Me desperté a media noche con Bokuto pegado a mí y muerto de frío.
Saqué una manta del armario y nos tapé a ambos. Quizá hubiera sido más correcto irme a mi habitación, pero no quería que se despertara y que pensara que todo había sido un sueño.
Teníamos que hablar. Matsukawa lo había dicho ¿no? La comunicación era la clave, no sólo para las relaciones románticas, para todo tipo de relaciones. Bueno, no había dicho aquello pero exactamente, pero yo lo entendí así.
Miré a Bokuto dormido, que tras sentir el calor de la manta se empezó a mover.
Miré mi teléfono. Tenía una llamada de Miya ¿También tenía que explicarle a él lo que había pasado? Ni siquiera teníamos una etiqueta, no habíamos dicho que nuestra... ¿Nuestra qué? No éramos exclusivos que yo supiera pero... Quizá tenía a alguien en todos sus destinos. Quizá sólo estuviera yo.
A duras penas logré quedarme dormido. Me sentía tan inquieto ante tanta incertidumbre ante las decisiones que yo mismo quería tomar.
Me levanté pronto y desperté a Bokuto.
El itinerario de boda indicaba un desayuno y diferentes talleres hasta las 12 de la mañana, desde ikebana, bailes clásicos, voleibol en la orilla del río, a saber qué más porque ahí había más invitados que en jugadores en los nacionales…
Me duché en mi cuarto y quedé con Kotaro a la hora del desayuno.
Al salir de la ducha, mi teléfono empezó a sonar. Era Miya-creído-San. Miré los ideogramas unos segundos antes de contestar. Se me hacía complejo pensar en qué debía contarle y qué no. Poner límites a una relación, etiquetarla, facilitaba saber qué decir por tal de no herir a nadie. También te facilitaba no salir herido, pero debías tener más claro que yo que querías antes de poner una etiqueta.
—Tooru, estoy ya en Yokohama— dijo nada más descolgar. Para qué decir hola. Me reí para mis adentros. Era como un niño pequeño.
—Acuérdate que estoy en la boda de Nakahara todo el fin de semana, mendrugo — para que iba a decirle hola yo ¿no?
—Puedo ir para allí —su voz era insinuante, yo me mantuve en silencio. No sabía que decirle —. Si tú quieres, claro.
¿TENÍAN QUE CONCENTRARSE TODAS LAS CONVERSACIONES DELICADAS EN AQUEL FIN DE SEMANA? Me sentía un poco compungido. No podía consultarlo con Amai, no podía llamar a Iwa-chan o Maki y tenerlos las 3 horas que necesitaba para aclararme al teléfono y mi último recurso era secuestrar a Mattsukawa y darle la turra con todo lo que me pasaba si conseguía separarlo de Blancanieves o incluirla en la conversación... No era mala idea incluirla en realidad.
—Tooru, ¿Sigues ahí? — pregunto tas mi receso de respuesta por la dificultad en la que se encontraban mis neuronas.
—Sí, pero estoy pensando —contesté de forma automática.
—Que el que tiene jet lag soy yo —me aclaró. Siempre tan impaciente.
—Vale, pues ven —le dije sin más-. Pero ten en cuenta que no vienes como pareja, sino como acompañante y que tendremos que hablar conversaciones incómodas sin alcohol de por medio.
Empezó a reírse, acepto y colgó.
Bajé corriendo y le notifiqué a Bokuto, que ya estaba sentado zampando una brutalidad de comida inhumana, que tenía que desayunar con Mattsun.
Sin avisarles, cogí un café y pan de leche del buffet y me senté frente a la feliz pareja. Blancanieves me miró con cara de sorpresa.
—Buenos días —dije acelerado —. Necesito consejos de forma exprés.
Ambos se miraron de reojo. Tenía que halagarles un poquito, redondear aquella situación para no recibir un mensaje desagradable por su parte. Llevaban tanto tiempo juntos porque en el fondo eran siniestros y malvados… Sí, mirándoles fijamente, eran una pareja un poco espeluznante...
—Sois una de las parejas con mejor trayectoria romántica que conozco y por eso os pido consejo—inicié mis discursos alabando su feliz familia y continué explicándoles. En realidad no les mentía, llevaban 7 años juntos e iban a tener una hija. La relación más larga que yo había tenido era con mi gata—. Mis dos amantes estarán en este evento.
Calculé cada palabra para que no se notara que hablaba de hombres en vez de mujeres, lo que hacía toda aquella charla más enrevesada. Seguramente Mattsun ya le había contado a Blancanieves, pero prefería evitarme la taquicardia que aparecía siempre que decía en voz alta que me gustaban los tipos. Aclaré que uno dormiría conmigo en el cuarto y el otro no, que uno llevaba mucho tiempo sin verlo y que el otro lo conocía de hacía poco, etc. En definitiva, que solté un discurso más largo que la gran muralla china.
Matsukawa empezó a reírse. ¡Ahhh! por aquello nunca le contaba nada. Yo era uno de sus chistes favoritos...
Mattsun iba a decir algo, pero su querida mujer y futura madre de su hija le calló con una mirada.
— ¿Por qué hablas como si no pudieras estar con los dos? —comentó muy impasible, entonces señaló a su plato. Tenía delante una tostada de aguacate con semillas de Chía y un donut de azúcar con chocolate—. Yo me voy a comer las dos cosas y mira, pueden llegar a sentarme mal pero no hay nada de malo en quererlo todo y disfrutarlo todo.
