Relaciones Cuestionables.
Faltaban tres días para el fin de semana, lo sabías porque esta vez trataste de no causar problemas con la intención de mantenerte consciente lo que fuera posible y así verificar que todo marchaba con normalidad entre los trabajadores del centro psiquiátrico. Esperabas que esto no fuera sospechoso a pesar de que con anterioridad llegaste a portarte tan bien que muchos creyeron saldrías muy pronto; nadie se hubiera imaginado que recaerías con fuerza. Giraste la cabeza en dirección a la puerta cautelosamente, descubriendo al mismo guardia que nunca disimulaba cuando se encontraba mirando tu cuerpo. Perfecto. Te agachaste para recoger los colores de Ashley, asegurándote de que tu trasero apuntara hacia él, ya que sería quien se convirtiese en tu pase a la libertad esa noche cuando todos se fueran a dormir. Era un hombre poco ético pero muy trabajador, nadie creería que se colaba a las habitaciones de las internas más jóvenes para obtener un pequeño beneficio al cubrir horas extras.
Después de todo, ¿quién le creería a una loca?
Hasta ahora no se había atrevido a intentarlo contigo por alguna extraña razón, pero te asegurarías de seducirlo lo suficiente para que lo tuvieras a tu merced lo antes posible. Aunque no te gustara la idea de sacrificar tu dignidad de esta forma, lo importante era que obtuvieras la tarjeta de acceso desde las sombras porque habías comprobado que engañar a un enfermero sería una tarea imposible.
El atardecer había caído cuando llegó el momento de que repartieran las medicinas, las cuales te aseguraste de esconder bajo tu lengua cuando te fue entregada tu dosis en capsulas. Ashley te apretó la mano cuando fue su turno ya que a ella le debían administrar calmantes líquidos; esos días ella acostumbraba entrelazar sus dedos con los tuyos, algo que no sucedía antes. ¿Será que comienza a confiar en ti o sólo lo hace en la búsqueda de un soporte emocional? Después de todo aquí no está su hermano, no tenía más opción que apoyarse en ti. La idea te deprimió un poco, pues cuando escaparan se olvidaría completamente de tu existencia, ya no serías necesaria para ella. Te prometió que te consideraría su amiga pero, ¿qué tan serias eran esas palabras? Sabes bien que es de imbéciles perder la razón por muchachas bonitas.
Especialmente cuando estas fueron obligadas a vivir en un manicomio junto a ti.
La droga hizo que la cabeza de Ashley cayera sobre tu hombro y comenzara a gemir cosas indescifrables, habrías disfrutado más del momento si no sintieras la mirada lasciva del guardia sobre ustedes dos. Esperabas que no fuera a inclinarse en atacar a esta niña o que quisiera que actuaran juntas en la cama, pues experiencias pasadas te hicieron darte cuenta que podrías lastimar a los que se atrevían ir tras tu presa, aunque supieras que esta jamás te pertenecería.
—Andy… —el susurro de Ashley llamó tu atención—. Sé que odias que te llame así pero… déjame hacerlo sólo por esta vez. Te extraño, Andy. ¿No me extrañas también? Eres una víbora… siempre dices que me necesitas pero nunca haces nada para recuperarme. Perra malagradecida…
Oh, la solución utilizada estaba siendo mucho más potente en comparación a las anteriores. Ahora en serio debían salir de ahí cuanto antes, de lo contrario terminarían corroyendo la mente de esta chica con más y más mezclas hasta que dejara de ser una adulta medianamente funcional en el exterior. Que juego tan sucio. Si era verdad que todo esto era el plan de la madre de Ashley, confirmabas todas las palabras malsonantes que su hija usaba para describirla. En tu caso si tus padres estuvieran vivos, estabas segura que habrían luchado por llevarte de vuelta a casa; el pensamiento hizo que te doliera la cabeza. ¿Tus padres… están muertos? Si así era, eso explicaría por qué nadie se había preocupado en visitarte en todo este tiempo.
—All…
—Dime, bebé.
—Mi hermano cumplirá su palabra, ¿verdad? No me dejará morir, ¿cierto…?
—Si tu hermano te ama estará aquí, puntual para ti. Incluso estará impaciente por reunirse contigo ahora mismo.
