Capitulo XIII
"Papá"
.
Sólo si pudiera estar contigo
Tú dormida entre mis brazos y mirarte en el silencio
Sólo si pudiera dibujarte, una escena de mis sueños
Donde siempre estás presente. (*)
.
El Astro Rey comenzaba a asomarse por detrás de los nubarrones negros. Sonrió, mientras la brisa marina golpeaba su rostro.
-Estoy lista para la última batalla, Seres… Juro ante ti que, realmente, será la última batalla… que Céfiro ya no volverá a sufrir, Céfiro va a vivir por siempre en paz. Nosotras nos vamos a encargar de eso…- dijo, volteando a ver al mago. Clef desvió la mirada, aún no estaba muy convencido de dejarla luchar. Ella se acercó a él y tomó su rostro. - Dijiste que confiabas en mí…- Clef la abrazó con fuerza.
-Ustedes son lo más preciado para mí. - Se separó de ella, mientras la miraba a los ojos. -Claro que confío, sirena. Pero la sola idea de perderlos me aterra. - ella sonrió, luego beso sus labios.
Los estragos de la tormenta aún estaban a la vista. Las nubes comenzaban a disiparse. Separaron sus labios. Entonces, el mago acarició sus cabellos.
-Hay algo que quiero que tengas. - el mago sacó su anillo y lo colocó en el dedo anular de ella.
-Clef… esto es…
-Quiero estar toda la eternidad contigo sirena. Cuando todo esto acabe, quiero que unamos nuestras vidas para siempre.
-Claro que sí, Clef… Pero este anillo…
-Ahora es tuyo, así como es tuyo mí corazón.
-Pero… Fyula.
-También ella, quiero que tú la tengas.
-Clef…
.ஐ ஐ.
Observó el anillo con nostalgia. En aquel entonces no sabía que le deparaba el destino, no sabía si podría quedarse en Céfiro. Lo único que sabía era que lo amaba y haría hasta lo imposible por estar con él. Sabía que Brandon sufriría con su ausencia. Que sufriría aún más al saber que ella ya no lo amaba. Pero escucharlo de sus labios, saber que el aún la amaba después de 10 años…
Alguien dio suaves golpecitos a la puerta de la habitación.
-Somos nosotras, ¿podemos entrar? - Se escuchó del otro lado. Umi reconoció la voz de su amiga.
-Entren. - dijo, secando sus lágrimas. Hikaru y Fuu ingresaron y cerraron la puerta detrás de ellas. Hikaru se sentó en la cama, enfrente suyo, mientras Fuu permanecía de pie.
-¿Quieres hablar? - dijo con dulzura.
-Karu… yo…
-Ascot nos contó, Umi.- se apresuró a decir Fuu.
.ஐ ஐ.
Caminó por las calles sin rumbo, sólo quería alejarse de ese bar lo más rápido posible. Las lágrimas caían por su rostro. Necesitaba calmarse antes de volver al departamento, no quería que la vieran así. De repente, escuchó su nombre en labios de su amigo. Volteó, sorprendida, para encontrarse con esos expresivos ojos esmeralda.
-Te busque por todos lados, Umi... Estaba preocupado por ti. - dijo, antes de reparar en sus lágrimas. - ¿Qué te ocurre? – preguntó, preocupado. Ella se lanzó a sus brazos, mientras sus lágrimas caían sin cesar. Él no dijo más, sólo la abrazó con fuerza.
.ஐ ஐ
-Él vino hasta aquí sólo para verme... Se tomó un vuelo para verme. Kuu le contó. Lo siento, Fuu. Él tenía acceso al registro de ingresos al departamento, así supo que estaba en Tokio. Al parecer todos ellos…
-No tienes que disculparte, Umi. Sabíamos que algo así podía pasar, era un riesgo que corríamos.
-Si no los hubiera traído aquí.
-Tú no podías saberlo.
-Claro que sabía que existía un registro… Pero nunca imaginé que después de tantos años…
-Y eso es lo que más te duele. - intervino Hikaru.- Saber que él nunca dejó de esperarte. Eso es lo que temiste todos estos años, saber que él no te ha olvidado. - Umi suspiró.
-Al parecer lo único que hago es lastimar a la gente que quiero. Lo hice con Ascot y, ahora, con Brandon.
-Las tres lo hicimos, Umi. Las tres hemos lastimado a las personas que amamos. - dijo Fuu.
-No es sólo eso… Él está en pareja.
-Pero, eso es genial, Umi.- intervino Hikaru, con ese entusiasmo que siempre la caracterizó. - Él pudo seguir adelante.
