Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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-¿Una hibernación mágica?- preguntó Harry, y varios aurores asintieron, como si estuvieran a punto de lanzar esa pregunta.

-Si-respondió el Jefe de Aurores,- parece que después de la guerra mágica el Mundo entró en una especie de hibernación para recuperarse.

-No lo entiendo-respondió uno de los aurores- la guerra fue hace años.

-Si... Los inefables tampoco lo entienden porque con Grindelwald esto no pasó. Aún así, es lo único que tienen. Creen que las dos guerras tuvieron efecto en el mundo mágico, y que, en realidad, la hibernación pasa cada cierto tiempo, así que tampoco están seguros si era su hora, simplemente. Lo que saben es que este proceso puede durar meses, o años.

-Así que, ¿hasta que esta hibernación no termine estaremos incomunicados con el mundo muggle?

-Si, eso parece.

-¿Qué hay de los magos afuera? ¿Qué hay de las familias de los nacidos de muggle? Los niños en Hogwarts, ¿qué pasará con ellos?

El Jefe de Aurores suspiró.

-¿Qué hay de sus padres? ¿Cómo sabrán que están bien?

-Dejaremos eso a Hogwarts, aurores. Nuestro deber es mantener la paz en el Mundo Mágico. Ahora, déjenme explicarles el plan. Según...

Tres horas después, Harry y Ron fueron a la madriguera para explicar la situación a los Weasley. O eso iban a hacer, porque cuando llegaron Ginny estaba llorando y Molly miró a Harry casi con traición. Probablemente Ginny ya le había dicho todo a su familia.

-Será mejor que me vaya, Ron.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Lo sabrás en cuanto me vaya.

-Pero, compañero...

-De verdad, Ron. Te veré después.- Huyó antes de que Molly pudiera decir algo. Sus pasos lo llevaron nuevamente a la habitación de Al. Si tan solo pudiera saber dónde estaba... Si tan solo pudiera encontrarlo... Tomó su varita y lanzó un patronus.

-Al, te encontraré- expresó sin poder evitar su tono triste y cansado.- Te encontraré. Te amo. No lo olvides. Albus Potter-le dijo al ciervo, y este ni siquiera se movió de la habitación. Sorprendido, Harry repitió-Albus Potter.- Sabía que era arriesgado, que podría estar alertando a sus secuestradores. Pero había pasado tanto tiempo... No quería que Al olvidara su voz... El patronus siguió quieto. Una idea cruzó por su cabeza y sacó otro patronus- Tú quédate-le dijo al otro.- Luna, necesito hablar contigo. Luna Lovegood-le dijo al nuevo patronus. Para su sorpresa, el ciervo corrió fuera, a toda velocidad.

No.

No, casi gritó.

Esto no era posible.

-Albus Potter-repitió.

El patronus no se movió.

-Petunia Dursley.

El patronus no se movió.

Esto no podía ser. Albus estaba en el mundo muggle.

Estaba solo. Un niño mágico en el mundo muggle. Con quién sabe quién.

Durante quién sabe cuánto tiempo.

Corrió hacia su puerta.

-Déjame salir-exclamó, golpeando contra la pared de ladrillos. -Déjame salir. Mi bebé. Mi hijo está ahí. Afuera. Solo.-Suplicó, golpeando más fuerte. -Déjame salir.

La casa mantuvo el muro y Harry se sentó apoyado a ella.

-Solo quiero saber si está bien-lloró- Solo quiero que vuelva a casa.

Nadie respondió.

Una segunda ola de magia golpeó en los alrededores.

Harry miró a su alrededor, sorprendido. La primera ola de magia los encerró. La segunda había hecho algo más. Otra ola lo golpeó inesperadamente. La tercera, no quería ni pensarlo.

Enojado, sacó la varita y apuntó a la pared.

-¡Bombarda! - Nada salió de la varita. - ¡Lumus!

Nada.

Esto no podía ser. Tocó su pecho, su núcleo estaba activo.

-Accio-exclamó. Nada pasó.

Corrió hacia la chimenea, aún funcionaba. Kreacher.

El elfo apareció. También tenía magia.

Solo era él.

-¡Harry!-apareció Hermione en las llamas- ¡Harry, las varitas no funcionan y no podemos sentir nuestros núcleos mágicos!

Esa era la tercera ola.

