Capítulo 14
La Desolación de Emilia
Siento cómo mi ser se desconecta por completo, como si mi existencia ya hubiese llegado a su fin, como si el último suspiro se hubiera escapado hace mucho tiempo. Lloro, mis lágrimas son un río de desesperación, anhelando que él también llore, deseando fervientemente no ser la única que experimenta este tormento.
Mis manos, temblorosas y húmedas por el sudor frío, se aferran a mi cuello como garras desesperadas en un intento por detener el dolor que se extiende desde mi corazón.
Pero incluso en la penumbra de la sala de cine, puedo sentir la presión del aire viciado, el aroma a humedad y a antiguo, mezclado con el leve tufillo a galletas que flota en el ambiente.
Mientras mis dedos se aprietan más y más, el murmullo constante de la pantalla se mezcla con el sonido amortiguado de los sollozos que intento ahogar.
El chirriar de los asientos viejos bajo mi peso parece una mofa cruel, mientras Marco, en la pantalla, besa a María con un dolor que me perfora el alma.
—¡Ayuda...!
La súplica desesperada se pierde entre los susurros de la película, pero no puedo detenerme. Debo luchar, debo sobrevivir, aunque cada fibra de mi ser anhele la paz de la muerte.
—Merezco la muerte —susurra Marco en la pantalla, y su voz parece resonar en el aire cargado de la sala—. Pero hay un deber que debo cumplir antes.
Mis lágrimas se mezclan con el sudor frio en mi rostro, una combinación salada que apenas puedo distinguir en la oscuridad. El aire parece más denso, como si cada bocanada fuera un esfuerzo titánico, y me veo obligada a cerrar los ojos para no ver el mundo que se desmorona a mi alrededor.
—Salvaré a los demás, los protegeré a todos. Y castigaré a aquellos que permitieron que esto sucediera.
Mis pulmones se llenan de aire viciado, y siento como si me ahogara en un mar de desesperación. ¿Cómo puede Marco seguir adelante, seguir luchando, cuando cada respiración parece un esfuerzo sobrehumano?
—Incluyéndome a mí mismo.
Abro los ojos, y la luz tenue del santuario proyecta sombras danzantes sobre las paredes grises de esta tumba. El eco de mis propios sollozos se mezcla con el murmullo de los animales afuera, creando una cacofonía de sonidos que me envuelve y me ahoga.
Otra vez, otra vez no pude soportarlo. ¿Cómo lo logró él? ¿Cómo puede mantener la calma a pesar de estar destrozado por dentro? No comprendo, no puedo entenderlo.
—¡NO TE COMPRENDO! —grito con desesperación, pero mi voz se pierde entre los ecos del pasado y los susurros del presente. Las lágrimas fluyen sin cesar mientras imploro por una voz que me responda—. No te... comprendo. No te entiendo... Marco.
El frío del suelo parece penetrar en mis huesos, como si cada azote fuera un recordatorio cruel de mi propia fragilidad. Odio el frío, lo detesto con toda mi alma. No quiero sentir frío, no quiero este vacío, no quiero seguir así, no quiero seguir existiendo.
Estoy cansada, harta de todo.
—Te daré una motivación para continuar —dice la voz de Echidna en mi mente, y su risa parece resonar en cada rincón de mi alma. Busco a mi alrededor, tratando de encontrarla, pero solo veo las grises paredes que me rodean.
—La apuesta de Marco va más allá de lo que imaginabas. Tenías cinco oportunidades para superar las pruebas, pero parece que has renunciado por completo —la risa de Echidna resuena en la habitación, alimentando el vacío en mi corazón, avivando mi odio como un torrente desbordado—. Lo irónico es que, al darse cuenta de su pasado, él dejó de apoyarte.
Una sonrisa se forma en mis labios; intento detenerla con mi mano, pero es inútil. Lo sabía, esto es lo que soy. No puedo ocultar mi verdadero yo detrás de máscaras de positividad. En situaciones tan críticas, mi verdadera esencia emerge.
Si él ha renunciado, entonces yo también. No tengo por qué continuar.
NO tengo que volver a repetirlo.
—¡Gracias! —me inclino ante Echidna, antes de salir de la tumba—. ¡Si fallo! Si fallo podré ser libre. No le pregunté qué fue lo que apostaron. Supongo no habrá sido algo importante.
Las leves luces del sol ascendente se filtran a través de las copas de los árboles, creando un mosaico de sombras y luces danzantes en el suelo del santuario.
—Es solo una apuesta, no debe ser nada…
El canto de los pájaros y el susurro del viento entre las hojas llenan el aire con una melodía suave y serena, un contraste agudo con la tensión que se acumula en mi pecho.
—Su vida.
Giro mi cabeza en dirección del sonido. Apenas en la salida, la veo allí: de pie. Crusch me mira con una expresión seria. La sonrisa que antes cargaba se borra por completo.
—¿Eh? —mi mirada se posa en los ojos firmes de Crusch, quien me mira esta vez como si yo fuese quien está haciendo algo mal.
—Marco apostó su vida, en pos de encontrar una forma de salvar a Beatrice —sus palabras terminan de helar mi sangre.
Las hojas secas crujen bajo mis manos temblorosas mientras intento frotarme los brazos, buscando desesperadamente algún rastro de calor en el aire fresco de la mañana.
Siento frío.
Mis piernas ceden bajo el peso de la revelación, dejándome sentada en el suelo cubierto de hojas secas y musgo, como si fuera parte de la naturaleza que me rodea, absorbida por la incertidumbre y el peso de la responsabilidad.
—Entonces… ¿Se rindió? ¿Por mi culpa? ¿Morirá Marco Luz? —¿Morirá por mi culpa? Sin que yo pueda hacer algo.
Necesito calor, por favor, alguien… Solo quiero descansar, solo quiero poder cumplir mis objetivos.
El susurro del viento se convierte en un murmullo insistente en mis oídos, y el aroma fresco de la vegetación circundante se mezcla con el sabor salado de mis lágrimas.
El mundo parece girar a mi alrededor, un remolino de emociones turbulentas que amenazan con arrastrarme.
Ahora, la vida de Marco pende de un hilo. Y yo soy la mano que controla las tijeras.
Crusch me levanta y sostiene de los hombros. Su agarre es fuerte, parece que de verdad está enojada; debe ser difícil para ella. En cambio, ahora, no soy capaz de sentir como debe ser. Para empezar.
¿Por qué tengo que pensar en cómo me siento? Jamás me había pasado esto.
—¡Tú eres la que tiene que salvarlo! —ella hace más presión, intentando fundir sus ideales en mí. El tacto de sus manos, su calor, todo lo que siento es el frío de la responsabilidad. Todo lo que siento es la profunda falta de conexión.
No puedo, no puedo hacerlo.
Pensé que podría, que podría simplemente soportarlo, que si Marco pudo soportar eso yo también.
—No puedo, ya fallé, ya he fallado lo suficiente como para comprenderlo. —Mi corazón duele, pero no puedo ver más allá, soy inútil para esto. Esto va más allá de esforzarme.
A pesar de su fuerza, quito sus manos. Ella me sigue mirando, pero yo no quiero hacer contacto visual. Aprieto mis labios, producto de ese punzón en mi corazón. Miro hacia adelante, ya casi está amaneciendo.
No hay nadie, porque nadie esperaba que lo lograra. Ella, Crusch…
"El cariño es una fuente de fortaleza" Sus palabras son acertadas, pero no puedo sentirlas.
Siempre he sido alguien que busca la justicia, alguien que busca comprender a los demás. Me daba miedo ser yo misma, me daba miedo cuando me juzgaban por mi apariencia. Fue un proceso duro, pero gracias a Marco pude entender muchas cosas. Gracias a la gente del pueblo pude ver que el cambio es posible.
Pero, así como se cambia para bien, también se cambia para mal.
Crusch intenta acercarse, pero yo me alejo, bajando los escalones de la tumba.
—Tu… No eras así.
Creo que ni yo misma puedo reconocerme.
—¿A no? Pues… parece que ahora lo soy.
Mis palabras, llenas de desprecio, viajan por el aire. Eres una idiota Emilia, ella es tu amiga, ella te ha apoyado siempre. Crusch siempre ha sido cordial contigo, aunque a veces es fuerte con sus palabras, ella siempre ha sido quien te ha apoyado.
Entonces... ¿Por qué estoy siendo así con ella? ¡Di algo, Emilia!
Avanzo con pasos vacilantes, mientras los gritos angustiados de Crusch resuenan a mis espaldas.
—¡No puedes rendirte!
Me parece tan fácil para los demás comprender el dolor ajeno, tan sencillo subestimarlo.
Usamos palabras para describirlo, pero nunca alcanzamos a comprenderlo por completo. Estoy exhausta. ¿Acaso puedo realmente hacer algo en esta situación?
Contemplo el cielo, observando cómo las estrellas se desvanecen gradualmente bajo el resplandor del sol ascendente. Aprieto mis manos con fuerza, buscando desesperadamente una respuesta.
No sé qué decir, ni cómo expresar lo que vi, lo que sentí.
El dolor que acabé de experimentar es demasiado profundo. La primera víctima de Marco fue la persona a la que amaba. La asesinó sin piedad, y ahora carga con ese peso sobre sus hombros.
¿Cómo puedo ayudarlo en esta situación?
¿Es su acción perdonable?
¿O será que el Marco Luz que creía conocer siempre fue un monstruo en su interior?
A pesar de todas las dudas y la confusión que me embargan, encuentro algo de consuelo en lo que sí sé: lo que puedo hacer, lo que tengo en mis manos, lo que lleva latiendo en mi corazón desde el primer día.
Dirijo mi mirada hacia Crusch, cuyo rostro refleja una mezcla compleja de emociones. Le dedico una leve sonrisa acompañada de un suspiro cargado de resignación.
—Ya no queda nada —murmuro con pesar.
Al llegar a mi habitación, me encuentro con el desorden habitual: sábanas desordenadas, ropa esparcida por el suelo. Me dejo caer en la cama, tratando de ordenar mis pensamientos en medio de la confusión.
La niebla... era miasma, no cabe duda.
Marco tiene la capacidad de verlo por alguna razón que aún escapa a mi comprensión. ¿Siempre fue así? ¿Siempre lo supo? Estas preguntas solo alimentan el desconcierto que siento hacia él.
¿Cuántas cosas me ha ocultado?
—No lo entiendo.
Agarro mi cabeza, intentando recordar una pista para resolver esta situación. No lo soportaré, estas emociones, no las quiero volver a sentir.
No soy fuerte, no soy como los padres de Marco, no soy como John que fue capaz de sacrificarse con una sonrisa. No soy como María, que fue un pilar para Marco hasta que le hicieron eso.
Yo puedo esforzarme, puedo hacerlo y puedo fingir.
Conozco mis cualidades, puedo verme al espejo con facilidad; he cambiado. ¿Entonces por qué me siento tan falsa?
"¡Soy Emilia!" Los recuerdos durante la batalla contra la ballena me arremolinan. "Tienes potencial"
Tengo que pensar en algo. Soy más fuerte que antes, puedo soportar estas emociones, el problema es que no sé qué hacer con ellas. Llorar no basta, sufrir no basta.
—¡Señorita Emilia! —exclama Ram a través de la puerta, tocando varias veces.
Levanto mi cabeza, solo para ver cómo la puerta tiembla por los golpes de Ram. Me levanto, pero mi cabeza pesa demasiado como para mantenerme erguida.
—¿Sí? —miro a Ram, quien parece preocupada, aunque su mirada no lo diga puedo verlo; sus manos ligeramente nerviosas.
Ella me señala hacia la salida de la cabaña.
—El estúpido de Marco y el idiota de Garfield están peleando. —Ram me mira con cierta molestia, un contraste a su preocupación inicial.
Es raro que me llame ella para algo así. Para empezar, Ram no es esa clase de persona.
—Vamos…
Voy junto a Ram, corriendo hasta atravesar el bosque. Cada paso me pesa, cada trago de aire me duele. No quiero verlo, no quiero ver a Marco. Tengo miedo, tengo miedo de lo que voy a pensar, tengo miedo de verlo como un monstruo.
Tengo miedo de odiarlo. Tengo miedo de sentir que habría sido mejor nunca conocerlo.
Las preguntas que me asaltan como enredaderas. ¿Qué es la fuerza? ¿Es resistir, aunque el alma se desgarre? ¿Es enfrentar la verdad, incluso cuando es aterradora? ¿Es ser capaz de perdonar, aun cuando el dolor parece insuperable?
Mis pasos son una danza incierta en la oscuridad del bosque, mi mente es un laberinto de dudas y temores. Pero en lo más profundo, una llama de esperanza aún brilla, una búsqueda por comprender, por encontrar el camino a través del laberinto emocional que me consume.
—¡Emilia! —exclama Otto, con urgencia en su voz, resonando en el claro del bosque.
En el centro del espacio abierto, Marco sostiene su pistola mientras Garfield, con sus guanteletes chispeantes, se prepara para el combate. La tensión en el aire es palpable, y la confrontación parece trascender los límites de una simple pelea.
—Sed de sangre… —murmura Crusch a mi lado, su tono cargado de preocupación—. Ambos, Marco y el chico, parecen estar dispuestos a todo.
Marco ha derramado sangre desde su llegada a este mundo, pero nunca lo he visto afectado. No muestra consideración alguna cuando se enfrenta a otros asesinos. Pero Garfield, él es distinto.
Aunque estoy segura de que podría ser tan letal si se lo propusiera.
Los intentos de Ram por calmar la situación se pierden en el aire, mientras Garfield solo truena los dedos, haciendo caso omiso de las advertencias.
Observo a Marco en silencio, sintiendo como si el tiempo se hubiera detenido a nuestro alrededor. Intento discernir qué pasa por su mente, qué siente en lo más profundo de su ser. Pero, por más que lo intento, no logro comprender sus emociones.
A pesar de su aparente determinación, Marco no mantiene la postura de alguien que busca la victoria a toda costa. Puedo verlo claramente.
Él no busca ganar.
—¡Emilia está aquí! —grita Otto, sacándome de mi ensimismamiento y devolviéndome a la cruda realidad.
Nuestros ojos se encuentran. Intento apartar la mirada, pero me resulta imposible. En su rostro, veo la decepción reflejada en sus ojos. El brillo que antes irradiaba, la felicidad que me contagiaba ahora parece distante, opacado por una sombra de desilusión.
Mi corazón se contrae de dolor. Betty, solo ella podría brindarle consuelo en este momento. La extraño con intensidad, anhelando su presencia para mitigar el sufrimiento de Marco.
Pero no está aquí, y me siento impotente, sin saber qué hacer para ayudarlo.
La incertidumbre me envuelve, sumiéndome en un mar de dudas y temores. No sé cómo actuar, qué camino tomar. Todo lo que toco parece romperse, todo lo que intento construir se desmorona entre mis manos.
Miro al cielo en busca de respuestas, pero solo encuentro el silencio de la naturaleza que nos rodea. En este momento, solo puedo aferrarme a la esperanza y rogar por una respuesta.
Madre Fortuna…
Cada paso que doy parece llevarme más profundamente hacia la desdicha.
Padre Guise... te fuiste demasiado pronto.
Cada emoción que siento desencadena una despedida dolorosa.
Puck... te fuiste sin decir adiós.
Cada decisión que tomo solo aumenta el dolor de la ausencia.
Betty... ya no estás a mi lado.
Mis piernas se sienten como acero, mis manos inertes como si estuvieran atadas. Me encuentro paralizada, como si mi propio cuerpo me susurrara lo inútil que soy en este momento.
La mirada inquisitiva de Otto pesa sobre mí, esperando ansiosamente mi reacción. Pero ¿qué puedo hacer? ¿Qué puedo ofrecer? No puedo penetrar en su corazón, no puedo remplazar a Betty, no tengo el poder de hacerlo feliz.
¿Dónde quedó la versión de mí que, a pesar de la tristeza, seguía actuando según mis principios? En lugar de fortalecerme, siento que me he vuelto más vulnerable.
Marco sonríe, y luego su mirada se posa en Garfield.
—¿Está' listo? ¡Mi asombroso poder te arrasará por completo!
El maná de Garfield es denso, opresivo, cargado de emociones explosivas. Mientras tanto, el de Marco, debilitado por el abuso anterior, ahora parece diferente, ligero y sereno.
Su fuerza se percibe afilada, como el maná de Betty.
—Dijiste que esto era una batalla a muerte, entonces... —Marco apunta su arma hacia Garfield, sin titubear...
¡Bang!
El estruendo resuena en el aire, y Garfield reacciona, utilizando sus guanteletes para desviar la bala. Su guante queda perforado al instante, su brazo empieza a sangrar, víctima del ataque sorpresivo de Marco.
Garfield observa su brazo herido, las gotas de sangre cayendo. Debo detenerlo, pero no sé cómo hacerlo. La incertidumbre y la impotencia se apoderan de mí, mientras mi corazón se desgarra al presenciar la violencia desatada ante mis ojos.
No es el Marco que una vez conocí, aquel que me rescató de las sombras, aquel en quien todos confían.
—¿Eras tan débil? —la voz de Marco corta el silencio, como un látigo que hiere el alma.
La provocación de Marco resuena en el aire con sus palabras cargadas de desprecio. Pero lo que veo en sus ojos no es más que el reflejo del monstruo que arrebató la vida de María.
Garfield, recuperándose instantáneamente de sus heridas, sonríe con desdén y se lanza hacia Marco. Esquivando cada disparo con facilidad, recorta la distancia entre ellos en un abrir y cerrar de ojos.
Cada movimiento de Marco es contrarrestado por Garfield, quien se aproxima peligrosamente, listo para descargar su ira sobre él.
—¡Ahora, aprieta tu' dientes! ¡Bastardo! —grita Garfield, preparado para asestar un golpe letal a Marco.
Marco, en un gesto inesperado, suelta su arma y extiende los brazos en señal de rendición. Pero antes de que pueda hacer algo, un estruendo sacude el suelo y veo cómo Marco es arrojado violentamente contra él.
Cierro los ojos, deseando con todas mis fuerzas que mis piernas se muevan, que mi voz se eleve para detener esta carnicería. Cuando finalmente los abro, veo a Garfield sobre Marco, golpeándolo una y otra vez.
—¡Es suficiente! ¡El señor Roswaal no permitirá que le hagas más daño! —grita Ram, tratando de intervenir, pero su esfuerzo es en vano ante la furia desatada de Garfield.
Entonces, una figura inesperada aparece, una chica de cabello rosa, que con una sola mirada logra detener a Ram y sorprender a Garfield.
—Creo que la situación ha escalado más allá de lo esperado. Por ello, pido perdón en nombre de mi nieto, Garbo. —Sus palabras, cargadas de humildad, nos dejan a todos boquiabiertos.
Marco, con la nariz rota y los ojos hinchados, dirige una mirada hacia mí. Mis piernas se mueven casi por instinto hacia él, pero sus palabras me detienen en seco.
—No vengas. —su voz es un susurro entrecortado, pero su firmeza es inconfundible.
Se acerca a Garfield, lentamente, mientras intercambian palabras que no logro escuchar. La expresión de Garfield se torna sombría de repente, y en un instante la tierra comienza a temblar a nuestro alrededor.
—¡No lo hagas! —grita Otto, pero una nube de polvo nos envuelve, ocultando a Marco y Garfield de nuestra vista.
Crusch utiliza su magia para dispersar el polvo, pero cuando la visión se aclara, ambos han desaparecido.
—¿Se lo llevaron? —pregunta Otto, desorientado, pero yo lo tomo del hombro, sintiendo una certeza inquebrantable en mi interior.
—No, no se lo llevaron.
No necesito pensarlo mucho para comprenderlo ahora. Marco ha tomado una decisión, ha renunciado a todo.
—Él decidió irse con ellos.
—Un inútil haciendo cosas inútiles, no es de extrañar de ese idiota.
Todos me observan con asombro mientras Ram chasquea la lengua con fastidio y se retira hacia la cabaña, dejándonos atrás. Crusch y Otto permanecen a mi lado, compartiendo el peso del momento.
—¡Maldición! —exclama Otto golpeando un árbol con furia desesperada. La sangre brota de su mano herida, pero él parece indiferente al dolor físico, consumido por su impotencia.
Cuando me acerco para curarlo, él se aparta bruscamente.
—¡No pude hacer nada! —grita, golpeando nuevamente el árbol con impotencia. Crusch interviene para detenerlo, mientras yo me siento incapaz de aliviar su sufrimiento.
Todo lo que podía hacer era mantenerme firme, pero mi deseo de entender las emociones de Marco me llevó a este punto. El pasado de Marco es inmutable, y mi papel es simplemente observar el camino que siguió en el pasado.
—Debemos hacer algo —insiste Otto, intentando golpear el árbol nuevamente. Pero cuando intento contenerlo, siento su rechazo por primera vez. Está alterado, como si estuviera luchando con un secreto más profundo que la situación actual.
—Esto es mi culpa... —murmura Otto mientras se deja caer al suelo, temblando visiblemente bajo el peso de su propio remordimiento—. Fuimos nosotros quienes deseamos la guerra, por eso ahora Marco... —su voz se quiebra, revelando el peso de la culpa que carga consigo.
Me acerco con cautela, pero Otto se detiene de repente, extendiendo su brazo como si intentara contener el temblor de su cuerpo.
—Usted estaba en lo correcto, señorita Emilia... —continúa, levantando su mano con un gesto de desesperación. —¡Maldición! ¡Si tan solo no supiera eso! ¡Lo que hizo Ros…! —exclama, interrumpiéndose a sí mismo mientras su voz se llena de rabia contenida.
El nombre de "Ros..." queda suspendido en el aire, como una sombra que se niega a revelarse por completo. Otto cubre su boca, conteniendo las palabras que amenazaban con escapar, y su temblor se detiene abruptamente mientras se pone de pie con determinación.
—Ros... —murmuro, apenas audible a mí misma, aunque la palabra queda incompleta, su significado resuena en el silencio cargado de la noche.
No es difícil imaginar el final de ese nombre.
Otto me mira con ojos cargados de culpa, sabiendo que ha desencadenado una revelación que cambiará todo. Pero en mi mente no hay espacio para comprender esta conexión repentina.
¿Cómo puede ser que Roswaal, quien se suponía que debía ser un aliado, esté involucrado en esto? Durante la guerra, estaba limitado en sus acciones, ¿cómo habría podido influir en los eventos de esa manera?
Crusch parece haber llegado a una conclusión precipitada, tomando a Otto con ferocidad mientras exclama sin rodeos:
—¡Entonces fue él!
La fuerza con la que Crusch agarra a Otto hace que este cierre un ojo por el dolor, pero su expresión no muestra arrepentimiento sino un temor latente.
—¿¡Fue él quien alteró los vientos con magia!? —prosigue Crusch, y mi corazón se detiene en mi pecho al comprender la gravedad de sus palabras.
Mis manos se aferran con fuerza, como si buscaran desesperadamente una respuesta en el vacío. Recuerdo aquella tormenta, aquella ferocidad desatada que siempre creí obra de algún espíritu enojado.
Pero ahora sé la verdad. Lo sé porque estudié magia, para comprender mejor a Marco, para acompañarlo en su pasión por la manipulación de la magia.
Y entonces, la imagen de Marco se superpone en mi mente, sus palabras, su mirada llena de determinación. Él también lo sabía, Puck me lo había insinuado, había intentado advertirme.
Pero yo estaba ciega, negándome a aceptar la verdad.
—Debe ser un malentendido —balbuceo, intentando aferrarme a la idea de que mi mentor, mi benefactor, no puede ser responsable de algo así. Pero mis palabras suenan vacías incluso para mí.
Las sospechas de Marco, siempre latentes, ahora cobran sentido.
Nunca confió plenamente en Roswaal, siempre mantuvo su distancia, como si supiera algo que el resto de nosotros ignorábamos. Incluso Otto parece estar al tanto de algo que yo desconozco, una verdad que nunca se atrevió a compartir conmigo.
¿Por qué no confía en mí?
La pregunta se repite en mi mente, y con ella llega la dolorosa revelación de que quizás nunca he sido más que una pieza en un juego mucho más grande, una pieza ciega a las verdaderas intenciones de aquellos en quienes confiaba ciegamente.
¿Quería protegerme, o, quería usarme?
El peso del desaliento se posa sobre mis hombros, aplastándome con cada pensamiento. Mis ojos se abren con incredulidad, pero solo encuentro la sombra de mi propia incapacidad.
—Soy una inútil —susurro con amargura, sintiendo el aguijón de la derrota clavándose en mi piel. ¿Cómo podría siquiera aspirar a superar su pasado, si ni siquiera comprendo su presente?
Mis palabras se deslizan con resignación:
—Hagan lo que quieran.
No importa cuál sea la verdad, ya no me interesa. ¿De qué sirve luchar cuando sé que estoy destinada a perder?
Cada paso que doy a través del bosque es como caminar en un lodazal, hundiéndome más y más en la oscuridad. Me siento devorada por un abismo del que no veo escape, igual que Marco, también decido rendirme.
Los pensamientos se agolpan en mi mente, luchando por salir a la superficie.
—¡Tú no eras así! —escucho un grito en un arrebato de desesperación, aferrándome a mi propia cabeza con fuerza. Pero no hay respuesta, solo el eco vacío de mi propia voz.
Las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas, acompañando mi dolor mientras me arrastro hacia mi habitación. Ya no quiero enfrentarme al mundo exterior, no más.
¿En qué momento perdí el rumbo? ¿Cuándo dejé de reconocerme a mí misma en el espejo?
Mis manos tiemblan mientras intento levantarme, pero mis piernas ceden y caigo de rodillas frente a la puerta.
—Voy a matar a Marco —murmuro entre sollozos. La idea se instala en mi mente como una verdad incuestionable, una sentencia inevitable.
Solo hay una forma de escapar de este torbellino de emociones: volver a someterme a la prueba. Si quiero encontrar la fuerza para seguir adelante, aunque signifique su muerte, debo hacerlo.
Un gemido de angustia escapa de mis labios mientras me rindo ante el abismo que se abre frente a mí. En este momento, la única certeza que tengo es que estoy sola en mi dolor.
Entonces... lo mejor es que me quede aquí. Me rendiré...
¿Debería renunciar a mis sueños por él?
¿Qué estoy pensando? Es su vida, yo puedo vivir aquí. Sé que viviré por mucho tiempo. Viviré más que él. Y eso me aterra. Cuando Betty me lo contó, pude ver el miedo en sus ojos y escucharlo en su voz a punto de quebrarse.
Entendí que también se aplica a mí. Marco y yo somos de razas diferentes. Yo viviré más tiempo. ¿Qué significa quedarme atrapada durante sesenta o cien años más?
Al final, Marco también lo sabe. Por eso nunca me ha mirado de esa manera. Crusch y Marco, ambos deben seguir adelante. Aun sin el trono, Irlam puede sobrevivir. Yo esperaré, sí, me quedaré aquí hasta que Marco pueda cumplir su ciclo de vida.
Él debe saber sobre mi decisión, sin necesidad de que hablemos. Él sabrá que puede vivir, que debe seguir adelante. Solo quiero que sea feliz. Su vida es más corta que la mía, por eso debo considerar lo precioso que es cada minuto para él.
Cumpliré mi sueño más adelante, estoy segura de que podré hacerlo.
Lágrimas empiezan a deslizarse por mi rostro.
"Debes volver a cenar el próximo viernes", las palabras de la mamá de Petra, con quien ceno de vez en cuando, llegan a mi mente. La gente en Irlam también morirá, nuevas generaciones vendrán y yo me encontraré con un nuevo Irlam.
"¡Señorita Emilia, gracias por enseñarnos!", los agradecimientos de mis aprendices. No podré verlos de nuevo. Me encantaba enseñarles, me sentía tan viva al mostrarles cómo ayudar a los demás.
"Te traeré lindos recuerdos", la carta que me dejó Rem.
Rem, mi amiga. No quiero dejar de verte.
"Cuando seas gobernante, no te olvides de quienes te apoyamos", resuena la voz de Otto en mi mente, siempre presente, siempre dispuesto a ayudar con una sonrisa.
"Señorita Emilia, algún día, espero poder verla posicionándose en el trono. Estaré apoyándola desde aquí", las palabras reconfortantes de Luan, firme y cálida como siempre.
"Yo fui absorbida por gula, mi identidad es algo que te mostraré por mí misma", recuerdo las palabras de Crusch, quien ha sido mi guía y apoyo incondicional.
"Hasta que nos volvamos a encontrar, espero tengas tantos recuerdos por contarme", el dulce mensaje de Puck, mi segundo padre, pero tendrá que esperar hasta que todo esto termine.
Mis labios tiemblan al darme cuenta de lo que estoy a punto de abandonar, de todo lo que, pase lo que pase, tendré que dejar atrás. Los quiero a todos, más de lo que me había dado cuenta antes.
Lo que significan para mí, las alegrías compartidas, las nuevas experiencias, todo lo que he hecho y por lo que he luchado. Todos mis caminos conducen a perderlos; quedarme sola de nuevo.
¿Entonces, qué debo hacer? ¿Tiene sentido luchar?
Quiero liberar a mi aldea, son de mí misma raza después de todo. Pero, según entiendo, es probable que estén muertos. Hay una posibilidad, tan minúscula que apenas puedo vislumbrarla. La sangre del dragón, Roswaal me explicó que su sangre podría descongelar a mis seres queridos.
¿Y si es solo un engaño? Un pensamiento que nunca había pasado por mi cabeza.
Me tiro en la cama, apunto mi mano al techo y reflexiono sobre todo lo que debo hacer. Quizás, con una cantidad inmensa de cristales anti-maná pueda deshacer el hechizo. La sangre del dragón debería ser lo suficientemente poderosa para contrarrestar mi magia.
Para eso puedo esperar, no hay prisa. Ellos no irán a ningún lado.
—¿Cómo puedo volver a ser como era antes? ¿Cómo puedo borrar todo esto? —murmuro en la oscuridad, pero sé que jamás podré hacerlo. Ya estoy marcada, para siempre.
Por los miles de años que viva, no podré cambiar nada. Lo que he vivido en estos meses me marcará por toda la eternidad. Su presencia quedará como la prueba de lo inútil que soy.
La prueba de que no pude ayudarlos.
"Eres Emilia, la medio elfa más hermosa que he conocido en mi vida."
Cierro mis ojos con fuerza, anhelando ser arrancada de este abismo que me consume.
—No quiero partir, no quiero abandonarlos.
Las lágrimas brotan de mis ojos, un torrente de dolor y desesperación, porque sé que mi destino ya está sellado. Nunca lo había contemplado de esta manera, pero ahora comprendo por qué mis seres queridos nunca abandonaron su aldea.
Aun sin ser víctimas de la discriminación, el simple hecho de presenciar cómo aquellos a quienes amas perecen a tu lado, impotentes ante el inevitable paso del tiempo, es un destino tan cruel como la propia muerte.
Serán solo una breve ola en el vasto océano de la existencia. Nunca había considerado esta perspectiva.
—Quedaré sola, sin importar lo que haga.
La muerte los alcanzará, y, sin embargo, en este momento, me siento impotente para cambiar su destino.
Soy una necia, una completa necia. Me dejé llevar por mi ingenuidad, me dejé llevar por mis emociones. Ahora que soy consciente, no puedo evitarlo. Desearía no haber salido jamás de ese bosque.
"Déjame confiar en ti, porque veo un potencial ilimitado", su voz resuena en mi mente, un eco constante de sus palabras llenas de confianza.
—¡Basta! —grito con todas mis fuerzas, tratando de expulsarlo de mi mente.
"Las quiero, las quiero desde lo más profundo de mi corazón"
No puedo silenciar su voz, no puedo evitar recordarlo. Está arraigado profundamente en mi corazón, como una carga imposible de desprender.
Sintiendo el peso de mi cuerpo, me dejo llevar por la corriente, abandonando toda esperanza.
Capítulo 15
El Significado de la Amistad.
Clavo mi mirada en el sendero por el que Emilia se desvanece entre los árboles, una sensación de impotencia me invade al no poder hacer nada para aliviar su carga. La rabia bulle en mi interior mientras observo su partida, sintiéndome incapaz de ofrecer ayuda a mis amigos en este momento crucial.
Es entonces cuando siento la mano reconfortante de Crusch sobre mi hombro, su intento por brindarme consuelo en medio de la desesperación.
Crusch, mi amiga, ha experimentado una transformación notable desde que nos conocimos.
Su figura, antes impasible y firme, ahora refleja una sensibilidad que apenas se asomaba en sus gestos. Me reconforta verla cambiar, aunque la gravedad de la situación no permite distracciones. Vidas penden de un hilo y no podemos permitirnos desfallecer en medio del dolor.
—No puedo negar la tristeza que Marco y Emilia deben sentir en este momento. Cuando supe de la situación con Beatrice, también sentí un profundo pesar —comparto mis pensamientos con Crusch, encontrando en sus ojos ámbar un reflejo de comprensión y solidaridad—. Pensé que podrían superarlo por sí mismos, pero como amigo, siento la responsabilidad de actuar.
La mirada de Crusch asiente en silencio, indicando que está dispuesta a unirse a mí en esta empresa. Juntos, nos enfrentaremos a las sombras que amenazan con consumirnos, buscando una luz de esperanza en medio de la oscuridad que nos rodea.
—Tanto por ellos como por mí, debo hacer algo en este momento —concluye Crusch, infundiendo en ambos la determinación de actuar.
Me asalta la imagen de Rem en mi mente, su mirada serena y su sonrisa mientras terminaba de confeccionar un vestido. Es una presencia que se ha grabado en mi alma, mi confort y a quien extraño.
Pero… ¿qué estoy pensando?
—Vamos a reunir información —digo mientras camino junto a Crusch hacia la salida del bosque, pero antes de que podamos avanzar, alguien se interpone en nuestro camino.
Es Luan, su expresión seria emana un aura ardiente que nos hace retroceder instintivamente.
—Quiero ir con ustedes —declara con firmeza, su mirada penetrante revela su determinación.
Más personas significan más recursos, y si se trata de Luan, sé que su ofrecimiento es sincero. Sin embargo, enfrento un dilema: debo recopilar información sin revelar la situación con Roswaal. Ya he cometido errores al respecto, revelar más detalles no sería útil en este momento.
Marco me informó que está atado de manos, así que la responsabilidad recae en mí para actuar.
Soy Otto Suwen, y lo mínimo que puedo hacer es ayudar a mis amigos a salir del abismo en el que se encuentran.
Crusch sonríe, dándome su aprobación.
—Entonces, manos a la obra —afirmo, asumiendo el liderazgo desde este momento.
Las miro a ambas, trazando los primeros pasos a seguir.
—Lo primero es ganar tiempo. Sabemos que Miklotov pospondrá el juicio unos días, pero si pasa demasiado tiempo, podrían pensar que estamos huyendo. —Observo el metía, que se ilumina al conectar con Irlam.
Lo abro, y veo a uno de los ministros: la ministra de prensa, Helena.
Normalmente sería yo quien regresara a Irlam, pero si quiero resolver esto, debo quedarme.
—Buenos días, señorita Helena —saludo con una sonrisa, notando que está en su oficina.
Ella me devuelve la sonrisa mientras toma una taza de té.
—Señor Otto, es un placer —responde, mostrándome el periódico que están planeando publicar.
La única forma de concedernos un respiro, algo que solicité a Helena con la esperanza de ganar unos días. Contamos con la reputación necesaria para lograrlo. Tal vez antes no nos hubieran creído, pero ahora, sin duda, lo harán.
Crusch observa de reojo, reconociendo la falsedad de nuestra construcción.
"Se ha observado un comportamiento inusual en las cercanías de la ruta hacia las minas Ganacks. El héroe de Lugunica, Marco Luz, ha decidido unirse al ejército en busca del culto de la bruja."
La parte resaltada viene respaldada con pruebas de su conexión con el Conde de Costuul. Dichas pruebas vienen acompañadas de un dibujo de sus soldados transformados en una masa oscura.
La información sobre los tratos de Costuul con los semihumanos se hará pública, lo que levantará sospechas. Nuestro renombre proviene de luchar contra el culto de la bruja; es la única manera de ganar algo de tiempo.
Miklotov debería ponerse en contacto conmigo pronto...
—¿Ese es el metía de Marco? —pregunta Crusch, a lo que asiento, sosteniéndolo en mis manos.
Él se ha rendido.
Lo aprieto con fuerza.
Pero yo nunca me rendiré en cuanto a mis amigos. Sin importar lo que deba hacer, los sacaré de ahí. Mi lealtad está con todos a quienes quiero, los planes ya están en marcha y ahora solo debemos avanzar.
—¿Ya esperabas que esto ocurriera? —pregunta Crusch, con un destello de sorpresa.
—No, no lo sabía. —Miro hacia arriba, viendo los rayos de luz atravesar los árboles—. Simplemente son medidas para tener en cuenta, cosas que ya habíamos considerado en caso de que sucedieran eventos como este. Ya habíamos planeado varias situaciones; usar nuestra reputación para ocultar cosas no es algo fuera de lo común. Puede que estemos traicionando la confianza de aquellos que creen en nosotros, pero no hay otra forma de ganar tiempo.
La noticia será transmitida con prioridad a la capital; debería tomar un día, más los pocos días que Miklotov ha conseguido; deberíamos tener cuatro o cinco días para resolver esto. Eso nos dará tiempo suficiente para prepararnos para el juicio.
Nunca he presenciado uno; esto es algo reservado para los grandes nobles, pero cuando afecta a todo Lugunica... pensar que tendríamos tal importancia.
En menos de un año hemos llegado más lejos que muchas otras grandes ciudades.
—Mi amigo, en verdad, es alguien increíble. —Camino junto a ambas, sabiendo cuál será nuestro próximo paso.
Debo obtener información de la gente del pueblo, saber cómo es Garfield.
El primero paso es conocer al enemigo, las personas del pueblo mantienen una buena imagen de nosotros por la comida y los elementos de la vida diaria. Estoy seguro trasmitirán información.
Me preocupa que la gente sea falsa, pero, estando Crusch aquí nada se puede escapar.
Según lo que me contó Marco, este es el santuario, donde la bruja de la codicia experimentó con ellos. No pueden salir; por lo que la señorita Emilia también está atrapada.
La única forma es superando las pruebas.
Pero yo no puedo hacerlas, Luan no puede hacerlas, Crusch no puede hacerlas, Ni siquiera Ram o Rem pueden hacerlas.
Si ninguno de ellos puede, entonces solo queda una persona.
Debo hacer que Garfield las haga.
—La apuesta de Marco dice que la señorita Emilia debe hacerlas, pero, en el estado que se encuentra solo se va a lastimar más, —me duele verle así, por eso creo es la elección correcta—. Garfield debe enfrentar las pruebas, ya que ha sido aceptado por la tumba.
La cosa es que no lo conozco y también que parece odiarme.
Se que ellos sospechan de Marco por su maldición, pero lo importante es que logre convencerlo.
—¿No las hará Emilia? —Crusch me mira sorprendida, como si no estuviese de acuerdo—. Se que se está lastimando, pero, no me parece sea correcto darle una escapatoria.
—La urgencia de la situación lo amerita. —Miro a Crusch a los ojos, y Luan me toma del hombro.
No quiero verla llorar más, no tiene caso, queda un solo intento.
—Creo que… —Luan se detiene al hablar—. Olvídalo.
Crusch parece aceptar a regañadientes, por lo que debemos avanzar.
Llegamos al pueblo, tocando la puerta de la persona que me va a dar la información. Las casas que serían normalmente de piedra ahora son de madera; con un piso de cemento. Frederica envió constructores para remodelar el lugar, todo con la intención de hacer un lugar más ameno para la gente que vive aquí.
Toc, toc.
Un hombre, alto y fornido, con una mirada penetrante que parece querer aplastarte por completo. No puedo evitar sentir miedo, pero, con las mujeres detrás de mí, no hay nada que temer.
Yo podría defenderme, pero es mejor dejárselo a profesionales.
Jajaja…
—Señor, soy Otto Suwen, secretario del alcalde de Irlam —anuncio con voz firme, tratando de transmitir la importancia de mi presencia en aquel lugar.
Los ojos del hombre se abren de golpe, como si de inmediato reconociera mi identidad. Una sonrisa se dibuja en su rostro, y ese gesto me relaja ligeramente. Pero antes de poder reaccionar, la puerta se cierra de golpe frente a mí, creando una ráfaga de viento que me hace retroceder.
—¿Qué ha sucedido? —pregunto desconcertado, mientras observo la puerta con sorpresa.
—Parece que no te recibirá con los brazos abiertos —comenta Luan entre risas, pero yo no puedo apartar la mirada de la puerta—. Definitivamente, no estás hecho para esto.
—¡No te burles! ¡Ni siquiera sé qué he hecho para merecer este trato! —exclamo frustrado, consciente de mi mala suerte en situaciones como esta.
—Si quieres, puedo ayudarte —ofrece Crusch mientras toca la puerta, mientras yo permanezco detrás de ella.
El hombre vuelve a aparecer, esta vez con un hacha descansando en su hombro. Su rostro está fruncido, y sus orejas redondas y peludas dan la impresión de que está listo para el combate.
Crusch parece darse cuenta, pero no le da importancia.
—Soy Crusch, comandante del ejército de Irlam —anuncia con un saludo militar, apartando su rifle a un lado.
El hombre la mira, aunque sin demostrar miedo.
Es evidente que nadie aquí reconoce adecuadamente esta arma, pero Crusch solo la muestra para dejar claro que no estamos allí para causar problemas.
—Marlon —responde el hombre, visiblemente nervioso ante la reputación del ejército de Irlam, que es ampliamente conocida incluso en este lugar.
—Señor Marlon, estamos interesados en hablar con usted y ofreceremos beneficios a quienes colaboren con nuestra investigación —dice Crusch con una ligera sonrisa, logrando que él abra más la puerta.
Los ojos de Marlon se iluminan con codicia, y nos permite entrar.
—Deberían haberlo dicho antes. Pueden pasar sin problema —dice, invitándonos a entrar.
Nos dirigimos hacia una acogedora mesa de madera, donde las sillas parecen haber sido talladas por él mismo, ya que tienen su nombre grabado en el respaldo.
Hago un esfuerzo por contener la risa ante la peculiaridad de su decoración. Marlon toma asiento y nos mira con expresión seria.
—¿En qué puedo servirles? —pregunta, indicándome que es mi turno de hablar.
—¿Señor Marlon, ha tenido algún encuentro con Garfield Tinsel? —mi pregunta hace que él abra los ojos de par en par, sus manos se deslizan debajo de la mesa. Parece que realmente sabe algo.
En este instante, la facción que se niega a abandonar el santuario debe estar tramando algo. Ya había obtenido información sobre sus miembros en una investigación previa que Frederica había solicitado. Marco no podía profundizar en la investigación sin alertar a Roswaal, así que ayudé a Frederica a recabar una lista preliminar.
Sí, fue una buena decisión.
—¿Qué le ocurre, señor Marlon? Somos el ejército de Irlam, nuestras intenciones no son más que auxiliar a la comunidad. Como parte del territorio del marqués, ustedes están bajo su protección.
Es una declaración clara, aunque él puede verlo como palabras vacías. Sin embargo, debo decirlas.
—Irlam puede ser independiente, pero, aun así, seguimos velando por la seguridad del territorio del marqués Roswaal L. Mathers.
Ahora viene la prueba.
—Cualquier actividad que represente un riesgo para la comunidad debe ser investigada. Por ello, sugerimos que nos comparta lo que sabe... Marlon Uppercart.
El principal carpintero del lugar, parte del grupo que se opone a la liberación del santuario. Es él quien se encarga de reparar las casas, goza de un buen trato y, por supuesto, teme por su empleo si los residentes del santuario son liberados.
O al menos eso creo.
—¿Cómo sabes mi nombre completo? —pregunta, levantándose de la mesa y mirándonos con temor.
—Eso no es relevante en este momento, Marlon. Lo importante ahora es que nos diga lo que sabe sobre Garfield Tinsel. —Señalo a Crusch—. Mi compañera puede detectar sus mentiras, así que evitemos complicaciones.
Crusch sonríe, provocando que el hombre comience a respirar con dificultad. Parece que es alguien realmente importante. Si tiene información valiosa sobre Garfield, será de gran utilidad para nosotros.
—¿Se refiere al joven castaño? —su pregunta me sorprende.
Luan se abalanza hacia él. A pesar de ser el doble de su tamaño, Luan utiliza su maná para derribarlo al suelo. El hombre, atónito, solo puede observar con terror a Luan.
—¿¡Qué le han hecho!? —Luan lo sujeta por la camisa, pequeñas ascuas brotando de su cabello.
Mis disculpas por la confusión. Aquí está la corrección:
—¡Yo! ¡Yo no hice nada! —Marlon intenta soltarse de los brazos de Luan, pero al hacerlo empieza a gritar—. ¡Arde! ¡AHHHGG!
Crusch corre hacia ellas y aparta a Luan, quien parece sorprendida por su propio acto. Luan retrocede y Crusch examina las manos del hombre, al ver que, debido a su pelaje, no hay heridas graves.
Marlon sopla sus manos desesperadamente. Después de unos segundos, Luan se inclina hacia él.
—Me disculpo por mi comportamiento. Me aseguraré de enviar una compensación adecuada.
El hombre asiente temeroso, aparentemente lo suficientemente nervioso como para evitar conflictos.
—Entonces, háblenos sobre eso —lo insto.
El hombre suspira y muestra unos planos. Se trata de unas esposas de madera entrelazadas con cuerdas.
—Garfield me ordenó que hiciera esto para mantenerlo cautivo. Solo seguí órdenes, pero cuando fui a entregarlo, él me dijo que no era necesario.
—¿No era necesario? —pregunto, desconcertado.
Marlon me mira directamente a los ojos.
—Te contaré todo lo que sé sobre Garfield.
Se levanta y busca en un cajón. Tras unos minutos, coloca una pequeña estatua sobre la mesa.
Es la figura de una mujer joven. Por los detalles meticulosos, puedo ver que se trata de una humana, pero desconozco su relevancia en la historia.
—Es hermosa, una gran obra —comenta Crusch, haciendo que el hombre asienta con la cabeza.
Marlon la admira por unos segundos antes de apartar la mirada.
—La persona a quien amo —dice con suavidad, acariciando la estatua.
Cierra los ojos, como si le costara recordar.
—La madre de Garfield.
Abro los ojos en sorpresa, comprendiendo la situación. Esto explica por qué Frederica me mencionó a esta persona. Ella quería ayudar a Garfield, y parece que esta persona sabe más de lo habitual.
¿Entonces, por qué aún no ha actuado?
—¿Garfield es tu hijo? —es una pregunta tonta, lo sé, Luan y Crusch me miran con una expresión decepcionada.
Me duele la poca confianza que me tiene.
Claramente no comparten las mismas características. El pelaje marrón de Marlon, sus orejas redondas, no son las características que tiene Garfield. Lo hago por otro motivo. Su mirada queda clavada en mí.
Claramente, estoy apelando a su deseo.
—Yo no soy su padre. —Marlon mira hacia el suelo—. Aunque, si me dieran la oportunidad, sería mucho mejor padre que cualquiera.
El resentimiento se escucha en su voz, la forma en que lo dice, claramente la ama aún. La mirada de Crusch confirma que está diciendo la verdad.
—Entonces, ¿Qué le sucedió a su madre? —La pregunta de Luan lo agita, por unos segundos este parece no poder responder, sus labios tiemblan, este acomoda sus manos para volver a levantarse.
Es un hombre grande, fornido, tan imponente que pareciera invencible.
Sin embargo, su mirada tan pesada y triste contrasta con el resto. El arrepentimiento que lleva no parece dejarle vivir. Él va hacia la única ventana de la casa, mirando como si esperara algo.
—Eso fue mi culpa, la razón por la que Garfield no quiere salir. —Aprieto mi puño, tratando de hacer las conexiones respecto a lo que me contó Frederica. Luan y Crusch no dicen nada.
La fría sensación de la cabaña, donde ni siquiera hay una chimenea, me hace helar cada parte de mi piel. Veo la estatua, intentando encontrar una ruta para llegar a Garfield.
—Ella, su nombre es Reala. La madre de Garfield no era una persona muy inteligente, era carismática y, sobre todo, llena de defectos, sin embargo, nunca pudo superar su obsesión. —Por la forma en que se refiere parece saber algo que ni siquiera Frederica sabe.
—Yo… fui el causante de esto, por mis celos, yo. —Las manos de Marlon temblando indica el profundo dolor que siente, luego mirando hacia la estatua de nuevo. Su mirada parece cargada de arrepentimiento, sus emociones se filtran a través de su ceño fruncido.
Lo que ella significó para él aún lo atormenta.
—Ella fue víctima de varias situaciones desesperantes, su mente ya estaba arruinada, por lo cual ella no actuaba siempre de la mejor manera. —Una olla de té empieza a hacer ruido, interrumpiendo este momento.
Marlon se levanta y empieza a servir varias tazas de té.
—Cuando me enteré de que quería salir del santuario, en busca de la persona que amaba, yo… —Ninguno de nosotros se atreve a hablar, claramente tampoco es que podamos decirle algo.
Él nos sirve las tazas de té, su aroma impregnando mi nariz. Crusch y Luan parecen atentas, pero Luan, puedo verlo en ella: está molesta, parece que la historia no es de su agrado.
Marlon se sienta, mirando el humeante té.
—Era el encargado de hacer las reparaciones a la carroza que la iba a llevar, por lo que decidí hacer que la carroza se dañara cuando sintiera cierto peso. —Una lágrima, de un hombre tan grande, la lágrima viaja por su rostro hasta caer en su taza de té—. El cargamento era menos pesado de lo esperado, por lo que el peso no alcanzó el tamaño adecuado.
Las manos de Marlon tiemblan con creciente intensidad, su voz se quiebra al hablar, como si cada palabra representara un esfuerzo colosal.
—Mis ajustes ralentizaron la carroza; los dragones de tierra son sumamente sensibles. Probablemente advirtió que la carroza no resistiría mucho y optó por mantener una velocidad normal. —Marlon desvía la mirada hacia el techo, dejando escapar un profundo suspiro—. Y para empeorar las cosas… —Marlon nos observa a los tres, con la mirada cargada, las manos apretadas con fuerza—. Un deslizamiento de rocas puso fin al resto. Su mala suerte, su desgraciada vida, llegó a su fin ahí, sin posibilidad alguna de intervenir.
Comprendo entonces que Garfield sabe que su madre ha fallecido. Además, parece que tenía la intención de abandonarlos. Como si no importaran, o quizás como consecuencia del abuso que sufrió.
¿Por qué las personas cometen actos tan atroces?
Tanto Marlon, como aquellos que perpetraron ese acto contra la madre de Frederica, como la madre misma.
Si tengo algo que decir, sería:
—Parece que tienes más información. —Luan mira fijamente a Marlon, su presencia disipa por completo el frío del ambiente—. Hay algo que no nos has dicho, puedo percibirlo en ti.
Marlon sonríe, manteniendo la mirada firme en la de Luan.
—Ella sobrevivió, pero como una expiación por mi pasado, decidí permitirle cumplir su sueño y desconectarse por completo de sus hijos.
—¡Maldito! —Luan estrella su puño contra su rostro con todas sus fuerzas, haciendo que el hombre retroceda y caiga de su silla.
El calor se intensifica, y Luan se acerca a Marlon con más furia que nunca. Crusch intenta detenerla, pero ella la esquiva; su cabello comienza a teñirse de carmesí, chispas brotan de él y caen sobre la madera, provocando pequeñas quemaduras.
Luan está realmente furiosa ahora. Ella fija su mirada en el rostro sonriente de Marlon, y yo no puedo evitar hacer lo mismo. Es la misma mirada que Marco Luz tenía cuando Garfield lo arrojó al suelo.
—He cometido atrocidades. —Marlon escupe sangre al suelo—. Mi pecado es algo que he estado pagando todo este tiempo. Sé que llegará el momento de enfrentarlo…
—¡Has arruinado la vida de esos niños! ¡Has destrozado la vida de Frederica y su hermano! —Luan extiende sus brazos, su cabello ahora completamente carmesí—. ¡Era su madre! ¡Estaba llena de sufrimiento!
Luan, quien ha perdido a todas las personas que amaba, siempre ha sido sensible a estos temas. Marco me contó que aún desconoce el paradero de su madre. Observo mis manos, reflexionando sobre cómo calmar la situación.
—¡Lo sé! ¡Sé que estuvo mal! —Marlon se levanta, abriendo las ventanas para dejar entrar el calor—. Yo… sé que debería haberlo dicho, pero fue por su bien.
Me pongo de pie de golpe. Luan me mira directamente a los ojos, a pesar de su calor abrasador, me acerco a ella.
No puedo tocarla, pero puedo acercarme. Me coloco frente a ella; siento cómo mi piel se está quemando. Luan es fuerte, sus emociones son intensas y nunca teme expresarlas. Es alguien a quien admirar, pero también tiene sus propios conflictos.
—Mientras ella esté viva, aún hay esperanza. —Le sonrío, intentando calmarla.
Soy aquel que a menudo es objeto de burla, sin embargo, no me afecta en lo más mínimo siempre y cuando se me tome en serio cuando la ocasión lo amerita.
Esta dualidad, lejos de ser una carga, es mi firmeza, mi esencia misma.
Mientras tanto, el tumulto emocional de Luan comienza a desvanecerse, como las olas que retroceden tras una tormenta, dejando tras de sí la calma en su cabello.
—Sé que eres alguien de gran corazón, pero si te dejas afectar por él, entonces no tomarás buenas decisiones —comenta Crusch, acercándose también a Luan.
Ante estas palabras, Luan, sorprendida, contiene su furia y retorna a su asiento. Marlon, por su parte, permanece sereno en el suelo, su sonrisa imperturbable ante el mundo. Conozco bien la fuerza extraordinaria de Luan, pero verla derribar a Marlon con tanta facilidad, un hombre de imponente estatura.
Nunca la molestaré más de la cuenta, jejeje.
En tanto, Marlon se levanta, señalando con gesto hacia la salida. Comprender la resistencia de Garfield a liberar el santuario es vislumbrar el miedo que anida en lo más profundo de su ser.
Desde su infancia, ha concebido un mundo exterior hostil, una prisión invisible que lo retiene en su interior. En este momento, su temor eclipsa cualquier otra consideración.
—El chico piensa que su madre murió, o quizás, sabe que sobrevivió, pero no lo acepta —explica Marlon mientras se levanta, señalándonos la salida—. Creo que ya pueden entender por qué se niega a liberar el santuario, por qué está en contra.
Miedo.
—Toda su vida ha pensado en lo hostil que debe ser el mundo exterior. Y tiene razón al pensarlo, pero en este momento eso no importa —añado.
Marlon, con su semblante grave y sus manos apretadas, ofrece su genuino arrepentimiento, una ofrenda de redención en un mundo lleno de pecado. Pero las palabras de Luan, cargadas de la autoridad de quien ha sufrido y sobrevivido, cortan como un rayo en la noche.
—Tú no tienes derecho a verla —declara Luan, levantándose y saliendo de la casa.
Suspiro con resignación, pero también con una sonrisa sincera que emerge de lo más profundo de mi ser.
—Deberás responder por lo que has hecho. Espero que puedas encontrar lo que buscas — Extiendo mi mano hacia Marlon, en un acto de aceptación y de exigencia de responsabilidad.
—Gracias... —responde Marlon, tomando mi mano y apretándola con intensidad.
Crusch y yo salimos de la casa. El sol invade mi visión, sus rayos penetran mi piel mientras la delicada brisa acaricia todo mi ser.
Continuamos preguntando a cada persona que encontramos, pero la información comienza a volverse irrelevante. Aunque las personas conocen a Marlon, parece que no saben más allá de su imponente fuerza y destreza con la carpintería.
El atardecer se aproxima rápidamente, así que debemos apresurarnos. Necesito reflexionar; ahora que conozco lo que está en la mente de Garfield, debo encontrar la manera de abordarlo.
Hay una pieza crucial que falta: la ubicación de la madre de Garfield. ¿Sigue viva? ¿En qué condiciones se encuentra? ¿Cuál fue la razón que la llevó a alejarse?
—Si alguien sabe, es probable que se trate de esa persona —señala Crusch hacia la cabaña donde se encuentra él. Roswaal. Dudo que sea alguien tan descuidado, que pierda la oportunidad de manipular a alguien para cumplir sus planes.
¿Y si fue el causante de lo que le sucedió a su madre? Según lo que tengo entendido, su alma tiene cuatrocientos años de existencia.
Para esta fecha, debe tener contactos y redes de información extendidas por todo Lugunica y los otros países. Tiene todas las cartas a su disposición para cumplir su meta.
Es hora de que hable con Roswaal a solas, pero me da miedo. Él es mucho más fuerte que los tres juntos, y no quiero arriesgarlas. Además, él debe saber sobre la bendición divina de Crusch.
Mis manos y piernas tiemblan; mi corazón late con fuerza pidiéndome que huya. Siempre he sabido cuándo intervenir y cuándo no, pero ahora no es momento de pensar en mí. Mis amigos me necesitan, mi mejor amigo me necesita.
Debo hacerlo, para que todos salgamos de aquí con una sonrisa. Y para eso… Hay una persona que necesito a mi lado.
—Crusch, tenemos que hablar —digo, decidido.
Alguien que nos ayudará a darle la vuelta a esta situación. Necesito convencer a Ram de confrontar a Roswaal.
Capítulo 16
Caminos Entrelazados.
Crusch me fija la mirada, como si comprendiera lo que estoy a punto de pedirle: que vigile a Ram.
Anticipándose, Luan toma mis manos con determinación.
—Yo también me uniré —sus ojos me desafían, su decisión resuena en lo más profundo de mi ser.
Luan muestra determinación, su potencial es enorme, pero hasta que no lo controle por completo, será peligrosa. Necesita aprender a dominar sus emociones y utilizarlas en su propio beneficio.
Mis amigos solo necesitan un pequeño impulso. Yo, Otto Suwen, estoy dispuesto a sacarlos de donde sea. Aunque el miedo me embargue, nada me detendrá. No después de todo lo que hemos pasado.
No habrá lugar para el arrepentimiento. Seré la fuerza que necesitan en este momento crucial.
Les sonrío a ambas. Crusch también muestra determinación. Sé que me oculta algo, pero no necesito indagar; ella tendrá sus motivos. No me duele, pero me preocupa que sea algo peligroso.
Nunca imaginé tener tantos amigos, personas que se preocupan y luchan por salir adelante.
Siento un apretón en el pecho por un instante.
A pesar de todo, es gratificante esforzarse por los demás.
—Entonces, vamos juntos.
Ambas sonríen ligeramente, listas para lo que sea.
—¡Por supuesto!
Debido a las heridas de Roswaal, él no ha abandonado su cama. Si hay un lugar al que debemos ir, es allí.
Al adentrarme en la cabaña, mis ojos se posan en ella. El resplandor del sol acaricia su cabello rosa, y su traje de sirvienta, una imagen familiar. Me recuerda cuando Rem se vistió así para hacer una broma.
Aunque nunca he cruzado palabras con ella, sé que existe una conexión entre Marco y ella.
Las historias de Marco sobre su personalidad me han llegado, asi como las historias contrarias de Rem, pero nunca imaginé que compartieran la misma manía.
—Está fumando —digo al notar el cigarrillo en su mano. Es un gesto asociado con los militares y se trata con cuidado extremo. Marco me ha advertido sobre los peligros para la salud, pero nunca imaginé que Ram también se sumara a este hábito.
Tal vez, para un demihumano, los efectos sean distintos.
Observo las prendas balancearse suavemente mientras su semblante muestra una apatía constante. A medida que me acerco, su mirada se encuentra con la mía. La expresión apática da paso a la molestia, como si mi presencia fuese lo más desagradable de hoy.
Aunque esta no es una situación de interrogatorio, sé que la información que obtenga será crucial.
—Un grupo molesto ha llegado, déjenme en paz —dice Ram, dándome la espalda en un intento de retirarse. Sin embargo, rápidamente intento detenerla, y su mano se enlaza con la mía.
Su mirada penetrante me estremece, pero me mantengo firme.
—Permíteme hablar contigo —le pido, sosteniéndole la mirada con determinación. Ram, al notar mi firmeza, hace un gesto de desaprobación con la lengua y libera mi mano, para luego dirigirnos una mirada de molestia a los tres.
—¿Qué es lo que quieres? —pregunta, y aunque su expresión es de irritación, percibo una pizca de tristeza en sus ojos.
Siempre he creído en el poder del lenguaje universal, aquel que va más allá de las palabras. Los ojos nunca mienten; pueden ocultar, pero nunca engañan.
—Roswaal —pronuncio su nombre, confiando en que esto capture su atención. Sin embargo, su falta de reacción sugiere indiferencia.
—¿Qué necesitas del señor Roswaal? —me pregunta Ram, sin mencionar que no dije su título de forma honorífica.
Crusch me avisará sobre cualquier mentira, así que no tendré problema.
—¿Qué tanto sabes sobre él? —indago, notando que mi pregunta la molesta aún más, como si la estuviera insultando de alguna manera.
—Lo que sé sobre el señor Roswaal no es algo que te incumba —responde con firmeza.
—Entonces, respóndeme una pregunta —intervengo, esbozando una sonrisa mientras acaricio el lugar donde iría mi mano. Antes de que diga algo, debo adelantarme—. Si alguien pudiera evitar un momento trágico, pero, en cambio, lo utiliza para hacer que las cosas salgan a su favor...
Lo que sucedió en tu aldea, Roswaal debería de saberlo.
Todo lo que tuvo que pasar Rem. Su trauma agravado por el tiempo, lo que sucedió con su familia; su culpa. Si bien está la posibilidad de que no fuera el causante, es seguro que no lo evitó.
Conocía el futuro, y aun así permitió que sucediera. Aunque... el ambiente en el que estaba no era el mejor.
¡Aun así! Había mejores formas. Él pudo evitar que cortaran el cuerno de Ram, pudo evitar que pasaran tantas cosas.
—¿Creerías que esa persona es malvada o no? —propongo, manteniendo mi mirada fija en ella. Ram me observa en silencio, sin revelar sus pensamientos. De hecho, según lo que Marco me ha contado, hace mucho tiempo que debería haberse ido.
Parece que algo la atormenta, que hay un conflicto en su corazón.
Perdóname, Rem, pero evité salir contigo y tu hermana al mismo tiempo por el miedo que le tenía a Roswaal. Ahora, tendré que hacer cosas de las que no me sentiré orgulloso.
—¿Creerías que el propósito es superior al ente? —continúo, sintiendo la gravedad de mis palabras. No hay propósito superior a causar un mal.
Es algo tan contradictorio para mí decirlo, después de haber causado esa guerra. Pero yo no tenía el poder de evitarlo, no tenía el poder para cambiar las tornas. Ni yo, ni Marco, ni Rem, ni la señorita Emilia.
Él ha sido la única persona con el poder, pero ha optado por no usarlo.
—Una persona que se queda quieta mientras las cosas suceden, siendo capaz de evitarlo, es tan culpable como quien las realiza.
Quizás Rem no lo sepa, pues aprecia mucho a Roswaal por haberlas acogido en su peor momento. Pero, atando todos los cabos, queda claro que las salvó por su propio propósito. Sin importar si él mismo aún no lo comprende.
—No tengo paciencia para acertijos estúpidos. Si tienes algo que decir, mejor dilo —Ram me mira con molestia, entrecruzando sus brazos y moviendo los pies, como si estuviera lista para marcharse.
Con un suspiro, respondo: —Aunque el futuro todavía no se revele por completo para él, el hecho de que exista un futuro escrito indica que el camino está trazado.
Asiento, compartiendo su frustración: —Cambiar las tornas, elegir nuestro destino, solo es posible cuando reconocemos esta verdad.
Suspiro profundamente: —El futuro puede romperse, puede cambiar, pero mientras ese libro exista, estaremos estancados.
Marco y yo somos diferentes en muchos aspectos. Siempre hemos discutido por cómo trata ciertas personas cuando se trata de cumplir sus objetivos. A veces, parece ser igual que Roswaal.
Sé que algo lo llevó a ser así, lo puedo ver. Sus personalidades no parecen encajar, como si estuviera forzándose.
—¿Sabes? Rem me contó lo que sucedió con ustedes —mentiroso, sí, pero necesario para desentrañar la verdad. Rem me dijo que tenía un pasado que estaba superando, pero nunca tuve el valor de preguntarle al respecto.
Ram abre los ojos con fuerza, como si supiera hacia dónde se dirige la conversación.
Un punzón en mi corazón me deja sin aliento.
«Esto está mal.»
—El libro que posee Roswaal… ¿Sabes lo que contiene?
Sus labios comienzan a temblar levemente, parece que no puede mantener la compostura.
Siempre he escuchado que Ram tiene una personalidad fuerte. Rem, sobre todo, la elogia como la mejor mujer del mundo, pero Marco siempre me saca de esa ilusión.
Problemática, odiosa, floja. Se me ha descrito de múltiples maneras, pero Marco siempre lo dice con una sonrisa.
"Ella es así, pero en el fondo se preocupa por quienes quiere. ¡Claro! Eso a su manera tan única."
Su amor por Roswaal es innegable, pero la presencia de Rem, quien ha atravesado tanto sufrimiento, seguramente la sumerge en un mar de sentimientos complejos.
