A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.
Salmo 28:7Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.
Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.
Nuestra última misión juntos.
-Está lleno de ninjas enemigos- dijo Obito angustiado, revolviéndose nerviosamente.
- ¿Cómo haremos para llegar hasta allá? –habló Rin con esa voz cansada y preocupada que tenía desde que empezó toda la revuelta.
-Fácil- dije -, pasando sobre ellos.
Rin se sorprendió y se sobresaltó un poco - ¡pero son muchos!
-Nosotros también lo seremos.
Fue poco después de que dejaramos aquel sitio donde me encontraron debajo de la leña cenicienta y humeante. Fuimos directo hacia la gran presa con el objetivo de que se viniera abajo y así salvar lo poco que quedaba de Konoha; obviamente que no era sencillo, no solo infiltrarse y tirar la presa, sino llegar hasta ella. Siendo una invasión, claramente había ninjas enemigos por todos lados, algunos ocupados en peleas con los shinobis que aun defendían la aldea, otros patrullando los escombros o los lugares ya conquistados, pero siempre implicó tener batallas.
En el camino nos abrimos paso Obito y yo, no dejamos que ella participara mucho con el pretexto de que debía estar pendiente y a tiempo para cualquier auxilio médico necesario, pero era evidente que solo lo hacíamos por su precario estado de salud. Traté de involucrar lo menos posible a Obito, no porque fuera un mal elemento, no, yo requería que estuviera en óptimas condiciones, físicas y mentales, para la segunda etapa, él era fundamental para guiarnos en el laberinto de chacra, túneles y trampas que representaba la parte baja de la presa. Mi deber era que la misión se cumpliera exitosamente, para ello debía mantener a Obito intacto y a Rin a salvo de cualquier ataque, así que la etapa uno del plan, llegar hasta la entrada, corría prácticamente por mi cuenta.
Ya llevaba algunos enfrentamientos, pero no requerían demasiado esfuerzo por ser solo de uno a uno o si acaso de dos o tres shinobis por eliminar, pero debía ser discreto y lograr despistar el objetivo. Continuamente Rin me decía si quería lavarme o descansar un poco, con su cara angustiada, yo no respondía mucho, solo quería llegar, solo llegar y acabar con la invasión a la aldea.
Finalmente estábamos cerca, el rio crecía más y más indicando la llegada a la construcción, desde el punto alto donde estábamos, nos dimos cuenta que más de un veintenar de hombres enemigos estaban cerca de la entrada, implicando un grave retraso y amenaza al plan.
A mí no me preocupaba tanto. Simplemente quería llegar y ya, si eso implicaba pasar por sobre ellos, simplemente lo haría, los mataría y ya, nada de sigilo y precaución, solo eran el último paso para acabar con esa etapa y francamente estaba tan cansado, desesperado y harto de oler, ver, sentir y provocar tanta muerte que unas cuantas no me representaron gran esfuerzo, total, si ya había empezado a matar seguir en eso no era tan difícil, a menos no de hacer.
-Espera- me dijo Rin cuando estaba realizando los primeros sellos para el jutsu de clonación -, ¿de verdad piensas matarlos solo porque sí?
-No es solo porque si, es porque es necesario.
-Kakashi, antes siempre decías las palabras de Minato sensei: que de haber otra solución no es necesario matar.
-Es verdad, pero hoy no la hay.
-No lo creo, quizá dejarles heridos, o inactivos, el genjutsu del sharingan de Obito es fuerte y…
-Hum…, lo sé, pero no podemos exponer el éxito de la misión, es demasiado importante. Obito no puede arriesgarse por ningún motivo. Entiendo tu punto, pero lo he examinado; suponiendo que los dejemos, implicaran un riesgo que alguno de ellos se libere, o quede lo suficientemente fuerte para llamar refuerzos y nos ataquen dentro, o peor aún se den cuenta del plan, eso no podemos permitirlo.
-Pero…
-También está la cuestión del tiempo, debemos llegar cuanto antes al lugar, tú sabes que no podemos esperar más, Konoha ya tiene mucho daño, debemos hacer esto, pero ya.
-Si…pero…- Rin tosió un tanto preocupada, pero no podía refutar mucho.
-Estás cansado- dijo Obito, interviniendo al fin en la conversación -, no estás pensando claramente; déjame ir yo, o ayudarte, ni siquiera has dejado que ella te examine y has peleado mucho y estas un tanto herido…
-Hum… si te refieres a esto- y toque las vendas de mi perdido ojo -, me he acostumbrado a estar tuerto, aún no mucho, cierto, pero nada que me vaya a matar.
-No es solo por tu ojo, -dijo Rin molesta -, tienes otras heridas; además si pudieras verte como nosotros te vemos -, Obito asintió, removiéndose un tanto nervioso a mi lado al dirigirle la vista -, y no solo eso, ese jutsu aún no lo perfeccionas.
-Lo he hecho, al menos lo suficiente para que Minato sensei y Haruno sensei me aprobaran para que lo haga.
-Quizá, pero solo en ocasiones de riesgo, -hablo ella, tosiendo otro poco -, tu chacra se dividirá, cosa que no es conveniente en este momento, ¡has peleado tanto tu solo!, te dejará expuesto, en tu estado te dejara exhausto en poco tiempo.
-Solo necesito de unos cuantos minutos para acabar con ellos, así que no te preocupes tanto.
-Pero...
-Lo he explicado lo suficiente. ¿Qué tanto te preocupan esos ninjas enemigos?, además cuando la represa se venga abajo ellos seguirán ahí y morirán al fin y al cabo con el agua.
- ¿Aun así prefieres matarlos por tu propia mano?
Aquello me descolocó un poco, miré donde mis manos, había cenizas, suciedad y sangre seca y otra poca húmeda, no solo mía, también de los que ya había asesinado, yo lo sabía, pero trataba de ignorarlo un poco, simplemente no podía titubear mucho y hacer fracasar la misión. Había fallado mucho ese tiempo que pase tirado en los escombros al ir a buscar a mi maestra. Haruno sensei quizá estaba muerta, Minato sensei ya lo estaba, y yo, yo simplemente estuve aplastado por aquella leña mugrosa y humeante a la espera de que alguien me salvara. Había sido un inútil, no dejaría que lo último que se me pidió se fuera al carajo solo por salvar la poca humanidad y lástima que me quedaba.
-Hum, por lo mismo, el agua o yo, no hay mucha diferencia, morirán de todas formas. No te preocupes tanto por ellos.
-¡Si me preocupo, pero por ti!, ¿qué te pasa?, si pudieras verte, ¿verdad Obito?
Miré donde él, asintió un tanto nervioso.
