Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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Draco se sentía observado.

No era malo, no era todo el tiempo. Era solo que a veces sentía que lo veían. Al principio fue solo cuando Al estaba cerca de él, pero luego empezó a sentir que los momentos incrementaban. Como cuando estaba con sus compañeros de trabajo, solo en la sala después de un largo día siendo padre soltero, o en la cocina, mientras los niños jugaban en la sala.

Y por alguna razón, más que sentirse temeroso, se sintió aliviado.

Y de eso, hacia casi dos años.

La primera ola que lo había golpeado, había liberado su magia, y aunque no sabía si había hecho otra cosa, Draco se preguntó cuando pasaría una segunda, o porqué la única ola que él había sentido no solo había devuelto la magia muggle, sino también las cosas invocadas, cuando la vez pasada habían sido dos olas diferentes las que habían retirado todo. ¿Era porque el mundo muggle tenía casi nada de magia en comparación de su mundo de origen?

Se preguntó qué pasaba en el mundo mágico.

Se preguntó cómo estaría Potter, sin Al a su lado.

¿Lo extrañaría?

¿Lo había superado?

Aún así, Draco quería que supiera quien era, que no lo olvidara. Probablemente el niño no recordaba a sus padres, después de todo llevaba todo ese tiempo con Draco y la memoria era corta para los infantes; pero aún así, si nunca pudiera ver al héroe, no había nada malo con el hecho de que supieran de él. Después de todo, Draco mismo había crecido con su historia. Podía volverlo un personaje ficticio, alguna leyenda, un cuento infantil...

-Entonces,- exclamó con los dos niños de ahora casi tres años. Puso énfasis a su voz y exclamó-Potter alzó la varita contra el hombre malo y ...- el teléfono sonó, así que detuvo lo que decía y miró hacia su sala. -Ahora vengo niños-exclamó asegurándolos con un hechizo y caminó hacia el aparato.-¿Diga? !Oh¡ ¡Si! ¡Si, muchísimas gracias! Si, son dos niños, mellizos. Los tuve con mi esposa-exclamó con una suave sonrisa - solo necesito que los cuide unas horas, señora Lidia. Quiero ponerlos en una guardería, y quiero que sea la mejor así que necesito tiempo para ir visitando los lugares. ¡Oh! No-rió- sé que pueden ser muy activos, especialmente Al, pero incluso él puede portarse excelente. Scorpius es muy tímido. Por ello que Al esté con él es bueno. Se distraerán uno al otro. Si es necesario puede ponerles un gran rato la televisión. Muchísimas gracias, la esperaré-se despidió y caminó de regreso a los niños.- Bueno, -les dijo- esa es su niñera confirmando sus horas. ¿En dónde estaba? Oh si. Le ganó. Siguiente historia.

Los niños lo miraron curioso.

Él se sentó y apoyó los pies en las rodillas.

-He estado pensando-les comentó- que quizá debería conseguirles una madre. Me siento solo ¿saben? - rió tristemente- Extraño a Pansy. Cuando estoy con las demás personas, personas que no tienen magia yo solo...quiero que alguien me comprenda, quiero que pueda comprenderlos a ustedes. Ella hubiera sido una madre estupenda para ambos. Por supuesto, tendría preferencias, pero es solo porque nunca se llevó realmente bien con tu padre, Al. Ninguno lo hizo. A veces me preguntó si haberte traído conmigo fue buena idea, claro-rió- la otra opción era dejarte con esos hombres.

Su mirada se desvió a la ventana.

-Esos hombres pueden estar por aquí, en el mundo muggle también-susurró y tomando su varita examinó sus barreras mágicas.- Tengo miedo de para qué te querían, y si aún te están buscando. Oh, lo que me recuerda,-sonrió y caminó hacia Al, tocando su frente y una luz mágica surgió de su dedo. El niño se quejó- Eso, querido peque, ayudará a bloquear tu magia por un día. -Hizo lo mismo con Scorpius. -No necesito que otra niñera crea que tenemos fantasmas rodando por aquí.

