Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling
Había una vez...
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Draco y Pansy habían sido desterrados del mundo mágico hacía unos años y si bien no habían podido casarse mágicamente habían vivido como si lo estuvieran. Consiguieron una casa, un trabajo y habían tenido a Scorpius; pero Pansy no había sobrevivido al parto, y desde entonces Draco cuidaba de su hijo por sí mismo.
Él creía que si bien no era un padre excepcional, no era un mal padre, pero ahora que tenía al hijo de Potter con él empezaba a dudar si lo era. El pequeño Potter no tenía el horario al cual había acostumbrado a Scorpius, se despertaba por la noche lo que le recordaba los primeros meses de nacido de su pequeña copia, y era fan de las cosas dulces, lo que era todo lo contrario a su hijo y ocasionaba que tuviera que hacer doble desayuno, merienda y cena. No era que le molestara a Draco, porque ahora no tenía que preocuparse de que su hijo se aburriera y ponía tener un poco de tiempo para realizar los quehaceres, pero tenía que lavar la ropa con más frecuencia y tenía que justificar a sus niñeras como había terminado cuidando a un bebé extra mientras iba al trabajo y no podía llevarlo.
Gracias a Merlín aún conservaba su magia y había podido duplicar el carrito para dos infantes, el tamaño de la cuna y muchas cosas más; y tenía dos brazos por lo que podía acurrucar a dos niños en su pecho cuando veía la televisión. Y aunque amaba al nuevo bebé, especialmente cuando besaba su pequeña cabeza en las noches en que insistía en no dormir, sabía que Potter debería estar buscándolo y extrañándolo, y si la situación fuera todo lo contrario, el héroe le devolvería a Scorpius aún si lo detestaba.
El problema era que Draco no tenía como enviarle un mensaje por lechuza y no podía enviarle un patronus que era lo único que se le ocurría porque nunca había aprendido a hacer uno, porque no lo vio en clases y no tenía acceso a libros mágicos. Intentó aparecerse en el Ministerio, pero la clave había cambiado, e intentó armar un pequeño alboroto en el mundo muggle pero nadie había aparecido. Además, aquellos magos con capucha estaban dando vueltas alrededor, por lo que tras mucho pensarlo decidió mudarse. Preparó cuidadosamente todos los arreglos y en poco tiempo cambió su pequeño departamento por una casa con jardín. También le puso una pulsera que hechizó con un hechizo localizador y con un poco de su sangre creó un lazo con él, para brindarle un poco de magia Malfoy. Por su mente pasó el proceso de adopción, pero se dijo a si mismo que éste no ere su hijo, sin importar cuanto tiempo pasara con él jugando en la alfombra, cuánto tiempo pasara convenciéndolo de comer sus papillas, cuan mojado quedara tras una batalla en la bañera o los juguetes que le hubiera comprado.
-¡Eso es, Albus! - exclamó cuando le puso su mameluco y le hizo cosquillas en el estómago. El bebé rió y el slytherin rió con él, antes de hacer lo mismo con su hijo. Cuando ambos estuvieron listos y apuestos, Draco los colocó en su carrito y se preparó para un gran viaje. -Muy bien preciosos, iremos a Londres. Según recuerdo la casa Black estaba en el área muggle así que si tenemos suerte podremos encontrar a Potter por ahí, sino, al menos daremos un lindo paseo.
Así que eso hicieron, tomaron un bus y caminaron tranquilamente alrededor de la ciudad. Draco estaba a punto de rendirse cuando una ola de magia cruzó junto a él. Volteando, miró alrededor esperando ver a los magos que buscaban a los bebés aparecerse, en cambio lo único que vio una casa aparecer frente a él y desaparecer con la misma rapidez.
Esa era la casa Black.
Diez, once, trece...
-Doce de Grimmauld Place-exclamó pero la casa no apareció.-Genial.
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Harry le había pedido el divorcio a Ginny.
-No puedo verte-exclamó- cuando te miró pienso en Albus, y entonces yo... no puedo verte Ginny. No puedo ver Grimmauld Place, no puedo ver el cuarto lleno de las cosas de Al. No puedo vivir contigo de la misma manera.
-¿Qué quieres decir? ¿Crees que yo no lo extraño? ¿Crees que no me duele no verlo cuando abro los ojos?
Harry bajó la mirada.
-Sé que te duele, pero no puedo lidiar conmigo mismo en este momento.
-¿Me culpas, no es así?-lloró ella y él negó.
-No, me culpo a mi por no estar. Siempre supe que no eras el prospecto maternal, pero yo deseaba tanto un hijo...
-Esto es completamente injusto.
La muñeca de Harry se encendió de color rojo.
-Tengo que irme.
-¿Dónde vas?
-No tienes porque saberlo.
-¡Harry!-exclamó Ginny, poniéndose de pie y fue ese momento, ese mismo momento en que una ola de magia los golpeó. Ambos se tambalearon y Harry se apuró a sacar su varita. Se desapareció al Ministerio. Cuando llegó todos los aurores estaban ahí.
-Harry-llamó Ron.
-¿Ron, qué pasó?
-No lo sé.
Todos los aurores hablaban entre sí. De pronto el Jefe de Aurores hizo su aparición. Todos lo miraron esperando la explicación de que pasaba cuando él los miró y explicó.
-Hemos perdido contacto con el mundo muggle.
El mundo enloqueció.
-Hemos recibido noticias de aquellos que vivían en el mundo muggle, de pronto dejaron de ver sus alrededores. Lo mismo pasa cuando queremos entrar en él. Nuestros magos en el mundo muggle no pueden entrar. Los patronus no salen del mundo mágico y las lechuzas no van a otros lugares. Estamos encerrados.
El mundo enloqueció.
-¿Qué le vamos a decir a la sociedad mágica?-preguntaban.
-Aquellos que tengan una casa así por favor regresen y examinen si pueden ver qué ha cambiado o pueden acceder a la parte muggle. No sabemos que pretenden con ello, pero no auguro que sea nada bueno.
Harry solo se preguntó como seguiría buscando a Albus, y si esto estaba relacionado a él. Regresó a casa, e intentó abrir la puerta a la parte muggle pero no podía ver nada más que un pedazo de muro igual al de la propiedad.
Entrecerró los ojos.
-Genial.
Había una vez un león encerrado en una jaula que intentaba mirar a través de los barrotes,
y un dragón que miraba ésta desde afuera, preguntándose si había algo tras el vacío.
