Capitulo XXI

El Amor no es debilidad

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A veces presiento que mi alma está en sombras

Entonces me inclino, te beso y hay luz

Y me salen lindas palabras muy tiernas

Sonrió y me digo: Esto es el amor. (*)

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El día que Lucifer descubrió que el amor que sentía por su padre no le permitiría tener su venganza, fue el día más triste de su vida, también. Fue testigo de cómo él decidió tomar la drástica decisión de arrancar su corazón de su pecho y congelarlo para siempre. Sólo así podría obtener su venganza, acabar con la vida del creador, sin que el amor que sentía por Él se lo impida, sin que el amor lo haga débil. Pero, claro, perder su corazón no sólo le permitía enterrar el amor que sentía por Él. Si, alguna vez la había amado a ella, aquel amor había quedado también enterrado.

Durante años, se había preguntado adonde Lucifer había escondido su corazón. Jamás había querido contarle. No quería arriesgarse a que ella quisiera recuperarlo, para recuperar, así, lo que alguna vez él había sentido. "Está en el lugar más frío e inhóspito de la creación", solía repetir una y otra vez. Por supuesto, ahora lo sabía. Él mismo le había enseñado el camino, en su afán por despertar al Querubín traidor. Pero ¿cómo podría encontrarlo en aquel lugar recubierto de metros y metros de nieve?

No pudo precisar cuánto tiempo estuvo caminando por el gélido e inestable colchón blanco, quizás un par de horas... o días. Hacía miles de años que había perdido la noción del tiempo. También la sensación de hambre o frío. Lo único que sabía era que aquellas montañas blancas, a lo lejos, parecía que seguían siempre en el mismo lugar. ¿Acaso estaba caminando en círculos? Difícil saberlo en un lugar donde cada rincón era exactamente igual, dónde no había absolutamente nada que pudiera usar como referencia. Sus únicas compañeras en esa travesía eran aquellas luces verdes que surcaban el cielo. ¿Por qué siempre estaban allí? ¿Qué no se suponía que las auroras boreales aparecían en el firmamento en un momento determinado del día? Es que, en aquel gélido continente, parecía que el tiempo se detenía, se congelaba, como se congelaba todo lo que allí había.

Cayó se rodillas al piso, las puntas de sus alas negras hicieron contacto con la nieve. Estaba agotada. Pero no era cansancio físico lo que sentía. También había perdido la capacidad de sentirlo. Estaba agotada de luchar por una venganza sin sentido. Si tan sólo Lucifer viera todo lo que tenía, si tan sólo dejara de buscar esa venganza que siempre le había sido esquiva. Si pudiera encontrar ese corazón, si encontrara la forma de volver a colocarlo en su pecho, él recuperaría su capacidad de amar. Y entonces, sólo entonces, quizás, dejara de buscar la venganza. Suspiró. Una lágrima traviesa escapó de sus ojos, rodó por su mejilla e impacto en el suelo, dejando una huella en la nieve. Se sorprendió. Jamás en su vida había llorado. Llorar es debilidad. ¿Por qué se sentía de ese modo?

De repente, sintió como una suave y cálida brisa la envolvió. Levantó la vista, buscando el origen. Aquella calidez se sentía familiar, acogedora. Así como debería sentirse un ser humano en el vientre materno. Pero no había nadie allí, nadie más que ella y aquellas luces en el cielo. Las observó nuevamente. Quizás era su impresión, pero su luz era aún más brillante y se movían a mayor velocidad. Se puso de pie, sin despegar sus ojos de ellas. Observó, atónita, como una de las columnas luminosas parecía abandonar su lugar en el cielo, para acercarse hacia ella. En cuestión de segundos, el extremo de la luz, cual cola de serpiente, tocó el gélido suelo junto a sus pies y, luego, comenzó a moverse hacia el sur, dejando un rastró verdoso en la blanca nieve.

-¿Qué es esto? - se preguntó en voz alta. Volvió a mirar al cielo, como las demás columnas de luz seguían moviéndose, como siempre lo hacían. - ¿Qué es lo que quieres mostrarme? - preguntó, sin despegar sus ojos del cielo. - ¿Es acaso una trampa? ¿Quieres encerrarme en la misma prisión? - volvió a preguntar. Más no obtuvo respuesta alguna. Nunca la tenía. Después de todo, nunca se trataba de obtener respuestas, si no de creer. Ciegamente. Y a ella nunca le había interesado hacerlo. Volvió a mirar al frente, hacia donde la luz se dirigía. Trampa o no, necesitaba saber de qué se trataba.