-Pa...

-Si, pa-respondió a la llamada de Scorpius- pa va a tomar un baño antes de que durmamos. Merlín sabe que ustedes dos son agotadores.

Cuando salió, los niños dormían. Se paró junto a la ventana y miró al frente. Grimmauld Place seguía sin verse.

Suspiró.

Volteó hacia los niños y luego empezó a susurrar. Su rostro era serio, realmente amenazador, podría decirse, y sus palabras no se escuchaban. Pronto, la magia rodeó a ambos niños y marcó en ellos momentáneamente el símbolo de los Malfoy.

-Si alguien intenta matarte, Al- prometió- estarán cavando su propia tumba. Después de todo, los Malfoy siempre perduraremos.

Tomando un libro, fue a la sala a descansar.

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Sucedió un día como cualquier otro. Draco estaba haciendo la cena cuando se cortó con un cuchillo; así que, maldiciendo, fue a su habitación para ir por una bandita. Cuando estaba en ello miró de reojo personas en la calle. Se asomó en la ventana y vio a unos hombres mirando el lugar vacío que debía ser Grimmauld Place.

¿Serían compradores muggles?, pensó, pero luego cuando los miró con mayor atención, jadeó. Eran magos, los mismos magos que buscaban a Al en aquella ocasión.

Y entonces lo comprendió.

Eran ex-mortífagos. Su mente rápidamente hizo conexión entre ellos, inspirada por la mancha roja entre sus manos.

La sangre de su igual

Albus tenía la sangre de Potter, la sangre que una vez había servido para revivir a Voldemort.

Cuando los magos voltearon hacia su casa, y observaron el lugar, seguramente sabiendo que habían barreras mágicas activas, Draco se escondió tras sus cortinas y se lanzó un hechizo de ocultación. Luego corrió hacia los niños y los puso en la sala, tras una barrera extra a su alrededor. Corrió a la puerta y miró a través de la pequeña esfera de cristal en ella, los hombres seguían mirando, uno de ellos caminó hacia la puerta y tocó el pomo.

Vomitó sangre.

-¿Pero qué?-exclamó otro.-Es la casa de un mago. -Y luego sonrió con maldad.

-Viviendo justo enfrente de Harry Potter. Tengo curiosidad- tomó su varita e intentó abrir la puerta. Salió volando. Luego se levantó riendo. -Conozco este hechizo. Es de Lucius. ¿Estás ahí, Lucius? ¿O eres su hijo?

No hubo respuesta.

-Vamos, Oh, seguro eres su hijo. Lucius seguía en Azkabán hasta donde supe. A menos que hayas escapado. No vamos a hacer nada, solo déjanos pasar. Hablemos.

Pronto empezaron a intentar entrar con más fuerza, tanta que las barreras de Draco empezaron a flaquear. Por supuesto que lo hacían, pensó el rubio, había hecho su mejor trabajo, pero una vez más, jamás había podido especializarse en algo. Tomó su varita y a los dos niños, dispuesto a aparecerse en su lugar de trabajo y estaba a punto de hacerlo cuando de la nada, un círculo mágico apareció frente a él. Sorprendido, miró como la magia relampagueaba y luego se esfumaba. Él retrocedió ligeramente y apuntó al frente, dispuesto a pelear para proteger a los niños.

Para su sorpresa, era Potter.

Él mismo parecía sorprendido.

Algo pareció quemarlo, porque gritó con dolor. Metió su mano en el bolsillo y sacó su varita, esta se encendió.

-Tengo magia.

Draco permaneció con la mirada fija en él.

-¿Potter?

El moreno sonrió sonrojado, y asintió.

-Hola, Malfoy.

Había una vez un dragón que agitó las alas furiosamente para proteger a sus cachorros.

Y un león que apareció, y al mirarlos sonrió.