Atsumu llegó a media tarde, cuando yo ya me había escabullido del banquete que se celebraba en el castillo de Ozu. El cielo empezaba a enrojecerse mientras el sol se ponía a lo lejos.

Como siempre Miya-creído-San trató de besarme nada más verme, pero esta vez en vez de esquivar su beso, le abracé. No podía negar que me gustaba la idea de follar mil veces más con Bokuto, no me arrepentirá de lo que había hecho la noche anterior, pero me asustaba perderle a él.

Él se quedó sorprendido. Su aspecto desentonaba con el mío. Yo volvía a llevar un traje de Dior rojo y negro, mientras que él iba con sus deportivas y su chándal.

Pensé en llevarle hasta mi cuarto, pero como quería hablar algo serio, y le conocía ya un poco más que otras veces, Le pedí que me acompañara y nos sentamos en el puente que cruzaba el río cerca del hotel.

No había nadie en aquellas calles, y se podía oír el fluir del agua que bajaba hasta el mar un poco más allá del pueblecito. Realmente era una estampa demasiado romántica como para confesar una infidelidad, pero aquello solo era mis miedos gritando desde mis adentros. Le debía ser sincero, quería ser sincero.

—No te debo ninguna explicación, pero quiero dártela— empecé. Él estaba apoyado contra la barandilla del banco, mientras que yo estaba sentado mirando el agua del rio—. Ayer me re encontré con alguien y tuve sexo con él, no descarto que eso vuelva a pasar pero tampoco quiero que tú te apartes de mí, aun así creo que debes saber de ello.

—Es bastante doloroso oírlo — su cara mostraba cierta irritación, casi desprecio. No podía culparle por odiarme. Después de todo yo estaba haciendo aquello por lo que había odiado a Bokuto Kotaro. Tan sólo que Bokuto no lo había hecho nunca realmente. Me mantuve en silencio, solo podía hacer aquello—. Puedo aceptarlo, pero solo con una condición.

Caminó por el puente arriba y abajo, como si necesitara pensar bien las palabras que iba a decir, como si aún tuviera que replantearse concretamente la condición. Se acercó y me cogió la mano.

—Me da igual cuantos otros haya o si es alto secreto a nivel público, lo que sea, pero lo nuestro será una relación de verdad, vendrás en año nuevo a casa de mi madre, te presentaré a mi hermano, me presentaras a tu familia y amigos como pareja oficial y comeremos tarta juntos en Navidad — su cara de desprecio se había transformado. Parecía pensar en aquello como una oportunidad— ¿Que dices?

Una parte de mi sintió ansiedad, no sabía si por miedo a tener una relación real o por miedo a que aquel fuera el primer paso a perder mi estatus social. La taquicardia.

Me levanté. Él seguía secuestrando mi mano entre las suyas, aferrándose a mí de aquel modo simbólico. Sus ojos castaños reflejaban la luz de las farolas... No me suplicaba, no lloraba, aceptaba mi reto y subía la apuesta. Me gustaba su estilo, no lo podría negar ni aquí ni en Saturno.

No era que Oikawa Toruu solo hubiera uno, era que Miya Atsumu había solo uno.

—Está bien — dije al fin. Me pregunto siempre si para él aquel momento fue tan eterno como para mí—. Pero nada de ir rápido.

Me arrastró contra él y me besó, en aquel lugar donde podía haber cualquiera. Me dejé, incomodo, sintiendo una pesada presión en el pecho que me ahogaba. Era un buen jugador, mejor que yo en todo sin negarlo y me sentía culpable por ser tan egoísta ¿Era yo malo por quererlo todo? Quizá sí, pero no podía ser otra persona, solo yo.

Pasé mis dedos por su pelo y saboreé aquel beso por unos instantes más. Solo podía hacer aquello, o el miedo que sentía tomaría partido en mí y volvería a sentirme tan infeliz como había estado meses antes de encontrarle.

Después de aquello, subimos a la habitación.