—El señor Roswaal nos rescató, eso es un hecho. No me interesa lo que contenga el libro de mi señor. —Sus brazos caen a los costados, sus manos se aprietan con fuerza, como si intentara contener la marea de emociones que amenaza con desbordarse.
Observo cómo Crusch pestañea dos veces, indicando que hay algo más detrás de sus palabras. Si quiero influir en sus acciones, debo ser más firme, más decidido. Tendré que manipularla, aunque me duela hacerlo.
—Entonces, Ram, déjame revelarte algo que quizás desconoces acerca de Roswaal. —Mi sonrisa intenta disfrazar el dolor que siento al recordar lo que voy a decir—. Roswaal, él durante...
Un punzante dolor vuelve a invadir mi corazón.
Una imagen se proyecta nítidamente en mi mente: estábamos almorzando juntos, solo Rem y yo, su rostro iluminado por la luz del sol mientras hacía su pedido con gracia y elegancia. Éramos solo dos amigos compartiendo un momento casual, pero para mí significaba mucho más.
Su mirada, su cabello ondeando suavemente, su sonrisa... oh, esa sonrisa que aún perdura en mis pensamientos.
Entonces, comprendo.
"¿Sabes? Eres un tanto ingenuo." Su voz, suave pero cargada de significado, resuena en mis oídos.
Mi sonrisa se desvanece, sus palabras penetran en lo más profundo de mi ser.
"Eres ingenuo, pero de la mejor manera posible." Sus palabras son como dagas que perforan mi alma, revelando verdades que preferiría ignorar.
"Eres ingenuo, pero es porque tienes un corazón enorme. No puedes evitarlo, es parte de tu encanto, incluso resulta irónico." Su mirada se clava en la mía, mientras mi corazón se desborda y se arrastra por el suelo.
"Me encanta esa parte de ti, nunca la cambies."
Entonces, me regala la sonrisa más cálida y sincera que jamás haya visto. Una sonrisa que, esta vez, está dirigida solo a mí.
Aprieto mi mano con fuerza, reconociendo mi error y lamentando haber hecho esto.
Observo a Ram, visiblemente nerviosa, mientras Luan y Crusch me miran con cierta incomodidad. Inhalo profundamente, sorprendiendo a todos con mi actitud.
No soy Marco Luz, soy Otto Suwen. Mi esencia no ha cambiado, pero debo seguir evolucionando, superándome a mí mismo. No necesito transformarme, debo ser auténtico y mejorar en aquellas áreas en las que destaco.
No voy a manipular a nadie; en cambio, guiaré a todos por el camino correcto. Porque, sí, soy un tonto, pero también sé que tengo un propósito.
—Permíteme enmendar mis palabras. —Dirijo mi mirada a Ram, quien muestra dudas. Luego, con confianza añado—: Vamos a ayudar a Roswaal a liberarse de sus ataduras, a tomar un camino que lo lleve más allá de su pasado, tu bien sabes que no estás conforme con su actitud. Te contaré todo, pero para ello necesitamos tu ayuda. —Pongo mi mano en mi pecho, para luego mirarla decidido—. Ayúdanos a ayudar a Roswaal.
Por primera vez, veo en los ojos de Ram una verdadera sorpresa.
—Déjame decirte algo más. —Intentando mostrar determinación, ella adopta una postura desafiante—. Si intentas algo estúpido, te aseguro que no lo pasarás bien.
Aprovecharé lo mejor de cada uno para llevar felicidad a todos. Con una sonrisa confiada, sostengo su mirada.
—Vamos a discutir esto en privado. —Crusch y Luan me lanzan una mirada de interrogación. Me acerco a ellas y les susurro al oído—: Cambio de planes, tengo una idea mejor.
Las miro con firmeza, tratando de infundirles confianza. Aunque aún dudan, estoy decidido a demostrarles que puedo hacerlo. No optaré por el camino fácil; si hay un camino que seguir, será el que beneficie a todos, incluso si implica acercar a nuestro peor enemigo.
Llegamos al comedor; Ram está sentada, observándome con determinación.
—¿Y bien, ¿qué tienes que decir, Otto Suwen?
Mi sonrisa permanece intacta. Ante la amenazante mención de mi nombre, opto por el silencio.
Roswaal L. Mathers parece haber llegado a una decisión. Si está actuando ahora, es porque está seguro de lograr lo que desea. Pero si lo consigue, Marco morirá. Debo pensar con claridad; Roswaal nunca abandonará su sueño.
Su objetivo es claro, lleva 400 años persiguiéndolo. Podría ser que incluso el mismo libro dicte el final de su uso. Pero, sin lugar a duda, debemos arrebatarle ese futuro.
—Ram, creo que no te han contado mucho sobre mí. Lo lamento, pedí el enorme favor a Rem de mantenerme en secreto. —Sí, lo hice por miedo—. Hay una razón por la cual el señor Roswaal no debía saber de mi existencia.
Ram parece no comprender. Al ver que aún oculto ciertas verdades, su mirada se vuelve aún más molesta.
—Fue Rem quien me informó sobre lo que ocurrió con ustedes, aunque no me contó los detalles si me dijo que Roswaal los salvó. También estoy al tanto de tu situación y la del señor Roswaal. —Aprieto mis manos, tratando de contener el temor. No estoy seguro si este es el camino correcto. Me aterra volver a cometer un error—. En el pasado Roswaal no era así, por ello creo todavía puede salvarse, todos podemos. Tú puedes ayudarlo, sé que quieres sacarlo del abismo en el que está.
—Hagamos que el señor Roswaal escape de esa maldición que lo está destruyendo por dentro.
Ram abre los ojos con fuerza. Golpea la mesa con sus manos y se levanta. Su maná comienza a fluir, pequeñas corrientes de aire danzan a su alrededor. Crusch y Luan le ruegan que se calme, pero ella no deja de mirarme con enojo.
—¿Cómo sabes tanto sobre el señor Roswaal? ¿Quién te lo...? —sus ojos se abren, dándose cuenta de quién podría estar detrás de mi información.
Sí, la única persona que parece tener respuestas para todo, la misma que ha estado orquestando tantas acciones en tan poco tiempo. Su misteriosa presencia nos tiene a todos en vilo.
—Fue Marco Luz, él me lo dijo. —Miro a Ram sin vacilar, mientras ella vuelve a sentarse—. Conozco detalles que quizás desconozcas, por eso quiero ofrecerte mi ayuda.
—El señor Roswaal es formidable, ni tú ni yo podremos enfrentarlo si se decide a luchar en serio.
Vuelvo a sonreír. Ya lo sé, Roswaal es una de las personas más poderosas del reino, probablemente, en todo el mundo.
No podremos vencerlo solo por querer ayudarle.
—No podremos derrotarlo, pero sí podemos destruir el libro. —La señalo, manteniendo mi sonrisa—. Eres la única capaz de cambiar a Roswaal, y para lograrlo, no estaremos solos.
Sí, no estamos solos en esta batalla. Me levanto y me acerco a Ram. Sin darle más tiempo, tomo su mano sin vacilación. Aunque me mira con desdén, sostengo su mirada.
—Reuniré a más personas, solo espera, te mostraré que hay una oportunidad. —Me vuelvo hacia la habitación, decidido.
La determinación me impulsa mientras pienso en la primera persona que necesito convencer: Emilia, la líder con la habilidad de transformar todo a su alrededor.
Contemplo el peso de su responsabilidad, el sacrificio que ha hecho por el bien de todos y la carga de sus propios errores. Mi admiración por ella es profunda; la respeto y la veo como la próxima reina que merecemos.
Con esa convicción en mente, me enfrento al desafío de traerla de vuelta.
—Haré todo lo posible para que Emilia, Marco y Garfield se unan a nuestra causa —proclamo con determinación, mis palabras resonando en la habitación.
No hay tiempo que perder. Cada segundo cuenta, y debo infundir en cada uno la certeza de que juntos podemos lograrlo. Seré esa chispa que avive el fuego en sus corazones y los impulse a seguir adelante.
Soy Otto Suwen, y esa es mi misión.
Capítulo 17
Una Muestra de Amistad.
Las lágrimas ya no brotan de mis ojos, el aliento apenas sale de mi boca agotada. Mi mano tiembla al sostener el vaso de agua, mientras mis ojos se posan en el caos de papeles frente a mí, un reflejo de mi propio naufragio interior.
No hay luz en mi mente, ningún plan que pueda concebir para enfrentar esta prueba atroz. La decisión está tomada, sí, pero no hay consuelo en ello.
Me hundo en la cama, resignada a permanecer aquí hasta que la sombra de Marco se desvanezca de este mundo. Apretando mis manos con fuerza, forjo una sonrisa frágil en mi rostro.
—¡Sí! —susurro con determinación, intentando convencerme de que todo estará bien. Limpio mis ojos húmedos con el dorso de mis manos, anhelando borrar la tristeza que los embarga.
El reflejo en el espejo me devuelve una imagen que apenas reconozco: una sonrisa genuina, pero cargada de pesar.
Es irónico pensar que esta nueva versión de mí misma, esta que se ha dejado arrastrar por la desesperación, es la que ahora habita en mi ser.
Aunque sé que mis amigos humanos ya no estarán, me aferró a la esperanza de que quizás, de vez en cuando, puedan visitarme en esta cárcel de dolor.
Me despojo de las prendas militares, sintiendo que también dejo atrás una parte de quien solía ser.
Una risa amarga escapa de mis labios al ver mi vestido antiguo, apenas reparado por las manos de Rem.
—El destino tiene un sentido del humor peculiar —murmuro mientras me deslizo en la tela familiar, ocultando mi presencia bajo la capucha que me ha acompañado en tantas travesías.
Decido reunir fuerzas, canalizando el maná para invocar a Puck, sabiendo que en algún rincón del mundo él aún aguarda.
Mis ojos se encuentran nuevamente con los del reflejo en el espejo, pero esta vez no buscan la imagen de quien fui, sino el reflejo de la determinación que arde en mi interior.
El tiempo deja de tener relevancia en este momento; todo lo que importa es recuperar la esencia perdida, perseguir a esa antigua yo que yace sepultada bajo capas de desesperanza.
—Ya no tengo más aliento que exhalar —susurro con voz entrecortada, tratando de convencerme a mí misma de que he tomado la decisión correcta.
Entonces, veo en el espejo, mi yo interior. Una ilusión de lo que quería ver. Aquella yo que enfrentó sus miedos, que pudo salir adelante a pesar de todo el dolor. Su traje militar, su mirada fija en mis ojos.
—Entonces, ¿te quedarás aquí hasta que Marco muera? —una voz interna cuestiona, sembrando dudas en mi mente ya agotada. El reflejo de mi interior, la yo que lucha por salir adelante, la que cree que soy fuerte.
—Sí, así es. No hay otro camino —respondo con determinación, tratando de infundirme valor.
Su mirada de desaprobación me destruye. Se que quizás me estoy volviendo loca al estar hablando conmigo misma. Pero, si quiero llegar a un acuerdo tendré que enfrentarme a mí misma.
—¿Y qué hay de tus amigos? ¿Acaso no significa nada para ti seguir a su lado? —su voz es clara y directa.
Miro a otro lado, llegando a una conclusión.
—Ellos... Ellos ya no estarán. No después de esto —murmuro, luchando contra las lágrimas que amenazan con emerger de nuevo.
La batalla interna es feroz, pero finalmente logro imponer mi voluntad sobre mis dudas. Me levanto con determinación, dispuesta a enfrentar lo que sea necesario para recuperar lo que he perdido.
Empezaré de nuevo en cien años, cuando tenga la noticia de que Marco ha muerto, estoy segura de que podré hacerlo.
—Si... —Mis manos tiemblan, víctimas de mi debilidad—. Cuando él muera ¡Ugh!
Sostengo mi respiración, intentando detener las náuseas, el pico de mi dolor. Mi corazón duele; mis emociones intentan tomar el control de mí.
¿Cuándo cambié tanto? ¿Cómo no soy capaz de recordar lo que era? Todas las experiencias que he vivido, todo lo que he tenido que pasar, las alegrías y las penas.
No lo entiendo; no entiendo cuándo cambié tanto, cuándo pasé de estar mal conmigo misma a sentirme bien; todo para luego caer en un abismo aún más profundo que el anterior.
Definitivamente, el conocimiento es el fruto de la miseria.
—Voy a salir, a dar mi decisión y volver a sellarme en el santuario. —Miro hacia la puerta, pero la luz se corta por un pequeño orificio.
Hay alguien, ¿alguien ha venido a verme? Aprieto mis manos por un momento y luego miro la puerta, camino lentamente; sintiendo el peso de mi decisión aumentar más y más.
Pongo mi mano en la perilla, aceptando que tendré que ser fuerte. Fuerte para soportar abandonar a todos. Aprieto mi boca, conteniendo las lágrimas que no sabía que quedaban.
—¡Buenas noches, señorita Emilia! —Otto me mira con una sonrisa sincera, detrás están Crusch y Luan, quienes sostienen una expresión seria.
Pongo mi mano en mi brazo, sobándolo un poco para calmar este nerviosismo. Quería hablarlo con él primero para darme la fuerza necesaria.
Marco, si se lo contaba a él, sé que me hubiera aceptado.
La fría noche está por llegar, pero no hay frialdad más grande que la que sentí esa vez. Un frío tan grande que no quiero volver a sentirlo. Mi corazón late con fuerza, mientras que la calidez en sus miradas intenta llegarme.
—¿Podemos pasar? —Crusch me mira fijamente, su pregunta me hace dudar.
¿Qué estarán planeando?
Solo hay una respuesta en mi mente para esa pregunta.
«¡No hay forma de hacerme cambiar de opinión!»
Quiero decírselo, quiero dejar todo claro. No seré más una carga, si no puedo ser lo suficientemente fría para soportarlo todo, entonces no estoy hecha para el cargo de gobernante.
Es así de simple.
—C-claro, pueden pasar. —Mis labios se deslizan, unas palabras que no quería decir. Mi corazón duele, duele hasta el punto de que me cuesta respirar.
Ellos entran, y, una vez cierro la puerta; me miran todos como si tuviese algo malo. Otra vez quieren hacer algo para limpiar el problema.
Quieren que vuelva a ser esa Emilia; la Emilia fuerte que nada teme.
Lo que quieren es que vuelva actuar según mi deber, según lo que significo en los corazones de todos. Debo actuar como una gobernante.
—Emilia, queremos hablar contigo. —Otto sigue sonriendo, levemente, como si estuviese intentando calmarme.
Luan ojea el lugar, los papeles tirados en el suelo, las partes escritas de mis intentos de encontrar una solución. Mi traje militar sucio yace lleno de tinta negra, una muestra de que ya dejé ese camino atrás.
Sus ojos luego se fijan en mí, haciéndome retroceder y chocarme de espalda con la puerta. Pongo mi mano en mi pecho, intentando contener todo lo incontenible. Yo no quiero pensar de más, estoy harta ya de pensar en formas de hacerme más fuerte.
—¿Qué es lo que desean? Yo, yo no quiero hablar, estoy muy~~y decidida. —Lo había olvidado, Marco me había mencionado sobre mi costumbre de extender ciertas palabras cuando estoy siendo muy emocional.
Intenté cambiar eso, aunque no lo vi conforme.
¡Jajaja! Parece que aún puedo ser yo misma.
—¿Quieres abandonarlo todo? —La mirada de Otto es severa, por un instante, esa sonrisa se convierte en una espada que amenaza con atravesar mi corazón—. Quieres dejar sin completar la prueba, para que nosotros salgamos; dejando todo tal y como está.
¿Cómo se dio cuenta? Mis manos tiemblan, fruto del temor de sus palabras. Acaba de leerme por completo, pero… ¿Cómo lo hizo?
Es algo que acabo de decidir, no es algo que él pueda concluir tan rápidamente. Crusch y Luan lo miran con sorpresa, así que dudo que les haya dicho a ellas.
—¿Cómo lo…? —Ante mi pregunta Luan aprieta sus manos con fuerza. Enojada, me mira con recelo.
Las palabras de Luan y Crusch me golpean como un vendaval, sacudiendo mi alma hasta lo más profundo.
—¿Acaso planeabas abandonarlo todo?
—¿De verdad estabas dispuesta a renunciar a todo lo que importa? —La decepción en sus miradas me desgarra por dentro, recordándome mi propia incapacidad para salvar a quienes amo.
Betty... su nombre resuena en mi mente como un eco de dolor.
Aprieto con fuerza mis manos, sintiendo cómo mi corazón amenaza con estallar en mil pedazos. Pero de repente, como una chispa en la oscuridad, una determinación feroz se apodera de mí.
—¡Así es! ¡YO! ¡Yo viviré por mucho más tiempo que todos ustedes! —mis palabras resuenan con una fuerza que apenas reconozco, impulsadas por la rabia y la frustración que me consumen—. ¡Yo puedo seguir adelante! ¡Ustedes tienen una corta vida!
El sonido sordo de mi mano golpeando la pared es apenas un eco de mi propia furia interna.
La grieta que se forma es el reflejo de mi propia ira, dirigida hacia mí misma por mi propia impotencia. Una voz débil en mi mente intenta detenerme, pero la ira y la determinación me ciegan por completo.
—Ustedes deben seguir adelante, nada cambiará si estoy o no, serán lo que quieran, pero al final serán polvo. —Una sonrisa retorcida se dibuja en mis labios, el amargo fruto de mi propia desesperación—. Sus vidas serán tan pasajeras como un suspiro, por lo que tienen derecho a vivir en esa ilusión; tienen derecho a cumplir sus metas.
El tiempo, esa ilusoria medida de nuestras existencias, se desvanece frente a mí. Para ellos, el tiempo es oro, una moneda preciosa que no pueden desperdiciar en alguien cuyo tiempo no importa.
Me di cuenta demasiado tarde de la distancia que nos separa, de la brecha infranqueable que existe entre ellos y yo.
—Emilia... —la sorpresa en los ojos de Otto me detiene por un momento, pero mi determinación no flaquea.
Una sonrisa forzada se dibuja en mi rostro, una máscara frágil que apenas oculta el torbellino de emociones que me consume por dentro.
—Yo estaré bien, pueden dejarme —mis manos aún temblorosas apenas pueden sostener el peso de mi decisión—. Salven a Marco por mí, él todavía tiene una vida por delante, aun si Betty no está, él...
—¡EMILIA!
El grito desesperado de Luan rompe el silencio, y una ola de calor y caos se desata a mi alrededor. Las ventanas se quiebran y los fragmentos se esparcen como lágrimas en el viento.
Instintivamente, mi mano se alza, creando un muro de hielo que me separa del mundo exterior, un reflejo tangible de mi propio aislamiento y dolor.
¡Crac! El sonido del cristal quebrándose perfora el silencio, y el vapor comienza a escapar mientras ella se acerca más, con determinación en su mirada.
—¡Luan! —Crusch se lanza hacia ella para detenerla, pero el cabello de Luan estalla en un rojo incandescente que me ciega por completo.
Tengo que intervenir antes de que cause más daño.
—Artes de hielo, ventisca invernal —pronuncio con urgencia, desatando una gran ventisca que la rodea. Ella se protege, pero el frío se apodera del lugar, congelando todo a su paso.
Sin embargo, su fuego no se extingue, desafiando mis intentos de contenerlo.
No deseo herirla, pero su poder es impresionante.
—¡No te atrevas a decir esas cosas! —ella atraviesa mi barrera de hielo, su calor deshace todo a su alrededor, convirtiendo el hielo en agua y luego en vapor.
Necesito ser más enérgica.
—¡Grado cero! —grito, intentando congelar sus piernas para detenerla, pero mi magia se disipa al tocarla, derretida por completo por su calor abrasador.
¿Qué está sucediendo?
Mis ojos se abren de par en par en asombro, pero antes de que pueda reaccionar, siento un impacto en mi estómago. El dolor se propaga por todo mi cuerpo, mi piel arde bajo su calor abrasador mientras caigo de rodillas, luchando contra el sufrimiento.
—¡Ni siquiera puedes mostrar el poder que tenías antes! —su voz suena llena de reproche, y mientras Otto interviene para detenerla usando su única mano para atrapar su puño, el olor a carne quemada se aferra a mis sentidos, atormentándome.
—¡Otto! —Crusch disipa el vapor a través de la ventana rota y atrapa a Luan, pero ella no se detiene, determinada a hacerme entender.
—¡No me detengan! ¡Ella debe darse cuenta! —su voz resuena con desesperación, y mientras mis amigos se lastiman por mí, siento el peso abrumador de mi propia inutilidad.
—¡Eres nuestra amiga! No te atrevas a decir esas palabras —Luan me mira con ojos llameantes, desafiándome a cuestionar mi carga—. ¡Deja de creer que tienes que sufrir sola! ¡Deja de creer que eres la única que puede cargar con todo!
Entonces, ya no puedo contenerlo más.
—¡Tengo que hacerlo! ¡Tengo que ayudar a todos, soportar este dolor para poder ser de utilidad!
"Te dejaré llorar, para que mañana puedas ser más fuerte", me había dicho Marco una vez. Pero hoy, en este momento, yo no puedo hacer eso.
—¡Estúpida! —Luan se libera, y veo a Crusch y Otto ser lanzados por el estallido de maná. Ambos chocan con la pared, mientras Luan se acerca de nuevo, con una furia que parece desgarrar el aire.
—¡Somos tus amigos! —el grito de Luan resuena en mi alma, golpeándome con una verdad que no quería enfrentar—. Deja de creer que la carga es solo tuya, deja de tratar de emular a Marco. ¡La forma de ser de Marco es un veneno!
Mis ojos se abren de par en par ante su acusación, y aprieto mis manos con furia, mirándola con desafío.
Él no tuvo elección, no es culpa suya.
—¡Cómo te atreves! —extiendo mi mano, pero antes de que pueda actuar, Crusch aparece detrás de Luan.
—¡Fura! —el aire estalla con su grito, y Luan cae al suelo, su cabello volviendo rápidamente a su color blanco. Crusch jadea, mirando sus manos chamuscadas con dolor.
Se arrodilla junto a Luan, observándola con preocupación.
Me levanto y me acerco a Crusch, tomando sus manos para curar sus quemaduras con rapidez. Ella me sonríe, aliviada.
—Gracias, Emilia —sus palabras son un susurro de gratitud. Mis ojos se desvían hacia Otto, que yace inconsciente cerca.
Suspiro, notando cómo, a pesar de sus heridas, Crusch intentó detener a Luan sin dudarlo. Mientras comienzo a curar a Otto, Crusch se acerca y me habla con suavidad.
—Luan está en shock por lo que ocurrió en la guerra. Es su primera experiencia en un conflicto de esta magnitud, vio morir a personas cercanas y al enemigo por igual —sus palabras son un bálsamo suave sobre el dolor—. Ella es solo una niña, presenció los horrores de la guerra y como, a pesar de intentarlo, no pudo proteger a quienes le importa.
Sí, en el fondo, creo que siempre lo supe.
—Ella solo quería seguir adelante, pero luego se enteró de lo que sucedió con Beatrice, de lo que implica la prueba —Crusch suspira, su mano se posa con firmeza en mi hombro—. Sentirse impotente es desesperante.
Crusch siempre ha mostrado las características de una líder nata. Aunque desconozco mucho sobre su pasado, su porte y comportamiento denotan un linaje noble.
En comparación, yo...
—Es mejor no poder hacer nada a intentar y fallar —mis palabras resuenan en el vacío de la habitación como ecos de una tragedia repetida una y otra vez, como un lamento perdido en el viento.
Palabras vacías, como hojas secas arrastradas por el viento del desencanto, palabras solo para avivar el fuego de su enojo.
—Puede ser, quizás, eso es lo que todos desearían —la mirada de Otto se torna intensa, penetrando en lo más profundo de mi ser—. Gracias, señorita Emilia.
Otto se levanta con la gravedad de quien carga el peso del mundo sobre sus hombros, su mirada se posa en Luan en el suelo, como si buscara respuestas en la quietud de su cuerpo.
Luego, su atención se desplaza hacia Crusch, quien con delicadeza la recoge y la coloca en la cama, como si tratara de componer las piezas rotas de un rompecabezas fracturado por la desesperación.
—Esto pasó porque no fui claro —las palabras de Otto caen como guijarros en un estanque de aguas turbias—. Me disculpo.
Espero, conteniendo la respiración, mientras el silencio se cierne sobre nosotros como un velo de incertidumbre, esperando a ver qué camino tomará esta conversación.
—Las palabras de Luan no están del todo equivocadas —la voz de Otto resuena con una seriedad solemne, como el eco de un lamento en la noche oscura—. La forma de ser de Marco es un veneno, un veneno que corroe desde dentro, que distorsiona la realidad y oscurece el alma.
Observo a Otto, su mirada perdida en la ventana rota donde, en el fondo, una chica de traje negro y cabello rosado observa en silencio, como un espectro en la penumbra, como un testigo mudo de nuestras luchas internas.
No puedo soportarlo más, no puedo seguir esperando, mientras el peso de nuestras dudas aplasta nuestras almas como rocas en un abismo sin fondo.
—¿Y qué? —mi voz resuena con un temblor apenas contenido, cargada de frustración y anhelo—. Ni siquiera sabes por lo que ha tenido que pasar.
—¡NO LO SÉ! —las palabras de Otto irrumpen en el aire cargadas de angustia, y sus lágrimas brotan como ríos desbordados de un corazón roto—. Claro que no lo sé, nunca ha confiado lo suficiente en nosotros, nunca se ha liberado de sus ataduras.
Sus ojos, vidriosos por las lágrimas, buscan los míos en un intento desesperado por encontrar consuelo, por encontrar comprensión.
—Yo ya sabía que Marco no pertenece a este mundo, me enteré una vez hace ya varios meses —Otto confiesa, sus palabras resonando en la habitación como el susurro de un secreto guardado bajo llave—. Beatrice me lo reveló a través de un cristal piroxeno.
Un cristal piroxeno…
Otto se sienta en la cama, sus lágrimas limpiadas con su mano temblorosa, su dolor palpable en el aire como una neblina de tristeza que envuelve todo a su paso.
—Todos estamos sufriendo, pero esta no es la forma, no es el camino —las palabras de Otto resuenan con una intensidad que corta como un cuchillo afilado, su dolor compartido como un eco en la oscuridad de la habitación—. Para mí siempre fue difícil hacer amigos, yo no podía comprender el idioma a causa de mi bendición divina, mi hermano me intentó ayudar sin éxito.
Otto baja la cabeza, su desesperación palpable en el aire como una nube oscura que amenaza con devorarlo todo. Su emoción más sincera, un torrente de lágrimas y confesiones, desborda como un río desbordado en pleno invierno.
—Era un renegado, y luego, lo empeoré todo —sus palabras son un susurro cargado de pesar, una confesión de culpa que pesa como una losa sobre su alma—. Luego de huir de mi hogar por problemas con la nobleza, intenté hacer las cosas por mi cuenta, claramente fracasé. Pensé en volver con mi hermano, pero luego fui atrapado por esos monstruos.
Su historia es un relato de dolor y arrepentimiento, un eco de un pasado marcado por la tragedia y la pérdida, una confesión de fragilidad en un mundo que demanda fortaleza.
Ya sabía un poco de su pasado, el mismo nos había contado cosas, pero ahora entiendo un poco más. Quiero abrazarlo, decirle que no tiene por qué llorar.
Aun así, debo mantenerme firme.
—Para mí, ustedes fueron de mis primeros grandes amigos. He pasado por tantas cosas y finalmente encontré un lugar para mí; donde nadie me juzga por mi habilidad, donde todos trabajan en conjunto y se divierten —las palabras de Otto son como un eco de gratitud en la sala, una melodía de amistad en medio del silencio—. Por eso yo quiero ayudar, y para ello debo saber.
—Yo quiero lo mismo, pensaba que no debía incumbirme en el pasado de los demás —las palabras de Crusch son como un susurro de determinación, una promesa de lealtad en medio de la incertidumbre—. Intenté hacerlo una vez, cuando lo conocí de verdad, cuando vi un poco del Marco que se oculta tras esa máscara de fortaleza... Pensaba que las personas debían tomar su propio camino, pero… es hora de ayudar a un amigo a salir adelante.
La mirada de Crusch, el brillo en sus ojos me atrapa.
—Ambos queremos hacer algo, por ello, déjanos saber —la determinación en los ojos de Otto me desafía, me impulsa a seguir adelante—. Tú debes querer ayudarlo, si no sabes cómo hacerlo, entonces déjanos a nosotros encontrar una respuesta.
Mi corazón late aún más fuerte, el eco de mis emociones resuena en el aire como un tambor que marca el compás de mi angustia.
—¡El pasado no se puede cambiar! —mi voz resuena con la fuerza de una verdad irrefutable, con la determinación de una batalla que ya ha sido librada—. Nadie puede cambiar ese pasado, nadie puede borrar todos los horrores que tuvo que sufrir.
Otto y Crusch toman mis manos con delicadeza, como si fueran tesoros frágiles que deben ser protegidos.
«No debo ceder», repito en mi mente como un mantra que me da fuerzas para seguir adelante.
—Si bien el pasado no puede cambiar, el presente sí puede —las palabras de Otto son un faro de dolor, un intento de guía en medio de la tormenta—. Sé que te será difícil soportar ese pasado, pero, si lo que necesitas es fortaleza, entonces apóyate en las personas que te quieren.
Crusch me sostiene con más firmeza, como si quisiera transmitirme su fuerza a través de su contacto.
Yo no quiero, estoy cansada. Solo quiero descansar por largos años.
—No tienes que ser como Marco, él también tiene que empezar a mejorar —las palabras de Otto son una invitación que no quiero aceptar, un recordatorio de que somos dueños de nuestro destino, pero yo no quiero eso—. Marco es así por todo lo que tuvo que vivir. A pesar de decir que tenía una gran carga, nunca quiso liberarse ante nosotros. Yo no quise actuar, puesto que no quería empeorar las cosas.
—Tú eres tú —las palabras de Crusch son un intento de encontrar mi identidad, un eco de mi esencia perdida en la vorágine de la confusión.
Niego con mi cabeza, las lágrimas fluyen lentamente por mis mejillas, como un río de emociones que se desborda.
—Yo ya no sé quién soy —mi voz es un susurro ahogado por la desesperación, un lamento por la pérdida de mi yo verdadero—. Me he perdido, me he perdido de lo que era.
Ya no puedo reconocerme, no importa lo que haga, no importa lo que me digan. El veneno ya ha penetrado en lo más profundo de mí.
—Deja de preocuparte por lo que piensas que eres, deja de preocuparte por lo que los demás piensan que eres —la voz de Otto resuena en mi mente como un eco de razón en medio de la oscuridad—. Tú eres tú, eso no va a cambiar nunca. El pasado no tiene por qué definirte, solo debe condicionarte.
Aprieto mis labios con fuerza, luchando contra la marejada de pensamientos negativos que me ahogan.
No quiero pensar en eso, no quiero siempre ser la inútil.
—No pienses que eres una inútil —las palabras de Otto son un rayo de luz en mi tormenta interior—. Marco siempre está lamentando lo mucho que te ha hecho, Marco siempre ha buscado formas de hacerte sentir a gusto contigo misma, siempre ha soportado una gran carga por las mismas pesas que te impuso.
Es verdad, pero...
Yo, a pesar de sentirme bien conmigo misma, pensaba que depender de él era todo lo que necesitaba. Actuar cuando sea necesario, porque creí que Marco era una muralla irrompible.
Idealicé la visión de lo que creía que era.
Más no vi lo mucho que lo estaba lastimando.
—Solo porque soy una inútil —mi voz suena llena de amargura, un eco de autodesprecio que resuena en el vacío de mi alma—. Nunca se fue, parece que la ilusión de sentirme bien era solo eso. Una ilusión.
Otto niega con la cabeza con determinación.
—Marco no puede soportar ver personas en soledad, su soledad es tan grande que cada vez que ve a alguien en su situación intenta ayudarlo para que no sea como el —las palabras de Otto son como un bálsamo para mi alma herida—. Tú eres igual, ambos tienen un gran corazón por las experiencias que han sufrido.
Niego con mi cabeza, mis lágrimas fluyendo con más fuerza, como ríos desbordados que inundan mi ser.
—Marco sufrió todo eso, pero hasta que no lo libere de su corazón no podrá seguir adelante —las palabras de Otto son un recordatorio doloroso de la verdad que he estado evitando—. Tú también debes liberarlo, debes actuar más acorde a lo que tu corazón quiere hacer. Si tu corazón se quiere rendir, entonces pídenos ayuda para que podamos guiarte.
"Siempre habrá personas que se irán, pero habrá también quienes se quedarán para estar contigo y guiarte." Lo que dice Otto, las palabras que me dijo Marco hace un tiempo. Lo que tengo que hacer, las emociones que tengo que guardar.
—Madurar no se trata de contener todas tus emociones, se trata de saber aceptarlas y manejarlas —la voz de Crusch es como una luz en la oscuridad, un faro que me guía hacia la esperanza—. Yo también creí que estaba bien guardar todo en mí, pero, viendo a Marco, pude ver mi error. Él contiene todo en su interior, pero eso solo hace que la soledad incremente. Solo te hace más débil, te hace parte de la ilusión de tener el control de ti mismo.
El calor reconfortante de Crusch envuelve mi ser, disipando cualquier rastro de frío que pudiera haber en mi interior. Sus palabras, llenas de amor y comprensión, resuenan en lo más profundo de mi ser.
—Deja de preocuparte por lo que piensas que eres, deja de preocuparte por lo que los demás piensan que eres —la voz de Otto resuena en mi mente como un eco de razón en medio de la oscuridad—. Tú eres tú, eso no va a cambiar nunca. El pasado no tiene por qué definirte, solo debe condicionarte.
Aun así, mientras absorbo sus palabras, siento cómo Luan se acerca a mí y me rodea con un cálido abrazo. Acepto su gesto con gratitud, permitiendo que su amor me envuelva y me consuele.
—No debes obsesionarte con tus emociones, al contrario, debes usarlas como combustible para salir adelante —me dice Crusch con voz suave mientras me abraza—. Se que es algo difícil de hacer, pero; para eso están tus amigos. La única persona inútil es la persona que se cree completamente útil, porque esa persona nunca buscará mejorar.
Me estremezco ante sus palabras, sintiendo cómo penetran en lo más profundo de mi ser y despiertan una chispa de esperanza. Mis manos se extienden, y abrazo a Crusch con fuerza, deseando expresarle mi gratitud por su apoyo incondicional.
—Perdóname por actuar así antes —le digo mientras la abrazo, sintiendo cómo su calor reconfortante me envuelve por completo.
Mientras tanto, observo cómo Otto se acerca, y sus palabras de aliento resuenan en mi alma, recordándome que no estoy sola en mi lucha por el crecimiento personal.
—Hay cosas que nunca vas a poder cambiar, pero sí que vas a poder mejorar un poco más —me dice Otto con firmeza—. Somos tus amigos Emilia, también somos amigos de Marco y Beatrice. Los amamos y por eso nos esforzamos por ayudarles.
Sus palabras me llenan de determinación y esperanza. Siento cómo una llama de esperanza se enciende en mi interior, impulsándome a seguir adelante con renovada fuerza y determinación.
Con el amor y el apoyo de mis amigos, sé que puedo superar cualquier obstáculo que se interponga en mi camino.
Quiero tanto ser mejor, anhelo con todo mi ser poder hacer las cosas de manera diferente, para mejorar y verme de una manera más positiva. Sé que he repetido estas palabras muchas veces, pero son deseos que parecen escaparse de mi alcance, cosas que aún no he aprendido a lograr.
Crusch me abraza con más fuerza, sus palabras de aliento resuenan en mi corazón, reconfortándome en medio de mi confusión y autocrítica.
—Puedes sentirte útil, puedes celebrar tus logros, no se trata de enfocarte únicamente en tus errores —susurra mientras me rodea con amor—. Lo que quiero decir es que debes aceptar tanto tus fortalezas como tus debilidades. Trabajar en mejorar aquello en lo que flaqueas mientras te apoyas en lo que te hace fuerte.
Aceptar mis debilidades, abrazar mi propia imperfección y reconocer las áreas en las que necesito crecer.
Desde el primer día, hay una enseñanza que Marco me dejo plantada.
"Si no te lo dices a ti misma jamás vas a poder empezar a cambiar"
Ese día, después de decirme que intentara cambiar. El día que todo empezó para mí, el día en el que empecé a ver nuevos colores.
El rostro de Marco en mi mente, su sonrisa llena de colores. Su abrazo lleno de emociones, su voz llena de armonía.
Es verdad, hay algo en mí que fue plantado.
Solo yo decido si es algo venenoso o no.
Con determinación los miro a ambos, quienes esperan con una sonrisa a lo que voy a decir. En este momento, en este instante. El tiempo que me ha llevado, todo el rastro de dolor que se quiso mantener.
En el momento correcto, con las palabras correctas.
Si algo he aprendido es que las emociones no tienen lógica, son espontáneas, fruto de nuestra personalidad.
Por eso, también cambiaran, de un momento a otro.
Los colores empiezan a volver, el mundo empieza a brillar a mi alrededor. En un ocaso lleno de polvo y destrucción, lo que veo en frente de mí son las personas que más quiero. Las personas que me apoyan a pesar de tener mis defectos.
Si vamos a triunfar, quiero hacerlo con ellos.
Si vamos a fallar, quiero estar para ellos.
—Acepto quién soy, con todas mis fallas y defectos, y me comprometo a trabajar en ellas poco a poco, transformándolas en fortalezas que me impulsen hacia adelante. —profeso, con una determinación palpable, con mi fuerza sopesando mis debilidades.
«Suena bien», susurro para mí misma, sintiendo cómo una pequeña chispa de esperanza comienza a arder dentro de mí.
Entonces, las palabras de Otto me llegan con fuerza, recordándome que no estoy sola en esta lucha. Somos amigos, unidos en el amor y el apoyo mutuo, decididos a ayudarnos unos a otros en nuestros momentos más oscuros.
Mi corazón se estremece con la certeza de su afecto. Una pequeña llama de esperanza resurge en mi pecho, iluminando la oscuridad que había amenazado con consumirme.
Recuerdo el dolor que sentí al ver a Marco sufrir, al verlo rendirse, al presenciar la tragedia de María. Pero ahora, en medio de todo este dolor, encuentro consuelo en el amor y la amistad de aquellos que me rodean.
—Tú eres la única que puede sacar a Marco de su sufrimiento, después de todo, eres quien más lo ama, ¿no es así? —Crusch me sonríe con ternura, su mirada transmitiéndome una profunda sensación de confianza y esperanza.
"Tú siempre serás Emilia, la encantadora medio elfa, bella y fuerte, que mis ojos han tenido el privilegio de conocer."
En el recordar de sus palabras, encuentro un refugio, un santuario donde mi corazón se acurruca en la seguridad de su cariño. Como un río que fluye sin cesar, sus palabras me envuelven, me nutren, me llevan a un lugar donde la fuerza y la vulnerabilidad bailan en perfecta armonía.
"La llegada de la primavera implica abrazar el riesgo del invierno; convertirte en presencia implica aceptar la posibilidad de la ausencia", recuerdo sus sabias palabras como un eco en mi alma, un recordatorio de que la vida es un ciclo eterno de renovación y crecimiento.
Cada pétalo de flor que se abre, la valentía de abrazar el frío del dolor para dar paso a la calidez del renacimiento.
"Sentir fortaleza implica abrazar la posibilidad de sentir debilidad, sentirme útil implica abrazar el sentirme inútil", resuena en mi mente como un mantra que me guía en los momentos de duda y confusión. En cada lágrima que derramo, en cada suspiro de rendición, descubro una fuerza oculta, una resiliencia que florece en la oscuridad.
Son tus palabras las que me enseñan que "todo depende de cómo deseas percibirlo".
Un faro en la tormenta, una guía que me insta a mirar más allá de mis limitaciones, a encontrar la belleza en la imperfección, la fuerza en la vulnerabilidad.
—La frialdad solo te lleva a la soledad, la verdadera fuerza está en la calidez del camino, de compartir tu camino con quienes te rodean, de pasar por buenos y malos momentos. Cuando compartes el dolor este se hace más débil. —En cada abrazo, en cada palabra de aliento, encuentro el poder de sanar las heridas más profundas y encontrar consuelo en la compañía mutua.
"El sufrimiento no es necesariamente algo malo. Sufrir significa la importancia que le das a ello, por eso, cuando sufres, debes aprender a sufrir", sus palabras son un bálsamo para mi alma herida.
Todavía recuerdo tus palabras como si fueran un eco en mi alma, un recordatorio constante de que la vida es una obra de arte en constante movimiento.
Puedo verlo, puedo ver ese lienzo ahora. Tomaré el pincel, ya no estaré más dejándole pintarse por sí mismo.
En cada trazo de color, en cada pincelada de luz y sombra, encuentro la promesa de un nuevo comienzo, la oportunidad de crear un mañana más luminoso.
He decidido dejar atrás mis miedos y dudas, y abrazar la plenitud de quien soy. Reconozco que soy fuerte y vulnerable a la vez, que mi corazón guarda secretos que solo el tiempo puede revelar.
Me comprometo a vivir cada día con pasión y propósito, a disfrutar del viaje tanto como del destino.
"Cada segundo cuenta, sin importar cuanto viva, el hecho que haya un final implica ver cada día, cada segundo, cada momento como uno tan importante que debo hacer todo lo posible por ser y hacer feliz", Betty, tan sabia como siempre.
—Tu corazón es el único que puede llegarle. —Luan añade con una calidez que penetra hasta lo más profundo de mi ser. Sus palabras se convierten en un abrazo reconfortante que me envuelve, recordándome la verdad que late en mi interior.
Puede que la vida sea efímera, un suspiro fugaz en el tiempo. Pero para mí, Marco tiene un lugar inamovible en mi corazón, un rincón sagrado que el tiempo no podrá borrar.
Sin importar cuánto tiempo pase, él permanecerá en mi alma.
Por eso, debo hacerlo. Tomaré coraje y correré hacia su corazón, atravesando los muros que nos separan. Aunque pueda ser demasiado emocional, inocente e incluso un poco ingenua, es ese mismo corazón el que me impulsa a confiar en los demás.
Es mi corazón, solo mío, gracias a eso es que yo puedo amar.
Amar a MI manera.
Aunque el sufrimiento pueda ser el precio de esa confianza, no dejaré de creer. Porque no hay sensación más cálida que la de ser recibida con confianza, la de saber que tus sentimientos son valorados y respetados.
Como mis amigos aquí, a quienes amo con todo mi ser. Siempre valdrá la pena, incluso si algunos me traicionan en el camino.
—Marco Luz... —dirijo mi mirada a Crusch y Otto, invitándolos a escuchar con atención, porque en estas palabras está la esencia misma de mi corazón—. Lo qué les contare será la historia de él, una historia llena de tragedia.
Capítulo 18.
Luz en la Oscuridad
—Primero que nada —interrumpo, mi mirada se encuentra con la confusión en los ojos de Luan. Estoy a punto de revelarle un pequeño secreto que hasta ahora le habíamos ocultado.
Siento cómo mi corazón late con fuerza en el pecho, ansioso por compartir lo que sé.
Un cosquilleo nervioso recorre mi cuerpo, indicándome que es hora de que se enterasen. La detengo con un gesto de mi mano, consciente de hacia dónde se dirige.
—Voy a contarlo todo, desde cómo conocí a Marco hasta su pasado —digo, entrelazando mis dedos con una sonrisa, pero mi voz tiembla ligeramente por la emoción que me embarga al recordar cómo apareció ante mí—. Y no te disculpes conmigo; ese golpe fue un recordatorio bru~~tal de la realidad que aún resuena en mí.
Casi como si estuviera destinado, Marco ha sido un faro desde el momento en que apareció.
Comienzo a relatarles la historia de la persona que ha conquistado nuestros corazones. Primero, les hablo sobre cómo Marco llegó a este mundo.
—Marco fue invocado, aunque aún desconocemos quién lo hizo —digo, desviando la mirada hacia el suelo mientras considero las posibilidades. Siento un nudo en la garganta al pensar en las dificultades que ha enfrentado, pero ahora, ese nudo de disuelve ante la fuerza de mi corazón—. Cuando lo vi por primera vez, luego de que me robaran la insignia, pensaba que era un ladrón, jejeje.
Mi risa se escapa, solo puedo recordar su actitud, como si ayudarme estuviese entre sus planes. Todos me miran con una sonrisa, a la vez que les voy contando todo.
—Él llegó, hizo un gran discurso y luego fue a mi salón de estudio a regañarme. "Voy a apostar por ti, por el potencial en tu interior" —sus palabras son claras, no importa el tiempo, las recordaré por la eternidad de mi existencia.
—Sobre su pasado, realmente no lo he terminado. —muevo mis dedos, a la vez que siento el miedo de perderme, mi corazón latiendo, mi cuerpo temblando levemente.
Explico lo que Marco me ha contado; casi fue asesinado, pero de alguna manera terminó en este mundo por arte de magia. No quiso dar más detalles, y yo respeté su silencio, aunque mi curiosidad me consume por dentro.
—No quise presionarlo más, así que en parte es mi culpa —añado, con un suspiro que deja salir la culpa en mi interior.
Continúo narrando su historia, describiendo cómo es su mundo: un lugar sin magia, pero lleno de tecnología incluso más avanzada que la magia. Un mundo donde la ciencia reina sobre la magia.
—Entonces, vi una maquina voladora. —Recuerdo la primera vez que lo vi viajar en helicóptero. Siento un leve temblor en mi cuerpo, la emoción de experimentar algo así alguna vez—. En ella cabían varias personas, y viajaba rápido, mu~~y rápido.
Las miradas asombradas de mis amigos lo dicen todo, aunque Crusch ya conocía buena parte de esto. Sin embargo, es diferente. Marco lo explica sin adornos, pero para mí sigue siendo tan mágico y hermoso que siento que aún me faltan palabras para describirlo.
Continuo explicando, contando lo sucedido, la primera vez que presencio los cristales lamicta.
En el punto culminante de nuestra conversación, el aire nocturno se cuela suavemente por la ventana, templado y reconfortante, como si intentara calmar los corazones agitados en la habitación.
El brillo plateado de la luna se filtra a través del cristal, creando destellos misteriosos que bailan sobre los rostros de mis amigos, añadiendo una atmósfera de solemnidad a nuestra discusión.
—¿Cristales Lamicta? —La sorpresa en los ojos de Otto y Crusch apenas puede competir con la expresión casi gélida de Luan.
—Creo que comprendo, las palabras de Marco. —Luan se recuesta en la cama, contemplando el techo—. Según lo que me has transmitido, creo que puedo llegar a una conclusión.
Todos dirigimos nuestra atención a Luan, quien extiende su mano. Yo también he reflexionado mucho, pero lo que me viene a la mente es tan inquietante como lo que Luan está a punto de expresar.
—Quizás su trauma fue tan devastador que su mente borró los detalles y solo retuvo las emociones. —Luan coloca su mano en su pecho, su mirada llena de pesar—. Lo que no logro entender es por qué ahora está recordando.
A mí se me ocurre algo.
—Echidna, la bruja de la codicia. —Dirijo mi mirada hacia la ventana, donde las ráfagas de viento entran—. Es posible que ella haya intervenido de alguna manera; estoy segura de que Marco la vio cuando entró a la tumba.
Hasta ahora, la existencia de brujas, aparte del monstruo que causó tanto daño, se menciona como un tabú, pero si hay personas consideradas brujas.
Son individuos con un poder inmenso, pero, más que eso.
Son diferentes.
—Marco me introdujo a un concepto. —Observo hacia la ventana, la luz de la luna baña el lugar—. Los siete pecados capitales.
Una hebra de cabello rosa resplandece por un momento, pero lo ignoro y vuelvo mi atención hacia mis amigos. Los observo a todos, buscando una respuesta.
Comienzo por explicarles, asegurándome de que comprendan.
—¿Entonces hay más brujas con poderes similares a los arzobispos? —interroga Otto, pero niego con la cabeza
—Aún no lo sé, pero creo que es posible.
Sin llegar a una conclusión, continúo narrándoles.
—Luego, él y María se enamoraron. —Un nudo se forma en mi garganta al recordar lo que está por suceder.
Lo que Marco sintió, todo lo que me fue transmitido. Lo liberaré, liberaré todas sus emociones sin omitir ni un solo detalle. Las dejaré libres para que él pueda avanzar junto a ellas cuando las necesite.
Respiro profundamente.
—No era su primer amor, pero sin duda fue el más profundo. —Contemplo mis manos, preguntándome por qué el destino tiene que ser tan implacable con alguien así.
Alguien con tantas esperanzas y sueños, alguien lleno de felicidad e inocencia.
Les relato cómo fueron traicionados y obligados a huir. Todos comprenden la gravedad de la situación; solo el maná, una habilidad excepcional, podría enfrentarse a sus armas superiores como esas.
Nada que un Marco sin más que su frágil cuerpo pueda enfrentar.
El miedo y la desesperación se reflejan en sus rostros mientras escuchan atentamente mi relato.
La muerte de los padres de Marco.
—Es por eso por lo que… —Luan mira sus manos, una lágrima solitaria se desliza por su mejilla—. Siempre me trató con tanto cuidado y cariño…
Les cuento cómo, a pesar de todo, Marco siguió adelante, siendo fuerte y reprimiendo sus lágrimas. Intentó mantener una fachada de fortaleza.
—Es casi como si fuera natural para él —afirma Otto, mostrando una gran comprensión. Marco siempre fue así, no como resultado de un trauma, sino como una forma de enfrentar las emociones.
Equivocada, tal vez, pero esa es su manera.
Continúo con mi relato, mientras mis lágrimas fluyen sin cesar. Mis manos tiemblan, pero Crusch y Luan las sostienen. Ambas me sonríen mientras lucho por recuperar el aliento.
Está bien, ahora puedo llorar, puedo llorar y ser débil.
Para tener fortaleza cuando la necesite.
—Y, por último, después de la muerte de su mejor amigo, vino la muerte de la persona que amaba.
Les explico cómo había una presencia extraña desde el principio, una energía desconocida impregnaba el ambiente.
—Echidna me lo dijo, era miasma. —Mis lágrimas no cesan, pero de alguna manera siento que no lloro por mí.
Es como si estas lágrimas fueran las suyas, la sensación de estar llorando por él, como en esa sala de cine.
Pero esta vez las acepto, acepto estas lágrimas en su nombre.
Les relato cómo María comenzó a comportarse de manera extraña, todo debido al profundo shock de perder a sus padres, así como por la influencia del miasma.
Estoy a punto de contar el desenlace, pero las palabras se atascan en mi garganta.
—No puedo decirlo. —Bajo la mirada hacia el suelo, aferrándome a las manos de ambas—. No quiero que piensen mal de él.
No quiero que vean a Marco como un monstruo.
No fue su culpa, no era algo que pudiera controlar. Marco, Marco era solo un niño.
Un niño que se vio obligado a madurar demasiado pronto.
—No lo haremos, te lo prometemos. —Otto me mira a los ojos, y aunque estoy perdida, sus palabras me reconfortan—. Lo que sea que haya pasado, lo aceptaremos.
La reacción de mis amigos es tan comprensiva, pero quizás porque no lo vivieron como yo. No lo sintieron en lo más profundo como lo sentí yo.
Una vez les cuento todo, revivo en mi mente la imagen de Marco: cómo mató a María sin mostrar emoción alguna. Puedo sentir mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho, ansioso por compartir este peso que llevo dentro.
Luego, la devastadora revelación de su reacción al darse cuenta de su embarazo y acabar con la vida de su propio hijo. Cada palabra que pronuncio parece hacer un nudo en mi garganta, dificultándome el respirar.
—Hasta ahí no pude soportarlo más. —Mis lágrimas continúan fluyendo sin control, y veo reflejadas en los rostros de mis amigos una mezcla de dolor, comprensión y rabia. Los gestos de sus rostros me lo dicen todo, aunque no soy experta en interpretar emociones, la expresión de sus ojos me habla de su compasión y empatía.
Solo espero que puedan perdonar a Marco, que puedan hallar la paz que tanto necesitan.
—Es... horrible, pasar por todo eso, esforzarte tanto y luego perderlo todo. —Crusch aprieta mis manos con fuerza, y siento su apoyo en cada apretón.
La sensación de su contacto reconfortante me da fuerzas para seguir adelante.
—Yo le dije cosas horribles a Marco antes, quizás mostrando mi propia frustración por no poder hacer nada. —Crusch cierra los ojos con pesar, y asiento con la cabeza, comprendiendo su angustia.
—No lo sabías, y Marco tampoco lo iba a contar. —Le sonrío a Crusch, aunque mis lágrimas continúan cayendo sin cesar, como pequeñas gotas que intentan encontrar su camino en la oscuridad.
Ella abre los ojos lentamente, y sin necesidad de palabras, percibo que ha llegado a una revelación. Quizás esta experiencia nos ha abierto los ojos a todos, nos ha hecho ver más allá de nuestras propias creencias y prejuicios.
Pensaba que, al contarles la historia, ellos la verían como yo la vi.
Pero en cambio, veo que se han conectado más con ella, a su manera, han transformado el pasado de Marco. Parece que lamentan sus acciones pasadas, que entienden cosas que antes no comprendían.
Aunque quizás no sientan el mismo dolor que yo o que Marco, sé que lo que les he compartido les ha afectado. Comprenden el sufrimiento, aunque sus pensamientos difieran.
Creo que he descubierto algo importante. Una fuerza que no había encontrado antes, una fuerza que me impulsa a seguir adelante, a luchar por lo que creo justo.
—Haré la prueba de nuevo, demostraré a Marco que su pasado puede superarse. —Aunque para él no sea fácil, aunque para nosotros tampoco lo sea.
Que yo lo supere yo no significa que él lo hará. Pero, estamos juntos en esto, apoyándonos mutuamente en nuestro viaje hacia la sanación.
Niego con la cabeza, rechazando mis propias palabras con determinación.
—No, superaré su pasado para poder acompañarlo, para estar junto a él hasta que sea capaz de superarlo por su cuenta —proclamo con convicción. Todos asienten en afirmación, sus sonrisas reconfortantes me llenan de ánimo.
Siento la fuerza trasmitida en sus miradas, unidos en nuestro dolor compartido.
A medida que hablamos, mi corazón se llena de una sensación cálida y reconfortante. Aunque no recibí un apoyo directo después de contar su historia, el simple hecho de compartirla con personas que me importan y ver sus reacciones me hace sentir acompañada.
Para él.
Para nosotros.
Preparamos un plan para enfrentar las adversidades que se nos presenten y nos dirigimos hacia la tumba, listos para actuar. Todos queremos salir adelante, y juntos seremos tanto la fuerza como la debilidad del otro, el apoyo que cada uno necesita.
No estoy sola, creo que, a diferencia de antes, esta vez lo tengo claro. Nunca lo estuve, pero ahora ya no me siento sola.
Betty, Puck… los traeré de vuelta para que tampoco estén solos.
Mientras avanzamos hacia nuestro destino, aprieto mis manos con determinación, buscando fortaleza en el contacto conmigo misma. Mis ojos se abren en sorpresa al ver a una figura inesperada: una chica de cabello rosa, cuya mirada llena de incomodidad y molestia me sorprende.
Parece que alguien estuvo escuchando en silencio.
—jejeje. —Cubro mi sonrisa con mi boca, solo para ver cómo nos dirige la mirada.
Intento contener mi sonrisa mientras ella se acerca y, con gestos animados, Otto trata de saludarla, pero ella lo ignora por completo y se dirige hacia mí.
—Yo fui el que organizo todo, ¿Por qué me tratas así? —Otto mira hacía Ram con ojos llorosos, víctima de su broma.
La tensión se alivia un poco cuando todos ríen ante la broma de Otto, excepto Ram, cuya mirada se clava en la mía.
—¿Pasa algo, Ram? —Sonrío, decidida a no dejarme llevar por la tensión. No permitiré que las actitudes negativas contaminen este momento.
A pesar de la expresión de frío que veo en los rostros de los demás, personalmente no lo siento. Sé que con la llegada del invierno muchas cosas cambiarán tanto para el santuario como para Irlam. Por eso, es crucial salir y prepararnos para lo que está por venir.
—Cuando la pequeña hormiga vino a hablarme sobre unirme para ayudar al señor Roswaal, pensé que no podría tener algo concreto. —La mirada de Ram se dirige al cielo, su rostro siendo iluminado por la luz de la luna—. Incluso yo misma dudaba de la posibilidad de ver algún progreso, pero si algo es seguro es que quiero ayudar al señor Roswaal.
Mi determinación se mezcla con un ligero temor que apenas puedo ocultar.
Tomo las manos de Ram, obligándola a mirarme a los ojos. A pesar de su actitud aparentemente indiferente, sé que se preocupa de verdad. No solo por Roswaal, sino también por Marco.
—Ayudaré a Marco, estoy seguro de que él sabe cómo hacer algo con Roswaal —le digo con convicción, y veo sorpresa en sus ojos.
Ram gira la cabeza rápidamente, quizás un poco avergonzada.
—Ese veneno no me importa —dice con un atisbo de sonrisa, aunque la borra rápidamente.
Aunque no lo diga, sé que Ram aprecia mucho a Marco. A pesar de sus discusiones, siempre terminan llevándose bien. Ram se preocupa por él, aunque le cueste admitirlo.
—Jejeje —una risita escapa de mis labios—. Me encargaré de ello. No tengo muy claro qué está pasando con Roswaal, pero si trayendo a Marco podemos ayudar, entonces eso haré.
Aprieto mis manos, y Ram se aparta un poco. El camino está claro, ahora solo tengo que enfrentarlo. A diferencia de antes, ahora tengo a todos aquí, listos para verme triunfar.
Mientras camino hacia la tumba, veo a Otto aún en el suelo.
La tumba es demasiado grande para ser solo para una persona. Echidna debe tener planes aparte de lo que le hizo a Marco. No entiendo qué están ocultando ambos, pero Roswaal también parece estar al tanto.
—¡Demuéstrale quién eres! —grita Luan, haciendo que me gire en su dirección. A pesar de su energía, sé que la quiero mucho.
—¡Sí! —respondo, poniendo mi mano en mi cintura y extendiendo mi brazo hacia el cielo, como si fuera lo más natural del mundo.
¿Por qué hice eso?
Bueno, simplemente se sintió bien.
La tumba se ilumina, indicando que la prueba está lista para ser enfrentada. Mis manos comienzan a temblar, pero esta vez no me siento mal por ello.
—Tengo miedo, pero también estoy lista para enfrentarlo —confieso en voz alta. El miedo no va a hacerme cambiar de opinión, debo aceptarlo y usarlo para prepararme.
Marco, tu mundo es algo que quiero ver, algo que quiero entender. Pero incluso si puedo sentir tus emociones y ver lo que sufres, sé que nunca podré experimentar lo mismo que tú.
El mundo no me cambiará.
Cada vez más cerca de dar la prueba, me digo a mí misma:
—Si quiero cambiar el mundo, entonces debo cambiarme a mí misma —digo con determinación—. Si quiero ayudarte, debo ser capaz de cambiar yo, sin dejar de ser quien soy.
Me siento, y rápidamente mi visión cambia. Estoy en una sala de cine, con luces tenues que suavizan mi vista, y una pantalla en blanco frente a mí. Con una sonrisa, observo a Echidna, visiblemente molesta, con los brazos cruzados.
—¿No te parece una sonrisa horrible esa que cargas? —me provoca Echidna, pero sus palabras llenas de odio no me afectan. Sé que es solo su forma de ser, y no necesito caerle bien a todo el mundo.
—Bueno, a mí me gusta —respondo con una sonrisa aún más radiante.
Ella intenta otra táctica, señalándome y lanzando una pregunta cargada de veneno:
—¿No es hora de que te rindas, después de salir llorando dos veces ya?
Pero esta vez, no hay palabras que me puedan derribar.
—Bueno, también lloraré esta vez; no tengo por qué negarlo —afirmo, poniéndome frente a ella y sosteniendo su mirada—. Ya que hiciste una apuesta con Marco, ¿qué tal si haces una conmigo?
Echidna cambia su expresión, una leve sonrisa asoma mientras se encoge de hombros.
—¿Qué podría querer yo de ti? —suspira, esperando mi respuesta.
Aunque parezca odiarme, sé que hay una forma de cambiar esto.
—Te daré mi cuerpo. Será resistente y vivirá por mucho tiempo, así podrás hacer lo que quieras con él —ofrezco, poniendo mi mano en mi pecho con confianza.
Su sonrisa desaparece, y por un momento, sus ojos se clavan intensamente en los míos. Puedo sentir el peso de su mirada como una presión en mi pecho, mientras su expresión se vuelve seria.
Luego, estalla en carcajadas, un sonido estridente que resuena en la habitación y en mi mente. Cuando finalmente se calma, su risa se desvanece en el aire.
—Tu cuerpo no es ni la mitad de especial que el de él —dice con una sonrisa burlona, y puedo percibir el desdén en cada palabra que pronuncia.
Sus palabras golpean como un puñetazo en el estómago, y siento cómo un escalofrío recorre mi espalda mientras trato de mantener la compostura.
¿El cuerpo de Marco es especial? Sus palabras me hacen reflexionar. ¿Qué secretos oculta Marco que ni siquiera yo conozco?
Quizas ni él lo sabe…
—El candidato a sabio, alguien capaz de albergar en su cuerpo todos los tipos de poderes, alguien cuya mente es capaz de soportar grandes cantidades de información. El solo ser un candidato te convierte en alguien con un potencial ilimitado —explica Echidna, con una mirada desafiante que me hace estremecer.
Puedo sentir la intensidad de su mirada como una quemadura en mi piel, mientras sus palabras resuenan en mi mente como un eco inquietante.
Entonces, lo que sucedió esa vez... Todo cobra sentido.
La revelación me golpea como una ola, dejándome confundida, mientras intento asimilar la magnitud de lo que Echidna acaba de revelar.
—Él también puede poseer y usar todas las autoridades, los poderes de los arzobispos de la bruja —continúa Echidna, su voz resonando en la habitación con un tono de triunfo.
Puedo sentir la gravedad de sus palabras como un peso en mis hombros, mientras la realidad de la situación se hunde en mi conciencia como una losa.
Así que Marco tiene un destino extraordinario. ¿Es por eso por lo que quería ocultarlo? Me duele pensar que haya cargado con ese peso en silencio, temiendo ser visto como un monstruo, un enemigo.
Un nudo se forma en mi garganta, y tengo que hacer un esfuerzo consciente para contener las lágrimas que amenazan con escapar de mis ojos.
«Tonto Marco», pienso con cariño, aunque mi corazón se aprieta de dolor. Quisiera poder abrazarlo y consolarlo, pero sé que ahora no es el momento.
Vuelvo a sonreír, extendiendo mi mano hacia ella. Mi mano tiembla ligeramente, pero trato de mantenerla firme, mostrando determinación a pesar de mis miedos y dudas.
—Entonces, ¿qué tal si te doy información sobre la ubicación de la puerta del sello? —propongo con una sonrisa más amplia, tratando de ocultar mi nerviosismo tras una fachada de valentía—. Y no solo eso, te ayudaré a abrirla.
Si mis sospechas son ciertas, quizás Echidna no me odia a mí en realidad. Quizás lo que rechaza es lo que represento. Un escalofrío recorre mi espalda, pero esta vez es de anticipación, no de miedo.
—¿Acaso sabes lo que hay detrás de ese sello? —su pregunta me hace temblar levemente, y siento cómo la incertidumbre se apodera de mí como una mano fría que me estruja el corazón.
Es como si instintivamente mi cuerpo reaccionara ante el peligro, recordando el pasado y los eventos traumáticos.
El recuerdo de lo que Pandora intentó hacer vuelve a acechar mis pensamientos, provocando una sensación de ansiedad en lo más profundo de mi ser. Sé que ella tiene un motivo para querer esa información, pero su odio hacia mí indica que no es precisamente por ser yo.
Sus ojos se abren en sorpresa ante mi propuesta, pero rápidamente adopta una expresión neutral.
No hay emoción en su mirada, solo una especie de reflexión pensativa. Cuando finalmente responde, lo hace con una aparente indiferencia, como si estuviera jugando un juego que le aburre.
—Haré la apuesta, pero solo por diversión —dice, desviando la mirada por un instante antes de continuar—. Si te hago daño, alguien podría terminar odiándome, así que, si pierdes, me darás la información que quiero y me ayudarás en lo que necesite. Serás mi... —su sonrisa se amplía, como si disfrutara de la situación—. Esclava.
Asiento, aceptando el trato con resignación. Extiendo mi mano hacia ella, pero parece reacia a tocarla, como si temiera contaminarse con mi presencia.
—Siéntate, vamos a comenzar —me indica con un gesto, y obedezco.
Me siento con calma, dirigiendo mi mirada hacia la pantalla. Lentamente, el vacío vuelve a invadir mi corazón, pero esta vez sé que no es mi sentimiento. Es el dolor y la desesperación de Marco, resonando en lo más profundo de mi ser.
Pero yo soy yo, y no importa cuánto dolor y sufrimiento se interpongan en mi camino, sé que mi corazón lleno de calidez puede superar cualquier abismo.
—Marco... —susurro con determinación—. Te sacaré de ese lugar, te salvaré de ti mismo.
Capítulo 19
La Caída del Héroe.
La pantalla se ilumina con fuerza. Allí lo puedo ver de nuevo, Marco se encuentra depilándose su barba.
