—Twilight. Esto que me pides —comenta Franky, preocupado—. Suena bastante…
—¿Ilegal? —arquea una ceja.
—Iba a decir peligroso —se soba la mejilla—. Ilegal a estas alturas es poco. Pero ¿Te das cuenta de quienes estamos hablando?
En algún bar de Berlint. Jueves. 20:15PM.
—Escucha, es realmente importante. Y no confío en nadie mas para esto, que en ti —determina Forger, arrojado—. Estoy seguro de que contraté al mejor informante de toda la nación. Sin duda tu sueldo lo vale.
—Yo sé. No hace falta que me piropees tanto, coquetón —exclama irónico, tomando un sorbo de su trago—. Pero como te digo, son peces gordos. Palabras mayores. Me estas pidiendo que literalmente haga contra espionaje o algo así.
—Es justamente eso —manifiesta el rubio, bebiendo—. Gracias por notarlo. Que suspicaz eres.
—No seas payaso. Tampoco soy tan ingenuo —refuta el bajito, mosqueado—. No te ofendas. No es personal. En realidad, esperaba a que me pidieras investigar las cuentas bancarias de los Briar. Pero los Desmond, son otra cosa. ¿Estás conscientes de quienes son?
—¿Unos megalómanos de mierda, con ínfulas de genocidio masivo? —bufa.
—En parte —acepta su argumento—. Donovan fue primer ministro durante mucho tiempo. Su esposa sigue siendo influyente, aunque hayan sido destituidos del cargo. La mayoría de sus empresas y fondos, son ficticios. No existen. ¿Si sabes a lo que me refiero?
—Natural. Una familia de elite con tal envergadura para Ostania, sin duda tenía que tener un par de paraísos fiscales y transacciones pútridas —añade Loid, tomando otro sorbo de whisky—. Sin embargo, no me basta con solo saberlo yo. Necesito que salga a la luz.
—Podrían arrestarte por esto. No. Mas bien, ejecutarte —determina—. Es alta traición. Aunque muchos estén al tanto de sus movimientos obscenos.
—¿De qué forma se enterarían que fui, específicamente yo? —se reclina sobre su asiento—. Tu bien dices que muchos están al tanto. Si lo han callado, es porque solapadamente están siendo sobornados.
—Por lo mismo, Loid. Si caen ellos, caen todos —advierte Franky—. Es una red de apoyo casi invulnerable. Somos literalmente David contra Goliat.
—Por favor ahórrate citar cosas bíblicas delante de mí —frunce el ceño, asqueado—. No creo en dios. Si realmente existiera, la guerra no hubiera sucedido.
—Eres bastante peculiar para pensar ¿Lo habías notado? —sugestiona el chico de anteojos, terminándose su bebida—. Aunque no he dicho que me desagrade. Solo me preocupa que seas tan temerario.
—No puedes ser un cobarde si vas a trabajar en este rubro, Franky.
—No me cabe duda alguna que tienes unas pelotas bien grandes —bufa, pidiendo rellenar su vaso.
—No quiero hablar de genitales —desvía la mirada, abochornado—. No de los míos, al menos.
—¿Qué le pasa? No actúa como lo conocí —carraspea—. Oye, Twilight. ¿Qué ha pasado?
—¿Con que?
—Contigo. En general. Bueno…—se soba la nuca, deslucido—. Si me lo permites preguntar. No estás hablándome como las primeras veces. Siento que incluso te avergüenzas un poco de ser quien eres. ¿Estaré sacando conclusiones raras?
—Nada raro. Solo estás ebrio. Ese es tu quinto whisky —chasquea los dedos, exigiendo que también se le rellene el suyo—. Y este, mi sexto. Jeje. Salud —chocan copas.
—No. Ya. En serio. Hablando real —insiste Franklin, preocupado—. ¿Qué sucedió? ¿Todo bien con Yor? ¿Y por qué de pronto esta guerra en contra de los Desmond? ¿Acaso te hicieron algo malo?
—Digamos que…mhm…—sisea, llevando su bebida a los labios—. Se metieron conmigo en un ámbito que no permito, nadie se involucre. Mas que yo. Espero eso sea motivo suficiente para ti.
—No responde a todas mis interrogantes, pero tiene sentido —lo valida—. Mas que mal, tienes una fama que cuidar.
—Arg —bosqueja Forger, liado—. No se trata de mi orgullo. ¿Sabes? Dios. Es…tan complicado de decirlo…—aprieta los puños, frustrado—. En realidad, ya no sé que es. Estoy muy confundido. No pretendo caer en menudencias como el narcisismo u otras cosas. Solo te puedo confesar, que me tocaron un punto nervioso y ya.
—Te están chantajeando —revela.
—¿De dónde sacas esa conclusión? —finge demencia.
—Meh…—se encoge de hombros, obviándolo—. Ya conozco como funciona el mundillo de los ricos. No me subestimes. Trabajé por muchos años para ellos. Conozco sus métodos. Sus artimañas. A esos tipos no le tiembla la mano a la hora de conseguir algo. Son capaces incluso de amenazar de muerte a toda una familia —relata, tomando otro trago—. Y no dejan ni al perro con vida, eh.
—Bueno…—masculle, febril—. Algo así…
—Debe de ser gordo el material que tienen, como para ponerte entre la espada y la pared —ríe Franky, garboso—. No eres un tipo fácil de doblegar ni convencer, eh. Lo admito.
—Vale. Ha insistido tanto en el tema, que de alguna forma siento puedo contarle la verdad. Franky no lo sabe, pero se ha convertido en casi un confidente para mí. Además, estoy ebrio. A la mierda todo —exhala, rendido—. Me pillaron una infidelidad. Melinda tiene pruebas fotográficas del hecho. Es todo. Vio que otra mujer me…besaba —balbucea.
—¿Qué? ¿Era eso? ¡Jajaja! —carcajea el muchacho del afro, divertido— ¡Dios! ¡Pensé que era algo mucho mas terrible!
—¿Qué demonios? ¡Claro que es terrible! —le reprocha el rubio, afrentado.
—¡Es solo un besito, Loid! No te pases —ríe a destajo.
—No. Bueno…en realidad —desvía la mirada, abochornado. Coge su vaso y lo lleva a los labios—. Nunca dije que fue un beso en la boca…
—¿Qué? —se entiesa.
—Que.
—¡¿En dónde mier-…?! ¡OOOHHHH! —Franky salta en su asiento, casi golpeando la mesa— ¡¿DE QUE ESTAMOS HABLANDO, FORGER?!
—¡NO ME GRITES, TONTO! —lo jala hacia abajo— ¡NOS EXHIBES!
—Perdón. Me pasé —se sienta de golpe, ruborizado—. Creo que…ya entendí el contexto.
—Joder. Ahora que lo pienso bien, ni si quiera fue la gran cosa ¿Sabes? —cavila, acabándose de lleno la bebida—. Es solo sexo, por todos los cielos.
—¿Tú tienes sexo?
—¿Tu no?
—…
—…
—…
—Ok. Discúlpame si te deshonré —se retracta, ultrajado—. N-no quería ofender tu masculinidad. Yo solo…
—Ya. ¿Qué mas da? Me entregué a la realidad de mi nula capacidad amorosa —exhala Franklin, tomando un trago de su alcohol—. Enhorabuena por ti. ¡Yey! ¿Brindamos por tu sexualidad?
—No. Por favor, te ruego ya no hablemos de eso ni de broma —le baja el vaso, abrumado—. Ahora mismo, es un tema tan delicado para mi que no creí me llegara a afectar.
—¿Qué dices? ¿Te da pena ahora?
—Mucha —revela Loid, sobándose el cuello con desazón— ¿Sabes? Puede que tu sientas envidia de mí, por tener tantas experiencias. Pero ahora mismo, yo siento envidia por ti.
—Es absurdo. ¿De que forma podría alguien sentir envidia de un virgen de mierda como yo?
—Porque, aunque no lo creas, eres afortunado, Franky —expone el rubio, cabizbajo—. De todos los años que llevo con vida. Nunca le di importancia a algo como eso. Me pasé la mitad de mi juventud, abusando de tales dones. Usándolo a mi favor. Jugando con mi propio cuerpo, sin medir consecuencias. No sabía que en realidad…era tan importante el tema —añade, abatido—. Creí que solo era una herramienta más, de cara a la manipulación. Para obtener algo. Y en base a eso, literalmente…me "metí" en todos lados. Ahora que conocí a Yor Briar. Eso…
—Un momento. Detente ahí mismo —lo emplaza, apuntándole con el dedo— ¿Qué me estás contando? ¿Acaso…realmente sientes cosas por Yor?
—Estoy muy confundido ¿Ok? —revela el varón, victima de sus propios sentimientos—. Nunca antes me enamoré. De nadie. La única figura de amor que tenia en mi vida era mi madre. Y cuando ella falleció durante la guerra, me resté de ese camino. Hay muchos mitos entorno al sentimiento y su significado ¿Sabias?
—Demasiados. Creo que las películas han tergiversado todo —Franky alza su vaso— ¡Cantinero, otro! ¡Doble, para ambos!
—Franky. Ha decir verdad…no tengo nada malo que decir del amor. Pero creo que, así como es lindo, también puede ser malo —sentencia—. Puedes llegar a lastimar a muchas personas, si no lo manejas bien.
—Twilight. Yo nunca me he enamorado ¿Sí? Pero…sin duda no necesito hacerlo para saber lo importante que es en la humanidad. Lo que pesa —relata el chico de anteojos, mas ebrio que otra cosa. Brindan, por undécima vez—. Te lo digo. Quizás no la he metido nunca como tú. Pero…estoy esperando ¿Sabes? Me reservo para la indicada.
—¿Ya ves por qué sentía envidia de ti? —ríe Forger, admisible—. Eres mucho mas sabio que yo. Mas de lo que crees. No te dejes llevar por las apariencias. Que yo me haya acostado con una chica y tu no, no te hace menos hombre. Porque finalmente, tu estas convencido de tu valía. Y yo no. Solo…abusé de mí.
—¿Por qué de pronto te importa tanto este tema? —inquiere, confundido—. Suenas como si estuvieras arrepentido de todas tus otras relaciones sexo afectivas. ¿Por qué?
—Porque…lo estoy —Twilight admite finalmente, su realidad. Sin tapujos ni mayores miramientos—. Desde que conocí a Yor Briar, comprendí muchas cosas. Y una de ellas, es lo valioso que es, hacerla mía. Ya sabes. En la intimidad.
—Comprendo —asiente, borracho— ¡Hip! ¿Es valiosa para ti?
—Es…sagrada, ahora mismo —recula, tan ebrio como su compañero. Al punto de soltar un par de lagrimones en el proceso—. Es tan linda…—solloza, cubriéndose los ojos con la mano—. Dios…no quiero nada ni a nadie. Solo a ella. ¿Sueno como un marica?
—Si, totalmente —llora Franklin a su lado, abrazándolo—. Pero da lo mismo. Seamos maricas ahora.
—¡Buaah! —berrea Loid— ¡Como me hubiera gustado que fuese mi primera experiencia! ¡Quería hacerlo por amor!
—¡Yo igual! ¡Buaaah! —lloriquea— ¡Yor Briar es lo máximo, amigo!
—Oye —lo empuja—. Con mi chica no, tarado. Búscate la tuya.
—No dije eso —se entiesa.
Silencio sepulcral en el ambiente. Se rajan a reír. Luego se golpea. Y se abrazan. ¿Qué coño? Varones ebrios. No cuestionen.
—¿Van a pagar? —pregunta el mesero— Par de maricones.
—¡Queremos otro! —chillan al unísono.
—Meh —masculle hastiado el camarero, cogiendo sus vasos—. Ya se los traigo, malditos gays.
—Oye, este bar es medio homofóbico —olfatea Franky, un tanto liado—. A la próxima vamos a otro.
—Concuerdo —ríe Loid—. Uno verdaderamente homosexual.
