Gracias a Li por su lectura previa.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 19

Bella

Tener a Jasper en casa me trajo un poco de calma a mi ajetreada vida.

Sentí volver a mis raíces, a mis amistades que dejé atrás, al entorno en el que crecí y que tanto añoraba. Me regocije con su visita, pero también dejé de anhelar lo que un día tuve y decidí aprovechar lo que el destino me había dado. Acepté que mi vida nunca sería la misma y que muy probablemente tampoco volvería a mi lugar de origen.

Y todo por una razón. ―Volteé hacia mi bebé y la vi gateando mientras continuaba explorando sus juguetes con sus alegres gorgoreos.

No tenía valor para quejarme por ser madre soltera. Aunque, bueno… era muy probable que ese término fuera descartado para mí, sobre todo para Edward.

― Así que el famoso diseñador no tiene idea de que su ex intentó que no te acercaras a él.

Negué con la cabeza. Mi boca estaba salivando por un poco de pizza, no obstante me reprimía de comidas grasosas, en este punto no sabía si era por mi oruga o porque me había obsesionado con volver al peso anterior.

Agradecí que Jasper no pudiera leer mentes y no empezara un sermón para mi, solo siguió degustando, mordiendo ferozmente la rebanada de pizza. Entretanto, sus orbes azules me veían de forma acusadora.

― ¿Y no has pensado que esa mujer puede inventar algo en contra tuya? ―añadió―. Si fue capaz de inventarte que ella y Edward estaban juntos y tú le creíste, te pasaste de tonta.

― Hoy la conozco un poco más ―dije― sé de lo que es capaz.

Seguí comiendo mi crema de espinacas, imaginando que comía pizza.

― Ella fue la culpable de que Edward no supiera de tu embarazo, Bella. Hizo hasta donde pudo para evitar que ese hombre no supiera de ti.

No quería volver a ese día, pero mis pensamientos me traicionaron y me sumergí exactamente en esa noche lluviosa.

Mamá, olvidaste…. mis palabras murieron en la punta de mi lengua al abrir la puerta y descubrir que no era Renée quien tocaba, sino una mujer hermosa y con una figura estilizada, tenía un porte distinto a todas las mujeres que había visto en mi vida―. ¿Quién es usted?

La mujer alta y de personalidad arrolladora adentró en mi casa y observó el interior con desdén antes de cerrar de golpe el paraguas que traía mientras el agua empezó a escurrir en medio de la sala de estar formando un gran charco.

¿Qué precio tiene tu silencio? preguntó dejándome atónita.

Apenas abrí la boca y su voz avasalladora me interrumpió.

Me refiero a tu embarazo, ¿cuánto quieres por no acercarte a mi marido y dejarlo en paz? Porque obviamente sé que el hijo que esperas es de Edward.

Sentí un gran nudo en mi garganta y por precaución llevé mis manos a mi vientre hinchado para acunarlo. Estaba por cumplir seis meses de embarazo y llevaba semanas en busca del hombre que era el causante de mi barriga.

Desconozco quién sea usted respondí sin titubeos.

Querida… su risa fue irónicatodo mundo sabe quién soy yo. Soy una figura pública y la esposa de Edward Cullen. Del hombre que te embarazaste para luego chantajearlo, conozco a las de tu tipo.

La furia creció dentro de mí y mi lengua no pudo quedarse sin escupir verdades.

Se equivoca señora, no sé quién diablos es usted y tampoco me interesa saberlo y la señalési me embaracé de su marido le aseguro que no es de mí quién debe cuidarse, sino vaya a cuidarlo a él y fíjese bien dónde mete su polla.

Ordinaria…

No le di tiempo de decirme más, sino que simplemente la saqué de mi casa a empujones, sin importar el chubasco que caía.

Miré con enfado el paraguas recargado en el sofá y lo tomé, abrí la puerta y se lo lancé por la cabeza.

¡Y no vuelva nunca más a molestarme! grité, antes de cerrar la puerta.

Jasper suspiró dejando sus hombros hundidos.

― Te das cuenta que ese fue el principio desde que esa mujer no paró de hacerte la vida imposible.

