Capítulo XX
Nefilim
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Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura
que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron;
Libro de Enoc – Capitulo 7, Versículo II
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La observaba caminar por la aldea todos los días. Solía ir al lago por las mañanas, a lavar sus ropas, las de su padre y sus hermanos. Era alta, esbelta, cabellos castaños, ojos claros. Tan bella como inalcanzable.
-Es hermosa, ¿no es así? - sintió que susurraban a sus oídos. Volteó de prisa, encontrándose con los ojos azules intensos de aquel hombre. Jamás lo había visto en la faz de la Tierra, pero si más allá. Se sorprendió. Desde que había sido desterrado de los cielos, no había sabido más de él.
-Tú...
-Sé lo que has oído de mi... pero las cosas no pasaron como se cuentan. Cualquiera puede ser el villano en una historia mal contada.
-¿Qué es lo que buscas?
-Mírala, todas las mañanas la misma rutina, tanto trabajo, y ni siquiera es valorada. Así es la vida de las mujeres según las leyes de Él, siempre bajo la orden y protección de un hombre. Si ella tan sólo supiera lo valiosa que es... todo lo que puede llegar a hacer.
-Lucifer...
-¿Por qué seguir las órdenes de un Dios injusto y autoritario? ¿Sabes? Yo pude hacer que este mundo sea muy diferente... Yo quería que el conocimiento sea para todos por igual, que las mujeres y los hombres tengan los mismos derechos... Por mis ideas novedosas, fui expulsado del cielo... Ese es el destino que Él tiene deparado para aquellos que quieran un mundo más justo. ¿Por qué un ángel no puede enamorarse de una humana? Cambiar las reglas es posible, sólo hay que animarse a ser el rebelde...
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Los observó alejarse desde el mismo lugar en el que habían sido condenados a la eternidad. ¡Si tan sólo hubiera respetado sus normas! Si no hubiera escuchado a Lucifer, ellos no existirían, y no habría sufrimiento, no hubieran sido condenados a pagar por su debilidad. Pero, quizás, la estrella resplandeciente de la mañana tenía razón y existía otro mundo posible, un mundo donde sus hijos puedan ser aceptados. Enim se dirigió al sur, Joel al Norte y Anakim al Este, hacia el centro de Tokio.
-Os prometo que será la última vez que tendrán que luchar...- susurró, como si ellos pudieran escucharlo.
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-Volvieron. - dijo la mujer, apenas los vio atravesar la puerta de entrada a su casa. - Estaba preocupada por ustedes. - continuó, mientras se acercaba a ellos. Al ver la expresión en el rostro de su hermana pudo sentir su preocupación. Tomó sus manos, con dulzura. Ella mejor que nadie sabía la desesperación que se sentía al no saber el paradero de un ser amado. - La encontrarás... No debes preocuparte... sé que ella no haría nada que pudiera dañarte... a ninguno de nosotros. - Fuu suspiró, tratando se ahogar sus deseos de llorar.
-Eso es lo que Hikaru y Umi me dicen todo el tiempo, pero, ya no estoy segura de nada... Kuu, siento que no conozco a mi propia hija... Siempre creí que estábamos criando a una buena niña...
-¡Y así es, Fuu! Quizás su corazón este lleno de dudas, pero... hará lo correcto...
-Kuu...
La tierra empezó a temblar de repente. Pero eran temblores extraños, diferentes. Ambas perdieron el equilibrio. Duró apenas unos segundos. Luego hubo otro, exactamente igual de largo. Y luego otro. Y otro. Ferio se apresuró a acercarse a la puerta. Aquellos temblores no podían ser normales, ni siquiera para Céfiro.
-¿Qué demonios es eso?- gritó espantado, al ver una criatura gigante asomarse por encima de las casas del barrio. Se notaba que, aun, estaba a unas cuantas calles de allí, pero se acercaba a pasos agigantados hacia ellos. Tenía aspecto de humano, pero de uno metros de altura. En su espalda, tenía unas enormes alas de plumas blancas, encogidas sobre si mismas. A cada paso que daba, la tierra temblaba bajo sus pies.
-¡No puede ser!- gritó Fuu, al acercarse a la puerta. Mientras, su hermana se asomaba por detrás de ella. Rápidamente, Ferio corrió al interior de la casa, para buscar su espada. Fuu dio un paso adelante, asustada, pero lista para luchar.
-Fuu... ¿qué haces? - preguntó su hermana, aterrada.
