Monologo de Roswaal.

Solo sigo mi propósito

Mi vida dio un giro el día en que la conocí. A las puertas de la muerte, solo llevaba consigo la desesperanza. Al contemplarla, quedé prendado de su indescriptible belleza, pero eso pasó a segundo plano ante la magnitud de su ser.

Crecí creyendo que era suficiente para protegerla, pero ese desgraciado se llevó lo que yo ansiaba, se llevó lo que amaba. Para ser fuerte, debes transitar el camino de los fuertes, y por eso, ahora me encuentro convertido en un payaso.

He cometido acciones irreparables, he arrebatado la vida de mis generaciones en pos de mi propósito.

Aunque creo firmemente que, si el resultado es el correcto, el proceso para alcanzarlo carece de importancia. Si al final del día puedo volver a verla, sentir su presencia y escuchar su voz, cualquier sacrificio palidecerá ante esa posibilidad.

Pero este libro, que supuestamente debía revelarme el futuro, me hace cuestionar todo.

—¿En qué he fallado? —me pregunto mientras observo el libro que proyecta el futuro que me llevará a mi objetivo. Se vislumbran errores, algo impensable dado que fue creado por la persona a la que más aprecio.

Hay detalles extraños, como si hubiera sido reescrito o modificado. Marco Luz, el hombre destinado a guiarme hacia mi propósito, muestra actitudes extrañas, fuera de lo descrito en el libro de la sabiduría.

Parece saber más, conocer todo, incluso parece conocerme a mí.

Pensé que eran simples detalles no considerados, pero esta vez debo intervenir. Si el futuro escrito es el correcto, entonces es mi deber corregir los errores. No puedo permitirme desviarme de este destino, sobre todo ahora que estoy a punto de lograr grandes cosas.

La luz del día y la suave brisa acarician mi piel. —El día en que también puedas sentir esta brisa, el día en que regreses aquí.

Oh, mi dulce amada, anhelo el momento en que pueda admirar nuevamente tu belleza, escuchar tu voz. Sé que nunca me considerarás, pero eso es algo que no me importa, mi plan va más allá de eso.

Pronto lo comprenderás, soy un hombre de grandes ambiciones, te quiero a ti y solo a ti. No me arrepiento de nada, si tengo que utilizar a todos a mi alrededor para tenerte. Si puedo obtener lo que nunca pude. Nada más importa.


Prologo

En Pos de la Verdad

—¡Duele!

—¡Mi pierna! ¡Por favor!

Los gritos y el dolor inundan el ambiente. Contemplo mis manos, con pequeños guantes de cuero ensangrentados. El equipo de sanadores está haciendo su labor mientras yo aprovecho para descansar. Gasté una cantidad considerable de maná durante la batalla contra aquel monstruo.

Todos a mi alrededor muestran terror en sus rostros; hay personas sin heridas físicas, pero con profundas cicatrices mentales. Marco menciona que esas heridas son consecuencia de grandes episodios de estrés.

Creo que era...

—Estrés postraumático —susurro mientras llegan los carruajes con los heridos.

Marco, Beatrice y Crusch siguen sin aparecer, y no tengo noticias de él a través del metia. No sé dónde están, pero estoy segura de que la batalla que enfrentaron no fue sencilla.

Un soldado me explica que el enemigo consumió una especie de cristal y luego entraron en ese estado. Varios cadáveres estaban deformes y expulsaban un líquido negro.

Los sentimientos son abrumadores, la cantidad de personas que se han reportado muertas hasta el momento sigue aumentando.

Yo... No deseaba esto.

Aprieto mis temblorosas manos, consciente de que como líder debo mostrar fuerza.

Debo actuar como Marco y demostrar fortaleza para que todos encuentren un punto de apoyo.

Sigo curando, y poco a poco los heridos comienzan a disminuir. Han pasado horas, sin embargo, no hay noticias de ellos. La tormenta ya está cesando y no llega ninguna información.

La guerra se dio por terminada, pero ni siquiera en Costuul han dado noticia.

Ganamos la guerra, pero perdimos a tantas personas, individuos con sueños, con esperanza. Personas que habían depositado su felicidad en Irlam, personas con familias que ahora han sido destrozadas.

¡Qué cruel!

Es un destino demasiado cruel, todo por simples intereses. ¿Es acaso mi culpa? Una vez más, esos pensamientos se introducen en mi mente.


Capítulo 1.

¿Qué sucedió?

Siento una mano en mi hombro y, al dar media vuelta, veo a Luan, cubierta de vendas. Su rostro, aunque cansado, aún mantiene una determinación inquebrantable. Ella es fuerte, además de inteligente.

En cambio, yo...

—Deberías seguir descansando. —Me levanto para ayudarla a sentarse.

Con una sonrisa ligera, ella permanece de pie, mostrando fortaleza en este desastre desgarrador.

—Como coronel y estratega, debo mantenerme en pie. —Ella señala a Alsten, que está haciendo informes; él también está vendado.

Todos parecen estar haciendo lo que deben. Yo también, aunque me cueste, me esfuerzo por el bien de todos. Es mi deber, pero hay algo que siento que está mal. Fuerzo una sonrisa para darme fortaleza.

—No te preocupes, mientras esté aquí, no permitiré que nadie más muera. —Acaricio con cuidado la cabeza de Luan y me dirijo hacia el capitán Lucas.

Ella sigue siendo una joven, hacerla pasar por tanto estrés no es sano. Ahora, con el capitán aquí, debo tener cuidado con cómo proceder. Lucas perdió su brazo antes de que yo llegara; fue aplastado y no tiene posibilidad de recuperación.

Mi magia de sanación no es tan efectiva como la del caballero Félix, pero hay cosas que sí puedo hacer.

Él me mira con una expresión algo desanimada, mientras yo mantengo mi sonrisa.

—Te prometo que no habrá complicación alguna. —Sonrío, intentando infundirle ánimos para que tome su decisión.

Mezclar la medicina con la magia permite realizar el traslado de un cuerpo. Las opciones de sanación son costosas y se reservaron para aquellos en peores condiciones.

Actualmente, no hay forma de realizar pociones en masa con las máquinas de Marco, por lo que todo depende de mí. El procedimiento para el trasplante de brazo implica usar el miembro de una persona fallecida que sea compatible con su forma.

Marco no me enseñó mucho al respecto, ya que él desconocía el proceso, así que tuve que experimentar por mi cuenta. Aunque fue cruel, utilicé animales para ello.

Gracias a eso, ahora tengo la confianza para hacerlo correctamente.

Lucas mira hacia el suelo y, después de pensarlo, asiente.

—No podría continuar de otra manera. Estoy de acuerdo con el procedimiento. —Su mirada se dirige al suelo, mientras su otra mano tiembla levemente.

Su confirmación me llena tanto de alegría como de temor. Pongo mi mano en su hombro y me aseguro de que vea la mía.

Le sonrío con todas mis fuerzas e intento brindarle todo mi apoyo.

—Entonces, procedamos con el trasplante. —Afirmo mientras llamo a un equipo.

Los sanadores se ven bastante agotados; todos tienen entrenamiento tanto mágico como médico, pero después de horas en esto, puedo ver a todos exhaustos. Pero, después de todo, es nuestro deber.

Por el bien de todas las personas que nos necesitan.

Dos ayudantes mujeres traen el cuerpo del herido. Son chicas con las que he trabajado bastante.

Detrás de ellas viene mi ayudante, un chico demihumano que se unió al ejército como parte del escuadrón de sanadores.

Observo el brazo, aún ensangrentado. De momento, no hay forma de saber si la sangre es compatible con el cuerpo. Además, si no recuerdo mal, esa sangre sin circular ya debe estar pudriéndose, por lo que es primordial actuar rápidamente.

La contextura de ambos brazos es igual; la única diferencia notable a simple vista es el color de la piel, que es un poco más moreno.

Ahora, debo drenar la sangre del brazo a implantar.

Mi ayudante utiliza magia de agua para introducir líquido a través de las arterias y venas. Poco a poco, la sangre fluye hacia afuera.

Normalmente, este proceso no se realiza con agua, pero ante la falta de materiales, debemos ingeniar una solución de esta manera.

Los magos limpian la sangre y extraemos rápidamente la sangre de Lucas. Poco a poco, comenzamos a infundir su sangre, y ahora viene la parte más difícil. Para unir su brazo, debo ir imbuido maná poco a poco.

Ahora tengo que cortar parte del hombro de Lucas; sin este paso, la sanación no podrá llevarse a cabo.

No soy una sanadora prodigio como Félix. No tengo las habilidades de Beatrice. Pero tengo pasión; he aprendido y me he esforzado por aprender.

Es por eso por lo que sé que todo saldrá bien. Los músculos se van uniendo gradualmente, y la sangre fluye. Ahora, todo lo que tengo que hacer es seguir infundiendo maná.

Marco menciona que en su mundo se puede hacer sin magia, aunque son operaciones extremadamente difíciles. Me ha contado que incluso se pueden hacer con corazones.

Es increíble y algo que me gustaría presenciar algún día. Supongo que es imposible, aunque, tal vez... Si Marco fue traído, ¿qué impide que algún día pueda ir?

Marco no ha compartido mucho sobre su pasado; habla de su mundo y cuenta que este lo rechazó, pero su historia personal sigue siendo algo que mantiene oculto.

Relata anécdotas con sus padres, pero no revela más allá de que fallecieron.

Una vez que la piel se une, puedo ver el brazo. Lo primero que hago es realizar movimientos manuales para comprobar su funcionamiento. La anestesia es algo que no existe, así que la única opción es inducir el sueño y utilizar magia constantemente para mantenerlo inconsciente.

Debo insistir en realizar más investigaciones al respecto.

Con personas fuertes, sería complejo, ya que entre más maná poseen o más entrenados están, sus cuerpos pueden recuperar la consciencia rápidamente. El dolor también es un factor, pero la magia de sanación disminuye la sensación de dolor.

—Está hecho… —dice una chica, murmurando cansada, cayendo al suelo después de usar tanto maná.

Me quito el tapabocas y le doy una gran sonrisa.

—¡Sí!

En ese solemne instante diviso una figura, esta se acerca rápidamente, y la luz hace brillar su cabello. Es Otto, quien se acerca con una mujer. Su mirada preocupada me dice que no ha pasado algo bueno.

Ya lo suponía, pero no quiero que sea lo que está gritando mi corazón.

Una vez nos apartamos del campamento, Otto empieza a explicar:

—Esta chica afirma que vio pasar el globo hace un tiempo. —Otto me mira con preocupación—. Debido a la medida que implementamos, era complicado que saliera de su hogar, pero en estos momentos nos estamos poniendo en contacto con las familias.

Intento ocultar el temblor en mis manos y el temor que arremolina mi corazón. Debo ser fuerte.

—¿En qué dirección fue el globo?

La chica señala en dirección al bosque de Elior.

No…

Esa dirección parece ser el lugar al que Marco envía alimentos.

—El santuario —susurra Otto, mirándome con una expresión decaída.

Mi corazón se siente como si se fuese a salir. Si algo les pasó a los tres, si alguno de ellos no volvió.

Aunque no entiendo.

¿Qué pudo haber sucedido?

Solo hay una persona que podría ayudarnos en esta situación.

—Debemos hablar con Roswaal. —Aprieto mis manos, volviendo al campamento.

Tengo que terminar de curar rápido o no podré ir con ellos.

Me coloco el tapabocas y camino hacia un herido; sin embargo, uno de los chicos sanadores me detiene.

—Señorita Emilia, no se preocupe, la situación está controlada. Lo mejor es que descanse. —El chico me mira preocupado—. Sabemos que usted ha luchado y necesita descansar.

Miro hacia los demás, quienes se inclinan y me miran con expresiones determinadas. A pesar de estar cansados, todos parecen preocuparse por los demás. Esto es… realmente algo que nunca experimenté. Solo de niña, pero desde que dejé el bosque, nunca pude conocer tanto el mundo y a las personas.

Ahora estoy determinada.

Tengo que ir, sin importar donde puedan estar.

—Déjame ir contigo. —Luan me toma del brazo, mirándome fijamente.

—No deberías ir, sigues recuperándote.

Ella ha estado forzando su cuerpo demasiado, pero la mirada que está haciendo ahora no parece la de alguien que ha estado luchando. Esos ojos rojos brillantes, su cabello con puntas de color rojo. Esa aura, ese maná que se siente tan cálido y caliente a la vez.

Doy un suspiro, siendo derrotada por su determinación.

—Está bien, vamos.

Luan sonríe y junto a Otto vamos con Roswaal. En el carruaje camino a la mansión, noto inquietud en Otto, quien parece nervioso.

—¿Nunca habías hablado con Roswaal? —pregunto, intrigada por su actitud extraña.

Él se ve distraído, como si temiera algo. Este, sin mirarme, responde:

—No, nunca.

Quizás piensa que es un noble amargado o alguien con quien no se debe hablar.

—Él es alguien un poco excéntrico; sin embargo, siempre ayuda cuando se le necesita. —Intento calmar su ansiedad, pero, para ser sincera, ni yo sé quién es Roswaal en realidad.

Ahora que me esfuerzo por entender a las personas, veo todo de forma tan misteriosa. Pero él siempre ayuda. No... curiosamente, nunca ha ayudado cuando más se le necesita.

Marco y Roswaal ya han discutido por eso, pero es verdad que siempre es extraño.

De alguna forma, siempre tiene las manos atadas cuando se trata de apoyar en crisis. Es raro, pero tampoco creo que sea un motivo para que Marco sienta aversión por él.

Puck también me lo advirtió mucho. Todos parecen conocer algo sobre Roswaal que yo no. Me molesta, pero a la vez tengo temor de impulsar algo que termine en desastre.

Camino por los largos pasillos, en dirección a su despacho. Si tengo que enfrentarlo, lo haré. No soy como antes, debo cambiar y ser más fuerte.

Una vez me encuentro frente a la puerta de Roswaal, veo que Otto está ligeramente temblando. Pongo mi mano en su hombro y le muestro una sonrisa con todas mis fuerzas.

—Todo saldrá bien, ¿sí? —intento calmarlo, y este me sonríe de vuelta.

Abro la puerta y veo a Roswaal, con una gran sonrisa.

—Supo~~ngo que se acabó. —Roswaal sonríe plácidamente mientras acomoda unos papeles.

—Sí, pero no he venido por eso. —Respondo, entrando a su despacho mientras me preparo mentalmente.

Debo calmarme, Marco siempre me dice que mientras me mantenga con calma podré salir adelante. Roswaal se inclina con curiosidad; su mirada, a veces, se siente como la de Marco.

Es como si las cosas no le sorprendieran, como si ya supiera lo que va a pasar. Como si lo que ve no estuviera unido a él.

—Vaya~~, ¿qué puede traer a la señorita Emilia a mi oficina entonces? —pregunta, su mirada tratando de penetrar lo más profundo de mi alma.

Comienzo a contarle la situación; rápidamente, su mirada se torna un poco preocupada, pero no sé si lo está pensando bien.

No poseo la misma habilidad que Marco para descifrar las emociones ajenas. Aunque he aprendido de él y de los demás, aún soy una novata en ese aspecto. Sin embargo, de alguna manera, tengo la sensación de que él ya intuye lo que voy a decir.

—Escuché que Marco tuvo problemas con el globo. No está confirmado, pero es posible que se encuentre en dirección al santuario.

En ese momento, Roswaal sonríe y reacciona casi de inmediato.

—Deberíamos dirigirnos al santuario lo más pronto posible. —Se levanta, dirigiendo su mirada hacia Ram.

Ram se inclina y anuncia que irá por un carruaje.

—Es crucial ir antes de que caiga la noche, —añade Ram, desapareciendo sin añadir más detalles.

Me siento incómoda al pensar que tomó esa decisión tan rápidamente.

¿Será que realmente está involucrado en esto?

No, no debo permitir que esos pensamientos tomen forma.

Él me ha brindado su ayuda de manera incondicional; desconfiar de él es algo nuevo que estoy experimentando. Yo no era así, pero también...

Mis reflexiones son interrumpidas por alguien.

—Creo que sería práctico ir con un escuadrón. —Otto toma la palabra, superando su miedo—. Puede que sea necesario para garantizar nuestra seguridad.

Roswaal mira a Otto, su sonrisa desaparece. Ahora, da la sensación de que algo realmente lo sorprende.

Otto se da cuenta de que no se ha presentado y se inclina.

—Tesorero de Irlam, Otto Suwen. —Otto realiza un saludo formal, con sus piernas ligeramente temblando.

¿Acaso siente tanto miedo de él?

Roswaal se acerca a Otto, este extiende su mano y la sonrisa de Roswaal vuelve.

¿Será que Otto sabe algo sobre Roswaal?

—Un placer conocerte. —Roswaal y Otto se miran fijamente, luego Roswaal le da la espalda.

Salimos al patio a esperar a Ram, y Otto rápidamente llama a un escuadrón. Atendiendo al llamado, un carruaje llega en unos pocos minutos.

Cuando me encuentro con el capitán del escuadrón, una sensación de temor me invade. Siempre ha sido una figura misteriosa que me transmite malas vibras, aunque Marco insiste en que es noble y que esa sensación es solo producto de mi imaginación.

—Capitán Bright a sus órdenes. —El escuadrón completo realiza un saludo militar y se prepara. No comprendo por qué Otto solicitó un escuadrón, pero él también parece estar al tanto de algo que escapa a mi conocimiento.

Mientras Luan charla con Otto, yo fijo la mirada en el cielo. Puck, necesito tu fuerza. Siento que estoy al borde de caer y dormir durante un mes entero. Todo ha sido terrible, un desastre.

Mi mano se posa en mi rostro, cubriéndolo, mientras siento el peso abrumador sobre mí. Anhelo dormir, encerrarme en mi habitación y olvidar todo lo ocurrido.

No logro entender cómo las personas pueden ser tan crueles. Me cuesta comprender qué las impulsa a recurrir a la maldad. Ese monstruo, ese ser que antes fue humano, común y corriente.

Por otro lado, la incertidumbre sobre lo sucedido con el globo me consume.

Es poco probable que Marco no pudiera controlarlo, especialmente teniendo pleno dominio de la magia de vuelo.

La idea de que se quedara sin maná es una posibilidad, pero resulta increíble considerando lo cauteloso que es. Además, Betty también podría haber intervenido.

Mis pensamientos se vuelven frenéticos, y la ansiedad en mí crece sin cesar.

Ram aparece con los carruajes, y rápidamente subimos. Luan se sienta a mi lado, su aura cálida calma un poco mi corazón. Sé que ella aprecia mucho a Marco, y él casi la considera parte de su familia.

Luan me ha contado que lo ve como un hermano mayor, y eso me reconforta enormemente.

Marco es verdaderamente un tonto, siempre haciendo todo por cuidar de las personas que ve en soledad, esforzándose por sacarlas de allí y darles un sentido. Lo hizo conmigo, con Rem, con Betty, con Luan.

Otto también parece recibir su ayuda. Incluso en el pueblo, siempre en sus tiempos libres, se preocupa especialmente por los jóvenes en situación de abandono. Eso es algo que me gusta de él.

Sonrío, aprovechando que no hay nadie del ejército para acariciar la cabeza de Luan.

—¿Señorita Emilia? —me pregunta, visiblemente sorprendida.

Con una sonrisa, intento hacerla sentir más segura.

—No te preocupes, los tres estarán bien, e incluso si no lo están. —La miro con determinación—. Mientras yo esté, podré curarlos.

Luan sonríe y asiente con la cabeza. Es una chica que se fuerza a sí misma a ser fuerte, pero al final, sigue siendo una niña. Jeje, parece que estoy empezando a pensar como Marco.

Roswaal me entrega un collar, diciendo que me lo mantenga puesto en todo momento. Tiene la apariencia de un cristal piroxeno. Es algo curioso, pero no parece peligroso.