No sé cuándo tiempo ha pasado, pero, sus ojos…
El reflejo en el espejo muestra a Marco, pero no al Marco que conocí. Sus gestos están cuidadosamente ensayados, su sonrisa forzada. Pero lo más impactante son sus ojos, vacíos, sin vida, como si el brillo que solían tener se hubiera extinguido para siempre.
—Está bien así —murmura, aunque sé que no lo está. Marco se arregla, se perfuma, pero su apariencia pulcra no puede ocultar el abismo que hay dentro de él.
Una máscara de simpatía cubre su rostro, ocultando la profunda oscuridad que lo consume por dentro.
Cuando sale del baño, el entorno ha cambiado, ahora lujoso y opulento. Marco parece ajeno a todo, perdido en sus propios pensamientos. Un ligero aroma a sangre lo sigue, un recordatorio constante de su pasado oscuro.
«Bueno, vamos a ver a quien entrevistaremos hoy» Marco mira su collar, haciéndome abrir los ojos con fuerza.
El collar que lleva puesto me provoca un escalofrío, pues reconozco el cristal púrpura que adorna su cuello. Aquel cristal que parece una gota, aquel cristal que Roswaal le regaló en su cumpleaños.
Ese cristal donde se encuentra Betty.
¿Cómo llegó allí?
Marco avanza con una alegría fingida, como si tratara de convencerse a sí mismo de que todo está bien. Pero yo sé que no es así. Sus palabras, sus acciones, todo grita desesperación.
«Ya quiero ver las noticias sobre el pequeño golpe que hicimos. Todo fue por amor, por amor hacía las personas que ya no puedo ver.»
—Buenos días —saluda con una sonrisa, pero sus ojos no reflejan ninguna emoción genuina. Son solo sombras de lo que solían ser, un eco de un pasado que ya no existe.
Mi corazón se retuerce ante la imagen de Marco, atrapado en un mundo de ilusiones y mentiras. Quisiera poder salvarlo, sacarlo de ese abismo en el que se encuentra, pero sé que no puedo hacerlo solo.
Marco debe encontrar la luz por sí mismo, y yo estaré aquí, esperando en las sombras, listo para apoyarlo en su camino hacia la redención.
Entonces avanza hasta ingresar a una habitación donde diviso a dos personas.
—Parece que el plato principal está aquí —anuncia mientras escucho una voz desconocida.
Al observar con detenimiento, una sensación de confusión se apodera de mí, como si algo estuviera fuera de lugar en mi percepción.
—¿Por qué no puedo ver su rostro? —pregunto, dirigiendo mi mirada hacia Echidna, quien, con los ojos bien abiertos, se inclina sorprendida.
—Esto es... —Echidna pausa brevemente, sumida en sus pensamientos, antes de continuar—. Interesante.
El rostro de esa persona está velado por una bruma purpúrea. No puedo distinguir sus rasgos, y lo curioso es que Marco debería estar experimentando lo mismo.
—Parece un hechizo diseñado para ocultar su identidad —afirma Echidna con profundo interés.
Oscar, el líder de ese siniestro grupo, mantiene una sonrisa mientras sirve bebidas alcohólicas. A diferencia de lo que Marco solía beber en el ejército, esto parece increíblemente lujoso, incluso supera a las botellas que Roswaal tiene en la mansión.
—Deberíamos celebrar, después de todo, ese golpe seguramente sacudió al gobierno JAJAJAJA. —Oscar reparte los tragos, siendo su risa lo único que se escucha en la sala.
—Según el noticiero, el edificio fue completamente destruido, colapsando casi al instante. —Marco revisa su celular, donde se muestra claramente la noticia.
Aunque no comprendo su idioma, puedo captar lo que Marco está leyendo en su mente.
«Mueren más de cien personas en atentado terrorista, una explosión en el edificio de inteligencia del ejército nacional. Se estima que las muertes van a ascienden a más de cien personas, los heridos están siendo llevados a urgencia.»
«El gobierno de los Estados Unidos solicita intervención inmediata ante la posible amenaza.» «Se piensa que está asociado al terrorista y narcotraficante Marco Luz, junto al cabecilla Oscar Núñez.»
—Cien personas... —miro directamente a Marco, con los ojos bien abiertos.
Sus ojos vacíos se limitan a observar la pantalla. Marco aprieta con fuerza el celular, el cristal en su pecho brilla levemente.
Marco está siendo consumido por el miasma.
«Lo que se merecen esos bastardos.»
Sus pensamientos amenazan con perturbar mi corazón, pero no permitiré que eso suceda. El Marco que tengo ante mí no es el mismo Marco que conozco.
El verdadero Marco no acabaría con la vida de personas inocentes de esa manera.
A pesar de... durante la guerra.
—Sí, fue un golpe magistral. —Marco sonríe, desatando la risa de Oscar—. Ellos creyeron que dejamos esa máquina durante nuestra huida, la cantidad de lamicta que almacenamos estaba lista para la ignición.
«No era mucho lamicta, solo estaba potenciado con cristales piroxeno».
Al parecer, Marco ahora domina con mayor destreza el uso de los lamicta, quizás debido al miasma o a alguna otra razón.
—Es lamentable que hayamos perdido la veta antigua de cristales. —La persona con el rostro cubierto consulta su celular.
—Contigo aquí, seguramente podremos descubrir mejores yacimientos. Sin duda, el gobierno ahora sabe que aún poseemos lamicta. —Oscar se toma un gran trago—. ¡Puf! Sin duda, las vidas de esas personas serán un escarmiento para aquellos que intenten enfrentarnos.
«Debo seguir matando, en su honor, en nombre de lo que me fue arrebatado».
El lugar se asemeja a la casa de un monarca; nunca había contemplado tantos objetos lujosos. El televisor gigante, las peceras, las decoraciones exquisitas, las pinturas monumentales, los muros recubiertos de oro y otros objetos que me resultan desconocidos.
—Con la inclusión de los lamicta, también hemos mejorado la pólvora de nitrato. Ninguna de nuestras armas tiene comparación con las que utiliza el gobierno. —Marco dirige su mirada hacia la ventana, donde se abre un vasto patio repleto de flores y estatuas—. El gobierno no tendrá más opción que ceder a nuestras demandas.
Marco alza la vista al cielo, oscurecido por nubes plomizas. El cielo refleja su estado de ánimo en este momento. Ha optado por abrazar su faceta monstruosa, ha renunciado a luchar contra sus propias emociones negativas.
El miasma solo ha agravado su condición.
Sin embargo, un pensamiento inesperado invade mi mente.
«Debo visitar a mi padre».
Cubro mi boca con las manos, un nudo se forma en mi garganta. Trato de mantener la compostura, pero las lágrimas comienzan a empañar mi visión.
«Esta pesadilla llegará a su fin pronto».
—¿Estás seguro de que lo tienen en Estados Unidos? —Marco se voltea para encarar al individuo con el rostro cubierto.
Este asiente, luego encoge los hombros.
—Sí, pero no hay forma de que puedas ingresar a ese lugar. Según mi informante, lo tienen retenido en el Pentágono. —El individuo se encoge de hombros—. Es imposible que vuelvas a verlo.
Un fuego comienza a arder en mi estómago, la ira de Marco impregna el ambiente. Todos lo observan, pero Marco continúa mostrando esa sonrisa imperturbable.
«Los monstruos no sienten nada, los monstruos no sienten nada».
—Tú me dijiste que había una forma de entrar, ¿verdad? —Marco señala al hombre con el rostro cubierto, y este se encoge de hombros.
—La hay, pero no te aseguro que puedas salir con vida. —El hombre señala a Marco y desliza su dedo por su garganta—. Morirás, sin duda alguna.
Marco asiente, su mirada ya desprovista de toda esperanza de vida.
—No planeo seguir viviendo, así que no es un problema. —Su respuesta es clara, pero mi mano temblante me reconforta.
Aún hay algo en él, algo en lo más profundo del monstruo actual.
«Solo acabaré con todas mis responsabilidades en este mundo. Es la última muestra de amor».
—Quiero ir, pero primero tengo que matarlo. —Marco mira una foto con odio en su celular.
«El científico Luis Ramírez, miembro del ejército, planea sentarse a hablar con el presidente de la república en una semana. La transición a un nuevo tipo de energía que se quiere obtener».
—Llevo esperando más de un año por esto. —Marco presiona el botón de apagado, apagando su celular—. Estamos listos, ¿verdad?
Oscar asiente, su mirada arrogante indicando la presencia de un plan macabro. Un verdadero monstruo, alguien que no siente la mínima responsabilidad o empatía.
Marco ya piensa que es un monstruo, así que no habrá forma de que salga de ahí.
—Sí, todos los gobiernos están distraídos por la existencia del material. Se sienten aires de una guerra fría por el dominio tecnológico de los cristales, pero con este golpe se tomará más en serio.
«Medio kilo potenciado con los piroxenos fue capaz de causar tal destrucción, ¿cómo sería si se usara una tonelada?» La mente de Marco parece extasiada solo con saber lo que tiene en su poder.
Al parecer, empezaron a aparecer en otras partes de su mundo, eso significa que la teoría de Echidna es correcta.
—Es posible que el maná se expanda a grandes velocidades, incluso, es posible que siempre estuviese allí. —Echidna mira con una sonrisa curiosa—. Su mundo es inmensamente más grande que el nuestro, por lo que el maná debe ser bastante denso; de hecho, tal generación en solo un año lo comprueba.
—¿Quién fue el que hizo eso? —lo único que llega a mi mente es ese hombre, ese hombre cuyo rostro no puedo ver.
Marco vuelve a sonreír, su mirada fija en la ventana, como si estuviera disfrutando de todo el caos que está sucediendo.
No tengo claro muchas cosas, pero lo que sí tengo claro es que una guerra en su mundo no traerá unos cuantos muertos. Serían millones, como Marco me ha contado.
Al final, lograron adquirir tanto poder entre las grandes potencias que pudieron forjar la paz.
Sin embargo, el dilema persiste: siempre han tenido la intención de desequilibrar esa armonía, y ahora esa posibilidad es tangible. Esto es lo que Marco siempre me ha transmitido; sin embargo, sinceramente, no comprendo del todo por qué se debe segar tantas vidas.
Al fin y al cabo, tanto tú como los demás sufrirán; una guerra solo traerá consigo la muerte, como ocurrió con Irlam y Costuul.
Oscar asiente, su sonrisa brillante pero teñida de malicia.
—Cuando llegue a ser presidente, o mejor aún un dictador. —Oscar se encoge de hombros con arrogancia—, deberé saldar muchos favores, pero al final, todo se reduce al poder.
Se levanta, extiende el brazo hacia el cielo, como si brindara con un ente invisible.
—Planeamos llevar a cabo un golpe de estado, y quién sabe —Oscar toma otro sorbo de su bebida—, tal vez dentro de varios años se inicie una tercera guerra mundial. Por eso nos aliaremos con los gobiernos vecinos; ya he estado estableciendo contactos a través de la oposición y formaremos una alianza que impida que las potencias tomen medidas en su contra.
Es un plan que no tiene en cuenta todas las vidas que serán arrasadas, un plan que solo busca el poder.
—Quizás desencadenemos una tercera guerra mundial ¡JAJAJAJAJAJA! —Oscar deja caer su copa, sin importarle nada—. Estableceré mi propio país y luego conquistaré el mundo.
Se voltea rápidamente, señalando a Marco.
—Todo será gracias a ti, gracias a las armas que has creado —Oscar se acerca a Marco y lo abraza con un solo brazo—. Quién iba a imaginar que la magia existiría, el prodigio de la magia, Marco Luz. ¿O debería llamarte... ingeniero mágico?
Marco simplemente observa a Oscar sin cambiar su expresión.
—Solo soy un hombre que busca devolver el amor que el mundo le ha dado; ese es mi único propósito —Marco sonríe—. Sé que causarás el caos como nadie más, así como sé que también devuelves tus favores.
Pongo mi mano sobre mi pecho, sintiéndome confundida. Quiero odiarlo, quiero odiar al Marco que estoy viendo, pero no estoy segura de sí puedo. Sé que ha sido responsable de muchas muertes, pero...
¿Es porque no son de mi mundo?
Es como si fuera solo una fantasía; quiero odiarlo, pero no siento ese mismo odio que siento por las muertes en la batalla contra Costuul.
Oscar golpea la espalda de Marco con fuerza.
—¡Por supuesto! Obtendrás lo que deseas; eliminaremos a ese tal profesor y luego podrás ir a sacrificarte en el Pentágono —Oscar suelta a Marco, para luego dirigirse a una caja dorada. Al abrirla, su forma me recuerda a algo.
Oscar saca un encendedor y lo enciende, y en ese momento recuerdo lo que Marco ha inventado.
Un cigarro.
El humo se esparce por la habitación, y la única persona que ha permanecido en silencio es aquella a la que no puedo verle el rostro.
—Es lamentable perder a un amigo así, pero me aseguraré de erigirte una estatua en tu honor —Oscar continúa riendo, aparentemente indiferente—. Lo que has logrado supera con creces cualquier tipo de arma convencional; ya estoy ansioso por ver las expresiones de sorpresa.
«Supongo que se refiere a las armas con lamicta», pienso mientras Marco se encoge de hombros y suspira como si estuviera fatigado.
Hay cosas que aun no comprendo, palabras que escapan a mi entendimiento. Parece que Marco ha estado trabajando en algún tipo de arma.
El mundo de Marco parece estar en la calma antes de la tormenta.
Cualquier movimiento podría desencadenar un gran conflicto. No lo entiendo, no puedo entender la guerra. No comprendo por qué matar cuando existen otras formas de resolver las cosas, no entiendo por qué todos tienen que estar en conflicto.
No... quizás simplemente no lo acepto.
Después de todo, soy de la misma clase que aquellos que eligen enviar a la gente a morir.
He enviado a muchos jóvenes, adultos, personas con sus familias que solo trataban de salir adelante. Todos murieron para proteger a Irlam, sí, pero no era necesario de esa manera. Sé que podría haber habido otra opción.
Quizás simplemente no lo pensé lo suficiente.
Marco no dice nada, simplemente sale de la habitación. Al ver a todos trabajando, cambia su rumbo y observa el lugar entero, sintiendo una satisfacción al ver todos los lujos.
«Los monstruos como yo deben disfrutar de sus lujos, después de todo, están manchados de sangre.»
Marco tararea durante un rato mientras camina por la inmensa mansión.
Nunca lo había considerado tanto como ahora, pero las personas que hacen el mal llevan este tipo de vida, personas que han matado y causado mucho daño. El mundo no hace nada, simplemente por tener poder.
Qué injusto es el mundo.
Marco me contó que este tipo de vida solo conduce a una muerte prematura, que no hay nada bueno en ello.
Sin embargo, la persona pudo disfrutar de sus riquezas. Alguien que muere de hambre, alguien que muere por una enfermedad.
Una puerta grande de metal se alza ante nosotros, pareciera ocultar algo de gran valor tras su sellado. Marco se ajusta una máscara antigás con destreza, introduciendo una contraseña que abre la puerta con un siseo. Una ráfaga de gas escapa al abrirse la compuerta, envolviéndonos en una bruma inquietante que penetra hasta lo más profundo de mi ser.
«Es como tener rabia y a la vez estar emocionada», reflexiono, antes de dirigir mi mirada hacia Echidna.
En el interior, un cristal gigante, casi del doble del tamaño de Marco, domina el espacio. Su grosor imponente está conectado a varias placas de metal, con cables que serpentean hasta una secuencia de lámparas de fuego que titilan con regularidad.
De vez en cuando, una descarga de agua se vierte sobre los cristales, provocando pequeñas fracturas que generan un sonido sordo y un estallido visual fascinante. Los residuos resultantes caen sobre una plataforma móvil, donde son transportados por una banda hacia un destino desconocido.
—Mi linda fábrica, una máquina de crear una nueva pólvora —declara Marco con una sonrisa, observando a los trabajadores que inspeccionan la maquinaria—. Buenos días, caballeros.
Los trabajadores se detienen y saludan a Marco con respeto antes de retomar sus labores. Marco avanza con paso seguro, atravesando otra puerta.
Al otro lado, se quita la máscara y es recibido por una mujer.
—Señor Marco, es un placer —le dice ella, entregándole unos guantes que él se coloca sin titubear.
Marco le devuelve la sonrisa, aunque sus ojos no reflejan emoción alguna.
—El placer es mío —responde él, ajustándose los guantes. A simple vista parecen unos guantes de cuero ordinarios, pero emiten un brillo singular.
Echidna se levanta de su asiento, ahora visiblemente sorprendida.
—¿Ha logrado crear polvo de cristales piroxeno en solo un año? —pregunta ella, llevándose una mano a la cabeza—. Me habría encantado estar a su lado.
Echidna sonríe, mientras yo me quedo boquiabierta por su cambio repentino de actitud. Al notar mi reacción, ella suspira.
—Es evidente que alguien tan incompetente como tú no podrá apreciarlo —comenta con sarcasmo—. En serio, ¿qué ve él en alguien como tú?
Echidna se encoge de hombros antes de continuar con tono burlón:
—Si bien es posible manejar los cristales lamicta con herramientas sin maná, un cristal piroxeno es una fuente propia de maná. Puedes quebrarlos, pero al hacerlo reduces su eficiencia; un polvo de cristal no serviría como herramienta mágica.
—¿Y qué hay de las espadas y armas mágicas? —mi voz resuena de forma que parece deleitarla, aunque su sonrisa se desvanece rápidamente, tal vez al notar mi presencia.
No entiendo por qué Echidna me odia con tanta intensidad.
—Sí, pero ninguna de esas armas utiliza polvo de cristal piroxeno. Normalmente se enchufa u catalizador en el mango junto con un cristal de cierto tamaño para transmitir la energía al hechizo —Echidna desvía de nuevo su atención a la pantalla—. Si pudieras hacer que el polvo tuviera ese efecto, podrías crear un arma de un poder notable.
¿Cómo pudo Marco idear eso? Ni siquiera es de este mundo; parece que ya sabía todo sobre la magia, como si supiera de forma instintiva cómo hacerlo.
—Su alma es especial, eso es todo —responde Echidna, dejándome con más preguntas que respuestas.
Marco irrumpe en otra sala, donde dos hombres lo miran con expresión de terror.
Pero Marco sigue sonriendo como si nada, arregla las mangas de su traje negro con desdén, ignorando las suplicas de los dos hombres.
Se toca las manos ligeramente antes de clavar su mirada en la de ambos.
—Me llevó un poco más de un año, pero finalmente los encontré —Marco señala a uno de ellos, desatando un torrente de lágrimas—. Tú fuiste el hijo de puta que vendió la ruta de escape.
De su bolsillo saca una bolsa que contiene un poco de polvo blanco. Reconozco lo que es sin dudarlo, después de todo, Marco es quien lo produce a gran escala.
—¡No, no fui yo! ¡Te lo juro, no fui yo! —el pobre hombre suplica mientras trata de acercarse a Marco, quien le da una patada que lo hace tambalear.
Marco inhala rápidamente parte de ese polvo, y su cuerpo empieza a sentir cosquilleos. Este empieza a temblar, a la vez que hace muecas con su rostro.
«Debe morir, debe morir», un caótico vendaval de emociones me atraviesa, con claridad y oscuridad luchando en mi mente de una manera que me resulta incomprensible.
Marco agarra al hombre y lo golpea con una violencia descarnada.
De su bolsillo saca un lamicta de fuego y lo clava en el estómago del hombre.
—¡AHHHH! —el hombre grita mientras Marco señala el cristal desde la distancia, sus guantes empiezan a brillar y el lamicta de fuego hace que la piel del hombre comience a quemarse.
Los alaridos del hombre resuenan en mis oídos como el lamento de un alma condenada al infierno.
—¡AYÚDAME! ¡NO MÁS! —el hombre suplica mientras el vapor carmesí y su carne empiezan a hacer sonidos grotescos.
No quiero ver, no quiero ver, pero no puedo apartar la mirada.
Todo lo que Marco hizo, todo lo que siente que es su culpa. Él no sabe que fue a causa del miasma, desconoce que está siendo manipulado y arrastrado hacia las adicciones. Quizás haya sufrido, pero el Marco que conozco no mataría gente inocente por ello.
Con una brutal patada, Marco destroza el cristal, haciendo que el interrogado emita un aullido desgarrador antes de caer inconsciente. El otro hombre, aturdido y tembloroso, solo puede quedarse mirando, sus lágrimas recorriendo su rostro mientras se acorrala contra la pared.
Al encontrarse con la mirada de Marco, el hombre logra esbozar una sonrisa nerviosa, intentando apaciguar al depredador que tiene frente a él.
—Esto es por lo que le pasó a tu familia, ¿verdad? —la sonrisa cómplice del hombre parece querer decir cualquier cosa para salvar su vida.
Marco deja de sonreír, apretando los puños con furia. «Los monstruos no muestran emociones, esto no me duele, no me duele.»
—Interesante. —Marco vuelve a sonreír de manera siniestra, acercándose al hombre con paso lento y calculado. Cuando están cara a cara, pregunta—: ¿Cuéntame más?
El hombre, presa del pánico, comienza a hablar rápidamente, y parece improbable que esté mintiendo.
Mis lágrimas no cesan de caer, y todo lo que puedo hacer es seguir mirando. Ahora lo sé, no fueron solo sus padres; Marco perdió absolutamente todo.
Sus familiares fueron desapareciendo uno a uno ante sus infructuosos intentos de protegerlos. Nadie sabe qué sucedió con ellos, ni dónde se encuentran. Algunos fueron encontrados muertos, otros simplemente desaparecieron. Al parecer, sospechaban si tenían alguna información sobre la máquina, y así intentaron usarlos para convencer a Marco de entregar los planos.
Marco creía que alguien estaba informando cuando él iba a hacer una operación para rescatarlos, así que empezó a sospechar. Al final, parece que descubrió al informante.
—Jaja… —Marco pone su mano en su rostro—. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.
«No hay nada mejor para un monstruo que su maldición, y no hay mejor maldición que la existencia.»
Marco sigue riendo en carcajadas, su risa solo aterroriza más al hombre frente a él. Rabia, tristeza, todo tipo de emociones intentan invadirme. Y, aunque no debería, solo puedo sentir pena al ver a Marco en esa situación.
¿Son justificables sus acciones?
No lo son. Marco ha acabado con la vida de personas inocentes y culpables por igual, parece estar decidido a exterminar a todos los relacionados con el proyecto, quizás como una forma de redención.
Parece haber perdido la cordura hace mucho tiempo.
Pues ya no le queda nada.
Sus ojos destellan con un púrpura oscuro, similar al brillo que vi cuando luchaba contra aquel caballero en el bosque, aquel que fue víctima de la malicia de otros. No sé qué sentir, no sé qué decir.
¿Es moralmente correcto matar al malvado? ¿Deberíamos ayudar a aquellos que muestran arrepentimiento por sus acciones, incluso si son horrendas?
No lo sé. Siento que todas las vidas importan, que todos merecen perdón. Pero luego recuerdo a Pandora, recuerdo a esos cultistas.
Me veo a mí misma como una hipócrita, pero supongo que eso me hace más "humana", como diría Marco.
—Hay alguien, hay alguien de tu familia que sigue vivo, tu prima… —intenta decir el hombre, su cuerpo temblando y sus ojos moviéndose de un lado a otro. La forma en la que sus manos se empiezan a colocar, suplicando por su vida.
Marco deja de reír, su expresión se vuelve una mirada de odio hacia el hombre.
—¿Hay alguien que sigue con vida?
Capítulo 20
El Despertar del Monstruo.
Creo que por fin comprendo el propósito de Marco. No lo había percibido antes, pero ahora veo que es similar a lo que ocurrió con el padre Guise. Ese miasma que lo envuelve está actuando, retorciendo su mente para satisfacer su deseo más profundo.
O quizás sea más que un deseo, tal vez sea su pensamiento más arraigado, su anhelo más visceral.
Las lágrimas brotan sin control al recordar al padre Guise, y la angustia me abruma al comprender que él, a pesar de todos sus horrores, provocaba en mí una profunda compasión.
¿Sería capaz de enfrentarme a una situación similar?
¿Sería capaz de matar a alguien por mi propia cuenta?
La verdad duele, pero ya lo hice. Me enfrenté a esos pobres demihumanos, y los maté.
Marco y el hombre se adentran en la ciudad, y sus movimientos son fluidos, casi premeditados. Con tapabocas ocultan sus rostros, como si quisieran esconder algo más que su identidad.
Se dirigen a una bodega, y la atmósfera de las calles me embriaga, pero no de una manera placentera, sino más bien inquietante.
Las calles, marcadas por el paso del tiempo, parecen desatar en mi sentimientos confusos, me hacen pensar en si Irlam podría verse así algún día.
Aquel traidor parece nervioso, pero no tanto por Marco. Mira a todas partes, como si ocultase algo. La bodega, imponente y desgastada por el olvido, se alza por lo alto, recordándome la bodega militar en Irlam.
Sus paredes resquebrajadas y su techo agrietado son testigos mudos de incontables historias de desesperación y desengaño que han ocurrido en ese lugar.
Entonces el traidor le insta a entrar. Marco no dice nada y simplemente avanza, sin miedo a lo que puede suceder.
En el interior, la escena es aún más desoladora. La oscuridad se cierne sobre cada rincón, revelando apenas contornos borrosos y sombras inquietantes. La niña, atada a una silla en el centro de la habitación, es el único punto de luz en medio de tanta oscuridad. Sus ojos, llenos de miedo y confusión, buscan desesperadamente una salida a su tormento.
La tensión se palpa en el aire cuando el traidor entra en escena. Sus gestos delatan su nerviosismo, pero no tanto por Marco como por algo que oculta. Mis ojos escudriñan el lugar, y la visión de la niña atada en la silla me hiela el alma.
Marco parece reconocerla al instante, aunque no pronuncia palabra alguna.
Con determinación, decide enfrentar al traidor por su cuenta. Una sonrisa se dibuja en su rostro, como si ya conociera el desenlace inevitable. Agarra su pistola y, sin titubear, dispara al traidor.
¡Bang!
El estruendo del disparo parece despertar a un enjambre de hombres, que emergen de los rincones más oscuros. Se acercan lentamente a Marco, mientras él los observa con una calma desconcertante.
—¡Manos arriba! —gritan, armas en ristre, saliendo de sus escondites.
Marco solo mira como si nada le sorprendiera, los hombres se acercan a Marco. Todos con trajes militares, y armas como las que vi antes. Sus movimientos son coordinados, pero parecen temer a Marco.
Mi corazón late con fuerza, y una sensación de impotencia me invade al darme cuenta de que utilizaron a esa niña como cebo.
Quiero intervenir, quiero salvarlos a todos, pero no puedo intervenir en el pasado.
Los soldados se acercan sigilosamente, con sus armas apuntando en todas direcciones. Uno de ellos baja su arma y se acerca a Marco, sacando unas esposas mientras lo mira fijamente a los ojos.
Marco sonríe y pronuncia unas palabras con calma.
—Están muertos.
De repente, una luz intensa emana de los guantes de Marco, inundando la sala y dejando la pantalla en blanco. Poso mis manos sobre mis oídos, buscando no escuchar lo que viene.
El sonido de cuchillas cortando y disparos intenta sofocar los gritos desesperados de los soldados, creando un caos ensordecedor que perfora mis oídos a pesar de taparlos con fuerza.
El aire se carga con el olor a muerte y desesperación mientras el caos se desata a nuestro alrededor.
Cuando finalmente el tumulto se calma y el sonido se desvanece, puedo ver el horror que ha dejado a su paso.
Los cuerpos de los atacantes yacen destrozados por el suelo, las paredes están marcadas por cortes profundos y las cajas han sido reducidas a escombros. Mis manos tiemblan al darme cuenta de lo que ha sucedido.
—No puede ser… —susurro, tapándome la boca con horror al comprender que Marco ha utilizado magia. Magia de viento.
Marco observa el caos que ha desatado con una expresión imperturbable, sosteniendo su pistola mientras dirige su mirada hacia la niña atada.
«Que mal… tiene buena suerte» —lamenta Marco en su interior, a pesar de mantener su rostro sereno, sin perturbaciones.
—¿Tío Marco? —la niña pregunta con inocencia, intentando liberarse de sus ataduras. La veo sonreír, sin percatarse del horror a su alrededor.
Pero Marco no sonríe.
¿Por qué la niña no ve la realidad que la rodea? Marco la mira fijamente, y sus ojos blancos me muestran la verdad cruda y desgarradora.
Con un nudo en la garganta, abro mis ojos con fuerza, preparándome para lo que está por venir.
La niña, ajena al horror que la rodea, no percibe la tragedia que se cierne sobre ella. Marco la observa con ojos vacíos, sus iris blancos reflejan la ausencia de visión. A la vez que al monstruo frente a ella.
Mi corazón se contrae ante la inminencia de lo que está por suceder.
—No lo hagas —imploro con desesperación, mis manos presionando mi pecho en un intento desesperado por transmitir mis emociones. Pero sé que mis súplicas caerán en oídos sordos.
¡Bang!
El sonido del disparo resuena en la habitación, y la niña cae al suelo, su vida segada de forma abrupta e injusta.
Mis ojos permanecen abiertos, incapaces de apartarse de la escena macabra que se desarrolla ante mí. Los ojos de Marco carecen de vida, y la bruma purpura que emana de su cristal se intensifica.
«Este no es Marco», repito en mi mente, reconociendo que el verdadero Marco nunca sería capaz de cometer semejante atrocidad. Para él, los niños son sagrados, protegidos bajo su cuidado.
Es una dolorosa verdad que debo aceptar: este ser que observo no es el Marco que conozco.
Las lágrimas brotan de mis ojos, fruto de la impotencia y el horror que me embargan. No puedo evitar sentir el peso de la culpabilidad, la certeza de que todo esto es culpa del miasma.
Si no fuera por eso, María no estaría en ese estado, Marco no habría cometido ese acto atroz. Es una cadena de sufrimiento y destrucción desencadenada por la influencia de la bruja de la envidia.
Aprieto mis manos con fuerza, sintiendo mis uñas perforar mi piel. No puedo perdonar a aquellos que han causado tanto sufrimiento a Marco, ni al Marco que tengo en frente, ni tampoco a la bruja de la envidia.
La persona con la que me comparan.
—¿Quieres continuar? —la mirada fría de Echidna intentando hacerme retroceder se clava en mi mente.
Es difícil continuar, pero asiento con determinación ante la mirada fría de Echidna.
—¿El miasma te convierte en otra persona? —mi pregunta parece sorprender a Echidna, pero ella responde rápidamente, desentrañando los oscuros misterios que rodean al miasma y su influencia sobre el alma humana.
—Bueno, podría decirse que las personas con baja resistencia sucumbirían a esa influencia. —Echidna sonríe, desvelando su siniestra complicidad—. Pero tú sabes que Marco no es débil. Él se entregó al miasma, permitiendo que sus deseos más oscuros tomaran el control. Se convirtió en un monstruo por elección propia.
¿Acabar con la maldición?
¿O ser consumido por ella?
—Aun así, sigue siendo responsable de sus actos imperdonables, ¿no lo crees? —Echidna me mira con una sonrisa maliciosa, mientras lucho por mantener la compostura.
Mis manos tiemblan, mi corazón está agitado.
No sé cómo he logrado aguantar tanto. Siento un impulso abrumador de correr hacia donde está Marco, de intentar entender lo que está sintiendo en este momento. ¿Seré capaz de odiarlo siquiera un poco?
Él también fue víctima de alguien, alguien de mi mundo lo manipuló para sus propios fines.
Tengo que descubrir quién es esa persona, tengo que seguir observando, analizando. Marco no recuerda nada de lo que ha hecho. Si lo hiciera, jamás se lo perdonaría. Este no es el Marco que conocí, está claro.
Los espíritus que lo acompañan en secreto parecen temerosos a veces, como si el miasma en su interior los amenazara. Aun así, ellos no suelen irse con personas malvadas, ellos lo sienten, de alguna forma u otra.
—Imperdonable la persona que lo ha llevado a este estado, manipulándolo a su antojo. —Mi mente se tambalea entre emociones contradictorias. Las emociones de Marco son complejas, fluctuando entre la ira, el placer y la tristeza.
A veces quiero llorar, a veces quiero reír. No entiendo lo que está pasando.
«Esto enviará un mensaje claro al gobierno: no estoy interesado en hacer rehenes», murmura Marco, su cuerpo temblando con una mezcla de determinación y desesperación.
—¡Seré libre! —sus palabras resuenan entre disparos y gritos, perforando mis oídos con su desesperada esperanza.
La pantalla se oscurece de nuevo, dejando solo el eco de las palabras de Marco resonando en el vacío. A pesar de haber encontrado una forma de utilizar la magia, Puck confirmó que Marco no tenía una puerta cuando lo conocí.
¿Me mintió, o había algo más?
Entonces, ¿qué significa todo esto?
—¿¡Crees que puede matar al presidente y ya!? —grita una voz desconocida, y la pantalla se ilumina de nuevo, revelando una escena que apenas puedo procesar.
En la sala, los cuerpos ensangrentados yacen inertes en el suelo, testigos mudos de la violencia desatada. Solo queda una persona, aterrada y horrorizada, cuya mirada refleja el terror que se ha apoderado de él. Intenta mantener la compostura, pero el miedo lo consume por dentro.
Mientras tanto, Oscar se ríe con desdén, tomando la bandera del país y arrojándola al suelo, donde absorbe la sangre derramada como un macabro lienzo.
—Se acabó, todo está a punto de cambiar —anuncia Oscar, acercándose a la persona aterrorizada—. Este es el inicio de una nueva era. A nadie le importa si un país tercermundista cae; lo único que les interesa es asegurar sus propios intereses.
Marco observa en silencio, su rostro impasible como el de un golem, pero sé que en su interior debe estar luchando con los horrores que está presenciando, incapaz de detenerlos.
Es lo que siento.
Oscar toma al hombre y comienza a golpearlo, su rostro distorsionándose con cada golpe mientras el pobre hombre grita en agonía.
—¡Detente! —grita el hombre, pero Oscar continúa sonriendo con siniestra satisfacción.
—Creen tener apoyo, pero todo esto ya está planeado por los demás gobiernos —declara Oscar, mostrando una pistola—. Tienen miedo y quieren hacerse con nuestras armas.
En medio del caos, Marco observa la bandera, sus guantes manchados de sangre goteando sobre ella. Oscar, ensimismado, admira el techo con una sonrisa, revelando sus verdaderas intenciones.
—En un principio pensé que el gobierno era simplemente estúpido —continúa Oscar, disparando a la pierna del hombre, quien grita de dolor—. Pero la verdad es que la corrupción y la codicia son inherentes a la humanidad.
Oscar sigue riendo con cinismo, arrojando papeles al suelo mientras el presidente herido grita en agonía.
—Te han traicionado todos, incluso aquellos a quienes amas —proclama Oscar, lanzando la pistola al lado del hombre—. ¿Sabes cuál es la diferencia entre un ser humano y un animal?
El hombre, desesperado, se arroja hacia la pistola en un intento desesperado por defenderse. La escena es un torbellino de horror y desesperación, donde la humanidad se muestra en su faceta más oscura y despiadada.
¡Bang!
El sonido del disparo resuena en la sala mientras Oscar, imperturbable ante la bala que pasó a su lado, saca otra arma y acaba con la vida del hombre, poniendo fin a su sufrimiento.
—La codicia —declara Oscar, encendiendo un cigarro con gesto despreocupado—. Esa es la gran diferencia entre nosotros.
Marco observa la escena con calma, solo para notar un mensaje en su teléfono.
«Ya podemos partir», dice el nombre en la pantalla. Marco cierra los ojos por un momento antes de abrirlos con serenidad.
«Entonces, casi seré libre», piensa Marco mientras dirige su mirada hacia Oscar y se acerca lentamente.
Yo no sé qué pensar, qué opinar. Marco ha cometido estos actos, es un asesino. Quizás no sea consciente de lo que hace, o tal vez haya olvidado su verdadero yo. Quizás desde el principio estaba destinado a pagar por sus futuras acciones.
Marco se dirige hacia un armario con calma, lo abre y descubre a la persona escondida dentro, llena de miedo y agachada.
Me preparo para sentir rabia, para sentir dolor.
—Así que aquí estás —dice Marco mientras agarra al individuo y lo arroja con violencia contra la pared opuesta—. Qué tonto de tu parte esconderte.
No siento nada. No hay ira, no hay tristeza.
No hay emoción alguna.
—Se acabó, casi todos los involucrados están muertos —declara Marco, mirando al profesor, quien comienza a sonreír.
—¿Lo crees? Entonces eres estúpido —responde el profesor, levantándose con dificultad y mirando fijamente a Marco—. Tú fuiste el que causó la muerte de tus padres, el que mató a tus compañeros, el que destruyó tu familia.
Las palabras del profesor, llenas de amargura y resentimiento, reflejan la podredumbre de su propio interior.
—Eres solo una rana en un pozo, no sabes lo que haces, maldito psicópata —continúa el profesor, con el rostro contorsionado por la ira y las lágrimas.
Marco observa su pistola por un momento antes de apuntar al profesor. Y entonces, una sonrisa se dibuja en sus labios.
—Nos veremos en el infierno.
¡Bang! El eco del disparo resuena en la habitación mientras el cuerpo del profesor cae, y Marco sale de la habitación junto a Oscar. Ha conseguido su venganza, tal como lo deseaba. Pero en mi interior, no encuentro consuelo, no hay emoción alguna tras haber conseguido su venganza.
Pandora, ella me arrebató a mi familia, me arrebató a todas las personas que amo.
Madre Fortuna, Archi, padre Guise. La gente de mis tierras, todos sufrieron por su mera existencia.
¿Será este el mismo sentimiento que experimentaré cuando la vea?
—¿Qué novedades tienes de los otros países? —pregunta Marco a Oscar con una frialdad que hiela el alma, como si nada le importara en absoluto.
Oscar solo sonríe, contemplando el palacio frente a ellos con aire de superioridad.
—Parece que están interesados en establecer relaciones de cooperación y quieren adquirir las armas lamicta —responde Oscar entre caladas de su cigarro—. ¿Quieres más detalles?
Marco niega con la cabeza con desinterés.
—Lo que hagas ya no me importa. Después de todo, mañana ya no tendré lugar en este mundo —dice Marco con una resignación que corta como un puñal.
Oscar coloca su mano en el hombro de Marco, con una expresión de complicidad retorcida en su rostro.
—Te entregaremos a los Estados Unidos como una oferta de paz. Así podremos ganar tiempo para sobrevivir —dice Oscar con una sonrisa maquiavélica—. Eres un sacrificio conveniente para ambos.
Marco mira a Oscar con una mirada vacía, como si ya no quedara nada en su interior.
La pantalla se oscurece nuevamente, dejándome a la deriva en un mar de emociones confusas.
Este Marco que veo ahora, definitivamente no es el mismo que conocí. Sin embargo, sigue siendo él. Todas sus acciones, aunque atroces, llevan su firma. Pero si él recuerda todo esto... ¿cómo podré ayudarlo?
Marco se ha convertido en un monstruo a causa de sus traumas, su situación y el miasma que lo envuelve. Pero sus acciones no son justificables, y tampoco pueden ser fácilmente perdonadas.
No puedo perdonar a este Marco, asi como estoy segura de que él tampoco va a perdonarse haber hecho esto.
«Por él, debo soportar esto y sacarlo de aquí», pienso mientras contemplo mis manos, recordándome a mí misma que aún conservo la fuerza de voluntad para enfrentar lo que sea necesario.
La pantalla cambia, y encuentro a Marco en un helicóptero, su figura diminuta ante el vasto paisaje que se extiende debajo de él.
En la lejanía, diviso un centro gigantesco con forma de estrella, un lugar que parece emanar una oscura presencia, como si estuviera envuelto en un aura de desesperación y desolación.
Este es el destino que Marco buscaba.
Observo con angustia cómo Marco mira sus esposas, rodeado de hombres armados que lo escoltan con rudeza. El helicóptero aterriza, y los hombres descienden a Marco con brusquedad, como si estuvieran tratando con una bestia peligrosa.
Marco, resignado, se deja guiar sin ofrecer resistencia.
Finalmente, lo conducen a una sala donde un hombre imponente lo espera, vestido con un traje que emana autoridad y poder. Sus cejas gruesas y su rostro intimidante son suficientes para infundir temor incluso en los corazones más valientes.
—Así que así te ves en persona —dice el hombre con voz grave, clavando su mirada en Marco.
Marco, sin pronunciar palabra alguna, sostiene la mirada del hombre con una expresión vacía, como si estuviera atrapado en un abismo de desesperación y pérdida.
—¿Dónde está mi padre? —la voz de Marco rompe el silencio, pero su pregunta parece perturbar al hombre, quien se levanta y se acerca a Marco con paso firme.
Marco, sin siquiera molestarse en levantar la mirada, permanece inmóvil mientras el hombre habla.
—Te daré los planos y construiré una máquina una vez me den lo que quiero —declara Marco, señalando al soldado que carga sus pertenencias—. Cumpliré mi promesa, les daré la exclusividad que quieren, pero para ello necesito mi celular.
El hombre gigante mira a Marco con molestia, pero finalmente indica al soldado que entregue el celular de Marco.
Marco recibe su celular y, tras unos segundos de deliberación, lo cierra y lo arroja al suelo con un gesto de desprecio.
—Ya no lo necesito. Pueden destruirlo si así lo desean —dice Marco con frialdad, como si hubiera renunciado a todo sentido de conexión con el mundo que lo rodea.
El hombre parece desconcertado, pero antes de que pueda reaccionar, varios hombres con traje irrumpen en la sala, mostrando celulares con urgencia.
—¡Señor, tienen que ver esto! —exclaman los hombres, colocando los celulares en una pantalla.
«El dictador que intentó tomar su país fue asesinado en una serie de explosiones. Se estima que las explosiones causaron estragos en la selva y en viviendas y almacenes alrededor del país. Aun no hay recuento de muertes. El palacio de justicia fue destruido por las explosiones».
Todos los presentes miran a Marco en busca de explicaciones, pero él, sin mirar a nadie directamente, comienza a hablar con una solemnidad que hiela mi alma.
—Esos cristales no son de este mundo —declara Marco con una voz cargada de pesar y conocimiento—. Sería lo más lógico. Creo que todos saben el poder que poseen y su potencial destructivo.
De repente, Marco desata un estallido de magia, cortando sus esposas y dejando a todos atónitos. Los soldados apuntan sus armas hacia él, pero Marco no muestra ni un ápice de sorpresa.
—La magia parece ser algo real, un concepto que todavía estoy estudiando —declara Marco, colocando su mano sobre su pecho con una solemnidad inquietante—. Tengo un cristal en mi interior. Si mi corazón se detiene o si así lo deseo, todos aquí morirán. Pude eliminar todas las armas Lamicta a mi voluntad.
La confusión y el miedo se apoderan del ambiente. Yo misma me encuentro perdida, incapaz de comprender cómo Marco ha logrado dominar una habilidad tan poderosa, desconocida para la mayoría.
—Les daré lo que quieren, pero déjenme ver a mi padre. Una vez lo haga, les explicaré cómo construir la máquina y les daré la posibilidad de activarla —propone Marco, con una sonrisa que envuelve un halo de oscuridad—. Es el motivo por el cual nadie ha podido construir otra.
Todos los soldados se miran entre sí, los ejecutivos miran hacía Marco. Le temen, a la vez que temen a la magia que acaba de mostrar.
Empiezan a hablar entre ellos y terminan dejando a Marco solo, con el objetivo de reunirse a discutir sore que hacer.
Tras horas de espera tensa, los soldados finalmente toman una decisión y llevan a Marco hacia su padre.
El tiempo parece detenerse mientras Marco avanza por las instalaciones del Pentágono. Los soldados se cruzan en su camino, pero Marco avanza imperturbable hacia su objetivo.
Finalmente, se detiene frente a una habitación donde su padre yace inconsciente, conectado a una serie de dispositivos médicos. La imagen es desgarradora: el rostro pálido y demacrado de su progenitor, una sombra de la persona que una vez fue.
Marco se acerca con paso vacilante, sin saber qué decir ni cómo enfrentar la realidad que tiene frente a él.
—Solo soy un monstruo que vino a cumplir su propósito, no tengo nada que decirte —susurra Marco, con los ojos llenos de un dolor insondable.
Su padre, con los ojos aún cerrados, responde con una voz débil pero llena de resignación:
—Entonces hazlo y vete. —Su padre se cambia de posición, dándole la espalda—. Perdí a mi esposa, perdí a mi familia, y perdí a mi hijo.
Las palabras de su padre resuenan en el aire, cargadas de dolor y resignación. Marco observa con una frialdad que hiela el alma, incapaz de conectar con el torrente de emociones que emanan de su progenitor.
«Por fin, soy un monstruo de verdad. Sus palabras no me hacen efecto alguno», piensa Marco, con una sensación de vacío que lo consume por dentro.
—Lo haré, pero te aviso que ya maté a casi todos los responsables —responde Marco, con una voz carente de cualquier matiz emocional.
Las palabras de su padre lo golpean como un torrente de desesperación.
—Tu… bueno, como padre supongo que fallé —murmura, con los ojos cargados de un dolor insoportable. La mirada de su padre pesa sobre Marco como una losa, pero soy yo quien se ve inundada por una ola de lágrimas y angustia.
—No eres mi hijo, mi hijo murió hace mucho y ni siquiera pude verlo.
Aprieto mis manos con fuerza, sintiendo la impotencia y el dolor que se agolpan en mi pecho. Esto sin duda no es de Marco, no de ese Marco. El dolor, la angustia, la frustración. Todos estos sentimientos son míos.
No son de ese monstruo, si no lo que realmente siento.
—¿Quieres escuchar un poema? —pregunta su padre, y aunque Marco asiente con indiferencia, puedo sentir la tensión en el aire.
Su padre saca una hoja de papel ajada, y comienza a recitar con voz temblorosa y cargada de nostalgia:
"En las sombras del ayer, un hijo se perdió,
un alma luminosa, ahora en sombras se escondió.
De sueños brillantes a caminos torcidos,
se desvaneció el bien en destinos prohibidos.
En la niñez, sus risas eran poesía,
un corazón puro, lleno de fantasía.
Pero el tiempo lo llevó por sendas oscuras,
donde los sueños buenos se tornaron amarguras.
Aquel niño lleno de esperanza y luz se perdió en laberintos,
en un mundo intruso.
Los sueños inocentes, ahora desangrados,
y en su mirada, sombras han anidado.
El hijo bueno, ahora en el recuerdo yace,
como un eco lejano de lo que fue en su espacio.
Un alma perdida en mareas turbulentas,
donde la bondad quedó en promesas rotas.
En la ausencia, el padre llora la metamorfosis,
del hijo que se fue, que en sombras se perdió.
Añora al niño bueno, lleno de risas y promesas,
ahora un eco distante, un recuerdo que pesa.
En el lienzo de la vida, trazó senderos sombríos,
pero el amor del padre perdura en los vacíos.
Aunque el hijo se tornara en sombras un día,
en el corazón del padre, la luz nunca se extinguía."
Debe ser horrible, ese sentimiento, de ver que tu hijo se convierte en un monstruo. De ver que has perdido hasta la fuente de tu esencia. A tu más grande amor, a tu familia quien amas.
—Siempre creí que tu destino era la grandeza, ser un héroe para las personas que lo necesitas. Asi como ser un héroe para ti mismo. —La mirada perdida de su padre mientras toca algo en su pecho me hace apretar los labios, como si pudiese sentir directamente su dolor.
El hombre que lo ha perdido todo no es Marco.
Si no su padre.
Caigo de rodillas, mis lágrimas desdibujando la pantalla ante mí. Busco desesperadamente algún rastro de emoción en Marco, pero solo encuentro un vacío insondable.
—¿Por qué no hay nada? ¡MARCO! —grito con desesperación, luchando contra la sensación de impotencia que me consume.
Quiero sentirlo, quiero creer que aún hay esperanza, que detrás de esa aparente frialdad, aún queda algo de humanidad en él. Pero mis súplicas se pierden en el vacío, ahogadas por el silencio opresivo que lo envuelve todo.
A pesar de mis anhelos más profundos, sé que el ser frente a mí ya no es Marco, sino una sombra distorsionada de quien solía ser.
—Hijo mío, como padre y como hombre he fallado, por eso… —Las palabras del padre son un lamento cargado de dolor, mientras saca una pistola de entre las sábanas, apuntando directamente a la figura de su hijo—. Esto se acaba aquí.
El disparo atraviesa la sala como un eco de desesperación, pero Marco permanece inmutable, como si la tragedia no lograra perturbar la quietud de su alma destrozada.
Su rostro, una máscara sin expresión, oculta el tormento que habita en su interior, como si hubiera abrazado la resignación como única compañía.
La pantalla se oscurece, dejándome en el silencio desgarrador de la tragedia en frente de mí.
El silencio que sigue es tan pesado que parece ahogar el propio aire, mientras dos disparos desgarran el vacío, llevándose consigo los susurros de un pasado que ya no encuentra redención.
Capítulo 21
El Tormento de Marco Luz.
Mis manos tiemblan mientras las observo, incapaz de contener el torbellino de emociones que me embarga.
La cruel realidad se cierne sobre mi como una sombra implacable, recordándome el doloroso golpe que acaba de recibir Marco. La intención asesina de su propio padre, el hombre que alguna vez la sostuvo en sus brazos con amor infinito, ahora le ha arrebatado lo único que le quedaba en este mundo.
—Marco… —susurro entre sollozos, luchando por mantener la compostura mientras las lágrimas resbalan por mis mejillas como un río desbordado.
El dolor me consume, pero mi determinación se mantiene firme como una roca en medio de la tormenta. A pesar de la fragilidad de su ser, sé que debo permanecer fuerte, por él, por ambos.
Esto es el pasado, ese Marco es el pasado. El Marco de ahora es otro, no son lo mismo.
Aprieto los puños con fuerza, sintiendo la determinación arder en mi interior como un fuego ardiente. No puedo evitar el dolor, la tristeza que amenaza con desgarrar mi alma, pero me aferro a la esperanza como un ancla en medio del caos.
A pesar de mi propia debilidad, estoy decidida a salvarlo, a sacarlo del abismo en el que se encuentra sumido.
—No me rendiré, sé que hay algo más. Marco es un tonto y mentiroso, pero no un monstruo. —Mi mirada se cruza con la de Echidna, quien observa con una sonrisa enigmática que no hace más que alimentar mi determinación.
Ya no soy la misma niña inocente de antes, pero reconozco mi propia vulnerabilidad. Sin embargo, me niego a dejarme arrastrar por el desespero, a renunciar a mis creencias más profundas.
La pantalla se ilumina frente a mí, ofreciéndome un rayo de esperanza en medio de la oscuridad que me rodea. Seco mis lágrimas con determinación, dispuesta a enfrentar lo que sea necesario para cumplir con mi deber.
Pero entonces, un grito desgarrador corta el aire, y mi corazón se detiene al ver a Marco caer al suelo, herido y desamparado. La sangre brota de su hombro, una herida que refleja el sufrimiento y la desesperación que lo consumen.
Una sensación de náusea me invade mientras observo luchar por mantenerse en pie, ignorando el dolor que lo consume.
Cubro mi boca con las manos, incapaz de contener el horror que la embarga. Los sonidos de las máquinas de soporte vital se mezclan con los latidos frenéticos de mi propio corazón, creando una sinfonía macabra que resuena en lo más profundo de mi ser.
Y en medio de ese caos, me aferro a la esperanza, dispuesta a luchar hasta el final por aquel que quiero, aunque el mundo entero se desmorone a mi alrededor.
Las gotas de sangre caen lentamente de la mano de Marco, como lágrimas silenciosas que marcan el trágico destino que los rodea.
—¡Necesitas ayuda! —el soldado se acerca para ayudarlo, pero antes de que pueda siquiera tocarlo, su cabeza es arrancada de su cuerpo en un estallido de violencia inesperada.
Marco mira en dirección a su padre, quien yace en el suelo, muerto. Su cabeza sangrante es la muestra de que ya no hay salvación alguna.
El sobresalto me sacude, pero mi atención se centra en Marco, en esa conexión que siento con él, aunque sea a través de un abismo de oscuridad. Mis ojos se encuentran con los de él, y en ese instante, todo parece detenerse.
«¡Por fin!» —sonríe Marco, mirando a su padre. La sonrisa de Marco irradia un placer siniestro, su voz resuena en el aire cargada de determinación.
—¡Se acabó! —Marco salta de alegría por un tiempo, para luego mirar la pistola.
La alegría que irradia parece ajena a la tragedia que lo rodea, como si estuviese poseído por una fuerza más allá de su control.
—Ahora, solo falta una última persona, para que la maldición que traje a este mundo se acabé. —Marco extiende su brazo para tomar la pistola.
«Solo falto yo».
En ese solemne momento, en medio de toda la destrucción y el caos, algo se desliza desde el cuello de Marco.
El sonido de un cristal quebrándose rompe el silencio, y Marco baja la mirada para encontrarse con el collar destrozado a sus pies.
—¡Agh! —pongo mi mano en mi corazón, sintiendo un dolor tan profundo en el alma que me destroza por completo.
Un líquido oscuro se derrama, manchando el suelo como una premonición sombría.
—¡NOOOO! —Marco grita, corriendo hacía su padre con todas sus fuerzas, lo agarra y lo abraza con fuerza, lo abraza con tal desesperación que entiendo que es lo que está sucediendo.
El grito desgarrador de Marco me sacude hasta lo más profundo de su ser, y mi corazón se detiene al verlo caer de rodillas, sosteniendo el cuerpo inerte de su padre entre sus brazos.
—¡PADRE! —Intento sostenerme, pero mi propio cuerpo se derrumba bajo el peso abrumador de las emociones que me invaden.
Las lágrimas inundan mis ojos mientras observo la agonía de Marco, el peso aplastante de la culpa que lo consume.
—¡Bluargh! —intento calmar mi respiración, pero todas las emociones que me invaden vienen a la vez—. Ma-Marco…
Las palabras apenas pueden escapar de mi garganta mientras lucho por respirar, por encontrar consuelo en medio de la desesperación que los envuelve.
«Maté, maté, maté, maté, maté» Marco sostiene a su padre con fuerza, su cuerpo temblando fuertemente.
El eco de sus palabras, cargadas de angustia y arrepentimiento, resuena en el aire como un eco de sufrimiento.
—Agh… —Marco suelta a su padre, para luego poner sus manos en su cabeza—. Ma… Maté a… —Marco empieza a respirar con dificultad, toda la calma y frialdad que mostró se rompió en un abrir y cerrar de ojos.
Abro los ojos con brusquedad, sintiendo la presión en mis párpados, consciente de la fragilidad del cristal quebrantado. Esa misma fragilidad, compartida por él y María.
Ahora, Marco ya no lleva el cristal en su pecho.
—¡AGGHHHHH! —Los ojos de Marco se elevan hacia el techo, su grito resuena con una fuerza desgarradora. Su boca se abre y se estira hasta el límite, como si estuviera a punto de desgarrarse.
Cada emoción suya, cada tormento, me atraviesa como afiladas espadas directas a mi alma.
—¡Detengan a Marco Luz! —gritan los soldados, avanzando con dificultad mientras apuntan hacia él.
—¡MALDITASEA! —Marco desata una tormenta de cuchillas de viento, arrasando todo a su paso. En segundos, el lugar queda reducido a escombros. Aun así, Marco sigue gritando, su voz llena de angustia.
Sus ojos y su nariz comienzan a sangrar, pero él se aferra a su rostro, arañándolo con furia.
—¡SUFRE! ¡Marco Luz! —El edificio se desmorona, incapaz de resistir la fuerza desatada de Marco. Empieza a caer, y el mundo se mueve lentamente, dejándome presenciar su dolor, su desesperación, su final.
Marco observa impotente cómo todo se desvanece ante sus ojos, sintiendo el peso de su destino.
No... Marco no puede morir, no después de haber llegado a este mundo.
«Soy un monstruo, una maldición viviente».
Marco alza la vista al cielo, extendiendo su mano.
«No merezco el infierno, no merezco el cielo. Merezco ser borrado de toda existencia. Solo así esta maldición terminará».
Una única lágrima resbala por su mejilla, una frágil gota de dolor que se precipita hacia el suelo.
En ese instante, cuando todo parece perdido y los escombros amenazan con aplastarlo, su mirada se llena de asombro al presenciar cómo se detienen en el aire, suspendidos por una fuerza invisible que desafía toda lógica.
Los restos caen a su alrededor, pero él permanece impasible, protegido por un misterioso escudo que repele el caos que lo rodea.
Las alarmas suenan con ensordecedora intensidad y los gritos de dolor retumban por los rincones del lugar, creando una cacofonía de desesperación.
—Vaya, parece que tu reacción fue más intensa de lo esperado. —Una voz desconocida interrumpe sus pensamientos con una risa burlona—. Has logrado tu objetivo, ¿eh? jajajaja.
Marco queda petrificado, sin palabras, sin poder comprender lo que está sucediendo a su alrededor. Mientras varios soldados disparan desesperadamente, las balas chocan con una barrera invisible, como si fueran insectos estrellándose contra un cristal impenetrable.
Es como si estuvieran protegidos por una fuerza sobrenatural, una manifestación de poder que desafía toda explicación racional.
En medio del caos, Marco se encuentra atrapado en un mundo donde la realidad y la fantasía se entrelazan, dejándolo en un estado de asombro y desconcierto absoluto.
—Déjame proponerte un trato. —La figura se acerca a Marco con una seguridad desafiante, como si estuviera consciente de que Marco ya no puede hacer nada para detenerlo.
Marco tensa los músculos, preparándose para cualquier eventualidad, mientras la figura se acerca con pasos firmes.
«¿Un trato?» —El corazón de Marco se retuerce en un dolor agudo, apenas capaz de formular sus pensamientos, mientras la risa del hombre resuena en su mente. Siente un escalofrío recorrer su espalda, una sensación de incertidumbre que lo paraliza.
—Puedo deshacer todo esto, borrar cada recuerdo de lo sucedido. —El hombre extiende sus brazos, y el estruendo de las balas cesa de repente. Marco se tambalea ligeramente, desorientado por el repentino silencio que envuelve la escena—. Puedo hacer que muchas cosas no hayan sucedido, tengo el poder para ello. Claro, habrá unas que sí, pero será algo diferente a esto.
El aire se vuelve denso, la mirada confundida de Marco solo alimenta su desesperación.
Traga saliva con dificultad, sintiendo el nudo en su garganta mientras lucha por comprender lo que está sucediendo a su alrededor.
«Lo sabía» —Susurro en mi interior, consciente de que Marco estaba siendo manipulado, su voluntad aprisionada. Aprieto los puños con impotencia, deseando poder romper el control que lo ata.
—Pero tal vez eso sea demasiado generoso. —La figura hace flotar una piedra, lanzándola cerca de Marco, aumentando su ansiedad. Marco retrocede instintivamente, su respiración agitada mientras observa con cautela los movimientos del hombre.
«¿Magia?» —Marco lo reconoce instintivamente, su mirada se nubla con caos y agonía, su cuerpo marcado por las heridas y la pérdida de sangre.
Se tambalea, luchando por mantenerse en pie ante la presión abrumadora que lo rodea.
—Retrasaré la caída de este mundo un poco más. Puedo hacer eso con la cantidad de poder que juntó este mundo. Además, tengo prisa por regresar a ese mundo otra vez. —La voz del hombre es un eco distante mientras Marco lucha por levantarse, su cuerpo casi sin respuesta. Sus piernas tiemblan bajo su peso, su mente nublada por el dolor y la confusión.
«Ya no veo con claridad». Su pensamiento me desgarra por dentro, mi mirada fija en lo que está por suceder.
Debo verlo, debo verlo de frente.
La respiración entrecortada de Marco revela su cercanía a la muerte. Se aferra a la última brizna de fuerza, determinado a resistir hasta el final.
—Entonces, ¿qué dices? —La figura se inclina frente a Marco—. Deberías decidir rápido. Sería lamentable si murieras y tuviera que comenzar todo de nuevo.
Marco lucha por mantener la claridad en sus pensamientos, luchando contra la oscuridad que amenaza con consumirlo.
¿Comenzar de nuevo?
Marco escupe sangre en un intento por articular palabras. Su cuerpo se estremece con el esfuerzo, sus músculos tensos por la agonía que lo consume.
—Yo…
«¿Debería olvidar? ¿Perder mis recuerdos y vivir creyendo que no soy malo?».
"No cambiaría mi pasado por nada en el mundo." Las palabras de Marco resuenan en su mente, deteniendo sus lágrimas. El verdadero Marco nunca tomaría ese camino, a pesar de todo lo que ha causado.
La persona frente a mí no es el Marco que conozco.
—Lo haré. Si eso significa escapar de este tormento, de este sufrimiento. —La mirada decidida de Marco se junta con la visión borrosa del rostro de esa persona.
Con un esfuerzo final, Marco levanta la mirada con determinación, dispuesto a enfrentar lo que sea necesario para encontrar la redención.
Entonces, de alguna manera, lo siento. A través de la niebla oscura, a través de la sensación de malicia que me envuelve. Un destello de esperanza brilla en mi interior, una pequeña luz en medio de la oscuridad que me rodea.
Puedo sentir cómo una sonrisa se forma en mi rostro, aunque mi corazón se hunde al ver a Marco en el suelo, rodeado de escombros, un hombre que fue solo una víctima de la desdicha.
Él anhelaba cambiar el mundo, pero fue el mundo quien lo destrozó.
Marco no es del todo culpable, y, sin embargo, lo es. Responsable de sus acciones, pero no de su cruel destino.
—Esa es una buena respuesta, pero ahora debo contarte algo. —La voz del hombre resuena en el aire mientras levanta su mano y la dirige hacia el pecho de Marco.
Mis ojos se abren en sorpresa al ver cómo la mano atraviesa el pecho de Marco, quien lucha por respirar entre la sangre que brota de su boca y nariz. Su mirada se desvanece lentamente, mientras la bruma que lo envuelve comienza a disminuir.
—Tu cuerpo es asombroso, absorbe mi miasma con facilidad. —La voz del hombre suena casi complacida.
«¡Miasma!» —La ira se apodera de mí mientras observo la escena en la pantalla.
—Hay un dicho que dice que uno debe pagar por los pecados de sus vidas pasadas. —El hombre retira su mano, deteniendo la absorción del miasma. En su palma, una esfera azul brilla con intensidad.
Sin dudarlo, la persona se lleva la esfera a la boca, haciendo que la luz se desvanezca.
—Las almas que escapan de Od Laguna deben ser purificadas, este es el precio por pagar al romper la cadena de la vida. —El mundo comienza a desmoronarse a su alrededor.
Una opresión abrumadora me atraviesa, sintiendo su poder a través de la pantalla. Más poderoso que Roswaal, que yo, que cualquier ser que haya conocido.
—Es una lástima que solo pudiese consumir la mitad, pero te daré el resto porque sé que cumplirás tu propósito.
El mundo se desdibuja ante mis ojos, dejando a Marco flotando en el vacío, su corazón lleno de frustración.
—María fue un buen peón, tus padres cumplieron su papel al morir, tus amigos al rechazarte y luego ayudarte. —La figura se alza en el cielo, observando a Marco—. Todos son simplemente marionetas de una manipulación que no pueden controlar.
Ahora, solo queda Marco flotando en la nada, su corazón vacío...
—No somos iguales a ningún ser vivo, porque no pertenecemos a esa cadena. —La enigmática declaración resuena en mi mente mientras observo a Marco, preguntándome sobre el significado de todo esto.
Aquella habilidad de conocer lo desconocido, de penetrar en lo más profundo como si ya lo supiera todo. Siempre me ha parecido extraño, pero nunca he tenido el valor de preguntar.
—Nunca serás feliz, vivirás y volverás a caer. Eres un monstruo, Marco Luz, ahora y antes. La esencia de tu alma es la misma que la de un monstruo. —Las palabras cortantes del hombre resuenan en el aire, como dagas que se clavan en mi alma.
La figura parece dirigir su mirada hacia nosotras, aunque su rostro permanece oculto. Un escalofrío recorre mi espalda, como si sus ojos estuvieran clavados en lo más profundo de mi ser.
Por un instante, me olvido de dónde estoy, sumida en un profundo miedo que me consume.
Puedo sentirlo, esa persona intenta comunicarse conmigo. Como si ya supiera que presenciaría la prueba, como si ya supiera que estaría aquí en este momento. Entonces, esa persona pone su mano en su pecho, agarrándolo con fuerza.
Es como si me estuviera hablando a mí, como si intentará mostrarme algo. Un sentimiento extraño, de desesperación, de vacío.
Se siente extraño verlo, pero a la vez siento el miedo de imaginarme su rostro, siendo que no quiero verlo por mucho que necesite hacerlo.
La certeza de su conocimiento me estremece hasta lo más profundo de mi ser.
La pantalla se vuelve negra de repente, dejando un único mensaje que brilla en la oscuridad.
—Y los monstruos no tienen final feliz. —Las palabras resuenan en mi mente, llenándome de una angustia que me deja sin aliento.
La oscuridad envuelve la sala por un instante, sumiéndome en un abismo de incertidumbre y temor.
Capítulo 22
En el Corazón de Emilia.
