Sentados como dos niños chiquitos regañados estaban Sesshomaru e Inuyasha en la mesa compartiendo una cena, Irasue miraba sonriente a los dos hermanos mientras Izayoi no paraba de ver de forma recriminatoria a los dos jóvenes. Ellos se reían como dos desquiciados de la expresión de aquella bella dama madre del hanyō.
—Si ya sabes cómo se ponen ¿para qué los dejas solos? — Irasue sonrió tranquilamente —, Sesshomaru e Inuyasha son dos chicos jóvenes, déjalos ser.
—Ah — Izayoi suspiró —, pero son una combinación explosiva. Aunque siento que son... demasiado irrespetuosos.
—Sí, a veces mis primos me caen mal — la niña les sacó la lengua.
Sesshomaru e Inuyasha la miraron por encima del hombro en una coordinación casi perfecta, la niña siguió pegada del celular viendo a sus amados coreanos casi al tiempo que los hermanos Taisho estaban en silencio y eso era que tramaban alguna que otra travesura.
—Nozomi — Irasue la regañó —, ay por favor Kazumi.
—Déjala, tiene catorce años — la mencionada, también una bella Youkai de cabello níveo siguió comiendo —más bien quiero hacerte una pregunta Inuyasha.
El aludido se detuvo al momento de escuchar la voz de su "tía" por parte de su otra "mamá", Kazumi miró con seriedad a Inuyasha haciéndolo sentir algo intimidado aunque los orbes dorados de su hermano mayor le devolvieron la seguridad.
—¿Cuando te pintaste el cabello? — preguntó la mujer frunciendo el ceño.
—Eso no es tu asunto — Sesshomaru respondió por Inuyasha —, Inuyasha tiene edad suficiente para hacerse lo que se le dé la gana si su mamá le da el permiso — procedió a levantarse de la mesa y mirar a su hermanito —, vámonos.
Los dos hermanos salieron de la casa hacia la parte frontal donde se apreciaba la calle, lejos de las ácidas críticas de Kazumi Kimiinu, la hermana menor de Irasue, las cuales podrían herir la sensibilidad de Inuyasha. Ambos estaban en silencio como expectantes a cualquier cosa que pudiera pasar en el ambiente, ninguno se movía y tampoco mostraban demasiadas emociones.
—¿Sabes una cosa? — Inuyasha rompió su silencio y el mayor lo miró —siento que en una vida pasada pudimos habernos odiado y por eso talvez tratamos de llevarnos bien.
—No digas estupideces, Inuyasha — masculló Sesshomaru —, sería absurdo si yo te odiara sólo porque eres hijo de otra mujer que no es mi madre. ¡Qué anticuado!
—Pues sí, es verdad — el hanyō se mantuvo sereno —, ¿Qué horas tienes?
—Ocho y cincuenta de la noche — murmuró Sesshomaru —, háblame de esa chica llamada Kagome o Aome o como se llame.
—Bueno dice que se crió en Londres o que vivió en Manchester, ella es rara. Bueno en el buen sentido — afirmó el menor —, he estado considerando invitarla a salir.
Sesshomaru esbozó una sonrisa pequeña orgulloso de su hermanito que de por sí no era el don Juan que podría ser Miroku, aunque sí era consciente, que como a él, las mujeres le llueven a cántaros, pero él parecía tener poco interés en eso con su cara de tipo malo y su rostro maquillado para ocultar sus marcas de luna creciente y rayas en las mejillas.
—¿Ya tienes miembros para tu banda en ese concurso aburrido? — indagó Sesshomaru quitándose los kilos de maquillaje que debía usar a diario para ocultar su herencia Youkai.
—Tengo a Sango a la voz; Miroku, la guitarra; yo, en los teclados y nos falta un baterista y un bajista — Inuyasha respondió sincero —, pensaba en Koga Yamasakido para la batería pero... no lo he visto.
