-Tranquila, cariño. Mírame, eso es: Inhala, exhala-explicó, moviendo ambas manos con gracia frente al rostro de su pareja un apuesto y joven hombre de negra cabellera.

- ¡¿Puedes callarte por un minuto, mi amor?!- pidió con lo poco de paciencia que le quedaba a ese punto mientras se acomodada un poco mejor en el asiento trasero antes de volver a hablar aquella mujer de cabello corto- Si quiero maldecir, ¡lo haré tanto como me sea necesario así que no me digas que respire!

- Normalmente es una mujer muy dulce-habló él entonces en dirección al asiento delantero, ignorando la molestia de su mujer.

- En serio, ¿ella lo es? -debatió inseguro el que manejaba, ladeando la cabeza en señal de desacuerdo.

- Por supuesto que lo es! -respondió el siempre enamorado hombre, lleno del más completo convencimiento- Está así por el dolor-susurró cubriéndose la boca con la mano en un gesto nada discreto.

- ¡Tú, deja ya de... ¡Por Kamisama, sólo llévame al maldito hospital, Ranma!

-Allá vamos, mi vida-se apresuró a responder él, acariciándole el cabello con ternura- ¡Estábamos tan emocionados con este viaje! -explicó como si aquello ya no lo supieran las otras dos personas en el auto.

-Llegaremos en un minuto-avisó en respuesta la otra joven compartiendo una sonrisa con el que manejaba.

.

.

.

-Ranma, vamos adentro-le pedí sintiendo el peso de las miradas de todos alrededor nuestro

-Qué?, ¿ya te despediste de tu noviecito, ahora ya puedes hablar conmigo?

- No seas infantil, Ranma-dije cruzándome de brazos ante él. Ranma imitó el gesto, cruzando también ambos brazos sobre su pecho.

-Bien, vamos adentro-aceptó finalmente. Supongo que incluso él empezaba a sentirse incómodo por la atención que estábamos recibiendo

Entramos juntos hasta la sala. Yo me quede de pie junto a la escalera mientras Ranma permanecía en el umbral.

-Qué vas a decir ahora? -preguntó después de unos segundos de silencio

-Bueno, es que yo quería disculparme contigo-alcancé a pronunciar- Anoche estaba tomada, y no recuerdo mucho de lo que pasó. Pero sé que lo que dijiste antes es cierto, sé que acepté tu propuesta de matrimonio y si no me hubieras detenido, realmente hubiéramos hecho...bueno, tú me entiendes. -hice una pausa en caso de que él quisiera decir algo- Porque yo realmente quería hacerlo contigo-admití sintiendo que el rostro me ardía de vergüenza.

A contraluz, casi pude adivinar que él también se había sonrojado. Permanecimos en silencio durante al menos un minuto hasta que Ranma volvió a hablar

-Espera, no entendí ¿de qué te estas disculpando?

Suspiré ahogadamente y respondí a su duda lo mejor que pude.

-Quiero disculparme por cualquier cosa que haya dicho o hecho estando ebria. No es que no te quiera, solo que no creo que sea sensato aceptar un compromiso cuando ni siquiera hemos tenido un noviazgo apropiadamente.

Ranma se puso a la defensiva de inmediato

- ¿me estas rechazando? vaya, no puedo creerlo. ¿Sabes qué? Olvídalo, eres una inmadura. Yo tampoco quiero casarme contigo.

-Oye, estoy intentando disculparme-me quejé yo

-Por aceptar mi propuesta de matrimonio! -gritó Ranma molesto, interrumpiéndome- En algo si tienes razón, fue demasiado apresurado, yo también debo haber bebido demasiado como para pensar en semejante locura. Quien va a querer casarse con una chica fea como tú, ha sido cosa del alcohol que me soltó la lengua, así que no te lo tomes en serio.

Suspiré porque él seguía siendo el mismo cabeza dura de siempre, ambos lo éramos.

-No tienes que ser tan grosero conmigo. Lo que estoy intentando decirte no es que no me gustes, sino que es absurdo aceptar un compromiso cuando ni siquiera hemos tenido un noviazgo. Hay cosas de ti que no sé y cosas de mí que no sabes. -expliqué con el ultimo gramo de paciencia que me quedaba- ¿Qué pasará si después ambos nos damos cuenta de que nos apresuramos y nos dejamos llevar por una decisión que tomamos estando ebrios?

