—Te voy a contratar —sentencia Yuri, decidido— ¡Frederick! ¡Tráeme los documentos del despacho! ¡Firmamos ahora!

—A su orden, señorito Briar —asiente el mayordomo.

Mansión de los Briar. 1:36AM.

—Pido una disculpa sobre mi primo —sisea Fiona, simulando desentenderse del tema—. Es un tanto nervioso. Tuvo que irse de urgencia porque no le gusta pasar fuera de casa de noche.

—No digas nada más —niega Briar, arrojado—. Todo entendible, jejeje…por favor, te pido aceptes este documento.

—Con gusto lo firmo —atañe Fiona. Garabatea en el papel—. Bien. Oficialmente soy tu nueva guardaespaldas.

—Es maravilloso —relee el subteniente, jocoso—. Mira este historial. Estuviste en la guerra. Tienes experiencia de sobra. Se que me cuidarás.

—¡Yuri! —advierte Yor, afrontada— ¡Loid se fue sin su abrigo! ¡Lo acompaño!

—Pero…—sisea Nitghtfall.

—Déjala —espeta el menor—. Son cosas de novios. Ahora mismo…—añade, vigoroso. Se sienta a su lado, ofreciéndole otra taza de té— ¿Bebemos esta infusión?

—Mira, Yuri —delimita Frost, con voz hosca—. Si bien vamos a trabajar juntos, quiero que sepas que soy muy profesional. Así que…

—¿Así, que…?

—Así, que…—recula, liada— Estúpido Twilight. No creas que serás el primero en esto. Es obvio lo que hiciste con Yor. Este mocoso se ve que jamás ha remojado el leño. Y es por eso que me lo llevaré al bolsillo—. Sellamos esto ¿No? En tu cuarto…

—…

—…

—Ven conmigo —le expresa el pelinegro, estirando la mano—. Vamos a mi habitación.

—Te sigo…

10 minutos después. En el cuarto.

—Esto…no es para nada profesional de mi parte, Yuri —masculle Fiona, afrontada. Mas abochornada que otra cosa, se levanta de la cama—. Te pido una disculpa. En realidad…creo que me dejé llevar por el momento.

—¡Fiona! ¡Espera! —le ataja en la entrada, malogrado—. Lo entiendo. Independientemente de lo que no haya pasado. Si aceptarás trabajar para mi ¿Verdad?

—Es un hecho. Mañana mismo empiezo —asevera la peliblanca, abandonando el lugar—. Hasta mañana.

Demonios. Era demasiado bueno para ser cierto. De igual forma…mi hermana debe de andar rondando la casa. No sería ideal que nos pillara o algo así —Briar sacude la cabeza en negación, de lado a lado— A la próxima, que me invite un trago primero.

[…]

Lo cierto es que…mentí —repasaba Fiona, recogiendo un par de trastes del lavaplatos— No llegué a acostarme con Yuri. Solo quería ver la reacción de Loid y a juzgar por su semblante, se ve que le afectó de sobremanera. Lo sabía. En el fondo le importo.

Era una ridiculez. Sin sentido, por lo demás. Nightfall solo buscaba provocarme, más que una venganza. Víctima de sus celos enfermizos, comprobar si realmente me importa o algo así. Lo cierto es que tener esta clase de altercados con ella no facilita mi propósito. Esa mañana apenas logramos cruzar un par de palabras escuetas. Tratando de seguirle el juego de una "pelea" infantil, simulé estar ofendido por su declaración. Incluso si teníamos que compartir el desayuno y el trayecto a la mansión de los Briar. Vamos, tampoco voy a engañarme. En el fondo si me molesta bastante el asunto. No es la culpa lo que me invade con desazón. Porque estoy consciente de que yo lo hago con Yor. Es más bien… ¿Qué es? ¿Mi orgullo quizás? ¿Tener que compartirla con otro? ¿Así como lo hace ella conmigo? Y eso que ni si quiera se entera de la verdad porque como lo compruebe a bocajarro, no sé qué clase de reacción violenta tendrá.

Yor había preparado un itinerario muy atareado para nosotros. Constantemente ordenaba a su mayordomo entrar y salir de aquel cuarto secreto. Sacando a diario maletas enteras de objetos valiosos. Le pedí a Franky que me hiciera una lista detallada de quienes eran los disidentes de Yuri. Sus sínicos enemigos. Esos que le tenían sangre en el ojo. Ganarme su confianza, era parte del proceso. Yo tenía mi propia misión. Acercarme a la heredera de la familia Briar lo más que pudiese. Hasta lograr hacerme con el diamante. En paralelo, Nightfall jalaba de sus propios hilos. Afiatando su relación con el mocoso, para robarle información. Dos estafadores profesionales, metidos en un mismo saco, con equivalentes designios. Compartiendo situaciones y escenas incomodas, que amargamente debí soportar.

Pasaron así un par de meses. Mi relación con Yor iba de viento en popa. Conseguí embelesarla con mis encantos, regalándole flores, escribiéndole poemas, yendo por ella al ayuntamiento, codeándome con sus conocidos. Escuchando sus problemas más íntimos, sus sueños y anhelos. Retozando ser el novio perfecto e idílico cual cuento de hadas. Tuvimos muchas citas, entre variadas reuniones de negocios. Hasta que un día, me llegó el rumor por parte de Franklin, que Melinda Desmond estaba organizando una fiesta conmemorativa para su institución de mujeres patriotas. Algo del partido político de su esposo. Este se llevaría a cabo en el centro cívico de Berlint. Un lugar que solía albergar al menos una vez al año, grandes figuras del escrutinio público. Todos juntos, mas no revueltos. La instancia propicia para articular extender mi red aún más lejos. Ojalá, más allá de las fronteras. Ya que sabía de buena fuente, que también asistirían ciertos gabinetes de Westalis. En su mayoría gubernamentales y huestes retiradas. Con suficiente poder adquisitivo como para comprar la mitad del país.

Para cuando llegó el verano y las altas temperaturas atosigaron la urbe, Yor y yo éramos casi como un matrimonio. No en el papel, oficialmente. Sin embargo, la gente que nos conocía percibía con creces ese sentimiento brioso de compromiso. La tensión sexual, sobre todo.

En cuanto a mi cómplice de delitos. Bueno…se las había apañado bien. No comprendo del todo qué clase de lobotomía le hizo al subteniente. Pero no había cabida en ningún momento, para que diera un paso en falso si Fiona no lo permitía. Está claro que se acuestan. Un hombre no andaría tan baboso detrás de una chica, solo porque es bonita.

Se que en algún momento podré lograrlo. ¡Yo lo sé! —pensaba Briar, garboso— Fiona me aceptará y podremos unirnos físicamente. Dios…que ansioso me tiene —no se entera.

Bueno, este chico es un cargante —suspira Frost.

Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, comienza a importarme bastante poco lo que haga con su vida. Es extraño. Porque vivimos juntos. Compartimos no solo el baño, si no también intercambiamos ideas y escrudiñamos metodologías avanzadas sobre el tema de nuestros timos. Siendo la guarda espaldas de Yuri, ha conseguido chantajear a varios altos mandos Ostanianos. En la justa medida de lo amenazante que es su porte. Siento que hemos llegado a un punto de nuestra cofradía, en donde ya no considere enseñarle nada más. Fiona se desenvuelve sola. Como aprendiz, alcanzó el límite de mis conocimientos. Soltarla…es lo mejor para los dos.

[…]

—Dios santo, este calor es insoportable —se queja Millie, meneando un abanico—. Ni si quiera logro refrescarme con esto.

Centro cívico de Berlint. Sábado. 16:10PM.

Nos encontramos en el patio trasero del lugar. Hay mucho verde en el ambiente. Incluso un par de piletas de agua. Pero la vehemencia abrasadora del astro rey, no les da tregua a los asistentes. Ni si quiera las copas de los árboles, logran darnos algo de sombra refrigerante. Traté de elegir un atuendo elegante, no muy asfixiante. Aun así, me incomoda en las axilas. En más de una ocasión, me estiro el cuello de la camisa. La temperatura no acompaña la velada.

—Leí en el periódico que se esperaban décimas arriba de los 30 grados —sisea Sharon, hastiada—. Me costó escoger un vestido adecuado.

—Aun así, no podíamos faltar —espeta Camilla, soltando un jadeo febril—. El supervisor dijo que, si no salía bien este evento, nos recortaría parte del salario.

—En lo personal, me parece algo abusivo de su parte —protestó Yor, acomodándose el sombrero con pesadez—. Como si pudiéramos controlar el clima.

—Por otro lado, Yor —agrega Myers, divisando a lo lejos a Loid—. Tu novio se ve increíble esta tarde. A pesar del calor, hace como si nada pasara para poder conseguir potenciales negociantes. Trabaja incluso en momentos así.

—No ha sido fácil —suspira Briar, preocupada—. El pobre no logra despegarse de la barra de limonadas. Solo espero no beba demasiado o pasará más en el baño que otra cosa.

—Esa chica que acompaña a tu hermano —murmura Camilla, curiosa— ¿Quién es? No le quita los ojos de encima.

—Ah. No es nadie malo, descuiden —explica la pelinegra, sosegada—. Es la prima hermana de Loid. Ahora trabaja como parte del personal de seguridad de mi hermano, hace un par de meses. Es natural que no deje de verlo. Debe resguardarlo en todo momento.

—¿Eh? No, yo…—corrige la rubia, pasmada—. En realidad, me refería precisamente a Forger.

—¿Disculpa?

—¿No lo has notado? —expone la funcionaria, azarosa—. No mueve una pestaña, si no es en dirección hacia tu novio. Pareciera que vino más bien a vigilarlo a él, que a Yuri.

—¿Cómo…? —Yor hace una pausa, confundida. Voltea, percatándose de que las insinuaciones de su compañera, son reales. Realmente no pasa por su hermano—. N-no…me había dado cuenta de ese detalle.

—¿Como qué no? —adiciona Camilla, altiva— ¿No lleva trabajando para tu familia durante meses?

—S-si. Pero…—Briar baja la cabeza, embrollada— Un momento. Es cierto. Ni si quiera se ha tomado la molestia de girar a ver a Yuri. ¿En qué momento lo pasé por alto? Bueno, son familiares. Supongo que tendrá sus aprensiones ¿No? Lo cuida mucho —despabila, negándose a sí misma a una posible falsa idea—. De seguro lo hace porque lo estima bastante. También es parte de su trabajo, cuidarlo.

—¿Estás segura de que es su prima? —sugiere Millie, recelosa—. No se parecen en nada. Hasta diría que le trae bronca.

—¿Bronca? —parpadea, estupefacta—. Eso no tiene sentido ¿Por qué Fiona odiaría a su primo?

—Vamos, chicas. Ya no le metan ideas extrañas a Yor en la cabeza —berrea Sharon, fastidiada—. Solo la confunden. Son apreciaciones —le da una palmada en la espalda—. No las tomes en cuenta.

—Mhm… — Si, pero…sigue siendo extraño. Será mejor que comience a prestarle más atención a lo que hace.

Un poco más allá.

—Deberías quitarte la chaqueta, Twilight —plantea Fiona, simulando tomar una bebida de la mesa—. Estas sudando como una vaca.

—Estoy trabajando, Nightfall —espeta el rubio, bebiendo un sorbo de limonada—. Por favor no me interrumpas.

—¿Trabajando? —se mofa la peliblanca, solapadamente a un costado de el—. He conseguido más clientes en 20 minutos, que tú en un año. Me parece que estas perdiendo el toque por andar jugando a la casita con Briar.

—¿Por qué me hablas? —gruñe Loid, limpiándose la frente con un pañuelo de tela—. Vete a cuidar a Yuri. El mocoso te necesita más.

