Capítulo XII

"Te esperé"

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Te fuiste de aquí, encontraste otra vida

Te fuiste de aquí, enterraste la mía

Y aunque no estés

Yo sigo respirando aquel amor

Te fuiste de aquí, descubriste otros brazos

Borraste mis besos, me hiciste pedazos

Y duele ver

Que le entregaste a otro el corazón

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-Ya veo…- dijo, mientras sostenía su celular con su mano derecha, con su otra mano arrastraba su valija. Salía del aeropuerto, mirando hacia ambos lados, buscando algún taxi que pudiera tomar. - Entonces… es cierto… ella está…- sus ojos se llenaron de lágrimas. No pudo continuar la frase, sentía un nudo en la garganta.

-¿Estás seguro de esto? - se escuchó al otro lado del teléfono. - Ellas… hay algo diferente en ellas… Ni siquiera sé si permanecerán aquí.

-Necesito verla, Kuu…

-Pero…

-Lo sé… aun así…

-Está bien, ojalá puedas verla…

-Muchas gracias.

-No tienes nada que agradecer.

-Claro que sí, has sido un gran apoyo todos estos años.

-Tú también lo has sido, Brandon.

-Te buscaré, debemos vernos.

-Claro que sí.

-Adiós. - cortó el celular. Suspiró. Sentía muchos deseos de llorar. Jamás imaginó que algo así podía pasar. Lo había deseado tanto, pero ¿Por qué ahora? ¿Por qué cuando había decidido enterrar su recuerdo y rehacer su vida?

-Brandon. - la mujer colocó la mano en su hombro. -Entonces… es cierto… ella está con vida. - Él no respondió. Sólo avanzó retirando la mano de la mujer de su hombro. Ella corrió para alcanzarlo. Era rubia, de cabello lacio, lo llevaba por la mitad de la espalda. Sus ojos eran de color verde esmeralda. Se puso delante de él, para que detenga su paso. - ¡Oye! ¿sigues molesto?

-Te pedí que no vinieras… ¿cómo se te ocurre reservar el mismo vuelo?

-¡Ella es mi amiga! También la he llorado, también quiero verla.

-¿Amiga? Amiga… ¿Acaso crees que seguiría viéndote como amiga cuando sepa?

-No lo hicimos apropósito, Brandon… simplemente pasó… La creímos muerta. ¿Acaso es un pecado querer seguir con nuestra vida? Tú también eres parte, ¿Qué crees que pensará ella? ¿De verdad piensas que te sigue amando después de todo este tiempo? ¿Es que... vas a dejarme por ella? - los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas.

-No lo sé, Agatha… jamás pensé que algo así podría pasar… estoy muy confundido…

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Era una hermosa tarde. El cielo era de un turquesa intenso, sin una sola nube a la vista, sin una sola ráfaga de viento. El sol resplandecía con intensidad, reflejándose en las aguas del mar. Apoyada sobre la pared de la costanera. Observaba el horizonte. Estar junto al mar siempre la había reconfortado, la había hecho sentir como en casa. Incluso, de pequeña, mucho tiempo antes de saber de Céfiro. La playa siempre había sido su lugar en el mundo. De niña, siempre les pedía a sus padres que la llevaran a la playa, así pasaba muchos fines de semana cada año. Ahora entendía por qué. Suspiró, ¿qué pasaría si no podían volver? Sentía una profunda tristeza en su corazón.

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-No te preocupes, sirena. Todo estará bien. - el gurú intentaba lucir calmado. Pero ella lo conocía demasiado, podía leer en su mirada la tristeza y la preocupación que lo invadían. Observó la imagen que se proyectaba a través de su anillo, mientras permanecía encerrada en el cuarto del departamento. Había tenido la oportunidad de ver a sus hijos y hablar con ellos, también Hikaru y Ascot.

-Tú sabías… sabías que algo así podía pasar. - el mago guardó silencio. - ¡Lo sabías! Por eso no quisiste que Fuu venga sola, por eso dejaste venir a Ascot y Ferio.

-Lo siento…- el gurú bajó la mirada, pero ella pudo notar sus ojos llorosos.

-Dime que has visto.

- ¿Alguna vez has oído hablar sobre el apocalipsis?

-¿Apocalipsis? - susurró. ¿Si lo había oído? No había religión en la Tierra que no hablara del fin de los tiempos. La última batalla entre el bien y el mal que terminaría marcando una nueva era. Jamás le había dado demasiada importancia. En cada época había quienes anunciaban que el fin estaba cerca, siempre había una razón para creer que las profecías se estaban cumpliendo. - No... no entiendo, Clef, ¿por qué me dices eso?

