Aunque Sora fuera un gato en ese momento se pudo dar cuenta que colmillo de acero, puesta delicadamente sobre un pedestal en la cabecera de la cama vibraba. Al transformarse en su forma humanoide se lanzó a la espada que inmediatamente lo repelió como si fuera un campo de energía.

—¡Tiene que ser un chiste! El joven Inuyasha está en peligro — murmuró el pequeño gatito.

Pronto escuchó el timbre de la puerta sonar y agradeció que Izayoi ya llegaba y como Sango no vivía lejos él podía pedirle ayuda, saltó por la ventana que estaba abierta ya transformado de nuevo en su versión felina. Caminó siguiendo el característico olor a rosas del perfume que usaba la joven Takahashi.

Al llegar a la casa de la chica la encontró entrenando artes marciales con su hermano Kohaku, Sora rascó la puerta corrediza para llamar la atención de Sango, ella giró la cabeza hacia el pequeño gatito reconociéndolo de inmediato, por el pasillo apareció Kirara que empezó a olfatearlo provocando que este se sobresalte haciendo reír al pequeño Kohaku.

—¿Ocurre algo, Sora? Hace tiempo no te veía por aquí — murmuró Sango y Kirara lo vio —¿Qué sucede Kirara?

Sora señaló hacia la dirección donde estaba la casa de Inuyasha, la joven miró al felino luego a Kirara y por último a Kohaku entendiendo que posiblemente su amigo de la infancia estuviera en peligro. Pronto ella corrió persiguiendo junto a Kirara al pequeño gatito Sora y detrás iba Kohaku para averiguar qué estaba sucediendo en ese momento.

—Lo siento Kohaku, vuelve a casa — Sango le pidió amablemente —, escucha Kohaku. Tengo el presentimiento de que podrías salir herido.

—¿En serio? — preguntó el menor —pero ese chico con orejas de perro que vino la vez pasada...

—Estará en riesgo por algo su gatito vino a verme — la chica sintió las garras de Sora en su pantorrilla —¡Condenado gato!

Sora gruñó molesto y continuó corriendo por el muro que separaba la calle con los patios, luego el felino saltó hacia la ventana de la habitación de Inuyasha y como pudo tiró a colmillo de acero de su pedestal. Tuvo que recurrir al uso de herramientas simples como un palo para poder bajarla y con el mismo logró sacarla de la casa por la ventana y tirarla al suelo frente a Sango.

—¿Qué es esto? ¿una espada? — cuestionó la chica confundida.

Al transformarse en su forma humana Sango ahora podía preguntarle acerca de esa extraña arma de otra época en un mundo donde prevalecían las armas de fuego y las bombas que atormentaban a la humanidad era precisamente cuánto menos peculiar.

—Es la legendaria espada colmillo de acero — Sora habló con calma —. Viene desde el periodo Nara y su creador fue un antiguo herrero llamado Totosai.

—¡¿Totosai?! — exclamó Sango —¡Es el anciano que Miroku y yo conocimos en Yokimura!

—Bueno... En ese caso tenemos buenas noticias ya no es necesaria tanta explicación — el gatito sonrió —¡No hay tiempo que perder! El joven Inuyasha está en peligro. Kirara.

La aludida se transformó en una enorme pantera de dos colas y con un rugido provocó a Sango el pánico más grande que haya tenido el su vida, la chica retrocedió y terminó cayendo al suelo luego de resbalarse con la espada; siguió retrocediendo alejándose de Kirara hasta chocar con un poste de luz y allí, la enorme pantera en la que su amada gatita se había convertido le ronroneó y luego le lamió la cara.

—¿Tenías miedo, Sango? — indagó Sora.

Esa pregunta le hizo hervir la sangre a la joven de cabellera castaña, ella no dudó ni un segundo en darle unos buenos coscorrones al pequeño gatito de Inuyasha, bien fuera porque estaba enojada con él por asustarla de esa manera o bien porque necesitaba desquitarse con alguien.

—La pregunta salía sobrando — Sora se tambaleaba lleno de chichones.

—¡Obvio me dio miedo, tonto! Soy una chica de secundaria, no una exterminadora de monstruos del periodo Sengoku — voceó la castaña —. Es que... No pensé que Kirara se pudiera transformar es todo.