Ashley formó una sonrisa en sus cansados labios, el temblor de su cuerpo te hizo saber que lo había dudado pero al siguiente instante se dejó reír suavemente, como si acabara de ser llevada a un dulce sueño. Curioso. Pareciera que hubiera motivos especiales por los que la Sra. Graves optara por separar a sus hijos, supones que eso lo descubrirás cuando veas al hijo mayor, por el momento sólo pensaras que Ashley tiene un severo complejo y que Andrew nunca supo poner límites a las demandas de su hermanita.
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Haz obtenido el pase. Debiste actuar como una puta necesitada y estuviste cerca de arruinarlo todo por tu inexperiencia tratando hombres excitados, pero tu plan para arrebatarle la tarjeta de acceso al guardia fue todo un éxito. Ocurrió antes de que cayera el último rayo del atardecer. Cuando ese hombre estuvo cerca de desnudarte y unirse carnalmente a ti, fingiste perder el control comenzando a gritar, eso hizo que saliera de tu cama antes de que alguna enfermera lo descubriera en el acto. Te aseguraste de ocultar la tarjeta bajo tu almohada antes de que te sedaran y cuando despertaste fue un alivio comprobar que tu premio continuaba ahí.
Al día siguiente pusiste a prueba su funcionamiento y te tranquilizó que ese guardia no intentara cobrarte la mala experiencia momentos posteriores; sirvió de mucho no haberlo golpeado durante tu ataque fingido y también haberte disculpado con él, a pesar de que ni siquiera te miró de reojo y actúo como si no estuvieras ahí. Al parecer no era tan mala persona. No perdiste tiempo en contarle a Ashley las buenas noticias.
Antes de que se dieran cuenta se llegó el fin de semana.
Todo el día habían estado bastante ansiosas y fue imposible que no se sintieran incómodas en sus lugares de reposo, así que se aseguraron de llevar encima algo con lo que pudieran abrir los cerrojos de sus puertas (algo que no fuera detectable) para reunirse en el mismo pasillo casi exactamente a las tres de la mañana, media hora antes de que el guardia nocturno realizara su segundo rondín. Y con todo el sigilo que pudieron efectuar, sofocadas por la adrenalina, se dirigieron a la farmacia donde los doctores resguardaban el medicamento, pues tú no pensabas irte sin una generosa maleta de droga legal. Ashley había rodado los ojos por tu misión extra pero a pesar de ello decidió ayudarte, alegando que sólo así agilizarían las cosas.
Usaste la tarjera de acceso hacia la puerta del patio y la volviste a cerrar cuando estuvieron afuera. Ashley se veía tentada a darles un último insulto a los directores de la institución a todo pulmón pero se abstuvo en cuanto le dijiste que sería tragicómico que las descubrieran después de que habían superado la parte difícil.
Cruzaron la reja, trataron de acomodarla como había estado y se dirigieron a la calle que yacía del otro lado de un grueso sendero silvestre, en la búsqueda de su pasaporte final a la libertad. El hermano de Ashley no había especificado dónde las vería pero la menor de los Graves estaba segura de que encontrarían el vehículo una vez salieran de entre los arbustos. El viento enfriaba sus cuerpos por culpa de sus nada abrigadores uniformes rojos, sus alientos generaban vaho a medida que se desplazaban. Por fortuna apenas emergieron de entre la vegetación cuando fueron recibidas por una voz masculina.
— ¿Ashley?
— ¡Andrew!
Tu compañera de fuga correspondió al llamado soltando su propia maleta para correr hacia el muchacho que extendió sus brazos hacia ella para recibirla calurosamente. Fue como ver una reunión de amantes, ya que la forma en que él acunó a Ashley contra su pecho (enterrando los dedos entre su rizado cabello posesivamente) antes de besar su cabeza, te hacía pensar en un amor prohibido, dos enamorados cuyas familias no aceptaban su unión. Leíste demasiada literatura romántica estas semanas, por eso decidiste ignorar tus percepciones alteradas.
— ¿Las vieron?
—No, fuimos muy cuidadosas.
—Bien pero no hay que perder tiempo, tenemos que irnos ya.
—Vamos, All —te dijo Ashley mientras tomaba la mano de su hermano y corrían hacia el auto.
