—¿Se encuentra bien, señorita Briar? —consulta Frederick, preocupado.
—¿Huh? Si…de maravillas —expresa jovial la muchacha— ¿Por qué la pregunta…?
Mansión de la familia Briar. 19:00PM.
—Es que…no ha dejado de moverse de un lado a otro como un león enjaulado —profiere el mayordomo, abombado—. La noto muy inquieta. ¿Es por el trato que debe cerrar esta noche con el joven Forger?
—¿Qué? ¡Ah! ¡No! ¡N-nada de eso! —reniega Yor, un tanto nervuda—. Es solo que pensaba en mi hermano. Se supone que vendrá esta semana.
—Pero aun es martes recién. El llegará el sábado —explica el mayor.
—¿De-De verdad? Vaya, que distraída —carcajea Briar, fingiendo demencia— ¡Por unos momentos pensé que era hoy! Jejeje…
—Mhm…no es muy buena fingiendo, cuando algo llama su atención —el hombre se acerca a ella, acomodando profesionalmente el listón sobre su cuello—. Le recomendaría relajarse por el momento. Si se mueve demasiado, podría estropear el elegante atuendo que ha elegido para esta velada.
—¿En serio? Dios. Creo que…—recula la pelinegra, pesarosa—. Mejor me quedo quieta ¿No? —se sienta, mas rígida que otra cosa.
—Que tierna —sonríe—. Descuide. Todo saldrá a la perfección.
—¿Me veo…presentable? —cuestiona la muchacha, masajeando la punta de sus cabellos con desvelo—. Hoy fui al salón de belleza y me recorté un poco. ¿No me habré excedido? ¿Este color de labial no me hace parecer muy atrevida? Siento que el rojo no me viene…
—Señorita Briar —Frederick se le adelanta, sentenciando—. Usted es como una bella rosa en un jardín imperial. Sin duda el carmesí, es su tono. Nada de lo que se haga, desafinará. Déjeme decirle, que hoy se ve radiante. Estoy seguro de que cualquier hombre con el gusto adecuado, sabrá notar su hermosura. Incluso si se trata del joven Forger.
—¿Eh? ¿Lo-Loid? N-no es lo que estás pensando —espeta nerviosa, la menor—. No es que me haya arreglado específicamente para el ¿Ok? Solo fui a por lo de rutina…ya sabes —dice, ruborizada—. Además, los clientes de esta noche son importantes. Era necesario.
—Comprendo. Se lo está tomando muy a pecho y es muy profesional —asiente, optimista—. Es solo por trabajo y está bien. No debe temer. Siga así. Lo hace estupendo. Confíe mas en usted y su perfección.
—Gracias por confiar en mí, Frederick —confiesa Yor, encantada con sus halagos—. Aunque ahora mismo…—añade, examinando el reloj de pared—. Loid ya se retrasó ¿No? Dijo que estaría aquí a las 19:00. Y ya son las 19:05. ¿Le habrá pasado algo? —observa por el ventanal.
—Son solo 5 minutitos. Si que está muy ansiosa —piensa, tranquilizándola—. No creo. Posiblemente el trafico estaba fatal y lo tomó por sorpresa.
—No me va a dejar plantada ¿Verdad? —insinúa Briar, apenada—. Si no llega…
—Ya veo. Lo comprendo mejor ahora —niega con la cabeza—. Nunca. Se ve que el señor Forger es muy metódico. Y…hablando del rey de roma —asoma la visual por el balcón—. Ya llegó su vehículo. ¿Desea que lo haga pasar y-…?
—¡Loid ya llego! —Yor brinca ávida del sofá, corriendo hacia la entrada— ¡Me tengo que ir! Trae los objetos, rápido.
—En…en seguida, jeje…— Al menos disimule un poco…
[…]
Tsk, malditos Berlintneses irresponsables y poco resolutivos. Por poco y me hacen retrasarme mas de la cuenta. Si no fueran un fiasco a la hora de conducir, no hubiera tenido que tomar una ruta alternativa. Me vi forzado a improvisar 4 callejuelas para poder cumplir con el horario. Y a pesar de estar consciente de que me demoré un poco, afortunadamente no me despojó mas de 5 minutos en llegar a la mansión. Sopesé la idea de que Yor estaría decepcionada por mi desempeño. Seguramente, me regañaría. Me bajé tan vertiginoso, que olvidé quitarme el cinturón de seguridad. Casi me ahorco en el proceso. Puta mierda. Algo asfixiado, fingiendo no haber sido victima de un suicidio perenne, corrí hacia la entrada y me acomodé el sombrero. Aquí no ha pasado nada, señores. Vengo repuesto y muy elegante por lo demás. Escogí el traje de la sastrería más costoso que había. Hecho a medida. Azul marino, con un corbatín refinado, guantes de cuero negro y zapatos azabache de la mejor calidad. Se que vine por trabajo. Supuestamente, a llevarla a una lujosa reunión de la elite más acaudalada, para adquirir objetos valiosos. Pero para mí, esto es una cita. Una verdadera cita oficial. Una de las muchas que pretendo llevar a cabo hasta por fin…enamorarla.
Como sabía que mi retraso podría haberla importunado, accedí a traer conmigo un as bajo la manga. Un ramo de flores, sin duda. Pomposo y con una infinidad de madrigales. Tentado a tocar el timbre, la puerta se abrió de golpe delante de mí. Esperaba ser atendido por el mayordomo primero. Ya tenia un discurso ensañado de coqueteo pueril. No obstante, mi impresión fue aun mayor tras notar que quien me había abierto…era Yor Briar en persona. Y me recibió, con una sonrisa de mejilla a mejilla que me robó el aliento.
—Hola, Loid…—saludó la fémina, atolondrada—. Te tardaste.
—Solo 5 minutos…—tragó saliva, paralizado—. T-Te pido mil disculpas, Yor. El trafico estaba imposible. Me vi forzado a saltarme un par de señaléticas. Tomar vías de emergencia. No suelo llegar tarde a ningún lado. Yo no-…
—¿Son para mí? —propone Yor, curiosita.
—¿Eh? —despabila, cayendo en cuenta que aun mantenía las flores entre los dedos— ¡S-Si! ¡En efecto! ¡Son para ti! Jejeje…un…pequeño presente. Una menudencia, en agradecimiento por aceptar trabajar conmigo.
—¿Una menudencia? —acepta Briar, complacida con su escueta muestra de afecto. Recibiéndolas a gusto, las olisquea—. Están maravillosas, Loid. Muchas gracias. No creo que sean algo poco.
—¿Eso significa que si le han gustado? Que alivio. Creí que me las tiraría por la cabeza —exhala Forger, desahogado—. Tienes razón. Discúlpame si sonó hosco de mi parte. En realidad, las vi en la tienda y no pude evitar pensar en ti. Son tan hermosas como tú.
—¿Te parezco hermosa? —murmuró timorata la chica, ocultando un rubor lascivo tras aquel ramo.
—Sin duda. Sobre todo, esta noche —confesó Twilight, templado—. Te ves maravillosa. Ese vestido te sienta muy bien. Se ve que te recortaste las puntas de tu cabello y el labial, es simplemente sublime. De seguro pasaste horas en el salón. Mereces ser halagada por donde se te mire.
—¿Ha notado que me hice algo en el pelo? Este hombre es…—Briar simula no caer en un pseudo desmayo ante tanta algarabía. Estoica, pero a la vez fascinada por sus palabras, le entrega el presente a su mayordomo—. Tu…tu también te ves muy guapo esta noche, Loid. Muy bonito tu traje y si bien no te hiciste nada en el cabello, ese corbatín resalta tus ojos.
—¿Te gusta? ¿Me veo bien? —bromeó el rubio, dándose un giro inofensivo—. Me vestí para ti. No quería desentonar. Una mujer distinguida necesita de un chico distinguido igual.
—Jajaja…eres tan gracioso —expresa, risueña cual niña pequeña. Sin duda le ha fascinado—. Yo creo que hacemos una buena pareja juntos. ¡Digo! Profesionalmente hablando, claro.
—Somos amigos ¿No? — Por el momento —le ofrece su brazo— ¿Nos vamos?
—Sip. Ya tengo todo listo ¡Frederick! —demanda la pelinegra—. Lleva las maletas al auto.
—En seguida, señorita.
—Ven conmigo. Hay un sequito de ambiciosos que nos necesitan —bufa el rubio, acarreándola hacia el carro—. Por cierto. ¿Franky no vendrá?
—Lamentablemente no puedo despacharlo esta vez —suspira, tomando su antebrazo—. Pero prometió no meterse. Irá más atrás.
—Damas primero —le abre la puerta.
Esto esta saliendo de maravillas. Yor se ha mostrado afable y muy abierta a compartir conmigo, aprensiones mas intimas de lo habitual. Soy un fiel convencido de que ella también ve este encuentro como una potencial cita amorosa. Es mi oportunidad mas apremiante de abordarla como futura pareja. En cuanto llegamos al evento, un sinfín de rostros y personajes de alta alcurnia nos recibieron. Todos ellos, mostrando briosos su encanto por nuestros atuendos. Y sin duda, dándome ínfulas y créditos a mi calidad como anticuario. La fachada que he construido en base a mentiras y engaños socarrones. Ya nadie aquí podría si quiera especular algo que no fuese de cara a mi personalidad. El trato que sellamos con Handler la otra noche, hizo que la voz corriera de cara a los generales Ostanianos. Holson se encargó de pavimentar mi camino entre su propio circulo, declarando aprensiones maravillosas hacia mi persona. Quien desee desconfiar de mi trabajo, simplemente es un estúpido ignorante que no entiende de arte.
Mas allá de desempeñar ser un devoto acólito de una elegante dama de sociedad, también tenia en mente convencer a otros de que podían hacer negocios conmigo. Así que me dediqué a pavonearme entre algunos, esparciendo historias idílicas sobre mis conocimientos. Invitándolos a prescindir de mis servicios. En mas de alguna ocasión, me dejaron sus tarjetas de presentación. Convencer a un hombre de sellar tratos conmigo era demasiado cómodo para mí. El verdadero reto, era engatusar a sus esposas. Porque mas que mal, por mucho que lo nieguen, un hombre casado no haría nada si su mujer le presentara aprensiones. Yo ya era experto en saber como manipular el ambiente a mi favor.
Para la mitad de la noche, el 90% de esas amas de casa, cayeron rendidas a mis encantos. No solo querían invertir sus ganancias conmigo por ser un ávido conocedor. Si no que muchas de ellas, eran mujeres desatendidas en ámbitos mas íntimos. Sus maridos no las complacían en la cama. Ni mucho menos cavilar en el romanticismo. Así que juguetear un poco con sus débiles corazones, era pan comido para mí. Recitarles uno que otro poema gallardo, las derretía.
Yo no era un hombre exquisito a la hora de elegir una víctima. No me voy con favoritismos. Me daba lo mismo si cursaban los 30 o los 90 años. Mientras fuese una potencial fuente de ingresos para mí, era más que suficiente. Convenientemente para mí, Yor no se manifestaba ser una chica celosa. Por alguna razón que desconozco, se mantuvo en todo momento muy imperturbable a la hora de verme dialogar con otros. No sé si porque no conocía a los hombres. O porque su amor propio rebasaba la cordura. ¿Podría ser verdad aquello que me confesó esa noche? ¿De que quería ser mi cómplice? No estaba al tanto de sus sentimientos, mas que de los míos. Que de por sí, ya eran bien confusos. Solo esperaba que, al finalizar la noche, no cuestionara nada de lo que hacía.
¿Habré hecho un buen trabajo? ¿La había convencido de que solo tenia ojos para ella? Sonaba demasiado soberbio, llevando tan pocos días de confianza. ¿Qué estará pasando por su mente ahora? La vi conversar muy concentrada, con sus amigas del trabajo. A un costado derecho del salón. Me pregunto ¿De que hablarán?
—Ese chico, Loid Forger —masculló Camilla, desconfiada—. No me da buena espina.
—Por favor, no empieces con tus cosas raras —berreó Millie, hastiada—. Siempre haces lo mismo.
—¿Qué cosa hago?
—Apabullar a otras —decreta Myers—. Yor nunca ha salido con nadie. Ni si quiera ha tenido novio antes. Permítele ser feliz.
