente atentos a lo que ella hacía.
—Debe gustarles el pastel de manzana— respondió ella, intentando sonreír—, es lo único que piden cada vez que vienen.
Naruto sonrió también, entendiendo claramente que ella estaba diciéndole que no se preocupara. Pero él insistió.
—¿Sabes qué es lo que quieren?
Ella negó, mientras guardaba unas galletas en una bolsa de papel.
—Supongo que no pasará mucho tiempo hasta que lo descubra—le respondió.
Naruto recibió la bolsa de papel con las galletas que Hinata había guardado y volvió su mirada hacia una de las mesas donde estaba uno de los Hyuga.
—No debe ser nada bueno—dijo—, hablaré con Kakashi. Quizás podríamos…
—No—le interrumpió Hinata, rápidamente, provocando que Naruto se volteara y dirigiera toda su atención a ella—. Ellos no han hecho nada más que venir al café.
Cuando Naruto iba a replicar, Shikamaru apareció a su lado, con su café para llevar.
—Ella tiene razón—interrumpió—, el Hokage no puede intervenir directamente en asuntos del clan y hasta el momento, ellos no han hecho nada.
El Uzumaki suspiró con pesadez y Hinata miró a Shikamaru con agradecimiento ante su intervención. Luego, notó como el Nara miraba con atención las galletas que Naruto llevaba y le extendió unas dentro de una bolsa de papel a él también mientras sonreía.
—Es una prueba—dijo ella, mientras negaba el dinero que Shikamaru estaba entregándole—, solo necesito que luego me digas si debo mejorarlas o no antes de colocarlas a la venta.
Shikamaru miró confundido a Naruto y este sonrió.
—A veces, Hinata me usa para pruebas de degustación antes de lanzar un nuevo producto—le comentó—. Comida gratis por un pequeño riesgo de indigestión.
El Nara abrió la bolsita, esbozó una pequeña sonrisa y volvió a mirar a Hinata.
—Me gustaría enlistarme a esta misión— respondió el Nara.
Ella no pudo evitar soltar una pequeña risita y asintió.
—Espero sus comentarios.
Dos días después, tal y como Hinata pensaba que ocurriría, uno de los Hyugas se acercó.
Silencioso, como siempre eran, caminó al mesón central donde ella solía supervisar el trabajo del café, mientras los últimos clientes dejaban el local.
Ella lo esperaba, ese día se habían quedado más tiempo del acostumbrado así que se mantuvo en silencio y aparentando tranquilidad mientras ordenaba las cosas como si estuviera totalmente concentrada en lo que hacía.
—No te presentaste a la cita—comenzó el hombre, que parecía un poco más mayor que ella.
Ella no respondió, ni levantó su mirada para indicarle que lo estaba escuchando.
Tenía tanto que responder a ese simple comentario, tantos sentimientos acumulados frente a esa simple acusación que la voz simplemente no salió.
Tenía que mostrarse serena, educada y por sobretodas las cosas, controlada.
Joder, eso era precisamente lo que más temía… perder el control.
Hinata no se caracterizaba por dejar salir sus sentimientos tan fácilmente, pero en ese momento, en esos días, sentía que su corazón empezaba a llenarse de una amargura que tenía miedo de mostrar.
¿Por qué tenían que estarla vigilando?
¿Por qué la estaban buscando?
¿Para qué intentaban contactarla?
¿No bastaba con el exilio, con todo lo que le habían quitado?
—¡Hinata Hyuga!—elevó la voz el hombre, perdiendo la paciencia ante la nula atención de Hinata—Los ancianos te convocaron ¡tu deber es asistir!
Los ojos de la ex-Hyuga se abrieron con sorpresa ante la información, ante la forma en como la habían llamado y la inaudita exigencia que le estaban imponiendo.
¿Hinata Hyuga?
¡Ese nombre no le pertenecía! ¡Se lo habían quitado!
No tenían ningún derecho de exigirle algo, mucho menos tenía ella la obligación de responder. Así que, retomando la compostura, se tragó las palabras y escondió, en lo más profundo de su ser, esa pequeña semilla de amargura que comenzaba a crecer. Suavizó, lo más posible su expresión y lo encaró.
—Señor Hyuga—respondió—, estamos cerrando el local.
El hombre la miró, y cuando estaba por responder, otra voz interrumpió.
