Capitulo XIV
"Cuento de Hadas"
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"Las fuerzas diabólicas son formidables. Estas fuerzas son eternas y existen hoy. El cuento de hadas es cierto. El diablo existe. Dios existe. Y para nosotros, como personas, nuestro destino depende de cuál elijamos seguir."
Ed Warren
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Acarició sus cabellos dorados, con dulzura. Suspiró, ahogando un sollozo. Ella dormía. Acostada en la cama de su sobrina, tapada hasta el cuello. ¿Realmente sólo dormía? Quizás, semejante demostración de poder la había agotado. Era todo lo que podía pensar. Sólo podía esperar a que despierte.
-Tal vez deberíamos llevarla a la guardia. - dijo la mujer, parada en el umbral de la puerta de entrada. Había revisado sus signos vitales, controlado su pulso y su respiración. A su parecer sólo dormía. Pero no era doctora. Lo único que podía hacer era chequear sus signos vitales. Ella no respondió, ni siquiera retiró sus ojos de la niña. - ¡Fuu!
-¡¿Y qué se supone que voy a decir!? ¡Llevamos años desaparecidas! ¡Ni siquiera tengo una identificación! - Kuu guardó silencio. En cierta forma, tenía razón, ella no podía reaparecer, así como nada. Pero ¿en qué lugar inhóspito había estado como para no tener, si quiera un documento que la identifique?
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El puño del hombre impacto de lleno en su mandíbula, ante la sorpresa de los presentes. Ferio llevó el dorso de su mano al lugar del impacto, sólo para corroborar que sangraba.
-Tienes razón. Sé que lo tengo merecido. Me comporté como un canalla con ella, y me arrepiento cada día de mi vida. Supongo que debo agradecerte que hayas estado a su lado todo ese tiempo. - Yie se encogió de hombros. Le había molestado demasiado su comentario. Le había dado todo: su vida, su tiempo, su juventud, hubiera dado la vida por ellas. Pero ¿a la primera oportunidad, simplemente huyó con él? - Las cosas no se dieron como piensas. - aclaro Ferio, como leyéndole la mente. El semblante del hombre no cambió en lo absoluto. Seguía molesto. Parecía que, de un momento a otro, volvería a golpearlo.
Umi se apresuró a interponerse entre ellos.
-Por favor, ya basta. - dijo, luego se dirigió al hombre. -Yie, ¿verdad? - colocó su mano en la espalda, llevándolo hacia el lado contrario de la habitación. Él, simplemente, se dejó llevar. - Sé lo que debes estar pensando, pero jamás fue la intención de Fuu…
-No tienes por qué justificarla. Ella siempre fue sincera conmigo. - volteó a ver a Ferio. - Ella nunca dejo de amarte, a pesar de todo. Pero siempre pensó que jamás volvería a verte. - Ferio se incomodó con el comentario. - Realmente deseo que las ames como yo lo hago.
-Daría hasta mí vida por ellas.
-Pero ¿por qué? ¿Por qué escapar de ese modo, sin decirle nada a nadie?
Ferio guardó silencio. También Ascot, Hikaru y Umi. No supieron que decir. Ellos habían sido testigos del poder inconmensurable de Himeko. Quizás era momento de ser sinceros. Quizás ahora ellos pudieran creerles su historia. Pero, no era algo que ellos debían decidir.
La rubia ingresó a la cocina, seguida de su hermana.
- ¿Himeko?- preguntó Ferio, con cierta ansiedad. Yie la Observó. Ella seguía tan hermosa como siempre, justo como la recordaba. Era como si el tiempo se hubiera detenido para ella.
-Sigue dormida. - se limitó a responder. Ferio sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Ella estaba molesta. Una vez más, sentía que había fallado como padre.
-Dime que fue eso, Fuu… ¿Qué fue lo que pasó hace un rato? – preguntó Yie, preocupado.
-Emm… bueno. - interrumpió Hikaru.- Fuu, yo creo que ustedes tienen muchas cosas de que hablar… Quizás es mejor que los dejemos solos… ¿no es así Umi, Ascot?
-Pues... supongo que los esperamos afuera. - continúo Umi, mirando a Ferio, como indicando que él también debía participar de esa charla. Él entendió enseguida. Bajó la mirada, como queriendo evitar enfocarla a los ojos.
-Esperen...- alcanzó a decir Fuu.- No, no salgan... Por favor, vayan con Himeko, no la dejen sola.
-Está bien, Fuu… no te preocupes. - Hikaru sonrió tiernamente. Luego, los tres salieron de la cocina.
- ¿Qué es lo que está ocurriendo Fuu?- la preocupación en el rostro de Yie era notoria. Fuu se preguntó que tanto había llegado a ver o entender. No supo que responder. - Creo que tengo derecho a saber.
