Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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Cuando Draco abrió los ojos, pudo ver a dos pequeñas miniaturas de Potter y él reír entre susurros. Sin embargo, cerró los ojos rápido y se dió la vuelta, fingiendo dormir de nuevo.

-Buenos días, papi-gritaron ambas voces y Draco negó fuertemente.

-No, no, aún quiero dormir-exclamó exageradamente y se cubrió con las sábanas, disfrutando el delicioso aroma que llegaba a su habitación y sabiendo que, al bajar, el desayuno estaría listo, como lo había estado en los últimos meses, por lo que podía holgazanear un poco más antes del trabajo. Merlín había pagado cada buena obra de Draco con un Potter en su casa, que no solo había hecho fuertes sus protecciones, cuidaba niños, arreglaba cosas y hacía limpieza, sino que también cocinaba...

Jamás admitiría esto a su yo pequeño del pasado, pero realmente adoraba a ese hombre.

Ajenos a sus pensamientos, sus hijos rieron ante su pataleta y se tiraron sobre él, apurándose a escabullirse entre sus sábanas y atacándolo con cosquillas por ambos lados.

-Dijiste que la fecha con el pastelito era un cumpleaños y era especial-exclamaron a la vez y Draco fingió un suspiro y miró a su calendario para ver una pequeña pegatina al lado del 30 de agosto, el cumpleaños de Albus. Oh, así que era hoy. Como Al no era exactamente suyo, y no lo había visto nacer, Draco pensó que podría olvidarlo y había pegado pastelitos en su cumpleaños y el de Scorp cada vez que iniciaba un nuevo año en su calendario, para no olvidar sus cumpleaños. Otra razón era que Draco vivía todos los días de la misma manera: trabajo, quehaceres, cuidado de los niños, por lo que a veces no solía notar el pasar del tiempo. Podía parecer lo contrario, pero dos hijos pequeños totalmente soltero era una pesadilla para cualquiera. Así pues, las pegatinas eran un salvavidas. Tenía para cumpleaños, juntas, dias festivos, y más cosas, y les había enseñado a los niños a tachar un cuadro de calendario cada día, quienes orgullosos cumplían su pequeña tarea de niños grandes. Salazar, parecía ayer cuando el pequeño Potter tenía tres meses y lo encontró, pensó, dándole un beso a cada uno de sus niños.

-Y lo es, es el cumpleaños de Al-respondió.

El mencionado rió.

-Así que hoy tendrá algún regalo.

-¡Si!-festejaron los niños

-Pero-exclamó seriamente-después que papá Draco regrese del trabajo.

-¡Ok!

-Ahora, salgan de aquí-exclamó y ellos fueron a jugar.

Suspirando, Draco se levantó de la cama y se preparó para ir a las oficinas. Los pasos volvieron, así que rodó los ojos y preguntó divertido.

-¿Qué pasa?-preguntó.

-Papá Harry está cocinando. Casi está listo. Dice que es hora de despertar-gritó entusiasmado Albus.

-Y que no tardes mucho preparándote-exclamó suavemente Scorpius.

-No lo haré, diganle a Potter que bajo en unos minutos.

-¡Vale!

Sí, pensó Draco con una sonrisa. Merlín había sido tan amable pagándole con un Potter a quien sus hijos despertarán siempre primero que a él para cocinar. Beneficios de pasar más años junto a ellos y ser el consentido. Si ya casi estaba listo significaba que el ex auror se había levantado una hora antes al menos. Lo que significaba que un mimado Draco, estaba teniendo una hora extra de sueño.

-Bien, bien-se felicitó estirándose. -Vayamos a trabajar.

Mirando la pegatina, Draco se recordó a sí mismo pasar a la pastelería más tarde, y también a la juguetería. Los cumpleaños, a pesar de ser de cada uno de ellos, estaban pensado para que ambos lo disfrutaran, así que Draco tendría que pensar bien en qué juguete compraría para los dos.