-Pero ella… ella fue mí asistente… y amiga… Ella fue la única persona a la que, de verdad, pude llamar amiga durante esos años que ustedes no formaron parte de mí vida. Ella era mí confidente, la que sabía todo sobre mí.
-Umi…
-Te molesta que tu amiga y tu ex se hayan enamorado.
-¡Fuu!
-Está bien, Hikaru… La verdad es que no sé porque me siento de este modo. No es algo que debería molestarme, pero…
-Te molesta. Es normal, supongo, aunque ya no sientas nada por él, te preguntas si todos esos años en que fueron novios, hubo alguna especie de química entre ellos. O si ella siempre sintió algo por él y aprovechó el momento…
-Bueno, ¿por qué no pensar que ambos sufrieron con tu ausencia? ¿Qué el compartir el dolor los hizo acercarse, conocerse y enamorarse?
-Fue lo que él me dijo.
-La vida siguió para todos, Umi. En estos 10 años han pasado tantas cosas que ni siquiera pudimos imaginar. Jamás pensé que mi hermana se separaría, ellos siempre fueron la pareja perfecta. Saber que fue por mi culpa, duele. Pero ya no hay nada que podamos hacer al respecto.
-Fuu... Quizás no podamos corregir el daño que les hicimos, pero hay algo que si podemos hacer.
-¿A qué te refieres, Hikaru?
-Debemos proteger este mundo, chicas... Ustedes también lo han sentido, ¿verdad? Este mundo está en peligro...
.
•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
.
La jovencita de cabellos dorados caminaba por las calles de la ciudad, mirando hacia todos lados. Buscaba a la pequeña criatura peluda. Mokona había desaparecido desde la noche anterior, cuando se habían visto imposibilitados de volver a Céfiro. Estaba preocupada por ella.
Unos cuantos metros por detrás, Ferio y Ascot la seguían, sin perderla de vista. Habían decidido salir del departamento, para darle su espacio a sus amigas. Y Himeko había aprovechado para buscar a su compañera peluda. El rey estaba preocupado, se había mantenido extrañamente callado durante todo el recorrido. Estar en Mundo Místico, recorrer aquellas calles, le traía recuerdos de aquel día, ese día en que había escapado de Gurú Clef.
De repente, ella detuvo su paso. Espero a que ellos la alcancen, entonces, volteó a verlo, con sus ojos llorosos.
-¿Dónde crees que esté, papá? ¿Adónde pudo haber ido?
-Cálmate, Hime… es Mokona, ya la conoces, suele desaparecer por días y luego aparece como si nada. - la niña bajó la mirada.
-Lo sé… pero, aquí… no es lo mismo, papá. ¿Qué tal si alguien la ve? - Ferio suspiró. Cierto era que no conocía demasiado ese mundo, ni sabía dónde buscar. ¿Quién sabe a qué peligros se vería expuesta allí?
-Estoy seguro de que ella sabe cómo cuidarse… - intervino Ascot. - Siempre he pensado que Mokona guarda más secretos y poderes de los podemos imaginar. Estará bien, aparecerá de un momento a otro, estoy seguro de que puede encontrarnos adonde sea que estemos.
-Es cierto, tío Ascot… Quizás tengas razón… Ella me encontró aquí, ni siquiera sé cómo hizo para cruzar el portal.
-Espera… Creí que tú la habías traído contigo, Himeko.
-Yo… no sé cómo ella llego aquí, papá.
-Es que acaso…- Ascot meditó unos segundos. Recordó las veces que Gurú Clef le habló de los poderes especiales que Mokona tenía, de los importante que era para Céfiro. De que ella había sido quien había ayudado a Esmeralda a abrir el portal y convocar a las Guerreras Mágicas. ¿Acaso era posible que Mokona tenga la habilidad de atravesar el portal cuando lo deseaba? ¿Acaso ella sabía cómo abrirlo y cerrarlo a su antojo?
-¿Qué? ¿Qué ocurre, hermano? - se apresuró a preguntar Ferio.
-Olvídalo…- dijo, intentando lucir tranquilo. – Quizás pueda intentar rastrear su energía. - continuó, llevando la mano derecha a su mentón. Aunque, bien sabía que su energía no estaba presente en aquella ciudad, por lo menos, no en los alrededores. ¿Sería posible que haya vuelto a Céfiro?
.
•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
.
No había dejado de pensar en él desde que habían hablado en la mañana. Así como no había podido dejar de pensar en lo acontecido el día anterior. ¿Ellas seguirían en Tokio? ¿Había podido Brandon ver a Umi? Tenía esa extraña sensación, esos deseos de ir a buscarla, ¿seguirían en ese departamento? Ni siquiera tenía su número de celular, como para marcarle, ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué ese empeño en alejarse de todo y de todos?