-Siempre tienes que encontrar un "pero" para todo, ¿verdad? No puedes simplemente aceptarlo.

-No se trata de eso, te estoy diciendo que me gustas, pero se trata de ser racional y responsable. No quiero que ninguno de los dos salga herido por una decisión precipitada.

- Ya no me importa. Haz lo que quieras.

- Ranma no te pongas así. Solo quiero que entendamos lo que está pasando.

- No hay nada más que entender. Ya lo arruinaste. -sentenció antes de marcharse y dejarme con la palabra en la boca.

Me quedé ahí sola, sintiendo el peso de lo que no pude decir y los sentimientos mal interpretados entre los dos durante todos esos años.

¿Realmente había arruinado nuestra primera y única oportunidad?

.

.

.

-No te preocupes, que no vine a buscarte o molestarte. Kasumi me pidió traerte algo.

Ranma, idiota! después de todos esto, ¡cómo es que eso es lo primero que me dices!

-Si. Entiendo-respondí esforzándome por parecer tranquila.

De acuerdo, sí. ¡Yo lo arruiné, lo arruiné toda esa noche! Pero aun así...

-Toma-dijo extendiendo una caja pequeña, como las que mi hermana me enviaba regularmente. Eran solo vitaminas y cosas así.

-Puedes ayudarme? -indiqué, negándome a recibir la caja-Tengo demasiado en las manos ahora-expliqué

Me miró con molestia por un instante y luego a regañadientes entró tras de mí al apartamento.

En teoría vivíamos allí tres chicas, pero en las noches estaba yo sola, por lo general. Una de ellas tenía casi siempre el turno nocturno en su trabajo y la otra disfrutaba de fiestas y reuniones sociales que terminaban al amanecer.

-Quieres algo de tomar?

-No, gracias. -respondió él de inmediato con tono molesto

-Seguro? Puedo preparar un té o algo, no sé. -ofrecí a riesgo de que se burlara, como siempre, de mí.

- Olvídalo, no es necesario-respondió inquieto mirando alrededor suyo- Voy a dejar esto por aquí-añadió moviéndose hacia nuestro desayunador

-Ranma-pedí al ver que estaba por irse. Y si se iba ahora, probablemente me arrepentiría toda la vida. -No puedes quedarte? Digo, ya es tarde. Puedes ocupar el sofá para dormir.

-Para qué quieres que me quede? ¿Por qué debería, somos novios, siquiera? oh es verdad, según tú no sabemos suficiente el uno del otro. No sé qué tanto me hayas ignorado tú, pero yo conozco cada detalle de ti.

-Ranma-traté de detenerlo, pero él continuó desahogándose

- ¡O ya sé! Qué tal si me quedo, terminamos lo que empezamos esa noche y al despertar hacemos de cuenta que nada pasó, ¿fingimos no recordar?

-No dije que no recordaba nada, dije que mis recuerdos tardaron en regresar por el licor-expliqué con calma

-Para ti es muy sencillo, tú fuiste la que se negó y yo el que quedó como un idiota.

-Eso no fue lo que pasó, Ranma. No fue así, tú lo sabes, te lo explique esa noche. Y te he estado llamando, pero no me respondes-insistí

-Bien. Como sea, será mejor que me vaya ahora.

- Tú tampoco quieres casarte, se hombre y admítelo. -señalé con angustia en la voz

Ranma se detuvo en la puerta, a punto de salir.

-Es verdad, no quiero. Soy joven y casarme nunca fue mi prioridad.

-Entonces por qué me lo propusiste? - pregunté con genuino interés acercándome a él lentamente.

-Porque, si algún día lo hago, todavía quiero que sea contigo.

-Ranma- dije apoyando mi rostro en su espalda cálida, mientras abrazaba su figura en un pobre intento por mantenerlo un poco más ahí.

-Y no soportaría la idea de que seas la esposa de alguien más-Admitió trazando delicadamente líneas imaginarias sobre la piel de mis brazos, que aún lo sujetaban.-Solo imaginarlo, me mata de celos.

- Y si lo intentamos todo desde el principio?