Caminó un par de kilómetros, guiada por aquella luz, hasta que la vio detenerse en un punto específico, en el que, a simple vista, no había nada. Allí, la luz incrementó su brillo, justo antes de apagarse por completo. Entonces, pudo notar que, en ese sector, la nieve parecía tener luz propia. Una luz que tintineaba constantemente. Sonrió. Volvió a mirar al cielo, para ser testigo de cómo las columnas de luz volvían a intensificar su luz por una fracción se segundo. Rápidamente, empezó a escarbar en la nieve con sus manos. Cuanto más profundo llegaba, más intensa se hacía la luz. Hasta que, finalmente, logró dar con aquello que la producía.

Allí, varios metros por debajo de la nieve, varios metros por debajo de la tierra cubierta por la nieve, estaba enterrado el corazón del hijo predilecto, congelado cual cubo de hielo, pero aun brillando como cuando él era la estrella más resplandeciente del cielo.

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-¿Estas bien? - la voz de la guerrera lo hizo sobresaltarse. Detuvo su paso. Ella hizo lo mismo. Tomó sus manos, lo miró fijo a los ojos. Cómo si hiciera falta una respuesta.

-Lo estaré, descuida...- ella sonrió.

-Amor, no tienes que ser el fuerte siempre... no conmigo. - el mago suspiró.

-Jamás pensé que pudiera llegar a afectarme, después de tantos años. Realmente creí que lo había dejado atrás.

-Es tu padre, aunque te haya causado mucho daño, aunque nunca puedas perdonarlo.

-Umi... Tú... ¿has visto a tus padres?

-He visto a mi madre... Mi padre... falleció hace años...

-Lo siento tanto. - dijo, dándole un abrazo. Luego, se separó de ella para mirarla a los ojos. - ¿Cómo estás con eso?

-También creí que lo había dejado atrás... Pero, me afecto más de lo que hubiera imaginado. - el mago se acercó a ella. Besó sus labios con dulzura. - ¿Estarás bien?

-Mientras te tenga a mi lado, podré soportar lo que sea.

-Siempre estaré a tu lado, eso nunca lo dudes. Sólo recuerda que el amor es la magia más poderosa que existe.

-Lo sé, por eso no hay manera de que perdamos...- ella sonrió. Volvió a besar sus labios, mientras una suave brisa de mar movía delicadamente sus cabellos.

Un fuerte gruñido se sintió de repente. Ambos se separaron, sólo para notar que los demás se les habían adelantado bastante. Estaban solos en la oscuridad de la noche.

-Clef, eso es...

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Para cuando llegaron a la costanera, se encontraron con la batalla ya comenzada. La criatura estaba justo en el lugar en que el mago había dicho. Era el más grande de los tres. Cabeza calva, algunas arrugas en su desfigurado rostro. Umi observó a sus amigos atacar, sin ocasionar el menor daño. La desesperación la invadió. ¿Qué se suponía que debían hacer?

-Descuida. - dijo el mago, a su lado. - No hay nada que no puedas hacer, aun en este mundo. - Umi sonrió. Hizo aparecer su espada mágica y corrió hacia donde sus amigos estaban, luchando.

La observó, en silencio, inmóvil. Había soñado con no tener que verla luchar nunca más, con no volver a sentir ese miedo de perderla.

Abalanzó su espalda, de un salto, logró incrustarla en su pecho para, luego, aterrizar en el suelo, junto a sus pies. El gigante, rápidamente, retiró la espada de su pecho y la lanzó lejos. De un pisotón, intentó aplastarla, más ella fue más rápida y logró esquivarlo. Volvió a repetir la acción.

-¡Rayos rojos! - El rayo sagrado de Lexus impactó en el gigante y logró detenerlo, al menos el tiempo suficiente para que Umi lograra escapar.

Ferio aprovechó el momento para atacarlo con su espada. Había logrado acabar con la vida de su hermano, ¿por qué no podría volver a hacerlo? Corrió hacia él, dando un salto. Pero el gigante fue más rápido, con un manotazo lo interceptó en el aire, y lo lanzó contra el paredón de la costanera. Entonces, unas extrañas ramas comenzaron a rodearlo, inmovilizándolo por completo

-¡Ferio! - Fuu intentó correr hacia él, pero el gigante fue más rápido, colocó su pie delante de ella, evitando, así, que pase. Miró hacia arriba. No tenía tiempo para esas cosas, ya no quería luchar. Sólo quería ver a su hija. Meneó su espada, cortando el pie del gigante, de ese modo, logró que lo retire. Furioso, el gigante intentó golpearla con su puño. La magia de Ascot se lo impidió. Un rayo de luz blanco lo golpeó de lleno, fue suficiente para que Fuu logra escapar. Pero el palu no corrió con la misma suerte.