—Él está de maravillas —atañe Frost, fingiendo demencia—. No anda preocupado de estupideces.

—Cierto. Solo le interesa tu trasero —masculle.

—¿Celoso? —arquea una ceja.

—Ya quisieras —refuta Forger, cogiendo su décimo trago de jugo—. Déjame en paz y no estropees la misión. No es bueno que nos vean juntos por mucho tiempo.

—¿Por qué? ¿Te preocupa que Yor se haga ideas extrañas de nosotros?

—Claro que me preocupa —frunce el ceño, ofuscado—. No deseo que cavile cosas absurdas y la hagan dudar de mí.

—¿Cosas, como qué? Por ejemplo…—balbucea, detrás de una copa de jugo— ¿Qué somos amantes? ¿Qué nos acostamos? ¿Qué intentamos estafarla? —lo provoca—. Pobrecita. Casi llego a sentir lastima por ella.

Oye —manifiesta Twilight, increpándola de lleno—. Ya basta con esta mierda. ¿Qué pretendes? Tu mejor que nadie está consciente de lo que hacemos. ¿Por qué de pronto te empeñas en arruinar todo? Si no quieres el diamante, dímelo. Y con gusto le diré a Handler que tu cagaste todo el plan.

¿Yo cagué el plan? —lo enfrenta, colérica—. Eres un hipócrita.

—¿Disculpa?

De vuelta a las chicas.

Mierda —Yor se asusta, tras verlos intercambiar expresiones irascibles desde el fondo. ¿Realmente se llevan mal? No tiene la más mínima idea de contexto sobre lo que hablan. Pero verlos tan apasionadamente molestos, le remueve las tripas— ¿Qué significa esto? ¿Puede ser que Camilla tenga razón? Fiona es…

—¡Oye, Yor! —exclama entusiasmada, Millie. La jala del brazo— ¡Vamos! ¡Melinda dará una arenga!

—¡S-si! ¡Ya voy! —exclama turulata, la heredera. Se ha despistado unos momentos, perdiendo el hilo de sus aprensiones. En cuanto regresa la vista a los primos, estos ya ni si quiera están juntos. Se han dispersado. Traga saliva, compungida. Repleta de dudas, reflexiona— Si Fiona no es realmente la prima de Loid. ¿Quién demonios es…?

Me vi forzado; amargamente de dejarla hablando sola. De mala gana, obvio. Detesto perder una discusión. O hacer caso omiso a la palabra de una mujer. Pero si no me movía raudo, todo se hubiese ido a la mierda. Ya había notado que Yor nos observaba perturbada desde el otro lado del jardín. Sentir recaer sus intenciones confusas sobre mí, encendió una alarma roja en mi pecho. Carajo. Estas son las estupideces que Nightfall provoca y que no ambiciono tener que lidiar. Si quiere pelear conmigo, que se espere hasta llegar a casa. ¡No en público!

Los asistentes se agruparon alrededor de un escenario improvisado. Todos ellos, aglutinados como sardinas. Sudorosos. Trastornados por el calor. Abochornados. Desesperados por agua.

La señora Desmond abrió el discurso con una alocución apasionada, de cara a tocar el corazón de los Ostanianos en su sentir más fervoroso. Convocaba, muy convencida de su narcisismo, a hacer "patria". Devolviéndole la grandeza de antaño a la nación, mediante la adquisición de trofeos de guerra. Fue como ella los llamó. En realidad, eran un sinfín de chucherías que se robaron durante el conflicto bélico. En ese punto, me pareció que Melinda y yo, compartimos cosas en común. Pero solo en el papel. Porque reglamentariamente hablando, ella es una ladrona legal. Yo no. Éramos la misma mierda. Solo que con otro color. Apelaba a que sus invitados, invirtieran sus pocos Dalks a conseguir reliquias. Todo esto, con un propósito "histórico". Según ella. Recaudar fondos para su inmoral campaña de lavado de dinero.

Tras finalizar la proclamada misiva, descendió del podio entre aplausos y beligerantes encomios. Consentida, claro. Por su círculo más elitista. Sentí nauseas. Y unas ganas de mear que me llevaba el diablo. He bebido demasiada limonada. Me duelen los riñones ya. Tras una pausa prolongada, me resté de la contienda en dirección hacia los baños. Tuve que resistir hacer una fila que amarillento, la vi interminable. Solo para cuando llegó mi turno, me descargué de lleno contra un urinario desocupado. El ultimo del lavado.

Estaba tan abstraído en mi pena por orinar, que no llegué a pulsar quien me acompañaba a mi lado. Era Yuri Briar. En persona. Con solo un retrete, que nos separara. Me di cuenta que era el, porque noté sus botas negras bien lustradas. No otra cosa. Me dijo.

—Mucho calor hoy —murmura— ¿No?

—Si. Demasiado —sisea Loid, metido en lo suyo.

—¿Te la estás pasando bien, Lotty?

¿Por qué demonios me habla justo ahora, que estoy orinando? —repasa Forger, abochornado—. Si…algo…—se retrae— ¿Qué pretende este tipo?

—Ejem —carraspea Briar, desviando la mirada—. Nada mal…

—¿Perdona…? —berrea Twilight, apabullado. Instintivamente, se cubre con el antebrazo—. ¿Cómo dices?

—Que.

—¿Me la estás mirando? —protesta el rubio, absorto.

—Si, obvio —admite el pelinegro, sin tapujos—. Que ¿Acaso te molesta? ¿Eres de esos hombres de masculinidad frágil? Por favor…

—¿Ah? — ¡¿Pero que mierda?! —Twilight se reprime así mismo, sintiéndose muy chiquito—. Po-Por favor…no hagas eso. Te lo pido. No creo que sea importante…

—Tranquilo. No soy homosexual. No lo es. Te estaba dando un cumplido, de hecho —se encoge de hombros, restándole importancia—. Yo también tomé mucho jugo. De arándanos, de hecho.

—Ya. Arándanos — Esto es muy bizarro. Pero… ¿Por qué de pronto ya no me ofende? —recula—. Oye…

—¿No te gustan los arándanos? —protesta el militar, tirando la cadena.

—Me gustan —asiente, descalabrado—. Es una fruta muy rica en vitamina D.

—A mi hermana le encantan los Arándanos —advierte Briar, subiéndose la cremallera—. Será mejor que aprendas a hacer un té de arándanos. O te irá mal.

—¿Qué tiene que ver? —consulta Forger, liado—. Disculpa. ¿El porte de mi hombría con el jugo de arándanos…?

—Límpiate —sentencia, lavándose las manos.

—¿Cómo dices? —no entiende nada.

—Oye…Loid Forger…—añade Yuri, secándose con una toalla en el proceso.

—¿Dime?

—Tu prima…

—¿Qué pasa con mi prima? —finge no enterarse— Es obvio lo que me dirá.

No. Nada…—recula el subteniente, abriendo la puerta—. Adiós.

—…

Pero ¿Esto que fue? ¿Qué coño? Yo estaba de lo mejor orinando y este tipo viene de la nada. Primero a descargar su furia. Luego a cuestionar mi masculinidad. Y al final termina yéndose con una frase que compagina las cualidades de Nightfall hacia su persona. ¿Pero de que va? No pienso caer en sus gansadas. Me cago en todo. Acabé de hacer lo mío y claro que regresé a la celebración. Obvio, que me limpie. No me quieras dar cátedras de lo que es real y lo que no. Debo estar siempre dispuesto para Yor. Actualizado y metódico. Yo solo quiero que no tenga ojos para nadie más. Soy yo o nadie. ¿Lo captas?

—Que discurso tan enriquecedor, Melinda —exclama Yor, obnubilada— ¡Es una maravilla!

—Me alegra mucho que estes contenta con el —le regresa el cumplido—. Con esto he logrado que varias personas importantes se unan a nuestra campaña. Para devolverle la grandeza a Ostania —añade, sagaz—. Porque yo imagino que seguirás con el trato que tenemos ¿No? Ese chico, Forger. No va a entorpecer las cosas. ¿Verdad?

Que complicado se ha vuelto. La verdad es que deseaba decirle que ya no seguiría con el acuerdo. Pero, su mano…me está doliendo —Briar finge un mohín de complacencia—. Ante cualquier duda o especulación que haya. Solo quisiera aclararle que mi novio no es motivo de ninguna decisión que tome a futuro.

—¿Tu novio? ¿Cómo? —parpadea, espantada la mayor— ¿Ahora son pareja?

—¿Hay…algún problema con eso?

—¡N-no! ¡Nada de eso! ¡Jeje! Que cosas —Desmond se contrae, ofendida— Tsk. Que fastidio. Ese extranjero va a arruinar todo. Con los precios que está poniendo, es imposible solventar esto —la suelta—. Solo me tomó por sorpresa. Es que lo vi muy meloso junto a aquella muchacha de cabello gris.

¿Qué? ¿Melinda también lo notó? Ay, no…puede que entonces, no esté siendo paranoica —recula la menor, deslucida—. Disculpe. Pero…está pre juzgando mal. Fiona es en realidad la prima de Loid. Un familiar. Que ahora trabaja de guarda espaldas de Yuri.

Un segundo. ¿De verdad ese idiota dijo eso? Es obvio que es mentira —la presidenta empequeñece los ojos, ávida de sembrar dudas en su camarada—. Mhm…bueno, tal vez eso te haya dicho a ti. Pero no lo sé. Tengo mis años también ¿Sabes? Se reconocer la tensión sexual de dos jóvenes cuando los veo. Solo ten cuidado con eso —sentencia— ¿Nos vemos el lunes? Haré una cena para algunas madres patriotas y deseo que tú y tu hermano asistan. Que venga el anticuario también. Me gustaría que revise un par de joyas que algunas chicas traerán para tasar. Y dado que confío en su profesionalismo, tal vez sea de buena ayuda. Si me disculpas —se despide— No hay manera de que ese aparecido de cara bonita haya logrado en un mes lo que ningún otro solterón de Berlint pudo en años. Conquistar a Yor es sencillo. ¿Pero al subteniente? Aquí hay algo que me huele mal. Y lo averiguaré, cuanto antes.

Yo…ya no sé qué pensar al respecto —reflexiona la joven heredera, frustrada por el sin fin de pensamientos nocivos que la asaltan— ¿Acaso me estaré dejando llevar? Mi inexperiencia en asuntos amorosos me está pasando la cuenta…

—¡Yor! ¡Con que aquí estabas! —la alcanza Forger, corriendo hacia ella—. Te estuve buscando por todos lados. Te me perdiste de pronto.

—Yo también te estaba buscando, Loid —falsea— ¿En dónde estabas?

—En el baño —admite Twilight, sobándose la mejilla derecha—. Hace mucho calor. Y me temo que he abusado sin querer de los bebestibles. Ya perdí la cuenta de cuantas veces he id-…

—¿Dónde está Fiona? —cuestiona la pelinegra, interrumpiéndole de golpe—. Quiero decir, "tu prima".

—¿Ah? Pues, yo…—se gira hacia la multitud, escudriñando con la mirada—. No lo sé, Yor. Supongo que con Yuri.

—¿No sabes en dónde está?

—¿Por qué tendría que saberlo? —sisea el rubio, embrollado—. Que sea mi familiar no quiere decir que sepa todo lo que hace. Es la guarda espaldas de tu hermano ¿No?

—Mhm…no lo sé —murmura Briar, indecisa—. Es que hace un rato los vi parlotear bastante en la barra de bebidas. Pensé que si sabrías de lo que anda haciendo.