-Se acaba el tiempo. Solo unos minutos, no es para tanto, además, ya lo hice una vez, qué más da…- el vago recuerdo de la primera vida que tomé llegó nuevamente (ese recuerdo que me persigue desde entonces), había sido ese mismo día; su rostro agonizante y suplicante aún lo veía claramente, era un hombre cualquiera, ninja de la roca, su único problema fue descubrirnos explicando el plan, trató de avisar nuestra posición, no tuve más remedio que matarlo, fue tan fácil y tan rápido que antes de que lo notara simplemente ya estaba muerto.
Aquello me asustó un poco, había sido demasiado sencillo cruzar la línea para mí, en solo segundos ya había matado a alguien sin siquiera notarlo, o pensarlo; atacar, herir, era diferente a tomar una vida, un ninja tarde o temprano se ve en la tentación o la necesidad de hacerlo, pero mi formación me decía que era el último recurso, Minato sensei siempre fue persistente y estricto con eso, Haruno sensei también, Minato sensei por piedad, ella por respeto a la vida; Rin y Obito también lo tenían, pero yo no lo recordé en ese instante por la desesperación de saber que tal vez fracasaríamos, la adrenalina simplemente me hizo cruzar la línea y convertirme en el asesino en el que soy ahora.
-Pero…
-Silencio- dije con autoridad, retomando los sellos -, ya lo he explicado, además soy su líder y les guste o no seguirán mis órdenes.
-Ten cuidado al menos- dijo Obito, aún nervioso de que lo mirara.
En un abrir y cerrar de ojos los clones me rodeaban; no fue difícil llegar hasta los shinobis, parecían descansar y celebrar, estaban con la guardia baja, completamente a mi merced. No fue difícil tener el factor sorpresa de mi lado, lo supe aprovechar al máximo, mis clones y yo mismo pronto acabamos con los primeros.
Kunais, espadas, shurinken, técnicas, todo lo necesario para acabarlos, incluso mis propias manos, no quería dejar uno solo, ni un solo detalle, porque cualquier fallo representaba una amenaza.
-Además, si ya lo hice, qué más da uno más…- me repetía constantemente tratando de convencerme, porque sabía que aquello estaba mal, muy mal. -Es por la aldea, si, por salvarlos…- cosas como esas me repetía, y me sigo repitiendo tratando de apaciguar la culpa y el remordimiento.
No puedo decir que fue fácil el combate, claro que no, después de los primeros segundos los que quedaban me dieron batalla, de ahí que todo acabara cuanto antes, eran shinobis después de todo, ya perdía varios clones y la adrenalina me permitía moverme, pero el cansancio tarde o temprano llegaría, debía ser eficiente y eficaz.
Me hirieron, pero me moví rápido y en un dos por tres ya había atravesado al ninja con la pequeña espada que cargaba, la sangre de él y muchos más me cubrieron el rostro. Lo único que pensé es que las vendas de Rin seguramente estarían muy sucias.
Mi punto ciego era demasiado complicado, no me acostumbraba del todo, además a veces perdía el equilibrio y me herían con más facilidad que antes, realmente extrañé mi ojo, y no solo porque era raro no sentirlo, sino para pelear más fácilmente.
Me detuve un segundo, me miré a mí mismo repetido en los clones, cercenando sin piedad y sencillez a los pobre ninjas, entonces supe que no solo descansaban celebrando, sino que también al parecer solo eran chunnin y gennin, seguramente el encargado saldría, o tal vez llegaría en cualquier momento, habría que darse prisa entonces.
-Son de rango bajo, será más fácil así- pensé limpiando un poco de sangre de la mejilla, donde me picaba en las heridas, pensar aquello me asustó otro poco, tal vez Rin tenía razón, pero no quise pensar mucho en eso.
Uno de ellos me atacó tratando de inmovilizarme, pero le partí el tobillo haciendo que cayera, ya en el suelo le corté el cuello haciendo que la sangre brotara a borbotones mojándome el calzado. Escuché un grito, uno desgarrador, completamente aterrado, era otro shinobi, era joven, se veía en su rostro.
Me acerqué a él, su semblante asustado y desencajado me veía con horror, me tiró algunas armas, nada complicado de desviar. A pesar de su precario desempeño lo recuerdo perfectamente, el miedo en su mirada, el terror con él que me veía, como si yo fuera una especie de monstruo, y tal vez lo era en ese momento.
-¿Quién eres tú niño?, ¿eres la muerte misma?; yo no quería venir…no…déjame ir…por favor…
Algo así me dijo, no traté de ponerle mucha atención a sus ojos desorbitados y al temblor que le hacía revolcarse, entonces noté que tenía solo pocos años más que yo, era muy joven y probablemente inexperto.
-Yo no quería…- dijo él, entonces tomé su propia espada y simplemente le atravesé el pecho. Aún muerto seguía viéndome con ese horror.
Ya solo quedaban algunos, mis clones también menguaron, entonces me di cuenta, mi chacra sería insuficiente en poco tiempo, debía darme prisa. Fue así que decidí seguir con mi chidori, era algo arriesgado, pero con él no podría perder y todo sería más rápido.
Escuchaba la voz de Haruno sensei diciéndome que debía tener extremo cuidado de no quedar expuesto ante el defecto de mi ataque, pero estaba tranquilo (relativamente) ya que había entrenado muchísimo para corregir ese detalle así que creí que estaba listo (algo que solo el sharingan y el entrenamiento pudo corregir), ahora con el tiempo me doy cuenta de que no fue la mejor decisión, pero finalmente funcionó.
Solo éramos un par de clones y yo arremetiendo con los pocos que quedaron, el olor a cenizas y ropa quemada se impregnó más fuerte en el ambiente, pero esta vez no fue el kyubi quien lo provocó, era yo y mis rayos.
El cosquilleo y el ruido ensordecedor de la técnica paró apenas unos segundos después, cuando todo calló. Finalmente, todo había acabado y aquel veintenar de hombres ya solo eran más personas en la lista de deudas que algún día me alcanzará.
El "puff" de los clones se escuchó sobresaltándome un poco, entonces giré levemente y miré alrededor, no había nada ya de pie, solamente yo rodeado de cuerpos quemándose, humeantes y húmedos de tierra y sangre. Tallé la mejilla, la herida todavía picaba, solo conseguí que me ardiera más, traía algunas cortadas más, pero nada de gravedad, me sentí un tanto mareado.
Y levanté la mano derecha para indicarles que todo estaba hecho. Poco pasó después de que di la señal a Rin y Obito para que llegaran y finalmente entrar. -Me lavaré- susurré. Aprovechando el tiempo en lo que llegaban me di espacio para lavarme, llegué hasta un pequeño riachuelo que había cerca de la entrada, el agua no estaba tan limpia como antaño, pero era eso o nada.
