Capítulo XIX

"El Maestro del Maestro"

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Un buen padre vale por cien maestros.

Jean Jacques Rousseau

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Las aguas del mar brillaban reflejando la luz violácea del Astro Rey. Era exactamente allí donde el océano cefiriano alcanzaba su máxima profundidad. Hacía tantos años que no cruzaba aquellas aguas que hasta Fyula había olvidado lo duro que podía hacerse el viaje. Sentía un nudo en la garganta y el corazón galopando a mil millas por minuto. Era curioso que él siga despertándole esos sentimientos que tenía cuando era sólo un adolescente, un aprendiz. De repente, se preguntó si, acaso, estaba siendo demasiado duro con su hijo durante los entrenamientos. ¿Acaso Dylan sentiría lo mismo que él sentía?

Al otro lado del inmenso océano, lo esperaba la inhóspita isla. Aquella que había estado resguardada del resto del mundo, aquella que había sido borrada de los mapas y que era desconocida para el común de la población, incluso para hombres de la alta realeza y que todo lo sabían de Céfiro, como Latis.

No era más que un pedazo de Tierra, en medio de basto océano, apenas más grande que la aldea de Lugset.

-Clef… ¿Puedes escucharme? - la voz de su amada retumbó en su cabeza de repente. Su corazón se aceleró aún más. -Necesito contactarme contigo, necesito que hablemos... Clef, las cosas están yendo de mal en peor. - Ella se oía preocupada. ¿Qué decirle? Si él también lo estaba. Debía asegurarse de tener respuestas a sus preguntas antes de intentar una comunicación con ella.

-Ahora no puedo, Sirena... Hay... hay algo importante que debo hacer... Hay una persona que puede saber lo que está sucediendo... qué puede ayudarnos... Necesito encontrarla...

-Pero...

-No te preocupes... me comunicaré contigo cuando sepa que hacer...

-Clef...

-No olvides cuanto te amo, y que nunca te dejaré sola...- Una lágrima recorrió su mejilla, hasta llegar a su mentón. Con todo el dolor del mundo, usó su magia para bloquear su mente y evitar, así, que ella vuelva a entrar. - Perdóname, amor...- susurró. - Pero necesito encontrar respuestas primero.

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-¡No puede ser! - gritó, mientras lanzaba un almohadón contra la ventana de la alcoba. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos azules, sin cesar. - ¿Qué ocurre contigo, Clef? ¿Por qué me bloqueas? - Con toda la furia, dio un puñetazo contra la pared, para después arrojar los demás almohadones que había sobre la cama.

-¡Umi!- La puerta de entrada se abrió de repente, dando paso al palú de ojos esmeralda. Rápidamente cerró la puerta detrás de él y corrió hacia ella para sujetarla y, así, evitar que siga ocasionando destrozos en aquel cuarto. La tomó por detrás, abrazándola. Temblaba como una hoja. Tras algunos segundos, algo más calmada, ella se dejó caer sobre la cama.

-Lo siento... siento que me hayas visto... así...- dijo, algo avergonzada. - Ascot sonrió dulcemente. Luego se agachó frente a ella para poder verla a los ojos.

-No tienes de que preocuparte... la encontraremos... estará todo bien.

-No es sólo eso, Ascot... Clef...

-¿Qué? ¿Te ha hecho algo?

-Él no quiere hablarme, Ascot... Usó magia para evitar que lo contacte telepáticamente. - Ascot se puso de pie, algo incómodo. Sabía lo mucho que su maestro amaba a su amiga. - Seguro hay una explicación.

-No quiere hablarme, Ascot... Cuándo más necesito de sus consejos...

-Clef te ama, Umi... Jamás te dejaría sola...

-Esas fueron exactamente sus palabras, justo antes de bloquearme con su magia... Lo sé... Claro que lo sé... Ese no es el problema... Es que... él sabe algo, sabe algo más que no me quiere decir... Y no me lo quiere decir porque es algo nada bueno.

-¿A qué te refieres?

-Ascot... lo que te voy a decir no se lo he contado a nadie... pero ya no puedo con esto yo sola.

-Me estás asustando.

-Hace unos días, Clef me hablo de una profecía... una profecía sobre el fin de este mundo... el creía que Himeko era la persona que las escrituras cefirianas decían que traería el apocalipsis…

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Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo apenas puso un pie en el suelo arenoso de aquella isla. Su presencia podía sentirla, en el aire, en la arena, en las olas. Era como si él y la isla fueran uno mismo. Las aguas cristalinas del mítico mar cefiriano, el mar de Seres, bañaban las costas de arena blanca. Una que otra palmera se alzaba sobre la costa. Allá, donde la playa terminaba, podía divisar un denso bosque, con cientos de árboles de tronco largo y fino, y mucha vegetación a su alrededor.

