Lo sé, lo sé, me he tardado mucho, ruego que me disculpen, he estado ocupado entre exámenes, asuntos de mi viaje a Finlandia y todo ese tipo de cosas, incluso actualizando Nueva Era. Pero ya quería volver a la historia principal para seguirla, luego de haber estructurado un par de cosas, aquí estoy, espero les guste. Les recuerdo que esto está tambien en wattpad y que la publicación ahora será al mismo tiempo, a partir de ahora responderé los reviews al inicio de cada cap si es que los dejan, espero les guste el capítulo.

"Pensar es fácil, actuar es difícil, y poner los pensamientos de uno mismo en acción es lo más difícil del mundo."

- Goethe.


El presente, dos meses después de la caída de T. M.

Gwen

Aterrizaron sobre un edificio cercano a la parada del metro y observaron con cuidado la situación. El cerco policial rodeaba la entrada por al menos unos cincuenta metros y la presencia de agentes se incrementaba con el pasar de los minutos.

Gwen inspeccionó con rapidez el lugar, identificando todas las posibles entradas para poder esquivar a las autoridades y evitar una nueva visita de parte de Felicia Hardy. Levantó un brazo y le hizo una seña a su acompañante, que se detuvo y esperó como una niña buena por sus siguientes órdenes.

Ladeó la cabeza y admitió por una milésima de segundo que ser maestra era divertido y estresante a partes iguales.

Recordaba con extraña añoranza aquel día hace unas semanas en el que Adrien la citó nuevamente en la cafetería, la niña pelinegra a su lado se notaba emocionada mientras bebía de un batido extremadamente azucarado y con espuma desbordándose por los lados.

Y cuando hicieron contacto visual, lo entendió todo.

El cosquilleo fue instantáneo y Adrien sonrió como si todo en su plan malévolo hubiera salido perfecto. No volvió a invitarle nunca más un helado, pero podía vivir con eso.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Cindy, agazapándose y apoyando ambas manos en las tejas de tono oscuro mientras observaba la ciudad en movimientos aleatorios. Le faltaban ciertas cosas por aprender, pero Gwen estaba segura de que, en el combate, al menos era natural.

O eso le indicaban las fracturas sufridas por los ladrones de hace dos noches. Estaba segura de que la principal ventaja de Cindy en ese aspecto eran las telarañas que brotaban de la punta de sus dedos. No solo la convertían en una joven muy ágil, también era versátil y le permitía combinar su estilo de pelea con su alrededor.

Un estilo de pelea que tuvo que enseñarle en sus primeras salidas nocturnas. La guardia arriba y los golpes con puños no eran su fuerte, por lo que se centró en enseñarle a esquivar todo lo posible y utilizar su delgado y diminuto cuerpo para rodear a sus contrincantes. Ella resolvió la parte de atacar sola.

—Tenemos el parque cubierto por oficiales y vigilan las dos entradas —comentó Gwen—. No he oído disparos en el interior, pero no estoy segura de que tanto pueda aguantar nuestro invitado sin alterarse.

—Quizá podamos crear una distracción —opinó Cindy, moviéndose con cuidado y acercándose al borde del edificio—. Veo algunas farmacias cerca, podría…

—¿Romper su escaparate y dejar caer todos los productos? —supuso Gwen, que suspiró y se llevó una mano al puente de la nariz al ver que la menor se puso roja—. No, tienes que aprender a hacer estas cosas sin causar daño colateral.

—Pero las peleas siempre tienen daño colateral…

—Sí, pero tú no lo ocasionas a propósito —aclaró Gwen—. Estimula tu cerebro y ten una lluvia de ideas, propón y descarta. Pero guarda al menos dos o tres ideas locas para más tarde.

—¿Por qué? —preguntó Cindy, haciendo una mueca y llevándose una mano a la cabeza para masajearse la sien como si aquello tuviera una reacción directa en su mundo interior.

—Agradecerás tener ideas locas para cuando necesites escapar de un asesino loco y serial, créeme —dijo Gwen, dándole una media sonrisa—. Ahora analiza mejor esta situación y encuentra una entrada, tú puedes.

La vio tragar saliva y asentir mientras se acercaba un poco más al borde del edificio, ella estaba segura de que Cindy podía lograrlo, no se pondría nada celosa si ella lograba encontrar una ruta de entrada segura en su primera clase.

O quizá sí, después de todo, en su momento tardó dos o tres clases antes de que Miles le diera un correctivo y aprendiera a la mala manera.

Metió la mano en uno de los bolsillos y palpó un pequeño paquete cuadrado nuevo y sin abrir, llevó los dedos hacia la tapa de plástico y la abrió con cuidado para tomar un pequeño dulce. Necesitaba algo de sabor a sandía si Cindy iba a tomarse el tiempo de estudiar para su examen práctico.

—Las salidas de emergencia —dijo Cindy, señalando un punto más alejado de la calle, donde una plancha metálica en el suelo indicaba una salida por si acaso algo ocurría en el subterráneo de la ciudad—. No suelen estar cerradas debido a que son fáciles de abrir, solo necesitamos un tirón con suficiente fuerza.

—Gran idea, ¿pero no crees que llamarías mucho la atención?

