Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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Harry frunció el ceño cuando Malfoy se alejó de él al ver la televisión. No sabía porque pero últimamente Malfoy estaba incómodo a su alrededor. Intentó acercarse, preguntarle si estaba bien, pero por alguna razón parecía que Malfoy lo estaba evadiendo, bueno, lo más que podías evadir a alguien con quien criabas dos niños. Llegaba tarde del trabajo, se iba temprano, se aseguraba que no se quedara a solas con Harry y ya no le contaba casi nada.

Bien, tal vez, solo era su imaginación. Tal vez estaba estresado y cansado. Tal vez solo era la ansiedad y los sentimientos de Harry hacia el rubio, los que lo hacían exagerar. Tal vez todo estaba en su mente, como solía decir Hermione. Tal vez, Harry se estaba desesperando porque se enamoraba cada día más, mientras el rubio parecía ignorante de sus sentimientos.

Tal vez...

Cuando sus manos chocaron al querer abrazar a Scorp, quien saltó asustado en una parte de la película que veían, y en lugar de bromear, Draco se disculpó y exclamó que iría a bañarse; y Harry no pudo evitar parpadear sorprendido al verlo marcharse y preocuparse.

Tal vez, ¿él lo había notado y no sabía cómo rechazarlo?

¿Cuándo?

¿Cómo?

Todo estaba bien hasta ese día de la pelea por la fresa. Draco había estado normal, hasta antes de dormir. Incluso le había sonreído cuando se acostó a oír el cuento; y de pronto, en la mañana ya tenía el ceño fruncido y lo ignoraba, y si le contestaba era cortante.

¿Qué había pasado? Se había quedado dormido, y cuando despertó, Scorpius no estaba y Draco tampoco. Los descubrió durmiendo en su propia habitación. ¿Por qué se lo había llevado? ¿De verdad estaba bien con el hecho que Scorp le llamara papá?

¿Qué estaba pasando?

Intranquilo, Harry exclamó que probablemente sería mejor que cambiaran lo que veían en la televisión, y luego, sabiendo que no podría vivir con la duda, siguió a Draco, no sin antes asegurarse que los niños se quedaran concentrados en el programa infantil. Subió las escaleras, sin poder soportar un día más de esa rutina cuando recordó que Draco se estaba bañando.

Enrojeciendo, decidió que tal vez ese no era un buen momento para enfrentarlo. Estaba a punto de regresar con Al y Scorp, cuando notó que, de hecho, Draco el agua no estaba sonando.

Bien, se decidió, no se estaba bañando. Solo había sido una excusa, nuevamente, para alejarse.

Empezando a enojarse, Harry tocó la puerta.

-¿Si?

-¿Draco? ¿Puedo pasar?-preguntó.

La voz del rubio tardó en llegar, y Harry con el corazón latiendo a toda velocidad, esperó impaciente.

-Pasa.

-¿Estás... Oh-exclamó cuando lo vio ordenando su habitación.

-Pensé que ibas a darte una ducha.

-Iba a hacerlo, solo que entré y era un desastre. He sido un desastre estas semanas.

-Mmm.

-¿Necesitabas algo?

Harry sonrió levemente por un momento, al pensar que todo estaba normal hasta que se notó que el rubio no lo miraba. ¿Por qué no lo hacía? Llevaba días sin verlo a la cara. ¿Tanto le molestaba el hecho que le gustara? ¿Qué estaba mal?

-Malfoy-exclamó con un tono más grave de lo que esperaba.

El uso de su apellido sobresaltó a Draco, quien no pudo evitar mirarlo, y por primera vez en semanas, sus ojos grises se enfocaron en él. Estaba a punto de preguntarle que pasaba, de nuevo, cuando los niños entraron a la habitación.

-Papi, papá, se fueron-se quejaron y Draco sonrió antes de exclamar que tenía que limpiar y si se quedaban ayudarían.-No-exclamaron a coro y tomaron a Harry de las dos manos entre risas, escapando de los deberes e indicando que querían jugar. Sorprendido, Harry se dejó llevar y no pudo evitar notar la cara de alivio en su compañero de casa. El presentimiento de que estaba ocultando algo lo envolvió y ese viejo sentimiento de averiguarlo empezó a dominarlo también. Bien, él no quería hablar, Harry lo averiguaría por sí mismo.

O lo haría enojar tanto hasta hacerlo confesar.