En el primer año compró un cupcake en cada cumpleaños, solo para las fotos. En el segundo cumpleaños, compró tres cupcakes en cada cumpleaños. En el tercero, un cupcake gigante que terminó comiendo casi todo él solo.

Mmm debería comprar un pastel de cumpleaños esta vez, ¿cierto?, se preguntó mientras escogías su atuendo.

Tarareando una canción, Draco decidió que estaba de buen humor.

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Harry había llegado antes del cumpleaños de Albus.

Lo cierto era que durante mucho tiempo, Harry no había pensado en la edad exacta de su hijo. Cuando investigó sobre él debió leer su cumpleaños, pero luego de algún tiempo probablemente había pasado a ser un dato más. Intentó recordar si había leído la fecha en algún lado pero no podía recordarlo, lo cual no hablaba muy bien de él. Aunque tomando en cuenta que a su cerebro le habían jugado una mala pasada, no había mucho que decir. Los medimagos no podían saber si la pérdida de sus memorias era reversible, o tenía más efectos secundarios, porque no podían realizar hechizos de comprobación; y ahora que Harry podía hacer magia, no tenía ni idea de cual hechizo podía usar para recuperar sus memorias o si siquiera podía recuperarlas por sí mismo.

-Lo mejor es que ni siquiera lo intentes-había dicho Draco aquella noche, cuando le contó cómo había llegado ahí.- El cerebro controla muchas funciones del cuerpo. Podrías empeorarlo todo.

Por ello, cuando escuchó que ese día cumplía años Albus, no pudo evitar sorprenderse, y detuvo sus movimientos en medio del cocimiento de un panqueque.

-¿Hoy es el cumpleaños de Al?-preguntó tontamente a su compañero de vivienda y éste lo miró extraño por unos instantes, al ver que Harry había parpadeado confundido cuando avisó que llegaría tarde por comprar un pequeño pastel para el cumpleaños de Al; pero luego pareció recordar su situación, y se disculpó por no pensarlo.

-Lo lamento,-exclamó suavemente-a veces olvido que no tienes tus recuerdos contigo-continuó.-Supongo que se debe al hecho de que en realidad no olvidaste ningún recuerdo mío, y no pareces necesitarlos para nada. Seguimos peleando por tonterías, puedes decirme qué pasó antes y durante de la guerra. Solo perdiste años de los cuales no supe, así que no pregunto por ellos, ni noto que no los tienes-respondió.-Ojalá Pans estuviera aquí, ella me hubiera recordado que tú probablemente no tenías ni idea de qué día era. En fin, Al cumple años el 30 de agosto, según el hechizo que realicé sobre él. Scorpius, el 5 de abril. Ambos tienen cuatro años ahora.

Cuatro años.

Cuatro años desde que Ginny perdió a Al.

Cuatro años que básicamente había vivido sin su hijo.

Harry apagó la estufa y se sentó, pensativo.

-Wow-exclamó.

Sabía que no era tanto tiempo, no para el niño. Al no recordaría nada de este tiempo cuando creciera, no recordaría los cumpleaños que tuvo sin él, no recordaría que Harry simplemente llegó un día en medio de un remolino de magia.

No lo recordaría porque los niños pequeños no solían recordar mucho sus primeros años. Además, probablemente Draco lo había festejado de una manera hermosa. Era solo...

Su primer cumpleaños lo había tenido a los once, con Hagrid regalándole un feo y nada delicioso pastel, pero Harry lo había disfrutado con una sonrisa. Había pensado que cuando él tuviera a sus hijos él estaría festejando cada uno de ellos, pero no había sido así. Su vida era una gran y repetitiva miseria, ¿no era cierto?

-Cuatro años-susurró.