—¿Hinata, sucede algo?
La mirada de Hinata inmediatamente se dirigió hacia Sasuke, que recién llegaba y caminaba hacia el mesón donde ella estaba, mientras cambiaba su expresión a una un poco menos fría. La presencia del Uchiha, por alguna razón, la hizo sentir mucho más tranquila.
Sasuke, con evidente preocupación pasó hacia el otro lado del mesón y se ubicó al lado de Hinata, enfrentando al Hyuga que, en ese momento, decidió no continuar con la conversación. Hizo un gesto a los otros dos hombres que lo acompañaban, frunció el ceño hacia Sasuke, dejó otro sobre sellado con la insignia del clan sobre la mesa y se marcharon.
La mirada alerta, los puños fuertemente apretados y el tenso silencio que la envolvió, fue suficiente para que él supiera que ella no estaba bien.
Se acercó, en silencio, mientras ella continuaba con la mirada perdida en la puerta por donde los Hyugas habían salido y con cuidado, rozó su brazo con el de ella, llamando sutilmente su atención.
Hinata reaccionó y volvió su mirada hacia él, todavía intentando calmar sus emociones y Sasuke, al notar lo que le estaba ocurriendo, permitió que sus dedos tocaran levemente los suyos, sin llegar a sujetar su mano.
Él sabía lo que era la rabia, lo que era llenarse de odio y como podía generar más sufrimiento y no quería eso para ella. No mientras él pudiera hacer algo para impedirlo.
—¿Sabes qué es lo que quieren? —preguntó.
Ella bajó la mirada un momento, miró la carta sobre la mesa y luego negó.
—Solo sé que me habían citado a una reunión—indicó.
Preocupado, dio un paso más hacia ella, acercándose.
—Esa nueva carta debe ser otra cita—dijo y ella asintió—¿Irás?
—No—respondió Hinata, con la vista fija en el sobre—. Pero creo que no se detendrán ahí.
Tal y como ella dijo, tres días después, sucedió lo que ella más temía: el clan se presentó.
Era una noche cálida, para el invierno que aun no se quería marchar, y la tarde había estado particularmente agradable. Los clientes, iban y venían, como siempre, en esos casi dos meses que ya llevaban de funcionamiento y el concierto de piano en el salón principal, y violín en el invernadero, recién comenzaba.
El café estaba lleno y la noche clara, y estrellada.
Naruto había terminado su asignación temprano y estaba ocupando una mesa junto a Sai y Sakura.
Shino, llevaba un rato instalado en una mesa cerca del escenario, le gustaba mucho las melodías en piano, así que Hinata le había reservado una mesa con anticipación.
Y ella, a pesar de lo bien estaba saliendo todo, se mantenía alerta mirando la entrada del café; tensa, con un nudo en el estómago que no había logrado apaciguar.
Sabía que el clan se presentaría en esos días y tenía claro que no sería una situación fácil. Por eso, porque estaba preparada, vio inmediatamente esos claros ojos que ingresaron por la puerta principal.
Y, a pesar de que estaba preparada, jamás pensó que vendrían como delegación; ella esperaba a los mismos miembros del clan que se habían presentado anteriormente.
Mucho menos se imaginó que, entre ellos, el líder de los ancianos guiara la procesión.
Apretó los puños, intentando controlar el nerviosismo y se permitió un momento para componer aquella máscara de expresión neutra que había aprendido a llevar en su juventud, cuando era miembro del clan. Y esperó, si tenía suerte, solo estaban ahí para observar y la chica que tenía de recepcionista los guiaría a una mesa libre sin ningún problema.
Si el cielo estaba de su lado, no tendrían interacción.
Pero no, las cosas no siempre salían de la mejor forma y ella lo sabía.
Algo nerviosa, vio como la recepcionista miró en su dirección y le hizo un pequeño gesto que ella comprendió: el clan preguntaba por ella.
Hinata asintió, y avanzó.
Esto era como una misión, estaba preparada, tenía que concentrarse en su objetivo y ejecutar cada acción con precisión; ella podía hacerlo.
Sí, ella podía enfrentar al clan, una vez más.
Con calculada elegancia y seguridad, se detuvo frente a ellos y dirigió su mirada a la recepcionista.
—Señorita Hinata—le habló la chica—. Solicitaron hablar con usted.