—Amor… ¿Te encuentras bien? —discute el varón, ligeramente inseguro—. De pronto me da la sensación que te preocupa Fiona. ¿Estás desconfiando de ella? Tu descuida, no le hará nada malo a Yuri. Es muy profesional.

Si supieras que en realidad lo estoy haciendo de ti…—sacude la cabeza, finalmente obviando el tema— ¡No es nada! Confío mucho en su trabajo. ¿Qué harás el lunes por la noche? ¿Tienes libre?

—Ah. Pues…sí, claro —asiente, jocoso—. Si es para estar contigo, me hago el tiempo de hecho. ¿Qué es?

—Esta vez no es una cita como tal. Digamos que Melinda hará una cosa importante en casa y me pidió explícitamente que tú también asistieras para ayudarla con unas tasaciones —explica Yor, fingiendo demencia y jalando de su antebrazo.

—Si es trabajo, con gusto voy —confiesa, halagado—. Este calor no está dando tregua. ¿A qué hora termina el evento?

—Técnicamente ya acabó, pero…—relata la fémina, volteando a ver a sus compañeras de empleo—. Quisiera quedarme un poco más, si no es molestia para ti. Van a sortear un bingo y quisiera pasar tiempo con mis amigas. Si gustas o tienes cosas que hacer, puedes irte si quieres.

—¿Eh? No. Te esperaré aquí —veredicta el ojiazul—. Soy tu chofer personal ¿Lo recuerdas?

—Fiona puede llevarnos a mí y a mi hermano —se aparta, con actitud huraña—. No te molestes, estaré bien.

—Pero, Yor. Yo soy tu novio también…

—¡Yor! ¡Por acá! —berrea Camilla, desde un costado— ¡Ya va a comenzar! ¡Ven a tomar una cartola!

—Eres mi novio, Loid. No mi marido. Si me disculpas, me voy con ellas. Gracias —besa su mejilla.

—…

¿Qué demonios ha sido todo eso? ¿Qué pasa? ¿Por qué de pronto tengo la ligera sospecha de que Yor me estaba echando? ¿Será que me vio hablar mucho con Nightfall y ya…? No. No tiene sentido. Relájate, Twilight. No hay motivos para que recele de tus intenciones. Es demasiado ingenua para eso. Y estar cavilando símbolos absurdos solo porque nos ve juntos, es ridículo. Ante los ojos del mundo, Fiona es mi prima. ¿Qué clase de miramientos estará tramando ahora? Como para declarar abiertamente, que no me necesitaba. Tengo que saberlo. Aunque ahora mismo, quedarme sería muy equívoco de mi parte. Levantaría serias dudas de control y manipulación. Así que simulo restarme de la fiesta, escondiéndome detrás de unos matorrales para tomar la apariencia de otra persona. Una, que me permita moverme cómodamente y no pueda reconocerme. Noté que uno de los generales del partido nacionalista se marchaba. Era mi carta de entrada a continuar en acción.

Me quedé hasta el final. Agazapado, escondido detrás de una falsa identidad y una máscara muy facultativa. Aparenté continuar dialogando con un par de asistentes más, desplazándome discretamente a tan solo escasos metros de ella. Lo suficiente como para escuchar sus conversaciones. A eso de las 20:10PM, la puesta de sol tiñó de cobrizo el cielo. Si bien había bajado un poco la temperatura, seguía siendo insoportable de aguantar. Bebí agua y jugos hasta que mis riñones dolieron con apremio. Manteniéndome hidratado, en todo momento. Y sagaz, espiándola de cerca.

—Moooh —se queja Millie, derrotada—. No pude ganarme nada. Ni si quiera el de consuelo.

—Yo tampoco gané nada —rezongó Yor, admitiendo su inminente derrota—. Sharon tiene demasiada suerte. Literalmente se llevó todo.

—No todo, exactamente —aclara la de anteojos—. Camilla logró obtener el refrigerador moderno ese.

—No es por presumir, pero —la rubia expone su ticket, meneándolo de lado a lado— ¡Es una maravilla! Hasta hace hielo. ¿Pueden creerlo?

—Yo en verdad le había echado el ojo a esa lavadora multifuncional —Briar gesticula un pucherito.

—¿Ah? ¿Y tú para qué coño necesitas una lavadora? —le reprocha Camilla, altiva—. Si ni si quiera lavas la ropa en casa. Es más, ni lavas. ¿No tienes servidumbre acaso?

—Oye no seas así con Yor —la defiende Myers—. Si, es cierto que tiene dinero. Y muchos sirvientes. Y un novio guapo. Y vive en una mansión. Pero también piensa en su lavandero. Quizás quería facilitarle el trabajo de limpieza, de todos esos vestidos de lujo que tiene ¿Verdad, Yor?

Gracias, Millie. Que amable. Pero solo la cagaste más —Yor se descalabra, sin saber que responder realmente—. Se vale participar ¿No? Jeje…espíritu competidor. Yey…

—Hermana —advierte Yuri—. Ya nos vamos a casa. No soporto ni un maldito segundo más este jodido calor. Literalmente tengo los calzoncillos pegados al culo —se detiene, examinando la escena— ¿En dónde está ese bueno para nada de Lotty?

—Eh. ¡Ah! Si. Verás —Piensa, Yor. Rapido— ¡Es que tuvo que irse! Dijo que tenía cosas más importantes que hacer y se fue. No te preocupes por él. Estoy bien.

—¿Algo MAS importante que tú? —frunce el ceño—. Yo lo ejecuto.

¡Gah! ¡¿Qué demonios estás inventando, Yor?! —Loid ha escuchado eso, en su papel de un militar Ostaniano— ¿Por qué de pronto miente así? ¡Pero si yo no quería irme! ¡Fue ella quien me echó! ¿Acaso busca ponerme mal con su hermano? Esto se salió de control — ¡Cof! ¡Cof!

—¿Se siente bien, coronel? —consulta, preocupado, el capitán.

—Si ¡Cof! Es que ¡Cof! Creo que me tragué una mosca ¡Cof! —se inventó pedazo de película.

—No hace falta que tomes decisiones tan drásticas, Yuri. Nada de ejecuciones —se levanta la muchacha, despidiéndose de sus colegas—. Nos vemos, chicas.

—Lo siento. Es que me violenta que sea tan estúpido —gruñe el pelinegro, colérico—. Porque no solo es tu novio. También es el chofer, joder.

—Bueno, bueno. Si es por choferes —propone Yor, garbosa—. Tenemos a la buena Fiona de nuestro lado. Ella podrá llevarnos a casa ¿Verdad?

Que descuidado es Twilight. Pero no se preocupen. Yo lo arreglo —asiente Frost, de forma robótica—. Sin duda. Vamos, yo conduzco.

Que puta mierda es esta, colega. Pero esta chica ¿Qué se trae entre manos? Carajo. Ya no puedo subirme al auto con ellos y no podré saber de qué va. Solo espero que Nightfall de verdad no meta la pata dejándose llevar por sus celos enfermizos y nos deje al descubierto o…todo estará perdido. Conduciré más atrás. Los voy a seguir.

—Lo siento, capitán. La verdad es que detesto la piña en la pizza y su ex esposa era una infiel que nunca lo amó —sentencia, acomodándose la gorra—. Si me disculpa, tengo que irme. Adiós.

—¡¿Cómo dijo?! —el pobre hombre cae de rodillas al pasto, acabado—. La idea era responderme, coronel. No matarme…

De camino a casa.

Vale. Esto no es muy propio de mí. Por no decir, digno. Pero era la única forma de lograr un espacio a solas con Fiona, sin que Loid esté presente. Es mi oportunidad para abordarla —traga saliva—. Y cuéntame, Fiona. ¿Cómo te la pasaste hoy en la fiesta? ¿Te ha gustado?

—¿Eh? —responde al volante, observándola por el espejo retrovisor; hacia atrás—. Si. Estuvo bien.

—¿Cómo le haces? —ríe inocente, la heredera—. Digo, con el calor. ¿Cómo lo sobrellevaste?

—Bebí mucha agua y me mantuve a la sombra.

—Ya veo, jeje —insiste— ¿Te parece muy tedioso tener que cuidar del trasero de mi hermano? Yo supongo que es mucho trabajo.

—Nada del otro mundo.

Mierda. Me va a costar sacarle palabra. Esta chica es como un tempano de hielo. Si es que no es un robot o algo así —sisea, jugueteando con el vestón de su vestido—. Loid se tuvo que ir de urgencias. Dijo que tenía cosas importantes que hacer. ¿No sabes a dónde pudo haber ido?

—Ni idea.

—¿No sabes que cosas hace tu primo? —comenta, insinuante— ¿No te cuenta nada?

—¿Por qué lo haría? Es mi primo, no mi novio.

Esto no está funcionando. Dios. ¿Qué estoy haciendo? Me veo ridícula pensando porquerías así —Yor agacha la mirada, derrotada—. Ya veo…

¿Acaso está sospechando algo? No me agradan sus preguntas. La tranquilizaré un poco —carraspea Fiona, acotando—. Quiero decir. No es mi novio. Pero si el tuyo. ¿No es más fácil preguntarle a él directamente que hace?

—Bu-bueno…es que no quiero sonar entrometida.

—Hermana —masculle Yuri, con actitud arisca— ¿Acaso insinúas que Loidi te es infiel? Porque si es así, con gusto lo mando a seguir, eh.

—¡¿Cómo?! —se asusta de vuelta— ¡O sea! ¡No va por ahí realmente!

—¿Loid infiel? —espeta la peliblanca, sarcástica—. Imposible. Cuando se enamora de una mujer, es peor que un niño con juguete nuevo — Maldito infiel.

—¿Cómo que, juguete? —el subteniente se espanta.

Mierda —flaquea Nightfall, retractándose al instante—. Me refiero, a que se vuelve obsesivo.

—¡¿Es un acosador o algo así?! —chilla el menor de los Briar, abrumado— ¡¿Es una especie de pervertido?!

¡Pero, por la mierda! —vuelve a retractarse, templada—. Quise decir, que se enfoca bastante en llevar a cabo su papel como buena pareja que es.

—¡¿Qué papel?! —brinca el militar, completamente enajenado— ¡¿Acaso finge amor falso?! ¡Ese bastardo! ¡Lo meto preso mañana mismo!

Ya váyanse a la puta —Fiona pisa el freno a tope, violentamente. Ambos hermanos se abalanzan hacia adelante, golpeándose las cabezas— ¡A ver si se calman, cabrones! —murmura—. Disculpen. Casi me paso la roja. Por favor no le hablen al conductor o se distrae.

—Dios. Que dolor —se queja Yor, sobándose la frente—. Si, Fiona tiene razón, Yuri. Por favor, ya no le hables más o podría atropellar a alguien.

¡¿Ahora es mi culpa?! ¡Pero si tu comenzaste, hermana! —el subteniente regresa drásticamente a sus cávales, toqueteando su cinturón de seguridad en el proceso—. No pasa nada. Fiona es una excelente conductora y nos cuida. ¿Verdad?

—No me hables —acelera bruscamente, tras una verde— Tsk…estúpido Twilight. Si no fuera porque te amo con locura no estaría fingiendo demencia por ti. Ah… ¿Demencia? ¿Qué cosas digo? Si la demente aquí soy yo. Nunca dejen que una loca conduzca porque… —gira fuertemente en una curva; pasando quinta—. Sujétense de lo que sea.

¡Mejor ya no le digo nada! —Yor se abraza así misma, aterrada— ¡Mala idea!

—¡Sigo confiando en ti, Fiona! —brama Yuri. Medio morado ya— Siento los huevos en la garganta ya…

Un poco más atrás.

—¡¿Qué mierda haces, Nightfall?! —exclama Loid, esquivando un par de autos a la velocidad de la luz— ¡Los vas a terminar matando! ¡Para, ya! ¡PARA!

