Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling
Había una vez...
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Al principio, Harry solo observaba a Albus.
Por supuesto, como Al y Scorpius siempre estaban juntos, también veía a Scorpius. Eran como pequeños hermanos, Al audaz y valiente, y Scorp tímido e inteligente. Era lindo sentarse durante horas al verlos, especialmente cuando empezaron a gatear y caminar. Y luego empezaron a hablar. Era un poco confortable cenar cuando ellos lo hacían,ver a Malfoy luchar con cada uno de ellos al comer. Entonces, solo entonces, él veía a Al y Scorp, como le decía Malfoy.
Pero un día, todo cambio.
Porque Malfoy dijo su nombre, .a primera vez que Al había empezado a caminar.
Sus palabras exactas habían sido:
-Eres genial Al. Harry jamás va a perdonarse haberse perdido tus primeros pasos. Voy a ir por la cámara. Tomaremos tantos vídeos y fotos, para que se las puedas mostrar-exclamó, corriendo a su habitación, como si él y Harry no hubieran sido enemigos por seis años, como si apreciara al moreno y quisiera que no se perdiera ese momento. Había dicho su nombre como si Harry solo hubiera ido de compras unos minutos y cuando volviera se lamentara haber ido justo en ese momento.
Había dicho su nombre. No su apellido. Como si Harry formara parte del día a día de su hijo, como si estuviera considerado como parte de esa familia y solo se hubiera ido por un largo viaje.
Como si estuviera esperando que volviera.
-Listo, ahora papá también podrá verlo cuando venga.
Esas palabras hicieron doler el corazón de Harry por el niño que no recordaba, el matrimonio que había olvidado, y el deseo de la familia que creía dentro de él.
Pronto notó que Malfoy hacía eso a menudo. Hablaba de Harry todos los días con Al, como diciéndole que no lo había olvidado. Que vendría a buscarlo.
-Qué diría tu padre si te viera así de sucio-solía decir- dirá que no te baño lo suficiente. Un Malfoy jamás se debe ver así y tú no serás el primero, Albus Potter.
Lo curioso era que, aunque lo llamara con su apellido original, lo educaba como un Malfoy, con esos dichos a veces sin sentidos y los protocolos sangrepuras que Harry descubrió no eran tan malos como pensaba. No berrinches vergonzosos, no gritos escandalosos, no bebés vagos que no aprendan sus palabras del día...Harry reía, porque a veces Malfoy parecía no poder decidirse en cuanto hijo de quien era. Parecía no estar seguro si aplicar las mismas enseñanzas a Scorp, que a Albus; pero cuando Al empezó a imitar a Scorp, Malfoy había sonreído y había decidido que ambos fueran educados del mismo modo.
Malfoy era un padre atento y muy creativo en sus frases; decía cosas que incluso era mentiras, pero funcionaban, como por ejemplo cuando decía que Harry si se comía sus vegetales y por eso era alto, muy alto, y Albus se quedaría chiquitito. O cuando le decía al rubio que el cabello de Al era negro porque absorbía el lodo, y por eso él debía bañarse.
Pronto, Harry no solo quiso ver a Albus. Quiso ver a Scorpius, quiso ver al hombre que había cuidado a su hijo.
Quería agradecerle.
Quería disculparse.
Entonces también empezó a mirar a Malfoy. Como Harry había dejado a los aurores había conseguido un puesto de Profesor en Hogwarts, donde ayudaba con todos los niños de ahí. Obviamente las clases ya no eran mágicas, y solo estudiaban teoría, así que más que una escuela, podría decirse que era un internado normal. No obstante, a pesar que no tener magia los hacía estar más ocupados de lo usual, él se tomó diariamente el tiempo de mirar a los niños, y a Malfoy. Malfoy tenía una rutina muy predecible, él se levantaba temprano como a las 5 am, preparaba la ropa de los niños, el desayuno, su desayuno, el almuerzo... Llevaba a los niños a una guardería y luego iba al trabajo. Una oficina donde el rubio leía cientos de papeles, traducía, firmaba, contabilizaba... Harry se dio cuenta pronto, que realizaba más trabajo de lo debido para tener los ingresos que dos bebés pedían, e intentaba tenerlo todo listo para las tres de la tarde, la hora en que al parecer terminaba su turno. Compraba algo rápido para comer y luego tomaba un transporte público a la guardería, recogía a los niños, y se dirigía a casa, donde tomaba su carriola . Iba al supermercado, donde podía pasar horas escogiendo entre dos marcas de pañales o toallitas húmedas, mirando la cantidad, precio...Luego iba a la sección de verduras, y luego ropa de bebé. Llegaba a casa y cocinaba. Alimentaba a los niños. Los bañaba, y si era viernes de último mes, checaba su presupuesto.
Una vida muy sencilla como padre soltero, pero admirable de lograr.
No tenía citas, no salía con amigos. Todo el tiempo estaba con los niños. Contándoles cuentos, cantando, viendo películas. Y luego, se acostaba y leía un rato, junto a los dos niños dormidos. O dormía también.
Y de vez en cuando hacía esa mirada.
Una mirada que Harry también hacía.
La que posee alguien que se siente solo.
Decidido a encontrarlo, Harry leyó la mayoría de los libros de la biblioteca. No tenía magia, pero creía, estaba convencido que, como con el espejo, encontraría también un lugar, un hechizo que lo llevaría hacia ellos.
