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Capítulo 17
Celos II
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—Pudo ser un correo electrónico —se quejó Kusakabe a su lado, cuando Yaga dio como terminada la reunión, meramente informativa sobre una posible emergencia a gran escala que sucedería en los próximos días.
—Uhm —suspiró sin mirarlo y se levantó de su asiento, no alcanzó a preguntarle qué haría cuando Kamo giró en su dirección— ¿te vas?
—Sí —sonrió él—tengo que hacer.
—Itadori-san estaba organizando una comida…—murmuró e hizo un puchero con los labios.
—Eh… no tengo tiempo ahora —se encogió de hombros—nos vemos la otra semana.
—Claro —sonrió y movió su mano para despedirlo. Apenas Kamo salió de la sala, Kusakabe le dio un tirón a su blusa llamando su atención— ¿Tan difícil es hablar? ¿Por qué siempre me jalas? —se quejó frunciendo el ceño.
— ¿Tú y Kamo… tienen algo? —preguntó mirándola con sospecha, con el ceño arrugado y moviendo el dulce en su boca. Kasumi suspiró, entre él y Satoru, terminaría con los nervios de punta. No entendía por qué debía darle explicaciones.
—No —dijo con fastidio—solo me contrató por una misión en la hacienda de los Kamo.
—Uhm… ten cuidado —le advirtió y tomó su abrigo—no actúes como una tonta.
— ¿Y eso qué significa? —preguntó haciendo una mueca.
—Que no seas tan tú —dijo serio y Kasumi estrechó los ojos—no te estoy tomando el pelo, hablo en serio. Sé más alerta, desconfía ¡Madura!
— ¡No soy una niña! —se quejó arrugando el ceño—he sobrevivido perfectamente bien estos 23 años. —Dijo desviando la mirada—y de todas formas… no es asunto tuyo —le dijo en un susurro y Kusakabe la miró con sorpresa, tenso y serio en su sitio—me voy.
— ¡Oye! —la llamó luego de salir de su trance, pero la joven ya había salido del salón junto a sus colegas de su edad. —Esta mocosa de mierda… —refunfuñó molesto.
— ¿Y eso qué fue? —preguntó Satoru que estuvo viendo la discusión-sin poder escuchar-con atención. Kusakabe giró en su dirección y suspiró, negó rascándose la cabeza y murmuró cansado.
—Nada… creo que entiendo esa nostalgia de la que hablabas la otra vez —comentó y Satoru alzó ambas cejas. Iba a preguntar detalles, pero el hechicero se apresuró en salir.
Se quedó viendo en silencio el sitio vacío en que antes se sentó Kasumi y tomó su móvil para mensajearla, no alcanzó a escribir cuando se le acercó la joven de Kioto a hablarle.
— ¡Satoru-chan! —exclamó alegre, mirándolo con coquetería. Incomodo, miró a su alrededor, alerta por si alguien veía el intercambio.
—Ehm… Hola… —la miró pensativo, ella borró su sonrisa y frunció el ceño, cruzándose de brazos debajo de su pecho, levantándolo en el proceso.
—Chiharu —le recordó de mala gana y él asintió entusiasmado.
— ¡Chiharu! —exclamó en un tono armonioso. Ella suspiró cansada por unos segundos, pero al siguiente volvió a su actitud anterior, que él reconoció rápido. No era ingenuo, ella buscaba seducirlo, y estaba esperando que hiciera su jugada directa para poder rechazarla, pero ella seguía con esos juegos aburridos de querer sacarle información, conocerlo y todo ese rollo.
— ¿Qué harás? ¿cenamos juntos? —preguntó sonriendo.
— ¿No irás con los muchachos? —respondió curioso—estaban organizando algo… que no incluía maestros —murmuró de mala gana cuando intentó sumarse y Maki lo corrió.
— ¿Uh? No —dijo restándole importancia—quería pasar un tiempo… contigo —sonrió coqueta y él suspiró.
—Lo siento, tengo unos informes que hacer —medio mintió, porque sí los tenía, pero no lo haría ahora.
—Ah… ¿Cuándo me dirás que sí? —preguntó haciendo un mohín y él se rio incómodo. La joven que tenía en frente no le provocaba nada, pero absolutamente nada. Ni siquiera le parecía agradable, podía notar que no era una buena persona y había escuchado a Utahime muchas veces quejarse de esa promoción de hechiceros.
—Lo siento —dijo y movió su mano para despedirse, pero ella lo intentó atajar del brazo, Satoru activó su infinito para que no lo tocara y ella lo miró sorprendida— ¿qué pasa? —preguntó en cambio.
—Eh… ¿estás saliendo con alguien? —preguntó molesta por sus constantes rechazos.
—Sí —respondió sin siquiera meditarlo—lo siento ¿esa era tu intención todo este tiempo? —preguntó fingiendo inocencia—ah… lo siento mucho. Tengo algo serio y estable desde hace años.
— ¿Uh? —soltó sorprendida—pe-pero siempre estás solo…
—Somos reservados —se rio y volvió a despedirse—nos vemos, Chiharu-chan.
No esperó respuesta y se alejó rápido, casi huyendo.
(…)
Miró el mensaje que Satoru le envió y mordió su labio inferior. Dio un vistazo rápido hacia sus colegas, y cuando confirmó que nadie estaba atento a ella, respondió y guardó el aparato. Él la invitaba a salir más tarde, a un hotel específicamente y aunque la idea era tentadora, lo rechazó.
Temía que, si se encontraba tan seguido con Satoru, su determinación flaqueara y terminara cediendo a él y lo perdonara. Estaba conforme con el acuerdo de sexo sin compromisos, pero su idea era que no se repitiera tan seguido.
Miró como Itadori echaba las verduras al sartén y bebió de su jugo. Todos hablaban al mismo tiempo, al menos las chicas, por lo que le costaba prestar atención a las diferentes conversaciones. Se sintió observada de repente y levantó la vista, Fushiguro la miraba serio, la puso algo incómoda por lo que desvío la mirada rápido. Pero pasaron los minutos, y la sensación no se iba, lo miró con disimulo y frunció el ceño al notar que seguía viéndola.
— ¿Pasa algo? —le preguntó con timidez, él negó y volvió su atención a Itadori y lo ayudó a cocinar.
Parpadeó confundida, pero prefirió ignorar la situación e intentar calmar a Mai que provocaba a Kugisaki y terminaron gritándose. A menudo se preguntaba por qué Mai aceptaba reunirse con todos, si siempre terminaba de ese modo.
La cena pasó sin imprevistos, compartió y rio con todos. Itadori cocinaba bastante bien. Al hacérseles tarde, decidieron quedarse e irse temprano por la mañana. Luego de ducharse, se acomodó en la cama individual que le ofrecieron en la habitación de invitados, donde Mai y Momo la acompañaban en sus respectivas camas. Eran casi la 1 de la madrugada, se acomodó varias veces intentando conciliar el sueño, pero no pudo. Relamió sus labios y buscó su móvil, le bajó el brillo a la pantalla apenas lo desbloqueó y buscó el contacto de Satoru, no aparecía en línea. Mordió su mejilla interna y sin pensarlo demasiado, se levantó despacio y acomodó su yukata.
Salió de la habitación haciendo el mínimo ruido. Miró por el pasillo y al no ver a nadie, caminó con rapidez, pero dando pasos suaves en la madera, hasta llegar al sector en donde él se quedaba.