-No es sólo una leyenda, sirena. Está pasando. - Umi abrió los ojos con sorpresa. Recordó la extraña criatura que los había atacado en la torre, el tornado provocado por Himeko, el terremoto.

-Pero ¿qué tiene que ver eso con nosotras?

-Existe una profecía que habla sobre una doncella que personifica la unión entre ambos mundos. Esa doncella será fundamental en la batalla es la que se decidirá si su mundo se extingue. Céfiro y Mundo Místico están más relacionados de lo que piensas.

-Nunca... me habías hablado de esa profecía.

-Umi, que Himeko haya podido abrir el portal no es una casualidad.

-¿Acaso quieres decir que...?

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-Dime que debo hacer Seres... – dijo, en voz baja, mirando al mar. En ese momento, notó como las olas se iluminaron de un azul intenso. Abrió los ojos con sorpresa. -Seres… ¿de verdad estás aquí, conmigo? - la brisa de mar llegó hasta ella, movió sus largos cabellos. Era todo lo que necesitaba para saber que su mashin estaba ahí. Sonrió. Sintió una gran paz interior. Miró el sol en el centro del firmamento. Había salido del departamento por la mañana, debía regresar si no quería que sus amigos se preocupen por ella.

Mientras caminaba las varias cuadras que separaban la costanera del departamento, repasaba en su mente los últimos acontecimientos. ¿Debía decirles a sus amigos lo que Clef le había contado? Quizás, lo mejor era no adelantarse a los acontecimientos. Después de todo, por algo Clef había elegido callar, por algo sólo se lo había dicho a ella. La realidad era que él no estaba seguro de nada.

Caminó por esas calles que muchas veces había recorrido en su adolescencia. Caminó, pero su mente volaba por otros mundos, otras dimensiones. Su cabeza mirando el suelo, sentía un nudo en la garganta, sentía deseos de llorar. Necesitaba saber lo que estaba pasando, necesitaba resolver lo que sea, para regresar a su hogar lo antes posible.

Por la misma vereda, en sentido contrario, venía el hombre, totalmente desorientado por la excéntrica organización de las calles japonesas. Y es que para alguien proveniente de un país donde cada calle contaba con un nombre que la identificaba y cada casa con una numeración única, el sistema japonés de manzanas y posiciones era demasiado complejo. Cierto era que había estado en el vecindario una cuantas veces en los últimos 10 años, pero nunca llegaba a adaptarse a esa organización.

Ambos iban tan metidos en su propio mundo, que ninguno notó la presencia del otro, y terminaron chocando irremediablemente.

-¡Lo siento! - Umi hizo una pequeña reverencia, para luego alzar su vista a enfocar los ojos azules del hombre. Su piel se estremeció al reconocer esa mirada triste y cansada. Y aunque su rostro demostraba el paso de esos 10 años, años que le habían pesado demasiado, no pudo evitar reconocerlo. Los ojos del hombre se llenaron de lágrimas. Ella estaba exactamente igual a como la recordaba, a como la había visto la última vez, aquel noviembre de hacía 10 años.

-Eres tú… realmente eres tú…

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Se detuvieron frente a la edificación. Puerta de vidrio corrediza, paredes de vidrio, cual escaparate. Ambos ploteados con dibujos de videojuegos clásicos, como Mario Bross, y otros dibujos que no llegó a reconocer. Marquesina enorme, con las palabras "Centro de videojuegos" en colores brillantes. Era el lugar que les habían indicado. Ambas entraron y miraron a su alrededor. Había pantallas gigantes por doquier, tan finitas que hasta parecían una hoja de papel. Algunos adolescentes jugaban, con auriculares gigantes en sus oídos. No podían creer lo que les había costado encontrar un lugar en el que pudieran "alquilar" minutos de uso de una computadora. ¿Es que los cibercafé habían muerto?

Se sentaron frente a una computadora de gran pantalla, con mouse y teclado inalámbricos. Vaya que había avanzado la tecnología en 10 años. Fuu abrió el navegador de internet y comenzó a teclear la palabra "diablo".

-Sigo sin entender que pretendes…- dijo Hikaru, quien, prácticamente, había sido arrastrada por la rubia.

-Ya te lo he dicho Hikaru, esa criatura… creo haberla visto en algún lado. – El buscador devolvió cientos de imágenes de una criatura humanoide con patas de cabra y cuernos enormes. – Mira, ¿Qué piensas? – Hikaru miró la pantalla. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Aquellas imágenes se parecían tanto.