-Claro que tiene derecho a saber, Fuu. Él también es su padre. – intervino Ferio. Los ojos de Fuu se llenaron de lágrimas. Por supuesto que tenía derecho a saber. Él también la amaba. De repente, toda esa culpa que alguna vez, en el pasado, había sentido, volvió a resurgir de su corazón. El problema era que tanto podían llegar a creer.
-¿Recuerdan esa historia que solía contarle a Himeko cada noche?
-¿Te refieres a la historia de Céfiro? - Kuu recordó a Himeko contando esa misma historia a su hija. Fuu sonrió.
-Realmente, nunca tuve tanta imaginación, Kuu.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que Céfiro siempre fue real. Toda esa historia siempre fue real. - dijo, mirando a Ferio. Kuu y Yie estaban muy sorprendidos. Ambos conocían toda la historia, por lo menos, todo lo que Fuu había llegado a contarle a Himeko. Claro que jamás había mencionado los nombres de esas tres niñas convertidas en heroínas, ni detalles que no hacían a la historia, como su romance con el príncipe devenido en rey o el triángulo amoroso de la guerrera del agua. Kuu tomó asiento. Lo necesitaba. ¿Cómo podía ser cierta esa historia? Recordó cuando Himeko le contó a Fuumi sobre Céfiro. Recordó como Himeko le había asegurado que aquellas niñas, finalmente, habían podido regresar a ese mundo. ¿Acaso eso era lo que había pasado?
-Fuu, por favor, ¿esperas que creamos que ese cuento de hadas es cierto? - intervino Yie.
-No es un cuento de hadas. Céfiro es mi reino. - dijo Ferio, dando un paso al frente. Luego miró a su amada. - Nuestro reino.
-Entonces, si escapaste con él.
-Las cosas se dieron de ese modo. Céfiro nos necesitaba nuevamente, por eso volvimos. Por eso, desaparecimos sin dejar rastros. Hubiera dado hasta lo que no tengo porque las cosas no se hubieran dado de ese modo. Simplemente paso, no fue algo que pude decidir.
-Pero... ¿y qué hay de Himeko?
-Fue mi culpa. Yo... vine a la Tierra escapando de mis responsabilidades. Es que yo... no podía vivir en un mundo donde ella no estuviera. Pero fui obligado a volver. Yie tiene razón, me comporte como un canalla. Regresé a mí mundo sin siquiera despedirme, la deje sola cuando más me necesitaba, por esa razón, ella me odiaba. Aunque, nunca supe que Fuu estaba embarazada, hasta hace 10 años. La comunicación entre la Tierra y Céfiro es inexistente, sólo existe un portal entre ambos mundos y sólo puede abrirse en determinadas circunstancias
-Por eso, nunca pude contarles quién era su padre. ¿Qué hubieran pensado si les decía que Himeko era la hija del rey de un mundo lejano? Y también por esa razón, siempre pensé que jamás volvería a ver a Ferio.
-Todo eso que cuentas, Fuu... realmente es demasiado increíble. - Kuu suspiró.- Pero... la razón por la que, de repente, te volviste tan reservada, la amistad con esas niñas, todos esos secretos que siempre sentí que guardabas...
-Lo siento... es que... A veces hay cosas que son difíciles de explicar. - Kuu sonrió. Esa frase. La había escuchado tantas veces en labios de su hermana. – Espero puedas perdonarme, Yie.- dijo, volteando a ver al hombre. - Mí intención jamás fue jugar contigo, ni engañarte… pero tú siempre supiste que jamás dejaría de amar al padre de Himeko…
-Supongo que fue algo que simplemente acepté, como quien sigue amando a alguien que ha muerto, o a un amor imposible...- suspiró. - ¿Y Himeko? ¿Qué fue todo eso que pasó hace un rato? Esas aves... realmente me atacaron...- Fuu se puso nerviosa. Miró a Ferio. No sabía cuáles eran los detalles de lo sucedido, más allá del hecho de que los poderes de la niña se habían descontrolado, de nuevo. Ella y sus amigas habían llegado cuando ya Ferio había logrado controlar la situación, alertadas por Ascot, quien había logrado contactar telepáticamente con Umi, y darle detalles de lo que estaba pasando y hacia donde iban.
-Bueno... Himeko, al igual que yo tiene poderes. Poderes que ni siquiera yo sé hasta dónde pueden llegar. Pero que pueden ser destructivos si no se utilizan correctamente.
-Entonces… todo eso…
-Lamento si les hizo daño… sus poderes están fuera de control. Ya no sé qué hacer con ella.
- Es la razón por la que estamos aquí. Himeko escapó de casa y, de alguna manera se las ingenió para abrir el portal hacia este mundo, cuando todos estábamos seguros de que se había cerrado para siempre… aún no sabemos cómo lo logró.
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Despertó gritando y sudando frio, las pesadillas la habían estado atormentando.