Por la calle andaba Miroku con un estuche de una guitarra al hombro y una extraña cantimplora amarrada en su cintura, cuando dobló en la esquina y vio a ese inmenso tigre junto a Sango se apresuró a esconderse tras una pared creyendo que así podría evitar que lo viera, estaba aterrado pensando en que posiblemente aquella criatura se lo fuera a comer. Al volverse a asomar por la esquina de la calle no vio a esa bestia, corrió hacia Sango para verla bien.

Tan sólo bastaron unos segundos para que aquel chico, que ella en un principio detestaba, se preocupara por ella. Sango sentía su corazón latir con fuerza y en tan sólo una fracción de segundo, Miroku la abrazó con delicadeza creyendo que la había perdido.

—Miroku — susurró la chica sonrojada —¿Qué estás haciendo?

—Yo... yo creía que te había perdido — murmuró el joven —. ¿Llevas el bumerang? Esta enana pulga parlanchina me encontró.

Entre el dedo pulgar e índice de Miroku pataleaba una pulga con cara de anciano, Sango se acercó al joven y miró más cerca aquella criatura mientras Sora y Kirara estaban detrás de los dos adolescentes.

—Bueno... — la pulga habló haciendo brincar a Sango —. Me presento, me llamo Myoga.

—Te pareces al viejo que me vendió esta cantimplora — mencionó Miroku.

—Oh vaya, bueno ya creo que te explicó así que no hace falta — dijo la pulga —. Deberían estar acostumbrándose porque el joven Inuyasha es un semidemonio y su padre es un gran demonio.

—Maldición, es todo muy raro — Sango se llevó las manos a la cabeza —, primero Kagome luego Inuyasha, después un gato parlanchín, antier una gata de dos colas... hermosa por cierto y ahora una pulga.

Kirara maulló y se le encaramó al hombro a Sango, una gran diferencia con respecto a los otros tipos de youkai que ella había visto era precisamente que hablaban en cambio aquella nekomata no hablaba y se completaba más como un felino.

—Escuchen, les agradecería mucho si podemos llevarle la espada al joven Inuyasha — Sora se apresuró a decir —. No sé si son capaces de sentir el peligro pero el aire apesta a veneno.

—¿Veneno? — preguntó Sango —, miren eso allá.

A la distancia tras se pudo ver una explosión, Kirara inmediatamente rugió y se transformó en aquella gran pantera luego voló de regreso al dojo donde Sango vivía con ella sobre su lomo. Miroku levantó la espada y corrió con Sora y Myoga en sus hombros creyendo que su amigo de toda la vida estaría en peligro.

"Inuyasha, espero que estés bien" pensó Miroku.

(...)

Al otro lado de la ciudad y tras varios minutos de intensa carrera finalmente ambos hanyōs llegaron a la escuela de Aome con la diferencia que en el patio de la misma había una enorme serpiente blanca de casi veinte metros de largo.

—¿Qué demonios es esa cosa? — Inuyasha exclamó preocupado.

Aome saltó esquivando el mordisco de la criatura, los dos hanyōs se fueron en direcciones contrarias, al quedar junto a una caseta donde se guardaban algunos implementos deportivos Inuyasha vio a las amigas de su chica refugiadas adentro de esta cubiertas por aros de gimnasia, colchonetas y balones de voleibol. La mirada del albino se fue hacia una chica de dos trenzas que iba a ser atacada por la serpiente.

—¡Kagome! — exclamó Sakura, la chica de trenzas casi llorando.

La serpiente atacó a la chica y Aome, en acto valiente o suicida, recibió el mordisco, realmente una parte del colmillo de la culebra gigantesca hirió el hombro de la joven hanyō.

—¡Quita tu sucia boca de ella! — exclamó Inuyasha mientras sus garras brillaban —¡Toma esto!

Un fuerte rasguño propinado por él mismo le hizo perder un ojo al reptil, Sakura se quedó asombrada por la extraña naturaleza del amigo de su compañera de clases pero su alegría se terminó al sentir la cálida sangre de la joven Higurashi gotear sobre su cara.

—Aome... — Inuyasha susurró —¡Maldito! — él tronó su muñeca —. Voy a destruirte por completo.

—¡Tú! Tú hueles como ella. Esa humana que me selló en esa caja — exclamó la serpiente —¡Maldito hanyō, ella reencarnó en ti!

—¿Y qué si reencarnó en mí? Puedo destruirte con una flecha o usar mis garras para matarte. — el albino saltó hacia él.