—Senti~~rás un cho~~que en tu cuerpo, en el pe~~or de los casos te desmaya~~rás; solo será momentá~~neo.

Asiento, y en un instante siento como si algo quisiera escapar de mí. Mi visión se vuelve borrosa, y siento que estoy a punto de desmayarme, pero en un instante la sensación se convierte en una molestia dolorosa.

De alguna manera, estoy consciente.

Siento una sensación cálida que proviene de mi mano derecha, y al verla, noto que Luan la sostiene con fuerza mientras parece sufrir un dolor similar. Su calor invade mi cuerpo, y rápidamente logro calmarme.

Luan menciona que ella también sintió algo. Esto me sorprende, y Roswaal es el primero en hablar.

—Interesante. —La mirada de Roswaal se clava en Luan, cuyo cabello comienza a brillar en un rojo intenso.

El calor se intensifica, y Roswaal utiliza su maná para calmar la sensación. El cabello de Luan vuelve rápidamente a su blanco natural, y ella empieza a jadear cansada.

—No entiendo qué sucedió. —dice Luan, sus ojos brillando con fuerza.

—Es la barre~~ra, una barrera que impi~~de que los demihu~~manos que viven aquí esca~~pen.

Luan mira sorprendida a Roswaal, pero rápidamente se calma.

—Eso significa que yo... —Luan parece sorprendida, sin embargo, en este momento debo centrarme en lo que viene por delante.

—Descubriremos qué es lo que pasa, pero primero debemos concentrarnos en lo que está por venir. —Miro a Luan con una sonrisa confiada, haciendo que se tranquilice. Sí, ahora debemos saber si los tres se encuentran aquí.

El carruaje se detiene, y la primera persona que veo es un niño pequeño. Sus dientes filosos y cabello puntiagudo me traen recuerdos de alguien. ~

Rápidamente camino hacia él.

—¿Eres hermano de Frederica? —pregunto, haciendo que este se vea visiblemente sorprendido—. Eres Garfield, ¿verdad?

—¡Tú quié' eres! —se aparta, por lo que entiendo que me emocioné un poco de más.

Con una sonrisa, pongo mi mano en mi pecho.

—Candidata al trono, Emilia. —Miro a Garfield con confianza, y este parece un poco abrumado por la situación.

Entonces, me fijo en la personita a su lado, una chica que parece una elfa. Su mirada se ve cansada, pero su salud no parece ser el problema.

—Vaya, qué persona tan enérgica tenemos. Supongo que vienen por las personas que Garbo encontró.

Abro los ojos, sintiendo que mi corazón va a salir de mi pecho.

—Efectivamente. —Roswaal sale del carruaje, y Garfield lo mira con cierta molestia—. Queremos verlo.

Ella sonríe y nos guía hacia una casa. Mi corazón sigue latiendo con fuerza, sin saber con qué se va a encontrar. Ella abre la puerta, y entonces los veo.

Cubiertos de heridas, sangre en la cama y una sensación ominosa.

Sin embargo, lo que más me preocupa es que falta alguien, alguien que no siento por ningún lado.

—¿Betty?


Capítulo 2.

En Busca de Respuestas

Mi cuerpo pesa, mi alma se encuentra atrapada como si se tratase de una prisión. Yo... sé que me hice la promesa de no caer, de seguir adelante. Me hice la promesa el día que perdí a mi madre, el día que escapé.

Me hice la promesa de que no lloraría, de que lucharía por el bien de quienes quiero. De quienes lo necesitan.

En ese entonces, me creí un héroe, alguien que revolucionaría el mundo y ayudaría a todos. Ahora, mi corazón está destrozado y mi alma está en un mar muerto. ¿Es tan malo el pecado de mi existencia? El pasado es lo que es, lo que ha sucedido no va a cambiar sin importar qué haga.

Los ecos del destino van a seguir avanzando y desvaneciéndose.

Ahora, debo convertirme en un monstruo.

Alguien que no sufre, debo transformarme en la persona que juré no volver a ser. Madre, padre, si están viendo, por favor, dejen de mirar. Abro mis ojos, encontrándome bajo un techo desconocido.

Estoy en una habitación solitaria, ligeramente polvorienta. No hay ruidos externos, solo escucho la respiración de las dos mujeres a mi lado.

Mi aspecto ha cambiado, mis ropas han sido reemplazadas por una bata. En la mesa de noche, veo un cambio de ropa. Emilia duerme, sentada mientras sujeta mi mano.

Su semblante apagado me indica que se ha dado cuenta.

Es probable que no haya sentido a Beatrice, es probable que no comprenda lo que está ocurriendo. El odo de Beatrice se ha fusionado por completo con mi puerta, ahora su maná puro reemplaza el mío. Es diferente, sutilmente diferente.

Percibo ligeramente el maná en Emilia, el maná en Crusch.

Todavía puedo escucharla, todavía puedo sentirla. No puedo creer que tenga que pasar por esto de nuevo, que tenga que perder a quienes quiero.

Cojo el collar entre mis manos, el cristal parece contener una niebla purpúrea. Puedo sentirlo, cargado de miasma.

Beatrice ha entrado en este cristal, o al menos eso quiero creer. No sé qué sucederá, después de todo, es algo nuevo para mí. Utilizo mi maná para intentar forzar una conexión con Beatrice.

Imbuyo e imbuyo, pero no recibo nada.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Cuatro veces.

Muerdo mis labios, intentando contener el torrente de emociones en mi interior. Lo guardo todo, mientras en lo más profundo siento cómo mi cuerpo quiere explotar, deshacerse.

Aprieto las sábanas con fuerza, tratando de contener el dolor que me embarga. Siempre he sido capaz de olvidar, de fingir que nada sucede. Entonces... ¿Por qué duele tanto? ¿Qué es esta sensación que me consume?

La muerte de mis padres, la pérdida del resto de mi familia, pude soportarlo a pesar de amarlos a todos. Entonces, ¿por qué este dolor, esta sensación de estar muerto? ¿Por qué estas ganas de creer que todo es un sueño, que es simplemente falso?

No llevo ni un año con ella, entonces... ¿Por qué tengo ganas de rendirme?

No... Debo convertirme en un monstruo. Sí, debo hacerlo para protegerme, y para proteger a quienes quiero.

Me levanto de la cama y observo que mi cuerpo está en buen estado. El miasma me rodea, ahora puedo sentirlo, así como también percibo mejor el maná.

El maná helado de Emilia, el maná calmado de Crusch.

Es probable que tenga algo que ver con el odo de Beatrice. Miro a Emilia, quien se ve descuidada, con manchas de sangre y barro en su ropa.

Parece que se quedó dormida después de curarnos.

Aun así, es extraño que no la hayan cambiado, está bastante desaliñada.

Encuentro un balde con agua limpia y una toalla. No quiero despertarla, pero puedo limpiarla un poco. Con extrema precaución, le quito su chaqueta, que es lo que tiene más sucio. Dejándola solo con una camisa, la recuesto en la cama.

El hecho de que no despierte indica el profundo cansancio que la agobia.

Limpio sus brazos y rostro con cuidado. Los cortes en su chaqueta me indican que también tuvo que luchar. Eso significa que las cosas se complicaron en Irlam. Quito sus botas y la cubro con la manta.

A pesar de luchar, de curar a los heridos, viene aquí y termina por desmayarse.

—Es una tonta. —La miro mientras mi corazón busca escapar a alguna parte—. De verdad… Al menos, servirá así.

Camino para salir de la habitación, dejándolas a ambas descansar. Abro la puerta con cuidado y la primera persona que veo es a Ram, quien parece estar de paso. Ella me mira con cierta sorpresa, pero no estoy abierto a juegos en este momento.

Debo contener mis ganas de matar a Roswaal, pero en este momento no puedo hacerlo.

—¿Dónde está Roswaal? —pregunto, sin intenciones de entablar una conversación. Ese bastardo fue quien permitió que esto sucediera.

Gracias a él todo esto ha ocurrido.

Lo voy a matar, lo voy a matar, lo voy a matar, lo voy a matar, lo voy a matar, lo voy a matar.

Lo mataré, lo mataré.

Lo haré ahora, apenas lo vea. Lo voy a matar sin duda alguna.

—Es esa una mirada más asquerosa de lo habitual. —Ram me mira directamente, haciendo una expresión disgustada.

Sin dirigirle la palabra, sostengo la mirada. Toda la calma de despertarme se ha ido, en este momento solo tengo un deseo.

Ahora no es momento de juegos estúpidos. Ram me guía hasta la habitación de Roswaal. Mientras avanzo, intento reconocer el lugar; sin embargo, no lo recuerdo en absoluto. Sé que no es la mansión ni Irlam.

De hecho, si Roswaal está aquí y Ram también está aquí, las cosas son de cuidado personal que sostiene.

«El santuario...» —pienso para mí mismo, mientras analizo la situación. Ram se detiene frente a la puerta.

Esta extiende su mano para abrirla, pero antes de hacerlo se gira hacia mí.

—Déjame advertirte algo, Marco Luz. —Ram me mira con una expresión molesta, pero a diferencia de lo habitual, esta está cargada de una sensación pesada—. El señor Roswaal se encuentra herido, así que no hagas nada que pueda lastimarlo.

Intentando intimidarme. Supongo que se percató de mis intenciones.

Sus palabras solo pueden confirmar la ubicación de este lugar, lo que significa que es hora de que Emilia haga las pruebas. Pero eso no es lo importante, Roswaal usó la magia de cambio de clima mucho antes, no solo eso, sino que ahora está herido.

Entonces, quizás pueda matarlo sin tener que luchar mucho.

Pongo mi mano en el brazo de Ram, aprieto con fuerza y la miro directo a sus ojos. En este momento no tengo miedo, lo único que siento es odio.

—Ese no es tu problema.

Aparto su brazo y entro a la habitación. Al entrar puedo sentir el aroma de hierbas medicinales, mientras que hay una poción a medio tomar que se muestra desde la mesa de noche.

Cubierto de vendas, este parece estar bastante herido. Su maná también es escaso, pero hay algo raro en él, es un maná turbio. La sensación de que no es algo que le pertenezca.

Como si lo estuviese usurpando.

¿Será efecto de matar generación tras generación? Lo bueno es que es escaso, su maná parece estar recuperándose apenas.

Es una vista agradable, no me cansaría de verla nunca.

Como supuse. Quizás tenga alguna oportunidad para matarlo. Durante la batalla pude hacerlo, por primera vez, usé la mano oculta.

Intento sacar una mano, haciendo que mi interior se revuelva y una migraña extrema me hace titubear.

El dolor es insoportable, pero tengo que soportar por el bien de mis objetivos. Acerco la mano invisible a su rostro, asegurándome de que no pueda verla.

Oculto su mirada y elevo mi pulgar con una sonrisa.

—Te ves bien, supongo que la señorita Emilia hizo un buen trabajo —dice Roswaal, mientras sostiene con su mano la poción.

En ese momento, Ram entra, caminando hasta situarse al lado de Roswaal. Ella parece preocupada por él, mientras que a mí solo me muestra una expresión molesta.

Ambos deberían estar al tanto, especialmente Roswaal.

—¿Por qué le diste esto a Beatrice? —señalo el collar, mientras intento contener el deseo de acabar con él.

No puedo matarlo, ese es el gran problema; aunque lo desee, no puedo hacerlo porque su trasfondo lo protege. No importa si es fuerte o no, lo crucial es que matarlo me convertiría en enemigo de todo Lugunica.

Aunque, si lo mato y regreso para aliviar mi corazón. Perder una vida valdría la pena, supongo que podría hacerlo.

—Va~~ya, no me malinterpretes, eso fue algo que dejaron mis~~ante~~pasados para proteger el alma de alguien —responde con una sonrisa, como si se estuviera divirtiendo.

Aprieto mis dientes con fuerza, no necesito ver mentiras para saber que es una total patraña.

Pero no permitiré que me engañe.

—¿Una protección que contiene miasma? —pregunto, mirándolo con enojo mientras veo cómo ambos se sorprenden—. Eso es raro, que tu familia posea algo así.

Roswaal parece un poco sorprendido, pero rápidamente vuelve a sonreír.

—Así que, parece que puedes ver más ahora, supongo que por eso era necesario el odo del espíritu. —Roswaal saca un libro de la parte trasera de su almohada.

Un libro blanco, grande como una enciclopedia. Lo abre y comienza a hojearlo, mientras parece alegrarse más y más.

Ram es la única que parece no entender, pero eso no es algo importante ahora.

—Ahora mismo podría matarte, si quisiera, podría matarte sin mover un solo brazo.

Expulso mi maná, mientras apunto la mano oculta a su cuello.

Si no lo puede ver, si no lo puede evitar, entonces podría matarlo sin tener que hacer mucho esfuerzo.

—¿Y eso traería de vuelta a tu queri~~da espíritu? ¿No necesitas de mi~~ sabidu~~ria?

Siento el rechinar de mis dientes, presiono mis manos, conteniendo todo en mi interior. Me dirijo hacia él mientras ejerzo presión con mi maná, buscando distraerlo de la mano oculta.

En el instante en que me acerco más, Ram se interpone, mirándome con expresión seria mientras saca su varita y la apunta hacia mí.

—Aún si eres tú, no toleraré que trates de hacerle algo al seño...

En ese mismo instante, con cuatro brazos ocultos, la tomo de sus extremidades, estrellándola contra la pared y deteniendo sus movimientos. El dolor en mi cabeza se intensifica hasta el punto en que siento que mi mente se nubla.

Pero no me dejaré vencer.

—¡Fura! —Ram crea varias hojas de viento para liberarse. En el momento en que está cayendo al suelo, utilizo otro brazo para golpear directo en su plexo solar. Tomo impulso mientras ella se detiene por el shock y, con un gancho, estoy a punto de clavar mi puño en su rostro.

—¡Detente! —exclama Roswaal, mientras intenta levantarse.

Le dedico una mirada, sonriente al percatarme de que se preocupó por un instante. Ram me observa entre sorprendida y furiosa.

—Tu… ¿Qué fue lo que hiciste? —pregunta, mientras yo la miro con desdén.

—Como dije antes, eso no es tu problema.

Le doy la espalda mientras camino hacia Roswaal. Parece que aún necesito controlarlo más. Ram intenta atacarme, pero agarro su pierna y con otra mano oculta presiono su hombro, haciendo que caiga al suelo.

Claro está que ninguno quiere matar; yo tampoco tengo planeado matarla.

Pero si quisiera, lo hubiera hecho con facilidad.

Después de todo, esquivar algo que no puedes ver, en un ambiente que no lo facilita.

¿Cómo podría hacerlo?

—Usa tu magia, vamos, lastima a tu querido secuestrador. —Aprieto las manos, haciendo que Ram haga una mueca ligera de dolor, que es opacada por su ira—. Lo que quiero en este momento es que cierres la maldita boca; una cosa más y tú y él morirán.

Mis palabras van cargadas de maná mientras me acerco a Roswaal.

—Lo que vayas a decir ahora será mejor que lo pienses bien. —Lo sujeto del cuello, mirándolo con odio—. En este momento, puede que esté un poco molesto.

Ahora solo hay algo importante.

—¿Por qué usaste la magia del clima? ¿Por qué le diste eso a Beatrice? —Roswaal sigue sonriendo, mostrándome su libro de la sabiduría y pasando las páginas.

Este, sin sus clásicas muletillas responde:

—No hay nada que puedas hacer en este momento. —Su sonrisa me llena de ira; mi cuerpo y mi alma me piden que lo mate en este instante—. Lo mejor es que encuentres la forma de salir de aquí. Cuando lo hagas, responderé tus preguntas.

Sin dudarlo, clavo mi puño en su rostro. Su nariz se quiebra y la sangre empieza a fluir.

—¡Tú! —exclama Ram, acercándose hacia mí. Roswaal la detiene, mientras yo me limpio la mano.

—Roswaal L Mathers, eres una basura, una basura completa. —Miro a Ram, quien me lanza una mirada de odio profundo—. No siento más que pena por ti.

Salgo de la habitación y Ram me sigue. Ella me agarra de la chaqueta y me pega contra la pared.

—¿Por qué le hiciste eso? —Ram me mira con desprecio, mientras yo intento calmarme.

—¿Sabes qué sucedió con Beatrice? —pregunto, y ella me mira con extrañeza. Supongo que no le intereso o no se dio cuenta.

—Beatrice está muerta. —Suelto los brazos de Ram—. Roswaal fue el que planificó su muerte.

Los ojos de Ram se abren con sorpresa; ella intenta decir algo, pero yo lo evito.

—No necesito tu lástima, ni mucho menos tus bromas. —Le doy la espalda, yendo hacia afuera de la casa—. En este momento, a pesar de que te quiero como una gran amiga, si te interpones en mi camino no tendré más remedio que tomar acciones.

Aprieto mis manos, intentando contenerme y no decir más.

—Si a ti te gusta un monstruo como él, un monstruo que ha cometido actos atroces, un monstruo que no valora la vida de nadie como importante. Un monstruo que ha estado aprisionado por más de cuatrocientos años. —Doy un último vistazo a ella—. Entonces no siento más que pena por ti.

Sí, los monstruos como nosotros no tenemos derecho a un romance.

Al salir, lo primero que diviso es a alguien a quien esperaba ver.

Con cabellos dorados puntiagudos, ataviado con ropas que le dan un aspecto de bárbaro, músculos bien definidos y una mirada afilada.

Es Garfield. Gira la cabeza y me ve, su expresión de inmediato se torna de desagrado.

Claro, con todo el miasma que emana de mí, no es sorprendente. Garfield se aproxima de manera intimidante, pero yo me mantengo firme. Supongo que estoy aquí porque él me rescató.

Me inclino, logrando que se detenga.

—Muchas gracias por salvarme, especialmente por rescatar a Crusch. —Me levanto, observando su sorpresa. Garfield escupe al suelo y me mira con desdén.

—Solo lo hice porque ella estaba contigo —recalca Garfield, acercándose a mí—. ¿Tú ere es no?

—Soy el alcalde de Irlam, Marco Luz. —Sonrío, intentando aplacar su ira—. Si estás actuando así, es porque lo sientes, ¿verdad?

Garfield abre los ojos con sorpresa, sus manos se mueven mientras se acerca con pasos fuertes. Su expresión cambia y el aura a su alrededor se torna más tensa.

—¿Cómo te diste cuenta? —Inclina su brazo para alcanzarme, pero lo detengo usando mi mano, apoyándome con una mano oculta.

La fuerza de Garfield no es cosa de juego.

En este momento, sostenerlo me resulta extremadamente difícil incluso con la mano oculta. Quiero evitar una pelea con él a toda costa.

Mi cabeza da vueltas, el dolor cada vez que utilizo la autoridad de la pereza no hace más que aumentar. El uso de la mano oculta tiene varios efectos secundarios; debo encontrar una forma de lidiar con ellos.

—Tu hostilidad sin sentido no me dice nada; después de todo, ya me ha sucedido antes, no sé si recuerdas a la hermana de Ram. —Lo miro sin temor alguno, buscando hacerle entender que es algo para hablar.

Garfield me observa fijamente unos segundos. Liberando su agarre, me señala hacia el bosque.

—Hablemos a solas. —Garfield me da la espalda y comienza a guiarme. Parece preparado para atacar en cualquier momento; sin embargo, me sorprende que esté teniendo paciencia para esto.

"Mi cerebro tiembla".

Creo que entiendo por qué Petelgeuse decía esas palabras cada vez que usaba la mano oculta. Sin duda, en este momento mi cabeza realmente duele horriblemente. Uso magia de fuego para bajar la temperatura en mi mano, colocándola en la cabeza para aliviar el dolor.

Garfield me lleva a un claro en el bosque. La luz del sol me baña mientras observo la tranquilidad del lugar. Hay un tronco caído que parece el sitio perfecto para sentarse y encontrar tranquilidad.

