Locura (Perfecta)
Él había estado en lo cierto. Una sonrisa apareció en su rostro mientras la veía salir por la puerta. Parecía un poco frustrada con los zapatos con los que luchaba por dar pasos, pero para él se veía bellísima. La escuchó maldecir mientras se dirigía a su auto.
"Hola," saludó, dejando de apoyarse en el capó del vehículo.
"Hola," respondió ella mientras le sonreía. Casi lo dejó sin aliento con ese gesto. Le devolvió la sonrisa y le extendió la mano.
"Estás hermosa," le dijo, mientras la giraba. "Algo digno de ver," terminó, apartándose para seguir mirándola.
"Oh, ¿de verdad?" preguntó ella, sonriendo mientras él la evaluaba.
"Sí," afirmó el joven.
Inclinó la cabeza, intentando esconder su sonrisa. Él la soltó para colocar las manos en los bolsillos.
"Viniste." le dijo, rompiendo el silencio. Él había estado confiado en que lo haría, pero una pequeña parte en su fuero interno se había cuestionado aquello mientras esperaba en la puerta de su casa. Sólo una pequeña parte. Pero luego ella salió, luciendo más hermosa de lo que se imaginaba.
"Dije que podría ser."
Él sacudió la cabeza. Ella nunca le había dicho eso, pero sabía a qué se refería. Lo había dicho en su comportamiento. Por eso supo que tenía que ir a buscarla. Porque sabía que ella estaría allí. Pero, aun así, una parte de él estaba preocupada.
"Pensé que no," le confesó. "Cuando te fuiste..."
Ella negó con la cabeza, apretando su pequeño bolso. "No esta noche," le prometió.
"¿Cómo está... todo?" le hizo un gesto hacia su casa.
Ella miró la gran ventana. Suspiró y sacudió la cabeza. Las cosas no iban bien. Nunca lo habían estado. Pero no eran tan terribles, por primera vez en mucho tiempo. Quizás todos estaban llegando a un acuerdo.
"Mejor," respondió lo más sincera que pudo, tratando de no suspirar.
"¿Crees que puedas olvidarte de todo esta noche? ¿Sólo divertirte?"
"Espero hacerlo. Mi mente está harta de todo esto," admitió, sonriendo ligeramente.
"Podemos verlo todo-" Mientras decía estas palabras, ella se preguntaba qué diablos estaba haciendo. Se preguntaba cómo podía estar haciendo esto. Sabía qué podría suceder, que probablemente pasaría. Y no era un pensamiento agradable.
Se volvió hacia él repentinamente, con los ojos ardientes por las preguntas que se había hecho a sí misma todo el día. Toda la semana. Todo el año. Toda su vida. Dejó caer su bolso sobre el capó del auto y agarró la tela de su vestido antes de hablar.
"¿Estoy loca?"
"¿Qué?"
"Podría terminar loca," le dijo con fiereza. "Podría terminar loca."
"Y estaré aquí. Para ti," replicó él, acercándose. Ella retrocedió.
Negó con la cabeza, frunciendo el ceño. "Eso puedes decirlo ahora. Está bien. Pero visualiza el futuro. Un año. Diez años. Podría llegar a ser tu esposa. ¿Y luego qué? ¿Cómo lidiarías con eso?" Había visto cómo destrozaron a su padre. Su pobre y fiel padre, quien siempre estuvo allí. Cómo se había agotado tanto con el paso de los años, intentando hacer las cosas bien.
"Estaré allí-"
"¡Podría terminar como ella! ¡Mirando las paredes! ¡Tirando mierda por las escaleras! ¡Enloqueciendo en las tiendas! ¡Corriendo desnuda por las calles! ¡Sangrando en el baño!" se detuvo abruptamente, tratando de recobrar el aliento. Todo había sido tan rápido. No quería decir que... Respiró hondo.
Parpadeó sus ojos llorosos mientras lo miraba, desafiándolo a enfrentarla. Él no podía negar todo lo que ella había dicho. Todo era verdad. Las enfermedades mentales tendían a ser hereditarias. Ella era la siguiente. Y lo sabía. Incluso si no fuera así, ¿cómo podría alguien quedarse en esa casa y no volverse loco?
"Perfecto para ti," replicó él, rompiendo el silencio. "Seré perfecto para ti. Es muy posible que te vuelvas loca. ¡Diablos, yo podría volverme loco! Pero la vida es una locura. Sé que puedo hacerlo. Estar loco es perfecto, y estar jodido lo es aún más."
"Perfecto," repitió ella aturdida, sin poder creer lo que él le decía. No podía estar hablando en serio.
"Entonces, seré perfecto para ti," terminó el joven, acercándose y tomándola entre sus brazos. Ella se mordió el labio y le correspondió el abrazo.
"Te amo," le dijo él después de unos instantes, mientras besaba su cabeza.
Ella enterró su rostro en la chaqueta del chico. Se sentía tan bien ser amada. Y él había sido tan devoto a ella. Tan persistente. Y se alegraba de que no se hubiera dado por vencido con ella. Teniendo en cuenta que ella siempre había tratado de alejarlo. Que lo rechazaba cada vez que podía. Había rechazado lo que siempre había querido.
"Gracias," susurró, levantando la mirada hacia él. "Gracias por amarme y nunca rendirte."
Él sonrió y apartó el flequillo de sus ojos azules. "Jamás podría rendirme contigo. Porque te amo."
"Kenshin yo... también te amo," respondió ella, poniéndose de puntillas para darle un suave beso en los labios. Cuando ella intentó apartarse, él la abrazó con más fuerza, manteniéndola justo donde estaba. La volvió a besar, quitándole el aliento antes de finalmente dejarla ir.
"Oh, Kaoru," le dijo, aferrándose aún más a ella. "¿Cómo no amarte?"
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