― No niego que ha sido un calvario lidiar con ella ―reconocí―, y que en un principio logró intimidarme, pero esa mujer vive de mentiras y creyendo que Edward y sus hijos son una familia perfecta y que soy la culpable que se haya destruido, cuando en realidad no hice nada. Ellos no estaban juntos como me hizo creer, nunca la dañé, Jasper. No me metí en ningún matrimonio, ni destruí ninguna familia. No lo hice.

Él se puso de pie y sostuvo mis manos, dándome apoyo moral como siempre lo hacía.

― No hiciste nada malo, Bella. Tan solo te enamoraste de un hombre que intentó formar una familia y no se dio, no es tu culpa que él venga con un pasado y que tú hayas aparecido en su camino. Te aseguro que él no planeó ser nuevamente padre e ilusionarse contigo.

Mordisquee mis labios. Había intentado resistirme a Edward; primero por respeto a su supuesta relación, después por sus hijos y ahora me engañaba a mí misma diciendo que por Bluebonnet.

No podía más. No deseaba seguir reprimiendo mis sentimientos, tenía derecho a amar y quería darme una oportunidad.

― Lo que sí deberías hacer ―Jasper interrumpió mis ensoñaciones― es ser honesta y contarle todo lo que su ex hizo para que no te acercaras a él.

― Eso implicaría contarle que una vez estrellé mi puño en la cara de la tipa.

Rio.

― Si le pegaste es porque ella se lo ganó.

Le sonreí.

― Gracias por venir ―lo abracé― por ser siempre mi mejor amigo.

Sentí cómo sus manos apretaron mi espalda mientras su mentón descansaba en mi cabeza.

Escuché los gimoteos de mi oruga, lo que me hizo apartarme de Jasper e ir en busca de mi niña, la levanté del piso, anclando sus cortas piernas en mi cadera.

― Oye oruga, ¿extrañas a papá? Porque yo sí.

Mi bebé empezó con sus fuertes balbuceos de papapa. Era siempre de esa manera, todo el tiempo Edward tenía que ser nombrado en la casa. Luego su lloriqueo fue distinto, una de sus manitas traviesas hurgaba entre mi ropa, quería comer.

Levanté la vista y mi amigo me observaba de una forma distinta; no podía reconocer la forma exacta, pero pude deducir que había admiración en su mirada.

― ¿Por qué me miras así? ―quise saber.

Jasper siguió viéndome fijamente, quizá perdido en sus pensamientos y negó.

― Nada. Estoy cansado y me gustaría dormir ―sus hombros se hundieron―. ¿Podrías prestarme una almohada y una manta?

.

Había amamantado a mi oruga en la habitación y pretendí dormirla, sin que ella quisiera, ambas estuvimos tumbadas en la cama hasta que preferí salir a conversar con Jasper. Él tampoco podía dormir, así que terminamos hablando de todo y nada, tan solo para aprovechar la noche y que ningún tema quedara pendiente.

Las risas habían cesado y el sueño me vencía.

El timbre sonó insistente al momento que estábamos por dormir. De hecho Jasper estaba acomodado en el sofá mientras jugaba con mi oruga en sus brazos y la hacía reír.

Con pies descalzos anduve a la entrada.

Mi sorpresa fue grande cuando abrí la puerta y él estaba ahí, vestido en traje oscuro y su expresión altanera, me sonrió haciéndose paso él mismo.

― Me habías dicho que Nicole no tenía ibuprofeno.

El zurco en mi entrecejo se profundizó, podía sentirlo. En ningún momento recordaba haber dicho algo como tal.

― Oh, estás ocupada ―añadió viendo a Jasper―. Buenas noches ―volteo hacia mí― no sabía que tenías visitas.

Por supuesto que lo sabías quise decirle, pero en eso mi amigo fue hábil y dentro de su torpeza se incorporó, extendiendo la mano hacia Edward, lo saludó regalándole una sonrisa.

― Jasper Whitlock, un gusto.

Edward respondió el saludo, no sin antes darle una mirada amenazadora y arrebatarle prácticamente la niña de los brazos. Desde luego que Nicole empezó con su pa-pa. Repetía todo el tiempo esa palabra.

― Soy Edward Cullen, el padre de Nicole.

Quise poner los ojos en blanco. Edward no necesitaba presentación para que supieran que era el padre de mi oruga.