—¿Ahora yo soy la mala por querer cuidarla? —esboza ofendida, la rubia.
—No eres mala —acota Sharon, malograda—. Solo algo envidiosa.
—¡¿Qué dicen?! —chilla de vuelta.
—Chicas, por favor —advierte Yor, afrentada—. No hace falta que se peleen por mí. Se que cada una de ustedes tiene sus aprensiones. Y agradezco de todo corazón que quieran velar por mi seguridad. Pero creo que me están pre juzgando antes de tiempo.
—¿De que hablas? —espeta Camilla, garbosa— ¿Acaso no sabes que los hombres lo único que buscan primero es acostarse contigo?
—Bueno. Y si…—balbucea Briar, escudriñando una sonrisa morbosa tras su copa— ¿Y si fuese al revés?
—¡¿Qué?! —Camilla se va a la chucha, completamente sonrojada— ¡¿Qué estás…?!
—Vaya…esto es nuevo —bufa Sharon, increíblemente entretenida.
—¡Yor! ¡Tu! ¡Ohh! —Millie brinca entusiasmada con su declaración— ¡¿Ya lo hiciste…?!
—Por favor, ya no me miren así…—se retrae timorata, la heredera—. En verdad no veo lo malo en lo que decidí…
—Esto es el colmo —descuece su compañera—. Necesito un trago.
—¿Por qué te molestas? —refuta la chica de anteojos, fumando un cigarrillo— ¿Acaso crees que una mujer no puede tomar la iniciativa? Me extraña, siendo que tienes novio hace años.
—¡Eso es distinto! ¡Yo tengo un compromiso con Dominic! —farfulle.
—Es cierto —asiente Millie, azarosa—. Pero eso no quiere decir que, porque estés soltera, no puedas darte el lujo de disfrutar de tu sexualidad a gusto. Yor tampoco es una chica que se vaya con "cualquiera". Estoy segura de que, si pasó aquello, fue por decisión propia. ¿Verdad que sí, Yor?
—Escuchen. Yo no…pretendo cambiarle el paradigma a ninguna de ustedes. Ni mucho menos jactarme —sisea, apabullada— Es más. ¿Por qué de pronto mi intimidad se ha vuelto un tema para conversar tan abiertamente? Es nuevo para mí. Pero supongo que es natural en mujeres…—agrega—. Fue mi decisión. Yo así lo quise y pasó. Cuando tenia que pasar. Así les ruego, ya dejen de pensar cosas feas de Loid. El no me forzó. Ni me indujo a eso. Me atrevería a decir que fui yo quien…lo "incitó". Lo cual tampoco me parece malo.
—Insisto, necesito un trago —Camilla se corre hacia la barra.
—Dios, que mujer tan arcaica —Sharon rueda los ojos, hastiada—. No le hagas caso. Hiciste lo correcto y me alegro mucho por ti. De verdad. Creo que te hacía falta.
—¿Disculpa? —parpadea Briar, abochornada.
—Es cierto. No te ofendas, pero…—acota Myers, briosa—. De un tiempo a esta parte comenzamos a notar cambios en tu forma de interactuar. Antes parecías muy robótica y algo frívola. Por un momento pensamos que se debía a que Yuri se fue a la frontera —adiciona—. No sé si tuvo algo que ver el encuentro que tuviste con ese chico. Pero estoy convencida de que solapadamente algo te hizo madurar.
—¿Realmente la gente cambia luego de tener sexo? No me enteré…—recula Yor, pasmada—. Oigan… ¿Tanto se me nota?
—Bueno…—Sharon bufa en respuesta, tomando un sorbo de su trago—. No sé si es "notorio". Pero está claro de que ahora mismo, te ves maravillosa. Es como si soltaras brillitos por todos lados.
—¿Brillitos? ¿Loid hace que yo…? —se gira, observándolo a lo lejos— ¿Ustedes también piensan que es malo?
—Nah, que cosas dices —se encoge de hombros, la de anteojos—. Si fuese malo ¿Podría estar hablando ahora mismo con el gobernador y su esposa? Es ridículo. Yo no tengo nada malo que decir de él, porque no lo conozco. Pero aquí ya circula el rumor que es un anticuario muy profesional y que sabe demasiado de arte —le resta importancia, alejándose—. Iré a rellenar mi copa. ¿Vienen?
—¡Yo sí! —exclama la menor de todas, jalando la muñeca de su camarada— ¡Ven, Yor! ¡Pidamos un Bloody Mary!
—V-voy…
Un poco más allá.
—Me encantaría que trabajaras para mí, Forger —declara el edil—. Supe de muy buena fuente que pones precios justos a ciertas joyas de Westalis.
—Actualmente trabajo para la familia Briar. Pero con gusto lo haría para usted —revela Twilight, entregándole su tarjeta—. Ahí tiene mi número. Contácteme cuando pueda.
—Estoy muy interesado en un objeto en particular —ríe, morboso—. Es un diamante, más que nada.
—¿Cuál sería?
—El Smirnof —confiesa—. Sin duda es una pieza invaluable.
—Me lo imaginaba. ¿Quién no estaría detrás de el? —Loid arquea una ceja, altivo—. Lo que me pide suena extraño, gobernador. Usted comprende que pertenece a la familia Briar.
—Vamos…aquí entre nos —murmura el varón, en tono huraño—. Sabe muy bien que no debería estar ahí.
—¿Este tipo que? ¿Acaso hay más peces gordos detrás del diamante? Es una puta broma —el rubio hace una pausa, retrocediendo en el proceso— ¿Qué insinúa? ¿Qué traicione mis labores?
—Nada de eso, joven —niega afrentado, el hombre— ¡Solo busco un trato justo para poder llevármelo a casa! Jejeje… ¡Garzón! —demanda— ¡Whisky por acá! Rellene el vaso del señor Forger. Corre por la casa.
—Me paga el trago. Este Whisky es costoso. No se va con rodeos —Loid empequeñece los ojos, suspicaz. Se deja llevar. Solo para recopilar algo mas de información—. Dígame una cosa, gobernador. ¿Cómo cuantas personas mas quieren el diamante? Y por favor, sea sincero. Mi trabajo se basa en la indiscreción.
—Es natural que no se entere de su valor, puesto que trabajó muchos años en el extranjero —descubre el dirigente—. Pero sepa usted que la familia Briar no es de los trigos muy limpios.
—¿Qué?
—No me mire así —farfulle, jovial—. Los Briar sirvieron muy bien durante la guerra. Pero cuando los cabecillas fallecieron, todo cayó en manos de un mocoso de mierda engreído que se creía mejor que todos.
—¿Habla de Yuri Briar? — ¿De qué me estoy enterando?
—Se ve que lo conoce —añade, arrastrándolo hacia un costado del salón—. Verá…ese impertinente, lleva años usufructuando no solo de su apellido, si no también de una infinidad de objetos valiosos que consigue tras aprovecharse del devenir de familias acaudaladas, en la quiebra. Necesitamos quitarle poder. ¿Me comprende ahora?
—Algo…
Paren todo. Un momento. Me he desayunado con esta información. ¿Cómo es eso de que Yuri no se lleva bien con los altos mandos? Pero si el bastardo trabaja para ellos. ¿Acaso aquí hay algo mas de lo cual no previne? Es tal y como me comentó Nightfall. Mercader le encargó acercarse a él, no solo por significar un trabajo más. Ese estúpido…sabe mas de lo que dice y calla el doble de lo que especula. ¿Tendrá alguna conexión con el hecho de que Yor haya querido vender todo rápido, sin que el se entere? Un momento. Hablando de Yor. ¿En donde está? Instintivamente la busco entre los comensales y no la veo. ¿En que momento se me perdió? No puedo darme estos lujos. La necesito cerca mío. En donde mis ojos la vean. En cualquier momento podría ser abordada por un tipo mas inescrupuloso que yo y es algo que no me daré el lujo de afrentar.
—Me lo voy a pensar —gruñe Loid, separándose abruptamente de su rapto—. Si me disculpa, vine con la señorita Briar y ahora mismo debo llevarla a casa.
—¡Tenga cuidado en donde mete las narices, Forger! —señala el gobernador, inquisitivo—. ¡Esa mujer sabe muy bien lo que hace y podría caer en su red!
Ya cállate viejo de mierda. ¿Qué pretendes? ¿Confundirme? Yo no dudo en lo absoluto de las intenciones de Yor. Puede que mucha gente especule cosas. Pero era parte de asistir a este festejo. Lo tenía previsto. Aunque…no quiera admitir que vi más chances de sospechas de mí, que de ella. ¿Por qué alguien pensaría que Yor es mala? Si el malo de la historia soy yo. ¿De qué me perdí? Me ofusca no saber en dónde se metió. La busco, incansable. No veo rastro de ella ni en el vestíbulo, ni en los pasillos ni mucho menos en el segundo piso. ¿Dónde coño…?
Ah. Ya la vi. Mierda. Que susto me dio. No creí que pudiera preocuparme tanto su existencia en mi vida. Estaba bailando en la pista en compañía de sus amigas del ayuntamiento. Aunque ahora mismo, tenga el rostro teñido de un rojo furioso; desde las mejillas hasta las orejas. Demonios. Está ebria. Se supone que esto no debía pasar. Se bien como se pone cuando abusa de la bebida. Eso, presenta un contratiempo para mí. No porque no sepa cómo lidiar con ella. Si no porque la necesito sana y buena, para conquistarla. Me desplazo hasta su lugar y la abordo, de manera airosa.
—Yor…es hora de irnos —murmura Forger, jalándola hacia un lado—. Ya vendimos lo que teníamos que vender. Me han pagado en efectivo. Te llevo al auto.
—¡Eshpeda! ¡Floidi Fourder! —exclama Yor, en evidente estado etílico— ¡Vamosh a paular!
—¿Bailar? —sisea, avergonzado—. No creo que…
—¡Brailas eshtupedno! —lo acarrea hacia el centro, dando brincos de un lado a otro— ¡Pue mien baidalin eresh!
—N-no…Yor. No creo que…—especula, garboso— Mierda. Todos nos están mirando. Si no bailo con ella ahora, sospecharán de mis intenciones. Vine en calidad de acompañante y debo irme como tal —carraspea—. Vale. Bailemos un poco más. Es un vals. Te tomaré de la cintura ¿De acuerdo?
—Shu shomame de dionde queras —hipea, inequívocamente borracha— ¡Sholo te abierto que tenuo dosh piesh ishquierdos! ¡Wiii!
—Esto viene para largo…
[…]
No había forma de que pudiese devolver a Yor así, a su casa. Era casi una sentencia de muerte. Si Franky o Frederick la hubiesen visto en el estado en que quedó, me echarían toda la culpa a mí. Se que suena machista, pero era la realidad de la época. Se supone que parte de mi misión era evitar que abusara de la bebida. Yo seguía siendo su chofer y el mas querendón amigo cercano de la familia. Así que a eso de las 3:10 de la madrugada, me estacioné en el callejón trasero de la mansión. Procurando apagar las luces para no dar vestigios de nuestra llegada. Mi compañera dormía en el asiento trasero, posiblemente deambulando en el quinto plano astral. Necesitaba con urgencia que reparara el sueño para poder despertarla sobria. Así que la esperé, agazapado en la penumbra. Para no caer en el aburrimiento, me robé una petaca de Whisky de la barra. Pretendía tomármela de camino a casa, pero dadas las circunstancias…la abrí y comencé a degustarla mientras forjaba mí antesala. Si en algún punto el sol ambicionaba asomarse por las copas de los árboles, poco me importaba. Aunque tuviese que prorrogar la mañana, ahí me quedaría. Impasible. La temperatura noctívaga bajaba conforme se trasladaban las estrellas. Prendí la calefacción del auto un par de veces, resguardando su calor. Hasta llegué a encender la radio, eligiendo una estación de jazz muy afable; a un volumen que no trastornara su descanso. Pero que si me llenara de sentimientos románticos.
