Capitulo XVI

"Amor Clandestino"

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Tú ibas con él, yo iba con ella

Jugando a ser felices por desesperados

Por no aguardar los sueños

Por miedo a quedar solos

Pero llegamos tarde

Te vi y me viste

Nos reconocimos en seguida

Pero tarde, maldita sea la hora

Que encontré lo que soñé

Tarde (*)

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Observaba la carretera, desde la ventana trasera del automóvil. Sentía una profunda tristeza en su corazón. Hacía tiempo que su vida no tenía sentido, ni rumbo. Hacía tiempo que sólo deseaba desaparecer.

Había pasado el receso escolar en su casa con su familia. Esa última noche había salida con algunas amigas de la preparatoria, y se le había hecho demasiado tarde, por eso su padre había decidido a llevarla de regreso. Y su madre había querido acompañarlos para estar un rato más con ella, antes de que comience el nuevo semestre en la universidad y casi ni tengan tiempo de verse.

Era de madrugada, la autopista estaba casi vacía, muy pocos autos andaban a esas horas un domingo.

-¿Estás bien, cariño? - preguntó su padre, mientras la observaba por el espejo retrovisor.

-Estoy bien, no te preocupes. - le respondió la pelirroja. Aunque ella misma se dio cuenta de lo poco convincente que había sido.

-Nos preocupas, Karu.- continuó su madre. - Sabes que puedes decirnos lo que sea. - ¿Es por tus amigas? ¿Las extrañas? Quizás puedas viajar a Pekín en las próximas vacaciones, al menos podrías ver a Fuu…

-Mamá… ¿Lo dices en serio?

-Haríamos lo que se por ti, cariño.

-De todos modos, ni siquiera se en donde vive… Ella no volvió a hablarme. Y no es sólo eso… a decir verdad, no estoy muy a gusto en la universidad…

-Pero, Hikaru… creí que lo que más deseabas era ser doctora…

-Lo es… pero...

-¡Cuidado! - el grito de su madre la hizo sobresaltarse. Al levantar la cabeza, pudo ver la brillante luz de un camión que venía directo hacia ellos. En ese momento, y a pesar del terror que invadió su cuerpo, sintió una calidez, algo así como una intensa luz que la rodeaba. De repente se sintió como en casa.

Despertó en una cama de hospital, aturdida y con un fuerte dolor de cabeza. Miró a su alrededor, tratando de entender que había pasado, dónde estaba. Se encontró con Satoru, dormido en un sillón a su lado. Miró a su alrededor. Estaba conectada a un monitor, llevaba suero. Intentó recordar lo que había pasado. El camión viniendo directo hacia ellos, el auto rodando. ¡Habían tenido un accidente! Su último recuerdo era la sensación de terror al notar que el auto daba varios trompos sobre sí mismo.

-¡Despertaste! - dijo Satoru, poniéndose de pie. La abrazó con fuerza.

-¿Qué fue lo que pasó? – preguntó, con temor a escuchar la respuesta.

-¿No lo recuerdas?

-Recuerdo… que veníamos en el auto… ¿tuvimos un accidente? ¿Y mamá y papá? - preguntó, con cierta ansiedad. Enseguida, pudo notar como los ojos de Satoru se llenaban de lágrimas. El desvió su mirada, como queriendo evitar enfocar sus ojos. -Satoru… dime qué pasó con mamá y papá.

-Creo que deberías descansar… Los médicos dijeron que-

-¡Satoru dime la verdad! ¡Ellos están…! - Satoru no pudo responder, solo se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Eso fue suficiente para que Hikaru comenzará a llorar desconsoladamente.

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Observó la fachada de la construcción. Seguía exactamente igual a como la recordaba. Sus paredes rojizas, el tejado algo maltrecho, el pequeño jardín en la entrada.

