Los Asian film award estaban llamado a mi puerta. Yo estaba nominado a mejor actor, pero sinceramente no estaba muy seguro de acudir.
Viajar hasta Hong Kong me daba mucha pereza, no tenía que elegir traje porque mi agente se había encargado de conseguirme uno de Versace espléndido.
Con un blazer barroco con botonadura sencilla, con toques de satén azulado que me sentaba como un guante. No era el típico traje negro, sino que daba un toque de personalidad sin ser exagerado. Y a mí me gustaba destacar desde la sublime sencillez.
Pero se me hacía tedioso ir cuando ya sabía que el dominio de aquellos premios solía ser siempre para los chinos y los coreanos. De cada 10 películas que ganaban, sólo 1 era japonesa. De cada 10 actores, sólo uno 1 era japonés. No me gustaba ir para ver ganar a otro. Era trabajo extra para fingir en directo que no sentía una rabia descomunal por perder.
La nominación era por mi participación como actor de desarrollo en la película de "La belleza de la primavera", que sonaba muy bonito pero en realidad era un drama romántico histórico en la que yo era un tipo algo tontaina que enamoraba a una chica medio ciega que había sufrido mucho tras el ataque de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
No era una peli mala, un poco cursi, de esas que te hacen llorar de emoción al ver que el amor siempre puede aparecer aunque estés sufriendo por todas esas cosas que no puedes controlar de la vida. Algo así como la expresión de que el dolor era inevitable, pero siempre podías aceptar las pocas pelotas buenas que te lanzaba la vida.
Cuando hacía una película me imaginaba que tipo de personas la verían, nunca imaginé toda la acogida que tuvo aquella película. El 95% de lo que rodaba eran tonterías enormes, pero debía admitir que la belleza de la primavera me había gustado. Había disfrutado sin fin interpretar a aquel joven atolondrado que solo quería recordar los días buenos besando a su amada mientras trabajaba como un burro para sacarla delante de su depresión.
Mi agente me mando los billetes de avión y la dirección del hotel en el que tenía que quedarme. Era el mismo hotel de siempre.
Debido a los partidos y mis compromisos con los Tokio Great Bears, tampoco era como si pudiera pasar los días previos al festival en Hong Kong, así que llegué el mismo día que se celebraba la entrega. Aquello hacía que me perdiera parte de los visionados de las películas que se pasaban para los asistentes. Evidentemente Komi estaba ya allí desde hacía días.
No era raro que la mayoría de actores japoneses acabáramos en el mismo hotel, regentado por una familia japonesa allí asentada.
Ciertamente aunque se intenta disimular para el resto del mundo, en Asia la xenofobia es patente. Y para que mentir, Japón, Corea y China se habían maltratado constantemente en todos los eones de historia que tenían los diferentes estados. Sin ir más lejos Japón había comprado Corea durante el siglo pasado y esclavizado a sus habitantes como si fueran peores que perros sarnosos... No era algo de lo que me sintiera orgulloso como japonés.
Después de instalarme en la habitación bajé al bar del hotel y si, allí estaba Komi tomando algo. Me senté a su lado sin pedir permiso, sabía que le molestaría pero me importó cero.
Él estaba nominado como actor de reparto en una película bélica taiwanesa. Y aunque a él no se lo hubiera aceptado jamás, su actuación había sido sublime. Fui a ver su película el mismo fin de semana que se estrenó y salí anonadado. De hecho el actor de desarrollo trabajaba mal su papel y la película quedaba saltada por las dosis de esfuerzo que Komi Haruki había hecho. Nunca me oiréis decir esto en voz alta. Él siempre acaba siendo mi segundón, pero era por su baja estatura y que mi perfil era más estético.
– Hoy he visto tu película por segunda vez –dijo substituyendo al "hola" clásico–.Es buena y no estás del todo mal.
–He venido obligado por mi agente, no creo que gane a los coreanos guapos– dije y Le hice señas al camarero para que me trajera un scotch–. ¿Has dicho dos veces?
Sinceramente, yo me sentía el segundón siempre aunque me eligieran a mí. En la secundaria alta también había pasado. Jugadores como Kageyama, Hinata, Ushijima… conseguían sus topes por encima de mi cabeza, mejoraban y mejoraban, mientras que yo me sentía estancado.
–Sí, la fui a ver con un amigo cuando salió, él la considera una obra maestra y la ha visto 7 veces.
Su amigo era sabio, 7 veces cuando aún seguía en cines no era un número despreciable. Esperaba que no la hubiera descargado ilegalmente.