Básicamente había pasado buscado a su hijo por más de dos años, y luego lo había vigilado por el espejo durante más tiempo. Cuando por fin se habían reunido, se había acomodado en la vida muggle de Draco, Al y Scorp; y durante estos últimos meses el rubio le había enseñado a cómo bañar a los niños, vestirlos, cuidarlos, qué programas veían en la tele, qué debían aprender a esa edad, qué juegos podían ya jugar, y qué rutinas debían seguir, por lo que mientras éste trabajaba, Harry se encargaba de su cuidado. Todos rápidamente se habían acostumbrado a su nueva rutina, la cual parecía complacer a Draco, pues podía descansar más y preocuparse menos de su seguridad; a los niños, que podían usar magia sin problema y siempre estaban acompañados por uno de sus padres; y también satisfacía a Harry, quien no tenía exactamente ningún trabajo muggle, pero podía convivir con los dos pequeños y con el rubio slytherin, lo cual era realmente agradable.

Era tener una familia.

Y Harry siempre había querido una.

-Hey-susurró Draco, mirando su expresión-está bien. Ya estás aquí. Hay un sin fin de cumpleaños de hoy en adelante para ti, te aseguro que para cuando tenga veinte estarás harto de festejarle y querrás echarlo de una patada de casa. A Scorp no, por supuesto, él es tan adorable. Supongo que uno no puede ocultar los genes. Apuesto que mientras intentas dormir un poco más y dos niños intentan despertarte, amas más mis genes que los tuyos.

Harry dejó salir una risa, recordando la manera en que Albus solía saltar en la cama para despertarlo, mientras Scorp decía que se caería, y le dió un codazo a Malfoy, con fingido enojo. Ante esto, viendo que había regresado su usual humor, el slytherin tomó la mano del ex auror y la apretó en apoyo. A veces, al moreno le sorprendía la manera en que el otro parecía saber qué decir y cuando. Se preguntó si, de ser su amigo, él hubiera sido siempre así.

-Gracias-respondió y se puso de pie, para terminar de cocinar.

-¿Qué tal si en lugar de comer pastel vamos a pasear?-sugirió el rubio.-Será bueno para ambos no tener que pensar en la comida.

-De acuerdo-respondió Harry, ligeramente desanimado, y el rubio sonrió nuevamente, sentándose a su lado.

-¿Sabes? Todos mis cumpleaños, padre y madre solían llevarme a algún restaurante en otro país. Padre siempre trabajaba, pero el día de mi cumpleaños se pasaba el día entero conmigo y madre. No he podido hacer lo mismo para Scorpius, menos para Al, todo mi día se va en el trabajo y en ellos. Lo más que puedo pagar es un restaurante en el centro. Así que estos cuatro años la hemos pasado en casa, con un brownie, un muffin o algo pequeño. Después de todo, el único que termina comiendo el resto soy yo. Este año compremos un pastel y festejemos en la cafetería de la misma pastelería. Vayamos de paseo por la ciudad. Te tomaré decenas de fotos como recompensa por todo el estrés del que me has salvado. Es más-exclamó-hoy no iré a trabajar.

-¿Estás seguro?

-Claro. Pediré el día, dame un segundo.

-Pero…

-Tranquilo, Potter. Hace años que quiero un día libre y tengo derecho a vacaciones. Hoy es un día tan bueno como cualquier otro.

Harry sonrió y asintió. Luego, todos desayunaron.

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Decir que a los niños les encantó la idea, fue poco decir. Estaban encantados de poder salir a festejar y tener un día de completa atención para ellos solos que no implicara limpieza o trabajo en casa. Draco le encargó jamás perder a Albus de vista, porque donde quiera que él corriera Scorpius lo seguiría, o al revés. Es la historia de la vida de los Malfoy, ¿no? había murmurado Draco en algún momento, pensativo. Así, compraron un pastel confetti, Albus sopló las velitas, tomaron algunas fotos y luego los niños corrieron al área de juegos, dejándolos solos.

-Simplemente haré esto-exclamó Harry, lanzando un hechizo de seguimiento y para alertarlos si algún adulto se acercaba a ellos.- ¿Es más fácil, no?

-Sí,-exclamó Draco disconforme- por supuesto. Eso no evitará que se lastimen, o se distraigan en otra cosa y se escapen. Prefiero mantenerlos vigilados a estarlos buscando más tarde.

Un jadeo salió de él y miró a Harry asustado.

-No, Salazar, no quise...

-Entiendo.