Se carcajeó internamente al ver que Cindy se enfurruñaba y seguía pensando, intentando encontrar alguna otra solución alternativa a la vista, aunque fruncía el ceño y por la forma en la que se movía la mascarilla roja, se estaba humedeciendo los labios con la lengua.

Aquel gesto solo indicaba que estaba pensando.

—La alcantarilla.

Gwen tragó lo que quedaba del dulce y dirigió su mirada hacia la pelinegra, Cindy señalaba una tapa de alcantarilla ubicada en la esquina de la manzana de enfrente, en un buen punto que podría servirles para entrar.

—¿Por qué la alcantarilla? —preguntó Gwen, haciéndose una idea de lo que Cindy había pensado, pero esperando para que ella pudiera explicárselo.

—París tiene cientos de pasadizos de las catacumbas conectados al alcantarillado, podemos bajar por allí y entraremos al metro por algunos de los accesos —explicó Cindy, haciendo un gesto con ambas manos para enfatizar su brillante idea.

—Eso estaría genial, Cindy, pero tengo un mapa y no pasa ningún túnel debajo de esta calle. —Gwen se sintió un poco mal al acabar con su plan cuando este recién comenzaba.

—Bueno, eso da igual, entraríamos al sistema de alcantarillado y los túneles de metro tienen accesos para evitar filtraciones de agua durante las lluvias.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó desconcertada la rubia.

—No me puse al día en cientos de ciclos académicos en un mes por arte de magia. —Cindy se llevó un dedo a la sien y ladeó la cabeza, agitando su cabello negro—. Entonces, ¿es un buen plan?

Gwen sonrió al ver el cambio de una confiada Cindy a una más tímida, casi la hizo sentirse vieja al recordar que ella también buscaba la aprobación de su maestro hasta que él la empujó por un rascacielos.

Ella no repetiría su técnica de aprendizaje.

—Es un buen plan, guía el camino, Silk. —Gwen pronunció el nombre de héroe de la adolescente y le cedió el mando, los ojos de Cindy brillaron con una leve chispa de emoción y asintió con confianza.

—Sígueme, Spider-Woman.

Cindy se movió con rapidez hacia el otro lado del edificio, Gwen la siguió de inmediato. Presenciando con lujo de detalles la operación a ejecutar para poder entrar, Cindy saltó del techo y dio una vuelta en el aire, lanzó sus telarañas y tomó la puerta de alcantarilla, tiró con fuerza y esta salió volando por los aires hacia su dirección.

Gwen fue la segunda en saltar, observando en caída libre como Cindy esquivó la tapa de metal y cayó directamente en el agujero de la calle. Gwen levantó un brazo, se estabilizó y con una gracia similar a la de una bailarina, atrapó la tapa al vuelo.

—Esta cosa ni siquiera pesa —musitó la rubia, encogiéndose de hombros y aterrizando en el agujero de la alcantarilla, tapando la entrada en un instante.

Las paredes a su alrededor combinaban roca y metal, una escalera de mano era lo único que la guiaba hasta la alcantarilla, donde podía oír el agua siguiendo su curso en dirección a las plantas de tratamiento. Ella estaba pegada en la pared contigua, y no necesitó usar la escalera para bajar, haciéndolo de un salto.

—Bien, tendríamos que seguir por aquí —señaló Cindy, indicando un pasadizo oscuro entre tantos pasadizos oscuros y asquerosos que había en el sistema de desechos de la ciudad—. Si no me equivoco, por esa rejilla.

Gwen levantó la vista para observar la rejilla por la que apenas caían un par de gotas de agua, Cindy se acercó con cuidado y lanzó un par de telarañas para abrirla, provocando que la tapa de metal cayera contra el suelo e hiciera algo de ruido.

Gwen no pudo evitar chasquear la lengua, por alguna razón, su sentido arácnido le había dado un pequeño cosquilleo. Su instinto nunca se equivocaba y podía confiar en ello incluso con los ojos cerrados y los oídos tapados.

Y su instinto le estaba diciendo que algo estaba por ir mal.

Eso o que se había quedado sin caramelos para aliviar el estrés.


Adrien

Salió de la escuela, con la mochila colgada solo en uno de sus hombros y un dolor en el cuello provocado por el cuaderno volador de Kim.

Debían dejar de lanzarse cosas en hora libre.

—Creo que tenemos bolsas de hielo en la nevera —recordó soltando un quejido de dolor y llegando a la entrada del metro. Bajando las escaleras con cuidado y deteniéndose entre algunos momentos para poder frotarse el cuello.

—Nop, usé todo el otro día —exclamó una voz, la persona saltó hacia él y le rodeó el cuello con los brazos. Hubiera sido una bonita escena de no ser por qué el impulso hizo que Adrien se inclinase hacia adelante y cayera por las escaleras.

O al menos estuvo a punto de hacerlo, pues dio un pequeño salto en el escalón, sujetó con fuerza las piernas de la persona con bajo sentido común y giró en el aire para aterrizar de pie. Intentó que se viera genial, porque existían momentos en los que su cuerpo solo se contorsionaba en el aire como si sufriera de epilepsia y aterrizaba de pie por arte de magia.