De repente, un viento helado surgió desde el corazón de aquel bosque y, rápidamente, alcanzó sus cabellos lilas. Se le erizó la piel. Creía saber lo que eso significaba. Avanzó algunos metros sobre el suelo arenoso de la playa, hacia el lugar desde donde provenía el viento, acercándose, así, al frondoso bosque que rodeaba la playa. El viento cesó de repente. En ese mismo instante, la vegetación comenzó a separarse, creando, así, un sendero que marcaba el camino hacia el centro de la isla. El sudor caía de su frente.

-Entonces… ¿Aún soy bienvenido aquí?... O… ¿Acaso es una trampa? - habló en voz alta.

Una nueva ventisca se levantó desde el centro de la isla, pero esta vez era un aire cálido y suave. Cuando la ventisca llego hacía el, la sintió susurrar su nombre a sus oídos. Suspiró. Aunque fuera una trampa, no iba a detenerse. Estaba allí buscando respuestas, y no se iría sin ellas.

A medida que se iba adentrando en el corazón de la isla, la vegetación se hacía más abundante. Y más extraña. Hacia el centro, las copas de los árboles eran tan altas y tan frondosas, que ya no permitían filtrar la luz del Astro Rey. Por ese motivo, la oscuridad iba ganando terreno, poco a poco. Sin embargo, al mismo tiempo, la vegetación comenzaba a "encenderse". Las hojas de algunas plantas, características de aquella isla, tenían la capacidad de brillar en la oscuridad, marcando así el camino de aquellos a los que se les permitiera el ingreso al bosque. No abundaban, por cierto. En los últimos dos siglos, aquel sendero no había visto más ser humano que el hombre que la habitaba desde hacía más de 600 años.

Para cuando llegó al centro de la isla, la oscuridad era total. No supo si era porque los árboles bloqueaban la luz del astro por completo, o porque la noche había caído. Un escalofrío recorrió su cuerpo al notar la improvisada cabaña construida a los pies de un inmenso árbol. Aquel árbol, el más añejo del planeta, el que, quizás, haya sido creado junto con él, era realmente increíble, aun para un viejo mago de más de 600 años que lo había visto todo en su vida. Era muy alto, no pudo precisar cuantos metros de altura tenía, apenas podía alcanzar a divisar donde comenzaba su copa, sus enormes raíces estaban sobre la tierra, a la vista. Sus frutos brillaban en la oscuridad. De repente, sintió mucha serenidad, a pesar de que sus nervios seguían de punta.

Dio un par de pasos al frente, antes de sentir que esa presencia se hacía aún más fuerte. Se detuvo en seco. Entonces, el viento volvió a soplar con fuerza, arrastrando algunas hojas secas con él.

-Te estaba esperando...- la potente voz retumbó en cada rincón de aquel bosque.

-¿Por qué no me sorprende? - El viento que soplaba a su alrededor, se concentró en frente de él, formando una especie de tornado, trayendo consigo hojas, arena y polvo. Poco a poco, fue perdiendo su intensidad. Al detenerse, dejó divisar la figura de un hombre mayor, cabellos grisáceos, entremezcladas con algunos lila, y unos expresivos y enormes ojos azules. Su frente marcada por algunas arrugas, algunas patas de gallo alrededor de sus ojos. Expresión dulce y calmada. A cualquier persona en el mundo, aquella mirada podría despertar cierta paz y tranquilidad. Pero no a él. Quizás porque el mago había sido la única persona que caminaba sobre la faz de Céfiro que conocía como era en la intimidad. El hombre sonrió.

-Me da gusto verte, después de tantos años. - dijo, con cierta ternura. - Quizás quieras pasar a mi humilde morada y-

-Esto no es una visita de cortesía, ni un reencuentro... sabes a lo que he venido, padre...

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Sintió como si una flecha atravesara su corazón. Algo estaba pasando, algo nada bueno.

-Clef...- susurró, mientras llevaba la mano derecha a su pecho.

-¿Qué ocurre, Umi?- preguntó el palu, preocupado, mientras la tomaba del brazo, al tener la impresión de que caería inconsciente al suelo. -Te pusiste pálida de repente, ¿te sientes mal?

-No... es que... me preocupa Clef...

-No deberías-

-Algo no está bien, Ascot... Puedo sentirlo… puedo sentir su tristeza…

-El maestro es muy fuerte… no hay nada que pueda con el…

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-¿Por qué? ¿Por qué nunca me lo dijiste? - las lágrimas se acumularon en sus ojos, el mago hizo un esfuerzo sobrehumano para evitar que cayeran.

-¿Qué importancia tiene? No había nada que pudieras hacer para cambiar el destino…

-Mokona...- susurró. De repente, se sintió mareado, aturdido, abatido.

-Mokona no existe... Su nombre es Lilith... Ella siempre ha sido parte del plan, ha manejado los hilos desde la oscuridad, ha "ayudado" al destino para que las profecías se cumplan.

-Siempre lo supiste... desde el principio... Aun desde antes en que ella aparezca en mi vida.

-Lo siento.

-¿Por qué?

-Tuve que apartarme, dejarte tomar el poder.