-No te preocupes, lo detendré...
-Pero...- Fuu se detuvo justo frente a la entrada, volteó a verla, con una triste sonrisa en su rostro.
-Nosotras protegeremos este mundo, tal como lo hicimos con Céfiro.- dijo, antes de salir corriendo, al encuentro con el gigante. Kuu permaneció inmóvil, observando como la rubia se alejaba. Después de todo, ella era una guerrera, que había salvado a su mundo en varias ocasiones. Jamás se había detenido a pensarlo de ese modo. Jamás se había puesto a pensar cuantas veces había estado a punto de perderla.
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Los temblores se detuvieron de repente. Ambos observaron por la ventana. Se encontraron con unos enormes ojos negros. Umi gritó espantada, retrocedió rápidamente, cayendo al suelo por la impresión. Ascot, por su parte, permaneció inmóvil, como tratando de procesar lo que estaba pasando.
-¡Es un gigante, Ascot! - gritó. Lo observó alejarse un poco para, luego, pegar un puñetazo contra el edificio, haciendo añicos el vidrio de la ventana balcón, y gran parte de la pared. Enseguida, metió su otra mano, tratando de alcanzarla.
Umi abrió los ojos con sorpresa al ver como su amigo se interponía en el camino de la gigantesca mano. El gigante lo tenía, había logrado capturarlo.
-¡Ascot!
-¡Umi! ¡Ascot! ¿están bien? - la puerta de la habitación se abrió de repente. La pelirroja se quedó sin palabras ante aquella imagen. Pudo observar como el gigante se llevaba a Ascot con él. Umi se puso de pie, de prisa, corriendo hacia el hueco que había dejado el puñetazo del gigante.
-¡Oye! ¡Espera! ¡Era a mí a quien querías! - gritó, lanzándose al vacío.
-¡Umi!- la pelirroja corrió hacia su amiga, intentando detenerla. Pero sólo llegó a tiempo para verla caer. Contuvo la respiración, asustada. Observó como ella alzaba su mano, creando una catarata de agua sagrada, que la depositó en el suelo a salvo. Respiró profundo. - ¡Eres una tonta, Umi!- gritó, aliviada.
Corrió tras el gigante, intentando alcanzarlo. Pero era demasiado grande. Sus pasos agigantados hacían que se le haga imposible llevar su velocidad. Se detuvo, debía detenerlo de alguna manera.
-¡Dragón de agua! - gritó, al mismo tiempo que levantaba su mano en alto, creando así un tornado de agua que rodeó a la criatura, inmovilizándola. Así logró llegar hasta él. Se detuvo junto a sus pies y lo observó con detalle. Cabellos largos y enmarañados, color anarajados, ojos oscuros, unas enormes alas replegadas en su espalda. El gigante, realmente, era una gigante. Una mujer. Eso llamó su atención.
-¡Umi! ¿¡Qué haces, Umi!? ¡Vete de aquí! - gritó Ascot.
-¡Jamás te dejaré solo Ascot! - La criatura pego un fuerte alarido. De un manotazo, logró deshacer el tornado de agua. Luego, avanzó golpeando los edificios en su camino.
-¡Rayos rojos! - se escuchó, en voz de la guerrera del fuego. Rápidamente, del cielo, rayeron unos potentes rayos rojizos que comenzaron a electrocutar al gigante.
-¡Espera, Hikaru!- gritó Umi.- ¿Qué hay de Ascot?
-Estará bien, sólo es una corriente eléctrica.
La magia de Rayearth pudo más que el inmenso poder de aquella bestia. Al menos, acabó aflojando su mano, dejando caer así a Ascot. Umi corrió hacia él, colocándose debajo, tratando de amortiguar así su caída. Sin embargo, la magia del rayo rojo no resistió mucho más y terminó extinguiéndose, sin hacerle el menor daño a aquel gigante.
-Esto será más complicado de lo que pensé.- dijo Hikaru, mientras sacaba su espada. Al mismo tiempo, Umi se podía de pie.
-Esperaba no tener que volver a hacer esto nunca más. - dijo, con cierta melancolía.
-Espera, Umi.- la detuvo el palú.- Tenemos un problema aquí. - dijo, señalando a la gente que comenzaba a acumularse por los alrededores, asombrados y asustados por lo que estaba pasando. Umi observó a su alrededor. Luego, volteó a ver a su amiga, luchando.