La leve brisa del viento, los pájaros cantando. Podría disfrutar de esto, si tan solo no tuviera que pasar por todo esto.

—¿Cuánto tiempo estuve dormido? —mi pregunta hace que Garfield se detenga. Este se da media vuelta y me mira a los ojos.

—Dos días, la medio demonio te estuvo curando por un día seguido. —Este me mira con una expresión algo decaída, parece algo decepcionado de la situación.

Al ver su intento de provocarme, o simplemente lo dice por desprecio hacia Emilia, me mantengo firme. Pero eso no es lo verdaderamente importante.

—¿Está vivo? El hombre que traje conmigo.

Garfield, al ver que no caigo en sus provocaciones, se acerca. Sus pasos son pesados y su intención de matar se filtra. Su maná es ligeramente rojo, pesado y bastante denso.

No sé qué pueda hacer, así que saco una mano oculta para proteger mi cuerpo.

—Necesito que me cuentes primero. —Garfield abre su mano, sus uñas similares a garras buscando la oportunidad de apuñalarme—. ¿Eres del culto de la bruja?

Niego con la cabeza, aprovechando el momento para sentarme.

—No lo soy, solo tuve mala suerte. —Muestro a Garfield el collar—. Este collar fue un regalo de Roswaal, creo que también puedes sentirlo… Miasma.

Garfield mira el collar con curiosidad, se queda observándolo unos segundos para luego entregármelo.

—Estoy infectado de miasma, sin embargo, no soy un adepto del culto de la bruja. No estoy obsesionado con la bruja de la envidia y, de hecho, he matado a uno de los arzobispos del culto.

Miro hacia el suelo, recordando las palabras de ese entonces. El cálido abrazo de Beatrice, en ese momento yo...

—¡Ugh! —sostengo mi boca, evitando vomitar por las náuseas repentinas.

Beatrice…

Dame fuerzas, fuerzas para seguir en este camino.

—¿Esperas que te crea? —su pregunta viene con una sed de sangre intensa, un aura roja lo empieza a rodear por completo mientras toma una postura defensiva. Yo no hago nada, después de todo, ya tengo mis brazos listos para actuar.

—Rem, ella también pudo verlo. Roswaal también sabe que lo poseo. —Miro hacia el cielo, viendo las nubes moverse con calma—. Yo tampoco lo obtuve por quererlo. Las cosas no son solo blanco y negro, quiero controlar esta maldición, para poder usarla en contra de esos monstruos. Sí, de forma que, usé el miasma para acabar con todos.

Me levanto, mostrándole la palma de mis manos.

—Mis manos están atadas, no puedo quitármelo y lo único que puedo hacer es soportarlo. —Miro a Garfield con determinación—. No soy un cultista, poseo el miasma, pero no estoy siendo manipulado por su fuerza. En cambio, estoy luchando por controlarla y usarla para acabar con ellos.

Los ojos de Garfield se abren, visiblemente sorprendido por mis palabras. Parece estar por decir algo, pero yo añado:

—Emilia va a liberar el santuario, durante ese tiempo puedes vigilarme o hacer lo que te plazca. —Me levanto, mirándolo con rabia—. Pero, si quieres luchar, entonces no me contendré.

Los labios de Garfield se mueven, parece un poco intimidado por mis palabras. No soy más fuerte que Garfield, tampoco tengo tanto talento de combate. Pero la mano oculta es algo que no pueden ver, solo el poseerla me ayudará a cambiar el rumbo de una batalla.

—No soy tu enemigo, en cambio, me gustaría ser tu amigo. —Sonrío, dándole la espalda.

Yo no tengo ganas de ver mi pasado, y para obtener información sobre el futuro será necesario que Emilia lo haga.

—¿La medio demonio lo hará? —Garfield se mofa, intentando provocarme.

—Bueno, quizás te de una sorpresa. —Apunto con mi dedo, haciendo la forma de una pistola—. Además, en las tierras del marqués y mías el racismo está prohibido, por lo que tenlo en cuenta.

Doy media vuelta y camino hacia la casa nuevamente. Necesito ir al santuario, la única persona que puede responder a mi pregunta es la persona que creó a Beatrice.

Al salir del bosque me topo por primera vez con ella, pequeña, con cabello rosa y un traje que cubre parte de su rostro.

Ella me mira con sorpresa.

—Veo que despertaste. —Su expresión es calmada, sin embargo, al verla un profundo dolor crece en mí.

Ella también debe saberlo.

Que Beatrice…

—Lo siento. —Caigo al suelo, y ella se acerca a mí con rapidez.

Ella intenta auxiliarme, pero no puedo hacer más que disculparme.

Sé que no recordará todo, pero estoy seguro de que la recuerda a ella.

—No pude salvarla, no pude protegerla. —Miro a Ryuzu, sin saber cuál tipo de clon es—. Lo siento, por mi culpa, Beatrice…

Ryuzu me mira con sorpresa.

—¿Beatrice? —pregunta, lo que me sorprende.

¿Las copias no recuerdan quién es Beatrice?

Quizás hay algo que no recuerdo, pero en este momento el libro del arco cuatro está en la casa.

—No importa, disculpa mi reacción.

No pude controlarme en este momento. Parece que todavía soy demasiado débil.

—¿Me podrías ayudar a encontrar el santuario? Roswaal me dijo que debía ir.

Con una mentira descarada, ella asiente y me empieza a guiar.

—Garfield es un chico bastante protector. —Intento calmar la tensión.

Ryuzu me mira y me sonríe, su traje blanco brilla con la luz del sol. Su expresión al hablar de Garfield se vuelve una de cariño.

—Sí, él es nuestro escudo —responde, inclinándose—. No me he presentado, mi nombre es Ryuzu Alma.

—Marco Luz, es un placer. —Me inclino de la misma forma, manteniendo una sonrisa.

Sin decir nada, llegamos al santuario. Es parecido a un templo, aunque en realidad es la tumba de Echidna.

Es grande, lo suficientemente grande para pensar que su plan siempre fue este.

—Gracias por traerme. —Miro hacia Alma, quien parece un poco inquieta.

—¿Qué te pidió Roswaal que hicieras? —pregunta, visiblemente sorprendida.

Creo dos brazos invisibles y con ellos choco con el suelo, volando hacia la entrada de la tumba.

—Nos vemos luego. —Le guiño el ojo, antes de entrar a la tumba.

Al entrar, espero alguna reacción, sin embargo, paso de largo sin ningún problema.

Como sospeché, también tengo la posibilidad de entrar. No creo que sea mi sangre, sino el mero interés de Echidna.

Ahora, debo hacer lo posible por obtener información sobre Beatrice. Sea cual sea el costo.

Sigo mi camino a través de la tumba, la iluminación es vaga, pero rápidamente veo la entrada.

Un espacio abierto, en el cual en frente hay una gran puerta.

Las condiciones para entrar a la fiesta de té son deseándolo profundamente.

En este momento, la única forma de tener respuestas es entrando a la fiesta de té.

—Echidna, tengo algo interesante que proponerte.

Con esto también podré hacer que el plan de Roswaal fracase.

Entonces, como si alguien hablara en mi cabeza, escucho.

"Interesante, déjame invitarte a mi castillo de los sueños"


Capítulo 3.

Juego de Manipulación

Siento como si mi alma se desprendiera de mi cuerpo; sin embargo, de repente, una intensa luz encandila mis ojos. Tras acostumbrarme a la luminosidad, lo veo: un extenso campo que se extiende hacia el infinito.

El cielo azul y la calidez del ambiente lo hacen perfecto para una fiesta de té.

Frente a mí, una pequeña colina se erige, y en su cima, una persona. Está sentada en una silla de metal, degustando lentamente una taza de té. Incitándome a avanzar, camino con determinación.

Sé lo que debo hacer; en este momento, debo obtener a Echidna a como dé lugar. Es la pieza clave para resolver este rompecabezas, la llave para desentrañar a Roswaal, y la esperanza de recuperar a Beatrice.

—Sentí tus profundas ansias de adentrarte en este humilde lugar —son las primeras palabras que dirige Echidna. Su sonrisa revela un profundo interés por la situación.

—En este momento, nadie desea hablar más contigo que yo. —Me coloco a su lado, extendiendo mi mano—. Soy Marco Luz.

Ella sonríe y toma la mía.

—Yo soy... La bruja de la avaricia, Echidna —sus ojos parecen querer devorarme, pero no permito que me intimiden.

Tomo asiento, y ella me sirve una porción de té. Este brebaje será de ayuda para estabilizar la autoridad de la pereza; debo aprovecharlo a como dé lugar. Bebo un sorbo y observo a Echidna, quien parece complacida con tener un invitado.

—Pareces un poco emocionada. —Sonrío, esforzándome por mantener las apariencias.

Si deseo manipular a Echidna, necesito adentrarme en las complejidades de su personalidad. ¿Es una sociópata, una psicópata o alguien que carece de emociones?

Debo descubrir por dónde puedo actuar, qué puedo utilizar a mi favor.

—No he tenido un invitado en mucho tiempo, así que estoy bastante emocionada —Sonríe mientras señala el té—. Ese té, no pensé que lo tomarías.

Termino el té y la miro con una sonrisa confiada.

—Bueno, ciertamente estamos en un mundo… ¿Ilusorio? No importa qué clase de cosa tome, dudo que me haga daño.

Ella cierra sus ojos, asintiendo.

—Ciertamente, aunque todo aquí es parte de mi ser, incluso ese té que estás tomando podría decirse que es parte de mí.

Me sirve otro poco, pero yo mantengo mi calma.

—Con razón sabe tan bien, gracias por servirlo. —Sonrío, haciendo que Echidna se sonroje y me mire con sorpresa—. Tu cuerpo debe saber aún mejor, con este té viniendo de una mujer tan hermosa.

No sabe cómo reaccionar ante palabras tan atrevidas, entonces supongo que no comprende las emociones. Más que no poder sentirlas, su falta de entendimiento la confunde.

Necesito comprobarlo.

—Her… ¡Hermosa! —Echidna reacciona fuertemente, haciendo que parezca sobre actuado.

—Sin duda, usted es una dama muy bella.

Ahora hay algo que debo comprobar.

—Sí, se parece a la señorita Emilia.

Sus labios se curvan levemente, su rubor desaparece ligeramente, pero sigue intentando mantener la sonrisa. Su reacción es sutil, pero dice mucho. Echidna conoce a Emilia desde antes.

—Vaya, debe ser una mujer muy hermosa entonces —responde, mientras toma un sorbo de té.

—Y lo es.

Parece que con Emilia le es difícil mentir, tendré que aprovecharlo. Ella tose levemente y empieza a hablar.

—Ya que viniste a buscarme, debes estar desesperado.

Ella entonces me analiza con una sonrisa.

—Pensar que se apegaría tanto para sacrificar su alma, dando su Odo a una persona. —Echidna se levanta y camina hacia mí—. Esa niña te debió amar mucho.

Mirándome fijamente, busca una reacción en mí.

En este plano, el miasma no parece estar actuando fuertemente. Siento que no voy a perder el control de mi mente tan fácilmente como lo haría en la realidad.

—Me ama, y yo la amo a ella. —Sonrío a Echidna, mientras pienso en su profundo amor—. Es por eso por lo que estoy aquí.

Echidna sonríe y pone su mano en mi pecho.

—El Odo en ti parece estar estable, pero el miasma que posees es bastante denso. Tu cuerpo debe estar luchando por contener ambas cosas. —Echidna sonríe—. El Odo de mi hija parece mantener a raya el miasma, sin embargo, la autoridad de la pereza se activó y no sabes cómo controlarla.

Asiento con la cabeza, mientras pienso en los dolores de cabeza cada vez que la uso.

—Para controlarla necesitas aceptar el poder, hacerlo tuyo. El miasma es una fuerza opuesta al maná, pero también es posible tener el control de ella y hacerla parte de ti.

—Sin embargo, no quiero usarlo demasiado. Pierdo mucha estabilidad mental cuando la uso —respondo, consciente de las consecuencias de usar la autoridad. Cada vez que hago uso del miasma, mi mente se siente como si entrara en caos, como si no pudiera reprimir mi odio.

—A diferencia de una bruja como tú, yo solo soy un humano.

—Pero sigues siendo un candidato a sabio, sin duda, habrá un futuro en el que adquirirás las autoridades y usarás su poder. —Haciendo una sonrisa macabra, pone su dedo en su boca—. Si puedes soportarlas o no será cosa de ti.

Entonces también formo parte de eso.

Un candidato a sabio, alguien compatible con todas las autoridades.

—Entonces tendré que seguir esforzándome. —Termino de tomar otra taza y la miro mientras sigue con su mano en mi pecho—. ¿Cómo recupero a Beatrice?

Ella sonríe, caminando de vuelta y sentándose.

—Su propósito en este mundo fue completado, así que sería algo complicado.

—Pero no imposible, ¿cierto? —No debo dejarme llevar por sus comentarios filosos. Debo ser superior a ella.

—Sí, sin embargo, es un poco complejo de realizar. —Echidna señala hacia el collar en mi pecho—. Ese collar no la mantuvo con vida, sino que la mantiene aprisionada. Es interesante, el miasma en el collar es fuerte, pero que un espíritu se mantenga ahí resultará en algo desconocido para mí.

Entonces empiezo a entender, lo que Roswaal quería era aprisionar a Beatrice, pero debe ser con un propósito.

—¿Cómo la saco del collar?

Echidna se encoge de hombros.

—Mis investigaciones al respecto fueron cortadas cuando morí, lamentablemente solo podría dar una pista. —Ella hace que nieve salga de su mano—. Quizás, en Gusteko tengas respuesta.

Gusteko… En la novela nunca fueron a ese lugar, sin embargo, sé que es peligroso.

¿No había alguien de Gusteko que estaba interesado en nosotros?

Hermod, sí, deberé preguntarle por información.

—Por mi parte, lo máximo que podría hacer es disminuir los efectos del collar en ella, sin embargo, mis manos se encuentran atadas. —Ella suspira, mirando hacia el collar—. Mi hija se encuentra en peligro y no puedo hacer nada, supongo soy una mala madre.

Una vil mentira, una mentira que hace que mi alma arda en furia.

Aguanta Marco Luz, lo has hecho todo este tiempo, no puedes dejarte llevar.

—Bueno, resulta que también es mi hija, solo que a diferencia tuya yo sí puedo intentar hacer algo.

Ella sonríe, con una mirada pícara que parece querer jugar con mis palabras. Antes de que diga algo, camino hacia ella, aprovechando la altura la tomo de las barbillas.

Ella se sonroja, sin embargo, yo no cambio mi expresión.

—¿Qué podrías hacer para recuperar a Beatrice? —pregunto y ella sigue visiblemente ruborizada.

Un acto estúpido, sus ganas de tener control sobre la situación, sobre comprender las reacciones de los demás.

—Tomar a una dama de esa manera, ¿no temes que conquistes mi corazón? —parpadea levemente, mientras parece aumentar su frecuencia respiratoria.

Sonrío, acercándome a ella. La observo de cerca, sus pestañas blancas como la nieve, su aura misteriosa y piel casi perfecta. Sin duda, es un acto solo para estar acorde a lo que piensa que me gusta.

—¿Será? ¿No está bien? —pregunto, manteniendo mi actitud—. Quizás deberíamos juntarnos y sorprender a Beatrice cuando la recuperemos.

Si metiéndome en su juego puedo lograrlo, entonces lo haré.

—Esa propuesta… —Ella parece sorprendida, sus labios tiemblan levemente. Sus ojos viajan por todos lados mientras yo la miro fijamente.

Me siento asqueado.

Completamente asqueado.

De ella.

De mí.

—Hagamos una apuesta. —Acaricio suavemente su mejilla, deslizando mis manos por su piel aterciopelada. Me inclino cerca de ella, colocándome al lado de su oído—. Quiero tenerte.

La propuesta que el protagonista rechazó, la propuesta de tener una mente como Echidna trabajando para ti.

Tendré que jugármela si quiero traer a Beatrice.

Echidna no me va a dar la información que quiero, especialmente porque sé que ella también lo desea. Quiere saber sobre el poder que tengo, por qué parece que la conozco.

—Hace mucho tiempo que llevo queriendo verte, Echidna. ¿Qué tal si hacemos una apuesta?

Sus orejas se tornan rojas a medida que hablo. Ella parece fingir sorpresa, o no sabe cómo tratar con este tipo de situaciones.

No…

Sin duda está actuando.

Me retiro, mirándola aún sorprendida, sus labios temblando y su expresión que parece haber comprendido algo.

—¿Una… apuesta? —pregunta, mientras acomoda su cabello y toca su oreja.

Asiento, reconociendo el paso a seguir.

—Sí, como te he dicho, te quiero a ti. —Te señalo mientras tomo un sorbo de té—. Quiero todo de ti: tu mente, tu cuerpo, tus recuerdos, lo anhelo todo.

Un esclavo, quizás, sería la palabra más adecuada.

—Pero, en mi estado actual, la única salida sería convertirme en un espíritu dentro de tu ser. —Sonríe, como si ya supiera algo—. Romper tu contrato con ella significaría el fin de su existencia, no encuentro otra vía.

Sí, en este momento ella no tiene acceso a mis recuerdos. Así que la mejor manera de hacerlo es según lo tengo planeado. Me acerco a ella, casi tan cerca que puedo sentir su respiración, la tomo de la barbilla y levanto su mirada.

Hago una sonrisa, para demostrarle que quien tiene el control soy yo. En este momento no importa lo que deba hacer.

Obtendré a Echidna.

—Ryuzu.

Mis palabras provocan un cambio en la expresión de Echidna. Ella se acomoda y me mira con seriedad. Yo tomo asiento, apreciando con gracia el pastel de fresa que acaba de aparecer en frente de mí.

—Parece que he captado tu atención. —Sonrío mientras saboreo el pastel que Echidna ha preparado.

Ella entrelaza sus manos, mirándome con una sonrisa.

—Interesante, ¿me podrías decir cómo lo descubriste?

Cierro mis ojos mientras sonrío, pienso un segundo y luego los abro con calma.

—¿Por qué no apuestas también? De esta manera, podrás descubrirlo.

—¿Estás tratando de amenazarme? —Echidna me mira con un aura amenazadora, el mundo empieza a temblar mientras mantengo mi sonrisa.

Parece entenderlo, parece saber lo que tengo en mente.

Supongo que en algo nos parecemos.

—Aunque me mates aquí, hay alguien que te quitaría la vida al instante. —Sonrío, viendo que estoy a punto de obtenerlo—. Y si no me matas, tal vez, después de que se superen las pruebas del santuario, algo le suceda a las Ryuzu.

El cuerpo de una Ryuzu será poseído por Echidna. Si no estoy equivocado, fue el cuerpo de aquella que habla con Garfield sobre no liberar el santuario.

—Amenazar a una bruja. —Echidna sonríe, mientras se sirve un poco de té—. Debo admirar tu valentía.

Echidna toma un sorbo y coloca la taza en la mesa. Parece haber llegado a una respuesta.

—Está bien, aceptemos la apuesta, no obstante, también debo imponer mis condiciones.

Echidna sonríe mientras yo mantengo la calma.

—La apuesta será sencilla. La persona que intentará liberar el santuario es ella, ¿verdad?

Asiento.

Echidna sonríe, como si fuera a disfrutar el momento. Ella asiente con alegría mientras se acerca a mí. Me levanto en consecuencia. Ambos estamos frente a frente.

En este instante, la apuesta lo es todo, así que no hay necesidad de prolongar esto.

—Entonces, le daré cinco intentos como máximo. —Echidna me mira con una sonrisa—. Apuesto a que no podrá superar todas las pruebas en cinco intentos. Te regalo dos fallos, solamente dos.

Cinco intentos...

Emilia debería poder hacerlo en el primer intento.

El dilema reside en esta propuesta. Echidna es la creadora de esos desafíos, y si tiene la capacidad de prever el futuro, podría haber un problema. No, es una apuesta; no hay nada más que decir.