-Himeko... cálmate. - Hikaru la tomó por los hombros, hablándole con dulzura. Ella la miró a los ojos, pudo notar el temor que sentía. - Sólo fue una pesadilla. - le dijo. La niña se abrazó a ella. La pudo sentir temblar entre sus brazos. - Estas bien, estas a salvo.
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde estoy? - preguntó, confundida, mientras se separaba de la pelirroja. Entonces, Umi se acercó a la cama.
-¿No recuerdas que fue lo que paso, Hime?
-Recuerdo que estaba con papá y el tío Ascot, en la costanera... buscábamos a Mokona... y luego...- Himeko se tomó la cabeza con su mano derecha. - Luego... no sé qué más pasó. - miró a su alrededor, reconociendo aquella habitación. - ¿Cómo llegué hasta aquí?
-Himeko.- Umi se sentó en la cama, junto a ella. - Sólo quiero que sepas que puedes contar con nosotras, si es que hay algo que te molesta o te preocupa, puedes contarnos. Lo que sea. Te amamos, Hime, y estaremos siempre para ti... nunca lo olvides.
-Tía Umi... ¿por qué me dices eso? - preguntó Himeko, extrañada. Luego algunas imágenes borrosas llegaron a su mente. Algo había pasado. De nuevo, esa voz que la llamaba, la oscuridad, sus poderes fuera de control. - Es que... yo... yo... Volvió a pasar... ¿cierto? - sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Escucha, Himeko... no fue tu culpa, ¿sí? - intervino Hikaru.
-¿Qué fue lo que hice?
-Eso no importa ahora, lo importante es que no vuelva a pasar. - dijo Umi, mientras Hikaru le echaba una mirada fulminante. - Por eso, si hay algo que te molesta, que te hace sentir mal, cuéntanos, quizás podemos ayudarte.
-¿Qué ocurre contigo Umi? No es el momento. - intervino Hikaru. Umi se puso de pie, molesta.
-Claro que sí, Hikaru, si existe algún sentimiento que puede estar causando esto, no es bueno que lo siga alimentando, sólo se pondrá en peligro y pondrá en peligro a todos los que la rodean.
-Ya basta Umi, deja de decir esas cosas.
-Lo siento...- dijo de repente, Himeko, interrumpiendo la discusión. Tapó sus ojos con sus manos, como tratando de evitar que puedan ver sus lágrimas. - Lamento haber abierto el portal, lamento todo lo que pasó... Yo sólo... sólo quería escapar, deseaba con todas mis fuerzas volver a la Tierra, ser una chica normal. Pensé que el astro Procyon había cumplido mi deseo... Pero... creo que hay algo más. - Hikaru y Umi se miraron sorprendidas.
-¿A qué te refieres con "algo más"? - preguntó Hikaru, preocupada.
-Yo... he sentido una presencia extraña, una poderosa energía... siento que va conmigo a todos lados, como si fuera mi sombra... me dice que debo hacer... yo...- la niña no pudo continuar, su voz se entrecortó, las lágrimas caían de sus ojos sin parar. Estaba muy asustada. Umi volvió a sentarse junto a ella para abrazarla. Quería hacer miles de preguntas, pero temía cuales podían ser sus respuestas.
-¿Eso fue lo que ocurrió en la colina, en Neo Autosam, la noche de tu cumpleaños? - preguntó Hikaru. Himeko retiró las manos de sus ojos, no pudo ocultar la sorpresa en su rostro.- Si, sabemos lo que paso, no importa como. No vamos a retarte. Tampoco le hemos dicho a Fuu.
-También sabemos de ese joven... Fue por él, ¿cierto? Quisiste protegerlo.
-No... Bueno... yo puedo explicarles...
-No tienes que hacerlo, Hime... Estas enamorada, no tiene nada de malo.- las mejillas de la niña se tiñeron de rojo carmesí, ante el comentario de Umi.
-Es cierto, escapé de mi fiesta por él. De algún modo, supe que estaba en peligro, no se cómo, simplemente lo sentí... No sé que pasó en esa colina... esa poderosa energía, la extraña criatura... logré vencerla y luego... el portal sólo apareció. Creí que yo lo había abierto. Pero... ya no estoy tan segura... Sólo se que algo... o alguien... me ha estado guiando todo este tiempo, desde Céfiro... puedo sentir sus pasos detrás de mi, puedo sentirlo susurrar... y tengo mucho miedo. No sé que puedo llegar a ocasionar.
- No, no es así, Himeko… Yo confío en ti, sé que jamás le harías daño a nadie. Es cierto, aún no sabes cómo controlar tus poderes, pero yo sé que puedes hacerlo, sólo debes confiar en ti.- dijo Hikaru, mientras tomaba sus manos.