Se le cruza un perro.

—¡Tu puta madre! —grazna Forger, volcando el manubrio casi en 360 grados— ¡Perrito! ¡No!

El pobre can quedó todo cagado de miedo, en medio de la pista. Vaya a saber uno como se salvó de esa.

[…]

—Gracias por traernos a casa, Fiona —agradece Yor, bajándose del vehículo. Y con las piernitas trémulas cual fideo mojado—. Eres…una excelente conductora, sin duda. Jejeje…para la fórmula uno.

—Yo…—Yuri abre la puerta. Todo mareado. Y cayendo de bruces al suelo—. Necesito vomitar…

—¡Señorito! —Frederick lo asiste, brotando desde el interior de la mansión—. Venga por acá, por favor. Le he dicho que no beba tanto Vodka.

Dios mío. Resiste, Yuri.

—Yor Briar —espeta con voz agria y semblante insociable—. Un momento.

—¿Eh? —se voltea, despreocupada.

—Tus preguntas me han dejado mucho de que pensar —espeta Fiona, cerrando la puerta del carro—. Lo cierto es que Loid y yo, somos primos. Pero es verdad que no se mucho sobre él.

Mierda. La he cagado ¡Yo no…! —Briar niega con la cabeza, atormentada— ¡Perdóname! ¡No quise sembrar una disputa entre tú y tu primo! ¡Solo tenía dudas! ¡No buscaba nada malo!

—No me mal interpretes —confiesa Frost, con actitud metálica—. Lo digo porque pasé mucho tiempo en el extranjero y me perdí parte de su proceso de vida acá, en Ostania.

¿Qué me cuenta? Un momento. Esto no es…—Yor acoge su dialogo, suspicaz— ¿Loid y tú no son Ostanianos?

—No. No lo somos —sentencia—. Somos oriundos del sur de Westalis. Pero ese no es el punto. El punto es, que tienes razón.

—Fiona… ¿Qué me quieres decir con todo esto?

Una brisa cálida se eleva frente a ambas, dándole tensión al momento.

—Lo que quiero decir, es que…—camina hasta ella, posicionando ambas manos sobre sus hombros—. Si tienes dudas o sospechas de algo sobre sus intenciones. No te recomiendo recurrir a mi para sanear tus inseguridades. Ve y pregúntale a él, directamente —aclara—. Lo cierto es que como te dije en el auto, Loid no es mi novio. Es el tuyo. Y no sé que te haya hecho pensar que podría tener información intima de su vida, que tu no. Confío plenamente en su transparencia. Así que, para evitar malos entendidos —sentencia, mosqueada—. No vuelvas a cuestionar tu relación conmigo. No delante de Yuri. ¿He sido clara?

¿Me…está amenazando o algo así? —sugestiona, pasmada—. Dis-disculpame si te he ofendido…

—No me ofendes —la suelta, regresando hacia el vehículo—. Ni si quiera podría decir que ofendes a Loid. La única que se ofende a sí misma, eres tú. Con esas dudas y esos cuestionamientos extraños. ¿No te daría vergüenza? —ríe, soberbia— ¿Darte cuenta que en el fondo fuiste engañada tontamente por un tipejo extraño? Un poco de dignidad no te haría mal.

—Oye —Briar aprieta la mandíbula, molesta— ¿Qué dices? Yo no-…

—Por favor, te ruego no estropees mi trabajo —la intercepta—. Yuri me agrada. No solo profesionalmente hablando. Y si no me crees, pregúntaselo a el mismo y me dará la razón. Si me disculpas, tengo que irme. Hasta mañana —arranca.

¿Pero que…cojones…? Esto tiene que ser una broma.

00:50AM.

—Señorita Briar, no le recomiendo molestar al joven —advierte el mayordomo, en el pasillo— ¡Acaba de regurgitar el desayuno de la mañana!

Y una mierda —Yor abre violentamente la puerta de su cuarto, exasperada— ¡Yuri! ¡Tenemos que hablar!

—¡¿Hermana?! ¡Cof! —brinca sobre su cama, espantado con su entrada— ¡No sé qué hice! ¡Pero me declaro inocente ahora mismo!

—¿Qué demonios? —la fémina se monta sobre las colchas, fulminándolo con la mirada— ¡¿Te gusta Fiona?!

—¡¿Qué?! —el pelinegro se aterra— ¡¿Qué cosas dices?! ¡¿De dónde has sacado esa conclusión?! ¡¿Por qué crees que sentiría algo por mi guarda espaldas?! —comienza a soltar ideas obtusas al aire— ¡No pienses mal, hermana! ¡Somos colegas! ¡Somos amigos! ¡Todo es falso! ¡Mentiras! ¡Un abogado requiero! ¡Frederick! ¡Llama a todos! ¡Llama a dios!

—¡Responde!

¡Si! ¡Me gusta!

—…

—Perdón…—se calma, volviendo a sus cávales—. No como tú, claro. Pero…

—No digas estupideces enfermizas así —Yor lo cachetea—. Despabila.

—¡Discúlpame! ¡Es que me pones nervioso! —ya no sabe dónde meterse. Así que se cubre la cara con las sábanas—. No estoy.

—Yuri…—exhala, rendida. Lo descubre—. Oye…tranquilo. No vine para atacarte ni nada de eso. Pero. Es en serio. ¿Realmente sientes cosas por Fiona Frost?

—Algo…así…—junta sus deditos.

Vale. La chica no mentía. Y de cierta forma la única que se siente tonta en esta historia, soy yo. Por imaginar escenarios que no existen —suspira. Se levanta—. De acuerdo. Todo bien. Gracias por aclararlo.

—Hermana…

—¿Dime?

—Tu y Lotty…—sisea, melancólico—. Están bien ¿No?

Yo…—asiente, dibujando una mueca sincera en los labios—. Mejor que nunca, Yuri. Ya descansa por hoy. Fue un día horrible y la verdad, ese paseo en auto no salió tan bonito que digamos.

Loidi es un buen chofer. Lo cierto es que Fiona no conduce bien —admite Yuri, azorado— ¿Podrían volver a llevarse genial para que siga siendo el chofer oficial?

—¿Qué cosas dices? —ríe, garbosa—. Loid y yo nos llevamos de maravillas. Tu descuida. Todo volverá a la normalidad. Lo prometo.

—Gracias…—se acurruca nuevamente—. Descansa, hermanita linda.

Pero, la verdad…

[…]

—¿Qué hiciste? —le increpa Forger, irritado—. Nightfall. Tu…

—¿Quieres relajarte un momento? —sopesa su compañera, hastiada—. Fue un día caluroso y lleno de mierda. No quiero seguir lidiando con más cosas.

1:20AM. En el apartamento que ambos comparten.

—Espero no le hayas llenado la cabeza a Yor de basura —desentona el rubio, ofuscado—. Como me entere de que-…

—¡¿Cómo mierda osas en echarme la culpa a mí de todo esto?! —protesta Frost, empujándolo contra el paredón de la sala— ¡Maldito sínico! ¡Te desapareciste de la fiesta y tuve que encargarme yo, de todo!

—¡No quise hacerlo! ¡Yor literalmente me echó! —se defiende el varón, sujetando sus muñecas con apremio— ¡Está sospechando, Nightfall! ¡Es natural!

—¡¿Esa es tu puta excusa?! —porfiria, oprimiendo su cuello con las manos— ¡¿Sabes lo que me costó tener que fingir que le tengo aprecio a esa mocosa de mierda?!

—Night…fall…—advierte Loid, ahogado—. No…puedo…respirar…

—¡Tsk! —chasquea la lengua, soltándolo de golpe—. Imbécil. Esto es todo tu culpa y tu responsabilidad. Obviamente va a terminar sospechando. Si finalmente, tonta no es.

—¡Cof! ¡Cof! —carraspea de vuelta, tocándose la yugular—. Fiona…no podemos permitir que esto se nos salga de las manos solo porque Yor imagina cosas. ¡Cof! Finalmente, lo único que va a lograr, es dividirnos.

—No está muy alejada de la realidad —profesa la peliblanca, embobada—. Si realmente las cosas pasaron como me dices, no fue que solo decidió echarte de la fiesta.

—No. Sin duda no lo fue —advierte el rubio, malogrado—. Yor planeaba quedar a solas contigo para interrogarte. Está claro que te tendió una trampa. Bueno, a ambos.

—Es lo que hizo —farfulle, dejándose caer sobre el sofá, bastante irritada—. Tuve que levarle el cerebro con ideas que no quería confesar.

—¿Qué tanto hablaron…como para que te violentes?

—Como si quisiera sentirme orgullosa de eso, Twilight —masculle, mosqueada—. Le dije que la amabas. Y que tenías buenas intenciones. Que ya no me hinchara los ovarios. Pero créeme. No voy por la vida reaccionando así. Tu provocas esto. Actitudes que no deseo tener. Lo hice por ti, que te quede claro.

—Es fundamental…—murmura, liado—. Ya deja de endosarme todo. Solo estas canalizando mal. Sabes perfectamente que estamos metidos en esto, para conseguir el maldito diamante.

—Y una mierda —se levanta, irritada—. Estas frito, Twilight. La chica ya no confía en ti. No porque seamos evidentes ni porque hayamos faltado a la complicidad. Nuestra víctima. También es víctima de otros. ¿Me explico?

—Si. Hoy lo vi —sentencia Loid, sentándose a su lado, importunado—. Yor es susceptible a las malas lenguas. Lo que ocurrió hoy en ese evento, es la clara prueba de que la subestimamos. No digo que sea un genio. Pero está demás decir que su círculo más cercano, le metió ideas en la cabeza. Eso quiere decir…—añade, molesto.

—Eso quiere decir, que no basta solo con manipularla a ella, tonto. Ni a su estúpido hermano —farfulle Fiona, paseándose por la alfombra—. Esa chica tiene una red de apoyo venenosa. Se codea con gente de lengua larga y venenosa —aclara—. Podrás ser el novio perfecto, idílico del año. Pero si no te sacas de encima a todas esas zorras mal habladas, nos iremos al caño.

—Hoy, Yor me reveló algo…

—¿Qué cosa? —se detiene.

—No te va a gustar —advierte.

—Ya tírala —rueda los ojos, hastiada—. Si finalmente, nada de este agobiado plan me agradó desde un comienzo. Es lo más retorcido que hemos hecho en años.

—Bueno…—especula el ojiazul, sobándose las manos en el proceso—. Me dijo «Eres mi novio, Loid. No mi marido»

—Ah…—exhala Fiona, obvia en la declaración—. Ya sé de qué va esto. Entonces ¿Qué? ¿Piensas que, para tener total control de su vida y sus amistades, debes convertirte en su esposo?

—¿Qué opciones tengo, Nightfall? —la mira, compungido—. Al parecer esa chica, aún tiene algunas doctrinas arcaicas sobre lo que significa un compromiso más oficial.

—¿Qué clase de mujer es Yor Briar? Disculpa que la critique así, siendo yo otra mujer. Pero —agrega, afrentada— ¿Pensar que un marido tiene más potestad en tus decisiones, que una pareja?

—No lo sé, Fiona —se encoge de hombros—. Solo te cuento lo que me confesó.

—Me niego —desentona—. Es una porquería. Una mierda total. No.

—Fiona…

—Dije que me niego, Twilight —sentencia, fulminándolo con la mirada—. De ninguna puta manera, estés maquinando dentro de esa mente enfermiza, contraer matrimonio con esa loca.

—¿Y qué hago entonces? —la enfrenta— ¿Se te ocurre una mejor idea acaso?