Sintió que llamaban a su puerta. Por un momento, tuvo la esperanza de que fuera ella. ¿Por qué? ¿Por qué seguía esperando que ella vuelva a ser la misma de antes?
Se acercó a abrir. Allí, parado en la vereda estaba aquel hombre, cabellos negros, ojos grises. Su sorpresa fue grande, tanto que no pudo pronunciar palabra.
-Yie…- titubeó.
-¿Cómo has estado, Kuu?
Después del estupor inicial, lo invitó a pasar y le ofreció algo de beber. Se sentaron en la mesa de la cocina.
-No pensé que fueras a volver algún día…- dijo ella. La última vez que Yie había pisado Tokio había sido después de la desaparición de Fuu.
-Ella me llamó, Kuu…-Kuu abrió los ojos con sorpresa. Le sorprendió que Himeko se haya animado a llamarlo. Pero más le sorprendió que él haya viajado hasta allí sólo por ella.
-Yie...
-¿Ella está aquí? ¿Cómo...? ¿Cómo es posible? Ella... me dijo que me extrañaba, que quería verme...
-Has venido... ¿sólo para verla?
-Y... ¿Fuu?... ¿Ha venido con Fuu?- Kuu no supo que contestar. Podía ver en sus ojos que él la seguía amando. Recordó a aquel hombre de cabellos verdes. ¿Qué decirle? Si, al parecer, Fuu era muy feliz con ese hombre. Ella lo había engañado, ¿lo había dejado por él? ¿Habían escapado juntos? - Ella también está aquí... ¿verdad?
-Ha pasado mucho tiempo, Yie... no deberías esperar que las cosas sean como antes. - el hombre se encogió de hombros. Lo sabía, claro. Pero él no había dejado de amarla en todos esos años, aunque la haya creído muerta, su recuerdo estaba muy vivo en su corazón.
-Es cierto... pero, no importa como sean las cosas, Himeko es mi hija, siempre lo será. Quiero verla…
.
•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
.
-Fue aquí. Aquí apareció, como de la nada. - dijo, mientras se apoyaba sobre el paredón de la costanera para observar el río. - Ascot respiró profundo. Intentó sentirla. Pero la energía de Mokona no estaba allí, en su lugar, pudo sentir una poderosa energía oscura. Levantó la vista. El sol se estaba poniendo detrás de los altos edificios, pintando el horizonte de un color anaranjado intenso. Su piel se estremeció. Algo estaba por suceder, podía sentirlo. Algo no muy bueno.
-Creo que deberíamos volver. - Ascot apenas pudo terminar la frase, cuando fue interrumpido es el sonido de cientos de alas impactar con el viento. Volteó de prisa, para encontrarse con una enorme bandada de aves que parecían huir despavoridas del lugar.
Himeko las observó volar, embelesada. El sonido de sus alas contra el viento la hizo sobresaltar. De repente, sintió como si el viento la llamara, como si quisiera decirle algo.
-¿Himeko?- Ascot comenzó a alarmarse al ver su mirada perdida en la nada misma, su expresión ausente. La energía oscura se sentía cada vez más más fuerte. La temperatura bajó de repente, hasta el punto en que se le helaron las manos y el aire que salía de sus fosas nasales se convertía en vapor al instante.
-¿Qué está pasando? - Ferio tomó a su hija de los hombros y comenzó a zamarrearla, intentando hacerla reaccionar, pero ella parecía estar en una especie de trance. - ¡Himeko! ¡Himeko! ¿puedes oírme? -¿Qué te ocurre, Himeko?
-¡Déjame! - el grito brotó de su garganta, al mismo tiempo que una poderosa energía salía de ella, expulsando a los hombres hacia atrás, como si fuera la onda expansiva de una explosión. Una energía oscura la rodeó.
Aturdidos, Ferio y Ascot se pusieron de pie. Pero ya era tarde: ella había huido. ¿Cómo? ¿Cómo se había alejado tan rápido? Observaron a su alrededor, tratando de ver hacia donde había ido, pero no había rastro de ella. Había sido tan veloz como el viento.
-Ascot... ¡Debemos encontrarla!
.
•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
.
El viento golpeó las ventanas con fuerza, tanto que hasta le hizo pensar que los vidrios se partirían en mil pedazos. Se puso de pie alarmada al escuchar como la puerta de entrada se golpeaba con violencia una y otra vez.