—¡Ya rugiste! —lo cachetea.
¡JAJAJAJAJA!
Pero…bueno. Volviendo a la cruda y grisácea realidad…
[…]
—Dios mío. Yo…—Yor se lanza hacia el inodoro, regurgitando todo el almuerzo— ¡Buagh!
—¡¿Qué está pasando, Frederick?! —corretea Yuri, de un lado a otro— ¡Mi hermana está envenenada! ¡¿Tiene cólera?!
—Nada de eso, joven Briar. Por favor, cálmese —lo zamarrea—. El cólera desapareció en el siglo pasado, no exagere.
—¡Santo dios! ¡Que alguien llame a alguien! ¡Hermana! —grita— ¡Entonces es la peste!
—Puedes… ¿Golpearlo más fuerte? —sisea la pelinegra, de cara al WC.
—Contrólese señorito —el mayordomo lo cachetea violentamente— ¡Gobiérnese, pedazo de sobredosis!
—¡Diosh! ¡Hedmana! —Yuri tiene los cachetes inflamados ya— ¡¿Qué coño comidshte?!
—Dale un balazo…—balbucea la pobre, verde; de las náuseas.
—Vale, tampoco hace falta caer en el parricidio —advierte el sirviente, liado—. No sucede nada malo, señorito. La señorita Briar solo está…— Eh. ¿Cómo decirlo? —suspira—. Tiene mal de amor.
—¿Mal de amor? —el militar entra en furia al instante— ¡¿Esto es culpa de Lotty?! ¡Hijo de la gran p-…!
—¡Yuri! —Yor lo increpa, abriendo la puerta del baño con terrorismo— ¡Ya deja en paz a Loid! ¡¿Quieres?!
—¡Mi dulce hermana! —se arroja a ella, en un abrazo brioso— ¡¿Ya estás mejor?! ¡¿Qué está pasando?!
—No pasa nada malo, en serio. Solo comí algo en mal estado y ya —fulmina a su mayordomo— No vuelvas a insinuarle algo como eso, tarado.
—¡Pero…! —se congela.
—¿Vas a estar mejor? Oye —indaga el menor, malogrado— ¿De verdad que todo está bien con Loidi?
—Todo muy bien, Yuri. En serio —ríe, jocosa—. Te reitero. Solo me cayó mal la combinación del caviar con el vino. Es todo.
—Comprendo, hermana —relata el menor—. Pasa que como te dije, no deberías mezclar ciertos insumos. La próxima semana, vamos a asdjanfsdhfaflkndf
—¿Eh? ¿Qué ha pasado? Escucho a Yuri hablar y hablar y hablar. Pero todo a lo lejos. Ya no distingo que dice. ¿En que momento he dejado que esto me afecte a nivel estomacal? Ah…ya recordé. Cuando Loid, luego de proponerme matrimonio se marchó esa noche, decaído. Pero yo no…—despabila—. Eso mismo.
—¿Disculpa?
—¿Qué?
—Te dije que tienes que descansar —murmura el varón— ¿Me estabas oyendo?
—Fuerte y claro, Yuri —miente, arrastrándose hacia su cuarto—. Ahora mismo, iré a descansar. Si me permites…hasta mañana —cierra la puerta.
—¿Hasta mañana? Pero si es de mañana…—aprieta las cejas, decidido— ¡Frederick! ¡Ven ahora mismo!
—No hace falta que me grite. Sigo a su lado, señorito —literal, estaba parado al lado.
—Mierda. Disculpa —no se entera—. Alista el auto. Llama a Fiona. Me voy a hablar con ese cabrón.
—Si me permite, señorito —propone el mayor—. No es que esté negándome a su demanda. Pero creo que, en temas de marido y mujer, no es bueno meterse.
—Y una mierda. Mi hermana aun no es esposa de ese conchudo —masculle—. Y en lo que a mi me parece, me debe un par de diálogos. Ni si quiera me pidió su mano como corresponde. Prepara el carro.
—Señorito —insiste—. Yo no considero prudente q-…
—Obedece.
—Si…claro —reverencia, formal.
[…]
¡Joder! ¡Mierda, que buena noche me pasé! Luego de beber con Franky en ese bar homofóbico, nos fuimos a otro. Uno repleto de cosas reptiloides y medio transgéneros. Bebimos a destajo y hasta cantamos en el karaoke. Esa mañana me desperté todo meado, vomitado y reventado. Pero sintiéndome libre al fin de ataduras que de antaño me prohibían ser quien yo era. Un hombre pueril sin tapujos. No vi rastros de Fiona. Se fue temprano, dejándome una nota que decía algo como.
«Tengo trabajo. Te veo a la noche. Dejé comida en el refri. Cuídate»
Esa es la Nightfall que me gustaba ver. Experta y arrojada de cara a lo profesional. Abrí el refrigerador, ávido de sed y vi un apoteósico desayuno digno de su humanidad. Que cosa mas deliciosa. Me preparó huevos revueltos, pancakes, pan brioche, tocino y un café a medio cargar en la cafetera. Algo que hice yo con ella desde siempre. No crean que me estoy dejando manipular. Es parte de nuestra rutina. Se la está rifando, señores. Se la juega. Me agrada. Antes de postrarme contra los alimentos, me tomé dos sueros y un vaso de zumo de naranja rebosante de vitamina C. Encendí la TV y de paso abrí el periódico matutino. No alcancé ni a bañarme. Llevaba en pie menos de media hora. De hecho, me estaba rascando la puta ingle contra el bóxer cuando alguien llamó a mi puerta. ¿Quién osa a interrumpir mi mañana perfecta? Huraño, atendí. Abriendo. Casi me caigo de culo cuando lo vi, parado ahí afuera. Era Yuri Briar, en persona. ¡¿Cómo chucha sabe en donde vivo?! ¡Pendejo de mierda!
—Yuri —simula no comprender nada— ¿Qué haces…aquí?
—Hola. Lotty—sentencia, menoscabado—. Discúlpame por no avisar con tiempo. Es imperativo que hablemos. ¿Puedo pasar?
¿Qué iba a decirle? ¿Qué no? Ojalá echarlo al cabrón. Pero no me dio chances de rechazarlo. Así que lo dejé entrar. Literalmente me siento invadido por mi refractario opositor, casi como en la guerra. He dejado que mi enemigo se escabulla en las trincheras de lo inexplicable. ¿Qué mierda tengo que decir al respecto?
—Déjame vestirme al menos —advierte Forger, agraviado.
—Ve.
Logré adquirir una bata y medio vestido de indigente, lo recibí en el salón. Estaba yo hecho una plasta basural. La noche anterior bebí tanto, que a destajo podía profesar el olfatear mi aliento etílico. Puede que haya simulado no olerlo. Es parte de su trabajo. Este mocoso de mierda está acostumbrado a tratar con criminales, sospechosos de la nación y un sinfín de porquerías que vaya a saber uno que máquina. Aunque finge muy bien, se que sirve para la SSS. La maldita policía secreta de Ostania. No es del todo su presencia lo que me preocupa. Si no más bien, el como dio con mi dirección ¿Acaso Fiona me volvió a traicionar? Dios, esa chica no aprende.
—Disculpa la facha. Me pillaste despertando hace poco y recién iba a desayunar, de hecho —expresa el rubio, con naturalidad—. Este… ¿Quieres que te sirva algo de beber? ¿Un té? ¿Café? ¿Jugo?
—No, gracias —niega, con serenidad—. Ya comí en casa. Quizás un vaso de agua estaría bien — Este apartamento es bastante amplio como para que viva una sola persona. Dejando de lado lo lujoso, he divisado tres puertas hacia el ala oeste del piso. La de al medio debe de ser el baño. La arquitectura no falla. Si uno de esas habitaciones es de Lotty. ¿De quien es la otra?
—Genial. Ya te lo traigo —se desplaza hacia la cocina— No me gusta su mirada. Es muy obvio que está investigando todo el inmobiliario. Desde los cuadros hasta las plantas. ¿Qué ganaría Nightfall con dejar caer a Yuri en su propia casa? No tiene sentido —. Aquí tienes. Le puse dos hielos —se lo extiende.
—Que amable —bebe un sorbo.
—Yuri. No te vayas a ofender con lo que te voy a preguntar, pero —examina Loid, turbado— ¿Cómo es que averiguaste donde vivía? Es algo que ni si quiera a Yor le he contado. ¿Acaso mi prima te lo dijo?
—No. Lo cierto es que ninguna de las dos está involucrada y tampoco saben, que estoy aquí —revela el subteniente—. Digamos que vine de misión encubierta. Por cuenta propia. La dirección la saqué del registro civil. Firmaste una hora para el casamiento con mi hermana y dejaste anotado ahí tu domicilio de soltero. Fue pan comido.
—Maldita sea. Que descuidado. Claro que el puede entrar y salir a gusto del registro ciudadano. Es básicamente su mundo —carraspea Forger, retomando la seriedad de la conversación—. Oh. Ya veo. Y…supongo que estás aquí porque, requieres de algunos de mis servicios ¿No? Si es así, no hacía falta molestarte en venir personalmente. Podías solo llamarme.
—¿Por qué no has ido a la casa a ver a mi hermana, Forger? —Briar lo increpa, cejijunto.
—¿Eh? —pestañea confundido, el mayor—. Pues…es que Yor me dio la semana libre.
—¿Qué dices? ¿Mi hermana te dio vacaciones? —refuta— ¿Esperas a que te crea?
—Realmente no —se encoge de hombros, apuntándole hacia el teléfono del estante—. Pero si gustas llámala y pregúntale. Ella personalmente te lo dirá — Y esta vez no estoy mintiendo, eh.
«Se que estás estresado con lo que pasó en casa de Melinda. El trabajo te ha sobrepasado un poco y este calor no ayuda. Por favor, tomate esta semana libre ¿Sí? Despéjate y.…olvídate por un momento de mí. Te hará bien»
—Se negó a recibirme esa mañana. Seguramente está dolida conmigo por cómo le hablé en el carro…
—Tsk…ya te dije que ella no sabe que estoy aquí. No seas ridículo —exhala el pelinegro, de brazos cruzados y actitud huraña—. De acuerdo. Te creo. Aún así, no sé por qué darte semejante premio luego de la cagada que te mandaste en casa de los Desmond. Fuiste muy poco profesional, Lotty.
—Lo sabía. Tarde o temprano este tema me reventaría en la cara—. Escucha. Se que las cosas no salieron del todo bien ¿Sí? La transacción estaba muy alta y hablando con Melinda…—sisea, cabizbajo—. Ella se rehusó a cerrar el negocio si no modificaba los precios.
—¿Ahora trabajas para Melinda Desmond? —le amonesta el uniformado, incomodo— ¿En que momento se te dio por jugar a dos bandos? Solo espera a que mi hermana se entere.
—Estoy seguro de que Yor no se enterará de eso —afirma Twilight, fulminándolo con la mirada—. De la misma forma en que no se enterara de que hurtaste ilegalmente mi dirección del ayuntamiento y estás aquí, ahora.
—Gnh…que cabrón. Es listo. No por nada le gusta mi hermana. Hay que ser muy tonto para enamorarse de ella. O un puto genio —. De acuerdo. Supongo que…puedo obviarlo. Mientras no nos perjudiques económicamente, por mi está bien —se levanta—. De igual forma los Desmond siempre han estado a la cabeza de todos los negocios que pasan por Berlint.
—¿Ya te vas? —consulta el ojiazul, intranquilo— ¿Viniste solo a decirme eso?
—En realidad, estoy muy molesto contigo. Por la forma en la que llevaste el tema de tu compromiso con mi hermana —gruñe Briar, empuñando las manos—. Si no he hecho un escándalo, es porque ella está enferma.
—¿Qué? ¿Co-como que Yor está enferma? —balbucea Loid, descalabrado—. ¿Enferma de qué? Ella no me ha dicho nada.
