PRIMERO QUE NADA:
Gracias a CBt-1996 Por sus reviews, si me la quita me quedo sin nada.
Ya estamos cerca de la mitad del fanfic. n.n
Tan rápidos como llegaron los compañeros de Sayuri con la excepción de Joakim se marcharon de allí ya que no tenian interés en esa conversación, por algo habían puesto al hombre de orejas de perro y cabello corto que en apariencia se veía más joven que Nikola Hazić pero realmente era mayor.
—Bien, habla, enano — Aome se sentó en el suelo en posición de flor de loto —no tengo todo el día.
—Mi nombre es Sora — murmuró el gato —, de acuerdo. Les contaré pero joven Inuyasha, controle a su novia por favor.
Sayuri soltó una carcajada ganándose el odio de su hermana por unos segundos, las amigas de Aome se hallaban sentadas bajo el árbol donde se encontraron la caja de Whitesnake y bien que debían descansar tras esa experiencia traumática. Miroku estaba viendo en su teléfono el relato del demonio Whitesnake y allí encontró, en el buscador, varios bocetos y dibujos de aquellas personas a las que Sora se había referido. Sango no pudo evitar curiosear el teléfono de su compañero descubriendo que efectivamente estaba viendo esos bocetos y no cochinadas en páginas para adultos.
—Vamos Sora, Aome no tiene tanta paciencia como yo y sé que te va a dar un buen coscorrón — murmuró Inuyasha y escuchó de fondo una cachetada —, y tenía que ser Miroku que no borró el historial en el celular de Sango.
—Les contaré... — Sora suspiró.
[...]
Quinientos años atrás.
Tambaleante andaba una persona igual a Inuyasha cargando a su esposa, una mujer parecida a Kagome, una sacerdotisa que rompió las barreras del mismísimo tiempo. La joven mujer estaba casi inconsciente, con dolor en todo el cuerpo, náuseas y fiebre. El semidemonio cayó al suelo frente a un templo con la suerte de tener a un espadachín de cabello negro, vestido en la parte superior con un haori rojo y sus piernas cubiertas por un hakama negro.
Rápido el hombre corrió hacia ellos dos y soltó un grito llamando a alguien que Inuyasha no pudo escuchar bien, el veneno ya estaba esparcido por todo su cuerpo. Luego, unas horas después, Kagome con sus últimas fuerzas y la respiración forzada miró una última vez a Inuyasha.
—Te prometo que nos veremos en otra era — Aome sonrió una última vez.
El sonido de la respiración de la chica dejó de escucharse en el ambiente, eso quería Inuyasha, quería verla en otra era. Pero ahora que estaba todo en silencio y el futón le besaba el corazón no podía imaginarse seguir con su vida sin Kagome, su pecho dolía mucho, su respiración se le dificultaba, ya parecía que era su hora de marchar.
Era fuerte, sí, pero el veneno no pudo ser contrarrestado por aquella sacerdotisa que habitaba en ese templo a quien pudo oír llorando en sus últimos momentos. Finalmente Inuyasha falleció porque el veneno se expandió por todo el cuerpo.
Al lado de la habitación donde estaban los dos esposos, una joven sacerdotisa que estaba cercana a la edad de Kagome, lloraba desconsolada tras intentar y fallar en purificar el veneno en sus cuerpos.
—Doña Suzuko, no se sienta así — mencionó el espadachín —, hizo lo que pudo.
—¡Tú no entiendes, Shizen! — la muchacha exclamó y luego se dejó caer —... La energía demoniaca de ese chico y la energía espiritual de la mujer han desaparecido.
—Suzuko — Shizen mantuvo una expresión triste.
Finalmente la sacerdotisa aplicó los santos óleos a los esposos recién fallecidos hacía poco más de una hora, realizó unos rezos y junto a los habitantes de su aldea y un monje amigo suyo les hicieron un funeral apropiado para ellos dos. No había familiares a quién acudir para hablarles sobre la defunción de los dos jóvenes esposos.
—Lo último que escuché que dijo ella — Suzuko guardó con delicadeza el traje de sacerdotisa de Aome —fue que querían verse en otra era. Espero que sus almas lo puedan lograr.