Si hubiera visto esto en cualquier otro momento, si mis amigos no hubieran intervenido para ayudarme, seguramente habría caído en una oscuridad sin retorno.
Sí, admito que me siento devastada, sumida en un abismo de dolor y confusión. Pero, entre las sombras que amenazan con engullirme, también logro vislumbrar una débil luz que antes me era imperceptible.
Es como si, de repente, hubiese despertado de un sueño profundo.
Guardo silencio, dejando que las palabras de esa persona se filtren en mi mente. La cruda verdad de sus palabras resuena en mi interior, haciendo eco en cada rincón de mi ser.
¿Cómo he podido ser tan ingenua?
Echidna se alza frente a mí, su presencia imponente acentuando mi sensación de desamparo.
—Te ves como una estúpida, si me permites decirlo —Echidna se burla de mí, su voz cargada de desprecio mientras su mirada arrogante intenta provocarme—. Marco se ha convertido en un monstruo, y tú, querida, lo has acogido en tu propio ser.
Trato desesperadamente de mantener la compostura, pero las palabras ácidas que escapan de sus labios perforan mi corazón como afiladas dagas.
Mi voz interna me susurra que tal vez tenga razón, que quizás soy una insensata por aferrarme a la imagen idealizada de quien quiero tanto.
Su cruel revelación me golpea con la fuerza de un vendaval, arrancándome el aliento y dejándome sin habla. Pero en medio de mi turbación, una determinación feroz comienza a brotar en lo más profundo de mi ser.
Si quiero ayudar a Marco, si quiero redimir nuestra relación, debo encontrar una manera de sacarlo de donde está.
—Aunque no sea la más inteligente o astuta, estoy dispuesta a luchar por él —respondo con voz temblorosa, pero firme en mi decisión—. Aunque mi camino sea incierto, no puedo abandonarlo.
Y así, con lágrimas resbalando por mis mejillas y el corazón lleno de incertidumbre, me enfrento al desafío que se presenta ante mí.
No puedo creer lo que Marco hizo en el pasado, ni puedo asimilar sus acciones actuales. El Marco que conozco surgió de las cenizas de un hombre destrozado por las consecuencias de una tragedia en su mundo.
Aun así, las tragedias ocurrieron, no puedo negarlo. La muerte de sus padres es un ejemplo doloroso de ello...
Toda esa carga de sufrimiento, culpa y soledad la ha llevado sobre sus hombros. Todo lo ha arrastrado hasta este punto, encerrándose en su propio dolor, incapaz de encontrar un lugar al que pertenecer. Fue Betty quien logró alcanzarlo, quien movió su corazón y le recordó su humanidad.
Y ahora su vida pende de un hilo, para salvarlo, ella…
Él ha soportado tanto, el dolor, la angustia, el agotamiento. Me ha confesado cosas, pero debe sentirse como un monstruo. Marco nunca se perdonaría a sí mismo, porque, aunque haya intentado borrar las huellas del pasado, el eco de la destrucción y el caos sigue resonando en su interior.
Y, sin embargo, nunca lo he escuchado hablar de esos sentimientos. Como ahora, sigue tratándose a sí mismo como un monstruo.
—Además, estaba siendo manipulado, no había nada que pudiera hacer. —La miro fijamente, tratando de mantener mi firmeza.
Es la verdad, en el momento en que el cristal se rompió, sentí todo el dolor de Marco, todo el sufrimiento que emana del verdadero Marco.
Echidna se acerca, su rostro se aproxima al mío, y su dedo golpea directo en mi frente.
—¿Eres idiota? —Su sonrisa es despiadada, cargada de malas intenciones—. Ese era su deseo. En este mundo, todo se reduce a deseos; la propia avaricia lo condena a seguir sus impulsos. Marco es un hombre ambicioso, incluso antes de que le pusieran ese collar. Podría decirse que ambas decisiones, tanto salvar a su familia como intentar salvar al resto, reflejan su insaciable ambición. Es increíble, es fascinante cómo puede nacer alguien así, un peligro caminante. Alguien que podría ser la ruina de todo.
Si Marco enloqueciera ahora, con el poder que posee, sería indudablemente una amenaza.
Todavía puedo ver la lucha en su mirada cuando enfrentaba a Garfield, aún puedo sentir la mezcla de su magia con la de Betty. Todavía recuerdo su expresión cuando le dije palabras tan crueles.
Todavía puedo oír sus palabras cuando intenté ayudarlo.
Recuerdo cada encuentro con él, cada palabra de aliento que me ofreció. Puedo sentir el calor de sus abrazos, su cariño...
—El ser humano es codicioso por naturaleza, siempre buscará su beneficio propio. Caos y mal surgen solo por su existencia. Entre esas personas nace alguien como Marco, una ambición que busca el bienestar de los demás. —Echidna sonríe, clavando su mirada en la mía—. Sin embargo, los monstruos de la avaricia son los más peligrosos.
Entonces, con una sonrisa que intenta ocultar el torbellino de emociones en mi interior, la observo a los ojos. Mis hombros se encogen involuntariamente antes de dejar escapar un suspiro cargado de la verdad que finalmente reconozco.
No soy tan buena como creía.
—¿Monstruos como tú? —me levanto con determinación, obligándola a retroceder. Avanzo hacia ella, sin dejar que su mirada me intimide—. ¿Crees que tus palabras pueden herirme?
El rostro de Echidna se contrae en una mezcla de emociones, su mirada me atraviesa con un odio palpable, lo puedo sentir. Ella intenta hablar, pero no le doy la oportunidad.
—Tus palabras no pueden dañarme, porque ya sé lo que intentas decirme —digo con calma, mientras extiendo mi dedo para tocar su frente con suavidad. Sus ojos permanecen fijos en mí, pero puedo notar que mis palabras han causado un efecto en ella—. No puedo ser herida, no soy lo suficientemente astuta como para preocuparme por esas cosas.
Es una verdad que finalmente acepto.
Dejaré que Marco sea quien piense de más. Yo seguiré adelante, enfrentaré lo que venga y encontraré la manera de convertir lo malo en bueno.
No tiene sentido seguir dándole vueltas.
"Al final, también eres mi princesa"
Sus palabras resuenan en mí, provocándome una sonrisa mientras observo la pantalla.
Puedo ayudarte, y haré todo lo posible por hacerlo.
«Y yo, como su princesa, tengo el deber de velar por su bienestar», aprieto mis manos, decidida a actuar.
Sé que no conozco toda su historia, pero sinceramente, ya no importa.
—El pasado de Marco es solo un prólogo de la persona que conozco ahora. —Pongo mis manos sobre mi pecho—. Prefiero escucharlo de sus labios revivirlo aquí. Así que guárdatelo para ti.
Nunca lo había comprendido del todo, pero verlo ahora me hace darme cuenta de algo importante.
No importa lo que Marco haya sido en el pasado, manipulado o no. Lo que importa es quién es ahora. No lo absolveré por sus acciones pasadas, pero sí lucharé para que sea una mejor persona.
Porque sé, en el fondo, que nunca fue malo.
Es una decisión mía, y no me importa lo que piensen los demás. Al fin y al cabo, estoy en libertad de elegir. Marco ha pagado por sus errores y seguirá haciéndolo el resto de su vida.
Pero eso no significa que deba ser infeliz también.
—Gracias, Echidna. —Dejo que una sonrisa sincera ilumine mi rostro, pues gracias a su desafío he descubierto tantas cosas.
He encontrado a Marco.
He encontrado mi propia esencia.
He aprendido a valorar mis sentimientos, reconociéndolos como propios, y he visto mi propia fortaleza reflejada en aquellos que amo. Mis amigos, mis seres queridos, siempre serán parte de mí.
Por primera vez, Echidna parece mostrar una emoción genuina. Su odio hacia mí la hace brillar de una manera singular.
Sus facciones se retuercen, con cejas fruncidas y labios apretados que tiemblan. Sus brazos tensos, mientras me observa sin una pizca de amabilidad.
En contraste, yo mantengo mi sonrisa, enfrentándola sin miedo alguno.
—Eres auténtica. Me encanta ver ese destello de odio en tus ojos. —Mis palabras la hacen retroceder levemente.
Ella es la personificación de la avaricia, una entidad que encarna la más pura forma de codicia. Una psicópata incapaz de sentir emociones como los demás.
Pero el odio que me profesa es real.
—Me hace muuuy feliz ver que puedes expresar tus emociones sin ocultarte tras una máscara. —Echidna transforma la sala de cine en un campo abierto, donde la brisa acaricia mi piel y el sol ilumina un cielo azul radiante.
—Entonces, ¿he superado la prueba? —inquiero a Echidna, quien se sienta frente a mí con una expresión molesta.
—Vete. —Echidna extiende su mano, pero yo la detengo de inmediato.
Niego con la cabeza, reconociendo que hay algo más en juego.
—La apuesta... —mi mirada se eleva hacia el cielo por un instante antes de regresar a ella—. Creo que he ganado. —Sonrío con determinación, enfrentándola con firmeza.
Ella frunce los labios y luego extiende la mano hacia mí. Una luz azul irradia desde sus dedos, inundando el lugar con su resplandor.
El mundo comienza a distorsionarse, el verdor desaparece lentamente de mi vista, pero el hermoso cielo azul permanece inmutable.
Echidna comienza a desvanecerse, y lo último que escucho es su voz cargada de emociones.
—Qué fastidio tener que hacer un favor a alguien como tú. —Sus palabras resuenan en el aire, llenas de un sentimiento que no puedo ignorar.
Con la firme convicción de que debo ayudarlo, aunque aún desconozco cómo enfrentar este desafío.
¿Cómo puede uno superar algo así?
Si mi deseo es auténtico, solo queda una opción: pedir ayuda. Apelar a aquellos que han compartido la vida con él desde el principio. Esos que conocen al verdadero Marco, al Marco que aún me es ajeno.
Al pasar al otro lado, me embarga una sensación de asombro ante la magnífica vista que se presenta ante mis ojos. Es una experiencia completamente distinta verlo todo en persona que a través de una pantalla.
La realidad del mundo de Marco se despliega ante mí, con un orden que, aunque un tanto vacío, sigue siendo hermoso en su esencia.
Los diseños urbanos recuerdan a Irlam, con sus barrios estructurados de manera similar y casas que se asemejan unas a otras, aunque con pequeñas diferencias. Mis manos se aprietan instintivamente mientras contemplo la casa de Marco.
Cada paso que doy aumenta mi nerviosismo, siento cómo mis manos y piernas tiemblan por la emoción que me embarga. Pronto, conoceré a sus padres en persona.
Aunque no sean los mismos ya que no están vivos, Marco los conoce profundamente.
Frente a la puerta, la urgencia de actuar con naturalidad se apodera de mí. Extiendo la mano y toco la puerta varias veces.
Mi corazón late con tanta fuerza que parece querer escapar de mi pecho, mientras una ola de nerviosismo recorre mi cuerpo. Jamás me he sentido tan ansiosa, ni siquiera mis manos han sudado de esta manera antes.
Observo la puerta, esperando una respuesta.
De repente, un pensamiento intrusivo se apodera de mí: ¿no será extraño para ellos ver a alguien como yo? Abro los ojos con fuerza y rápidamente intento cubrir mis orejas con mi cabello, pero la magia no responde a mi llamado.
Toco mis párpados, sintiéndolos hinchados.
«¡No puede ser!». La ansiedad me invade y me esfuerzo por acomodar mi cabello y formar una sonrisa, solo para darme cuenta de que mi traje está mal puesto. No deseo dar una mala impresión a los padres de Marco.
—Disculpe… ¿Quién es usted? —la pregunta me devuelve a la realidad. Observo a su madre, aún más hermosa en persona, y quedo asombrada.
Sin embargo, una ola de vergüenza me invade al darme cuenta de que no estoy preparada. Mis mejillas se ruborizan y su mirada confundida me sume en el pánico.
—Yo soy, eh… —busco desesperadamente las palabras adecuadas, pero mi mente está en blanco. Pensándolo bien, es obvio que no va a reconocerme.
¿Quién dejaría entrar a un desconocido a su casa?
La determinación me embarga:
«¡Sí! Puedo hacerlo, puedo hacerlo». Reuniendo toda la fuerza interior, dirijo mi mirada hacia ella, encontrando sus ojos con los míos. Mis labios se mueven rápidamente, presa de los nervios.
—¡María, la novia de Marco! —mi corazón da un vuelco al pronunciar esas palabras, sin saber qué impresión causarán en sus padres en ese momento.
«¡Tonta Emilia! ¡Tonta! ¡Tonta!» No puedo creer que haya dicho eso solo por los nervios. Sonrío hacia la madre de Marco, pero me doy cuenta de que el tiempo parece detenerse de repente.
¿Echidna lo habrá hecho?
"Está bien estar nerviosa, pero intenta aprovechar al máximo este momento", una voz desconocida resuena en mi mente. Es tan calmada y cálida que mis nervios se calman un poco.
Entonces, comienzo a sentir mi cuerpo de manera extraña. Rápidamente me doy cuenta de que estoy creciendo un poco, observando mi transformación en alguien más. Aunque no me reconozco, algo en mí sabe quién soy.
"Ayuda a ese tonto, se lo muuucho que lo quieres, aunque no lo merezca". Sonrío, reconociendo la verdad en esas palabras. Es para lo que vine, aunque también quería conocer a sus padres.
Cuando la transformación finaliza, me enfrento a la madre de Marco, quien me mira fijamente. Ahora soy un poco más alta.
Es extraño ver todo desde esta perspectiva, jejeje. «Hacia el más allá...»
Evito reírme de mi propio chiste, sintiéndome avergonzada por pensar algo así. Sin embargo, la alegría que me invade es indescriptible.
—¡Perdona por no reconocerte! —exclama, lanzándose sobre mí y abrazándome. Siento la calidez en su abrazo, sus brazos sosteniéndome con fuerza y emoción. Percibo el amor que me brinda, tan claro que casi empiezo a llorar de emoción.
Tras superar la sorpresa, correspondo al abrazo, intentando calmar mi corazón emocionado. No pensé que un simple abrazo pudiera hacerme sentir así. Feliz y ansiosa, como si estuviera cumpliendo un sueño desconocido.
—Es un placer verla por primera vez. —intento mantener la formalidad, pero la madre de Marco me suelta y me mira con cierto rechazo.
—¿Dije algo mal? —pregunto, sintiendo el nudo en mi garganta.
—¡No es necesario ser formal! ¡Somos familia! —exclama, sonriendo de una forma tan cálida que derrite cualquier barrera helada que tuviese. La forma de su voz, su forma de ser, el aura que tiene.
Es un contraste tan marcado con la frialdad habitual de Marco que no puedo evitar compararlos en mi mente.
«¡Deberías aprender Marco! ¡Hmpf!», una suave regañina se forma en mis pensamientos dirigida hacia él.
Marco, la mayoría del tiempo, se dirige a mí con una formalidad que me resulta distante. Incluso rechaza usar algún apodo o término más cercano; lo máximo que he logrado es que me diga princesa.
Hasta su hija, Betty, lo reprende por ello.
—¡Pasa! Déjame mostrarte nuestro hogar, también el tuyo —dice la madre de Marco, extendiendo su mano para invitarme a entrar. Asiento y avanzo con cautela, reflexionando sobre mis próximos pasos.
Marco, la mayoría del tiempo, se dirige a mí con una formalidad que me resulta distante. Incluso rechaza usar algún apodo o término más cercano; lo máximo que he logrado es que me llamé princesa.
Hasta su hija, Betty, lo reprende por ello.
—¡Pasa! Déjame mostrarte nuestro hogar, también el tuyo —dice la madre de Marco, extendiendo su mano para invitarme a entrar. Asiento y avanzo con cautela, reflexionando sobre mis próximos pasos.
«Antes le tenía miedo, pero ahora es momento de enseñarle una lección», pienso mientras cruzo el umbral de la casa.
Al adentrarme, una sorpresa grata me envuelve. Todo parece haber experimentado una transformación mágica. La calidez del hogar, ese abrazo reconfortante de pertenencia. La mansión no puede compararse en absoluto; si tuviera que hacerlo, sería con la casa de Lyza, la madre de Petra.
Cálida y acogedora.
Pero, de alguna forma, esto también es diferente. Siento que pertenezco, que también quiero ser parte de esta calidez que me envuelve como una suave brisa en primavera.
Mis labios se entreabren lentamente mientras mis ojos exploran cada rincón de su morada. Contemplo las decoraciones, los estantes rebosantes de recuerdos, pero lo que más me impresiona es la profusión de fotografías.
Me acerco rápidamente a uno de los estantes, deteniendo mi mirada en una de las imágenes.
Tomando una de ellas, observo la imagen de Marco más joven, aparentando tener la misma edad que Luan ahora. Su expresión feliz me arranca una sonrisa instantánea. Siento cómo mi corazón comienza a palpitar con fuerza.
No es por miedo, sino por un sentimiento indescriptible.
El estar viendo y tocando me despierta una envidia sutil. La meticulosidad de cada detalle, esa sensación de pertenencia que reconforta el alma. Dejo la foto y sigo explorando, notando cómo cada rincón está meticulosamente organizado, con recuerdos que adornan cada esquina.
Mientras camino por la casa, todo el ruido se desvanece en el fondo, dejando espacio para mis propios pensamientos. Me gustará recordar momentos similares en mi propia infancia, aunque no sean iguales, siempre tuve un lugar al que pertenecía.
Un lugar que, aunque no vaya a volver, recordaré con toda mi alma.
Al tocar un viejo reloj de pared, siento la suavidad del barniz desgastado bajo mis dedos, recordando la sensación familiar de la madera en mis manos. Observo maravillado cada detalle, imaginando las manos hábiles que lo construyeron y el ingenio que lo concibió.
Doy media vuelta, y mis ojos captan un objeto. La emoción crece en mi al verlo, camino rápidamente, posándome en frente de él con una gran sonrisa.
—¡Una máquina de escribir! —exclamo con cariño al reconocer su similitud con las que diseñó Marco.
Contemplar esto me llena de cierta envidia. En la mansión todo es majestuoso, rebosante de objetos, pero se siente tan vacío. En cambio, aquí, en esta casa llena de recuerdos y cariño, encuentro una plenitud que nunca había experimentado.
Las decoraciones coloquiales y los cientos de recuerdos adornan cada rincón, impregnando el ambiente con un sentido palpable de historia y afecto.
Mientras me sumerjo en la atmósfera acogedora de la casa, una melodía suave de flauta flota en el aire, emanando de un estéreo en algún rincón de la sala. Es un detalle clásico de su madre, Marco siempre me contaba que su mamá le encantaba esa música.
En medio de este escenario íntimo, mis pensamientos se vuelven introspectivos.
«Esta casa no es una mansión, pero a la vez es más valiosa y espaciosa para mí», reflexiono mientras me dejo llevar por la magia de los recuerdos que llenan cada espacio.
«Yo también quiero llenar una casa con recuerdos, fotos, objetos. Quiero viajar, explorar y tener momentos así. Quizás deba pedirle a Marco que haga una cámara», pienso, imaginando un futuro compartido con él.
Sé que, si se lo pido, se pondrá a trabajar. Ahora que Betty no está, siento que es mi deber ayudarle a mantener viva la esencia de este hogar tan especial.
A medida que recorro la casa, mis interacciones con objetos específicos despiertan emociones profundas. Mis dedos acarician un marco de fotos antiguo, sintiendo la textura gastada de la madera bajo las yemas de mis dedos.
Cada objeto parece susurrar una historia, cada fotografía captura un momento en el tiempo, y me encuentro inmerso en un mundo de recuerdos compartidos y sueños por realizar.
Mis ojos se detienen en una pared cubierta de fotos, una galería de momentos felices congelados en el tiempo.
Desde viajes hasta momentos familiares, cada imagen evoca una sonrisa en mi rostro y un calorcito en mi corazón.
—¡Marco de chiquito es muuuuuuy lindo! —exclamo con emoción al observar las fotos, dejándome llevar por la ternura que emana de cada imagen.
Mi corazón da un vuelco al contemplar la inocencia en los ojos de Marco en esas fotografías. Siento un cosquilleo que recorre mi cuerpo, un anhelo profundo de estar cerca de él, de compartir más momentos como estos juntos.
A través de las imágenes, puedo ver el potencial de nuestro futuro, lleno de risas, aventuras y cariño. Y en ese momento, sé que no hay otro lugar en el mundo donde desee estar más que aquí, en este hogar lleno de recuerdos y esperanzas compartidas junto a Marco.
Miro la foto de cerca, mis ojos fijos en los pequeños ojitos de Marco. Pongo mi mano sobre la foto, sintiendo la suavidad del papel y la inevitable marcha del tiempo. En ese instante, la certeza se apodera de mí: realmente quiero una cámara.
Quiero capturar momentos para revivirlos más tarde con la misma sonrisa que tengo ahora.
Solo imaginar tener una foto de Betty, de aquel día en que fuimos de paseo al árbol Flugel, me llena de alegría. Fotos del picnic que compartimos en ese hermoso campo de flores.
Si tan solo pudiera tener fotos de Puck mientras entrenaba a Marco, o de momentos especiales con Rem, Lyza, Luan, Crusch y mis otras amigas. Si pudiera inmortalizar momentos de mi vida para que nunca se borren de mi memoria.
Estoy segura de que, en momentos de soledad, solo con ver esas fotos la sensación de vacío se disiparía.
—¿No es mi hijo el más lindo? —escucho una voz aguda, propia de alguien mayor.
Doy un pequeño salto de sorpresa al reconocer la voz. Mis manos comienzan a temblar, sintiendo el nerviosismo regresar. Aún recuerdo su poema, el dolor que sentí al escucharlo.
La figura que se acerca es la de un hombre con una apariencia seria pero cálida, su rostro está marcado por una barba gris prominente y su mirada es penetrante. Su semblante, realmente atractivo, me hace recordar la semejanza con Marco.
Su cabello es similar al de su hijo, aunque el de Marco es café como el de su madre. Ambos comparten la misma nariz y cejas arqueadas.
El hombre avanza con paso decidido hacia mí, sus ojos brillan con una chispa de reconocimiento al verme. Su mano se extiende en un gesto de saludo, y cuando la tomo, puedo sentir su firmeza y calidez.
Intento inclinarme para saludarlo, pero en cambio soy envuelta en un cálido abrazo. Correspondo al gesto, sintiéndome instantáneamente acogida por su aura paternal.
—¿No es mi hijo el más lindo? —pregunta con una sonrisa cálida, mientras su mirada se posa en la fotografía de Marco.
Asiento con una sonrisa, asombrada por la amabilidad y el cariño que irradia. Sus gestos son reconfortantes, su expresión comprensiva.
«Esto se siente mucho más cálido», reflexiono mientras me dejo envolver por el calor de su abrazo y la familiaridad de su presencia. Siento que puedo conversar con él, como si lo conociera de toda la vida.
Es mágico, hay una conexión especial en este momento.
Aunque aún estoy nerviosa, mi corazón late con fuerza de emoción y nerviosismo. Quiero quedarme y conocer más, quiero estar aquí con Puck, Betty y Marco. Por supuesto, sería genial si estuviéramos todos juntos.
—¿Cómo estás? ¿Te ha traído muchos problemas mi hijo? —su pregunta burlona me hace entrar en razón.
¿Qué puedo responder a esa pregunta? Intento pensar en algo, pero hay una verdad que no puedo ocultar.
—Estoy bien, gracias. Marco ha sido una gran compañía —respondo sinceramente, sintiendo que la tensión inicial se disipa con cada palabra compartida—. Además, soy yo quien siempre le trae problemas.
Sonrío, pero desvío la mirada momentáneamente, sintiendo un leve rubor en mis mejillas. Sin embargo, al verlo sonreír, me doy cuenta de que no hay motivo para preocuparme. Su expresión cálida y amable me tranquiliza de inmediato.
Su mirada se posa en mí, y puedo percibir la alegría genuina en sus ojos ante mi comentario.
—Bueno, entonces debe estar muy feliz. —Dirige su atención hacia una mesita de madera, con una cubierta de vidrio y un pequeño mantel blanco.
Se inclina y comienza a buscar en los cajones de la mesita mientras yo sigo reflexionando. No puedo evitar sentir cierta intriga. ¿Por qué Marco estaría feliz de eso? Desde que lo conocí, rara vez lo he visto sonreír de verdad.
—¿Feliz? —pregunto, intrigada por su respuesta.
Tras rebuscar entre varios papeles, parece encontrar lo que busca: un libro con una portada café y un grosor que denota su gran cantidad de contenido. Al intentar leer la portada, solo logro entender una palabra:
¿Fotos?
Me entrega el libro, y al sostenerlo, siento no solo su peso físico, sino también la carga emocional que lleva consigo. Es más que un simple libro; es un tesoro invaluable para aquellos a quienes les importa.
—Sí, a Marco le gusta ayudar, quizás un poco más de lo necesario. —Sonríe, instándome a mirarlo.
Comienzo a hojear el libro, y mis ojos se abren de sorpresa al encontrarme con la primera foto. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, y por un instante, olvido dónde estoy.
«¡Marco de bebé!»
—¡Marco de bebé! —exclamo, cautivada por completo por la imagen. Hay fotos de él llorando, con su padre, con su madre. A pesar de estar algo desgastadas por el tiempo, cada una transmite un sentimiento único y especial.
Sin embargo, al llegar a una foto en particular, mi reacción es diferente.
«¡Esta desnudo!», cierro el libro de golpe, sintiendo cómo el rubor invade mis mejillas al darme cuenta de lo que muestra la imagen.
—¡JAJAJAJA! —El padre de Marco se ríe con una risa contagiosa, su alegría llena la habitación, haciendo que el ambiente se vuelva más cálido y acogedor.
—¡Señor! —Intento decirle algo, pero él sigue riendo a carcajadas.
Contagiada por su risa, me veo obligada a reír también. No puedo creer que haya visto a Marco desnudo, aunque sea siendo solo un bebé. Nunca pensé que reaccionaría de esa manera, antes no solía pasarme.
—¡Era todo un modelo de pequeño! —comenta entre risas, mientras recupero la compostura—. Pero tranquila, son solo recuerdos familiares, nada de qué avergonzarse.
Me esfuerzo por sonreír, tratando de restarle importancia a mi reacción, aunque por dentro sigo sintiéndome un poco avergonzada. Tomo aire y decido dejarme llevar por el ambiente relajado que se ha creado.
Limpio mis lágrimas y, de repente, todo dentro de mí se aclara. Siento cómo mi cuerpo y mi alma se fusionan en uno solo. Mi corazón late emocionado al ver aquel libro.
—Sí, parece que Marco ha sido toda una fuente de alegría desde pequeño —respondo, tratando de seguir el juego y desviar la atención de mi torpeza.
Lo abro de nuevo y me encuentro con fotos de Marco disfrazado, otras en el colegio, incluso varias en las que llora.
«Vaya, qué llorón es», comento entre risas, mientras observo las imágenes.
—No le gustaba estar solo —me sonríe su padre, como si supiera exactamente lo que estoy viendo sin necesidad de mirar las fotos.
Ver a Marco de esa manera, con sus lágrimas y sonrisas inocentes, me hace darme cuenta de que es una persona normal, capaz de inspirar sonrisas con su mera presencia.
Las palabras de Crusch resuenan en mi alma: "Tú eres quien puede ayudarlo".
Un sentimiento de unidad y poder me invade. Me siento viva.
—Mi hijo era un llorón en aquel entonces —comenta su padre, con una sonrisa algo confusa, mientras observa las fotos en la pared. Parece que sus palabras esconden algo más.
—Pero siempre se ve lindo —exclamo, señalando una foto donde Marco está disfrazado de rey.
«Tendré mucho de qué burlarme cuando estemos en la mansión», pienso para mí, imaginándome la reacción de Marco cuando le cuente todo.
—Es mi hijo, siempre será hermoso. —Asiente su padre, cruzándose de brazos. El orgullo en sus palabras y la forma en que las pronuncia me hacen darme cuenta del amor que siente por Marco.
—Es increíble cómo las fotografías pueden capturar momentos tan preciosos —comento, sintiéndome cada vez más intrigada por la vida de Marco y su familia.
El padre de Marco asiente con complicidad, compartiendo mi fascinación por los recuerdos plasmados en papel.
—Este álbum de fotos es especial para nosotros, tiene todos los momentos importantes de la vida de Marco, desde que era un bebé hasta ahora. Es nuestra forma de mantener vivos los recuerdos y compartirlos con quienes queremos. —Observo con atención las fotos mientras él habla.
Con cada imagen me cuenta una historia, transmitiendo emociones y recuerdos que trascienden el tiempo.
Juntos seguimos ojeando el álbum, compartiendo risas y anécdotas mientras exploramos el pasado de Marco.
En ese momento, me doy cuenta de que estoy experimentando una conexión única con la familia de Marco, una sensación de pertenencia y familiaridad que nunca había sentido. Es como si, a través de esas fotos y esas risas, estuviera descubriendo un nuevo hogar.
—¡Marco te dijo que no sacaras eso sin él! —Entonces, como si el aroma de la felicidad se mezclara con el aroma de la comida, aparece la madre de Marco desde la cocina, mirando al papá de Marco con cierta desaprobación.
En sus manos lleva una bandeja, que contiene varios platos y pocillos. Entonces soy inundada por aromas desconocidos, olores tan suaves y a la vez cálidos que siento que estoy flotando.
Mi estómago empieza a moverse, fruto de la emoción de probar algo nuevo.
La luz natural se filtra suavemente por la ventana, iluminando la mesa adornada con detalles familiares. El aroma a café impregna el aire, añadiendo un toque de singularidad al ambiente.
Ella me sirve con una sonrisa, y tras agradecerle, mis ojos se posan en los platos dispuestos frente a mí. El café, con su color similar al cabello de Marco, me hace recordarlo instantáneamente.
El pan, con sus detalles en la cubierta, emite un delicioso aroma que despierta mi apetito.
—Parece que tenías hambre. —Su tono amable me hace sonreír, asintiendo con gratitud cuando me indica que me sirva con gusto.
Mi corazón emocionado solo puede pensar en el sabor que tendrá. A pesar de no saber nada, es algo que Marco probaba constantemente en este mundo. A pesar de ello, nunca lo escuché decir que se hartara de comerlo.
Siempre apreciaba todas las muestras de cariño de sus padres.
Lo primero que tomo es el pocillo de café, lo acerco un poco a mi nariz para sentir su aroma. Un aroma penetrante, fuerte y a la vez un poco amargo. Marco dice que para tomarlo primero hay que olerlo, por lo que sigo sus pasos.
—Sopla un poco antes, que está bastante caliente —me indica ella con una suave sonrisa, por lo que hago caso y empiezo a soplar.
Tras unos segundos, muevo mis manos, acercando el café hasta remojar mis labios con este. Tomo un sorbo, sintiendo su sabor.
De un momento a otro lo siento, ese calor reconfortante viaja por mi cuerpo, se desliza por la garganta y se queda impregnado en mi corazón.
Aunque prefiero los sabores dulces, este café me hace sentir una sensación de paz y calidez que me reconforta.
—¿Está rico? —pregunta el padre de Marco, haciendo que asienta con gusto.
Sostengo entre mis manos el pan recién horneado, cálido y suave al tacto, tiene algo encima, pero no puedo reconocer qué es. Su aroma dulce y tentador me envuelve, invitándome a darle un bocado y descubrir su sabor.
Cuando doy el primer mordisco, abro mis ojos con fuerza. Su suavidad es indudable, su sabor, un poco salado y dulce, me sorprende cuando veo que tiene queso por dentro. Cierro mis ojos, maravillada por el delicioso sabor.
—¡Qué delicia! —se escapa de mis labios, pero me mantengo sonriendo. Luego pruebo el café, sintiendo su combinación. Ambos sabores se mezclan, haciendo que mi boca quede deleitada.
—Es el pan favorito de Marco —recalca la mamá de Marco, mientras yo no puedo evitar seguir comiendo. Ambos me miran con una sonrisa. Para cuando termino, ellos también parecen haber terminado también.
La madre de Marco me mira con una sonrisa cálida, y el padre de Marco, quien parece pensativo, me mira con una expresión seria.
—¿Ha pasado algo con nuestro hijo? —su pregunta cae por sorpresa, mis ojos se abren, reconociendo que vine con ese objetivo en mente.
«Casi me olvido del motivo por el que vine». Observo los platos vacíos sobre la mesa, mientras mi mirada se desvía hacia las fotos que adornan las paredes, capturando momentos compartidos por Marco y su familia.
En ese instante, una sensación de familiaridad y pertenencia me invade, como si este lugar fuera mi hogar, como si fuera parte de esta familia.
Dirijo mi mirada hacia una de las fotos, donde la sonrisa de Marco irradia alegría y confianza. Siento que esa imagen me infunde fuerza, como si un torbellino de determinación se apoderara de mí.
Me siento invencible, como si este momento me perteneciera por completo.
—Sí, verán… —les digo, bajando la sonrisa de mi rostro.
ambos, con gestos suaves y una expresión comprensiva, inclinan ligeramente la cabeza mientras escucha atentamente mis palabras, demostrando su empatía hacia la situación de su hijo.
Necesito abordar el motivo de mi visita sin revelar completamente la situación. Quiero expresarles mi preocupación por Marco, pero sé que no podré explicarlo todo.
La madre de Marco, con una sonrisa cálida y un gesto de ternura, se acerca a mí y me ofrece otra taza de su café recién hecho, su aroma reconfortante llena la habitación, añadiendo una capa adicional de calidez y hospitalidad al ambiente.
—Marco está atravesando por una situación complicada —les comunico con determinación—. Él se ve a sí mismo como un monstruo, cree que todo lo que hace terminará mal. Marco es una persona muy importante para mí, por eso quiero ayudarlo. Quiero que se abra a mí, que se abra al mundo.
Mis manos se aferran entre sí, conteniendo la frustración que arde en mi interior.
El padre de Marco, con un gesto de comprensión en sus ojos, asiente lentamente mientras escucha mis palabras, demostrando su apoyo y solidaridad hacia mi preocupación.
—Intenté ayudarlo una vez y obtuve algunos avances, pero ahora no sé cómo hacerlo —confieso, sintiendo que las lágrimas amenazan con escapar de mis ojos—. S-Solo quería comprenderlo mejor, quería buscar consejo en las personas que más ama en este mundo.
Las lágrimas empiezan a fluir por mis mejillas, pero no me hacen sentir débil. Al contrario, son la manifestación de mi deseo ferviente de ayudar.
La madre de Marco, con gestos cariñosos y una mirada llena de compasión, me ofrece un pañuelo para secar mis lágrimas, mientras su expresión tranquilizadora transmite un sentido de apoyo y consuelo en este momento de vulnerabilidad.
—Quiero que él esté bien, quiero hacerlo sonreír como en esas fotos, quiero que ambos sonriamos juntos —expreso con vehemencia, entrelazando mis manos—. ¡Quiero verlo feliz! A pesar de las dificultades, quiero que enfrentemos los desafíos juntos y que al final, podamos sonreír.
Bajo la mirada, sintiendo la impotencia de no tener todas las respuestas.
El padre de Marco, con una mirada reflexiva y una voz llena de esperanza, comparte algunas palabras de aliento y sabiduría.
—Eres maravillosa, mucho más de lo que tenía pensado.
Observo a los padres de Marco, quienes me sonríen con confianza. No parecen preocupados por la situación, al contrario, transmiten una sensación de calma.
El suave murmullo de la música de fondo envuelve la habitación como una manta cálida, mientras el aroma embriagador del café recién hecho se mezcla con los recuerdos que cuelgan en las paredes, creando un paisaje lleno de historia y calidez.
La madre de Marco se levanta y se sienta a mi lado, envolviéndome en un cálido abrazo. Su mano acaricia mi cabeza con ternura, y aunque intento contener las lágrimas, no puedo evitar seguir llorando.
En cada gesto de la madre de Marco, encuentro un refugio, una calidez que me abraza el alma. Sus ojos, inundados de comprensión y empatía, reflejan un océano de sentimientos que me sumergen en su mundo.
Cada sonrisa que dibuja en su rostro parece teñida de esperanza, como si fuera un faro que guía nuestros corazones a través de la tormenta.
—Creo que ya tienes tu respuesta —dice la madre de Marco, su voz suena como una melodía suave que acaricia mis oídos—. Marco es alguien muy inteligente, verdaderamente podrías describirlo como un genio en su forma.
Asiento con gratitud, dejando que sus palabras se asienten en mi corazón como semillas de esperanza en un terreno fértil. Reconozco la brillantez innata de Marco y la manera en que ha iluminado mi vida desde el primer día que lo conocí.
Mientras escucho sus palabras, siento cómo el ambiente se impregna de una atmósfera reconfortante y familiar. Mirándome fijamente a los ojos, deja que todo lo oculto salga a luz.
—Nuestra familia tiene un pequeño defecto de nacimiento; Yo mismo nací con ello —confiesa su padre, su voz tiembla ligeramente, pero sus ojos brillan con determinación y amor—. No somos poco afectivos, ni mucho menos orgullosos. Simplemente, encontramos difícil expresar nuestras emociones de la misma manera que los demás.
Mis ojos se posan en la foto de Marco, llena de moretones, pero con una sonrisa que brilla como el sol en un día despejado. La imagen es mi recordatorio tangible de la fuerza y la valentía de Marco, incluso en los momentos más oscuros.
—Es un miedo instintivo, temor por caer preso de las emociones, caer preso y no poder cumplir las responsabilidades —explica su padre, su voz es como un susurro que se desliza suavemente por el aire—. Siempre creí que con Marco podría cambiar eso. Intenté ser el padre que no tuve para él, pero parece que será parte de su vida.
¿Miedo?
«¿Por qué tendría miedo de compartir algo conmigo?», pienso para mí misma, pero el parece leer mis pensamientos.
—Tienes que entender que no es porque él no quiera, simplemente así sucede —me asegura el padre de Marco.
«¿Entonces, no hay nada que pueda hacer?», me pregunto en silencio, buscando desesperadamente una solución que parezca escaparse entre mis dedos como el agua de un arroyo.
—Si no puede controlarlo, entonces, ¿Qué puedo hacer? —mi voz suena débil, pero está cargada de determinación y deseo de ayudar a Marco a encontrar la luz en medio de la oscuridad.
La madre de Marco me toma de los hombros con firmeza, sus ojos brillan con una mezcla de comprensión y fortaleza que me reconforta en lo más profundo de mi ser.
—La respuesta es bastante obvia —declara, su voz es firme como una roca que se aferra en medio de la tormenta—. Toda la familia Luz sufre de eso, pero, en realidad no lo hacen de la misma forma.
El padre de Marco esboza una sonrisa comprensiva mientras asiente con la cabeza, sus ojos irradiando una mezcla de ternura y complicidad.
Observo con atención cómo la madre de Marco clava su mirada en la mía, como si pudiera escudriñar mis pensamientos más profundos, anticipando la pregunta que sé que está por venir.
Mis manos se tensan ligeramente mientras la voz suave pero penetrante de la madre de Marco llena la habitación con una expectativa palpable.
—Permíteme hacerte una pregunta que quizás no esperas —dice la madre de Marco, su tono cargado de significado, como si las palabras fueran un anzuelo que atrapa mi atención con firmeza—. ¿Qué representa Marco para ti en tu corazón?
Mi corazón comienza a latir con fuerza en mi pecho, como un tambor que marca el ritmo de mi nerviosismo creciente. Cierro los ojos por un instante, tratando de contener la marea de emociones que amenaza con desbordarse.
La pregunta cae sobre mí como una cascada, sumergiéndome en un remolino de pensamientos y sentimientos encontrados.
Mi respiración se entrecorta, mientras un nudo se forma en mi garganta, dificultándome el hablar. Me siento expuesta, como si estuviera parada en medio de una tormenta sin protección alguna, enfrentando la fuerza arrolladora de mis propias emociones.
No soy la pareja de Marco, pero su presencia ocupa un espacio sagrado en mi corazón. Sin embargo, definirlo con palabras parece una tarea imposible.
¿Cómo expresar lo que siento por él cuando ni siquiera yo misma entiendo completamente mis propios sentimientos?
No conozco el amor romántico en su forma convencional, pero lo que siento por Marco va más allá de cualquier definición que he visto.
Él es como un faro en medio de la oscuridad de mi vida, una luz que guía mis pasos en las noches más tempestuosas, iluminando los rincones más oscuros de mi alma con su presencia reconfortante.
—Yo… —mi voz se quiebra, las palabras se atascan en mi garganta mientras busco desesperadamente las adecuadas para expresar lo que siento.
Sé que Marco es más que un amigo, más que un compañero.
Él es mi confidente, mi apoyo incondicional, la mano que sostiene la mía cuando el mundo parece desmoronarse a mi alrededor. Su existencia llena los vacíos en mi ser, completándome de una manera que nunca había experimentado.
—Yo solía tener miedo de relacionarme, temía ser rechazada por mi apariencia —comienzo a explicar, dejando que mis pensamientos se deslicen como hojas al viento—. Pensaba que la soledad sería mi compañera eterna, que nunca encontraría a alguien que me aceptara tal como soy.
Una sonrisa tímida se dibuja en mis labios al recordar el momento en que Marco entró en mi vida. Fue como si el destino mismo lo hubiera enviado para rescatarme de la oscuridad y la desesperanza, como si fuera la respuesta a todas mis plegarias silenciosas.
Mientras relato todo esto a los padres de Marco, permito que la calidez de aquellos recuerdos me envuelva como una manta reconfortante, sintiendo cómo cada palabra emerge de lo más profundo de mi ser:
—Anhelaba desesperadamente tener a alguien a mi lado, alguien que me hiciera sentir que pertenecía a algo —continúo, dejando que la emoción y la nostalgia fluyan a través de mis palabras, como un río que serpentea en mi corazón—. Y Marco, él siempre estuvo ahí para mí. Siempre.
Un torrente de gratitud y aprecio inunda mi ser al recordar cada momento compartido con él, cada gesto de cariño y apoyo que me ha brindado. Él es mi roca, mi ancla en un océano de incertidumbre y temor, la constante en medio del caos de mi vida.
—Marco siempre está dispuesto a ayudar a quienes lo necesitan —concluyo con una sonrisa radiante, reconociendo la nobleza de su corazón—. Y yo, me siento infinitamente agradecida de tenerlo en mi vida.
Cada instante junto a Marco es como una joya preciosa en el collar de mi existencia, cada momento compartido una prueba del cariño incondicional que nos une.
Su presencia es como una melodía suave que acaricia mis sentidos, y cada vez que está cerca, siento que estoy en casa, en el lugar donde pertenezco, en un refugio seguro donde puedo ser yo misma sin reservas.
—Cada vez que Marco se enfadaba conmigo y me gritaba, sentía como si el mismísimo cielo se oscureciera y el aire se volviera denso con la tensión.
Sus ojos, usualmente cálidos, se tornaban fríos como el invierno, y su voz, que solía ser mi sonido favorito del día, se convertía en un trueno que retumbaba en mis oídos.
Pero después de la tormenta, siempre llegaba la calma. Y con ella, sus disculpas.
—"Lo siento mucho, Emilia. No quería que termináramos así", me decía con voz suave, mientras me miraba con ojos llenos de arrepentimiento. Todo eso a la vez que sostenía algo en sus manos.
Como un mago que conjura un hechizo para restaurar la paz, Marco aparecía con un gesto de reconciliación, ya sea con un plato humeante de mi comida favorita o una sonrisa que derretía hasta el más duro de los corazones.
—Nunca recibí un trato especial. —Rechazo esa idea de inmediato con un movimiento de cabeza, porque en mi interior resuena la verdad oculta—. No... su trato fue tan excepcional que me envolvió por completo, haciéndome incapaz de ver más allá de él.
Cuando me sentía molesta, Marco tenía la habilidad de transformar mi descontento en felicidad.
Con solo una mirada o un gesto cariñoso, lograba calmar las tormentas internas que amenazaban con desbordarse. Su simple presencia era suficiente para hacerme sentir en casa, incluso en los momentos más turbulentos de mi vida.
—"Reconocería tus manos incluso sin tocarte", murmuró con una sonrisa, revelando su complicidad al descubrir mi identidad a ciegas una vez que iba a celebrar su cumpleaños.
En ese instante, supe que él me veía de verdad, más allá de las apariencias, más allá de las máscaras que todos llevamos puestas. Y en sus ojos encontré la aceptación y el aprecio que siempre había anhelado.
A pesar de que Marco nunca se consideró alguien que me tratara de manera especial, para mí siempre fue único.
Cada gesto, cada palabra, cada mirada cargada de cariño y esperanza, me recordaba lo afortunada que era de tenerlo a mi lado.
—Él es parte de mi mundo, quien expandió el universo a mi alrededor, y no hay nada más en este vasto cosmos que puede competir con su brillo. —Sonrío, recordando aquella vez cuando se creó la constelación Puck.
Puedo recordarlo, la estrella central que, con un pensamiento fugaz: Pude darle un nombre.
—Marco Luz es la estrella que más me ha iluminado en toda mi vida.
Los padres de Marco me miran con ternura, y una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios al sentir su apoyo. Un brillo de nostalgia cruza mi mirada mientras continúo:
—Recuerdo una vez en particular, cuando Marco se esforzó tanto en la cocina para prepararnos una deliciosa comida. —Miro hacía el tejado, sintiendo el calor de ese momento en mi corazón—. Sus manos danzaban entre los ingredientes con una destreza que solo el verdadero amor puede enseñar. Admiro su habilidad y dedicación, y me siento bendecida por tenerlo a mi lado.
Una lágrima se forma en el rincón de mis ojos, pero la aparto con un gesto decidido antes de continuar: el recuerdo de cada momento compartido con Marco me invade, haciéndome sentir una mezcla abrumadora de gratitud y amor.
—Y no puedo olvidar las veces que lo veo trabajar con pasión en su oficina —susurro con reverencia, como si estuviera contemplando, por primera vez, los verdaderos colores—. Su compromiso y determinación son más que admirables; son inspiradores. Cada vez que lo observo entregarse por completo a sus labores, siento una chispa encenderse dentro de mí, recordándome que el éxito se alcanza con esfuerzo y otorgándome una determinación inquebrantable para seguir adelante.
Los momentos difíciles son parte de la vida, pero Marco siempre está ahí para ser mi roca, para sostenerme cuando siento que todo está en mi contra.
Otra lágrima escapa de mis ojos mientras continúo, dejando que mis emociones fluyan libremente: su apoyo incondicional es mi salvación en medio de la tormenta, y gracias a él, soy capaz de superar obstáculos que parecían insuperables.
—Recuerdo con claridad el momento en que no podía sacar Marco de mi cabeza, cuando cada pensamiento, cada sueño, cada suspiro estaban dedicados a él. —Aún puedo sentir el peso de aquellos días en mi corazón—. Su presencia es como el sol que ilumina mi existencia, y la idea de un mundo sin él me resultaba inconcebible.
Otra lágrima resbala por mi mejilla mientras intento expresar con palabras todo lo que siento, sintiendo mi corazón latir con fuerza en mi pecho, como un pájaro tratando de escapar de su jaula.
—Aunque cometo errores y soy parte de su dolor en ocasiones, ahora comprendo que esas experiencias nos hacen más fuertes —mi voz suena firme, llena de determinación—. Y aunque el camino no siempre sea fácil, sé que mientras estemos juntos, podremos superar cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino.
Hay algo que antes pasaba desapercibido en mi interior, algo que apenas empiezo a vislumbrar. Puedo sentirlo crecer, haciéndose cada vez más presente, como una semilla que finalmente brota y florece.
—Porque lo que Marco me ha dado es lo que siempre he anhelado: un cariño incondicional, que trasciende el tiempo y el espacio, y que me hace sentir completa.
Los miro a ambos, permitiendo que mi determinación brille en mis ojos, dejando en claro lo orgullosa que me siento de compartir este momento con ellos.
—Anhelo compartir tanto sus pesares como sus alegrías —expreso con firmeza, mientras siento cómo el calor se extiende por mis mejillas, y las palabras fluyen con naturalidad—. Deseo que Marco comparta mi dolor tanto como mis momentos más felices.
Mis manos, pálidas como la nieve, tiemblan ligeramente mientras pienso en sostener las suyas, sintiendo cómo la emoción me envuelve por completo.
«Seguramente estoy tan roja como un tomate», pienso para mí misma con una sonrisa nerviosa.
—Hablar de él me infunde una energía renovadora, y recordarlo me inspira a seguir adelante —confieso con sinceridad, permitiendo que mis emociones fluyan libremente—. Su simple presencia tiene el poder de transformar mi estado de ánimo y darme fuerzas para enfrentar cualquier desafío que se presente.
Cierro los ojos por un instante, sumergiéndome en la profundidad de mis sentimientos, antes de continuar.
—Cuando él se encuentra triste o ansioso, lo siento en lo más profundo de mi ser —digo con convicción, rememorando cada ocasión en la que compartimos tanto la alegría como la tristeza—. No sé cuándo ni cómo comenzó, pero me entristezco y me angustio junto a él, como si nuestras emociones estuvieran entrelazadas de alguna manera indisoluble.
Incluso, mi vocabulario y expresiones han cambiado solo por estar a su lado.
Deseo estar a su lado en cada momento, tanto en los momentos felices como en los momentos difíciles. Y sé con certeza que juntos podemos superar cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino.
El cambio que he experimentado, tanto positivo como negativo, ha sido moldeado por él. Aunque al principio me sentí abrumada por su presencia, ahora comprendo que ha sido una oportunidad para crecer y aceptarme a mí misma.
—He aprendido que el cariño es la fuerza más poderosa que existe —digo con convicción, dejando que mis palabras resuenen en el aire—. Y estoy decidida a ayudarlo a superar sus miedos y su autodesprecio, porque sé que juntos podemos alcanzar la felicidad que tanto merecemos.
Con una determinación palpable los miro a los ojos, ambos siguen sonriendo, su mirada melancólica me hace sentir realmente feliz. Están conectados conmigo, a pesar de todo, a pesar de que no los conozco.
Se que hay un sentimiento que nos conecta.
—Aspiro a ser su roca en los momentos de amargura, a levantarlo cuando lo necesite, y simplemente estar presente cuando requiera de mi compañía —añado con determinación, evocando con cariño cada gesto y ternura que hemos compartido.
Entonces, lo digo:
—Lo amo más de lo que puedo expresar con palabras.
Al terminar de pronunciar esas palabras con determinación, me doy cuenta del peso que llevaban. Mis manos tiemblan, incapaces de contener la emoción que bulle dentro de mí.
¿Acaso lo he dicho en voz alta?
Antes de que pueda procesar completamente lo que he hecho, siento el reconfortante abrazo de la madre de Marco envolviéndome. Su gesto cálido y acogedor me llena de una felicidad abrumadora, como si todas las luchas y los momentos difíciles hubieran valido la pena.
—¿Eh? —Las lágrimas empiezan a desbordarse de mis ojos, pero esta vez no son lágrimas de tristeza o angustia. Son lágrimas de alivio, de liberación, de pura felicidad.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho, pero es una fuerza llena de amor y alegría. Es como si al pronunciar esas palabras, hubiera dejado salir una parte de mí que había estado guardada durante demasiado tiempo.
«¿Es esto lo que se siente?», me pregunto en silencio, mientras observo mis manos temblorosas.
El amor que siento por Marco se expande dentro de mí como una flor que florece en primavera, llenando cada rincón de mi ser con su dulce fragancia. Es un amor que trasciende las palabras y las acciones, un amor tan profundo y genuino que no necesita ser explicado.
El abrazo reconfortante de la madre de Marco me hace sentir aún más querida y aceptada. Es un recordatorio de que no estoy sola en este viaje, que hay personas que me apoyan y me aman incondicionalmente.
Cuando inclino mi rostro, veo mechones plateados ondeando al viento, como hilos de plata tejidos por el destino. Mi corazón late con fuerza, como un tambor que anuncia la llegada de un momento trascendental.
«¡¿He vuelto a ser yo!?»
Siento una mezcla de temor y anticipación, como si estuviera en el borde de un abismo, a punto de dar el paso hacia lo desconocido. Mis manos se aferran a mi ropa, buscando algún indicio de normalidad en medio de la extrañeza que me rodea, como un náufrago que busca un salvavidas en un mar de incertidumbre.
Miro a los padres de Marco, esperando encontrar alguna reacción en sus rostros, pero solo encuentro calma y serenidad en sus miradas, como faros de luz en medio de la tormenta.
—¡Yo! —exclamo, tratando de contener la oleada de emociones que amenaza con desbordarme, como un río desbocado que lucha por contener su caudal.
Tapo mi rostro con las manos, sintiendo que la realidad se desmorona a mi alrededor, como un castillo de cartas golpeado por un viento implacable.
Cuando alzo la mirada, encuentro sus ojos fijos en mí, llenos de comprensión y amor incondicional, como dos estrellas que guían mi camino en la oscuridad de la noche. No hay rechazo ni asombro en sus gestos, solo aceptación, como si hubieran conocido este secreto desde el principio.
—¿D-Desde cuándo estoy así? —pregunto, mi voz temblorosa refleja la incertidumbre que siento en mi interior, como una hoja que tiembla al viento en un día de otoño.
Mis padres intercambian una mirada cómplice antes de soltar una pequeña risa, como si compartieran un secreto entre ellos, como dos cómplices que planean una travesura.
—Desde que mencionaste lo de la cocina —responde la madre de Marco con una sonrisa cálida, mientras su padre asiente en acuerdo.
La confusión se apodera de mí. ¿Cómo es posible que estén tan tranquilos ante esta situación? Me pregunto, mis labios temblando de los nervios.
—¿Me puedes decir tu nombre? —me pregunta el padre de Marco, su voz suave y reconfortante me ayuda a calmarme un poco, como un bálsamo que calma las heridas del alma.
—E-Emilia —respondo, sintiendo la presión de sus miradas sobre mí.
Definitivamente son los padres de Marco.
Una sensación de alivio me invade cuando veo que sus sonrisas no desaparecen, sino que se amplían, como un jardín que florece bajo la cálida luz del sol.
—Es un placer, Emilia. Esa forma de vestirte, pareces un ángel —comenta el padre de Marco con una ternura palpable en sus palabras, seguido por la sonrisa amorosa de la madre de Marco.
Asiento con gratitud, sintiendo el peso de la situación aligerarse un poco ante su calidez, como si un peso invisible se levantara de mis hombros.
—¿Quieres saber por qué no estamos tan sorprendidos? —pregunta su madre, su voz cargada de seriedad, pero también de curiosidad contenida, como un misterio que espera ser revelado.
Mis ojos se abren de par en par ante su pregunta, preparándome para cualquier revelación, como un explorador que se adentra en lo desconocido.
—Cuando tuve a Marco, él había nacido muerto —comienza el papá de Marco, su voz temblorosa revela la carga emocional de sus recuerdos, sus lágrimas fluyendo desde lo más profundo de su ser.
—En ese momento, mi esposa estaba en la uzi, luchando por su vida. Sentí que mi mundo se desmoronaba a mi alrededor. Nunca fui muy creyente, pero en ese instante, me aferré a cualquier esperanza que pudieran salvar a los dos amores de mi vida, como un marinero naufragando que se aferra a un trozo de madera en medio del océano.
Sus ojos reflejando el dolor compartido de aquellos momentos oscuros, como dos espejos que reflejan la misma imagen.
—Estaba solo en la recepción del hospital, sintiéndome completamente perdido. Entonces, encontré este collar —dice, sacando un collar azulado de su cuello.
Mis ojos se abren sorprendidos al reconocer el cristal piroxeno que sostiene entre sus dedos, como si fuera un tesoro olvidado que vuelve a la luz después de siglos de oscuridad.
—¿Puedes creer que apareció justo frente a mí? —continúa, con asombro aún palpable en su voz—. Sentí que era un regalo del destino, una oportunidad para traer de vuelta a mi hijo, como una señal divina en medio de la desesperación.
El brillo del cristal se desvanece lentamente, pero su significado perdura en él tiempo, como una estrella fugaz que deja su huella en el cielo.
—Cuando coloqué este cristal sobre el pecho de Marco, algo increíble sucedió —prosigue, con una chispa de emoción en sus ojos—. Una luz brillante inundó la habitación, y de repente, mi hijo empezó a llorar. Fue como un milagro, como el renacer de un ave fénix de sus propias cenizas.
Una sensación de asombro y gratitud me embarga mientras escucho la historia de sus padres.
Ahora, más que nunca, siento el peso de la conexión que nos une, una fuerza que trasciende lo sobrenatural y nos une en un lazo indestructible de amor y esperanza, como un hilo invisible que une nuestros corazones para siempre.
—Me di cuenta de que mi hijo quizás tenía un destino más allá del que podría tener si no hubiese nacido muerto. Su llegada me trajo un sentido renovado de propósito, una comprensión de que incluso en la tragedia puede haber un propósito oculto, una luz que guía nuestros pasos en la oscuridad. —Él me entrega el collar, intento usar Maná, pero no hay reacción alguna—. Cuando se lo conté, no me creyó, pero tu presencia me hace entender que ya está sucediendo ese destino, que los hilos del destino están tejidos de manera misteriosa y compleja, y que quizás solo ahora estamos comenzando a ver su verdadero diseño.
Marco fue conectado con mi mundo desde su nacimiento, como si estuviera destinado a jugar un papel crucial en el tapiz de la existencia, una pieza vital que completa el rompecabezas de la vida.
Creí que mi mundo lo había arruinado por completo, que todo lo malo pasó por la existencia de mi mundo. Sin embargo, me equivoqué profundamente. Mi mundo fue el salvador silencioso que lo rescató de la oscuridad eterna, un faro de esperanza en medio de la tormenta.
—No importa si es en este u otro mundo como describen las historias, creo que el destino siempre nos llevará a donde pertenecemos. —Su mirada orgullosa me reconforta, la fortaleza que tiene es sin duda gigante, una montaña inamovible que desafía las tormentas del destino.
La fe en su hijo es palpable, un vínculo inquebrantable que trasciende el tiempo y el espacio, una promesa de amor eterno que persiste incluso en las horas más oscuras.
—No voy a preguntar lo sucedido, tampoco hay mucho tiempo. Sé que puedes ayudar a mi hijo, no tengo duda de ello. —Este me entrega una hoja en blanco, lo que me hace mirarlo con curiosidad, preguntándome qué misterios aguardan en las páginas en blanco del destino.
El mundo empieza a desvanecerse, como si el tiempo se estuviese acabando.
—¿Qué vas a pintar en tu lienzo? —su pregunta me hace sonreír, puesto que ya sé la respuesta, una verdad que resuena en lo más profundo de mi ser, una certeza que ilumina el camino hacia adelante.
Me quedo viendo la hoja, una hoja en blanco. Podría describirme en ella, pero usar solo el blanco sería equivocarme.
Yo soy yo, esta hoja es solo una hoja. Si quiero ver más allá, si quiero mirar hacia adelante, debo agregar los colores de la experiencia, las sombras y luces que dan profundidad a mi historia.
Lo miro con determinación, con mi respuesta ya lista, lista para plasmarla en el lienzo de la vida, lista para dejar mi huella en el mundo.
—¡No lo sé! —sonrío enormemente, orgullosa de responder a su pregunta, de abrazar la incertidumbre con valentía y creatividad—. Usaré todos los colores, en algunas partes oscuro, en otras claro. En otras partes triste, en otras alegres, pondré todo lo que hay en mí y simplemente disfrutaré del resultado, una obra maestra de emociones entrelazadas que reflejan mi verdadero yo. No sé cuál será el resultado, claro está.
Colocaré los colores persiguiendo mi felicidad, para asegurarme que el resultado final me guste, sea cual sea, porque en cada pincelada encontraré la belleza de la vida, la magia de la creación, y la libertad de ser yo misma en un mundo lleno de posibilidades.
Ambos sonríen, corriendo a abrazarme, un abrazo que trae consigo el calor del amor y la gratitud, una expresión silenciosa de la conexión que compartimos, una familia unida por lazos más fuertes que el destino mismo.
—Cuida de Marco, mi hijo tiene un corazón demasiado grande, pero a la vez la oscuridad se filtra con facilidad. —Siento su calor, siento el amor que trasmiten, una energía reconfortante que me llena de determinación y propósito—. Eres maravillosa, realmente, no tenemos palabras para describir lo feliz que estamos por conocerte, por tener la certeza de que estarás allí para él cuando más te necesite.
Asiento con mi cabeza, mis lágrimas de alegría recorriendo mis mejillas, lágrimas que hablan de gratitud y esperanza, de un nuevo comienzo lleno de promesas y posibilidades infinitas.
—Ya tienes tu respuesta, pero yo no te dicho nada, por eso dejame darte un último consejo, es con lo que me gustaría nos recuerdes. —Sonríe, y yo, a pesar de estar llorando mantengo mi sonrisa creciente, una sonrisa que ilumina el camino hacia adelante, una luz en la oscuridad que nos guía hacia un futuro lleno de esperanza y amor—. En la danza eterna entre la oscuridad y la luz, encontramos nuestra verdad. No temas a la penumbra; es solo el lienzo en el que nuestra luz interior pinta su camino. Cada color, cada trama, cada elección, forma parte del arte de tu interior. De este modo la oscuridad no es un enemigo, sino un compañero silencioso que nos permite apreciar la belleza de la luz. Así como las estrellas brillan más intensamente en la noche, nuestras acciones y decisiones definen nuestra existencia.
Todo lo que tengo que hacer es ser yo. Ya lo entiendo, comprendo cuál es mi propósito, qué papel debo desempeñar en este universo entrelazado de destinos y emociones.
—¡Gracias! ¡De verdad! —exclamo con fervor, sintiendo cómo mi corazón se estruja al pensar que no volveré a verlos—. ¡Gracias por quererme! ¡Gracias por aceptarme en su vida! De verdad… —siento que mi respiración se entrecorta, una mezcla inconfundible de dolor y felicidad embarga mis sentimientos—. Aunque acabo de conocerlos, sé que son maravillosos. Su amor, tan puro y genuino, ha traspasado todas las barreras para llegar hasta su hijo.
No importa cuánto cambie, seguiré siendo Emilia para que él pueda seguir siendo Marco. Los abrazo con firmeza, tratando de retener en mi mente cada detalle de sus rostros, cada latido de sus corazones que palpita en sintonía con el mío.
En ese abrazo, se entrelazan nuestros destinos, fusionándose en un único propósito, en una promesa que no admite titubeos.
—Les prometo que salvaré a su hijo de sí mismo.
Antes de partir, me detengo un instante para observar la casa una última vez, dejando que cada rincón se imprima en mi memoria como un recuerdo imborrable.
Tras un destello brillante que parece iluminar hasta lo más recóndito de mi ser, cierro los ojos. Cuando finalmente los vuelvo a abrir, las paredes grises de la habitación son lo único que veo a mi alrededor.
Pero incluso este grisáceo entorno parece cobrar una nueva luminosidad, como si el destino mismo estuviera tejiendo una nueva trama de posibilidades ante mis ojos. Me incorporo del suelo con una sensación de renovación, comprendiendo que ya no soy la misma persona que entró por esa puerta.
Sí, puedo cambiar, puedo moldear mi futuro con mis propias manos. La determinación resplandece en mi mirada, reflejando el brillo de una nueva esperanza que se abre paso entre las sombras del pasado.
Dejaré de preocuparme por lo que fue y me enfocaré en lo que soy. Seguiré el camino que yo elija, con paso firme y corazón valiente.
—Cambiar no significa dejar de ser yo, así como no cambiaré lo que me define. —Aprieto mis manos con determinación, fijando mi mirada en la salida—. Ser yo misma es el mayor privilegio que puedo concederme, por eso, seguiré siendo quien soy; un potencial ardiente que acaba de ser despertado, listo para enfrentar cualquier desafío que se presente en mi camino.
Te salvaré, Marco luz.
Yo lo haré.
Porque me llamo Emilia.
Capítulo 23
En el Corazón de Marco Luz.
Estiro mis brazos con suavidad, sintiendo cómo el tiempo parece ralentizarse a mi alrededor. Con un leve bostezo que apenas logra escaparse de mis labios, inicio mi caminata, absorta en cada detalle del camino que se despliega ante mí mientras contemplo la imponente estructura del santuario.
Me encuentro ante una tumba de dimensiones imponentes, una morada demasiado grande para albergar a alguien tan diminuto como Echidna.
Una risita juguetona se escapa de mis labios al reconocer lo malvado de mis pensamientos. Echidna, en su esencia, es tan pequeña y vulnerable como su morada.
Sin embargo, me embarga un sutil sentimiento de compasión por ella, como si su fragilidad resonara con la mía de alguna manera. Pero rápidamente aparto esos pensamientos, consciente de que no debería ser tan dura con alguien que simplemente está siendo quien es.
—Si, asi como ella es está bien. Es Echidna después de todo. —Entrecierro mis ojos, esperando que lo haya escuchado.,
Los padres de Marco, en cambio, me dejan una impresión diferente. Su amor y unión son palpables, y siento un anhelo repentino por conocerlos más, por descubrir las historias y experiencias que los han llevado a ser pareja.
Cada paso que doy parece fortalecer mi determinación, y el aire impregnado de maná me llena de una energía revitalizante. Siento como si los espíritus mismos estuvieran guiándome en mi camino, como si estuvieran alentándome a seguir adelante.
Al salir de la tumba y contemplar la belleza de la noche, me siento llena de gratitud y determinación.