—¿Cómo podría? —satiriza el menor, ofuscado—. Veo que te tomaste muy en serio el tema de tus "días libres". Y ni si quiera te has dignado a escribirle o llamarla.
—Eso es…solo una tapadera…—recula, preocupado— ¿Qué tiene?
—Ni idea. El mayordomo dijo que tenia "pena de amor" o algo así. Lleva un par de días con nauseas —se voltea, dándole la espalda—. Lo cierto es que naturalmente en cuanto me enteré de eso, decidí venir a increparte. Pensé que tu le habías hecho algo o habían discutido. Ahora…veo que me equivoqué. Supongo que se refería a otra cosa.
—¿Enferma de amor? Esto…es mi culpa. Dios…—traga saliva—. Escucha, Yuri. Lamento mucho lo que pasó ¿Sí? No fue con la animosidad de ocultarte mis propósitos con ella. Lo que menos busco es que tú y yo nos llevemos mal. Solo me dejé llevar por la pasión del momento —aclara Twilight, malogrado—. Con Yor no hemos discutido ni nada de eso. Así que no sé a que se habrá referido con el término que usó. Pero si está mal de salud, iré a verla.
—Si. Por favor, te lo encargo —berrea el subteniente, acomodándose la gorra en la cabeza—. A estas alturas, no te recomiendo mezclar el trabajo con tu relación amorosa. Finalmente, están a portas de casarse. ¿Para cuándo fijaste la fecha del civil?
—Para la próxima semana. El sábado.
—De acuerdo. Ya tendremos tiempo de organizar bien la ceremonia religiosa —comenta, caminando hacia la salida.
—Soy ateo —rechaza Forger.
—¿Y eso que significa? —protesta, observándole por sobre el hombro— ¿No te vas a casar por la iglesia?
—No. Y ya lo hemos hablado con ella. Está de acuerdo —asiente el rubio, templado—. Haremos todo de manera privada. Algo solemne en la mansión. Con el juez de procurador y un sacerdote ortodoxo de testigo.
—Que manera tan horrenda de contraer matrimonio, la verdad —exhala Briar, encogiéndose de hombros—. Pero bueno, no soy quien para llevarle la contra a mi dulce hermana. Lo único que me importa es que sea feliz. Ella lleva muchos años esperando este momento. Está ansiosa. Y se ha reservado virginalmente para el indicado.
—Si supiera que Yor ya no es virgen…seguro me cuelga de los talones en la plaza —Loid se contrae, en una risita pueril—. Jeje...es entendible. Lo entiendo. Ha decir verdad, yo también…—murmura—. Estoy ansioso porque llegue ese momento. También me he guardado para ella.
—Pff…debería darte vergüenza mentir así —carcajea sarcástico, el pelinegro—. Tal vez mi hermana te haya comprado el cuento. Pero aquí entre hombres, no me vengas con esas estupideces ¿Quieres?
—Lo siento. Es parte de mi fachada —esboza el anticuario, en una sonrisa caritativa—. Comprenderás que no quiero deshonrar a tu hermana. Ella es muy sagrada para mí.
—Oye…—Yuri retira tímidamente la mano de la empuñadura— ¿Tu en verdad estás enamorado de mi hermana? Se sincero.
—Estoy…loco por ella.
Briar se volteó a verme por solo unos escuetos segundos, antes de salir por la puerta. Una mirada opacada por el velo de una confesión que no se tragaba ni a cañones. Por unos instantes, sentí un escalofrío muy humano recorrerme la columna. No me creyó. Presumí que, a estas alturas, incluso si sabía que era mentira, no iba a increparme en nada. ¿Será que acaso está sopesando su futuro, más que sus sentimientos? Tenia lógica. Dejar de lado el sentimentalismo, le haría bien a su familia. Conseguir un hombre valeroso como yo, estaba dentro de sus patrones doctrinales de militar. La familia Briar no iba a morir en el completo anonimato. Y de cierta forma, lo sentí muy sensato de su parte. Muy maduro. Imaginar ingenuamente que las personas viven solo del amor, es ridículo. Yo ya le había demostrado con creces, que era el sujeto perfecto para Yor. Conformarse con eso por el momento, era mas que suficiente para él.
—Solo te voy a pedir que no le seas infiel —sentenció finalmente—. Mi hermana no merece pasar por esas injurias siendo tan joven. Respeta esa voluntad. Y te prometo no intervenir.
Incluso un mocoso inexperto como Yuri, conocía los artilugios del matrimonio. Este chico, ha crecido bastante desde que nos conocimos. Quizás en el pasado, cuando recién me arroje a esta cofradía, puede que le haya engañado jurándole de cabeza que no caería en el adulterio. Pero el no es el único que ha reflexionado sobre sus malas acciones y ha mejorado como persona.
—Te prometo, que no le seré infiel.
Y no mentí. Era real. Se que profesó mi franqueza. Finalmente relajó el semblante y se marchó. De cara a la soledad que me inundaba en el apartamento, mi ansiedad aumentó de sobremanera tras enterarme de que Yor estaba pasando por una especie de cuadro gastrointestinal o algo similar. Así que me comí rápido, me di una ducha y partí a la mansión. Espero…no sea nada grave.
Mansión de los Briar. 12:20PM.
—Que amable de tu parte, Loid. Pero en serio, estoy mejor ahora —confesó Yor, animada. Con un parasol entre las manos—. No tenias para que molestarte en interrumpir tus vacaciones.
—Perdóname, era inevitable —aclara Forger, quitándose el sombrero en el transcurso de la conversación—. En cuanto me enteré, me preocupé demasiado por ti.
—¿Cómo te informaste? —sisea Briar, paseando por el jardín trasero—. Ah. No me digas que fue el atolondrado de mi hermano el que te dijo. Dios. Le pedí que no hiciera tal cosa. Como se ve que ese niño se pasa por alto lo que le digo.
—Te equivocas, Yor. El no fue quien me lo contó —falsea, caminando a su lado—. En realidad, fue Fiona. Ella mencionó algo de notarte más anémica de lo normal. Y dice que la otra noche antes de finalizar su turno, te escuchó desaguarte en el baño.
—Bueno…supongo que me descuidé un poco —manifiesta la joven heredera, admirando las flores de su pérgola—. Estoy bien. De verdad. Solo comí algo en mal estado.
—¿Ya fuiste al doctor?
—No ¿Para qué?
—Es necesario que te examine un médico, mi amor —propone Twilight—. Puede que te hayas intoxicado con algo.
—Mi amor…—redunda, cabizbaja.
—¿Eh?
—Nada. Es solo que…se me hace raro que me lo digas, de la nada —ríe, apesumbrada—. Después de que literalmente me rechazaste cuando te llamé así, aquella vez.
—Sigue molesta por eso. Es natural. Pobrecita…—Loid la contiene entre los rosales, girándola para quedar de frente a su rostro—. Perdóname, Yor. Sin duda te debo una gran disculpa por eso. No fue mi intención vulnerarte con mis palabras. Tuve una pésima noche y me dejé llevar por sensaciones irascibles que no medí —la toma de las manos, brioso—. Jamás se me pasaría por la cabeza desquitarme contigo, por frustraciones personales. Créeme, no soy así. No soy un hombre violento ni mucho menos frívolo. Reaccioné muy mal. Y te lastimé…
—Loid…—musita Yor, ruborizada ante tal muestra de afecto—. Ha decir verdad, me dio mucho miedo. No sabía realmente que te pasaba. Me habías pedido matrimonio horas antes y de la nada me…
—Nunca más. Si me das otra oportunidad, te juro por lo mas sagrado que nunca más, te volveré a hablar así —decreta Forger, acurrucando sus puños contra su pecho. En un atisbo de mirada culposa y arrepentida—. Yo…te amo ¿Sabes? Tal y como te lo dije en el salón, esa noche.
—¿Si me amas…? —cuestiona, temblorosa.
—Claro…que si…—sisea, compungido— ¿Qué estas haciendo, Twilight? —. Lo hago. Y te lo voy a demostrar.
—Confío en ti —asiente, afanosa.
—Ven aquí. Dame un beso…
Nos besamos. Uniendo nuestros labios en un cándido ósculo que, de alguna manera, nos intercede. Pero a la vez, me enreda todos los sentidos. Al punto de involucrar ya, sentimientos que no comprendo del todo. Dicen por ahí que las peleas son amargas. Pero las reconciliaciones dulces, como la miel. ¿Es eso lo que hace latir mi corazón, tan impetuoso? ¿Solo porque tuvimos una desavenencia y ahora estamos bien? Es extraño, porque no sé si realmente la amo. Pero si no es amor. ¿Qué mierda me tiene tan acucioso, entonces? Ya ni si quiera puedo señalar que es lujuria. Es verdad que la deseo carnalmente. Sin embargo, no logro verla con los mismos ojos de antaño.
Esta chica me gusta. Me gusta mucho más de lo que podría describir. La quiero. Me provoca vicisitudes de ternura, dándome un imperio acometedor de gallardía y vehemencia. Como si quisiera protegerla para toda la vida. Ahora que le propuse matrimonio, mi aprecio poderoso. Grandote. Me eleva, despegando los pies de la tierra a un mundo que jamás transité antes. Se siente tan, pero tan bien, que me roba el aliento. Me asfixia.
—Yor…
Instintivamente, mis dedos viajan hasta su menudita cintura y la aprieto con impulso. La sugestiono, a pegarse a mí anatomía. Quiero abrazarla y no soltarla más. Siento el rostro caliente, febril. ¿Qué mierda me pasa? Ya no puedo controlar mis movimientos. Literalmente estoy en piloto automático. ¿Qué hago? Si no me gobierno justo ahora, caeré victima de la lascivia más delatadora posible. Un solo paso en falso y todos se darán cuenta de que ya hemos intimado antes del matrimonio. Me la quiero comer a besos. Hasta que mis labios duelan y mi lengua se entumezca de pesar. Voy a enloquecer. Voy a…
—Huhg…—Yor se retrae angustiada sobre sí misma, dibujando una mueca nauseabunda en el acto—. Loid…n-no me siento bien…
—Yor ¿Qué tienes? ¿Qué pasa? —se espanta, sujetando sus brazos— ¿Otra vez esos síntomas?
—Si. Creo que tenías razón y sería bueno ver un doctor —berrea la fémina, cubriéndose la boca con asco—. Ya van tres días. Siento que todo me da vueltas —jadea—. Loid…
—Mi amor. Espera… ¿Qué estás…?
—Yo, no…ah…
Carajo. Menos mal que soy de reflejos rápidos y logré alcanzarla. Yor se había desvanecido literalmente entre mis brazos. ¡Con un demonio! Intenté desesperadamente que volviera en razón, palmoteando sus mejillas con suavidad. Pero no reaccionaba. El miedo se apoderó de mí, tras notar como su rostro empalidecía. ¿Habrá sido producto del calor? Es que este puto solo no ayuda tampoco, joder.
—¡Frederick! —chilló Forger, hacia la casona— ¡Es una emergencia!
—¡Válgame, por el altísimo! —exclamó espantado el mayordomo, tras presenciar la escena— ¡Señorita Briar! ¡¿Qué ha pasado?!
—Se desmayó —rafuta Loid—. Trae el auto. Iremos al hospital.
—No hace falta, joven Forger —aclara—. Tenemos un doctor de cabecilla. Vive a 10 minutos de aquí.
—¡Pues entonces llámalo! ¡Ahora!
—¡Si, claro! ¡Voy! —corretea el mayor, temerario.
Lo que sea que te esté pasando, Yor. Por favor…resiste. No me dejes. No ahora que ya sé, que es lo que siento por ti.