Y como la euforia la había hecho olvidarse de sus propias pertenencias, tuviste la decencia de levantarlas del suelo como un peso extra para enseguida correr tras ellos, subiendo torpemente a los asientos traseros. Una vez se pusieron en marcha, acomodaste todo lo que traías encima para después mirar por la ventana, asegurándote de que nadie los estuviera siguiendo.
—Mierda, no puedo creerlo, todo salió bien. ¡Somos libres! —exclamó Ashley con una sonrisa entusiasmada, imitaste su gesto ya que el temblor de tus extremidades se estaba convirtiendo en algo placentero—. ¿Hasta dónde está tu departamento, Andrew?
—Se encuentra a tres horas de aquí por carretera libre. Necesito fumar, así que nos detendremos en la primera tienda de 24 horas que vea.
—No me quejaré de tu nuevo vicio únicamente porque seguro que has tenido que pasarla mal viniendo hasta aquí.
—Oh, que considerada —comentó Andrew de manera juguetona. Se le notaba lo feliz que estaba de tener a su hermana pequeña de vuelta, te enterneció el sólo escucharlos—. Es lo menos que debes hacer por obligarme cometer un crimen de este calibre, ¿sabes?
— ¿Disculpa? ¿Acaso te amenacé a punta de cañón? Que yo sepa es imposible que una bala viaje por teléfono hasta una caseta pública.
—Ow, calla, ni una palabra más, idiota.
— ¡Hey! Cuida tu lengua si no quieres que te la arranque de una mordida, idiota.
—Ahí está tu manera de hacer nuestra charla rara. Ese manicomio no te ayudó una mierda, de hecho creo que mató más de tus escasas neuronas —se burló con una sonrisa maliciosa, a lo que Ashley correspondió con una limpia carcajada. Por fin encontraste una brecha para integrarte.
—Fuiste de gran ayuda, muchas gracias. Esto no habría sido posible sin tu apoyo.
—Oh, no, al contrario. Debo agradecerte por cuidar de mi hermana allá todo este tiempo. Estaba preocupado de que fuera a meterse en problemas graves.
—Jódete, Andrew. Me sé portar bien cuando el momento lo requiere.
—Está bien, tu hermana es encantadora. Te sacaste la lotería con ella —aseguraste, pues sinceramente lo pensabas. Ashley era el paquete completo al desastre en todos los sentidos posibles, especialmente si no se manejaba con cuidado. Andrew debió captarlo ya que rió y estiró un brazo hacia el asiento del copiloto para tomarla de la mano.
—Lo sé —dijo, podías percibir la sonrisa en su respuesta aunque no apartó la mirada del camino. Te hubiese gustado saber qué expresión estaba haciendo Ashley en esos momentos. El silencio que traía el alivio duró poco tiempo.
— ¿Ves, All? Te dije que mi hermano era genial. Por eso espero que no hayas olvidado nuestro acuerdo.
—Lo sostengo, no debes preocuparte —asentiste con convicción. Si, era apuesto pero ya sabes, no tienes interés sexual en los hombres.
—Te creeré por ahora.
— ¿Acuerdo? ¿Es algo que yo deba saber? —intervino Andrew con incomodidad.
—Sólo que acabo de hacer una amiga, Andrew.
— ¿Eh? —él se mostró sorprendido, tú sentiste a tus facciones iluminarse.
Ganarse la amistad de Ashley: completado.
— ¡Así es! —dijo ella orgullosa de sí misma—. No como esa perra desvergonzada de Nina o Julia. Esta es de verdad. Y es mía, porque no necesité tu ayuda ni la de nadie para conseguirla. Vino a mí sin interesarle tu existencia, sólo le interesé yo. ¿Verdad, All? —Te reíste. Esto era agradable.
—Espera, ¿All? ¿Oséa "todos"?
—No, Andy. Ese es su apodo, en realidad se llama Alice.
—Así es. Alice Hell, a tu servicio. Gusto en conocerte, Andrew Graves.
—Si… hola —te respondió torpemente. Supones que es el nombre, su significado en conjunto a cualquiera le daría mala espina si además se le era agregado tu apodo, no lo culpabas de que quisiera omitir una interrogación casual. Y Ashley lucía complacida por la falta de interés de él en ti, así que tú tampoco quisiste arruinar la atmósfera.