En el aire dió una voltereta propinándole una fuerte patada que le hizo perder el equilibrio a la serpiente, el reptil gigante exhaló el veneno y entonces Aome dió un salto sacando a Yuka y Eri del cobertizo y junto a Sakura las dejó cerca de Ayame. El hanyō rasguñó varias veces pero sus ataques eran tan débiles que apenas y lograba arañar la parte superficial de la piel de la criatura.

Inuyasha le llamaba la atención a la serpiente dándole tiempo a Aome en planear una emboscada o eso era lo que la chica semidemonio pensaba. En el cobertizo dónde guardaban los elementos deportivos encontró un arco y una flecha, rápidamente se apresuró a tomar el arco y la saeta. Pero al ver la mirada de oro de aquel muchacho Aome notó una expresión que siempre veía en aquella mujer que estaba en sus sueños.

—¡Aléjate Kagome! — Inuyasha le gritó —. Te prometo que yo te voy a proteger.

—¡Qué bonitos los tortolitos, reuniéndose en otra era! — la serpiente siseó sarcástica.

En el ambiente el olor de los amigos de Inuyasha invadió las fosas nasales de Inuyasha, él solamente levantó su mano y el bumerang de Sango golpeó a la culebra para posteriormente enterrarse en la tierra; luego, Sora saltó del lomo de Kirara y con él cayó colmillo de acero el cual en un ágil movimiento de manos fue sujetado por Inuyasha provocando la transformación de la espada.

—Bien, ya solté el bumerang ¿ahora qué? Es demasiado pesado — Sango estaba nerviosa —, jamás había peleado así.

—Ejem... bueno, ya aprenderás... Ahora Miroku — Myoga ordenó.

Miroku soltó la tapa de la cantimplora e inmediatamente después un voraz vórtice fue tragando todo lo que estuviera al frente incluso el veneno pero era tan potente la ráfaga que él simplemente decidió tapar la botella y mantener la calma.

—Ahora todo depende de ti — exclamó la serpiente —¡Igual que hace quinientos año! — añadió riéndose.

El repentino sonido de un disparo se escuchó en el lugar y justo en la pared donde estaba acostada Ayumi apareció un agujero replicado en el pecho de la serpiente que segundos después se regeneró y en ese momento de debilidad Inuyasha aprovechó. Se concentró y dejó fluir su energía demoniaca en la espada adquiriendo la forma diamantina y de un sólo movimiento Inuyasha golpeó a la criatura con centenares de pequeñas lanzas de diamante. Finalmente la serpiente se desvaneció en el piso.

—No pensé que esto lo vería — una voz masculina se oyó en el lugar.

Luego cuando el polvo se desvaneció se permitió ver a la división fantasma de Hashira Corp, Sayuri llevaba dos espadas en la espalda, Joakim tenía una escopeta cargada y fue aquel que debilitó a la serpiente, Nikola solamente su hacha vikinga puesta sobre su hombro y por último Raquel, con una espada con el símbolo de "La Cruz de Santiago" sin ser desenvainada completaba el grupo.

—Así que tú eres el menor de los hijos del jefe — el de orejas, Joakim, se acercó a Inuyasha y lo olfateó —. Tienes madera de exterminador de demonios.

Rápidamente Sayuri corrió pasando por encima del que sea para ir a abrazar a su hermana, la pelirroja sólo derramó lágrimas creyendo que había perdido a su querida hermanita.

—Sayuri — Joakim miró a la joven estupefacto.

—Yo creí... te creí muerta — musitó la mayor llorando a mares —. Eres una irresponsable, yo... — el llanto no pudo dejarla hablar —. Te amo, hermanita. No quisiera perderte jamás.

Aome sintió las lágrimas de Sayuri sobre sus mejillas y simplemente se aferró a su hermana mayor.

—Yo... no hice gran cosa.

—Te ví... Eres una irresponsable pero si no tomabas ese riesgo, tus amigas morirían — Sayuri lloró.

—Inuyasha lo venció — dijo la pelinegra —, simplemente fui una espectadora más.

—Inuyasha — Sayuri se levantó y se limpió las lágrimas.

La luz del sol del crepúsculo iluminó levemente a Inuyasha que sosteniendo a colmillo de acero brindaba seguridad a todos, especialmente a Aome y los demás amigos de él.

