Descargo de responsabilidad: ya saben ustedes que PUCCA y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a su creador Boo Kyoung Kim. Yo sólo usé sus personajes, para crear esta historia loca, pero según yo entretenida.

Descargo de responsabilidad 2: así como el libro de Harry potter sus personajes no me pertenecen, pues le pertenecen a la autora JKRollin. yo sólo utilicé a Harry potter para juntarlo con Pucca, así que no plagien, adapten o copien por favor que eso no está bien.

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"Puede que muera en el intento, pero jamás dejaré una tarea incompleta." _(Garu, William Potter, Sanada y Harry James Potter)

La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría, Garu y Harry estaban cansados, pero no querían demostrarlo. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las salchichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.

–Tienen que comer algo para el desayuno.

Les dijo Hermione con seriedad, mientras que Pucca abrazaba a Harry como si fuera su salvavidas.

–No quiero nada.

Soltó Harry serio, Garu solo intentaba despegar a Pucca de Harry. No sabía que le pasaba a la chica, pero sabía que la poción le estaba afectando mucho.

–Aunque sea un pedazo de tostada.

Suplicó amable Hermione, parándose para ayudar a Garu a despegar a Pucca de Harry.

–No tengo hambre.

Harry se sentía muy mal, dividido entre su preocupación por el partido de quidditch, el enojo que sentía con Pucca por lo que pasó ayer y lo desconcertado que estaba porque la chica estaba muy pegajosa. En cualquier momento echaría a andar hacia el terreno de juego junto a Garu, pero si Pucca no sé despegaba de él, temía que tuviera que llevársela cargando o no jugar como quería.

–Harry, Garu, necesitan fuerzas.

Dijo serio Seamus Finnigan.

–Los únicos que el otro equipo marca son los buscadores y sé que Garu no va a jugar, hasta que te pase algo a ti, pero es mejor que esté bien alimentado por si pasa algo.

–Gracias, Seamus.

Respondió serio Harry, observando cómo llenaba de salsa de tomate sus salchichas y las de su hermano Garu. mientras Ron por fin separó a Pucca de él, llevándola hacia otro lado para que Garu y él pudieran comer.

A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos, estando atentos para observar el partido.

Los asientos podían elevarse, pero, incluso así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo. Pucca, Ron y Hermione se reunieron con Seamus y Dean en la grada más alta, mientras que Gura, Paccu y Destiny estaban debajo de ellos.

Para darle una sorpresa a Harry, que sabían que él si jugaría, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado. Decía:

«Alfarero, Presidente»

Y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color, junto con los corazones rojos que había puesto Pucca alrededor del apellido Potter.

Mientras tanto, en los vestuarios, Garu, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch, (Slytherin jugaba de verde). Wood se aclaró la garganta para pedir silencio, mientras Garu se preguntaba que hacía allí si no iba a jugar.

–Bueno, chicos.

Dijo serio.

–Y chicas.

añadió la cazadora Angelina Johnson, dándole una mirada a Garu Potter, que solo rodó los ojos.

–Y chicas.

Dijo algo exasperado Wood, poniendo los ojos en blanco.

–Éste es... El grande.

Dijo calmado Fred Weasley.

–El que estábamos esperando.

Dijo serio George.

–Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver.

Dijo simple: Fred a Harry y a Garu.

–Estábamos en el equipo el año pasado.

Garu y Harry asintieron, comprendiendo todo.

–Callaos los dos.

Ordenó firme Wood.

–Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar.

Les lanzó una mirada que parecía decir:

«Si no...»

Luego agregó con más calma.

–Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos.

Garu y Harry siguieron a Fred y George fuera del vestuario y, esperando que las rodillas no le temblaran, Harry pisó el terreno de juego entre vítores y aplausos. Mientras Garu se quedaba atrás, sabiendo que solo entraría cuando su hermano estuviera en problemas.

La señora Hooch hacía de árbitro, mirando a todos con un gesto serio. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.

–Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos.

Dijo firme cuando estuvieron reunidos a su alrededor, mirando a uno y otro equipo. Harry notó que parecía dirigirse especialmente al capitán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año.

Le pareció que tenía un cierto parentesco con el trol gigante, justamente tan grande y feo como él. Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre:

—Potter, presidente.

Se le aceleró el corazón, tanto por el gesto, como por los corazones rojos que brillaban alrededor del apellido Potter. Se sintió más valiente, aún más porque su novia, Pucca, brincaba alegremente, mandándole besitos desde donde estaba.

–Montad en vuestras escobas, por favor.

Harry subió a su Nimbus 2000, mientras que Garu se quedaba con la señora Hooch. La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata, haciendo hace el partido de quidditch.

Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y estaban muy lejos, empezando ese partido que a todos los hacía gritar.

–Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta joven y, a propósito, también es muy guapa...

Se oyó la voz del comentarista, mientras la profesora cercana a él lo regañaba:

–¡JORDANIA!

–Lo siento, profesora.

El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el comentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profesora McGonagall.

–Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spinnet, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasado estaba en reserva... Otra vez Johnson y... No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle...

Pucca desde el fondo podía oírse gritar:

«¡Vamos, cielo, tú puedes!»

Mientras el comentarista seguía narrando el partido, todos ovacionando al equipo que apoyaban.

–Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor, buen vuelo rodeado a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y... ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey cogiendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... El Guardián.

El público se quedó sin aliento, Pucca solo entretenida en su novio Harry.

–Bletchley se lanza... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!

Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.

–Venga, déjadme sitio.

Les pidió a Pucca, Ron y Hermione, soltando al mismo tiempo los tres.

–¡Hagrid!

Pucca, Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.

–Estaba mirando desde mi cabaña.

Dijo alegre Hagrid, enseñando el largo par de binoculares que le colgaban del cuello.

–Pero no es lo mismo que estar con toda la gente. Todavía no hay señales de la snitch, ¿no?

–No.

Dijo serio Ron.

–Harry todavía no tiene mucho que hacer, al igual que Garu, que solo está allá abajo con la señora Hooch.

–Mantenerse fuera de los problemas ya es algo.

Dijo serio Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Harry. Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, esperando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.

–Mantente apartado hasta que veas la snitch.

Le había dicho serio Wood—.

–No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo.

Cuando Angelina anotó un punto, Harry dio unas volteretas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch. En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley; en otro, una bludger decidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harry la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.

–¿Está todo bien, Harry?

Tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludger con furia hacia Marcus Flint.

–Slytherin toma posesión.

Decía emocionado Lee Jordan, mientras que Pucca se quedaba dormida en el hombro de Ron, cansada por gritar y brincar emocionada desde hace rato.

–El cazador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y a la cazadora Bell, y acelera… esperen un momento… ¿No es la snitch?

Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pucey dejaba caer la quaffle. Demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.

Harry la vio, al igual que Garu, a pesar de que estaba junto a la señora Hooch. En un arrebato de excitación, Harry se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado.

El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch...

Todos los cazadores parecían haber olvidado lo que debían hacer, estando suspendidos en el aire para mirar. Harry era más veloz que Higgs, tanto por su estatura, como por su entrenamiento de Quidditch y el entrenamiento de ninja que en secreto Garu le estaba dando.

Podía ver la pequeña pelota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y... ¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas...

Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferraba para no caer. Garu por instinto, se montó en su escoba, preparado para intervenir y proteger a su gemelo.

–¡Falta!

Gritaron los Gryffindors, haciendo que Pucca se despertara de un salto. La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego ordenó tiro libre para Gryffindor, en el poste de gol.

Mientras detenía a Garu, ordenándole que bajara de la escoba. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.

Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba, haciendo reír a Pucca.

–¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!

–Esto no es el fútbol, Dean.

Le recordó serio Ron.

–No se puede echar a los jugadores en quidditch... ¿Y qué es una tarjeta roja?

Pucca le explicó a Ron las reglas del fútbol, haciendo que Hagrid estuviera de parte de Dean.

–Deberían cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harry en el aire.

A Lee Jordan le costaba ser imparcial, sacando palabras un poco llenas de veneno.

–Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...

–¡Jordania!

Lo regañó la profesora McGonagall, corrigiéndose mal de nuevo Lee.

–Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta...

–¡Jordan, no digas que no te aviso...!

Le advirtió la profesora McGonagall, mirándolo con desaprobación, haciendo que Lee sé volviera a corregir.

–Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy seguro, así que penalty para Gryffindor, la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la pelota.

Cuando Harry esquivó otra bludger, que pasó peligrosamente cerca de su cabeza, ocurrió lo impensable. Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida, asustando a Garu, que no tardó en volver a subirse a su escoba para prepararse para volar.

Durante un segundo pensó que iba a caer, mirando a Garu para que no entrara al campo. Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas, tratando de hacer algunas maniobras para subirse a su escoba, que Garu le enseñó como ninja.

Nunca había experimentado nada semejante, así que era obvio que le costaba trabajo. Sucedió de nuevo, aturdiéndolo una vez más y tratando de no entrar en desesperación.

Era como si la escoba intentara derribarlo, como sí ya no fuera digno de estar en ella. Pero las Nimbus 2000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes, eso sería más extraño que cualquier cosa que haya vivido.

Harry trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control. No podía dar la vuelta, al igual que no podía calmarse como su gemelo lo hacía.