Suspiró. Jamás pensó volver a estar frente a esa casa de nuevo. Miles de recuerdos se agolparon en su mente. Recuerdos que prefería mantener enterrados. De repente, descubrió que aún no había superado la muerte de sus padres y quizás nunca lo haga. Aún sentía culpa por lo que habían pasado. Si tan solo no hubiera salido con sus amigas esa noche. Si se hubiera tomado un taxi. Los recuerdos de esa fatídica noche eran confusos. Aún no lograba entender cómo había logrado sobrevivir a aquel fatal accidente. Todos coincidieron en que era un milagro. El impacto había sido tan fuerte, que el auto había quedado totalmente destruido, sobre todo en la parte trasera, dónde ella iba. Recordaba el vuelco, y el temor que sintió. Al mismo tiempo recordaba aquella luz que parecía envolverla. Ahora que lo pensaba bien, aquella calidez se sentía como el fuego sagrado de Lexus, ¿Acaso él la había salvado?

ஐ ஐ

-¿Chiba? ¿Por qué Chiba? - preguntó Satoru, molesto. - Mientras Massaru y Kakeru permanecían en silencio.

-La Universidad d Chiba es muy prestigiosa, sin mencionar su hospital escuela. He mandado una solicitud y me han aceptado.

-¿Por qué lo hiciste? La universidad de Tokio es muy buena también, ¡perderás el semestre!

-Tomaré las clases del resto del semestre como oyente y rendiré libre los finales.

-Vaya, parece que tienes todo planeado. ¿Y qué hay del dojo? Prometiste que ayudarías a administrarlo.

-Tú y Massero son profesores de Kendo, yo no… Siempre ha sido su sueño, no el mío.

-Se suponía que tú y Kakeru se encargarían de los asuntos administrativos. - continuó Massaru.- Kakeru hasta ha dejado sus estudios para ayudar. - ¿Qué necesidad tienes de viajar a Chiba?

-Necesito un cambio de aire. Tokio sólo significa tristeza para mí… sólo quiero olvidar…

ஐ ஐ

Después de todo, aquel vacío que solía sentir siguió existiendo en Chiba. Al final, ese cambio de aire sólo sirvió para perder el contacto con sus hermanos. Pero, al menos, pudo seguir adelante, sin ir cada semana a la Torre Tokio con la esperanza de ser transportada a Céfiro.

Subió los 5 escalones que unían la acera con el Patio de la casa. Cruzó el jardín y se adentró en el dojo. Allí, Satoru impartía una clase. Pudo observar a dos jóvenes llevar un combate, mientras él los observaba con atención. Su corazón latía con fuerza. Después de tantos años, sentía como si fuera una extraña allí, como si estaba de más.

Permaneció inmóvil, en silencio, observando, hasta que él notó su presencia. Entonces, le regaló una sonrisa desde donde estaba, al otro lado de dojo.

Enseguida, indicó a sus alumnos que continuarán la batalla, y se dio permiso para ir con ella. Salieron al jardín, se sentaron en las escalinatas de la entrada al dojo. Aún se sentía algo incómoda, dudaba. Quizás hubiera sido mejor no ir.

-Ni siquiera sé porque estoy aquí. - dijo, algo avergonzada. Satoru sonrió, mientras mantenía su mirada al frente.

-Este siempre será tu hogar, Karu… Yo… lamento todo lo que ocurrió en el pasado. Lamento haberme molestado contigo, tú no estabas obligada a estar aquí. Administrar el dojo era mi sueño, no el tuyo… Ni siquiera el de Massaru y Kakeru.- Hikaru se sorprendió. Sintió cierto dolor en sus palabras. Volteó a verlo.

-¿Y ellos…? Esperaba verlos. Aunque, quizás… sea mejor que las cosas sigan como están… ¿Les has contado? - Satoru negó con la cabeza.

-Massaru ya no vive en Japón. Se fue con su familia a los Estados Unidos. Y Kakeru se unió al equipo nacional de Kendo hace años. Ahora está en el mundial de Kendo, en Alemania.

-Ya veo… Ellos han hecho su vida, son felices… Es mejor que las cosas sigan como están… De todos modos, me volveré a ir, Satoru… este ya no es mí hogar.

-Y tú… ¿eres feliz? - Hikaru sonrió.

-Mucho. - Satoru volteó a verla. Sonrió también.

-Hay un brillo especial es tus ojos. Ya no lucen tristes como antes. Me alegro de que lo seas.

