Tras desayunar con la belleza china, volví a Tokio. Habíamos intercambiado teléfonos y estaba seguro que volveríamos a hablar.

De hecho, habíamos hablado de un proyecto que podía ser prometedor.

Mi agente me había informado sobre un casting en próximas semanas para una película de comedia romántica que se rodaría el próximo verano. La película aún no había decidido varios de los papeles femeninos y es que la trama, ahondaba en una pareja que se separaban antes de entrar en el mítico programa japonés de "amor sobre ruedas: caravana hacia el amor" que en los años 90 unió a muchas parejas japonesas.

La película no seguía un concepto de reality show, pero si aparecían varias escenas recreadas del reality.

Personalmente me gustaba aquel proyecto.

Xueying conocía el programa por la edición que hicieron en Netflix hacía pocos años y le parecía una historia curiosa para interpretar.

La única cosa mala que tenía aquella película era su director. Miya Atsumu era un director independiente, con una visión prometedora y realista, pero también era un dolor de huevos intenso. Bisexual fuera del armario, al que tras echarle del panorama nipón le habían tenido que volver a aceptar porque era demasiado bueno como para excluirlo. Quisquilloso, exigente, mentiroso y guapo. Por aquel motivo yo aún no me había animado a participar en el casting, pero tal y como se habían puesto las cosas, era algo que podía permitirme hacer.

Además, el mismo director me había reclamado para un papel del reparto. A mí me jodía la vida no ser protagonista, pero podía sobrevivir a ello, supongo.

Cuando llegué a casa coloqué mi estatuilla en la vitrina donde tenía las otras. Era mi primer premio del asían film. Junto a todos los otros, se veía más grande, más brillante.

Pero yo seguía sintiéndome un fraude ¿Realmente me lo habían dado a mí? Había sido un papel fácil de interpretar.

Saqué una tarrina de helado y una cuchara y me senté frente a la vitrina a mirar los trofeos mientras comía.

Eran una muestra real de que yo hacía algo que aquella sociedad apreciaba pero... Era el yo falso, el yo heterosexual, encantador con las damas y que creía que podía hacer cualquier cosa. Aquella fachada que solo se veía en apariencia.

—Mira Scully, papá se hace un tipo cada vez más grande y está muerto de miedo — Le hablé a mi gata. Esta salto desde la estantería al suelo y maulló como si me echara la bronca.

Aquella gata había vivido demasiado en la calle como para comprender que yo fuera un poquito cobarde. Se las había arreglado engañando a todo un grupo de inquilinos de pisos para conseguir mucha comida y amor.

—Tienes razón, no puedo arrugarme ante los retos—me gustaba hablar con Scully porque sus réplicas siempre acaban siendo cariñosas.

La gata se restregó contra mi lomo ronroneando. Quería hacer la peli de Miya, pero quería ser protagonista y no actor de reparto.

Mi teléfono móvil sonó. Era un mensaje de Komi en el que se veía un artículo periodístico en el que salíamos él y yo como la sorpresa de los Asian film Awards. Evidentemente iba acompañado de un mensaje mordaz, "Ve a terapia de una vez con ese autoestima de mierda, Tonto del culo". Sí, me ayudaba mucho que me llames tonto del culo Komi-san. Él era así, era su forma de ser amigable. Después de tanto tiempo empezaba a darme cuenta de aquello.

Seguí mirando mis trofeos un poco más. Mi premio a la popularidad masculina de Fuji TV. El premio al actor más aclamado de la NHK. Los últimos 3 de mejor actor por Nippon Academy'sho. Mi primer Asían award.

No era un mal actor. No podía serlo.

Amai me lo había dicho, ella había intentado seguir mi misma trayectoria, pero actuar no era tan fácil y que la dejaba demasiado cansada. Por eso se había centrado en modelar y presentar programas de televisión. Pensé en ir a contarle directamente mi éxito, éramos vecinos después de todo.

Me duché, me cambie y salí decidió a explicárselo. Nunca había estado en su ático, pero estaba dos manzanas de mi piso.

El portero me abrió la puerta y me dejó pasar tras preguntarme quién era y repasar una lista. Quizá en aquel lugar restringían las visitas en función de quién entrase.

Si mi piso era lujoso, aquel edificio lo superaba con creces.

Llamé al timbre y una mujer menuda con traje de asistenta abrió la puerta. Me acompañó al comedor y me pidió que me sentara. El sofá era de terciopelo verde a juego con los suelos de mármol negro y dorado. Una fotografía de tamaño real de Amai desnuda de espaldas estaba encima de un televisor gigante. La luz del sol entraba por los ventanales y se reflejaba en dos espejos que marcaban la zona.

Me senté en el diván verde y esperé. Sabía que los padres de Nakahara tenían más dinero de que podía imaginarme en una sola habitación, pero no dejaba de abrumarme. Le habían regalado todo aquello simplemente por haber acabado la carrera universitaria...