[…]
Demonios. Ese sujeto lleva demasiado tiempo con Yor ahí dentro. ¿Tanto puede tardar en darle un diagnóstico? Creí que sería mucho mas profesional, ya que trabaja para una familia rica. A veces pienso que quizás debí dedicarme a la medicina, antes que estafar personas. Pero luego recuerdo que vi tantos cadáveres pútridos en el campo de batalla. Descuartizados, cercenados, abiertos; que se me pasa la fantasía. Si hay algo de lo cual esté hastiado hasta los cojones, es de presenciar interiores humanos. Tras un prolongado lapsus de media hora, finalmente el medico brota desde su cuarto. Los únicos ahí presentes por el momento, éramos yo y el mayordomo. Así que no tardamos en acudir a escuchar su veredicto. Le noté demasiado tranquilo para ser algo de gravedad. ¿Será una simple infección estomacal entonces?
—La señorita Briar se encuentra estable por el momento —narra el doctor—. Solo sufrió una descompensación arterial a causa de las altas temperaturas. Le suministré un par de sueros y medicamento para pasar el alza. Se repondrá en un par de horas.
—¿Qué dice? ¿Es eso? —refuta Loid— ¿Solo fue un simple desmayo producto del calor? Tiene que ser una broma. Yor lleva varios días con malestares estomacales. Y no me-…
—No he terminado de hablar, joven Forger —sentencia el varón.
—…
—Si bien se desequilibró por el calor, hay otro factor que también la involucra directamente a estar mas propensa al clima. Incluso a lo que ingiere o bebe —añade, templado—. Va a tener que armarse de valor, jovencito. Porque estos cuadros serán cada vez mas recurrentes, debido a su delicada condición.
—¿Condición delicada? —Twilight sigue sin enterarse— ¿Qué me cuenta?
—Lo sabía —advierte Frederick, ansioso—. La señorita Briar, si tiene el mal de amor.
—¿Eso que coño es? —ya se molestó.
—La señorita Briar —veredicta el especialista—. Está embarazada.
—¿Qué…? —Loid se paraliza de golpe. Lo escucha. Y no lo cree— ¿Qué?
—Que malo es el amor hoy en día —sisea el sirviente, soltando una lagrimita por el rabillo del ojo—. Oh…pero a la vez, que bendición mas grande.
Un segundo. Vamos, un momento. Paren todo. Denme un espacio. Un chance para poder al menos asimilarlo. ¿Yor está…?
—¿Cómo que…embarazada? —sugestiona el rubio, descalabrado— ¿En sentido figurado, retorico o…?
—¡Que bromista es usted! ¡Jajaja! Está embarazada, señor. De la única forma posible en la que se conciben los bebés —asiente el doctor, sonriente—. Tiene aproximadamente tres semanitas de gestación. Enhorabuena, joven Forger. ¿No le da gusto? Sera padre.
—Esto tiene que ser una broma. No puede ser real. ¿Pero en que puto momento? Si yo no…—recula, despabilando—. Dis-disculpe…pero…
—¿Por qué pone esa cara? Pareciera que vio un fantasma o algo así —el medico le da un par de golpecitos febriles en la espalda—. Parece asustado, joven. No es tan terrible. Son cosas de la vida. ¡Alégrese! ¿O es que acaso sospecha de que no sea suyo? Porque si es así, no sé entonces sí estoy comportándome acorde a la ocasión —adiciona, preocupado—. Tengo entendido que Yor Briar es su prometida. Usted es su novio. ¿No? Si está insinuando otra cosa. Me temo que yo no-…
—¡N-no! ¡No! ¡No! ¡Para nada! —descuece Twilight, negando efusivamente con la cabeza—. No me lo plantee ni por asomo. En efecto, Yor es mi novia y nos vamos a casar dentro de poco. Sin duda que…
—¡Sin duda que es su bebé! —carcajea el galeno, jocoso—. Ahora lo importante es mantenerla bajo monitoreo constante. Se que soy el doctor de cabecilla de la familia Briar. Pero es imperativo que asista a controles médicos en el hospital de Berlint. No tengo todas las herramientas ni la tecnología suficiente para solo tratarla en su casa, comprenderá.
—Si-si…sin duda que…iremos —asiente el ojiazul, pasmado—. Cuente con ello…
Ya no sé ni que mierda hacer o decir. Estoy en shock. Tanto, que me tiemblan las rodillas. Esto sin duda no estaba PARA NADA dentro de mis planes. Ni por asomo. ¿Cómo demonios…pasó? Si me aseguré de acabar afuera. Siempre. ¿De que forma puedo ser tan jodidamente fértil como para llegar a preñarla? He abusado de mi sexualidad durante años y nunca nadie salió embarazada de mí. No voy por el maldito mundo regando hijos ¿Ok? Seré puto, pero no irresponsable. ¿Será que Yor es…una máquina de hacer bebés o algo así? Porque puede ser que, en el proceso de un par de encuentros íntimos, bueno…se haya escapado una cosa que otra. ¿No? Un momento ¿Qué mierda estoy pensando? Es ridículo. Me veo bien patético, la verdad. ¡Solo nos acostamos dos veces!
Ya. Pero fueron varias tandas, Twilight.
Ah…
Es mi culpa. Todo esto, es mi maldita culpa. No puedo huir ya. No hay forma de escapar de esto. Innegablemente recae sobre mi responsabilidad sexo afectiva como no cavilé jamás. A ver, el problema no es que cargue una cría mía ¿De acuerdo? Pasa que yo…no sé si estoy listo para ser papá ¿Me entienden? Llevo un estilo de vida que para nada involucra infantes. Es un compromiso que atenta contra todo mi mundo. No estoy confesando que la noticia me desagrade. Solo digo que…
Ah, joder. ¿Cómo explicarlo? Por favor, mírenme. Soy la escoria mas grande del planeta. ¿Quién en su sano juicio querría tener hijos conmigo? Si lo único a lo que me he dedicado es hacer el mal. No soy ni por asomo un modelo paternal a seguir. Por el contrario, yo ya debería estar preso. ¿Quién chucha desearía tener un padre delincuente? Porque finalmente es lo que soy. Dioses. Yo no…
—Oiga…—murmura Frederick.
Alguien tocó mi hombro. No sé en que momento me aprecié solo en ese pasillo, con la compañía de aquel octogenario sirviente. Me saca de onda. Reculo y reanudo la realidad de mi vida. No sé que catadura habré puesto, que llegué a preocupar al pobre hombre. Me miraba como si hubiese asesinado a alguien. Cómplice, casi de un delito. Macabro. Me dice.
—No se sienta culpable —murmura, juicioso—. Usted y la señorita Briar están en la flor de la juventud. Se aman mucho. Era natural que esto pasara. No se martirice mas ¿Quiere?
¿Qué? ¿En que momento yo he…? Vaya. Que curioso y chistoso a la vez. Así que ¿Esa cara puse? ¿De un mártir? No es la primera ni la segunda vez que este sujeto me ve así. Antes también me lo dijo. ¿Realmente doy esa impresión? ¿Cómo si hubiese acabado con la vida de Yor? Estoy consciente de que soy malo. Pero ¿Así de malo? Les juro por lo mas sagrado de mi existencia que si bien, pretendí jugar con ella antes, no ambicionaba ni por asomo embarazarla de mí. No deseo que nadie impute mis genes. No solo mi anatomía a nivel subatómico es toxica. También lo son mis ambiciones. El mayordomo de los Briar es tan suspicaz y sensitivo, que ha captado de pies a cabeza todo lo que estoy deplorando justo ahora. No sé cuándo ni cómo ni dónde. Pero irremediablemente repara de oyente onírico, que me siento mal. No porque yo tenga dobles intenciones con Yor. Es el único que ha captado, como un farol en la neblina más ceñuda; que me recrimino censurado, por esto.
—¿Lo encuentras justo? —murmura Loid, desviando la mirada con vergüenza—. Yor apenas tiene 27 años ¿Te parece correcto que sin estar casados ni haber hablado del tema, esto pasara?
—No se si sea justo o no, señor —admite el mayordomo, contento—. Me va a disculpar. Pero con todo el respeto que le tengo. Si me permite. No existen respuestas tontas. Solo preguntas mal formuladas.
—¿Eso que significa? —no comprende.
—Significa que debe preguntarme de nuevo. Pero no desde ese ángulo —ríe—. Primero que todo, no considero que 27 años sean una mala edad para ser madre. Al contrario. Me parece perfecto. ¿Si es justo o no? Eso solo el destino lo determina. Si dos personas adultas consensuadamente se unen en carne, todo resultado es valido —añade—. Y en cuanto a lo que, que me parece correcto o no. Bueno, eso depende de sus convicciones, finalmente. En ninguna parte está escrito que, para traer niños al mundo, se debe de estar en matrimonio. Es solo un dictamen de buena fe y crianza, para determinar un compromiso. Se tiende a pensar que para que nazcamos, haya un vinculo sano de por medio. Si se habla, está bien. Si no, también está bien. Lo que importa es el resultado final —sentencia—. Lo que usted quiere y lo que su pareja también.
—Entonces, bajo tu lógica —consulta Twilight, esperanzado— ¿Esto…es correcto?
—Pregunte más formulado.
—¿Está bien? ¿Esto?
—¿Qué es el bien y el mal? —le deja pasada la bala, retirándose de la escena—. Si me disculpa, debo atender otros asuntos. Por favor le pido, no se retire aún. Espere a que la señorita Briar despierte. Ahora mas que nunca, lo necesita.
—Me quedaré —acepta Forger, sin tener ni una respuesta a sus interrogantes, aun—. Iré a su cuarto. Con permiso…
—A pesar de escuchar blasfemias del joven Yuri, este muchacho no es malo. Solo está confundido. Denle tiempo. Tengo fe en que entenderá el proceso con madurez —asiente, bajando las escaleras— ¡Ah! ¡Señorito Yuri! ¿No tenía una reunión que atender? — ¿Por qué llegó tan pronto? Que mal momento…
—Hola, Frederick —ambos se encuentran en la planta principal—. Si. Pasa que los bastardos se pusieron violentos y Fiona se vio obligada a intervenir. No salió bien.
—¿Cómo…?
—Necesito una ducha —espeta Frost, con la indumentaria embetunada de sangre—. Si, bueno. Gajes del oficio. Pero ya cerraron la puta boca.
—¡¿Que clase de paralelismo es este?! —el pobre sirviente se va a la chucha—. Este…ya veo. Jeje…
—Prepárale el baño a Frost —exige el subteniente, abriéndose la chaqueta—. Dios, que día mas mierda. ¿Mi hermanita? ¿Dónde está?
—En su habitación, descansando —revela el mayor.
—¿Descansando? ¿De qué? —cuestiona, receloso— ¿Le pasó algo, acaso?
—No. Bueno…puede que haya sido victima del calor abrasador de la tarde y se tuvo que ir a reposar a sus aposentos —explica el mayordomo, azorado—. Pero no se preocupe. Vino el medico y todo está bien.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo que tuvieron que llamar al doctor?! —el militar se deshace de las botas, echando carrera por las escaleras— ¡Hermana! ¡Ya voy!
—¡Aguarde un momento! —el canoso lo ataja en el último escalón, jalándolo del brazo—. Le ruego no vaya. No está sola. El joven Forger está aquí. Se encuentra en su cuarto, velando por su sueño. Y realmente merecen un ratito a solas. Si me entiende…
—¿Lotty al fin se dignó a venir? Ja…—rumea para sus adentros— Se ve que mi visita sirvió. Sin duda puedo controlarlo a mi potestad. Es bien obediente—. De acuerdo. Se lo cedo. Pero quiero que prepares la cena. Para los cuatro. Si bien no salió bien esa negociación, deseo celebrar un triunfo para nosotros.
—¿De que se trata? Si me permite preguntar.
—Es un escándalo sin presentes. Ni sé de dónde mierda surgió —esclarece el pelinegro, soltándose el cuello de la camisa y parte de su corbata—. Pero acaban de publicar un documento oficial sobre la familia Desmond. Alguien con los cojones bien gordos, transmitió toda una red de trafico mal habido de ellos. Ojalá poder verlo a la cara y darle las gracias en persona —se tira al sofá—. Ahh…al fin, Melinda dejará de hostigarnos. Merece una celebración. Trae el mejor vino que tengamos. Y que cocinen camarones. A Fiona le encantan los camarones salteados en brócoli.