-¿Y tú Satoru? ¿Qué hay de tu vida? ¿Tu familia?

-Mi vida es un completo desastre, Karu-cham. Me empeñe tanto en mantener unida a esta familia alrededor del dojo, que termine quedándome solo aquí. Es mi culpa, supongo. Sólo hago daño a la gente que más quiero.

-¿También a… Akiko?- preguntó Hikaru, con cierto temor a incomodarlo. Satoru suspiró.

-Sobre todo a ella. Me comporté como un canalla. La engañé con alguien más… y a ella también la terminé lastimando…

-¿Ella?

-Kuu, Hikaru.- Hikaru abrió los ojos con sorpresa.

-¿Tú y Kuu?

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Al salir al jardín, se encontró con la mujer de cabellos castaños. Llevaba una coleta baja, algo despeinada, estaba desalineada, con ropa suelta, que no deja apreciar su perfecta figura, y los ojos hinchados de tanto llorar. Aun así, lucía hermosa a sus ojos. Meneó la cabeza, intentando alejar esos pensamientos de su mente. Ella era una mujer casada. Y él también lo estaba.

-¿Estás bien? - preguntó, con dulzura.

-No era ella… Satoru… No era ella…- sólo atinó a decir.

La hizo pasar hasta la sala, le ofreció un café. Se sentó en el sofá junto ella.

-Fue horrible, Satoru… Tenía tanto miedo de que fuera ella. Sentí un gran alivio, pero, a la vez, mucha tristeza… Me imagino lo que estará pasando su familia… y como se sentirán cuando la encuentren allí.

-Sé cómo te sientes, es horrible visitar una morgue para reconocer un cadáver. - Suspiró. Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar aquel día que tuvo que reconocer los cuerpos de sus padres. Colocó la mano sobre su pierna. - Por lo menos, sigues teniendo la esperanza de encontrarla con vida. - Ella se lanzó a sus brazos, llorando. La abrazó con fuerza, podía sentirla temblar.

Permanecieron en silencio algunos segundos. Cuando ella se calmó un poco se separó de él, apenas para poder mirarlo a los ojos. Él se sintió estremecer. Tanto tiempo había estado reprimiendo esos sentimientos que ella le despertaba, pero ya sentía que no podía más.

-Las encontraremos, Kuu… Ellas siguen con vida, lo sé…

-Satoru…- ella lo observó con los ojos llorosos. ¿Cómo resistirse? En los últimos meses se habían vuelto aún más cercanos. Pasaban mucho tiempo juntos, investigando, buscando pistas. Después de tres años de búsquedas, ya todos habían perdido las esperanzas de encontrarlas con vida. Todos menos ellos. Ella era la única que lo comprendía. La única que compartía su dolor y su desesperación. La única con la que se sentía a gusto.

La observó con detalle. Ya no podía resistirse. Ya no quería hacerlo. Sabía que ella sentía lo mismo, podía verlo en sus ojos. Acercó su rostro al de ella, lentamente, como tanteando el terreno. Ella pareció corresponder, sentir deseos también. Con una mano acercó la cabeza de la mujer, mientras que con la otra aferraba su figura a la de él. Ambos se apoderaron del momento. Sus labios se rozaron con algo de temor, como esperando a ver la reacción del otro. Ella acercó su rostro al suyo. La intensidad de ese beso fue creciendo, haciendo que sus cuerpos tomen temperatura. Apenas separaron sus labios cuando sintieron que necesitaban tomar aliento. Entonces ella lo miro a los ojos. Esbozó una sonrisa pícara, para luego morder sus labios. ¿Cómo resistirse?

Volvió a besarla con pasión, con desespero. La deseaba demasiado, tanto que no le importo que estaban en la sala, no le importo su esposa, ni que ella fuera casada. Esa tarde, en aquel lugar, no importaba nada más que ellos dos y todos esos sentimientos y pasiones que habían estado reprimiendo durante meses. Esa tarde, se entregaron a la pasión, al amor furtivo, por primera vez.