El gigante agitó sus alas, creando una fuerte ventisca que empujó a Ascot contra un árbol. Así como antes, unas ramas lo rodearon, atándolo al tronco del mismo, impidiendo, así, que se mueva.

-¡Tornado verde! - Fuu logró usar el viento sagrado para "amarrar" su mano, cual si fuera un lazo, sosteniéndolo desde el otro estreno. Pero su fuerza era demasiada. El gigante agitó su mano con fuerza, arrastrando a la guerrera con ella, hasta lograr zafarse de las ataduras, lanzándola así contra el pavimento. Una vez más, tal como había pasado con Ferio y Ascot, unas ramas la rodearon, inmovilizándola.

El gigante palmeó un par de veces. Y la tierra tembló bajo sus pies, haciendo que los demás perdieran el equilibrio. Luego, azotó sus inmensas alas negras, haciendo que el mar se enfurezca. Las olas comenzaron a golpear con fuerza contra la pared de la costanera, amenazantes.

-¡Dragón de agua! - Umi corrió hacia el gigante. No permitiría que usará el mar en su contra. Una ola gigante surgió del mar, atrapándolo.

Hikaru supo que debía aprovechar la oportunidad.

-¡Rayos rojos! - gritó, levantando la mano. Y el gigante se vio atrapado por los rayos de Lexus que provenían del cielo.

El mago observó, sorprendido, como ni siquiera la unión de los poderes de Seres y Lexus, los dioses más poderosos de Céfiro, lograban acabar con aquella bestia. Su magia se extinguió, tras unos minutos, liberándolo con heridas leves. Una vez más, palmeó sus manos y desde la tierra bajo los pies de las guerreras, surgieron aquellas ramas que las inmovilizaron.

El mago dio un paso atrás. Con todos los demás atrapados, el nuevo blanco del gigante era él. Pero él no era un guerrero. Podía tener la magia más poderosa de Céfiro, pero no era guerrero. Su magia era blanca, magia de luz, una magia que no solía usar para luchar, ni para matar, salvo en contadas ocasiones.

El gigante volvió a azotar sus alas, y la ventisca alcanzó al mago. Al mismo tiempo, aquellas ramas que atrapaban a los guerreros, comenzaron a electrocutarlos, dejándolos inconscientes.

-¡No! - gritó. - No importa lo que hagas, ¡No hay forma de que la oscuridad le pueda ganar a la luz! - alzó su báculo el alto. Una poderosa luz blanca salió de él, y se expandió por la ciudad, cual onda que se expande en el agua al caer una gota de lluvia. Aquella luz blanca logró enceguecer al gigante y soltar las ataduras de los guerreros.

Umi cayó al suelo, de rodillas y, entonces, recuperó la conciencia justo a tiempo para ver cómo el mago usaba su poder para detener al gigante.

-¡Clef!- dijo, mientras se ponía de pie. Pero el mago no llegó a oírla. Aquella magia de luz era demasiado poderosa, aun para él. Y ella lo sabía. Consumía, poco a poco, sus energías. Por eso, él no solía luchar.

"Sólo recuerda que el amor es la magia más poderosa que existe." Las palabras del mago retumbaron en su mente. Quizás, sus poderes y todo lo que había aprendido en todos esos años no fueran suficientes para derrotar a esa criatura. Pero existía una magia aún más poderosa, una magia contra la que nadie, ni siquiera la oscuridad misma, tenía posibilidad de ganar. Y esa magia era el amor, el amor verdadero.

Una suave brisa comenzó a surgir de su interior, revolviendo sus largos cabellos celestes. Colocó sus manos al frente y un rayo de luz azulada salió de ellas e impactó contra el gigante, envolviéndolo en un tornado de agua marina.

-Umi...- dijo el mago, sorprendido. Aquel poder era tan diferente a cualquiera que haya usado la guerrera. Ella corrió hacia él. El mago la recibió en sus brazos. Besó sus labios, entonces, la brisa que provenía de su interior los rodeó, adquiriendo un brillo especial, como si miles de estrellas brillaran a medida que circulaba alrededor de ellos.

