El silencio del reino no era buena señal. Lancelot lo sabía; monstruosos demonios de poder elevado combatían a los famosos caballeros del apocalipsis, que están formados por 4 individuos. Él es uno de ellos, por lo que no puede darle la espalda a su deber, fue esa la razón de su retirada.
Mientras él se encargaba de proteger el reino del mejor amigo de su padre, Sir Meliodas, Goku tomaría la completa responsabilidad sobre Jericho y su seguridad, al ser este quien, por decirlo de alguna manera, evangelizó a la dama con terribles problemas amorosos que lastimaban su mente y espíritu, matando lentamente a la mujer fuerte que ella misma forjó por años, al darse cuenta de que el hombre al que ella amó no le correspondía y su hermano murió sacrificándose para darle un futuro.
A pesar de las contundentes palabras que impactaron a Jericho, esta última la tendría difícil para sepultar ese enfermizo amor que la atormentaba. Por un lado, ella sabía que amar de la forma que amaba a su alumno era incorrecto, pero, por otro lado, pasó tanto tiempo viviendo con ello que dejarlo ir y seguir avanzando sería complicado. Necesitaba una mano amiga, alguien que pueda sacarla de ese agujero tan oscuro al que ella misma se lanzó.
Por fortuna, el mismo hombre que le impulsó a dar el primer paso seguía a su lado. Lancelot era consciente de los pensamientos de su maestra, por ello su amabilidad, paciencia y empatía también estaban con ella.
Mientras los brazos del azabache sujetan firmemente a la mujer de cabello color lavanda, la cabeza del mismo se ladea, señal de su atención siendo robada y, por ende, sintiendo fatiga provenir de su acompañante. Podía percibirlo meramente por el Ki inestable que desprende de forma pasiva.
—Siento baja tu energía, Perico. ¿Te sientes bien?
La pregunta del saiyan la trajo de vuelta a la realidad. Aún en los hombros del Son, ella recogió el fleco que obstruía su visión y cerró con pesar ambos ojos.
—Estoy cansada... Necesito tiempo para analizar todo lo que sucedió en los 30 minutos que llevamos conociéndonos.
Aún faltaban varios metros para llegar al castillo.
Él sentía que forzarla a quedarse en un lugar donde su privacidad se viera comprometida era un movimiento egoísta. Sí, tenía hambre y su cansancio también era notable, pero acostumbra a poner a los demás por encima de él.
—Tienes un sitio donde quedarte, ¿no es así?
—Déjame adivinar... Me leíste la mente.
—Sí... Te debo una disculpa.
Ya no le parecía extraño escuchar la misma frase: "Me leíste la mente". Todas las veces era ella quien la decía y era la única que se veía afectada por ello. Todos los que conoce le hacen lo mismo, la misma trampa. Todos la tenían harta con esa p* habilidad. ¿Es que era ella un libro abierto para todos? ¿Era la única que nunca sabe lo que otros piensan de ella? Era realmente humillante no tener su propio espacio personal, ni siquiera en su mente.
—Adelante. Haz el favor de llevarme a mi casa para que pagues esta ridícula deuda de una vez por todas.
Con esto dicho, Goku cumplió con la petición al pie de la letra. ¿Qué eran unos segundos de vuelo más sino un simple tour por el reino?
—Está bien, no hace falta ponerse de mal humor.
Operando de la manera más rápida que el azabache creyó, llegaron al domicilio en un abrir y cerrar de ojos. No estaba lejos y tampoco era alguien lento, por lo que no le sorprendió a Jericho lo corto que fue el trayecto.
Bajaron, Goku se estiró un poco y Jericho se incorporó fuera de su casa. Verla le dio un fuerte golpe de nostalgia. Su familia, su hermano, su infancia, su vida antes de convertirse en un adulto. Sintió que el tiempo pasó volando y que tal vez desperdició gran parte de él, embobada con el tema de los caballeros sacros y los constantes acosos de su hermano respecto a la incapacidad que ser mujer le traería en este puesto de la fuerza militar de Lyoness.
De verdad le dolieron las declaraciones de su hermano en aquel tiempo, porque hubiera ignorado esas tonterías si las escuchase de una persona cualquiera. Pero, al final su propia sangre, su familia, le dio mucho más poder a esas palabras de lo que jamás esperó.
Mientras ella se encontraba afectada por esos potentes pinchazos de nostalgia, sumergida en los recuerdos de su mente, el saiyan sólo le dedicaba miradas profundas.
¿Qué tanto pensaba? ¿Está bien si echo un vistazo a su memoria, sólo por curiosidad? ¿Se enojará? No si no se entera, ¿verdad? Goku peleaba con el subconsciente para no dejar a sus pensamientos intrusivos ganar.
—Iré a darle un vistazo al interior.
Jericho interrumpió todo a su alrededor, incluso al azabache, y de a poco en poco se fue acercando a lo que antes era su hogar, pero del que ahora sólo quedaban restos.
—La última vez que pisé esta casa fue hace 15 años, antes de irme al bosque de las hadas y establecerme en lo que sería Benwick dentro de unos años...
Jericho tocó cuidadosamente los pilares de madera que sostenían la entrada al lugar. Estaba toda cubierta de grasa, polvo, hollín y musgo.
—Estaba cegada por el amor que aún le guardaba al padre de Lancelot... No medité ni un poco mis decisiones, mucho menos pensé en las consecuencias, fueran malas o buenas.
—Y ya vimos que no terminó del todo bien... —Goku la venía siguiendo por atrás.
—¿Sabes? —Jericho volteó a ver al azabache en un instante— Eso me ofendería antes, pero tienes razón, y viendo lo que coseché tampoco tengo derecho a quejarme o darle el visto feo a nadie.