—Bien hecho, gatito —elogió Alix, descolgándose y estirando los brazos—. Pero te olvidaste de tu mochila.

Adrien agitó la cabeza y suspiró, dando un par de pasos a la derecha para recoger su mochila y volver a ponérsela al hombro.

—Alix, ¿qué haces aquí? ¿No tenías una clase extra? —preguntó Adrien, metiendo la mano al bolsillo para tomar su tarjeta de transporte, Alix hizo una mueca ante su pregunta y aceleró el paso—. ¿Belle?

Alix pasó su propia tarjeta y cruzó al otro lado, donde se detuvo y lo miró de reojo con los parpados entrecerrados y un gesto desconocido en los labios.

—¿Vas a entrar o no? El metro llega en unos segundos. —Alix miró por los cristales de atrás que daban a los andenes y movió el pie sobre el suelo, dando pequeños golpes.

Adrien enarcó una ceja, pero lo dejó pasar, estaba más que claro que algo ocurrió en aquellas ultimas horas de clase y Alix no deseaba hablar. Validó la tarjeta y entró para ponerse a su lado, se fijó en la pequeña pantalla que anunciaba las estaciones donde paraban los trenes.

—Bajemos ahora, o tendremos que esperar cinco minutos para el siguiente —advirtió Adrien.

—Vamos, pero tenemos que pasar por el super antes, aparte de tus bolsas de hielo, yo necesito comprar algunas cosas. —Alix le puso las manos en la espalda y procedió a empujarlo hacia las escaleras para poder bajar de una vez.

—Pero si compramos lo suficiente para una semana —se quejó el rubio, descendiendo por los escalones—. ¿Ya te acabaste todos los postres?

—¡Claro que no! —se defendió Alix, frunciendo el ceño—. ¿Por qué me echas la culpa? Sé que tú y Nathaniel se los comen.

—No lo hacemos… —rezongó Adrien, cruzándose de brazos, pero siendo atacado por una mirada profunda de parte de Alix—. Está bien, sí lo hacemos…

—Son un par de glotones, ni siquiera sé como pueden mantener ese cuerpo comiendo tantos pasteles —expuso Alix.

—Ah, así que admites que tenemos un buen cuerpo. —Adrien sonrió ampliamente, esperando una buena respuesta por parte de su amiga para intentar salir del agujero en el que se había metido.

Recibió un pellizco en el abdomen en su lugar.

—Rollito —mencionó Alix, volviendo a estirar la mano para pellizcarle, la sonrisa mordaz en su rostro era el acompañante perfecto para sus acciones tan maléficas—. Otro rollito.

—¡Para!

Alix le sacó la lengua y comenzó a reír mientras el metro llegaba a la estación y frenaba, Adrien no vio una mejor opción para evitar la tortura que abrazarse a sí mismo y cubrirse el abdomen con las manos. Las puertas se abrieron y ambos entraron, sentándose al lado de la ventana.

Adrien le dio una mirada a su teléfono cuando lo sintió vibrar, las notificaciones indicaban un mensaje de parte de Nathaniel, supuso que aquello tenía que ver con la competición estúpida de Kim y bloqueó el móvil para prestarle nuevamente atención a la ventana.

—Oye, Adrien. —Alix inició la conversación y llamó su atención con un leve chasquido de parte de sus dedos, cuando él se giró para mirarla, pudo notar que su expresión no era la de hace un par de minutos. Su mirada viajaba por todos los lados del vagón y volvía a mover los pies de forma inquietante.

—¿Qué ocurre? —preguntó Adrien, poniendo atención en cada uno de los gestos de Alix.

—Ocurrió algo en los baños antes de la última clase —mencionó con los labios apretados y moviendo las manos por su short—. Creo que es algo muy grande.

Adrien suspiró y se llevó una mano al mentón, no había pasado mucho tiempo desde lo ocurrido con Kingpin, la advertencia en el sueño de Nathaniel hablaba de dos años en el futuro, por lo que no esperaba que pudiera ocurrir algo grande en tan poco tiempo.

—¿Qué tanto? —preguntó finalmente el rubio.

—Podría destruir nuestra línea temporal —sentenció Alix, tragando saliva y desviando la vista hacia la ventana, donde solo se apreciaba la oscuridad del túnel—. Y solo yo puedo hacer algo para evitarlo, todo debido al poder de mi Miraculous.

—Y me acabas de contar esto en el metro —dijo Adrien, encogiéndose ante ciertas miradas de las personas que iban en su dirección.

—Sí, creo que no fue una gran idea —reconoció Alix, levantando la cabeza por un momento para ver la pantalla—. ¿Siguiente parada?

—Siguiente parada —confirmó Adrien, intentando esconderse de las miradas, Alix también intentó hacerlo, pero se conformó con pegarse a él y acurrucarse mientras lo rodeaba con sus brazos.

Los ojos verdes de Adrien se dedicaron a observar el túnel por la ventana, esperando a que llegasen a la siguiente estación y el peso de las palabras dichas por Alix desapareciesen de sus hombros.