-Quieres entrar al baño mientras me ducho y vernos desnudos otra vez? – preguntó él, sin emoción en la voz

-No me refiero a eso, ¿Ranma y si hacemos borrón y cuenta nueva? - sugerí yo

Por su silencio, que tardó casi un minuto en romper, pensé que él no aceptaría. Entonces, lo sentí girando entre mi abrazo, me tomó el rostro entre ambas manos y me besó dulcemente.

-Pídeme que me quede contigo. -dijo Ranma pausando nuestro beso-Como tu amante, tu novio o tu prometido, pero pídemelo. Y ni siquiera sugieras que sea solo como tu amigo. - me advirtió

Sonreí internamente ante su solicitud. Nada quería más que estar a su lado.

-Por favor, Ranma, quédate conmigo esta noche-pronuncié anhelando que esta vez sucediera realmente. -Se mi amante cada noche en la intimidad-dije besando su cuello-Y mi novio en las cenas familiares-añadí dejando un beso en su mentón- Mi prometido cuando te presente con mis amigas-dije antes de volver a unir nuestros labios, todavía con miedo, pero ya sin dudas de que él es al único al que le daré la bienvenida en mi vida.

Sujetando el borde del cuello de su camisa con ambas manos, retrocedí por inercia en dirección a mi habitación.

Ranma me tomó por la cintura y me levantó con facilidad. Separé mis piernas para rodearlo, uniendo nuestros cuerpos tanto como era posible.

Entramos a la habitación y permanecimos besándonos largamente junto a la puerta. La dulce y cálida sensación de invadir su boca y recibirlo a él en la mía, no tenía comparación con nada en el mundo.

Nos separamos un instante para mirarnos como si fuera la primera vez. Pronto y llenas de impaciencia mis manos, inexpertas y temblorosas, comenzaron a desabrocharle los botones, dejando expuesta una porción de la piel de su pecho. Ranma me observaba atentamente, evaluando cada gesto, cada movimiento mío como si quisiera grabarlo en su mente para siempre.

-Supongo que es mi turno ahora. - dijo él, al tiempo que me tomaba ambas manos para detenerme antes de terminar mi tarea.

Poco a poco, mi cuerpo fue despojado de la delicada tela de mi blusa, revelando mis hombros y mi vientre al desnudo. Una mezcla de excitación y vergüenza me embargó al sentirme tan expuesta, más aun cuando entre sus besos suaves, pero dominantes, me desabrochó el sujetador y lo dejó caer al suelo.

Ranma se separó para mirarme y por reflejo yo intenté cubrirme con las manos

-No lo hagas-me pidió él apartándome las manos suavemente- Tienes unos pechos tan bonitos.

Protesté ante su comentario de inmediato

-Pero si tú siempre has dicho que estoy plana! -me quejé resistiéndome a dejar de cubrirme, sin pensar en lo que decía

-Mentí-Respondió Ranma y sonrió seductoramente-Son perfectos-añadió antes de inclinarse para besarme otra vez, mientras su mano acariciaba uno de ellos, tortuosamente despacio- Y tus caderas me vuelven loco-susurró en mi oído. Su mano se deslizó por mi espalda hasta colarse entre la tela del pantalón.

-Ranma-balbuceé intentando distraerlo un momento al sentir aquella sensación tan placentera-¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?

Ranma sonrió asintiendo, como si estuviera contemplando el pasado que nos une

- ¿Sabes? Siempre he querido contarte cómo me enamoraste.

Me reí, avergonzada, mientras jugaba con su cabello trenzado.

-Pero si yo no hice nada, al menos no con la intención de enamorarte-me defendí yo y él negó gentilmente con una sonrisa en los labios

-La primera vez que te vi-dice él y mis ojos se abren ampliamente de impresión- supe que había algo especial…en tus ojos, tu sonrisa... Me atrapaste desde el primer momento. -me cuenta en un susurro y a la luz de mi habitación sé muy bien que lo que me dice es sincero

- No sabía que te habías sentido así desde el principio. -atino a responderle, acariciando el perfil masculino de su rostro sonrojado- Ranma, es hermoso escucharlo.

Él esconde la cara en el espacio entre mi cuello y mi hombro, dejando escapar un suspiro que me suena a alivio

-Sí, pero no fue hermoso sentirlo yo solo. Con el tiempo, me enamoraba más y más. Cada sonrisa tuya, cada discusión, cada mirada... Todo de ti. No podía evitar desearte en mi vida, pero estaba atado al compromiso con tu hermana…y tú me odiabas.