—A la orden…señor —asiente, afrentado— ¿Esto es realmente bueno…?
Mansión de los Desmond. A esa misma hora.
—¡JEEVES!
—¿Me mandó a llamar, señora? —se presenta el sirviente, preocupado.
—¿Qué mierda pasó aquí? —vocifera Melinda, colérica— ¡¿Quién carajos nos delató?! ¡¿Fueron los Borhn?! ¡¿Los Wobger?! ¡¿Los Bertlohg?!
—Según tengo entendido, el documento fue redactado por los Falkdum, mi señora —revela el sirviente.
—¡¿Los Falkdum?! ¡¿Pero en qué momento?! —chilla Desmond, rompiendo todo a su paso y tirando parte de la vajilla en el proceso— ¡Arg! ¡Esa vieja de mierda! ¡Estuvo en mi fiesta esa noche!
—Sin duda que sí. Un par de testigos la vieron esa noche. Pero luego…—sisea, preocupado—. Le perdieron el rastro. De un momento a otro, se fue de la velada. Por lo que no podríamos inculparla del todo. Porque no se quedó hasta el final.
—Es imperativo que averigüemos que pasó. No es posible que se haya filtrado de la noche a la mañana todas las cuentas bancarias y los movimientos de la familia —masculle famélica, la mujer—. Esto sin duda fue obra de un traidor. Un soplón.
—¿Quién mas tenia información así de sus movimientos? Solo las familias más importantes —declara el joven, afanoso—. Me atrevería a decir que nadie sería tan estúpido como para soltar algo de esta índole, sin verse perjudicado. Es un disparo en la sien.
—Pide una audiencia con los Falkdum —demanda—. Y no con el esposo. Hablaré en persona con Mariana. Ella es la única que puede decirme que coño pasó aquí.
—¿Ahora mismo? Pero lady Mariana no se encuentra en la capital.
—¡Pues haz que venga, joder! —chilla, ofuscada—. Si no viene, yo iré por ella. No descansaré hasta saber que mierda ocurrió aquí. ¿Me oyes? Y muévete rápido. Estamos contra el tiempo.
—Si. A la orden, mi señora —acata.
—Quien fuese el maldito bastardo osado que me traicionó, pagará con su vida.
[…]
—Huh…mhm…—se queja Yor, agarrotada por los medicamentos— ¿Qué sucedió…? ¿En dónde…estoy?
—Yor. Estás bien —advierte Forger, aplacado.
Dejando de lado su comprometedora situación, me regresó el alma al cuerpo verla abrir los ojitos. La noté un tanto aturdida, eso sí. Reparando con escasez el como escudriñaba la habitación ligeramente confundida. No sé que clase de pócimas le hayan suministrado. Se ve que eran potentes. Pero si estaba de mejor animo y recuperada, por mi era mas que suficiente. Me arrimé al borde de su cama, tomando sus manitas con cariño. Las repleté de besos pueriles, dejando escapar uno que otro suspiro azorado.
—¿Loid? ¿Qué fue? —sisea Briar, acomodándose de mejor forma sobre el colchón—. Lo ultimo que recuerdo es que estábamos en el jardín. Nos dimos un beso y luego…—se toma la cabeza, adolorida—. Oh…me duele un tanto la cabeza. Disculpa mi torpeza. Me siento algo mareada.
—Tranquila, por favor no te sobre esfuerces. Es natural —explica el varón, recompuesto—. La temperatura está tan elevada ahí afuera, que te dio un golpe de calor. Es lo que dijo el médico.
—¿En serio fue eso? Vaya —manifiesta la chica, perturbada—. Creí que era porque comí algo en mal estado. Aun siento un ligero malestar en mi estómago. Como si estuviera empachada. ¿Puedes creerlo? Tal vez deba tomar un antidiarreico.
—¿Has ido mucho al baño últimamente? —pregunta, indiscreto.
—Suelo tener una digestión bastante buena, la verdad —esclarece la pelinegra, avergonzada—. Pero nunca tanto como ahora. Algo me obstruye la cañería y hace que vaya mas veces en el día. ¿No te parece irónico? Debería ser al revés. ¿No? Seguro es parte de una indigestión.
—Yor…—Loid traga saliva, tomando aliento sobre el lozano comentario que le va a tirar a continuación—. Escucha. Realmente no creo que sea un "empacho" lo que cargas en el estómago. Y si puede que haya ciertos factores que influyan al hecho de meter presión, en tus intestinos. De alguna forma, se van moviendo hacia un costado ¿Sabes? —añade, temeroso—. Eso es porque…bueno…tu…
—Estoy embarazada —sentencia Yor.
—¿Qué? —se retrae.
—¿Es eso? ¿Es lo que ibas a decirme?
—¿Cómo es que…lo sabías? —parpadea, absorto con su confesión.
—Me ofende tu pregunta. Pero no me lo tomo tan personal —exhala desahuciada, la heredera—. Seré ingenua en muchas cosas. Pero conozco bien mi cuerpo. Tonta no soy. Ha decir verdad, ya venia sospechando de ello hace una semana atrás —agrega—. No me llegó el periodo.
—Comprendo. ¿Así que eres regular en tu sangrado?
—Siempre. Sagradamente, llega el mismo día cada mes. Y el viernes pasado…no pasó —admite Briar, en una mueca sensitiva—. Por lógica supe de inmediato que tenia que ser eso. Mas que mal, no tomé ninguna clase de resguardo desde que tu y yo nos conocimos. Fui egoista. Te pido una disculpa.
—Tranquila. No te estoy reprochando nada ¿Sí? —farfulle Forger, dejando muy en claro su compromiso con la causa—. Escúchame. Puede que no lo vieras venir y eso te irrite. Pero yo estaba al tanto cuando te conocí, que estabas…mhm ¿Cómo decirlo? Explorando desaforadamente tu sexualidad —relata—. Me comentaste que eras casta y que estabas harta de vivir bajo el yugo de tu hermano menor. O del que dirán.
—Creo que…no me estoy dando a entender bien —revela Yor, levantándose de la cama para caminar hacia el ventanal—. Loid…cuando hablo de que fui egoísta, me refiero a que actué contra tu voluntad en no ser del todo sincera con mis intenciones.
—¿De qué hablas, Yor? —examina, turulato—. No comprendo…
—¿Recuerdas que te dije que, te elegí para ser mi primero? —murmura, jugueteando nervuda con el velo de su pijama.
—Claro. Lo recuerdo como si hubiese pasado hoy —camina hasta ella— ¿Eso que tiene de egoísta?
—Pasa que yo…—aprieta los labios, compungida—. No sé cómo decirte esto. No de una forma para que termines odiándome. Temo que me rechaces y me dejes…si te lo cuento.
—Vamos, Yor. ¿Qué cosas dices? —se aproxima a ella, abrazándola por la espalda— ¿A que le temes? No te dejaré. No ahora, que vamos a casarnos.
—¿Prometes no enojarte?
—Lo prometo —asiente, jovial—. Te amo. ¿No te lo dije? Por favor, no dudes mas y dime. ¿A qué te refieres entonces?
—Es que yo…no solo te elegí para ser el primero —manifiesta la pelinegra, atosigada de vergüenza y culpabilidad—. También lo hice para…lograr esto.
¿Qué? Un momento. Esto no puede ser verdad. ¿Qué me dice? ¿Acaso Yor buscaba…? Me paralizo. E instintivamente la suelto.
—¿Qué me estás contando, Yor…? —Twilight da un paso hacia atrás, mermado— ¿Dices que me usaste para…embarazarte?
—¡No te usé! —se voltea violentamente, tomándolo del rostro con vehemente intencionalidad—. Te ruego por favor, no emplees esa palabra. Jamás se me pasó por la mente tenerte como un objeto. Pero lo cierto es que, sí. Estaba buscando concebir. Es por eso que no tomé ningún resguardo. Y sabía a ciencia cierta que si te abordaba en momentos en donde no pudieras portar protección, sería más fácil para mi lograrlo.
Esto…ya se pudrió, señores. Yo, que siempre juzgué ser amo y señor de nuestros encuentros. De toda esta historia. El jefe a cargo. ¿Nunca lo estuve? ¿Finalmente soy yo la victima? Tiene que ser una broma. Pero esta chica ¿Quién es, realmente? ¿Es humana si quiera? ¿Cómo puede actuar de esa forma tan frívola? Yo ni si quiera buscaba esto. Hasta llegué a sentirme culpable de la situación. ¿Cómo es posible que Yor, resulte ser peor que yo? Es irrisorio. No sé que cara le puse, que la espantó tanto. Tanto, que se me tiró a los brazos, empujándome hacia el borde de la cama. Por poco y me caigo. Logro apartarla, desazonado. Me dice, entre lágrimas.
—¡Quería…ser madre! ¡Era mi sueño de siempre, desde los 15 años! —farfulló la heredera, entre alaridos y despojos de dolor— ¡Deseaba con todo mi corazón, experimentar la dicha de poder darle una vida responsable a mi propia existencia! ¡Ni Yuri ni mis amigas ni nadie, me empujó a esto! ¡Yo nací así! ¡Con esta necesidad absurda de formar mi propio linaje! ¡Y cuando te vi en esa subasta! ¡En el instante en que, benditamente tus ojos reposaron sobre los míos, supe que eras el indicado! —enjuicia, desviando la mirada, entregada—. Me siento desastrada. Muy destruida. Porque ni si quiera se me pasó por la mente consultar tus ambiciones. Solo me concentré en las mías y por eso fui muy egoísta. Te juro por lo mas sagrado que no pretendía aprovecharme de ti. De hecho…pensé…—cavila, liada—. Que no llegaríamos a nada más. Que tendríamos una noche de pasión y luego te esfumarías, como todos mis otros prometidos. Sin embargo, no sé por qué. No me lo explico cómo. Pero te quedaste. Decidiste, humanamente hablando; permanecer a mi lado. Y conforme avanzó nuestra relación también lo hicieron mis sentimientos por ti. Creció a tal punto, que irremediablemente acabé enamorada de ti. Locamente, perdida. Por todo lo que eres —atesora—. Desde tus malos momentos huraños hasta tus sonrisas mas afables. Es que, Loid. ¿Cómo te lo explico? Eres…perfecto. El partido ideal —ríe, aventurada—. Casualmente resultaste ser el hombre idílico de un cuento de hadas. El príncipe azul. ¿Cómo no amarte? Eres divino. Sabes mucho de todo. Eres diestro con las manualidades. Te aprendiste de memoria la composición química de los astros. Incluso podrías construir un castillo desde los cimientos con tus propias manos. ¿Quién sería tan tonta para rechazar tal oportunidad? ¿No pensarías como yo? Si estuvieras en mi lugar…
No sé qué decirle. Estoy en shock. Me veo tentado a dialogar algo. A refutar algo. Muevo mis labios, pero no sale palabra alguna. Me ha fulminado por completo.
—¿Ya lo ves? No dices nada porque en el fondo sabes que tengo razón —se aparta, desplazándose por el cuarto en son de alegoría—. No estoy arrepentida. Al contrario. Llevar un hijo tuyo en mi vientre, es una bendición de los cielos. Me he asegurado un porvenir en donde crecerá sano, vigoroso, inteligente. Tienes unos genes increíbles que nadie mas podría aprovechar mejor que yo. Mi familia…los Briar —relata, observándolo fijamente a los ojos—. Yuri le hizo una promesa a papá. Pero yo también le hice una a mamá. Que le daría herederos loables para continuar nuestra dinastía. Incluso si perecían en la guerra. Ella fue la única que me entendió. No digo que mi hermano no pueda lograr lo mismo. Pero como mujer, decidí tomar al toro por las astas. Jalar el rumbo de la estirpe, por mi cuenta. Así como lo hizo ella, tras casarse con un hombre poco agraciado, pero con una posición respetable en Ostania.