Nathaniel

Bien, la clase extra de artes plásticas debía acabar en cinco minutos, pero aquello no era excusa para quedarse mirando por la ventana mientras el resto de los alumnos se enfocaban en terminar sus proyectos personales. Su propio "cómic" estaba incompleto, solo con los bocetos de al menos diez capítulos y sin coloreado. No tenía idea de como seguir la historia sin las ideas de Marc, pero era justo ese momento en el que debía demostrar que podía crear sus propias historias.

Movió el lápiz sobre la hoja de papel sin prestarle atención, solo garabateando trazos mientras buscaba entre las azoteas algo entretenido para dibujar.

—¿Qué estará haciendo? —preguntó a la nada, quizá añorando que sus preguntas volasen hacia el otro lado del globo para que Marc pudiera escucharlas desde donde sea que esté en Australia—. Oh, claro.

Se dio una cachetada mental y sacó su teléfono por lo bajo, entrando a una aplicación que no solía usar nunca, la red social solo tenía pocas fotos de él y su familia, pero fue navegando entre los perfiles hasta encontrar la de su amigo.

m_arcenciel45, con una foto de Marc sonriendo a la cámara y un verificado a su lado.

Nathaniel parpadeó y abrió los ojos con sorpresa, abriendo la boca como un pez al ver el verificado a un lado, ¿cómo diablos, Marc, había obtenido eso? ¿Ya era novelista? ¿Había publicado su primer libro y no se había enterado? Era un muy mal amigo en ese caso.

Entró al perfil de Marc y estuvo a punto de soltar el teléfono al ver la primera foto anclada de su amigo.

—¿Alpine…?

El sonido de la campana de la escuela lo devolvió a la realidad y bloqueó el teléfono, la profesora de arte daba por culminada la clase y todos comenzaron a guardar sus cosas. Nath se dispuso a guardar sus lápices y sus hojas de papel llenas de garabatos, se levantó y se dirigió hacia la salida de clase.

—Nathaniel…

Se quedó quieto y tragó saliva, girando su cuerpo lentamente. Chloé se encontraba mirándolo con los ojos entrecerrados y las manos detrás de su cuerpo, él ni siquiera sabía por qué estaba allí, ni siquiera iba a clase de arte.

—Chloé —saludó de regreso, lo hizo con voz baja y un ligero temblor en su voz, temiendo cualquier tipo de reacción de parte de ella. Sentía que la propia mirada de la rubia le quemaba el alma y le ataba dos pesas grandes en los tobillos para convertirlo en su esclavo.

—He oído por allí que tuviste un par de problemas para continuar con tu historieta… —Chloé movió los ojos hacia todas las direcciones posibles antes de retomar el contacto visual.

—Prefiero el termino novela gráfica, gracias —respondió Nathaniel, mordiéndose la lengua por haber sonado más grosero de lo que pretendía. Chloé en su día fue una perra insoportable, ahora solo era una perra mucho más agradable.

—Bueno, esa cosa que haces… —balbuceó la rubia, poniendo un pie detrás y haciendo que el taco de sus botas golpease contra el suelo—. Indagué un poco y vi que ya no traes contigo tu cuaderno de dibujitos.

Sketchbook —corrigió nuevamente el pelirrojo, entrando en su personalidad de pedante artístico que solo salía cada cierto tiempo con aquellos que lo molestaban por su arte.

—Sí, eso… —El ánimo de Chloé pareció disminuir, y Nathaniel se percató de un ligero temblor en sus piernas—. Solo… ¡Toma y ya está!

Chloé extendió las manos de golpe y cerró los ojos, si él tuviese rasgos asiáticos y se apellidase Kurotsuchi, estaría seguro de que aquello se trataba de una extraña deformación de una declaración al estilo japonés.

Pero era el objeto que Chloé le extendía, lo que le dejó desconcertado.

Eso no podía ser cierto.

Tenían que estar jugando con él, debía ser una cámara oculta y en el momento en el que tomase el objeto, ella se burlaría de él y todos saltarían para acompañarla con sus risas.

Aquello no podía ser real.

—Esta es… —Nathaniel se mordió el labio inferior y extendió las manos, temblorosas y temiendo que aquello se desvaneciera.

—¿Te gusta? —preguntó Chloé, Nathaniel reparó en ella y tragó saliva, teniendo el pensamiento de que nunca la había visto tan tímida, se fijó en su rostro y se puso pálido al ver que los kilos de maquillaje extra la habían abandonado y solo usaba lo mínimo posible para realzar sus ojos y sus labios.

¿Quién era el ser angelical que reemplazó a Chloé? ¿Era acaso algo divino? Porque de ser así, tenía que rezar a quien sea que se le haya ocurrido regalarle el último modelo de tableta en el mercado.

—Es… Es perfecta. —Nathaniel tomó la caja entre sus manos y sintió el peso, la calidad, el acabado, todo se veía caro y de mucha calidad—. Chloé, ¿por qué…?

—Solo tómala… y ya —dijo la rubia antes de dar media vuelta y caminar por el pasillo, Nathaniel no le despegó la mirada en ningún momento, cosa que Chloé debió sentir, pues antes de llegar a la esquina, se giró una vez más—. Y como le digas a alguien que te la regalé yo, eres hombre muerto, Kurtzberg.