Me las arreglé para sacarlo de su escondite y mirarlo a los ojos

- Mi amor por ti no fue instantáneo, Ranma. Fue dándose poco a poco y sin darme cuenta, ya habías desplazado la posibilidad de querer a cualquier otro hombre-admití

Él parece satisfecho con mi respuesta, lo sé por la forma en que me besa, tan larga, dulce y posesivamente que soy consciente de que nunca volveré a sentirme de la manera en que ahora me siento.

-Me alegra escuchar eso. Siempre supe que había una conexión entre nosotros. -afirma en tono orgulloso

No puedo evitar el suspiro que escapa de mí, incluso si dura un instante, no puedo seguir negando mis sentimientos

-Pues entonces te alegrará aún más escuchar que te amo, con cada fibra de mí.

- Eso es lo mejor que me han dicho en la vida.

Le doy un beso, uno con el cual deseo transmitirle todo mi amor, mientras deshago la trenza de cabello negro con mis dedos.

- Estoy tan feliz de tenerte. Te amo, más que nadie en el mundo, Ranma.

Supuse que ambos nos sentíamos vulnerables y expuesta antos, pero al mismo tiempo era como si por fin hubiéramos vencido todas las barreras que nos habían limitado hasta ese día.

-Dime, por favor, que estamos solos- su voz sonó casi a suplica cuando me recostó en la cama para quitarse del todo la camisa.

Ver la expresión en su rostro, las ganas que reflejaban su mirada y su cuerpo, su trabajado y bien formado abdomen, me hizo saber que jamás olvidaría esa imagen y terminé por lanzar un suspiro de anticipación y deseo.

-Al menos hasta mañana, sí, estamos solos.

.

.

.

- ¿Mousse y mi hermana tienen una relación? -pregunté aturdida por la revelación de aquel hecho-Pero, desde cuándo, cómo pasó algo así.

-No tengo ni la menor idea- respondió Ranma divertido-Solo nos lo dijo ayer. Ahora que es dueña del restaurante, supongo que ella necesita quien le ayude con lo de cocinar, ya sabes cómo es.

-Pero entonces es solo algo como una relación de negocios-quise asumir yo

Ranma meneo la cabeza negativamente y el roce de su barba insipiente en mi mejilla me dio cosquillas.

-Son novios o algo así. Shampoo y la anciana estaban indignadas cuando lo descubrieron, pero ya habían cerrado el trato con Nabiki.

- ¿Y ellas dos, regresaran a China? –pregunté sin dar crédito a lo que escuchaba

- Y espero que no regresen-celebró Ranma besando mi mejilla mientras me guiaba tomándome ambas manos con las suyas para cocinar nuestro desayuno.

La puerta del departamento se abrió y mis compañeras entraron una seguida de la otra. Ranma y yo nos separamos, apenas para darles la bienvenida.

- ¿Tú eres Ranma? -preguntaron casi en coro admirando el torso desnudo de mi recién estrenado prometido, novio y amante.

-Hola-saludó él con seguridad, ni siquiera un poco cohibido ante sus atentas miradas, con solo una toalla cubriendo la parte baja de su figura. -Ranma Saotome, es un placer

-Ya veo que eres un placer, chico, ¿o no, Akane? -bromeó una de ellas haciendo que los colores se me subieran al rostro.

-Estas preparando el desayuno? Nos morimos de hambre-comentó la otra

- Siéntense, ya casi está listo, serviré en un minuto-respondí, feliz de que su atención fuese en otra dirección - y tú, ve a vestirte, descarado- le ordené a Ranma golpeando su abdomen con mi mano al pasar junto a él.

-Espera un segundo-me pidió sujetándome por el antebrazo- ellas no se ven preocupadas por verte en la cocina-me cuestionó Ranma. Su ceja derecha alzándose con curiosidad.

-Claro que no, soy bastante capaz de preparar huevos revueltos para un desayuno-respondí con fingida indignación

-Entonces porque no me lo dijiste? -preguntó él genuinamente asombrado

-Pues porque me gusta sentirte cerca de mí, bobo, ¿por qué más? -respondí dándole un beso fugaz en los labios. - ve a ponerte ropa, no quiero que te estén mirando así mientras desayunamos. Ahora eres mío, Saotome.