—Pero te la pasaste bien en Benwick, ¿no es cierto? —Goku respondió, agudizando el tono de voz— Al final del día sí conservaste buenas cosas de las elecciones que tomaste; es una lástima que uno no pueda vivir la vida dos veces, claro, siempre y cuando no tengas esferas del dragón a tu disposición, hehe...
Esa última línea la dijo con toda la discreción posible.
—Sí... Fueron de los días más felices de mi vida... Y prefiero ya no hablar sobre ello —Jericho finalizó con un suspiro, abandonando el tema por completo.
—Como quieras —Se resignó el saiyan.
Entre los pasillos destruidos de la vivienda caminaron Goku y Jericho, principalmente la mujer, ya que ella buscaba entre sus miles de memorias una relación con el último lugar que exploraba.
Toda pared, puerta y mueble en la vivienda fue tocado por las yemas de los dedos de Jericho, sin dejar uno solo sin marcar.
—¿Por... qué me sigues, Goku? —Preguntó la maestra de Lancelot, dejando ver el perfil derecho de su rostro al Son— ¿No dijiste que te morías de hambre?
Esta vió cada paso que daba el azabache en círculos alrededor de las zonas que ella admiraba, actitud que despertó curiosidad, por supuesto.
—Te estoy cuidando —respondió de forma divertida— Sólo observo en silencio todo lo que haces. Tal vez cuando termines, a ti también te entre algo de hambre.
—Gran parte de Lionés ha sido evacuada con la llegada de las fuerzas del rey Arthur. Si buscas donde comer, pierdes el tiempo —Jericho sabía que los restaurantes no estarían abiertos por la misma razón, así que prefirió decirlo en voz alta para que Goku no tuviera las expectativas altas.
Él artista marcial soltó una carcajada sonora, cosa que molestó a la espadachina.
—¡JAJAJA! Puedo volar, ¿sabes? Eso no es ningún problema para mí.
—¿Eh? Lo olvidaba —Jericho exclamó, poniendo una mano en su mentón— ¿Cómo diablos puedes volar si no tienes alas y no perteneces a ninguna de las razas de este mundo?
Extrañado por la pregunta de Jericho, Goku cruza sus brazos y responde:
—Mira, yo no necesito alas para volar. Puedo usar el Ki para elevarme por los cielos.
—¿Ki? —Pregunta la mujer— ¿Qué es eso? ¿Por qué te permite volar?
—Verás, el Ki es la energía vital de todo ser vivo —contesta Goku de manera tranquila y procede a crear una pequeña esfera de energía en el dedo índice— Puedo volar porque esta energía dota de capacidades sobrehumanas al usuario que logra dominarlo, y una de ellas es el vuelo.
—Si el Ki de verdad existe, ¿cómo es que jamás nadie ha hablado de él en toda la historia de Britania, o por lo menos del mundo? —Jericho le cuestionó con duda.
—Eso me parece extraño —replica Goku— De donde yo vengo, mucha gente conoce el Ki. Está presente en todos lados...
Goku guarda silencio un momento, analizando seriamente las piezas del rompecabezas que comenzó a armar una vez llegado a este mundo tan particular.
—A menos que... —Goku no continuó la frase y, en consecuencia, despertó la intriga de la pelilavanda.
—¿A menos que...? —Lo alienta a seguir la frase incompleta.
—A menos que la nave, en la que llegué a este lugar, me haya enviado a una dimensión alterna a la mía —complementa el azabache— Y aún sabiendo eso, sigo sin comprender cómo funcionan con exactitud estos espacios alternos a mi realidad. Uno de mis maestros me lo explicó tiempo atrás, pero en su momento no presté mucha atención, así que me cuesta recordar sus palabras.
De repente, Goku golpea la palma de su mano izquierda con el puño de la derecha, dando a entender que una bombilla en su cabeza se había encendido.
—¡Claaaro! ¡La computadora de la nave me alertó de un salto repentino en la velocidad de viaje y que estaba a punto de abrir una brecha espacio-temporal! —Concluye este mismo.
—¿Qué es eso de computadora? Estás hablando en clave, varias palabras salen de tu boca y no sé su significado.
—Larga historia —Goku termina por hacer una serie de estiramientos— ¡HMMMM! ¡Bien, estoy aburrido! ¿Qué quieres hacer primero? ¿Comer, aprender a volar o conocer más acerca del Ki? Te escucho.
Jericho pestañea desconcertada.
—¿Eh? ¡Yo no te pedí nada de eso!
—¿Segura? ¡Hmmm! Yo recuerdo haber escuchado de tu boca-
Goku se detuvo abruptamente. Este dirigió su vista a una ventana de la casa por donde podía verse el castillo de Lionés. Su expresión facial cambió de forma instantánea; ahora mostraba total seriedad.
—¿Qué sucede? ¿Por qué te quedaste callado de repente? —La mujer sintió la tensión en el ambiente subir de manera lenta.
—Ese tal Arthur está en la ciudad —respondió secamente— Tiene una presencia oscura y despiadada. Hace tiempo no sentía tanta maldad venir de una persona.
Jericho comenzó a temblar, ya sea de miedo o preocupación. Ella sabía algo que Goku no.
—Si ha venido por cuenta propia, sólo puede significar tres cosas...
Goku se vuelve hacia ella rápidamente sólo para escuchar lo que tenía que decir.
—La primera: viene a probar a los caballeros de la profesía. La segunda: viene a declararle la guerra a Lionés. Y la tercera...
—¿Qué pasa con la tercera, Jericho?.
Jericho tragó saliva.
—Viene a ejecutarme.
Fin del capítulo.