Si pudiera ver el futuro, entonces el protagonista habría caído en sus manos antes de la intervención de Otto.

No...

—Si gano, serás mía; si ganas, seré tuyo. —Sonrío, aceptando sus términos.

Ella asiente, pero levanta su dedo índice.

—Entonces, como apostaste tú, permíteme obtener algo para que esta apuesta sea justa.

Echidna coloca su mano en mi pecho, y una luz incandescente nos rodea. Siento un fuerte calor en mi pecho mientras Echidna sella el pacto. Su pecho también brilla, formando así el contrato de alma.

Más que un pacto espiritual, solo es un acuerdo para obtener algo.

—Espero que no te arrepientas de esto. —dice Echidna con una gran sonrisa—. Es la primera vez que un hombre interesante me propone algo así.

Ojalá Roswaal pudiera escuchar esas palabras; sería un deleite ver su rostro al escuchar semejante afirmación.

Ahora que he dado ese paso, solo me resta guiar a Emilia a través de las pruebas.

—¿Cuándo tenga a una hermosa bruja a mis pies? No veo por qué debería arrepentirme de ello.

Echidna mantiene su mano en mi pecho, y detrás de mí se forma un portal.

—Planeaba otorgarte el derecho a desafiar las pruebas, pero ahora tendrás que observar cómo ella las enfrenta, sí, cómo ella las enfrentará. —Echidna continúa sonriendo, su mirada fija en mis ojos—. Para mí, también será un placer tenerte.

Con un empujón, soy absorbido por el portal.

Antes de que todo desaparezca, sus labios se mueven.

—Disfruta viendo su reacción.

Echidna guiña un ojo, y todo comienza a desvanecerse.


Capítulo 4.

Ya no hay más que perder

Abro mis ojos, siendo atrapados por la luz tenue que viene de la salida. La sensación en mi cuerpo es un poco más tranquila, sin embargo, los efectos del miasma no dan pie, me atacan de inmediato.

Aquella calma que sentí en el castillo ahora es reemplazada por una sensación de peligro, una sensación de odio, de ira.

El protagonista nunca lo supo.

Su cambio de mentalidad, sus arrebatos más fuertes.

El miasma debió actuar lentamente en él. Sus ataques de ira, su actitud desproporcionada, sus celos, todo debe ser impulsado por el miasma sin que se percatase.

Ser un candidato a Sabio.

Solo asi tiene sentido tener este poder.

Un sabio es, por lo lógica, todo aquel que posee experiencia y conocimientos más allá de las personas normales. Con el retorno por muerte puedes conocer todo el conocimiento cuantas veces quieras.

Si, no creo sea una autoridad, si no, el poder inherente de ser el sabio.

O, contradiciendo mis pensamientos.

¿La autoridad del sabio?

No es el poder de un arzobispo, dudo que algún arzobispo pueda absorber otros genes de la bruja. En cambio, el sabio debe poseer todas las cualidades para aceptarlo todo.

Todas las emociones.

Todas las acciones.

Todos los poderes.

Podría explicar porque puedo usar espíritus teniendo miasma, asi como el deber en el libro de la bruja, de ser la persona que camine por delante.

Solo el poder del retorno por muerte puede hacer eso.

Me levanto, mientras analizo las cosas.

Podría repetir un día durante décadas solo para aprender magia. Podría superar a Roswaal en ese apartado e incluso ser más fuerte que cualquiera.

Podría aprender todo sobre la gente.

Podría aprender toda la historia.

Si mis puntos de guardado no fuesen tan pegados sería un poder mucho más útil. Debí usarlo cuando pude, después de todo solo debía morir.

No es tan difícil morir de forma indolora.

No sé qué limite tenga mi memoria, pero si soy un sabio, si esta autoridad me permite incrementar ese límite entonces sin duda es un poder más allá de cualquier otro.

Es una pena, pero solo tengo dos intentos más.

Supongo que tendré que ir por el camino honrado, hacer trampa puede que no le haga bien a mi cerebro. Estoy a punto de caer en un abismo de donde no sé cómo salir.

—jajajaja, que estúpido. —Miro hacía el techo para luego salir del lugar.

El atardecer es lo que me recibe, por lo que entiendo que estuve un tiempo considerable. La primera persona en recibirme es Garfield, quien me mira con una expresion molesta.

—¿Como demo`nios entra` te? —Garfield se aproxima hacía mí, pero yo lo detengo.

—No hice las pruebas, no tengo intenciones de hacerlas tampoco.

Garfield se detiene, visiblemente aturdido.

—Estaba hablando con la administradora de las pruebas. —Sonrío, jugando un poco con él.

Garfield es una pieza que debo conseguir, si quiero conseguirlo debo sacarlo más de quicio. Necesito que él me diga sus emociones para luego usarlas a mi favor.

También lo recuerdo ahora.

Omega, ella también es quien va a tener el cuerpo de Echidna en su interior.

Eso significa que debo hacer que se sacrifique a toda costa, puesto que es la más adecuada para ser el recipiente de Echidna. Ella solo se convenció después de ver a Garfield superar las pruebas, por lo que debo hacer eso a toda costa.

Antes que Emilia las complete todas, debo hacer que Garfield haga también la prueba.

—¿Qué demonio` diji`te? —Garfield me agarra de los hombros y ejerce presión.

Yo me mantengo calmado, mientras analizo que decir.

—Si, la administradora me contó un poco sobre las pruebas, lo que pasa es que tengo una conexión con ella. —Suspiro, fingiendo estar abrumado—. Ella me contó un poco de ti, cosas que solo ella sabe.

Garfield abre sus ojos con sorpresa, mientras da unos pasos hacia atrás.

Ahora debo mostrarme calmado, pero sin insultarle. Me pongo cerca de él, quien parece no saber que está sucediendo.

—Solo un poco, según la administradora eres un "gatito encerrado" —susurro con calma, para añadir—: sin embargo, yo no creo eso, tienes la apariencia de ser alguien fuerte, así que tendrás que callarle la boca por tu cuenta.

Tras una palmada en su hombro Garfield se queda quieto, mientras yo sigo mi camino.

Camino con calma y me encuentro con Otto por primera vez desde que vine. Este sonríe al verme y corre hacía mí.

Una vez llega, este me abraza.

—¡Te estaba buscando! —exclama Otto, para apretarme con fuerza—. Dijiste que volverías en un corto tiempo y luego te encontramos acá.

Su abrazo es cálido, pero en este momento no es lo que necesito. Si quiero evitar que me traicione tengo que jugar con las cartas a mi favor.

Debo hacer que Rem se enamore de él y forzarla a ella a mantenerse en Irlam.

Si tengo a Otto como administrador podré concentrarme en hacerme más fuerte y crear armas para la guerra.

—Estoy bien, no pasa nada.

¿Por qué nadie menciona a Beatrice?

¿Acaso no les importa?

Odio la condescendencia, lo odio con mi alma.

Pero, siquiera me gustaría escucharlo.

Otto cambia su expresión a una seria, este me señala hacía una parte apartada del bosque.

—Montamos un campamento provisional para mantener a Erick Costuul bajo custodia. —Otto me mira con una expresión un poco temerosa, como si le fuese a hacer algo—. Él dice estar dispuesto a hablar.

La brisa mueve las hojas mientras que veo como las nubes empiezan a formarse. La caída del sol va a ser pronto cubierta por las nubes.

Pronto lloverá.

Camino junto a Otto, cada paso sintiendo como mi cuerpo me pide matar a Erick Costuul. Si fuera por mí lo mataría después de torturarlo, después de todo yo…

Ugh.

Miro hacia el cielo, pensando en el yo que habló con Crusch en aquel entonces.

El yo que se prometió no volver a caer.

El yo que se había levantado otra vez.

¿Es tan complicado dejar de ser humano?

Si fuese un monstruo de nacimiento como Echidna todo sería más fácil, no tendría más que un leve apego a las personas y no tendría que pasar por tanto dolor.

Podría manipular a todos sin sentirme tan asqueado.

Mi memoria tiene vacíos, en especial ese año, el año después de inicio de todo. No sé qué sucedió conmigo en ese entonces.

Siento que antes de eso era otra clase de persona.

Pero no lo recuerdo, todo es tan vago.

Quizas debería pedirle a Echidna que me permita hacer la prueba solo para recordarlo, o pedirle que me ayude a esclarecer mis recuerdos.

—¡Bienvenido mi general! —exclaman los soldados, haciendo un saludo militar.

Creo que a Garfield le gustarían estas cosas.

—Un placer verlos.

Los resultados de la guerra son algo que debo hablar con tranquilidad, por ello necesito primero asegurar un testigo.

Estoy casi que seguro que van a tratar de limpiar los trapos echando la culpa a un cultista desconocido. La habilidad de ver el miasma es algo que contadas personas poseen.

El problema está en que como no hay forma de identificarlo, es fácil de esconder.

Ahora, establecerlo como magia de control mental es posible. Algo así arruinaría por complejo la imagen de Costuul. Eso nos beneficiaría a grandes pasos, estableceríamos aún más fuerte nuestra posición como héroes.

Si quiero hacer una guerra de verdad necesito dinero y gente.

Irlam no será atacada fácilmente de nuevo, estoy seguro de que las ciudades van a establecer acuerdos de paz con Irlam. Es claro que mientras poseamos el monopolio de las armas será imposible para ellos hacer algo.

Eso hasta que descubran como romper el sello.

Entonces, las verdaderas masacres empezaran.

Si los planos de las armas de fuego salen al mundo es seguro que el mapa se teñirá en un rojo oscuro.

Sería el equivalente a una guerra mundial por el poder total.

El motivo por el cual he podido expandirme tanto y amasar fortunas rápido no es tan complejo de entender. Nuevas tecnologías que incrementan la eficiencia a mejor precio que las que están en el mercado.

Es como quien hizo el bombillo, o las empresas que se forman a partir de ideas.

Tengo las ideas de mi mundo, es decir, una abanico diferente de posibilidades. Las armas por su puesto son un apartado a considerar. Pueden existir individuos que superen la velocidad del sonido.

Pero ante armas de destrucción masiva, o un ejército es complicado actuar.

Este es un mundo político, no puedes ir haciendo cosas porque se te antoja.

Por eso, la guerra será un punto de quiebre. Si obtienen alguna arma y logran replicarla, o si lo hacen con las balas. Estaremos en problemas.

Por eso, antes que eso suceda.

Debo hacer armamento de destrucción masiva, encontrar la forma de proteger Irlam a la vez que sigo avanzando.

Otto abre la carpa y la primera persona que veo es a Erick Costuul, sin embargo, mi sorpresa se incrementa con quien veo a su lado.

—Crusch… —Ella me mira con cierta sorpresa, solo para hacerme una sonrisa cansada.

Sus heridas eran peores que las mías, gracias a Beatrice pude recuperarme y mi cuerpo no está en tan mal estado. Ella, por otro lado, casi muere.

—¿Qué haces acá? —pregunto, haciendo que ella suspire.

—La única persona capaz de discernir mentiras soy yo. —Sonríe, mientras mira hacía Erick—. Es mi trabajo, al fin y al cabo.

Sin decir más camino hacía Erick, quien no dice nada. Este me mira con terror profundo, sus labios temblando, sus piernas moviéndose, sus manos intentando buscar un lugar donde acomodarse.

Parece comprender que lo ha arruinado.

—¿De dónde sacaron ese cristal? —pregunto, y Erick desvía su mirada levemente hacia Crusch.

—Yo… Yo no lo sé, fue Flynn quien lo trajo, él también lo usó con los semihumanos del ejército —confiesa Erick titubeante, su voz temblando con desesperación—. Se que lo arruiné, pero…

Lo agarro del cuello, mientras que lo alzo con fuerza.

—¡Ugh! —Erick intenta forcejear instintivamente, pero golpeo su estómago con fuerza.

Lo tiro al suelo y termina vomitando. Este empieza a toser y pedir perdón desesperadamente.

—¡Yo no quería esto! para empezar yo no estaba de acuerdo con usar eso. —Erick empieza a intentar tomar aire mientras desesperadamente se recompone.

Si Crusch no ha dicho nada es porque es la verdad.

Pero.

—¿Y? ¿Acaso crees que tus intenciones compensan tus acciones? —pateo su rostro, para luego pisarle la cabeza—. ¿Crees que lo que hiciste tiene perdón?

Realmente esta persona está mal de la cabeza. Murieron más de mil personas probablemente, además sin contar la única persona que realmente me hace querer matarlo en este instante.

Si, yo también soy un hipócrita.

—¡Lo siento! ¡Hablaré! ¡Déjame conta…! —Lo interrumpo con otra patada.

Realmente quiero matarlo, necesito matarlo o este sentimiento no desaparecerá.

Saco una mano oculta, mientras la muevo lentamente hacía Erick.

Una vez agarro su cabeza me preparo para aplastarla.

—¡Marco! —exclama Crusch. Esta se levanta y camina hacia mí, entonces me susurra al oído—: Estas mostrando una expresion desagradable, no lo vayas a matar.

¿Se dio cuenta de la mano oculta?

¿O fue solo una coincidencia?

—Empieza a hablar. —Hago una bola de fuego mientras lo miro, intentando contenerme—. Ya sabes qué pasará si mientes.

—¡Si! —exclama, relatando la historia.

El duque de Costuul contrató al discípulo de uno de los sabios. Un discípulo que se mantiene oculto solo a ciertas personas. El talento de esa persona al parecer era bastante considerable.

Entonces, el sabio recibió un gran golpe.

Los cristales fueron traídos por él, a la mayoría de los semihumanos se les dio. Las pruebas preliminares dieron como resultado que los cuerpos solo podían mantenerse unos minutos tras consumirlos.

Luego de eso mueren.

Los semihumanos con mayor posibilidad de sobrevivir son aquellos con mayor cantidad de maná, sin embargo, también son quienes más posibilidades de lo que se llama:

—Una mutación. —Pongo mi mano en mi barbilla, analizando sus palabras.

Si el miasma es capaz de causar mutaciones en un cuerpo puedo entender porque los cultistas tenían esas apariencias.

Sin embargo, los arzobispos, los dedos, todos ellos no poseen esas mutaciones.

Eso significa que hay una característica capaz de suprimir esas mutaciones.

El plan principal era plantar estos cristales para culpar a Irlam de producir elementos peligrosos. Como no se pudo decidieron usarlos para terminar con todo.

Al final, según me cuentan Otto y Erick los cuerpos después de usar esos cristales se vuelven masas purpuras con un hedor a putrefacción.

—Pude presenciar uno de los cadáveres y fue repugnante —afirma Otto, tapándose la boca por instinto.

Otto me explica lo que sucedió. Al parecer una vez estaban retrocediendo tomaron esos cristales y fue cuando ocurrieron las bajas. Otto me dice que Luan está con Emilia, por lo que deberé hablar con ella.

Ahora que tengo lo que quería deberé dominar a Erick.

—¿Ya dijiste lo que tenías planeado decir? —pregunto, mientras me acerco a él.

Este abre los ojos con fuerza, y sus labios vuelven a temblar.

Parece que ni se ha dado cuenta.

—Entonces, ahora quiero saber el motivo por el cual te dejaste secuestrar.

Las manos de Erick se contraen, mientras que Crusch y Otto me miran con sorpresa.

—¿De... de que hablas? —pregunta Erick titubeante, mientras intenta recomponerse—. Tu mataste a Flynn ¿Qué se supone hiciese?

Envío una ola de viento hacía Erick, su cabello revolotea mientras este se sorprende. Yo me mantengo calmado. Ahora tengo la suficiente confianza para llegar a una conclusión.

Decir que Erick es un cobarde que no piensa es un poco equivocado.

Su plan habría tenido éxito si la situación no hubiese escalado a causa de Flynn.

—Bueno, entonces déjame recordártelo. —Sonrío, mientras lo señalo con el dedo índice—. Querías dejarte secuestrar para contarnos toda la información sustancial sobre el duque de Costuul, querías hacerlo con el motivo de que Irlam obtenga por completo la ciudad de Costuul.

Este empieza a intentar negar con la cabeza.

—¡No! ¡Yo no quería! —Erick intenta negarlo, pero Crusch interrumpe.

—No tiene sentido que mientas —afirma Crusch con un tono intimidante.

Confirmado eso ahora debo suponer parte de su historia.

—Probablemente tengas un motivo, por tu forma de pensar dudo sea poder para gobernar o riqueza. Entonces, quizás hay algo o alguien.

Al terminar mis palabras Erick se empieza a colocar pálido, su respiración se hace frenética y parece estar por desmayarse.

—¿Sabes? ¿Qué te garantiza que esa persona está bien? Después de todo era tu presencia quien lo garantizaba ¿Cierto? —camino hacía el con una sonrisa—. Jajaja, parece que a pesar de todo eres un idiota.

La expresion de Erick pasa de terror a una resignación profunda.

El debió tener en ese castillo personas que protegiesen a quien el desea, sin embargo, todas las personas del castillo murieron por la explosión de las bombas.

Eso significa que probablemente queden pocos ayudantes a su nombre.

—Para callarte van a usar a tu persona especial. —Miro a Erick, mientras miro hacía el techo de la carpa—. Pero si cooperas podría traerla a Irlam.

Su rostro se ilumina, como si pudiese ver una luz.

De verdad la gente se vuelve demasiado estúpida cuanto más egoísta es.

¿Creerle al enemigo? ¿Después de la masacre que causó?

Es demasiado estúpido.

Si…

—Eso dependerá de ti, si quieres algo así entonces empieza a escribir todo lo que sabes sobre Costuul y tu padre. Tanto lo bueno como lo malo, asi como información de Lugunica. —Le sonrío, intentando hacerle saber que hablo en serio—. Si tu información no es útil, te colgaré en la plaza de Irlam para que la gente que perdió sus familias tenga la certeza de ser vengados.

Le doy la espalda y salgo del lugar.

Crusch ahora podrá descansar mientras yo me encargo de lo que está por venir.

El capitán Bright me mira con una sonrisa mientras hace un saludo militar. Yo lo llevo a una parte apartada para hablar.

—Necesito que vigiles a Erick de forma intermitente. —Miro el cielo, viendo que ya casi es hora de que Emilia haga la prueba—. Tienes que hacerle creer que se va ganando la confianza de todos poco a poco, trátenlo mal y poco a poco vayan suavizándose hasta hacerlo sentir cómodo.

La mejor forma de saber que va a hacer con nuestra confianza es fingiendo que hay.

—Entonces, si vez algo raro ya sabes cómo proceder.

—¡Si señor! —exclama, haciendo un saludo militar y retirándose.

No sé cuánto tiempo deba estar aquí, debería hablar con Miklotov y Alsten para ver cómo está la situación. Necesito que Emilia termine las pruebas para acabar con esto e iniciar a trabajar.

Pensaba unas vacaciones, pero sin Beatrice se hacen innecesarias.

Lo mejor es avanzar.

Camino hasta estar en el claro que me llevó Garfield. Decido llamar a Miklotov en ese momento. Tras unos segundos recibo una respuesta.

—Parece que estas bien. —Miklotov sonríe, mientras veo sus ojos cansados y largas ojeras—. La situación está tensa, parece que han perdido bastante con este ataque. Piensan en otorgar a Irlam más tierras como compensación ya que Frey Karsten abogo por la presencia de miembros del culto de la bruja.

Frey…

A simple vista parece estar ayudando, sin embargo, no entiendo a donde quiere llegar.

¿Querrá que gane Emilia?

O quizás está buscando nuestra ayuda.

Su actitud no me da respuesta alguna, Crusch sigue sin decirme que fue lo que hablaron.

Me pesa el alma.

Este mundo, es exactamente igual a la tierra.

—Erick Costuul va a testificar a nuestro favor. Irlam planea hacer un juicio en contra del duque. —Lo miro seriamente, mientras que este asiente.