No podía dirigirla de ninguna manera, era como si de repente ya no supiera manejarla. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo hacían caer. Lee seguía comentando el partido, viendo todo lo que estaba pasando en el juego.

–Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profesora), Slytherin anota un tanto, oh, no...

Los de Slytherin vitoreaban, llenos de energía por la victoria que llevaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harry, o sí se percataban, a nadie le importaba.

Lo llevaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retorciéndose. Garu no tuvo de otra más que entrar como un rayo con su escoba, subiendo hasta donde estaba Harry para poder ayudarlo.

–No sé qué está haciendo Harry, pero Garu ya sé a metido al campo a ayudar a su hermano.

Murmuró preocupado Hagrid, viendo como las coletas de Garu sé movían con forme subía con velocidad. Miró con los prismáticos, atento a cada movimiento que hacían Garu y Harry.

–Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser... sin embargo, sí no fuera así, ¿Por qué Garu se metió a ayudarlo?

De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harry y Garu por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vueltas y él apenas podía sujetarse, mientras su gemelo trataba en vano corregir el vuelo de Harry.

Entonces la multitud jadeó, al igual que Garu, que gruñó de frustración. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgando, sujeto sólo con una mano y con su hermano debajo de Harry para atraparlo por si caía.

–¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso?

Susurró preocupado Seamus.

–No puede ser.

Dijo negativamente Hagrid, con voz temblorosa.

–Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... Ningún chico le puede hacer eso a una Nimbus 2000, sería una locura.

Ante esas palabras, Hermione cogió los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud. Mientras tanto, a Garu también le pasaba lo mismo en el aire.

–¿Qué haces?

Gimió preocupado Ron, con el rostro grisáceo.

–Lo sabía.

resopló molesta Hermione, viendo de paso también al hijo de Snape.

–Snape... Mira.

Ron cogió los binoculares, mirando hacia donde Hermione le indicó. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos, su atención siempre puesta en Harry. Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse, al igual que Tobe, que estaba alado de su padre haciendo lo mismo.

–Está haciendo algo...

Murmuró serio Ron.

–Mal de ojo a la escoba.

Dijo segura Hermione.

–¿Qué podemos hacer? Si no es solo Snape, sí no también su hijo Tobe.

Pucca le quitó los binoculares a Ron, viendo a Tobe usar su varita contra Garu. la ira de Pucca se encendió, regresándole los binoculares a Ron y bajó a ver a Tobe.

–Déjamelo a mí.

Antes de que Ron pudiera decir nada más, Hermione había desaparecido. Ron volvió a enfocar a Harry y a Garu, viéndolos tambalearse y esquivar bolas rápidas.

Las escobas vibraban tanto que era casi imposible que pudieran seguir colgados durante mucho más tiempo, a pesar de ese hecho, Garu podía seguirse sosteniendo y vigilaba a su hermano por si caía. Todos miraban aterrorizados, mientras los Weasley volaban hacia ellos, tratando de poner a salvo a ambos gemelos Potter en sus escobas.

Pero aquello fue peor: cada vez que se les acercaban, las escobas saltaban más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caían. Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera, obviamente aprovechando lo que les pasaba a los gemelos Potter.

–Vamos, Hermione, Pucca.

Murmuraba desesperado Ron, viendo como Pucca y Hermione corrían hacia diferentes lados. Hermione había cruzado las gradas hacia donde se encontraba Snape y en aquel momento corría por la fila de abajo, Pucca yendo del lado contrario para ir contra tobe.

Ni se detuvieron para disculparse cuando atropellaron al profesor Quirrell al mismo tiempo y, cuando Hermione llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras. Mientras que Pucca recordaba otras palabras, lanzándole otro hechizo a las piernas de Tobe, al caer del otro lado contrario al de su amiga.

Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Snape, mientras que de la varita de Pucca saltaba un chorro de agua a la túnica de Tobe. El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba, al igual que su hijo Tobe.

Un súbito aullido le indicó a la chica que había hecho su trabajo, mientras que a Pucca le avisó el gruñido furioso de Tobe. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna.

Snape nunca sabría lo que le había sucedido, pues no habría pruebas de nada. Pucca la siguió después, el chorro de agua que usó extraído y escondido en un frasco vuelto una volita.

Fue suficiente, lo Notaron ambas amigas. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo subir de nuevo a su escoba. Al igual que Garu, que sé estabilizó, dio un par de vueltas y después bajó en picada junto a la señora Hooch.

–¡Neville, ya Puedes mirar!

Dijo serio Ron, girando a ver al chico. Neville había estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos últimos cinco minutos, bastante asustado por Harry y su Hermano Gemelo de aspecto serio.

Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano, dándo una sonrisa y Garu riendo a carcajadas al ver eso con su vista super desarrollada.

–¡Tengo la snitch!

Gritó alegremente, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.