.

.

.

Media hora después de llegar, el medico que nos atendió en urgencias nos daba noticias de mi hermana.

-Puedo pasar a verla? -preguntó Mousse, tan pronto como el medico salió de la sala. Estaba tan preocupado como si Nabiki estuviera al borde de la muerte.

- Por ahora le dimos un sedante para que descanse- respondió el anciano doctor

-Tan mal está, puedo pasar a verla? - quiso saber, lleno de angustia

-Es solo un esguince de tobillo, la paciente nos ha exigido algo para el dolor. Podrán verla en unas horas. Ella estará lista para marcharse mañana mismo, pero lo de esquiar tendrá que esperar hasta la próxima vez.

-Gracias doctor. –respondimos los tres.

Después de unos minutos en silencio, uno de nosotros pronunció lo que hasta ese momento todos sabíamos: La responsable del accidente no había sido otra que Shampoo.

-No deberíamos denunciarla? -preguntó Akane, de pie a mi lado. -Esto ya es demasiado, una cosa es que insista en entrar a molestar en nuestra casa y otra es que vaya por ahí dejando artefactos extraños que puedan lastimar a alguien.

-Ya lo hice-respondió Mousse- No me importa si la abuela o la tribu se molesta, no dejaré que lastimen a Nabiki.

Aunque su relación era un poco inusual, ellos llevaban las cosas bastante bien a su manera.

No estaba segura de que le molestaba más a Shampoo, el hecho de que Ranma y yo seguíamos siendo pareja a pesar de ella y sus continuos, molestos y fracasados intentos de seducción o el que Mousse y mi hermana estuvieran casi a las puertas del altar.

-Ustedes vayan, todo lo de la reservación ya esta pago-nos sugirió Mousse, extendiéndonos la carpeta donde guardaba todo.

-Estas seguro? - volvió a preguntar Ranma

-Sí, vayan, yo le explicaré a Nabiki

Salimos del hospital dejando al preocupado prometido de mi hermana mayor en espera de que ella despertara.

-Sabes que Nabiki nos lo cobrara tan pronto como despierte, ¿cierto? -preguntó Ranma sacudiendo los boletos de avión frente a sus ojos, a punto de subir al taxi

Asentí divertida, para ese momento ya habríamos disfrutado de aquel paquete de vacaciones, solos los dos.

.

.

.

Desperté, tan a gusto en sus brazos, deseando poder amanecer así a su lado para siempre y me abracé un poco más a su cálido cuerpo.

-Buenos días, dormilona-me saludó él con un beso en la frente

-Buenos días, mi amor-respondí con una sonrisa en los labios que no había desaparecido durante el tiempo que llevábamos de relación.

Ranma se levantó un momento después, dispuesto a preparar el café de esa mañana.

En la cabaña de la estación de esquí donde amanecimos, el frío se coló bajo la gruesa manta cuando él estaba por salir de la habitación.

-Ranma-llamé su nombre con la completa seguridad de nuestros sentimientos-Te casarías conmigo? –pregunté confiada de su respuesta.

De espaldas a mí, él respondió con un frío "No" y sentí que el mundo se quebraba bajo mis pies.

- ¡No, Akane, no, la propuesta debía hacerla yo! -se quejó Ranma berrinchudo

-Ay, idiota, ¡me asustaste! -grité arrojándole una almohada a la cabeza y él volvió a la cama riendo como un niño travieso.

- ¿Te casarías conmigo, Akane? -preguntó él después de besarnos a nuestro antojo

-Solo si prometes una cosa-condicioné yo, acariciándole el rostro amorosamente

-Lo que quieras - contestó Ranma

-Que vamos a amarnos así.-pedí con el corazón latiendo tan fuerte y tan rápido que bien podría infartar

-Para siempre, lo juro-me interrumpió Ranma antes de volver a besarme

.

.

.

Nuestra sencilla boda tuvo lugar apenas unos meses después de aquel fin de semana en la montaña. Los padrinos, dos testigos y un juez como únicos asistentes al enlace.

Le dimos la bienvenida a una vida juntos con una sonrisa, tomados de la mano.

.

.

Fin

Muchisimas gracias a todas y todos por leer hasta aquí, se les quiere un mundo!