—Ya estaba preparando la situación, si tienes una forma segura de transportarlo entonces será con los globos ¿No?

Asiento. Los globos son la mejor forma de transportarlo sin duda alguna.

—Usaremos señuelos y magia para evitar que ataquen, no habrá problema para llegar a la capital —afirmo, haciendo que Miklotov se vea satisfecho.

—Entonces, hablamos en otro momento, tengo que ir a una reunión. Recupérate pronto. —Miklotov cierra el metía tras despedirse.

Bien, una vez vayamos a la capital deberé tener en cuenta la situación con Roswaal. Haré que declaren a Irlam una ciudad, así no tenga la población requerida.

Tenemos suficiente capital futuro para serlo.

—Marco. —Escucho la voz de Luan, haciendo que gire hacía ella.

Al verla, Luan mira de un lado a otro. Al ver que no hay nadie suspira y corre hacía mí. Su cabello revolotea, sus puntas rojas dejan pequeñas ascuas de fuego mientras me abraza con fuerza.

—Me alegra ver que estas bien. —Luan me suelta y me mira con una sonrisa—. Aunque, parece que ella…

Sonrío, viendo que Luan es la primera persona en mencionarlo.

—Beatrice… Ella no está del todo muerta.

Luan abre sus ojos con fuerza, ella suspira aliviada y se sienta en el suelo.

—Eso es, ciertamente una noticia inesperada. —Luan sonríe, mirando el cielo—. Entonces podré verla de nuevo.

Parece que Luan y Beatrice tienen una conexión más profunda de lo que esperé.

—Ella y yo siempre hablábamos cuando tu estabas ocupado en tu oficina, me enseño mucho sobre magia con los entrenamientos y en general siempre hablábamos.

Ahora que lo pienso, Luan presencio la guerra de frente, sin embargo, no parece estar traumada o algo por el estilo.

Ciertamente, Luan parece más una protagonista que yo.

Quien solo vive en su fracaso.

—¿Sí? ¿Sabes si dijo algo antes de la guerra?

Ella niega con la cabeza.

—Lo único extraño que vi fue que tres días antes del inicio ella y Roswaal estaban hablando a solas. —Luan me mira con curiosidad—. ¿Tiene algo que ver?

Suspiro, negándolo con la cabeza.

No tiene sentido contárselo ahora.

—No pasa nada, haré que Beatrice vuelva. —La miro con determinación mientras acaricio su cabeza—. Pase lo que pase.

Luan toma mis manos, sorprendiéndome.

Ella cierra los ojos y las coloca en su frente.

—Se que puedes, sé que pase lo que pase encontrarás una respuesta. —Luan abre sus ojos, mirándome fijamente con sus ojos carmesí que se iluminan como rubies bajo la luz de la luna—. Tú me salvaste de caer en un abismo, me mostraste otro camino para enfocarme y ahora estoy saliendo adelante.

Pensar que lo ve así. El motivo por el cual la acogí fue por su sangre, su cuerpo lleno de misterios.

—No me centré y me escondí en el odio, gracias a ti pude tener amigos y personas que aprecio mucho. —Luan sonríe mientras me mira directo a los ojos—. Gracias, de verdad te lo agradezco de corazón. Por eso, espero que puedas seguir adelante sin enfocarte en el odio.

¿Salir adelante sin odiar?

No puedo juzgarla, la situación de Luan no es tan diferente a la mía.

Pero a diferencia de ella yo no soy capaz de hacer lo que ella hizo. Luan brilla y brillará donde sea que la pongas.

Yo solo puedo fingir ese brillo.

Acaricio la cabeza de Luan, intentando tranquilizarla.

—No te preocupes, no me gustaría que Beatrice se encuentre con una mala versión mía.

Si, hasta que pueda recuperarla.

Ambos nos dirigimos a la casa donde debería estar Emilia. No sé qué reacción tendrá al verme, pero estoy seguro fue la primera en notar la situación de Beatrice.

Una vez salgo del bosque la veo.

Con sus manos en su pecho, sus pies jugueteando en el suelo, su expresion buscando por todas partes. Si, tal como hace cada vez que está preocupada. Ella mira por todas partes hasta que hacemos contacto visual.

Sin dudar un segundo y sin importar la situación ella corre hacía mí. Ella corre con una sonrisa mientras yo extiendo mis brazos y sonrío de vuelta.

Para mi sorpresa, Emilia se detiene y su sonrisa es reemplazada por una expresion neutra, sin sonreír ni verse visiblemente triste.

—Me alegre ver que estas bien. —Emilia me mira y luego mira en dirección a la tumba de Echidna—. Ya me explicaron la situación, debo ir a liberar el santuario ¿Cierto?

Luan nos mira a ambos con cierta sorpresa, yo sonrío y asiento.

—Entonces, vamos de inmediato.

Durante el camino no hablamos mucho, parece que ella está evitando hablar. Supongo que no sabrá como abordar lo de Beatrice.

Bueno, para ser sincero tampoco sé cómo hacerlo.

Entonces, mejor avanzo.

—La primera prueba es sobre el pasado, la segunda prueba sobre el presente y la tercera sobre el futuro. —Son mis primeras palabras, haciendo que Emilia se detenga y se sorprenda.

—¿Roswaal te lo dijo? —pregunta, mirándome preocupada.

Asiento, aprovechando su pregunta para mentir.

Esta cierra sus ojos unos segundos para luego sonreír.

—¡No te preocupes! —exclama, colocando su mano en su corazón—. Mi pasado está superado por completo.

Lo que me preocupa no es su pasado, si no el presente o incluso el futuro.

Al llegar, puedo divisar dos figuras que toman mi atención.

—¿Roswaal? —pregunto, y este parece vernos a ambos, extendiendo su mano.

Apresuramos el paso y al llegar este sonríe.

—Vine~~ para precenci~~ar la primé~~ra prueba de la señorita Emilia. —Roswaal mira hacía Ram, quien parece un poco molesta—. Me encuentro~~ un poco mejor~~r.

Emilia mira con cierta preocupación a Roswaal, sin embargo, yo sé que eso es solo un acto.

La poción de recuperación ya debió haber hecho efecto, el hecho de que esté aquí…

Hay una razón por la cual Roswaal vino.

Emilia mira la tumba y me doy cuenta de que Garfield no está por ninguna parte.

Parece que mi comentario le afecto de alguna manera.

Ram no me dirige siquiera la mirada, pero lo realmente importantes es saber el motivo por el cual Roswaal esta acá.

Emilia me da una mirada e intenta hablarme, pero luego se gira, dándome la espalda.

—Voy a ir —dice, caminando sin más hacía la tumba.

Ha estado actuando rara, supongo que se está haciendo la fuerte.

Como era de esperar la tumba se ilumina y Emilia entra.

Justo en ese instante Roswaal mira hacía mí.

—Hablemos un segu~~ndo.

Roswaal me señala una parte solitaria en el bosque. Ambos caminamos sin decir nada, sin embargo, tengo dos manos invisibles listas para actuar.

No importa soportar el dolor, mientras pueda sobrevivir.

—Te tengo una propuesta que te va a gustar. —Roswaal me mira con una gran sonrisa.

Lo que podría decir como sonrisa sincera.

—Tenía planeado hacer que esa medio elfa cayera, sin embargo, eso parece algo complicado ahora. —Roswaal me señala—. Hagamos una apuesta.

Mis ojos se abren con sorpresa, mientras que me preparo para lo que está por decir.

Parece que este es un punto de quiebre, ahora me propondrá algo para impedir que Emilia pase las pruebas.

Pero esta prueba no la fallará, lo que significa que la prueba del presente será más compleja de lo pensado.

—Planeaba atraer una de las grandes mabestias a Irlam usando una matriz de cristales con hechiceros que tengo preparado. —Roswaal me señala, mientras saca su libro—. Pero, en vista que las cosas están cambiando te tengo una propuesta.

¿Cambiando?

¿Es eso siquiera posible?

—Te daré todas mis tierras, mi título, dejare mi nombre y todo lo que poseo pasará a tu nombre. —Entonces, este señala su pecho—. Haremos un contrato de alma y solo tendrás que hacer una cosa.

Roswaal al ver que no digo nada continua:

—Deberás evitar tomar la iniciativa por los siguientes cuatro días, también, no quiero que intentes hacer la prueba para anular el trato. —El me mira sin sonreír, como si fuese una necesidad—. Quiero ver, si ella sella es capaz de romper el futuro.

Entonces, efectivamente va a fallar una de las pruebas. Eso significa que el contrato con Echidna es algo que debe suceder.

—Interesante, pero no me sirve —rechazo sin dudarlo—. Si lo estas diciendo es porque es algo que debe ocurrir, no tiene sentido apoyarte.

En realidad, aceptarlo o no, si mi apuesta con Echidna falla todo estará perdido. El problema es que cambiar el futuro no es tan fácil.

—No sé desde cuando lo sabías, pero ya lo venía sospechando. —El me señala, apuntando a mi pecho—. No importa, no hay nada que no vaya a suceder.

Roswaal sonríe, acercándose a mí.

—Déjame proponerte algo más. —Roswaal coloca su mano en mi hombro—. Si hacemos la apuesta, seré honesto contigo en todo, además, me alejaré de Irlam y dejaré todo en tus manos.

Debería seguir rechazándolo, pero es verdad que es el momento de aprovecharlo. De todas formas, si pierdo la puesta con Echidna perderé todo.

Apoyar a Emilia puede ser algo bueno, pero de todas formas no es un significante.

Hay más personas que la pueden apoyar.

—Déjame añadir algo. —Miro a Roswaal con seriedad, escondiendo el temor en mis palabras—. No atacaras a Irlam, no te acercarás y me responderás todas las preguntas.

Roswaal asiente con una sonrisa. Se que es el camino que desea, pero, hay dos posibilidades.

En su libro Echidna toma mi cuerpo, o viene como Ryuzu.

Roswaal no pudo ver más porque el libro fue quemado, los días tienen un determinado orden. Asumiendo lo sucedido sé que no puede ver más allá de cuatro días.

Sin duda alguna.

Eso, o Echidna escondió intencionalmente su existencia del libro.

—Ya no tengo más propósito, supongo que descansaré. —Una luz azul emana del pecho de Roswaal, seguidamente el mío empieza a brillar—. Con esto no podremos fallar el uno al otro.

No puedo apoyarla, pero eso no significa los demás no puedan.

Luan, Crusch, Otto, cualquiera de ellos podría levantarla si cae.

Solo debo tener confianza que podrá superar el presente o el futuro que vea.

—¿Vas a dejar de hablar como Héctor? —pregunto, mirándolo para provocarlo.

Roswaal, en contraste, solo me dedica una pequeña sonrisa y empieza a caminar.

Lo veo alejarse hasta que no hay rastro de él.

Me quedo pensando, mientras la luna ilumina todo el lugar. Siento una presencia en mi espalda que me hace girar.

Sin embargo, al hacerlo no veo a nadie.

Ahora, solo seré el espectador. Aposte mi vida en esto. Intenté cambiar el futuro y Beatrice tuvo que pagar el precio. Si siquiera hay una posibilidad entonces no es con mi intervención.

Salgo del bosque, viendo que Luan corre hacía la entrada del santuario.

Otto al verme corre hacía mí.

—¡Marco! ¡La señorita Emilia! —exclama Otto, su mirada llena de preocupación.

El santuario se debió de apagar anormalmente, pero Emilia debería seguir en la prueba.

Cuando Luan parece por entrar el santuario expulsa una onda de viento que la envía volando.

—¡Luan! —Saco una mano oculta y la atrapo, la coloco en el suelo y esta empieza a sangrar por su nariz y boca.

—¡Ugh! —Luan cae arrodillada por el dolor—. Parece que no soy aceptada.

Supongo que de verdad no es una demihumana.

Luan mira hacía mí, con una expresion de preocupación.

—¡La señorita Emilia gritó hace unos segundos! —exclama antes de caer desmayada.

—¡Luan! —La agarro, cargándola.

Solo estamos nosotros, los otros demihumanos no aparecen por este lugar. Crusch parece distante, como si alguien le hubiese dicho algo.

—¡Crusch! —exclamo, haciéndola entrar en razón—. Toma a Luan.

A Otto le falta una mano, será algo complicado para él.

Crusch la sostiene con sus brazos sin decir una sola palabra. Todos han estado actuando demasiado extraño.

Pero, de todos es raro que Crusch no esté pendiente.

Emilia va a estar bien, puede que ver su pasado solo le haya hecho recordar y este llorando para liberarse.

Eso es algo normal.

Aprovecho el vacío en las palabras de Roswaal. Al final, son los siguientes cuatro días.

—Voy a entrar. —Camino lentamente, mientras pienso en lo que debo decir para darle fuerzas a Emilia.

Si, no la podre apoyar ni podré hacer mi plan de pedirle a Echidna que me deje hacer las pruebas.

No importa, después de todo no deseo ver mi pasado.

No me serviría de nada, ya que solo me traería recuerdos que ya tengo.

Mis arrepentimientos no cambiarían, así que no tiene sentido verlo.

Desde aquí ya puedo ver a Emilia, acostada en el suelo.

Lo raro, es que no parece haber despertado.

Emilia habla dormida, quizás eso haya causado que gritase.

Al acercarme veo que está temblando, sus manos apretadas con tal fuerza que la sangre sale de estas. Su rostro contorsionado me hace temblar.

¿Su pasado?

Pero ella ya lo enfrentó, no tiene nada de sentido volver a sufrir lo mismo y reaccionar igual.

Me agacho, sacudiendo a Emilia.

—No lo hagas… —balbucea Emilia, mientras se mueve desesperadamente, ella extiende su mano y grita con todas sus fuerzas—: ¡No lo hagas! ¡Marco!

Mis ojos se abren con fuerza, mientras veo que tras gritar se ha despertado.

Emilia mira el lugar mientras yo solo la miro, paralizado.

Los labios de Emilia tiemblan al verme, mientras esta parece mirarme con un terror profundo.

Extiendo mi mano, intentando alcanzarla.

—¡No te acerques! —Emilia aparta mi mano con fuerza, mientras sigue temblando.

Sus labios tiemblan con fuerza mientras su mirada busca encontrar algo, lagrimas salen por doquier. Parece haber experimentado un terror profundo.

¿Por qué mencionó mi nombre?

—No te acerques… —Emilia sostiene su cabeza, mientras evitar mirarme—. Tu…

Mis manos empiezan a temblar, como si ya estuviese encontrando la respuesta.

Emilia se levanta, sin mirarme ni hacer nada. Ella sigue temblando, sus piernas, su cuerpo.

Lo único que puedo ver es su espalda.

—¿Cómo puedes seguir cuerdo después de haber hecho algo así? —Emilia aprieta sus manos, mientras intenta contener sus lágrimas—. Eso no es algo de un ser humano.

Sus palabras se quiebran en mi cara, haciéndome perder toda la fuerza.

Las palabras de Echidna.

Varios recuerdos empiezan a arrasar en mi mente. Mi pasado, todo lo que viví.

Las cosas que una vez bloquee.

—La prueba, no puedo tomarla de nuevo, lo siento. —Emilia corre a toda velocidad, dejándome con el eco de sus pasos.

Mierda.

Parece que, el futuro de verdad no puede ser cambiado.

—Echidna, ¿¡Por qué le mostraste mi pasado!? —grito, golpeando la pared que tengo en frente.


Capítulo 5.

Ahora comprendo todo: el libro, la iniciativa de Roswaal, la apuesta de Echidna.

Me han vencido.

—Mierda. —Mis manos buscan apoyo en la pared, mientras el polvo se filtra en mi percepción.

"No te acerques."

Las palabras de Emilia resuenan nítidas. Vio mi pasado. Las intenciones de Echidna, su deseo de poseer algo de mí, mis memorias. Con Emilia ahora al tanto de mis acciones pasadas, no hay escape.

Tendré que reiniciar, esperando tener suerte y poder rehacer el trato. Perder una vida de manera tan absurda.

Suspiro al sentarme, intentando sosegar mi agitado corazón. La única opción que tengo en este momento es liberar todo mi maná.

Sería una forma rápida de poner fin a todo.

"Eso no es algo de un ser humano." El dolor en mi pecho aumenta, como si estuviera siendo aplastado.

Mi respiración se entrecorta, tratando de comunicarme algo.

De todas las personas que he conocido, Emilia fue la que logró agradarme más; excluyendo a Beatrice claro. Aunque al principio me resultase insoportable, con el tiempo descubrí todas sus cualidades. Sus cambios, su determinación.

Su inalterable forma de ver a los demás y su deseo sincero de ayudar.

"No puedo volver a hacer la prueba."

—¿Por qué? —miro al suelo, tratando de recobrar la compostura. ¿Por qué me siento de esta manera?

Todo lo que anhelaba era ser feliz.

Si... Si no tengo la oportunidad, si pierdo esta vida en vano. Destruiré todo, este santuario, el cristal, y acabaré con Roswaal.

Destruiré el mundo, por haberme arrebatado lo que amo una y otra vez.

—¡Estoy harto! —Golpeo la pared con fuerza, siento el dolor, pero incluso eso se percibe como falso.

Esto no puede estar sucediéndome.

Golpeo la pared, una y otra vez, levantando polvo mientras la sangre comienza a quedar pegada en la pared.

Las gotas viajan hasta llegar al suelo.

—¡Ya! —Con un último golpe siento cómo mi mano se fractura, una sensación eléctrica recorre todo mi cuerpo. La mancha de sangre es todo lo que veo.

Mi corazón duele, mis manos duelen, mi cabeza duele.

Se supone que tendría el control, intenté ser de nuevo ese monstruo.

—¿Por qué te rindes? —suspiro, mirando mis puños desgarrados por los golpes. No puedo mover los dedos de mi mano derecha, quedando completamente en forma de puño.

A quien le importa.

Si ella se rinde, entonces no hay nada que pueda hacer.

El plan de ambos funcionó a la perfección. No puedo ayudar a Emilia, y ahora tendré que esperar a ver qué sucede.

El futuro no tiene cambio, una vez escrito, no importa mis acciones; Todo lo que haga irá acorde a ese futuro.

Fui un idiota.

Dejé que las emociones me dominaran, lo sé.

Mi pasado... No entiendo qué fue lo que vio Emilia, pero debe haber un motivo para una reacción tan fuerte.

—Yo sé que soy un monstruo. —Me levanto, toco mis costados en búsqueda de mi pistola, pero recuerdo que no la tomé.

Estoy cansado.

No quiero salir del santuario, no quiero ver a nadie en este momento.

Ahora, deberé hacer lo que debo hacer.

Comienzo a reunir maná, lentamente, absorbiendo la energía de mi entorno. Supongo que no hay nada más que pueda hacer; ahora, solo me queda morir para expiar mi error. Y cuando lo haga, solo me quedará una vida.

—Deberé enfrentar la prueba por mi cuenta. —Termino el hechizo, listo para desencadenar la magia de fuego y poner fin a mi vida. Lo único que debo hacer es aumentar la potencia.

El calor comienza a intensificarse, y a mi alrededor, la visión se distorsiona.

Todo lo que hice fue en vano, y, sin embargo, sigo lamentando cada paso.

—Si tan solo no resucitara. —Imbuyo más maná, pero cuando estoy a punto de concluir el hechizo, escucho algo.

Unos pasos captan mi atención, pequeños al principio, pero que se vuelven cada vez más audibles.

Los reconozco al instante, casi como si fuera lo más normal del mundo. Con coletas en forma de taladro, una leve sonrisa y la figura de la personita a la que más amo.

—Así que eres tú. —Contengo las ganas de gritar, sintiendo que mi corazón está a punto de hundirse en un vacío irreparable. No, no quería verla.

No quiero que me vea en este estado.

—¡Hmpf! Parece que siempre vas a necesitar de Betty supongo. —Cada vez más cerca, veo su figura de nuevo. Escucho su voz. Por un instante, siento cómo mi cuerpo se relaja. Caigo al suelo, sin poder hacer nada.