(…)
Le bajó un poco a la música cuando Kusakabe se quejó. Pero seguía escuchándose a buen volumen, cabeceaba susurrando las canciones mientras miraba vídeos y sonreía de vez en cuando, tratando de distraerse.
Había planeado toda una noche con ella, y estaba emocionado. Pero cuando recibió su "hoy no", cortante y frío, sus ánimos se desmoronaron. Se pidió comida rápida, se dio un baño largo y se recostó con el semblante sombrío. Intentando no pensar en ella se le pasó el tiempo, pero no tenía sueño.
La frustración era cotidiana para él desde hace un tiempo, casi se le hacía normal y no le gustaba. Pero con Kasumi actuando renuente a sus intentos de acercamiento, no podía evitar sentirse de otra manera.
Definitivamente no estaban en sintonía. Tal vez era por su juventud, quería creer que era eso, con todas sus fuerzas, porque si era por desinterés su angustia crecía. Quería más de ella, no estaba conforme con mensajes escuetos, habían acordado acostarse de vez en cuando, pero ¿Cuándo sería eso? ¿solo cuando ella tuviera tiempo y ganas? Él se hacía el tiempo para verla, pero Kasumi lo descartaba tan rápido que le daba rabia. Recién había pasado casi una semana desde que compartieron la noche juntos y ya estaba sufriendo por sus desplantes.
No sabía qué era peor. Si seguir insistiendo y no tener nada de ella, o recoger las migajas que le daba de vez en cuando.
Pensó en dormirse, pero no tenía ni un ápice de sueño. Suspiró cansado y volteó hacia su velador, donde sus pastillas amigas lo esperaban. Hizo una mueca, derrotado, y tomó la caja, no alcanzó a sacarlas cuando se oyeron dos golpecitos en la puerta. Frunció el ceño, extrañado se puso de pie y caminó con gesto cansado. No pensó en vestirse, usaba solo el pantalón de su pijama, y no sería primera vez que algún asistente lo veía así.
Abrió con el semblante cansado y lleno de fastidio, pero sus ojos se iluminaron apenas la vio.
— ¿Puedo pasar? —preguntó ella en un susurro, mirando hacia ambas direcciones.
—Cla-claro —se rio nervioso haciéndose a un costado y cerrando la puerta. De pronto las palmas le sudaron, y se regañó mentalmente. No era un crío ¿por qué ella siempre le provocaba tanto? Suspiró con disimulo y se paró derecho, exhibiendo su perfecto torso que ella no tardó en notar. — ¿Pasó algo?
—No puedo dormir —explicó y se acercó sin dejar de mirar su pecho desnudo, escondiendo la vergüenza. Tragó en seco y levantó la vista a sus ojos— ¿y usted?
—Tampoco —volvió a reírse, sintiendo el corazón latirle rápido ¿qué clase de brujería le había lanzado? ¡él no era así! Quizás los nervios por impresionarla, por intentar estar con ella le estaban pasando la cuenta. El saber que ella no estaba interesada como antes le jugaba en contra, nunca había estado en esa situación. Si no le agradaba a alguien, pasaba de largo, no se esforzaba por nadie más que por él mismo.
Hasta que Kasumi lo enamoró.
Sus pensamientos se ordenaron apenas ella dio un paso hacia él, se le secó la garganta cuando sus manos rozaron sus pectorales, estremeciéndolo. Kasumi lo miró a los ojos y susurró con las mejillas sonrosadas.
— ¿Podemos hacerlo? —Satoru quedó en blanco por unos segundos, pensó en cuestionarla ¿si iba a ir a visitarlo ofreciéndole sexo, porque no le aceptó la salida en un principio y dejaba de torturarlo? Su arrogancia innata lo obligaba a reprochar, pero su desesperación por complacerla le hizo callar.
—Kusakabe está al lado —respondió en un susurro, tragando en seco otra vez.
—Seré silenciosa —dijo y se puso de puntitas para alcanzar su boca.
Satoru la acercó a su cuerpo tomándola desde la cintura y ella lo besó con hambre. Respondió su beso apasionado sin mucho problema, estaba igual de ansioso que ella. La fue empujando rápido hacia la cama, y ella desanudó su yukata en el camino.
Se subió encima de su cuerpo y tomó ambas manos de Kasumi, apresándolas contra la cama y ubicándolas a la altura de su cabeza. Ella jadeaba en su boca y él no tardó en mecerse entre sus piernas frotando su erección recién despierta. La música de fondo les ayudó a camuflar sus gemidos.
La tocó como lo había planeado esa noche. La hizo gemir con ayuda de sus dedos y tuvo que silenciarla con sus labios en más de una ocasión. Cuando se desvistieron ambos, Kasumi pidió sentarse en su pelvis, quedando arriba. Afirmó sus caderas entusiasmado viéndola moverse sobre su miembro duro.
— ¿Preservativo? —preguntó ella y besó su cuello. Satoru asintió y estiró el brazo buscando su mueble. Lo sacó rápido y se lo entregó, miró atento como la joven le acariciaba de arriba hacia abajo la erección para luego colocarle el condón.
Volvió a frotarse en su miembro y lo besó. Él rodeó su cintura con sus manos, luego subió a sus senos y los amasó con necesidad. Cuando Kasumi lamió su cuello y lo mordisqueó, él jadeó y ella no tardó en poner su mano sobre su boca, silenciándolo. Lo miró seria, con las mejillas sonrojadas y él lamió su palma, sacó su mano rápido riéndose y él se unió a su risa. Para luego besarla sujetando su rostro con ambas manos.
Cuando Kasumi tomó su erección y la guio en su interior, de fondo logró captar la canción de Artic Monkeys que sonaba hacía unos minutos y que no se había percatado. Ella se sujetó de sus hombros y bajó con cuidado, y él cerró sus ojos sintiendo su calor envolverlo al mismo tiempo que sonreía escuchando el coro de "I wanna be yours".
— ¿De qué se ríe? —preguntó entre gemidos y él negó, besándola ¿cómo le explicaba que se sentía completamente identificado con esa canción en ese momento? En cambio, hundió su lengua en su boca, invitándola a unírsele y levantó su pelvis para hacer presión en su unión, y Kasumi se movió lentamente al principio.
La abrazó con fuerzas, apegándola por completo a su cuerpo, y así unidos, besándose y acariciándose, cogieron como si no se hubieran visto en meses.
Respiró agitado viéndola vestirse y frunció el ceño.
— ¿Por qué no te quedas un poco más? —preguntó y acarició su cadera con suavidad, ella negó sin mirarlo.
—Es tarde —explicó girando hacia atrás—descanse —dijo y le besó la mejilla.
Satoru observó mudo como Kasumi salía sigilosa de su cuarto y suspiró. Frunció el ceño al escuchar "R U mine?" de fondo.
(…)
Si bien los encuentros con Satoru eran más frecuentes de lo que hubiera deseado, creía que estaba manteniendo la distancia. Solo le aceptaba verlo cuando estaba en misiones, así se juntaban en algún hotel, lo hacían y ella se iba. Él le seguía hablando a diario, preguntando qué hacía, cómo estaba, qué haría más tarde. Le contestaba siempre, pero trataba de no decir demasiado, se autoimpuso ser distante y así no caer por completo en su encanto. Ya tenía suficiente con verse seducida por el sexo, no podía darle nada más.
Seguía llenándola de atenciones, regalos, comida y postres. Ya se había aburrido de decirle que no era necesario, pero él no la escuchaba. Regalos desde una rosa solitaria, hasta ropa de lujo que según Satoru, quedarían bien en ella. De a poco fue usando las cosas, cuando no se veían pues seguía mostrándose reacia con sus presentes.