-Que extraño. - dijo al hombre sentado frente a ella, en la mesa de la cocina, segura de que no estaba volviéndose loca y era solo el viento azotándola. - Creí haber cerrado bien. - acto seguido, se dirigió a la sala. Él, impulsivamente, la siguió. Ambos pasaron por la, inusualmente fría, sala sólo para ver cómo la puerta de entrada se golpeaba a merced de los fuertes vientos.
Ella se acercó para cerrarla. Pero, al observar hacia afuera, notó a la joven que estaba parada sobre la acera. Se detuvo, ante la mirada sorprendida del hombre.
-¿Estás bien, Kuu?- preguntó, con cierta preocupación. Pero ella ni siquiera volteó a verlo. Su mirada estaba clavada en aquella joven, cuyos cabellos dorados danzaban majestuosamente al son de los vientos. Vientos que la envolvían, girando en círculos a su alrededor. Vientos que parecían provenir de su interior.
-Himeko… - susurró, asustada. No estaba segura de lo que estaba pasando, todo aquello parecía tan irreal. Cómo un sueño. O, mejor dicho, una pesadilla. - ¿Qué está pasando?
Ante la pasividad de la mujer, Yie decidió acercarse para ver qué era lo que la estaba incapacitando. Su sorpresa fue inmensa al ver a la jovencita. Una adolescente de cabellos dorados y ojos miel. Siempre se había preguntado si podría reconocerla en el hipotético (e imposible) caso de cruzarla en alguna calle. Pues allí estaba su respuesta. Realmente era ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Corrió escaleras abajo. Corrió a su encuentro. Abrió la puerta de rejas bajas que lo separaba de ella. Intentó acercarse para abrazarla. Pero el fuerte viento que la rodeaba se lo impidió. Era como una enorme fuerza que repelía todo lo que se acercaba a ella.
-Himeko, soy yo, papá, ¿no me reconoces? Dime qué ocurre. - el hombre comenzó a alarmarse al ver la mirada perdida de la niña. Los ojos de la niña brillaron de manera extraña. Entonces, una bandada de aves atacó al hombre.
-¡Yie!- gritó, Kuu, mientras observaba, incrédula. - ¿¡Que ocurre contigo, Himeko!? ¿Qué está pasando? - Kuu trató de acercarse a ella. Caminó con cierto esfuerzo, pues los fuertes vientos le dificultan mantenerse en pie. De verdad, casi se sentía como que estuviera caminando directo a un tornado.
En ningún momento pudo llegar a ella. Cuando creyó que estaba a punto de alcanzarla, una ráfaga de viento aún más fuerte salió de la niña y la empujó hacia atrás con violencia. Su espalda terminó impactando contra el muro que separaba su casa de la acera.
-¡Detente, Himeko!- escuchó decir, de repente, en voz de un hombre. Voz que no reconoció, por cierto. Entonces, unos extraños insectos aparecieron en el aire y se estrellaron contra aquellas aves que habían atacado a Yie, haciendo que éstas huyeran. Luego, rodearon a la niña. Sus poderes disminuyeron levemente.
Kuu observó a los recién llegados. Los reconoció. Eran ellos, los hombres que estaban con Fuu y sus amigas. Era él. Lo observó con detalle. Sus cabellos verdes, sus expresivos ojos miel. Miel. Tan parecidos, en forma y color, a los de ella. Estaba visiblemente conmocionado. Sus ojos expresaban tristeza, preocupación, amor.
-¡Himeko!- gritó, mientras se acercaba a ella con cierta dificultad. Levantaba su brazo derecho, cubriendo así sus ojos, como queriendo evitar que el viento arrastre algo hacia ellos. – Himeko, reacciona.
Lo observó con detalle. No parecía asustado, ni sorprendido. Parecía saber lo que hacía, saber cómo detenerla. Aquellos extraños insectos seguían rodeando a la niña, eso hizo que la intensidad de los vientos se reduzca. Así fue como el hombre logró llegar hasta ella. La tomó por los hombros con dulzura.
-Himeko, reacciona. - volvió a decir. -Mira a tu alrededor, mira lo que ocasionas. Tú no quieres hacer daño a estas personas. Recuérdalo. Recuerda cuánto deseabas volver a verla…-Kuu abrió los ojos, sorprendida. ¿Acaso se estaba refiriendo a ella? - Y a tu padre…- continúo, sin reparar en la presencia de aquel hombre. Una lágrima rodó por su mejilla.
-Papá…- susurró, mientras el brillo comenzaba a volver a sus ojos. Él la abrazo, sin decir más. Segundos después, se desvaneció en sus brazos.
…...
(*) Cuidarte el alma de Chayanne