A eso de las 4:10AM mi vejiga pedía a gritos ser atendida. De tanto beber, supuse. El alcohol diluido en mi sangre hacía estragos en mi anatomía. Me bajé del carro. Arrojado a poder descargarme sobre unos matorrales sombríos. Donde nadie fuese testigo de mi afrenta. Deslicé la cremallera del pantalón y miccioné satisfecho. Entre el arresto del frio y el vapor que expelía entre mis labios. Aproveché la instancia para incendiar un cigarrillo. Ahí, en medio del desprovisto abismal de lo onírico, oriné y fumé a gusto. Que cosa mas rica. Fue placentero. Me limpié y caminé de vuelta, pisoteando la colilla contra mis zapatos. En el momento en que mi trasero tocó el asiento, algo me jaló hacia atrás. Un par de manos endebles que solicitaban con premura, mi vehemencia. Fui trasladado hasta la parte posterior del vehículo, quedando a merced. Yor se había despertado. Me dijo.
—¿A dónde fuiste? —berreó— ¿Quieres dejarme, acaso?
—A ni-ningún lado, realmente. Nada de eso —declaró Twilight, afrentado—. Solo estaba orinando…
—Hueles a tabaco —expresó Briar, enredando sus dedos contra sus cabellos—. Y estás frio.
—¿Te…molesta que fume? —especuló, timorato.
—Me molesta que te alejes sin avisarme —declara la pelinegra, envolviéndolo con sus piernas; hasta aprisionarlo—. Puedes hacer tus cosas a gusto. Y fumar a gusto. Pero no te apartes.
—¿Dormiste bien? —consulta el varón, ruborizado— ¿Descansaste? ¿No estás tomada ya? ¿No quieres que te lleve a ca-…?
—Ya cállate —sentencia, sujetando su rostro con ambas manos—. No quiero irme a casa. Quiero que me lleves a otro lado.
—¿A dónde? —consulta, inocente.
—Aquí…—sisea Yor, juntando sus labios contra los suyos, en un beso arrojado y dotado de lascivia— Quiero hacerlo ahora…
—Y-Yor…no es que me esté negando, pero —retoza Twilight, confundido— ¿No crees que sería mejor hacerlo en un cuarto de hotel? ¿O en tu cam-…?
—Si no quieres, solo dilo ¿Bien? —balbucea, derrotada—. No inventes nada extraño…
—¿Qué cosas dices, Yor? —tartamudea el rubio, reculando—. Bien…
Listo. Esto…
[…]
—Oh, dios…—gimotea Loid.
Basta de fingir lo que pasa aquí. Suficiente tengo con aparentar que no me gusta esta chica para desfalcarla. Con lo que me cuesta simular que en el fondo me vuelve loco. Fue increíble. Aun me reprocho el asimilar que intimamos en el asiento trasero de su auto. Es que sin duda fue sublime. Algo que ni si quiera tenia previsto porque como de costumbre, Yor me aborda en el momento menos idílico de todos. Y eso incluye no tener a la mano un par de condones. Siempre de improvisto, teniendo que acabar afuera para no cometer un error. Lo primordial para mí, es que llegue primero que yo. Nada mas me importa. ¿Lo malo de estos encuentros? Es que siempre actúa a la venia de dios. Haciendo como si nada ha pasado. Y ya estoy harto de esa actitud retrospectiva en donde se muestra superficial conmigo. Me propuse un objetivo y era conquistarla. Y es lo que haré.
—Gracias por lo de esta noche, Loid. Ha sido increíble —revela Yor, a los pies de un par de escalones—. Me voy a la casa ahora. Mañana quiero que-…
—Espera —la ataja Loid, furibundo—. Para mi ha significado mucho. No quiero que sigamos en esta dinámica. Me hace mal.
—¿Como?
—Escucha —balbucea, febril—. Se muy bien que tu puedes hacer y deshacer lo que gustes. Me has dejado muy en claro de que eres una chica independiente y ávida en lo que te propones. Pero estos encuentros así…—desvía la mirada, garboso—. Me confunden.
—¿En que sentido? —cuestiona Briar, turulata— ¿Estás pensando que soy una especie de trabajadora sexu-…?
—¡No! ¡Nada de eso! —la interrumpe de sopetón, injuriado—. Dios, por favor. No vuelvas si quiera a insinuar nada como eso. Al contrario. Creo que esto amerita otro vinculo. Uno más…comprometedor. ¿Me explico?
—Ya veo —revela la pelinegra, templada— ¿Quieres darle un nombre a nuestra relación?
—Si. Totalmente —asiente Twilight, arrojado—. No creo que los "amigos" hagan esto a diario. Y ya no quiero seguir acostándome contigo sin que-…
—Hacer el amor —le corrige Yor.
—Si. Eso —acepta Loid, agraviado—. Si vamos a seguir haciendo el amor, no quiero sentirme culpable ni mucho menos un objeto ni tampoco verte así. No sé si te parece estúpido o me ves como un afeminado en el proceso. Pero yo creo que debe-…
—Pídemelo —demanda.
—¿Eh?
—Pídeme que sea tu novia —exige.
—¿Disculpa?
—¿No es eso lo que quieres? —farfulle Yor, entregada a sus argumentos—. Si realmente anhelas formalizar nuestros encuentros íntimos y darle un nombre, solicita que sea tu novia. Oficial. Y con gusto accederé.
Esto es…todo lo que en algún momento procedí reflexionar. Porque si bien no iba por este lado, me estaba dando la autoridad de elegir en que soplo darle una connotación mas nomotética a esto. Sin duda que accedí. Ni me lo pensé dos veces. Arrojado a la idea de llevarme su fortuna, accedí. En ese pretérito momento no tenia a la mano un anillo de compromiso ni mucho menos otro ramo de flores. Pero siendo Yor una chica de la alta bohemia, me pareció una estupidez ofrecerle el mundo cuando ya lo tenia a sus pies. Solo podía entregarle mis mas sinceros sentimientos y un par de razones sensitivas. Arrodillado frente a ella, tomé como argolla un trozo de enredadera que saqué de su hiedra. La envolví en aquel dedo anular y juré devoción frente a lo que yo consideraba ser un comprometido novio. Con la esperanza de darle un presente mejor y mas elaborado, si me daba chances. Ella aceptó encantada y en un beso acometedor lacramos nuestro compromiso.
Dos días después, llegué a su casa con una alhaja invaluable que había robado de un líder germánico de antaño. Ahora reposaba en ese dedo, una pieza insoluta y anómala de potestad bélica. Lo que en algún punto de la historia provocó guerras. Una joya por la cual emperadores y lideres se pelearon en el siglo pasado. Yor y yo, sellamos nuestro amor. Oficialmente y para todo incrédulo público, ella y yo éramos novios. Para mí, yo había zanjado mi futuro. Pero esa semana nos acarreó malos augurios. Porque fue todo tan vertiginoso, que nadie predijo que Yuri Briar retornaría victorioso de una campaña en la frontera. Y en cuanto se enteró de nuestro compromiso, era de esperarse que pusiera el grito en el cielo.
—¡Pero esto es ridículo! —bramó Yuri, famélico— ¡¿Cómo si quiera tomas decisiones así sin consultarlas conmigo antes, hermana?!
Mansión de los Briar. Sábado. 14:30PM.
—Yuri, te ruego no levantes así la voz —espeta Yor, injuriada—. Te recuerdo que estás delante de mi novio y no te permito que me hables así —añade, apretujando la mano de Loid en el proceso.
—Tu…—berrea, ofuscado el militar. Fulminando con la mirada al rubio— ¡Franky! ¡Ven aquí ahora de una puta vez!
—¿Me llamó? —se presenta Franklin, nervudo.
—¿Cómo mierda permitiste que esto pasara? —Yuri lo increpa— ¿No me dijiste que este imbécil era un posible estafador?
—¡Espere! ¡Y-yo no dije eso! ¡Solo le advertí que-…!
—Estás despedido —sentencia el policía.
—¡¿Cómo?! —se va a la mierda.
—¡Ya me oíste! —demanda— ¡Pesca todas tus cosas y lárgate de esta casa! ¡Ahora!
—S-si…señor…—asiente el muchacho, derrotado—. Con permiso…
—¡Yuri! —vocifera Yor, alzando la voz por sobre los integrantes— ¡Ya es suficiente! ¡Te has pasado demasiado! ¡No te permito nada más! ¡Se acabó!
—¡Pero hermana! —rebate el menor— ¡Este hombre-…!
—¡Este hombre me quiere de verdad! —revela la mayor— ¡Y yo no-...!
—Con todo respeto, Subteniente Briar —descuece Loid, interrumpiéndola. Y tomando la palabra de manera templada—. No busco nada mas que la felicidad de Yor. Si tienes aprensiones frente a mí, te recomiendo no desquitarte ni con el guarda espaldas que tu mismo escogiste. Ni con tu hermana. Te ira mal.
—Hijo de puta —esboza Yuri, colérico— ¿Qué insinúas?
—No insinúo nada —atañe Forger—. Pero. Que como sigas actuando de esa forma tan errática, no seré yo quien la separa de ti. Serás tú mismo.
—Tu, no-…
—Suficiente. Se acabó —sentencia Yor, levantándose del asiento—. Yuri. Cumpliste con tu objetivo. Se que querías protegerme de todo mal. Pero ahora mismo he decidido ser feliz y dejarme llevar por mis emociones. Es momento de que comiences a controlar tus impulsos. Veo que ese trabajo en la frontera…te está afectando.
Yuri se había quedado de pie, visceralmente congelado frente a la sentencia de Yor. Se que sospecha de mi y tiene todo el derecho de hacerlo. No es tonto. Pero dentro de mi plan, estaba el poner a su hermana de mi lado. Y ahora que lo conseguí finalmente, pretendo mantener la situación a raya a través de ella. Briar enrojece de la ira. Mas no emite palabra alguna. Resignado, se retira de la escena con la excusa de sentirse agobiado por el viaje y dando pisotones hoscos, sube las escaleras.
—En nombre de Yuri y mi familia, te pido una disculpa si te ha ofendido —sisea la pelinegra, menoscabada—. Aunque yo ya sabía que no se lo tomaría bien. No esperaba que reaccionara tan violentamente.
—Tu no tienes de que preocuparte. En el fondo, se veía venir. Nuestra relación a avanzado a pasos agigantados en tan poco tiempo. Que no había forma de darle un chance. Deja que lo procese —explica Forger, sujetando sus manos con ternura—. A partir de ahora, quiero ser yo quien te cuide.
—Bueno…en eso no estoy tan segura —niega retraída, la joven heredera—. No estoy buscándole un reemplazo a mi hermano, Loid. Se que me quieres y tienes buenas intenciones. Pero puedo cuidarme por mí misma. Así como se lo dejé en claro a el —suelta sus manos, con delicadeza—. También pretendo dejarlo en claro contigo. Espero comprendas.
—Si, claro. Que tonto. Discúlpame si sonó mal —corrigió Twilight, en una sonrisa intrincada— Yor está muy decidida a emanciparse sola. Debo ser mas cuidado de ahora en adelante. O podría terminar espantándola. Dejarla actuar por si misma, me dará la aprobación que busco lograr. Lo que ahora me tiene en vela, es que hacer con el policía este. Me pregunto si se podrá convencer de algo, con lo testarudo que es.
A pesar de haber delimitado sus tiempos con la audacia de una mujer gallarda, noté que el altercado con su hermano menor no le había dejado de buen humor. Fingiendo una inexistente preocupación por la armonía familiar, le dije.
—¿Qué te parece si por hoy, lo dejamos hasta aquí? —propone el ojiazul—. De igual forma ya cumplimos con el objetivo de informarle sobre lo nuestro. Y presiento que ustedes dos se merecen una plática más íntima.
—Tienes razón. Te agradezco que seas tan considerado con esto —murmuró Briar, depositando un beso sincero en su mejilla derecha—. Gracias por venir. Hoy fue un buen día, a pesar de todo. ¿Te veré la próxima semana?
—Por supuesto. Aprovecha el fin de semana para descansar un poco de mi y despejar dudas con el —ríe garboso, cogiendo su sombrero—. Hasta el lunes.
Prolongar mi estadía en la mansión, hubiese sido un error garrafal. Los ánimos estaban algo caldeados. Y no había forma de que la pobre de Yor, fingiera sentirse suficiente para darme compañía. Tras salir por la puerta y caminar hacia el estacionamiento, divisé una silueta deambular por la reja perimetral. Era Franky Franklin, el ahora despedido guardaespaldas. Solo portaba consigo un pequeño maletín y una chaqueta desgastada. Sentí algo de… ¿Pena? No es que esté desmintiendo el hecho de que me daba algo de tranquilidad, ya no verlo gravitar como mosca a la mierda. Pero tampoco iba a hacer caso omiso al desempleo. Tal vez…podría usar este momento a mi favor. Por muy mínima que fuese la oportunidad, necesitaba ganar aliados. Y crear mi propia red de solvencia. Me acerqué a él.