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Una lágrima rodó por su mejilla. La secó rápidamente con el torso de su mano. Sentada en la mesa de la cocina, revolvía constantemente el té en su tasa. ¿Por qué aún dolía? ¿Por qué no podía dejarlo atrás? Si había jurado que no volvería a derramar una sola lágrima más por él. Lo amaba. Demasiado. Pero su relación había causado daños a terceros. Y, quizás, aún siga causando. ¿Qué pensaría Fuu si supiera? ¿Y Hikaru? ¿Si sus hijos supieran cual fue la verdadera razón por la cual se separó de Akemi? Incluso Akemi había llegado a sospechar de la paternidad de la niña. Al final, había elegido creerle y no volver a pensar. Después de todo, ya la había reconocido y la amaba, habia sido su padre durante mucho tiempo. Y ella, también había elegido no pensar, eligió no saber, vivir con esa duda en su corazón.

¿Por qué? ¿Por qué seguía amando a Satoru, a pesar de todo?

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-Ya no, Kuu. Esto ya no da para más.

-No puedes dejarla, ¿no es así? A pesar de todo, a pesar de que lo prometiste.

-No es eso, Kuu… Es que…

-¡Lo prometiste! ¡Termine con Akemi por ti! ¿¡Y ahora resulta que no puedes dejarla!?

-No lo entiendes… Si termino con ella, ya no podré ver a mí hijo, Kuu. Por eso no puedo dejarla…- Kuu suspiró, como tratando de calmarse.

-¿Te amenazó… con tu hijo?

-Lo siento… Lo nuestro no puede seguir, Kuu… Si ella se entera…

-Entiendo… Pero, ¿Qué hay con mis sentimientos?

-Lo siento…

-Esta bien, entiendo que se trata de tu hijo, y él está antes que todo… Pero, al menos no hubieras hecho que me ilusione de ese modo.- Kuu tomó su cartera, busco algo de dinero, suficiente para pagar su café, lo dejó sobre la mesa, y se puso de pie, dispuesta a retirarse.

-Kuu…- dijo él, casi en un susurro.

-Adiós, Satoru…

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No lo culpaba. ¿Qué clase de hombre sería si la hubiese elegido a ella por sobre su hijo? Sin dudas, uno del que jamás hubiera podido enamorarse. Aun así, la había hecho sufrir demasiado. Y, después de todo, su mujer se había enterado de su relación y se había llevado a su hijo, impidiéndole verlo. Una sorpresa para nada agradable se había llevado cuando había recibido una visita de la mujer en su casa, por suerte no había pasado a mayores. Suspiró, intentando alejar esos recuerdos poco gratos.

-Lo siento. – escuchó de repente, entre pensamientos. Levantó la mirada para encontrarse con el hombre de cabellos verdes. - Pensé que Fuu estaba aquí.

-No la he visto desde que volví del hospital.

-¿Tampoco a Himeko?

-No… ¿ocurre algo? – Kuu se alarmó al ver la expresión en el rostro del hombre.

-No, es sólo que… Me preocupa…- Kuu lo observó con detalle. No había tenido la oportunidad de hacerlo antes. Sólo se había dejado llevar por su aspecto desalineado, su cabello largo y alborotado. Pero, atrás de toda esa apariencia, se notaba que había un gran hombre, de buenos sentimientos, que se preocupaba por ambas.

-¿Fuu? ¿Te preocupa Fuu?

-Himeko, la que me preocupa es Hineko.- Kuu recordó lo acontecido el día anterior, como él había llegado en el momento justo, como había logrado detenerla.

-Ella está en una edad difícil.

-Lo sé, también fui un problema para mis padres a esa edad… Pero con ella es diferente.

-¿Lo dices por esos… poderes?

-Por muchas cosas. Está molesta con nosotros, y creo que tiene muchas razones.

-¿Qué adolescente no odia a sus padres?

-Si…

-Pero, hay algo más, ¿Verdad?

-Ella cree que no confiamos en ella… Y, en cierta forma, tiene razón. Siempre tuvimos miedo de sus poderes, por eso tratamos de mantenerla… alejada del mundo.

-¿La amas?