Y entonces, un día, mientras vigilaba a Albus jugar con Scorpius, lo notó.
Lo notó por el fondo de la ventana tras él.
Ellos estaban frente a una, muy visible, Grimmauld Place.
-Kreacher-llamó de inmediato a su elfo.
-Si, amo.
-Kreacher tú puedes aún aparecerte-exclamó mirándolo en Hogwarts, y el elfo asintió dudoso. -Quiero que vayas a la casa muggle frente a Grimmauld Place.
El elfo se horrorizó.
-¿Una casa muggle?
-Si, ¡ahí vive Draco, con Al y Scorpius!
El elfo alzó las orejas.
-¿Amo Draco está ahí?
-Si, ve y dime si puedes llegar a él.
El elfo desapareció y volvió a aparecer.
-Elfo no pudo aparecerse en la casa, amo. Una barrera no dejó pasar a Kreacher.
Harry sonrió triste.
-Ya veo. Si tan solo me dejara pasarla-exclamó sacando el espejo y mirando a través de él. Los niños estaban hablando entre ellos, con palabras vagas y risas. Pasaron unas horas antes de que pudiera ver de nuevo el espejo.
-Draco Malfoy-exclamó y vio a Draco maldecir mientras buscaba algo, que al parecer era una bandita. De pronto, lo vio palidecer y ver algo por la ventana. Cuando corrió hacia los niños, Harry se asustó.
Especialmente cuando escuchó a alguien intentando atravesar la casa.
-Tengo que ir- exclamó- tengo que ayudarlo.
Apretó el espejo con fuerza, con ambas manos.
-Tengo que ir con Malfoy-exclamó, peinando su cabello hacia atrás en una muestra de nerviosismo. Entonces miró al elfo, y se acordó de Dobby, y de su etapa de estudiante- Kreacher, traéme un felix felicis.
-¿De dónde...?
-Slughorn-exclamó y corrió hacia él, casi atropellando a varios niños. Cuando lo encontró, éste estaba en su aula.
-Sé que debes tener un felix felicis, dámelo.
-Harry, ¿qué estás diciendo? El felix felicis es...
-¡Dámelo!
El otro lo miró y asintió.
-¿Todo está bien, Harry?
-Si-exclamó, corrió a su habitación y tomó la vieja varita que le había robado a Malfoy, y luego salió a la oficina del Director. Corrió hacia el fénix.
-¿Harry?-preguntó la directora.
Él miró al ave.
-Necesito que llores sobre ésta varita. Por favor.
El ave agitó sus alas. Harry pensó que lo había ignorado, pero lloró y el moreno se apresuró a poner la varita.
-¿Harry, qué estás haciendo?-preguntó la mujer.
-No tengo tiempo, profesora McGonagall. Perdóneme. Intentaré aparecerme.
-Amo...
-¿Aparecerte? Pero la magia...
-La lágrima del fénix es magia pura. Es mi mejor oportunidad.
No pensó en que no podría regresar. Alzó la varita, la cual estaba activada, e intentó aparecerse. Sintió como todo su cuerpo rechazaba el cambio de lugar, pero no se rindió. Para su sorpresa, el fénix lloró cuatros lágrimas sobre él. Volvió a intentar desaparecerse, y el aire empezó a cortarse, y a aparecer rayos. No se rindió. Pensó en Malfoy, con dos niños, mirando asustado la puerta, pensó en Albus, a quien no había podido abrazar.
Se desapareció.
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Aparecer había sido horriblemente doloroso. Y había eliminado la varita que había usado para ello, al parecer. No pudo evitar retroceder con dolor, pero pronto recordó que estaba ahí para proteger a Malfoy y a los niños. Metió la mano en su bolsillo y sacó su varita, gracias a Merlín había usado la de Malfoy o la suya sería cenizas.
Estaba activa.
-Tengo magia-exclamó contento. Él tenía magia, porque estaba en el mundo muggle. El cosquilleo en su mano lo hizo sentir eufórico. Imparable. Se sintió vivo por primera vez en mucho tiempo. Antes de que pudiera saltar de felicidad escuchó su nombre y volteó la mirada a un rubio, totalmente pálido.
-¿Potter?
-Hola, Malfoy-saludó sonrojado, avergonzado de olvidar por qué estaba ahí, pero cuando la puerta sonó de nuevo, volteó hacia ella y sacó la varita. La puerta se abrió.
-Muy bien, Draco-empezó el hombre que entró- ¿Por qué no nos dejas...?-el hombre guardó silencio al ver a Harry ahí- ¿Potter?¿No estabas encerrado en...?
Harry no lo dejó terminar
-¡Expelliarmus!-gritó-Draco, sube con los niños al dormitorio.
Cómo él sabía que el dormitorio estaba arriba, Draco no sabía, pero obedeció, Cuando se quedó solo con los dos magos, Harry sonrió con maldad, y miró a los dos magos. Ellos intentaron aparecerse. Harry no los dejó. Bloqueó las apariciones con un hechizo que había aprendido cuando era auror y los ató a ambos juntos, antes de que pudieran atacarlo.
-No sé quienes sean, pero voy a aniquilarlos por agredir a mi familia-prometió.
Ellos palidecieron, pero Draco, quien se había asomado por las escaleras, suspiró agradecido.
Típico de Potter, llegar en el momento justo para ser el héroe.
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Había una vez un león que salió a cazar,
y un dragón que, aliviado, escuchó cada gruñido.