-¡Apenas era un niño! Ni siquiera sabía a lo que me enfrentaba. No tienes idea de lo que significó tomar el poder en ese momento... sin tu apoyo...

-Tenía que hacerlo, era la única manera de asegurar el futuro de Céfiro... Ellos me prometieron que, cuando la profecía se cumpliera, Céfiro sería próspero y eterno.

-Pero, ¡¿A cambio de qué?

-¿Es que no lo entiendes? Céfiro fue la creación de la figura que en Mundo Místico reconocen como el mismísimo demonio, nuestro creador personifica la oscuridad, el que está destinado a perecer en manos de su mismo padre. Y si él deja de existir, Céfiro también lo hará. Por eso, para que Céfiro pueda seguir existiendo, Mundo Místico y su creador deben dejar de hacerlo.

-¡Debe haber otra posibilidad!

-La amas demasiado... ¿Tanto como para poner su mundo por encima del tuyo?

-¡Lo único que siempre te importó fue Céfiro! - el mago sintió un nudo en la garganta, intentó reprimir sus deseos de llorar. Aun así, algunas lágrimas escaparon de sus ojos. - Desapareciste sin que nada te importe, me dejaste con todo el peso sobre mis hombros, la responsabilidad de sostener a este planeta y al pilar, cuando aún no estaba listo para hacerlo. - el hombre sonrió, aunque sus ojos demostraban una profunda tristeza.

-Aun así, lo has hecho increíblemente bien... Sé lo que piensas... Pero Lilith no ha cambiado las cosas, tampoco él. Sólo se han asegurado de que nada intervenga en el destino. Pero, eso tan especial que tienes no estaba escrito, fue algo que tú mismo lograste. Lo único que ellos hicieron fue asegurarse de que la elegida exista.

-¿Acaso tienes idea de lo que esa profecía significa?

-Al menos tú tienes la suerte de tenerla aquí, a ella y a tus hijos... Lo siento... Tú tienes razón, siempre he vivido sólo para Céfiro... es lo que un Mago Supremo siempre debe hacer... Pero tú lograste romper con esa estúpida regla... Demostraste que Céfiro puede ser grande sólo con su gente... Aun puedes cambiar las cosas... Esa niña es especial, no sólo por el inmenso poder que hay en su interior. Ella decide, Clef. Quizás, si haya otra solución después de todo. Quizás, Mundo Místico no tiene por qué ser destruido, ella tiene el poder para cambiar ese destino. Y él lo sabe, por eso ha llenado de oscuridad su corazón, para usarla en su venganza... Pero, aun hay esperanza. El amor no es debilidad, Clef. Todo lo contrario, el amor es un arma, la más poderosa de todas, la única capaz de torcer el destino...

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Al fuerte temblor que se sintió en todo Tokio, le siguió la calma. Una tensa calma que anticipaba lo que se vendría, como la calma que antecede al huracán.

Anochecía. La estrella dorada resplandecía como no lo había hecho desde que su reinado en el cielo, junto a Él, había acabado.

-Ven conmigo, pequeña. Dijo con su potente voz. Ella se veía tan dulce, ¿Quién podía imaginar el infinito poder que corría por sus venas? ¿Quién podía imaginar lo que podía llegar a hacer, el caos que podía llegar a ocasionar? Sonrió.

-¿Adónde vamos?

-Al lugar que marcará tu destino.

-Mi destino... Siempre creí que mi destino...

-Himeko... primero... necesitas pasar las pruebas.

-¿Pruebas?

-Así como las Guerreras Mágicas tuvieron que pasar una serie de pruebas para convertirse en las guardianas de Céfiro, tú tienes que pasar las tuyas.

-¿De qué se trata?

-Si te lo dijera, ya no tendría sentido, ¿no crees? ¿Acaso no confías en mí?

-Claro que sí... es en mi en quien no confío... Jamás podré pasar esas pruebas.

-Lo harás... como las mejores... Yo confío en ti, Himeko... Será un largo viaje... ¿estás lista para enfrentar tu destino?

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N/A

Este es un mensaje de la vieja autora, que sigo amando este fandom aunque este más muerto de Debonair xD: ¿Hay alguien aquí con vida?

Si estás del otro lado, por favor, hacemelo saber, un pequeño review no vendría mal, me gustaría saber que piensan o, al menos, un "Hola, que tal?" De verdad, entiendo que está página esta muriendo, y que este fandon ya no es tan popular, que me tardé muchos años en terminar la primera parte de esta histora... Pero, ¡siento como que estuviera hablando con mis hijos adolescentes! (si acaso no sabes a que me refiero, quiero decir que siento como que estoy hablando con una pared)

Por cierto, en cuanto a que esta página esta medio olvidada... Quizás quieran buscarme en la plataforma naranja, por allá está un poco más avanzada la historia porque descubrí la opción de programar capítulos, así que no tengo ese problema de que me olvido de que tengo que actualiza, simplemente se hace automático y, bueno, esta historia tiene un final desde hace rato, sólo que no se me hacía muy divertido subir todo de una.

¡Espero leerlos!