Dios santo. Yor es…
—¿Te parece ilógico?
Es una mujer increíble. Lo hubiera previsto de una persona como Nightfall. Porque ella es muy fútil a la hora de tomar decisiones. Demasiado cerebral. Pero lo que hizo esta chica, es admirable. Literalmente sacrificó su útero y su futuro, en potestad de una familia que casi cae en decadencia. Por mucho que quiera adornarlo con vanidades agraciadas y cuentos de niños, me usó. Esa es la verdad más lúgubre de todo el asunto. Sin duda me aprovechó, mucho antes de que yo me fructificara de su poder económico. Ni si quiera puedo servirme de su posición porque literalmente ella ya lo había hecho por mí. Es tan absurdo, que cae y raya en la perfección. Yor me acaba de exponer campechanamente, que solo ansiaba ser fecundada por mí, dado mis aptos vínculos hacia la perfección; por sobre el promedio de varones. Como lo haría una leona cazadora e independiente elije a un león macho eficaz, entre la manada del reino animal. ¿Y yo? Que me creí neciamente el cuento de ser amo del acto, no tenia ni pito que tocar. Porque si no lograba algo mas con ella, estaba literalmente dispuesta a volarme la raja. Me iba a patear. Y de ese bebé, en mi puta perra vida me enteraría de su existencia. Así de cruda era la cosa.
¿Qué debo hacer ahora? ¿Debo sentirme mal? Porque lo cierto es que, de alguna manera insólita. No sé si por mi capacidad narcisista o mi cualidad desdeñable de no profesar culpa de lo que hago…no me ofende. Al contrario. Me ha llenado el pecho de aire caliente. Me sobre estimula como no tienen idea, de que me diga tales licitudes. ¿Acaso fui tan obtuso de no ver, que es Yor finalmente mi real cómplice? Es incluso mejor que Fiona, lamento admitir. Es fastuosa para mí. Es la clase de mujer que esperaba toparme en mi camino. Madre de familia. Clásica. Maestra. Indómita e inigualable. Gallarda. Meditabunda. Añora aspiraciones claras por sobre lo onírico. Conquista la aventura del amor. Pero también sabe poner paños fríos a la hora de ganar imparciales propósitos. Esta es la clase de dama que quiero a mi lado. Yor me ha despejado las dudas de lo que sentía por ella. Ya no temo en decirle que opino. Es mi compañera mas fiel. La mas apta para aceptarme. Si ambicionara contarle todo lo que he hecho, solo para conseguir un mugriento diamante, seguro me lo entendería. Ni si quiera le daría importancia. Es más. Capaz hasta me lo regale, a estas alturas. Me mantengo estoico frente al régimen. No le diré nada. Solo hasta cerciorarme de que no me ponga un pie encima. Finalmente, teniendo la palabra en la boca. Le digo.
—No. No me parece ilógico —balbucea el varón—. Y ¿Sabes una cosa? Ya nada me importa. Dejando de lado el cómo se dio nuestra historia. No me arrepiento ni un segundo de lo que hice contigo. Puede que hayas fingido en un comienzo. ¿Qué más da, con eso? Lo que importa ahora es ese bebé que crece en tu interior —relata, decidido—. Y me haré responsable de él. Ya no pretendo darle vueltas al asunto. Si me elegiste como el progenitor del futuro heredero de los Briar, lo asumiré. ¿Ok? Solo oriéntame y dime que debo hacer ahora. Porque lastimosamente, no me iré de tu lado. Lamento que no haya estado en tus planes. Me pre juzgaste de ante mano y aunque no te guste, me haré cargo de él. Te pasó la cuenta. Jugaste con fuego y te quemaste. ¿Qué procede?
—Loid…tu no…—carraspea Yor, sumida en un cumulo de incertidumbre y lujuria—. Lo cierto es que ahora mismo, no te quiero pedir nada. Mas que tu presencia. Yo puedo criar bien solita a este bebé. No me-…
—Estupideces —espeta el rubio, jalándola del antebrazo hasta que ambas miradas, conecten—. Solicita lo que quieras. Lo que gustes y anheles. Estoy a tu servicio.
—¿Realmente no me odias después de haberte contado esto? —esconde la mirada, malograda.
—¿Cómo podría? Si literalmente me diste el honor de ser el progenitor de tu heredero —esclarece, brioso.
—Ser progenitor —esboza la heredera, descalabrada—. Y ser padre. No es-….
—Seré progenitor, jardinero, mayordomo, chofer, cocinero, guarda espaldas, nana. Lo que requieras —asevera el rubio, afrentado a su posición—. Vamos, ya no tengamos esta clase de conversaciones. Ya nos hablamos con el corazón. ¿Qué te dará el sueño esta noche? Te veo tan mal, que…
—Quero hacer el amor. Contigo…—murmura, febril.
—¿Es lo que deseas ahora mismo? —espeta Twilight, pasmado. De alguna forma, no se lo cree del todo—. Yor, Tu no-…
—Si…lo quiero —le intercepta—. Necesito sellar esta platica y que me demuestres, que realmente me amas.
—¿Lo haces por un tema de seguridad o porque…?
—No. Nada de eso —determina Yor, arrojada a sus brazos—. Es…imperativo. No sé si es por culpa del embarazado o por la charla que tuvimos. Pero saber que no te molesta mi obstruido devenir, me estimula mucho. Por favor, te ruego no me prives de esto durante el proceso.
—No pretendo tal cosa, Yor. Es solo que nunca antes intimé con una mujer…—agrega, lascivo; entre sus brazos—. Que llevara un hijo mío. ¿Podemos hacerlo sin que te malogres?
—No sé si me arruinaré entre tanto —jadea, extasiada. Acto seguido, frota sus pectorales contra la camisa—. Pero me siento como un volcán a punto de estallar. Posiblemente sean las hormonas. No lo sé.
—Voy…pero antes —advierte, cerrando la puerta con llave—. Digo, para que no entre tu hermano ¿No? Ese mocoso…
—No va a entrar —sisea Yor, envolviéndolo entre sus brazos—. Si se escucha, se aguanta. A la mierda ya. Ven aquí, mi amor —lo atrae hacia la cama.
—Voy contigo…mi amor.
Que bonachón de mi parte acometer que sería Yuri mi mayor verdugo. Cuando en el fondo, la única persona que escuchaba detrás de la puerta de manera indiscreta, era Fiona. Aunque no llegué a enterarme en ese instante. Hasta que mas tarde, la olla se destapó. No solo se quedó para presenciar auditivamente el espectáculo amatorio. Si no que encima, también llegó a sus oídos la declaración de gestación de Yor. Estaba a portas de casarme en menos de una semana. No creí que tuviera a estas alturas, que afrontar las consecuencias de embarazar a la heredera de los Briar. No hasta, que Nightfall pegó el grito en el cielo.
—Lo lamento, Twilight. Creo que fui descuidada a la hora de dudar de ti. Bien dicen que debes desconfiar siempre de los inocentes.
—¿Disculpa? —no comprendió.
Esa tarde, me encontraba yo; limpiando el capó del vehículo. Mi compañera de usanzas me tomó desprevenido y me jaló enérgicamente hacia un costado. Por unos instantes, me asusté. Porque pensé que me iba a besar de nuevo o algo así. Sin embargo, su semblante dejaba a todas luces, un odio que ya no profesaba por mí. Y eso, era mucho más preocupante.
—Esa perra de Yor Briar —berreó, ofuscada—. Tiene que pagar por esto.
—Fiona…— No puedo creer que nos haya escuchado —. Escucha…tienes que dejar esa manía de espiar a las personas, tras bambalinas —suspira Loid, mosqueado—. Las cosas no son como parecen.
—Ya cállate —espeta, frustrada—. Mira que bastante hago con pasar por alto el hecho de que me mentiste.
—¿En qué te mentí?
—Te dije que no te acostaras con ella y, aun así, lo hiciste. Aunque me lo negaste en incontables ocasiones —rezonga Frost, fulminándolo con la mirada—. Pero mira que ya no estoy en condiciones de reprochártelo. Porque finalmente, te tienen de los huevos.
—Lo siento. No sé de que hablas —se encoge de hombros, restándole importancia—. Imagino que, si realmente oíste bien, debes de saber que no estoy molesto.
—Puede que tu no lo estes, Twilight. Pero si Yuri se entera de que su hermana no está llegando casta de aquí al sábado próximo —sisea, ceñuda—. Tu matrimonio se cancelará en un abrir y cerrar de ojos.
—Eso no va a pasar. ¿Y sabes por qué? —declara Forger, impávido tras su amenaza—. Porque vas a cerrar la maldita boca y te apegarás al plan.
—¿Qué plan? —bufa irónica, la ojinegra— ¿Qué acaso te han lavado tanto el cerebro como para no darte cuenta, que todo este tiempo la única que tenia un plan, era Yor Briar? Siempre fuiste un peo en su tablero de juegos. Eres patético.
—No vas a lograr intimidarme —chasquea la lengua, altivo. Retomando sus quehaceres—. Por favor, déjame en paz. Debo terminar esto. Tenemos una cita medica a la cual acudir.
—Dile que aborte —demanda Nightfall.
—¿Acaso perdiste la cabeza? —refuta, pasmado— ¿Te estás oyendo si quiera?
—Yor Briar no puede tener un hijo tuyo. No ahora.
—A ver —exhala, frustrado. Atento a lo que tiene que decirle ahora— ¿Y por qué no, según tu? Ilumíname.
—Porque la que va a tener un hijo de ti, soy yo —se delata.
—¿Jah? —carcajea el varón, completamente fuera de si—. Suena hasta ridículo escucharlo a estas alturas. Vamos, Fiona. ¿En serio? ¿Recurrir a esta artimaña? ¿No estamos un poquito viejos para eso?
—Sabía que no me creerías. Pero lo cierto es que es real. Tengo cuatro semanas —Frost le enseña un par de ecografías en blanco y negro— ¿Sabes? Ni si quiera tenia pensado contártelo. De hecho, la que iba a abortar, era yo.
—¿Qué mierda me estás contando, Fiona…? ¿Estas imágenes, son reales?
Tenían su nombre en el apartado de la esquina superior derecha. Venían incluso con un informe detallado y una firma en donde daba su consentimiento, para arrancárselo de la matriz. ¿Pero que cojones…?
—Esto…no es gracioso, Fiona —murmura el ojiazul, estupefacto.
—¿Te parece que esté bromeando?
—…
Se me llegó a caer el paño, del pánico.
—Mira, de igual forma solo te lo cuento porque aproveché el impulso —le arrebata las imágenes a la fuerza, desviando la mirada—. Muchas veces me trataste de ser una mujer poco profesional. Pues no lo soy. Quería demostrarte que pase lo que pase, seguiré a tu lado. Luego de lo que hablamos, me dejaste muy en claro cuál es mi posición. Además, siendo objetivos. No estás hecho para ser padre. Ni yo tampoco para ser madre. Nuestro trabajo demanda mucho tiempo y peligros que no manejamos —se gira, dándole la espalda—. Pero claro, yo supongo que te tienen tan embelesado con la idea ególatra de "ser el elegido" como el candidato perfecto del planeta, que no lo ves.
—Fiona. Por favor. No me-…
—Abre los ojos, Twilight —masculle la fémina, compungida—. Piensa bien en lo que estás haciendo. Lo que hizo Yor, es prácticamente abusar de ti. Ya no es la mujer inocente y bonachona que pensamos ambos. Finge no saber cosas, para obtener otras. Lleva a cabo negocios turbios que su hermano desconoce, para adquirir poder. Incluso buscaba ser madre solo por meritocracia personal —añade—. Bien pudo haberse acostado con un simio para la ocasión. ¿No te parece sospechoso que te haya elegido a ti?
