Salí corriendo a coger el tren bala. Tenía tres puñeteras horas hasta casa. Eran las 8 pm y Hajime le había dicho que llegaría sobre las 23 horas.
Me sentía ridículo, corriendo para llegar a una cita que ni siquiera yo mismo había decidido. Aun así sentía que quería hacerlo, quería ver otra vez la cara de Miya Atsumu y quien sabe, quizá decidir si quería verle de nuevo otra vez mañana.
No se trataba de salir con alguien, era más el ir día a día y ver como salían las cosas.
Llegué a casa y él estaba en la puerta.
Saludé con la mano y él se acercó rápidamente. Llevaba una bolsa de plástico en la mano e intentó besarme.
Me aparté esquivándole y sujetándole para que no se cayera al suelo. Me reí asumiendo que había herido un poquito su ego.
—Vamos arriba apasionado de la vida — Le dije abriendo la puerta. En parte yo lo entendía, también me moriría por besarme de ser él—. Dime la verdad, ¿tan solo me ofrecía te ese papel para conocerme?
Estábamos esperando al ascensor. El portero de mi edificio se marchaba a las seis de la tarde, no había nadie en aquel espacio. Podría haberle besado si lo pensaba, pero prefería que no.
—No, bueno, tal vez — aclaró. Entramos en el ascensor—. Nos habríamos conocido igual tarde o temprano, pero a mí me gusta hacer que las cosas pasen.
Puso voz interesante. El actor era yo, pero él no dejaba de sobreactuar. Estaba claro que verme en persona no le había decepcionado. Y sí efectivamente había sido algo planeado y buscado.
—Yo pensaba que eras un tío adulto ¿por qué actúas como un niño universitario? — dije mirando que en la bolsa llevaba una botella de Tequila de calidad media.
Abrí la puerta de casa y le dejé pasar, antes de acercarme a mi mueble bar y sacar mi tequila de importación. No sabía si tenía limones pero saqué los vasos de chupitos. Y lo dejé todo encima de la mesa.
—Pensaba que eras un tío adulto ¿Por qué sacas un tequila caro para fardar? — imitó mi voz haciéndome reír.
Estaba claro que era un tipo cool. También era un poco llorón y aquello me gustaba.
Fui a la cocina, tomé la sal y el único limón que quedaba en el frutero junto con un cuchillo para cortarlo.
Al llegar al comedor le vi mirando por el ventanal. Atenué la luz del comedor con el regulador de esta, dando un ambiente más cálido y le pedí a Alexa que pudiera música suave.
Él se giró para mirarme.
— ¿Te apetece jugar, Miya-san? —Le pregunté señalándole la mesa.
Ladeó una mueca parecida a una sonrisa burlona. Se acercó a mí, pero con prudencia o acabaríamos en la cama antes del juego. Ambos lo sabíamos después de lo que había pasado en su estudio de Yokohama. Teníamos aquella tensión sexual que no se resolvía con dos revolcones contados.
— ¿Cuáles son las reglas del juego? — pregunto sentándose en la mesa y jugueteando con uno de los vasos.
— Podemos preguntar cualquier cosa, y el que no quiera contestar bebe — había jugado aquello alguna vez con Komi cuando íbamos a la universidad—. Pero piensa bien la pregunta, porque cada pregunta que se haga la tenemos que contestar los dos...
—O beber en su defecto — contestó confirmando que había entendido a la perfección el juego.
No sé Miya-creído-San si ya empezabas pensando en preguntar cosas que luego me eludirías...
Empezamos con preguntas tontas. Comida favorita, color favorito, cuando fue tu primer beso, que película de Hollywood era tu favorita... Continuamos preguntado experiencias sexuales, cuantos amantes habíamos tenido, personalmente bebimos más que contestábamos poco a poco que más ahondábamos en asuntos personales.
— ¿Estás buscando o estás en una relación formal? —preguntó el de golpe y yo me atraganté con mi propia saliva al oírle ¿Qué clase de pregunta era aquella?
—No, por favor —empecé a reír. Él se sirvió un chupito de tequila, realizó su ritual de sal y limón para bebérselo—. Personalmente lo pasé muy mal en la última posible relación que tuve y no me siento listo para algo así de nuevo ni todo lo que supondría.
No sabía si él tenía una relación o buscaba una relación, pero aquello tampoco quería decir que la buscara conmigo después de todo ¿no? No era que me importara demasiado, pero tampoco quería herir a nadie.