-Mas que a mí vida… Sé lo que debes estar pensando. Y si, tienes razón, me comporté como un canalla con Fuu… Pero jamás pensé que de aquella noche…

-Perdí la cuenta de cuántas veces le pregunté a Fuu por el padre de Himeko… Nunca quiso responder mis preguntas, ahora entiendo el por qué…

-Quizás no haya estado en la etapa más importante de su vida, pero eso no significa que no la ame con locura.

-¿Y a Fuu? ¿Qué tanto la amas?

-Es el amor de mi vida, no imaginaría mi vida sin ella.

-Me gustaría saber cómo se conocieron.

-Bueno, esa es una historia muy larga, que me gustaría poder contarte… pero no sé si sea el momento.

-Claro… aún me cuesta entender que mi hermana y mi cuñado son los reyes de un mundo lejano, que mi sobrina es la futura heredera y que tiene poderes que pueden ser destructivos… supongo que es demasiada información.

-Quisiera que las cosas se dieran de otro modo, que el contacto entre mi mundo y el tuyo sea algo común... De ese modo, Fuu no se vería obligada a elegir...

-De verdad... La amas demasiado, ¿no es así?

-Tanto que, aun después de 10 años sin vernos, no pude borrarla de mi corazón, por más que lo intenté de mil maneras. - Kuu estaba por contestar, pero fue interrumpida por un torbellino rubio que ingresó a la cocina.

-¿Himeko no ha vuelto? - preguntó, alarmada. Ferio volteó, y no pudo evitar enfocarse en el hecho de que, detrás de ella, ingresó Yie. Su rostro cambio completamente. ¿Qué hacían esos dos juntos?

-Creí que estaba contigo. - respondió Kuu, poniéndose de pie, al notar la palidez en el rostro de su hermana.

-¿Qué ocurrió, Fuu?

-Debemos encontrarla, Ferio... Tengo un mal presentimiento. - dijo Fuu, al borde de la histeria. Ferio la tomó por lo hombros, tratando de tranquilizarla.

-Cálmate, Fuu... Dime que pasó.

-Fue mi culpa. - intervino Yie.- Nos escuchó discutir... debí suponer que eso podía pasar... La encontré en el parque, me dijo que quería que la llevara conmigo, que no quería volver a Céfiro... Luego, no sé qué pasó... Creo que fueron esos poderes nuevamente, el viento incontrolable... Volvió a huir de mí y no pude saber adónde fue...

-No es tu culpa, es culpa nuestra...- intervino Fuu, mirando a su esposo.- Realmente nunca confiamos en ella... Siempre temimos a esos poderes... Y, a pesar de todo lo que hicimos durante años, siguen fuera de control... Y quien sabe que puede ser capaz de hacer con ellos.

-Fuu, no puede ser tan grave...- interrumpió Kuu.

-Si, si puede... ¿acaso recuerdas ese tornado que tuvo lugar hace unos días? Un tornado en una ciudad superpoblada como lo es Juuban. ¿No te pareció extraño?

-Si, pero... ¿qué tiene que ver con Himeko?

-Fue ella, Kuu... Ella lo provocó... Si no hubiera llegado para detenerla, ¿Quién sabe hasta dónde hubiera llegado? - Kuu se quedó sin palabras. Jamás hubiera imaginado que su sobrina fuera capaz de provocar semejante tormenta.

-La encontraremos, Fuu... Quizás sus poderes estén fuera de control, pero ella sigue siendo una buena persona, por sobre todas las cosas... Jamás haría nada para dañar a este mundo.

-Espero estés en lo cierto, Ferio...

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Bueno, siento que este capítulo tiene demasiada charla y poca acción, sé que no aporta mucho al desarrollo de la historia y lo siento. Pero, en el momento en que se me ocurrió hacer una continuación de "Destino", la idea era enfocarme en lo que habían sentido los seres queridos de nuestras guerreras durante esos 10 años de ausencia. Y bueno, la historia en este capítulo me quedó un tanto larga, espero no haberlos aburrido. Prometo un poco más de acción para el próximo capítulo, ya he escrito buena parte de las historias que tenía en mente para esta continuación. Bueno, quizás queden un par más, ¡no me maten! Un poco de rellenito no viene mal, ¿o si?

(*) Tarde – Ricardo Arjona