El sexo con Satoru Gojo siempre era bueno. Pero en las últimas ocasiones notó una peculiaridad, él estaba siendo un poco más rudo. Desde su brazo rodeando y apretando su cuello, mordiscos, embistiéndola con más fuerza, hasta ahorcarla como la última vez. No se quejó, al contrario, le fue excitante, pero tenía la ligera sensación de que algo andaba mal y no sabía bien qué. Por su parte, como solía negarse a salir con él a citas o verse sin coger, había optado por darle en el gusto en todo lo que quería en la cama. Nunca se negaba ni a la posición, ni a lo que le pedía que dijera o hiciera. Y había descubierto todo un mundillo del sexo y cómo le gustaba a él.
No sabía si eran fetiches que Satoru tenía desde hace tiempo, pero nunca la había tratado de ese modo antes. Quizás el hecho de que su relación girara solo al sexo casual, él se sentía con la libertad de pedir más de ella. No lo sabía, y no le incomodaba, pero a veces se preguntaba si él la quería menos por tratarla de ese modo o si ya no la respetaba.
Levantó la vista de su plato cuando oyó voces. El grupo de Chiharu entró al comedor hablando casi a gritos, ella le sonrió a modo de saludo. Se sentaron a un par de mesas delante de ella a comer. Kasumi suspiró y fingió ver algo en su móvil, tanto Mai como Momo estaban en misiones ese día y ella debía irse a la mansión Kamo en las próximas horas.
— ¡Siempre me contesta! —exclamó Chiharu y Kasumi la miró de soslayo—es tan divertido… claro que tiene poco tiempo para salir…
—Bueno… si alguien está realmente interesado, se hace el tiempo —comentó Aya riéndose.
—Mira… que no tengas experiencia con hombres, no es mi culpa —respondió molesta—pero hombres como Satoru Gojo siempre están ocupados, pero se nota el interés ¿por qué me respondería los mensajes si no fuera así?
Kasumi se tensó apenas le oyó. Fingió no escuchar, atenta a su pantalla y comiendo en silencio, pero el apetito ya se había esfumado. Esperó un poco para irse, en parte porque quería escuchar si decía algo más y para no parecer afectada.
Sabía desde hace tiempo las intenciones de Chiharu, pero ¿y las de Satoru? Por un segundo pensó en él cortejándolas a ambas y la ira se le atoró en la garganta. El calor le fue recorriendo el cuerpo, se sintió idiota de repente. Sin embargo, así como empezó, fue calmándose al pensar que, aunque fuera de ese modo, él estaba en su derecho.
Pero los celos no se fueron. Sentada sola en su mesa, se vio de nuevo como una adolescente insegura pensando porque no era suficiente para él. Reprochándose también por creer en su palabrería. Suspiró cansada y se puso de pie, no quería escuchar más. Dejó su bandeja en la cocina y salió rápido del comedor, no alcanzó a escuchar porque se reían.
(…)
Odiaba que Kasumi tuviera esa misión donde los Kamo. Lo odiaba. Intentó sacarle información muchas veces sobre ella y el líder del clan, pero siempre le cambiaba el tema. Estaba angustiado, saber que el mocoso podía verla sin esconderse y que encima disimulaba sus intenciones con una farsa, le irritaba tanto ¿por qué no se le ocurrió a él? Bufó molesto, él no tenía como inventarse aquello sin que sospecharan.
Eran dos días a la semana que no podían verse y la imaginación hacía estragos en su mente. "Todo ladrón es desconfiado" había oído una vez, y ahora comprendía bien porqué. No dejaba de pensar que, si él la tuviera en su casa dos días completos, no la dejaría tranquila. Tendrían que quitársela, porque no la dejaría ir. Entonces ¿qué podía hacer el imbécil de Kamo con ella bajo su techo? Era lo que le carcomía, esos días en que Kasumi iba donde los Kamo no lo pasaba bien.
Estaba irritado, inquieto y no dejaba de hablarle y llamarla para intentar controlar un poco la situación y saber qué estaba haciendo. Ella le respondía en la noche, cuando ya estaba preparándose para dormir y se quedaba hablándole hasta tarde para quitarle tiempo, e incluso cuando cortaba pensaba que el imbécil de Kamo podía ir a verla y la idea le apretaba el pecho.
Casi siempre lograba verla después de su misión y buscaba señales de culpa o vergüenza, pero no encontraba nada. Por lo que, a su parecer, ella no había hecho nada con Kamo y quería aferrarse a eso. Por su salud mental era lo único que podía hacer.
Estaba cansado de sentirse así y Kasumi no le ayudaba a sentirse más tranquilo. Quizás por eso a momentos sentía que estaba algo despechado. Se obligaba a respetar la privacidad y decisiones de Kasumi, pero sus propias necesidades le gritaban que ni él mismo ni ella, consideraba sus propios sentimientos ¿hasta qué punto podía dejarse a un lado por ella? Por Kasumi se hacía el tiempo, se callaba muchas veces los comentarios sarcásticos sobre Kamo para no incomodarla, cuando en el fondo quería despotricar sin reservas en contra del líder de los Kamo.
Se sentía como un niño en busca de constante atención, pero que en el fondo tenía motivos, pues apenas lo consideraban para algo. Estaba cansado, de su situación amorosa, de ser despreciado, de que ella no lo perdonara. De sentirse como un idiota todo el tiempo. Pero no se rendiría, seguía pensando que solo daría un paso al costado cuando Kasumi le dijera que no lo amaba.
Pero el proceso estaba pasándole la cuenta. Necesitaba avanzar, si bien había conseguido acostarse con ella, no era suficiente. Quería hacerle ver que lo de ellos podía ser más y ser conveniente para ambos. Que ella entendiera que era el mejor pretendiente que tenía y al que debía escoger. Sin embargo, no lo conseguiría si ella solo se juntaba con él a follar.
Había perdido la cuenta de las veces que la invitó a una cita, y siempre lo desanimaba la misma respuesta. Debía esforzarse más.
Esa tarde en que ella volvería al colegio de Kioto, decidió que iría a verla como tantas veces y convencerla de pasar la noche juntos. Ya no quería darle chance de que lo dejara abandonado en algún hotel.
Llegó antes que ella a su dormitorio, se recostó en su cama y revisó un poco sus cosas, hurgueteando en sus cajones por curioso y entrometido. Pero cuando vio un sobre abierto de color blanco escondido al fondo, su interés creció. Miró hacia la puerta, y luego el sobre en sus manos y lo abrió sin dudar. Sudó frío al ver la fotografía polaroid. Ella sonriendo junto a un hombre que no conocía.
—Quizás… es de hace tiempo —susurró con el semblante sombrío y la dio vuelta, buscando señales y sonrió sin ganas cuando vio la fecha. Hace dos semanas.
¿Cuántas veces la invitó a salir esos días? Excusas como que estaba cansada, no tenía tiempo se le repitieron una y otra vez. Respiró profundamente, sintiendo la cólera recorrerle todo el cuerpo, secándole la garganta y los labios. Sacudió la foto varias veces, pensando qué hacer. Si preguntaba, se expondría de que estuvo hurgando sus cosas… pero si no lo hacía, ella seguiría jugando con él y sus nervios ya no lo soportarían. Extrañaba ser el Satoru de antes, el que solo hacía sus misiones, comía lo que se le antojara, dormía a la hora que se le ocurría y vivía su día a día sin preocupaciones.