Y allí estaba la Chloé de siempre.

Nathaniel asintió con la cabeza y cuando se fue, se dedicó a observar como un niño su nueva tableta, descolgándose la mochila para guardarla e ir corriendo a casa para poder probarla con tranquilidad y configurarlo todo.

Una vez se acomodó la mochila, caminó hacia la escalera para poder regresar al primer piso, tomó su teléfono, abrió su chat con Adrien y le hizo una sola pregunta que quizá podría explicar el comportamiento extraño de Chloé.

La envió y llegó al patio principal, caminó hacia la salida del edificio y vio de reojo de Chloé hablando con alguien por teléfono, esta vez no pudo evitar observarla de arriba abajo y sentir un golpeteo en su pecho.

Se llevó una mano al rostro y abrió los ojos con temor, salió corriendo a toda prisa de la escuela y se alejó tanto como pudo antes de recuperar el aliento y darse cuenta de lo que había pensado.

Maldita sea, debía dejar su debilidad por las chicas que hacían cosas bonitas por él, a ese ritmo no se le iba a acercar nadie más.


Alix

Entraron al supermercado que se encontraba a una calle de su departamento y se repartieron lo que iban a comprar. Adrien tenía que ir a la zona de congelados y a ella le tocaba ir por perfumería, necesitaban un ambientador nuevo, algunos productos de limpieza y ella requería de ciertos objetos para ciertos sucesos que ocurrirían en el mes.

Caminó por los pasillos, ignorando las miradas de ciertos niños que acompañaban a sus padres con los carritos de supermercado, contrario a lo que uno pensaba, a los pequeños les brillaban los ojos cuando la veían caminar, y ella estaba segura de que se debía a lo genial que se veía.

Mostró una media sonrisa y siguió con su camino, entrando a la sección que le tocaba, observó las distintas etiquetas y tomó las marcas de siempre, poniéndoselas bajo el brazo y caminando hacia un lado más profundo.

Cuando estuvo frente a aquellos objetos, sintió un calor naciendo en su vientre y llegando hasta su garganta, ninguno de esos síntomas había ocurrido cuando llegaba ese momento del año, por lo que la única respuesta factible eran sus nuevas habilidades derivadas del Miraculous.

Si Adrien llegaba a tener razón, juraba que iba a vengarse de él, quizá haciendo el mayor ruido posible en su habitación.

Llevó las manos a sus productos habituales, tomando los dos paquetes y poniéndolos sin vergüenza alguna junto al resto, sujetándolos todos entre los brazos.

Se imaginó por un segundo la expresión de Adrien al ver eso y una idea nueva pasó por su mente, por lo que tomó un paquete más que seguro no le iba a hacer ninguna gracia. Una vez tuvo todo listo, caminó de regreso a las cajas para poder hacer cola y pagar, viendo que Adrien no llegaba, decidió hacer cola mientras era observada por una señora mayor y una madre escandalizada por tantos productos que podían malinterpretarse con facilidad.

La señora de adelante se fue y era su turno, afortunadamente, Adrien apareció detrás con las cajas de postres y pidiendo permiso se puso a su lado.

—Alix, ya estoy… ¡¿Por qué estás llevando eso?! —se exaltó el rubio al ver las compras de Cindy en la cinta, su grito provocó que la señora de atrás le mirase mal y el cajero reprimiese una risa.

—Eh, porque va a venir a visitarme Andrés, gatito —respondió Alix con suma tranquilidad, cruzándose de brazos.

—¡No, no! ¡No me refiero a eso! ¡Sino a estos! —Adrien tomó la caja de preservativos con el rostro totalmente rojo y Alix aguantó las carcajadas con una cara de póker, tanta que incluso los jugadores de Las Vegas estarían orgullosos de ella.

—¿Ocurre algo, cariño? Pensé que me dijiste que debíamos aprovechar el tiempo antes de que Andres viniera de visita —dijo Alix con una sonrisa inocente mientras el cajero luchaba por no doblarse y pasaba todos los productos para pagarlos.

—¿Ca-cariño? —El tono rojizo de Adrien le llegó hasta las orejas y dejó la caja en la cinta.

—Sí, cariño, pensé que me dijiste que quería algo de acción antes de aguantar por un tiempo —continuó Alix, grabándose mentalmente la imagen de Adrien avergonzado y siendo observado por toda la tienda como un potencial y sumamente pervertido novio—. Disculpa si entendí mal.

—Eh, disculpen, ¿con efectivo o tarjeta? —preguntó el cajero de la tienda, luego de haber guardado las compras en una bolsa.

—Con tarjeta, y paga él —señaló Alix, tomando la bolsa y esperando a que Adrien reaccionase para irse a casa. Fue divertido verlo como un zombi al sacar su billetera y pasar la tarjeta por el lector, incluso al salir de la tienda, la expresión de idiota no se le iba.

—¿Ocurre algo, gatito? —preguntó una vez estuvieron alejados de la tienda, Adrien pareció reaccionar y la miró con el ceño fruncido.

—Voy a tener que ir a comprar a otro lado —dijo mientras señalaba la tienda contraria del otro lado de la calle—. No podré volver jamás, todos tienen una idea equivocada de mí.