Es como si todo estuviera bien.

Pero, a pesar de lo que quiera mi cuerpo.

—No necesitas hacerlo. —El frío cristal choca con mi piel, recordándome que la persona frente a mí no es más que una ilusión—. Carmilla. Esto es solo un engaño.

Carmilla abre los ojos con fuerza, retrocediendo unos pasos y encogiéndose de hombros, me mira con cierto temor.

—Yo… Yo. —Con los labios y las manos temblando, la ilusión se desvanece lentamente.

Observo cómo adopta su forma real, al mismo tiempo que deseo que permanezca como Beatrice. Su mirada, ligeramente tensa, sus ojos no me miran a mí, sino como si vieran detrás de mí.

Parece tener miedo, como si yo pudiera hacer algo.

La verdadera pregunta es cuándo entré al mundo de ensueño. Si ella no puede manifestarse en la realidad, eso significa que ya estoy en el castillo de los sueños.

—Tú, te veías… —Sin poder terminar sus palabras, veo cómo las paredes empiezan a romperse. La verdad es que no puedo morir en este plano por mi cuenta, por lo cual ahora no sé qué va a suceder.

Si ella obtuvo mis recuerdos, supongo que ya sabe sobre el retorno por muerte. Eso significa que me trajo para evitar que me quitara la vida y evitara el contrato.

Un plan magistral, supongo.

La calma extraña que sentí la primera vez no llega; en cambio, solo siento un vacío tan profundo que parece que estoy por ser consumido por completo. Irónicamente, estoy por morir para siempre.

Perderé el control de mi cuerpo, seré forzado a tomar decisiones como si fuera solo una marioneta. Y, aun así, mi corazón no dice nada.

Carmilla sigue mirándome, mientras el techo de piedra es reemplazado por un cielo azul. Las paredes caen y desaparecen, dejando solo un campo verde que se extiende al infinito.

—¿Echidna te dijo que vinieras? —pregunto a Carmilla, mientras ella parece esforzarse solo por mantenerse cerca.

Si la veo mucho tiempo, se activará su autoridad, por lo cual debo tener cuidado para no caer ante su poder.

—No es que me importes, es solo que… —Carmilla parece no encontrar las palabras que quiere expresar.

No tengo recuerdos de Carmilla, ni información alguna. Su personalidad tampoco es algo que conozca más allá de lo que leí en el arco cuatro.

Por lo que percibo, será una contraparte a la lujuria. No le interesa nadie ni vela por el amor de nadie.

Supongo que será algo así.

—No te preocupes, gracias por mostrarme a mi hija. —Sonrío, intentando contenerme. Intento acercarme, pero ella da un paso hacia atrás.

¿A qué le tiene miedo?

Supongo que tendrá algún trauma del pasado, pero hasta que no lo sepa, no sabré cómo tratar con ella. Nunca fue un personaje de mi interés, pero algo en ella parece hacerme sentir cercano.

Es un sentimiento extraño.

Ella desaparece, sin decir una palabra más.

—Aun sigo queriendo saber el motivo por el cual le mostraste mi pasado. —Doy media vuelta, solo para verla sonreír mientras toma un sorbo de su taza de té. Su postura elegante se mantiene, su sonrisa parece realmente genuina.

Supongo que ya se ha dado por victoriosa.

—Tú también intentaste hacer trampa de alguna forma. —Sus palabras vienen cargadas de veneno mortal, mientras su mirada me incita a acercarme. Ella sonríe, entrecerrando los ojos.

Manteniendo la calma, sabiendo que ya ha ganado.

Cada paso que doy se siente pesado, siento como mis pies duelen con cada paso. Lo extraño es que no debería sentir nada en este lugar. Miro mis manos, viendo que la sangre y la fractura se han ido.

Aunque sé que se han ido, se sienten espesas. La sangre en mis manos, todos los que he matado.

Aquellos que…

Mis piernas ceden, y una oleada de recuerdos empiezan a llegar a mi cabeza.

—No… Pensé que lo había olvidado.

—La apuesta que hicimos da el todo de alguien, tus recuerdos y los míos fueron escaneados por Od Laguna. —Echidna se levanta, caminando hacia mí.

Esta extiende sus manos, mientras sus ojos no dejan de fijarse en mí.

—La condición fue favorable para ti, pero ¿quién diría que cuando se lo propuse, ella no se negó? —Echidna se coloca frente a mí, mientras intento evitar sus ojos.

Así que fue una trampa para Emilia también.

—La administradora de las pruebas usó mis recuerdos, eso no debería permitirse ya que tú no los posees hasta que pierda. —Palabrería inútil, ya sé por qué pudo.

Ella entonces se agacha, su mirada se conecta con la mía. Sus ojos parecen reflejar la nada misma, como un sentimiento vacío. Su actitud es acorde para su objetivo, pero sé que en el fondo está satisfecha.

—Yo no lo sé, quien hace la prueba es el mismo Od Laguna. —Echidna toma mi mejilla—. Solo fui una espectadora casual.

Od Laguna. Sigo sin saber qué es.

Pero eso ya no importa.

—Entonces, ¿para qué me trajiste? —mi pregunta parece hacerla feliz. Los sociópatas ciertamente no tienen la misma forma emocional que las personas normales.

Pero eso no significa que no tengan emociones. Echidna sonríe, mientras puedo ver otro lado de ella.

—Tu cuerpo debe estar en buenas condiciones. —Echidna se levanta, mientras yo sigo en el suelo—. No te preocupes, recuperaré a esa niña.

Echidna se soba lentamente la cabeza

—Mi hija debe estar en peligro, lo mínimo que puedo hacer es ayudarla.

Mi cuerpo se mueve por sí mismo, y cuando me doy cuenta, Echidna se encuentra debajo de mí. Mi mano presionada con fuerza y alzada para darle un puño.

—Al final, no pudiste hacer nada.

—¡Maldita! —Arremeto contra ella, muevo mi puño con todas mis fuerzas, pero para mi sorpresa, golpeo el césped.

"Somos iguales, Marco Luz."

Esas palabras se graban en mi mente, y mientras intento recobrar la compostura, siento cómo mis manos tapan mi rostro. Aun lo recuerdo: el olor, la sangre, el odio, la ira.

Su sonrisa, el penetrante aroma a drogas.

—¡Detente! —exclamo, agarrando mi cabeza con fuerza. Aprieto y aprieto. Las palabras de mi madre, las expresiones de odio de esa persona.

"Maldigo tu existencia, Marco Luz."

—Detente… —Caigo al suelo, tratando de contenerlo todo. Aprieto mi rostro, clavo mis uñas, pero no soy capaz de sentir nada.

—Quizás debí apostar a que hicieras la prueba. —Echidna vuelve a aparecer—. Al final, tomaste la decisión de dejársela a ella porque sabías que no la superarías de la forma correcta.

Sabes que te está haciendo esto para terminar contigo, Marco.

—¿Y? No creo que todos deban superar su pasado. Así como hay personas que pueden seguir adelante, hay personas que vivirán cargando con sus pecados para siempre. —Miro hacia Echidna, y esta se acerca.

Da un paso y desaparece.

¿Por qué hasta ahora estoy recordando esto?

Recuerdo sufrir, recuerdo situaciones puntuales, pero hay tantas cosas que no recuerdo. Los detalles de la construcción, los detalles de mi invento.

¿Cuándo me olvidé de ello? ¿Puse siquiera bien la información antes de morir?

—Tú… —Escucho una voz desconocida a mi espalda. Cuando giro, veo a una mujer acostada. Su piel pálida llama mi atención, su cabello largo magenta, su rostro que parece aburrido de la vida misma.

Sus labios pequeños, ella parece mirarme sin ganas.

Adorna su cabeza con exquisitos ornamentos, portando un collar con una distintiva insignia. Viste un traje largo de color negro que realza su figura con elegancia.

—Sekhmet. —Intento erguirme, pero carezco de la fuerza necesaria.

—¿Acaso... me conoces? —interroga, suspirando tras cada palabra. No importa si revelo lo que conozco; de todas formas, la información escasea.

—Únicamente tu nombre y tu condición de bruja de la pereza. —Poso mi mano sobre mi estómago, percibiendo la autoridad de la pereza—. Ahora, yo soy quien alberga el gen.

Ella cierra los ojos pausadamente, dejándome en suspenso. Cuando imagino que la paciencia está a punto de agotarse, abre los ojos.

—Tú... No es necesario que seas así. —Permanece inmóvil, aunque siento como si apuntara con algo invisible—. La autoridad adoptará la forma de la naturaleza de lo que eres.

¿La naturaleza de lo que soy? No soy nadie; intenté ser un ser benevolente, traté de auxiliar a todos. Ahora, ni siquiera conservaré el dominio sobre mi propio cuerpo.

—Soy quien soy, no hay más allá que contemplar. —Reúno fuerzas y me levanto, solo para contemplar cómo se desvanece poco a poco—. No importa cuánto lo disimule, ya estoy fatigado.

Sekhmet desaparece, dejándome sumido en sus palabras en mi mente.

Si están interrumpiendo a Echidna, debe ser por algún motivo: tenderme una trampa o respaldarme. Aunque, de nada sirve si todo ya está perdido.

—Escuchen, no estoy interesado en charlar, solo sáquenme de este castillo de los… —Bajo la mirada, solo para encontrarme con una niña de cabello verde frente a mí.

Con quien más temía encontrarme.

Ella me sonríe y extiende su mano. Posee unos ojos grandes, redondos y rojos, colmados de curiosidad, y su corto cabello, desordenado y de un verde oscuro, cae hasta la barbilla.

Lleva una corona de flores azules en tonos diversos en la parte superior de la cabeza, un brazalete azul en cada brazo y coleteros azul claro a juego en ambas muñecas. La niña, aparentemente frágil, emana un aura que trasciende la ingenuidad.

Su sonrisa, aunque amigable, oculta misterios que se reflejan en esos ojos centelleantes.

—¿Eres, acaso, una buena persona? —La pregunta, llena de peso, flota en el aire, como una sombra que se proyecta sobre el destino. Puedo emplearla como una senda hacia mi ocaso, pero sé que, si resulto herido, la figura de Minerva se revelará.

La magnitud de los dolores que atravesaré al tocarla permanece en la penumbra de lo desconocido, así que evito el contacto.

—Bien, eso depende de a quién le consultes. —Muevo mis pies hacia atrás, alejándome con parsimonia de su mano. Ella parece vacilar por un instante, pero, como si la indiferencia dominara su ser, vuelve a sonreír.

Aun con la mano extendida, se acerca.

—Podría determinar si eres bueno o un pecador. —Entreabre sus ojos, intentando persuadirme—. ¿Cuál es tu nombre?

—Marco Luz, es un placer... Typhon. —Aprovecho para cambiar el rumbo de la conversación.

—¿Nos hemos cruzado antes? —Typhon se sujeta la barbilla, clavando su mirada fijamente en mí.

—Lo dudo, pero conozco tu nombre. —Echidna no será mi aliada. A ella le conviene que pierda la poca resistencia que me queda. Mientras retrocedo, siento cómo mi energía se desvanece.

Estoy fatigado, estoy hastiado.

—¿Te consideras un pecador? —Su pregunta me transporta a un pasado doloroso.

"Te amo..."

Agarro mi cabeza, sintiendo un dolor punzante que me hace caer. La cabeza me martiriza, pero el olor a pólvora invade mis sentidos, la sangre se acumula en mis manos y, de repente, percibo un tacto suave.

Tomo el cuchillo y...

—¿Estás bien? —Veo a Typhon frente a mí, mientras mi memoria regresa.

Fui yo quien lo hizo.

De verdad lo hice.

Mis manos tiemblan con intensidad mientras intento tapar mis oídos. Siento el rechinar de mis dientes, chocando una y otra vez.

"Eso no es propio de un ser humano."

Es cierto.

No merezco ser llamado ser humano.

—Soy un monstruo, un pecador. —Dirijo mi mirada hacia Typhon, mientras ella parece ligeramente sorprendida—. Pero mi pecado es algo que aún sigo pagando; por eso, no debo morir.

Sí, al final, viviré prisionero en mi propio cuerpo.

—¿No debes pagar? ¡Typhon juzgará a los pecadores! —Ella acerca más su mano, pero yo me aparto.

—Tú no tienes el derecho de juzgarme. —Aprieto mis puños—. ¡Pagaré por mis pecados! ¡Pero tú no tienes el derecho a juzgarme!

Ella me mira, pero parece estar molesta. Sus ojos se vuelven afilados, sus cejas fruncidas y sus labios contenidos.

—¡Yo soy quien juzgará! —Siento sus palabras atravesar mi ser—. ¡Los pecadores deben pagar!

Maldita locura.

—¡Tú misma debes pagar! ¡Después de todo, eres una pecadora!

Ahora estoy discutiendo con una niña perturbada.

—El bien o el mal no se deciden a juicio porque sí.

Justificarme para no sufrir, a pesar de que debería pagar por ello.

¿Qué me está pasando? No puedo detenerme.

—Es una estupidez, aunque cometas pecados con malas intenciones, aunque ayudes al mundo, para poder ayudarlo también hay que pecar.

Matar es matar.

Robar es robar.

No hay acciones viles que puedan compensar de manera moral alguna. Pero sí las hay.

El protagonista se consideró culpable, pero su buen corazón le otorgó la bendición del alivio. El dilema yace en la interpretación que cada uno da al concepto de buen corazón.

¿Ser altruista?

¿Basar la autoestima en "salvar" a los demás?

Al final, logró arrancar sonrisas, salvando a todos sin dejar muertos ni heridos, pero para alcanzar sus metas, tuvo que derramar sangre.

Matar es matar.

Ahora que se que los cultistas son solo gente inocente convertida, entiendo que todos fueron pecadores, aunque fuese algo inevitable.

Sintió el deseo homicida, intentando atacar a personas que no merecían tal destino.

¿Qué define a alguien de buen corazón?

—Tú juzgas conforme a tus creencias, pero para mí, eres una pecadora que debería ser juzgada, tú y todo el mundo. —Aprieto mis puños; sin embargo, mis palabras fluyen sin cesar—. Todos somos pecadores; desde que nacemos, nos vemos corrompidos por el mundo.

Sonrío, intentando justificar mis acciones.

—Al final, quizás nacimos con corrupción en nuestras entrañas. —Muestro la palma de mis manos—. Yo maté, lo hice.

Quizás debería aceptarlo y enfrentar las consecuencias.

Debería sufrir por ello.

Las acciones que ejecuté, todo debe acarrear consecuencias.

Yo debí morir después de cumplir mi propósito.

—Nunca debí desear encontrar uno nuevo.

El aura de Typhon crece, su molestia parece estremecer el mismo castillo. El suelo, el cielo, todo parece a punto de desmoronarse.

—Solo un pecador habla así. —Typhon se acerca, cada paso generando grietas en el suelo.

¿No es mejor recibirlo?

Admítelo, Marco.

Lo que realmente querías era provocarla, hacerla enojar.

Siento tanta tranquilidad, tanta paz.

Ahora pagaré por mis pecados.

Extiendo mi mano, ofreciéndosela a ella.

—Ahora déjame saldar mi deuda. —Las curvaturas de mis labios se dibujan, y mi corazón late sereno. Una calma profunda se apodera de mí.

Me siento sumido en una relajación única. Mi cabeza no late con dolor; en cambio, me sumerjo en un mundo onírico.

Typhon se aproxima lentamente; está a punto de tomar mi mano.

—¿Eres un pecador? —pregunta, su voz resonando en el espacio.

—Sí... —Cierro mis ojos, aceptando con serenidad que una sonrisa se ha instalado en mi rostro.


Capítulo 6.

Ya no más…

El suave tacto de su mano y la firmeza con la que la sostiene se desvanecen en una sensación nula.

Abro mis ojos, solo para encontrarme mirando su pie.

¿Qué ha ocurrido?

¿Dónde está el dolor?

Escudriño a mi alrededor, pero lo que veo son fragmentos de mi cuerpo esparcidos por el suelo. Mantengo uno de mis ojos cerrados, mientras con el otro la observo a los ojos.

—¿¡Y el dolor!? —Intento tensar algo de mi cuerpo, pero no hay sensación alguna—. ¡¿DÓNDE ESTÁ EL MALDITO DOLOR?!

Debo pagar.

Mis pecados, todo lo que hice.

—¡HAZME SUFRIR!

Ella me contempla con una expresión de sorpresa, sus ojos abiertos y sus manos ligeramente temblorosas. Casi parece no comprender lo que está sucediendo al verme.

Una sonrisa es lo último que muestra.

Mi consciencia se desvanece mientras ella da un paso atrás.

—¡MÁTAME! ¡Quiero sufrir! —exclamo, incapaz de contenerme.

Ella, esa maldita, sin decir una sola palabra, se atreve a desaparecer.

No puedo mover un solo músculo; sin embargo, mi ojo funciona de alguna manera. No sé de dónde surgió mi voz. Ahora solo me queda esperar, sí, a esa persona.

Quiero sufrir, quiero morir.

Estoy harto, estoy cansado.

Yo fui quien hizo eso, quien cometió esos pecados.

Debo sufrir.

¿Su autoridad falló?

Esto no tiene sentido. Es imposible para mí ser una buena persona. Sí, el hecho de que utilicen sus autoridades es solo una ilusión en este espacio.

Las autoridades son inherentes a los genes y, por ende, no deberían poder usarlas. Que no funcione debe ser culpa de ella. Es Echidna quien está planeando esto.

Ella no quiere que tenga paz mental.

—¡No dejaré que nadie permanezca herido! —exclama alguien desde el cielo.

Por la posición en la que estoy, me es imposible ver. De hecho, si abro mi otro ojo, quedo completamente cegado. Lo único que puedo ver es el suelo. No quiero que me curen.

Quiero sufrir, necesito sentir dolor.

Cuando moría, cuando moría, sentía ese dolor. Aunque no lo aceptaba, sé que lo disfruté.

Es la única forma de expiar mis pecados, de saldar cuentas por todo lo que hice. Siento unos puñetazos, pero estos no provocan dolor.

Mi cuerpo se pone en movimiento veloz, así que decido cerrar mis ojos.

Cuando recupero la consciencia, me encuentro recibiendo golpes en el pecho.

—¡Idiota! —exclama Minerva frente a mí.

Lo primero que vislumbro al abrir los ojos es la expresión contorsionada de Minerva: cejas fruncidas y labios apretados.

Ella me toma de la chaqueta y acerca su rostro al mío.

—¿Quieres sufrir? ¿Quieres sentir dolor? —me zarandea con fuerza—. ¿¡Acaso estás enfermo!?

Creo que no sería una mala descripción.

—Tú ya moriste una vez, pagaste tus crímenes con la muerte. —Siento como algo asciende desde lo más profundo hasta mi garganta.

Escupo al suelo, viendo una masa púrpura caer en el césped.

¿Miasma?

—Yo ni ese derecho tengo…

Si lo tengo.

Solo necesito morir dos veces más y se acabará todo.

A quién quiero engañar.

Soy un cobarde; si fuera solo por querer hacerlo, estaría muerto hace mucho tiempo. Esto no es algo reciente.

—¿Y? —Ella me suelta, empujándome y haciéndome caer al suelo—. ¡No puedes lastimarte solo porque quieres!

Agarro el césped y se lo lanzo, provocando que retroceda.

—¿¡ACASO PUEDES SANARLO!? —me levanto, extendiendo mi mano para señalarla—. ¿Puedes curar las heridas que no son físicas?

Ella abre los ojos con fuerza. Como Emilia, coloca sus manos en su pecho.

Sí... como ella.

—¡Ya estoy cansado! ¡Estoy harto! —sacudo el viento con mi mano—. Estos recuerdos, esta situación.

Aprieto mi pecho, sintiendo que está por explotar. Mi respiración se torna pesada, incluso cuando intento tomar aire, no siento nada.