-Satanás, la personificación del mal según el cristianismo. – leyó en voz alta. – No puede ser …

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Allí donde la Tierra y el cielo se unían, allí en el oscuro firmamento nocturno, se dibujaban unas columnas luminosas, de varias tonalidades verdosas. Aquellas manchas de colores parecían moverse suavemente a través del cielo, tan como si fuere una serpiente reptando. El gélido suelo bajo sus pies parecía crujir con cada paso. Sus pies se enterraban en la nieve acumulada durante días. Hasta parecía que aquel manto blanco reflejaba las luces que se divisaban en el cielo. Observó a su alrededor, montañas de nieve gigantes se divisaban a lo lejos. Pero, más allá de aquellas luces en el cielo, allí no había más que nieve, hielo y más nieve. Ni siquiera las estrellas eran visibles con tantas luces verdosas cruzando el cielo.

-¿Qué hacemos aquí? – preguntó, por fin, después de varios minutos caminando. El siguió adelante, ni siquiera se preocupó por detener su paso. -¡Oh, Lucifer! Al menos me hubieras dicho que me traerías a los confines del mundo.

-Ellos están aquí… Lilith.

-¿Ellos?

-Los vigilantes. - la mujer abrió los ojos con sorpresa. Recordó cómo su compañero de aventuras tentó a los vigilantes a cometer los pecados más atroces contra la creación divina. Río.

-Entonces, está es su prisión… Me sorprende que sepas esas cosas.

-Élno es el único que lo sabe todo.

-¿Vas a liberarlos? ¿Para que los necesitas? Son unos idiotas, ¿de verdad creyeron que podían desobedecerlo sin sufrir las consecuencias? - el hombre detuvo su paso y volteó a verla por primera vez. Sonrió con malicia.

-Shemihaza estará muy agradecido… será de mucha ayuda...

-¿Acaso crees que Él no sabe lo que vas a hacer? - Lucifer volvió a darle la espalda, siguió su camino.

-Claro que lo sabe… Es Él quien ha planeado está batalla desde el comienzo… incluso desde antes de que tu lograrás tentar a Eva para expulsarla del Edén. - Lilith sonrió ante el recuerdo. Hacer que Eva coma del fruto prohibido había sido divertido. Pero no obviaba el hecho de que había sido su idea, ¿Por qué siempre terminaba haciendo lo que Lucifer decía? Él, sin dudas, tenía un gran poder de persuasión. Del mismo modo que la había convencido de vengarse del creador haciendo que sus elegidos sean expulsados del Edén, había convencido a Shemihaza y a los demás querubines vigilantes a desoír las órdenes del creador.

-De igual manera, Él acabará ganando, como lo hace siempre.

-Eso está por verse... mi querida Lilith...

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Revolvía el café con la cuchara. Él la observaba embelesado. No habían pronunciado palabra alguna desde que habían hecho su pedido al camarero. ¿Cómo podía sentirse tan incómoda con una persona con la que había compartido su vida, su cama, su intimidad, a la que había amado con locura?

-Lo siento…- dijo por fin, dejando de mover la cuchara, pero mantenimiento su mirada en el café. Él no le quitó la mirada de encima.

-No sabes cuánto te busque, cuánto te espere, cuánto te lloré. - su voz es escuchaba entrecortada. Sintió muchos deseos de llorar, ¿cómo decirle que ya no lo amaba? ¿Cómo decirle que estaba casada, con hijos, que amaba a otro hombre? – Tuve tanto miedo. Jamás me lo perdoné, sentía que era mí culpa, que debía estar contigo, que nunca debí dejarte sola.

-Brandon…

-Mírame a los ojos, Umi.

-Yo…- Él tomó su mano entre las suyas. Fue cuando reparó que el anillo de compromiso, que un día le había dado, había sido reemplazo por ese extraño anillo con un enorme diamante.

-Ya… no eres la misma… no eres la Umi que conocí… - Umi abrió los ojos con sorpresa. Levantó la vista y lo miró por primera vez. - Tú... Ya no me amas… puedo verlo en tus ojos… Dime ¿Qué fue lo que pasó todo este tiempo? - Umi comenzó a derramar amargas lágrimas.

-Lo siento… realmente lo siento. Jamás quise hacerte daño, jamás quise desaparecer así… Hubiera dado todo para que no sufras… Pero…

-Pero ¿Qué? - Umi desvió la mirada, al mismo tiempo que retiraba su mano. - Sabes que puedes contarme lo que sea... eso nunca cambiará, Umi...

