Cuando llegué a casa dejé el guión sobre la mesa del comedor. Ya lo leería más tarde. Me dejé caer en el sofá, y miré al techo. Se sentía feliz, no sabía si aquello tenía sentido o no, pero me sentía de aquel modo. Scully saltó sobre mi pecho y se hizo un huequito para tumbarse.

–Viejita, ya no me siento tan mal conmigo mismo – la gata se acurrucó aún más.

En aquel momento mi teléfono móvil vibro en mi bolsillo.

Lo saqué, un número que desconocía que era Miya acababa de mandarme un mensaje de texto larguísimo que justo cuando fui a abrirlo lo borró. Desde fuera de la aplicación tan sólo había podido leer su nombre y que pedía disculpas.

Un nuevo mensaje volvió a aparecer.

"Soy Miya, ¿quieres quedar de forma no laboral?"

Tenía la intención de escribirle que no, cuando llegó otro mensaje.

"He sido un poco imbécil, no te arrepentirás de decir que sí".

Dejé caer el teléfono sobre mi pecho y lo dejé en visto un rato.

–Qué piensas mi princesa, ¿Le damos una oportunidad? – Scully me miro y maulló como con un quejido. Una parte de mi quería intentarlo, pero me sentía algo inquieto. Podía seguir en visto un poquito más.

Era curioso, pero ya no sentía tan necesaria la venganza contra Bokuto, ya no me hacía falta Xueying, ni tenía que ser inmoral y pedirle salir a una mujer engañándola...

Tener delante a alguien que se sentía bien en su propia piel me hacía sentir que podía ser yo mismo otra vez. No era necesario salir del armario públicamente todavía, pero mucho de mi miedo se había transformado en coraje.

Miré el móvil de nuevo y releí sus mensajes. El que no se arrepentirá sería él, estaba claro.

Me levanté y empecé a leer el guión.

La historia trataba de un tipo al que su novia le dejaba antes de la boda y él decidía entrar al programa de Ainori love wangon para encontrar el amor. Era un papel simplón, casi triste, porque a pesar de que muchas chicas que interesaban por él, él era incapaz de aceptar a ninguna. El final me parecía flojo, ya que él volvía a casa y la chica le pedía que volvieran juntos después de que se hiciera famoso por el programa y ver que tantas mujeres se interesaban en él.

El secundario que Miya quería para mí, era apenas un cameo de un tipo que se iba con una de las chicas al principio.

"Si trabajamos juntos, quiero el papel de actor de desarrollo, pero tenemos que hablar de la parte económica". Le contesté a Miya.

Él me contestó con varios emoticonos de llanto. No entendía estas confianzas... Bueno, en parte si porque habíamos follado, pero en parte no porque no nos conocíamos una mierda.

"Déjame pensar lo de vernos extra laboralmente, no es fácil para mi decidirlo".

Le añadí. Cabía decir que el tío era un poco tonto y esa era una característica que me gustaba en los hombres.

Al día siguiente volví a Sendai, quería hablar con mi madre. Ella siempre me había apoyado decidiera lo que decidiera. Había insistido a mi padre para pagar la universidad en Tokio, a pesar de que podía haber accedido a cualquier otra. Cuando me había iniciado en el mundo del modelaje y la actuación, me había apoyado al máximo, y era de las madres que no se habían perdido ni un solo partido de vóley en la escuela media hasta que yo le pedí que dejara de asistir.

Yo aún no me sentía listo para ser como Miya y decirle al mundo que me gustaba los hombres, pero si sería algo que haría algún día. Quizá dentro de unos años, quizá dentro de 15 pero estaba claro que yo quería vivir según mis propias normas y no la de los demás. Me llevaría tiempo, casi con toda seguridad, pero mi madre se merecía saber aquellas cosas.

Cuando llegué a casa de mi madre, era cerca del mediodía. Ella estaba sentada en el comedor viendo la televisión y recordando noticias del periódico para mi álbum de recortes.

Ya me había felicitado por el asían award por teléfono, pero no nos habíamos visto. Dejé que me abrazara y besara como si llevara años sin verme y agradecí tener una familia tan abnegada. A veces me preguntaba si haber sido un niño tan mimado no era lo que me había hecho tan inseguro. La sobreprotección acaba por ser dolorosa.

Nos sentamos alrededor de la mesa del comedor.

–Mami, tengo que contarte un secreto importante – ella me miró con la curiosidad habitual que ponía siempre que le contaba cualquier cosa–. No os lo he dicho nunca por miedo y quizá porque sé que no os gustará pero no me gustan las chicas y probablemente nunca me case como habías imaginado.

El recorte del rumor de Amai y yo como pareja estaba ya pegado en el álbum de recortes. Ella lo miró de reojo.

–Yo ya me lo imaginaba Tooru-Chan, me acuerdo de aquel amigo que trajiste hace años desde la universidad, para ti era especial– sonrió con dulzura. Las madres lo saben todo supongo y después de todo Bokuto y yo fuimos muy descuidados por aquel entonces–. ¿Lo sabe alguien más?

Negué con la cabeza. Lo sabían mis amigos claro y Amai seguro lo sospechaba, siempre era avispada con las minucias que la gente ocultaba.

–No, solo algunos amigos pero por el momento no va a ser nada que quiera que sea de dominio público – baje la cabeza. No era que debiera una explicación. Nadie va a sus padres y les confiesa que es heterosexual, pero para mí era importante decírselo–. Solo quería contártelo, quizá tarde un poco más en decírselo a papá.