Miro hacia el cielo estrellado, dejándome envolver por la calidez de la noche. La luna, radiante en su plenitud, ilumina el camino con su luz plateada, y una sensación de serenidad me invade.
Una sonrisa tierna se dibuja en mis labios al recordar a Marco y su inquebrantable fe en que nuestros seres queridos nos observan desde el cielo. Aunque pueda ser solo una ilusión reconfortante, no puedo evitar sentirme reconfortada por la idea de que están ahí, velando por nosotros.
La noche se muestra majestuosa, con los árboles susurrando secretos al viento y el cielo estrellado extendiéndose hasta el infinito.
—¿Qué tal te fue? —una voz me hace saltar de sorpresa, descubriendo a Crusch al lado de la entrada.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho, impulsado por una emoción que no puedo describir.
Cierro los ojos por un instante y coloco mi mano sobre mi pecho. Tras un suspiro, esbozo una sonrisa.
—¡Me asustaste! —hago un gesto de puchero, provocando una sonrisa en ella—. Estaba tan concentrada que ni siquiera te vi venir.
Con una sonrisa juguetona en los labios y el corazón lleno de esperanza, me dirijo hacia Crusch, lista para compartir mis pensamientos y emociones con ella.
No hay necesidad de palabras, es obvio que he superado la prueba. Crusch pone su mano en mi hombro, y aunque su leve tensión indica que hay problemas, todo a mi alrededor parece más brillante, más vívido.
—No tenemos mucho tiempo, la situación en Irlam es crítica. Sé que deberías descansar, pero lo mejor es terminar con la prueba lo antes posible. —Su mirada está llena de preocupación, pero yo le devuelvo una sonrisa radiante.
Tal como me enseñaron, me abalanzo sobre Crusch. Ella queda rígida por la sorpresa, con sus brazos extendidos, mientras yo la abrazo con firmeza, sintiendo su calidez que me reconforta.
—Entonces, salvemos a la persona que solucionará esto. —Mis palabras suenan llenas de determinación—. Ya solucionaremos eso cuando salgamos de aquí; todos juntos.
Ella asiente, y ese gesto es suficiente para llenarme de confianza mientras emprendemos nuestro camino juntas.
Mientras caminamos por el sendero de tierra, el ambiente parece impregnado de una atmósfera mágica y serena. La majestuosa luna se alza en lo alto, derramando su luz plateada sobre nosotros, iluminando nuestro camino con un brillo suave y tranquilizador.
—No sé qué fue lo que viste, pero debió ayudarte mucho. —Crusch mira hacia adelante mientras nos dirigimos hacia el pueblo.
Niego con la cabeza, recordando lo que vi, pero ahora todo parece más claro, más comprensible.
—Lo que vi fue el pasado de Marco, un pasado lleno de dolor y malas decisiones. —Una sonrisa se dibuja en mi rostro al recordarlo—. Pero ahora soy capaz de aceptarlo, de entender que su pasado no tiene por qué definirlo. El pasado lo puede condicionar, pero no define.
Además de algo que pude vivir, algo que quedará enmarcado en mi corazón por toda la eternidad de mi existencia.
—¿Cómo piensas convencer a Marco? —su pregunta es natural, y yo ya tengo la respuesta lista.
—No lo sé. —Levanto la vista hacia el cielo antes de continuar—. Mostraré todo lo que soy, desnudaré mi corazón y se lo mostraré a Marco. Si eso no funciona, tendré que idear un plan diferente.
Intento sonar segura, aunque quizás mis palabras no sean las más adecuadas.
Crusch abre sus ojos en sorpresa ante mis palabras, probablemente sin entender que es lo que tengo en mente.
Luego, con un gesto majestuoso, ella levanta su mano al cielo y una ráfaga de viento se eleva en espiral hacia las estrellas.
Bajo el resplandor plateado de la luna, que se filtra entre las ramas de los árboles, y el murmullo reconfortante del viento acariciando las hojas, nos adentramos aún más en el bosque con determinación y esperanza palpable en nuestros corazones.
Cada paso que damos parece resonar con la promesa de un futuro incierto pero lleno de posibilidades.
—No puedo asegurar que vaya a funcionar, pero si alguien puede lograrlo, eres tú. —La mirada de Crusch me atraviesa con una intensidad que no puedo ignorar, mientras varias luciérnagas comienzan a danzar a nuestro alrededor, como pequeños faros de luz en la oscuridad.
Niego con la cabeza nuevamente, reconociendo la mentira y la verdad en sus palabras, sintiendo una conexión más profunda con ella y con el propósito que compartimos.
—Tú también tienes a Marco profundamente arraigado en ti, al igual que él te tiene a ti en su corazón. Aunque soy nueva en esto, creo que ambas lo amamos de alguna manera; aunque lo que sientes podría ser simplemente un presentimiento mío. —Es una verdad que resuena en lo más profundo de mi ser, una certeza que no puedo negar, pero no por ello me desmotivaré. Me giro, mirándola y guiñándole un ojo, para luego decirle—: Aun así, no te lo daré.
Crusch sonríe levemente, como si sus pensamientos estuvieran inmersos en un mundo distante, mientras el resplandor de las luciérnagas ilumina su semblante con destellos dorados.
—Yo no, yo tengo muchas responsabilidades antes de considerar el amor. —Sus palabras suenan cargadas de determinación, aunque su mirada se pierde en el suave parpadeo de las luciérnagas que comienzan a dirigirnos a un lugar, como pequeñas estrellas fugaces en la oscuridad del bosque—. El amor es algo en lo que no debo pensar si quiero cumplir mis objetivos.
Con un suspiro apenas perceptible, trato de atraer su atención hacia mí.
—Me dijiste que el cariño es la fuente de la fuerza, que el amor es la máxima expresión del cariño. —Las luciérnagas nos guían con su luz titilante, y Crusch, como si estuviera hipnotizada por su resplandor, comienza a seguir el sendero que marcan—. Deberías permitir que el amor forme parte de tus objetivos también.
Avanzamos por el bosque, cada paso sumido en un silencio lleno de significado, mientras las luciérnagas nos conducen con su resplandor suave y reconfortante. El bosque, iluminado por la luz plateada de la luna y el parpadeo dorado de nuestros pequeños guías, adquiere una belleza mística y etérea que parece sacada de un cuento de hadas.
Incluso la oscuridad de la noche parece cobrar vida propia, sus sombras danzando en armonía con la luz de las luciérnagas, creando un paisaje que parece suspendido entre la realidad y la fantasía.
Es una bendición divina, una experiencia que trasciende las palabras y se convierte en pura emoción.
—He escuchado que primero está el deber y luego el amor. —Niego con la cabeza, desafiando esa creencia arraigada en nuestra sociedad. Después de todo yo lo vi, como ambos cumplían su deber y se amaban a la vez—. Pero creo que ambos pueden coexistir en armonía, el deber dándole sentido al amor y el amor infundiendo energía al deber.
Crusch abre los ojos con sorpresa ante mis palabras, como si nunca hubiera considerado esa posibilidad.
—Imagínate, si las personas son felices cumpliendo sus sueños, ahora imagina ser feliz durante el trayecto también. —Mis palabras resuenan en el aire nocturno, impregnadas de esperanza y determinación—. El amor no tiene por qué ser un obstáculo en la búsqueda de nuestros sueños, sino que puede ser nuestro compañero de viaje, brindándonos fuerza y apoyo en cada paso del camino.
Quizás soy demasiado joven e inexperta para hablar del amor con tanta convicción. Quizás simplemente estoy repitiendo palabras que he escuchado en historias y leyendas.
Pero al final, siento que cada palabra que digo viene de lo más profundo de mi corazón.
Todos cambiamos con el tiempo, y con cada cambio, nuestro entendimiento del amor y de la vida también cambia. Aceptar estos cambios y adaptarnos a ellos es parte de crecer y madurar como personas.
Seguiré avanzando, con el corazón abierto a nuevas experiencias y con la esperanza de que el amor sea siempre mi guía en este viaje llamado vida.
—De la forma en que lo veo, el amor nos acerca más a nuestros sueños, no nos aleja de ellos. —Mis palabras resuenan en el aire nocturno, cargadas de emoción y convicción, mientras me inclino levemente hacia Crusch, buscando transmitirle mi fuerza y mi determinación a través de mi mirada—. Y si alguna vez dudas de ello, aquí estaré para recordártelo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios, llenándome de una sensación de paz y plenitud que solo el amor puede traer.
«Nunca pensé que podría decir algo así, jejeje.»
Crusch se detiene un momento, su cabello esmeralda brillando con los débiles resplandores de las luciérnagas que danzan a nuestro alrededor, como pequeñas estrellas fugaces en la noche.
—Has madurado mucho en solo una noche —comenta Crusch, su voz cargada de admiración y sorpresa.
Dirijo mi mirada hacia adelante, contemplando el bosque que se extiende ante nosotros, maravillándome con la belleza que yace en su interior.
—Fue el transcurso de muchos años y experiencias lo que me llevó hasta aquí —respondo, recordando todo lo que he vivido y superado para llegar a este momento.
Crusch sonríe, y juntas reanudamos nuestra caminata por el bosque. Puedo sentir que estamos cerca, pues el aura de Marco se hace cada vez más intensa a medida que avanzamos.
—Tomaré tus palabras en cuenta, pero ahora concentrémonos en lo que está por venir —dice Crusch, su voz firme y decidida.
Asiento con la cabeza, centrando mi atención en el objetivo que tenemos por delante.
—Sí, es hora de rescatarlo —afirmo, sintiendo una mezcla de determinación y nerviosismo recorrer mi cuerpo.
Finalmente, llegamos a un claro en el bosque, donde una cabaña de madera se encuentra iluminada por la suave luz de la luna. En ese momento, escucho a Otto gritando desde fuera de la cabaña, indicando que Marco debe estar dentro.
Marco debe estar luchando con el poder de Padre Guise en este momento, así como con el collar de miasma que contiene a Betty.
—¡Tienes que ir a verla! —exclama Otto, intentando hacer salir a Marco de la cabaña.
Nosotras nos mantenemos ocultas detrás de un árbol, aunque en este momento eso parece tener poco valor. Marco probablemente ya ha recuperado todos sus recuerdos, tanto los que fueron borrados como los que permanecían ocultos.
—Luan debe estar distrayendo a Garfield con Ram. Otto intentó llevarlo al santuario para que tuvieran privacidad, pero parece que no funcionó —comenta Crusch, preparándose para actuar.
Pongo mi mano en su hombro, mirándola con determinación.
—Yo me encargaré de Marco, tú ve a buscar a Garfield —digo, tratando de transmitir confianza en mis palabras—. Frederica me dijo que su hermano es muy fuerte y estoy preocupada por ellos. Si tú vas, me sentiré más tranquila.
Crusch me mira por unos segundos antes de asentir con la cabeza.
—Lo retendré. Es probable que se dirija hacia aquí, así que lo detendré para que puedas hablar con Marco.
Con un gesto de complicidad, nos despedimos y Crusch se aleja, dejándome sola con mis pensamientos y la creciente agitación de mi corazón.
«Estoy nerviosa», reconozco para mí misma mientras me preparo para enfrentar lo que está por venir.
Comienzo por caminar hacia donde se encuentra Otto. Al escuchar mis pasos, él se voltea con una mirada preocupada que se transforma en una sonrisa plena al verme. Ni siquiera se molesta en preguntar si he pasado la prueba, simplemente se acerca a mí con alegría.
—El muy tonto no quiere salir —dice Otto, encogiéndose de hombros y suspirando agotado—. Garfield está luchando, parece ser bastante fuerte, los animales no se atreven a acercarse. Quizás debería ir a ayudar.
Puedo notar que las piernas de Otto tiemblan levemente, lo que indica que está nervioso. A pesar de su debilidad en términos de magia o fuerza, su ingenio y determinación lo hacen fuerte.
—¿Tienes algún plan? —le pregunto, a lo que Otto simplemente sonríe.
—Pensaba en usar lamictas de fuego, pero no quiero que piense queremos hacerle daño, después de todo, no es nuestro enemigo —responde Otto, sacando pequeñas bolsas de pólvora de su bolsillo—. A los gatos no les gustan los sonidos estridentes, ¿verdad? Quizás pueda utilizarlo a nuestro favor. Veremos qué hacemos en el camino.
Aunque me preocupa enviarlo solo, sé que Ram, Luan y Crusch están cerca, por lo que no debería haber problemas en detener a Garfield si es necesario.
«Si llega a hacerles daño, tendré que tomar medidas», pienso, apretando mi puño mientras considero esa posibilidad.
—Además, creo que sé cómo poner a Garfield de nuestro lado, solo debo ir —añade Otto antes de comenzar a correr, adentrándose rápidamente en el bosque.
Quedo sola, bajo el resplandor intenso de la luna. Me doy media vuelta para dirigirme hacia la cabaña, pero antes de poder avanzar, me encuentro con Ryuzu, una mujer de cabello púrpura y cuerpo pequeño, vestida con un traje negro.
No me percaté de su presencia hasta este momento. Ella extiende sus brazos, indicándome que no puedo seguir adelante.
—Debo detenerte, señorita Emilia —dice con determinación en su mirada, aunque parece que algo la preocupa.
Me agacho con calma, pensando en cómo convencerla. Podría simplemente ignorarla y seguir adelante, pero ese no es el camino que elijo seguir. Su mirada nerviosa parece también estar resignada.
—¿Marco te pidió algo? —pregunto, y ella asiente de inmediato.
Con la mirada fija en el cielo nocturno, ella comienza a abrir lentamente la boca.
—Me prometió darme la ubicación de la madre de Garfield —dice en voz baja, revelando una información que me toma por sorpresa.
Hasta ahora, mi conocimiento sobre Garfield se limita a lo que Frederica me ha contado, pero parece que Marco se adelantó en la búsqueda de su madre.
Con gesto sereno, poso mi mano sobre su cabeza.
—Yo también puedo proporcionarte esa información —le aseguro con una leve sonrisa, tratando de transmitir calma y confianza.
Cuando lo saque Marco de donde está, seguramente estará dispuesto a cumplir su promesa y revelar la ubicación de la madre de Garfield. Podremos organizar el transporte necesario y pagarle un viaje si desea reunirse con ella.
Todo parece resolver fácilmente.
Aprieto mis manos, sintiendo una emoción creciente en mi interior mientras la miro.
Ella me devuelve la mirada, con una intensidad que parece traspasar el alma.
—Soy Ryuzu Shima, una de las copias de Ryuzu Meyer —se presenta, su tono de voz intenta imponerse, pero ante mi falta de intimidación, suspira derrotada—. Hay muchas cosas que se pueden hacer, pero parece que no lo entenderás.
Observo a mi alrededor, sorprendida por la presencia de varias copias de Ryuzu frente a mí. Algunas están a mi lado, otras encima de mí, e incluso unas cuantas en el suelo. A pesar de ello, ninguna de ellas parece representar una amenaza.
—¡Te lo aseguro! —respondo con determinación, sin intención alguna de causarles daño. Marco confiaría en mí para encontrar una solución pacífica.
No necesito recurrir a la violencia, solo debo utilizar las palabras adecuadas.
—Marco no tiene planes de revelarte esa información, está tramando algo más —le advierto, preocupada por la posibilidad de que Marco intente escapar—. ¡Ya he superado una de las pruebas!
Mi declaración parece tomarla por sorpresa, pues observa sus manos con evidente nerviosismo. Sin embargo, parece haber tomado una decisión.
Ryuzu Shima toma a las otras copias de Ryuzu con determinación, antes de señalar hacia la cabaña con gesto serio.
—Puedo ser una anciana, pero no soy fácil de engañar —afirma con firmeza, revelando una determinación que me deja intrigada.
Debo admitir que algo la preocupa más allá de la simple presencia de Marco. Estoy segura de que hay algo más en juego en su relación con él.
—Cuando regrese, me contarás todo, ¿de acuerdo? —le digo con una sonrisa reconfortante—. Estaré aquí para ayudarte en todo lo que necesites.
Aunque sus ojos parecen apagados, reflejando la pérdida de esperanza en su mirada, se nota claramente su preocupación. Aunque el destello de esperanza aún no brilla en ellos, al menos puedo ofrecerle ayuda en lo que me ha pedido.
«Castigaré a Marco si no cumple su promesa, ¡Hmpf!»
—Esperaré con ansias —responde, y su respuesta me devuelve una sonrisa a los labios—. Para ser honesta, tampoco tenía muchas esperanzas. El verdadero Marco parece estar ausente.
—¿Lo conocías? —pregunto, pero ella me sorprende sacando algo de su ropa.
Un periódico, donde se habla de Marco como el héroe que derrotó al culto y también quien hizo un gran logro en la lucha contra la ballena.
—Garfield siempre estuvo emocionado viendo las noticias, quería conocerlo, asi que: traelo a la luz. —Sonríe levemente, haciendo que yo le sonría de vuelta.
Tras sus palabras siento cómo mi corazón se calma. La ansiedad que antes me atenazaba parece disiparse. Cada paso que doy se impregna de determinación. Me acerco cada vez más a la cabaña, y una extraña sensación me recorre.
¿Será acaso el poder de Marco?
Subo los escalones, sintiendo cómo la madera cruje bajo mis pies. Es triste ver que Shima se haya alejado tanto del pueblo; claramente necesita nuestra ayuda lo antes posible.
Me detengo frente a la puerta y levanto la mano para tocar, pero de repente me doy cuenta de que nadie vendrá a abrir.
«Él no quiere verme...» pienso en un primer instante, dejando que la duda se apodere de mí. Pero rápidamente intento superar esa idea.
O tal vez, solo tal vez, él desea ver a alguien más.
A sus padres.
A Betty.
Cierro los ojos, dejando vagar mis pensamientos.
A María.
Con un ligero temblor en mis manos, me acerco a la puerta de la cabaña de madera. La madera áspera bajo mis dedos me recuerda a los días en el bosque de elior.
Cierro los ojos por un momento, intentando calmar mi corazón que late con fuerza en mi pecho. La mera idea de enfrentarme a Marco después de tanto tiempo me llena de nerviosismo y emoción a partes iguales.
Giro lentamente la manija, dejando que la puerta se abra con un ligero crujido. El aroma del té recién hecho y el humo del cigarro llenan mis sentidos, envolviéndome en una atmósfera familiar y a la vez desconocida.
Marco está allí, sentado a la mesa, perdido en sus pensamientos. Su figura se recorta contra la luz tenue que se filtra por las cortinas entreabiertas, y por un momento, me quedo observándolo en silencio.
Sus ojos, profundos y oscuros como la noche, se encuentran con los míos cuando levanta la mirada. Un destello de sorpresa cruza su rostro antes de que logre ocultarlo tras una máscara de indiferencia. Pero yo puedo ver más allá de esa fachada, puedo ver la tormenta de emociones que se agita en su interior.
«No se me ocurre nada que decir».
—Hola… —mi voz suena más débil de lo que esperaba, pero es suficiente para romper el silencio tenso que se ha formado entre nosotros.
«¡Tonta Emilia!»
Intenté decir algo, pero ya lo he arruinado.
«¡Tonta, Tonta!»
Marco levanta una ceja, sus labios curvándose en una sonrisa leve pero no menos cautivadora.
—¿Qué haces aquí? —su tono es un tanto brusco, como si estuviera tratando de ocultar algo detrás de sus palabras.
—He superado la prueba —digo, intentando mantener la compostura a pesar del nudo en mi garganta.
Marco parece auténticamente sorprendido por mi gesto, sus ojos se abren brevemente y sus labios esbozan una mueca de asombro. Sin embargo, esa sorpresa desaparece rápidamente, sustituida por una expresión de indiferencia que oculta sus verdaderos sentimientos.
Su rostro se transforma en una máscara impasible, como si intentara evitar mostrar cualquier emoción que pudiera revelar su vulnerabilidad.
—Felicidades —responde, aunque su voz carece del entusiasmo que esperaba escuchar.
Trago saliva, sintiendo cómo los nervios comienzan a apoderarse de mí. Esta no es la reacción que esperaba, y de repente me siento perdida, sin saber qué decir o hacer para romper el hielo entre nosotros.
Decido acercarme lentamente a la mesa, sintiendo el calor del té que emana de la taza frente a Marco. El aroma dulce y reconfortante del brebaje me reconforta, haciéndome sentir un poco más segura de mí misma.
Miro el cigarro fijamente; luego, extiendo mi mano y lo congelo de inmediato. Marco lo mira, pero no dice nada.
No esperaba ninguna respuesta de su parte, pero al menos siento que está siendo sincero. Esta cabaña, aunque para mí sea un lugar común, tiene un valor especial para Ryuzu u otras personas.
Así como sus palabras tienen un significado importante para mí.
La expresión aburrida en el rostro de Marco no pasa desapercibida. Su mirada parece perdida, como si estuviera buscando algo en el vacío.
Podría recitarle un discurso preparado o intentar persuadirlo con palabras emotivas, tal como me han enseñado. Hay tantas estrategias que podría emplear, pero lo único que realmente me importa es abordar la situación de la manera que sienta auténtica y verdadera para mí.
La forma en la que quiero hacer esto debe tener mi firma.
—¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte? —mi voz suena débil, casi como un susurro, pero sé que Marco puede escucharme.
Él me mira fijamente, sus ojos oscuros buscando los míos en busca de algo que no puedo identificar. Por un momento, hay una chispa de algo en su mirada, un destello de emoción que se desvanece tan rápido como apareció.
—No, Emilia. No hay nada que puedas hacer —responde, su voz más dura de lo que esperaba.
Me siento desanimada por su respuesta, pero decido no rendirme tan fácilmente. Sé que algo no está bien con Marco, y no voy a dejarlo solo en su lucha interna.
Marco, con su usual confianza, parece siempre encontrar la manera de brindar apoyo a los demás, para él es fácil ver las emociones de las personas. A diferencia de él, para mí resulta un desafío, pero estoy decidida a hacer todo lo posible por ayudarlo.
Sin embargo, ¿cómo se ayuda a alguien que ha cometido actos tan horribles? Cuando planteo esta pregunta, Marco me mira con una sonrisa arrogante, como si estuviese leyendo mis pensamientos.
—¿Por qué debería responder a eso? Al final, ya no importa —responde Marco, desviando la mirada hacia algún punto lejano en la tenue cabaña.
Sacudo la cabeza resignada, consciente de que Marco no está interesado en discutir sobre su pasado. A pesar de ello, siento la necesidad de continuar.
—Ya superé la primera prueba, estoy segura de poder superar las otras dos —le informo, tratando de mantener la esperanza.
Sin embargo, en lugar de recibir una respuesta alentadora, Marco se levanta con brusquedad, sus ojos destellan con furia mientras se encuentran con los míos. Ante mi persistencia, desvía la mirada y me da la espalda.
—Deja de darte libertades. Todo lo que he hecho forma parte de mí. El monstruo en mi interior siempre ha estado presente —declara Marco, dirigiéndose hacia la ventana como si buscara respuestas en el horizonte—. Mi pasado está claro, alguien como yo no merece redención.
Mis pasos rápidos me acercan a él, y sin pensarlo, coloco mi mano en su hombro en un intento de consolarlo.
—Eso puede haber cambiado. Incluso si cometiste errores en el pasado, no define quién eres ahora… —intento tranquilizarlo.
¡Slap!
El golpe repentino de Marco aparta mi mano con fuerza, su expresión derrotada trata de desestabilizarme.
A pesar del dolor y la decepción, me mantengo firme, decidida a seguir adelante.
—¡Yo hice todo eso! —exclama Marco, llevándose las manos a la cabeza antes de mostrarme sus palmas abiertas—. ¡Con mis propias manos!
Aunque sus palabras son duras, sé que también hay dolor detrás de ellas. Trato de encontrar las palabras adecuadas para hacerle entender.
—Estabas siendo manipulado. Sé que lo puedes reconocer —respondo, mirándolo con compasión—. No tenías control sobre tus acciones.
Marco sostiene el collar, un símbolo de su pasado que seguro le trae recuerdos dolorosos.
Suspira, como si estuviera debatiéndose entre el arrepentimiento y la resignación. Luego, mira hacia el collar, como si tratara de encontrar consuelo en él.
—Puede que tengas razón, pero eso no cambia el hecho de que... —comienza Marco, pero se detiene antes de terminar la frase.
—No tienes que cargar con todo eso solo, Marco. Estoy aquí para ti, para ayudarte a superarlo juntos —le aseguro, poniendo una mano en su hombro en un gesto de solidaridad.
Marco parece sorprendido por mi afirmación. Sus ojos encuentran los míos, buscando algo que quizás aún no puede expresar con palabras.
Marco se aleja, caminando hasta acercarse a la mesa en el centro de la sala.
—No puedo aceptarlo, Emilia. Soy un monstruo, y no puedo esperar que tú... —sus palabras se desvanecen, llenas de tristeza y auto rechazo.
No es el mismo, eso está claro. No sé qué oscuridad pueda albergar en su interior. Sin embargo, estoy segura de que tienen el mismo origen.
—Lo sabes, Marco. Alguien más ha estado manipulándote, tus acciones no fueron completamente bajo tu control —afirmo, buscando su mirada, pero él desvía la vista con furia—. Pero eso no te hace un monstruo.
Marco mira hacía la mesa, el pocillo de té humeando; esperando a ser consumido.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —responde Marco con amargura, sus manos apretadas con fuerza—. ¿Qué sabes tú del monstruo que habita en mí?
Sus palabras me golpean como un puñetazo en el estómago. Trago saliva, luchando por encontrar las palabras adecuadas.
Al final, si se mucho.
—Yo lo vi, Marco, por eso sé que no eres el único responsable. Me costó entenderlo, me cuesta aceptarlo, pero sé que no por eso tienes que ser un miserable. Después de todo, ese no eras tú.
No pude verlo antes, no entendía lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Ahora, con las revelaciones de sus padres, todo cobra sentido. El miedo de Marco, su visión fatalista de sí mismo.
—No puedes comprenderlo, Emilia. No puedes entender el dolor que he causado, la oscuridad que me consume —murmura Marco, con la voz cargada de desesperación.
—Lo entiendo, y por eso puedo estar aquí para ti, puedo ayudarte a enfrentar a ese monstruo —insisto, acercándome con cautela—. No tienes que luchar solo, Marco. Estoy aquí, contigo.
Lo miro a los ojos, intentando transmitir mi determinación.
Sus ojos, llenos de tormento, se encuentran con los míos por un instante antes de apartarse con brusquedad.
—¡No, Emilia! ¡No entiendes! ¡Nadie puede entender! —grita Marco, su voz llena de amargura y desesperación—. Soy un monstruo, y siempre lo seré.
Cada palabra suya es como un cuchillo que se clava en mi corazón, pero no puedo rendirme.
—Pero no tienes que serlo, Marco. Puedes elegir ser diferente, puedes elegir luchar contra esa oscuridad —le digo con voz temblorosa, luchando por contener las lágrimas que amenazan con brotar.
—¿Y qué si no quiero luchar? ¿Y qué si prefiero rendirme ante la oscuridad que habita en mí? —responde Marco con resignación, sus ojos llenos de dolor y autodesprecio—. Luchar contra esa oscuridad solo hizo que todos murieran, luchar contra ella; creyendo que hacía el bien, solo hizo que Beatrice muriera.
Siento un nudo en la garganta al escuchar sus palabras. No puedo permitir que se rinda, no puedo dejar que la oscuridad gane.
—Porque eres más fuerte que eso, Marco. Eres más que tus errores, más que tu pasado —le digo con voz firme, acercándome un poco más—. Y yo estaré aquí para ayudarte a recordarlo, aunque tú no puedas verlo ahora mismo.
Sus ojos, llenos de dolor y confusión, se encuentran con los míos por un instante antes de apartarse de nuevo, esta vez con resignación.
—Lo siento, Emilia. Pero no puedo aceptar tu ayuda. No puedo aceptar nada de nadie, ni siquiera de ti —murmura Marco, su voz llena de tristeza y desesperación—. Soy un monstruo, y es hora de que empiece a actuar como tal.
El corazón se me encoge al escuchar sus palabras, pero sé que no puedo rendirme. No puedo dejarlo solo en su oscuridad, no cuando sé que aún hay una chispa de luz dentro de él.
—No, Marco, tú sabes que no es así. Sabes que el miasma no puede ser una excusa para justificar tus acciones —respondo con firmeza, mis ojos buscando los suyos con determinación. El me mira sorprendido ante mis palabras, probablemente no esperase que conociera todo su secreto—. Tu error fue aliarte con el mal, ese fue tu verdadero error. Aunque fue una elección apresurada, sé que no tenías otra opción en ese momento. Pero eso no te convierte en un monstruo.
La tensión en la habitación es palpable mientras nuestras miradas se enfrentan. Marco parece estar luchando internamente, sus manos apretadas con fuerza a su lado.
—¡YA BASTA! —de repente, Marco avanza hacia mí, sus manos agarrando mis hombros con fuerza.
El peso de su mirada, cargada de odio y desesperación, se siente como una losa sobre mis hombros.
Ya no puedo soportarlo más.
—¡Yo lo sé! —exclamo, empujándolo con todas mis fuerzas, haciendo que caiga al suelo con un golpe sordo. Su expresión de sorpresa me hace darme cuenta del impacto de mis palabras—. ¡Yo lo sé, Marco! ¡Sé todo lo que has sufrido!
El silencio se cierne sobre nosotros mientras nuestras respiraciones entrecortadas llenan la habitación. Puedo ver el tormento en los ojos de Marco, la lucha interna que está librando consigo mismo.
—¡Marco, despierta! —me lanzo sobre él, sujetándolo por la chaqueta con determinación—. ¡Deja de huir de tus emociones, deja de escapar de tu realidad!
Sus ojos, antes llenos de dolor y desesperación, ahora están abiertos de par en par, incapaces de articular palabra alguna. Siento que finalmente estoy llegando a él, que estoy rompiendo esa barrera que ha construido a su alrededor.
—¡Esta bien que sufras, Marco! —le digo con un tono lleno de fuerza y determinación—. ¡Deja de pensar que eres el único que no puede cometer errores! ¡Deja de pensar que tienes que cargar con todo el peso del mundo sobre tus hombros!
La habitación se llena con el eco de mis palabras, y por un momento, puedo ver una chispa de esperanza brillando en los ojos de Marco.
Aunque es disipada rápidamente por su tormentosa alma.
Marco me mira con una intensidad que corta el aire entre nosotros. Sus ojos, oscuros y tormentosos, reflejan la tormenta que agita su alma. Cada línea de su rostro está marcada por la tensión, y sus puños apretados revelan la lucha interna que libra.
—¡Soy un inútil! —las palabras brotan de sus labios con una mezcla de furia y desesperación, su voz temblorosa apenas logra contener el torrente de emociones que amenaza con desbordarse—. Por más esfuerzo que realice, mi mera existencia desemboca en la muerte de seres humanos. Quise mantenerme fuerte, manifestar esperanza, pero los recuerdos de mi pasado emergen deshaciendo toda fuerza en mí.
Puedo ver cómo sus manos se aferran a cualquier cosa a su alcance, como si estuviera buscando desesperadamente algo en qué apoyarse para no desmoronarse por completo. Cada músculo tenso en su cuerpo parece estar al borde de la ruptura, y su respiración agitada lucha por encontrar un ritmo estable.
—No hay forma —continúa, su voz ahora apenas un susurro cargado de dolor. Marco camina de un lado a otro, toma algún objeto y lo vuelve a poner en su lugar—. Por más que lo intente, no puedo escapar de lo que fui. —Pone sus manos en su rostro, para luego pasarla por su cabello con desesperación—. El peso de mis acciones, el eco de mis errores, todo ello me arrastra hacia abajo, hacia la oscuridad de mi propia alma.
Marco se tambalea ligeramente, como si el peso de sus palabras fuera demasiado para soportar. Puedo ver cómo lucha por mantenerse en pie, cómo sus piernas tiemblan bajo el peso de su propio sufrimiento.
Este se apoya en la pared, mira la ventana, recorre la casa. No sé qué es lo que está buscando, sin embargo, pronto haré que lo encuentre.
Quiero correr hacia él, envolverlo en mis brazos y ofrecerle consuelo, pero sé que eso no bastará para sanar las heridas que lo consumen.
—Soy un error —susurra, sus palabras apenas audibles sobre el rugido del viento que parece haberse levantado a nuestro alrededor—. Un "y si" que nunca debió existir. Si tan solo las cosas hubieran sido diferentes, si tan solo yo no hubiera venido a este mundo…
Sus palabras se pierden en el aire, pero su dolor resuena en cada rincón de la habitación.
Quiero decirle que está equivocado, que sus acciones no definen quién es, pero sé que es inútil. En este momento, Marco está atrapado en la vorágine de su propio sufrimiento, y yo soy incapaz de rescatarlo.
Mientras habla, sus puños golpean con furia la pared cercana, dejando marcas en la superficie.
La habitación parece vibrar con la fuerza de su ira, y el sonido retumba en mis oídos como un eco de su tormento interior. Estoy paralizada por la magnitud de su dolor, incapaz de hacer otra cosa que mirar impotente mientras se consume ante mis ojos.
O eso sería si fuese mi yo antigua.
—¡YA BASTA! —grito, mi voz resonando en la habitación con una fuerza que no sabía que poseía—. No eres un error, Marco. Eres un ser humano, con todas tus virtudes y tus defectos. No puedes cambiar tu pasado, pero puedes elegir cómo enfrentar tu futuro.
Aunque sea una luz débil en la oscuridad, debo intentarlo. Porque si hay algo que he aprendido, es que incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una chispa de esperanza que puede encender un fuego capaz de iluminar incluso la noche más oscura.
—Si no hubieses venido a este mundo, Irlam nunca se habría salvado del ataque de las mabestias, nunca habríamos logrado derrotar a la ballena blanca —mi voz resuena con determinación, intentando transmitirle la importancia de su existencia en este mundo.
El gira su mirada hacía mí. Sus ojos trasmiten una culpa, un dolor que no comprendo aún. Algo que no puedo entender, trasmiten emociones tan fuertes que, por un instante, siento que estoy de vuelta en esa fría sala de cine.
Marco aprieta los puños con tal fuerza que los nudillos se tornan blancos, y un golpe seco retumba en la habitación cuando golpea la mesa cercana con un gesto brusco, como si quisiera descargar toda su frustración en ese simple acto.
—¡Si yo no hubiese venido, si hubiesen traído a otra persona! —sus palabras brotan cargadas de amargura, mientras sus ojos destellan con una mezcla de rabia y desesperación. Camina hacía la mesa de madera, su mirada fija en sus manos apretadas. Luego, las extiende para dar un fuerte manotazo a la mesa—. ¡Si tan solo no hubiese existido!
Me lanzo hacia él, agarrando su brazo con determinación y obligándolo a enfrentarme cara a cara, deseando con todas mis fuerzas que pueda percibir el amor y la esperanza que emanan de mi mirada.
—Él hubiera no existe —mi voz suena firme pero suave, decidida a romper las cadenas de su autodesprecio—. Lo importante para mí es que estás aquí, que te conocí, que hemos pasado por tantos problemas que me costaría enumerarlos, pero también hemos compartido momentos de felicidad que valen más que todo el sufrimiento del mundo.
Cierro los ojos por un instante, dejando que la memoria de Betty y Puck inunde mi mente.
Sonrío con melancolía ante los recuerdos de los momentos felices que compartimos, y sé que es por ellos que debo seguir adelante, que debo encontrar la fuerza para ayudar a Marco a superar este oscuro momento.
—Marco, Betty está viva, tú lo sabes —susurro lleno de esperanza, pero él niega con la cabeza con desánimo, como si no pudiera permitirse creer en esa posibilidad.
—Yo no, yo no puedo más —muerde su labio, su voz es un murmullo apagado, y su mirada perdida refleja la rendición que siente en su corazón, como si ya hubiera aceptado su destino—. Yo ya estoy muerto.
—¡Ya has vuelto de la muerte! —mi voz suena más fuerte ahora, llena de determinación y compasión. Su mirada se fija en mí, tan profunda, su sorpresa parece ser tan grande que es como si estuviese hondando en un gran secreto en tu corazón—. Tu padre me lo dijo, toda la historia. Él confía en ti, y yo también lo hago. Tienes la fuerza para superar esto, Marco, lo sé.
Rápidamente le cuento lo que sé, viendo cómo su sorpresa se refleja en sus ojos. Parece que había bloqueado esos recuerdos por completo, pero ahora es el momento de enfrentarlos y aceptarlos.
Marco baja la mirada, suspirando con resignación, como si el peso de su pasado fuera demasiado grande para él.
—Yo no puedo más. He sido un monstruo, todo este tiempo —sus palabras son un susurro lleno de autodesprecio, y su voz tiembla ligeramente—. No soy más que un ser despreciable que hace que todo a su alrededor fallezca. Todo lo que tengo en mis manos es la sangre de las personas que amo, por ello, lo único que merezco es la muerte.
Sin pensarlo, sin poder contenerme más, le abofeteo con fuerza y lo agarro de la chaqueta con determinación, queriendo sacudirlo y hacerle entender. Dejo salir mi rabia contenida, dejo salir la frustración de Marco a través de mis palabras.
—¡No permitiré que pronuncies esas palabras nuevamente! —mi voz suena temblorosa, pero llena de determinación y amor. Lo miro de frente, y exaltándome, le grito—: ¡No te atrevas a hablar así del Marco que amo! Eres mucho más que tus errores, eres una persona valiosa y digna de amor.
Bajo mi cabeza, ocultando mi rostro sonrojado. Tras unos segundos lo vuelvo a ver, determinada a mostrarlo por completo.
Mi corazón late con fuerza en mi pecho mientras fijo mi mirada en sus ojos, sintiendo cómo un cambio se produce dentro de mí.
No puedo permitir que Marco se rinda, no puedo dejar que su autodesprecio lo consuma. Estoy decidida a ayudarlo a encontrar la luz dentro de la oscuridad que lo rodea, porque sé que juntos podemos superar cualquier obstáculo y encontrar la felicidad que tanto merecemos.
Marco desvía su mirada, y siento cómo un muro se alza entre nosotros, separándonos más que nunca.
Entonces, lo romperé ahora mismo.
—¡Mírame a los ojos cuando te hablo! —exclamo con vehemencia, aunque mi voz tiemble por la avalancha de emociones que me abruman. Estoy enfadada, triste, desesperada, pero, sobre todo, llena de un amor que se niega a dejarse opacar por la oscuridad que lo rodea—. Quiero que me mires a los ojos y te atrevas a decírmelo en la cara.
Los ojos de Marco buscan refugio en algún punto indeterminado del horizonte, pero se quedan fijados con los míos. La oscuridad en ellos, que parece tan revuelta que no se puede ver más allá.
—Tú eres Marco Luz, el faro que guía a todos cuando se pierden en la oscuridad, el consuelo de los desamparados, la esperanza en tiempos de desesperación —mis palabras fluyen con una intensidad que viene del corazón, mis lágrimas dibujan un sendero por mis mejillas—. Cada acto de bondad que has realizado ha sido como una pequeña estrella que ha iluminado la noche más oscura en la vida de alguien.
Los recuerdos de todas las vidas que ha tocado con su bondad inundan mi mente, creando un mar de emociones que amenaza con ahogarme.
—El amor que has dado ha dejado una huella imborrable en el corazón de cada persona que has tocado, aunque tú mismo no lo hayas percibido —mi voz suena ahora como un susurro cargado de ternura y comprensión—. Cada sonrisa que has regalado, cada gesto de amabilidad ha sido como un rayo de sol en un día nublado.
Todos lo tratan con respeto y cariño. Todos van cuando el da clases en la academia en sus tiempos libres, e incluso, lo invitan a comer en cualquier momento solo andar por la calle.
Todas las puertas de Irlam están abiertas para él.
Sé que está luchando contra sus propios monstruos, pero también sé que hay una parte de él que anhela la luz.
—Ya lo sé, Marco Luz —le digo con suavidad, acercándome un poco más a él—. Conozco tus heridas, tus cicatrices, pero también conozco tu capacidad para sanar y para irradiar amor y compasión.
Una única lágrima se desliza por su mejilla, una lágrima que lleva consigo el peso de todas sus emociones.
Es una lágrima que carga con la tragedia de su pasado, con el peso de ser Marco Luz en un mundo oscuro y hostil. Es una lágrima que refleja el dolor, pero también la esperanza que aún late en lo más profundo de su ser.
Es una lágrima que simboliza su lucha interna, su constante batalla contra sus propios demonios. Y en esa lágrima, en ese pequeño destello de luz en medio de la oscuridad, veo reflejado todo su ser, toda su esencia como ser humano.
—Marco, no hay mayor inteligencia que la del corazón —le digo con sinceridad, colocando mi mano sobre su pecho para que sienta el latir de su propio amor—. Y tu corazón es tan grande y luminoso que puede iluminar incluso la más profunda de las tinieblas.
Nuestros corazones laten al unísono, como dos estrellas que brillan en la negrura del universo, recordándome que el amor siempre prevalecerá sobre la oscuridad.
—Tu autodesprecio, tu sacrificio por los demás, son parte de lo que te hace único —mi voz tiembla ligeramente, pero sostengo su mirada con determinación mientras mi corazón late con fuerza, intentando transmitirle todo mi amor y comprensión—. Yo también he luchado contra mis propios demonios, pero sé que no es necesario seguir atrapado en esa oscuridad.
Marco desvía la mirada por un momento, pero luego vuelve a encontrarse con la mía, sus ojos reflejando un mar de emociones.
Por fin, ya no hay solo oscuridad.
—Cada vez que te veo, cada vez que siento tu presencia, percibo ese dolor que llevas dentro, ese deseo de ser aceptado y amado —mi voz se quiebra ligeramente, pero continúo hablando con sinceridad—. Pero ya tienes eso, Marco. Tienes el amor de Betty, el cariño de la gente de Irlam, el aprecio de tus amigos, y, también… —me sonrojo, sintiendo que mi cara se está incendiando, pero aun asi lo digo—: tienes mi amor.
Aunque la idea de no ser correspondida me duele profundamente, me obligo a seguir hablando.
—Marco, no pretendo ser alguien muy inteligente —admito con humildad—. No tengo tu capacidad para penetrar en la profundidad de las personas, a veces ni siquiera puedo ver lo que tengo delante de mis ojos. Pero lo único que puedo hacer es escuchar y tratar de ayudar.
Una lágrima se escapa de mis ojos, pero no me detengo.
—Deja de pensar que eres un monstruo, porque no lo eres. Eres un ser humano que ha atravesado por momentos difíciles, pero eso no te define —mi voz se llena de determinación.
Un niño que se vio obligado a crecer rápidamente, que vivió cosas que nadie querría vivir. Que se convirtió en un hombre creyendo que ser un monstruo era la única forma de sobrevivir.
—Eres un hombre valiente, compasivo y amoroso, y mereces reconocer eso en ti mismo.
Me acerco un poco más, sintiendo el latir de mi corazón resonar en cada palabra.
—Tú eres la persona que me ha salvado, que me ha mostrado la verdadera bondad y el amor incondicional —mi voz se quiebra un poco más, pero continúo—. Eres la razón por la que sigo adelante cada día, la luz en mi vida que me da esperanza y fuerza para seguir luchando.
Marco aprieta sus manos con tanta fuerza que sus nudillos se vuelven blancos, como si estuviera tratando de contener todo el torrente de emociones que lo abruma. Suelta un profundo suspiro, como si estuviera dejando escapar parte del peso que lleva sobre sus hombros.
—Yo no soy una buena persona. Si me hacen algo mal, busco cómo devolverlo al doble. He pensado en matar como si fuera algo normal. He normalizado tanto las emociones negativas que siento que algo horrible se esconde en mí —confiesa Marco, con la voz cargada de angustia y auto condena—. No lloré la muerte de mis padres, no lloré cuando maté a María.
Niego con tristeza, comprendiendo la profundidad de su tormento.
—No has llorado, pero no necesitas lágrimas para sufrir su pérdida, esa sola lagrima es suficiente. —Me acerco a él, sintiendo la calidez de su presencia en medio del silencio nocturno y el suave resplandor de la luz que se cuela por la ventana—. Además, de bebé eras un llorón.
Sonrío, intentando hacerlo sonreír para aliviar la carga de su confesión. Se que la situación es mucho más seria de lo que puedo expresar con palabras, pero asi es como los padres de Marco lo hubiesen querido.
Y así es como yo también quiero hacerlo.
Marco sonríe levemente, probablemente al imaginarse la situación.
—Has dicho tantas palabras reconfortantes, has ayudado a tanta gente a sentirse bien. Das tantos consejos, pero también necesitas aplicarlos para ti mismo —le digo con sinceridad, tratando de ofrecerle un rayo de esperanza en medio de su oscuridad—. Marco Luz, eres un ser humano común y corriente. Eres cálido cuando estás feliz, distante cuando estás triste. Cuando te enojas, buscas formas de liberar el estrés sin que te vean. Cuando estás nervioso, aprietas tus manos para aliviar la tensión. Hasta tal punto que muchos de nosotros hemos adoptado tus hábitos.
Su influencia en todos nosotros es innegable, pero también lo es su humanidad y sus propias luchas internas.
—Tienes emociones, como todos nosotros. Es normal sentir miedo de mostrarlas, pero no tienes que enfrentarlas solo —digo, mientras tomo sus mejillas entre mis manos, buscando conectar con él a un nivel más profundo—. Déjanos ayudarte, déjame ayudarte.
En este momento, somos solo él y yo, compartiendo un momento de vulnerabilidad y conexión.
—La barrera que tenías se ha roto, así que deja que todo salga. Deja que las palabras fluyan y libera lo que está dentro de ti —le insto, sintiendo la conexión entre nosotros mientras toma mi mano con la suya—. Deja de creer que eres un monstruo por sentir de forma diferente. Deja de tratar de convertirte en lo que crees que los demás necesitan. Deja de pensar que no puedes ser tú mismo. Deja de creer que eres solo debilidad.
Ambos, mirándonos el uno al otro, yo tratando de transmitirle todo mi apoyo y amor en este momento de necesidad compartida, y el, intentando dejar salir lo que oculta su interior.
En esta noche, bajo el resplandor de la luna, ambos enfrentamos el mismo dolor; cada uno a nuestra manera. Puede que no tenga sentido, pero, tal vez no necesite tenerlo.
Lo único importante es que estamos juntos, luchando contra nuestras propias batallas y encontrando consuelo en la presencia del otro.
El corazón late desbocado en mi pecho mientras escucho las palabras de Marco, cada una resonando en lo más profundo de mi ser. Sé que este es un momento crucial, un punto de inflexión en nuestra relación, y no puedo evitar sentirme abrumada por la intensidad del momento.
—¡Tengo miedo! Es la verdad, no puedo evitar sobre analizar cada situación, preocuparme en exceso por cómo salir adelante, incluso cuestionar la lealtad de aquellos que están cerca de mí. ¡No fui capaz de confiar en ti! —Marco me mira, su voz llena de pesar y sus ojos cristalizados reflejan su vulnerabilidad, pero también su fuerza al enfrentar sus propios demonios—. Solo anhelaba ser alguien común y corriente, llevar una vida tranquila. Solo quería ser feliz, no presenciar la muerte de mi antigua amada, de mis padres, de mis amigos, todo por las decisiones que tomé, los corazones que destrocé. Aunque casi todo eso haya sido borrado, sigue siendo una realidad de lo que soy capaz de hacer. Sin duda, fui responsable de la muerte de María, vi partir a mi madre, abandoné a mi padre, incluso mis amigos llegaron a desear mi muerte. Me aterra enfrentarme al monstruo que habita en mi interior. Por eso, debo reprimir todo eso que siento, o me convertiré nuevamente en el mismo monstruo de antes.
Sin pensarlo, lo rodeo con mis brazos, aferrándome a él con todas mis fuerzas como si pudiera protegerlo de sus propios demonios. Marco es un ser humano, lleno de sueños y lamentos, y aunque sus palabras sean duras de escuchar, son la prueba de su humanidad.
—Yo pasé la prueba, Marco. Jamás permitiré que te conviertas en alguien quien no eres —le digo con determinación, sintiendo el latido de su corazón sincronizarse con el mío—. Donde estés, yo estaré contigo. Seamos fuertes juntos, seamos débiles juntos, seamos tristes juntos, seamos felices juntos.
Su sorpresa es evidente en su mirada, pero no vacilo. Sé lo que siento, y estoy dispuesta a luchar por nuestra felicidad.
—Todo lo que quiero es verte feliz. Por eso lucharé, lucharé por la felicidad de ambos —le aseguro, sintiendo cómo mi corazón late con fuerza en mi pecho—. Ya has dejado salir todo lo que te atormentaba, ahora eres libre.
Mis ojos se posan en sus labios, y una oleada de nervios me recorre de pies a cabeza.
«¿Cómo reaccionará?»
«¿Será capaz de corresponder mis sentimientos?»
Lo sostengo con firmeza, para impedir que se aleje de mí.
—Alejate si no quieres —le digo con firmeza, aunque mi corazón tiembla de temor.
Mis labios buscan los suyos con timidez, temblando de anticipación y emoción. No puedo evitar pensar en todas las posibilidades, en todas las emociones que este beso puede desencadenar.
«No puede ser, no puede ser, no puede ser...»
Observo sus labios detenidamente. Mi corazón late con fuerza, clamando por lo que está por suceder. No puedo apartar la mirada de ellos, ahora que entiendo el profundo significado que encierran.
«¿Sentirá él lo mismo que yo durante la prueba?». Los nervios me invaden, me tiemblan las manos y me pregunto cómo reaccionará.
«¿Me rechazará?»
«¿Tengo los labios secos?»
Mi mente no cesa de pensar en todo tipo de cosas. Me acerco lentamente, sintiendo su presencia cercana, pero aflojo un poco mi agarre, no quiero presionarlo.
«¿Sabré hacerlo bien?» Mis nervios aumentan a medida que me acerco más. Marco simplemente me observa, como si estuviera esperando algo.
«¿Y si dice que no sé hacerlo?» Descarto esa idea de inmediato, porque sé que Marco no es un hombre grosero.
«¡Concéntrate, Emilia!»
Me concentro, intentando apartar todas las distracciones y centrarme en este momento único.
«¿Qué fue lo que comí antes?»
—Una vez me dijiste que debíamos empezar desde cero, pero eso nunca será cierto —susurro con la respiración entrecortada, sintiendo su presencia tan cerca de la mía—. Nuestra historia empezó desde que te conocí, y no hay nada que pueda borrar eso.
Marco no dice una palabra, pero su sonrisa lo dice todo. Sus ojos brillan con anticipación, como si estuvieran ansiosos por lo que está por suceder. Coloco mi mano sobre su pecho, sintiendo el suave latir de su corazón bajo mis dedos.
Quizás él no haya llorado, quizás no haya experimentado lo mismo que yo, pero ahora puedo comprenderlo.
Cada uno tiene su propia manera de enfrentar el dolor, de expresar sus sentimientos. Y en este momento, solo puedo alegrarme si las cosas funcionan, aunque no sea exactamente como lo imaginé.
Inclino ligeramente mi cuerpo hacia adelante, acercándome aún más a él. Puedo sentir su respiración cálida en mi rostro, su presencia tan cerca de la mía.
«No puede ser, no puede ser, no puede ser», repite mi mente una y otra vez, pero sé que este momento es real.
—No estamos comenzando desde cero, simplemente seguimos avanzando —susurro, dejándome llevar por completo por mis emociones—. La vida continúa su curso, y quiero aprovechar cada momento para estar contigo.
Cierro los ojos, inhalando profundamente como he visto hacer en las películas y los libros.
Entonces...
En un instante efímero, el mundo parece detenerse a mi alrededor al sentir el ligero roce de sus labios. Es como si todo el universo convergiera en ese simple contacto, y mi cuerpo responde de manera instintiva, como una mariposa que emerge de su capullo, desplegando sus alas ante la promesa del vuelo.
Un torrente de sensaciones me invade, cada fibra de mi ser se enciende con una energía abrasadora que recorre mi piel y enciende el fuego de mi corazón.
«Me estoy quemando»
Es un calor ardiente que se expande desde el epicentro de mis labios hasta el último rincón de mi ser, una llama que consume toda duda, todo temor, dejando solo la certeza de este momento único.
Entonces, nuestros dedos se entrelazan con suavidad, acariciándose con ternura en una danza silenciosa que habla sobre nuestras emociones. Las que Marco ha decidido liberar, las que estuvieron en mi hasta que por fin tuvieron su valor.
Se lo estoy entregando, cumpliendo mi palabra con el padre de Marco.
Le entrego el pincel, le entrego los colores.
—No dejes de abrazarme. —le susurro, mirándolo con deseo, deseando que se aferre a mí, deseando aferrarme a él.
Siento que soy ligera, que puedo caminar en las nubes. No quiero que deje de abrazarme, ya que, si deja de hacerlo.
Quizas vuele hasta la luna.
Marco sonríe, tomándome de la cintura con firmeza.
Sus manos viajan por mi cintura, acarician mi espalda y me acercan más a él.
Cuando nuestros labios se encuentran de nuevo, es como si el tiempo se detuviera y el mundo entero desapareciera, dejándonos a solas en un universo paralelo donde solo existimos nosotros dos.
Y en medio de este torbellino de emociones, puedo sentir su esencia impregnando la mía, como una fragancia embriagadora que se adueña de mis sentidos.
«Sabe a te de hojas», rio en mi interior. «Mi primer beso sabe a té de hojas».
Mis manos se deslizan por su espalda, explorando cada centímetro de su piel con una delicadeza reverencial, como si estuviera descubriendo un tesoro oculto.
Las lágrimas brotan de mis ojos, pero no son lágrimas de tristeza, sino lágrimas de pura dicha, de gratitud por este instante de plenitud compartida. Y cuando siento su mano acariciando mi mejilla, aceptando este acto de entrega y amor, mi corazón se desborda de felicidad. Entonces intento ir más allá, pero…
«¡Sus dientes!»
Un gran rubor tiñe mis mejillas mientras me doy cuenta de mi error, pero en lugar de alejarse o corregirme, Marco me permite seguir adelante, como si entendiera que este pequeño tropiezo es solo una parte de mí.
Sé que este es el lugar donde pertenezco, junto a él, en este abrazo. Somos dos seres fundiéndonos en uno solo, dos corazones latiendo al unísono en esta danza celestial.
Intenté pintar tu lienzo, pero aquí estas; llenando de colores el mío.
Nuestros cuerpos se mueven con armonía, acercándose y alejándose en una coreografía perfecta que habla el lenguaje del deseo y la pasión. Cada roce, cada contacto, es una caricia que enciende el fuego de nuestra pasión, una chispa que viva la llama del amor que arde en mi corazón.
No sabía nada sobre el amor; no sabía nada, y ahora siento que lo sé todo.
Y cuando finalmente nos separamos, siento como si hubiera perdido una parte de mí misma, como si una parte de mi alma se hubiera desprendido y quedara flotando en el aire entre nosotros.
Pero en medio de ese vacío, también hay una sensación de plenitud, de haber tocado el cielo con las manos y haber experimentado la eternidad en un instante.
Nuestras manos se entrelazan de nuevo, buscando consuelo y seguridad en el contacto del otro. Y en este momento, sé que estoy exactamente donde debo estar, en sus brazos, junto a su corazón, en este rincón del universo que hemos creado juntos.
Entonces me doy cuenta, estoy jadeando, el aire que falta en mi rápidamente intentando volver a mis pulmones.
—A veces puedes dejar de respirar, además, estas roja como un tomate. —Este me toma de los hombros, mirándome fijamente con una sonrisa.
Mientras jadeo por el esfuerzo y tomo bocanadas de aire, puedo sentir la risa burbujeando en mi pecho, una risa liberadora que brota de lo más profundo de mi ser.
—¿De quién crees que es la culpa? —respondo, mostrándole mi lengua de forma burlona, para luego volver a mirarlo con una sonrisa cómplice.
Ambos nos quedamos mirándonos fijamente, sumidos en un silencio cargado de emociones. Marco sostiene mi mirada con intensidad, y siento cómo mi corazón late con fuerza, como si estuviera a punto de salir disparado de mi pecho.
Por un instante, siento el impulso de huir, pero también de abrazarlo con fuerza.
—Hubo un momento en el que nuestras vidas se entrelazaron, pero sé que ahora no es el momento adecuado para obtener una respuesta. —Mis labios curvan una sonrisa, aunque siento un ligero punzón en mi corazón.
No quiero presionarlo ni apresurarlo. No quiero ponerle grilletes, solo quiero mostrarle lo que hay dentro de mí, lo que siento por él.
Lo amo, pero no por eso lo obligaré.
Sé que necesita tiempo para sanar, para que, cuando lo haga; su amor sea tan puro como lo sintió una vez.
O incluso más que eso.
—No me iré a ningún lado, así que puedo esperar. —Mis palabras son sinceras, no hay razón para apresurarme. Aunque mi deseo de seguir besándolo y hacer cosas que antes no haría existe, sé que habrá tiempo para eso.
Cuando Marco esté listo y me corresponda, sé que seré más feliz que si lo obligase ahora.
Que nuestro amor sea recíproco, eso es lo que más deseo.
—Por eso te esperaré, a que puedas sanar. —Le guiño un ojo, acercándome de nuevo a él. Con delicadeza, mi mano acaricia su nariz—. Verás que me adentraré tanto en tu corazón que no podrás apartar los ojos de mí.
«¡No puedo creer que haya dicho eso!», grito internamente mientras lo miro nerviosa, esperando sus palabras.
Estoy feliz, nunca había sentido tantas emociones al mismo tiempo.
Pero, sobre todo, la felicidad que siento en este momento es abrumadora.
—Yo creí que el amor era algo imposible, que estaba destinada a sufrir en soledad. —Marco niega con la cabeza—. Pero ahora sé que nunca estuve solo. En aquel entonces no pude reconocerlo. Me di cuenta en la capital; sobre tus sentimientos, pero no quería si quiera pensar en ello.
Asiento levemente, viendo cómo Marco ha percibido mis sentimientos incluso antes que yo misma.
«Es un malvado…»
—A pesar de todo, has sido valiente, y después de Beatrice, eres la persona a la que más quiero, aunque ahora tendré que verte de manera diferente. —Sonrío, compartiendo su sentimiento—. Te lo prometo, sé que a partir de ahora empezaré a cambiar, veré las cosas con una nueva perspectiva. No puedo darte una respuesta definitiva en este momento, pues sería injusto contigo ya que no sería una respuesta apropiada.
Nos abrazamos de nuevo, sintiéndonos más unidos que nunca. Aunque Marco no me ha aceptado aún, tampoco me ha rechazado.
—Pero puedo asegurarte de que estoy seguro de que volveré a amar de nuevo, y sé que tú estarás a mi lado cuando eso suceda.
A veces, las cosas no necesitan ser tan claras, y eso está bien para mí.
—Ya hemos cambiado, ambos. —Tomo sus manos, mirándolo a los ojos—. Y seguiremos cambiando juntos, pero seguiremos siendo nosotros mismos.
Le doy un último beso, para quedarme con la sensación en mis labios. Para inmortalizarlo en mi memoria y que pueda aguantar hasta entonces. No tengo dudas, aunque este un poco triste no hay dudas en mi corazón.
—Marco, tu padre quería decirte algo, pero lo diré con mis palabras. —Las palabras que quería transmitir su padre con esa mirada—. Abraza la incertidumbre, acógela y permítete vivir en su compañía. Porque es precisamente en la oscuridad de la incertidumbre donde emerge la estrella más brillante de todas.
Sé que seguiré amándolo en el futuro, porque el Marco que tengo en frente seguirá tomando todo de mí.
Ahora, juntos, avanzaremos…
Hacía un mañana más brillante.
Capítulo 24
Prueba de Voluntad.
He regresado, después de un largo tiempo ausente. El peso del tiempo se refleja en cada paso que doy al acercarme a Emilia, cuyos ojos plateados brillan con una mezcla de emoción y curiosidad al verme volver.
Contemplo a Emilia frente a mí, su resplandor plateado ilumina mi visión, su aroma relajante inunda mis sentidos.
En mis brazos reposa la persona que conoce mi pasado; algo que pensé imposible. Su presencia es como un faro en la oscuridad, guiándome de regreso a la realidad.
No solo lo conoce, parece haber comprendido incluso más que yo. Ha visto mis padres, ha vislumbrado cada sombra de mi historia. Me sorprende su capacidad para comprender y aceptar, incluso aquellas partes de mí que preferiría ocultar.
Ya no puedo afirmar que Emilia sea solo una joven, aunque aprecio que esté recuperando la esencia de cuando la conocí.
Me atormentaba la culpa de haberla sometido a tanto estrés, de haberla obligado a cambiar cuando con ser ella misma bastaba. Ahora, al verla brillar con tanta fuerza, siento un profundo alivio.
Ella ha aceptado todas las facetas de su ser y las ha integrado en uno solo. Y yo debo hacer lo mismo, aceptar mi pasado como parte de quien soy ahora. Cada gesto suyo, cada palabra, me recuerda que no estoy solo en este viaje.
Por primera vez, me siento liberado de las cadenas que han atado mi vida. Y también debo liberarme de las que yo mismo he creado. Emilia fue la promotora de todo esto, asi que debo agradecérselo.
Asi como a mis amigos.
Siento el maná fluir por mi cuerpo, impregnado con la esencia de Emilia.
Mi hija sacrificó su odo para salvarme a mí y a Crusch. Su debilidad es evidente, el cristal pronto la absorberá por completo. Me duele al pensar en lo que le espera, pero sé que debo permanecer fuerte por ella.
Ese mismo cristal que me transformó en un monstruo, pero que también fue mi salvación gracias a Beatrice. A veces me pregunto si hice lo correcto al aceptar su sacrificio, si hay algo más que podría haber hecho para salvarla.
Roswaal creó este cristal, aunque su verdadera intención en mi mundo sigue siendo un misterio. Solo el tiempo me dejará saber más al respecto.
Ahora Emilia debe terminar las pruebas.
Confío en ella, en su fuerza y su determinación para superar cualquier obstáculo que se interponga en su camino.
No sé qué desafíos aguardan para ella, pero el brillo en los ojos de Emilia me infunde confianza. Juntos enfrentaremos lo que sea que el destino tenga preparado para nosotros, porque sé que mientras estemos juntos, no hay nada que no podamos superar.
Hoy es el cuarto día desde nuestra llegada, no puedo intervenir aún. Pero sé que mi momento se acerca. La tensión en el aire es palpable, pero también hay una sensación de anticipación, como si estuviéramos al borde de algo grande y poderoso.
No sé si es casualidad o si todo está siguiendo un plan predeterminado. El objetivo de Echidna era la obtención de mi cuerpo, algo completamente ajeno a la historia original. Supongo que tiene que ver con el alma en mi interior, con el cristal piroxeno que mi padre utilizó para salvarme.
—No tiene sentido seguir lamentándose —digo, secando sus lágrimas con mis manos, mis dedos acariciando su mejilla con ternura. Su sonrisa me llena de determinación y paz, sé cuál es el camino por seguir—. ¿Sabes qué hora es?
Ella niega con la cabeza, así que me asomo por la ventana para observar la posición de la luna, mientras siento su presencia reconfortante a mi lado.
—Es el quinto día. No hay un momento específico para las pruebas, pero ahora puedo hacer algo al respecto.
El contrato con Roswaal ha llegado a su fin, ahora puedo intervenir.
Ella utiliza su magia de sanación en mí una vez más, pero esta vez siento algo diferente. Esta habilidad, en lugar de curar mis heridas físicas, parece estar potenciando mi maná fusionado.
Lo llamaré maná espiritual.
Miro a los espíritus detrás de ella, y siento que puedo comprender sus intenciones. Es hora de actuar.
—Emilia, hay una razón por la cual no podía apoyarte. —La miro con firmeza, pero ella no parece realmente sorprendida. Entonces, me quito la chaqueta y la camisa, mostrando mi pecho, el cual brilla con la forma del contrato—. Roswaal hizo un contrato de maná conmigo, su intención era que fallases esta prueba, pero ahora que su plan ha fallado, deberemos enfrentarnos a él.
No sé si hay una forma de traerlo a nuestro bando.
Todo lo que Roswaal quiere es volver a ver a Echidna. Puedo darle eso, pero se siente como si no quisiese que lo hiciera.
Al final, parece que alguien estuviese moviendo los hilos en las sombras.
—¿Roswaal? —Emilia mira sus manos un segundo, para luego mirarme con determinación—. Roswaal es alguien que me ha ayudado mucho, nunca estuve interesado en saber su motivo real, pero parece que tú lo sabes.
Asiento, en este momento no ganaré nada ocultándole cosas.
—Roswaal tiene un talento nato para la magia, podría decirse que es fuerte ya que tuvo una gran maestra. —Señalo en dirección a la tumba, haciendo que ella entienda—. Cuando Echidna vivía en este mundo salvó la vida de Roswaal. Hace cuatrocientos años ambos vivían junto a Beatrice y Ryuzu, la original.
Relató la historia de lo que sucedió, como la personalidad de ese entonces de todos era jovial, además como todos seguían indudablemente a Echidna.
—Roswaal se enamoró perdidamente de ella, asi que cuando murió dedico su tiempo a terminar una magia que Echidna estaba preparando. —Aprieto mis manos, reconociendo que siempre hay alguien más retorcido en este mundo—. La mejor forma de obtener la "vida eterna" fue usando almas compatibles a las suyas, unas que pudiesen contener un odo similar. Usó a su decendencia para traspasar su alma, consumiendo las otras en el proceso.