-No había tenido tanto público desde aquella tarde en la Torre Tokio. - comentó, con cierta ironía. - Sé que, seguramente, me vaya a arrepentir de esto...- suspiró. Rápidamente, hizo aparecer su espada y corrió el gigante.
Ascot las observó, en silencio. Aquella criatura era increíble. Era como un ser humano común, pero con varios metros más de altura. Sin embargo, sus movimientos eran rápidos, contrariamente a lo que podía llegar a pensar, por su gran peso. Además, tenía una gran fuerza. A cada paso que daba, dejaba una huella enorme en el suelo de cemento duro. A cada ataque de las guerreras lograba esquivarlo con facilidad. Y esas alas en su espalda. Estaba seguro de que, de un momento a otro, las desplegaría para salir volando y, así, escapar de sus ataques.
¿Qué podía hacer? Sus poderes no eran los mismos, no en ese mundo tan terrenal. Observó, espantado, como, de un manotazo, atrapó a Hikaru, mientras desplegaba sus alas. Pero, contrariamente a lo que pensaba, no para salir volando. Comenzó a agitarlas con fuerza, generando una fuerte ventisca que comenzó a arrastrar todo a su paso. Observó a su amiga, haciendo un gran esfuerzo para mantenerse de pie y no ser arrastrada también. Cómo pudo, se acercó hacia ella. Levantó su mano en alto, cerró sus ojos, concentrándose en todos sus poderes. Si, podía usar su magia, sólo tenía que desearlo con el corazón. Se convenció de ello. Desde la palma de su mano, que mantenía abierta apuntando a cielo, comenzó a desplegarse un escudo de poder, que los mantuvo a él y a su amiga a salvo de las fuertes ráfagas de viento generadas por el semi-ángel.
De repente, una luz blanca invadió el lugar, al mismo tiempo que una esfera de poder blanco rodeó al gigante, electrocutándolo, hasta que cayó, inerte, al suelo. Una vez que estuvo sin vida, la luz se apagó. Umi volteó sorprendida, buscando al hombre que, sabía, estaba detrás de ella. El mago esbozó una pequeña sonrisa. Luego, alzó su báculo en alto desplegando una poderosa energía que se expandió por toda la ciudad, durmiendo a toda persona que se encontrara en un camino.
Los ojos de la guerrera se llenaron de lágrimas. Sabía que sus poderes tenían la habilidad de matar, pero usarlos de ese modo no era algo que solía hacer.
-Clef.- corrió a abrazarlo.
-Lo siento mucho, amor. - susurró a su oído, mientras la tenía en sus brazos. Sabía que estaba molesta, la conocía a la perfección. Se separó de ella y sostuvo su rostro con ambas manos, mientras secaba sus lágrimas. - No podía... no sabía que decir ni que hacer, necesitaba encontrar respuestas.
-Las hallaste...- el mago afirmó con la cabeza. - Dime, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estás aquí?
-Estoy bien, no te preocupes... - le dijo, con dulzura. En ese momento, Hikaru y Ascot se acercaron a ellos.
-Gurú Clef... Tú nos salvaste. - dijo Ascot, mientras Hikaru miraba a su alrededor, a las personas que yacían dormidos en el suelo.
-¿Realmente era necesario, Gurú Clef?
-Ha comenzado, Hikaru... lo que en este mundo llaman Apocalipsis... Debemos encontrar a Fuu y a Ferio...
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-¡Jamás podremos vencerlo! - protestó Ferio, mientas secaba el sudor de su frente con su brazo. Fuu dio un respiro, observando a su alrededor. Esa extraña energía, la sentía familiar. De pronto sintió una poderosa magia blanca a su alrededor. Una magia que sólo poseía el mago supremo. - ¡Fuu!- gritó el rey, al ver que el gigante estaba por dar un puñetazo justo donde ella estaba. Rápidamente, se abalanzó sobre ella, empujándola justo antes de que el puño de la criatura impacte, de lleno, en el cemento. Ambos cayeron a un lado. - ¿En qué demonios estás pensando? - le reprochó el mismo tiempo que se ponía de pie y le extendía su mano para ayudarla a levantarse.
-Es que creí... sentir la energía de Gurú Clef...- dijo, avergonzándose, luego, por la tontería que acababa de decir. No había manera de que Gurú Clef estuviera allí. Volvió a mirar al gigante.
-Debe haber algo que podamos hacer. - dijo, mientras observaba como el gigante golpeaba los techos de las casas.