—Ah. Forger —chistó hastiado el menor— ¿Qué quieres? Si viniste a burlarte de mí, pierdes tu tiempo. No estoy para risas.
—¿Qué haces aquí, parado en medio de la nada? —consultó inocentemente, el rubio.
—¿Tu que crees? —refuta, importunado— ¡Nada! Solo se me ocurrió que era una excelente noche para contemplar la inmortalidad de las estrellas y el frio lacerante hasta pescar una neumonía —ironiza.
—Escucha —suspira Twilight, con expresión apacible—. Tal vez…hayamos empezado con el pie equivocado, tu y yo. No es que quiera justificar el trato que nos teníamos. Pero entiendo a la perfección que, así como tu solo cumplías ordenes, yo hacia mi trabajo.
—Si, bueno —chasquea Franky, derrotado—. Eso ya no importa. Al parecer, cuando a Yuri le da una rabieta se le olvidan muchas cosas. Sobre todo, los años que llevo al servicio de la familia, cuidando de Yor en su ausencia.
—Creo que hiciste une excelente trabajo, Franky —comenta Loid, afable—. Incluso mucho antes de que conociera a Yor, tu ya velabas por su seguridad y permitiste que siguiera con vida hasta ahora. No deberías sentir vergüenza por tu profesionalismo.
—¿Qué insinúas? Yo siempre he sido profesional —bosqueja Franklin, liado—. Tsk…el que debería avergonzarse es el sub teniente. Esas no son actitudes de un hombre decente.
—En eso, estamos de acuerdo los dos —asiente brioso, ofreciéndole un cigarrillo— ¿Quieres uno?
—Mmh…bueno, pero que te lo acepte no significa que seamos amigos, eh —accede, a regañadientes. Lo enciende—. Ah…que buen tabaco. Se ve que es costoso.
—Digamos que, en mi rubro, se gana bien —expresa el anticuario.
—Quien como tu —rueda los ojos, deslucido—. Al menos tienes uno del cual jactarse. Yo en cambio ahora, debo tirarme de lleno a buscar. Y el campo laboral luego de la guerra ha estado un tanto escaso.
—Se que estuviste en la guerra también. Experiencia de sobra tienes. Y aunque no lo parezca, hay muchas personas ahí afuera requiriendo de tus servicios —sisea Loid, sugerentemente—. Por ejemplo, en mi caso. Me ves tranquilo la mayor parte del tiempo, pero siendo un hombre de negocios que maneja mucho dinero y vende objetos invaluables, no hay día en que me sienta seguro al cerrar una transacción.
—¿Mh? ¿Qué dices? —el muchacho de anteojos se gira, observándolo con detenimiento— ¿Acaso sientes miedo por tu vida?
—Claro. De fierro no soy —carcajea Twilight—. Por lo regular, también tomo mis resguardos —apunta, enseñándole un revolver; escondido entre medio de su chaqueta—. Por supuesto que antes de hacer uso de ella, sopeso todas las aristas posibles al dialogo. Pero ya sabes cómo funciona el mundo. Nunca falta el desequilibrado que se vuelva loco e intente estafarme.
—Es curioso que lo digas —añade el ex militar—. Por un tiempo juré que tú, eras uno de esos estafadores. Supongo que te juzgué mal.
—En realidad, si lo soy —carraspea Forger, impávido frente a su confesión—. Descuida, no me ofendes. Siempre se puede dar una segunda oportunidad. Así que…ya que ahora no trabajarás más para los Briar. Se me ocurrió la idea de que pudieras trabajar para mí.
—¿Quieres contratarme como tu guardaespaldas? —parpadea, atónito—. Oye, no cobro barato.
—Del dinero no tienes que preocuparte. Si me juras lealtad y obediencia, jamás te faltará —determina el mercader—. Aunque requeriré de ti, mas que solo tu protección. También necesito a alguien en quien confiarle mis actividades comerciales. Y sirva de contacto para mis futuros clientes.
—¿Quieres que sea tu informante o algo así?
—Mis ojos y mis oídos, cuando yo no pueda estar del todo ávido a los sentidos —formula el rufián, estirándole la mano— ¿Qué dices? ¿Tenemos un trato entonces?
Por supuesto que lo vi vacilante en un comienzo. Nuestra relación no había comenzado de la mejor manera. Pero era un muchacho practico y sagaz. Usaría esa suspicacia que lo caracterizaba, para abrirme a otras aristas. Recopilar información inestimable y ganar ventaja en el terreno que pisaba. Además de que, al ser un ex trabajador de la familia Briar, Franky era un peón crucial en mi tablero de juegos. El estaba al tanto de todos los secretos que solapadamente, escondía Yuri. Sin dejar de lado, los que asimismo celaba Yor. Finalmente, y tras un par de segundos en mutismo contemplativo, me estrechó la mano y juntos, cerramos un nuevo acuerdo. Un pacto, que sellaría no solo a un nuevo camarada a mis solaces filas. Si no que también, un soldado. Un cómplice, para todo lo que necesitara suplir.
Había matado dos pájaros de un tiro. Por ahora me mantendría al margen de la fachada como el novio ideal y metódico vendedor de antigüedades. Hasta que mi pez mas gordo, cayera ante mí. Yuri Briar, era el siguiente en la lista. Aun no olvido que le prometí a Fiona acercarla al mocoso. Es lo que Handler le solicitó para robarle información confidencial.
—Ya no pasan autobuses a esta hora. Ven conmigo —murmuró Loid—. Te llevaré a casa en mi auto.
—Gracias, que amable. Aunque…—masculló Franky, cabizbajo—. No tengo muchas ganas de ir directo esta noche. Te agradecería que me dejaras en un bar que conozco de la ciudad —solicita, subiéndose al carro—. Es de un viejo amigo.
—Ya veo. ¿Te apetecen unas copas? — Que oportuno para mi —. Vamos entonces —afirma—. Ha decir verdad, lo que pasó esta noche en la mansión tampoco me dejó con el animo muy repuesto que digamos, jeje. No acostumbro a discutir con mis yernos.
—Pues si no tienes planes esta noche —ríe el chico del afro, jocoso— ¡Con gusto te llevo!
—Me parece estupendo, Franky — Nada como un par de bebidas alcohólicas para soltar la lengua, je.
[…]
—¿No me vas a hablar nunca más? —consulta Yor, pesarosa.
En el despacho.
—¿No tienes a un novio que atender? —responde el militar, huraño.
—Loid se fue a casa, Yuri —suspira—. Por favor, ya no te desquites con él. Esto es entre tu y yo.
—Ah. Genial —berrea, dejando de lado un par de documentos— ¿Entonces viniste hasta aquí para culparme por eso? Si, lo espanté. ¿Qué más?
—No, testarudo. Dios…como te pones a veces —profesa la mayor, sentándose frente a su escritorio—. Me recuerdas mucho a papá ¿Sabes? El solía tener muy poca paciencia para ciertos temas —añade, frustrada—. Lo cierto es que, fue el mismo Loid quien decidió retirarse. Al vernos discutir con tanto fervor, se preocupó mucho y prefirió que habláramos en privado los dos.
—Que considerado —Yuri rueda los ojos, sarcástico— ¿Debo darle las gracias, supongo?
—De hecho, si —le aclara la fémina, determinada—. Loid es un buen hombre, Yuri. Y si fue muy considerado con la situación. ¿Crees que un chico al cual poco y nada le importe la estabilidad de mi familia hubiese actuado así?
—Gnh…
—Vamos, no sigas con esto —suplica la heredera, malograda—. Tu eres un buen niño, Yuri. Pero créeme cuando te digo que, en esta ocasión, estás cometiendo un error con él. Entiendo que estes muy preocupado por mí. Se que en el pasado…—desvía la mirada, avergonzada—. Bueno…hayan aparecido algunos idiotas en mi camino…
—Eran basura, hermana —protesta el menor, importunado—. Menos mal que pude sacarlos de tu vida a tiempo. Jamás me equivoqué con ellos.
—Lo sé. Y te estoy infinitamente agradecida por ello. Pero insisto —acepta—. Loid es distinto.
—Loid, Loid, Loid —redunda Briar, paseándose por el cuarto cual animal salvaje en cautiverio—. No dejas de repetir su nombre. Se veían muy acaramelados esta noche. ¿Ya le pusiste algún sobrenombre cursi, acaso? ¿Cómo lo llamas en la intimidad? ¿Lotty? ¿Loidi? Maldito roba hermanas.
—No le tengo ningún apodo similar —explica Yor, con semblante sereno—. Solo le digo, Loid y ya. Ni si quiera me da para eso aún. Apenas nos estamos conociendo recién. Y yo no-…
—Ese es el problema, hermana. Apenas lo conoces. No sabes absolutamente nada de ese sujeto —masculle afrentado, el policía— ¿Cómo puedes si quiera meter a un extraño a esta casa? Y encima, hacerlo tu novio. ¿Acaso no te preocupa el tema? ¿Al menos sabes que le gusta comer o que música escucha?
—Es cierto. No se mucho de él. Pero eso no me limita a querer relacionarme a fondo ahora que estamos comprometidos en un noviazgo serio —narra—. Para eso existe la comunicación, el tiempo y la construcción de vínculos. Lo único que te puedo declarar con firmeza, es que lo quiero y el a mí. Y por sobre todas las cosas, confío en él —agrega—. Llevamos un tiempo trabajando juntos. Es muy profesional.
—Olvidas lo que nos enseñó mamá sobre los negocios, hermana —retoza descalabrado, el uniformado. Paseándose por la habitación—. Nunca mezclar trabajo con romance.
—Tu sabes que mamá solía decir mucho, pero practicar poco —le refresca la memoria—. Ella conoció a papá, mientras ambos eran colegas en el ministerio de relaciones exteriores. No te hagas el desentendido ahora.
—Eso…—Yuri aprieta los labios, fastidiado—. Eso es distinto. Y eran otros tiempos.
—Da igual si han pasado mil o diez mil años —bosqueja la muchacha, en una sonrisa pueril—. Para el amor no hay estatuto que seguir en son a un par de reglas absurdas.
—Ahora resulta que estás enamorada de él —bufa, desplazándose de allá para acá— ¿Es en serio?
—¿Quieres dejar de sacar todo de contexto y prestarme atención, por favor? Es serio —se mosquea, apretando los puños en el proceso— ¡¿Te puedes quedar quieto un momento?! ¡Me pones nerviosa! ¡Ya, siéntate!
Se paraliza de golpe. Acto seguido, se sienta frente a ella.
—Gracias.
—Sin duda tienes el carácter de mamá —murmura varón, ruborizado.
—Y tu la obtusa cabeza de papá. Y ya basta de esto —reniega, molesta—. No tenemos por qué ser iguales a ellos. Somos entes diferentes. Lo que quiero decirte, es importante. Necesito. No. Mas bien. Te imploro, le des una oportunidad. Solo una. Un chance de al menos poder afiatar la confianza contigo.
—No seré su amigo, si es lo que buscas.
—Que no quiero que sean amigos, joder —reitera Briar, infortunada—. Solo quiero que, por un segundo, dejes de lado todos los prejuicios horribles que tienes hacia cualquier hombre que muestre un mínimo de cariño y decencia hacia mi persona. ¡Y me des la oportunidad de amar libremente a alguien que no seas solo tú!
—…
—¿Puede ser…? —exige— ¿O estoy pidiendo demasiado? Porque si de verdad esto te colma y te supera, ya no tenemos nada mas que hablar al respecto —se levanta—. No pretendo perder más el tiempo en-…
—¡He-Hermana! ¡Espera! ¡No te vayas! —el hombre la ataja del antebrazo, timorato y ligeramente febril—. Discúlpame…ya…entendí. Tienes razón. No he estado actuando de la mejor forma, como quisiera. Le hice una promesa a nuestros padres y siento que, si continúo siendo tan aprensivo, Lotty tenga razón.
—¿Lotty? Ya lo bautizó…—ríe para sus adentros— ¿Qué pasó? ¿Le hizo sentido lo de perderme?