—Entonces, ¿qué haremos una vez estemos en tu habitación, Andrew?
—Primero que nada se quitarán esa ropa, debemos deshacernos de ese uniforme más tardar en la mañana a primera hora. Conseguí algunas a tu medida, Ashley. Aunque no estoy seguro sean las adecuadas para tu… umm, amiga.
—Eso estaría bien, estoy harta de esta excusa de bata clínica.
—He preparado algunos muebles y escondites para que se instalen todo lo que durará en enfriarse su huida pero tendremos que pensar en una forma de solventar los gastos en ese tiempo o conseguir un mejor lugar para mudarnos.
—Primero que nada yo quiero tomar un buen baño —dijo Ashley luego de estirarse y bostezar sobre el asiento como un felino que ha despertado de una siesta y se prepara para otra—. Los baños del manicomio apestan, era incomodo meterse a la regadera con esos guardias vigilando.
— ¿Enviaban guardias a los baños? —Puede que estés agotada por todo lo ocurrido pero estás segura de que no te imaginaste esa sed de sangre en el tono parco de Andrew. Interesante.
—Sólo hasta la entrada pero estoy segura que un par de ellos miraban muy atentamente cuando All y yo cruzábamos la puerta. Nunca entraron pero una vez vi una rendija. Pude haberlo imaginado. Las drogas que me inyectaban eran potentes. Apenas pude darme cuenta dónde estaba la primera semana. Espero que en ese lapso no se hayan aprovechado de mí. —El auto frenó de repente, lo que hizo que tu cuerpo se lanzara hacia adelante en respuesta, por fortuna lograste mantener el equilibrio con la segunda sacudida antes de golpear el asiento delantero; debieron haberse desviado del camino para no estorbar en la carretera. Escuchaste a Ashley gritar—. ¡Andy! ¿¡Qué carajo te pasa!?
—…Todo fue mi culpa.
— ¿Uh?
—Porque no me esforcé en rebatir las decisiones de nuestra madre, tú… debí protegerte…
Se hizo el silencio. Podías ver perfectamente cómo Andrew apretaba el volante entre sus puños hasta palidecer sus nudillos. Te preguntaste si él sería capaz de cortarle el cuello a alguien con tal de proteger a su hermana en una situación hipotética de aislamiento, pues en esos instantes parecía capaz de matar a un pervertido a golpes. No conocías todo el contexto de su relación pero indudablemente lucía más enredada de lo que asumiste con anterioridad.
—Es verdad, has sido un pésimo hermano mayor —declaró Ashley—. Dejaste que me llevaran lejos y que me encerraran en un loquero como si fuera la única que se lo merecía. Mostraste siempre tan poco interés en saber cómo estaba sino era yo quien llamaba primero por teléfono, nunca has sido tú quien me busca. —Viste a Andrew temblar, parecía que quería decir algo entre medio pero no interrumpió a su hermana, dejándose hundir en un río espeso de veneno. ¿Podría estar resistiendo las ansias de llorar? Después de todo, las palabras de Ashley eran destructoras, dichas sin piedad. Sin embargo, estas se suavizaron al siguiente instante—. Por eso… espero que lo hagas mejor esta vez, Andrew.
—Ashley… —El chico levantó la cabeza para mirar a tu amiga, que sonreía tiernamente.
—Vas a cuidarme mejor, ¿verdad?
Sin palabras Andrew asintió y su mirada no mostraba el menor indicio de titubeo, no había más que la forma más pura convicción, casi estás segura de que él habría intentado abrazarla si no estuvieras aquí presente. Esos dos tienen una historia muy compleja, no se parece en nada a un trato común entre hermano y hermana, la relación que tenías con tus propios hermanos no era así en lo absoluto. Tu cabeza dolió con este pensamiento atravesando tu cerebro hasta lograr expandirse por todo tu cuerpo. ¿Hermanos? Y aquí habías estado creyendo que eras hija única. La marca en tu cuerpo duele, este sentimiento nunca había sido tan intenso antes, excepto tal vez cuando abrazaste a Ashley por primera vez.
