Pateando una piedra en las impecables calles de Tokio Inuyasha empujando su bicicleta andaba tratando de dar con el paradero de su siempre enigmático hermano mayor Sesshomaru, y justamente al doblar en una esquina lo vio subirse a un lujoso auto deportivo de cierta marca alemana de tres letras, BMW, Inuyasha entonces se subió a su bicicleta y pedaleó muy rápido y fuerte al punto que la cadena se rompió junto con el manubrio. Sesshomaru lo vio estrellarse contra un poste y soltó una imperceptible risa.

—¿Te estrellaste? — indagó lo obvio el mayor.

—No, el poste estaba triste y lo fui a abrazar — dijo el menor con tono sarcástico sujetando su nariz —. ¿Podrías llevarme a casa? Tengo que dejar esto — le mostró la espada que Sora le había traído.

—Sí, seguro — Sesshomaru respondió —por cierto, dale saludos al poste.

—Y eso que no venía texteando — respondió el chico y al ver su bici quedó molesto —¡Ay no puede ser!

—¿Te rompiste un brazo? — el youkai miró a su hermano con una sonrisa burlesca.

—Ojalá fuera eso — masculló el muchacho —¡La bici se dañó!

Para Sesshomaru era algo tan banal pero para Inuyasha ese caballito de acero era el recuerdo más cercano que tenía de su río Shinzen, aunque claro también estaba su inmensa biblioteca en casa de su tío ahora propiedad de su madre que convirtió en una floristería que atendía una amiga de la familia.

El hanyō se subió al automóvil y cuando se sentó en la parte delantera Sesshomaru le aplicó loción al chico, con algo de molestia el hanyō vio a su hermano mayor confundido ante la acción pues eso era extraño. Luego lo vio salir y darle la vuelta al carro para meter la bicicleta en el maletero, notó que en los ojos dorados de su medio hermano mayor había una extraña expresión de preocupación.

—¿Sabes que día es mañana? — cuestionó el youkai encendiendo el carro.

—¿10 de septiembre? — preguntó el menor y recibió una palmada en la cabeza —¡¿Qué te pasa tonto?!

—Animal mañana cumple años mi madre y quiere verte con Izayoi — mencionó Sesshomaru con enfado —, y también lleva esa mocosa pelinegra.

—¿Kagome? — preguntó Inuyasha.

—Cómo mierda se llame.

—Tienes un humor de perros — el joven miró por la ventana.

Normalmente los dos se estarían dando de a golpes o bromeando hasta hacer rabiar a sus madres, pero esta vez el hanyō tenía una extraña pero tranquila mirada en su rostro, el olor que emanaba su hermano se notaba algo menos enérgico. Casi parecía estar como fuera de el plano terrenal y pensando en cualquier cosa, antes de llegar a casa de Izayoi, el mayor detuvo en una pequeña clínica administrada por Suikotsu. Llevó a Inuyasha al consultorio en dónde, además de todo implemento médico de cuyo nombre se sabe, había una máquina de rayos x.

Al hacerle una radiografía al hanyō no hubo ninguna novedad, ni hueso roto, ni nada por el estilo talvez que se haya roto el tabique con el golpazo que se dió Inuyasha contra el poste. Inuyasha se quedó afuera en la sala de espera a la expectativa de saber qué tenía o intentar conocer de lo que hablaba su hermano con ese hombre llamado Suikotsu.

—Por lo que veo, Sesshomaru, tu hermano Inuyasha está bien talvez sea ese golpe de la nariz lo más grave pero estará bien en unas horas — dijo Suikotsu —, además ¿no que te caía mal?

—Eso lo dije porque no me interesa que se metan en mi vida privada, Suikotsu. Además ¿quién te dijo que yo odiaba a Inuyasha? — murmuró el albino y luego esbozó una sonrisa —si le vuelves a decir algo te rompo esa cara.

—Bueno, solamente necesita un poco de reposo y estará bien — el doctor miró por la ventana para luego susurrar —qué carácter.

Finalmente salieron de la clínica cerca del vecindario dónde Inuyasha vivía con su madre, por su parte Sesshomaru no decía ninguna palabra, es verdad que normalmente se peleaban por nimiedades y en raras ocasiones llegaban a los golpes, esta vez el ambiente se sentía distinto, como más tenso de lo usual.

—¿Qué te pasa, Inuyasha? — la voz de Sesshomaru le hizo salir del trance.

—Nada... — murmuró el menor —es sólo que todos esos sueños raros de una supuesta vida pasada o algo así me ponen de mal humor.

Genuinamente Sesshomaru se mostraba preocupado por su hermano menor, al parecer bajo esa coraza de frialdad que siempre llevaba había un corazón que tenía miedo a ser descubierto o que no tenía intenciones de ello.

—Y ahora súmale el hecho de que tengo un concurso de talentos en dos semanas y no he podido encontrar a un bajista y un baterista — Inuyasha se llevó las manos a la cabeza.

—Vas a necesitar ayuda — afirmó el albino.

—¿Y se te ocurre alguien? — el menor se notó confundido.

El silencio de Sesshomaru no hizo más que acentuar las dudas de Inuyasha que ya empezaban a ser notorias durante el trayecto de regreso a casa, el ambiente se sentía tenso aunque cauteloso en su actuar el youkai solamente inquietaba al joven hanyō. Al llegar a casa Inuyasha descendió del vehículo sin decir una palabra y entró a su hogar dejando de lado la conversación con su hermano para después, casi en simultáneo Sesshomaru tomó su teléfono para llamar a alguien.

—¿Aló? Kagura — saludó el youkai.

—Sesshomaru — la tal Kagura habló al otro lado de la línea telefónica con sopor —, nunca me llamas y ahora lo haces cuando en Medellín son las dos de la mañana, espero que tengas una buena explicación para que llames a esta hora

—Bueno, espero que estés enterada de lo que ha sucedido en Asia en las últimas dos semanas — Sesshomaru se notó serio en su voz.

—No es sólo allá — Kagura respondió —, sucesos extraños han aparecido, no solo aquí en Colombia, sino que también en países cercanos. Ecuador, Brasil, Perú y Panamá ha habido esas extrañas muertes.

—Bien, habrá un concurso de talentos a finales de septiembre así que quiero que me digas alguna de esas bandas de rock que tanto te gustan — mencionó el mayor de los Taisho —, así que ese es el favor que necesito que me hagas.

—Bueno, verás... Hay DEMASIADAS bandas que pueden hacerles cover — la mujer respondió —pero te escribo en la mañana que es muy tarde. Y deja ese vicio de llamar la gente en su hora de descanso — añadió gritando y colgó.