-No importa lo que pase, si estamos juntos todo es posible. - dijo Umi, apenas separó sus labios de los del mago. Entonces, la energía que los rodeaba tomó más fuerza, convirtiéndose en un rayo de luz blanca y brillante, que salió despedida contra el gigante, acabando con su vida en cuestión de segundos.

La misma luz se extendió por la ciudad, desatando las ataduras de sus amigos, apagando los vientos que la azotaban, calmando las aguas del mar, haciendo cesar los temblores. Durante algunos segundos, el cielo se iluminó como si el alba estuviera al caer.

-Lo lograste. - sonrió el mago.

-Lo hicimos juntos. - susurró ella.

Pero la calma duró poco. Pronto, un alarido de dolor se sintió en toda la ciudad, un grito desolador que hizo que las aves huyeran despavoridas, que los perros de la ciudad se alborotaran, que los frutos caigan de los árboles. El cielo de tornó de un anaranjado intenso. Al mismo tiempo, la Luna adquirió un halo extraño. El aire se volvió frio de repente, como si el invierno hubiera adelantado su visita.

Umi dio un par de pasos al frente, dejando al mago por detrás, para quedar junto a sus amigos. Observaron, con sorpresa, como una persona aparecía frente a ellos. Tenía el aspecto de un ser humano, alto y robusto, de cabellos caoba y ojos marrones. Llevaba su torso desnudo, de su espalda salían unas enormes alas negras, exactamente iguales a las de aquellos gigantes. Todo su cuerpo estaba rodeado por un halo de luz dorada, tan similar a la luz del portal, tan similar a la luz de él.

-Ustedes...- dijo con voz grave...- ¡Ustedes los mataron! - gritó, mientras el halo se hacía más brillante.

El ser celestial desplegó sus inmensas alas negras. Algunas plumas cayeron a su alrededor. Los observó, con tanto rencor en su mirada, que el mago sintió que su piel se estremecía. Ese rencor que había guardado en su corazón, tras miles y miles de años, se había incrementado con la muerte de sus hijos.

Alzó sus manos en alto, ante la mirada de todos. Las estrellas del cielo brillaron con intensidad durante una fracción de segundo. Luego, desde ellas, comenzaron a caer bolas de fuego hacia la tierra, tal como si estuvieran cayendo, como meteoritos. O como misiles que impactaban sobre el cemento. Gurú Clef reaccionó rápidamente, alzó su mano creando un escudo de luz que cubrió a sus discípulos de las "lluvia de estrellas" que caía sobre ellos.

-¡Clef!- la guerrera de Seres volteó a verlo. Él le sonrió. Sabía que el ser que tenían enfrente era un ser superior, quizás el más poderoso que hayan enfrentado alguna vez. Pero confiaba en sus discípulos.

-¡No es momento de flaquear! ¡Yo sé que ustedes pueden con esto y más!

-¡Es cierto! - continuó Hikaru.- ¡Debemos ir por Himeko! ¡Si tantos seres se nos interponen, es claro que vamos por el camino correcto!

Hikaru alzó su mano, convocando al rayo sagrado de Lexus. Los cielos se abrieron dando paso a la furia del dios más poderoso de Céfiro. Pero ¿acaso un dios creado por el hijo pródigo podría superar al poder de los mismísimos hijos del cielo? El rayo impacto contra Shemihaza, pero este ni siquiera se inmutó. Usando ambas manos, lo tomo entre sus manos y lo lanzó contra su creadora. Hikaru se retorció de dolor a verse víctima de la furia de su propio dios protector. Tras algunos segundos, cayó inconsciente al suelo.

Umi y Fuu se miraron. ¿Acaso había algo que pudieran hacer? Si la magia de Hikaru no había podido detenerlo, ellas solos tendrían oportunidad si...

-¡Hagámoslo, Fuu!- dijo Umi, asumiendo que su amiga estaba pensando lo mismo que ella. Fuu afirmó con la cabeza.

-¡Maremoto sagrado! - Umi alzó su mano en alto, entonces, las aguas del mar se alzaron, el mismo tiempo que tomaban un color turquesa intenso.

-¡Tornado sagrado! - le siguió Fuu. El viento que las rodeaba se empezó a arremolinar a su alrededor, tomando un olor verdoso. El viento sagrado de Windom, envolvió las aguas del mar de Seres.

Shemihaza sonrió.