Se veía todo tan lejano.
Guardó la foto en el sobre y lo dejó en su lugar. Movía el pie nervioso, y para evitar que ella se enojara, le escribió avisándole que estaba allí.
Kasumi entró a su habitación a la media hora. No pudo sonreírle, en su mente se repetía que se calmara, que no hiciera una escena, que ella no le debía explicaciones. Pero los celos no lo dejaban pensar con claridad entre lo que debía hacer y lo que quería hacer.
— ¿Pasó algo? —preguntó Kasumi dejando sus cosas en el mueble cerca de la puerta, le puso seguro y giró hacia él—le he dicho que no nos veamos aquí.
—Sí… lo sé —dijo en un tono más áspero de lo que planeó. Ella lo miró fijamente por varios segundos y caminó a su armario. La vio buscar ropa limpia y tomar una toalla, sin decirle nada se encerró en el cuarto de baño y escuchó el agua caer a los minutos después.
Trató de mantener la mente en blanco. Pero no dejaba de pensar en ella y el sujeto de la foto ¿qué habrían hecho luego de comer? ¿también lo llevó a un hotel? Mordió su mejilla interna y contuvo el suspiro.
Kasumi salió del cuarto de baño usando solo su toalla, y le pareció que buscaba provocarlo. La miró serio, ella se quedó de pie apoyada en la puerta del sanitario y lo miraba con curiosidad.
— ¿Está bien? —preguntó en un tono amable y él frunció el ceño, se quitó los lentes y los dejó sobre el velador junto a su cama. — ¿Gojo-san?
—Sí —mintió—ven —pidió extendiendo la mano hacia ella.
Kasumi no tardó en tomar su mano y él la jaló hacia su cuerpo. Satoru le quitó la toalla sin preguntarle, y ella no se opuso. La admiró desnuda frente a él, y tocó con suavidad su piel con la yema de sus dedos. Aún estaba mojada, esparció algunas gotas en el proceso, levantó la vista hacia su rostro. Ella lo miraba con curiosidad, sus ojos azules de pronto parecieron ver más allá y eso le inquietó. No quería seguir exponiéndose frente a ella, desvió la mirada y besó su vientre, luego su cintura, su cadera y levantó su pierna para poder tocar su intimidad.
Ella jadeó cuando la acercó agachándose un poco para poder besar su carne hinchada. Sintió sus manos apoyarse en sus hombros mientras separaba sus labios para poder saborear sus jugos. Kasumi arqueó su espalda luego de unos segundos de lamidas, la oía respirar agitada, y cuando notó que estaba por llegar al orgasmo, se detuvo. Se alejó y la miró hacia arriba, sus ojos azules ahora parecían suplicantes.
Sin decir una palabra la hizo ponerse de rodillas y bajó el cierre de su pantalón. Ella entendió rápido el mensaje. La vio atento mientras le chupaba el miembro erecto, enredó su mano en su cabeza y la fue empujando al ritmo que quería. La escuchó quejarse y la alejó a tiempo antes de que se volviera molesto. Pero no le dio tiempo para recuperarse. La empujó contra la cama y la hizo ponerse en cuatro para él, sin besos de por medio, sin caricias ni palabras dulces, la embistió con fuerza y la jaló del cabello para afirmarse.
Ahí estaba otra vez, esos movimientos erráticos y salvajes que le excitaban, pero le inquietaban de sobremanera. Él le cubrió la boca con una mano y con la otra le tiraba el cabello mientras la embestía rudamente.
—Quiero correrme en tu cara —le dijo contra el oído y ella volteó a verlo. Satoru seguía serio, con el ceño fruncido y las mejillas rojas por el esfuerzo de follarla, y aunque la idea le parecía extraña y nada agradable, accedió asintiendo.
Él aceleró el ritmo y ella frunció el ceño, hundió sus uñas en los muslos de Satoru y él salió de su interior rápidamente y la volteó sin darle tiempo para entender qué pasaba. Sin soltarla del cabello la hizo mirarlo hacia arriba y él de rodillas, se masturbó por cinco segundos más y eyaculó en su rostro.
Kasumi alcanzó a cerrar los ojos. El fluido cayó en su ojo izquierdo, mejilla y comisura de los labios. Fue esparciéndose lentamente hasta chorrear en su pecho desnudo. Él respiraba agitado, abrió su ojo derecho y lo vio mirarla con el ceño fruncido, casi con desprecio. Tragó incómoda y buscó algo con qué limpiarse.
Sentía el pecho apretado, la vergüenza le fue recorriendo cada parte del cuerpo. Intentó esconder el rostro de él, que no la viera así. Entonces frunció el ceño ¿por qué debía sentirse así por algo que él mismo había causado? No era su culpa en primer lugar, si bien había accedido a ello, no se sentía cómoda con lo que estaba surgiendo entre ambos. Nuevamente sus miedos salieron a flote ¿ya no era digna de un trato decente de su parte? Ni siquiera la había besado en la boca desde que la tocó… ¿era eso lo que él buscaba y quería de ella? ¿solo sexo? Porque sentía que sí. Quizás estaba siendo injusta, él la invitaba a salir constantemente y era ella quien se negaba, sin embargo, cuando se veían no sentía que le demostrara afecto últimamente. No con los movimientos bruscos, las mordidas y ahora con su eyaculación en la cara. Respiró frustrada, y volteó a verlo.
— ¿Algún otro fetiche que deba complacer? —preguntó seria y Satoru la miró a los ojos, aun respirando agitado.
— ¿Disculpa? —respondió frunciendo el ceño. —Iré por papel —le dijo antes de que respondiera y lo vio ir al cuarto de baño. No tardó en volver con papel y un paño húmedo, Kasumi estiró su mano para recibir las cosas. Pero Satoru se dedicó al limpiarla con tal delicadeza que le conmovió, como si no la hubiera cogido con rudeza hace unos minutos atrás. — ¿No te gusta el sexo duro? —preguntó mirándola a los ojos—debiste decirlo antes —susurró sin mirarla.
— ¿Uh? —soltó y él pasó con suavidad un paño húmedo por sus ojos y mejilla—no fue desagradable… es cierto—murmuró desviando la mirada—Pero no me siento cómoda cuando solo me follas. —Confesó y lo miró a la cara.
—Uhm —Satoru tragó en seco. Cuando comenzó a cogerla se hundió en la frustración que ella le hacía sentir y creía que, aunque no podía evitar sentirse mal por su situación y estaba bien, pues era lo que sentía, descargarse con ella no era justo; la culpa fue inmediata cuando vio su rostro sonrojado mirándolo con confusión. Ella no se merecía aquello, aunque no lo hacía a propósito, su rabia salía a flote de repente y se sentía sumamente mal. Pero su ego herido habló por él— ¿Y qué debo hacer para que te sientas cómoda? Creí que solo querías sexo conmigo.
Kasumi lo miró perpleja. Sintió las mejillas sonrojarse, era cierto lo que él le decía y tal vez estaba contradiciéndose, pero no dejaba de pensar que algo andaba mal. Mordió su mejilla interna y negó, aun sin un pensamiento claro o un discurso coherente que decir.
Satoru alzó ambas cejas al verla. Sentía que en cualquier momento ella dejaría de querer verlo y terminaría lo que ni siquiera había iniciado Y era su culpa, no estaba haciendo las cosas bien, pero ¿Por qué sentía que todo caía sobre sus hombros y nadie se ponía en su lugar? Sí, estaba mal que descargara sus frustraciones en el sexo, pero ¿qué más podía hacer si ella no le daba espacio para nada más? Ahora lo reprochaba ¿qué le estaba pidiendo exactamente? ¿Cómo podía complacerla? ¿Qué mierda debía hacer para que lo considerara? No entendía qué pasaba con Kasumi, entre ellos. Y la ansiedad que todo eso le provocaba le hacía mal.