-Escucha, Himeko… pase lo que pase, nunca olvides quién eres, ni que tienes muchas personas que te aman. Mientras recuerdes eso, todo estará bien.
-Por favor, no le digan a mí mamá.
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Sobre las ramas del inmenso árbol de cerezos, observaban con atención la casa de Kuu, ¿o vigilaban? El permanecía sentado, con una pierna colgando y la otra doblada, con el pie apoyado sobre el tronco. Ella estaba de pie, sobre la rama, sosteniéndose con el tronco del árbol. Su mirada perdida en algún punto del ventanal que daba a la calle, el ventanal que, sabía, era del cuarto en el que estaba Himeko.
-Es momento, Lilith, tienes que hacerlo. - dijo él, sin retirar su mirada de la casa. Ella guardó silencio. No quería, realmente no quería que ellas sufrieran más. ¿Acaso seguirlo incondicionalmente era la correcto? ¿Y si él terminaba perdiendo como lo hacía siempre?
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Él siempre solía salir al balcón. Quizás a pensar en ella. Quizás a recordar viejos tiempos. Sabía lo mucho que la amaba. Sabía que ellos serían clave para los tiempos que se venían. Suspiró. Sus cabellos danzaban con el viento, mientras flotaba varios metros por encima del palacio. Sabía lo que tenía que hacer, pero… ¿por qué las dudas? Quizás porque sabía lo que provocaría en la Guerrera del Viento, porque sabía el dolor que iba a sentir. Era necesario, ciertamente. Esas niñas no era más que piezas clave en la batalla que se acercaba, la batalla final. Pero no quería verlas sufrir, les había tomado cariño.
"El amor es debilidad", solía repetirle él una y otra vez. Lo sabía. Porque el querer a esas niñas le estaba dificultando hacer lo que debía hacer. Recordó aquella última charla con él.
" ¿Estás seguro?" le había preguntado. Dudas, jamás en los miles de miles de años que habían estado juntos había sentido dudas. "Es la única forma de que ella nazca", le había dicho él. Sabía que sólo sería una noche, que Gurú Clef lo encontraría y lo haría volver. Claro, ella misma debía encargarse de que así sea. Ferio debía volver a su mundo, seguir siendo el rey, era la única manera de asegurarse que ellas vayan a Céfiro, que ocurra lo que el destino de Céfiro marcaba. Aun así, sentía que estaban dejando al azar demasiadas cosas. "¿Y cómo sabes que ellos…?" preguntó, aun dudando. "Lo harán, se aman demasiado. Se desean aún más. Y si no… tengo mis métodos para lograr que escuchen sus impulsos", le aseguró. Cómo si no lo supiera. No habían sido pocas las veces que él se había convertido en la voz de la conciencia de las personas, para llevarlas a cometer los pecados más atroces. "¿Bastará con sólo una vez?". Claro que era posible, pero poco probable. Él sonrió con picardía. Realmente sabía que sería así. "Por supuesto, es su destino, lo dice la profecía"
La profecía. En los últimos años, todo se trataba de la profecía. Esas niñas, le preocupaba lo mucho que iban a sufrir.
"Vamos, hazlo de una vez". La voz de Lucifer retumbó en su cabeza. Debía cumplir con su pedido. Cerró los ojos, la luz dorada la envolvió, haciendo que su cuerpo se desvanezca poco a poco, para aparecer, luego, en aquel balcón, justo por detrás del rey, pero con una imagen diferente. Una imagen conocida para él.
Él pareció reconocer la energía extraña. Volteó de prisa. Sus ojos se llenaron de lágrimas al verla. La sorpresa era grande.
-Me da gusto verte, hermanito…
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Jamás se había animado a preguntarle si había usado sus poderes para que ellos se entregarán a esa noche de pasión. Tampoco quiso saber los detalles. Pero Lucifer lo supo de inmediato. Supo que había pasado, supo que ella venía en camino, aún antes de que la misma Fuu lo notara.
-Lilith…- la potente voz de compañero la hizo sobresaltar. - ¿Qué ocurre contigo? Dudas…
-No… es que yo...
-Es por ellas ¿no es así? Las quieres, de verdad te preocupa lo que les pase.
-Fueron muchos años siendo su guía… y su amiga… Yo…
-¡Ya olvídalo! El amor es debilidad. No puedes tener ese tipo de sentimientos por nadie.
-Lo sé… de todos modos, su destino está marcado – dijo ella, recordando las palabras que él siempre repetía. Se preguntó que hubiera sido de ese "destino" si él no se hubiera encargado de manipularlo. Volvió a mirar hacia la ventana. Sabía que Himeko era más susceptible que nunca, ella misma se había encargado de sembrar la duda en su corazón. No sería nada difícil para Lucifer hacerla actuar como él lo deseaba.
-¿Entonces?
-¿Cuándo te he fallado?...