—¡Púdrete! No eres más que una antisocial, no tienes derecho a sanarme si solo vas a curar lo físico. —Agarro mi cabeza, sintiendo cómo se expande y contrae—. ¿De qué me sirve tener el cuerpo sano si de todas formas no voy a poder hacer nada con mi mente?

Sus ojos comienzan a volverse vidriosos; ella aprieta sus manos con fuerza. Intento hablar, pero lo primero que siento es un puño en mi rostro.

Doy un paso atrás, notando que, aunque duele un poco, no tengo la nariz rota.

Entonces, ella da otro puñetazo, pero esta vez no siento temor.

—¡No me importa! —exclama, golpeando mi estómago—. ¡Lo que importa es lo que tengo en frente!

Hipócrita.

—¡Yo estoy en frente! ¡Mi mente está en frente tuyo! —Agarro su puño, halándola y haciéndola caer.

El mundo empieza a temblar. Typhon aparece y, con un pisotón, se abalanza sobre mí.

—¡Tú no sirves! —intento usar la autoridad de la pereza, pero no soy capaz de hacerlo.

—¡No dejaré que le hagas algo a Nerva! —Cuando está por alcanzarme, una onda la estrella contra el suelo.

Giro mi cabeza y veo a Sekhmet, quien parece estar molesta. Aunque su expresión no lo demuestre, el aura que transmite sí lo hace.

Minerva se levanta y, mientras llora, vuelve a abalanzarse.

—No… —Carmilla se interpone frente a mí, extendiendo sus brazos para evitar que Minerva me alcance.

¿Qué es este espectáculo?

A nadie debería importarle si salgo lastimado aquí o no.

—No… puedo dejar que le hagas algo. —Carmilla parece, ¿cómo decirlo?

¿Triste?

A diferencia de Minerva, quien llora por su molestia, Carmilla muestra una tristeza profunda.

—¡Pero fue él! —Minerva me señala, haciendo que mi corazón lata con fuerza.

—¿¡Yo!? Yo no hice nada. —Golpeo mi pecho con todas mis fuerzas, intentando calmar esta sensación—. ¡Tú fuiste quien me atacó primero!

Ella presiona sus labios, intentando acercarse.

—Fufu, esto es un poco divertido. —Con unos sonidos metálicos, rechinando entre sí y golpeando el suelo, la escucho.

La persona que estaba esperando. Con quien podré cumplir mi cometido.

Ahora me toca hacerlo.

Sin ninguna clase de duda, me giro lentamente y veo unas gigantes patas metálicas, simulando las patas de una araña. Un ataúd viviente, con una niña en su interior.

Ya no escucho lo que están diciendo, todo lo que puedo ver es mi objetivo.

Presiono el suelo con fuerza y me abalanzo hacia ella. Ella mantiene su sonrisa, como si comprendiera lo que intento.

Extiendo mi mano, mientras escucho que llaman mi nombre.

Abro mis ojos y siento una sonrisa brotar de mí.

—¡Por fin! —toco su estómago y...

[][][][][][][][][] [][][][][][] [][][]

[][][][][][][][]

-. - / ... - - - ... / -. .- -.. .. . / .- -. - . / . .-.. / ... .- - -... .-. .

[][][][][

-.. ..- . .-.. .

[][][][] [][][][]

.-. .- -. .- .-. . / - .. / .-. . -.-. .- -.. -

.

. .-.. / - .- -.- - .-. / -.-. - -. - .-. .- .-. .. - / -.- ..- . / . .-.. / .- - - .-. / - .. . -. . / . ... / . .-.. / ... .- - -... .-. . .-.-.-

¡D !

¡Te A E!

Ah Y , M r E.

C m r.

Mi r z ¡Deli s ! ¡S e Muy n!

La , Es sa y .

Yo.

¿Qu o?

¿Esa es mi a? ¡ ! Pero, n m llena.

Más.

Quiero .

Esto Lo que m s . Siento, mi vida . ¡Me es ! No entiendo.

¡S b en!

No m ex mi des.

T er . , .

.

Siento un sabor fuerte en mi boca, y al darme cuenta, descubro que estoy ingiriendo tierra.

La sensación de vacío se apodera de mí, como si mi cuerpo anhelara algo que ya no poseo. No encuentro apoyo en unos brazos que ya no existen, ni en unas piernas que no responden a mis deseos.

¿Cómo he llegado a este punto?

¿He perdido mis extremidades o las he injerido yo mismo?

Espera.

¿Estoy utilizando la mano oculta?

Me elevo en el aire, repasando con el viento todas mis acciones. Mi mirada se enfoca en el caos que he causado, con el suelo manchado de sangre que ahora parece tener un sabor más intenso.

—El hambre es lo peor, ¿verdad? —escucho una voz, y dirijo varias de mis manos ocultas hacia Daphne.

Quiero comer.

Ella detiene el ataque de mis manos, mientras observo a mi alrededor. Mis padres, mis amigos, mi equipo... ¿cuándo han llegado todos? Intento atraparlos para saciar mi hambre, pero me detengo en el último momento.

—¡No permitiré que el hambre me controle!

—¡Marco! —Carmilla me grita, pero no logro ubicar su posición.

El hambre me consume.

Sí, sin estómago, no debería sentir hambre. Atravieso mi estómago, sintiendo una descarga eléctrica que me tumba al suelo.

Pero aún tengo hambre.

Escupo más sangre, pero todo lo que consigo hacer es lamerla del suelo. Intento desesperadamente usar más brazos, pero parece que solo puedo controlar uno.

Me incorporo, con la única sensación que me embarga siendo el hambre. Observo a mi alrededor, comprendiendo que este es mi final. Debería aplastar mi cabeza, al menos eso debería hacer.

—¡Idiota! —recibo un puñetazo en la espalda, tumbándome nuevamente al suelo.

¡Comida! Utilizo la mano oculta, viendo cómo Minerva se acerca a mí. Atrapo su brazo aún extendido y lo arranco. Lo acerco a mí y empiezo a masticarlo con fuerza.

Suave, increíblemente suave.

Pero no tiene sabor alguno.

Mastico el hueso, aprovechando el brazo para romperlo e intentar consumirlo.

—¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! —Minerva me golpea, pero mi única obsesión es la necesidad de alimentarme. Mis dientes trituran sus huesos, sintiendo las aristas afiladas atravesar mi lengua y encías.

El hambre persiste.

A pesar de los golpes de Minerva, que con un solo brazo trata de detenerme, me encuentro sumido en la vorágine de mi instinto.

Mierda.

Un cosquilleo recorre mi ser mientras intento asimilar lo ocurrido. Un último impacto en mi nariz me obliga a abrir los ojos y enfrentar la realidad.

—Gracias… —dirijo la mirada hacia Minerva, ahora mutilada.

Ni siquiera logro comprender lo sucedido. Todo se sumió en la oscuridad y, de repente, me encontraba devorando tierra.

Daphne se interpone frente a mí, sonriendo con malicia.

—¿Qué te parece, Mar, Mar? —su sonrisa penetra mi ser. Sabía que el hambre podía causar estragos, pero esto supera cualquier dolor que haya experimentado. No hay comparación posible.

Me pongo de pie, contemplando el vacío.

—Eso fue interesante.

Después de un largo tiempo, la vuelvo a ver. Echidna, acercándose con una sonrisa mientras me observa.

—Te dejaría disfrutar más tiempo, pero lamentablemente ha aparecido alguien indeseable.

¿Alguien indeseable?

La única persona que viene a mi mente es...

—¿Satella? —miro a mi alrededor, pero no consigo avistarla.

La incertidumbre se apodera de mí.

—Es hora de que despiertes, Marco Luz.

Carmilla se posiciona al lado de Echidna, pero no me dirige la mirada. A pesar de sus intentos por ayudarme, el motivo aún se me escapa. Decido acercarme a Echidna, pero en ese preciso momento, el mundo comienza a desmoronarse.

—Esta será la última vez que nos veamos, Marco Luz. Espero que te despidas de tu cuerpo.

La sonrisa de Echidna es lo último que alcanzo a ver antes de que el mundo se quiebre en mil pedazos. La oscuridad lo envuelve todo.

Ahora, debo despertar.

—¡Marco! —Emilia me sacude con fuerza.

Parece preocupada; supongo que habrá regresado.

—¡Marco!

Abro mis ojos, observando su rostro contorsionado, sus labios temblando y sus lágrimas fluyendo con fuerza. La contemplo durante unos instantes. Aparentemente, aún se preocupa por mí.

"Eso no es algo que haga un humano."

Me pongo de pie, examinando su expresión de sorpresa. Fijo mi mirada en el rostro de Emilia, notando que su labio está roto.

—¿Quién te hizo eso? —miro mi mano, descubriendo una pequeña mancha de sangre en mis nudillos. Parece que estuve en movimiento.

—¡No te preocupes por eso! —Emilia se limpia con magia en un instante—. Marco, necesito hablar contigo.

Parece un poco mejor. Emilia se levanta y se acerca a mí, pero doy varios pasos para alejarme de ella.

"No te acerques."

—Emilia, mi pasado es algo que ni yo recuerdo muy bien, pero recientemente, mis recuerdos han estado regresando.

"Hijo, ¡huye!"

—¡Ugh! —tapo mi boca, conteniendo las náuseas—. No te preocupes, en unos días, todo acabará.

Emilia intenta tomarme del brazo, pero con fuerza me libero de su agarre.

—No me busques, no me hables, yo… —dirijo la mirada hacia la salida, intentando encontrar una escapatoria—. Estoy cansado.

Me alejo y camino hacia el bosque. Parece que duré bastante tiempo, ya que ahora es de día.

En la base, solicito a uno de mis soldados que traigan mi pistola. Ellos me la entregan, y veo a Erick, quien parece seguir escribiendo.

—¿Tienen cigarros? —miro a mi alrededor, y uno de los soldados me entrega una caja.

Es bueno para el estrés, a los soldados les gusta. En este mundo, algo como el humo dudo perjudique a las personas. Después de todo, está la magia para sanar cualquier mal.

Tomo la caja y camino hacia una parte alejada en el bosque.

Al llegar a un claro, me acuesto en el césped y miro hacia el cielo. Enciendo un cigarro y comienzo a fumar.

El calor del cigarro rodea mis manos, mis pulmones se llenan de aire mientras el sabor a nicotina y hoja quemada recorre mi garganta.

La cuenta regresiva ha empezado.

Las cenizas caen al suelo, las hojas viajan mientras veo a alguien acercarse. Parece que me estuvo siguiendo, supongo que la preocupé.

Pero eso ya no importa. Nada de lo que haga o diga ahora tendrá importancia.

Debo tomar una decisión.

Puedo morir dos veces o dejar que ella tome mi cuerpo.

—Parece que Marco Luz ha dejado de existir. —Crusch me mira, mientras sigo acostado.

Ella me observa con una profunda tristeza, o más bien, decepción.

—No quiero hablar ahora.

Ya me rendí, no necesito hablar con nadie.

Crusch me mira unos segundos, para luego dirigir su mirada al cielo.

—Dicen que cuando alguien fuerte se muestra débil es porque han pasado cosas horribles. —Ella extiende su mano al cielo, solo para luego apretarla—. Pero, yo no creo eso.

Crusch siempre ha sido creyente de la fortaleza, de esas personas que enfrentan todo con firmeza. Si hubiera algo así como héroes, ella sería una ferviente seguidora.

—Ya sabes que Beatrice no está muerta, entonces, deberías estar luchando por salvarla. —La mirada de Crusch se encuentra con la mía. No sé qué expresión tengo, pero ella me observa con ese gesto peculiar.

Sí, Beatrice... Yo.

"Era una niña."

Un recuerdo atraviesa mi cabeza, haciéndome caer en cuenta de todo.

"Le daremos una sorpresa."

Ya lo entiendo, lo que nunca comprendí.

—Ya me rendí, hice una apuesta, en unos días moriré si Emilia no es capaz de superar las pruebas. —Cierro mis ojos, ya no tengo más que decir. No importa si Crusch lo sabe; sé que ella no dirá nada a Emilia.

Como Crusch no puede tomar la prueba, tampoco serviría de nada.

—¿Morirás? ¿Estás hablando en serio?

Suspiro con gracia, ella es capaz de ver que digo la verdad.

—Con la intención de encontrar una forma de salvar a Beatrice, hice un contrato, apostando mi alma. Si Emilia no es capaz de hacerlo, entonces desapareceré... Creería que nadie se dará cuenta, puesto que mi alma será reemplazada.

Crusch ya no pertenece a este mundo. No debería importar si le cuento o no, puesto que no veo efecto o no he muerto, no debería haber roto el contrato. No cuenta cómo ayudar a Emilia, así que no debería ser un problema.

Además, Echidna me lo debe.

—¿¡Eres idiota!? —Crusch aprieta sus manos y me mira con fuerza—. ¿Cómo te metiste en algo así?

Me encojo de hombros, sin decir nada. Qué sorpresa ver a Crusch molesta, su firmeza y su expresión, aun decepcionada, son capaces de mostrar tanta rabia.

—Si te molesta, quiero estar solo. —Tomo mi habano y fumo, observando el vapor desvanecerse en el viento.

Crusch me mira con incredulidad. Ella aprieta sus manos y me da la espalda.

—Yo pensaba que tú… —Deteniendo sus palabras, comienza a caminar—. Me equivoqué contigo.

Sí, se ha equivocado totalmente.

Hasta yo lo he hecho.

Pensaba que me conocía, pensaba que recordaba las cosas como eran.

Pero parece que mi cerebro había borrado todos los recuerdos puntuales, todas las situaciones traumáticas. Ahora que recuerdo lo que hice, hasta dónde llegaron mis acciones irresponsables.

Todo por querer ser un héroe.

Esto es el fin, mi historia acaba aquí. Moriré, quedaré aprisionado por el resto de mi vida en un cuerpo, viendo cómo otra alma lo utiliza. Pero no me importa, le pediré piedad a Echidna y haré que me asesine.

Mientras no me haga un espíritu artificial, estaré bien.

Ya no quiero vivir, no necesito vivir.

No cuando mis manos solo están manchadas con la sangre de mis seres queridos.


Capítulo 7.

Debo hacer lo que tengo que hacer

Toco mi labio, reconociendo que fui descuidada.

Decirle esas palabras, después de todo lo que ha hecho por mí. Nunca había visto esa expresión en él.

Miro mis manos, apretándolas con fuerza.

El pasado de Marco, lo que vi, fue ciertamente horrible. Las cosas que siempre quise saber, las historias que él omitía. Las cosas que tuvo que vivir, lo que apenas alcancé a ver.

Marco y yo nos parecemos mucho; sin embargo, duele realmente en mi corazón.

Soy tan débil, a pesar de querer crecer o madurar, como siempre dice Marco.

Permanezco siendo la misma niña de siempre, atrapada entre las paredes que exhalan un aroma a polvo que se filtra en mis sentidos.

Mi mirada explora el entorno, revelándome las paredes frías y secas que me rodean, un ambiente implacable que no concede tregua.

Debo enfrentar este desafío si quiero liberar a las personas de este lugar, si anhelo escapar de esta prisión que aprisiona no solo mi cuerpo sino también mi alma.

Sin embargo, una sombra de duda se cierne sobre mí.

Me inclino hacia adelante, sintiendo cómo mi cuerpo tiembla, no solo por el frío de las paredes, sino por el recuerdo que amenaza con desgarrar mi ser.

No es solo un recuerdo, sino las emociones de Marco, sus deseos, que se han bloqueado en mi interior, congelándome en una marea de sentimientos no experimentados en su totalidad.

Marco lo soportó, presenció cada detalle ante sus ojos, y ahora me enfrento a la tarea de engañarme a mí misma. Trato de secar mis lágrimas, pero la sensación de inutilidad me envuelve implacablemente.

A pesar de mis esfuerzos, me siento impotente.

Puck, ha tenido que alejarse, y Betty, en las puertas de la muerte, es un recordatorio sombrío de la fragilidad de la vida. Marco, aparentemente, ha capitulado ante la desesperanza, rindiéndose no solo ante el mundo que lo rodea, sino ante mí misma.

—Dijiste que no te rendirías. —Mis ojos se posan en el suelo, mientras las gotas de lluvia caen sin piedad. Solo sé llorar, esperar y aferrarme a la creencia ilusoria de que, por mi esfuerzo, algo cambiará.

Me siento perdida, sin saber cómo enfrentar estas emociones que amenazan con devorarme.

Me levanto con determinación, dejando atrás el santuario que se ha convertido en mi refugio y mi condena. Sé que debo hacer algo, enfrentar la oscuridad que se cierne sobre mí.

Sí, como él me instó a hacer en alguna ocasión.

—Tengo que hacer lo que debo hacer. —Tapo mis ojos de los fuertes rayos del sol. Tengo el día para prepararme, y en la noche debo enfrentarme a la prueba que aguarda como un monstruo hambriento.

Otto me saluda, pero opto por ignorarlo, consciente de que mi actitud no debería ser así. Sin embargo, en mi lucha interna, el mundo exterior se desvanece.

Sé que debería mostrarme alegre.

A veces me cuestiono qué sería de mí si no hubiera tomado la mano de Marco, si la ignorancia fuese preferible. Me pregunto si la felicidad se encuentra en la inconsciencia de lo que aguarda en el futuro.

Son reflexiones que mi yo del pasado nunca habría imaginado, pensamientos que ni siquiera se me habrían cruzado por la mente.

Me doy cuenta de que mi yo del pasado ya no existe, ahora que conozco las historias y las vidas de las personas, ahora que sé que me necesitan, ahora que entiendo que debo ser el pilar para aquellos que lo requieran.

Sin embargo, a pesar de todo, persisto en mi debilidad, sigo siendo esa niña atrapada tras el cristal.

Mi corazón duele y, a pesar de mis esfuerzos, no puedo hacer más que llorar.

Justo cuando necesito apoyar a los demás, me siento impotente. Cierro la puerta de mi habitación con cerrojo y me lanzo a la cama. Siento la suavidad del colchón, como si intentara absorber mi alma por completo.

Aprieto las sábanas con fuerza, temblando.

Cierro los ojos, tratando de contener el flujo de lágrimas.

—Debes ser fuerte, Emilia. —Aprieto más los ojos, luchando por mantener la compostura. Sí, eso es lo que debo hacer. No puedo permitirme mostrar debilidad, no puedo continuar así.

Quiero, deseo ser fuerte como él me ha enseñado.

He intentado imitarlo, he sido testigo de su sufrimiento y su capacidad para soportarlo todo por sí mismo. Desde que lo conocí, mi deseo más profundo ha sido alcanzar la fortaleza que él personifica.

La Emilia que existía antes de su llegada no era adecuada para asumir el trono, pero ahora, incluso puedo mirarme al espejo sin sentir asco.

He aprendido a admirar mis propias facciones y a aceptarme. He desarrollado la habilidad de relacionarme con mucha gente, he conocido la vida y el cariño de muchas personas.

—Betty… —Sin fuerzas, las lágrimas vuelven a brotar sin control.

No quería que esto sucediera, todo por querer instaurar un cambio, por ser yo misma. Yo, sin mi presencia, quizás no habrían ocurrido eventos tan horribles. Tanta gente ha muerto, tantas vidas perdidas por mis decisiones.

Aunque era la única opción, lo sé, Otto me lo dijo una vez.

«Si no tenemos la guerra, no solo lo construido caerá, sino que toda la gente será sacrificada por los intereses de los demás.»

Lo sé, pero… ¿No es eso lo mismo que pasó? Los demihumanos que entraron a la guerra fueron transformados en esas abominaciones. Fue una masacre completa, sin tregua, tanto para nosotros como para los inocentes.

Cubro mi rostro, intentando esconderme del mundo.

—Yo… —mi voz se quiebra, mientras intento pedir ayuda—. Puck…

Lo extraño, sé que él me ocultaba cosas, pero siempre estuvo para mí.