-Seguro no sobreviviría a un corte en su yugular. - respondió Ferio, con cierta soberbia. - Pero es muy difícil si esquiva cada uno de mis ataques... ¿Crees que puedas...? - Fuu pasó saliva, entendiendo lo que el rey pretendía. Siempre había sido muy insegura respecto a sus poderes y habilidades, siempre se había sentido la más débil. De seguro, Umi y Hikaru no lo dudarían ni un segundo. Se lanzarían hacia él tratando detenerlo.
-Haré lo que pueda...- dijo. Él sonrió.
-Confío en ti, ciegamente. - dijo, antes de lanzarse a atacar a la criatura. Lo sabía. Realmente, él confiaba en ella, más de lo que ella misma confiaba. Respiró profundo.
-Windom, por favor, ayúdame. - susurró. Levantó su mano en alto, concentrando sus poderes en ella. - ¡Tornado! - gritó. Rápidamente, el gigante se vio envuelto en un tornado de viento verde que lo dejó totalmente inmovilizado.
Entonces, Ferio entendió que era su turno, y que debía actuar rápido, antes de que la magia de su amada se extinga. De un salto, subió a la pared que separaba la casa de Kuu de la acera. Y, desde allí, otro salto hacia la medianera. Un salto más, hasta alcanzar el techo de la casa de dos pisos. Desde allí logró dar un último salto para llegar hasta su cuello. Con su afilada espada, logró cortar la yugular de la criatura. Segundos después, aterrizó en el suelo, como si nada.
La sangre de la bestia comenzó a brotar a borbotones. Era de un color azul intenso. Enseguida, el tornado verde se extinguió. Segundos después, el cuerpo del gigante cayó inerte al suelo, en medio de un río de sangre azul. Ferio jadeó, exhausto. Miró a su amada con una leve sonrisa.
-Veo que no has perdido tus dones de guerrero...- dijo ella.
-Tampoco tú, mi amor...- sonrió él. Ninguno de los dos notó siquiera que la rubia dueña de casa yacía dormida junta a la entrada principal.
Para cuando los demás llegaron, se encontraron con la horrenda escena. El cuerpo de aquella bestia en el suelo. Los destrozos a su alrededor. Fue una suerte que Gurú Clef haya llegado a tiempo para explicar porque Kuu estaba inconsciente. De otra manera, hubieran pensado lo peor.
Ferio se encargó de ingresarla a la sala, la recostó delicadamente sobre el sofá.
-¿Ella estará bien, Clef?- preguntó Fuu, con cierta ansiedad.
-Sólo es un hechizo de sueño. Cuando despierta, pensará que lo que presenció aquí no fue más que una horrible pesadilla.
-Será lo mejor, Fuu...- dijo Ferio, colocando su mano en su hombro. Fuu suspiró. Claro que era lo mejor. Pero no dejaba de preocuparle que peligros podría llegar a correr allí, dormida y con las cosas que estaban pasando fuera.
-No te preocupes, me encargaré de poner un escudo en esta casa. - se apresuró a decir Gurú Clef, como leyendo sus pensamientos. - Así estará a salvo.
-Ahora que estamos todos, Clef... Cuéntanos, ¿qué fue lo que pasó? - se apresuró a decir Umi, mientras se acercaba al mago. Él volteó a verla. Tomó su mano con dulzura. Sabía que estaba preocupada por él. Le sonrió.
-Te dije que estoy bien, deja de preocuparte.
-Tus labios pueden pronunciar cientos de palabras, pero yo puedo ver más allá de lo que expresas... He podido sentirlo. - el mago suspiró. Si, el también solía sentir cuando ella no estaba bien, cuando estaba triste, cuando algo le preocupaba. Era una conexión que habían logrado en los últimos 10 años. ¿Cómo podía engañarla?
-He visto a mi padre...- confesó. Umi abrió los ojos con sorpresa. Sintió deseos de llorar. Conocía la historia, sabía lo que había significado en su vida. Así como sabía que él no era parte de la misma desde hacía cientos de años. Acarició su rostro con dulzura. - Lo siento. No podía hablarte hasta no verlo... Hasta saber... Él era el único que podía darme las respuestas que estaba buscando. - Ella lo abrazó con fuerza. Sabía lo que estaba sintiendo.
Ya más calmados los ánimos. Decidieron pasar a la cocina para que la charla sea un poco más amena. Fuu preparó algo de té para todos, después de que Gurú Clef tomara conocimiento del paradero incierto de la princesa.