Me asomé y me miré en aquella agua sucia. Fue cuando comprendí las palabras de Rin y el nerviosismo de Obito. Aquel reflejo que veía en el agua no podía ser yo, todo mí ser estaba sumido en aquel mar de sangre húmeda, cenizas, polvo y mugre, todo, incluyendo el rostro, el cabello revuelto y mis ropas, incluso mí único ojo era frío, lacerante y vacío; el olor a muerte pareció llegarme de pronto al verme en aquel espejo, un olor que no solo venía de los aún humeantes cuerpos, sino también de mí, me asuste un poco ante eso, realmente lucía como un asesino.
Mis manos temblaron y entonces las vi igualmente cubiertas del tinte rojo de la sangre, inhalé y exhalé repetidamente y sumergí desesperadamente las manos en el agua, las tallé lo suficiente para quedar decentes y después me arrojé un poco en la cara, justo como si tratara de refrescarme en un día caluroso; la verdad es que el calor no era la causa de esa ansiedad de agua, era el temor, el temor que yo mismo me cause al ver mi rostro inexpresivo, vacío, sereno, hiriente y frío cubierto de sangre y, sobre todo, de muerte.
Entonces volví con temor y ansiedad a mirar mi reflejo en aquellas aguas sucias, y me vi igual, pero el agua era distinta, no había solo suciedad en ellas, ahora había más rojo cubriéndolas, como si la sangre de esos hombres corriera hasta el riachuelo oponiéndose a lavarse de mi cuerpo, sino deseando pegarse más, no dejarme ir. Era como una pesadilla, la horrible pesadilla de siempre.
-Kakashi, ¿quieres que te revise? - dijo Rin tratando de acercarse y tomarme del brazo.
-No- le rechacé instintivamente, apartándola con brusquedad. Por poco cae, pero Obito logró atraparla.
-¿De verdad?, estas algo herido- y tosió un poco, despertándome de mi pequeño infierno -, además te has debilitado y aún falta mucho por seguir.
-Hum- asentí incorporándome, tratando de recordar la importancia de la misión -, estoy bien, vamos cuanto antes; Obito, ahora corre por tu cuenta.
-Si…
El resto del plan quedó a cargo de Obito, pero ese día pasaron cosas que separaron nuestros caminos, no sólo porque el murió y yo seguí con vida, no, ese día yo me convertí en un arma para matar, en un asesino, un ninja casi perfecto, él, en cambio, se convirtió en un héroe.
Desde ese punto el ambiente pareció volverse peor, el calor sofocante, la humedad, el aroma nauseabundo del lugar, las trampas, el cansancio y el desgaste que sentía me hacían sentir mareado, tuve que vomitar un par de veces para sentirme mejor.
-No me agrada esto Obito, Kakashi no luce muy…- y de nuevo aquella tos incesante.
-Los sacaré de aquí pronto, lo prometo.
Trataban de hablar bajo, pero yo lo escuchaba todo, a pesar de estar en ello evadían verme, o tal vez era yo mismo que no deseaba hacerlo; por un momento agradecí estar en ese desagradable sitio, la falta de luz, el insoportable aroma y el tiempo en contra hacían que dejara de pensar en mi reflejo en aquel riachuelo. Aún tengo pesadillas con eso, porque ese fue el momento exacto cuando empecé a sentir miedo de lo que ahora era.
Pero aquello no era tan sencillo. Teníamos que entrar al drenaje, llegar hasta la presa y colocar los explosivos y detonarlos en el momento indicado y escapar antes de quedar atrapados en las catacumbas.
La primera parte del plan no fue difícil, por supuesto que fue complicado eludir a los ninjas adversarios de la roca, pero estábamos casi especializados en eso, además de ayudar a Rin porque su estado aún no era el más indicado, quisimos dejarla en un lugar seguro, pero fue bastante insistente en acompañarnos en la misión.
-"No me iré, lo saben, somos un equipo hasta el final"
Y francamente lo fuimos hasta el final, cuando los perdí.
Nos escurrimos con precaución siguiendo el mapa que Minato sensei nos proporcionó, podía escuchar sus indicaciones resonando en mi mente con insistencia junto con aquel mar de pensamientos que me llevaban a preocuparme por el destino de mis maestros, Kushina san y el bebé. Pero no podía rendirme, ni dejar que mi equipo se llevara una decepción al verme llorar como un bebé pequeño y desamparado.
-Con precaución Obito, no queremos explotar aquí mismo.
-Sí, lo siento Rin- contestó sonrojado terminando de colocar uno de los explosivos en aquella terrible y húmeda oscuridad.
-Rin, ¿te sientes bien? - le insistí de nuevo, preocupado por su respiración cada vez más entrecortada.
-Si…no es nada- mintió.
Era evidente el deterioro de su salud, sobre todo en ese lugar donde el oxígeno disminuía más y más conforme avanzábamos. Hacía frío y olía desagradable, además de un asfixiante ambiente por demás nauseabundo.
-¿Por dónde Obito?
-Espera, espera- pedía con aquella paciencia que a veces presumía.
Suspiré tratando de concentrarme y dejar de escuchar las voces que resonaban sin cesar contándome el triste destino que corrieron los que más admiraba y quería. Debía concentrarme en lo que hacía y hacían los demás, lo sabía, ciento por ciento lo sabía, pero me era por demás complicado.
Logramos avanzar mucho tramo y seguir la mayoría de las instrucciones del plan, pero aún faltaba una parte importante. Avanzamos lo que pudimos, todo lo que recordaba del mapa que memorice, pero en tales condiciones dependía más de Obito y su sharingan, debía confiar en él así como él confiaba en mí, porque Obito y su keke-genkai eran esenciales en el plan, Minato sensei ya nos había advertido:
- "…los antiguos constructores hicieron lo necesario para evitar que cualquiera se adentrara en estos laberintos, pues plantean un peligro para la aldea dejándola vulnerable y dañando una buena parte de la misma (si la presa se rompe logrará inundar la primera barrera de la aldea, cerrando y concentrando así el ataque enemigo solo en esa parte y dejando a salvo a los civiles), pero eso también significa una ruta de escape y un último as bajo la manga ante una invasión. Siendo un punto tan importante elaboraron esta intricada red de túneles en ese ambiente tan desagradable, haciendo insoportable para cualquiera el estar ahí; pero también dejaron un sistema con el cual guiarse cuando fuera necesario sacar el as, algo que les permitiera moverse cuando se necesitaran medidas extraordinarias o simplemente mantenimiento: un rastro especial de chacra, algo como un camino que les permitiera ver donde los otros no; claro que ese rastro es especial, uno que solo puede ser detectado por ninjas de nuestra aldea, solo por los clanes Uchiha y Hyuuga…"
Obito era la parte crucial del plan, solo con él podíamos movernos en ese lugar lleno de trampas mortales.
-¿Obito…?
-No me presiones quieres, no es tan fácil.