—No quiero…que te apartes de mí y termines odiándome —hipa el menor, desarrajado al abismo del desamor—. Yo sin ti…me muero ¿Sabes?
—Yo nunca te voy a odiar, Yuri. No digas sandeces —se gira Yor, rodeándolo en un cálido abrazo fraternal—. Eres mi hermanito menor. Te amo muchísimo. Con la vida misma. Pero es momento de que ya me dejes volar libremente, como la persona que soy. ¿Lo comprendes?
—Lo…entiendo…—Briar se desarma ante aquel gesto, apretujándola con fuerza en respuesta. Casi tentado a llorar—. No te prometo nada ¿Sí? Pero te juro, por la memoria de nuestros padres…que intentaré dar todo de mi para que esto resulte. Tenme algo de paciencia ¿Quieres? Es nuevo y necesito asimilarlo.
—Es exactamente lo que Loid dijo sobre esto —asiente, jocosa—. Él tiene mucha fe.
—Si, bueno. Tampoco que se crea tanto el cuento —gruñó en respuesta, limpiándose la carita con la manga derecha—. No es ningún salvador ni tampoco un jodido protector. Que sepa que ese lugar lo tengo yo.
—Al contrario. Le he dejado muy en claro que no necesito un segundo hermano ni un segundo padre —esboza, en una risita cariñosa—. Es solo mi pareja. El sabe muy bien su posición y de ahí, no se moverá. Te lo prometo.
—Gracias, hermana. Eres muy indulgente conmigo al soportar…mis niñerías —relata, reprimido—. Ha decir verdad, últimamente me han sobre exigido demasiado en la frontera. Las cosas peligran por allá. Y no es algo de lo cual te quiera hacer participe ni preocupar. Solo…—desvía la mirada, acongojado—. No sé. Supongo que es eso, lo que me ha pasado la cuenta con mi sensibilidad. Tenias razón. Tal vez me ha hecho medio mal eso.
—Si te sientes agobiado o sobrepasado por exceso de trabajo, tu ya sabes lo que opino al respecto —le aclara Yor, con seriedad—. Recuerda que nadie debe explotarte. Si tienes que presentar una queja o algo, hazlo a tus superiores ¿De acuerdo?
—De acuerdo —asiente, sumiso— Mi hermana es demasiado inocente para llegar a comprender, que eso es imposible en mi posición. Ser parte de la SSS, es un cargo que innegablemente puedo refutar. De igual forma se preocupa por mí. Y eso…lo agradezco en el alma —despabila, cambiando radicalmente el tema—. Bueno, ahora que Loidi no andará por acá. Podemos pasar el fin de semana juntos como de costumbre ¿No? ¿Te gustaría hacer algo?
—¡Claro que sí! Quiero que tengas la seguridad de que, sin importar mi compromiso, nosotros dos nunca dejaremos de lado nada de lo que solemos hacer —brinca, ansiosa—. Vamos al acuario. Y de paso podemos visitar a los Desmond. Melinda preguntó por ti la semana pasada. Desea que nos juntemos el domingo para conversar otros asuntos referentes a nuestro trato.
—Sin duda. Te has encargado de maravillas de todo en mi ausencia, hermana —halaga Yuri, encandilado—. Justo hace poco estaba revisando la cartola de las finanzas. Y crecieron el doble desde que me fui. Te iba a preguntar sobre como lo hiciste, pero ahora que veo que trabajas con ese anticuario veo que te has asesorado bien.
—El señor Forger es muy profesional —determina—. Y me ha demostrado con creces que quiere cuidar de nuestro patrimonio.
—Señor Forger. No hace falta que lo llame así delante de mí…—sisea el militar, garboso—. Je…bueno. ¿Cenamos algo? Muero de hambre.
—Vamos al salón —Yor lo jala de la muñeca, caminando hacia la salida—. Le pediré a Frederick que nos prepare un guiso sureño como los que te gustan.
—¡Si! ¡Me gusta la idea, hermana! —chilla el varón, extasiado en jubilo.
[…]
—¡Aaahh! —aúlla Franky, golpeando la jarra de una cerveza contra la barra— ¡Que rico está esto! ¡Como me hacía falta beber algo decente! ¡Me tomaría diez de estas!
—Está indiscutiblemente ebrio. Pero no lo suficiente. Necesito algo más fuerte —Loid finge una actitud sumisa, levantando la mano— ¡Camarero! ¡Dos whiskys del 32 a las rocas, por favor!
Bar Strauss. Berlint. 00:16AM.
Es la quinta bebida que solicito. A pesar de estar tomando exactamente los mismos grados de alcohol que él, mi resistencia a la bebida es tal; que no me hace efecto alguno. Para llegar a un estado etílico aparente, mínimo debería zamparme 70 litros de un escoces. Ojalá añejado en roble y quemado en invierno. Digamos que mi hígado, profesa un gusto mucho más refinado, que el resto. Pocas cosas en la vida me embriagan. Y ya tengo una lista de aquello. En primer lugar, está el dinero. Joder, como amo el dinero. Yo creo que podría meterme en una bañera repleta de el y usar de abanico esos Dalks. En segundo lugar, están las joyas. Toda piedra preciosa que brille mas de la cuenta, con un excelso perfilado cuneiforme me enloquece. Al punto de robarme el aliento y excitarme. Y en el tercer puesto…se encuentra Yor Briar. Porque por mucho que quiera negarlo, una sola sonrisa de esa mujer, me provoca resacas de las cuales no logro recuperarme. Y no lo digo en un ámbito a secas sexual. Es que esa chica es para mí…
—¡Jamás podría haber pagado un trago tan costoso como este! —chilla Franky, con las mejillas coloradas— ¡Gracias, nuevo jefe!
—No hace falta que me llames así…—murmura Forger, avergonzado—. Tu solo disfruta. Ahora que somos socios, todo vale — Es demasiado fácil para ser cierto —bebe un sorbito, lacónico.
—¡Arg! A pesar de trabajar por tantos años al servicio de los Briar. Esto me pone de malas —refuta—. No es que esté quejándome de ellos. Pero la paga tampoco era tan buena y el trato era paupérrimo. Por ejemplo, nunca cavilé sentarme junto a ninguno de ellos en una barra de bar.
—¿No te trataban bien? —especula Twilight, empequeñeciendo los ojos con sagacidad—. Si quieres decirme algo, hazlo. Te escucho atentamente.
—Ahhh…es poco profesional hablar mal de tus ex empleadores —relata Franklin, mareado— ¡Pero ahora mismo todo me vale una mierda! ¡Tengo que decirlo! ¡Son una porquería!
—¿En qué sentido?
—Bueno —se tambalea sobre el taburete, mosqueado—. Partiendo por la base de que Yuri Briar es un completo bastardo mentiroso. El maldito dijo hacer un juramento con sus padres para mantener a flote la empresa familiar. Pero solo se dedicó a robar, abusando de su puesto.
Indiscutiblemente recordé las palabras del gobernador. Ahora, todo me hacía sentido frente a su recelo.
—Verá…ese impertinente, lleva años usufructuando no solo de su apellido, sino también de una infinidad de objetos valiosos que consigue tras aprovecharse del devenir de familias acaudaladas, en la quiebra. Necesitamos quitarle poder. ¿Me comprende ahora?
Esto es gordo, señores.
—¿Yuri es un estafador? —examina Forger.
—¿Qué cosas insinúas, jefe? —carcajea Franky, alzando su vaso— ¿Puedo llenarlo?
—Llénelo —demanda Loid, hacia el cantinero—. Pero responde mi pregunta. ¿Lo es?
—Mhm… ¿Cómo decirlo? —esclarece el de anteojos, sensitivo— ¿Cómo llamarías a los políticos? ¿Luego de enterarte de que usufructúan a través de los impuestos de gente honesta y usan ese dinero falsamente con propuestas engañosas para atraer a la población y solo llenarse bolsillos?
—Estafadores. Con corbata y cargos limpios —se encoge de hombros—. Es todo.
—Bueno. Eso mismo entonces —desvela el menor—. Eso es Yuri Briar. Un militar de corbata y uniforme elegante. Pero es la misma porquería.
—Ya veo —añade el rubio—. Tu llevabas mucho tiempo hablando con él, así que no hay forma de desacreditar tu testimonio.
—Oye. ¿No me vas a delatar con ellos, o sí? —reclama, furibundo—. Porque si me traicionas…
—Firmamos un pacto, Franky. Una alianza. Tu me debes silencio y yo a ti igual —niega—. Sigue con tu relato y puede que yo te cuente todo de mi en el proceso.
—Si. Pero apenas estás bebiendo y eso me da desconfianza —mosquea Franklin—. ¿Cómo se yo que no me estás usando solo para para tu beneficio?
—Mierda. ¿Ya ven por qué este chico merecía estar de mi bando? Es muy altivo —escudriña Twilight, falseando—. Yo conduzco, Franky. No puedo irme tan ebrio a casa o nos pasan una multa. Olvídate de eso y cuéntame más — Apelé a la lógica. Dah.
—Cierto. Que tonto —despabila—. Bueno, ese es mi reclamo con ellos. A Yuri no lo quieren ni sus jefes. Ni los altos mandos. Todos están conscientes de las pendejadas que hace. Pero claro, nadie abrirá la puta boca. Porque el mocoso es listo. Tiene información comprometedora de casi todo Ostania —ríe—. Como quien lo traicione, el se los caga el doble. Están todos de los huevos ¡Jajaja!
—Bueno, no vine aquí a hablar de los testículos de otros. Ahora que me ha dado la razón en muchas cosas, me preocupa otro tema —Loid, opta por beber un sorbo extenso de su whisky. Esta vez, dejando de lado por un segundo su calidad de embaucador profesional. Y mientras exige un relleno, comenta—. Tu estuviste presente en la pelea de esta noche. Tu mejor que nadie conoce al subteniente Yuri Briar. Pero mas allá de sus cuestionables negocios. ¿Crees que me odie?
—¿Lo dices por la señorita Briar? —bebe, exigiendo otra ronda. Cada vez mas entonado cual tomate— ¡Otro!
—Algo así…—se hace el loco, desviando la mirada—. No la conozco casi nada. Estoy en vías, de hacerlo. Temo que me esté pre juzgando antes de todo. Pero ya que llevabas tiempo trabajando con ella. ¿Es normal esto? ¿Qué su hermano me haga la guerra?
—Lo único que te puedo confesar abiertamente, es que no es personal. Ese sujeto es así con todos —descubre el guardaespaldas—. Yuri es muy paranoico. Pero no lo culpo ¿Sabes? En el pasado, Yor tuvo un par de pretendientes. Que solo buscaban su fortuna y su pureza como mujer.
—¿Disculpa? —parpadea Forger, pasmado— Un momento. ¿De qué pureza habla? Si Yor conmigo se mostró muy virginal y…
—Mira. No quiero caer en un halago machista, porque odio estos temas de las peleas de genero —declara el chico de anteojos, tomando otro sorbo—. Pero si Yor te eligió para ser su novio, date con una roca en el pecho. No es fácil conquistarla.
¿Una roca en el pecho? Me la tiro a los dientes y me rajo el estómago, joder. Ya sé que no es para nada sencillo. Es eso mismo lo que me amedrenta. ¿Qué tengo yo, que nadie mas tenia como para elegirme a mi y…? ¿Ser su "primera vez"? Se que me lo explicó. Un par de veces. Pero sigo sin convencerme. Es que no me cabe en la cabeza. No soy la gran cosa. En serio. Valgo mierda. ¿Qué fue? ¿Qué tanto tengo que le guste a esa chica?
—Jamás podría jactarme de algo como eso ¿Qué insinuar? Yor no es un trofeo para nadie — Mentira. Si lo es, maldita sea —comenta Loid, apabullado. Y mas concentrado en su trago que otra cosa—. Yor es una chica pura, por donde se le mire. Y no lo digo en ese "ámbito". Es en general…
—¿Te acostaste con ella? —farfulle Franky, derribándolo con su comentario—. Si…lo hiciste. No dices nada al respecto…sin duda…—balbucea, despavorido—. Válgame dios. En donde te metiste…
—…
—¿Es en serio? —insiste.
—¿Por qué de pronto me quieres meter miedo? —despabila el rubio, pasmado— ¿Tan mala mujer es?