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El auto vuelve a ser puesto en marcha, la sensación de caer a un abismo haciéndose más evidente a medida que avanzan. Crees que podrías sufrir un ataque en pleno viaje, por suerte has robado bastantes estupefacientes legales de la farmacia del manicomio para disfrutar en dos vidas si sabes administrarte. Esta noche, cuando hayan llegado a su destino y sean libres de descansar, podrás inyectarte la primera dosis de la receta; sólo esperas no intoxicarte a ti misma y que esos dos deban encargarse de enterrar tu cuerpo. Crees que tu cadáver estaría en buenas manos. Si no tuvieran forma de transportarte completa, podrían hacerte trizas, quizás usar tu carne para alimentarse en caso de que no hubieras podido encontrar una manera de pagarles la hospitalidad para entonces.
Considerabas el canibalismo una buena causa para situaciones jodidas y nada era más jodido que mantener un peso muerto en un departamento rentado por un joven universitario. Tu cuerpo tendría que servir para unas buenas recetas americanas si se diera el caso. Se lo comentaste a Ashley y ella simplemente se echó a reír, Andrew te miró por el espejo retrovisor y comentó –con expresión parca– que ya no le parecía sorprendente que ella y tú se hayan llevado bien.
Obtener la aprobación del hermano mayor de Ashley: completado.
Cuando se detuvieron en una gasolinera, ustedes no emergieron del auto y esperaron a que Andrew volviera con su cajetilla de cigarros. Estaban bajo la sombra, así que sería difícil que las identificaran si los del exterior no miraban hacia adentro de las ventanas arriba desde una distancia cercana. El mayor de los Graves volvió y te ofreció un cigarrillo tras comentar que lo fumaría ahí adentro porque debían continuar su camino. Lo aceptaste más por una cuestión de nostalgia que por gusto, pero eso no impidió que tu nueva amiga se quejara de que también poseyeras ese tipo de vicio. ¿Qué podías decir? Fue un buen entretenimiento para lo que duró el viaje. El cuarto de Andrew se encontraba en un barrio de mala muerte en las orillas de la ciudad en un edificio viejo y para nada atractivo. Conveniente para que la gente les importara una mierda ver a dos mujeres con trajes rojos acompañando a un muchacho de aspecto medianamente natural.
Ashley cumplió su amenaza y lo primero que hizo fue tomar una ducha mientras ayudabas a Andrew acomodar tu espacio en el sitio. Lo que menos quieres es darte demasiada importancia pero no pudiste evitar notar la manera en que él te miraba; no era una mirada lasciva ni mucho menos, era más bien pura desconfianza. Por lo tanto la pregunta que te hizo de la nada te tomó absolutamente con la guardia baja.
— ¿Eres lesbiana?
—Wow, que directo.
—Lo siento, no acostumbro abordar a las personas de esta manera pero tú no pareces…
— ¿Normal? —Andrew desvió la vista ante tu declaración, luciendo incómodo. Tus recientes impresiones del hermano mayor de Ashley se están yendo por el caño. Si pensaste que él era cortés o siquiera un poco agradable, esas ideas están cambiando, pues tal parece que se sobre esfuerza en aparentar ser otra persona. ¿Convicción o infundado?
—No es eso lo que quería decir… —murmuró entre dientes.
—Está bien. Tienes buen ojo. No es que quiera ocultarlo, pero la gente suele tardar en notarlo.
—Ashley… ella siempre ha tenido problemas haciendo amigas, así que… lo siento si te ofendí de alguna manera. Debí ser más sutil.
—Noté que ella tiene un gran complejo de hermano mayor. No está en mí decirlo pero, ya que sacaste el tema, me hizo jurarle que no me enamoraría de ti, si quieres te lo juro a ti también.
—No es necesario. —Lo viste sacar una bolsa con un cambio de ropa y dejarlo en el sillón antes de emprender marcha fuera de tu perímetro, tú no dejaste de mirar su espalda, confundida por lo que acababa de suceder, sintiendo un choque de electricidad en cuanto se giró para verte de nuevo. Podría ser la distancia establecida entre ustedes pero los ojos de Andrew lucían aterradores y las sombras del pasillo acentuaban le ira en su expresión muerta—. Sólo puedes ser su amiga, ¿entendiste?
Y se retiró dejándote con una sensación de ardor en el estómago. Hijo de puta.
Notas Finales: Ni las personas gays se le escapan a este loco, jajaja.