Dentro del horario establecido de la boda teníamos un tiempo para cenar en las habitaciones, previamente a la fiesta nocturna. Atsumu revisaba mi maleta, para ver si podía robarme algo de ropa para ponerse aun sin haber pedido permiso, cuando alguien llamó a la puerta.

Como una parte de mi sabía que debía ser Bokuto, ni siquiera me molesté en ir a abrir. La situación incómoda se iba a dar igual, así que qué más daba si abría yo o Atsumu.

Me quedé tendido en la cama y esperé a que mi nuevo novio abriera la puerta.

—¿Esta no es la habitación de Oikawa Toruu? —la voz dulcificada de Bokuto llegó a mis oídos.

—Si quieres un autógrafo, no te lo va a firmar — le contestó Atsumu dispuesto a cerrar la puerta. A veces me preguntaba cómo, en este mundo, podía llegar a ser tan mal educado. Aunque aquello me gustaba también.

—Pero déjale pasar, animal— me quejé levantándome de la cama como un rayo y abriendo la puerta de nuevo. Me reí al ver la cara de Bokuto un poco decepcionado, enseguida la cambió a su cara de suficiencia. Le indiqué que pasara, pero se quedó parado en la puerta.

Atsumu le miró con cierta superioridad. Como siempre interpretando su papelón de chico guay, se quedó plantado a mi lado.

—Quería preguntarte, o preguntaros supongo si querías venir a cenar con Komi y Sarukui tenemos un reservado del restaurante de abajo— Me daba mucha pereza, estaba a punto de decirle que no cuando Miya-creido-san se me adelanto.

— ¡Con Komi-san! Claro, porque hablamos de Komi Haruki ¿no? — había olvidado que se conocían—. Pero ¿Tú quién eres?

Oh, hacía aquello por ser toca huevos. Sabía quién era Bokuto, claro que lo sabía, así que le rompí su escena. Por favor, conocía la clasificación del vóley y los jugadores de cada equipo mejor que yo jugando en la liga. Era un puñetero fan boy de Ushijima y otras cosas asquerosas que no mencionaré…

—Mi ex, Atsumu —Le vi enmudecer, pero él ya había dicho que sí—. Vamos ¿no?

Cogí el blazzer del traje y me lo puse antes de salir de la habitación. Atsumu me siguió con cara de muerto, mirando en silencio a Bokuto. Conocía su mente, estaba pensado que evidentemente Bokuto y yo habíamos follado y comparándose. Desde el volumen del bíceps hasta la forma de las orejas. Bokuto le preguntó cosas a las que Atsumu tan solo contestaba con monosílabos.

Era cruel por mi parte, ya que de algún modo era yo quien había creado aquella leve inseguridad en Miya-creido-san. Me daba cuenta de que me comportaba de forma toxica pero no lo podía evitar.

El reservado del restaurante era una de aquellas mesas hundidas en el suelo con barbacoa yakiniku en el centro. Komi y Saurukui estaban ya sentados con varias botellas de cerveza abiertas, también esta Kuroo Tetsuro el cual no tenía ni idea que estaba invitado a la boda y Haiba Lev.

Había trabajado con Haiba alguna vez, se dedicaba al 100% al modelaje y debía ser amigo de Amai. Llevaba años sin ver a Kuroo, casi tantos como aquella vez que le había pegado un puñetazo en kabuchiko… Me senté a su lado. Era extraño ver a gente que llevaba tanto tiempo sin saber de sus vidas. Ellos sabían de mi seguro pero yo de ellos no tenía ni idea de nada.

—Emborrachaos ahora, porque después debemos parecer personas decentes— anunció Kuroo sirviéndome un vaso de cerveza. Amén, hermano, ahí podía ser medio-gay pero en la fiesta de después no.

— Sí, la cantidad de personas influyentes que ha invitado esta mujer hacen de esta fiesta tan desinhibido como llevar una armadura pesada medieval— se quejó Komi. Y tenía razón.