—Se que Yor se embarazó a propósito. No es novedad…—revela le hombre, indiscutiblemente confundido—. Pero…no me ha dado razones o atisbos de no creer en su versión de los hechos. Si ella misma me lo dijo. ¿Para que una chica te contaría la verdad, si lo que busca es mentir?
—No tengo la más puta mínima idea —sesga su cómplice—. Si tu no sabes que mierda pasa por su cabeza. Que estás a punto de ser su marido. Menos sabré yo, que llevo semanas investigando a su hermano para sacarle información. Yor no es parte de mi misión. Era la tuya. Al final, te salió el tiro por la culata.
—¿Por qué querría…? — No tiene pies ni cabezas. Ni un sentido. Es tan absurdo, que me parece ridículo —despabila—. Yor no me conocía, desde antes de llegar a la subasta.
—¿Realmente estás tan seguro de eso? —Fiona empequeñece los ojos, sagaz—. Solo te dejo el aviso. Luego no te quejes que no te lo advertí. Me tengo que ir.
—¡Es-Espera! —la retiene, febril— ¿Es oficial? Quiero decir ¿Realmente lo vas a hacer?
—Por supuesto —asiente, decidida—. No estamos en condiciones de ello. Créeme que tampoco buscaba atarte a mí, con algo tan burdo como un hijo. Es cierto que actué atolondradamente y medio pasional. Me dejé llevar por otras artimañas. Pero jamás jugaría con mi capacidad de ser madre. A diferencia de tu "super" chica ideal, yo no planee esto. Se dio. Y de alguna manera, me siento ofendida. Porque es tu culpa. Ni si quiera me lo consultaste.
—Lo dices como si no hubiera tomado precauciones del caso…
—Aun así, eres muy irresponsable con tu vida. ¿Por qué te pediría que te hicieras cargo de otra? —bufa, sarcástica—. Mírate. Sigues siendo el mismo chiquillo infantil que conocí en el campo de batalla. Tu corazón te ha delatado, Twilight.
—¿En qué sentido…?
—Estas enamorado de Yor Briar. Y ni aun sabiéndolo, quieres admitirlo abiertamente. Porque sabes que en el fondo te aterra, que todo lo que sospechas se haga realidad —veredicta—. Me tengo que ir. Nos vemos.
¿Recuerdan cuando les dije que Fiona era la única en el planeta entero, que me conocía de verdad? Bueno, ahora…estoy cagado de miedo por lo mismo. Sigo manteniéndome estoico a la propia idea. Podré dudar incluso de mis intenciones. ¿Pero de ella? ¿Con todo esto que me ha dicho? Ni si quiera le tembló el mentón al lanzarme de lleno tales afirmaciones. Se paró frente a mi con tal seguridad y templanza, como solía hacerlo en nuestras primeras misiones. Es verdad que se dejó llevar. Actuó vehemente y sosamente. Sin embargo, creo que con la pelea que tuvimos el otro día; regresó a su centro. Ese pequeño cubículo de hielo en donde nada ni nadie la puede avasallar. El que cuida con recelo, evitando salir dañada en el proceso.
Nightfall…también carga un hijo mío en su vientre. Ha confesado no codiciarlo. No lo quiere tener. Se que, si le reprocho su providencia, terminará odiándome. No tengo autoridad sobre su cuerpo. No me corresponde exigirle que se retracte. ¿Qué está pasando? Todo esto…se me fue de las manos. Un corazón que delata. ¿Acaso Yor se dio cuenta de lo mismo y…tomó ventaja?
Ya no tengo ánimos de seguir puliendo el puto carro. Arrojo todo a la mierda y me enciendo un cigarrillo. ¿En verdad no estoy enamorado de ella? ¿Pero que carajos es entonces lo que siento? Con todo lo que me costó terminar de convencerme para que ahora me importunen con dudas que no sembré. ¡Arg! Creo que necesito un trago…
—¡Joven Forger! —advierte el mayordomo— ¡Tiene una llamada!
¿Y ahora qué?
[…]
—¡Te lo dije! ¡¿Te lo dije o no te lo dije?! —chilla Franky, atemorizado— ¡Era cosa de tiempo solamente para que Melinda comenzara a moverse! ¡Meterse con peces gordos, es peligroso, Twilight!
En alguna plazoleta alejada de Berlint. 18:26PM.
—¿Quieres relajarte y contarme que mierda está pasando? Si me sigues gritando, no puedo concentrarme.
—¿Qué te pasa, a ti? —le da un zape en la nuca—. Pareces en otro planeta. ¿Si quiera entendiste lo que te dije?
—Algo. Disculpa…—se remueve los cabellos, desbaratado—. Últimamente han sido demasiadas emociones en poco tiempo. Y eso me tiene un tanto asfixiado.
—¿Qué fue? ¿Ahora tienes problemas con Yor? —sisea— ¿Con Fiona?
—¿Y si te digo que con ambas? —balbucea, cabizbajo.
—Joder. Siempre pensé que tener un rostro hegemónicamente armonioso como el tuyo sería la clave del éxito con las mujeres —exhala, vanidoso—. Pero veo que me equivoqué. Mientras más guapo, más tedioso.
—¿Qué te puedo decir? Ni si quiera sé que responderte…—despabila, rehuyendo del encomio—. Vamos a concentrarnos. Entonces ¿Qué pasó con Melinda? Déjame leer esto —examina el documento— ¿Los Desmond presentaron una querella judicial contra la fiscalía? ¿Es una broma?
—Es una medida inusual, la verdad. Pero sin duda los tienes entre tus manos —asiente, de brazos cruzados—. Para que hayan recurrido a la legalidad del asunto, deben de estar bien desesperados. Buscan defenderse de las injurias.
—Pff… ¿Qué injurias? Si es verdad que son unos ladrones del estado —musita Loid, agraviado—. De cuello y corbata elegante, pero lo son, finalmente.
—Ya sé —bosqueja Franklin—. Eso no es lo preocupante. Lo que me incomoda es que estén convencidos de que fueron los Falkdum quienes les delataron.
—¿Los Falkdum? ¿Por qué de pronto…? —recula, cayendo tarde en cuenta—. Mierda…
—Por favor dime que no tuviste nada que ver en esto…
—Bueno…si Mariana Falkdum es la clase de mujer inteligente que creo que es, no dirá nada sobre nuestro encuentro clandestino —admite Forger, desaventurado—. Esa mujer está casada y tiene un prestigio que defender.
—Joder, Twilight —se palmotea la frente—. No me digas que te acostaste con esa vieja.
—Oye ¿Por quien me tomas? No soy ningún prostituto a domicilio ¿Ok? —se defiende el varón, menoscabado—. Solo estaba buscando información…valiosa.
—Que asco. Debería darte vergüenza. Aunque bueno —suspira, rendido—. Ya te estas redimiendo dentro de todo. Me alegra que hayas buscado el camino del señor o algo así.
—No molestes. No soy religioso y no creo en dios —reniega el ojiazul, con expresión nauseabunda—. Me tiene sin cuidado esa señora. No dirá nada. Dalo por hecho. No le conviene delatarme. Quien si me preocupa ahora…son los Briar.
—¿Me explicas como es que pasamos de los Desmond a los Falkdum y ahora a los Briar de nuevo? —se marea—. Ya no entiendo. Creo que te estás volviendo loco.
—Franky, tu pasaste casi la mitad de tu vida trabajando para los Briar. Me lo comentaste infinidades de veces. Dijiste que les conocías todos sus secretos —manifiesta Loid, de semblante endurecido y voz metálica—. Dime una cosa. ¿En algún momento notaste que Yor haya manifestado…? Mhm…como decirlo. ¿Sed de venganza o algo así?
—¿Jah? ¿Te golpeaste la cabeza o algo así?
—Responde, tonto. Es serio.
—Mira no sé de donde te sacas estas dudas. Posiblemente del culo de tu ansiedad, porque te vas a casar con ella en menos de una semana —explica el informante—. Pero sin duda que no. Sea lo que estes maquinando, no es así. Yor Briar hasta donde sé, era una chica muy ingenua —añade—. Se la pasó la mayor parte de su vida, encerrada en esa mansión. Entre libros y flores de jardín. Su único contacto con el exterior eran sus compañeras del Ayuntamiento de las cuales, Yuri tenía total potestad sobre ellas. Nada de lo que hablaran, era desconocido para él. De hecho, Camilla. Que es una de sus colegas y funcionaria fiel, mantiene una relación con un tal Dominic. Es intimo amigo de Yuri. Si algo tuviera que sospechar, sería el primero en contárselo.
—Vale. Entonces, hilemos más fino —Forger opta por tomarlo desde otro enfoque—. Yuri Briar ¿Lo viste alguna vez con ganas de tomar represalias contra algo o alguien?
—Pff…incontables veces —carcajea Franky, con naturalidad—. Es joven y mantiene un puesto importante en seguridad estatal. Pero creo que es eso mismo lo que le juega en contra. Se cree demasiado el cuento sobre esto de "apresar" a los malhechores, desde que lo promovieron a subteniente. La pobre de Yor no tiene idea, que el mocoso es miembro activo de la SSS. ¿Puedes creerlo?
—Lo creo, ahora mas que nunca —declara Twilight, retraído. Aprovecha de sacar un cigarrillo y le ofrece uno en el proceso. Ya no da más, de la incertidumbre—. Todo este tiempo, creí que, si me acercaba a Yor, tendría el control total de esa familia. Pero ahora veo que, incluso casándome con ella, no será suficiente.
—¿Qué estás insinuando? —arquea una ceja, ávido de curiosidad— ¿Ahora sospechas de Yuri?
—Franky…—relata Loid, apesumbrado—. Temo que he cometido un grave error.
—Enhorabuena te das cuenta —le endosa, fumando—. No debiste meterte con los Desmond. Te lo dije.
—No, tonto. Hablo de involucrarme de lleno con los Briar —gruñe Twilight, timorato—. Puede que esto suene la peor locura jamás contada y me taches sin duda de un paranoico. Pero ahora mismo, todas las aristas apuntan a que Yuri Briar organizó esta historia.
—¿Qué? —parpadea, estupefacto—. Óyeme… ¿De dónde sacas esta conclusión tan…arbitraria?
—Bueno —exhala humo por la nariz—. Ya estamos en confianza suficiente como para que te cuente la verdad sobre mi identidad.
—No juegues así conmigo —bromea escuetamente, el chico de anteojos—. Si yo ya sabía quién eras desde un comienzo. Eres un estafador ¿No es así? Un timador. Aunque no de poca monta. Porque sin duda eres muy profesional. Eso de ser anticuario, es la fachada perfecta por estos días —sonríe, ladino. Pues la mirada huraña de su compañero, ha recaído en el—. Y ya no me mires así. No te estoy juzgando. Yo tampoco soy un hombre de los trigos muy limpios. Digamos que, de alguna forma, empatizo con tu causa. Luego de la guerra, muchas personas se quedaron sin familia, casa, nación ni empleo. No pondré en duda las razones del por qué, decidiste convertirte en un ladrón internacional. Te buscabas la vida y te hiciste la fortuna así. De la misma forma en la que yo fingí durante años ser un simple guarda espaldas, para sacar una tajada.
—¿Tu también le robaste a los Briar? — ¿Por qué no me sorprende? —. Vaya bribón
—Oye. Le economía mundial no apremia a nadie. Debía comer y solventar otros gastos —explica Franky, sin culpa ni miramientos—. Los sueldos eran misérrimos. Debía sacar provecho de la situación acomodada de mis patrones. No solo de los Briar, quiero aclarar.
—Fue así como te hiciste la red de información ¿No?
—Claro que si —pisotea la colilla del cigarrillo, tomando otro y encendiéndolo de vuelta—. Pero como te digo, no es que lo cuente con orgullo. Solo quiero que estés al tanto de que soy confiable. No temas en decirme que buscas.