—Creo que hablo por todos — Joakim guardó su escopeta —al decir que ustedes cuatro son una pandilla de irresponsables — Sango iba a protestar pero el extranjero la detuvo —pero debo admirar su valentía. Enfrentarse al demonio Whitesnake no es para cualquiera.

—Un grupo de adolescentes ganándole el lugar a ustedes, eso deja mucho que pensar — Inuyasha guardó su espada en la vaina —. En fin, necesito preguntarte algo — miró a Sora —. ¿Quién selló a Whitesnake?

Un silencio sepulcral invadió el lugar porque esa pregunta cayó de imprevisto al sabio gato, Sora miró a su amigo y suspiró con pesadez al escuchar eso. La impaciente Aome empezaba a ponerlo nervioso, Sango también quería saber y en especial Miroku, que aunque estuviera mirando su teléfono, estaba deseoso por saber lo que pasó.

—Whitesnake originalmente era llamada serpiente blanca del infierno — mencionó Sora —. Durante el periodo Sengoku muchos monjes y sacerdotisas intentaron hasta lo imposible por sellarlo pero fue imposible para ellos. Pero un día, varios años después de que La Perla de Shikon despareció y su batalla finalizó dos personas, un hombre semidemonio y una sacerdotisa se enfrentaron a él. Lograron sellarlo en esa caja en este terreno que se convirtió en esta escuela.

—¿Y qué pasó con ellos dos? — preguntó Sango intrigada.

—Fallecieron dos días días después — el felino soltó —, no fueron mordidos ya que su veneno no es tan potente sino que inhalaron sus gases tóxicos que él emanaba. Debido al largo tiempo de encierro Whitesnake se debilitó y estos gases apenas y afectan un poco a los seres vivos, tan sólo sentirán un mareo al rato pero estarán bien.

—¿Cómo se llamaban ellos? — Inuyasha preguntó interesado.

—No querrás saberlo — Sora habló seriamente.

—¡Vamos chaparrito! — pidió Aome jalándole la cola.

—Ya, ya, bájame, te lo voy a decir — la chica lo soltó —. Se llamaban Kagome e Inuyasha.

Los chicos semidemonios se quedaron totalmente sorprendidos, si de verdad ese suceso de la Perla de Shikon ocurrió realmente entonces las sospechas comenzaban a crecer como la espuma, Aome se acercó a Sora y lo levantó del suelo para luego ponerlo a su altura y encararlo.

—¡Entonces, Sora, ¿dices que Inuyasha y yo vivimos en otra época? — Aome gritó con fuerza.

—Estás en lo cierto — mencionó Sora con una mirada llena de temor —y debo decir que te pareces más al Inuyasha de esa era, especialmente porque eres una persona realmente estresante y arrogante. Además estás bien fea.

—Sora — Inuyasha lo llamó y le dió un coscorrón —¡No insultes Kagome! Ahora bien, cuéntanos cómo pasó eso en esa era.

—Nos vamos — Raquel tomó a Nikola del brazo —. Es cansino ver adolescentes discutiendo.

Con miradas asesinas tanto de Sayuri que se sintió ofendida al ver cómo metían en el costal a todos; claramente Raquel tenía más edad que la hermana de Aome pero se comportaba como una niña malcriada y ya empezaba a sacarla de sus casillas.

—Si somos adolescentes entonces ¿por qué te ves de trece años? — Inuyasha tomó la palabra, ahí se notaba algún rasgo del sarcástico Sesshomaru, su hermano mayor —, andas con pura gente mayor que tú.

—¿Qué has dicho, perro sarnoso? — cuestionó la pelirroja.

—Que tuviste que recurrir a un grupo de adolescentes para que te salvaran el pellejo, enana — sonrió Inuyasha.

—Ahora sí que te pusieron en tu lugar, Raquel — Joakim se mantuvo tranquilo —. Yo que tú me iría a casa con lo último de dignidad que te ha de quedar.

Raquel estaba enfadada, sí, apretaba con fuerza sus puños queriendo controlar su ira pero la sonrisa socarrona del hanyō albino la sacaba de cabales, recordaba que en Sesshomaru había visto esa expresión y vaya que le hacía sentir mucho odio a los Taisho, a veces.

"Es idéntico a Sesshomaru, maldito seas" pensó Raquel Grau.

—Higurashi... — llamó la hispana y Sayuri la vio —, no tú, la que tiene orejas de perro. Más te vale que no te metas en mi camino.