—Pe-pero… ¿eso significa que me tratarás así todo el tiempo? —preguntó abrazando sus rodillas—quisiera que al menos…
— ¿Qué? —cuestionó a su altura y ella tragó— ¿Quieres que sea como antes? —y el rostro de Kasumi se iluminó al oírlo—pero antes decías que me amabas, Kasumi. Ahora solo quieres sexo ¿cómo te doy en el gusto?
Kasumi contuvo el aliento por unos segundos, mordió su labio inferior pensando, pero nada con claridad vino a su rescate. Sintió sus ojos humedecerse, la frustración tomó el control de su cuerpo y sin darse cuenta, comenzó a llorar. Entendía las quejas de Satoru, o podía llegar a hacerlo, pero no dejaba de sentirse incómoda con lo que estaba surgiendo entre ambos. El nudo en su garganta fue formándose sin darse cuenta, impidiéndole hablar.
Su cuerpo entero se congeló apenas la vio llorar. Lo desarmó por completo. Si antes se sentía culpable por como la había tratado, se sintió como basura al ver sus lágrimas. Si ella decidía mandarlo a la mierda en ese momento, lo aceptaría sin protestar y no volvería a molestarla, lo supo allí, en ese instante. No quería volver a hacerla llorar. Tragó saliva, incómodo y agachó la mirada avergonzado por unos segundos, negó confundido y la miró afligido, con suavidad limpió sus lágrimas y ella lo miró a los ojos. Los tenía irritados y el azul se veía más brillante que otras veces.
—Lo siento… no quería hacerte sentir mal —murmuró apenado—lo siento mucho, de verdad —susurró y apoyó su frente en el hombro de ella—soy una mierda…
—Gojo-san… —susurró Kasumi mientras él hundía su rostro en su cuello, como si quisiera esconderse por la vergüenza— ¿estás molesto conmigo por algo?
Satoru detuvo sus movimientos y la miró a los ojos. Volvió a ver a la joven que lo seguía sin protestar, la que le sonreía todo el tiempo y buscaba su atención, pero esa admiración estaba mezclada con tristeza esta vez. Tragó en seco, la vergüenza y la culpa no lo dejaban pensar con claridad.
—No —terminó diciendo y suspiró—ya me voy… —dijo negando y se reincorporó. Buscó su ropa sin mirarla, frustrado y avergonzado.
—Puedes decirme… —dijo ella mirando su espalda tonificada—siento que… últimamente descargas tu enojo conmigo… en… en la cama —susurró apenada y él giró a verla.
—Lo siento —respondió y se sentó a los pies de la cama— ¿fui muy brusco? —preguntó y ella se encogió de hombros sin mirarlo— ¿te has sentido bien… o solo me has dado en el gusto? —preguntó serio, con el pecho apretado por la posible respuesta. Kasumi lo miró perpleja y gateó hasta él. Satoru la observó atento, ella negó con las mejillas sonrojadas.
—El sexo con usted siempre es bueno —dijo sonriendo avergonzada—pero… no dejo de sentir que está molesto conmigo ¿me estoy haciendo ideas? ¿algo le molesta? ¿o solo tenía algunas fantasías que quería poner en práctica? —Satoru suspiró, aquello debió ser alimento para su ego, pero la culpa no lo dejaba tranquilo. Ella tenía razón, estaba enojado y frustrado y liberaba sus enojos con ella en la cama, y no estaba bien. Debería sentirse aliviado porque ella no estaba afectada físicamente, pero no estaba tranquilo.
Acarició sus brazos con suavidad, y casi como vómito verbal, habló.
— ¿Has estado viendo a otros hombres a la vez que follas conmigo? —preguntó, sintiendo el corazón latirle deprisa como si hubiera corrido una larga maratón. El rostro de Kasumi palideció de pronto y eso bastó para él. Por un momento pensó que se había inventado la fotografía, que su mente le jugó una mala pasada ¡Qué idiota! Soltó un bufido sonriendo sin gracia, desviando la mirada.
Tenía todo el cuerpo acalorado y no era por la actividad física reciente. Sentía rabia, mucha, y el nudo en la garganta era difícil de tragar. No quería mirarla, temía decir alguna estupidez y ofenderla. A esas alturas ya no le importaba exponerse. Estaba muerto de celos.
—Sí —terminó diciendo en un susurro, con las mejillas rojas por la vergüenza. Que él entre todas las personas lo supiera le llenaba de culpa, aunque se repetía que no estaba haciendo nada malo, la opinión de Satoru le importaba mucho más de lo que le gustaba admitir—he tenido algunas citas… pero solo eso —se apresuró en decir y se abrazó las piernas, escondiendo su desnudez.
—No me has aceptado ni una sola puta cita y ¿sales con otros? —dijo entre dientes y volteó a verla. Ella lo miró sorprendida por unos segundos y luego frunció el ceño al mismo tiempo que sus labios se amurraban. Alzó una ceja ¿ella se enojaba? ¡no tenía moral para hacerlo! Contuvo la respiración por unos segundos, pensando qué decir, pero ella se le adelantó.
— ¡Fui clara desde un principio! —exclamó molesta, sintiendo las mejillas arder de vergüenza y rabia—solo sería esto —dijo apuntándose a ambos desnudos—lo que haga el resto de mi día no es asunto suyo.
— ¡No! ¡No me digas esa mierda! —murmuró en un tono grave, mirándola con recelo—sabes muy bien cuáles son mis intenciones contigo ¡por supuesto que es asunto mío!
—No tengo por qué darle explicaciones, y no tiene ningún derecho a juzgarme por… —no pudo seguir. Hacerlo era reconocer sus celos y tal como le había dicho, ella no le debía explicaciones ni él a ella, iba a levantarse cuando él la sostuvo de la muñeca.
— ¿Qué cosa? —preguntó frunciendo el ceño— ¿Qué me quieres reprochar? —murmuró con sospecha.
—Na-nada —dijo sin mirarlo, con el corazón latiéndole a mil por hora—suélteme.
—Kasumi —susurró serio— ¿Qué está pasando? ¿Hice algo que quieras decirme? —preguntó inquieto, pensando si había algo que pudiera afectarlos.
—Nada —repitió volteando a verlo—es solo que me parece muy hipócrita de su parte que me haga estos reproches cuando usted anda coqueteando con Chiharu ¡y no lo estoy juzgando! —se apuró en aclarar, con las mejillas rojas y desvió la mirada—así como yo puedo hacer lo que quiera, usted también. No nos debemos explicaciones…
— ¿Quién? —solo pudo decir mirándola con extrañeza, ella volteó a verlo con sospecha, una mirada gélida que le dejaba en claro que mentía, que claro que le importaba lo que hacía y solo pudo sonreír burlesco.
—Chiharu —repitió blanqueando los ojos—suélteme.
— ¿Uh? —pensó por varios segundos y alzó ambas cejas cuando recordó de quién se trataba— ¡Ah! Ella… ¡pero no he coqueteado con ella! —exclamó rápido—me hablaba, es cierto, pero nunca me coqueteó… es más, hace unas semanas me preguntó si salía con alguien y le dije que sí, que tenía algo serio hace tiempo con alguien —respondió recordando la plática—puedes mirar mi celular —dijo y la soltó. Se puso de pie rápido y buscó sus pantalones, bajo la atenta mirada de Kasumi, sacó su móvil del bolsillo y se lo entregó, pero ella no lo recibió.