-Tranquilo- le susurró Rin –, tómate tu tiempo.
-Que no sea mucho, por favor, que ni yo ni la aldea estamos en buenas condiciones.
-Kakashi, shhh- ordenó Rin –, no es el momento.
-Por aquí- indicó finalmente, convencido de que seguramente conquistaría el corazón de Rin después de esa misión, algo que, por cierto, si logró.
Y nuevamente emprendimos la marcha uno junto al otro, lo más posible y lo más cuidadosamente. Seguimos en ese lugar por más tiempo que cualquiera quisiera estar, nos topamos con varios obstáculos, requiriendo de habilidades y suerte para sortearlos, colocamos los explosivos con la mayor destreza y paciencia que se puede hacer, teníamos que hacerlo así, literalmente teníamos una (o muchas) bomba en las manos.
A pesar de todo lo desagradable y peligroso que era todo aquello, pudimos salir ilesos, al menos gran parte del tiempo que estuvimos ahí.
-Con cuidado Obito.
-Lo sé, lo sé, no es la primera que coloco Kakashi, vete para allá, no te me pegues que no me gustan los varones, como sospecho a otros sí.
-Hum…
-Ustedes dos, cof- pidió Rin con una tos incontrolable -, por favor, cof, cof, no peleen.
-No peleamos- dije yo regresando donde ella e ignorando los comentarios de Obito -, solo, solo veo que Obito no explote.
-Hatake, no voy a explotar, quédate ahí, ya voy.
Y mientras regresaba donde nosotros el desafortunado y cruel destino se encargó de objetar sus palabras: la bomba estalló alcanzando a Obito en el camino.
Un fuerte ruido nos sacudió, Rin y yo volamos chocando contra las paredes mohosas. Miles de pedazos de rocas volaron por todos lados sin contemplaciones. No sé cuánto tardé en recuperarme, ni mucho menos cuanto tardé en poder estar consciente y dejar de escuchar ese terrible zumbido en mi cabeza.
-Obito, Obito- susurré, o creo que lo hice, no estoy seguro, no veía sino un montón de rocas quebradas, muchas de las cuales se incrustaron dolorosamente en mi cuerpo; giré a mi costado y miré a Rin, yacía a unos cuantos metros, milagrosa y extrañamente solo tenía algunas cortaduras, en general se le veía bien, suspiré aliviado momentáneamente.
Me incorporé dolorosamente
-Rin…Rin…
La sacudí con cuidado, no puedo explicar la gran dicha que sentí al verla moviéndose y decirme el –estoy, estoy bien- que nunca podré olvidar. -¿Obito, dónde está?- me dijo con sus grandes ojos café a punto de romperse en lágrimas.
No supe que contestar, realmente no supe que decirle.
–Quítate, déjame- Rin se incorporó tirándome y corrió donde él -, tengo que encontrarlo, tenemos que irnos juntos, está no será nuestra última misión juntos, ¿recuerdas que lo dijo?, dijo que todos regresaríamos juntos, ¿no recuerdas?
Me quedé tirado, viéndola irse y rasgar con sus pequeñas y débiles manos rasguñar la tierra donde había quedado sepultado.
-Si, pero tenemos que irnos Rin, tenemos que irnos ya.
-No, vete tú, yo no, yo no voy a dejarlo aquí.
-Entiende, Obito no pudo sobrevivir, además, las otras bombas explotarán pronto, tenemos que irnos.
Fui por ella, tomándola de los brazos, impidiéndole su labor.
-¡No me voy! – me gritó salpicándome de lodo y odio la ropa.
-Comprende, es una reacción en cadena, pronto empezaran a explotar. No tiene caso quedarse, no lo entiendes porque estas en shock.
-No me iré y no estoy en shock- y sonrió extrañamente –, ¿yo en shock?, me lo dice quien está llorando como un bebé.
Extrañamente note lo que decía, era verdad, estaba llorando, no sé desde cuándo, pero lo hacía.
-Rin…- me tallé el rostro completamente avergonzado.
-Kakashi- suavizo su rostro –, no tienes por qué sentirte así, yo también, yo también- y la tos la interrumpió de nuevo.
Aterradora y esperanzadoramente una mano salió de la tierra, ¡era Obito! Sorprendidos, asustados y contentos por igual lo ayudamos a salir de esa mole de tierra y rocas. Mi amiga me miraba con el "te lo dije" pintado con toda la razón que tenía. Rin y Obito me habían enseñado tanto en esas pocas horas que habían pasado.
-No te muevas, no- le pidió, realmente no creo que por mucho que quisiera moverse hubiera podido hacer mucho.
Muy pronto la débil y constante luz verde y sanadora salió de las manos de Rin, no lo decía, pero era obvio que Obito está mal, de solo verlo se notaba, su cuerpo lleno de heridas y quemaduras, sus manos completamente raspadas y rojizas, uno de sus ojos se encontraba gris, blanco, como si el humo de la explosión hubiera sido absorbido por él, era justo como el de las personas ciegas.
Una vez que mi amiga le sanó lo suficiente como para seguir y al notar su ceguera unilateral solo me dijo –ahora ya no serás el único, seremos dos tuertos y juntos miraremos el camino, uno llenando el lado que el otro no tiene-, algo de eso se ha cumplido.
Mientras mi amiga trataba de ayudarlo a sanar, la tos de ella y los quejidos de él hacían que todo se tornara un poco desesperante y doloroso, lo era, lo era al solo verlo o escucharlo.
-Te ayudaremos Obito, sí, tranquilízate, sé que duele, pero te ayudaremos.
-Rin, ¿y tú? Rin ¿Estas, estas bien...?
Admirablemente su voz seguía intacta, nunca me sentí tan contento de escucharlo hablar; Rin asintió ocultando o reprimiendo las enormes ganas que tenía de llorar, nunca he comprendido como es que no derramó ni una sola lágrima. Siempre admiraré como a pesar de su aparente fragilidad siempre tuvo la entereza y fortaleza de luchar por las personas que quería aún si eso implicaba poner en riesgo su propia integridad.
-No entiendo, no entiendo- susurró Obito –lo hice bien, lo hice bien.
-Quédate quieto, quédate quieto.
-Pero, es que la bomba, yo- un grito desgarrador le salió de pronto y se movió apartándola.
-¡Kakashi, sostenlo, sostenlo!
-Me duele. ¡Me duele!
-Lo siento, es necesario.
Obito era un llorón, siempre lo fue, pero hasta ese momento nunca había visto a alguien quejarse con tanto dolor de algo. Quería irme, no verlo sufrir tanto, no verlo en esas condiciones y con ese chillido de dolor saliéndole con tanto ímpetu.