Si mi teoría no falla, más que tener compatibilidad por medio de los genes, la compatibilidad viene del alma misma.
—Es algo cruel y realmente horrible, una realidad que no debería existir.
Quizas por eso tengo dos tipos de magia en mi cuerpo sin venir directamente de este mundo.
Mis padres no eran magos, por ello nunca podría tener dos elementos en mi cuerpo.
—Se hizo fuerte para vengar a su amada, asi como para revivirla. —Miro a Emilia con firmeza, y ella se mantiene atenta—. Echidna quería mi cuerpo por mi contabilidad con los genes del pecado.
Ella abre sus ojos levemente, pero no parece tan sorprendida. Probablemente Echidna le contó algo al respecto.
No sé si es cierto, puesto que no la conozco bien. Sin embargo, ella prefirió hacer un contrato con el protagonista a huir en un cuerpo aparte. Si quiere mi cuerpo ahora debe ser un motivo similar.
—En este momento tengo el gen de la pereza en mí, pero no soy corrompido por su poder ya que tengo una fuerte resistencia al miasma, —gracias a los cristales que han sido integrados en mí, incluso antes de venir a este mundo—. Probablemente sabes que es lo que realmente busca.
Emilia piensa durante un momento, para luego mirarme a los ojos.
—Echidna es la bruja de la codicia ¿No? —ella mira la palma de sus manos—. Estuve con ella bastante tiempo, pero todo lo que vi no era más que una fachada, aún asi…
Entiendo a donde quiere llegar.
—Ella busca el cuerpo del candidato a sabio, para así poder lograr su ambición de conocerlo todo.
Con el retorno por muerte puedes ser conocedor de absolutamente todo, obtener habilidades y poder tener ambas cosas.
Las autoridades del pecado y un control sobre el maná espiritual.
—¿Por qué tienes que ser tu? —su pregunta viene llena de pesar.
Me encojo de hombros, puesto que no puedo decirle la respuesta.
—Tendremos que averiguarlo a futuro. —Sonrío, y ella me sonríe de vuelta.
—¡Si! —su determinación es clara, no parece rechazar enfrentarse a Roswaal.
Esta será su última oportunidad, no se específicamente que es lo que desea, pero si puedo unirlo a nuestro bando entonces obtendremos el trono sin duda alguna.
Me quedo mirándola fijamente, concretamente sus hermosos labios.
Mis pensamientos se pierden en el recuerdo del beso torpe pero sincero de Emilia, dejé que siguiera por sí misma, no quería interrumpir su emoción. Fue un momento curioso, revelando su inocencia en ese aspecto, pero también su profundo afecto hacia mí.
Una sonrisa se dibuja en mis labios al recordar aquel instante, lleno de ternura y gratitud por la sinceridad de Emilia.
—Emilia… —le digo, y sin dudarlo, acerco suavemente mi mano al mentón de Emilia, elevando su rostro hacia el mío.
Nuestros ojos se encuentran en un silencio cargado de emociones, comunicando más de lo que las palabras podrían expresar. Siento cómo mi corazón late con fuerza en mi pecho mientras me acerco lentamente, decidido a sellar mi gratitud con un beso.
—Gracias…
Nuestros labios se unen en un encuentro lleno de ternura y pasión, desatando una corriente eléctrica que recorre todo mi ser. En ese instante, el mundo parece desvanecerse a nuestro alrededor, dejándonos solos en nuestra burbuja de afecto.
Emilia se sorprende al principio, sus ojos se abren con asombro ante mi osadía. Puedo sentir su respiración entrecortada, sus manos temblorosas apoyadas en mi pecho. Pero pronto se deja llevar por la dulzura del momento, correspondiendo a mis sentimientos con la misma intensidad.
Nuestros corazones laten al unísono, como si estuvieran bailando al compás de una melodía celestial.
Cuando finalmente nos separamos, sostengo su rostro entre mis manos, mirándola con adoración y sinceridad.
—¡Marco! —exclama Emilia, con sorpresa y emoción en su voz—. No esperaba... no sabía que...
—Gracias, Emilia. Gracias por ser quién eres y por todo lo que has hecho por mí —susurro, con la voz cargada de emoción—. Pensé que ya estaba perdido, que todo había terminado. No solo por la apuesta, sino porque no veía un futuro para Marco Luz. Gracias por salvarme.
Le beso su frente con ternura, sintiendo cómo mi corazón se llena de gratitud hacia ella, desde lo más profundo de mi ser.
—Ahora avancemos, nuestros amigos nos esperan —añado, alentándola con una sonrisa.
Salimos juntos de la cabaña, sintiendo el aire fresco y rejuvenecedor acariciando mi piel. La luna brilla con su luz plateada sobre el sendero que nos espera, mientras el suave susurro del viento nos acompaña en nuestro camino. Observo las fuentes de maná dispersas por el bosque, percibiendo la presencia de los espíritus que lo habitan.
De repente, un poderoso flujo de maná surge a mi derecha, proveniente del bosque cercano. Reconozco ese maná ardiente y rojizo, mezclado con el maná de Luan.
—¿¡Ya terminaron de besuquearse!? —la voz de Garfield resuena entre los árboles mientras emerge del bosque, seguido por nuestros amigos—. Mi asombroso ser no puede esperar más tiempo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios al ver el rostro sonrojado de Emilia, quien se coloca nerviosa detrás de mí, buscando refugio en mi protección. Observo a Otto y Crusch con cierta vergüenza, pero la sonrisa de Luan me reconforta, como si supiera lo que está por venir.
Me preparo para enfrentar a Garfield con determinación, consciente de que este encuentro marcará nuestro destino.
Lo enfrento con orgullo, desafiante.
—¿Celoso de que yo sí puedo? —pregunto con una sonrisa desafiante, provocando una reacción inmediata en Garfield, quien se prepara para el combate.
—¡Voy a aplastar to' tu cuerpo! —grita Garfield, tronándose los dedos con fuerza.
En ese momento, tomo a Emilia por los hombros y la miro con seriedad, transmitiéndole mi confianza y determinación.
—Ve a hacer las dos pruebas, no hay tiempo que perder. En el momento que Roswaal se entere que pasaste la prueba no quedará de otra que luchar contra él —le digo con firmeza, aunque mis ojos reflejan una profunda preocupación por su seguridad—. Voy a luchar contra Garfield, el resto irá a detener a Roswaal.
Emilia me mira con sorpresa y preocupación, pero antes de que pueda decir algo más, le revelo mi plan con una sonrisa decidida.
—Te voy a decir un secreto —comienzo, apretando mis puños con determinación—. A veces, para formar una amistad...
Con un gesto rápido, me impulso hacia Garfield, rodeando mi cuerpo con una corriente de viento que arrastra todo a su paso.
—¡Debes pelear con todas tus fuerzas! —grito, haciendo que Garfield centre su atención en mí.
Mi puño se encuentra con el suyo en un choque de poderes y voluntades, desatando una explosión de energía que hace temblar el suelo bajo nuestros pies.
—¡Marco! —escucho a mis amigos gritar mi nombre, mientras me preparo para el desafío que se avecina.
Ha llegado el momento de demostrar quién soy y de hacer frente a nuestro destino con valentía y determinación. Juntos, venceremos cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino hacia la luz.
—Efectivamente, ese soy yo. —Cierro mis ojos, concentrando el maná en mí—. Me presentaría, pero será para otro momento, ahora debemos hacer lo que debemos hacer.
Señalo a Ram, quien me mira con molestia, pero también con una chispa de entendimiento en sus ojos.
—Tú eres la única que puede hacer entrar en razón a Roswaal. Otto te contará todo en el camino. —Le alzo mi pulgar, a la vez que guiño el ojo—. Haz que tu amor se haga notar, demuéstrale que es superior al de quien tiene poseído su corazón.
Ram abre sus ojos, un leve rubor saliendo de sus mejillas mientras asiente con determinación.
—¡Humf! ¡Eres solo un idiota diciendo estupideces! —Ram sonríe levemente, para empezar a avanzar en dirección al pueblo—. Dale una paliza a ese gato, o yo te daré una paliza diez veces peor.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro ante su peculiar muestra de ánimo.
Luan, Crusch y Otto la siguen sin dudar; en este momento no hay tiempo que perder.
—Bueno, ahora que estamos casi solos creo que es momento de decirte algo. —Lo señalo, pero él ignora mis palabras y se abalanza hacia mí con una ferocidad desbordante.
El suelo se estremece bajo sus pisadas, y su mirada cargada de determinación se clava en la mía con intensidad.
Si quiero que Garfield esté de mi lado, debo demostrarle de qué estoy hecho. Garfield se hará mucho más fuerte de lo que ya es, pero yo también soy fuerte. En este momento puedo luchar contra él.
Siento que la fuerza recorre por todo mi cuerpo, que puedo lograrlo todo.
—¡Ere' solo un humano cobarde! —grita Garfield mientras lanza un puño directo a mi rostro, cargado de maná—. ¡Veremo' quién e' más fuerte que quién!
Sonrío con calma, esquivando ágilmente su golpe. Siento el viento rugir a mi alrededor mientras me preparo para el contraataque.
En ese mismo instante, vislumbro la oportunidad. Probablemente Garfield se cubra, pero no me dirijo hacia su cuerpo.
Justo cuando está asumiendo la posición defensiva, poniendo sus brazos en equis, ejecuto un giro, lanzando una patada directa a su muñeca. Su agarre se afloja por un instante, y su sorpresa ante mi maniobra se mezcla con aún más enojo.
—¡AGHHH! —exclama Garfield, liberando una explosión de maná. Yo rechazo su onda utilizando mi propio maná, pero apenas tengo tiempo para reaccionar antes de que esté frente a mí.
«¡Mierda!» Un golpe directo se dirige a mi estómago. Reúno el maná en mi pierna y la flexiono contra mi estómago, dando un pequeño salto. Cuando el golpe impacta en mi canilla, me impulso con el aire en la misma dirección.
Un dolor punzante atraviesa mi pierna mientras soy enviado a volar varios metros atrás. Aunque mi pierna duele horriblemente, sé que no está rota.
—¡Te dije que no le podría' ganar a mi' asombrosos mú'culos, por mucha habilidad que tengas! —sonríe Garfield, evidentemente disfrutando de la pelea—. Puede ser que no sea' malvado, pero aun así no me agrada', ¡cobarde.!
Es cierto, al principio Garfield debió esperar mucho de mí por las noticias.
Pero el miasma en mi cuerpo no es algo que pueda ocultar fácilmente por ahora. A diferencia del protagonista, el mío no parece desaparecer tan rápidamente. Aun así, ellos me salvaron.
Si Ryuzu decidió hacerlo a pesar de ver el miasma en mí, es porque nunca me vieron como un enemigo real.
—¿Puedo saber por qué no me mataste cuando me viste? —pregunto, pero parece molesto por ello.
Garfield se lanza nuevamente hacia mí, y sus fintas son cada vez más rápidas.
—¿¡Por qué no lo saca' de mi boca!? —retrocedo, pero Garfield crea un muro de tierra a mi espalda. Su golpe se aproxima a toda velocidad, pero no tengo nada que temer. Con su tamaño y contextura, su peso corporal no será un problema.
Garfield se eleva en un salto hacia mí, y justo cuando su puño está a punto de alcanzarme, lo agarro. Con una explosión de viento, rompo la tierra detrás de mí, y con magia de fuego caliento la zona en la que estamos.
Dirijo el calor hacia las partículas a nuestro alrededor, haciendo que escapen hacia la atmósfera, lo que reduce la presión del viento en nuestra área.
En ese momento de sorpresa, me impulso con viento hacia Garfield. Si tuviera magia Yin, esta batalla habría sido realmente fácil. Subimos por encima de los árboles, y este se ve visiblemente sorprendido.
Aprecio la vista por unos instantes, para luego dirigir mi mirada hacía Garfield.
—¡Lo ves!
Agarro su pierna con firmeza, mi mente trabajando a toda velocidad mientras evalúo mis opciones. Reconozco que no tengo la fuerza bruta para lanzarlo por los aires, pero una idea empieza a formarse en mi mente.
¿Y si puedo aprovechar su propio impulso contra él mismo?
Una sonrisa se dibuja en mi rostro mientras me apoyo en lo invisible. Sin dudarlo, utilizo toda mi fuerza y lo lanzo con determinación hacia el suelo. Garfield sale disparado con una velocidad impresionante, un estruendo ensordecedor acompaña su impacto contra el suelo.
¡Boom!
Un estruendo retumba en mis oídos mientras observo cómo un cráter se forma en el lugar donde aterriza Garfield. El polvo se eleva en el aire, creando una nube de tierra que oscurece momentáneamente mi visión.
Cuando finalmente el polvo se disipa, puedo distinguir a Garfield en el centro del cráter, enterrado bajo montones de tierra y rocas.
Una sensación de triunfo momentáneo me invade al verlo en esa posición, pero sé que esta pelea está lejos de terminar. Con cautela, desciendo al suelo, preparado para cualquier eventualidad.
Garfield emerge del cráter con una ferocidad renovada, mostrándome sus dientes de sierra, su mirada fija en mí con determinación. Reconozco su habilidad en combate; es ágil, astuto y parece poder anticipar mis movimientos.
—¿Qué te parece ese estilo que estoy inventando? —pregunto con una sonrisa mientras me acerco al borde del cráter—. Mezcla la magia de manera sutil para potenciar mis ataques físicos. No necesito aumentar mi fuerza, solo alterar el entorno a mi favor.
Garfield no parece impresionado por mis palabras. Su mirada enfurecida me indica que está dispuesto a darlo todo en esta pelea. A pesar de mis esfuerzos, sé que no soy más fuerte que él físicamente.
Sin embargo, confío en mi experiencia y habilidad para superarlo.
—¡Solo ere' un maldito cobarde que abandona a su' amigos! —escupe Garfield, las palabras cargadas de veneno y resentimiento.
Siento un pinchazo de culpabilidad al escuchar sus palabras. Sé que mi decisión de rendirme en el pasado lo ha afectado profundamente. Pero no puedo permitir que esa debilidad me detenga ahora.
—No creo que seas tan cobarde como para usar magia de sanación, ¿verdad? —mi tono es desafiante mientras lo provoco con mis palabras—. Demuéstrame que eres un hombre de verdad y no un niño asustado que huye de su pasado, demuéstrame que no eres ese niño que tiene miedo de la verdad. Si lo haces, te daré una buena posición en el ejército.
La furia de Garfield se desata con un rugido ensordecedor.
—¡NO ME COMPARES CONTIGO! —grita Garfield, su voz cargada de furia desatando una ráfaga de viento que me golpea con fuerza, arrojándome al suelo con violencia.
El mundo parece tambalearse a mi alrededor mientras lucho por recuperar el aliento, el dolor punzante en mi estómago es como una daga ardiente clavada en mi carne.
—¡Ugh! —gruño entre dientes, obligándome a levantarme a pesar del dolor. Garfield me observa con desdén, su expresión llena de decepción y desprecio. En sus ojos puedo ver el odio que siente hacia mí, alimentado por mi decisión de rendirme en el pasado.
Con un gruñido de dolor, me esfuerzo por levantarme, apoyándome en mis manos temblorosas. La sangre brota de mi garganta y la vista se nubla momentáneamente por la intensidad del golpe.
—¡Se supone que ere' un héroe, pero solo ere' un cobarde! —las palabras de Garfield resuenan en mis oídos con una mezcla de desprecio y decepción, como un eco constante de mis propios miedos y dudas.
A pesar del dolor y la debilidad que me embargan, un destello de determinación brilla en mis ojos. No puedo permitir que las palabras de Garfield me derroten. Con cada fibra de mi ser, me niego a rendirme ante la adversidad.
Esta vez será diferente.
Me pongo de pie con determinación, enfrentándolo con valentía.
—El miasma que poseo no me hace malvado de verdad. No soy un monstruo como los cultistas —afirmo con convicción, apretando los puños con fuerza mientras me preparo para contraatacar—. En esta batalla, demostraré que tus miedos no pueden vencerme.
Aunque carezco de magia Yin, sé que tengo otros recursos a mi disposición. Confío en mis habilidades y en mi determinación para superar a Garfield, sin importar lo que pueda deparar esta pelea.
En este momento, la magia no parece ser la solución. Garfield me desafía con una furia desenfrenada, sus colmillos al descubierto y una mirada llena de determinación. No sé cuánto tiempo mantendrá esta transformación, pero debo ser cauteloso.
—¡Ere' una basura! ¡Mi asombroso ser te destruirá por completo! —grita con una ferocidad que retumba en el claro del bosque.
Mientras tanto, evalúo rápidamente mis opciones. Es evidente que esconder su transformación es la mejor táctica por el momento.
Concentro toda mi atención en el aire que me rodea y creo varias esferas cargadas de oxígeno.
—¡FURA! —en un abrir y cerrar de ojos, las lanzo con furia hacia Garfield. Este reacciona rápidamente, erigiendo una barrera de tierra para protegerse, pero mi sonrisa de satisfacción muestra que mi plan ha dado resultado.
La magia fluye a través de mí como una corriente salvaje, una extensión de mi ser que utilizo sin reservas.
Con un destello de determinación en mis ojos, enciendo las esferas, provocando una explosión que libera todo el poder del oxígeno atrapado en su interior. El fuego estalla con violencia, rompiendo la barrera de tierra y golpeando a Garfield con una fuerza arrolladora.
El humo generado por la explosión nubla mi visión, pero mi instinto de supervivencia se agudiza. En medio del humo y la confusión, veo como un puñetazo se dirige hacía mi rostros. Logro bloquear su primer intento de contraataque con mi brazo, absorbiendo el impacto con una determinación feroz.
—¡Te mataré! —grita Garfield con una mirada feroz mientras intento contraatacar con todas mis fuerzas, clavando mi pie en su mandíbula. Sin embargo, antes de que pueda hacer más, soy lanzado violentamente al suelo.
Me arrastro por el suelo, resistiendo el atroz ataque de Garfield con una determinación inquebrantable.
—¡Has recibido tantos golpes y sigo siendo el que sale lastimado! ¡Soy solo un humano, sin bendiciones divinas! —le grito, para hacerlo enojar— ¡Aun así no has logrado derrotarme!
Garfield persiste en su ataque, impulsado por la furia que lo consume. Esquivo su golpe y aprovecho su momento de vulnerabilidad para lanzarlo hacia atrás con un poderoso hechizo de aire.
—¡Fura! —grito, enviando una ráfaga de viento que lo arrastra aún más lejos. Sin embargo, se recupera rápidamente y se prepara para contraatacar.
Decido enfrentarlo cara a cara, lanzándome hacia él con un salto audaz, intentando golpear su punto débil con una patada en hacha.
—¡Ere' solo un cobarde! —me recrimina, resistiendo mi golpe con sorprendente facilidad.
Es evidente que mis ataques físicos no son suficientes contra alguien tan formidable como él. Si quiero tener alguna posibilidad de vencerlo, debo agotar primero su maná. Afortunadamente, tengo un plan en mente, pero necesitaré la ayuda de Otto para llevarlo a cabo.
Garfield avanza hacia mí con una fuerza tan imponente que hace temblar el suelo bajo sus pies. Cada paso suyo deja profundas grietas en el terreno, y en un abrir y cerrar de ojos, se encuentra sobre mí, aplastándome contra el suelo con una presión abrumadora.
Mis ojos se abren desmesuradamente en sorpresa mientras lucho por reaccionar, pero antes de que pueda moverme, Garfield sujeta mi pierna con un agarre férreo.
El desequilibrio me arrastra y siento un dolor punzante recorrer mi cuerpo como si estuviera a punto de arrancarme la extremidad. Antes de poder reaccionar, Garfield me lanza al aire con una fuerza que me hace sentir como una hoja llevada por el viento, elevándome aún más alto de lo que yo mismo lo arrojé.
—¡Yo también puedo hacerlo! —exclama Garfield con determinación mientras me lanza por los aires.
En mi caída libre, mi mente se apresura a buscar una solución. Garfield salta a golpearme, pero ese preciso momento mi mente toma una decisión.
—¡EL GOA! —la llama del fuego arde en mi mano mientras me preparo para el contraataque.
Espero un instante, calculando mis movimientos con rapidez. Luego, con un rugido, libero una explosión de viento que desvanece el fuego y envía a Garfield contra el suelo con una fuerza aplastante, provocando una explosión que sacude la tierra y arranca árboles cercanos.
—¡BASTARDO! —grita Garfield con furia mientras se levanta del suelo.
Mientras caigo, utilizo la magia del viento para amortiguar mi descenso, preparándome para el impacto inminente. Pero justo cuando estoy a punto de tocar tierra, lo veo. Garfield se levanta con una furia renovada y se lanza hacia mí con determinación.
—¡Ere' solo un estorbo en mi camino! —grita Garfield, sus ojos destilando odio y resentimiento.
Sus músculos y piel, endurecidos como el acero, resisten mis golpes con facilidad. Su maná es poderoso, y aunque mi cuerpo ha ganado resistencia, aún no me he recuperado por completo.
He integrado tantas formas en mi ser, pero descuidé mis fundamentos básicos.
Por eso, sé que no puedo enfrentar su poder de igual a igual.
—¡EL FURA!
Reuniendo toda mi concentración, convoco una tormenta de viento que envuelve mi cuerpo, deteniendo mi caída abruptamente mientras el torbellino se eleva hacia el cielo. Garfield permanece impasible, conteniendo la magia con su propia fuerza.
—¡Ere' un maldito bastardo! —grita Garfield, canalizando su maná para crear pilares de tierra a mi alrededor.
Pero yo me concentro en mi interior, buscando la fuerza para continuar la batalla. Las grietas en el suelo se expanden como las grietas de un corazón roto, el viento silba a mi alrededor como un eco de mi propia determinación y los árboles se sacuden como testigos mudos de nuestra lucha épica.
El miasma y el maná en mi cuerpo libran una batalla eterna, una danza caótica que resuena en cada fibra de mi ser.
Las energías chocan y se entrelazan, una sinfonía de poder que se niega a rendirse. Este miasma, esta fuerza oscura, no pertenece a la bruja; me pertenece a mí, y en este momento, lo domino con la autoridad de la pereza.
Mientras tanto, los pilares de piedra me aprisionan, rodeándome con su imponente presencia. Su fría superficie y sus ásperas texturas me recuerdan mi yo antiguo. Pero Garfield, arrogante como siempre, no muestra signos de rendirse.
Sin embargo, ahora, en este momento, yo tengo el control.
El miasma refuerza mi físico, infundiendo cada fibra de mi ser con una fuerza renovada. Puedo sentir cómo fluye a través de mis venas, alimentando mi determinación. El maná, reservado para los hechizos, pulsa en mi interior, esperando ser liberado en un estallido de poder.
No hay espacio para el miedo ni para la duda. Conozco a Garfield; sé que no recurrirá a tácticas desleales por simple arrogancia. Así que me preparo para su próximo movimiento, cada músculo tenso y alerta.
—¡Ere' pura palabra! —la voz de Garfield resuena, rompiendo el silencio tenso en el bosque. Aprieto los dientes y me preparo para contraatacar.
En ese instante crucial, puedo sentir la tierra temblar bajo los pies de Garfield mientras se prepara para el ataque. Mis sentidos están alertas, cada fibra de mi ser enfocada en anticipar su próximo movimiento.
Justo en ese momento, Garfield lanza un puñetazo directo hacia mi rostro con ferocidad. Con determinación, me agacho ligeramente, anticipando su avance.
—¡No sabes cuántas veces he visto eso! —exclamo con firmeza mientras ejecuto un rápido giro, listo para enfrentar su embestida.
El golpe de Garfield viene con rapidez, pero logro esquivarlo con un ágil movimiento. En el mismo instante, ejecuto una Mawashi Geri, una patada de karate, dirigida hacia su mandíbula.
Mi pie se desplaza en un arco circular, aprovechando el impulso del giro anterior, y conecta con fuerza en su rostro. Garfield retrocede tambaleándose, sorprendido por la inesperada respuesta. Es mi momento de aprovechar su vulnerabilidad y demostrar mi habilidad recién descubierta.
Todo gracias al antiguo yo, que era aún más sorprendente.
Cierro los ojos y me sumerjo en mi maná, permitiendo que su poder fluya a través de mí. Puedo sentirlo como una corriente vigorizante, llenándome de energía y determinación. Cuando finalmente me siento listo, libero el hechizo con un grito que brota desde lo más profundo de mi ser.
—¡FURA! —mi voz resuena en el aire mientras el viento responde a mi llamado, transformándose en una hoja afilada que corta el aire con ferocidad, lista para atravesar cualquier obstáculo que se interponga en mi camino.
Garfield reacciona instintivamente, creando un pilar de tierra para protegerse. Pero mi hechizo no se detiene, continúa avanzando hacia él con determinación. En el último momento, Garfield se cubre con los brazos, pero el choque es inevitable.
Un estallido de sangre brota de sus heridas, pero de alguna manera logra moverse, desviando mi ataque en el último segundo.
La tierra se corta limpiamente, siguiendo su trayectoria hasta cortar un árbol en su camino. Observo el resultado con asombro, maravillado por el poder de mi propia magia.
«Es asombroso, aunque no lo entienda del todo», pienso para mí mismo mientras recupero el aliento. La realización de ese hechizo ha consumido una gran cantidad de mi maná, dejándome, jadeando y agotado.
Es mejor usar hechizos que sé, pero, no está mal.
—¡Eres un bastardo engañoso! —la voz de Garfield resuena entre los árboles, sus brazos sangrantes testigos de la efectividad de mi ataque.
Sonrío con satisfacción al ver que he logrado mi propósito. A pesar del dolor y el cansancio, no puedo evitar lanzar una provocación.
—Una segunda hoja. —Le guiño un ojo, desafiante, esperando provocar una reacción en mi oponente.
Garfield observa sus heridas, su expresión mezcla de furia y sorpresa. Luego, con una mirada intensa, dirige su atención hacia el suelo. En un instante, sus manos presionan la tierra con una fuerza sobrenatural, tiñendo el entorno con un carmesí intenso que parece emanar de su propio ser.
El temblor en mi corazón se intensifica ante su aura asesina, que cala mis huesos hasta lo más profundo. El suelo comienza a temblar y a quebrarse bajo la presión de sus manos, anunciando una transformación imponente.
En ese momento, Garfield lanza una roca a toda velocidad hacia mí. Instintivamente, intento crear una barrera de viento para esquivar, pero la roca me golpea con fuerza en el brazo izquierdo.
Siento un dolor agudo y un crujido, y sé que mi brazo está roto.
El suelo empieza a quebrar. Sus extremidades cambian, su cuerpo se agranda, pelo empieza a salir de sus extremidades. A medida que se hace más grande, su cuerpo se llena de pelo y se transforma en aquel monstruo.
Tres, cuatro metros... hasta alcanzar una altura monstruosa de siete metros. Mide lo que una casa de dos pisos.
—¡ROOOAAAAR! —Su rugido me hace retroceder, sintiendo cómo cada fibra de mi ser vibra con el poderío de su voz.
Verlo en persona, sin duda es horrible.
A pesar de la intimidación, mantengo firme mi objetivo y mi motivación, negándome a ceder ante el miedo.
En este momento, Garfield ha perdido la consciencia en su propia furia. Sé que podría controlarse mejor, pero la ira lo consume, nublando su juicio y debilitando su capacidad para manejar sus habilidades con precisión.
Observo mi brazo roto, pero extrañamente no siento dolor. La adrenalina sigue fluyendo por mis venas, manteniéndome alerta y enfocado en la batalla que está por venir.
Ahora sí, es hora de usarlo. Una habilidad que rechacé por mucho tiempo, que yace latente en mi interior, esperando ser liberada. Es algo que me pertenece, algo que debo dominar. Su nombre anterior no me inspira confianza, así que decidí renombrarlo, hacerlo mío.
Garfield extiende su puño hacia mí, su mirada asesina y su aura roja intentan intimidarme. Pero yo estoy decidido a enfrentarlo, aunque me sienta como una hormiga ante un león. Sé que las hormigas pueden hacer cosas sorprendentes, y yo no seré la excepción.
—¡Alcance Oculto! —mi voz resuena con determinación mientras una mano gigante, invisible para todos menos para mí, atrapa su puño. El impacto me hace retroceder, pero también siento una oleada de poder recorrer mi cuerpo.
Es como si cada fibra de mi ser estuviera vibrando con energía, alimentada por la liberación de este poder oculto que he reprimido durante tanto tiempo.
Creo más manos a mi alrededor, haciendo que los árboles se rompan mientras avanzamos. Garfield sigue empujándome, pero sé que esto no nos llevará a ninguna parte. Decido hacer desaparecer la mano que atrapa su puño, lo que lo sorprende y lo hace seguir el movimiento del golpe.
Avanzo a través de su enorme brazo, consciente de mi pequeñez en comparación. Pero soy Marco Luz.
Y debo hacer posible lo imposible.
Aprieto mi puño, reforzándolo con todas las manos invisibles que puedo crear.
Una mano tras otra, formando un brazo gigante invisible que solo yo puedo ver.
—¡Eres solo un gato! —grito mientras clavo mi puño en su rostro. Las manos comienzan a romperse por la dureza de su piel, pero no me detengo. Impulso más y más, concentrando todas mis fuerzas en un solo golpe—. ¡AHHHH!
Garfield sale volando, arrastrado por el suelo. Su cuerpo, imponente y pesado, se ve afectado por la fuerza del Alcance Oculto.
Mientras toco el suelo con una sonrisa de satisfacción, siento sangre brotar de mi nariz y boca. Ignoro el dolor; no voy a detenerme ahora. Mi cuerpo aún no es tan resistente como debería ser, pero sé que debo seguir adelante si quiero sobrevivir en este mundo.
He entrenado incansablemente, he estudiado cada técnica. No ha sido por mera suerte, todo lo que he logrado es fruto de mi esfuerzo y el apoyo de quienes me aman.
Garfield se levanta, furioso, y comienza a buscar su próxima víctima. Pero yo estoy preparado, esperando mi carta ganadora.
Mi última mano, Otto debe traerla aquí.
—¡ROAAAAR! —el rugido de Garfield estremece el suelo, pero yo ya estoy listo para mi próximo movimiento.
Lo había preparado desde el primer día, aunque nunca pensé que tendría que usarlo.
Un jabalí viene corriendo, atravesando toda la destrucción que se avecina. Su habilidad es realmente increíble, y me gustaría tener algo así.
Garfield observa al jabalí con furia, y en un instante se abalanza hacia él. El pobre animal se queda paralizado del miedo, dejando caer lo que sostenía en su boca. Garfield da un salto, juntando sus manos para aplastarlo.
Tendré que usarlo otra vez.
Concentro toda mi energía y creo otra mano invisible, preparándome para el siguiente movimiento. No tengo la posibilidad de usar magia yin en este momento, con los obstáculos de troncos y piedras por todas partes.
Pero tengo una única opción para detener a Garfield.
La única forma que tengo.
Con destreza, llevo mi cerebro al límite. La magia de refuerzo de maná se hace consciente en mí, por lo que concentraré toda mi energía en mis piernas y en mi cerebro.
Recuerdo las enseñanzas de Ram y Crusch: usar el maná para potenciar mis sentidos y fuerza. Esta vez, lo aplico al máximo en mi cerebro, aumentando las conexiones neuronales y mejorando mi percepción.
El mundo comienza a moverse lentamente a mi alrededor, la adrenalina se dispara y mi cuerpo se llena de una fuerza ardiente. El dolor desaparece, reemplazado por una sensación de poder que me consume.
El fuego en mi interior ansía ser liberado.
Mi campo de visión se estrecha, enfocándose únicamente en mi objetivo. A solo diez metros del jabalí, me doy cuenta de que esta tarea habría sido fácil antes. Pero ahora, limitado por mi propio miasma, no puedo desplegar más brazos.
—¡NO TE ESCAPARÁS! —grito, lanzándome a toda velocidad hacia adelante. El viento acaricia mi rostro, y puedo anticipar cada movimiento con claridad.
Salto sobre una piedra, esquivando los escombros que se interponen en mi camino, y aterrizo con precisión sobre un tronco cercano. Es el fruto de mi arduo entrenamiento; mi mente se mueve con tal velocidad que el mundo parece detenerse a mi alrededor.
En mi trayecto, esquivo troncos y escombros con movimientos ágiles y fluidos. Cada obstáculo que encuentro, lo supero con destreza y rapidez, sin perder de vista mi objetivo.
Justo cuando estoy a punto de alcanzar mi objetivo, doy un gran salto hacia adelante. El jabalí permanece estático, como si supiera que su destino está sellado. Garfield se acerca, a punto de aplastarlo por completo.
—¡FURA! —grito, impulsándome con el viento mientras me lanzo hacia adelante.
Siento el impacto del jabalí contra mi pecho, pero no vacilo. Tomo el cristal del suelo y, con una mano firme, lo dirijo hacia el pecho de Garfield.
—Este cristal que una vez perteneció a Beatrice parece absorber maná como una esponja. Es hora de que enfrentes las consecuencias de tu arrogancia.
El impacto resultante nos envía a ambos volando por los aires. En un instante, me doy cuenta de que debo proteger al jabalí para evitar que sufra daños.
Mis ropas se desgarran por la fuerza del arrastre, pero no tengo tiempo para lamentarme. Uso magia de viento para intentar mitigar el impacto, pero, aun así, el golpe es devastador.
Finalmente, detenemos nuestra caída. Mirando a mi lado, veo al jabalí todavía respirando. Con una sonrisa cansada, extiendo mi mano adolorida para acariciarlo.
—A partir de ahora, serás la mascota de la ciudad. ¡Vete! —le grito, y el jabalí se aleja corriendo a toda velocidad.
«No estoy seguro de si me entendió, pero al menos sé que si puedo bromear así es porque estoy bien.»
Con dificultad, me incorporo, sintiendo mi cuerpo temblar y la sangre fluir por varias partes. Mis oídos y boca están destrozados, mis ojos arden por la velocidad a la que me lancé sin protección.
Cada latido de mi corazón parece retumbar en mi cabeza, amplificando el dolor y la confusión que siento en este momento de desesperación.
A pesar del caos que me rodea, logro enfocar mi mente en un solo pensamiento: la necesidad imperiosa de derrotar a Garfield.
Mi camisa y chaqueta quedaron hechas jirones, testigos mudos de la feroz batalla que acabamos de librar. Aunque mi ropa está hecha añicos, eso ya no importa en este momento. Lo único que importa es la lucha que se avecina y la determinación que arde en mi interior.
Estamos débiles, conscientes de que continuar así solo nos debilitará más para enfrentarnos a Roswaal. Pero no tenemos otra opción. La necesidad de acabar con Garfield y hacerlo ver la realidad es absoluta, y estoy dispuesto a darlo todo por ello.
—¡Garfield! —mi voz se desgarra en un grito desesperado mientras observo cómo él retrocede, intentando desesperadamente arrancarse el cristal que lo ha mantenido bajo su maligna influencia.
Pero el cristal, testigo mudo de su poder, comienza a brillar con una intensidad que me hace estremecer.
Un aullido ensordecedor amenaza con romperme los tímpanos. Instintivamente, cubro mis oídos con las manos, sintiendo el dolor punzante que se extiende por mi cabeza. Utilizo la última reserva de mi poder, invocando una mano de mi Alcance Oculto para protegerme del ensordecedor estruendo.
Maldita sea, pensaba que mi miasma era ilimitado. ¿Será que el propio maná está interfiriendo en mi capacidad para controlar mi poder?
No tengo tiempo para reflexionar sobre ello mientras veo a Garfield agarrándose la cabeza y dando pisotones a su alrededor. Su tamaño disminuye rápidamente hasta que el cristal, sin soporte, cae al suelo. Él empieza a jadear, observando sus manos ensangrentadas.
Ambos estamos debilitados, pero eso no significa que nos vayamos a rendir.
Avanzamos lentamente hacia el otro, yo usando mi Alcance Oculto para proteger mi brazo roto y prepararme para el enfrentamiento final.
—Crees que puedes ganarme, pero solo eres un niño. —mi voz suena ronca y entrecortada, la sangre coagulada brotando de mi boca mientras escupo con desdén.
Garfield se truena el cuello con gesto desafiante, sus ojos brillando con determinación a pesar del cansancio que reflejan. Su mirada penetrante me hace darme cuenta de que esto está lejos de haber terminado.
—¡Ja! Mi asombroso ser nunca caerá ante un cobarde. —Garfield empieza a trotar hacia mí con renovada determinación, y yo hago lo mismo, preparado para enfrentar lo que sea que el destino tenga reservado para nosotros.
Ahora, esto definirá la batalla final. Corremos, tambaleándonos bajo el peso del agotamiento y la tensión acumulada, hasta que finalmente nos encontramos cara a cara y nos damos el primer puñetazo.
Mi nariz arde, siento mi cara como si fuera a romperse en pedazos bajo el impacto de los golpes. Inclino mi cuerpo hacia atrás instintivamente, buscando estabilidad, y luego planto firmemente mi pie en el suelo para mantenerme en pie.
Puño tras puño, esto ya no es una batalla con técnicas. Estamos descargando toda la ira en nuestros golpes.
—No me rendiré ante un niño. —mis palabras son un desafío, una promesa de que no voy a ceder ante la adversidad, incluso cuando el dolor y la fatiga amenazan con consumirme por completo.
Con destreza, me incorporo del suelo, sintiendo cada parte de mi cuerpo temblar con intensidad.
La sangre brota de varias heridas, mientras mis oídos zumban y mi boca está adormecida por el impacto de los golpes. Mi mirada se encuentra con la de Garfield, reflejando en su sonrisa desafiante la determinación que también arde en mí.
En medio del caos de la batalla, aún puedo percibir la decepción en los ojos de Garfield. Es evidente que está luchando contra mí no solo por el desafío físico, sino también por la amargura que siente por mi rendición anterior.
Ese es un sentimiento que destruiré con mi puño.
A medida que Garfield aprieta su puño, el maná fluye de él con una intensidad amenazante. Reconozco que, a pesar de la situación, aún conserva una reserva de energía que podría ponerme en desventaja.
No puedo permitir que eso suceda.
Decidido a mantenerme en la ofensiva, me lanzo hacia él con determinación, esquivando hábilmente su golpe y embistiéndolo con fuerza. Caemos al suelo en un torbellino de polvo y esfuerzo, pero me levanto rápidamente, consciente de que cada momento cuenta en esta confrontación.
—Sigues huyendo como un cobarde, incapaz de proteger ni siquiera este santuario. —Elevo mi puño, descargándolo con determinación en su rostro, mientras observo cómo la sangre continúa brotando de sus heridas. Aunque cada golpe lo debilita, su sonrisa desafiante persiste, desafiando cada embestida con una fuerza indomable.
Ambos sonreímos, a pesar de tener nuestros rostros hinchados y llenos de sangre. La sonrisa de nosotros perdura.
En medio del caos y la lucha, me doy cuenta de que estoy disfrutando más de esta batalla de lo que debería. Pero en este momento, esos pensamientos pueden esperar. Lo único que importa es la lucha que tengo frente a mí.
—Me lo dice alguien que se rinde ante la persona que lo ama. —Garfield me golpea con fuerza en el costado, arrastrándome por el suelo. El mundo comienza a girar a mi alrededor, pero sé que no puedo rendirme ahora.
Garfield representa una fuerza que debo entender, un amigo al que debo proteger y guiar. Es un niño con un potencial que podría superar a todos.
Pero me esforzaré al máximo para estar a su lado, y convertirnos en los más fuertes.
—¡Te equivocas! —respondo con voz entrecortada, luchando contra el dolor mientras me obligo a levantarme—. Puede que haya caído una vez, pero me he levantado y ahora soy más fuerte que nunca.
Nuestros ojos se encuentran en un silencioso desafío, mientras lucho por mantener la sonrisa desafiante que intenta ocultar mi agotamiento. Cada movimiento es un esfuerzo sobrehumano, cada aliento un recordatorio doloroso de la batalla que estamos librando.
—Tu madre está viva, Garfield —lanzo las palabras con determinación, observando cómo sus ojos se abren de par en par ante la sorpresa. Sus labios se aprietan con fuerza, tratando de procesar la información inesperada.
—¿Cómo lo sabes? —Su voz es un murmullo cargado de incredulidad y desconfianza.
Sonrío con firmeza, sosteniendo su mirada con determinación.
—Tu hermana me lo confesó. ¿Quién crees que provee los recursos que recibimos aquí? ¿Quién crees que le dio a tu hermana los medios para mejorar nuestras vidas en este lugar? —Mis palabras parecen encender una chispa en sus ojos, desatando una tormenta de emociones en su interior—. Tu hermana tuvo el coraje de buscar formas de sacarlos adelante, de luchar por ustedes cuando nadie más lo hacía.
La furia estalla en el rostro de Garfield.
—¡Mi hermana nos abandonó! —su grito es un eco de dolor y frustración mientras se lanza hacia mí con un impulso feroz. Nuestros puños chocan en un intercambio frenético, cada golpe cargado con la intensidad de nuestras emociones y el peso de nuestros recuerdos.
—¡Nos dejó indefensos y solos en este lugar infernal!
Cada golpe es un grito de desesperación, una expresión de la ira y la frustración que hemos guardado por tanto tiempo. La sangre brota de nuestras heridas, salpicando el suelo con un siniestro reflejo de nuestra lucha interna.
Nuestras miradas permanecen fijas en el objetivo, cada uno determinado a prevalecer sobre el otro en esta batalla de voluntades y convicciones.
—¡¿Qué mierda estás diciendo?! —Mi voz es un rugido de rabia y determinación mientras lanzo un gancho ascendente hacia su mandíbula con toda la fuerza que me queda. Este enfrentamiento no solo determinará nuestro destino, sino también el de aquellos que dependen de nosotros para encontrar la redención y la esperanza que tanto anhelamos.
Con determinación, planto mi pie en el suelo, negándome a rendirme ante Garfield. Ya no hay lugar para el miedo en mi corazón.
Garfield intenta bloquear mi movimiento, pero en ese instante permito que mi brazo oculto se libere. El dolor punzante en mi brazo roto se hace presente mientras cae, revelando su verdadera naturaleza.
—¡Ella ha sacrificado tanto por ustedes! —exclamo con vehemencia, lanzando un golpe directo hacia su plexo solar, buscando hacer eco en su conciencia.
Después de que Garfield cae por el golpe directo en el plexo solar, intenta levantarse con un impulso de desesperación.
—¡Ella no nos quiere en su vida! —grita, abalanzando su brazo hacía mí.
En ese momento, lleno de furia y determinación, levanto mi pierna derecha, giro mi cadera y extiendo mi empeine hacia adelante con determinación. El golpe es rápido y certero, impactando directamente en su rostro con una fuerza impactante.
Siento la fuerza de mi golpe, la rapidez del movimiento, la determinación que me impulsa.
La técnica de la patada de Muay Thai se despliega con precisión, como un rayo que corta el aire. El impulso proviene de la rotación de mi cadera y la velocidad generada por el movimiento de mi pierna.
Garfield recibe el impacto con fuerza, su rostro retrocede ante el golpe y se tambalea por el impacto. Puedo ver el efecto de mi patada, la expresión de sorpresa y dolor en su rostro.
En ese instante, siento la destreza y habilidad que he desarrollado en este arte marcial, una técnica que he perfeccionado con dedicación y práctica.
—¡No has visto la angustia en su rostro cuando habla de ti! —continúo, escupiendo sangre por todo el suelo. Observo cómo Garfield cae, luchando por recuperar el aliento entre jadeos.
Cada intento de levantarse es un recordatorio de la lucha que enfrenta.
—¿Acaso crees que ella no sufre? —lo cuestiono, con un gesto de desdén mientras lo pateo en el rostro, preguntándome si alguna vez entenderá la verdad.
La mirada de Garfield revela confusión, aún incapaz de comprender por completo.
—¡Tú, maldito idiota! Aun siendo un niño, ella sabía que te convertirías en un hombre fuerte —proclamo, preparándome para un nuevo asalto—. Garfield, ella ha sacrificado todo para transformar nuestro pequeño pueblo en lo que es hoy. ¡Ella transformó todo con la esperanza de que liberes el santuario y vengan a Irlam!
Incluso compró varias casas con su sueldo, tiene una casa exclusivamente para los tres.
Garfield levanta la mirada, sus ojos reflejando una determinación renovada. Su rostro hinchado me hace consciente del caos interno que lleva dentro de sí.
—Yo... yo solo quería estar con amba' —murmura Garfield, atrapando mi puño para lanzarme un golpe directo a las costillas—. Solo quería ser feliz, no quería presenciar eso.
Me veo arrastrado hacia atrás por el impacto, pero aun así sostengo mi sonrisa, consciente de que esta batalla no solo determinará nuestro destino, sino también el de aquellos que dependen de nosotros para encontrar redención y esperanza.
—No sé si puedo supera'lo. —sus palabras van cargadas de frustración, de dolor y de impotencia.
Cierro mis ojos unos segundos, y el color se empieza a perder en mi visión.
—No puedo caer, no me lo permitiré. —Cierro los ojos por un instante, repasando cada acción, cada elección que me ha llevado hasta aquí.
Me lanzo hacia adelante con determinación, mientras Garfield trata de defenderse. En un movimiento rápido, aprovecho el alcance oculto para conectar un gancho en su costado.
Garfield retrocede, dejando un rastro de sangre en el suelo. Busco su mirada con firmeza, tratando de transmitirle un mensaje a través de mis ojos.
—Puedes... —comienzo a decir a Garfield, interrumpiéndolo con un grito lleno de convicción—. ¡Si realmente te lo propones puedes! ¡Eres el héroe de este santuario!"
Maldición, ¿qué estoy haciendo, enfrentando a un niño de catorce años de esta manera?
Me invade un sentimiento de culpa.
Garfield se esfuerza por levantarse, sus brazos temblorosos por el cansancio, pero su determinación no se desvanece.
—Tú... tú me hici'te creer que era' un héroe —murmura Garfield entre dientes, su voz cargada de resentimiento. En un abrir y cerrar de ojos, su puño se estrella contra mi mejilla, haciéndome caer al suelo.
Me apoyo en mi brazo derecho, tratando de incorporarme.
—Ha' hecho tanta' cosas... —continúa, su voz llena de amargura—. Cada ve' que lograbas algo, pensaba que sería' el héroe que estábamos esperando. Pero cuando llegaste, en lugar de ser el héroe, te rendiste y lastimaste a todos por tu debilidad.
Garfield aprieta el puño con furia, la sangre gotea al suelo formando pequeñas manchas rojas.
Es cierto, Garfield es solo un niño que anhela desesperadamente ser un héroe.
Parece que tengo un gran admirador.
Miro hacía Garfield, tomando una larga bocanada de aire para darme más fuerza.
—¿Sabes cuál es la principal característica de un héroe? —le pregunto con una sonrisa, aunque en mi interior nunca he deseado ser uno. No quiero estar destinado a estar por detrás de los demás solo por un título.
Salvaré a quienes pueda, pero al final del día, soy solo un ser humano. No soy lo suficientemente arrogante como para poner a todos por encima de mí. Sé que habrá consecuencias por mis acciones, pero algo es seguro:
—¡Tras ser derrotado se levanta con el doble de fuerza!
Lo miro con determinación, haciendo que de la sorpresa retroceda. Esto va cargado con todo lo que tengo, todo lo he logrado y lo que lograré.
—¡Un héroe debe proteger a todos los que están a su lado! —le grito, mirándolo directo a los ojos—. Incluso si eso significa sacrificar mi propia vida en el proceso.
Me lanzo hacia él, sintiendo cómo comienzo a reunir maná sin siquiera darme cuenta de dónde está viniendo.
«No tengo reservas de maná», pienso para mí mismo, «pero aprovecharé al máximo este poder.»
—¡Te sacaré de tu cobardía, Garfield Tinsel! —avanzo con determinación, sintiendo cómo el mundo a mi alrededor se desvanece en un torbellino de emociones.
—¡Te aplastaré, héroe falso! —responde Garfield con ferocidad.
Ambos corremos uno hacia el otro, nuestros puños extendidos en un último acto de desesperación. En ese momento, siento que toda mi frustración, ira y miedo convergen en ese golpe.
Mi corazón late con fuerza, mis músculos tensos y mi mente enfocada en un solo objetivo: golpear a Garfield con toda mi fuerza.
El rostro de Garfield se distingue entre la bruma de la batalla, sus ojos reflejando una mezcla de rabia y determinación. Sé que él también está entregando todo en este golpe final.
El aire parece detenerse a nuestro alrededor mientras nuestros puños se encuentran en un impacto limpio.
El sonido de la colisión resuena en mis oídos, y siento cómo el golpe reverbera en cada fibra de mi ser. Por un instante, todo se vuelve claro, como si el mundo entero estuviera contenido en ese momento fugaz de contacto.
El dolor se dispara a través de mi rostro mientras retrocedo, sintiendo el impacto reverberar por todo mi cuerpo. Mi mente se nubla, y todo se vuelve borroso mientras caigo al suelo, mi consciencia desvaneciéndose lentamente en la oscuridad.
Sé que Garfield también está cayendo, su presencia desapareciendo a medida que el mundo se desvanece a mi alrededor. En este último momento, somos solo dos luchadores exhaustos, enfrentando las consecuencias de nuestras acciones en la batalla.
Y así, en un silencio abrumador, la oscuridad me envuelve y me sumerge en un profundo y reparador sueño.
El dolor se extiende por cada fibra de mi cuerpo, como un recordatorio constante de la feroz batalla que acabamos de librar. Intento moverme, pero me encuentro siendo cargado por manos diminutas que me sostienen con suavidad y cuidado.
Con dificultad, levanto la mirada y observo a mi alrededor, aunque el dolor me impide mover la cabeza con facilidad.
—¿Son las copias de Ryuzu? —pregunto con voz entrecortada por el dolor, esperando confirmación, pero una voz inesperada responde a mi pregunta.
—¡Ja! Tardaste más en despertar que mi asombroso ser —escucho una voz burlona, y no puedo evitar soltar una risa ahogada, mezcla de dolor y alivio.
—Que un humano te deje en ese estado dice mucho —respondo con una sonrisa, aunque sé que el esfuerzo de contener el dolor se refleja en mi voz. Cierro los ojos con fuerza, apretando los dientes mientras concentro todas mis energías en aliviar mi propio sufrimiento.
Finalmente, logro controlar el dolor lo suficiente como para extender mi mano hacia Garfield, formando un puño con determinación.
Garfield gira la cabeza hacia mí, sus ojos reflejando la misma determinación que los míos a pesar de las heridas y la incapacidad para moverse con facilidad. Sabemos que el tiempo apremia y que pronto deberemos enfrentarnos al mago más poderoso de todo Lugunica.
En ese momento, una voz familiar y reconfortante se hace presente a nuestro lado.
—¿Cómo pueden lastimarse tanto y sonreír al respecto? Garbo, Marbo —Ryuzu Shima habla con preocupación, su voz resonando en medio del silencio cargado de emociones.
Nos miramos mutuamente y nuestras risas se entrelazan, compartiendo un momento de complicidad incluso en medio del dolor y la fatiga.
Podría haber muchas respuestas a la pregunta de Ryuzu, pero ambos sabemos exactamente qué decir en ese momento.
Al unísono, exclamamos con determinación:
—¡Porque somos amigos!
Capítulo 25
La Realidad Oculta.
Cuando abro mis ojos, quedo maravillada una vez más por la grandiosa vista que se despliega ante mí.
El cielo azul se extiende como un lienzo infinito, tan amplio como todo un mundo en sí mismo. Las nubes flotan majestuosamente, indicándome que me aguarda otro desafío por delante.
En lo alto de una colina, la veo a ella, con una sonrisa fingida en el rostro. Sé que me odia, pero sinceramente, yo no siento lo mismo hacia ella. Aun así, no me preocupo por ello.
Al fin y al cabo, es ella quien se está perdiendo algo.
—Has llegado rápido —comenta Echidna, su mirada fija en el horizonte mientras me da la espalda. Parece que ella también está lista para lo que está por suceder.
Sin embargo, hay algo que me intriga, algo que necesito preguntar.
—¿No tienes miedo? —inquiero, observando su perfil.
Echidna reacciona ante mi pregunta, girándose para enfrentarme directamente.
—¿De qué debería tener miedo? —responde con voz neutra, extendiendo su mano hacia mí—. No te equivoques, esto no representa ningún peligro. De hecho...
Echidna esboza una amplia sonrisa que me resulta un tanto perturbadora.
—...estar junto al candidato a sabio será bastante interesante. Ya que conozco su mundo, me intriga ver hasta qué punto puede transformar el nuestro. —Sus manos se iluminan, y el mundo a nuestro alrededor comienza a desmoronarse—. Estas dos pruebas pueden no suponer un desafío real para ti, pero si piensas que por estar con ustedes me convertiré en tu aliada, estás muy equivocada.
Es cierto. Aun no comprendo del todo por qué Echidna me guarda tanto rencor.
Tal vez Marco tenga alguna pista al respecto, así que tendré que preguntarle. Pero estoy segura de que, de una forma u otra, todo está relacionado con Satella.
Mi corazón tiembla por un instante, pero entonces lo recuerdo; el calor reconfortante de su abrazo envolviéndome por completo.
Mis dedos tocan mis labios, esbozando una sonrisa que se niega a desaparecer. Aún puedo sentirlo, su calor sigue impregnando mi piel. Mis manos cubren mis mejillas, incapaces de contener la oleada de felicidad que me embarga.
Echidna me observa con una expresión entre sorprendida y desconcertada, pero en este momento, nada de eso me importa en lo más mínimo.
—Eso es asqueroso.
De repente, mi visión se nubla y las sensaciones en mi cuerpo comienzan a desvanecerse. Siento como si estuviera flotando en el vacío, sin control alguno. En lugar de sentirme nerviosa, pienso en todos ellos.
Ellos están luchando para avanzar, y yo debo hacer lo mismo. Un zumbido invade mis oídos, y una voz que parece surgir de ninguna parte comienza a resonar en mi mente.
"Mira un presente probable", dice una voz desconocida, como la de una niña.
Soy bañada por los rayos del sol. Una vez más, el cielo azul se extiende sobre mí. Aunque puedo verlo, no siento el calor del sol en mi piel. El murmullo de la gente y el traqueteo de las carrozas me hacen pensar en Irlam.
Cuando giro mi cuerpo, me encuentro en lo alto. Es una vista verdaderamente impresionante, algo que nunca había presenciado antes. La capital de Lugunica se muestra en todo su esplendor.
Contemplo maravillada esta grandiosa vista, nunca imaginé verla de esta manera. La capital es realmente vasta, aquí viven cientos de miles de personas. Cientos de miles de vidas, cada una con sus propias historias y sueños.
Aprieto mis manos con determinación, consciente de que lo que tengo frente a mí también es un objetivo que debo proteger.
Cuando me convierta en reina, no me conformaré con simplemente cumplir mis objetivos. Estoy segura de que puedo lograr mucho más.
Aunque no puedo moverme como deseo, pero parece que no es necesario. Mi cuerpo comienza a moverse por sí solo, recorriendo la plaza hasta llegar a un lugar que conozco muy bien: aquel callejón donde lo vi por primera vez.
Una vez dentro, me quedo esperando su llegada. Desde aquí puedo ver todo, excepto la entrada. No puedo girar mi cabeza ni un ápice, como si la prueba quisiera que permaneciera aquí, anclada en este momento.
Entonces, escucho unos pasos, y mi corazón se ablanda al instante. Debe ser en ese momento, cuando él llegó a este lugar. Espero por unos minutos, hasta que escucho unos pasos, entonces al ver a la persona que entra, frunzo el ceño con confusión.
No logro entender lo que está sucediendo.
Lleva puestas unas prendas extrañas, propias del mundo de Marco. La persona frente a mí no es Marco. Su bolsa de plástico confirma que viene del mismo mundo que él. Se dirige hacia los escalones del callejón y se sienta.
—Unas papas, ramen instantáneo y mi celular —comienza a gritar la persona—. ¡Al menos denme una mísera espada sagrada Excalibur!
¿Espada sagrada Excalibur? No logro comprender las intenciones de esta prueba. ¿Quién es esa persona?
Supongo que solo puedo seguir observando.
Después de una batalla con los bandidos, esta persona queda completamente destrozada. Felt también pasa, llevando mi insignia consigo. Incapaz de hacer más, parece que van a golpearlo hasta dejarlo inconsciente.
—¡Deténganse, villanos! —escucho mi voz, y entonces comprendo que, ciertamente, Marco no existe en ese mundo.
"¡Si tan solo otra persona hubiese venido a este mundo!" Las palabras de Marco se hacen realidad aquí. De alguna forma, alguien más ha llegado a este mundo.
Sin embargo, nadie más debería venir si no es Marco.
Rechazo esa idea en mi mente, después de todo, no tiene sentido ver algo que nunca ocurrió.
El solo imaginar un mundo sin Marco ahora hace que mis lagrimas quieran brotar. No puedo, simplemente no puedo imaginarlo ahora mismo.
Un sentimiento de perdida me acoge de solo imaginarlo.
—No me miren demasiado, quieren... —mi amado padre, mi segundo padre, a quien amo tanto. Su actitud alegre y su sonrisa llenan mi alma de calor—. Me hacen sonrojar.
«¡Puck!» Mi corazón anhela volver a verlo, lo extraño tanto, deseo hablar con él, pasear juntos. Marco me dijo que tras ayudarle usando su odo puede que se haya refugiado en alguna parte, que realmente deberemos buscar por cielo y tierra para encontrarlo.
Puck necesita mucho maná para mantenerse, así que, si está en algún lugar, no podremos ni oírlo ni verlo.
Pero sé que podré encontrarlo.
«Incluso su cara enojada se ve tan adorable», piensa aquella persona, su pensamiento resonando en lo alto antes de desmayarse.
¿Cómo que adorable? Rechazo esa idea, aunque puede que de verdad me vea así. Aun enojada, no parezco ni un poco molesta.
Entonces lo veo recostado en las patas de Puck, mientras yo espero a que despierte. Cuando finalmente lo hace, una sonrisa pervertida es lo único que veo.
Después de rechazar su insistencia por acompañarme, este individuo sigue intentando. Realmente no se ve como alguien confiable. Aunque, a pesar de su apariencia intimidante, no parece ser malvado.
—¡Es cierto! Mi objetivo es hacer al menos una acción buena al día —declara con determinación.
Recuerdo que Marco había mencionado que podía averiguar dónde estaba mi insignia, basándose en una sensación que tenía con él. En ese momento, estaba tan preocupada por la insignia que no presté mucha atención.
Por eso nunca profundicé en el asunto.
En cambio, esta persona parece desorientada, sin saber dónde está ni con quién está hablando.
Acepto su propuesta, y todo se vuelve oscuridad.
—¡Mi nombre es Natsuki Subaru! —la luz regresa, y mi yo se encuentra nuevamente frente a esta persona. Su postura es peculiar, pero de alguna manera me resulta familiar.
No puedo recordar de dónde lo conozco, pero mi memoria no alcanza más allá.
—Si hay algún tipo de lugar donde se reúnan ese tipo de personas, quizás sería apropiado buscar allí —opina, buscando una solución lógica a la situación.
¿Por qué no pude pensar en ello antes? Si lo hubiera hecho, quizás no habría aceptado la oferta de Marco, ni habría permitido que me acompañara…
«Menos más no lo pensé», agradezco en mi interior a mi yo de antes.
—Mi nombre es… Satella.
Al pronunciar ese, veo la expresión confundida en el rostro de Subaru al ver cómo cambia el ambiente, así como la decepción reflejada en el rostro de Puck. Es evidente que tampoco sabe quién soy.
En ese entonces solo quería alejarlo para que evitase el peligro.
Pero ambos decidieron bromear al respecto.
Continuan caminando sin un rumbo claro. Luego de que fallara en animar a la niña perdida, Subaru logra hacerlo de forma perfecta. Y con eso todo converge, el hombre nos da información de inmediato.
Aunque su mirada pueda resultar intimidante, su actitud alegre y jovial me contagia una sensación de alegría.
«Es tan diferente de Marco», reflexiono. Mientras que Marco suele transmitir calma y paz, Subaru irradia una energía diferente, más alegre y contagiosa.
Aun así, para mí, Marco sigue siendo superior.
Después de un largo tiempo, la noche cae sobre nosotros. Nos damos cuenta de que hemos tardado bastante en llegar a algún lado. Entonces, todo se vuelve oscuro.
La luz de la luna ilumina el paisaje, permitiéndome ver de nuevo.
Observo un bazar destruido, con todos de pie. Reinhard sostiene una espada que comienza a desintegrarse por sí sola. Parece que, en esta realidad, fue Reinhard quien puso fin a la batalla.
Mientras esa yo ayudo en las tareas de curación, mi mente se queda distraída viéndola.
En ese momento, Elsa emerge de entre los escombros con una mirada decidida a acabar conmigo.
¿Por qué quería matarme? Las preguntas invaden mi mente mientras observo su rostro en busca de alguna respuesta.
Pero justo cuando la situación parece volverse desesperada, Subaru aparece frente a mí. Con rapidez, agarra el mazo de Rom y lo utiliza como escudo para protegerme del ataque de Elsa. Su valiente acto me deja sin aliento, y en ese instante, sé que me ha salvado la vida sin lugar a duda.
Después de ese acto heroico, es claro que esa yo siente una abrumadora necesidad de hacer algo por él. Después de todo, me ha rescatado de una situación potencialmente mortal.
Pero su actitud me toma por sorpresa.
—Quiero que me digas tu nombre —me pide, con una mirada confiada, como si hubiera alcanzado un gran logro al hacerlo.
«¿Solo eso?», lo miro pensando en cómo reaccionará mi yo de esa realidad.
—¿Solo eso? —pregunta, haciendo que sonría por adivinarlo. Luego tras revelar mi nombre todo parece tranquilizarse.
Sin embargo, cuando Reinhard toma el arma y ve que fue cortada, en ese mismo momento, el estómago de Subaru se abre y cae al suelo, expulsando una gran cantidad de sangre. La escena es impactante, y me deja atónita por un momento.
De repente, todo se vuelve oscuro y me encuentro transportada de vuelta a la mansión.
Supongo que lo llevé conmigo, después de todo, me salvó la vida en aquel momento de peligro.
«¡Hmpf! Marco pudo caminar por su cuenta». Aunque esta persona me salvó también. «Se que mi yo de esa realidad le agradecerá debidamente.»
Cuando Subaru despierta se encuentra rodeado de todos, este es llevado a conversar con Roswaal para decidir qué hacer con él.
Su actitud juvenil y enérgica no me molesta en absoluto, al contrario, pienso que alguien como él me haría muy feliz en aquel entonces cuando me sentía tan sola.
O incluso ahora, creo sería divertido tener a alguien; como amigo claro está.
Se parece un poco a Otto.
Los días pasan, y noto que Subaru actúa con tanta energía que se empieza a ver mal. Parece preocupado por algo, pero no logra encontrar una solución.
«A este ritmo, va a colapsar», pienso, mirando que todos lo notan extraño.
Recuerdo cómo en aquel entonces Marco también estaba preocupado, aunque no lo demostraba de la misma manera. Quizás Subaru siente lo mismo, pero su transparencia emocional lo hace más evidente.
Mi yo decide intervenir, notando su actitud preocupada.
«Jeje, no soy tan despistada como dice Marco». Si pudiera moverme, estaría adoptando una pose orgullosa, aunque siento que mi nariz está creciendo.
En esa realidad alternativa, veo a la otra versión de mí misma arrodillada, diciéndole a Subaru que se recueste en mis piernas. Es evidente que está interesado en mí, puedo notarlo ahora con claridad.
Sus ojos no pueden mentir.
La forma en que se comporta Subaru es sin duda curiosa para mí; lo veo como un niño que necesita ser mimado. Es como cuando estoy con Petra, su forma de ser es similar a ella también.
—Ha sido duro, ¿verdad? —tras esas palabras, Subaru comienza a llorar desconsoladamente mientras yo lo observo con cuidado.
No me esperaba esta reacción, debo admitirlo. En situaciones similares, fui yo quien lloraba, pero ahora estoy viendo todo lo contrario. Lo que me costó tanto con Marco lo estoy experimentando de forma tan rápida con él.
Luego, la escena cambia. Veo a Subaru corriendo con Rem en sus brazos, mientras Ram los acompaña. Huyen a toda velocidad con mabestias persiguiéndolos. Finalmente, Subaru entrega a Rem y voltea decidido.
Su determinación está en sus ojos, pero sus piernas tiemblan ligeramente. Tras hablar con Rem, quien se echa la culpa por querer hacerle daño, este se lanza en contra de las mabestias.
Supongo que debe tener algún plan: probablemente hizo algo con Puck como Marco, o debe ser lo suficientemente fuerte como para enfrentarse solo. El corre y justo cuando está en frente de la gran mabestia grita con todas sus fuerzas:
—¡Shamack! —Una densa nube negra se extiende por el lugar. Subaru se adentra en su hechizo y clava la espada rota en el cuello de la mabestia.
«¡No será suficiente!» Observo cómo la mabestia se recompone, gruñendo con fuerza. Esa persona no parece ser hábil ni con la magia ni físicamente, aunque muestra una valentía impresionante.