En la portada del edificio estaba el aludido, llevaba una camisa negra, unos jeans desgastados claros y su cabello suelto, además de ir calzando unos zapatos cerrados de color blanco de cierta marca alemana.
—Como siempre tan lento, bestia — Koga saltó la barda y se puso frente a él —, acabo de llegar hace unos meses.
—Y ni siquiera saludas a tu amigo de la infancia, lobo rabioso — Inuyasha lo encaró fingiendo enfado y luego se abrazaron.
—Por supuesto que fui a buscarte, idiota. Tu madre me dijo que te habías ido con tu padre a una excursión o yo que sé — mencionó el lobo —oye Sesshomaru, Bankotsu me comentó que alguien rompió el parabrisas de su auto y yo sé quién fue. Esa chica inglesa.
—¿Te refieres a Higurashi Kagome?
Koga caminó alrededor de los dos hermanos con una sonrisa en sus labios.
—Ah con que esa chica es japonesa — murmuró él.
—Nació en Tohoku pero se fue a Inglaterra — mencionó Inuyasha
—Pues no aprendió modales — masculló el muchacho pelinegro —, es como lidiar con Sesshomaru en sus días de mala vibra.
El aludido Youkai le enseñó el dedo del medio mientras Inuyasha se carcajeaba al ver la reacción de Sesshomaru ante las ácidas palabras de Koga, era sencillamente divertido ver a los dos conversar tranquilamente sobre cualquier cosa.
—Un momento — Koga le agarró las orejas a Inuyasha —¡Ya rompiste tu sello, bestia! Si Ayame te ve se te tira encima — mencionó él sonriéndole —¡A ella le gustan los perros!
—¿De qué hablas? ¿Ayame volvió de Argentina? — cuestionó Inuyasha sorprendido.
Koga vio los ojos dorados y entonces comprendió que algo en su amigo de tantos juegos en su calle estaba entusiasmado por volver a ver a esa joven pelirroja, era una alegría inusual pero comprensible para aquel que estuvo sin verla por casi tres largos años. Pero recordar la agresiva y efusiva sonrisa de Kagome opacaba el recuerdo de aquella chica de bellos ojos esmeralda.
—Oye — Sesshomaru llamó a Koga —, Inuyasha necesita un baterista.
—Sesshomaru — el menor replicó algo molesto.
—Por supuesto que sí, cuenta conmigo — mencionó el chico pelinegro guiñando un ojo —todo por mi amigazo de la infancia.
Era cierto que de los dos varones frente a él, el que menos le agradaba era Sesshomaru, son contadas las ocasiones en las que Koga como el poderoso Youkai hablaban de manera más civilizada y sin tanto alboroto. Aún en las oficinas de Hashira Corp estaba ese alboroto por los asesinatos sin duda alguna que ni las autoridades públicas habían podido encontrar los culpables.
Al celular de Koga llegó una imagen de una mansión al estilo japonés dónde varios vehículos de marcas de ese país se reunían a planear sabrá Dios qué, el lobo miró entonces por la reja del edificio y, luego, por el rabillo del ojo observó a Sesshomaru estar allí de pie también mirando el celular.
—¿Te ha escrito tu novia? Deberías irte antes de que pase cualquier cosa, Koga — mencionó Sesshomaru.
—Sí, tengo que irme — el lobo respondió mientras guardaba el celular —. Salúdame a tu mamá, Sesshomaru, feliz cumpleaños.
El aludido le respondió subiendo el dedo medio pues lo consideraba ofensivo para la señora Irasue, su señora madre, luego vio a Koga irse como en un tornado tan repentino como vino a la mansión de los Taisho. En ese momento, los hermanos volvieron adentro para seguir acompañando a sus respectivas madres en ese cumpleaños.
Koga dobló en una esquina en dónde una furgoneta negra lo esperaba, un par de manos lo sujetaron del cuello y lo metieron al automóvil que arrancó de inmediato dejando el rastro de neumáticos quemados sobre el pavimento de la calle.