-Es una quemadura grave Obito, tal vez de tercer grado, ¡claro que va a dolerte!- Rin me miró nuevamente reclamándome –, Kakashi, si no puedes con esto te aguantas, lo siento mucho pero te necesito aquí, así que cierra los ojos o voltéate, pero no puedo dejar que lo sueltes.
Nunca me sentí tan inútil, impotente y miedoso.
-Está bien- y cerré los ojos por un momento, solo hasta que su voz lastimosa y quejumbrosa solo quedó en un sollozo angustioso que no pudo ayudarme tanto como habría creído que lo haría.
-Ya Rin chan…estoy mejor, de verdad que estoy mejor- susurró.
-Les dije que debía venir- dijo Rin, quitándole los googles achicharrados y cenicientos de la cabeza –, Kakashi, ya puedes ver- me dijo con un tono de burla.
-Y ahora me doy cuenta de que soy más valiente que tú, Hatake- me increpó Obito, burlándose con toda la razón del mundo de mí.
-Tenemos que irnos, es una reacción en cadena- les recordé y casi como si me dieran la razón unos estallidos cercanos vibraron en las paredes.
Como pudimos salimos de ahí, yo cargando a Obito y Rin siguiéndonos de cerca tratando de apaciguar la tos que desde entonces no dejó de molestarla.
-Es por mi culpa- susurraba constantemente Obito cuando el chillido de dolor no se le escapaba.
Si bien ella lo curó, no lo hizo del todo, Obito estaba herido de gravedad así que gastó mucha energía en ayudarlo, hizo lo posible solo logrando el dejarlo lo suficientemente bien como para moverse y darnos tiempo de salir de esa bomba de tiempo que era el drenaje de la gran presa de Konoha.
El ruido de la indetenible energía del agua se escuchaba burbujeando, rompiendo paredes, saliendo y escurriendo por todos lados, debíamos salir, y salir cuanto antes. No había opción, pues de no ser por el agua moriríamos por las explosiones.
Aun con tantas cosas por tomar en cuenta a Obito no le preocupaba otra cosa sino esa tos constante y fastidiosa que no permitía que Rin caminara, o corriera, con soltura, ni siquiera respirar adecuadamente, culpándose una y otra vez del triste deterioro de su salud al permitirle asistirlo en su curación.
Aquel tramo o tunel era el más interminable que recordara. Obito con su cojera y media visión, yo con mis dolores y media ceguera y Rin con su constante tos.
-No lo lograremos- susurró Uchiha.
Tenía tiempo susurrando cosas inteligibles, quizá por dolor, o quizá porque no ponía mucha atención a él sino solo a sus indicaciones del camino.
-Creo que es por aquí, si, por aquí- y se tallaba el ojo sano ennegreciendo la venda de las manos con el hollín que tenía en el cabello.
Para complicar las cosas el camino era peor que antes, los derrumbes y el agua empeoraban y coartaban los caminos sin dejar muchas opciones.
-Estoy cansado, - susurró por centésima vez -, así, así no seré de mucha ayuda, por la izquierda, por la izquierda Kakashi. –trate de prestarle más atención, su voz era muy débil y la tos de Rin opacaba cualquier sonido. -Espera, espera, lo tengo, lo tengo, frena-, su codazo en mi mejilla me hizo frenar repentinamente-, ¡frena!
Todo el estrés y la presión se derramaron en ese golpe, su codazo terminó por hacerme perder el poco control que aún tenía; tomé a Obito de la ropa y lo estrellé contra el túnel.
-Estoy cargando contigo ¡y me golpeas! - pero no pareció importarle mi ira, o siquiera dolerle el golpe (que debió dolerle por las heridas que tenía).
-Toma mi ojo – me dijo con toda la tranquilidad y alegría del mundo.
Nunca espere eso.
-¿Qué?
-Ya no puedo más, me desmayaré pronto- me dijo con un extraño y bizarro brillo en el rostro –, o tal vez muera, quien sabe.
-¿Estás loco?
-Tal vez, pero es la única salida…
-Tu, no, no estás diciendo que…
-Seré inútil, solo mi ojo puede salvarnos, si me desmayo no habrá como salir de aquí, Rin como está y tu tuerto…no hay de otra.
-Pero…¿tu ojo?, ¿cómo?.
-Rin lo hará, ella puede, Haruno sensei dice que es muy buena, y yo lo sé.
-¿Estás loco?
-Falta poco, no pienses tanto, tú eres el único que puede sacarnos, ya no aguanto, no aguantaré mucho y Rin no podrá en poco tiempo, eres el único, toma mi ojo, sácanos de aquí, sácala a ella, sálvala. No puede morir así, no aquí
-Obito.
-¿O nos dejaras morir teniendo la respuesta aquí?- me colocó la mano en su ojo sano- en mí ojo, tómalo, te lo presto.
-Pero…
-Tiene razón- habló Rin sin dejar de toser.
-Pero…
-Rin, toma mi ojo, al menos así ustedes estarán bien y…
-Cierra la boca- le dijo regañándole –, yo cuido de ti y tú de mí, ¿recuerdas?, saldremos todos.
No entendía nada, todo era muy rápido, ¿yo teniendo un ojo de Obito?, aquello me daba mareo y deseaba vomitar.
-Te dolerá mucho – le dije apenas tratando de decir algo.
-No importa. Si tú y ella, si todos salimos con bien, no importa.
Rin le dio un beso en la mejilla y a mí me tomó de la mano.
-Ven- me ordenó sentándome a un lado de Obito.
-No, no lo haré. Tomar tu ojo, no. Saldremos de aquí de otra forma, es una locura.
-Cállate Kakashi, sabes bien la situación, sabes que es la única opción. Por favor, sálvanos. Además, así ya no serás tuerto.
-Pero, Obito, tu ojo…
-No importa, es el único bueno, lo sé, pero, ya habrá tiempo para reponerlo.
Y sonrió.
No podía creerlo, estaba tan estupefacto que de no ser por el hecho de que Rin y él hicieron todo, simplemente no hubiera pasado nada pues no puse mucho de mi parte para que sucediera o para que no sucediera.
Sentir el sharingan reponiendo la cuenca antes vacía de mi ojo izquierdo fue la cosa más extraña que había sentido hasta entonces, aún hay ocasiones cuando sigue siendo extraño sentir algo que nunca fue mío y que nunca pude regresar a su dueño (como era el pacto inicial), aunque realmente no estoy seguro de que pudiera regresarse.
Obito había perdido ambos ojos, y uno de ellos yo se lo había arrancado, si bien no por mi deseo, tampoco hice nada para evitar aquel hecho desesperado e impensable que era extraerle el ojo y colocármelo yo.
-Claro que ahora necesitaré que me cargues, así que debes hacerlo bien, ¿realmente no te gustan los niños?, ¿verdad?
-Claro que no- río Rin por un momento olvidándose de esa tos infatigable –. Ven Obito, yo te ayudaré…- dijo tomándole la mano -No te dejaré solo ni aquí ni en ningún otro lado, lo prometo.