—Madre Fortuna. —Ella fue mi luz, la persona a la que más amo junto a Puck—. Padre Guise.

Te vi morir, te vi morir cuando tu alma fue consumida. Te vi morir cuando Marco te arrebató la vida. Sé que estabas sufriendo, que hubieses deseado partir.

Pero, yo quería poder hablar contigo.

—Agh… —No puedo parar de llorar, no puedo, aunque quiera.

Cuando me enfrenté a todos, cuando pude protegerlos contra la gran ballena, cuando tuvimos esa celebración; Me sentí viva, sentí que por fin estaba haciendo algo.

¡Toc! ¡Toc! El sonido de la puerta detiene mi llanto.

Intento limpiarme, pero las lágrimas no dejan de salir. Si hablo, se darán cuenta de que estoy llorando. No quiero eso; si la gente del pueblo o quienes esperan de mí se dan cuenta, seré una carga otra vez.

—Soy yo. —Crusch me habla a través de la puerta.

Ya veo, supongo que se dio cuenta de todo. ¿Será que habló con Marco?

—P… pasa. —Limpio mi rostro, intentando no verme tan mal. Recuerdo que la puerta estaba cerrada con llave, por lo que me fuerzo a levantarme.

Me siento pesada, todo el peso de la responsabilidad recae ahora en mí.

¿Es esto lo que he de llevar siempre? Este peso, estas náuseas. Los recuerdos de lo sucedido, sus emociones, sus pensamientos.

Él carga con todo eso, mientras siente el peso de sus decisiones.

El peso de las decisiones y el eco de los recuerdos atormentan mi mente, como sombras danzantes en un rincón olvidado.

Me sumerjo en mis pensamientos, tratando de ahogar el susurro de la desesperación que se cierne sobre mí. Cierro los ojos y siento el frío tacto de la realidad, un recordatorio implacable de las elecciones que he tomado y las consecuencias que arrastro.

La habitación se vuelve un reflejo de mi alma, un lugar donde la luz apenas se atreve a penetrar. Me enfrento a sus fantasmas, a la carga de un pasado que se aferra a mi ser como una sombra ineludible.

Las lágrimas resbalan por mis mejillas, testigos mudos de la tristeza que se anida en lo más profundo de mi corazón. ¿Cómo he llegado a este punto, donde la esperanza parece un destello lejano en la penumbra de la desolación?

Respiro hondo, intentando contener la tormenta emocional que amenaza con desbordarse.

Mis manos buscan ansiosas un apoyo invisible en el aire, una respuesta que se escapa entre mis dedos como el humo de un sueño efímero.

En el silencio, escucho el latir apagado de mi propio ser, una melodía melancólica que resuena en la oscuridad de mi alma. La carga de la responsabilidad pesa sobre mis hombros, y me pregunto si algún día podré liberarme de este sufrimiento.

He enfrentado tantas pruebas, pero esta carga emocional parece desbordar mis límites, dejándome vulnerable en un mar de incertidumbre.

Mis manos, temblorosas, buscan el valor para abrir la puerta que separa mi soledad del mundo exterior. Al hacerlo, encuentro a Crusch, con una expresión que refleja preocupación y pesar.

¿Qué secretos alberga su corazón?

—¿Puedo pasar? —sus palabras resuenan como un eco de compasión, y asiento en silencio, permitiendo que la penumbra de mi habitación abrace también su presencia.

Crusch, a pesar de haber rozado la muerte, sigue adelante con una fortaleza que admiro en silencio. Sin embargo, mi confianza en ella se tambalea cuando pronuncia la palabra temida:

—La prueba...

Mis manos, ahora inquietas, reflejan la tormenta que se desata en mi interior. La sangre parece abandonar mi rostro, dejándome pálida ante la revelación que está por acontecer.

Me desplazo con cautela hasta la cama, evitando el contacto visual, como si así pudiera ocultar las cicatrices emocionales que llevan mi nombre.

—¿Qué viste en esa prueba? Tu una vez contaste sobre ti, pero, sé que lo habrías superado.

Crusch se sienta a mi lado, y en sus ojos descubro la búsqueda de respuestas que ni yo misma poseo. Su pregunta, directa y punzante, me sume en un dilema interno.

¿Debería confiarle lo que vi en aquella prueba?

¿Cómo puedo transmitir la desesperación, el dolor y la tristeza que me acechan sin traicionar la confianza de Marco?

—¿Tiene que ver con Marco? —su pregunta me sorprende, abro mis ojos y la miro directamente.

Asiento con un gesto que revela más de lo que estoy dispuesta a decir con palabras.

Mi respiración agitada se esfuerza por encontrar la calma, pero en el silencio que sigue, las lágrimas amenazan con desbordarse, como un río que encuentra su cauce después de una tormenta.

Crusch deposita con delicadeza su mano en mi espalda, comenzando a acariciarla con suavidad, un gesto de consuelo que apenas logro sentir al estar sumida en mi propio tormento.

—Yo… hable con él.

Sus palabras revelan la verdad que temía enfrentar: ha hablado con Marco. El eco de mis acciones resonando en sus oídos, la angustia se apodera de mí.

—Entonces lo sabes… —mi voz, quebrada por la tristeza, apenas logra articular las palabras.

La confirmación se dibuja en el gesto de Crusch, quien muerde levemente su labio, reflejando su preocupación y, quizás, decepción.

—Parece que se ha rendido, que ya no quiere hacer nada —sus palabras resuenan como un lamento en la penumbra de mi habitación—. Intenté hablar con él, pero creo que empeoré las cosas.

El suspiro que escapa de los labios de Crusch parece llevar consigo el peso de nuestras propias frustraciones. La decepción se cierne entre nosotras, como una sombra que amenaza con engullir cualquier atisbo de esperanza.

—¿No puedes confiar en mí? —la pregunta de Crusch, directa y penetrante, me perfora como una flecha. Temo herir la confianza que nos une, pero la verdad exige ser liberada.

—Sí, confío en ti. —Tomo sus hombros, buscando su mirada con determinación—. Lo hago, pero lo que vi…

Crusch parece sorprendida por mi gesto, como si este acto de apertura fuera un territorio desconocido entre nosotras. Pero hay secretos que pesan más que la lealtad, y tengo que compartir la carga que amenaza con desbordarme.

—Sé que la prueba se trata sobre el pasado, pero precisamente por eso no entiendo. —Sus ojos penetran en lo más profundo de mi ser—. No entiendo cómo tú…

—¡Marco! ¡El pasado de Marco! —las palabras escapan de mí, un grito desesperado que libera la marea de lágrimas contenidas.

Crusch me envuelve en un abrazo reconfortante, mientras dejo que la verdad fluya junto con mis lágrimas.

—Otto me había dicho que había algo raro, pero con eso y lo que dijo Marco, creo que ya entiendo todo. —Crusch acaricia mi cabello con ternura, mientras mi desesperación encuentra refugio en sus brazos.

—Marco… él, no sé cómo siquiera está de pie —confieso entre sollozos, sintiendo el abrazo de Crusch como un ancla en medio de la tormenta—. Crusch, él...

Ella detiene sus caricias, pero su abrazo se intensifica. Es una fortaleza silenciosa, un eco del espíritu de Marco que ella también comparte. En su silenciosa resistencia, encuentro un consuelo efímero, una conexión entre almas que intentan sostenerse en medio de la desolación.

—Él siempre ha sido así, aguantando todo y siguiendo adelante. En cambio, yo... yo lo intento, intento tomar esa actitud como ellos. Cuando personas vienen con problemas siempre intento ayudar a quien lo necesite —mis palabras se deslizan entre los sollozos, revelando la brecha que siento entre mi anhelo de fortaleza y mi propia fragilidad.

Por eso estudio, por eso me sumerjo en la medicina, porque es mi refugio, mi vía para entender y aliviar el sufrimiento de los demás.

Entre sollozos, confieso a Crusch la terrible verdad: he dicho cosas horribles a Marco, y siento que he arruinado todo.

Su imagen, maltrecha y derrotada, se proyecta en mi mente, y el peso de la pérdida de Betty se mezcla con el tormento de conocer su pasado.

—Le dije a Marco cosas horribles, se dio cuenta de que vi su pasado y por eso ahora… —mis palabras titubean, ahogadas por el nudo en mi garganta—. ¡Ahora lo arruiné!

Crusch me envuelve en su abrazo compasivo, sosteniéndome mientras me deshago en lágrimas. La pérdida de Betty se entrelaza con la comprensión de lo que Marco ha sufrido, y la angustia me consume.

—¡Acabamos de perder a Betty! ¡Sé lo importante que es ella para él! —expreso entre sollozos, la urgencia de ayudar a Marco palpita en cada palabra.

Ahora, más que nunca, deseo aliviar su carga, ser el apoyo que necesita.

Mis lágrimas son un torrente, y Crusch, con su paciencia y ternura, sigue acariciando mi cabeza, ofreciendo consuelo en medio de la tormenta emocional.

—¡Yo quiero ayudarlo! —exclamo con el corazón afligido, sintiendo que una parte crucial de mí se desvanece con el dolor que Marco lleva a cuestas.

Quise ser fuerte, ocultar mi tristeza cuando él habló de Betty, pero al ver su rostro derrotado, me confronté con la realidad de su sufrimiento. Quería que él se abriera, que encontrara consuelo en mi compañía.

Pero ahora me enfrento a la realidad de no saber cómo ayudar.

—Marco no te culpa por nada —las palabras serenas de Crusch calman momentáneamente mi agitación—. Sabes, hacer este tipo de cosas era impensable para mí.

La miro a través de las lágrimas, su visión distorsionada por el dolor y la confusión. Crusch, con su mano, limpia suavemente mis lágrimas, pero estas persisten en brotar.

—Creí que mostrar cariño o afecto era una muestra de debilidad, era una forma de decir que las personas no podían soportar las cosas. —Crusch sonríe débilmente, compartiendo un fragmento de su propia historia—. Yo, siempre creí que todo eso me haría ver débil. Que haría que me subestimasen y no me tomasen en serio.

La revelación de Crusch, una mujer fuerte y resiliente, me sorprende.

¿Ella también tuvo que luchar contra la percepción de la vulnerabilidad?

¿Crusch tenía esos pensamientos? Entonces, cada vez que jugábamos o salíamos a divertirnos… ¿Estaba pensando en ello?

—Pero fue solo al comienzo, es algo que no le he dicho a nadie. —Ella me guiña débilmente el ojo—. Pero, gracias a ustedes me he dado cuenta de que el cariño es, al contrario, una muestra de fortaleza.

Sus palabras me sorprenden, y mi intento de contener los sollozos y la respiración se ve desbordado por la emoción. Sin embargo, a ella no parece molestarle mi descontrol emocional.

—No me molestaban las muestras de afecto hacia mi persona, pero nunca di esas muestras a los demás. —Ella me toma de la mejilla, secando mis lágrimas con ternura—. Pero, al estar con ustedes, al ver cómo se acercaban a la gente, cómo avanzaban y se hacían más fuertes.

La revelación de Crusch sobre su experiencia con las muestras de afecto me deja reflexionando.

¿Cómo percibía yo esas interacciones? ¿Habré sido una molestia para ella con mi necesidad de cariño?

Sin embargo, su expresión y gesto indican lo contrario.

—Logré ver que toda mi vida lo estaba mal entendiendo. Mostrarse seria, mostrarse formal, mostrarse como alguien que no muestra afecto o alguien que se ve imponente es algo fácil.

Niego con la cabeza, asimilando sus palabras.

Para mí, mostrar seriedad y formalidad nunca fue fácil; siempre lo intenté, pero a pesar de ello no pude mejorar, no pude cambiar. Crusch sonríe ante mi negativa, pero hay algo en su mirada que no termino de comprender.

—Es fácil mostrarse seria y fría, créeme que es lo más fácil del mundo. —Ella suspira, entrecruzando sus manos con las mías—. Pero, lo realmente difícil es mostrarse como una luz para los demás.

La idea de ser una luz para los demás, de irradiar calidez y esperanza, me parece lejana en medio de mi propia tormenta emocional.

Crusch se levanta, dirigiéndose hacia la salida, y sigo sus movimientos con la mirada.

—Estás viendo mal las cosas, Emilia —dice mientras se inclina un poco hacia mí desde la puerta.

—¿Qué quieres decir con eso? —le pregunto, tratando de comprender sus palabras.

Ella abre la puerta y mira hacia el exterior con una sonrisa clara y cálida que siempre me ha parecido hermosa.

—Para poder mostrar cariño, para poder sonreír y acercarte a los demás, para poder ser una luz cálida en todos los corazones. —Continúa Crusch, mientras observa el horizonte—. Para poder dar afecto de verdad, primero necesitas ser fuerte, no dejarte llevar por la tristeza, no dejarte llevar por la ira, no dejarte llevar por las emociones negativas.

Me levanto, intentando alcanzarla, pero ella me detiene con un gesto de su mano.

Sus palabras resuenan en mi interior, plantando la semilla de una comprensión más profunda sobre el significado de la fortaleza emocional y cómo puede ser la base para brindar amor y apoyo a los demás.

—Debes descansar, prepárate para la noche. —Cierra sus ojos y muestra una última sonrisa antes de cerrar la puerta y dejarme sola.

Queda el silencio, un silencio que se cierne sobre mí como una sombra.

Observo el tejado, intentando encontrar respuestas en las formas y contornos que se dibujan en la oscuridad. Otra vez, parece que la soledad se convierte en mi única compañía, y la sensación de impotencia amenaza con ahogarme.

Tengo que encontrar una respuesta.

Me recuesto en la cama, sumida en pensamientos turbulentos. Creí que bastaría con desahogarme de vez en cuando, actuar y luego liberarme. Es lo que había aprendido, pero ahora siento que estoy pagando las consecuencias.

Mi cuerpo me envía señales, pidiéndome un cambio.

Yo, Emilia, debo entenderlo.

Debo reconciliar lo que debería ser con lo que soy. ¿Existe una manera de fusionar ambos sin perderme en el proceso?

Mis pensamientos se pierden en la búsqueda de una solución que no me cause esa sensación de pérdida que tanto temo.

Betty, Puck… ¿Qué debo hacer?

No es momento de preocuparme por las expectativas de los demás. Debo buscar la respuesta por mí misma.

En menos de un año, he vivido más de lo que jamás imaginé. He presenciado eventos extraordinarios, pero también he enfrentado desafíos que me han llevado al límite. Ahora, debo aprender de esas experiencias, encontrar respuestas y lograr la paz interior que tanto anhelo.

Si, ahora que puedo verme sin asco, ahora que he aprendido a apreciarme, debo aprender de lo bueno y de lo malo para seguir creciendo.

Pero ¿cómo lo hago?

Sé que quiero ser mejor, pero mi corazón y mi mente parecen estar en conflicto. Marco me ha enseñado que el cuerpo se opone al cambio, que debo ser fuerte y persistir.

Sin embargo, las palabras de Crusch plantean una perspectiva diferente.

¿Quién tiene razón?

Abro los ojos y me encuentro sumida en la penumbra. La luz del sol ha desaparecido, sumergiéndome en la tranquilidad de la noche.

¿Me quedé dormida?

Me incorporo de la cama, sintiendo el peso del colchón intentando seducirme para permanecer recostada.

—Debo hacerlo, por Marco. Si quiero comprenderlo, si quiero ayudarlo. —Observo mis manos, que tiemblan por el temor a revivir ese tormento.

La Emilia antigua se habría rendido, se habría sumido en la desesperación, pero yo, ahora soy diferente. Soy más fuerte, puedo enfrentarlo.

Aprieto mis manos, buscando fuerzas.

Limpio mi rostro en el baño, enfrentándome al reflejo en el espejo y ajustando mi cabello. Puedo ayudar, puedo ser un apoyo, pero mi corazón duele.

Betty... Si estuvieras aquí, todo sería más fácil. Te extraño. Fuiste mi confidente, como una hermana.

Desearía haber hablado contigo antes, cuando tenía miedo de hacerlo, cuando pensaba que estabas bien así. Pero ahora, que estaba siendo feliz contigo, te encuentras en peligro.

Me observo en el espejo, intentando forzar una sonrisa.

Mis manos no hacen más que revelar ligeras ojeras, algo que siempre creí imposible en mi raza. Roswaal y Betty me lo dijeron, pero ahora, siento una extraña incomodidad.

Salgo del baño y me encamino hacia las pruebas. En la salida de la casa, me encuentro con Ram. Ella mira al cielo, perdida en sus pensamientos.

—¿Ram? —me acerco lentamente, intrigada por su comportamiento.

Ram no responde, como si estuviera siendo hipnotizada por la majestuosidad del firmamento. Aún tengo tiempo, así que no debería ser un problema.

Toco suavemente el hombro de Ram, y ella se voltea hacia mí, sorprendida.

—¿Estás bien? —mi intriga crece, ya que sus ojos parecen cristalinos. ¿Ram, a punto de llorar?

¿Qué está sucediendo?

Creo que ella también sabe cosas que yo desconozco, cosas que involucran a Roswaal, así como a Marco.

Sé que ambos tienen roces todo el tiempo, y Marco en particular parece odiarlo por completo. Aunque Roswaal es alguien misterioso, siempre me ha apoyado, pero Puck, Marco, e incluso Betty desconfían de él.

Cuando pregunté, se negaron a proporcionarme pruebas o decirme algo.

Ram se inclina profundamente, sin decir una palabra más, y comienza a retirarse.

—Ram. —La tomo del brazo, haciéndola detenerse.

Ram se sorprende, girando solo para que unas lágrimas caigan de sus ojos. Sin querer, suelto su brazo.

—Lo siento, señorita Emilia, pero me gustaría estar sola en este momento. —Ram se aleja, entrando a la casa.

Me están ocultando cosas, para protegerme, para mantenerme así. Quiero ayudar, quiero hacer algo por todos. ¿Pero cómo lo voy a hacer si no son capaces de confiar en mí?

Si algo he aprendido es que la confianza se gana, sí, pero también depende de la decisión de la otra persona de confiar o no. Nunca había visto a Ram llorar, pero algo me dice que tiene que ver con él.

Me da miedo, es la palabra correcta.

Tengo miedo de confrontar a los demás.

Miro el cielo, intentando calmar mi corazón, acelerado y débil. Siento como si en cualquier momento me fuera a dar un infarto. Mis ojos pesan, mis pasos duelen.

Me siento cansada, cansada de todo.

Cuando llego a la tumba, no veo a nadie, como si ya supieran el resultado. Cierro mis ojos unos segundos, rezando a los espíritus por fuerza mental.

«Por favor, sé que soy imprudente e infantil, pero... déjame ayudar a quienes están frente a mí.»

Al abrirlos, continúo mi paso, acompañada por las estrellas y la soledad.

La sala se ilumina con un resplandor deslumbrante, una luz incandescente que amenaza con arrebatar mi aliento. Cada paso se convierte en un desafío, la carga del cansancio pesando sobre mis hombros, pero a pesar de la tentación de descansar, sigo avanzando.

Es necesario, imprescindible, aunque el deseo de reposo se haga eco en mis pensamientos.

Mis ojos, inquietos, recorren la estancia en busca de equilibrio, mientras la determinación me impulsa hacia adelante. Quiero descansar, pero sé que solo afrontando este desafío podré brindar la ayuda necesaria, incluso si esa ayuda no es bienvenida.

Finalmente, me acomodo en la sala principal y cierro los ojos, preparándome para lo que vendrá. En silencio, espero el susurro del pasado, la revelación de secretos enterrados en la penumbra del tiempo.

—Echidna, muéstramelo de nuevo, el pasado de Marco —pronuncio con determinación, buscando respuestas en las profundidades de la memoria.

Entonces, una voz etérea resuena en el aire, como un eco susurrante dispuesto a desvelar los misterios ocultos.

—Fu, fu. Lo haré con gusto.

Contiunará...