-Escucha Potter, no es… Estoy un poco paranoico, ¿sabes? Puede que tú seas el señor magia poderosa quién venció a Voldemort, y haya tenido cursos mágicos que olvidó, pero su cuerpo y magia aún pueden recordar, es solo... he sido padre de dos niños por cuatro años. Y de esos cuatro, me pasé tres huyendo de secuestradores. No soy el mago más entrenado, ni el más poderoso. La paranoia es lo único que me permitió percatarme cuando algo raro sucedía. Al cada vez se parece más a ti, y que se la pase tomado de la mano de mi hijo, una copia idéntica a mi, no ayuda a esconder quién es. No sé si están a salvo ahora que esos dos se han ido y siguen separados el mundo muggle y el mágico. En casa sé que estamos a salvo, pero fuera... No puedo confiarme. No puedo simplemente aceptar cuando la gente se acerca, porque no sé si realmente no tienen malas intenciones. El mundo muggle también es peligroso. Cada vez que veo el televisor y escucho las noticias, cuando veo que niños desaparecen y cómo aparecen si lo hacen, siento un peso en el estómago horrible. Quiero estar con ellos siempre, creer que puedo protegerlos, pero no lo sé, y ellos son tan pequeños...Si alguien los lastima... No quise ser grosero, yo solo…

Harry interrumpió su diatriba, abrazándolo. Siempre lo pensaba, lo muy difícil que debía ser criar dos niños solo, pero supuso que era la primera vez que Draco por fin podía hablar con alguien de lo que le preocupaba de aquella manera, porque sus pensamientos salían uno detrás de otro con velocidad, y sus ojos demostraban el mismo terror que cuando lo encontró en el baño de chicas. Sin embargo, aunque apreciaba la confianza, sabía que el otro más tarde se reprocharía sus palabras, y Harry no necesitaba oírlas.

Él sabía. Lo sentía.

-Lo sé. Gracias. Tranquilo, confía en mí. Yo veré lo que tu no veas de ahora en adelante-prometió-cuidaré de todos.

Draco suspiró aliviado.

-No sabes cómo agradezco que estés aquí-susurró.-Que te quedaras aquí. No porque seas poderoso, sino porque me siento menos perdido contigo cerca-confesó. No eran palabras que en su juventud pudiera haber dicho. No había amor en sus palabras, no era un me gustas como Harry anhelaba, pero sus palabras lo llenaron de calidez, porque se sentía necesario. No su fama, no su dinero, no su magia. Soltando al rubio luego de unos minutos para que se recompusiera, Harry sonrió de lado y volteó la cabeza para vigilar a los niños. Ellos caerían dormidos en cualquier momento, pensó. Miró de reojo a su compañero caminar hacia Scorp, quién veía fijamente un cartel de un oso gigante en la pared, y se agachó, antes de preguntarle algo. Scorpius sonrió y corrió hacia Albus.

-Vamos, Potter- lo llamó Draco-es hora de ver una película para niños. Espero que tengas aguante, porque será ñoña, habrá muchas canciones tontas, colores, arcoiris y osos, y no podrás evitar repetir todo en tu mente por semanas sin importar cuanto lo odies.

Riendo, Harry asintió.

-No puede ser tan malo.

Por supuesto, el rubio alzó la ceja y rió al oír su expresión.

Desde luego, más tarde se tragaría sus palabras.

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Había una vez un león y un dragón, conocidos desde cachorros, que habían estado caminando solos por mucho tiempo, hasta que se encontraron entre ellos.

Ya no eran pequeños, ya no vivían en el mismo mundo, hacía mucho que no se encontraban, ya no sentían ese enojo contra el otro…

Así que cuando el dragón soltó fuego este no lo quemó, sino que lo cubrió cuidadosamente, intentando que ambos permanecieran cálidos en medio de la tormenta.

Después el león rugió, pero no al otro, sino a los alrededores, dispuesto a luchar contra quién quisiera separarlos, intentando mantenerlos protegidos.

Y, en medio de todo, había dos pequeños cachorritos.