El Mundo Mágico ahora estaba habitado por magos encerrados, que no podrían usar magia.

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Draco miró el espacio vacío por segunda vez esa semana. Estaba ahí, Draco sabía que estaba ahí, así que no era un Fidelio lo que escondía Grimmauld Place. Era algo más. Era magia. O la falta de ella.

Albus lloriqueó, extendiendo los brazos, y Draco lo tomó y lo meció, por lo que de inmediato Scorpius reclamó también atención. Pronto, como si lo presintiera, Draco lanzó un protego sobre ellos y sintió un golpe de una ola mágica contra éste.

-No sé que está pasando-les dijo cuando esta se expandió lejos de ellos- pero sea lo que sea no es bueno.

Intentó aparecerse, pero de pronto su varita lanzó un rayo de energía y se apagó ¡Se apagó! Draco jadeó con pánico. No, no podía ser se dijo, pero luego el carrito doble, y todo lo que había creado con magia desapareció, igual que la magia de la varita.

Esto era... ¿la magia estaba desapareciendo en el mundo muggle? ¿Esa era la segunda ola?

La primera separó ambos mundos.

La segunda eliminó las cosas creadas con magia en el mundo muggle. Así que sus barreras...

-Debemos ir a casa. Ahora- Exclamó y estaba a punto de irse cuando una tercera ola lo golpeó. Instantáneamente protegió a ambos niños con su cuerpo y como esta vez su varita no funcionaría, extendió su magia alrededor de los tres esperando que fuera suficiente para protegerlos. Cuando la ola se fue, se puso de pie. Sus cosas se habían caído así que extendió la mano, decidido a que el lugar era demasiado peligroso para permanecer en él. Especialmente cuando tenía dos bebés a quienes cuidar.

-Accio, maleta-exclamó usando la poca magia sin varita que tenía. Nada pasó. Tocó su pecho. Su núcleo mágico estaba bien. Era solo que no podía usar magia. Tocó a los niños. Podía sentir la magia en ellos.

Entonces, qué...

Y entonces lo comprendió; y si no tuviera a dos niños entre sus brazos, se hubiera dejado caer.

La tercera ola bloqueó su uso de la magia. No podía exteriorizar su magia. Lo había bloqueado.

Era un mago, en el mundo muggle, que no podía hacer magia.

Se dirigió rápidamente a casa y puso a los niños en la cuna mientras se dejaba caer en el sillón.

-No debo preocuparme-exclamó.- No debo preocuparme.- Se puso de pie y siguió con su rutina diaria. Alguien en el mundo mágico seguro se estaba encargando de esto. Seguro Potter ya estaba buscando como solucionarlo. Su hijo estaba aquí, con él... Potter no lo abandonaría.

Caminó hacia Albus y acarició su cabeza.

-¿Cómo voy a devolverte si no puedo hacer magia? ¿Cómo podrás ver a tu padre? -Tomó a Scorpius entre sus brazos.- No sé qué haría sin ti, Scorp-susurró.-Gracias a Merlín, estás conmigo.

Entonces algo interesante pasó. Scorpius sonrió feliz y atrajo su peluche hacia él.

Con los ojos abiertos por la sorpresa, Draco entendió. Y sonrió.

La tercera ola había bloqueado la magia de los magos con magia ya expresada; pero hasta ahora Scorpius no había dado su primera muestra de magia. No podía bloquear lo bloqueado. Ahora que la había manifestado, estaba aquí, con él, como si no hubiera pasado nada.

Así que Draco tenía dos magos que tendrían magia, apenas Albus diera su primera muestra.

Con la esperanza renaciendo en él, a pesar que sus dos pequeños no tendrían una varita propia, Draco sonrió y abrazó a su hijo.

-Eres lo mejor que me ha pasado-exclamó besando su frente. -Lo mejor que me han pasado-repitió abrazando también a Albus.

Porque aunque no tenía magia en el mundo muggle, no estaba solo. Y ellos tampoco lo estaban.

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Había una vez, la magia decidió guardarse de los magos, que no paraban de hacer mal uso de ella. Invadió todos los lugares, cada mundo, cada casa, cada persona y los despojó de su esencia.

Pero aunque el león ya no podía rugir, ni el dragón podía volar,

sus cachorros habían permanecido juntos e intactos, protegidos por las alas del dragón que los custodiaba.