—Vi aquel hombre llevar esta espada — murmuró Shizen mirando a colmillo de acero—doña Suzuko ¿usted no cree que sea una reliquia? Digo como era un semidemonio puede que... su padre o su madre se la hayan dejado en herencia.
—Es verdad — la joven de cabello negro estuvo de acuerdo —, Shizen... Creo que puede que el padre Youkai de este chico semidemonio puede que esté vivo. Hace dos días regresando de un encargo ví a un enorme perro en el cielo.
Tras unas plantas un pequeño gato negro de ojos verdes se escondía, no era ni más ni menos que Sora que en ese entonces ya era un bakeneko al servicio de Suzuko. En la noche la lluvia caía fuertemente mientras Shizen observaba a colmillo de acero, se sentía intrigado por saber si en verdad esa espada era normal o sobrenatural.
[...]
Silencio...
La única respuesta al relato de Sora acerca de Aome e Inuyasha en aquella lejana época del Sengoku, Miroku entendió perfectamente los sentimientos de su mejor amigo y este decidió acercarse a él.
—Entonces cada momento que pasé con ella fue porque el alma en mi cuerpo, es decir, el alma de aquella Kagome quería reencontrarse con su persona amada... De eso no tenía idea — murmuró el hanyō albino —. Todo esto es confuso pero ya entiendo un poco más lo que sucedió.
—Inuyasha — Aome lo llamó —. Creo que me gustaría estar un poco alejada. Es demasiada información para digerir.
—Bien... — él habló con calma sin salir del shock —. Yo iré a visitar a mi hermano.
Finalmente los dos chicos se separaron yéndose Aome en su patineta e Inuyasha en su bicicleta, las mentes turbadas de ambos los hacían sentirse confundidos todavía más. Ya estaban enterados que eran reencarnaciones invertidas no sabían cómo afrontarlo, era verdad que los aspectos como que Inuyasha sea el chico que siempre ayudaba a los que lo necesitan y Aome fuera algo agresiva de vez en cuando le daban pie a qué los vieran como el agua y el aceite.
En la escuela tras haber escuchado el relato que realizó Sora a todos, cada uno tenía que sacar sus propias conclusiones acerca del asunto. El primero en hablar fue Miroku, no cambiaba así su estoica expresión facial, como si de un verdadero acertijo se trataba el bakeneko intentaba hacer todo lo posible por descifrar al joven estudiante y vio, nuevamente, la silueta de un monje budista superpuesta sobre el chico.
—Quiero hacerte una pregunta — Miroku se puso a su altura —, ¿la persona que selló este monstruo serpiente tenía un parecido con Higurashi?
—Correcto — afirmó Sora —, sin embargo reencarnó en Inuyasha.
—Y entonces dices que el Inuyasha de aquel entonces también falleció — Sango dijo con seriedad —. En ese caso, él reencarnó en Kagome.
—Es correcto. Denle tiempo a ambos para procesar todo. Lo necesitarán — Sayuri Higurashi mencionó —. Buscaré a mi hermana. Joakim ¿Me prestas las llaves del auto?
—Claro — le respondió el extranjero —, cuídate.
Sayuri le sonrió a su amigo y compañero de aventura con la convicción de que así sería. La hanyō de pelo rojo casi anaranjado condujo por un buen rato persiguiendo el aroma de su hermana que la guió ni más ni menos que al templo de su abuelo, ella subió y no vio a Aome por ningún lado. Continuó olfateando el aire y la encontró en el templo del pozo devorador de huesos, estaba sentada en las escaleras viendo hacia ese viejo pozo con la mirada perdida en él.
—Oye — Sayuri le llamó —estará bien todo, hermanita. Sé que no hay manera de volver al periodo Sengoku y hablar con tu antiguo yo, pero estoy segura que tendrás una gran vida.
—No es eso. Yo ya sabía de eso desde antes de volver a Yokimura, el asunto es que... Puse en peligro de nuevo a Inuyasha.
—Inuyasha te preocupa ¿no es así? — Sayuri quiso corroborarlo.
—Sí. Yo lo quiero mucho pero él está enamorado de otra chica — murmuró la menor —. Sango. Y es amiga mía.
—Pero ya avanzaste a segunda base porque ya lo besaste — la mayor sonrió levemente —, le has marcado un golazo, tía.
—Habla bien, Say — la de orejitas se rio, amaba cuando su hermana mayor hablaba como española.