—No hace falta —murmuró mirándolo con seriedad—ya le dije, no nos debemos explicaciones.
— ¡Pero yo quiero dártelas! —exclamó molesto—es injusto que me digas esto cuando… ¡Maldición! Desde que nos conocimos en el pasado que no he estado con ninguna otra mujer, Kasumi. Tú has sido la única en mi vida en todos estos años. Solo me he acostado contigo, te lo juro. —Kasumi se tensó y lo miró asombrada, balbuceó nerviosa, sin saber qué responder y él se sentó a su lado. Tomó su mano con suavidad entre las suyas y la acarició—entiendo tu punto de vista… y no quiero hacer comparaciones. Pero solo quiero que entiendas que, para mí, no hay nadie más ¡Estoy tan frustrado!... cada vez que intento algo contigo me rechazas… pero sé que sales con otros y tienes cerca a Kamo todo el tiempo. Yo solo puedo verte cuando cogemos y ni siquiera podemos pasar la noche juntos.
—Yo-yo… —en blanco ¿qué podía decirle ante semejante revelación? No quiso decirle que desde que él la había dejado, estuvo con un par de chicos pensando que podía olvidarlo, pero fue inútil por tantas cosas. Ninguno se le comparaba en ningún ámbito y no tenía cabeza para nadie más. Era cierto que había salido a citas y seguía haciéndolo, con la esperanza de poder seguir adelante. Pero ahí estaba, derritiéndose ante su confesión.
—Tienes razón… no me debes explicaciones —susurró desviando la mirada—siento ponerme así. Pero… por favor, sé sutil —dijo volteando a verla. Kasumi lo miró confundida, relamió sus labios con la punta de su lengua y suplicó en un murmullo grave—no quiero saber que sales con otros… no quiero enterarme de nada, por favor. Siento… todo esto, de verdad. Lamento hacerte sentir mal y… no quiero hacerte llorar de nuevo —murmuró mirando sus pies.
—Yo no le he dicho nada de mis citas —optó por responder y él suspiró, soltando su mano. Lo vio rascarse la nuca sin mirarla y se puso de pie— ¿se va?
—Sí —respondió recogiendo su ropa—es lo mejor —susurró derrotado.
Kasumi tragó en seco y lo detuvo de la muñeca. Él volteó a verla con curiosidad, sabía que lo que haría a continuación iba en contra de todo su discurso, pero le partía el pecho verlo así de desanimado y se sentía culpable. Y, sobre todo, su revelación de devoción le conmovió, sentía que se lo merecía.
—Solo salí con ellos… —confesó mirándolo hacia arriba. Satoru la miró atento, desesperado por oír más—yo… solo quería conocer gente… —susurró apenada—pero no me acosté con ellos. —Sentía un nudo en la garganta, y estaba avergonzada, temía que no le creyera o exponerse más de la cuenta, tembló ligeramente por los nervios—y no saldré con nadie más hasta darle una respuesta… ¿está bien para usted así? —preguntó y sus ojos se humedecieron. Estaba pidiendo demasiado, ahora lo sabía. Exigirle la atención de antes cuando ni siquiera le había perdonado del todo. No había dimensionado lo mucho que podía influenciar en él. Jamás lo pensó. Ahora que lo veía así, cabizbajo y avergonzado, desilusionado por su culpa… no era lo que quería. No quería hacerlo sufrir, ella no era así y no quería serlo.
La inocencia en su mirada lo desarmó por completo, quiso decirle que no era necesario. Que estaba en su derecho a hacer lo que quisiera y que no la juzgaba, que no era su culpa de que él sufriera por ello. Pero solo pudo sentirse aliviado y agradecido. Volvió a sentarse junto a ella y la abrazó. Pensó en decirle gracias, pero creía que podía molestarle.
—No se vaya… —susurró ella y abrió los ojos de par en par al oírla. Se estremeció entre sus brazos y se alejó un poco para poder verla. Kasumi tenía el rostro enrojecido, sus labios temblaban ligeramente y no lo miraba a los ojos. Tomó su barbilla con suavidad y le hizo mirarlo, sus ojos grandes brillaban suplicantes y tuvo que disimular la sonrisa en sus labios. Una señal… por fin la veía. Y quería reírse y saltar de júbilo, pero solo podía sonreírle y mirarla con amor, con profundo amor—quédese un poco más…
—Será un placer —sonrió soberbio y la besó.
Sintió que, por primera vez en meses, volvía a ser él mismo. Como si Kasumi todo ese tiempo hubiera tenido secuestrado su espíritu.
(…)
Kasumi seguía sin aceptarle citas, pero ahora lo dejaba dormir con ella algunas noches en Kioto. Intentó colarse una vez en su departamento cuando visitó a sus hermanos, pero lo echó rápidamente, ni siquiera lo dejó entrar.
Pero estaba más tranquilo, mucho más. No solo porque le había dicho que no saldría con nadie más y que no había hecho nada con esos idiotas, sino que no dejaba de pensar que habían avanzado bastante en su relación.
Ahora podía acariciarla después del sexo, conversaban y se reían de tonterías. Sentía que se amaban, aunque ella no se lo dijera, se sentía amado y no despreciado. Estaba convencido de que era amor. La forma en que ella lo tocaba, lo besaba, se reía, como lo miraba… era incluso más profundo que cuando era una adolescente. No había solo admiración, había comprensión, afecto, deseo. Era amor. Estaba seguro. Eran dos adultos lidiando con sus obligaciones y que se hacían el tiempo para estar juntos.
A veces ni siquiera follaban. Solo se veían para hablar y abrazarse ¿cómo podía pensar que no era amor? Era imposible. Kasumi le había dejado entrar otra vez, seguía siendo reservada y manteniendo oculto lo de ellos, pero sentía que era cuestión de tiempo. A menudo pensaba que debía pedirle ser su novia, sin embargo, apenas lo pensaba la inseguridad volvía a aparecer como una vieja amiga. Haciéndole dudar, pensar que todo se lo imaginaba o que ella aún no estaba lista y la estaba hostigando.
Y no quería. Había decidido que actuaría cuando ella le dijera que lo quería. Hasta el momento solo él lo repetía. Ya no le entristecía no obtener respuesta, porque ella lo abrazaba y besaba con tal afecto que sentía no era necesario que lo dijera en voz alta.
A veces tenían pequeñas discusiones, y siempre era culpa de Kamo. Bueno, él lo sacaba a colación, pero no podía quedarse tranquilo sabiendo que estaba cerca de ella.
Miró la hora en su móvil y suspiró. La estaba esperando en una habitación de motel hace una hora, aun no pedía la cena, quería que estuviera caliente para cuando llegara.
Ella le escribió excusándose, pero que ya estaba en camino. Cuando llegó, él ya se había encargado de ordenar la comida y tenía todo servido para que se sentara a descansar y alimentarse.
— ¡Qué bien se ve! —dijo mirando los platillos de fideos y sopa de miso—tuve que hablar con Utahime-sensei antes de venir, lo siento —murmuró mirándolo apenada.
—Oh… ¿pasó algo? —preguntó y bebió un sorbo de gaseosa de cola.