—Nada de eso. Pero esa chica es de temer, jefe —advierte el cuatro ojos—. No es mala persona. Sin embargo vete con cuidado. No es llegar y endosarte su mérito. Puede que incluso ella haya tomado la iniciativa y no te hayas dado cuenta.
—Así mismo fue…—sacude la cabeza— ¡Otro!
—¿Realmente te acostaste con ella? —insiste Franky, espantado— ¿En serio? Jefe…
—¡Ya deja de llamarme así, carajo! —exclama Loid, furibundo—. Yo…
—Tranquilízate. Te estoy jodiendo ¡Jajaja! —se mofa el pelinegro, garboso. Acto seguido, le da una palmada en la espalda— ¡Es broma! ¡Nada que ver! ¡Yor es una chica increíble!
Estúpido de mierda. Casi me hace creer que poco menos me hicieron un amarre hechicero. ¿Pero este tipo de que va? No le pago ni un puto trago más, joder.
—Debe de haber sido increíble y seguro ella lo planeó —esclarece Franklin, ya indiscutiblemente borracho—. Mira, te voy a relatar como fueron sus experiencias pasadas. Úsalas sabiamente. Y, por cierto, más allá de estos costosos tragos. Págame el alquiler —demanda—. Debo dos meses.
—Dale…—sisea Twilight, renuente— Solo dame lujo y detalle de que mierda pasó antes de conocerla. Conquistar a Yor ahora mismo.; era dar vuelta un partido de futbol al minuto 90. De vida o muerte. Eso o nada. Fin.
[…]
—Hediondo —le reprocha Nighftall, de brazos cruzados y mirada huraña—. Ebrio, apestoso y fuera de sus cabales. No me gustas.
Apartamento. 2:32AM.
—Te juro que tengo avances ¡Hip! —chilla Loid, borracho de los pies hasta el pelo. Tambaleándose en un juego sucio por mantenerse en pie— ¡Noticias de nuestro objetivo! ¡Fiona! —corre hacia ella, tentado a abrazarla— ¡Dame un abrazo!
—Es imperativo que te des una ducha antes de tocarme —rechaza Frost, con expresión nauseabunda. Lo empuja hacia atrás—. Al baño.
—¡Pero-…!
—¡Al baño, dije! —vocifera.
2:50AM.
—Te puse toda el agua fría encima y sigues febril —reclama Frost, masajeando una toalla sobre su cabeza; secándolo—. Por favor te pido, te quedes quieto, Twilight.
—Nightfatll. Esta noche, conseguí información valiosa para nuestra misión —sisea Loid, aún muy estimulado por la bebida—. Ya se como acercarte a Yuri Briar. Solo-…
—Si. Lo comprendo. Pero no abusaré de tu estado etílico —determina la peliblanca, arrojada—. Al menos permíteme ayudarte con esto.
—No me trates como un niño —la palmotea.
—Nunca te vi antes emborrachado hasta los cojones ¿Qué mierda quieres que haga? —reclama, colérica—. Apenas te logro entender lo que me dices. Al menos háblame coherente.
—¿Qué coherencia quieres? —reclama el varón, insistente por buscar sus labios.
—¿Qué? —lo aparta—. No me beses. Basta.
—¿Y si vamos a la cama y-…?
—Chao. A dormir —determina Frost, dándose media vuelta—. Y no me hables mas.
—¡Fiona es broma! —le ataja Loid, afrentado—. Y ya estoy bien, mujer. En serio. Ven, siéntate conmigo y hablemos —la atrae hacia el sofá.
—¿En verdad lograste algo, estando así? —debate la muchacha, incrédula—. Mírate. Me sorprende que al menos recuerdes lo que pasó hoy.
—No es que me haya dejado llevar por la bebida. Lo hice a propósito o no hubiera conseguido que el idiota de Franky hablara —se encoge de hombros, el varón—. Afortunadamente, accedió a trabajar para mí.
—¿Contrataste al guardaespaldas de los Briar? —parpadea estupefacta—. Un segundo. ¿Cómo es que lograste que los traicionara?
—No los traicionó. En realidad, el estúpido de Yuri lo despidió en una rabieta porque no le gustó saber que Yor y yo somos algo…—recula, exhalando—. En fin. Es nuestro guardaespaldas ahora. Y, además, un muy buen informante. Tiene contactos y redes que nos facilitarán las cosas.
—No me agrada la idea. Ni si quiera lo consultaste conmigo —se levanta Nightfall, paseándose por la alfombra—. Además, que escándalo. Ese sujeto, Yuri. Es un malcriado.
—¿Por qué lo haría? Se que confías en mis decisiones —inquiere Forger, arqueando una ceja con suspicacia—. Tú sabes que es bueno para nosotros.
—Entonces. El subteniente Briar volvió a la capital.
—Si. Y se quedará un tiempo por acá. Hay que aprovechar, ahora que el cupo de seguridad está libre —la corretea por el salón, tomando sus hombros con determinación—. Fiona. Esta es la chance que necesitábamos. Quiero que seas tú, la sombra de ese enano. Escucha. Todo indica que no se lleva nada de bien con algunos altos mandos. Incluso si son jefes directos de él. Se ha ganado mala fama por cerrar tratos que esos vejetes no consiguieron. Sin darse cuenta, ha estado actuando con mucha soberbia.
—¿Soberbia? —sisea la peliblanca, reflexiva—. Mhm…pues si es mucho más audaz que ellos, no me parece soberbio. El tipo tendrá su talento.
—Si. Bueno…no lo había visto desde ese lado —Loid se toca la mejilla, confundido—. En parte tienes razón. El crio se sabe mover. Que trabaje para la SSS le da una ventaja considerable.
—Usa a conveniencia su trabajo para extorsionar y sacar tajadas —se encoge de hombros—. Ni tan alejado a lo que nosotros hacemos.
—¿De que hablas? Nosotros no secuestramos personas ni las torturamos para eso —refuta el ojiazul, mosqueado—. No nos compares.
—¿En serio vamos a hablar sobre manipular personas para conseguir cosas? —bufa Fiona, briosa—. Te recuerdo que lo que estas haciendo con Yor, es…
—Bueno. Ese no es el punto y no te desvíes —exhala, descalabrado— De alguna manera, Fiona siempre intenta llegar a lo mismo. Aun no se hace la idea de aceptarlo. Pero si consigo que trabaje para Yuri, podré tenerlos a los tres bajo mi control —recapitula—. Moveré un par de hilos esta semana para planteárselo al policía. Lo que sí, voy a necesitar que te vea conmigo. En mas de una ocasión. Así que vendrás a mis reuniones de negocios a partir de ahora.
—¿Qué? ¿Estás seguro de querer presentarme a tu querida Yor, primero? —disputa Frost, turbada— ¿No es más fácil acercarse al hermano?
—Es muy desconfiado. Ni, aunque te presentaras frente a él siendo el mismísimo Dios en persona, no lo creería —niega—. Yor es la puerta de entrada a todo su mundo.
—Y entonces ¿Cuál será mi rol?
—Tu, serás mi prima hermana. Tengo el plan perfecto para introducirte de plano a la escena, como una profesional —sentencia, en una sonrisa morbosa—. Confía en mí.
—Vale…si tu lo dices —acepta, a regañadientes— Aunque sigo sin ver de que manera, ese tipo podría caer en la trampa de creerse el cuento. Ni si quiera nos parecemos físicamente. ¿Tan estúpidos son?
[…]
—Bueno, como que tu "noviecito" viene algo retrasado ¿No crees? —berrea el subteniente, quitándose la gorra en el proceso—. Eso no dice nada bueno de él.
—A veces se atasca en los tráficos, Yuri. Dale un momento —le defiende Yor, volteando hacia la puerta principal— ¡Ah! Mira. Ahí viene —brinca, garbosa— ¡Loid! ¡Por aqu-…! — ¿Eh? ¿Y esa chica…quién es?
Museo de historia natural. Miércoles. 16:20PM.
—Mil disculpas por el retraso —se excusa Twilight, agraviado. Se quita el sombrero y besa su mano con dejo de elegancia—. Las calles estaban cerradas debido a una protesta contra el ministerio de justicia. Nos costó salir.
—"¿Nos?" —sisea la heredera, confundida.
—Espero no se vuelva a repetir, Lotty —le recrimina el pelinegro—. Odio que hagan esperar a mi hermana.
—Fue sin querer, Yuri. Por favor no caigas en exageraciones. En realidad, valió la pena —comenta el rubio, esbozando una sonrisa febril—. Quisiera presentarles a alguien. Ella es Fiona Frost. Restauradora arquitectónica en arqueología.
—Mucho gusto. Un placer conocerlos al fin, Briar —saluda templada, en una reverencia pueril—. Me llamo Fiona. Y soy la prima hermana de Loid.
—¿Pri-Prima…? —repite Yor, pasmada con la noticia—. Vaya, Loid. No sabía que tenias familiares viviendo por acá.
—En realidad, Fiona suele moverse por el extranjero. Viaja mucho, por negocios —ríe, jocoso—. Olvidé mencionarla mas que nada porque no pasaba tiempo acá. Pero ahora que volvió, trabajará conmigo.
—Un placer, señorita Briar —Frost le estrecha la mano—. Señor, Briar —y repite el gesto, con el varón—. Espero podamos llevarnos de maravillas.
—Ah. Huh. Mh…—el militar hace amago de vergüenza, correspondiendo—. El…placer es todo mío, Fiona.
—Que mujer tan hermosa y distinguida. Sin duda es familiar de Loid —repasa la novia, deslumbrada con su talante—. Lo mismo digo, Fiona. Me alegra mucho saber que al menos ahora mi novio no estará solo.
—Novio. Si, claro. Disfrútalo mientras puedas —sonríe ladino—. Nada como dejar los negocios dentro de la familia. ¿No creen?
—Sin duda —añade Yuri, sutilmente ruborizado—. En realidad, creo que de esa forma logramos una complicidad un tanto mas intima.
—¿Complicidad? Vaya…—Nightfall finge demencia, bosquejando—. Aunque por supuesto, sabemos muy bien separar trabajo con sentimentalismos. ¿Verdad, primo?
—Eh. Jejeje…si, claro —suelta el rubio, risueño— Oye. No te pases de lista y atente al plan —tose—. Bueno. Ya estamos aquí. Fiona nos ayudará con las colecciones de diamantes que trajeron. ¿Vamos? De seguro el celador del museo nos estará esperando —y le ofrece el brazo a Yor.
—Mmh…que oportuno para mí. Al menos podré mantenerlo vigilado —gruñe la peliblanca, para sus adentros—. Si, no tardemos más.
Dejé que Fiona y Yuri marcharan un poco más atrás, mientras subíamos las escaleras hacia el tercer piso. Esperaba poder darles un primer lacónico encuentro, como para que al menos cruzaran breves monosílabos. Pero no sirvió de mucho. No sé si porque Nightfall estaba demasiado metida en su papel o porque el subteniente no quitaba de la cara esa expresión petrificada, en timidez. ¿Estará desconfiando de ella, tan rápido? Aunque a juzgar por la torpeza con la que camina, yo lo veo mas retraído que otra cosa. Bueno, si en tal caso le haya llegado a gustar mi compañera, mejor para mí. Jugar un poco con el corazón de este tipo, al menos me despejaría el camino con Yor. Es muy molesto, cuando se lo propone.
Tras hacer ingreso a la oficina del administrador, nos recibió con té y galletas. Se presentó como Albert Wheleer. Una trayectoria intachable en el ministerio de cultura. Yuri Briar depositó en el mesón una serie de elementos de variados colores, que mas de una baba le sacó al hombre. Un arcoíris de gemas preciosas, en bruto. Casi recién extraídas de la madre tierra. Ágata, Zafiro, Amatista, Ambar, Rubí, Lapislázuli, etc.
—Sin duda los Briar se ganan el apodo de "los joyeros del Este" —bufó Albert, maravillado—. Sus padres lograron milagros en esas minas del norte. Miren nada más, esta pieza de acá —añadió, levantando una de las rocas—. Una Turmalina excelsa.
—Con todo respeto, administrador —advierte Fiona, muy profesional—. Eso es un Topacio. Es un exótico mineral de acabado bilioso, extraído de la isla Topazos, que se halla en el Mar Rojo. La turmalina tiende a ser verde pastoso, como este de acá —le enseña otro— ¿Lo ve?