—Sucede que, en efecto, soy un embaucador. De los más tramposos que hayas conocido —narra Loid, fumándose otro también—. En realidad, no soy Ostaniano. Nací y me críe en Westalis. Llevo años en el rubro. Acepté este trabajo a petición de una clienta a la cual, le debo casi mi historial delictual. Le dicen "Mercader". Ella me pidió conseguir el diamante Smirnof. Que sería subastado acá en Berlint —relata—. La mujer se sabe mover. Tiene contactos y movidas turbias. Y me aseguró que esa joya costaba lo que una nación entera pagaría.
—Ya veo —reconoce Franklin, natural—. Así que trabajas para Sylvia Sherwood.
—¿Qué? ¡Cof! ¡Cof! —Loid se atraganta con el humo de su cigarro— ¿Cómo? ¿Tú también conoces a Handler?
—Vamos. Para ser tan profesional, preguntar algo como esto te deja de novato, eh —ríe soslayado, el menor— ¡Por supuesto que sí! ¡Todos conocen a Handler! Me atrevería a confesar que es la mujer mas poderosa del bajo mundo. Nunca logré que me contratara, eso sí. Solo se codea con los mas expertos. Así que date con una roca en el pecho, si te reclutó —adiciona—. Es tan famosa, que incluso los altos mandos de Ostania y Westalis tienen sensatez de su existencia. Pasa que ninguno se ha atrevido a desbaratarla porque tal y como dices, la mujer se sabe mover. Les conoce cada herida a esos perros. Y digamos que, en lo personal, considero que la mantienen activa como un mal necesario. Para toda transacción turbia, debe existir un puente. Sylvia es esa clase de virus que no puedes erradicar. ¿Me explico?
—Totalmente. Por cada mercado, hay cada arma, con un creador detrás. Y como existan en el mundo, debe existir un traficante que las venda, sin mancharlos en su nombre. Es la ley de oferta y demanda —admite Twilight—. Vaya…quien lo diría. Lo chico que es el mundo —balbucea, impresionado—. Pues entonces si la conoces, sabes muy bien de que va el negocio.
—Si. Pero… ¿El diamante Smirnof? —cuestiona, sagaz— ¿De verdad?
—¿Qué tiene?
—No te ofendas con lo que te diré, pero…—berrea, preocupado—. Ese diamante no vale para nada.
—¿Disculpa? —Loid hace una pausa, asombrado— ¿Cómo qué no?
—No. O sea —se encoge de hombros—. Twilight…yo entiendo que estes solo de misión por encargo. Pero no ambicionar investigar un poco mas sobre tu objetivo, no me parece táctico. Quiero decir ¿A quién mierda le importa?
—Bueno. A los Briar, sin duda ¿No? —recula, descalabrado—. Ellos pagaron la suma máxima en la subasta para llevárselo.
—Algo meramente sentimental, de seguro —saca otro cigarrillo.
—¿Como dices?
—¿Acaso estás enamorado? —lo enciende.
—¿Perdón?
—Es que…tu corazón —almidona el chico del afro— ¿Cómo decirlo? Te delata…
—¿Tú también con eso? —gruñe molesto, el rubio.
—Si alguien más te lo dijo, tómalo en cuenta. Te veo demasiado ensimismado por sentimientos sobre Yor Briar como para no ver otras aristas. Toma precauciones —propone el bajito—. Porque aquí hay gato encerrado.
—¿Podrías ser mas claro con lo que me dices? —traga saliva, mosqueado—. No te estoy llegando a entender.
—Loid. Te estoy diciendo que ese diamante no tiene precio en el mercado ¿De acuerdo? —capacita diestramente, el informante—. Yo mejor que nadie lo sé, porque cuando llegué a trabajar a casa de los Briar, era un regalo de bodas. Su valor pesa lo mismo que el anhelo de un anciano moribundo profesa hacia un joven matrimonio. Sucede que, cuando estalló la guerra —cuenta—. Tanto las mineras de la familia como sus propiedades y sus inversiones, se desplomaron. Explotaron. Cayeron en desgracia. Los padres de Yuri y Yor habían firmado un contrato con los Desmond. Por esa época, financiaban campañas militares y al partido nacionalista —y continua—. Todo se fue al carajo y con el cese del fuego, los bienes fueron confiscados por altos mandos Ostanianos. Como una muestra de "indemnización", dijeron. No solo los Briar tuvieron que entregar todo lo poco que tenían a la nación. Muchas familias de la Elite lo hicieron. Pero Yuri era joven aún. Debe de haber tenido, no sé. ¿15 años? Se negó —da una bocanada de humo—. Dijo que deseaba respetar la voluntad de su padre o algo así. Y fue cuando los militares irrumpieron su casa en el campo, despojándolo de todo. No solo se llevaron cuadros y artefactos arcanos. También se apoderaron del diamante. No sé si me estoy dando a entender. A veces hablo de la mierda.
—Vale. Pero entonces, si no es valioso. ¿Cómo es que Mercader…?
—No lo sé —cavila Franklin, reflexivo—. Pero ¿Sabes que pienso? Que aquí hay algo mas detrás, que no te dijo Mercader. Su supuesto "comprador". Posiblemente ella sepa quien es y de paso, te haya engañado para obtenerlo.
—¿Qué cojones? —parpadea, absorto— ¿Dices que es Sylvia quien quiere el diamante realmente?
—Tendrás que averiguar eso por ti mismo —se encoge de hombros, restándose del asunto—. Yo hasta aquí llego. No me atrevería ni de coña a cuestionarla ni mucho menos enfrentármela. Si ella cae, cae la mitad de la nación. Mas que los altos mandos. Mas que Melinda Desmond. Lo que sí, no descarto. Es que esté coludida con alguien más. Puede que haya cosas, que tengas que preguntarle personalmente —apaga el cigarro—. Me voy. Tengo algunos asuntos que resolver con otro cliente. Por favor, mantenme informado de todo. Y no dejes de contactarme. Adiós, Twilight.
—…
Algo quemaba mis dedos. ¡Mierda! ¡Me dolió! Me percaté tarde, que entre tanta platica se había consumido el cigarro hasta la colilla. Me vi forzado a tirarlo, sin poder degustarlo del todo. Pero esta conversación me dejó mas tieso que otra cosa. Y eso de mi corazón delator. ¿Por qué siguen insistiendo con la misma bazofia? Me profesé estúpido, tras verme a mi mismo enredado en una cuerda floja de mentiras y engaños que no vi venir. Yo, el experto en la manipulación. ¿Siendo manipulado por mi propia jefa? Mi superior. La mujer por la cual juré de antaño darle mi vida entera en servicial arrojo. Ahora era mi principal objetivo. Porque posiblemente me había engañado. De la forma mas ingenua posible.
Maldita sea, Sylvia. Ya jugaste suficiente con mi tiempo y mi paciencia. Es hora de vernos las caras.
[…]
—Bonito lugar has escogido para juntarnos, Twilight —halaga Sherwood, elegantemente vestida—. No había venido a este establecimiento antes. Y eso que llevo un tiempo en Berlint.
Menuda mierda de querer hacerte la ingenua, Handler.
En alguna taberna de lujo de Berlint. Hora desconocida. Dia desconocido.
—¿Qué desean beber? —pregunta el camarero.
—Yo tomaré un mojito de menta jengibre con extra shot. Y mi compañero —sisea—. Bueno, dado que los ratones le comieron la lengua, pediré por él. Le gusta mucho el Whisky a las rocas. Solo dos hielos.
—En seguida se los traigo —se retira.
—¿Por qué tan callado? —pregunta la pelirroja.
—No estoy callado. Solo reflexivo.
—¿Joh? ¿Así que me citaste aquí para filosofar sobre las puerilidades de la humanidad? —se arroja Sylvia hacia la mesilla, afirmando su mentón contra sus manos—. Me parece muy sensual de tu parte. Desde el primer día que te vi, supe que eras más que un rostro bonito.
—Soy inteligente —sentencia, serio.
—Lo eres, sin duda —esboza.
—¿Eso te molesta?
—Al contrario. Me parece sumamente atractivo —ríe, jocosa—. No trabajo con hombres feos.
—Pero si que te gustan serviciales ¿No?
—Obvio —se resta hacia atrás, suspicaz— ¿Cómo no me van a gustar los hombres obedientes? Si para eso se hicieron. Sobre todo, esos que callan mas de lo que otorgan y no chistan en el proceso. Mientras más observadores, más capacitados están.
—¿Cómo yo?
—En efecto. Como tú —declara Handler, coqueta—. Pero ahora mismo, te noto mas parlanchín de lo normal. Y eso ya no me está gustando del todo.
—Disculpa si inequívocamente, te doy a expresar mis inquietudes —masculle Loid, con actitud hosca—. Pasa que mi inteligencia me ha superado esta noche.
—Ya veo. Así que de eso se trata ¿No? —ríe la fémina, recargándose sobre el respaldo de su silla—. Te entraron ganas de usar tu cerebro.
—¿Qué mierda crees que haces, Handler? —le increpa el rubio— ¿En verdad pensaste que nunca me daría cuenta de tus intenciones?
—¡Jajaja! ¡Ay, por favor! ¡Twilight! —carcajea la mujer, soberbia— ¿Por quien me tomas? Eres todo un desafío. Y como dije antes, no me gustan los hombres sosos. Jamás se me hubiera pasado por la cabeza contratar simios ineptos. No voy por ese camino —añade, imperativa—. Mírate. Estás cada día mas guapo y mas rebelde que nunca. Tarde o temprano, terminarás ocupando mi lugar.
—Escucha —farfulle, colérico—. Ya me harté de este juego de mierda. Se acabó. Ya sé toda la verdad. Se perfectamente que ese tal "comprador" del diamante Smirnof no existe y que te inventaste toda esta parafernalia para apoderarte de él. Lo cierto es que no me molesta en lo más mínimo que lo quieras. Lo que me irrita de sobremanera, es que me hayas usado para este fin —grazna, de puños cerrados y cejas fruncidas— ¿Sabes por cuanto me has hecho pasar?
—Lo sé —levanta ambas manos, admitiendo culpa cual delincuente siendo llevado a la horca—. Te lo tomaste muy a pecho. Al punto de enamorarte de Yor Briar.
—…
—Porque finalmente es eso lo que te molesta ¿No es así? —aclara la traficante—. Que indiscutiblemente hayas caído preso de sus encantos. Pero bueno, eso no es culpa mía. Todos los varones sienten debilidad por sus trabajos. Yo no intervine en eso. Te pasa por ingenio.
—¿Qué carajos est-…?
—Sus bebidas —el mozo ha dejado ambas copas en la mesa—. Si requieren algo más, no duden en llamarme. Con permiso —se retira nuevamente.
—Está bien, Twilight. Confesaré todos mis pecados —admite, afrentada de cara a tomarse un buen brebaje en el proceso—. Solo si brindas conmigo. Te prometo, ser sincera. ¿De acuerdo?
—¿Me contarás todo, si brindo contigo? ¿Es una broma?
—¿No me crees? —mira hacia ambos lados—. No tengo a donde mas ir. ¿Qué mas da? Me pillaste. Admitiré todo. ¿Me lo concedes o te quieres ir enojado? Es un lugar muy elegante, no pretendo marcharme así contigo.
—De acuerdo…—levanta su vaso y choca el vidrio con el suyo—. Brindemos. Por…no sé. ¿Por qué cosa sería?
—Por la amistad —ríe Sylvia, derrotada—. Porque luego de escuchar mi relato, seremos muy buenos amigos. ¿Sí?
—…
¿Qué es lo que tanto tiene para contar? Debe de ser una historia realmente buena como para creérmela. O quizás sea algo tan tonto, que me irrite a tal punto de tomarme todo el bar. De igual forma, me quedaré. Brindaré con ella las veces que sean necesarias y escucharé atentamente lo que tenga que confesar. Si de igual forma…mi corazón delator, ya no da para más.
¿Qué viene ahora…?