—Unos compañeros salieron heridos… tuve que explicar cómo pasó —murmuró haciendo una mueca, su móvil vibró y lo miró curiosa— ¡Casi lo olvido! —exclamó mirando la pantalla y Satoru la observó atento. La vio buscar en su tarjetero y escribir en la pantalla.
— ¿Qué pasó? —preguntó y sacó un poco de pollo frito.
—Debo pagar la mensualidad de Kano —comentó sin mirarlo y Satoru palideció.
—Eh… pero hazlo otro día —se rio nervioso.
—Debo hacerlo ahora —respondió concentrada—o me cobrarán interés —dijo frunciendo el ceño y luego alzó ambas cejas—qué raro… —susurró y levantó la vista—creo que hay un problema con la página, sale que no hay deuda.
—Oh… tendrás que intentarlo otro día ¡Ahora come! —sonrió ampliamente, pero ella negó sacudiendo su flequillo.
—Lo voy a notificar, es culpa de ellos. Así no me cobran intereses —murmuró seria y Satoru tragó con dificultad. La vio marcar y se puso el móvil en la oreja.
—No creo atiendan a esta hora —sonrió incómodo.
—Sí, es día de pago… tienen servicio hoy —susurró y sonrió cuando le contestaron—hola, buenas noches. Tengo un inconveniente para pagar la mensualidad de Miwa Kano… sí, sale que no hay deuda —susurró seria—este es su número de registro… —esperó por unos minutos que para Satoru se hicieron eternos— ¿uh? ¿está seguro? ¡¿Cómo?! —dijo entre dientes y le miró, una mirada fija y gélida. Se sintió un conejito frente a un tigre y no sabía dónde esconderse—entiendo… gracias. —Bloqueó la pantalla y se quedó viendo el celular unos segundos, luego lo miró— ¿tiene algo que ver con que le hayan pagado el arancel anual a mi hermano?
— ¿No? —respondió nervioso y ella frunció el ceño— ¡¿Pero por qué te enojas?! Solo quería aliviarte un poco la carga…
— ¡No tenía por qué meterse! ¡esa es mi responsabilidad! —exclamó enojada—deme su cuenta, le transferiré.
—No —murmuró recuperando el ánimo—es más… es el momento perfecto para darte esto… —dijo buscando en el bolsillo de su chamarra— ¡Aquí está! —exclamó alegre y le entregó un sobre. Kasumi miró extrañada el papel y luego con sospecha hacia él—tómalo.
—No hemos terminado de discutir esto —dijo seria, recibiendo el sobre. Satoru sonrió, Kasumi daba miedo cuando tenía que ser una adulta independiente. La vio abrir el sobre con curiosidad y sacó unos documentos y la tarjeta negra— ¿Qué… es esto? —preguntó confundida y leyó el plástico negro.
—Es una cuenta adicional de mi cuenta financiera —sonrió entusiasmado, no leyendo el ambiente tenso que de repente surgió desde la joven—está a tu nombre. No tiene límites —dijo orgulloso.
— ¿Una cuenta… adicional a mi nombre? —preguntó mirando el plástico de la tarjeta de pago, la giró y efectivamente salía su nombre— ¿Por qué hizo esto? —preguntó seria, y Satoru borró su sonrisa.
— ¿Te molesta? —preguntó confundido—creí que te sería de ayuda… —susurró e hizo una mueca.
— ¡Por supuesto que me molesta! —exclamó sintiendo las mejillas sonrojarse—esto… esto ¡ni siquiera somos novios o algo así! —dijo avergonzada—y no necesito que me mantenga… ¡no necesito su dinero!
—Oye, oye —negó apurado—ya te lo dije una vez, lo mío es tuyo. Y sé que puedes sola —se encogió de hombros—lo has hecho siempre. Pero quiero apoyarte, para eso estoy a tu lado. Me preocupas y quiero aliviarte la carga ¿qué tiene de malo?
—N-no… no es su responsabilidad —susurró nerviosa. —Bastante hace con darme obsequios todo el tiempo ¡Es demasiado incómodo!
—Pero esto es distinto —dijo haciendo un puchero con los labios y Kasumi suspiro, olvidando un poco el enojo—sé que no te gusta gastar en nada porque ahorras, con eso podrás comprar lo que se te antoje. No tiene límites —volvió a sonreír orgulloso.
— ¡Deje de decirlo como si fuera algo bueno! —exclamó avergonzada—no puedo recibirla, gracias de todas formas —susurró y se la regresó.
—Está a tú nombre —dijo serio y Kasumi negó. La vio tomar sus palillos y revolver sus fideos y frunció el ceño—si no la usas, le diré a todos que estamos saliendo.
— ¡¿Qué?! —jadeó asustada— ¡No, por favor no!
— ¿Es tan malo que se sepa? —preguntó resentido y ella suspiró.
—Cualquier logro que consiga… se verá opacado por ser la novia de… —explicó seria.
—No podemos ocultarlo siempre. —Respondió de mala gana y bebió un sorbo de su bebida.
—Aun no acepto nada serio con usted —le recriminó frunciendo el ceño, él se rio. —Y… con esto, dudo lo haga —dijo en un tono hostil que le abrumó. Tragó saliva y negó rápido, pensaba que lo de ellos estaba en buen camino ¿qué había hecho mal ahora?
—Pe-pero Kasumi… no lo hice con mala intención —susurró afligido—y necesitas el dinero ¿qué tiene de malo?
— ¡Eso! —exclamó roja de rabia y vergüenza— ¡que necesito el dinero y siento que me lo da porque me acuesto con usted! ¿soy su prostituta? —preguntó en un susurro y él abrió los ojos de par en par al oírla—le dije y repetí muchas veces que no quería sus regalos, pero usted siguió dándomelos… me resigné… pero ¿esto? —murmuró tomando la tarjeta—y… ¡se metió en mi vida privada! Mi hermano es mi responsabilidad, solo mía.
—N-no, Kasumi… no —susurró e intentó tomar su mano, pero ella fue más rápida y se alejó. Tragó incómodo y la miró con las cejas curvadas—jamás pasó por mi mente eso… por supuesto que no eres… solo quería ayudarte —murmuró apenado—lo siento. No pensé que te molestaría…
—Ese es el problema, Gojo-san. Nunca piensa… solo hace lo que se le antoja, pisando a todos a su alrededor —reprochó y Satoru se tensó. El pecho le apretó, ¿ella pensaba así de él o solo estaba molesta? Suspiró y negó sin mirarla.
—No es… no es así, no esta vez —dijo y la miró a los ojos. Kasumi seguía viéndose furiosa, como una madre leona gruñendo ante un invasor. Pero él no era un invasor, o al menos no quería que ella lo viera de ese modo—creí que, pagando la universidad de tu hermano, te aliviaría un poco la carga… solo quería ayudarte.
—Debió preguntarme si quería su ayuda —respondió seria—recibir sus costosos regalos ya es incómodo.
—Pero… yo intento ayudar a todos, en serio y lo sabes —murmuró en un tono cariñoso—no eres a la única que le he dado apoyo económico.
— ¿A sus otros estudiantes les da celulares de última generación, abrigos de marca de lujo y tienen una tarjeta adicional de su cuenta? —preguntó alzando una ceja y él suspiró. Hizo una mueca de desagrado y la miró frustrado, entendía su punto y no sabía bien con qué defenderse.
