Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

.

.

.

Draco estaba durmiendo con los niños cuando una nueva ola de magia lo golpeó y golpeó a los pequeños. Había pasado alrededor de un año cuando la última ola los había golpeado y bloqueado su magia. Un año desde que Draco cuidaba de Al, y no pudo evitar sobresaltarse cuando su núcleo mágico fue liberado y frente a él, aparecieron cosas que se suponían se habían ido con las últimas olas.

Imposible, pensó, pero aún así corrió hacia ese cajón de ropa y buscó por todos lados su vieja varita de madera. Estaba activa.

Tenía magia.

Tenía magia en el mundo muggle.

Aliviado, corrió hacia sus bebés y verificó que todo estuviera bien con ellos. Cuando fue así, salió a la puerta de su casa, la cual estaba justo frente a Grimmauld Place. Había decidido que si no podía lanzar un patronus o enviar una lechuza estaría ahí cuando la casa apareciera. Para su desilusión, no estaba.

Algo en él se desilusionó.

-Potter, vamos-exclamó suavemente- Vamos, aparece.

Cuando fue obvio que no aparecería, volvió a casa y abrazó de nuevo a sus bebés.

-Papá está aquí-les prometió- Papá los cuidará.

Besando la cabeza de Al y Scorp, cerró los ojos.

-Estúpido, Potter-exclamó.-Date prisa- no sabía porqué exactamente, pero desde que le había dado magia familiar a Al, sentía la necesidad de ver a Potter. De saber que estaba bien, de poderlo encontrar.

Quizá no hice algo bien, pensó.

Scorpius abrió los ojos y el rubio lo abrazó, arrullándolo nuevamente. Una parte de él se alegró cuando la magia volvió, pero mirando al moreno en sus brazos, otra parte se preguntó qué haría cuando Potter se llevara al niño que había cuidado como suyo, al que le había brindado magia, al que educaba día tras día, con el que jugaba, veía televisión o al que luchaba día tras día para peinar.

-Te quiero, Al- susurró- No lo olvides. Incluso si mañana no puedes verme nunca más, nunca olvides que te quiero.

No iba a preocuparse, se dijo. Esta era solo una ola. Se preocuparía cuando la tercera llegara. La que había separado ambos mundos.

La que podía hacer que le quitaran al niño.

Cerró los ojos e intentó dormir nuevamente ahora que los niños lo hacían, porque probablemente no lo harían de noche, pero no pudo. Solo suspiró, y pensó en el miedo que tenía del futuro. Así que abrazó a sus bebés, aprovechando cada momento que pudiera tener con ambos.

.

El primer error de Ginny fue presentarse en casa de Harry y pedir hablar con él, luego de casi un año de haber quedados encerrados en el mundo mágico y de tres desde que Harry renunció a ser auror. Harry la había recibido sin mucho ánimo, y había servido un poco de té para ambos, cuando ella empezó a hablar. Para ser sincero, no estaba prestando mucha atención a sus palabras, pero cuando ella dijo esa frase, Harry sintió la ira nacer dentro de él y su mano tembló mientras asentaba la taza de té nuevamente en la mesa.

-¿Qué?

-Podemos tener otro hijo, Harry. Albus no tiene que ser el fin. Nosotros tenemos...

El segundo, fue seguir esa frase.

-Tenemos que aceptarlo, quizá está muerto. No podemos, Harry, no podemos buscarlo por siempre.

El moreno cerró los ojos, y suspiró.

-No, no podemos-exclamó.-Por ello te pedí el divorcio. No tienes que buscarlo. Lo haré yo mismo.

-Harry...

-Si alguno tuviera un árbol familiar-exclamó- podrías decir esa frase y yo me podría pensarlo, pero no lo haré. No lo haré por que en realidad ninguno sabe. Por favor, Ginny. Vete y no vuelvas.

Cuando ella no se movió, solo apretó los puños en su falda y enrojeció, Harry suspiró nuevamente y salió de la cocina. Ginny lo siguió, como Harry no dijo nada, supuso que no había problema en continuar tras él. Fueron al cuarto de Albus.

Ella se detuvo.

Él entró.

-Estás torturándote, Harry-exclamó.-Estás torturándonos.