—Yo que mierda sé —reclama Frost, agraviada—. Inventa algo. Eres un genio del engaño ¿No? Algo se te ocurrirá.

—Si, claro…—Loid desvía la mirada, descalabrado.

—Escúchame bien —demanda su coautora. La más participe del engaño del siglo—. Lo digo muy en serio. No me pongas a prueba. Como te cases con esa tipa. Te juro, que esto se acabó. Estas advertido.

—…

Nunca antes escuché a Nightfall tan osada a decretar algo. En el pasado, si bien reclamaba un par de menudencias y escuetas palabras, en ningún caso llegué a temer por su confabulado silencio. Yor era nuestra mártir. Pero ahora mismo, sentía que era ella, la victima de todo esto. ¿En qué momento se tergiversó tanto nuestra relación, de tenerle pavor a mi propia cómplice? Fiona era la única en el mundo de los vivos, que me conocía hasta los pelos de la puta cola. Si esta mierda se va a la ñonga, ya nada ni nadie podrá frenarla de una posible venganza. No por despecho. Si no, por faltar a mi palabra de cara a la verdad. Aunque sonara irrisorio, porque de cierta forma se lo planteé y le dije, cuales eran mis reales intenciones con la heredera de los Briar. Aun así, a sabiendas de todo lo que podría explotar en mi rostro, me arriesgué. Tomé las providencias del caso. Y a la mañana siguiente…adquirí un par de anillos de compromiso.

Lo siento, Nightfall. Tienes que entender, que esto no es personal. Lo hago para poder cobrar y largarnos de este condenado país. Espero algún día, lo entiendas.

[…]

—¡Bienvenidos! ¡Me alegra mucho que hayan podido asistir! —esboza Melinda, recibiéndolos con algarabía—. Por favor, dejen sus sombreros en el perchero y acompáñenme al jardín. Tenemos bebidas refrescantes, mucha fruta y alimentos flamantes de cara a este abrasador calor.

Lunes. 21:19PM. Mansión de los Desmond.

Que escándalo. Poder reconocer de plano a todos los asistentes, que en su mayoría eran mujeres. Madres de familia, con ideas mortuorias bien justificadas sobre la xenofobia, el genocidio y parte de la dominación mundial. Me di vergüenza ajena. Pero vamos, que estaba simulando no entender un coño. Como de costumbre, tanto yo como mi pareja asistimos de etiqueta. Fiona en su elegante atuendo de guarda espaldas y Yuri que se ve, le tiene amor al uniforme militar. Porque no se lo quita ni para dormir, el muy cabronazo.

Me topé con rostros semejantes a los míos. Gente con la cual amargamente, tuve que interactuar en otros eventos. Los saludaba, de apretones de manos o besos ácidos, juntando mi mejilla contra las suyas. Todo me resulta fácil en Berlint. Pero cada vez que visito a los Desmond, siento nauseas. Esta maldita familia representa todo lo que aborrezco en lo más visceral de mi alma. Estoy muy consciente de que la guerra entre ambas naciones, fue causada por ellos. Sobre todo, por Donovan. Ese engendro mal nacido medio paranoico, adicto a los narcóticos. Le vi a lo lejos, parlotear un par de monosílabos. Parece una puta maquina controlada cual títere, por sus delirios mentales. Demás me parece agregar, que perdí a mis padres, mis amigos y a mis conocidos en ese conflicto bélico. Si tuviera que confesar cosas buenas de la guerra, sin duda sería mi historial repleto de cadáveres Ostanianos. Que mierda. Los remataría de nuevo.

—Buenas noches, joven Forger —le saluda una madre, estirando diestra.

—Buenas noches, señora Falkdum —la reconocí. Besé el dorso de su mano, brioso—. Un honor estar con usted hoy.

—¿Trajo algo interesante para vender? —sisea la octogenaria—. Mi marido está ansioso por conocer su valor.

—Eso es algo que tendría que preguntarle a los Briar, mi estimada —se descarta—. No me corresponde tales talentos.

—Usted siempre tan tímido —ríe, jocosa—. Por ahí me enteré de que está en un noviazgo con la joven Yor Briar. ¿Eso es cierto?

Un segundo. Ya recuerdo a esta mujer. Es la esposa del coronel Benedict. El superior directo de Yuri. Si pudiera robarle información…—niega con la cabeza, altivo—. Solo rumores, mi dama. Nada de lo cual pueda jactarme. Los Briar son una familia importante y no me atribuyo tales ínfulas de atrevimiento.

—Jo…se ve que maneja el don del vocablo. Usted habla muy bien del resto —insinúa, provocativa—. Verá, estoy dispuesta a entregar un donativo importante en esta velada. Si no le molesta…

—Señora Falkdum —la interrumpe Twilight, arrastrándola hacia un costado del salón—. Usted… ¿Es una mujer devota y fiel?

—¿Cómo dice…? —se ruboriza.

—Venga conmigo.

Un poco más allá.

—No puede ser. Otra vez se me perdió Loid —murmura Yor, cabizbaja—. Mesero ¿Me trae otro Martini?

—A la orden, señorita Briar —asiente el barman.

—Bueno…—desvía la mirada.

—¿Yor? —exclama un hombre, casi de su misma edad—¡Yor Briar en persona! ¡Increíble! ¡No creí verte aquí! ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¿Dos años ya?

—¿León? ¿Eres tú? —despabila tarde— ¿León Wagner?

—¡Soy yo! —exclama atento, el muchacho— ¡Vamos a brindar! —choca su copa con la suya, altivo— ¡Pero válgame dios, te ves radiante, Yor! Veo que como siempre, la vida te trata bien.

—Bu-bueno…yo…—murmura, timorata—. No tanto, como a ti; León. Te ves muy bien.

—¡Que va! Solo me recorté el flequillo —carcajea brioso, el pelirrojo— ¡Mírate! ¡Tan gallarda como de costumbre! Supe que ahora estás de novia. ¿Quién es el afortunado?

—¿Eh? —sisea— ¿Cómo es que vuelan los rumores en este país? Por la mierda…— N-no. O sea. Si. Pero, yo no…

—Sigues siendo tan tímida como cuando salíamos juntos, Yor —carcajea el varón, divertido—. Ahora estamos en confianza, en serio. Solo quisiera aclarar, que no me espanté por tu hermano ¿Sabes? En el fondo, el, tenía razón —aclara— ¡Soy homosexual ahora! ¿Puedes creerlo? Siempre me gustaron los chicos. ¿Cómo fui tan tonto de no verlo antes? Y una mierda. No veas feo el pasado. Solo lo bonito del presente.

¿Cómo debería tomarme esto? Uno de mis ex es gay. Y se aclaró gracias a mi ¿Es bueno? —finge demencia, riendo puerilmente—. Jejeje…que bien por ti, León. En serio. Pero ahora mismo…—recula, nervuda—. Mi novio…

—¿Es cierto que sales con Loid Forger?

—¿Lo conoces? —espeta, asustada— Ay, no puede ser. Como me diga que es gay como el, me cago en todo…

—Todo el mundo conoce a Loid Forger —revela, ensimismado—. Es el mejor anticuario que existe en Ostania. La semana pasada les vendió unos cuadros a mis padres. ¿Y sabes? Les dio un precio justo. Es una lástima que sea hetero —admite, deslucido—. Es tan guapo, que con esa carita de ángel y ese cuerpecito…mhm…lo haría chupetito. Jejeje. No te ofendas.

Me quiero ir.

—¿Te sientes bien, amiga? —se preocupa el bermejo.

—Yo no…

—Yor —interrumpe Twilight, peinándose con los dedos—. Te estaba buscando. ¿En dónde estabas?

—¿En dónde estabas tú, Loid? —refunfuñe Yor, molesta.

—¿Cómo? —exhala, febril—. En el baño, como de costumbre. Ya sabes.

Tiene la corbata chueca. Esto ya me parece una puta pasada, la verdad —Eres pésimo mintiendo —le reprocha Yor, acomodándole el cuello de la camisa— ¿Qué mierda haces?

—Yo…bueno…—León se retira, solapadamente de la discusión—. Adiós, jejeje…— Un asco los heteros.

—¿Disculpa? —se hace el loco— Pero ahora tengo información valiosa del coronel Falkdum. Esa vieja de mierda era muy fácil de abordar. Un par de gimoteos y a dormir —carraspea—. Perdóname. Me desordené en el baño. ¿Qué ha pasado? Bebí mucho Ron.

—Loid…—refuta Briar, derrotada. Renuente de su mirada, declara— ¿Me estás siendo infiel?

¿Qué cojones? —Twilight niega con la cabeza—. Mi amor, claro que no. Yo solo-…

—Por favor, ya no me mientas más. Me ofendes.

—¿Cómo que te ofendo, Yor? —no se entera— ¿Acaso yo no…?

—Oye, Loid…—murmura, oscurecida.

—¿Dime?

—¿Eres acaso…?

—¿Qué cosa? —no se entera.

—¿Ninfómano? —revela, abochornada.

¡¿QUEEEEEEE?! Ok. Paren todo. Vale. Ya entendí —refuta Forger, templado—. Mi amor, esa palabra no existe. Eso se les dice a las chicas.

—Ya cállate y respóndeme. ¿Quieres? —lo increpa—. No te burles de mi ignorancia.

—N-no me estoy burlando, cariño —aclara el rubio, malogrado—. Solo te digo que esa palabra no corre para los hombres. En tal caso, táchame de otra cosa si gustas.

—¿Y cómo se les dice, entonces? —profesa la heredera, descarriada— ¿Calientes?

—Sátiros —aclara Forger, obnubilado—. La Rae reconoce a los hombres con insaciable apetito sexual, como sátiros.

—De acuerdo. Entonces ¿Eres un sátiro?

—No. Para nada —falsea, sínicamente—. No lo soy. Y te juro que no estaba haciendo nada de eso. Solo fui al baño, como te dije. Por favor ¿A que vienen todos estos ataques? Y no me vengas a negar que es algo del momento, porque Fiona bien me advirtió que andas con ideas extrañas en la cabeza.

¡¿Qué?! ¡¿Fiona le dijo?! ¡No! —Briar se arroja a sus brazos, afrentada—. No sé qué clase de cosas te habrá contado, pero no pasó así. Lo juro.

Lo fácil que es manipular a esta chica, me excita mucho.

—Yor —Twilight la aparta, escamado—. Escucha. Si ya no confías en mí. Al menos dímelo a la cara y no uses a otras personas en el proceso. ¿Quieres? Mi prima se sintió muy mal la otra noche. Y fuiste tu misma quien me privó de llevarte a casa. Así que. Si no te gusta esto, dímelo. Con gusto yo me retiraré y no-…

—¡Loid! ¡Por lo que más quieras, no me dejes! —implora la pelinegra, entre lágrimas— ¡Te amo!

—…

¿Qué?

—Te…amo —repite la heredera, descarriada y febril—. No me apartes de tu vida. Lo cierto es que me he dejado llevar por comentarios ponzoñosos hacia tu persona. Pero no es que yo piense así de mal de ti. Es que soy insegura e inexperta en estos temas —aclara, azorada—. En el fondo de mi corazón, hago caso omiso a toda clase de rumores. Porque no vivo del que dirán. Solo de lo que siento. Y lo que siento ahora, es que te amo. Me enamoré de ti. Tanto, que…bueno…—aprieta los labios, turbada—. Quien sabe ya de lo que soy capaz. Temo por mi propia sanidad mental.