—Wow…usted realmente sabe mucho del tema, señorita…—duda—. Este…
—Fiona Frost —estrecha su mano—. Me dedico a clasificar y restaurar reliquias antiguas.
—Muy bien, Nightfall. Como de costumbre, no desentonas —Twilight se reprimió las ganas de darle un beso.
—Que chica tan inteligente…—pensaba Yuri, embobado con su definición— Me recuerda mucho a mamá…
—Sin duda es la prima de Loid —repetía Yor en su cabeza, sin sospechar nada—. Señor Wheleer. Lo que buscamos, es ya poder entregar estas piedras a la nación. Quisiéramos encantados poder donarlas, pero lamentablemente son excentricidades que, debido a su naturaleza, necesitan de un coste monetario —explica—. Es por eso que el joven Forger nos acompaña. El es un excelente tasador y todo lo que ve en la mesa, tiene un precio.
—Espero sea algo justo, jovencito —bosqueja Albert, preocupado—. La economía del museo fluctúa últimamente, en una fuerte inflación nacional.
—Estoy muy consciente de que buscaría regatear el precio, administrador. Sin embargo —Loid estira la mano, permitiendo que sea Fiona quien le entregue un documento—. Nos hemos dateado muy bien, de que este museo. Si bien es estatal. Se financia por un privado. Desde su sueldo hasta el guardia de seguridad. Y el que limpia los escalones. Por lo que no le recomiendo, caer en esas menudencias. Aquí está el catalogo con los valores —le expone—. Ni un Dalk menos, ni un Dalk más. Es lo que es.
—Tsk. Pero este tipo ¿Qué es? Parece mas un mercenario que otra cosa. Aunque ya me habían advertido de que los Briar tenían a un sujeto muy astuto trabajando con ellos —el mayor relee la lista, afrentado. Eran muchos ceros. Pero nada que no estuviera dispuesto a pagar el dueño. Aún así—. Me parece una exageración. Creo que nadie tiene esa cantidad de solvencia actualmente.
—Pues si cree que exageramos en el valor, está claro que no entiende de diamantes —espeta Fiona, fulminándolo con la mirada—. Si no va a aceptar la oferta, buscaremos otro comprador.
—No me costará nada encontrar otro en menos de 24 horas —exhala Loid, siguiéndole el juego a su camarada—. Ya que no hay trato ¿Me devolvería la lista?
—Mierda. Es inútil. No dejan si quiera un chance de reclamos —repasa, importunado—. De acuerdo, de acuerdo. Hablaré con el contador y…nos llevaremos las rocas. Todas. Subteniente Briar, pase por aquí por favor. Para firmar el pápelo.
En lo que Fiona y yo cruzábamos miradas solapadas de satisfacción, pude notar como Yuri y Yor se licuaban delante de nosotros. Completamente abstraídos, atraídos como abejas a la miel. Indiscutiblemente embaucados. Tanto como la ridícula estafa y el valor obsceno que le habíamos dado esas absurdas piedras. Los Ostanianos habían demostrado con creces, no entender absolutamente nada de joyas. No sé si por su cultura menesterosa, la guerra o una educación escolar paupérrima. A menos que no hubieras asistido a un buen colegio de alta alcurnia, no te enteraban ni donde cagabas o comías. Esto ameritaba una celebración.
Saliendo victoriosos de tal transacción, Yuri dijo.
—Mas allá de las aprensiones que pueda tener sobre ti, Loidi. Creo que tienes un talento innato a la hora de convencer personas —esclarece, quejumbroso— Es eso mismo lo que me da miedo. Posiblemente seas un talentoso hombre de negocios. Pero me sigo cuestionando…si acaso eres capaz de hacer lo mismo con una mujer como mi hermana —añade—. Sin embargo, tampoco te daré mucho crédito. Por esta vez, tu prim-…quiero decir, la señorita Frost. Hizo un trabajo impecable. La felicito por ello.
—Jm. Yuri se ve tan tierno mostrando un lado mas sensible —Yor desvela una risita infantil, añadiendo—. En verdad, les agradezco mucho lo que hicieron hoy. ¿Les parece si nos vamos a celebrar?
—Solo hago mi trabajo. No hace falta caer en tales halagos —espeta Frost.
—¡Nighftall! —Twilight la fulmina con la mirada.
—Lo que quería decir —carraspea la mujer, retractándose al instante—. Muchas gracias por el cumplido, subteniente Briar. Estamos a sus servicios.
—No hace falta que seas tan formal, Fiona —exclama la pelinegra, briosa—. Si puedo llamarte así ¿No?
—No—. Si, claro.
—Ahora que vamos a trabajar juntos. Creo que sería bueno que nos tratáramos con más solvencia —sugiere la heredera— ¿No te parece una buena idea, Yuri?
—Por supuesto hermana —asiente contento, el militar.
—Me parece una mierda—. Me parece perfecto, para mi —revela Fiona.
—¿Les gustaría ir a cenar a un lugar de mariscos? Se me antojan unos mejillones —sugiere Forger, animado—. Tanto hablar de piedras, me atosigó un poco, jeje.
—¿Mejillones? —Nighftall se ruboriza— Yo podría…
—Claro que sí, cariño —balbucea su novia, aferrándose a su antebrazo—. Me muero de hambre.
—¿Cariño? Óyeme, estúpida. ¿Por qué lo llamas así? ¡¿Y ese brazo, que?! —Fiona se cubre la boca, con el puño—. Creo que tengo algo de indigestión.
—¿Te sientes mal, Fiona? —consulta Yuri, preocupado.
—¿Y este por qué me tutea? —. Es que no desayuné bien —miente.
—Creo que sé de algo que podría alegrarte —adiciona el militar, sacando un sobre repleto de dinero en el interior—. Ten. Es el pago por tus servicios. ¿Mejor?
—¡OYE! —. Si, mejor —asiente la estafadora, esbozando una mueca altiva—. Ya me dio hambre. Vamos.
—Esto…—Loid hace una pausa, turulato— Puede que no salga tan bien como pensé…
Restaurante "Entre mares". Al sur de Berlint. 20:15PM.
Estoy tratando. Mas bien, obligándome. De sobremanera, no prestarles mucha atención a las actitudes hurañas que Nightfall irremediablemente no logra ocultar. Pero no me lo está facilitando. No importa que haga o que no diga. No deja de lanzar cuchillas en forma de comentarios pasivo-agresivo. Si no consigo que se relaje y se apegue al plan, ambos nos iremos cortados de las pelotas. Lo digo muy en serio. En mas de una ocasión, ensayo abordarla con miradas sagaces y gestos corporales para que se controle. Sin embargo, con cada mueca de cariño que Yor me regala de manera inocente, su rostro se desfigura. Y si sigue en esa dinámica, terminará llamando la atención de Yuri. Que por sobre todas las cosas, me odia. Aunque intente disimularlo muy mal. Necesito regresarla a su centro.
—Tengo ir al baño un momento —se levanta Loid, disculpándose—. Ya vengo — Tu. Ven conmigo. Ahora mismo.
—Cierto. Que torpe. Olvidé lavarme las manos antes de cenar —Fiona ha captado su inquisitiva demanda, acompañándolo detrás— ¿Me dan un momento? No tardo.
—Se ve que son muy cercanos —profesa divertida, Yor. En un dejo de cándida ternura—. Hasta van sincronizados al baño juntos. Se parecen un poco a nosotros, de pequeños.
—Hermana. Esa chica…
—¿Eh? — Ay, no. Por favor. Que ya no me venga con otra de sus inseguridades incluso con la prima de Loid. Porque yo no…
—Esa chica…—completa el policía, indiscutiblemente exacerbado—. Me parece muy linda.
—¿Qué? —parpadea, estupefacta— Ah. ¿No iba a decirme algo malo de ella? — ¿De verdad?
—No sé. Yo…realmente no comprendo que me sucede —murmura derrotado, el menor. De puños contritos—. Pero es muy inteligente y atractiva. Me recuerda demasiado a mamá. ¿Crees que esté delirando?
—N-no…nada de eso, Yuri —niega la heredera, briosa—. Al contrario. Me parece increíble que, por primera vez, no pre juzgues a alguien solo por su rostro — Es increíble, de hecho. Me da mucha calma — ¿Te gustó Fiona?
—No sé si la palabra "gustar" sea la mas adecuada —reconviene el menor, timorato—. Pero digamos que…tiene "algo". Algo que me da confianza.
—Es que es muy profesional ¿No la viste?
—Ahora entiendo un poco cuando me decías que Lotty era muy competitivo —manifiesta, caviloso—. Ambos tienen potencial y son muy expertos en la materia. ¿Crees que debería…?
—Es tan lindo. Le daré un empujoncito porque ni si quiera el, lo entiende —Yor estira su mano por sobre la mesa, tomando la suya—. Yuri. Estas siendo un muy buen niño ahora mismo. Ya no le des más vueltas y déjate llevar ¿Sí? No todas las personas son malas.
—Si…—murmura de vuelta, con el rostro teñido en un rojo resuelto—. Lo haré…
[…]
—¿Qué carajos crees que haces, Nightfall? —la increpa Forger, contra la pared del pasillo—. Tus actitudes nos están costando la misión. ¿Acaso olvidas a que vinimos?
—Óyeme, mentiroso de mierda —masculle colérica la chica, siendo ella quien lo azota contra el paredón— ¡¿Por qué no me dijiste que Yor era tu novia?!
—¿De que hablas? —impugna, arisco—. Si te dije que teníamos algo.
—¡Si! ¡Pero nunca lo especificaste! —chilla, enajenada— ¡¿En qué momento?! ¡Si hasta te trata de "cariño"!
—¿Te quieres calmar, por favor? Me estas poniendo en una posición que no quiero —sesga Twilight, fuliginoso—. Y es incómodo.
—Si para ti es incómodo, imagínate como es para mí.
—Fiona, por favor. Vuelve en si —suplica Forger, cogiendo su rostro con ambas manos—. Mírame. Estamos fingiendo, joder. Esto es una farsa. Necesitamos ese maldito diamante. En cuanto lo tenga en mi poder, nos largamos. ¿En qué momento te perdiste?
—En el momento en que me di cuenta de cómo la mirabas, Twilight —apela la chica, quitándole de encima las manos.
—¿Y como la miro? —rueda los ojos, irónico— ¿Cómo un novio a su novia? ¡Pero si es así como debo aparentar verla! ¡¿Tu que pretendes?!
—Esa chica te gusta de verdad —farfulle Frost, ahorcándolo con el antebrazo, cual asesina—. Ni te atrevas a mentirme a mí.
—Ya te dije…que no —crispa un tanto asfixiado, de vuelta—. Es…parte del plan —coge sus muñecas, dando pelea—. Por favor, no confundas las cosas. Necesito que me creas.
—Eres una farsa, Twilight —clama furibunda, la chica. Soltándolo de golpe. Girándose para darle la espalda—. Ya no te creo nada. Pero para que veas que soy muy profesional en lo que hago, fingiré demencia. Al final de día, todo esto es mi culpa. Yo permití ser parte de este trabajo y en cuanto termine, veré que hacer.
—Fiona ¡Cof! —retoza Loid, ahogado—. Espera ¡Cof! No me-…
—Haz lo que quieras. Prometo no darte mas problemas. Y por favor —berrea, asesinándolo con los ojos—. No me vuelvas a tocar.
—…
[…]
—Ya se tardaron —murmura Yor, revisando la hora en su reloj— ¿No? ¿Crees que se hayan id-…? ¡Ah! ¡Chicos! —los divisa volver— ¿Todo bien? Dios mío, Loid. Te ves algo morado. ¿Qué pasó?
—N-no es nada, cariño. Descuida —ríe, simulando la afrenta en los baños—. El urinario estaba algo sucio y pedí que lo limpiaran, antes de lo demás. Todo sigue normal. ¿Ya ordenaron?
—Yo si —asiente Yuri.
—Yo igual —asiente Yor.
—Yo quiero lo mismo de ustedes —determina Fiona, impávida—. Sobre todo, el menú que pedirá Yuri. Veo que tiene buen gusto. ¿Un vino blanco para el pescado? Sobrio y elegante.
—Fiona…—Yuri se va a la chucha, completamente encandilado.
—Veo algo aquí, señores —Yor esconde una risita endeble detrás de su copa—. Brindemos.