-No aceptaré que esté muerto, Ginny. Incluso si lo está, no voy a descansar hasta encontrar qué pasó con él.

-No tienes magia, Harry...

-Hay pociones, hay magia de elfos, de duendes, las criaturas mágicas sangre puras aún tienen su magia, solo tengo que encontrar al correcto, solo tengo que pagar lo necesario.

La pelirroja tragó saliva.

-Pero...

-Y tenías razón-exclamó con indiferencia, cosa rara en él, como si un cansancio lo hubiera envejecido casi 10 años en estos pocos meses- te culpo. Y jamás te perdonaré. No mientras Albus no esté. No mientras no sepa que pasó.

-Eso, no es justo.

-No, no lo es, pero he sido justo por años... Ginny. Años. Y solo conseguí que mi hijo fuera secuestrado, que mi esposa me pidiera olvidarlo, que mi casa no me deje salir a encontrarlo... -exclamó con voz rota.

-Harry, yo te amo.

-Ojalá fuera verdad-rió con amargura.-Pero tú Ginny, no me amas. Amas al héroe que solía ser, y ahora solo soy Harry, viniste aquí intentando convencerme de olvidar mi dolor en lugar de acompañarme, de volver a ser el auror estrella y no lo haré. Voy a encontrarlo, Ginny. No voy a rendirme.

-Yo no puedo hacerlo, Harry.

-Lo sé-respondió el hombre y la vio bajar las escaleras. Luego de segundos la encontró tomando nuevamente el té. Él, extrañado, la miró con cautela.

-Te daré el divorcio, Harry- exclamó.- Sé que todo este año me negué a dártelo pero es suficiente, te entiendo, te lo daré.

Harry asintió extrañado y tomó nuevamente asiento frente a ella. Tomó un poco de té y luego se sobresaltó.

-¿Pero qué...? ¿Qué hiciste?

-Realmente, lamento haber perdido a Albus, Harry, pero yo... yo no lo puedo esperar-exclamó- y no puedo dejar que tú lo hagas.

Harry, quien había estado demasiado cansado y débil para reaccionar adecuadamente, solo la miró antes de caer dormido Cuando despertó, solo había una botella vacía junto a una taza de té, como si Harry hubiese tomado una poción por si mismo.

-¿Ginny?-preguntó cuando la vio. Ella asintió, con lágrimas en los ojos.

-Oh, Harry.

-¿Qué pasa?

- Harry. Tenemos que hablar. Lo que hiciste...

-¿Lo que hice...?

-Harry, tú... supongo que solo querías borrar el dolor.

-¿El dolor?

-Ven, Harry- exclamó tomando su mano y guiándolo al cuarto de Al. Te lo explicaré todo.

Y entonces una ola de magia los golpeó.

-Eso fue...

-Una ola-exclamó ella con alegría y sacó su varita, intentó lanzar un hechizo. No funcionó.

Harry la miró confundido.

-¿Una ola? ¿Ginny, por qué estás en mi casa?

Y entonces Ginny supo que había borrado de más.

.

Cuando Harry entró nuevamente a Grimmauld Place, después de haber ido a San Mungo y luego de oír de las olas de magia y su hijo muerto, Albus, sus pasos lo dirigieron a el árbol familiar de los Black. No sabía porqué iba, era cierto, su nombre no había estado ahí nunca, y no había manera de que estuviera el de su hijo; aún así caminó a él y lo observó. Para su sorpresa, luego de años de no haber visto el árbol ahora tenía cuatro ramas más.

Scorpius Malfoy.

Malfoy tenía un hijo, una rama salía de él y unía su nombre a la de Parkinson, y luego otra, entre ambos, unía su nombre a Scorpius ...pero la más sorprendente fueron las otras ramas. Una provenía de Malfoy y unía su nombre a Harry, y luego, al igual con Parkinson, esta tenía una división en medio, que unía el nombre de ambos a otro.

Albus Potter-Malfoy.

Harry jadeó.

¿Él tenía un hijo con Malfoy, no con Ginny?

Y no solo eso, estaba vivo.

Había una vez un león confundido en la niebla de su mente, quien encontró un dragón oculto en el bosque.

Y un dragón que, sin saberlo, lo había atado a él para proteger al cachorro de león en sus alas.