—Yo creo que tienen una idea correcta, cariño —bromeó Alix.

—Deja de decirme así —bufó Adrien.

—¿Así como? Cariño… —susurró Alix, sonriéndole mientras le picaba el abdomen.

—No me llames cariño. —Adrien se cruzó de brazos y la miró—. Cariño.

Alix le dio una media sonrisa cuando este finalmente le devolvió el juego, ahora podía disfrutar de una tarde noche super divertida, pues podría joder a Adrien de todas las formas posibles.

—No me llames cariño —refutó ella, sonriendo por dentro al ver que su plan estaba yendo bien.

—Ves que tampoco te gusta —resaltó Adrien.

—Sí, pero al menos puedo soportar que me digas así, no como tú, lloroncito. —Alix hizo gestos de un bebé llorando y Adrien se exasperó.

—¡Pero yo me quejé luego de varias veces! —gruñó el rubio.

—Entonces hagamos una apuesta, vamos a llamarnos así hasta que uno ya no lo soporte más, el primero en rendirse… Será el esclavo del otro por una semana —propuso Alix, sonriendo mientras veía como su plan malévolo se volvía realidad.

—Acepto, así que prepárate para perder, ca-ri-ño —pronunció Adrien, inclinándose y acercando su rostro al de ella.

—No lo haré, cariño. —Alix le guiñó un ojo y ambos siguieron su camino hacia el departamento.

Alix afianzó el agarre en la bolsa y suspiró de alivio al ver que todo había ido bien, necesitaba algún juego estúpido para tener su mente distraída de la misión que le encargó su yo del futuro. No quería pensar en eso, no tenía por qué hacerlo.

Y menos cuando podía tener a Adrien de esclavo por una semana.


Cindy

Cuando salieron por el túnel del metro, estaban rociadas en agua hedionda y llena de lodo, estaba segura de que Gwen le enviaba una mala mirada debajo de su máscara, y no podía culparla, aquella rejilla de desagüe estaba más sucia por dentro de lo que parecía.

—Recuérdame no volver a darte el papel de líder, y menos en alcantarillas —pidió Gwen, sacudiéndose los restos de suciedad de su traje blanco—. Esto se va a filtrar en el traje.

—Lo siento —se disculpó con timidez y juntando las manos, su traje ni siquiera contaba con una máscara o una capucha como el de Gwen, por lo que ella tenía el cabello y la frente repletos de lodo y con el olor a basura de tres días pululando por el lugar.

—No te disculpes… —Gwen se quedó callada por unos segundos y Cindy la miró con extrañeza, intentando identificar la razón de su comportamiento. Un cosquilleo se hizo presente en su cabeza y la obligaba a levantar la mirada.

Lo hizo.

Un rostro con dientes les sonreía desde el techo, mostrando una lengua larga y dientes afilados, su cuerpo rojo con venas negras brillaba en la penumbra e iluminaba el túnel a su alrededor.

—Separémonos a la de tres —dijo Gwen, levantando una mano para contar con los dedos—. Uno.

—Dos…

La criatura las interrumpió y ambas reaccionaron gracias a su sexto sentido, separándose y esquivando los fragmentos de tierra y metal que soltaron las vías cuando fueron destruidas.

—¡Silk, arriba! —ordenó Gwen, siendo la primera en ser perseguida por su nuevo amigo—. Carnage, te veo más gruesito, ¿has hecho ejercicio?

Un fuerte rugido salió de la boca abierta del simbionte y sus brazos se convirtieron en guadañas largas y afiladas, se movieron con la misma rapidez que un látigo y Cindy saltó al techo para evitar que la partieran por la mitad.

Se quedó observando por un momento como Gwen saltó sin miedo hacia él, esquivando con una maestría única que solo te podía dar la experiencia. El filo de las guadañas le acariciaban la piel de una forma tan superficial como una aguja entrando en un vaso con agua.

—Estas guadañas son nuevas, ¿se las robaste a un agricultor? —Gwen acortó la distancia y asestó un par de golpes que hicieron retroceder a Carnage.

—Ese es un muy mal chiste —habló finalmente la figura alta y voluminosa del simbionte, su voz grave parecía contener dos ecos en su interior, sonando como una mezcla hecha en un estudio de mala calidad.

Cindy supo que podía aprovechar el momento de distracción de Carnage cuando este se enzarzó de nuevo con Gwen, quizá ignorándola porque la consideraba la más débil de las dos. Se movió por el techo del túnel y se puso de pie, estiró los brazos y lanzó sus telarañas.

Los hilos se enrollaron alrededor de la figura de Carnage, que rugió con ira; Gwen dio un mortal hacia adelante y asestó una patada en la cabeza del simbionte, obligándolo a ir al suelo.

—Bien hecho, pero ve preparándote para el nivel dos. —Gwen estiró los brazos y Cindy asintió, alejándose un poco de la figura de Carnage justo a tiempo. El cuerpo rojizo se llenó de espinas que salieron en todas las direcciones y rompieron las resistentes fibras de tela.