-Las cosas se dieron sin que yo lo planeara, Brandon... Yo...

-¿Él te hace feliz? - el corazón de Umi comenzó a latir con fuerza. Sabía que él la conocía tanto como para adivinar lo que estaba sintiendo con sólo verla a los ojos. Pero jamás pensó que, después de tantos años, él pudiera saber hasta lo que pensaba. Volvió a mirarlo a los ojos. Notó esa profunda tristeza en ellos. No podía engañarlo, no podía mentirle.

-Mucho... Soy muy feliz... Te amé, Brandon, no te das una idea de cuanto... Pero él...

-Él es la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida.

-Lo siento.

-No tienes por qué disculparte. Nadie manda en el corazón. Me hace feliz verte feliz. Te amo, Umi, de verdad... y lo único que deseo es verte feliz...- ella tomó sus manos entre las suyas.

-También deseo que seas feliz, Brandon.

-Todos estos años, no he hecho más que buscarte, Umi... No he vivido, no he conocido gente. Sin embargo, hubo una persona que acompañó cada uno de mis pasos... Ella estuvo a mi lado todos estos años, buscándote y llorándote junto a mí, se convirtió en parte de mi vida, en alguien demasiado importante. Hablo de Agatha, Umi.- Umi abrió los ojos, sorprendida, retirando, al mismo tiempo, sus manos de las suyas.

-¿Agatha? - preguntó, entendiendo hacia donde iban las palabras de Brandon.

-Durante años intentamos negar lo que sentíamos, por ti... Pero, hace un tiempo, ella y yo... decidimos darnos una oportunidad, convencidos de que tú ya no volverías, de que ya no estabas con vida. - Umi guardó silencio, agachó la mirada. De alguna manera le molestaba saber que la única persona que había considerado una amiga en esos años estaba de novia con él que ella consideraba el amor de su vida.

-Pero... aun llevas el anillo.

-Supongo que nunca pude dejarte atrás. Ella siempre aceptó que siga amando tu recuerdo... - dijo, incómodo, mientras tocaba el anillo que llevaba en su dedo anular, con la otra mano. - De alguna manera, él creer que ya no estabas en este mundo ayudó a nuestra relación...

-Pues... en cierta forma, siempre fue así

-¿A qué te refieres?

-Olvídalo... Sólo sigue pretendiendo que yo ya no estoy en este mundo.

-No es tan fácil... No es lo mismo seguir amando con intensidad a alguien que ya no está con vida, que amar como el primer día a tu ex.

-No quisiera intervenir en tu vida... sobre todo porque volveré a irme en cuanto pueda.

-¿Por qué? ¿Adónde has estado todo este tiempo? De verdad, te busqué por todo el mundo, contraté a los mejores investigadores privados, a los médiums más destacados y ni una pista.

-De verdad, quisiera poder explicarte sin que pienses que he enloquecido.

-Siempre sentí que tu desaparición tenía que ver con ese pasado del que nunca me hablaste. - Umi se puso de pie, sacó de su bolsillo un billete de 200 yenes y lo dejó sobre la mesa.

-Lamento no poder responder a tus preguntas, Brandon. De verdad, deseo que puedas ser feliz. - él se puso de pie también, tomando el billete.

-Espera...- dijo extendiendo su mano, con el billete que acababa de tomar de la mesa. - Esto fue una invitación.

-Claro que no, Brandon, mi orgullo no puede permitirlo. - volteó, dándole la espalda, para dirigirse a la puerta.

-Umi… si algún día necesitas ayuda, no olvides mí promesa… yo siempre estaré para ti, no importa si lo nuestro ya no existe. - Umi permaneció dándole la espalda. Las lágrimas caían de sus ojos. ¿Cómo podía él ser tan comprensivo? ¿Cómo podía ofrecerle su ayuda? ¿Cómo podía ser atento a pesar del daño que ella le había causado? Hubiera sido más fácil si él se enojaba, si le gritaba, si la odiaba. No supo que contestar, tenía un nudo en la garganta.

Salió del lugar, sin responder. Necesitaba alejarse lo más rápido posible. Él la observó alejarse, inmóvil. No sé atrevió a ir tras ella. Tenía una sensación agridulce. Le alegraba saber que estaba bien, que era feliz. Pero ¿Por qué ahora, cuando creía que la había dejado atrás? ¿Por qué tenía que aparecer para poner todo su mundo de cabeza?

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(*) Fragmento de "Te Fuiste de Aquí" de Reik