—Entiendo, te da miedo que te hagan daño otra vez — dijo aquello con un tono burlón. Tampoco era extraño, pero me sentó regular, en parte porque tenía razón. Era ridículo tener tanto miedo de que me volviera a doler que me rompieran el corazón si ya sabía que se podía sobrevivir.
—No, me da miedo salir del armario y perder mi estatus — pensar en vivir en un piso minúsculo, buscar desesperado trabajo como físico para pagar facturas, no sentirme adorado allí donde fuera. Era duro pensar en una vida así. Desvié la mirada unos segundos y él aprovechó para acercarse más. Sus labios rozaron los míos, su aliento apestaba a tequila pero el mío debía estar igual.
—Al principio cuando sales del armario hay mucha gente que se aleja, pierdes contratos y piensas "la he cagado" — dijo aquello con cierta melancolía—. Pero sobrevives y buscas otra forma de hacer las cosas, en Tailandia siempre hay hueco para la comunidad LGTBI y en Estados unidos y Europa.
Estaba tan cerca que casi parecía que quisiera provocarme para que saliera de mi zona de confort. Me eché para atrás.
—Pero no es justo, yo quiero vivir en mi casa, cerca de mis amigos y familia — él se acercó de nuevo y me volvió a besar.
Pasé mis dedos por su pelo y me entregué metiendo la lengua en su boca. Mi percepción sensorial estaba dañada por la cantidad de alcohol, pero tenerlo cerca me encendía. Me levanté y lo traje contra mi cuerpo. Me gustaba el calor que él desprendía.
—Me sorprende, eres muy tierno, Toruu — dijo y de no haber estado borracho, deseándole y pegado a su cuerpo, quizá le habría replicado que yo no le había dado permiso para llamarme por mi nombre— Ayer cuando viniste a mi estudio ¿Cuánto tiempo hacia que querías conocerme?
No iba a beber por eso. Le contesté claro 10 días o menos. Se sonrojó.
—Hacía más de dos años que quería que vinieras a mi estudio, pero tu caché subía y subía y eh, yo soy un director independiente —el que empezó a reírse era él—. Yo ya sabía que eras homosexual y en realidad tenemos más en común de lo que crees.
—Ah, que listo con tu radar gay, ahora se ve que es un secreto a voces ¿o qué? — volví a besarle. Quería que se callara, me molestaba que me gustara tanto que me halagara. No estaba listo para una realidad de un tipo guapo tan interesado en mí.
Él negó con la cabeza y me volvió a besar, me agarró por la camiseta y acercó al sofá.
Esta vez le dejé hacer. Me quito la ropa y me obligó a tumbarme. Me apetencia ser su juguete por una noche.
Noté la piel del sofá contra mi cuerpo. Estaba frío. Los labios de Miya-creído-San empezaron a bajar por mi cuello, sus besos eran suaves, lentos y largos a la par que su lengua recorría mi piel. Su boca llegó a mi abdomen y no pude evitar empujar mis caderas hacia él. Mi pene erecto rozó su cara.
Él bajo la cabeza y lamió el glande de forma superficial. Yo deseaba que se lo pusiera en la boca de una vez por todas pero paró de golpe.
—Me vas a perdonar, pero este tequila importado no me ha sentado demasiado bien —dijo reprimiendo una arcada. Bueno, al menos era el tequila y no yo. Le señalé el pasillo por el que se llegaba al baño.
Aquello era cómico, pero aquellas cosas pasaban fácilmente cuando no bebías demasiado habitualmente. Yo era más de whisky escocés, él de Coca-Cola supongo.
Me puse los pantalones y le seguí hasta el baño.
—No sueles beber demasiado — afirme.
Estaba abocado en el W.C. sacando todo lo que tenía en el estómago. La imagen más sexy de la vida. Empecé a reírme como un tonto, no sabía si por lo que había bebido yo o por que aquella situación me parecía muy cómica.
— No demasiado, pero no esperaba que me pasase esto — dijo al levantar la cabeza y empezó a reírse también un poco antes de volver a vomitar.
Cuando finalmente pareció parar, le pedí que se quedara allí a dormir conmigo. Dormimos juntos pero el sexo brilló por su ausencia. A diferencia de mi anterior y lejana relación no había ninguna almohada que nos separase, y me pregunté si tal vez, solo tal vez, aquello no podía ser el inicio de algo más que sólo sexo esporádico.