Temo que esto…definitivamente se me escapó de las manos.
Mansión de los Briar. 00:14AM.
—Este té está muy bueno —halaga Fiona, resuelta— ¿De dónde proviene?
—Bueno…—titubea Yuri, tomando la palabra entre todos—. Verás. Lo traje del norte de Westalis. Resulta ser que…
Estuve escuchando por minutos enteros, el cómo Nightfall y el mocoso, hablaban tediosamente; largo y extendido sobre la maldita preparación de una simplona infusión de té negro. Ya no sé que busca realmente mi compañera. Pero si de algo estoy seguro, es que está furiosa. Muy molesta conmigo. Temo que de alguna manera yo haya dado a entender otras intenciones con Yor. Las que sin duda tengo. Pero que no conjeturé dar por alto a tal premura. Receloso, me vi forzado a tragarme las palabras, mordiéndome la lengua. Desconozco si era este, el resultado de mis métodos. Obvio que anhelo que pueda acercarse a él. ¿Pero a que costo? Injuriado en base la trampa que yo mismo me impuse, tuve que disimular. Fingir, estar mas interesado en Yor. Que en la relación que a regañadientes estos dos comenzaban a sembrar con dobles intenciones. Fui yo quien metió a cómplice en la partida. Cualquiera sea el resultado, debo mantenerme estoico. Hacer, como que no me afecta en lo mas mínimo.
Fiona hace lo suyo. Pero este mocoso de mierda, no está cooperando. Por cada diez palabras que salen de su boca, nueve son coqueteos lisonjeros. Incluso delante de mí. Halagos van y vienen, pasando de cara a mi presencia. Ya me encabroné. Me levanto.
—Vaya. Que tarde se hizo —expresa Loid Forger, tomando su sombrero—. Me parece que ya es hora de irnos. Gracias por el té.
—¿Cómo? ¿Ya se van? —debate el militar, afrontado—. Pero si íbamos en la mejor parte de la conversación. Le contaba a Fiona lo que viví en la frontera.
—En verdad fue una muy buena platica, Yuri —declara Twilight, deslucido—. Sin embargo, mi prima recién regresó hoy a la capital. Y temo que esté muy cansada con el viaje. ¿No es así, Fiona?
—No. La verdad es que no es así —niega la ojinegra, con altivez—. No me siento para nada cansada. Es más, quisiera seguir escuchando las historias del subteniente —lo asalta, de vuelta—. Si te sientes agotado primo. Puedes irte tu antes. Ya te alcanzo luego.
—Nightfall. Tu…
—Te lo buscaste, Twilight.
—Este…—sisea Yor, sin entender mucho del contexto—. Loid. Si te parece adecuado, yo puedo ir a dejar a tu prima a la casa luego de esto.
—Yor, tu no entiendes. No es eso —Forger niega con la cabeza, malogrado—. No. No es eso. Pasa que ella necesita volver a casa conmigo. Se pierde fácil. Lleva muchos años fuera de la capital y-…
—Se orientarme muy bien, primo. Muchas gracias por tu preocupación —niega Fiona, altiva—. Puedes irte. Ya me las arreglaré.
—Tsk…tu no…
—Forger —Yuri se levanta, dándose un golpe certero contra el pecho. De pómulos y orejas rojas—. Tienes mi palabra y mi honor, que devolveré a tu prima hermana sana y salva a casa. Solo déjala seguir hablando conmigo. Por la memoria de mi madre, la protegeré.
—¡Por la mierda! ¡Eso no es lo que quería! ¡Estúpido de mierda! ¡Yo no...! ¿Ya no me dices "Lotty"? Cabrón. Solo eres un virgen de mierda —exhala violentamente el rubio, saliendo por la puerta—. Ya hagan lo que quieran. Me voy. Adiós, prima. Nos vemos en casa.
—¡Espera, Loid! —Yor corre hacia él, alcanzándolo.
—¿El suele actuar así? —pregunta el subteniente, preocupado—. Es la primera vez que lo veo
—A veces —Fiona rueda los ojos, mas orgullosa que nunca—. No le des atención. Entonces. ¿Qué decías sobre el norte?
A la mierda. Váyanse todos a la puta mierda. ¡Que coraje! Si esta es la clase de relación que tendré que afrontar, con mi propia cómplice jugándome tontas payasadas. ¡Bueno! ¡Las aceptaré! ¿Cree que no puedo lidiar con ella y su pésimo humor? Como si fuese la primera vez que combato con ella. Tsk. Trabajar con Nightfall es un deleite. Solo hasta que se enoja. Ya me le voy a dar vuelta, señores. En cuanto estemos en casa, será mía de nuevo. Denlo por hecho. Mientras tanto, enciendo el motor del auto y lo caliento. Enciendo un tabaco en el proceso, ofuscado. Fumo en silencio. Alguien jala de mi brazo. Me descalabro por completo. Mierda. ¡Es Yor!
—¡Cof! —tose, tentado a tirar el cigarro— ¡Yor!
—No hagas eso —lo detiene de golpe, apaciguando su colera—. Disculpa. No tienes nada de qué avergonzarte.
—Yor. Yo no…
—Shh…—lo acalla, apabullándolo con un dedo pueril sobre sus labios—. Nunca he probado el tabaco… ¿Me darías?
—¿Eh?
—Curiosidad…—sisea, timorata.
—Te vas a ahogar…—advierte el rubio, entregándole el suyo—. No aspires mucho. Cierra la tráquea y puede que-…
—¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! —carraspea, nauseabunda y medio amarilla— ¡¿Esto que es?! ¡¿Estiércol de vaca?!
—¡Jajaja! —carcajea de vuelta el varón, enternecido por su reacción—. Mírate. Tienes los ojos rojos. Casi tomando drogas.
—No te burles, tontorrón —le da un empujoncito, divertida—. Definitivamente sabe a mierda.
—Si. Es verdad —asiente, mimoso—. Con los años te acostumbras.
—¿Por qué lo consumes? —pregunta, juguetona.
—Te relaja ¿Sabes? —revela, jovial.
—¿En serio? —refuta, asqueada—. Pero si sabe horrible. ¿De qué forma podría apaciguarme?
—Biológicamente hablando, el tabaco le quita aire a tu cerebro —Twilight se encoge de hombros, con naturalidad—. Si estas sufriendo una lluvia o tormenta de pensamientos, te fumas un cigarro y como aportilla tus neuronas, quien sabe…—ríe, soltando humo por la boca—. Dejas de pensar tan solo un momento. Te calma.
—Ya veo. Silencio…
—Eso mismo —expresa el ojiazul, brioso—. Pero tu no necesitas recurrir a esto. Que yo tenga vicios no quiere decir que tu también. Podemos…
—Loid —interviene Briar, menoscabada— ¿Te molesta que tu prima se lleve bien con mi hermano menor?
—¿Disculpa?
—Respóndeme.
—No. Para nada. Al contrario —falsea Forger, ensimismado. Acto seguido, eleva la mirada al cielo nocturno—. En el fondo, esperaba paz y armonía en la familia. Es solo que…Fiona lleva mucho tiempo viviendo afuera y temo no conozca como funciona la vida en Berlint.
—Pero si ellos llegaran a congeniar a tal punto de…bueno, quien sabe —murmura, jugueteando con el cestón de su vestido—. Que se hagan pareja. ¿Te resultaría incomodo?
—Si. Muy incomodo —. No. Para nada —miente—. De alguna forma ayudaría para que tu hermano deje de verme con esos ojos tan irascibles ¿No?
—Yuri no te odia.
—No lo sé.
—Loid —espesa Yor, segura de sus palabras—. La otra noche, que nos dejaste a solas para hablar, aclaramos muchas dudas. Y aunque no te lo dije, estoy infinitamente agradecida por eso. Fue un acto muy noble de tu parte.
Yor es una chica demasiado sincera conmigo. Tanto, que comienzo a desempeñar resquemores sobre lo que recapacita de mí. Lo que puede llegar a pensar o cavilar sobre mi vida en su existencia. ¿Qué significo para ella? Me asalta la duda. Porque si bien sé, estoy llevando a cabo un objetivo claro y concreto. Ella sin duda está escudriñando otra cosa. Algo que quizás no pueda darle. No obstante, a su humanidad y contra todo pronóstico, se esfuerza de sobremanera en dejarme muy en claro que me tiene aprecio. Yor realmente me quiere. De corazón. Quizás yo pueda llegar a su nivel, correspondiéndole. Pero ¿Fiona a Yuri? Es mejor que no se entere de eso. O podría romperla en el acto. Estamos usando a su familiar como un puente, literalmente. Siento que, si le contara toda la verdad, ella podría entenderme. Pero ¿Lo de su hermano? Jamás me lo perdonaría. Ni de aquí a la china.
Regresé con la boca amarga al apartamento esa noche. Estoy mas que consciente de que estoy jugando con esa mujer. Y ahora, con su hermano menor. Jamás antes sentí culpa de lo que hacía en mis otros trabajos. Llevé a cabo una infinidad de artificios parecidos a estos, de antaño. En ningún jodido momento me tembló la pera ni la mano. ¿Qué mierda pasa? A eso de las 4:10AM. Fiona se dignó a aparecer por la puerta. Yo no había podido pegar un puto ojo durante su ausencia. Se profesó sedienta, asaltando la cocina en litros de agua. Conozco bien ese augurio. Lo viví un par de veces, como el amante infiel y embustero que era. Fingí no entender, cuando ya sabía la verdad. La increpé. Me dijo.
—Luego del té, me ofreció un trago. Nada extraño.
La confronté de cara al mueble de cocina, asaltándola con premura. Mis ojos destellaban furia y parte de la melancolía que me atosigaba en ese momento. Tal como hizo ella, la olfatee. Como un perro buscando vestigios de mejunjes. A diferencia de ella, yo si sabía disimular el olor. A mi nadie me engaña. Por ser el maestro de la mentira, me deben honores en el proceso. Aunque se haya bañado, lo hizo pésimo. No sabe aparentar.
Eres una profesional, Fiona. Pero muy amateur en el sexo. Lo siento. ¿O es que acaso no querías disimular nada?
—¿Qué haces? —berrea Fiona.
—Te acostaste con el —sentencia Loid.
En efecto. No quería esconder nada. ¿Y que creen que hizo? Obvio. Es mujer. No cae en absurdas mentiras. Ellas jamás se irán con rodeos, si te quieren dejar en claro una cosa. Subestimarlas, es estúpido. Sin un tapujo en la lengua, confesó abiertamente.
—Si. Lo hice —revela Frost—. Pero descuida, "Twilight". Es parte de la misión. Si me disculpas —discurre, pasando por alto la afrenta—. Me voy a la cama.
—Alto ahí, Fiona —espeta Loid, jalándola del antebrazo— ¿Qué mierda haces? ¿Es una venganza acaso?
—¿Venganza? —ríe Frost, sarcástica— ¿Qué cosas imaginas? No te creas tan importante, Twilight. Esto es parte de la misión ¿O no? Tu con Yor. Yo con Yuri. ¿No iba así la cosa?
—Escucha, yo no-…
—¿Qué no te quedó claro en los baños? —masculle, quitándole de encima la mano, en tono hosco— No me toques.
—¡Fiona! ¡No me-…!
—Buenas noches —veredicta la peliblanca—. Ah, por cierto. Soy la nueva guardaespaldas de la familia Briar. Tal y como iba en el plan. Yuri me contrató. ¿Me vas a dar un obsequio? —silencio del otro lado—. Eso mismo pensé. Hasta mañana, Twilight. Porque a partir de mañana, tú y yo trabajaremos juntos. Descansa.
—…
No puedo reconocer ya, si somos tan profesionales o nuestros sentimientos nos juegan de frente a los acontecimientos. Como nunca antes, tanto Nighftfall como yo, nos hemos visto victima del mismo asalto del meollo más pueril. ¿Qué pasa aquí? ¿Somos tan débiles? Al punto de bajar la guardia. ¿O es que nuestros corazones nos delataron, siendo coautores? Un corazón delator lo acepto. Pero ¿Esto es realmente lo que buscaba?
Necesito ese diamante cuanto antes. Es eso, o desbaratar todo…con Fiona y Yor. Porque si me dan a elegir. ¿Qué es lo que realmente quiero?