¿Quererlo todo? ¿Disfrutarlo todo?
No acaba de entenderlo. Supongo que aquello se notaba en mi cara ¿No me sugerían que les pidiera un trio?
—Que hables con los dos, expreses lo que quieres y ellos decidirán si les parece bien o no — aclaro Mattsun.
Mordí el pan de leche, bueno primero tenía que pensar en qué quería yo...
Estaba claro que ellos iban a dar esa respuesta, no eran monógamos, pero bueno yo tampoco tenía por qué serlo. A fin de cuentas Bokuto no quería una relación, yo no quería una relación y Atsumu... Podía vivir sin tener una relación ¿no? A unas malas Atsumu y yo dejábamos de acostarnos y rodaríamos su película con una tensión sexual muy alta y algo de desprecio. Sobre todo porque yo había aceptado que me pagaran menos de lo que estaba acostumbrado pero pagaría igual a mi agente.
Nota mental, no vuelvas a meterte en los pantalones de alguien con quien tengas que trabajar Oikawa Tooru.
—Entiendo — dije sin saber muy bien si lo entendía.
Desayuné observándoles en silencio mientras Blancanieves me contaba los horrores del embarazo. Aunque como era algo que nunca sufriría, debía admitir que no presté demasiada atención. Mi mente divagaba entre otros asuntos.
No tenía muy claro si debía poner en sobre aviso a Bokuto o no, pero si quería hablar con él. Si quería pasar el día con él. Si quería saber todo lo que había hecho aquellos años. Porque no estaba enamorado creo, pero si le quería. No de un modo romántico ni mucho menos, pero si como a un amigo que había estado fuera demasiado tiempo y al que había añorado. El sexo era un plus claro, porque la tensión sexual existía, el deseo existía y era fácil besarle. Y aunque me consideraba inteligente, muchas veces pensaba con el pene, para que mentir.
Tras desayunar fui con Bokuto, que estaba con Komi y Sarukui.
— ¿Os apetece hacer algún taller? —pregunté, deseando que Komi y Sarukui se fueran por ahí a hacer ikebana o lo que fuera. Por desgracia, los tres querían jugar a vóley. Así que jugamos un buen rato, hasta que miré a Bokuto con desesperación y logré que se diera cuenta que quería que abandonase 10 minutos a sus hijos adoptivos...
La culpa era mía, él no sabía pillar indirectas y yo lo sabía bien.
Bokuto y yo caminamos por la orilla del rio. Hacía frio, pero él estaba sudando, podía verlo en las perlas de sudor que resbalaban por su frente.
Traté de expresarme, pero me costaba encontrar las palabras concretas.
— ¿Puedo referirme a ti como Kotaro de nuevo? —pregunté. Dios, me sentía incómodo a morir. Él se rió con aquella expresión forzada de que únicamente él haría—. Yo... Ayer te dije que no quería una relación y no la quiero pero tampoco quiero que te alejes de mi de nuevo ¿Es eso posible?
—Oikawa, estás muy raro — dijo aquello y mi yo infantil se mordió el labio pensado en que de haber estado en una habitación a solas le hubiera desnudado de nuevo. Me alegré de estar en medio de la calle. En cualquier caso habían pasado años, había cambiado, era lo normal ¿El también habría cambiado?
Suspiré y cogí aire, como si fuera a zambullirme en medio del mar profundo y no supiera cuando mis pulmones podrían volver a respirar. Salir de la zona de confort era duro.
—Salgo con alguien, no es algo oficial, pero en realidad salimos aunque no tengamos ninguna condición establecida como pareja — pensé en lo fácil que había sido besarle ayer y que una parte de mi deseaba demasiado volver a hacerlo—. Vendrá hoy y me gustaría que no fuera un problema pero sobre todo me gustaría que te quedaras de alguna forma en mi vida.
Si aquello no era sinceridad, no se decir qué lo era.
—La última vez que nos vimos me sentí usado por ti y fue muy doloroso — dijo con media voz—. La culpa fue mía por no hablarte con más claridad, quizá esta sería nuestra boda si no hubiera sido tan tonto…
Lógicamente se sintió usado, yo me había largado de su mini piso con una sustanciosa cantidad de dinero para pagar una gran deuda. Habíamos sido idiotas egocéntricos.
—No creo, no gano tanto dinero— dije y nos reímos —. Yo también podría haberte dicho como me sentía en vez de esperar a que tú lo adivinases.
—Es verdad, tampoco podríamos casarnos en Japón, solo sería una unión civil mal remirada…
Caminamos un rato más. Me contó lo frustrante que era saber que seguramente se retiraría antes del deporte profesional por toda aquella situación. Ni siquiera podía ser llamado a los equipos de la selección. No iba a morirse de hambre, ni a verse obligado a trabajar en un seven eleven como yo le había deseado alguna vez, había sabido invertir en inmuebles y tenía acciones de varias empresas punteras… Pero aquello no cambiaba lo doloroso de perder el trabajo de tu vida.
Sentí que si no era cauto podría pasarme igual, y debo admitir que ame la fuerza con la que llevaba aquella situación de mierda.
NA: No sé qué hago, aporreo el teclado. La maravilla de ser libre, necesitar dormir poco y soñar mucho.