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Draco estaba demasiado consciente de Harry.

Sentía todos sus movimientos, escuchaba con más fuerza todas sus risas y sus palabras. Estaba malinterpretando esas miradas y gestos amables con un enamoramiento. No podía seguir así, decidió, no podía. Estaba demasiado nervioso que se estresaba. Tan distraído, que se volvía torpe.

Estoy enloqueciendo, pensó cuando entró en su habitación.

Cuando sus manos había chocado, Draco había casi dejado de respirar.

¿Cuándo pasó? ¿Cómo? Un día, Draco estaba como siempre, riendo sin preocupaciones. Exclamando a sus hijos que se portaran bien, coordinándose con Harry para cubrir todos los quehaceres y cuidar a los niños, y al día siguiente, no podía evitar verlo sin sentir la cara arder.

Se suponía que estaba preocupado por Scorpius, pero pronto, luego de exclamar que si lo quería y escuchar a su hijo decir que lo querían también, ya no se trataba de Scorp. Se trataba de Draco, sintiéndose atraído por el hombre que solo estaba ahí por cuidar a su hijo, y exclamaba que su hijo también era suyo, para no hacerle daño al pequeño rubio.

Y ahora, ¿cómo le decía a Scorp que de hecho no era papá Harry?

¿Que él tuvo una madre?

¿Cómo dejó que esto saliera fuera de su control?

Suspirando, Draco miró a su habitación y notó que estaba completamente desordenado.

-Al menos debería limpiarlo-pensó empezando a acomodar los libros en el librero. Estaba a punto de hacer la cama cuando la puerta sonó.

-¿Si?-preguntó y entonces la voz de Harry atravesó la puerta. Sonaba preocupada e indecisa, y Draco se puso aún más nervioso porque sabía, sabía que estaba siendo demasiado obvio. Enamorarse de Pansy había sido natural. Habían estado ellos dos solos, había sido un amor tranquilo, dulce. Los sentimientos hacia Potter eran confusos y fuertes. Debía tranquilizarse, pensó apretando un libro contra su pecho y respirando con fuerza. De pronto, sintió que su estómago estaba empezando a sufrir las consecuencias de sus nervios. -Pasa-exclamó, esforzándose por no mirarlo a la cara, de manera que pudiera empezar a controlar su voz. Si Potter notaba los sentimientos de Draco, si era consciente, podría rechazarlo y se sentiría incómodo vivir juntos. Podría llevarse a Al...

-Pensé que ibas a darte una ducha-mencionó Harry y Draco parpadeó sorprendido, recordando la excusa.

-Iba a hacerlo, solo que entré y era un desastre. He sido un desastre estas semanas-confesó sin querer y Harry hizo un sonido vago.-¿Necesitabas algo?-preguntó.

Hubo un silencio confuso, hasta que Harry habló de nuevo

-Malfoy.

No fue tanto el apellido. Fue el tono en que lo dijo. Ese tono que lo regreso a su edad infantil y cuando Draco volteó, no pudo evitar mirar a ese chico de Hogwarts con el que peleó tanto. Sabía que aún estaba en él, lo había visto en sus ojos cuando apareció en medio de su casa y peleó con fuerza contra dos mortífagos. Sabía que era poderoso, fuerte y famoso en el Mundo Mágico. Lo sabía... era solo... Era solo que él había visto a otra persona durante todo este tiempo, que olvidó por completo que Potter era así, y la sola idea de verlo así le dijo que esto no era para siempre. Harry no cuidaría a los niños con él a medida que crecieran. No se quedaría ahí, desempleado y cuidando del hogar de Draco. Cuando las olas acabaran, cuando la Magia regresara en el Mundo Mágico, la división entre mundos se esfumara y él recuperara la memoria... cuando pueda volver a ser quien era antes de que Ginevra le robara quien era... Él no iba a escoger a Draco. Se iría, porque eso es lo que hacía Harry Potter, estar ahí para salvar al Mundo Mágico.

Y Draco ya no podía volver a él.

Su corazón se hizo pesado, y Draco podría haberse quebrado ahí mismo, frente a él si los niños no hubieran llegado y se lo hubieran llevado.

Cuando se quedó solo en la habitación, no pudo evitar preguntarse por qué, por qué de todas las personas, él se había encariñado, precisamente con Harry Potter.

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Había una vez un dragón que miraba triste al cielo,

y un león que lo miraba a él.