-Bien, te escuchamos. - Se apresuró a decir Ferio, una vez que Fuu sirvió la última taza de té. Gurú Clef pasó saliva. Sabía que lo que tenía para contar no sería para nada grato, sobre todo para los reyes.
-Bueno, pues… Ustedes saben bien que Himeko siempre ha sido una niña muy especial. Y no sólo por esos grandes poderes y por ser la próxima gobernante, la primera de la nueva era. Si no también, por su bondad, su carisma, su dulzura. - el mago desvío la mirada de los reyes para ver de reojo a su amada esposa. Ella lo observaba atentamente, con cierta tristeza en su mirada. Lo que estaba por decirles no era sencillo. - Pero, hay más… ella es aún más especial de lo que ustedes piensan…- Gurú Clef suspiró. - Existe en Céfiro una profecía que habla de una doncella muy especial, una doncella que representa la unión entre Céfiro y Mundo Místico. Esa doncella será decisiva en el futuro de ambos mundos. Los sabios de Céfiro la han estado esperando por siglos… Pues se dice que ella será la que traiga el caos en este mundo, la última batalla entre el bien y el mal, la decisiva, en la que Mundo Místico será por fin destruido y Céfiro obtendrá la eternidad, por siempre… Fuu, Ferio… ¿Entienden lo que digo?
-Guru Clef… es que nos estás diciendo que esa doncella es… ¿Himeko?- dijo, por fin, Ferio. Mientras Fuu se ponía de pie, nerviosa, y caminaba de una lado a otro de la sala.
-Es que eso… eso no puede ser posible, Gurú Clef… No puede ser…
-Dime Fuu… ¿has visto los poderes que ha desarrollado a niña? ¿De verdad crees que no es posible? - preguntó el mago. Fuu quería responder que así era. Pero, a decir verdad, Himeko se había convertido en una completa extraña para ella, una persona que no sabía hasta donde era capaz de llegar.
-Umi…- el mago volteó a ver a su amada. Ella levantó la cabeza, al escuchar su nombre, para mirarlo a los ojos. - La razón por la que nunca antes te había hablado de esta profecía, es porque ni si quiera yo la conocía. - dijo, respondiendo a la pregunta que la guerrera le había hecho días antes. - Ha sido un secreto celosamente guardado por los sabios más poderosos del planeta… más poderosos que yo... Umi, uno de ellos, es mi padre.
-Clef…- susurró ella, a ver cierta emoción en los ojos del mago.
-Hace unos días, Presea vino a mí con un viejo libro, un libro que jamás en mí vida había visto. En el se hablaba de esta profecía, pero no se daba demasiados detalles. Me dijo que Mokona había dejado el libro sobre la mesa de la sala de estar, abierto justo en la página en la que se mencionaba a la doncella, justo antes de regresar a su mundo.
-¿De regresar a su mundo?
-Mokona nunca ha existido en realidad, Ascot. La imagen de la dulce criatura peluda no ha sido mas que un disfraz. Su verdadero nombre es Lilith y su hogar es Mundo Místico.
-No, es no puede ser cierto…- susurró Hikaru, ante el silencio de los demás.
-Ella, junto con el mítico Adán, han sido los primeros humanos que han pisado la faz de la Tierra, cuando el creador decidió que necesitaba un ser superior que reinara en el mundo. Vivieron durante años en el Edén, la llamada Tierra Prometida, hasta el día que Lilith se cansó de los abusos de poder de su compañero de vida. Adán creía que él, por ser hombre, al igual que su creador, tenía derechos y superioridad sobre ella. Por eso ella, al no ser escuchada, decidió pronunciar el nombre prohibido de Dios, y así obtuvo sus alas y pudo escapar del Edén, perdiendo así su derecho a volver. Durante siglos, vagó sola por el mundo, hasta el día en que se desató una cuenta batalla en los cielos, encabezada por Lucifer. Lucifer, la estrella resplandeciente de la mañana, el segundo en poder en el cielo, el hijo pródigo del creador, encabezó una revuelta por sus ideales, con la esperanza de tomar el trono de los cielos y, así, tener el poder absoluto. Más fracasó rotundamente y fue condenado a vagar por la Tierra, él y todos los ángeles que se unieron a sus huestes. Y lo que es alejado de la luz se suele encontrar en la oscuridad. Así, Lucifer y Lilith se conocieron. Y, desde ese momento, han estado buscando la mejor manera de vengarse. Y en ese afán demostrar que sus ideales eran los mejores, han decidido crear un nuevo mundo, un mundo perfecto, con reglas diferentes. Un mundo donde la magia y los conocimientos estén al alcance de todos, dónde se pueda mandar con el corazón y los sentimientos, dónde el pecado no exista y las bestias y los dioses puedan caminar sobre la faz de la tierra.