Y Obito se sonrojó, era tan obvio e intenso su rubor que era casi imposible no verlo aún en la oscuridad de las cloacas.
-No le tomes mucha estima al sharingan Kakashi, pues espero que me lo devuelvas al salir, no te acostumbres mucho- dijo entre el pequeño chillido de dolor. Verlo en ese estado tan deteriorado ha sido de las cosas más difíciles que he tenido que superar para seguir adelante.
-No puedo dejarlos aquí, soy su única esperanza- y lo era, era la única opción que había para salvarse, para salvarnos, y ellos lo sabían.
-Perdona Kakashi kun que siempre te dejemos lo peor.
-¿Es una broma?- pensé con cierto y triste humor.
-Bromeas- gruñó Obito leyéndome el pensamiento -, por y para eso es que es nuestro líder, nuestro capitán.
Fue entonces cuando entendí la gran responsabilidad que tenía al ser un jounnin, y, sinceramente, deseé con todas mis fuerzas regresar el tiempo y atrasar otro poco mi examen de rango, ya no estaba tan feliz o ansioso por ser el jounnin que quería que todos supieran que era.
No me fue fácil descifrar el intricado mar de chacra que habían sembrado los constructores en los túneles de la represa. Manejar el sharingan ya es difícil para un Uchiha, no era de extrañarse que no supiera nada de cómo utilizarlo.
-Solo mira arriba, o abajo, o a los lados- susurró Obito cerca de mi oído -, verás unas líneas brillantes, que parecen vapor flotando, ese es el rastro, el importante es el azul, los otros colores no harán más que perderte…es…es difícil, porque se van mezclando y eso…pero sé que tu podrás...
Su voz apenas audible se apaga entre los espasmos que Rin daba, esa tos incesante preocupaba más y más a Obito, y a mí, por supuesto.
-Llévala mejor a ella en la espalda, está cansada, ya hizo mucho y puedo caminar, estoy ciego, no cojo.
-¡Claro que no!- gritó ella –estoy bien, estoy- y dio contra el suelo, se le veía exhausta.
Obito se bajó al escucharla caer, logrando llegar hasta ella.
-Rin, Rin, te lo dije, perdona, no quise que…
-Tranquilo. Estoy cansada. Kakashi ven, ayúdame, llévame por favor.
-Si…- susurré. No podría negarme.
Subí a Rin a mis hombros escuchando el derrumbe más cercano a nosotros, la furia del agua y la debilidad de las paredes cedían ante la presión que aquella mole de lodo, piedras y espuma lanzaba por todos lados, las ultimas explosiones que contábamos eran cada vez más cercanas, nos faltaban pocos metros, pero los más difíciles y mortíferos, aquel tramo fue eterno.
Entre sollozos y bostezos Rin cedían ante el cansancio, musitando palabras que nunca supe descifrar, pero que aparentemente Obito sí. Cuando estaba por dormir Obito la aseguró a tientas y con gran destreza a mí. Nuca cayó al suelo gracias a que él le había atado las manos que colgaban sin gracia, pero si con seguridad de mi cuello.
-Toma mi cinturón Obito, toma de él y así no te perderás – le recomendó antes de cerrar los ojos.
-Tienes que salvarla, me lo debes, no te perdonare si no lo logras.
-Lo sé, lo sé…
Uchiha siguió su consejo y si bien la mano de Rin ya no le guiaba con su confortable apretón, podía guiarse y seguirnos los pasos de cerca tomando del cinturón de ella; yo trate de moverme lo mejor posible y no dejarlo atrás, pues sabía que jamás me perdonaría el hecho de perderlo y dejarlo en las catacumbas de la represa de Konoha, algo que, efectivamente, nunca he podido superar y perdonarme.
-Si no la sacas de aquí no te lo perdonaría nunca, nunca Kakashi. Y aunque estemos muertos me encargaré de patearte donde más duele una y otra vez.
-¡Ya lo sé!
Obito sonrió, -también lo sé, sé que sabes, y sé que nunca abandonarías a tus amigos, nunca lo harías.
Y me sentí un vil y rastrero gusano al recordar mis palabras de momentos antes cuando le decía a Rin que le dejáramos en aquel montón de piedras y lodo.
-¿Por qué tan seguro?- pregunté con sincera curiosidad y vergüenza.
Para aquel entonces Rin ya se había dormido sobre mi espalda y su cuerpo pequeño y frio se sentía más pesado, debíamos salir cuanto antes y llevarla a un hospital, porque, según temía, ella era la que en peores condiciones se encontraba.
-Porque te conozco. Porque sé que eres como tu padre.
De no estar en contrarreloj hubiera parado y lo habría visto con los ojos tan abiertos como los tenía.
-Y, ¿él que tiene que ver conmigo?, yo no soy como él.
-Lo eres, si lo eres.
-No soy un traidor.
-No, no un traidor, por eso es que te pareces a él. Tú serás un héroe, no me agrada mucho la idea, pero es verdad.
Sentí como si el corazón se me parará ante cada palabra que estaba por decir.
-¿De verdad…de verdad crees que era un héroe?
-Claro. Él lo sabía, sabía que solo un traidor es aquel que abandona a sus amigos, por eso el prefirió retirarse, ¿no lo entiendes?, siempre creí que eras muy inteligente, pero veo que no lo eres tanto. Tu padre lo sabía, él sabía que lo importante es ser leal a tus amigos, aunque te llamen traidor.
-Me hubiera gustado que él también lo supiera cuando se atravesó el estómago con la espada- escupí con dolor y rencor, admirado de hablar aquello que no había hablado nunca.
Ante esas palabras Obito no dijo nada. O quizá fue el golpe que rompió con la piedra que acabábamos de pasar y que de no soltar el cinturón también lo habría roto.
Fue un limpio corte con una espada, con una técnica conocida. La técnica de esas cuchillas que en el examen jounnin me habían atacado en uno de mis brazos impregnados con aquel veneno que me recorrió dolorosamente por el cuerpo.
-Obito, ¿estás bien?
-Sí, creo que sí.
-Así que esto es lo que queda de tu equipo después de la visita que les hicimos allá adentro. ¿Qué, no me recuerdas?, yo a ti si enano del demonio, te dije que me las cobraría, pues ya casi lo hago.
-Tu…- no fue instantáneo, pero si logré saber quién era, su tono de voz altanero y prepotente, ese brillo en sus ojos tan malicioso y perverso. Entonces recordé, era aquel tipo con el que luché en el examen de rango. –Kakko, de la roca.
-Exacto. Fue sencillo hacerles estallar, lástima que eres como las ratas enano, por más que uno te quiere matar, sales de las alcantarillas. Y hablando de ratas, por cierto ¿no me digas que tu bella sensei ya está más muerta que tu amiguita que traes colgando?