—Está bien—respondió ella, suavemente—, por favor, continúa atendiendo a los siguientes clientes, yo me encargaré de esto.
La chica asintió, y le pidió a los siguientes de la fila que la acompañaran y Hinata, solo en ese momento, llevó su mirada al clan.
Con paciencia, miró uno a uno a los miembros de la delegación, sin perder la suave sonrisa ni la expresión tranquila y finalmente, volvió su mirada al anciano que los lideraba.
—Díganme—habló, sin hacer la más mínima reverencia—¿en qué lo puedo ayudar?
Uno de los hombres que estaba frente a ella, notó la falta de educación y se alteró.
—Más respeto, estás frente al anciano del concejo y un miembro de la rama principal.
Ella, esperando una reacción así, llevó su mirada hacia él, pero no cedió. No hizo ninguna reverencia ni mucho menos corrigió su forma de dirigirse, solo guardó silencio y esperó.
No era un desafío, ella simplemente no le debía respecto, ya no eran nada. La jerarquía no significaba nada.
—¿Sucede algo, Hinata?
Con sorpresa, se giró al escuchar la voz del Uzumaki y lo encontró parado, con los brazos cruzados y expresión seria detrás de ella, seguido de Shino. No había notado cuando se habían acercado.
—No—respondió, volviendo su mirada hacia el clan, otra vez— estos clientes solicitaron mi presencia. Solo estoy intentando averiguar qué es lo que necesitan.
—¡Niña Insolente! — exclamó otro de los adultos, acercándose repentinamente como si fuera a atacar y ella notó como Naruto y Shino avanzaron para interponerse.
Pero ella no podía permitir que se enfrentaran.
Shino no podía verse envuelto en un problema con el clan, Naruto tampoco, solo los perjudicaría. Mucho menos quería armar un escándalo en su café. Así que movió sus brazos, en un claro gesto que les pedía mantenerse al margen.
—Debo pedirles que se retiren del lugar—respondió Hinata, manteniendo la expresión calmada, pero seria.
No estaba jugando.
Lamentablemente, los miembros del clan tampoco estaban jugando y actuaron antes de que ella pudiera hacer algo al respecto y una fuerte cachetada la golpeo de lleno en su mejilla izquierda.
Naruto, sin importarle nada, avanzó inmediatamente y tomó la muñeca del anciano con fuerza; Shino, sostuvo a Hinata por los hombros y se ubicó a su lado, protegiéndola.
Rabia y verguenza. Eso era todo lo que logró sentir cuando recuperó el equilibrio y volvió su mirada al frente.
Pero ella era mejor que ellos. Ella no iba a permitir que sus emociones le hicieran perderlo todo, otra vez.
Aun cuando el resentimiento que se apoderaba de sus sentidos le gritara que debía soltar todo lo que tenía dentro.
Así que, con todo el auto control que poseía, dio un paso al frente, soltándose de Shino para no involucrarlo más, y colocó una mano sobre el brazo de Naruto que sujetaba al anciano, para hacerlo ceder.
—¡Hinata Hyuga!—exclamó el anciano, cuando Naruto lo soltó—Se te ha ordenado presentarte en el clan y has desobedecido. Esta es tu última advertencia, niña estúpida.
Ella, con la frente en alto y mirando directamente a los ojos del hombre habló.
—Mi nombre es Hinata de la Arena—dijo—. No pertenezco a ningún clan y si no se retiran en este momento, denunciaré con el Hokage que el clan Hyuga está ocasionando disturbios en mi café y atacando civiles.
El anciano la miró un momento, visiblemente enfadado por la amenaza de Hinata y luego se marchó.
Guardó silencio un momento, mientras los miembros del clan se retiraban, sin cambiar su expresión seria y compuesta. Y sin notar que Sasuke ingresaba en ese mismo momento.
Necesitaba calmar el fuego que amenazaba su corazón, necesitaba guardar la rabia que crecía en su interior.
—Shino—llamó, en voz baja a su amigo—, por favor, pídele a nuestra recepcionista que se haga cargo del café.
—Hinata—llamó Naruto, al verla aun en su sitio, sin moverse.
—Lo siento, Naruto— respondió—. Necesito un momento a solas. Muchas gracias por todo.