—A mí me está yendo bien — aclaró Kuroo. Al parecer estaba aprovechando la ocasión para promocionar el voleibol. Era su empresa la que había montado las redes de vóley y adaptaban espacios. Así mismo también tenía un proyecto entre manos que incluía diferentes integraciones del Voleibol en sectores sociales de minorías—. De hecho, aprovechando que está aquí el señor Miya Atsumu… ¿Cómo te iría para rodar un documental sobre el deporte y la comunidad LGTBI? Tendrías un buen margen de financiación, estamos buscando una narrativa que positivice a la comunidad.

Miya, que seguía en silencio observando, mayoritariamente a Bokuto discutir tonterías con Haiba.

—No he venido con intención de trabajar — le contestó tomando su vaso de cerveza. En aquel momento trajeron varias bandejas con carne y verduras—. Pero podríamos hablarlo en otro momento.

Kuroo tenía intención de volver a hablar, pero Komi le pegó un codazo.

— ¡Que te ha dicho que no quiere hablarlo aquí! — Le dijo. Kuroo le devolvió el codazo. Haruki-kun siempre tan encantador. En realidad me gustaba que pegara a Kuroo. Aquel tipo seguía emitiendo esas vibraciones de comprarte el alma por cuatro chavos…

— Como si Kuroo aceptase "No" por respuesta alguna vez — Se rió Bokuto.

Finalmente el largirucho sacó una tarjeta y se la entregó a Atsumu, que confirmó que le llamaría tras leerla. Debo admitir que me sentí irritado por cómo le miraba. Podría corregir lo de irritado por celoso, pero no tenía derecho a abrir la boca y en parte creo que Atsumu le miró insinuante totalmente a propósito.

— Tenéis mucha fe en que toda la campaña de publicidad puede cambiar algo — ahí estaba Komi, siendo tan positivo como siempre, nótese la ironía—.Vivimos en una sociedad apestosa, se acepta que adolescentes peguen a vagabundos en la calle ¿A quién coño le va a importar que un par de maricas hagamos una peli hablando bien de los gays? Va el padre de Saru a decirle, "oh he visto esa peli, ahora ya te quiero otra vez y dejo de ser un gilipollas narcisista"…

—Que yo no soy gay— se quejó Sarukui, estaba levemente sonrojado. Al parecer llevaban juntos casi desde la escuela secundaria. Aquello me pareció tierno— Eres el único tío que me ha gustado y dudo que seas hombre siendo tan bajito…

Komi se cabreó y decidió cambiarse de sitio en la mesa, sentándose a mi lado.

—Me quedaré con Oikawa-kun, así me podré forrar hablando en la tele de él y sus fetiches como hizo el camarero de Bokuto — Me agarró del brazo mientras decía aquello con voz melosa y me hacía escupir toda la cerveza que tenía en la boca.

Vi a Bokuto desparramarse en la mesa mientras los demás se reían.

—Como si te hiciera falta el dinero, pedazo de urraca — dije mientras le arrancaba el brazo de sus zarpas y trataba de animar a Bokuto.

Atsumu me observaba. Era probablemente la primera vez que estábamos con más gente y yo era yo mismo...

Debo admitir, que tras una comida políticamente correcta con los ex miembros de la academia Shiratorizawa… Aquella cena fue divertida y me lo pasé bien. Eran políticamente incorrectos, se trataban mal y seguramente no estaban aprobados por la sociedad japonesa. Pero eran auténticos. De algún modo allí en medio yo dejaba de sentirme como un Ken perfecto japonés hecho a medida de la sociedad más hipócrita que había tenido la oportunidad de conocer.

La fiesta siguió después en el castillo, pero nos recortamos más. Aunque digo eso sin fundamento, ya que tal vez íbamos tan borrachos que realmente no importaba demasiado que hiciéramos… Solo esperaba que todo el mundo hubiera bebido tanto como nosotros.