― Así que tú eres el famoso Edward Cullen ―dijo Jasper― has sido el tema de conversación de mi amiga.

Con la debida confianza que le tenía tomé un almohadón y lo estrellé en el estómago de Jasper.

Mi amigo rio entre quejidos mientras que Edward se mantuvo con su mueca intacta y sus ojos clavados en mí.

― ¿Pasa algo, Edward? ―me dirigí a él. Empezaba a incomodarme su mirada.

― Estuve intentando comunicarme todo el día contigo, Bella y no respondiste ―su voz sonó a reclamo― quería saber de mi niña y su malestar con los dientes. También quería saber de ti, si estabas bien o necesitabas de mi ayuda.

― Edward… ―tomé de su mano y lo llevé a la cocina, poniendo distancia para que mi amigo no escuchara―. Te había comentado que Jasper nos visitaría y que muy probablemente no podría responder tus mensajes o llamadas, te dije que si algo pasaba con mi oruga te hablaría de inmediato. Pero que si no lo hacía no tendrías porqué preocuparte.

― No me gusta que estés sola con un hombre ―articuló de una forma escandalosa.

― Es Jasper ―susurré. Pretendiendo que bajara la voz,

― Y menos uno tan joven que te come con la mirada. No me agrada.

Mi oruga bostezó, frotó sus párpados con su puños y apoyó la cabecita en el hombro de su padre. Quería dormir, sentirse en los brazos de él como cada noche se había vuelto una costumbre para ella.

Edward reconoció lo que nuestra niña quería porque no dudó en arrullarla y dejar suaves palmaditas en su espalda.

― Tú también me comes con la mirada ―mascullé, apresando mi labio entre mis dientes.

― Es distinto ―su voz fue baja y ronca, dio un paso hacia a mí― tú eres mía, Bella, necesito que me lo confirmes.

Junté las cejas mientras me perdía en su mirada.

― ¿Cómo?

― Tú eres quién decide qué somos, Bella. No quiero una relación a medias, sino que lo quiero todo. ¿Qué quieres tú?

Dejé escapar el aliento.

Mi pensamiento fue claro; yo también lo quería todo.

― Por supuesto que también lo quiero todo, te quiero a ti.

Aprecié el brillo en sus ojos verdes, su semblante se relajó y terminó esbozando una petulante sonrisa.

― Era justo lo que necesitaba escuchar ―susurró.

Su brazo alrededor de mi cintura, fue firme. Me acercó a él, cerré mis ojos al momento que sus labios se posaron en los míos.

No me resistí y correspondí su beso, poniéndome de puntillas me aferré a sus bíceps y mi boca a sus labios.

Escuché un carraspeo que sabía bien de quien provenía y me separé con rapidez poniendo distancia me volví hacia la encimera tratando de limpiar la superficie ya limpia.

― Bella… ―Edward me hizo voltear hacia él― ¿desde cuándo eres tímida?

Suspiré.

Intuí que mi amigo no había intervenido por otra cosa que no fuera para ser honesta con el hombre que me pedía una oportunidad.

La cabeza de mi oruga empezó a resbalar del hombro de Edward, logré pon3r mi mano y asi evité que despertara. Miré al hombre frente a mí y tomé su mano llevándolo a mi habitación y deseándole buenas noches a Jasper.

― ¿Has algún problema en que tu amigo nos vea besándonos? ―inquirió al tiempo que acostaba a mi oruga en el medio de la cama―. ¿Te pusiste nerviosa?

― No es por él ―confesé―. Sino porque seguro ya no querrás estar conmigo cuando te diga la verdadera razón del porqué no me acerqué a ti en mi embarazo.

Exhaló ruidosamente. Sus manos habían acunado mi rostro, mirándome con ternura.

― No creo que mis sentimientos cambien por una confesión, Bella. Así que dime, confía en mí, quiero que conozcas el hombre que soy y te olvides del ogro qué crees que soy todo el tiempo.

Tomé una bocanada. Estaba lista para hablar.

Si íbamos a tener una oportunidad para nosotros, sería sin secretos…


Hola. Salió otro pequeño secreto, veremos cómo reacciona Edward porque sabemos qué no se queda callado. Espero que este capítulo sea de su agrado, les agradezco mucho su apoyo, ¿qué opinan?

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