Sin reparar en tomar su abrigo, ni en mirar a nadie más, avanzó rápidamente hacia la puerta y se marchó.
Uno, dos, tres pasos en el exterior fueron todo lo que necesitó para dejar que sus pies corrieran libres por la blanca y fría calle.
Necesitaba moverse, necesitaba correr… necesitaba huir.
Su corazón se sentía horriblemente pesado. Su garganta se apretaba con cada nueva sensación. Y sus pensamientos, de pronto, se dispararon en memorias que ella no quería recordar.
Asfixiaban; los temía; los odiaba.
Y sus emociones, aquellas que había intentado mantener a raya durante toda la situación, en ese momento, se desbordaban.
Había un miedo enraizado en su corazón que no podía controlar; temía volver al pasado y perder su libertad.
Había una rabia que empezaba a crecer y que ella no quería alimentar; Hinata quería ser feliz.
Había una vergüenza que la envolvía, que se expandía y que le quitaba las fuerzas para continuar…
Lo habían visto.
Shino, Naruto, sus empleados y probablemente algunos clientes habían visto como el clan
la había tratado.
Y eso, mostrar esa vergonzosa parte de ella era una de las cosas que más temía; la humillación de que nisiquiera su familia la consideraba digna.
Había una gran diferencia en que los demás intuyeran como eran las cosas a que fuera realizado en público.
¿Por qué?
¿Por qué ahora que…
—¡Hinata!
El Uchiha estaba frente a ella, bloqueándole el camino.
Se detuvo de golpe al verlo y su mente quedó en blanco por un momento al no esperase encontrarlo. Pero de pronto, la expresión preocupada en el rostro de su amigo le reveló la verdad: él sabía lo que había ocurrido, había visto todo.
Retrocedió.
No quería verlo, no quería escucharlo. No quería enfrentarlo.
No a él.
A Sasuke quería mostrarle su versión más alegre, más liviana, más bonita; quería que él viera lo mejor que ella podía ofrecer.
Tenía que correr, esconderse.
Debía huir, alejarse, no permitirle ver más de esa devastada Hinata; no quería que él la viera así otra vez.
—Oh, uh… Hola—dijo, atropelladamente y desviando la mirada—. Nos vemos después.
Pero él no lo permitió.
Hinata, a esas alturas, ya debería saber que él jamás la dejaría marchar sola, así.
Estiró su mano, y sujetó la suya, reteniéndola antes de que ella lograra escapar.
Hinata se detuvo, asustada, temerosa de que él viera todo lo que estaba pasando en su interior e intentó soltarse una vez más.
—Deberías saber—dijo él, sin liberarla—que no te dejaré marchar.
Ella, instintivamente, volvió su mirada hacia él, y en ese solo acto, Sasuke pudo comprender; Hinata estaba a punto de quebrarse.
No, no lo iba a permitir.
Avanzó, antes de que ella pudiera siquiera procesarlo y la abrazó.
Fuerte, como si sus brazos fueran capaces de retenerla para siempre.
Protector, como si su presencia pudiera alejar cualquier peligro.
Cuidadoso, increíblemente dulce, como si ella fuera la flor más delicada que existiera.
Sasuke la envolvió entre sus brazos, en un silencio que no exigía nada más que se quedara quieta y se dejara cuidar. No le pedía explicaciones, solo quería entregarle un lugar donde ella pudiera sentirse segura.
Ella no dijo nada, tampoco se animó a devolver el gesto, simplemente cerró sus ojos—que se negaban a llorar—y se permitió apoyar su frente en su pecho, ocultando su rostro en la chaqueta de Sasuke.
La tibieza de su cuerpo la calmó; su mano acariciando su nuca entre sus cabellos desarmó todos esos pensamientos y sentimientos que atacaron su corazón; y su respiración tibia, tranquila y constante en su oído, terminaron por derretir cualquier miedo y preocupación.
Su sola cercanía fue capaz de hacerle sentir segura, una vez más.
—Están planeando algo—dijo Sasuke, sin dejar de abrazarla, cuando la sintió más tranquila— que te involucra, por eso te están llamando al clan. ¿Cierto?
Ella asintió y sus manos, que hasta el momento se habían mantenido inertes, se elevaron para aferrarse a su chaqueta, dejando entrever su preocupación.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó, intuyendo la respuesta.
—Iré al clan.