-¿Rin?, ¡Rin está muerta!, ¿qué pasa Kakashi, lo está?- Uchiha se aferraba incesantemente a uno de mis pies, incorporándose entre las penumbras que seguramente ya nunca más le dejaron.
-No Obito, tranquilo, ella está bien.
-Quizá lo esté ahorita, pero no dejaré a ninguno de ustedes con vida.
-Déjalos ir, no tienen que ver.
-Oh, oh, claro que tienen que ver enano. Vine por mi honor, quizá no lo sepas porque aún eres un chiquillo mocoso, pero los hombres lo tenemos, y yo lo quiero de vuelta. Y como juré que te destruiría y a los de tu equipo para tenerlo otra vez, pues tengo que asegurarme que así sea.
Sorpresivamente fuimos víctimas del ataque de Kakko. Su silueta se acercó a mí con aquella sonrisa socarrona propia de los que han logrado su objetivo.
-Te lo dije enano, te dije que me las pagarías-. En aquel drenaje algo tronó y crujió de tal forma que no auguraba nada nuevo.
Sinceramente ni siquiera lograba ver o pensar con claridad en esas condiciones y todavía aturdido por la explosión. Pateó a Obito y yo logré proteger a Rin de una de sus estocadas, no podía estar en mayor desventaja, para colmo dos ninjas enemigos llegaron detrás de él, pero para mi suerte no era para participar en la pelea.
-Se vendrá abajo Kakko, vámonos…
-Aún no, aún no, tengo que…
-¿Matarlo?, ya están destinados a morir aquí y nosotros también si nos quedamos un segundo más, ¡vámonos!
-No me iré, claro que no.
Una explosión más, ya no teníamos tiempo de salir de esa bomba de tiempo que había llegado a su punto final. Al parecer discutían de algo, uno de ellos quería quedarse y otros dos trataron de convencerle de salir de ahí. Yo aproveche para tomar a Obito y tratar de huir.
-Rin…Rin…llévatela, lo prometiste.
-¡Nos mataras a todos solo por vengarte del niño!- gritó uno de ellos, estrellando al aparente líder contra uno de los débiles y crujientes muros.
El tipo sonrió –no me importa- murmuró causando la furia en el que le apretaba el cuello y miedo en el tercer ninja que había permanecido tratando de controlar a sus compañeros -, soy el líder, les guste o no me obedecen, si digo que nos quedamos, nos quedamos.
El miedo y la furia en los ojos de los otros dos pasaron convirtiéndose en la desobediencia.
-Me vale que seas el líder Kakko, cumplimos nuestra parte, la aldea de la Roca debe estar agradecida, si te quieres quedar te quedas solo, ¡nos vamos!
-Eso es traición.
-No moriré con honor solo por salvar el tuyo- gruñó soltando al tipo que cayó pesadamente en el suelo -, si quieres intentar sobrevivir ven, si solo vas a esperar a morir puedes quedarte con tu honor que yo viviré aunque sea deshonrado- escupió y se alejó.
En un instante desapareció entre el mar de rocas que se desquebrajaban.
-Ninjas de la roca- murmuró al fin Obito.
Lo ayude a incorporarse, o él lo hizo conmigo, no lo sé, ambos no estábamos en las mejores condiciones.
-Estas herido- me afirmó con preocupación.
-No es nada.
-Quizá, pero me preocupa que no puedas sacarnos. Rin…Rin…llévatela, lo prometiste.
-No voy a dejarte, ¿lo has dicho ya?, ¿no?, dijiste que no soy de los que dejan sus amigos.
Otro crujido más, el agua empezó a anegar el túnel, pronto nos cubriría por completo, el miedo de morir ahogado hizo mella en el ninja que quedaba.
-¡Lo siento jefe, lo siento!- gritó desapareciendo tras los pasos de su compañero. El líder quedó sentado aparentemente lejano a lo que había pasado.
-Vamos Obito, tenemos que irnos de aquí. - tomé su brazo y lo guie caminando entre el lodo y el agua –ya estamos cerca, ven.
Aparentemente el abandono de sus compañeros había desmoralizado al agresor, pues no había escuchado nada de él mientras caminábamos a la salida que ya se veía con el resplandor deslumbrante del día.
-Tenemos que subir y escalar hasta la parte más alta de la meseta, ahí estaremos a salvo de la avalancha de agua.
-¿Podrás? Sé que eres bueno, pero estas cansado y herido y…
-Lo intentaré, lo dijiste antes, ¿no recuerdas?
Obito sonrió. Aún recuerdo su sonrisa tristona y cansada y sus dos ojos tapados por la venda sanguinolenta y sucia que Rin le había puesto mientras él repetía "al menos ya no tendré que traer siempre las gotas para los ojos en los bolsillos".
Con ayuda del poco chacra que aún me quedaba escalé con Rin en mi espalda y con Obito tomado del cinturón de Rin; lo logramos con cierta dificultad gracias a que yo le daba indicaciones del terreno, y a que afortunadamente él ya lo conocía con cierta precisión, llevábamos cierto éxito hasta que un importante inconveniente se presentó.
-¡Te mataré enano, te mataré!
Kakko apareció repentinamente lanzándome una estocada, fue más torpe que antes, pero lo suficientemente sorpresiva como para herirme la pierna izquierda. No tenía fuerza alguna para luchar, estaba exhausto por todo lo que había pasado y apenas podía defenderme con dificultad. Me había herido ante su ataque sorpresivo, entre la oscuridad y las explosiones lejanas apenas y podía tener destreza para moverme, algo que afortunadamente logré.
El agua por fin inundó las catacumbas y la represa estaba por ceder ante la última bomba plantada justo en la cortina de la presa. Un crujido estridente y temeroso se escuchó mientras partía en dos la enorme cortina de cemento, nuevamente aproveche la distracción.
Busqué a Obito y lo encontré aún debajo de mí, girando a todos lados el rostro tratando de encontrarme, gritando mi nombre y el de mi amiga para ubicarnos.
Llegué hasta él –Obito, démonos prisa, tenemos que llegar hasta arriba antes de que el agua llegue. Creo que lo lograremos Obito, lo lograremos.
Y lo hubieras hecho, claro que sí, de no ser por aquel cuchillo que cortó el cinturón con el cual se sostenía de nosotros.
-Te dije que te mataría rata asquerosa, yo también sé salir de las coladeras cuando es necesario. Te mataré y con eso recuperaré mi honor…
Ante el segundo movimiento brusco Obito se había soltado dando unos tumbos, pero aun logrando asirse de las rocas del risco gracias a su habilidad, chacra e increíble terquedad.