Cindy levantó la mirada luego de acomodarse la mascarilla en el suelo y se topó de frente con los ojos blancos de Carnage, tragó saliva y se quedó quieta mientras la criatura mostraba su afilada hilera de dientes.

—¿Te conozco…?

La pregunta hecha por el simbionte la dejó helada, intentó moverse y no pudo, sus músculos estaban tiesos como una piedra y le impedían realizar alguna acción. Seguía agazapada en el suelo, con las manos apoyadas y las piernas flexionadas, solo podía flexionar los dedos y aprovechó a tomar algo de tierra del túnel.

—No que yo sepa… —respondió Cindy en voz baja, el cosquilleo en su nuca apareció y comenzó a hacerse más intenso, las vibraciones se movían a su cabeza y la obligaron a cerrar los ojos para reducir el dolor.

—Siento algo extraño en ti… —La voz profunda de Carnage retumbó por todo el túnel hasta que Cindy sintió que su cuerpo le respondía de nuevo, apretó el puño y sintiendo su cosquilleo volar al límite, hizo su movimiento.

Lanzó la tierra los ojos de Carnage y retirándose hacia atrás, le dio una patada en el mentón que agitó al simbionte, Cindy tomó distancia y se fijó en Gwen, que tenía dos trozos de metal de las vías y los chocó entre ellos para provocar vibraciones.

Las ondas se sintieron por el túnel y Carnage transformó de inmediato sus brazos en afiladas cuchillas, dirigiéndose hacia Gwen. Ella usó los dos trozos de metal como espadas para intentar desviar los golpes, pero los apéndices eran tan afilados que rebanaron los dos trozos de inmediato.

—Mierda —masculló Gwen, que hizo contacto visual con ella y estiró la mano—. ¡Silk!

Cindy se dispuso a ir en su ayuda, cuando sintió algo en su estómago, las ganas de escupir le llegaron a la boca y lo hizo, su mascarilla que ya era roja se oscureció en cuestión de segundos. Una corriente eléctrica la recorrió e intentó revolverse de un agarre invisible sobre ella.

—¿Qué…? —jadeó y volvió a escupir, llevando las manos a su abdomen y palpando el afilado tentáculo de Carnage, que la atravesaba por el lado derecho.

—¡Cindy! —gritó Gwen, pero ella ya no podía enfocarla, su visión se volvía borrosa y por primera vez desde que se puso el traje, sintió el miedo llenar su cuerpo, sus brazos temblaban y sentía el frío del túnel penetrar por su piel.

—Así que, Cindy… —Escuchó su nombre saliendo de la voz grave y se estremeció—. Recordaré bien ese nombre.

El apéndice afilado de Carnage se retiró de su cuerpo y ella cayó al suelo, se abrazó como pudo y sintió el aroma de su sangre llenando el lugar, Carnage lanzó un rugido y se fue, sus pasos pesados se oyeron en la oscuridad mientras avanzaba por el túnel del tren.

—¡Cindy, Cindy! —Gwen llegó a su lado y se quitó la máscara, puso una mano en su mejilla y le bajó la mascarilla roja, exaltándose al ver lo que había debajo. La escuchó poniéndose a trabajar y acumulando sus telarañas como pudo alrededor de la herida en su abdomen.

Sentía frío.

Fue calmando su respiración mientras sus ojos se cerraban, veía a Gwen mover los labios, pero no podía escucharla. Apretó los labios con debilidad y jadeó de dolor, y de impotencia, todo había sido su culpa. Gwen siempre le dijo que no confiase tanto en su sexto sentido y siempre tuviera los ojos alerta.

Y aquel fue su último pensamiento antes de cerrar los ojos por completo, su sentido arácnido había dejado de pensar en Carnage como una amenaza. No sabía si se aquello se vio influido por las palabras del simbionte, pero si era así, se culpaba a sí misma por dejar que le afectaran.

Las manchas de sangre en el rostro de Gwen le indicaban que había pagado el precio.


Alix

Ya se había cortado al menos dos veces, pero ella siguió con lo suyo, había salido de ducharse hace unos cinco minutos y todavía mantenía la toalla atada sobre su cabello, el color rojo iba tomando cada día más terreno y la estaba volviendo loca.

—Voy a tener que comprar más tinte… —se lamentó mientras seguía cortando un poco de zanahoria para la ensalada, esta vez fue más cuidadosa para no distraerse y añadir otra herida más a su mano izquierda—. Fluff, tráeme otra, y no te la comas.

—Sabes que prefiero las pequeñas —dijo Fluff, volando hacia ella con una zanahoria más grande que ella y dejándola a un lado de la tabla de picar—. ¿Vas a hacer una ensalada?

—No, me las voy a comer, pero prefiero cortarlas en rodajas —explicó Alix, pasando lo recién cortado a un tazón y procediendo a cortar una nueva zanahoria—. Pásame también un poco de alfalfa.

—Alix, ¿desde cuándo comes alfalfa y zanahoria cruda? —preguntó la kwami.

—Desde siem… —Alix soltó el cuchillo y abrió los ojos, adoptando una expresión de incredulidad, observó la cocina y como la mayoría de sus tazones tenía verduras de hojas verdes, pequeños trozos de fruta y la zanahoria picada a un lado.