–Me da miedo que no logres ser feliz por tomar esta decisión – dijo con una mueca seria. Entendía a qué se refería, pero tampoco tenía alternativa. No era como si pudiera decir "Eh, Nakahara cásate conmigo en vez de Ushijima y tengamos 5.000 hijos puramente japoneses y guapos que criaremos con el dinero de tus padres" o algo por el estilo.

–Tampoco iba a ser feliz de otro modo mamá, solo me queda intentarlo de este – dije sintiéndome un poquito orgulloso de mi mismo. Y me daba igual si alguien pensaba que yo seguía tomando decisiones de perfil bajo. Era mi camino para ser feliz, no el de los demás.

Como madre debía sentirse frustrada. Sólo había tenido dos hijos. Su hija había sido madre adolescente con un tipo que le doblaba la edad y apenas había aceptado hacerse cargo económicamente. Y luego estaba yo, famoso y gay. Seguramente sentía que su vida ordenada de japonesa ordinaria se iba a la mierda escándalo tras escándalo.

Sí, seguramente se imaginaba lo que dirían las vecinas cotillas. "La señora Oikawa ha criado a sus hijos muy mal, siempre protegiéndose y dándoles todo que querían" o "Esos niños mal nacidos, su madre debe ser horrible y no haberlos querido para que le den tantos disgustos". Me molestó pensarlo, ella había sido una madre excepcional siempre y seguía siéndolo. Inculcándome esa cultura del miedo claro, pero era humana, no podía ser perfecta.

Y bueno, mi padre podía ser un poco más dramático sea dicho, al tipo que preñó a Megumi lo amenazó con denunciarle por violación a pesar de que mi hermana negase que algo así hubiera ocurrido.

–Está bien – me agarró la mano. Hasta que llegó Takeru yo siempre había sido su niño mimado. Seguía siéndolo de algún modo.

Comí con ella y fui a buscar a Hajime al trabajo. Ya que estaba allí, quería aprovechar el día.

Le acompañé en las tareas del trabajo. Me gustó ayudarle a enseñar a aquellos niños lo importante que era un acomodador y como, aunque no fuera el que marcará más puntos, sin él nadie los marcaría fácilmente. Era agradable que aquellas personas pequeñas sólo me hablasen, sin pensar en quien era.

Después de aquello Iwa y yo fuimos a cenar a su casa. Tenía alquilado un piso pequeñísimo, donde apenas cambiamos los dos. Era humilde, pero me parecía más agradable que el piso de Amai o incluso el mío. En cierto modo es hipócrita que diga eso, después de todo, no se lo cambiaría.

–Y ahora Miya-creído-san quiere que quedemos extra laboralmente, mira – Le explique a Hajime lo que había pasado enseñándole los mensajes del director de cine, y como me sentía de bien después de todo.

Él asintió y miró por unos segundos mi móvil leyendo los mensajes.

No sé qué diablos pasó, pero en un microsegundo me quitó el teléfono de las manos. Yo traté de recuperarlo, pero me zafó con facilidad haciéndome chocar contra el respaldo de su silla. Estaba acostumbrado a moverse en aquel espacio tan pequeño con mucha habilidad.

–¡Iwaa! Que mi cuerpo es importante para mi trabajo – me quejé por el golpe. Intenté robarle mi móvil sin éxito. Finalmente se giró y me devolvió el teléfono. Le miré irritado, había estado escribiendo así que investigué el qué.

"Está noche llegaré tarde a casa, pero puedes pasarte a tomar algo" enviado a la conversación Miya-creído-san. Había incluido mi dirección. Quería matarle, pero solo un poquito. Una parte de mi tan solo estaba evitando aquello para aclarar mi mente, pero... ¿Que tenía que aclarar realmente? Bokuto no era real, todo lo que fuera amor, odio, rabia, cariño, añoranza o siquiera miedo, había quedado muy atrás en el tiempo. Lo que yo arrastrara tan sólo era fruto de mi imaginación.

–¿¡Pero por qué haces eso!? – Le grité. Aquello era una red flag Iwa-chan, no se mandan mensajes con el móvil de otros. Fui a borrar el mensaje, pero ya era tarde.

Miya había contestado que venía.

–Llevas ocho años llorando – dijo serio – deja de ser tan cagón de mierda ya.

No borré el mensaje. Me senté en la silla confundido. No me parecía bien lo que había hecho, pero en cierto modo debía darle la razón. Lo que había pasado con Miya podía no ser nada, pero me gustaba. Miya Atsumu me gustaba.

–Pero me tendría que ir ya...

–No te vas, te echo tonto-Kawa – me acercó mis zapatos.

Me sentía afortunado de haberle conocido en aquella existencia, era rudo, estúpido y muy imbécil cuando quería, pero cuidaba de mí desde el primer día.

NA: Objetivamente reeleí los primeros capitulos, ahora que en realidad tengo escitos como 25 y dios ¿siempre soy tan sloopy escribiendo? Puede ser, pero lo siento si eso a alguien le molesta o mememememe es que antes si escribía para que la gente disfrutara de lo que escribo, pero creo que cada vez es más un acto egocentrico de disfrute personal. Hacerse viejo es maravilloso. So sorrry si la ficción es mala, pero yo la disfruto.