El camarero me entregó mi copa. Tenía los rasgos chinos clásicos, bajo pero robusto, ojos oscuros, mirada tosca, era muy atractivo. Me percaté de que Komi lo miraba con interés, estaba claro que se sentía atraído hacia él. Cuando conocí a Komi él salía con una chica, pero se había comido con los ojos a aquel chico. Quizá teníamos más cosas en común de lo que pensaba. Aunque a mí Komi me daba más la vibración de bandera pansexual, si podía acostarse con ella/el/eso le gustaba.
–Tu amigo y tu tenéis buen gusto entonces – me reí entre dientes pero entonces pensé en tonterías... ¿Quizá Komi salía con Bokuto? Estaba sobrepensado, sí, eso estaba claro, pero me sentí muy celoso. Era más que probable que aquellos dos no se hubieran hablado en años, pero allí estaba aquella sensación tan desagradable. Me apetecía morderle, sacar algún comentario mordaz y herirle. Odiaba cuando mis emociones me desbordaban.
–Aunque los coreanos se suelen llevar todos los premios recientemente, recuerda que Amor Desesperado se llevó un SBS drama awards en su primera temporada – me recordó que la primera temporada de la serie que rodábamos era buena y que simplemente se había podrido en la segunda temporada porque no había mucho más hilo que sacar–. Yo creo que puedo ganar, porque no tengo el autoestima roto como tú.
Ya estaba otra vez tratando de picarme y metiéndose conmigo. Pues no iba a hacer efecto. Ya estaba demasiado nervioso por mi sobrecalentamiento cerebral, tenía demasiadas ganas de herirle como para caer en la trampa.
Me tomé la copa de golpe, dejé el vaso sobre la mesa y me largué sin más a mi habitación. Gracias Komi por invitarme.
Mi plan de conseguir una cita 10 para la boda de los Ushi-Hara seguía en pie, así que aquella noche era el momento para arrastrar alguna actriz como a Ju Jingyi o Zhao Liying como pareja. Las actrices chinas solían tener rasgos menos redondos que las japonesas, así como las coreanas tenían un estilo más elegante. Ciertamente me apetecía ser transgresor, así que ¿Por qué no buscar alguien más exótico?
Pero si alguna me gustaba era la debutante Zhang Xueying. De aspecto delicado, parecía de esas chicas que siempre sacaban 10 en el colegio, perfeccionista y de look frágil, pero tenaces y fuertes con miradas profundas y aspecto casi imperial.
Sentado ya en mi butaca intenté estar atento, pero las galas de premios suelen ser aburridas. Alguna que otra actuación era interesante, pero no nos vayamos a mentir. Yo estaba allí porque mi ego quería ganar. En los Nippon Akademi-sho mis trabajos recogían premios siempre, el pez grande en el estanque pequeño. Pero allí yo era un pez normal y corriente en el océano.
En cualquier caso era mi día de suerte y es que el premio a mejor actor de desarrollo lo entregaba la hermosa Zhang Xueying.
Y allí estaba la secuencia en pantalla de caras de póker que poníamos los nominados.
Xueying sonrió y abanico a la sala con un pestañeo antes de abrir la boca. Si hubiera sido heterosexual habría sido la madre de mis hijos perfectos, con rostros perfectos. Hablarían chino, japonés e inglés y los educaríamos para que fueran estrellas de cualquier cosa que quisieran hacer.
–Tooru Oikawa –leyó mi nombre con voz cantarina desde la tarjeta y me sorprendió. Ni siquiera recuerdo si sonrió o me miró con asco.
¿Había ganado yo a Lee Jong-suk? Él era un mito desde su debut con 14 años, y me adelantaba en madurez y popularidad dentro de las féminas, es que mi trayectoria había sido mucho más corta, mi formación no era ni de lejos tan completa como la suya. Me sentía pletórico, pero tampoco creía que me lo mereciera del todo. Aquel síndrome del impostor me maltrataría más tarde.
Me levante despacio, tratando de que no se apreciara mi exagerado optimismo. No había preparado discurso así que me dejé llevar.
-Gracias, especialmente a Xueying por decir mi nombre - empecé y añadí a mi agente y un poco más de cliché felicitando al set de grabación. Estaba feliz y no fue ningún problema invitar a Xueying a desayunar al día siguiente conmigo sin problemas ¿Estaba mal que un hombre gay invitara a una chica guapa a salir? Pues sí, pero la moralidad no estaba dentro de mi plan.
Fase dos de la venganza contra Bokuto Kotaro: En marcha.