Eso no le podía estar pasando, por lo que se alejó un poco y decidió salir de la cocina, siendo seguida por Fluff que de seguro la miraba con extrañeza.

—Fluff, quédate en la cocina y ve guardando todo, por favor —pidió la mitad pelirroja, llevándose las manos a la cabeza y retirándose la toalla, que todavía seguía húmeda, pero no le importó, se la puso alrededor del cuello y dejó que el frío le refrescase la mente.

No quería pensar en que estaba empezando a comer como un conejo.

—Está bien, oh y por cierto, estaba hablando con Plagg hace un momento y…

—¿Te ha hablado sobre mi pequeña bromita? —cortó Alix a su kwami, confirmando la respuesta a su pregunta al ver la expresión de Fluff—. Guárdala en secreto, que estoy esperando a que se dé cuenta y me arme un escándalo.

—Está bien —aceptó Fluff—. Entonces voy a la cocina.

—Te veo en un rato.

Una vez que Fluff se fue, Alix se estiró un momento y caminó hacia el pasillo de entrada, que contaba con un gran espejo a un lado de donde se podían dejar los abrigos y sombreros. Esto último era algo que casi nunca usaban.

Se miró al espejo y se llevó una mano a su cabello, quizá el más notorio de los cambios que estaba sufriendo, ese ni siquiera era su color natural de cabello, pero cuando se separó un poco los mechones para ver mejor, sus raíces ya estaban coloreadas de rojo y el cabello que soltaba de vez en cuando, también lo era.

—¿Cómo le explicaré esto a papá y Jalil? —le preguntó a su reflejo en el espejo, como si este pudiera responderle y darle un buen consejo—. Al menos no todos los cambios son malos.

Dicho eso, se palpó las piernas, sonriendo con mucha más confianza que hace un par de meses, Adrien tenía razón al nombrarlas armas de destrucción masiva, no estaba del todo segura del alcance de su fuerza, pero tenía que probarlas.

Subió las manos y tomó la tela del short, levantándola para observar los músculos de sus piernas hasta toparse con el color negro de su ropa interior, ladeó la cabeza y bajó un poco la mirada, su camiseta blanca de tirantes ya se había mojado por la toalla.

—Al menos esto ayuda con el calor…

La puerta del departamento sonó y Alix parpadeó un par de veces antes de dirigirse hacia ella y abrir, había sonado justo arriba y no en la puerta de abajo, por lo que su primer pensamiento era que Nathaniel había vuelto a perder las llaves y terminó entrando por el terrado.

—Tomate, cuentas veces te he dicho que no entres por… —Alix dejó de hablar cuando al abrir la puerta, se encontró cara a cara con Nathalie, que la observaba con sumo desconcierto y el ceño fruncido. Alix apretó los dedos en el marco de la puerta e intentó soltar alguna excusa, pero no se le venía nada a la mente—. Eh… Hola.

—Hola. —Nathalie devolvió el saludo con seriedad y Alix tuvo muchas ganas de chasquear la lengua y mandarlo todo a la mierda, nunca había logrado darle una buena impresión a esa mujer, y estando vestida así y con el cabello desordenado, dudaba que la de ahora fuese mejor que las otras.

—¿Qué te puedo ofrecer? —preguntó en voz baja y sintiéndose extremadamente cohibida debido a la mirada de la mujer.

—Estaba buscando a Adrien, pero creo que no me dio la dirección correcta —explicó Nathalie, apaciguando su mirada bajo esas gafas que le daban un aspecto autoritario—. Lamento molestarte.

Alix abrió la boca y la cerró, si Adrien no le había dicho que vivía con más personas, no le correspondía a ella hacerlo.

—Cariño… ¡¿Podrías explicarme por qué pusiste los condones bajo la almohada?!

Oh, ahora estaban muertos.

Cuando Adrien encontrase la broma, Alix planeaba estar en el sofá comiendo sus zanahorias y riendo hasta expulsar uno de sus pulmones por la boca. Ahora, la mirada de Nathalie la estaba cavando en un hoyo de tres metros de profundidad.

Sintió que se le calentaba todo el cuerpo y le ardían las orejas, incluso tuvo la decencia de levantar una mano y cubrirse la cara para evitar el contacto directo con los ojos de Nathalie.

—¡Te dije que los usaríamos más tarde! —siguió Adrien, que debió de aparecer en el campo de visión de Nathalie, porque ella apretó los puños el cristal de sus gafas se quebró.

Alix se inclinó un poco y miró de reojo, notando la cara de imbécil que se le había quedado a Adrien, que, para el colmo de sus males había salido a buscarla sin ponerse una camiseta.

Se quedó pensando en que el primer momento en el que Adrien planeaba devolverle una de sus bromas, le ocurría esto, era una defensa casi poética.

—¡Adrien Émile Agreste! ¡Quiero una explicación!


Fin del capítulo

Y este fue el tercer cap, como dije antes, disculpen por tardar je, ahora que estaré por un país nórdico un par de meses, aprovecharé mucho del tiempo libre que tenga para seguir escribiendo la historia.

Sin nada más que decir, nos vemos en el siguiente capítulo.