-Céfiro… - susurró, Hikaru.
-Así es…
-Pero entonces… ¿Por qué Mokona, es decir, Lilith, ha tomado esa forma? ¿Por qué nos ha estado guiando todo este tiempo? Ella nos ha ayudado a convertirnos en Guerreras Mágicas. - preguntó Umi.
-Ella sólo se ha asegurado de que la profecía se cumpla a la perfección. Y para eso, ustedes debían salvar a Céfiro, y también, debía asegurarse de que regresen en algún momento.
-¿Quieres decir que a sido ella quien ha permitido que nosotras volvamos?
-No sólo eso, Hikaru. Ella ha sido quien ha cerrado el portal esa última vez. También quien lo mantuvo cerrado durante 10 años, hasta el momento en que tu pudiste volver a abrirlo. Y también… fue ella quien le indicó a Esmeralda dónde encontrarlas y quien abrió el portal para que ella pudiera convocarlas… Ella siempre ha tenido el paso libre entre ambos mundos, todas esas veces que ha desaparecido durante días, en realidad estaba aquí… Ella me ha manipulado de mil maneras… incluso, fue quien, aquella vez, me advirtió que Ferio había dejado Céfiro y había logrado atravesar el portal para llegar a Tokio… Ella fue la que me posibilitó traerlo de nuevo. - El mago volvió a ver a los reyes.
-No puede ser posible...
-Ferio… siempre me pregunté si aquella historia de la nave de Autosam que te transportó hasta Mundo Místico, era cierta. Nunca me he atrevido a preguntarle a Geo como fueron las cosas- el rey se incomodó con la pregunta. El recuerdo de aquella vieja visita a Mundo Místico no era algo agradable de recordar.
-Bueno…. Yo…
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El Astro Rey brillaba en el centro del cielo. El clima era agradable, las nubes eran escasas, las plantas florecían con esplendor, las criaturas monstruosas se habían limitado a vivir en el bosque del silencio, pero, aun allí, no atacaban a las personas. Todo era perfecta armonía, después de tanto tiempo, Céfiro había logrado la estabilidad que había perdido. Pero, aun así, seguía sintiendo ese profundo vacío en su corazón. El vacío que le provocaba su ausencia. ¿Cómo? ¿Cómo podía seguir viviendo sin ella? ¿Cómo podía darle una reina a Céfiro, tal como Gurú Clef pretendía, si para él su única reina era ella? Suspiró, tratando de contener sus lágrimas. No había un maldito día en que no piense en ella. ¿Qué estará haciendo? ¿Habrá podido seguir adelante? ¿Lo habrá olvidado? Cerró los ojos, la imagen de ella llegó a su mente. Aun la tenía metida tan adentro de su corazón.
Una leve brisa llegó hasta él, moviendo suavemente sus cabellos. Abrió los ojos rápidamente, aquello no parecía ser una brisa común y corriente. Sintió una poderosa energía emerger a sus espaldas. Volteó rápidamente. Entonces pudo verla. Abrió los ojos con sorpresa. Su piel se estremeció, su corazón latía con fuerza. Permaneció inmóvil, no supo cómo reaccionar, ni siquiera supo que decir. Ella sonrió con dulzura, con esa dulzura con la que solía sonreírle cuando era tan solo un niño.
-Me da gusto verte, hermanito. - dijo, con voz suave. Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Acaso estaba soñando? Aunque así fuera, era inmensamente feliz. Ella nunca se le había presentado, ni siquiera en un sueño.
-No sabes cuanto gusto me da verte…- dijo, ahogando un sollozo. - Te extraño tanto.
-Siempre he estado contigo, hermanito. Se que a menuda te preguntas que pensaría si viera el hombre en que te has convertido. Y la verdad es que estoy muy orgullosa de ti.
-Hermana…- Ferio estaba tan emocionado que ni siquiera sabía que decir, las palabras se quedaban atoradas en su garganta.
-Se cuánto la extrañas, hermanito.
-¿Qué? - preguntó, sorprendido. Esmeralda nunca había sabido del amor que sentía por ella. Aunque, claro, si de verdad estaba siempre a su lado, si podía materializarse allí, frente a él, quizás también podía conocer sus sentimientos. De todos modos, aquellas palabras lo tomaron por sorpresa.