¿Puede ser este el momento que estaba esperando? ¿El instante en que pueda confesarle mis intenciones de contraer matrimonio con ella? Si me lo permite, deseo tomar preámbulos de lo ajeno y declararle mis propósitos. De cara a la realidad, no está tan distante de lo que profeso. Porque sin duda Yor ha logrado tocar una medula sensible en mí. Un sentimiento que ni con Fiona adquirí aflorar. ¿Puede que yo también esté enamorado de ella? Necesito comprobarlo. Y si no le pido ser mi esposa ahora, no conseguiré evidenciarlo. Estaba al tanto de la amenaza de Nightfall. Y, aun así, me dejé llevar por lo amoroso. Lo cándido de su confesión. Me arrodillé ante ella, como un fiel siervo expresa su afecto devoto a una diosa arcana. Le enseñé el anillo, reposando sobre aquel indómito altar de joyas. Y le hice la pregunta. La que todos en algún momento, añoramos escuchar.

—Yor Briar. Te amo y tú me amas a mí. Ya no soporto ni un segundo más en mi vida, conformándome solo con tenerte de una simplona novia —confiesa Loid, ruborizado hasta las orejas— ¿Aceptarías darme el honor de ser mi esposa? ¿Para cuidarte, protegerte y honrarte en la salud y la enfermedad?

—¡Oh! ¡Loid! Están…todos mirándonos —instintivamente se había cubierto la boca con ambas manos. Encandilada no solo por el gesto, si no por el brillo de aquel costoso anillo—. Yo… ¡Es maravilloso! ¡Claro que acepto! ¡Si!

Por supuesto que ibas a aceptar. Solo debía darte un empujoncito, jeje. Me aseguré de que tal escena, hubiese llamado la indiscutible atención de los comensales; todos ellos reunidos en un circulo perfecto. Presenciando la propuesta. Entre aplausos y encomios de sonrisas, nos felicitaron. Ahora tenia testigos fehacientes de que mi relación con Yor era real y muy seria.

¡¿Qué demonios?! ¡Maldito seas, Twilight! ¡¿Acaso no te advertí que…?! —gruñe Fiona, mordisqueando con furia un trozo de mantel— ¡Hijo de p-…!

Grgg…—masculle Yuri a su lado, tan irritado como su compañera— ¡Hijo de puta! ¡¿Cómo te atreves a pedir sin mano sin antes consultarlo conmigo?! ¡Te odio tanto, Lotty! ¡Maldito seas! —despabila—. Hugh… ¿Es mi imaginación o también estás molesta con esto?

—¿Quién? ¿Yo? Nah —comenta Frost, fingiendo una parsimonia que no profesa. Acto Seguido, coge dos botellas de champaña y se las embute casi completas—. Solo vine por la bebida. Que por cierto es costosa y gratis — ¡Voy a beber hasta olvidarme de ti o morir de un coma etílico, lo que pase primero! ¡¿Me escuchaste?! ¡Sucio traidor!

—O-Oye…ten cuidado con eso —advierte Briar, despavorido— ¿Estará bien beber tanto en el trabajo?

—¡Estoy mas firme que nunca, subteniente! —sentencia la peliblanca, golpeando la botella contra la mesa— ¡A trabajar! ¡Iré a revisar si está lloviendo en la esquina! ¡Ya vengo!

Definitivamente no le agradó para nada que su primo se comprometiera —pestañeó, absorto—. Hay 34° grados…dudo llueva.

—Vaya, vaya —comenta una de las madres—. Así que por fin apareció un valiente soldado capaz de conquistar el corazón de la joven Briar. Tenemos boda.

—Me pregunto que pensará el subteniente de todo esto —agregó otra, suspicaz.

Me lo creo. Bajo ningún punto de vista esto puede ser real. Ese tipo algo está tramando…—Melinda chasquea la lengua, simulando no prestarles mucha atención—. Que escándalo. Podría haber elegido un lugar mas intimo para esta parafernalia. El matrimonio es algo sagrado y serio.

—Oh, sí. Toda la razón, Melinda —cizañeó la tercera—. Me parece algo vulgar.

—Bueno, manos a la obra. A lo que vinimos —carraspea Desmond, interrumpiendo la escena—. Lamento mucho tener que interrumpir a la feliz pareja. Enhorabuena. Felicidades por su compromiso. Sin embargo, desearía que pudiéramos retomar nuestro asuntillo —añade— ¿Puede ser?

—Le pido una disculpa, Melinda —se excusa Forger, apenado—. Salió de improvisto. No pretendía arruinar la velada.

—Vaya improvisación, señor Forger —esboza con voz metalica, la mujer—. Me imagino que un hombre como usted, siempre carga consigo un anillo de bodas para tales ocasiones. ¿No? Lo digo mas bien porque trabaja con joyas.

¿Qué insinúa? —Loid empequeñece los parpados, importunado con agrio comentario—. En realidad, no es así. No llevo conmigo anillos de esta calaña. Lo compré de camino, porque ya tenía pensado desde mucho antes proponerle matrimonio a mi novia —explica—. Lo venia repasando hace un par de semanas. Solo se dio la ocasión — Primera cosa cierta que digo. Bueno, en parte.

Como si yo hubiese nacido ayer —Desmond le regala una palmadita briosa en el hombro derecho—. Todo bien, Forger. Es entendible. El gusto por Yor se ve a todas luces. Y me alegra que por fin consoliden esto como un buen patriota Ostaniano. Ahora —reanuda—. Por favor acompáñenos al salón. Las otras madres están ansiosas por tazar sus joyas.

—Si, claro. Con gusto. Vamos —la sigue.

Hay algo en las actitudes de Melinda que ya no me agradan. Mas bien, me incomodan. Fue de la boca de Yor, quien me confesó haber escuchado comentarios venenosos hacia mi persona. Pensé que podrían haber sido realmente sus amigas. Natural, porque no me conocen. Pero ahora sospecho, que es la señora Desmond la que estuvo detrás de todo esto. ¿Será que ya desconfía de mí? No me extrañaría. Esta mujer es tan paranoica como su marido. Es fundamental que no lo haga. Tenerla de aliada es primordial. Ejerce demasiado peso e influencia sobre la heredera de los Briar. Y eso no me gusta. En el paraninfo, Yuri no dejaba de apuñalarme por el rabillo del ojo. Estaba furioso. Casi soltando chispas crispadas. La situación se enmaraña, al reparar que Fiona tampoco estaba por ningún lado. ¿Se habrá ido enojada por lo que pasó? Espero no esté pensando en hacer una estupidez o aquí mismo me fusilan. Yor por otro lado, manejaba su propia realidad paralela. En vez de estar concentrada en la plática, no renunciaba a contemplar el anillo que reposaba en su dedo. En algún punto, consiguió incluso sacarme a mi de onda. Se veía tan linda, con sus mejillas teñidas de un brioso carmesí. Suspirando, codiciosamente entre esos finos labios, alguna palabra de amor. No llegué a descubrir tan magnificente escena, hasta que la vi a ella. Era lo mas similar a contemplar la belleza de una estatua griega. La de afrodita, sin ir mas lejos.

¿Por qué me siento así? Mi pecho…me comprime por dentro.

—Me parece un precio justo —determina Melinda— ¿Tú qué opinas, Forger?

«Te amo. No me apartes de tu vida. Me enamoré de ti. Tanto...»

—¿Forger? —insiste Desmond, chasqueando los dedos—. Despabila. ¿Estás escuchando?

—¡Ah! Disculpe…—espolea la cabeza, reanudando la conversación—. Si, claro que la escuchaba atentamente. Estaba repasando la lista de precios que memoricé. La pirita está un tanto elevada. Pero el zafiro y la esmeralda turquesa están perfectos. Sin duda hay que comprarlas — Mierda. Casi las cago. ¿Por qué de pronto no dejo de pensar en las palabras de Yor? ¿Habré cometido un error en…proponerle esto?

—¡Cerremos el trato entonces! —brincó garbosa una de las mujeres.

Un golpe sórdido se deja escuchar detrás de la puerta. ¿Qué está pasando ahí afuera?

—¡Señorita! ¡No puede estar aquí! —exclama Jeeves— ¡Es una reunión privada de negocios!

—¡A un lado, idiota! ¡¿Qué no ves quien soy?! —vociferó Fiona, ebria hasta los pies— ¡Me llamo Fiona Frost y soy la guarda espaldas de la familia Briar! ¡Estoy haciendo mi trabajo!

—¡Su puta madre, Fiona se tiró al alcohol! ¡Y en el peor momento! —Twilight hace una pausa, encubriendo un compungido semblante tras su antebrazo—. Es verdad. Ella…viene con nosotros, señora Desmond.

—¿Pero que clase de escandalo es este? —protesta la dueña de casa— ¡Jeeves! ¡Deja que entre por favor!

—No me iré de aquí hasta que no hable con Twilight —insiste, tozuda.

—¿Twilight? —Yuri arquea una ceja— ¿Y ese quien coño es?

¡Wuagh! ¡No! ¡Nightfall! ¡Ya fue! —Loid se arroja hacia la puerta, abriéndola — ¡N-no es nadie! ¡Jejeje! ¡Solo un sobrenombre que le puso a su ex novio! Disculpen a mi prima, por favor. Se emocionó tanto con la noticia de mi compromiso, que se le pasaron algunas copitas. Ya lo soluciono yo —la arrastra hacia el otro cuarto, completamente enajenado— Te vas a enterar, Fiona Frost.

—Eh…bueno —murmura una de las integrantes de la sociedad—. Yo supongo que aún así podemos continuar con el trato ¿Verdad? Incluso si no está presente el joven Forger.

—Si. Claro que sí. Los precios ya están en la mesa — Esta es mi oportunidad para desenmascarar a ese farsante —Melinda coge su copa de vino—. Si me disculpan, debo ir a la cocina por más. No tardo. Ya vengo.

Mientras tanto, en el cuarto de diario.

—¡Nightfall! ¡¿Se puede saber que carajos haces?! —protesta el rubio, en voz baja— ¡¿Cómo se te ocurre venir a embriagarte en casa de los Desmond?! —ella no parece prestarle del todo atención. Se ve obligado a jalarla con vehemencia y voltearla— ¡Óyeme! ¡Te estoy hablando!

—Yo no hablo con traidores, "Twilight" —retoza la muchacha, de rostro y voz febril—. Te advertí lo que pasaría si le proponías matrimonio a la tipa esa. Y te lo pasaste por el culo. Ahora te tienes que aguantar. Me volveré más insoportable que nunca. Hasta que Yor Briar se aburra de tu patética existencia en su vida y te exija el divorcio.

—Nightfall. ¿Qué no te das cuenta que estamos así, de cerca? —le explica el ojiazul, con los dedos— ¿Por qué quieres empañarlo todo, justo ahora? Solo te pido que te reserves esos celos enfermizos que tienes y te descargues en casa. Cuando estemos a solas.

—¡No quiero discutir en casa! ¡Quiero discutir esto, ahora! —da un pisotón, enérgica.

—¡¿Es necesario?! —chilla el varón, malogrado— ¡Si de igual forma ya me comprometí y me voy a casar con ella!

—Cuando el cura diga las palabras apropiadas. Voy a entrar a esa jodida iglesia y diré —lo zarandea— ¡Yo me opongo! —agrega, entre lagrimas infantiles— ¡Yo me opongo, yo me opongo, yo me opongo!

—¡Ya, Nightfall! ¡Solo estás ebria! —la increpa, forcejeando en el acto— ¡Para!

La conversación ha subido de tono a tal nivel, que ninguno de los dos se ha percatado de un tercer integrante. Uno, agazapado en la penumbra de un espacio semiabierto de la puerta. Melinda Desmond, es testigo in situ de la disputa. Y ahora no solo ha descubierto sus seudónimos. Si no que está a punto de presenciar, el clímax de la obstinada investigación.