Cuando parece que no hay escapatoria, aparece Roswaal. Él acaba con la mabestia, y Subaru termina desmayado en los brazos de Rem.
Suspiro aliviada, viendo que todo terminó bien.
Supongo que yo estaba curando a toda la gente del pueblo con Betty.
Entonces, veo otra escena, esta vez en el pueblo. Subaru está solo, pero al ver el pueblo, no puedo evitar querer llorar. Mi mirada se queda fija en ver todo el pueblo.
«No ocurrió el incendio, no hay muertos».
Incluso lo puedo ver a él, la persona que murió por mi error. La persona que yo arrebaté de este mundo por mi arrogancia. Están todos en el pueblo sonriendo, todos parecen alegres practicando ejercicio con Subaru.
Natsuki Subaru, parece ser el héroe que salvó a la aldea.
Solo que, sin baja alguna, sin destrucción alguna. Dejando todo sin cambio.
¿Por qué nuestra realidad es tan diferente?
Veo que esa yo y Subaru se hacen muy cercanos. Igual con Rem, ambos pasan la mayor parte del tiempo juntos. En cambio, yo me mantengo estudiando y estudiando.
No digo que este mal, pero ahora veo que estaba haciendo todo de forma incorrecta.
Si no fuese por Marco nunca habría intentado algo practico.
Todo parece mantenerse a través del tiempo, todos alegres y llenos de vida.
Entonces, soy transportada a lo alto del árbol Flugel. Mi mirada se maravilla del increíble paisaje que me rodea. Sin embargo, mi vista es dirigida hacia abajo, donde veo un grupo congregado debajo del árbol.
Parecen caballeros, muchos de ellos. Crusch está presente, pero no logro escuchar lo que dicen, supongo que está ayudando a Subaru. Luego, soy llevada a otra parte del árbol, donde veo a Rem y Subaru juntos.
Ambos están observando la organización de los caballeros, todos se están formando, preparándose para la batalla. También veo a otros tipos de personas.
Los mercenarios de Anastasia, vestidos de forma diferente a los caballeros de Frey, están presentes. Los grandes cañones son colocados, pero no veo al ejército de Irlam por ninguna parte.
De hecho, no logro encontrarme a mí misma en ningún lugar.
«¿Dónde podría estar en un momento tan importante?», me pregunto, con cierta molestia en mi mirada.
Ambos parecen bastante melosos, tanto Rem como Subaru se muestran con una gran química. La mirada de Rem es tan dulce, algo que no he visto en ella desde hace mucho tiempo.
Aunque, creo que, antes de irse, la vi otra vez.
—¿El culto de la bruja irá hacia el pueblo, atacando a todos? —pregunta Rem, a lo que Subaru asiente.
Asi que ellos lograron enterarse con tiempo.
—Debemos protegerlos a todos, por eso necesitamos acabar con este monstruo primero. —Subaru mira al cielo, haciendo que mi mirada y la suya se encuentren—. Para proteger a Emilia también.
«¿Protegerme? ¿Será que algo sucedió conmigo?»
Entonces, la batalla estalla ante nosotros. Observo cómo él, sin un poder mágico destacado ni una fuerza física sobresaliente, se sumerge en la batalla. Sin embargo, su actitud valiente logra inspirar a todos los presentes y darles fuerza.
Y todavía no me puedo ver en alguna parte.
Tras la lucha hace un plan completamente arriesgado. Ahora, se encuentra en frente de la gran ballena blanca. En su cuerno, este la mira sin temor.
Sus manos tiemblan, sus labios también. Es evidente que el miedo lo acecha, pero su determinación es inquebrantable.
—Desde esta distancia te ves horrible —Subaru se lanza hacia el vacío, pero justo cuando está a punto de hablar, un zumbido ensordecedor llena mis oídos. Cierro los ojos y, al abrirlos de nuevo, me encuentro con la mabestia persiguiéndolos.
¡BOOM!
Explosiones gigantes arrasan con el árbol Flugel, derribándolo por completo. No puedo creer que recurran a algo tan drástico para destruir a la gran ballena. Desconozco cuántas bajas ha habido, pero parece que son numerosas. Cuando ambos regresan, los sanadores se afanan en atender a los heridos.
«¿Por qué no estoy ayudando? ¿Dónde está Betty en medio de todo esto?»
Luego, se enfrentan al culto con la ayuda de ambos campamentos. Es una idea esplendida, pero se me hace extraño que nos ayuden. Supongo que será solo para hacerse con algo, no sé qué podría ser.
Subaru usa mi traje para ocultar su identidad e ir hacía la mansión.
Me sorprende que haya tantas cosas sucediendo a mi alrededor y yo ni enterada. Me enfurece y entristece ver que no confían en mí.
Por lo que he visto parece que Subaru y mi yo de esa realidad están peleados.
No sé el motivo, pero Subaru se está culpando a sí mismo.
Al regresar al pueblo, noto que todo permanece igual, sin cambios aparentes. Se ve como Subaru se ha ganado la confianza de la gente del pueblo, y luego, tras un discurso todos lo terminan siguiendo.
"Es culpa de la medio demonio en la mansión", tenía tiempo de no escuchar esas palabras, pero bueno, no los puedo culpar.
La ignorancia lastima, pero si me dejo afectar seré igual de ignorante que ellos.
Todos están preocupados mientras abordan las carrosas. Los caballeros organizan a la gente y establecen guardias para avanzar. El plan queda hecho cuando Subaru les explica todo el procedimiento a seguir.
Julius y Subaru se dirigen a la mansión para ir a verme.
¿Y yo qué estoy haciendo?
He visto que ha pasado por un gran número de momentos críticos, pero en ninguno estoy yo.
Cuando llegan a la mansión escucho mis propias quejas, deseando contribuir en la creciente crisis. Subaru, usando mí traje para ocultar su identidad, me impide reconocerlo. A la vez, veo el miedo en mi mirada, pero sé que mi deseo por ayudar sería mayor a cualquier cosa.
Miro mi rostro de preocupación, pero aun asi, no me atrevo a hacer nada. Un fuego empieza a viajar desde mi estomago a mi corazón.
«¡Has algo!», grito en mi interior. «¡Ve a luchar, a ayudar!»
Luego, se le pide que se quede en el carruaje, con la excusa de que se necesita de alguien para proteger a los niños. Es algo valido, y considero que es necesario proteger el carruaje de los niños por sobre los demás.
El carruaje avanza con suavidad por el sendero, pero siento el peso de la decepción aplastando mis hombros. Podrían haber asignado más caballeros al carruaje, podrían haberme incluido en el grupo principal, pero una vez más me siento apartada, como si mi valía fuera pasada por alto.
«¿Por qué nadie me pide que ayude?», murmuro para mí misma, la frustración palpable en mis palabras. «¿Por qué todos me tratan como si fuera una copa de cristal?»
No soy frágil, no lo soy en absoluto. Puedo ser útil, puedo luchar y contribuir a reducir las bajas. Sin embargo, parece que nadie reconoce mi capacidad, mi deseo de ser parte activa en la lucha.
Y mi yo que no es capaz de imponerlo.
Entonces, todo vuelve a oscurecerse. Me encuentro en el carruaje, rodeada de niños asustados. Mi mirada se llena de preocupación al ver a las personas luchando fuera. Sé que es mi momento de intervenir, de hacer algo para ayudar.
—¡No! ¡No te dejaremos bajar! —gritan los niños, aferrándose a mí con miedo en sus ojos.
Es una experiencia terrible para ellos, una que conozco demasiado bien por el miedo que sintieron los niños durante el ataque del culto en Irlam. Puedo imaginar su dolor, su angustia al tener que huir de sus hogares.
—¡Subaru nos dijo que no te permitiéramos salir! —los niños me miran con temor, mientras que Petra se ve molesta, aunque se ve tan tierna como siempre.
«¿Le dijo que no podía salir? ¿Por qué no quiere que ayude?», me pregunto con cierta molestia. Reconociendo que es el quien me ha estado ocultando las cosas.
La carroza se detiene abruptamente, y me quedo perpleja al ver quién está entrando. Subaru se une a nosotros en el carruaje, y nuestros ojos se encuentran, comunicándonos mucho sin necesidad de palabras.
Subaru saca unos tablones y una bolsa llena de cristales lamicta de fuego. No puedo evitar reconocer el distintivo tono rojizo.
—Subaru. —Ese yo coloca las manos sobre su pecho—. ¿Por qué estás haciendo esto?
Subaru sale del carruaje y coloca la bolsa en el cuerpo de la ballena.
¡Boom!
Todo se oscurece, para luego ver a Subaru y a mí misma en una colina. Él descansa en mis piernas, rodeado por la mirada expectante de muchas personas. Parece haber ganado el respeto de todos, incluso de los más distinguidos como Wilhelm, Félix y Julius.
No estoy segura de lo que ha hecho, pero todos lo miran con camaradería y respeto. Es similar a mi realidad, pero no veo a Frey por ninguna parte.
Parece que Subaru y yo estamos distanciados, pero tras su disculpa, esa yo se quiebra por completo.
Aun sigo molesta, pero, he de admitir que no sé qué está pasando por completo.
Después de hablar y expresar lo que sienten, puedo entenderlo. Puedo sentir la emoción que late en el corazón de esa versión de mí misma. Admiración, cariño, respeto. Todo está reflejado claramente en sus ojos mientras miran a Subaru.
Pero no me gusta, no me gusta en absoluto.
Veo el cristal en su cuello, lo que significa que Puck está con ella en ese momento también.
Mi mundo vuelve a oscurecerse, para luego iluminarse lentamente. Reconozco el lugar de inmediato, estamos dentro del santuario. Yo me veo demacrada, como si no hubiese podido dormir.
Aun así, Subaru me mira con unos ojos tan brillantes como el sol mismo.
La oscuridad en mi vista es similar a la oscuridad que vi en Marco. El brillo en Subaru es similar al brillo que quería darle a Marco.
—¿Por qué rompiste tu promesa? —pregunta mi otra versión, y yo entiendo de inmediato hacia dónde se dirige todo.
La rabia burbujea dentro de mí, emergiendo como un torrente de palabras hirientes que se estrellan contra Subaru. Cada insulto, cada autodesprecio que lanzo refleja la confusión y la frustración que siento en lo más profundo de mi ser. Me digo a mí misma que soy inútil, que no valgo nada por no haber intervenido.
«¿Cómo puede esperar que ella haga algo si nadie le dice que problemas hay?», grito en un arranque de desesperación, tratando de dejar ir mi angustia.
Pero él también comienza a gritar, admitiendo esa verdad incómoda con sus propias palabras llenas de veneno y dulce. Cada insulto suyo me golpea como una bofetada, y ella no puede evitar si no responder con más palabras afiladas.
No comprendo cómo espera que actúe si nunca le dan la oportunidad de hacerlo. Es evidente que se sentirá inútil si no le permiten tomar las riendas, si no le dejan aprender de sus propios errores.
«¿Cómo se supone que aprenderé a tomar las riendas si nunca me las dan?», murmuro entre dientes, sintiendo cómo el peso de la culpa se cierne sobre mí. «Tan difícil es»
La pelea alcanza su punto álgido, y siento que ya no puedo más. Los ojos de esa Emilia se llenan de lágrimas, probablemente preguntándose por qué sigue a su lado si todo es tan complicado.
—¿Por qué estás conmigo entonces? —su voz tiembla con dolor, consciente de que el contrato con Puck también se ha roto, dejándola en la oscuridad.
Subaru la mira con ternura, sus ojos reflejando un amor profundo y sincero que me estremece.
—Por qué te amo.
Sus palabras hacen que mi corazón se agite, mezclando el enojo con la felicidad.
«Aun a pesar de todo, puede verme y seguir amándome. Me reconforta», pienso mientras intento procesar sus palabras.
Puedo ver que realmente me ama, a su manera peculiar y única. Aun así, la duda persiste en mi mente, la incertidumbre sobre lo que estoy viendo.
—Si no quieres, aléjate —le dice con un hilo de voz temblorosa, viendo como la toma de los hombros con determinación.
Sus ojos se encuentran en un instante cargado de emociones encontradas. La mirada nerviosa de ese yo me reconforta, su labios se unen en un beso lleno de pasión y amor.
—¿Estás conmigo porque me amas? —le pregunta con los ojos brillando de esperanza y amor.
—Así es —responde él, su mirada reflejando la misma ternura que veo en la mía.
Ambos se miran, viendo en el otro un reflejo dl otro.
En ese momento, comprendo que esté presente, aunque nunca sucedió, es uno en el que soy verdaderamente feliz. E incluso, podría ser que, durante el camino hacia este destino, encontrara una felicidad aún mayor.
Al salir del santuario, veo una escena inusual. Una densa nevada cubre todo el paisaje, como si el invierno hubiera llegado de golpe. Frente a mí, los habitantes del pueblo los reciben con sonrisas cálidas y miradas llenas de orgullo.
Parece que he superado las pruebas, y Subaru está a mi lado, su presencia reconfortante como un rayo de sol en medio del frío.
Mi corazón se hincha de alegría al ver a Betty, su rostro radiante de felicidad. Subaru ha sido capaz de ayudarla, y eso me llena de admiración por él.
Es verdaderamente increíble cómo ha logrado resolver todo sin perder a nadie en el camino.
Es un héroe en el verdadero sentido de la palabra.
Entonces, veo cómo finalmente ese yo se suma a la lucha, cómo se enfrentan a una de las imponentes mabestias con la ayuda de Betty.
—¡El bebé en mi vientre! —ese pequeño detalle que me hace sonrojar de alegría y nerviosismo.
«Esa Annerose...», pienso, recordando la vergüenza que sentí cuando Marco me explicó todo sobre los bebes.
Luego, todos están reunidos en un festín, con Roswaal, Ram y los demás. Es evidente que han superado todas las adversidades, que nadie ha salido herido. Todos irradian felicidad y unidad, incluso Garfield y su hermana están juntos, compartiendo risas y momentos divertidos.
Incluso Otto, con sus dos manos intactas, es parte de la celebración. El pueblo rebosa de vida y alegría, como si la tragedia nunca hubiera ocurrido.
No veo a Luan o a Crusch, tampoco a los herreros…
La situación con Roswaal parece haberse resuelto, y Rem está presente, luciendo su traje de sirvienta con gracia y elegancia.
Han logrado todo eso, sin perder nada en el camino. Natsuki Subaru, esa persona extraordinaria, lo ha logrado todo sin sufrir ninguna pérdida. Su valentía y determinación los ha llevado a ese momento de triunfo y felicidad.
Mi visión se sumerge en la oscuridad y, al volver a abrir los ojos, me encuentro nuevamente en mi propio cuerpo. Escudriño el entorno, esperando ver a Echidna, pero en su lugar diviso a una figura completamente diferente.
Me acerco a ella, percibiendo la ansiedad en su rostro mientras avanza hacia mí. Sus ojos son como dos gemas de color rosa claro, contrastando con la suavidad de su cabello que cae en delicadas ondas hasta la cintura. Su rostro, de facciones delicadas, destila una ternura que me conmueve profundamente. Sus extremidades, esbeltas y delicadas, parecen pertenecer a una criatura etérea.
A pesar de su apariencia juvenil, detecto una luz interior que emana de su ser, aunque no le doy demasiada importancia en este instante.
Me detengo frente a ella y sus labios comienzan a moverse con vacilación.
—T-Tú —aprieta con fuerza la tela de su falda mientras me observa con timidez—. ¿Quieres a Marco?
La pregunta me toma por sorpresa y mis cejas se arquean involuntariamente, mientras una sonrisa se forma en mis labios. Antes de que pueda responder, diviso a Echidna aparecer a mi lado, observándome con una expresión llena de expectativa.
—¿Qué te pareció? —Echidna sonríe, sus ojos brillando con complicidad—. Te veías feliz. Te aman tal como eres, con todos tus defectos.
Cierro los ojos, asimilando sus palabras con calma y aceptación.
—Fue una historia hermosa —respondo, desviando mi mirada hacia Carmilla, quien observa a Echidna con atención, pero sin decir una palabra.
Mi respuesta brota de lo más profundo de mi ser; no hay necesidad de cuestionar algo que nunca sucedió.
Al dirigir mi mirada, encuentro a Echidna aun sonriéndome, y siento una oleada de gratitud hacia ella por permitirme experimentar esta revelación.
—Fuiste feliz. Feliz en todo momento. Nadie sufrió, no hubo angustia a tu alrededor. Todos irradiaban felicidad y se brindaban apoyo mutuo. Aunque no fueran las mismas personas que en tu mundo, sus corazones palpitaban con una alegría más pura y sincera —Echidna se acerca, notando mi serenidad ante sus palabras—. Y te diré más. Esa persona es capaz de hacer que todo funcione, de evitar tragedias y conflictos. Logra que todos se acepten tal como son, sin reservas ni juicios.
Interrumpo a Echidna con un gesto de mi mano, tocando su pecho con firmeza.
—Es verdad. Quizás lo que dices sea cierto —digo con serenidad, agachando la mirada para encontrarme con los ojos de Carmilla—. Me aceptan tal como soy, sin pedirme que cambie ni que renuncie a mi esencia. Quieren que siga siendo la misma persona de siempre, y esa otra persona me ama por quien soy.
Aquella persona consiguió que la gente del pueblo encontrara la paz y la felicidad, los ayudó a aceptarse y a amarse unos a otros sin condiciones. No han sufrido pérdidas ni fracasos.
Incluso vislumbro esa escena con una ternura infinita, como si fuera un reflejo de un paraíso en la tierra.
—Creo que hice esta prueba demasiado tarde —confieso, dejando que mis palabras resuenen en el aire con un dejo de melancolía—. Si hubiera sido hace algunos meses, si mi vida hubiera transcurrido de otra manera, habría deseado que ese fuera mi presente.
Llevo una mano a mi pecho, donde palpita el anhelo por volver a reunirme con mis seres queridos.
—En ese mundo Beatrice esta sana, sin ninguna problema. —La mirada de Echidna se torna tensa, sus cejas temblando—. Incluso Puck, él también está bien a su forma.
Es cierto, y me duele con el alma.
No sé cómo habrá hecho esa persona para lograr todo eso, pero no tengo mucho que decir al respecto.
—Marco es un humano, por ello comete y cometerá errores. —Miro hacía el techo, pensando si está bien—. Esa persona me ama por quien soy, me ama por como actúo y todos mis errores.
Sonrío, sintiendo agradecimiento hacía el por amar a esa yo.
—Pero yo me amo a mi misma, me amo por en quien me he convertido. —Es una verdad, es lo que soy lo que importa—. Amo ver las cosas que puedo mejorar de mí, amo esforzarme por ayudar, amo ver que supero situación que antes no podía superar.
He cambiado tanto, asi como hay cosas que no van a cambiar. Disfruto el cambio, disfruto la incertidumbre que hay en cambiar.
—Además, a pesar de haber cambiado hay personas que me siguen amando, hay personas que han presenciado todo lo que he cambiado y aun así no se alejan de mí. —Miro a Carmilla con usa sonrisa—. Lo amo, amo a Marco Luz con locura. Asi como también amo que mi yo del pasado haya podido encontrar a alguien que le ame.
Ella abre sus ojos y una sonrisa se esboza en sus labios.
—La prueba va de aceptar el presente, de no querer otro, pero eso es innecesario. —Miro a cielo, pensando el todo lo que acabo de ver—. Todos soñamos con cambiar cosas, cambiar acciones y pensar en las cosas que pudieron mejorar. Al final siempre pensaremos en esas cosas, pero, yo quiero hacerlo y también aceptar la realidad que tengo en mis manos.
Su mundo es dulce, lleno de alegría. A la vez que sin cambios.
Su mundo es dulce, rebosante de alegría, pero está desprovisto de cambios. En ese lugar, nadie sufre ni lamenta sus decisiones. No hay guerras, ni muertes por ambiciones desmedidas.
Echidna me mira a los ojos, una sonrisa empieza a formarse en sus labios.
—Las cosas pueden mantenerse, porque nadie necesita cambiar, así como nadie sufre porque esa persona los protegerá. No tiene fuerza, habilidades, ni es tan inteligente como Marco Luz —concluye, y yo acepto sus palabras—. A pesar de todo eso es capaz de superar todas las adversidades y salir adelante.
—Pero ¿qué hay de la gente que Marco ha ayudado? —pregunto, y sus labios dejan de sonreír—. Sé que Marco ha tomado malas decisiones, que gente ha muerto por ellas. No creas que no sufro, ni que nadie sufre por ello.
Es un mundo que no cambia, pero todos son felices.
—¿De verdad todos son felices? Las personas que Marco ha salvado también importan. Hemos rescatado gente de la pobreza extrema, personas tan desnutridas que sus huesos sobresalían y estaban entre la vida y la muerte. —Me levanto, acercándome a ella, y coloco mi dedo en su pecho—. ¿Y qué hay de los mineros? Sus vidas mejoraron con la invención de la máquina a vapor, gracias a los trabajos y normas que Marco proporciona.
Es un mundo sin cambios, por eso no hay sufrimiento. Los cambios siempre traen problemas, y la muerte siempre duele. Nunca entendí por qué Marco era capaz de decirlo de esa forma. Ahora, creo que lo entiendo.
—Siempre hay algo malo en lo bueno, y algo bueno en lo malo —continúo, sin apartar la mirada—. Hay cosas que nunca veremos, cosas que no queremos ver a pesar de todo lo que nos rodea.
Acepto ese mundo, así como acepto el mío. No tengo por qué rechazarlo, hay cosas que no me gustan, así como cosas que sí.
—La persona que convirtió todo eso puede no ser perfecta, puede equivocarse y sus errores pueden tener consecuencias fatales. —Coloco mis manos en mi pecho—. Puede no ser igual a esa persona, que aparenta perfección, pero no necesita serlo.
Echidna no dice nada, mientras yo siento que mi corazón está en paz. Siento que mi yo pasado se alegra de lo que ha visto.
—Aun así, también sé que su corazón es tan, pero taaan grande, como para ayudar a todos a encontrar la mejor versión de sí mismos. Se que si es necesario dejará de dormir para cumplir con sus responsabilidades, que si es necesario se pondrá en frente ante cualquier peligro —añado, sintiendo la mirada de Carmilla sobre mí—. Asi como también sé que sufre, también sé que se cansa, que cuando está muy cansado se pone de mal humor, que discute y a veces es hiriente con sus palabras.
Todo lo que hay en él, asi como todo lo que cambiará.
—Marco no es perfecto, mi realidad no es perfecta. —La miro a los ojos, sintiendo que intenta decirme algo—. Puede no ser perfecto, pero puede mejorar, cambiará. No sé qué nos depara el futuro, pero velaré con mis propias manos porque sea un gran futuro.
Además, él no me trata como una copa de cristal.
Recibo un trato especial que toca las fibras más íntimas de mi ser, guiándome con delicadeza hacia la mejora y revelándome mis fallos con una sinceridad conmovedora.
Aprendo a valorar cada pequeño paso en este camino de autodescubrimiento y transformación, y poco a poco comienzo a desear el cambio con una intensidad que antes no conocía.
Disfruto del desafío de enfrentar lo desconocido, sumergiéndome en conversaciones profundas y significativas con la gente del pueblo, descubriendo nuevas perspectivas y entendiendo mejor mi lugar en este mundo.
—Me amo a mí misma, y lo amo a él —mi sonrisa se ilumina con la verdad de mis palabras, mientras ella comienza a hablar—. También amo mis amigos y la gente de Irlam.
Su mirada, suave y cálida, parece penetrar en lo más profundo de mi alma, como si pudiera leer cada pensamiento y emoción que albergo en mi interior. Es hermosa, con una belleza que va más allá de lo físico, realmente encantadora y tierna.
—Has pasado la prueba —las palabras de Carmilla resuenan en el aire, mirándome a mí y a Echidna con complicidad—. Perdón por intervenir en tu prueba, pero necesitaba saber si lo que vi en un principio era verdadero amor.
Echidna permanece en silencio, sus ojos revelando una mezcla de emociones difíciles de descifrar.
—¿Es real lo que vi? ¿Está viva esa realidad? —mi voz apenas susurra la pregunta, temerosa de lo que pueda descubrir.
Carmilla sonríe con dulzura, señalando hacia mi corazón con gesto sereno.
—Od Laguna es quien decide qué pruebas realizar, yo solo he tratado de guiar un poco el camino —sus palabras son un bálsamo para mi alma—. No puedo asegurarte si lo que experimentas es real, pero ahora que la has visto, estará viva en tu corazón para siempre.
Asiento con gratitud, una sonrisa radiante iluminando mi rostro.
—¡Sí! Me emociona saber que incluso mi yo anterior puede encontrar el amor, que también puede tener a alguien que le ame incondicionalmente.
Ahora debo avanzar, dejando atrás el pasado y abrazando el futuro con todas sus incertidumbres y promesas.
Mis amigos me esperan con los brazos abiertos, listos para acompañarme en este nuevo capítulo de mi vida.
La siguiente prueba me aguarda, y aunque siento una mezcla de nerviosismo y emoción, también hay una profunda sensación de confianza en mi corazón. Estoy lista para lo que venga, dispuesta a enfrentar cada desafío con valentía y determinación, sabiendo que cada paso que doy me acerca un poco más a la plenitud y la felicidad que tanto anhelo.
Capítulo 26
Error
Vuelvo a abrir mis ojos, y lo primero que llena mi vista es el tejado de madera. La madera, desgastada por el tiempo y las inclemencias del clima, parece susurrar historias de antaño. El aroma a resina y humedad se cuela por las rendijas, como un abrazo cálido y familiar.
Entonces recuerdo lo sucedido: he vuelto a la cabaña, ahora, deberé partir a ayudar a mis amigos.
Intento levantarme, un paso a la vez, cuando lo hago, un dolor punzante recorre cada músculo de mi cuerpo. El esfuerzo es titánico, como si mi carne y huesos se resistieran a obedecer.
—¡Ahg! —miro mis manos, viendo que están temblando con debilidad. Mis nudillos están amoratados, marcados por la lucha, y las uñas, que alguna vez fueron limpias y cuidadas, ahora están rotas y llenas de tierra.
Se siente como si me hubieran dado una paliza.
Cierro los ojos y respiro hondo, tratando de encontrar la fuerza para seguir adelante. La cabaña, con sus paredes de troncos y su olor a madera antigua, me envuelve como un refugio.
Aquí, en este rincón apartado del mundo, se libró una batalla que trasciende lo físico.
—Jaja, qué pelea. —Giro mi cabeza, y entonces los veo a ambos: Garfield sentado en un rincón, su mirada intensa y su cabello revuelto. A su lado, Ryuzu, con sus vendajes y su expresión imperturbable.
El rostro de Garfield ya no está hinchado; ha usado su maná para recuperarse. La magia fluye en él como un río subterráneo, y su presencia es imponente.
Garfield me mira con una sonrisa, pero rápidamente su expresión se vuelve seria.
—Tenemo' que apura'no'. —su mirada se fija en el horizonte, en dirección al pequeño pueblo—. Puedo escucharlo, ya ha comenzado. Los disparos, los golpes, el estruendo de la magia.
Miro en la misma dirección, pero realmente no puedo ver ni escuchar nada. Intento esforzarme, pero mi cuerpo me traiciona, haciéndome volver a caer en la cama.
Los sentidos de Garfield son más agudos que los míos por obvias razones, solo pensé que podría identificar una fuente de maná.
¿Qué está pasando allá afuera? ¿Estarán bien todos?
—Si Roswaal se pone en serio, todos morirán. —Aprieto todos mis músculos y me levanto de la cama, siento cómo cada articulación cruje, mis músculos temblando y el dolor de contraerlos me embarga por completo.
La responsabilidad pesa sobre mis hombros, como una losa ancestral.
No puedo fallar.
Aun así, no cederé. La determinación arde en mi pecho, y aunque mi cuerpo protesta, mi voluntad es inquebrantable.
Intento ver mi puerta de maná, pero al hacerlo, caigo al suelo. Empiezo a toser, y el aire desaparece de mis pulmones. La sensación dura unos segundos y luego desaparece como si nada hubiese sucedido.
¿Qué ha cambiado? ¿Qué secreto guarda mi puerta?
—Has gastado todo tu maná, es un milagro que estés vivo. —Ryuzu se voltea a verme, sosteniendo una pócima curativa—. Se lo iba a dar a Garbo, pero tú estás en peor estado.
No puedo tomarlo, no sé qué es lo que va a suceder. La batalla contra Roswaal es clave, si la malgasto…
Desprovisto de maná, me resulta absurdo sumergirme en el combate. Con un gesto rechazo la idea, mientras mi mirada se posa en Garfield.
—La persona idónea para confrontar a Roswaal es Garfield; únicamente él puede pelearse con él en igualdad de condiciones.
Mis ojos se fijan en él, pero Garfield me corta con su interrupción.
—¡Has sido capaz de fracturar las costillas a mi magnífico ser! —Garfield lanza una sonrisa y flexiona sus brazos, haciendo alarde de su musculatura—. Debes enseñarme ese arte de combate.
Su entusiasmo es arrebatador, y aunque mi cuerpo esté lacerado, una chispa de determinación surge en mí.
Su mirada, rebosante de orgullo y admiración, me arranca una carcajada. Engancho la pócima a mi cinturón.
Si puede ser de alguna utilidad, mejor reservarla para más adelante. No puedo consentir que mis amigos pasen por más problemas Estoy dispuesto a enfrentar la muerte una vez más, pero ellos no deben correr tal suerte.
Con la llegada del quinto día, ha llegado mi momento de actuar. Al parecer, han transcurrido algunas horas y la oscuridad de la noche pronto dará paso al amanecer.
Si aspiro a tener a Roswaal de mi lado, debo persuadirlo, convencerlo de que soy el único capaz de satisfacer sus ambiciones. ¿Qué anhelos guarda Roswaal? ¿Qué secretos lo conducen?
La idea de colaborar con un psicópata y asesino como él me revuelve las entrañas, pero no veo alternativa. Si mi deseo es auxiliar a los habitantes de Irlam, si pretendo proteger a mis amigos, si busco sobrevivir al futuro, he de requerir de su poder.
—Debes permanecer en la tumba; soy consciente de que no puedes influir sobre las demás Ryuzu. —Mi vista se desvía hacia la ventana, donde observo a una muchacha ataviada de blanco. Asiento serenamente, esbozando una sonrisa—. Lo que presenciaste fue el pasado de la auténtica Ryuzu.
Los ojos de Ryuzu se ensanchan, revelando su asombro, y sus labios tiemblan ante las revelaciones. Garfield, por su parte, muestra confusión; por ello, decido aclarar la situación una vez más, de manera concisa, compartiendo la historia que hemos llevado con nosotros.
Después de unos minutos, me dirijo a Ryuzu:
—No eres ella, aunque surjas de su ser. Eres única, Ryuzu Shima. —Cierro los ojos, apretando mis manos con fuerza—. Debes seguir tu propio camino.
Ryuzu observa a Garfield con temor, consciente de que liberar el santuario implica peligro según lo que ha visto en la prueba. Además, Garfield es alguien significativo para ella, complicando su posición.
—Garfield, ¿te gustaría hacer la prueba? —pregunto, percibiendo la sorpresa en sus ojos—. Si decides hacerlo, haré todo lo posible por contener a Roswaal.
La perspectiva de que Garfield realice la prueba y se sume a nuestro bando justifica plenamente el riesgo. La mirada de Garfield hacia mí es firme, con una determinación que denota su disposición a enfrentar lo que sea necesario. Sin embargo, una explosión repentina sacude el entorno, rompiendo momentáneamente el silencio tenso que se había establecido.
Ryuzu y yo giramos instintivamente nuestras miradas al horizonte, donde una ominosa nube de fuego se eleva hacia el pueblo, señal inequívoca de una amenaza inminente.
—Garbo, si no quieres... —Ryuzu intenta hablar, pero Garfield la interrumpe con una mano en su cabeza.
En este momento crítico, Garfield, con los puños apretados y la expresión endurecida por la resolución, toma una decisión que cambiará el curso de los acontecimientos.
—No puedo evitarlo. —A pesar de sus palabras, su sonrisa persiste, una mezcla única de valentía y determinación—. Ellos serán mi' amigos ahora, ¿no?
Asiento, reconociendo la tranquilidad que emana de su elección, aunque sé que el camino por delante estará lleno de desafíos.
—Ademá', quiero darle una paliza a ese bastardo con estos increíbles puños. —Garfield se levanta con una energía renovada, su cuerpo completamente curado. Aunque sus reservas de maná estén bajas, la ferocidad en sus ojos revela una voluntad inquebrantable para enfrentarse a lo que sea necesario.
Mientras tanto, mi mirada escudriña el entorno en busca de algo que ponerme. La tensión en el aire es palpable, y mi cuerpo responde instintivamente a la gravedad de la situación.
Sin encontrar nada adecuado, avanzo hacia la puerta, consciente de que cada segundo cuenta.
—Deberías quedarte, Marbo. Estás muy herido, y Roswaal no es alguien débil. —Ryuzu expresa su preocupación con sinceridad. Aunque nuestro tiempo juntos ha sido breve, he desarrollado afecto por su actitud relajada y tranquila, lo cual hace que dejarla atrás duela aún más.
Sin embargo, no hay otra opción.
—Ryuzu, este santuario fue concebido con la oscura intención de aprisionar y proteger a Echidna en sus siniestros experimentos. De alguna manera, te volviste muy cercana a mi hija, Beatrice, y, como resultado, Echidna te dispensó un trato "favorable", si es que podemos llamarlo así.
Desconozco los horrores que debieron soportar los demihumanos, pero me atrevería a suponer que sus vidas distaron mucho de ser agradables.
En el silencio que sigue, siento las miradas penetrantes de todos, y mi atención se posa en el rostro apagado de Ryuzu mientras mis palabras resuenan en la atmósfera cargada.
—La verdadera Shima ya no existe, y el cristal que supuestamente "protege" este santuario ya no tiene razón de ser. —La miro con firmeza, con una determinación que refleja la urgencia del momento—. Hay acciones que debemos emprender y personas que debemos resguardar.
Los conejos lograron infiltrarse; Subaru y yo lo hicimos, a pesar de estar impregnados de miasma.
Se supone que cualquier individuo con sentimientos adversos no tendría cabida aquí, pero incluso Roswaal ingresó con la intención de aniquilar a todos si fuera necesario.
La protección que brinda este lugar está lejos de ser completa; los sentimientos negativos no siempre están asociados con la maldad. Además, carece de sentido que los demihumanos no puedan escapar.
—Más que una barrera protectora, esto es simplemente otro experimento. No tiene utilidad, y no impedirá que sucedan cosas nefastas. —Indico hacia Irlam con un gesto de la mano—. En cambio, en Irlam, todos tendrán la oportunidad de iniciar una nueva vida, liberados del yugo del racismo y protegidos en todo momento.
Extiendo ambas manos, inclinándome en señal de respeto. Este no es el momento para la arrogancia; necesito la colaboración de ambos para que me asistan en esta empresa.
—Mi hija está en grave peligro. Para poder ayudarla, necesito salir con mi gente, y también necesito su ayuda. —Es algo cruel, algo realmente cruel y horrible lo que estoy haciendo.
Si tan solo supiera cómo ayudar, lo haría. Si hubiera profundizado más en los hechizos, si hubiera estudiado más. Un suspiro escapa de mis labios mientras encuentro la mirada de Ryuzu.
Sé que Ryuzu desaparecerá, cediendo paso a Echidna. Ella también es consciente de que ese es su destino, después de todo, es la candidata perfecta al conservar recuerdos fundamentales sobre quién es, sobre quién es Echidna.
Ella probablemente ya lo sabe; por eso, mi petición se torna egoísta y cruel.
Sin embargo, la primera mano que siento es la suya.
—Has cambiado, Marbo. —Sus manos aprietan las mías con firmeza, y su determinación se transmite a través del contacto—. Prométeme que protegerás a todas las Ryuzu, así como a todos aquí.
Asiento, y Garfield toma entonces mi mano con una fuerza que revela su resolución.
—¡Mi asombroso ser protegerá a todos! ¡Soy el escudo del Santuario! —la contundencia de su agarre me deja claro que está completamente decidido.
Aunque me gustaría contarle a Garfield sobre su madre, decido posponerlo. Temo que, si se entera ahora, podría perder la determinación que muestra en este momento. No soy perfecto, no puedo hacer las cosas perfectas. Pero estoy decidido a hacer lo mejor que puedo.
En ese instante, veo múltiples espíritus luminosos que danzan a mi alrededor. Extraños sonidos invaden mis oídos, un estruendo que amenaza con hacer estallar mi cabeza.
Luego, un dolor punzante se propaga por todo mi cuerpo. Es como si mis huesos mismos estuvieran siendo sometidos a una transformación, y la intensidad de la sensación me hace sentir vulnerable ante el inminente cambio.
—¡Oye! —Garfield trata de sostenerme, pero el ruido persiste. Aprieto todos los músculos de mi cuerpo, tapándome los oídos con fuerza e intentando mitigar el dolor. La presión es tan intensa que siento que voy a estallar, como si cada parte de mi ser estuviera siendo sometida a una fuerza incontrolable.
—¡AGGGH! —grito, luchando por liberarme de ese tormento. En medio del caos sensorial, una voz infantil resuena en mi mente, instándome a resistir.
Aprieto los dientes con fuerza, sintiéndolos rechinar. Ambos, Garfield y Ryuzu, me sostienen con manos firmes, pero el dolor persiste, como si mi cuerpo estuviera siendo desgarrado y vuelto a ensamblar desde adentro.
"Aguanta un poco", una voz infantil resuena en mi mente.
Mi rostro se contorsiona en una expresión de sufrimiento, mientras mi cuerpo se retuerce involuntariamente ante la incomodidad aguda.
En medio de la agonía, mi brazo derecho comienza a moverse, y percibo que la fractura se está sanando. Los espíritus que danzan a mi alrededor brillan con más intensidad, y siento una conexión profunda con ellos.
¿Ella los envió? ¿Emilia, con sus espíritus, intervino para ayudarme en este momento crítico? Mi mirada se torna interrogante, buscando respuestas en el fulgor de las luces espirituales.
De repente, el dolor se detiene abruptamente, dejándome jadear con alivio. El sudor frío recorre mi rostro, y las miradas preocupadas de Garfield y Ryuzu me cuestionan sobre lo que acaba de ocurrir.
Siento mi cuerpo en buen estado, reconfortado por la experiencia de sanación que acabo de atravesar, pero la incertidumbre sobre el origen de esa intervención persiste en el aire tenso. Mis ojos buscan en los de ellos alguna señal de comprensión mutua, mientras mi respiración agitada intenta normalizarse.
No tengo maná, pero experimento una sensación única que me embriaga.
Es como si una brisa fresca se filtrara a través de mis poros, regalándome una inmediata sensación de frescura que acaricia mi piel y revitaliza mi ser. Aprieto mis manos, sintiendo cómo mi fuerza retorna gradualmente, revitalizada por esta corriente reconfortante.
Las voces etéreas, aunque suaves, resuenan con mayor claridad ahora. Transmiten un mensaje claro y rebosante de cuidado:
"Estaremos descansando; debes evitar ponerte en peligro". A pesar de sus palabras sabias y llenas de prudencia, lamento profundamente que no pueda seguir su consejo.
—Han compartido momentos con Emilia y, por ende, conmigo. Saben que no puedo hacer eso. —Sus luces penetran en mí, hallando reposo.
La ausencia casi total de miasma en mi cuerpo indica que Emilia los dejó antes de partir, pero el miasma les infundió temor de acercarse. Ahora, finalmente, han optado por ayudarme.
A pesar de mi carencia de maná, que me deja como un simple humano, incluso sin miasma, sé que debo proseguir la lucha.
Les agradezco profundamente su asistencia.
—Igualmente, gracias de verdad. —Expreso mi gratitud mientras me deshago de las vendas, quedando solo con el pantalón.
—Vamos. —Miro a Garfield, quien parece sorprendido por mi actuar. Él sonríe y me ofrece su puño. Nuestro intercambio es silencioso, y antes de partir, simplemente choco mi puño con el suyo.
Antes de emprender el camino, tal vez realice algo que altere el plan, pero es lo que mi corazón me demanda.
—Ryuzu, si le cuentas "eso" a Emilia, probablemente querrá ayudarte. Perdóname por decirte esto, pero a mí también me gustaría volver a verte.
Ahora no puedo solicitarle que se quede, ni tampoco prohibirle realizar alguna acción. Comprendo que ella también lo está considerando, pero no soy dueño de su vida.
—Conozco muchas cosas de este mundo, detalles de un presente que ya no existe. No puedo explicar cómo lo sé, pero confío en que tomarás la decisión que tu corazón te dicte.
No pretendo manipular a nadie. Si Emilia no está dispuesta a destruir el cristal de esa manera, buscaré otras alternativas. Al fin y al cabo, soy Marco Luz.
Su mirada se encuentra con la mía, sus ojos despiertan con una claridad como si hubiera salido de un sueño. Su aura, antes borrosa, recobra sentido. Se acerca a Garfield y toma su mano, sellando el gesto con un beso en su mejilla.
—¡Hey! —Garfield se sonroja, pero ella solo le devuelve una sonrisa. Mis labios también se curvan ante la escena—. Que los espíritus estén con ustedes —sus palabras marcan un adiós implícito que siento en lo más profundo de mi alma.
La vida puede ser cruel, las personas también. Aun así, acepto la realidad. Dirijo mi mirada hacia Garfield, ahora transmitiendo toda la seriedad de la situación.
El deja de sonreír por un instante y me observa con atención.
—Roswaal es fuerte, dudo que incluso entre todos podamos hacer algo. —Un escalofrío recorre mis manos al recordar la vez que morí en sus manos, cuando acabó con la vida de mi hija—. Es un monstruo, pero quizás podamos contenerlo. Para ello, debes...
Garfield me da un manotazo en la espalda, un gesto de ánimo que refuerza su confianza.
—Un escudo debe confiar, ¿cierto...? —su sonrisa es evidente, su emoción palpable—. Mi general.
Sonrío, sabiendo que nunca más pronunciará mi nombre.
—Andando.
Comenzamos a correr, atravesando el bosque a toda velocidad. Esquivamos los árboles, avanzando con determinación. Garfield mantiene su velocidad, pero le insto a adelantarse.
—Es mejor guardar energía; quiero recuperar fuerzas para darle una paliza a ese bastardo. —Sus ojos se fijan en el horizonte mientras continuamos avanzando, su expresión revela la firmeza de su determinación.
En medio de la carrera, siento algo diferente. Mi fuerza regresa, algo cambia dentro de mí. Una sensación renovada que me impulsa hacia adelante.
Puedo percibir el roce del viento acariciando mi rostro, el crujir de las hojas bajo nuestros pies, la frescura del bosque que se funde con la determinación que palpita en el aire. La conexión con el entorno se intensifica, nutriendo mi espíritu para el desafío que nos aguarda.
La firmeza de Garfield a mi lado es un recordatorio constante de la lealtad que compartimos en esta carrera contra el tiempo y la oscuridad que se cierne sobre nosotros.
Mi ser experimenta una transformación profunda, un cambio que se manifiesta en una recuperación extraordinaria y rápida.
Los contornos de mi existencia se ven afectados, y aunque las razones de este fenómeno me resultan desconocidas, no puedo ignorar la anormalidad de mi revitalización.
Mis sentidos se agudizan, y mi visión se llena de asombro al percibir el maná desplegarse como un delicado resplandor desde el cuerpo de Garfield. Los espíritus danzan entre los árboles, creando piscas de luz etérea que revelan la presencia de varios espíritus ocultos entre los arbustos cercanos.
La conexión con Beatrice, con su capacidad para absorber maná de la atmósfera mediante su odo, y la influencia del propio odo de Puck en mi ser, han alterado la esencia de mi puerta, otorgándome una visión más allá de lo común.
Fijo mi mirada en el horizonte, buscando inhalar ese aire saturado de maná. Si puedo reunir estas energías, si logro canalizarlas a través de mi puerta...
—Espíritus, para salvar a uno de los suyos, necesitaré su ayuda —exclamo, reconociendo en ellos entidades que, con el tiempo, se transformarán inevitablemente.
Los cuasi espíritus, seres dotados de características particulares, se manifiestan como aliados ideales en este momento.
Aunque su dominio de hechizos complejos sea limitado, su capacidad para restituir maná resulta invaluable. El maná espiritual dentro de mí actúa como un canal para estas energías, puro y sereno en su esencia, marcando una diferencia notable frente a la volatilidad inherente al maná de los seres vivos.
Beatrice solía emplear mi maná, pero ahora, en un giro de circunstancias, utilizaré el suyo.
La imposibilidad de formar un contrato con estos seres místicos me llena de pesar; por ende, la idea de emular a Julius y entablar pactos con varios espíritus se desvanece ante esa realidad inquebrantable.
Un estallido retumba en la distancia, un árbol se asoma en el aire antes de caer al suelo. Mis sentidos, momentáneamente eclipsados, recuperan la atención y dirijo la mirada al cielo.
Múltiples proyectiles mágicos se precipitan desde todas direcciones, desatando el caos.
—¿No que puedes volar? —Garfield me pregunta con preocupación.
Niego con determinación.
—La magia Yin es el legado de mi hija. —Mi impotencia para volar en este momento se revela con claridad—. Si deseo emplearla, debo traerla de vuelta a la vida.
Garfield arroja un cristal hacia mí, el mismo que Otto me entregó. Al sostenerlo, el cristal resplandece, como si intentara comunicarse conmigo. Lo guardo en mi bolsillo, consciente de que esta herramienta será clave para detener a Roswaal.
—Esto será útil. ¡Vamos, rápido! —anuncio, instándonos a la acción mientras nos sumergimos en la vorágine que se desata a nuestro alrededor.
Atravesamos el bosque y, al emerger, nos encontramos con la vista del pueblo. Un hedor agobiante asalta nuestras narices, impregnado de la acritud del humo de madera y tela quemada.
Las chispas y ascuas danzan en el aire, testigos silentes de la devastación causada por la locura desencadenada de un hombre imbuido de poder. Es un recordatorio tangible de que la imprudencia y la ambición desenfrenada solo conducen al caos y la destrucción.
Si la evacuación se llevó a cabo como se esperaba, la gente está a salvo. Lo material puede recuperarse; eso no es la preocupación principal en este momento. Supongo que Otto ha desempeñado su papel, posiblemente utilizando a alguien del pueblo como mediador.
No tengo la certeza de dónde nos encontramos exactamente en el pueblo, pero confío en la guía de Garfield para navegar por el caos.
—¿Qué tan lejos estamos del santuario? —le pregunto, y al dirigir mi mirada hacia él, me sorprende el destello en sus ojos.
Los colmillos de Garfield emergen, sus dientes apretados en una mezcla de rabia y tensión. Un torrente carmesí de maná irradia de su cuerpo. Baja la mirada, impotente y frustrado.
No ha logrado proteger lo que le importa.
—Lo… Lo voy a matar. —susurra, sus labios temblando en el intento de contener la furia. Eleva la mirada de nuevo, su expresión cargada de desesperación.
Mierda, parece que está al borde de la locura.
—¡LO MATARÉ! —el grito de Garfield reverbera en el aire, y en un salto, desaparece de mi vista.
Chasqueo los labios, consciente de que ahora debo seguir su rastro. Intento utilizar magia, pero aún no tengo el dominio para conjurar hechizos.
Con la mano, me cubro un poco del humo, esforzándome por rastrear el maná de Garfield. Suponiendo que partieron desde la cabaña en el pueblo, les llevará aproximadamente media hora llegar al santuario a pie.
Si mis cálculos son correctos, Roswaal intentará detener a Emilia, utilizando nuestras vidas como moneda de cambio. Él puede volar por los cielos, pero de seguro no lo hará; usará el tiempo para masacrar a todos.
La claridad de la situación se despliega ante mí, tan nítida como las aguas de un manantial.
La prolongación de esta lucha indica que Roswaal no tiene la menor intención de permitirnos salir con vida fácilmente.
Si opta por esa táctica, significa que desde el principio planeaba abandonar todo, revelando su conocimiento sobre cómo ver a Echidna.
Observo el cielo y noto que la mañana se avecina. Considerando los tiempos de evacuación, el inicio de la batalla y el estado de las casas, deduzco que ha pasado algún tiempo, aunque no demasiado.
A pesar de que las casas de madera siguen en pie, la magnitud del conflicto sugiere que Roswaal no está conteniéndose. No hay manera de enfrentarlo si decide tomar la confrontación en serio.
Una sensación incómoda me asalta: mi nariz y garganta arden, mis ojos se llenan de lágrimas y la visión se vuelve borrosa.
El humo empieza a dificultar mi respiración; debo apurarme si no quiero desmayarme. Incremento mi velocidad, esforzándome por seguir el rastro que dejó Garfield. Su maná es tan fuerte que se destaca con facilidad, ya sea en las huellas que deja o en la destrucción que provoca.
Finalmente, llego a la casa donde estuvimos por primera vez, donde Roswaal se encontraba sanando.
Allí está Garfield, de pie, sosteniendo algo en su mano. Me acerco lentamente, pero su rostro refleja una tormenta emocional. Una lágrima corre por su ojo derecho, y sus labios sangran por la mordida que se ha propinado.
En su mano, un pequeño listón adornado con varias flores, sucio de tierra y manchado de sangre.
La batalla no va bien.
—Ram... —mi intento de consolarlo se ve interrumpido al notar que está a punto de correr. Salto y lo agarro del brazo, sintiendo la fuerza de su maná atravesar mi piel. Aprieto mis músculos para detenerlo, pero me lanza una mirada molesta.
—¡Suéltame o te destruiré también! —Garfield sujeta con fuerza mi brazo, pero no cedo en mi resistencia.
Lo miro seriamente; ahora no hay tiempo para juegos. Los sonidos de los ataques cesan, y ambos dirigimos nuestras miradas hacia el horizonte. Garfield retira mi mano con brusquedad.
—¡Garfield! —le grito, deteniéndolo en seco—. La razón por la que perdiste contra mí fue porque dejaste que la ira te controlara. Si hubieras aprendido a aprovecharla, tal vez las cosas habrían sido diferentes.
Garfield se acerca, su mirada cargada de intenciones asesinas que me hiela la piel. Lo guío para que comencemos a correr, preocupado por el inusual silencio que nos rodea.
Nos movemos entre escombros, marcas de explosiones y evidencia de un enfrentamiento reciente. Incluso encontramos un rifle completamente roto.
Mi pistola la dejé con el ejército, asi que realmente estoy desarmado.
—No digo que no sientas ira, sino que no dejes que ella te controle —continúo explicándole mi plan, detallando cada paso que debemos seguir para detener a Roswaal—. En este mundo, hay gente más fuerte que tú, Garfield. Pero si quieres sobrevivir, debes creer que puedes hacerte más fuerte. No sirve de nada pretender ser alguien que no eres.
Garfield chasquea la lengua, pero se queda en silencio, asimilando la información.
Miro al frente y mi corazón se aprieta al ver la escena ante nosotros. Luan está frente a Roswaal, sosteniendo a Crusch, quien apenas puede mantenerse en pie. Otto yace en el suelo, inconsciente. Aprieto mis manos con fuerza, sintiendo el dolor en mi corazón, pero no puedo dejarme llevar por estas emociones ahora.
Debo desquitarme con Roswaal, pero primero debemos derrotarlo. Para transformarme, debo elegir otras opciones.
Debo escuchar lo que no puedo ver, oler lo que no puedo saborear, imaginar lo que no puedo sentir.
Miro al cielo y veo a Roswaal sosteniendo a Ram por el cuello. Ella lucha, pero su mirada no es de odio; más bien, la tristeza domina su expresión mientras intenta convencerlo.
—¡ROSWAAL! —Garfield grita, atrayendo su atención.
La sonrisa de Roswaal persiste, pero algo ha cambiado. Parece que ha perdido el miedo y ahora experimenta pura alegría.
Esa melancolía que pesaba sobre él, esa mirada que siempre parecía extraviada en el tiempo. El Roswaal que conocía debería estar colérico, debería anhelar desatar una vorágine para obligarme a reiniciar.
Garfield se lanza hacia Roswaal, quien aprieta con más intensidad a Ram antes de arrojarla en dirección a Garfield. Con celeridad, Garfield conjura una barrera de agua para suavizar el impacto, pero ambos son arrastrados violentamente por el suelo, quedando a mi lado.
Roswaal desciende y se planta frente a mí.
—¿Este es tu plan? —Roswaal escupe al suelo, su sangre teñiendo la tierra—. Puedo admitir que fue una combinación interesante, pero les falta experiencia.
Sonrío, lo observo y me encojo de hombros.
—¿Cuánta, unos 400 años? —Las pupilas de Roswaal se dilatan ante mis palabras y arremete con un puñetazo hacia mi estómago.
Me desplazo ágilmente, tomo su brazo y le conecto un gancho en la mandíbula. Justo cuando estoy a punto de impactarlo de nuevo, siento una alerta en todo mi ser. Utilizo magia de viento para retroceder, y observo una estaca de tierra y hielo en el lugar que ocupaba.
Mi corazón resiente el uso de magia, secuela de haber dañado mi puerta anteriormente.
Al ver las estacas, comprendo su objetivo.
Su mirada serena lo revela: quiere matarme.
Espera… ¿Cómo es posible que su objetivo sea matarme?
—Esto ya no tiene sentido. —Roswaal extiende su mano, y me muevo con rapidez.
Estacas emergen del suelo, pero antes de que lo hagan, percibo un cambio sutil en el maná bajo mis pies. Me desplazo con destreza, eludiendo cada estaca antes de que broten del suelo.
—Sabes, para romper un contrato de alma se debe pagar un precio. —Roswaal sonríe, y entonces siento un dolor punzante en mi mano.
Una estaca la atraviesa, provocando que la sangre brote en abundancia. El hechizo se desvanece, dejando solo un hueco en su lugar. Intento utilizar maná rápidamente, pero no logro controlarlo adecuadamente.
Entonces, solo queda una opción.
Si recurro a un hechizo de fuego sencillo, si empleo la magia que mejor domino, no debería gastar demasiado maná. Aprieto los labios y entonces...
—¡AGGGH! —Quemo el agujero en mi mano, el ardor recorre mi cuerpo mientras comienzo a jadear.
Una vez que el dolor disminuye, sonrío.
Ni bien me curan, ya tengo un agujero en la mano.
Nunca imaginé que Roswaal cumpliría el contrato de alma. Lo que pretendía era dañarle lo suficiente como para poder atraparlo. Como él mismo insinúa, romper este contrato debe tener un impacto en su cuerpo.
—¡GOA! —Luan desata su poder, moldeando las llamas en sus manos en una esfera ardiente que crece con furia. La esfera resplandece con tonalidades naranjas y rojas, danzando como un feroz sol contenido entre las palmas de Luan.
Su respiración se mezcla con el crujir de las llamas, y sus ojos, centelleantes, reflejan el calor de la magia que ha invocado.
Me lanzo hacia un lado para esquivar la ardiente bola de fuego, pero Roswaal, con maestría, erige una barrera de maná, extendiéndola para protegerse del ataque. Un brillo arcoíris adorna el choque entre la bola de fuego y el escudo, desvaneciéndose en el acto.
—¡Casi los matas! ¡Monstruo! —grita Luan, con furia ardiendo en su mirada, mientras su cabello parece someterse a una transformación nuevamente.
Crusch se pone de pie, apoyándose en su rifle. Me sonríe levemente, y de alguna manera, creo entenderla. Nada va a salir bien, así que solo nos toca aguantar las consecuencias.
No sé cómo lograron resistir tanto, pero han cumplido con su deber.
—¡Huma! —Roswaal lanza una gran estaca de hielo hacia Luan. La estaca viaja a toda velocidad, pero Luan responde lanzando otra bola de fuego. Ambos hechizos generan una cortina de vapor, ocultando el resultado.
—Maldito monstruo. —Me acerco a Roswaal, pero este me empuja con una sonrisa. Sus manos se sienten tan duras como un pedazo de acero; probablemente ha aprendido a fortalecer su cuerpo con maná.
Roswaal me mira con una sonrisa, pero no me dejo intimidar por él. Emilia debe estar realizando la prueba del futuro; ya ha pasado una considerable cantidad de tiempo. Solo tenemos que retenerlo, aguantar hasta que se encuentre con Echidna.
—¡Puedo mostrarte a Echidna! —grito, y Roswaal deja de reír—. Sé cómo hacerlo, conozco algo del futuro que tú no puedes ver.
En ese instante, todo parece moverse en cámara lenta. Libero la tensión en mis pies y salto hacia atrás con todas mis fuerzas.
Me arrastro por el suelo y veo su mano, en forma de espada, en el lugar donde estuve hace un instante. Siento el frío recorrer mis venas, el temblor en mis labios.
Mierda.
Esto es demasiado.
—¿Crees que quiero esa farsa? —escupe al suelo, mirándome con odio. Su intención asesina me envuelve por completo.
¿Farsa?
Roswaal se abalanza sobre mí, usando maná en sus manos, pero entonces…
—¡Maldito lunático! —Garfield le clava un puño directo en el rostro. Con el sonido de un látigo, Roswaal sale volando hacia una casa en llamas.
Ver ese golpe me hace entrar en razón. No puedo desperdiciar vidas, así como así, solo me quedan dos después de todo.
—¿Cómo está Ram? —pregunto, y Garfield me señala a alguien detrás de él.
Ram, emergiendo del caos, su rostro es un testimonio brutal de la batalla librada.
Moretones se extienden como sombras en su piel pálida, y un flujo constante de sangre, carmesí y ferviente, dibuja un sendero a lo largo de su rostro.
Un ojo, apenas visible por la hinchazón, lucha por abrirse, mientras el otro se aferra a la oscuridad. Su respiración es un lamento lento y fatigado. Cada inhalación que escapa de sus labios es un lamento fatigado, una sinfonía de agotamiento.
Su traje de sirvienta, en otro tiempo impecable, ahora es un testamento de las fuerzas destructivas que la envolvieron, desgarrado y chamuscado en brazos y piernas.
—Una oportunidad... más. —Ram se inclina sobre mi hombro; su mano, un eco de su vigor pasado, se aferra débilmente, y el resplandor titilante de su maná delata la extensión de su agotamiento.
En su mirada, descubro una determinación que destila valentía en medio del caos. Un vínculo profundo con Roswaal se refleja en su expresión maltratada. Mis dedos rozan la pócima en mi pantalón, una elección ponderada en el dilema de aliviar o no su sufrimiento.
—¿Otto te contó? —mi pregunta encuentra refugio en una sonrisa que Ram me ofrece con resignación.
—No podría importarme menos. —Me guiña un ojo con determinación—. Déjame... hacerlo. Lo haré... posible.
El amor, indiscutiblemente ciego, se manifiesta en sus palabras y gestos.
Mi atención se desplaza hacia Garfield, sus colmillos en guardia, listos para responder ante cualquier movimiento de Roswaal.
—General, la decisión es tuya. —Garfield escupe con desdén, su mirada revelando una mezcla de decepción y determinación—. Si mi amada quiere hacer eso, entonces hagámoslo, pero primero mi asombroso ser le quebrará todos los huesos a ese bastardo.
La verdad resuena en sus palabras; Ram es la única capaz de penetrar en la muralla impenetrable que es el corazón de Roswaal.
De mi bolsillo extraigo el cristal piroxeno, entregándoselo a Ram. Su fulgor adquiere matices particulares, una reacción intrigante ante la presencia de su maná.
—Ese cristal absorberá el maná de Roswaal si lo clavas en él. Cuando lo hagas, lo retendremos para que puedas hablar con él. —Ram me mira con sorpresa, sus ojos encendidos con una llama que nunca había vislumbrado.
Sus manos se cierran con firmeza alrededor del cristal, y su mirada, apenas visible, se proyecta hacia el frente con determinación.
—Esto pasó por mi culpa. Pensaba que las cosas debían quedarse como estaban. —Nos libera a ambos, limpia la sangre de su rostro y fija su mirada directamente en Roswaal.
Una ráfaga de viento, violenta y redentora, dispersa los escombros. Roswaal emerge, su labio expulsando sangre que se evapora en el calor del fuego.
Pero entonces, la entrada en escena de alguien desencadena una nueva ola de incertidumbre.
—¡TE MATARÉ! —Luan arremete con ferocidad, su mirada colmada de odio me toma por sorpresa. En su mano, una esfera de fuego cobra vida, el maná creciendo desde su interior—. ¡Tú fuiste quien permitió que mi familia muriese!
Roswaal sonríe, mientras yo, atónito, abro mis ojos en sorpresa.
—Solo lo sabía, pero permíteme añadir una pizca más de verdad a tu pequeña mente. —Roswaal me señala con desprecio—. La culpa recae en su incapacidad para cambiar las cosas.
En ese instante, una explosión tan intensa sacude a Luan que parece desbordarse de su propio ser.
La onda expansiva retumba en el aire, agitando incluso las partículas de polvo que danzan a nuestro alrededor. En medio de la vorágine, una esfera de fuego carmesí se arroja contra Roswaal.
El fuego, voraz y salvaje, devora todo a su paso, incluso el suelo se rinde ante su poder, derritiéndose en cuestión de segundos. Roswaal, confiado, levanta una barrera para enfrentar el inminente impacto.
¡Boom!
Luan se precipita a nuestro lado, su cabello resplandece como una llama indomable, desafiando la gravedad con una rebeldía incandescente.
Todas las laceraciones en su cuerpo lentamente dejan de sangrar.
En sus ojos arde la furia contenida. Aprieta los dientes con fuerza, luchando por contener su ira. ¿Acaso sus heridas están sanando? Sus gestos revelan un conflicto interno, una lucha entre el control y la desesperación.
—Marco tu... —Luan me mira, una sonrisa ligera pero cargada de dolor juega en sus labios—. Temía atacar, mi poder está demasiado inestable. Crusch y Otto lo entendieron, me protegieron. No podía soportar verlos en ese estado.
Ahora comprendo; Crusch debió haber enfrentado sola a Roswaal. Otto, astuto como es, no pudo competir con la astucia de nuestro enemigo. Los gestos de Luan transmiten la carga emocional de ese momento, una mezcla de gratitud y pesar.
—Gracias por protegerlos. —El temor de Luan hacia su propio poder es palpable. Un poder tan vasto que ni siquiera puedo vislumbrar sus límites.
Su expresión revela una mezcla de fortaleza y vulnerabilidad, una dualidad que lastima pro dentro.
La cortina de polvo se disipa, revelando una escena que despierta mi sorpresa. La barrera que protegía a Roswaal ya no existe, en su lugar, su mano yace carbonizada. Aunque sigue en pie, es evidente que no pudo salvarse.
La hazaña de Luan es inaudita. Ha desgarrado la barrera de Roswaal con un ataque singular. Roswaal es un archi mago, sé que parecía confiado, pero no creo Roswaal cometa errores de ese estilo.
—¡Luan! —Ram grita, su voz lleva consigo preocupación y urgencia, pero Luan la ignora por completo.
Ram intenta abalanzarse sobre ella, pero Luan la detiene con firmeza, empujándola con fuerza y provocando la molestia de Garfield, cuyos ceños fruncidos y puños apretados reflejan su descontento por la situación.
—No quería lastimarla, solo que no se iba a detener. —Luan baja la mirada hacia sus manos, cuyos reflejos emiten un calor abrasador—. Si se hubiese acercado más, ¡Bluargh!
Un chorro de sangre escarlata brota de sus labios, pintando su confesión con la crudeza de la realidad. Se encorva momentáneamente, sosteniéndose con una mano en el suelo mientras la otra se aprieta contra su boca. La sangre se filtra entre sus dedos, una imagen impactante que subraya la brutalidad de la situación.
Mi instinto me impulsa a acudir a ella, pero un gesto firme de Luan me detiene.
—El maná, el maná está creciendo. —El maná de Luan se desborda de manera descomunal, una marea ardiente que emana de ella con tal densidad que parece quemar la piel a su paso.
Nos retiramos apresuradamente, sintiendo cómo el suelo mismo comienza a fundirse bajo la intensidad de las altas temperaturas generadas por su imparable poder. El aire se carga, perdiendo oxígeno y dejando en su lugar una mezcla abrasadora que nos envuelve en una atmósfera asfixiante.
Respirar cuesta, por lo que nos alejamos más.
Nuestros rostros reflejan el aturdimiento ante la manifestación de su poder, como si estuviéramos presenciando una fuerza primordial que desafía las leyes mismas de la naturaleza.
Sin embargo, en medio de la sorpresa, hay alguien que no parece afectado en absoluto.
—¡JAJAJA! —Roswaal estalla en risas y, sin preámbulos, se abalanza sobre la figura indefensa de Luan.
—¡LUAN! —grito, intentando ir a ayudar.
A pesar de sus intentos por incorporarse, Luan se ve impotente ante el corte de la mano carbonizada de Roswaal, dirigiéndose a su cuello. La mano de Roswaal estalla en incontables partículas de polvo que se dispersan en el aire, creando un efecto efímero pero impactante. Luan cae al suelo, desmayada, sin poder hacer más.
El asombro se apodera de mí al presenciar la repentina desaparición de la extremidad, dejando en su estela una sensación de horror.
Detenidamente, Roswaal observa su extremidad faltante, su mirada curiosa revela un deleite retorcido ante el caos que ha desatado.