-Quiero ayudarte… ya no quiero verte triste…
-¿Ayudarme? ¿Cómo?
-Yo puedo abrir el portal, hermanito. - Ferio abrió los ojos con sorpresa. Claro, ella había abierto el portal y convocado a las guerreras mágicas, el pilar tenía ese poder. Pero ella ya no era el pilar, ni siquiera pertenecía al mundo de los vivos. ¿Podía acaso seguir conservando ese poder?
-Pero…
-Ve con ella, Ferio… búscala, sean felices, ambos lo merecen. - Ferio la miró con cierta desconfianza. Todo era tan extraño que creyó que estaba soñando. Si, un sueño, ¿de qué otra manera podía estar frente a ella? ¿De qué otra manera podría estarle diciendo todo eso?
-¿De verdad… aun puedes abrir el portal?
-Puedo hacerlo ahora mismo, lo haré sólo por ti, Ferio… Pero, no aquí… es peligroso, Gurú Clef puede notarlo.
-Espera… estás bromeando, ¿no es así?
-Ve al Bosque Encantado, cuando el Astro Rey se encuentre en su punto más alto. Te estaré esperando allí, sólo de ese modo sabrás que no es una broma…
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Ferio guardó silencio. Meditó un momento. Siempre había pensado que ese reencuentro con su hermana muerta había sido muy extraño. ¿Sería acaso posible?
-A decir verdad… Geo nunca me trajo hasta aquí…- titubeó, mirando de reojo a la rubia, cuya expresión cambiaba al escuchar sus palabras. Suspiró. – Esa tarde, en el palacio, pude ver a mi hermana. - dijo, agachando la mirada, como avergonzado. - Sentí tanta felicidad de verla… que ni siquiera me detuve a pensar si eso era posible… Ella… me dijo lo orgullosa de mi…- continuó, intentando retener las lágrimas en sus ojos. - Dijo que sabía cuánto amaba a Fuu, cuánto la necesitaba, que me ayudaría a escapar, para que siempre estuviéramos juntos…- hizo una pausa, guardó silencio algunos segundos. - Gurú Clef… ¿Acaso es posible? - el mago lo miró a los ojos, pudo sentir su pena. Ya había tenido tiempo de sacar sus propias conclusiones, después de la charla con su padre. No en vano había decidido preguntar algo por lo que nunca antes se había interesado.
-Hace unos 10 años, ella se ha presentado ante mí, para convencerme de que Céfiro era un mundo mejor si tenía a sus guerreras, para hacerme creer que un amuleto era el que posibilita la conexión entre ambos mundos. Y yo le creí… - el mago volteó hacia la guerrera de Seres, sólo para encontrarse con la sorpresa en sus ojos al oírlo hablar del dichoso medallón. - quería que lo destruya, para que ellas ya no pudieran volver, a lo que me negué rotundamente, porque no quería que esa fuera la forma de tenerte para siempre…- continuó, tomando la mano de la guerrera. Ella le sonrió. - Lo hizo a través de una imagen de Esmeralda…- acabó diciendo, ante la mirada sorprendida del rey, quien obtenía, así, su respuesta. - El mundo de los muertos es un misterio para todos nosotros… es por eso que nunca dudé de aquella aparición. Ahora, sé que no fue más que otra mentira, de esa persona a la que siempre creí nuestra aliada. - El rey volvió a agachar la cabeza, para luego mirar de reojo a su amada reina.
-¿Estás bien, hermano? - preguntó Ascot, por lo bajo, mientras ponía una mano en su hombro.
-Lo siento, Fuu… Tenía que buscar una excusa… Ella me pidió que guardará el secreto...
-Está bien. - la rubia respondió de manera fría y seca. - Los detalles de cómo llegaste no cambien lo que pasó después… y aun así te he perdonado… Lo que más terror me da ahora es saber cómo ella nos ha manipulado todo este tiempo… Ella siempre ha estado muy cerca de Himeko... desde que se conocieron... Eso quiere decir que...- Fuu no se atrevió a continuar. Pero, de pronto, estaba pensando que ese cambio de actitud en su hija tenía mucho que ver con ese extraño ser a la que siempre habían llamado amiga. Umi y Hikaru se echaron una mirada con cierta preocupación. De alguna manera, aquella charla que habían tenido con Himeko justo antes de su desaparición, llegó a su mente.