—Gnh…—solloza, abrumada y completamente derrotada—. No es justo. ¿Sabes? Yo llegué primero. Yo te vi, primero. Ella es solo una aparecida. Se supone que yo sería la única cómplice en esto y ella una víctima.

—Sigue siendo la victima —aclara Forger, extasiado—. Ya…no llores. Me duele verte así —en un intento pueril por calmarla, le toma del mentón—. Fiona, esto no va a durar mucho. En cuanto tenga el diamante en mi poder, nos largaremos. Todo esto será parte del pasado. ¿Sí?

¿Diamante? ¿De que diamante hablan? —cavila Melinda— ¡¿El diamante Smirnof?! Ya veo…con que era eso lo que buscaban. Lo sabía. Solo son un par de embusteros de mierda.

—¿Qué no te das cuenta, estúpido? —le incordia Frost, empujándolo hacia atrás con suavidad—. Esto ya no se trata de ese maldito diamante. Yo…

Por favor, no lo digas…

—Yo te amo. ¿Qué no lo ves? —confiesa la ojinegra, sujetando su rostro con ambas manos—. Estoy tan enamorada de ti…que ni si quiera lo notas.

Dios, claro que lo noto. Y sé que lo sientes…—Loid suspira, humillado—. Ya lo sé. Y se que todo lo que haces por mí, es impulsado en base a tus sentimientos.

¿Qué es esto? ¿Incesto? —Desmond se espanta, un tanto descalabrada tras lo que oye— No. Está claro que primos no son. Es parte de un show barato que han montado.

—Escuché como Yor te dijo lo mismo en el salón. Que se había enamorado de ti, de verdad —balbucea la peliblanca, desviando la mirada con desazón—. Y luego de eso, el como no has dejado de mirarla. Eres demasiado obvio, Twilight. Ya ni si quiera sabes disimular bien.

—Supongo que…perdí el toque ¿No? —acepta.

—No es gracioso, maldito egocéntrico —le reprocha, acabada—. Es cierto. Estoy bebida. Tal vez no debí aceptar este trabajo. Después de todo, tú eres el único profesional aquí. Y mírame. Mira en lo que me he convertido. Soy patética… ¿Sabes? —se abraza así misma, temblorosa—. Siento mucha vergüenza de tener que confesarme para que no sigas mirándola de esa forma…

—Fiona. No es lo que estás pensando. Yo realmente…—acalla el ojiazul, apabullado—. No sé que decirte ya. Estoy muy confundido ahora mismo. Si bien todo comenzó como algo ficticio, parte de un plan para robar su fortuna. En el momento en que le pedí ser mi mujer, algo se encendió dentro de mí.

—¿Estás enamorado de ella, también? —pregunta Fiona, compungida.

—No lo sé. No sé si es amor realmente —narra el anticuario, reflexivo—. Lo cierto es que nunca me he enamorado en mi vida. Cariño sin duda le tengo —añade—. Pero… ¿Decir que al amo? No me siento listo ni seguro de declarar tal proeza. No sé si me explico.

—Eres un mal hombre…—sentencia Nightfall, reposando la espalda contra la pared—. Y lo peor es que ni te molesta serlo.

—Lo soy. Un pésimo hombre. El peor de todos —consiente el muchacho, en una actitud sesgada—. Soy un timador. Un estafador, por donde se le mire. Es por eso mismo que también me cuesta trabajo entender por qué alguien como tú, tan…dadivosa. O la misma Yor, puedan sentir amor por un ser tan desdeñable como yo —esclarece—. No deberían si quiera sentir lastima por mí. Porque finalmente, puede que ni yo me quiera tanto. Este papel de…hampón, me ha quedado grande. Siento que ya no llego a la altura de lo que alguna vez ambicioné lograr. Y yo no-…

—Ya cállate —lo interrumpe.

Ni si quiera me dejó terminar la idea. Todo pasó tan rápido, que de un momento a otro ya no podía hablar. Porque eran sus labios, los que tomaron posesión de los míos. En un beso ansioso, provisto de mucha tensión sexual. No sé que es lo que siento por Fiona. Pero amor tampoco es. Y se que en el fondo ella también está consciente de eso. Aun así, hay cierto brío que la arroja a mí. La impulsa a querer seguir buscándome. Puedo concebir su poder. Es tan fuerte, que me saca de mi centro y me arrastra con ella. A su propio mundo de delirante pasión. Afanosa, me da una vuelta y me azota contra el paredón. Resuelvo detenerla. Quiero que pare. Y a la vez no quiero.

No la traje a este cuarto para acabar arbitrariamente así. Buscaba poder calmarla y darle un consuelo. Como un shot de morfina temporaria. Sin embargo, todo fue en vano. Porque en el momento en que Fiona se arrodilló frente a mi y me bajó la cremallera del pantalón, di la contienda por extraviada. Era una batalla perdida. Me mira y me transmite con total seguridad, que no me voy a negar. No tengo tal potestad. Nightfall es quien mas conoce todos mis puntos débiles. Dije que, si se volvía en mi contra, me haría la vida imposible con Yor. No se si esta escena fue parte de ese plan. Pero de que torció la realidad, lo hizo.

Jalé su cabello. Solté un gruñido. Empujé mis caderas hacia el interior. Y todo acabó.

—¿Por qué…? —jadea Loid, con el rostro entumecido en pudor— ¿Por qué me haces esto?

No me contestó de inmediato. Se elevó a la altura de mi rostro y limpiándose la comisura de los labios, me dijo.

—No importa si te casas con ella. O con alguien más —dictamina, impávida—. Ya no tienes a donde escapar, Twilight. Siempre volverás a mí. Yo soy la única candidata real, a convertirse en la señora Forger. La única, que te conoce. Así que no te hagas muchas ilusiones —añade, subiéndole el cierre en el proceso—. Y disfruta de tu infeliz matrimonio, mientras dure.

¿Cómo demonios? Lo veo y no lo creo. Se va. Sale por la puerta triunfante como si nada hubiese pasado. Y me deja ahí. Solo. Tiritón. Con cara de estúpido y la ropa interior humedecida, cual adolescente orinado. Me dejo caer sobre mis rodillas, compungido. Tuve que cubrirme la boca con los guantes para no soltar un gemido indecoroso que expusiera lo fácil y débil que soy. Soy una mierda. Creí tener el control y realmente no tengo un carajo. No hay forma de escapar, ella tiene razón. Mientras Nightfall siga siendo mi cómplice de engaños. ¿En que momento se dio vuelta esto? ¿Finalmente…quien es la víctima en toda esta historia?

¿Lo somos todos?

—Tengo…que salir de aquí —berrea, a duras penas logrando caminar hacia la puerta—. Necesito irme. No pue-…

—Vaya, vaya. Señor Forger —Melinda Desmond en persona, lo enfrenta de cara a la verdad— ¿Qué le pasa? ¿Le cayó mal el caviar?

—Se-Señora Desmond…

Me momifiqué.

—O debería mejor llamarlo —bufa— "Twilight". Como usted más prefiera.

Es el fin. Melinda ya sabe todo. Se acabó. Estoy tan choqueado por lo que pasó, que ni siquiera puedo pensar en refutarle algo. Si va a tirarme toda la verdad en la cara, será mejor que lo haga rápido. Ahora mismo, quiero salir de aquí. Ante mi inoperante movilidad, Melinda me pone una mano en el pecho, haciéndome caminar en retroceso. Aunque no sin antes, cerrar la puerta.

—¿Qué sucede? ¿Los ratones le comieron la lengua? —se mofa, divertida—. No. Yo creo que le comieron algo más, que solo la lengua. Últimamente algunas ratas están muy sublevadas ¿No cree?

¿Qué es lo que quiere? Se pasea altiva por el cuarto, destapando una botella de champán del mini bar y me ofrece un trago. ¿A qué quiere jugar? De acuerdo. Necesito…templarme. Serénate, Twilight. Ya te pillaron. Ponerte soberbio ahora, es pegarte un tiro en el pie. Será mejor agachar la cabeza y escuchar que es lo que tiene que decir al respecto.

—De acuerdo —sisea la pelinegra, moviendo de un lado a otro su copa—. Dado que lo noto medio tímido. No. Mas bien, post orgásmico. Abriré yo el preámbulo de la conversación. Ahora mismo, toda su fachada pende de mi silencio. ¿No le parece interesante?

—¿Qué desea, señora Desmond?

—Lo que siempre he deseado, Forger —se encoge de hombros, irónica—. Negocios, sin duda. Soy una mujer empresaria, con muchas visiones a futuro.

—De acuerdo —responde Loid, casi imperturbable—. Hagamos negocios entonces.

—Si. Pero ya no más en esa dinámica absurda en donde usted pone los precios de mis adquisiciones —frunce el ceño—. A partir de ahora, trabajará para mí.

—Ya trabajo para los Briar —aclara.

—Trabajará turnos extras entonces, Twilight.

—Por favor, no me llame así —espeta el varón—. No hace falta.

—No está en condiciones de exigir nada ¿Sabe? No después de lo que vi y que…curiosamente —le enseña un par de fotografías—. Justo traía una cámara de revelado instantáneo.

Trago saliva.

—Estoy segurísima de que NADA de lo que hay en esta mansión costará tanto, como estas imágenes —sugiere, morbosa— ¿Qué tal si las tazamos y vemos como le va en el mercado? Aunque sinceramente, yo se las daría gratis a Yor Briar.

Ni Fiona me ha tenido tanto de los huevos, que Melinda. Esperen. ¿Qué cosas digo? En realidad, las tres me tienen así. Yor Briar también ¿O quizás cuatro? Mercader cuenta. Definitivamente, este es un mundo de mujeres. Es el precio que tengo que pagar por ser tan canalla con ellas.

—Bien —acata Twilight, indiscutiblemente derrotado— ¿Qué tengo que hacer? Estoy a su disposición.

—Quiero todas las joyas que trajeron las madres a mi reunión —demanda—. A un monto que pueda comprarlas. Volverás al salón y les dirás que el precio cambió.

—Pero…ya las he tazado.

—¿Y eso que? Finge que te equivocaste. Inventa una excusa. Yo qué sé —rueda los ojos, sarcásticamente—. Eres experto en manipular la realidad. Usa el cerebro. Solo dame esas joyas y tendrás mi silencio. Por esta noche. Ya veré mas adelante si requiero de tus servicios.

—Con todo respeto, Melinda —advierte Forger, liado—. Si comienzo a manipular de esa forma el valor de los objetos que adquiere, perjudicará a los Briar. Ellos trabajan con usted. Y el 50% de lo que venden, se los llevan los Desmond.

—No te preocupes por eso —esclarece la ojinegra, caminando hacia la puerta—. De los Briar no requiero nada mas que su lealtad. Yo solo quiero seguir con mi empresa familiar como estaba antes, de que tu te aparecieras. Lo cual es molesto, porque has empoderado a varios de la elite con tus irrisorios precios. Pero ahora que te tengo de mi lado, harás eso mismo. Solo que a mi favor. ¿Tenemos un trato? —estira su mano.

—¿Me va a pagar por esto?

—Jajaja —carcajea, estrechando su mano violentamente—. Eres gracioso. Quizás deberías dedicarte al circo, en vez de seguir estafando jovencitas herederas de Ostania. Ahora, lárgate de mí vista. Necesito hacer una llamada.

—Con su permiso —se retira.

—Que cara tenía. Lo hubieran visto. Ahhh…es solo un varón ordinario —suspira, triunfal. Abanicándose con las fotos—. Pero ahora, por fin retomo el poder que jamás debí perder. Los Desmond seguirán a la cabeza de esta nación. O de lo contrario, acabaré con tu patética vida, Twilight —esboza, en una sonrisa maquiavélica.