—N-no —susurró—pero… es que… No es justo, Kasumi —dijo frunciendo el ceño y ella lo miró extrañada—todos tienen algún apoyo… familia detrás… o trabajan para sus propios intereses. Tú has tenido una responsabilidad gigantesca y nada de apoyo desde que eras una niña. Solo quería ayudarte… —Kasumi ablandó su gesto y desvió la mirada, su vergüenza pronto fue aminorando, dejándole ver que, aunque había sido entrometido, como él decía, no lo había hecho con malas intenciones—siento no haber preguntado antes…
—N-no… siento reaccionar así… pero es que… —suspiró profundamente y lo miró—me siento incómoda con todo esto —murmuró y tragó saliva—yo no quiero su dinero.
—Lo sé —sonrió—yo… nunca sabré qué es esforzarse para sobrevivir, estar al pendiente de no atrasarme en las cuentas… sé que es por mi privilegio, pero… no quiero que vivas así ¡no porque estemos follando o algo así! —se apresuró en decir, sonrojándola—solo que… no se me hace justo. Y puedo ayudarte, quiero hacerlo ¿Puedo?
—N-no lo sé —murmuró apenada.
—Está bien… pero acepta esto —murmuró acercándole la tarjeta—si no lo aceptas, juro que le diré a todo el mundo que somos novios. —Bromeó. Kasumi lo miró seria, pero no enojada. Observó su semblante determinado y suspiró, tomó la tarjeta y la miró.
— ¿Y eso no le da vergüenza? —preguntó y levantó la mirada, Satoru la miró confundido—que sepan que sale conmigo… una mocosa débil y pobretona. —Se encogió de hombros y él frunció el ceño. Alcanzó su mano y la acarició con suavidad.
—No eres una mocosa —dijo serio y Kasumi le frunció el ceño, esperando oír que tampoco era débil, pero él no le dio en el gusto con eso, porque era cierto—y tampoco pobretona mientras estés conmigo.
— ¿Débil sí? —preguntó alzando una ceja.
—Sí —respondió sin pensarlo y ella suspiró—en comparación a mí, lo eres. Lo siento —se rascó la mejilla—pero… volviendo al tema. No me avergüenza para nada… al contrario. Quiero que todos lo sepan. Puede que me tachen de degenerado por salir con alguien más joven cuando ya estoy cerca de cumplir 40 años… pero estarán celosos porque salgo con alguien tan linda —le sonrió y ella suspiró, con las mejillas sonrojadas—pero… una crítica más, una menos. Ya me da igual.
—Se está haciendo ideas… —susurró con timidez. Miró la tarjeta y la tomó, pensó por unos segundos y levantó la vista hacia él. Satoru la miraba con una sonrisa triunfal en el rostro, y ella le frunció el ceño—vaciaré su cuenta corriente, a ver si le sigue gustando la idea —murmuró amurrando los labios y él se carcajeó, no alcanzó a quejarse cuando él se inclinó y la besó.
(…)
No alcanzó a poner un pie en la escalera cuando escuchó a Mai gritarle. Volteó a verla y la saludó sonriente y radiante después de pasar la noche con Satoru.
—Vaya… luces… ¿fue una buena noche? —preguntó riéndose y mirándola con suspicacia y el sonrojo en sus mejillas la delató.
—Algo así… —susurró sin mirarla— ¿vienes de una misión?
—No —sonrió—tuve libre ayer —se encogió de hombros— ¿qué hizo falta para que fuera una noche placentera? —preguntó cruzándose de brazos y Kasumi suspiró.
—Si es a lo que te refieres… eso siempre funciona bien —murmuró avergonzada—es… por otra cosa, mira —dijo y sacó de su bolsillo la tarjeta de plástico negra con su nombre de color dorado con relieve en ella. Mai la tomó y leyó con curiosidad—es una cuenta adicional de su cuenta corriente…
—Dios mío… —susurró y su mirada se iluminó— ¡Esto es… estás viviendo un sueño! —exclamó emocionada y Kasumi la miró asombrada, era primera vez que la veía así de expresiva y positivamente.
—Po-por supuesto que no —murmuró incómoda—lo hizo sin preguntarme… y me amenazó que le dirá a todos lo nuestro si no la uso —se quejó cruzándose de brazos—no es justo…
—Es un buen hombre, Kasumi —dijo mirándola con seriedad y Kasumi parpadeó confundida, de pronto, Mai parecía una amiga comprensiva y emotiva, una sabia consejera—perdónalo. No lo hagas sufrir más —susurró y la tomó de los hombros—no lo sueltes… no lo dejes ir.
— ¿Qué-qué? —balbuceó incrédula—pero… si tú siempre me has dicho que…
— ¡Olvídalo! —exclamó con determinación—ya pagó sus culpas —sonrió mirando la tarjeta—o si quieres vengarte, cómprame un bolso Chanel —Kasumi se rio y negó rápido— ¡Eh! Pero si dijo que no tiene límite, es la venganza perfecta.
—No necesito vengarme de él… —murmuró con una sonrisa dibujada en los labios, pensativa—en el fondo, él tenía razón. Tuvo buenos motivos para distanciarse… —dijo borrando la sonrisa, Mai le miró atenta—en el pasado estaba babosa por él, no era sano…—murmuró avergonzada volteando a verla.
—Pero si aún lo estás —respondió seria, y Kasumi se sonrojó.
—Bu-bueno sí, un poco… pero lo manejo mejor ¿no? —murmuró bajito mirándola con ilusión, Mai se río burlesca, desanimándola.
—Sí, te doy un punto… lo has disimulado tan bien, que lo tienes en la palma de tu mano —le medio sonrió con orgullo y Kasumi negó sonrojada, no le gustó como lo hacía sonar, como si hubiera aplicado una especia de táctica para atrapar a Satoru.
—Mira… por ahora, te invito un café y unos postres —dijo mirando la tarjeta.
—Le diré a Momo —contestó entusiasmada y Kasumi sonrió con culpa y mordió su labio inferior.
No estaba acostumbrada a recibir tanto, por lo que aún le incomodaba la idea de usar su tarjeta. Tragó incomoda al pensarlo, era "su" tarjeta. Como si fueran un matrimonio y él, como había dicho, compartiera todo con ella. Se sonrojó al pensarlo.
Cuando les llevaron las hermosas copas de café espumoso y los postres finos que en su vida hubiera comprado con sus ahorros, les sacó una foto y se la envío a Satoru.
"Tu bancarrota se aproxima", le escribió. Y él respondió al minuto "Tendré que esforzarme más por nuestro futuro", junto a varios corazones. Y ella sonrió enamorada.
Él ya había ganado. No tenía nada más que hacer en su contra. Podía tomar todo de ella y no lo juzgaría.
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N/A: Holis holisss! espero estén todes muy bien. Aquí con otro cap de mi canon delulu hahahha aun no escribo el 18, así que puede que me demore un poquito más, espero que no.
Respecto al cap, la escena que más me costó trabajo fue en la que "aclaran" lo de ellos, al principio me había quedado más tóxica de lo que quedó, y Nade me ayudó con su punto de vista a corregirla, gracias! no sé qué sería del ship sin ti xD! (me gusta lo tóxico en el romance, es mi placer culpable, a veces los deditos me traicionan, perdón)
Miwa sin querer tiene lo que todas queremos, el amor, cuerpo y dinero de gojo hahahah y no sabe apreciarlo. Sé que la trama se ha sentido medio lenta, pero ya desde el otro cap la cosa avanza mucho, no solo sobre la pareja sino sobre el fic, el caos is coming~~ cuando Mai le dice que es un buen hombre porque le dio la tarjeta, en mi mente sonaba "cuide a ese man catalina" y "He's a good man Sabanah, a good man!"
En fin, espero leernos pronto!