—Pensé que su cabeza saldría volando. —Roswaal se encoge de hombros con indiferencia—. Pero, bueno, puedes considerarlo un favor por las cosas buenas. Aunque, claro está, igualmente, debes morir.
En un intento de avanzar, Roswaal se ve interrumpido por mi astuta maniobra.
Aprovecho el momento para lanzar una bala de viento, y con sorprendente destreza, Roswaal esquiva el proyectil. En respuesta, desata una bola de fuego que sería letal, pero su ataque es hábilmente interceptado por el puño robusto de Garfield.
El resonar del impacto de los escudos de Garfield inicia la pelea contra Roswaal.
La confrontación entre Garfield y Roswaal se convierte en una danza física cargada de violencia y destreza. Los movimientos son un constante intercambio de patadas y puños, una coreografía salvaje que despliega la furia y agilidad de ambos contendientes.
Garfield, con la ferocidad de un felino en caza, lanza patadas poderosas, cada una cargada de la fuerza bruta de un luchador experimentado. Sus puños son rápidos y directos, buscando perforar la defensa de Roswaal con una precisión salvaje.
Cada movimiento es una manifestación de su naturaleza animal, una sinfonía de ataques que buscan desequilibrar a su oponente.
Roswaal, por otro lado, responde con una gracia letal. Esquivando las patadas y bloqueando los puños con movimientos fluidos, muestra una destreza física que contradice su apariencia tranquila.
Garfield, con un rugido gutural, rompe el tenso silencio del enfrentamiento.
—¡Te voy a matar! ¡Maldito loco! —grita, su voz resonando en el campo de batalla, mientras lanza una patada en hacha hacia Roswaal.
Roswaal, con una sonrisa imperturbable, se desliza elegantemente para evadir la patada entrante. Su voz suena tranquila pero llena de malicia.
—Oh, Garfield, siempre tan impulsivo. ¿No te cansas de ser un simple animal?
Roswaal no pierde tiempo en palabras y contraataca con un puñetazo cargado de energía mágica. Garfield, ágil como un depredador, se agacha para esquivar el golpe, sus colmillos al descubierto.
—¡Deja de parlotear, bufón! —responde Garfield, lanzando una serie de golpes rápidos, cada uno acompañado de un rugido.
Roswaal, en un baile de movimientos gráciles, evita cada uno de los ataques, pero no puede evitar la ferocidad del último puñetazo de Garfield. El impacto resuena como un trueno, haciendo que la tierra tiemble.
—Interesante... pero no lo suficiente. —Roswaal, con una chispa de diversión en sus ojos, responde con una explosión mágica que envía a Garfield hacia atrás.
Mientras observo la pelea, mi mente busca el momento perfecto para intervenir y cambiar el curso de esta danza mortal.
Garfield se recupera rápidamente y carga de nuevo hacia Roswaal, con los ojos llenos de determinación.
—¡No me subestimes, payaso! ¡Esta vez te voy a aplastar! —amenaza, sus palabras resuenan con ferocidad mientras desata una ráfaga de patadas y puñetazos, su cuerpo se mueve como un torbellino de furia.
Roswaal, siempre en control, sonríe con arrogancia. Con movimientos precisos, agarra el puño de Garfield con maestría, desviando cada golpe con elegancia, como si estuviera bailando al compás de un enfrentamiento mortal.
Roswaal mira hacía mí, para luego volver a ver hacía Garfield.
—Resulta que soy talentoso en todo. Solo con ver tu forma de pelear, sentí que podía aprenderla y adquirir una buena habilidad en cuerpo a cuerpo. —declara, sus palabras cargadas de confianza mientras exhiben su dominio sobre los elementos—. Tengo control de todos los elementos, así que es fácil para mí controlar el ambiente a mi favor.
La sonrisa de Roswaal desafía a Garfield, quien, sin rendirse, redobla sus esfuerzos. La danza de patadas y puñetazos se intensifica, un choque entre la bestia y el mago.
—Es perfecto para mí; tus estudios sobre la magia me han ayudado enormemente. Sin duda, debo agradecerte. —Roswaal me señala de nuevo, pero su mirada no tiene más que intención asesina—. Por eso te estoy haciendo este favor.
Debo descubrir qué es lo que realmente busca Roswaal en medio de este caos y violencia.
Garfield, envuelto en una mezcla de frustración y determinación, carga hacia Roswaal con una patada poderosa, buscando acabar de una vez por todas con el enfrentamiento.
—¡Tu tiempo ha terminado, mago arrogante! —grita Garfield, canalizando toda su energía en el ataque.
Sin embargo, Roswaal, con su aguda percepción y habilidad mágica, anticipa el movimiento. Con una destreza asombrosa, atrapa la pierna de Garfield en pleno vuelo, deteniendo el ataque en seco.
—Demasiado predecible, bestia. —La voz de Roswaal suena con una mezcla de condescendencia y triunfo.
En un instante, Roswaal transforma la defensa en un contraataque letal. Con un giro elegante, lanza a Garfield al aire y, con un puño cargado de maná, lo golpea con una fuerza abrumadora.
—La magia puede generar más fuerza bruta de lo que crees. —Las palabras de Roswaal resuenan mientras Garfield es enviado a dar vueltas en el aire, impotente ante el impacto.
El cuerpo de Garfield se estrella contra el suelo, creando una nube de polvo que se dispersa en el aire. Roswaal, erguido y triunfante, se acerca con calma hacia mí.
—Fue una batalla interesante, sin duda, será una buena ficha a futuro. —Roswaal, con su mirada altiva, proclama su victoria con seguridad.
Nos hallamos ambos de pie, confrontándonos en un duelo de voluntades. Mis reservas de maná son limitadas, insuficientes para emprender una lucha significativa. Aunque contemplara la posibilidad, estoy convencido de que sería en vano.
Carezco de la fuerza necesaria, al menos por ahora.
Este escenario escapa a la normalidad, mi comprensión de la situación es nula.
—Si rechazas encontrarte con Echidna, ¿cuál es tu verdadero deseo entonces? —mi pregunta parece suscitar un interés palpable en Roswaal, quien se aproxima a mí con una pizca de amenaza flotando en el aire.
Frente a mí, coloca una mano sobre su chaqueta y extrae el libro de la sabiduría. Anticipo que va a leerlo, pero en un giro sorprendente...
—Goa. —El libro es consumido por las llamas, desintegrándose en una danza voraz de fuego. El objeto de mi deseo más ferviente, el libro que anhelaba ver reducido a escombros, ha sido destrozado por la última persona que esperaba que llevara a cabo tal acción—. Deberías contemplar tu expresión, Marco Luz. Parece que tu obsesión por el futuro supera incluso la mía.
¿Qué demonios?
Capítulo 27
Las Sombras del Destino.
En todos mis años de experiencia, puedo afirmar con certeza que el Roswaal que ahora enfrento no guarda ninguna similitud con el retrato de la novela.
De hecho, al principio, ni siquiera era la misma persona.
Mis manos se tensan, incapaces de concebir una respuesta coherente. En este momento, me resulta imposible comprender a Roswaal L Mathers.
—Este mundo es un fracaso, pero su reconstrucción no cambiará nada. La raíz del problema no es este mundo, sino la existencia misma. —Roswaal dirige un gancho hacia mi rostro, pero justo cuando intentó esquivarlo, una patada sorpresiva me hace retroceder.
Escupo al suelo, mi estómago ardiendo con intensidad. Al ver que Roswaal se acerca de nuevo, doy un salto hacia atrás, incapaz de prever sus próximos movimientos.
—Solo se me ocurría intentar resolverlo por mi cuenta. —Roswaal avanza nuevamente hacia mí; cuando está a punto de golpearme, detengo su puño con rapidez, nuestros ojos se encuentran en un duelo silencioso.
Necesito una distracción para que Ram pueda intervenir.
Sus palabras están cargadas de un veneno que se enreda en el aire, una toxicidad que no necesito en este momento crítico.
—El libro de la sabiduría erró, por eso supe que la Echidna de este mundo es una falsificación. —Mi mente intenta asimilar la información, pero mi atención se desvía hacia la única hoja que sobrevive, una hoja vacía que se eleva con el viento.
—Mi amor es hacia la verdadera, por eso debo obtenerla. —La mirada de Roswaal ya no está presente en este plano; parece estar enfocándose en un horizonte más allá de nuestra realidad—. Sé que la complaceré cuando vea todo lo que he hecho; le daré exactamente lo que desea.
—¿Tu alma vieja y podrida? —Sonrío, pero él parece decidido a mantener el silencio.
Roswaal avanza con furia desenfrenada, intentando asestarme un golpe certero. Con destreza, me deslizo hábilmente a un lado, evitando su puño que corta el aire con violencia.
Mientras tanto, mis ojos capturan la figura imponente de Garfield, quien se aproxima con la determinación de un depredador en plena caza.
En un instante de oportunidad, mi pierna se eleva con precisión y se estrella contra la rodilla de Roswaal. La sensación es como chocar acero, un eco vibrante que reverbera en mis huesos.
Pero antes de saborear la victoria momentánea, un impacto brutal se estrella contra mi rostro, haciéndome soltar la mano que tenía en Roswaal. La sangre fluye de mi nariz, tejiendo un patrón carmesí en el escenario de la contienda.
Garfield, sin titubear, se lanza con fiereza hacia Roswaal, su rodilla transformándose en un ariete que se incrusta con violencia en el rostro Roswaal. Roswaal retrocede un píe, pero en ese mismo instante.
—¡FURA! —un remolino eleva a ambos por los aires, Garfield sale disparado hacía el cielo, mientras yo me mantengo en el suelo, imponente.
—¡Este mundo debe ser reestructurado! —Roswaal expulsa más y más maná. Garfield comienza su transformación, su cuerpo crece en el aire. Roswaal no muestra signos de nerviosismo, su confianza es palpable.
—¡ROOAAAR! —El grito de Garfield resuena en los oídos de todos. Une sus dos brazos y, al caer, intenta aplastarlo todo.
Trato de moverme, pero una descarga eléctrica atraviesa mis nervios. Mis músculos se acalambran y mi visión se nubla, pero, aun así, no puedo darme por vencido.
—¡Escuchen con atención! —mi sonrisa, más una máscara para enmascarar el tamborileo acelerado de mi corazón, se despliega ante el auditorio expectante—. ¡Puedo volver de la…!
En la pausa que sigue, el silencio cobra una densidad peculiar, como si el universo entero guardara la respiración ante lo que está por suceder.
El tiempo, de manera sutil pero tangible, parece hacer una pausa prolongada, extendiendo los segundos hasta alcanzar la eternidad. No me encuentro arrastrado hacia otro rincón del cosmos como en anteriores ocasiones.
En cambio, la realidad se presenta de manera peculiar, un lienzo suspendido en el limbo temporal.
Mi mirada, inquisitiva, explora el paisaje estático que me rodea. La ausencia de cualquier otro ser, la quietud de la atmósfera deja una impresión de soledad en la vastedad del espacio detenido.
Sin embargo, una presencia se materializa a mis espaldas.
—Ha pasado un tiempo. —Pandora, recostada en mi espalda, emite su voz con una neutralidad que roza lo perturbador—. Pensé que ya no invocarías este poder.
La certeza de que Satella persiste en alguna dimensión, aguardando mi recuperación de este don oscuro, inyecta un matiz de urgencia en mis pensamientos.
Con la maestría que confiere el control sobre el miasma, busco blindarme contra los posibles estragos que se avecinan.
—Es mío, y puedo usarlo a voluntad. —Aunque Pandora ha asumido las riendas del poder, no parece capaz de remodelarlo a su antojo—. Entonces, me restan dos vidas, ¿verdad?
Las risas desenfrenadas de Pandora resuenan, un eco que vibra en el aire inmóvil. Se desliza lejos de mi espalda para posicionarse frente a mí. Su edad, ahora más cercana a la mía, sugiere que puede cambiar su cuerpo a voluntad.
—Debes anhelar conocer su paradero, pero no te preocupes. Solo he interrumpido su conexión con este mundo. —Pandora me señala, sus ojos destilan arrogancia—. La única conexión que ella tiene con este mundo eres tú, Marco Luz.
La lógica subyacente es clara, aunque eso no impide que Satella, de alguna manera, continúe influyendo en este reino.
—No, no puede. —Pandora comienza a desvanecerse—. Eres la encarnación del caos, la llegada de la destrucción. Un error andante. Pero no puedo juzgarte por ello. Al final, ni tú mismo te conoces, ni a ti, ni a tu otra mitad.
Las palabras de Pandora dejan un rastro de incertidumbre en el aire quieto. ¿Qué quiere decir con eso?
—Espero el día en que podamos encontrarnos cara a cara. Tengo mucho que hablar contigo.
La realidad recupera su dinámica, y siento cómo el miasma en mi interior se disuelve y se multiplica con renovada intensidad.
¡Boom!
Una explosión de polvo me envuelve por completo. Garfield ha desatado un golpe colosal. Mi cabeza resuena en dolor, una sinfonía discordante mientras luchó por recobrar el equilibrio.
Enfoco mi mirada hacia adelante, y en medio del polvo, distingo la silueta que se acerca, un espectro emergente de la contienda en curso.
—No necesito mucha magia para derrotarlos. —Roswaal, desafiante, lanza un puño directo a mi rostro. Justo en el momento en que está a punto de impactarme, desato el alcance oculto.
El puño encuentra su objetivo, conectando de lleno con la mandíbula de Roswaal y enviándolo literalmente a dar vueltas por el aire. El polvo que se levanta en el impacto se disipa, revelando a Garfield listo para lanzarse de nuevo, pero Roswaal, hábil con su magia, lo esquiva con destreza.
Este es el momento para intervenir. Reúno varias manos y las proyecto en dirección a Garfield. Cuando siento que las extremidades tocan sus pies, una sonrisa se dibuja en mi rostro.
Garfield comienza a ejercer fuerza mientras yo intento soportar el peso de su corpulento cuerpo.
Mientras tanto, Roswaal no deja de atacar. Estacas de hielo y piedra surcan el aire en dirección a Garfield, y utilizo más manos para bloquear estos mortales proyectiles.
La actitud de Roswaal revela un disfrute sádico; mientras nosotros luchamos por nuestras vidas, él mantiene una sonrisa imperturbable, como si supiera que nadie puede hacerle daño.
—¡UL HUMA! —Roswaal desata una estaca masiva en dirección a Garfield, casi del tamaño de dos brazos del gigantesco Garfield transformado.
Sin titubear, Garfield abalanza su puño hacia la estaca. La colisión genera una explosión de neblina que nos envuelve por completo. Incluso desde la altura, la neblina desciende rápidamente hasta el suelo.
Garfield cae con furia en la mirada, enfrentándose a Roswaal en un enfrentamiento cargado de tensión y desafío.
—¡Grado Cero! —El cuerpo de Garfield queda atrapado en una prisión gélida al instante, mientras Roswaal sostiene una sonrisa imperturbable—. Ella también; el simple hecho de observar sus entrenamientos y escuchar tus instrucciones sobre cómo perfeccionar los hechizos me ha transformado en un mago más hábil de lo que fui. Gracias, Marco Luz.
El pecho de Roswaal comienza a irradiar una luminosidad peculiar.
—Se agota el tiempo. Supongo que es hora de pagar el precio. —Roswaal aferra mi cuello con firmeza; intento lanzar un puño, pero es como golpear una barrera de acero. Despliego el alcance oculto, pero ninguno de mis golpes parece afectarlo.
Su pecho resplandece con intensidad, las formas del contrato adquiriendo tonalidades rojas. A pesar de que Roswaal expulsa sangre, su rostro no refleja sufrimiento alguno.
—No puede ser… —mi mirada se centra en el pecho de Roswaal, donde las formas del contrato experimentan un cambio de color.
Mientras mi propio pecho se ilumina en un azul vibrante, el de él se sume en un rojo que se extiende por todo su ser. Roswaal no da indicios de dolor, pero sus poros comienzan a derramar sangre profusamente, un espectáculo que él parece ignorar.
—Como sabrás, tengo varias almas en mi cuerpo. —Roswaal me arroja al suelo; justo antes del impacto, activo el alcance oculto para atenuar el golpe—. El contrato de alma solo puede afectar a una de ellas.
Mis labios tiemblan, mis manos se sienten pesadas y fatigadas. La verdad se revela con crudeza. Sí, fui un completo idiota. Su alma no es solo la original que posee; hizo el contrato como Roswaal L Mathers, sacrificando así el alma de Roswaal L Mathers, no la suya propia.
Aunque el contrato empieza a desvanecerse, persiste en una luz tenue que se resiste a extinguirse. Si sacrificó el alma de otro, eso lo convierte en un monstruo despiadado.
—Maldito monstruo… —mi mirada se dirige a su espalda, donde veo que Ram se aproxima a toda velocidad.
Avanzo hacia Roswaal con una sonrisa, extrayendo todas las manos ocultas en mi interior. Si no puedo herirlo, al menos puedo intentar contenerlo.
Debido a la niebla y la luz del sol que comienza a filtrarse, los brazos se hacen visibles. Roswaal inicia una danza evasiva, destruyendo rápidamente cada mano. Cada uno que es aniquilado provoca un dolor intenso en mi cuerpo, como si me estuvieran amputando un brazo de verdad.
«Es solo una ilusión», repito incansablemente en mi mente, luchando contra la disonancia entre la realidad distorsionada y mi resistencia mental.
La danza de los brazos y la neblina confunden los sentidos, pero mantengo mi enfoque en la lucha, en la esperanza de encontrar una grieta en la implacable defensa de Roswaal.
—La autoridad de la pereza, así que eres verdaderamente un candidato sabio. —Roswaal, hábil con sus palabras y letal con su magia, arroja bolas de fuego en mi dirección, pero ágilmente comienzo a esquivarlas.
Salto hacia atrás, observando que Garfield permanece congelado.
Intento utilizar maná, y noto una pequeña reacción. Una oportunidad se vislumbra, aunque la situación es crítica. Sé que Roswaal intentará acabar conmigo cuando lo perciba, pero no tengo otra opción.
Garfield aún está vivo, sus fluctuaciones de maná son evidentes.
El tiempo apremia.
Si el maná es comparable al aire, entonces para absorberlo debe haber un cambio de presión. Normalmente visualizo mi puerta como una batería, pero esta vez la imagino como una máquina eólica, un artefacto que se nutre de la fuerza del viento.
Imagino que una brisa pasa a través de mí para potenciar mi maná, convirtiendo la energía ambiental en una fuente generadora.
Miles de agujas parecen clavarse en mi interior, recorriendo mis venas con una sensación punzante. Aprieto los dientes mientras veo que Roswaal se acerca caminando. La necesidad de reunir más maná me embarga.
Tiene que ser perfecto, justo cuando Ram esté a punto de golpearlo.
—Tu… ¿Quién eres? —mi pregunta parece desconcertarlo, y una sonrisa se dibuja en su rostro mientras extiende los brazos al cielo.
—Yo soy la versión más auténtica de mí mismo, la única capaz de cumplir su objetivo. —Roswaal sigue sonriendo, mientras yo luchó por mantener la compostura—. Lamentablemente, gracias a ti, nací en un error, pero eso no durará mucho tiempo. Solo estoy esperando.
¿Error? ¿Se refiere a mi invocación?
—Alguien ha manipulado la realidad, haciéndote... —Roswaal aprieta sus manos, lanzándome un puñetazo en el estómago—. Innecesario.
Caigo al suelo, incapaz de anticipar su movimiento.
Ni siquiera he logrado verlo venir. El dolor reverbera en mi cuerpo, pero la determinación persiste en mi mirada mientras intento recomponerme.
No hay posibilidad, parece que nadie puede hacerle daño en este momento. Aprieto los dientes y luego dejo escapar un grito desgarrador.
—¡EL FURA! —Siento cómo mi maná es drenado por completo, pero en un torbellino de aire, la densa niebla desaparece abruptamente.
La sorpresa se refleja en el rostro de Roswaal, quien retrocede rápidamente.
Desencadeno balas de aire, pero él las bloquea con su escudo.
Entonces, una sonrisa se dibuja en mi rostro al darme cuenta de que ella ha llegado.
A pocos pasos de distancia, allí están, con una determinación que sugiere que siempre han luchado con valentía. Ella se acerca corriendo, el cristal iluminando con fuerza la llegada del sol. Este es el momento crucial.
Al percatarse, Roswaal gira su atención, pero uso mi alcance oculto para inmovilizar sus extremidades. Ram lo mira fijamente, apenas puede abrir los ojos.
—¡Es por su bien! —Ram grita, escupiendo sangre y clavando el cristal en el vientre de Roswaal.
Roswaal no reacciona, simplemente la observa mientras el cristal se hunde por completo en su ser. Sin embargo, de repente, comienza a hacer fuerza desesperada, destruyendo las manos ocultas que lo sujetan.
Roswaal abraza a Ram, acurrucándola contra su cuerpo.
Intento levantarme, pero mi cuerpo no responde. Mis piernas parecen estar en un estado de parálisis. Forcejeo para hacer algo, abrir la boca, moverme, pero es en vano.
Aún entre los brazos de Roswaal, este abraza a Ram con una intensidad asfixiante, sus dedos se aferran a su hombro con firmeza. La conexión visual entre ellos es palpable, y ella responde con una leve sonrisa, como si estuviera aceptando su destino.
—Rayo solar. —Las palabras de Roswaal resuenan en el aire antes de que un rayo de luz, implacable y fulgurante, atraviese por completo el vientre de Ram. La sorpresa se apodera de su rostro mientras dirige su mirada hacia la horrenda herida que se despliega en su abdomen.
En el preciso instante en que me dispongo a avanzar:
—¡ROOSSWAAAAL! —Garfield estalla el cristal con un grito ensordecedor, lanzándose ferozmente hacia Roswaal. Trozos de su piel quedan adheridos al hielo, pero él parece indiferente a ese dolor superficial.
Garfield embiste con furia desatada, pero Roswaal, desafiando las leyes de la gravedad, se eleva en el aire con una elegancia sobrenatural. El cristal en su vientre no se ilumina, como si algo estuviese impidiéndole absorber el maná.
«¡Levántate!» El eco de la orden resuena en mi mente, y con una fuerza que parece provenir de lo más profundo de mi ser, logro mover con lentitud mis brazos en un intento desesperado de ponerme de pie.
Ram, su cuerpo ensangrentado, mantiene su mirada fija en Roswaal. A pesar del dolor que se refleja en sus ojos, la determinación persiste, inquebrantable como un faro en medio de la tormenta.
Garfield, con furia contenida, se prepara para lanzarse hacia Roswaal, pero antes de que pueda dar un solo paso, Roswaal lanza dos estacas de hielo, una tras otra, en dirección a Garfield.
—¡Aquí tienes un regalo, niño! —exclama Roswaal con una sonrisa desafiante mientras las estacas surcan el aire.
En un juego de movimientos rápidos y astucia maestra, Roswaal desvía con elegancia la primera estaca, originalmente destinada a perforar a Garfield.
Sin embargo, en un giro de eventos, redirige no una, sino dos estacas con una velocidad temible.
Las estacas se lanzan como proyectiles mortales, apuntando directamente hacia la desamparada Ram, que observa la escena con ojos llenos de resignación.
—¡Ram, cuidado! —grito, pero mi voz se pierde en la intensidad del momento.
Garfield, en un intento desesperado por proteger a quien ama, se interpone entre las estacas y Ram, su cuerpo desafiante y resistente. Las estacas impactan en sus rodillas, clavándose en estas.
No puedo creer que atraviesen la piel de un Garfield transformado.
—¡Maldición! —gruñe Garfield, viendo hacía Roswaal con un odio absoluto—. ¡Tu debía protegerla! ¡Ella te amá a ti!
Roswaal, desde la distancia, observa la escena con una expresión de satisfacción, disfrutando del caos que ha desatado.
En ese momento de desesperación, la atención de Garfield se centra en Ram, quien se encuentra al borde de la muerte, aunque su instinto de sanación lucha contra las limitaciones de su forma bestial.
—¡Arriba tuyo! —mi grito resuena en el caos, mientras observo cómo una estaca de hielo colosal se precipita hacia Garfield.
Garfield, sin sus rodillas, no puede hacer nada más que quedarse en donde está.
—¡Garfield! —mi voz, impregnada de impotencia, se disuelve en el aire. Garfield, en un gesto desesperado, empuja a Ram con brutalidad, proyectándola por los aires y alejándola del alcance mortal de la estaca.
—¡General! ¡Cúrala ahora! —Garfield, envuelto en un aura carmesí tan densa y fuerte que eclipsa toda su figura, concentra su maná en un último esfuerzo—. ¡SOY EL ESCUDO DEL SANTUARIO!
Con puños en alto, Garfield colisiona con la estaca en una explosión descomunal, cuya fuerza me arrastra por el suelo.
Mi conexión con el alcance oculto me otorga un destello de estabilidad mientras trato de recobrar la compostura. Mis piernas, en este momento inservibles, son ignoradas por mi mente enfocada en la tragedia que se desarrolla.
—¡Ram! —me desplazo hacia ella con la velocidad de un vendaval, pero dos cortes de viento despedazan los brazos del alcance oculto.
Arrastro mi cuerpo por el suelo, dejando un rastro de desesperación hasta llegar finalmente a su lado.
La pérdida de sangre debería haberle arrebatado la vida a Ram, pero allí yace, sostenida únicamente por su determinación y una voluntad inexplicable de seguir luchando.
Un destello tenue ilumina su frente, pero mi atención se disuelve entre el caos. Arrastro mi cuerpo con la fuerza de mis brazos, mientras Roswaal centra su atención en contener a Garfield.
La transformación de Garfield se ha detenido, convirtiéndolo en un efímero obstáculo para Roswaal.
Alcanzo a Ram, con la mirada fija en el agujero en su vientre. Parece que la pócima no tendrá efecto, ya que ha atravesado su estómago.
—Espíritus, por favor, ayúdenla. —mi súplica resuena en mi interior, invocando a los espíritus que emergen del suelo para ingresar en el cuerpo maltrecho de Ram—. Ayuden a mi amiga, yo también haré algo.
Sin su estómago, mi mente se agita examinando opciones. Finalmente, tomo la decisión de administrarle la pócima.
Observo cómo su cuerpo, gradualmente, comienza a sanar. La botella de la pócima revela el distintivo de Echidna, una sorprendente utilidad en medio del caos.
El cuerpo de Ram se recupera lentamente, pero mi intento de moverme resulta en vano, atrapado en la parálisis de la impotencia. El campo de batalla se convierte en un escenario caótico donde la vida y la magia entrelazan su danza inexorable.
En ese momento crucial, mis ojos se posan en Roswaal, quien sujeta a Garfield en sus manos, un prisionero inconsciente de la encarnizada batalla que acaba de concluir.
La tensión en el aire es palpable, y las palabras de Roswaal resuenan con malicia y determinación:
—Mira, aquí tienes a otro. Fue una gran batalla, pero ahora deben morir.
La mirada feroz de Roswaal se encuentra con la figura desplomada de Garfield a mi lado, quien yace completamente desmayado, una víctima más de este enfrentamiento mortal.
La amenaza se materializa cuando Roswaal comienza a conjurar un hechizo de fuego, y al observar su rostro sonriente, una oleada de fuego parece consumir mi propio ser. Cada músculo se contrae involuntariamente, pero me resisto a ceder ante la satisfacción de este monstruo.
—¡Y UNA MIERDA! —en un arrebato de fuerza, me lanzo hacia Roswaal, desafiando su poder.
En ese momento crítico, aprovecho la oportunidad para arrancar el cristal que se encuentra clavado en su vientre. La piedra reacciona, infundiéndome un renovado flujo de maná, otorgándome el poder necesario para conjurar un hechizo más.
—¡Corte! —grito con determinación, canalizando mi energía en la creación de varias esferas de aire comprimido, esferas tan intensas que amenazan con desgarrarme los dedos.
El dolor me embarga, mis uñas se hacen pesados y las yemas de mis dedos se destruyen, sin embargo, la disparo con éxito, y veo cómo la sangre comienza a brotar de los múltiples agujeros que atraviesan el dorso de Roswaal.
—¿Solo eso? —su desprecio se hace evidente cuando, como una roca, su puño golpea mi mandíbula.
Mi visión se nubla, y caigo al suelo. La sangre de Roswaal se mezcla con matices purpúreos, como si su vitalidad se estuviera pudriendo.
La realidad se desvanece, y el mundo se torna borroso antes de perder la consciencia momentáneamente. Cuando recupero la lucidez, veo a Roswaal dirigirse hacia Ram, quien yace en el suelo, su respiración jadeante.
—Eres el último error que me permitirá ser yo de nuevo —declara Roswaal mientras apunta un potente rayo de luz hacia Ram.
La expresión resignada en el rostro de Ram indica que está preparada para enfrentar su destino.
Pero a veces el destino está determinado a cambiar.
Justo en ese instante, resuena el sonido de un dragón de tierra y el crujir de cadenas, signos que solían infundir temor en mí.
—¡ROSWAAAAL! —desde entre los árboles surge otra figura demoníaca, esta vez de cabello azul y cuerno perfectamente visible.
El maná de Rem explota, resonando en lo más profundo de todos nosotros. Roswaal lanza el rayo de luz hacia Rem, pero esta crea un cristal de hielo blanco que desvía el mortal ataque, perforando un árbol a lo lejos.
—Tú también, mi querida Rem. —Sonríe Roswaal, pero la valiente Rem contraataca lanzando su mazo del alba.
Roswaal, sin alguna clase de temor, toma el maso con sus manos desnudas, y apretando este es destruido en pedazos. Toco la sangre de Roswaal, y, de la nada, el miasma en mi interior empieza a crecer exponencialmente.
Intento usar el alcance oculto, pero una sensación de opresión me invade por completo.
Mi mirada se dirige hacia Ram, y observo cómo los espíritus comienzan a dispersarse. La desesperación se apodera de mí, y mi mente repite un lamento interno:
—Mierda, mierda, mierda. —En un acto de desesperación, cierro los ojos y dirijo mis súplicas a los espíritus que alguna vez me salvaron, rogándoles que salven a Ram, una persona digna de redención.
Siento el peso de la culpa sobre mis hombros mientras intento levantarme, tambaleándome. En medio de la incertidumbre, Grímnir, mi leal dragón, me agarra y me lleva a toda velocidad, como un relámpago en la oscuridad.
—Jaja, viniste a rescatarme —susurro al verme depositado lejos de Ram. Ella se interpone entre nosotros, protegiéndome con determinación.
Aunque no puedo escuchar su voz, puedo sentir su aprecio.
Mientras las llamas de la magia danzan en el aire, Rem ataca con furia a Roswaal, su cuerno resplandeciendo con una luz que apenas puede competir con la oscuridad de Roswaal.
—¿Cómo pudiste, Roswaal? ¿Cómo pudiste traicionarnos de esta manera? —grita Rem con angustia mientras evita hábilmente los ataques de Roswaal.
Roswaal, con su sonrisa burlona, responde con frialdad:
—La traición es solo una herramienta, querida Rem. Es necesario sacrificar algunas piezas para lograr el gran tablero. ¿No jugaste con nosotros ya?
La furia de Rem se intensifica, su cuerno brillando más intensamente mientras canaliza su maná.
—¡Eres un monstruo! ¿Cómo pudiste hacerle esto a Ram? ¡Ella te ama! —exclama Rem, atacando con una velocidad impresionante.
—Su amor no es algo que me interese —responde Roswaal con indiferencia, desviando los ataques de Rem con facilidad.
Rem se ve completamente perdida, incapaz de comprender la traición de alguien en quien confiaban.
—Éramos, éramos como una familia, y tú... ¡tú la estás matando! —grita Rem con desesperación, lanzando un poderoso ataque que Roswaal apenas esquiva.
—Las lealtades cambian, querida Rem. Es hora de que lo aceptes. Este es un mundo cruel —responde Roswaal, sus ojos brillando con una malicia indiferente.
La batalla se vuelve más intensa, pero la mente de Rem está en otra parte. Ve a su hermana, al borde de la muerte, luchando por su vida.
—¡No puedes ganar, Rem! Acepta la realidad —se burla Roswaal, lanzando hechizos mortales que Rem apenas logra esquivar.
—¡No permitiré que te salgas con la tuya! ¡Eres un monstruo despiadado! —grita Rem, sus lágrimas mezclándose con la furia en sus ojos.
Mientras luchan, la desesperación de Rem se refleja en cada golpe y hechizo. Roswaal, frío y calculador, parece disfrutar de su sufrimiento.
Es una verdad que sabía, por eso no esperaba que sucediera esto. Nosotros no somos rivales para el poder abrumador de Roswaal.
La frente de Ram comienza a irradiar una luz intensa, sus ojos fijos en Rem, quien lucha incansablemente en su encarnizada batalla. Sin embargo, la atención se desvía cuando Roswaal, con violencia, hunde su puño en el rostro de Rem, provocando un retroceso forzado.
El cuerno de Rem, por otro lado, emite un resplandor aún más intenso, sus ojos adquieren un tono rojo y el maná que la envuelve se vuelve más denso. Ram, con gesto desesperado, extiende su mano hacia su hermana, pero la magnitud de los acontecimientos escapa a mis ojos, dejándome en un estado de incertidumbre.
—¡AAAAHHHH! —Rem grita, liberando una cantidad de maná tan colosal que incluso Roswaal se ve obligado a retroceder ante su poder abrumador.
La explosión mágica ilumina el campo de batalla, revelando la ferocidad con la que Rem está dispuesta a luchar.
En medio de este espectáculo, una carta emerge del vestido de Rem, ondeando en el aire como un estandarte misterioso.
La carta resplandece con una energía que parece resonar con la desesperación y la furia de Rem. La mirada de Roswaal se vuelve más cautelosa, reconociendo la sorpresa ante este nuevo desarrollo.
—¿Qué es esto? ¿Una carta? —murmura Roswaal con incredulidad, mientras la carta sigue ondeando en el aire como un presagio de cambio.
Rem se lanza a un ataque a una velocidad casi imperceptible, su determinación aún ardiente a pesar de las adversidades. Sin embargo, Roswaal, en su despiadada serenidad, permanece inmutable ante sus acciones.
Roswaal contraataca, empleando magia de múltiples atributos para atacar el cuerno de Rem. La esfera de elementos impacta en ella, pero, para sorpresa de todos, no provoca ninguna reacción visible.
En un rápido giro de los acontecimientos, Roswaal salta con agilidad para apoderarse de la carta que emerge del vestido de Rem.
Con un movimiento hábil, es lanzado por un puñetazo directo a su estómago. Aunque Roswaal detiene su impulso con magia de viento, Rem se arrodilla, indicando que el aumento repentino de su fuerza parece ser solo temporal.
—¿Crees que eso es suficiente para vencerme, Rem? —pregunta Roswaal con una risa burlona mientras se pone de pie, sosteniendo la carta en sus manos—. ¿Te ha~~s olvida~~do de lo que hici~~ste?
Rem, aún en el suelo, levanta la mirada con determinación y dolor. La carta, ahora en posesión de Roswaal, resplandece con una energía ominosa.
—Tu lucha es admirable, pero ya estoy aburrido de este juego. —Roswaal señala con desdén a Rem, quien lucha por ponerse de pie.
En un instante, la realidad se retuerce. Una fuerza abrumadora presionándola, dejándola indefensa ante el poder inigualable de Roswaal. Roswaal, con un simple gesto, la derrota con una magia que desafía toda resistencia.
—Adiós, demonio. Este era tu destino desde el principio, el destino del que te salvó tu hermana —sentencia Roswaal mientras Rem cae al suelo. Ella mira sus manos, intentando levantarse, pero Roswaal ahora se ve molesto.
—Tantas cosas impredecibles sucediendo, es molesto. —Roswaal está por atacar de nuevo a Rem.
Nadie puede hacerle frente; si alguien puede, siquiera luchar mano a mano, es solo ella. Solo Emilia puede hacerle frente.
Justo cuando está por cortar su cuello.
Entonces, junto a los grandes rayos de luz del sol, algo que era invisible empieza a hacerse visible. La barrera de maná que hizo Echidna comienza a destruirse por completo.
Miles de partículas de maná viajan por el ambiente, aplicando una fuente sanadora a todos en el lugar.
—Interesante. —Cuando me fijo en él, veo que Roswaal tiene la carta abierta en su mano—. No sabía que debía ser de esta forma.
Roswaal mira hacia todos lados, su mirada llena de una malévola satisfacción, como si estuviera saboreando la desesperación que ha sembrado. La luz del sol resalta los detalles de su rostro, donde una sonrisa sutil revela su compleja mezcla de sadismo y triunfo.
—El contrato de alma no se deshace. Hoy he perdido mucho, pero he ganado lo suficiente. —Roswaal me señala, su mirada penetrante clavándose en mis ojos—. Eres un error, Marco Luz. Que sepas que todas las muertes que haga de ahora en adelante son culpa tuya. Tu mera existencia me produce repugnancia.
Cada palabra pronunciada por Roswaal parece resonar en el aire, como un eco ominoso que se cierne sobre mí.
Un error…
La acusación de ser un error, un ente que nunca debió existir, se cierne como una sombra oscura sobre mi conciencia. Sus palabras, afiladas como cuchillas, se clavan en lo más profundo de mi ser, recordándome la fragilidad de mi existencia.
—Tus manos estarán manchadas de sangre, Marco Luz. Todo lo que hagas vendrá cargado de muerte. Cada vida que se pierda será una consecuencia directa de tu presencia en este mundo —declara Roswaal, su voz resonando con una certeza retorcida.
La repugnancia que siente hacia mí parece emanar de cada poro de su ser, como si mi simple existencia fuera una afrenta imperdonable contra su visión del mundo. La sonrisa de Roswaal se ensancha, revelando una malicia desenfrenada.
—No hay salvación para ti, Marco Luz. Eres un error que no puede ser redimido. Cada acción tuya será un recordatorio de la tragedia que has desencadenado —añade, sus palabras flotando en el aire cargadas de un peso funesto.
Roswaal me mira directo a los ojos, su mirada cargada de un desprecio profundo y oscuro que no logro comprender. Sus palabras, acusándome de ser un error y la causa de todas las muertes, resuenan en mi mente como un eco siniestro. Sin embargo, la razón detrás de sus acusaciones permanece velada, y mi confusión se mezcla con la urgencia de la batalla que se desarrolla a mi alrededor.
—No deberías existir. No debiste venir a este mundo, debiste morir en tu mundo y todo esto no habría sucedido. —Roswaal lanza una bola de fuego hacia mí, pero antes de que pueda alcanzarme, una estaca de hielo la atraviesa, neutralizando el ataque.
Sonrío, sintiendo que solo el hecho de sonreír me duele.
—¡Púdrete! —escupo sangre, y extiendo mi mano para sacarle el dedo.
Las Ryuzu emergen, llevando a Otto, Luan y a Crusch, mientras otras dirigen a Ram hacia Rem. Sonrío, sintiendo una seguridad reconfortante que me invita al descanso.
Iluminada por los rayos dorados del sol, Emilia aparece, irradiando un maná puro y poderoso, una manifestación de su fuerza interior.
El resplandor solar destaca su semblante, pero es su mirada la que sorprende. En lugar de la calma habitual, sus ojos expresan una tormenta de emociones: enojo, rabia y una determinación inquebrantable.
Es como si todo el peso de las injusticias que ha presenciado se reflejara, transformándola en una fuerza avasalladora.
—Emilia… —susurro, pero mi voz se pierde. Esta no es la Emilia compasiva que conozco; sus ojos arden con la intensidad de una llama indomable. La valentía se mezcla con la resolución de enfrentarse al mal, y su maná, antes sereno, ahora vibra con una energía feroz que se eleva más allá de los árboles.
Las manos de Emilia están tensas, sus ojos fijos en Roswaal, y su maná denso crea una atmósfera asfixiante. La intención asesina es impactante, la veo en un estado agresivo por primera vez.
Me agito, sabiendo que esta también es parte de ella.
Me incorporo con esfuerzo, sintiendo la pesadez en cada músculo mientras Grímnir se inclina para facilitar mi ascenso. Desde su espalda, mis ojos se posan en Roswaal, cuya sonrisa refleja su deleite ante el espectáculo que se desarrolla frente a él.
—Señorita Emilia, veo que ha superado las pruebas. ¡Mis más grandes felicitaciones! —Roswaal aplaude, pero la celebración se ve interrumpida por miles de estacas de hielo que convergen sobre él.
Utiliza un escudo para protegerse, pero las estacas perforan sus brazos, incapaces de contener la fuerza desatada de Emilia.
—Sin duda, es fuerte, señorita Emilia. —A pesar de la sangre que brota de sus heridas, Roswaal no muestra signos de inmutabilidad.
Emilia no pronuncia palabra alguna; en cambio, su rostro refleja una mezcla de rabia y determinación, como si estuviera decidida a castigar al responsable de tantos sufrimientos.
Pero, para mi sorpresa, un gran suspiro escapa de los labios de Emilia, revelando una lucha interna que se libra en su interior, entre la furia desencadenada y su responsabilidad.
Si luchan aquí, no aguantaremos más tiempo.
—Cometí un error al confiar en ti, ahora, si no quieres morir lo mejor es que te vayas. —Las palabras de Emilia van con calma, con calma y toda la determinación posible.
Roswaal asiente, y antes de desaparecer dice unas últimas palabras.
—Ha crecido mucho, señorita Emilia.
Grímnir me lleva a su lado, y en sus ojos, la tristeza se manifiesta de manera palpable. A pesar de mi estado dolorido, logro percibir esa emoción en su mirada.
Le dedico una sonrisa, una expresión de gratitud y conexión en medio de la adversidad, sellada por el destello de nuestra conexión, que nunca se desvanecerá.
—Sobrevivimos. —Mi visión comienza a oscurecerse, las fuerzas me abandonan lentamente—. Gracias por dejarme a esos espíritus…
Extiendo mi mano, y cuando estoy al borde de caer, ella me envuelve entre sus brazos con una delicadeza que trasciende la batalla.
Su cariño atraviesa mi alma, disipando las últimas reservas de energía. Me inunda una sensación de paz, como si, de alguna manera, hubiera cumplido mi propósito en medio de la caótica oscuridad.
Un error…
No comprendo completamente el significado de ser un error, ni entiendo qué implicaciones tiene.
Si lo que debió pasar sigue el guion trazado en esa historia, es un misterio. Sin embargo, decido no darle demasiada importancia; lo verdaderamente esencial es que ahora se vislumbra un camino, una luz titilante en mitad de la oscuridad.
A pesar de todo el caos y el dolor, experimento una extraña pero auténtica sensación de felicidad y paz.
Finalmente, se despeja un sendero, una ruta clara hacia el futuro; un futuro incierto. A pesar de los desafíos y la incertidumbre, encuentro satisfacción en el hecho de haber contribuido a este desenlace.
Entonces, siento un beso suave en mi mejilla, una muestra de afecto que trasciende las palabras y se convierte en un delicado poema de amor no pronunciado. Mientras la oscuridad se apodera de mi conciencia, una revelación importante se filtra en mis pensamientos.
—Debió ser duro, ¿cierto? —susurra a mi oído, sonrío, y todo se empieza a oscurecer—. Puedes descansar, me encargaré de todo ahora.
Esta vez, la oscuridad se desvanece, cediendo su lugar a un merecido y reparador descanso, una pausa después de la tormenta, donde la luz ha encontrado su rincón en medio de la nada.
Es como si la calma que sigue a la tempestad trajera consigo un bálsamo para el alma, restaurando cada fibra de mi ser. Pensaba que mi destino era vivir en las sombras, pero al observar a Emilia, al ser testigo de cómo ella se erige como la luz que ilumina mi pasado, comprendo algo profundo.
Las sombras no son más que el eco de la luz, y en medio de las sombras del destino yacen lecciones esperando ser aprendidas, historias por contar, un pasado ansioso por ser iluminado por la luz del presente.
Es la luz la que revela los secretos ocultos en las sombras, y justo cuando mis ojos están a punto de cerrarse, los rayos dorados del sol acarician su rostro. La preocupación en su mirada es como un suave murmullo que acaricia mi alma, mientras me coloca con delicadeza en el suelo.
Sus ojos, de un amatista profundo, brillan con una intensidad única en el amanecer de este nuevo día. En su mirada encuentro una mezcla de ternura, compasión y una pizca de temor por lo que hemos enfrentado juntos.
Es como si cada destello de esos ojos fuera una chispa que ilumina el rincón más oscuro de mi ser.
Ha pasado casi un año desde que llegué a este mundo, y durante este tiempo, he experimentado más de lo que hubiera imaginado. El futuro parece incierto y desafiante, pero comprendo mi deber.
Seré una luz, una luz que no se extinguirá.
Agradezco a mis amigos, a Emilia, a mi Padre y a mi Madre, y, sobre todo, a mi amada hija.
Como el sol que disipa la noche, aunque persista la oscuridad, es nuestro deber iluminar los rincones más sombríos del destino.
A partir de hoy, honraré mi nombre, Marco Luz, y que no se te olvide. En medio de la incertidumbre, nuestra luz puede convertirse en un faro, guiando a otros a través de sus propias sombras, creando un sendero hacia la esperanza y la resiliencia.
Porque en la travesía de la vida, cada luz, incluso la más tenue, puede marcar la diferencia.
SS-Echidna
Esa Ropa Familiar.
Nos encontramos en este lugar, una inversión significativa de mi tiempo, aunque la noción de aburrimiento no me afecta.
Esta sala me provee la oportunidad de explorar un nuevo mundo, fascinante en su complejidad, un terreno que ansío escudriñar de manera personal. Desde su primera manifestación, suscitó mi interés.
Al principio, mi atención se reducía a la curiosidad superficial, pero con el tiempo, esa sensación evolucionó hacia un deseo insaciable. Mi objetivo es desentrañar los límites que alguien como él podría alcanzar, observar las elecciones que realizará, detectar similitudes y diferencias entre nosotros.
Amor, podría ser.
Incluso, más que el de esa idiota.
Después de la conclusión de la prueba, mi fascinación se intensificó. Anhelo presenciar cómo un "error" como él puede alterar el destino de este mundo.
Él se presenta como una entidad extraña, calculadora en su pensamiento y discordante en sus acciones. Se sumerge en las emociones al tiempo que las contiene en su interior. Su conducta me deja intrigada.
—¿No te parece intrigante? —le planteo a Carmilla, pero ella simplemente toma una taza de té mientras observa el cielo.
—No me importa, siempre y cuando haya amor, todo estará bien. —Carmilla desaparece, dejándome en mi soledad.
Sonrío, anticipando el momento en que lo observaré con mis propios ojos. Me imagino la sensación de respirar el aire real de nuevo, experimentar el maná.
Sin embargo, lo que me resulta desagradable es que tendré que encontrarme con ella nuevamente. Su rostro, su actitud, su voz; todo en ella me resulta repulsivo.
"Me gusta tu expresión", sus palabras resuenan en mi mente, provocando un estremecimiento en mi sangre.
Dirijo la mirada al cielo, observo mi taza de té y mis galletas. Me siento en la silla, esperando pacientemente el momento de salir. Me pregunto qué sucederá, me intriga esa sensación de olvidar algo.
Aunque recuerdo los últimos momentos de la prueba del pasado, cuando esa persona con la cara tapada estaba presente.
A pesar de ello, no logré reconocerlo.
Es como si alguien hubiera jugado con las conexiones en mi cabeza.
—Interesante —murmuro, mientras contemplo cómo el mundo a mi alrededor se desintegra.
Pronto será el momento de salir, pero no puedo sacármelo de la cabeza.
—Qué molestia tan intrigante.
Lo único que retengo con claridad es su atuendo, que me pareció peculiar dadas las circunstancias. Puedo evocarlo en mi mente tan nítidamente como si estuviera presente.
Lleva ropa deportiva, blanca con negro, y rayas anaranjadas en las mangas. Una "N" adorna su pecho, y su cuello es anormalmente largo.
Intento especular quién podría ser, pero ningún nombre o rostro viene a mi mente.
Supongo que será parte del error. Quién sabe, quizás estando con ellos pueda descubrir más al respecto. El mundo lentamente se disipa, y cuando pestañeo, veo que mi cuerpo ha cambiado.
Rodeada de cristales, observo el cabello de esa persona, su melena plateada revoloteando mientras se aleja del santuario.
El brillo en mi pecho revela que el contrato de alma está hecho. Cierro mis ojos y tomo una fuerte bocanada de aire.
«Dona, Dona, ¿Dónde estamos?» Typhon pregunta con curiosidad.
Observo el cristal piroxeno, completamente destrozado.
«¿Nos trajiste a todas?» Minerva pregunta, curiosa.
—Calma, estamos en el mundo real. —Aprieto mis manos y las relajo, estirando mi pequeño cuerpo.
Si tan solo Ryuzu Meyer fuese un poquito más grande.
Miro la salida, notando que no me ha dejado aquí, sola. A mi lado, una de las copias de Ryuzu permanece mirándome. Le pido que me indique el camino, y esta comienza a caminar.
—Veamos en qué puedes convertir este mundo, Marco Luz.
SS-Roswall
Aquellas Cartas Fantasmas.
Día tras día, he aguardado pacientemente el momento en que finalmente pudiera actuar. Aquel día llegó cuando decidí transferir mi alma, y mi destino quedó sellado cuando vi la oportunidad.
Beatrice no me reconoció, asi que decidí fingir ser un descendiente mío.
Ese evento marcó el inicio de mi verdadero propósito. Inicié una serie de astutas inversiones y maniobras políticas para escudriñar los secretos del reino y su paradero.
Héctor, se cruzó en mi camino una vez más, pero mi debilidad de entonces me impidió eliminarlo. Seguí en mi camino siguiendo las enseñanzas del libro de la sabiduría, sabía que estaba siendo manipulado.
Que mi futuro estaba siendo guiado, pero, honestamente, no me importaba.
Si ese camino conducía a un reencuentro con ella, estaría dispuesto a soportar cualquier sufrimiento.
Existían eventos que debían ocurrir, pero también aquellos que debía orquestar para que ocurriesen. Me esforcé incansablemente por mantener el orden del futuro, todo con la esperanza de poder contemplarla nuevamente.
Pero el "Error" hizo su aparición, arruinándolo todo.
Observo a través de la ventana la tormenta que he desatado, un reflejo de la tempestad que se gesta en mi interior.
El destino de Beatrice yace en su capacidad para aceptar su propósito. Su suerte dependerá de la fortaleza de su espíritu frente a las pruebas que se avecinan.
Mientras me contemplo en el espejo, verifico mi maquillaje, consciente de que el momento de actuar se acerca inexorablemente.
Caminando hacia mi escritorio, utilizo la magia para abrir el cajón que se encuentra ante mí.
Docenas, no, cientos de cartas llenan el espacio, detallando un futuro que se desarrolla de manera predestinada. Me pregunto si ya conocía ese destino o si, de alguna manera, lo estoy forjando con mis propias manos.
Desde hace años, alguien ha estado enviando esas cartas, revelando un conocimiento íntimo de mi ser.
Un misterioso confidente que parece entender a la perfección a Echidna, a Emilia, a Marco y a mí mismo. En este juego de destinos entrelazados, me sumerjo, dispuesto a desentrañar los hilos que atan nuestras vidas y a descubrir quién es el maestro de marionetas que guía nuestro destino compartido.
Fue él quien me lo explicó, el artífice detrás del velo de la verdad.
Extraigo el libro de la sabiduría de mi traje, lo abro con determinación, escudriñando sus páginas con una mezcla de ansias y desesperación. El clímax de esta narrativa se alcanza con el cumplimiento de mi propósito, pero tras la llegada del error, las cosas tomaron un giro inesperado.
El futuro, meticulosamente escrito en las páginas del libro de la sabiduría, se distorsionó por completo.
Mi herramienta más confiable se volvió obsoleta, dejándome con nada más que las enigmáticas cartas como guía. Hay un destino predestinado, pero ya no está en mis manos moldearlo.
Mi Echidna no se equivoca, el solo hecho de que esto sucediese indica que ella es falsa.
Por eso, siguiendo las indicaciones de las cartas, me sumergí en la desesperada tarea de investigar quien era, pero cada intento se tradujo en la muerte de los investigadores.
El enigma se profundiza, y la incertidumbre se cierne sobre mi existencia.
Cuando tomé la decisión de resguardar a esas chicas, recordé las palabras de aquel individuo. "Dales hogar y críalas", fue la orden. Cumplí, y una de ellas se volvió dependiente de mí, un recordatorio amargo de la crueldad inherente al destino.
Un suspiro escapa de mis labios mientras acepto la implacable realidad. La última carta que recibí, lacónica y ominosa, me recordó la razón por la cual aún persisto: "Mata a Ram". Sin explicación alguna, la tarea se presentaba clara, debía eliminarla siguiendo una serie de pasos predeterminados que estaban en la carta.
Mi mirada se eleva hacia el cielo, nublado como mi propia conciencia atormentada. La puerta se abre, revelando su rostro preocupado.
Ella me conoce, más allá de lo que yo mismo entiendo. Sirve dos tazas de té con un gesto reflexivo, antes de sentarse frente a mí. La tensión en el aire es palpable, como una tormenta que se avecina, presagiando el desenlace inevitable de este retorcido juego del destino.
—¿Cree que la guerra terminará bien? —su intento de entablar una conversación me provoca una risa sutilmente desquiciada. Cojo la taza de té y la examino con intensidad antes de dirigir mi mirada hacia ella.
—No lo sé, Marco Luz deberá tomar una decisión. —Tras un sorbo, suelto un suspiro cargado de anhelo—. Pero todos pagarán las consecuencias de sus actos.
El futuro, un enigma oscuro que me consume, me preocupa, pero al mismo tiempo me excita. Quizás, solo quizás, las cosas puedan cambiar. Mis ojos se posan en Ram, y mi mente juega con la idea de dejar atrás las sombras del pasado.
Beatrice, rescatada y ahora radiante de felicidad, eclipsa incluso su antiguo resplandor de hace cuatrocientos años.
Ram me observa con su mirada aguda, y yo, en un acto de frenesí, aparto la vista. La encrucijada se cierne sobre mí, y la decisión que debo tomar palpita en el aire, como una promesa de caos y deleite.
Estoy frente a ella, la que he protegido con una gran devoción.
Todo para este misero momento.
—Rayo solar. —Con un breve hechizo, estoy a punto de desatar la tormenta que dará fin a su existencia. Todo lo que he construido, todo lo que he tramado, alcanzará su culminación. Y, sin embargo, la imagen de sus labios sigue grabada en mi mente, una llama que alimenta mi obsesión.
Debo luchar, debo pelear por lo que ansío, por lo que deseo poseer.
No permitiré que nadie se interponga en mi camino, ni siquiera ella. La certeza de que el futuro que anhelo está al alcance de mis manos me embriaga, me deleita.
—Yo soy quien destruyó tu aldea —susurro, dejando que la mentira se cuele entre nosotros—. Te mantuve a mi lado para usarte en un futuro que ahora se desdibuja.
Ahora, que el futuro ha tomado un rumbo incierto, ella ya no es necesaria. Todos, absolutamente todos, son errores.
Este mundo, cada fragmento de esta realidad distorsionada, no debería existir. El único futuro que persigo es aquel que me permita poseer a la Echidna perfecta, la original, aunque eso signifique desgarrar el tejido mismo de la realidad para obtener lo que deseo.
No quiero miseras copias.
El rayo, desatado por mi propia mano, perfora su vientre.
—Te amo. —susurra, con la sangre manando de sus labios.
Es una lástima que esas palabras no sean más que una ilusión, una parte más del error que envuelve este retorcido mundo.
Apuntar sin una mano es difícil, pero la satisfacción que experimento al verla caer supera cualquier dificultad. Ram yace en el suelo, Marco grita y se desespera intentando llegar hasta ella. No puedo entender cómo su simple existencia ha desencadenado tanto caos.
Si él no existiera, nada de esto habría sucedido.
No sé por qué esa persona quiere a Marco Luz con vida. No sé cuál es mi papel en este juego macabro.
Después de exterminar a todos los demás, me veo sorprendido por la presencia predestinada de otra, una conexión entre hermanas que crece con cada segundo. Pero ella, al igual que los demás, no es más que otro alfiler sin punta, inútil en este mundo distorsionado.
Desde que descubrí la falsedad del libro de la sabiduría, esta farsa se volvió aún más incómoda.
Ella solo es eso, otro error.
Sus ataques son rápidos, pero ya no me interesan. No sé hacia dónde debo dirigirme, pero sé que esa persona no me dejará sin cumplir sus palabras. Nadie puede detenerme, nada puede vencerme.
Esa chica, Luan, logró destruir mi mano, he de admitir que me sorprendió, pero ya no me importa. En este momento, debo ser una máquina, esperar instrucciones para obtener mi premio, arrastrándome por donde sea necesario.
Para obtener mi delicioso premio.
Una carta emerge del bolsillo del demonio que me arroja a volar. La reconozco al instante y la tomo en mis manos. Tras recomponerme, la abro y leo al instante.
"No mates a nadie, pero antes de irte ataca a Marco Luz. Ven a la mansión Miload, te estaré esperando."
No necesito más, ninguna otra palabra. Pensé que había superado esta faceta de mí mismo, que había suprimido mis emociones al máximo. Miro a Ram, apenas mostrando señales de vida.
Este mundo es un error, y por eso no hay necesidad de retenerlo.
La alegría brota de mi corazón, consciente de que finalmente podré obtener lo que deseo. Permitiré que me utilicen como quieran, porque en sus cartas está grabada su forma única de expresarse. Es como si estuviera hablando con ella misma.
Por eso sé que ella es la real.
—Ha crecido mucho, señorita Emilia.
La ironía de esas palabras reverbera en mi mente, un recordatorio de un pasado distorsionado. La figura frente a mí es el error más grande, probablemente el que más temor debería infundirme en este momento.
Sin embargo, no es el momento de actuar.
Tomo una pócima y comienzo a viajar, pasando por Irlam y brevemente considerando la posibilidad de destruirlo. Pero ese pensamiento efímero se desvanece; no vale la pena sacrificar otra alma.
A lo largo de mi viaje, he perdido mucho, pero también he ganado lo suficiente.
Las heridas en mi cuerpo comienzan a desaparecer, y el cristal que yacía en mi cuello se integra con mi piel. Parece que es momento de una transformación nueva, de un nuevo Roswaal.
O quizás, una nueva yo.
Finalmente, llego y Clint me dirige hacia la habitación donde él me espera. A lo largo del tiempo, he recibido sus cartas, pero nunca he visto su rostro. Todo lo que sé es que es un hombre.
La curiosidad me invade, quiero saber qué clase de persona es.
—Mi señor, esta persona es peligrosa. —Clint me mira con seriedad, y entiendo a qué se refiere. Significa que no podemos hacerle nada.
Clint abre la puerta y entro, finalmente viéndolo. Parece joven, tal vez tenga unos veinticinco o incluso menos. La luz del sol se distorsiona en las ventanas, indicando que acaba de usar un hechizo para silenciar el lugar.
Me mira con una sonrisa enigmática.
—¿Qué te pareció? —pregunta, sin mostrar temor alguno.
—Maravilloso~~so —respondo, y él suspira.
Su traje no parece pertenecer a este mundo. La forma de los hilos que utiliza irradia una perfección que aún no se ha alcanzado.
Si no me equivoco, solo el error azul ha logrado algo similar. Lleva un atuendo similar al de los sirvientes, pero con modificaciones distintas, más corto, y su camisa blanca le da un toque más elegante.
—Bueno, eso fue realmente interesante. —Comienza a juguetear con el collar en su cuello, un collar que reconozco muy bien, ya que es el mismo que adorna mi pecho.
—¿Quién eres? —pregunto, y él empieza a sonreír.
La sombra en la pared me sorprende por un instante, pero entonces comienzo a sonreír. No olvidaría esa sombra, su cabello largo y su sonrisa tan pura. Sin duda, esta es la persona que busco.
—No necesitas saberlo, lo importante es que esta historia por fin está empezando. —Él toma el collar en sus manos y me mira a los ojos con una sonrisa—. ¿Verdad? Roschi.
Palabras del Autor
Hola, ha pasado un tiempo largo.
Hola, ha pasado un tiempo largo.
Soy el autor, y es la primera vez que me decido por hacer un segmento de "Palabras del autor"
Espero que todos estén bien, si han llegado aquí creo que ha sido tras una gran travesía. Supongo que muchos se preguntarán.
¿Por qué tardó tanto desde que dijo el capítulo estaba listo?
Hay varios factores, pero solo dos de ellos son importantes.
Primero: Mi proyecto de grado me está tomando gran parte de mi tiempo.
Me había dicho que mi profesora de proyecto era buena, pero en realidad es una basura. Nos dejó a mi y a mi compañero a nuestra merced. He tenido que buscar de donde sacar plata para poder financiar el proyecto.
Ella originalmente dijo que lo pagaba, pero nos ha quedado remal.
Ya he gastado aproximadamente 500usd, y eso me tiene azarado.
El segundo aspecto es bastante más sencillo.
El capítulo en su primera versión tenía 50k de palabras más o menos, desde el 14 hasta los SS. Podríamos decir que ya de por si es un capítulo largo.
El detalle es que me di la tarea de redactarlo dos veces, quería que fuese perfecto, o por lo menos lo más perfecto para mi yo actual.
Al final el capítulo tiene 86k de palabras y claro, la cantidad de palabras no define la calidad. Para mi significa que estoy detallando bien las cosas.
Ahora sobre la historia, aquí hay varios aspectos que quiero mencionar.
A diferencia de la historia original, donde Crusch y Marco se enamoran, aquí Emilia ha sido el foco de atención desde el inicio.
Al comienzo no fue intencional, pero luego creo que todos estamos de acuerdo en que se ha robado varias veces el show.
He querido mostrar como una persona cambia dependiendo de con quien se rodea.
Emilia ha pasado por muchas facetas, es el personaje que más cambio ha tenido en toda la historia. Estoy orgulloso de la Emilia actual, asi como de todas sus versiones.
El hecho que se de cuenta de su amor por Marco forma parte de ella misma.
Quizas muchos piensen ¿Pero que no Emilia es despistada?
Hay varas cosas que tuve que pensar, la primera de ellas es: ¿Cómo ama alguien?
No sabía como responder a ello, puesto que yo nunca me he enamorado.
No sabía como plasmar el amor romántico en la novela, por eso para mí fue un completo reto de escritura. Si lo hacía de una forma que no fuese propio de ella me iba a sentir mal.
Quería dar a entender el amor.
Pero también quería dar a entender el amor de Emilia.
La mayor parte de este arco es sobre ella, sobre como se convierte en la luz que disipá las sombras. Por eso, primero disipó su propia sombra.
Entonces el verdadero amor fue iluminado.
La madurez de Emilia no viene sin fundamento, todos cambiamos dependiendo de lo que vivimos. Emilia ha vivido muchas cosas, por eso, era hora de que algo cambiará.
Ese fue mi parte a hacer este capítulo.
El titulo del arco se hace notar en cada capítulo, por eso al final tiene su conclusión.
El hecho que viera a los padres de Marco fue algo que pensé después, quería alguien; unas personas que pudiesen comprender a Emilia y a Marco.
Entonces me vino a la cabeza.
¿Por qué no hacer que Emilia vea a los padres de Marco?
Fue allí cuando me di cuenta de que en ese momento sería cuando Emilia hable de sus emociones, pero no porque otro le dijera que es lo que sentía.
Emilia debía hallar su propia respuesta.
Es entonces, mientras escribía los sentimientos de Emilia, fue que me di cuenta de su amor. Me di cuenta de lo que sentía Emilia en su corazón.
El momento de Marco y Emilia siempre estuvo pensado, pero me di cuenta de que, hacerlo emotivo y lleno de detalles sería algo que no haría Emilia. Ella es torpe, si, también es densa en la mayoría de las ocasiones.
Pero sus ganas de ayudar no se las quita nadie.
El hecho que aceptará a sus dos yo viene de esta frase.
"En la danza eterna entre la oscuridad y la luz, encontramos nuestra verdad. No temas a la penumbra; es solo el lienzo en el que nuestra luz interior pinta su camino. Cada color, cada trama, cada elección, forma parte del arte de tu interior. De este modo la oscuridad no es un enemigo, sino un compañero silencioso que nos permite apreciar la belleza de la luz. Así como las estrellas brillan más intensamente en la noche, nuestras acciones y decisiones definen nuestra existencia."
La escribí cuando pasaba por un momento de crisis; cuando me di cuenta de su potencial vi que era lo que Emilia necesitaba.
Aceptarte a ti implica aceptar las sombras que hay en tu interior, puedes iluminarlas, así como volverlas sombras de nuevo.
Emilia intentaba imitar a Marco, pero claramente esa no era la respuesta.
¿Debía ser como era antes? Eso es lo que reflejé cuando cambió su traje, además de volver a sus palabras antiguas.
Pero eso tampoco sería una respuesta.
Por eso la respuesta era que "no importaba", no importa si piensas que tu eres alguien diferente, al final sigues siendo tú mismo.
El hecho de que cambies no significa que dejarás de ser tu.
Por eso debes aceptarte y seguir cambiando, asi como no cambiar las cosas que te gustan de ti.
Sin mas les deseo mucha suerte a todos. Como dijo Subaru "La historia por fin está empezando"
Espero que hayan disfrutado de una excelente lectura, asi como les deseo la mayor de las suertes a todos.
Sean una luz para ustedes, asi como sean una luz para aquellos en las sombras.