Todo se pudrió. En cuanto volví a la sala y cambié los valores, las mujeres entraron en colera. Se volvió un caos. Entre gritos, reclamos y majaderías que amargamente me tuve que tragar. Yor era la más desconcertada del caso. Dado que, de un momento a otro, se vio así misma afrentada por el sequito de Melinda. Y no tardaron en tacharla de coimera o corrupta. Yuri estaba furioso. Ofendido por dichas injurias, cogió su abrigo, su maletín con el resto de las joyas y ordenó marcharnos.

Fiona, con su temperamento indómito de siempre, se desentendió de todo. Ya más respuesta del alcohol, se montón en el asiento trasero del vehículo; incluso a escasos centímetros de Yor. Consecuente y muy consciente, de lo que me hizo en el despacho. Ya nada le importaba. No tenia nada que perder. Finalmente, lo único que quería, era tenerme a mí. De la forma distorsionada más enfermiza de todas. Agobiado por el chantaje obsceno que me gané, conduje en dirección a la mansión sin poder emitir palabra alguna. Escuché un par de reclamos por parte del subteniente, soltando graznidos hoscos entorno a la bochornosa actitud de esas viejas arpías. Fue como las llamó. En algún punto, declaró ya no querer seguir haciendo negocios con ellas. Y sentenció su rechazo hacia los Desmond. Le había agarrado sangre en el ojo, por permitir tales faltas de respeto hacia su adorada hermana. Lo chistoso de toda esta historia, es que nadie parecía dispuesto a reprochar la actitud de Nightfall. A pesar de que se comportó como una perra loca enajenada. Me atrevería a decir que incluso me tenían mas bronca a mi que a ella. Claro. Natural. Por el horrendo trato que hice.

¿Qué es realmente una chica haciendo berrinche porque bebió de más, en comparación con hacerte perder mas de un millón de Dalks? Este trabajo es una mierda. No. Que digo. La mierda soy yo. Lo que me ocurrió con Fiona, nunca debió pasar. Y de no poder evitarlo, no había necesidad de que Melinda lo presenciara. Qué vergüenza…

Dios santo. Que maldito puto asco es esto. Un par de fotografías de esa índole. De tal envergadura, dejando expuesta mi total humanidad. Todo lo que representa mi vida sexual en lo más íntimo. Comencé a sentir ansiedad a tal grado, que me vi forzado a bajar el ventanal para poder respirar mejor. Me estaba ahogando, en mi propia infamia. El olor nauseabundo de mi cuerpo, de mi piel, de mis manos. Todo me empalagaba de aversión.

Para cuando me estacioné en la entrada de la mansión, mi libido se había esfumado. Me repugnaba tan anatómicamente hablando, que les juro hubiera pescado todas mis porquerías y me largaba a un convento. Me pierdo, en un seminario y me hago monje. Celibato hasta la muerte.

¡POR LA MIERDA!

—Loid…—preguntó Yor, preocupada y timorata— ¿No te vas a bajar? Le diré a Frederick que nos prepare un té.

—Perdóname, Yor. Pero ahora mismo…—balbuceó Forger, sin poder mirarla a los ojos—. No me siento bien. Necesito darme una ducha con apremio.

—¿Sudaste mucho en la fiesta? —sugiere, inocente—. Es el calor, mi amor.

—Por favor…—berreó, estrujando el volante con zozobra y mucha amargura—. No me llames así…

—¿Qué dices? —inquiere, pasmada—. Loid. ¿Qué te está pasando?

—¡Hermana! ¡¿No vienes?! —le llamó Yuri, desde las escaleras.

—Ve con tu hermano, Yor —siseó el rubio, apagado—. El realmente es quien te necesita a su lado.

Dios mío. ¿Qué significa esto? Hace un rato me pidió matrimonio y ahora actúa así. ¿Acaso…se habrá arrepentido? No puede ser cierto…—niega con la cabeza—. No, amor. No me iré con Yuri. Quiero que hablemos. Oye, bájate un ratito ¿Sí? —insiste, jalando de la manija de la puerta—. Ven conmigo. Si te sientes mal por el trato que hicimos, yo pued-…

—¡Que te vayas con tu hermano, Yor! —exclama Twilight, bruscamente.

—…

Por favor…—musita, ocultando su semblante en la penumbra del carro—. No me siento digno de ti, ahora mismo. Ni si quiera…puedo mirarte a los ojos. Hazme caso. Por hoy, vete a casa…—implora—. Te lo ruego…

No, Loid. Por favor…no me hagas esto —Briar aprieta los labios, en una mirada humedecida en lágrimas. A pesar de sentirse fatal, comprende que debe darle su espacio—. De acuerdo. Me iré. Que pases una bonita noche, cariño.

No pude responderle. Lo intenté. Se que quise mover los labios y decirle algo. Pero fue imposible. Tenía la garganta tan apretada, que, si le murmuraba, aunque fuese un monosílabo. Por muy mínimo que se tratara, incluso un "chao, descansa". Me iba a largar a llorar como un niño. Encendí el motor y me largué a la mierda. Ni si quiera me molesté en preocuparme del como Fiona volvería a casa esa noche. Que se las arregle sola. ¿No le gusta dárselas de campeona? Aunque es bien infantil de mi parte, porque realmente no me necesita.

Solo. Completamente aislado del mundanal ruido, metí la cabeza en la regadera. Y fue ahí, que pude llorar a gusto. Me duele menos si mis lagrimas se diluyen con el vapor de una ducha caliente. Pero algo en mi pecho me tironea, turbado. Como un sentimiento irascible que me inhabilita. Impotente, golpeo la pared de mosaicos a un costado de la tina. ¿Qué mierda he estado haciendo hasta ahora? Soy tal y como dijo Yor. Un sátiro. Desesperado, tomo esponja, jabón y me refriego el cuerpo. Una y otra vez, acometido. Buscando sacarme el olor de la inmundicia de mis propios pecados. Me fregoteo la cara, el cuello, los brazos, las axilas, el pecho, las piernas, el trasero. El maldito colgajo de carne estéticamente mal hecho entre mis piernas. Y esas cosas que sobran y están demás, más abajo. Todo lo que pueda quitarme de encima. Hasta que mi dermis se enrojece, producto de mi lacerante ira.

Todo se va por el caño. La espuma diluye mi pavor. Me enjuago. Corto el paso del agua. Y salgo. Escucho a lo lejos el retinar de unas llaves. La puerta abriéndose y las botas de Fiona, desplazarse por el pasillo. Se acabó. Es momento de tomar una decisión en esto. Porque quien sea realmente la victima de esta historia, no seré yo.

—Que audacia de tu parte abandonarme en la casa de los Briar. Ni si quiera me esperaste —comenta Frost, serena—. Pero no te preocupes. No es la primera vez que te desapareces de una escena triunfante y me dejas tirada a mi suerte. ¿Qué hay de comer? ¿Qué preparaste?

—Nightfall —Loid la enfrenta, decidido—. Esta situación no puede continuar. No así. Debemos cambiarlo todo o se acabó.

—Vaya. ¿Tanto te molesta ser tu quien se encargue de la cena? —murmura, tranquila—. A la próxima la dejo hecha yo, entonces.

—Ya basta y no te hagas la tonta conmigo —Forger la jala de la muñeca y la aprisiona con ímpetu—. Lo que pasó en el despacho de los Desmond, fue la gota que rebalsó el vaso.

—¿No te gustó? —inquiere Nightfall, en una sonrisa sensitiva—. Porque tu cara y tus gemidos no parecían decir lo contrario.

—Me voy a casar con Yor Briar —sentencia Twilight—. Te guste o no, va a pasar. Ya me comprometí y nada de lo que hagas o digas, va a cambiar eso.

—Si. Ya lo sé —acepta, normal—. Ya te dije que está bien por mí. Si es parte del plan. Solo ten en cuenta que-…

No estás entendiendo —aclara el rubio, fulminándola con la mirada—. Me voy a casar con ella. Y tu yo, no volveremos a tocarnos. ¿Te queda claro?

—¿Qué estás…? —tironea—. Oye, idiota. Suéltame. Me duel-…

—¿Sí? ¿Te duele que te apriete así? —la estruja, aun con más pujanza—. Pues que bueno saber que sientes algo, mas que celos y sed de venganza.

—¡Oye! ¡¿Qué pretendes?! —vocifera, luchando contra su amague— ¡Ya déjame en paz! ¡Me lastimas!

—¡¿Te lastimo?! ¡¿De verdad?! —aúlla Loid, azotándola contra la pared. Tal y como ella hizo con él, en la mansión— ¡Pues! ¡¿Qué crees?! ¡A mi también me lastimas! ¡Con todo lo que haces, confabulando en mi contra! ¡¿Cómo mierda crees que se siente?! ¡¿Eh?! ¡Mi propia compañera! ¡Mi cómplice! ¡Mi partner! ¡Me quiere ver destruido! —revela, entre lágrimas— ¡Hecho mierda! ¡Disfrutas verme confundido y acabado! ¡Pero se acabo el juego, Fiona! ¡Me harté!

—…

—Arg…ni para que elevar el tono de voz, si en el fondo ya lo sabes todo —el ojiazul la suelta, asqueado— ¿Sabes, Fiona? Te voy a contar algo. Aprovechando que tienes cara de haber visto un fantasma —añade, de espalda a ella—. El día en que le contamos a Yuri sobre mi relación con Yor, el tipo reacción así. Como tú. Incluso medio peor. No es que me haya manipulado haciéndome una felación. Pero le falto solo eso, para cagar todo. ¿Y que crees que hice yo, para calmarlo?

—…

—Le dije —se gira, asesinándola con la mirada— "Yo no soy el del problema. El problema lo tienes tu. Y si continúas intentando separarme de tu hermana, lo único que conseguirás es que tú la separes de ti".

—Twilight…yo…

—Pues te diré, lo mismo que le dije a él, esa noche. Y espero te lo metas bien en la cabeza —y cita— "Si continúas intentando separarme de Yor, lo único que vas a conseguir es alejarme de ti". Porque, aunque no lo quieras ver, dentro de esa cabecita obtusa que te cargas, Yor no está haciendo absolutamente nada para que yo la deje. En cambio, tu —veredicta—. Tu te has ganado todos los méritos para llevarte el trofeo.

—¿Qué insinúas con esto? ¿Acaso piensas…?

—Si, Nightfall. Eso mismo, insinúo. Mas bien, lo declaro. Y ya no me importa con que artimaña quieras amedrentarme porque ya me aburriste —enjuicia—. Siendo una mujer tan talentosa e inteligente, no eres capaz de darte cuenta que en vez de comportarte como mi amiga, eres mi enemiga. Y yo para enemigos, tengo de sobra. No necesito una más.

—Twilight. Espera…—traga saliva, espantada—. N-no hace falta que tomes una decisión tan drástica ¿Ok? Disculpa. Quizás me dejé llevar. Pero yo no-…

—Me voy a casar con ella. Obtendré ese diamante. Toda su maldita fortuna. Y luego me iré de Ostania —finaliza, caminando hacia el cuarto—. Y ¿Para serte sincero? Ya no sé si quiera que me acompañes.

—Twilight, no estás hablando en serio. No puedes…—murmura, descalabrada—. Dejarme. No ahora…

—Me lo voy a pensar. ¿Sabes? Buenas noches.

—¡Espera! ¡Twilight! —Fiona se deja caer sobre sus rodillas, derrotada— Twilight, mi amor…

¿Una víctima? Yo seré quien decida eso. Este plan es mío. Y nadie me lo va a estropear. Ni si quiera tú, Melinda Desmond. No cantes victoria todavía. Subestimarme, te podría costar todo lo que alguna vez, soñaste.