-¿Acaso creen que podrán derrotar a un ser celestial con esa hechicería de cuarta? - Con un simple ademán con su mano, hizo desaparecer la magia de las guerreras.

-¿Ser celestial?

-Es un ángel caído… un querubín expulsado de los confines del "cielo"… Así como Lucifer…- explicó Gurú Clef.

-Tú…- Shemihaza reconoció, en los ojos del mago, el poderío de su dinastía. - Hijo de Lilith…

-¿Qué? - preguntó el mago, con gran sorpresa.

-¡No dejare que intervengas!… - los ojos del ángel brillaron en un tono rojizo. Entonces, el cuerpo del mago se elevó en el aire, con sus piernas juntas y sus brazos en cruz.

-¡Clef!- Umi intentó llegar hasta él, pero, antes de que lo logré, cientos de espinas brotaron del suelo, impidiendo su paso.

-No dejaré que vuelvan a hacerlo…- Shemihaza chasqueó los dedos y los pies del mago comenzaron a prenderse fuego. El mago comenzó a gritar de dolor.

-¡NO! - gritó Umi. Rápidamente, en un intento por salvarlo, alzó su mano y convoco su magia de agua. Más está chocó contra una especie de pared invisible que rodeaba al mago y allí se extinguió. Shemihaza había creado un escudo alrededor del mago para evitar que la guerrera lo salve.

Umi observó, con horror, como el fuego comenzaba a propagarse rápidamente. Imposibilitada de llegar hasta él, y no pudiendo usar su magia, despegó su espada y se lanzó hacia el ángel. Pero antes de que pudiera siquiera acercarse, el desplegó sus alas creando una ventisca que la lanzó, con fuerza, contra un árbol. Inevitablemente, Fuu, Ferio y Ascot corrieron la misma suerte. Al mismo tiempo, el viento avivaba las llamas que atrapaban al mago.

-Podrás acabar con mi vida. - dijo el mago, mientras se retorcía de dolor. - Pero jamás lograrán vencer… ellas encontrarán la forma de derrotarlos…- Shamihaza río.

-Si no pueden conmigo… ¿Acaso creen que podrán con él?

Una vez más, las aguas del mar se alzaron, cual tsunami, arrasando con todo a su paso. Shemihaza volvió a azotar sus alas, al mismo tiempo que alzaba su mano hacia el cielo. Sobre su cabeza, se juntaron cientos de nubes negras, de las cuales un rayo cayó sobre su mano. Estaba concentrando su energía para lanzarlo contra las aguas, cuando una potente luz dorada apareció de la nada, impactando contra su cuerpo. Aquella luz tan fuerte, tan enceguecedora, logró que las nubes se disiparan, que las aguas del mar retrocedan, que el viento cese. Asimismo, apagó con el fuego que consumía al mago. Gurú Clef cayó de rodillas al suelo, adolorido, pero sin un sólo rastro de quemaduras en su piel.

Segundos después, el ángel pereció, desapareciendo su cuerpo por completo.

Apenas vio el camino libre, Umi corrió al lado de su amado. Mientras, Hikaru, recuperando la conciencia, se ponía de pie para observar a la dueña de aquella energía tan particular, de aquella luz que le recordaba tanto a la del portal.

La mujer se acercó, saliendo de las penumbras, permitiendo así que los presentes puedan ver su rostro dulce y angelical.

- Tú nos has salvado…

··٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°• CONTINUARÁ·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•

(*) Fragmento de la canción "Ni el Clavel, Ni la Rosa" de Leonardo Favio.

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Y esta historia está llegando a su fin. Lamento si tengo un poco abandonada la historia de Sailor Moon que estaba subiendo en simultáneo. Realmente creí que podía llevar adelante ambas historias, pero se me complicó un poco. Pero, a decir verdad, supongo que me cuesta demasiado despegarme de esta historia. Haga lo que haga, ¡amo escribir sobre Guerreras Mágicas! Es algo que se me da de manera natural, por eso no dejo de hacerlo, aunque el fandom está un poco abandonado. Ahora sólo tengo en mente acabar con esta historia para, después si, meterme de lleno en la otra. Si han visto Once Upon A Time, probablemente encuentren muchas referencias a esa historia en estos capítulos, ¿ya mencioné que la estoy volviendo a ver después de varios años? Y realmente amo la historia, así que no puedo evitarlo. ¡Hasta me dieron ganas de escribir sobre Emma y Killiam! Pero, no, no empezaré más historias hasta que no termine las que tengo en proceso.