-Entonces...- interrumpió Ascot, ante el silencio de los presentes. - Mokona realmente vino aquí por sus propios medios, vino buscándola...- continuó, recordando cuando le niña dijo no saber cómo Mokona había llegado a Mundo Místico.
Umi se puso de pie, de repente, como impulsada por un resorte. De repente, todo empezaba a tener sentido.
-Fuu... ¿es que no te das cuenta? Ella está siendo manipulada... ha sido manipulada por esa mujer todo este tiempo... Realmente no te odia, ella ha sembrado toda esa oscuridad en su corazón... Debemos encontrarla... Seguro hay una forma de hacerla reaccionar, de evitar que haga lo que la profecía dice. - los ojos de la guerrera del viento se llenaron de lágrimas, lágrimas que ya no pudo evitar que rodaran por sus mejillas.
-Es que ya no sé... no sé dónde buscar... ya no sé qué más hacer...
-Bueno... Ahora que Clef está aquí... de seguro podremos encontrarla...- dijo Hikaru.
-Seguramente... algo podré hacer...- respondió el mago, aunque bien sabía que no había podido sentir su energía desde que había puesto un pie en Mundo Místico. - Sin embargo... al algo de los que debemos ocuparnos primero. - Se puso de pie. Luego, movió ligeramente su báculo, haciendo aparecer una esfera mágica en el centro de la mesa. En ella podía verse la imagen de otra criatura, de proporciones similares a las que habían enfrentado, causando estragos en las zonas cercanas al mar.
-Eso es...
-En realidad, era tres. No es más que una distracción creada por Lucifer, para poder llevar a cabo su plan. Estoy seguro de que Himeko, en este momento, se encuentra con él. Lo que el pretende es que ella despierte al Leviatán, la bestia legendaria que será la que desencadene el Apocalipsis. Por eso, quiere evitar que la encontremos.
-¿El Leviatán? ¿Qué es eso, Gurú Clef?- preguntó Hikaru, algo confundida.
- El Leviatán...- interrumpió Fuu.- Es una bestia marina mencionada en las escrituras cristianas, la bestia que encarna el caos y a la que sólo Dios puede vencer. Se dice que habita en las profundidades del océano, adonde el ser humano jamás ha podido llegar.
-¿Entienden lo que digo? Aquel gigante esperando cerca de la playa, podría estar custodiando las espaldas de Lucifer, para evitar que lleguemos hasta Himeko.
-Entonces, ¿qué estamos esperando? - Hikaru se puso de pie, con ese entusiasmo que siempre la caracterizaba. - ¡Vayamos por él! Acabemos con las distracciones que nos ha puesto en el camino, encontremos a Himeko, estoy segura de que podremos evitar que cumpla con los deseos de Lucifer.
Los demás se echaron algunas miradas entre sí. Sabían que debían hacerlo. Pero, a la vez, sabían que no sería sencillo. Quizás, estarían en la antesala de la batalla más difícil de sus vidas, una batalla de la que no sabían si saldrían con vida.
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Bueno, este capítulo si me quedo un poco largo, pero quería que Clef acabe por contar está historia completa, desde el comienzo. Si es que acaso ya no recuerdan la versión de Lilith de como logro que Ferio viaje a Mundo Místico para concebir a Himeko, les facilito las cosas. Vayan al capitulo 14 – Cuento de hadas (15 aquí, recuerden que hay un preludio), casi al final. Si, lo se, lo siento. Mi idea para esta historia era actualizar más seguido. Pero el hiatus y la ajetreada vida de una madre de 3, trabajadora y que intenta tener vida social (No mucha, porque me hiperventilo), hace que pasen estas cosas. Pero, a pesar de todo, aquí estoy. Otra cosa. Me pasó con la primer parte de esta historia, por subir los capítulos apenas los escribo, de no saber cómo seguir, de arrepentirme de lo que subo, querer volver atrás a cambiar algunas cosas. Es por eso que con esta segunda parte, me aseguro de tener varios capítulos avanzados antes de subir algo, y de dar 20 reeleidas a toda la historia, como para estar segura de que no voy a querer cambiar nada más, de que lo demás tiene sentido. Y eso también demora un poco más cosas. De hecho, al momento en que estoy escribiendo esta capítulo, apenas estoy publicando el capitulo 10. Así que, si haz llegado hasta aquí, es muy probable que está historia ya tenga un final. (Aunque, seguramente, aún lo estoy releyendo)