-No te muevas Obito, en un momento bajo por ti, quédate ahí
Ciego, a la deriva y sin guía, se quedó quieto esperando mis indicaciones, pero al escuchar las últimas palabras del ninja de la roca dejó mis recomendaciones e hizo lo que le dio la gana, como siempre lo hacía.
-Mocoso, tu, el ciego y la mocosa quedaran sepultados en este mar, yo me las ingeniare así me quede yo también con ustedes.
Kakko dio un salto quedando sobre nosotros a punto de caer y clavarnos las filosas y envenenadas cuchillas. Abrí los ojos desmesuradamente y traté de enfrentarlo o eludirlo, pero la torpeza que el cuerpo pesado y excedente de Rin me daban no permitieron que me moviera bien, estábamos perdidos.
Una mancha negra bloqueo la luz y el cuerpo de Kakko, era Obito; saltó demostrando que el dicho de que un buen ninja también tiene buenos instintos a pesar de que sus sentidos le fallen es verdad.
-¡No, no lo harás!- logró alcanzarlo, pero fue atravesado por las cuchillas de Kakko, él quiso zafarse y escapar, pero Obito lo tomó de las muñecas con la fuerza que le quedaba y no lo dejó ir. –No dejaré que la lastimes, estamos muy cerca para que lo eches a perder.
A pesar de todo Kakko logró asirse al risco evitando caer al hundir una de sus manos lastimosamente en la tierra luchando contra el pequeño cuerpo de Obito que había sido clavado con las cuchillas con que era conocido y famoso en su aldea.
-¡Obito!- grité cuando por fin me salieron las palabras que desde la mañana me eran tan difíciles de pronunciar.
-Prometiste que la salvarías…- me dijo en una sonrisa —recuerda lo que siempre digo: aquellos que abandonan a sus amigos, son peor que escoria.
Fue cuando me sonrió por última vez e imaginé sus ojos alegres y oscuros debajo de las vendas. Entonces sacó gran parte de la segunda cuchilla y la clavó con fuerza en el estómago del ninja quedando unido a él, Kakko dejó de luchar; y así, en un segundo, sus cuerpos unidos por las cuchillas perdieron fuerza y cayeron al vacío.
Pude ver su cuerpo cayendo, pero no llegó a ser golpeado por las rocas pues el agua se liberó de la presa y llegó donde ellos, arrastrándolos entre la furia de las recientes y poderosas olas que terminaron por hundir el cuerpo de mi amigo en aquel enorme lago donde aún sus restos descansan y que de vez en cuando visito.
Viendo el cuerpo de Obito desaparecer entre el remolino de agua, lodo y espuma juro que escuche sus palabras repitiéndose claramente, tan claramente como a veces las escucho aun repitiéndose tortuosamente en mi cabeza, con ese -"Prometiste que la salvarías…"- de siempre.
Cansado física y anímicamente, completamente triste, miré por varios segundos donde desapareció el cuerpo de mi amigo, fueron sus mismas palabras las que permitieron que despertara y dejara de verlo una y otra vez cayendo a ese mar furioso (hay noches en las que aún lo sueño cayendo). Comencé a subir caminando más lastimosamente que nunca, cada paso era una cadena de las cuales los grilletes se me enterraban, más y más, haciendo aquella la tarea más difícil que había emprendido hasta entonces, - "Prometiste que la salvarías…" - pero se lo debía a él.
El agua resonando furiosamente debajo de nosotros me aterraba y agradecí la inteligencia y precaución de mi amigo al atar a Rin a mí. Los cabellos sucios de Rin se mecían rápidamente, mezclándose con la espuma y las gotas de rocío que ya nos alcanzaban.
Subí y subí, no logrando ver por completo la cima a la que debía llegar para salvar a Rin, era difícil, pero solo me importaba dejarla en la cima.
Estaba tan cansado, tan enojado, tan triste, tan débil, que terminé por rendirme a pocos metros cuando sentí que mis manos se desprendían junto con las rocas que cedieron con nuestro peso. La suerte no nos favorecía.
O al menos eso pensaba.
Caía y caía mientras pensaba en que Obito me daría una merecida patada en mis partes nobles y aún le debería unas cien más como esas. Mala suerte o no, rocas desprendiéndose o no, yo me había rendido y no había logrado salvarla.
-"Prometiste que la salvarías…"-
-Lo siento Obito…no me parezco a mi papá, no tenías razón después de todo.
Y cerré los ojos, completamente exhausto, rindiéndome al fin en lo que aparentemente solo había retardado, sintiendo, no bien un alivio, si un desahogo que necesitaba.
Pero a diferencia de mi amigo, yo si corrí con suerte, pues como se dice comúnmente: la suerte sonríe a los tontos; o tal vez solo era darle una oportunidad más a Rin (que se la merecía más que yo), no lo sé, lo cierto es que nunca sentí caer en el agua, sino en una especie de ave negra y extraña que nunca había visto en mi corta vida.
-¿Kakashi kun, Kakashi kun, Rin chan, Rin chan, están bien?
Fue entonces que la escuché, era ella, de alguna manera era ella, me pareció tan raro e imposible que pensé que quizá estaba soñando antes de morir en el lago como mi amigo minutos antes lo había hecho.
-Kakashi kun, Rin chan, estarán bien, ya pasó.
-Har…Haruno…sensei…es usted…
Su rostro borroso, sonriente, llorón y mocoso fue lo último que miré antes de cerrar los ojos.
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Saludos desde Sinaloa, México.
Hola:
Me da gusto subir otro episodio mas de este fic. En realidad, lo hago como compromiso con Martin Guevara, que le prometí subir esta historia. Saludos y felices vacaciones 17-07-24
Nota original:
Por fin he podido darme un tiempecito para recordar lo mucho que amo escribir, ¡de verdad que lo extraño!, he esperado tanto para tener tiempo, inspiración y máquina para poder redactar, aunque sean unas pocas hojitas de mis fics que estoy tan emocionada!
De verdad, de verdad que espero y les guste este episodio que es tan pero tan especial e importante para esta historia…pobre Obito, siempre le va tan mal en mis historias…además de que me doy cuenta de que mis personajes (bueno, no míos, pero uds. entienden) siempre mueren al estilo del rey león (cayendo de un barranco a una avalancha de algo…), en fin, el caso es que se mueren trágicamente y siempre andan por cuevas y cosas así (léase Kakashi, Sakura 1, 2 y 3), bueno sea lo que sea, significado psicológico o no, el caso es que así era como me había imaginado esta historia…
NOOO, se viene más drama señores, (si mássssssss), mucho más drama de ese para cortarse venas con lechugas y eso, ya saben, me gusta sufrir n,.,n…pero bueno, espero ya regularizarme con las actualizaciones…mucho gusto en saludarlos y espero verles pronto.
¡Dejen review pa´animarme más! Dios me los cuide.
Hasta pronto.