Yo hacía dinero, pero no a aquel nivel. Y seguramente ella tampoco hacía dinero a aquel nivel. Sin sus padres ella y yo hubiéramos estado equiparados.

—Es la semana de la moda de Nueva York — La voz de Ushijima me importunó en mis pensamientos—. Amai está allí, y dudo que hayas venido a verme a mí.

Tan directo como siempre. Suspiré, no tenía ni idea de aquellas cosas.

—Solo venía a explicarle que he ganado el asían award por la belleza de la primavera — desvié la mirada, me sentía decepcionado de no encontrarla.

—Bueno, parece que al fin te tomas en serio algo de lo que haces — Dijo mientras se sentaba en el sofá.

Ahh Ushiwaka y a ti que mierdas te importa que haga yo, además no es como si yo decidiera que me dieran un premio. Komi era desagradable, pero me molestaba menos porque al menos me conocía un poquito.

—Eres profundamente grosero — me quejé. Nunca nos habíamos sentado los dos solos a hablar. Cuando algo salía por su boca era irritante, hasta el punto de querer pegarle— ¿Por qué tienes que decir cosas tan desagradables siempre? ¡Que más te da!

Me miró como extrañado. Genuinamente él no se daba cuenta de lo imbécil que podía llegar a ser lo cual era aún más molesto.

Me levante dispuesto a irme. Claro que después de ver aquel comedor quería ver la terraza, el baño de oro y hasta las habitaciones de aquel pedazo de ático pero mi ego me obligaba a salir de allí.

—Lo siento, pero ¿Qué hay de grosero en decirle a alguien que admiro lo que pienso? — lo preguntó como si nada y me quedé bloqueado. Realmente era tonto, me apetencia pegarle en toda la estúpida cara de anormal—. Eres una persona con talento.

¿Me admiraba? No pude evitar mirarle mal. Era un tipo tóxico, me había subido a aquella silla y nadie me iba a hacer bajar.

—No puedes admirar a alguien y decirle constantemente que hace las cosas mal, es absurdo —. Ladeó la cabeza y dibujó una sonrisa estúpida en la cara. Me caía mal. Demasiado mal como para comprender que veía Nakahara en él porque no me parecía ni medio guapo. Tenía cara de mono— ¿También le dices a Amai que lo hace todo mal?

El negó con la cabeza.

—No se trata de que lo hagas todo mal—.Hizo una pausa Reflexiva—. Tus elecciones son siempre apuntando al perfil bajo, Amai nunca hace eso, más bien al contrario, a veces se pasa de optimista y entonces me da un poco de pena.

Si, era cierto. Nakahara Amai apuntaba siempre al punto más alto y desde allí se adaptaba al rango que pudiera aceptar, costándole aceptar un no por respuesta. En cierto modo Ushijima también hacia aquello, pero para él era fácil. Sus objetivos estaban siempre en ese rango aceptable. Su padre adoptivo fue a Shiratorizawa, potencia del vóley, ser profesional en el vóley y vivir del deporte, una pareja heterosexual exitosa... No eran cosas que le costara conseguir.

—Pero ¿Que te hace pensar que tus parámetros de perfil bajo son los mismos que los míos? — Ni siquiera tenía claro porque seguía con aquella discusión de mierda—¿Por qué tiene que ser más importante para mí ir a Shiratorizawa que jugar con mis amigos al vóley en el Seijo? O ¿Trabajar a nivel mundial o quedarme en Japón? O ¿Salir con una tía exitosa y atractiva o con el hombre al que ame?

Era tan imbécil que hasta decía cosas que no quería decir. Como que en algún momento de mi existencia amaría a un hombre que me amase a mí y sería mi prioridad. Me puse rojo como el punto de la bandera japonesa, todo y no sentirme para nada patriótico.

—¿Dejarías de querer a Amai si ella dejara de querer ser la mejor en todo? — intenté desviar la atención de mí, sentía que me exponía demasiado delante de Ushiwaka...

—Probablemente no, pero me sentiría decepcionado porque me gusta que sea tan competitiva.

—Pues ahí tienes tu problema —me incomodaba que no se diera cuenta de nada, era como si las cosas solo pudieran ser blancas o negras—. Es posible que yo tenga miedos y creencias limitantes, pero valoro todo aquello que tengo como si fuera lo mejor y no como si fueran opciones de perfil bajo.

Estaba enfadado. A mi Nakahara me molestaba que existiera porque era competitiva y estaba loca, pero me molestaba más pensar que amara a un tipo tan egocéntrico y cretino.

Me fui directamente hacia la puerta, ya vería el ático de lujo en otro momento. Y volví a comer helado mirando mis trofeos. Sully era mejor compañía que Ushijima, hasta un tejón con olor a basura podía serlo.

NA: Yo a Ushijima no sé escribirle. Es porque es autista, pero es un TEA que no entiendo. He vivido y trabajado con TEAs desde casi que nací, pero eran TEAs con altas capacidades y con masking por 1.000 que solo hablábamos en "robot" cuando no habían neurotipicos. Así que sorry si está mal escrito.